Nos “españamos” con las cosas que suceden en España (II)

EL GRITO-MUNCH1
El grito

Acabo de leer las noticias políticas de España en varios periódicos digitales y me sobrecogen, mejor dicho, me «españan», sobre todo las de la derecha cerril y ultramontana, en un mar revuelto de insultos y descalificaciones a diestra y siniestra, ignorando que el diálogo con Cataluña debe llevarse hasta el final político que marca la Constitución, sin tener que judicializarse todo por definición, en una proclamación urgente y permanente de la separación de poderes.

Vuelvo a leer un artículo que escribí el año pasado sobre este verbo italiano, spagnarsi, porque me permite reescribir aquellas palabras cambiando hoy lo que hay que cambiar. Sé que no existe ese verbo, “españarse”, en el Diccionario de la Lengua Española, pero habría que rescatarlo algún día. No es la primera vez que escribo sobre su significado y ante lo que ocurre a diario en este país, no cabe duda de que se justifica de forma sobrada la operación rescate para su uso cotidiano en nuestro lenguaje, porque es un verbo que tiene una larga historia fuera de nuestras fronteras y en referencia a este sacrosanto país. Conocí este verbo italiano, spagnarsi (espantarse, españarse en sentido literal), equivalente del verbo italiano spaventarsi, a través de un amigo calabrés, que me dio todo tipo de detalles sobre la utilización actual del mismo en la conversación ordinaria de su región, junto a otras palabras derivadas del español de uso común en la actualidad tales como addirizzari (aderezar), angarijari (haraganear), granatu (granado), posata (posada), scupetta (escopeta), entre otras. Spagnarsi (Españarse, literalmente, llenarse de España, de espanto) significa tener miedo, temer, espantarse y se atribuye al dominio español en el sur de Italia desde finales del siglo XV hasta principios del XIX.

Españarse, no es una ocurrencia de última hora. Hace algunos años volví a encontrarme con esta palabra en un libro autobiográfico que recoge estas vivencias italianas sobre España, Los hijos, de Gay Talese (1), en el que se cita expresamente este verbo, spagnarsi, y su contexto histórico en la voz de Don Achille, maestro y director de una escuela del sur de Italia, muy didáctico pero con un recuerdo pésimo de Fernando el Católico: “No debéis olvidar nunca -añadió- que nuestras antepasados de esta parte de Italia vivieron durante casi tres siglos y medio bajo gobernantes vinculados a la corona española. Exceptuando el breve reinado de la realeza austriaca a principios del siglo XVIII, e incluso el reinado más breve de los parientes de Napoleón Bonaparte en Nápoles a principios del siglo XIX, el sur de Italia estuvo gobernado por virreyes que eran miembros de las familias más nobles de España, casi todos los cuales habían venido a Nápoles después de haber servido en Roma como embajadores españoles ante el Papa. Esas autoridades españolas eran tan crueles que incluso nuestra palabra spagnarsi, que significa “tener miedo”, guarda relación con los españoles”.

Lo siento, pero en situaciones políticas como las que estamos viviendo estos días, me españo y me reafirmo en la urgencia de regenerar la ética multidimensional y aplicada en este país, para recuperar el suelo firme individual y colectivo que nos permita caminar por él, como raíz honrada que justifique la dignidad de todos los actos humanos. Tarea urgente del Gobierno de este país, de todos los políticos y de cada ciudadano y ciudadana en particular, de forma personal e intransferible, para no acabar españándonos todos con todos.

Sevilla, 8/II/2019

(1) Talese, Gay (2014). Los hijos. Madrid: Alfaguara.

Me disgusta la democracia cuando calla

Estamos viviendo momentos transcendentales en este país, en el que parece que la democracia calla, aunque cuando lo hace… me disgusta, recordando los contrarios del poema precioso de Pablo Neruda, Me gustas cuando callas. Salvando lo que haya que salvar, cada estrofa se podría asimilar al amor profundo, la creencia en la vida democrática y el disgusto por su silencio. Tengo la sensación de que hay un silencio aterrador, desesperado, cómplice, a la hora de defender la democracia, controlada por el poder del dinero, que siempre ha sido y es un poderoso caballero.

Asistimos incólumes a las bravatas de Trump, al drama humano en Venezuela y otras partes del mundo, al dolor de los migrantes que caminan hacia ninguna parte, al paro estructural, a la abstención clamorosa en los procesos de elecciones, como ha ocurrido recientemente en Andalucía; a la fragmentación territorial y política de este país que lo hace cada vez más ingobernable y con avisos para navegantes de la derecha cerril que a la memoria histórica hacia las personas que murieron de mala forma en la guerra civil se la denomina “gasto en desenterrar huesos”. Y la democracia calla, no va a las urnas.

La estrofa final del poema me inspira su contrario aplicándolo a la democracia, un amor verdadero: Me [disgustas] cuando callas porque estás como ausente. / Distante y dolorosa como si hubieras muerto. / Una palabra entonces, una sonrisa bastan. / Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Solo recupero la alegría de vivir en un día cualquiera como hoy cuando, gracias a seres humanos, a millones de seres anónimos que se esfuerzan diariamente por hacer la vida más amable y digna a los demás, constato que podemos sacar a la democracia de su silencio, de su ausencia, de su distancia, de su dolor, porque creo entonces que otro mundo es posible. Y comienzo a estar alegre, alegre de que no sea cierto su silencio.

Sevilla, 6/II/2019

NOTA: en el vídeo, Víctor Jara interpreta el Poema 15 del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, publicado en 1924. Esta canción pertenece al disco sencillo Venían del desierto, en su cara B, publicado en 1972 y que pertenecía al álbum El derecho de vivir en paz lanzado el año anterior.

Yo no pido

A estas alturas de la película de mi vida, no pido casi nada, recordando a Pablo Milanés. Me ha emocionado escuchar a su hija, Haydée Milanés, cantando esta canción preciosa junto a Pablo y Fito Páez. Mientras la escucho, tarareo en voz baja que yo no pido que en este mundo tan convulso me bajen estrellas azules; solo pido que mi espacio se llene con la luz que necesito para seguir viviendo. Yo no pido que me firmen papeles grises para seguir convencido de lo que el mundo necesita, el respeto a las personas dignas, el amor distribuido. Solo pido que los demás quieran las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no voy a negar casi nada, convencido de que el futuro mejor algún día llegará y del presente, qué me importa la gente si es que siempre van a hablar (mal, por supuesto). Solo pido que la utopía de un mundo mejor, en este aquí y ahora, siga llenando este minuto -en el que escribo- de razones para respirar. No necesito que la vida me complazca y tampoco pido que se niegue, que no hable por hablar.

Aunque lo necesito, yo no pido que la utopía de ese mundo mejor me baje una estrella azul, solo pido que mi espacio compartido con las personas que quiero se llene con su luz.

Sevilla, a 2 de febrero de 2019, horas antes de estar cerca de Pablo Milanés, a quien tanto aprecio y no olvido. A quien no pido nada, porque todo es agradecimiento hacia él en la intrahistoria de mi memoria de hipocampo.

Las palabras siempre vienen detrás

hechos son amores

No he olvidado estas palabras de Benedetti en Revolución es participación (1): “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”.

En estos días del terremoto político en Andalucía suenan con gran fuerza en mi interior, incluso volviendo a recordar un refrán de mi infancia: hechos son amores y no buenas razones. Los hechos políticos verdaderos son los que abren siempre caminos nuevos, porque el ejemplo de lo que sucede en beneficio de todos es lo que convence de verdad a la ciudadanía. Lo que ocurre es que casi siempre invertimos los términos en política y se suele hablar más que demostrar lo que verdaderamente convence, es decir, los hechos verdaderos y constatables. Tenía razón Michael Ignatieff, el candidato a la presidencia de Canadá, cuando afirmaba que “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”, pero este “amor”, la verdad, hay que asumirlo siempre.

El problema en estos días es que la izquierda sigue empecinada en no hablar de lo que ha sucedido en Andalucía, del fracaso político real y constatable. Mucho mejor sería, incluso por higiene mental de izquierdas, analizar en profundidad los hechos que han llevado a esta situación que ahora incluso busca gente para ocupar el muro de las lamentaciones, constatándose en estos días terribilis que ya falta mar para acoger a los que se están tirando del barco político correspondiente, tocado y hundido. Y lo que está pasando es que la desmovilización de la izquierda es total, porque se ha vaciado su alma política. Y hay que mirar hacia atrás sin ira, para seguir aprendiendo de los errores. El escritor portugués Lobo Antúnes lo comentó una vez y se me ha quedado grabado para siempre. Era una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo con una aguja, es decir, los equivocados, los fracasados temporalmente, debemos buscar de nuevos hechos, amores, que nos lleven a abrir caminos ilusionantes por las grandes alamedas políticas de una sociedad diferente, instalada en la libertad, donde puedan pasear por ellas las personas libres. Aunque tengamos que mirar de forma obligada hacia atrás para analizar en profundidad qué ha pasado y corregir los errores, para que las nuevas ilusiones encuentren las mejores palabras que anunciar.

Será la única forma de hacer justicia a lo ocurrido en Andalucía, porque podremos por fin justificar con palabras los hechos que hoy, por silencios cómplices y vergonzantes de la izquierda, por el absentismo galopante de más de dos millones, seiscientos mil electores en potencia, nos atenazan y nos dejan mudos. La revolución conlleva siempre participación y presencia.

Es verdad, hechos son amores votados y no buenas razones, porque las palabras deben venir siempre detrás para explicar todo, incluso para decir claro y alto por qué no se ha justificado la derrota de la izquierda en el momento oportuno. Por mucho que nos duela hacerlo.

Sevilla, 13/I/2019

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://youtu.be/Z7YdxHDpFcU

(1) Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

¡Preferiría no bajarme… del barco político!

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El espectáculo que estamos viviendo estos días en relación con la elección de la Presidencia de la Junta de Andalucía, refleja la «altura» política de los dirigentes que pugnan por hacerse con el gobierno de esta Comunidad. Lo sucedido con los documentos cruzados de los denominados «acuerdos», teledirigidos desde los aparatos centrales de los partidos en liza como un desprecio manifiesto a los dirigentes de los mismos en esta Comunidad, que luego se anuncian y reinterpretan de mil formas posibles, reflejan también la frase gloriosa de Groucho Marx en relación con sus principios: no hay que preocuparse, porque si no gustan hay otros.

He repetido hasta la saciedad en este blog y lo vuelvo a hacer hoy, que la lectura del relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, me sigue marcando en diferentes etapas de mi vida. Recuerdo en bastantes ocasiones la frase preferida de Bartleby, ante cualquier petición de su patrón: “preferiría no hacerlo”. Es muy difícil en la vida ordinaria, ante situaciones concretas, tomar este tipo de decisiones de mantenernos o no en el barco político correspondiente, sin llegar al absurdo del protagonista del relato citado, pero en muchas ocasiones tenemos la tentación de copiarle sin rubor alguno.

La situación política del país, en general, y de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en particular, es una continua ceremonia de confusión que alimenta al Bartleby que casi todos llevamos dentro y estamos tentados de abandonar el barco en el que cada uno navega por los mares procelosos de la vida, ante un panorama muy desalentador desde la pertenencia democrática que cada uno tiene y defiende. Siendo una realidad que invade muchas personas de secreto, creo que hay que saber reaccionar a tiempo y permanecer en el barco, en plena tempestad, porque ahora es cuando más nos necesita la sociedad en general y la democracia en particular.

Lo difícil es practicar cómo hacerlo. Sin ánimo de dar lecciones a nadie, creo que estamos viviendo momentos especiales en los que se necesita hablar de compromiso activo en cada momento en el que lo requiera el guion político que corresponde ahora en Andalucía, que tanto nos preocupa, como en su momento escribí sobre el proceso catalán.

El síndrome de Bartleby se une también al que sufrimos al tener la tentación de tirarnos del barco en el que navegamos a diario. El contexto político actual, con el gran triunfo en Andalucía del partido abstencionista, es propicio para este abandono de barcos de dignidad, en la búsqueda imposible de islas vírgenes de la condición humana. Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo como es el actual, sentimos con frecuencia algo que se puede convertir en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Como en todo aforismo, lo que expresa es objetivo, porque vivimos rodeados de deserciones de ideales y de compromisos sociales, representados en los famosos dichos “a mí que no me llamen” o “que lo resuelvan los verdaderos culpables”, como si lo que está ocurriendo no fuera también una responsabilidad “política” de todos en el sentido más pleno de la política activa. Es también inteligible (otra condición de todo aforismo), porque muchas personas que se mantenían hasta ahora en el puente de mando personal, político y profesional en el país, saben que es cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica es obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Es verdad, desgraciadamente, que cada uno está al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte con la fragilidad que le es propia, buscando islas desconocidas, que se encuentran.

Ojalá, nazca un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar… del desencanto y de la desafección política

Aunque en esta ocasión, como en todo aforismo, el pretexto haya sido un texto dentro de contexto. Hoy, debería nacer un nuevo Bartleby, eso sí, lleno de esperanza, que nos ayudara a dar un giro copernicano sobre determinadas realidades hirientes en nuestras vidas y que nos permitiera gritar dignamente a los cuatro vientos: ¡preferiría no bajar del barco político!, sin que ello nos arrojara al mar del desconsuelo. Y cambiar de canal de vida, si es posible.

Sinceramente, prefiero seguir en la lucha por la verdad desnuda y buscada en común. En mi soledad sonora a veces, porque escuchar y saber determinadas cosas en estos días, no debería ocupar lugares dignos en el cerebro. Pero el problema radica en que cada vez me queda menos sitio…

Sevilla, 9/I/2019

Un regalo de Melchor: la verdad desnuda

cernuda

Me acuerdo… que Luis Cernuda lo escribió magistralmente recordando a sus reyes magos. En concreto, a Melchor: «[…] Espera los momentos más dulces, cuando el alma regale / La gracia, y el cuerpo sea el fin risueño, hermoso e ignorante. / Abandonad el oro y los perfumes, que el oro pesa y los aromas aniquilan. / Adonde brilla desnuda la verdad nada se necesita”.

El regalo que espero, de verdad, es que 2019 sea un año donde brille, sobre todo, la verdad desnuda, porque es lo que nos hace más libres y que podamos compartirla también en este país tan dual, donde fácilmente se hiela el corazón a personas dignas, sin compasión alguna.

Sevilla, 6/I/2019

Balance

mario-benedetti

En el sillón tranquilo de balance
en la recuperada mecedora
qué he de hacer sino balancearme
los racimos las nubes las ideas se mecen
se mecen los desastres cavilosos
hago balance pendular de vida
y el dividendo es una duda fértil
que mece sus motivos y argumento
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la reminiscente mecedora
qué más puedo emprender que sopesarme
llenar a plenitud los dos platillos
de la vieja balanza sin que sobren
los esplendores ni las cortedades
para evaluar añicos y bosquejos
y sopesar pesar balancearme
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la perseverante mecedora
qué puedo hacer sino desnivelarme
o nivelarme a costa del espacio
donde posibles y arduos se columpian
o se fugan dejándonos a solas
¿habrá que esperar pues así meciéndonos
a los apoderados de la muerte
en el sillón tranquilo de balance?

En Sevilla, recordando a Mario Benedetti en su poema Balanceos, en A titulo de inventario, el 31 de diciembre de 2018 y haciendo también el balance del año…

Canción triste de la izquierda, hoy, en Andalucía

[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos.

Mario Benedetti, en el Soneto del pensamiento

¿Qué pasa en la izquierda de Andalucía? Hablo en presente porque creo que es necesario hacer un examen profundo de la situación actual de la denominada “izquierda” (para entendernos) y no quedarnos solo en lanzar ataques furibundos sobre todo el espectro del centro y de las derechas, como una mal entendida defensa para justificar lo ocurrido el pasado 2 de diciembre. La democracia nos enseña que hay que respetar de forma casi reverencial el resultado de las urnas. Otra cosa es conformarnos con lo ocurrido y dejar que todo siga igual. Decían los clásicos que evaluar es emitir juicios bien informados. Salvo error por mi parte en el rastreo técnico que he efectuado para evaluar lo ocurrido con la izquierda, creo que todavía no se ha hecho un examen a fondo de las circunstancias de texto y contexto en torno a las pasadas elecciones. La crisis de la izquierda data ya de hace varios años, quizá demasiados, donde se han ignorado continuamente las señales de falta de identidad de la militancia activa y pasiva en torno al espectro de la denominada izquierda. Lo ocurrido el día 2 en las pasadas elecciones al Parlamento de Andalucía ha sido la crónica de un desastre anunciado por el rebosamiento de la grave fractura de la izquierda en Andalucía. ¿Por qué un absentismo de la izquierda tan abrumador y lejano del derecho a votar?

¿Razones? Muchas y de variadas procedencias, pero la más importante es la falta de identidad de creencia en la ideología que debería sustentar la opción citada. Muchas veces he indicado en este blog que las ideologías no son inocentes, ninguna de ellas, pero ahora me centro en la izquierda (para seguir entendiéndonos). Todo lo que no sea cuidar la razón de por qué somos, existimos y vivimos dignamente, por medio de la política entendida en su justo sentido aristotélico, de la defensa de la ciudadanía en sus derechos y deberes, como garantía de la democracia, que solo se consigue a través de los programas políticos convincentes (que no todos son iguales y es donde la izquierda debe mostrar siempre su sensibilidad especial hacia todas las personas por justicia social y principios de equidad en la accesibilidad a la dignidad humana para todos, sin excepción alguna), es participar en conformismo diletante que es lo peor que le puede ocurrir a la izquierda (para entendernos de nuevo). Y la izquierda, digámoslo sin tapujos, se ha instalado en ese conformismo atroz. Decía en tal sentido Lukács, mi maestro en el neomarxismo de juventud, que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1). Las razones de la izquierda deben ser expuestas siempre de forma muy clara y de la forma más homogénea posible, impulsando sobre todo la transformación social, no solo los cambios, cuidando con esmero a los más débiles para alcanzar entre todos otro mundo posible. La fractura de la izquierda no ha hecho otra cosa en los últimos años que entorpecer con su división esta noble tarea de transformación. Así de claro y alto.

Además, me preocupa mucho el conformismo de la izquierda en Andalucía, que se extiende como una mancha de aceite. El conformismo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los mediocres, tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa de la izquierda está fatal. Pero ¿qué es la cosa?, ¿su cosa, nuestra cosa?

La cosa de la izquierda es la vida misma, con su parafernalia personal e intransferible en cada persona que vive rodeada de cosas que cosifican, es decir, a la corta, más que a la larga, reducen a la condición de cosa a las personas. Porque ahí radica su peligro extremo: reducen a las personas a una cosificación inaceptable por medio del conformismo brutal que nos invade y que suele diseñarse muy bien por el enemigo, un artista de la mercancía política en hipermercados de la indignidad y de su economía propia y asociada. Muchas veces he ensalzado la figura de Papageno, el protagonista de la ópera de Mozart, La flauta mágica, porque su profesión es un modelo a seguir en muchas ocasiones para los inconformistas de cuna: encantador de pájaros, aunque no sepamos casi nunca a qué tipo de pájaros, con perdón, tenemos que encantar. Cada uno que lo aplique a quien corresponda.

Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como los de siempre -para tranquilizar sus conciencias- han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

La izquierda necesita gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso, del Parlamento de Andalucía en estos momentos, el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y a la Comunidad Autónoma de Andalucía por extensión, sobre todo a millones de personas que malviven por el paro y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha y de la ultraderecha ahora no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca de lo ocurrido el pasado 2 de diciembre, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país y de esta Comunidad sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice a que todo siga discurriendo con conformismo indigno.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para esta Comunidad, para este país, en definitiva, porque el problema de la izquierda activa es general. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

La izquierda, unida, jamás será vencida. Quizá sea la única forma de entonar a partir de ahora una canción alegre de la izquierda en Andalucía. Como la de Quilapayún.

Sevilla, 28/XII/2018

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s; Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3; Cobeña Fernández, J.A. El cerebro necesita ideología, cada día: https://joseantoniocobena.com/2012/03/19/el-cerebro-necesita-ideologia-cada-dia/.

Al Jesús desconocido

RESCATE OPEN ARMS1

Dedicado a todas las personas que respetan al ciudadano Jesús, hoy y siempre.

Mientras estaba esperando en la calle a su familia, sintió bastante desasosiego al ver la ciudad llena de símbolos de Navidad. Hablaba frecuentemente con amigos del sentido de estos días en charlas interminables y casi siempre finalizaban con un sentimiento de soledad al tomar conciencia de que al analizar estas fiestas en profundidad tenía una sensación parecida a los que gritaban a Pablo en el Areópago de Atenas: “¿Qué querrá decir este charlatán?” Y otros: “Parece ser un predicador de realidades o divinidades extranjeras”. La realidad es que lo único que deseaba era dar sentido a unos días especiales que poco a poco van siendo dominados por la economía de mercado, por la sociedad de consumo. ¡Es la economía, estúpido!, gritaban a su alrededor.

Pasados unos días, unos cuantos lugareños le llevaron a un lugar tranquilo, sin llegar a ser nunca el rincón de pensar, lejos del areópago virtual en el que se ha convertido el mundo, para decirle lo siguiente: “¿Podemos saber cuál es esa reflexión sobre estos días que tú expones? Pues te oímos decir cosas extrañas, escribes cosas raras para los tiempos que corren y querríamos saber qué es lo que significan”. La verdad es que muchos ciudadanos de esta ciudad imaginaria en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir u oír la última novedad o cotilleo digital.

Ya reunidos de nuevo y armado de valor y ardor guerrero les dijo:

“Veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, vuestros belenes, he encontrado uno en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Jesús desconocido» Recuerdo que el Dios que decís que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. Dicen que Él creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: «Porque somos también de su linaje». Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. Eso dicen los más respetuosos con la divinidad».

Esta última idea les molestó mucho y se acabó la reunión en un silencio profundo. Algunos comprendieron el mensaje implícito de sus palabras en la Navidad de 2018. Otros se fueron huyendo como de la peste y lo divulgaron por las redes sociales. Se quedó pensando que tal y como se leía en los títulos de crédito finales de las películas de su infancia rediviva, cualquier parecido de aquellas palabras con la realidad de lo aquí ocurrido en la Navidad actual no era pura coincidencia.

Sevilla, 23/XII/2018

NOTA: la imagen de la tripulación del “Open Arms”, durante las tareas de rescate de 307 personas, el viernes 21 de diciembre de 2018 frente a las costas libias, se ha recuperado hoy de https://elpais.com/politica/2018/12/22/actualidad/1545496688_708877.html?rel=mas

El aleluya de Mozart (II)

Todos los años, cuando se acercan estas fechas festivas en torno a una historia que perdura a lo largo de los siglos, la de un niño Jesús proletario, como le gustaba decir a José Saramago, suelo escribir unas palabras que envuelven otras que he escrito en este cuaderno digital en torno a la Navidad. Es mi forma de entender un regalo y su estela, dedicado a las personas que me acompañan en este viaje digital y humano.

En este sentido he querido recuperar hoy unas palabras escritas el año pasado y que deseo recuperar por mi proximidad a Mozart, al que sigo de cerca en mi formación musical actual, intentando comprender lo que soñó al reinterpretar una palabra mágica y su contenido desarrollado en una partitura asombrosa. El aleluya (¡Alabad a Dios!) final de Mozart sigue muy presente en nuestras vidas…, en su música, aunque se ignore que cierra una composición con un libreto esperanzador, donde cada uno, cada una, debe buscar el día amigo que brilla, para que sobrevenga la esperada tranquilidad que necesitamos hoy más que nunca:

Regocijaos, alegraos,
¡oh vosotras, almas felices!
cantando dulces cánticos.
Respondiendo a vuestros cánticos,
los cielos se unirán a mí.

El día amigo brilla,
ahora que tormentas y nubes han huido.
Una inesperada tranquilidad ha sobrevenido para el justo.
En todas partes reinaba la oscura noche,
pero finalmente se alzan felices
incluso los que tenían temores,
regocijándose en la venturosa aurora
y ofreciendo a manos llenas
guirnaldas y lirios.

Tú, corona de las vírgenes,
danos la paz,
mitiga la congoja
que hace suspirar al corazón.

¡Aleluya!

El maestro austriaco siempre apreció con respeto reverencial la música de Haendel. En 1777, bastantes años después del fallecimiento del músico alemán, el compositor Georg Vogler enseñó por primera vez su oratorio El Mesías, a Mozart, en Mannheim, aunque la historia ha demostrado que fue el barón Gottfried van Swieten quien puso un gran empeño en que Haendel fuera conocido y respetado en Viena, entregando varias partituras de Haendel a Mozart con objeto de que las estudiara y preparara una versión actualizada de las mismas. Entre ellas se encontraba la de El Mesías, a la que incorporaría instrumentos más sofisticados que los utilizados por Haendel, tanto en viento como en metales. Así fue y en 1789 se publicó la citada versión reorquestada (KV 572).

Mozart había publicado en Milán, en 1773, una composición muy hermosa con libreto de da Ponte, el motete Exsultate, jubilate (KV 165), que finalizaba con un movimiento final dedicado a una palabra que es el hilo conductor de la Navidad, Aleluya. Escucho muchas veces esta obra cantada de forma asombrosa por Aksel Rikkvin y es todavía más sorprendente el cuidado extremo que tuvo en la revisión de El Mesías de Haendel en esta parte fundamental de la misma. La humildad del compositor austriaco se muestra en todo su esplendor en la partitura de la versión que hizo sobre el maravilloso Mesías de Haendel. Dos formas de interpretar el Aleluya y una sola forma de componer con una espiritualidad incontestable.

En estos días, en los que el mundo se distrae con los recuerdos de aquel acontecimiento que encumbró al Mesías prometido después de su nacimiento, como una de las historias mejor contadas de la humanidad, he querido recordar al compositor de Salzburgo, por la forma de transmitir a través de la música la belleza de la vida que nace en cada momento feliz, que solo se entiende cuando nos proponemos vivir apasionadamente las experiencias del afán de cada día, de cada carpe diem, sin que tengamos que recurrir a la Navidad para experimentarlo ocasionalmente.

¡Aleluya!

Sevilla, 20/XII/2018