La Liga Santander, donde la cuestión es ser y ser percibido

LIGA SANTANDER 2019

Sevilla, 16/VIII/2019

Siempre que comienza la Liga me acuerdo de Jorge Luis Borges, porque nombrarle el fútbol era sacarle inmediatamente de sus casillas: «La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible». No llego a ese extremo de juicio, pero tengo que reconocer que el fútbol no me apasiona, aunque me asombra el seguimiento que tiene por millones de personas y el dinero que mueve, con frases de asombro vinculadas casi siempre a las cifras astronómicas derivadas de la compraventa de jugadores en los mejores mercados del mundo. Asistimos estupefactos al baile de miles de millones de euros o dólares, pero la nave felliniana, alocada, sigue surcando los mares procelosos del poderoso caballero don dinero.

CRONICAS HONORIO BUSTOS DOMECQ

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares escribieron en 1967 un cuento con un título críptico, Esse est percipi (Ser es ser percibido, en Crónicas de Honorio Bustos Domecq), pero evidente en nuestros tiempos modernos y digitales, por supuesto. He vuelto a leer un fragmento del mismo, ahora que comienza la Liga, Santander, ¡ojo al apellido!…, hoy concretamente, en la que siento que no verla mediante mi presencia real o virtual me sitúa fuera del mundo, porque solo cuento como espectador ignorante. Ya lo decía Hans Magnus Enzesberger, cuando hablaba de la ciudadanía «ignorante y molesta», al referirse a las personas alejadas de las tecnologías de la información y comunicación, que no es mi caso, aunque a partir de hoy entro -a juicio de muchas personas- en el colectivo de ovejas descarriadas de lo que está pasando y están viendo a través del fútbol: ¡lo que me estoy perdiendo!:

[…] -Señor, ¿quién inventó las cosas? -atiné a preguntar.

-Nadie lo sabe. Tanto valdría pesquisar a quién se le ocurrieron primero las inauguraciones de escuelas y las visitas fastuosas de testas coronadas. Son cosas que no existen fuera de los estudios de grabación y de las redacciones. Convénzase, Domecq, la publicidad masiva es la contramarca de los tiempos modernos.

– ¿Y la conquista del espacio? -gemí.

-Es un programa foráneo, una coproducción yanqui-soviética. Un laudable adelanto, no lo neguemos, del espectáculo cientificista.

– Presidente, usted me mete miedo -mascullé, sin respetar la vía jerárquica-. ¿Entonces en el mundo no pasa nada?

– Muy poco -contestó con su flema inglesa-. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.

– ¿Y si se rompe la ilusión? -dije con un hilo de voz.

-Qué se va a romper -me tranquilizó. Por si acaso, seré una tumba -le prometí-. Lo juro por mi adhesión personal, por mi lealtad al equipo, por usted, por Limardo, por Renovales.

-Diga lo que se le dé la gana, nadie le va a creer. […]

A los que no nos gusta el fútbol nos amenaza la soledad humana y digital durante la temporada futbolística. Por ejemplo, tengo que estar atento durante la semana, a partir de hoy mismo, a qué partido se juega en Sevilla capital para poder moverme de forma lógica por los alrededores de los estadios de fútbol, porque el furor de equipo me sobrecoge durante horas en todas y cada una de sus manifestaciones. También, a la programación del fútbol en las televisiones públicas y privadas, porque las parrillas están al servicio del deporte denominado «rey». El problema es que necesitamos recuperar el sentido exacto del título del cuento de Borges y Bioy Casares: necesitamos ser percibidos en casa, en el trabajo, en la calle, más allá del fútbol. Necesitamos ser percibidos para ser alguien o alguno, que tanto da.

En la Liga que acecha en pocas horas, porque si no la veo no seré nadie (a pesar de los esfuerzos de Movistar, Orange y Mediaset), tomo conciencia de las palabras de Borges-Bioy: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Es verdad, con una diferencia: ser persona humana o digital es ser percibido (en el Mundo o en Internet) y tomar conciencia de ello ¡Qué dilema ante la Liga Santander que acecha desesperadamente, con la División Acorazada Mediática «Guzmán el Bueno»!, que avanza inexorablemente, sin rubor alguno.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Las personas deben ser el eje de la investidura para la presidencia del Gobierno de España

MARIA ZAMBRANO

Sevilla, 11/VIII/2019

Estamos viviendo la cuenta atrás para la próxima sesión de investidura para la presidencia del Gobierno de España, según lo previsto en el artículo 99 de la Constitución española, estando en este momento situados en el apartado 4 del citado artículo: “Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma  prevista en los apartados anteriores”, es decir, “[1…] el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno. 2. El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara. 3. Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple”.

Ahora, cuando escribo estas líneas, estamos en el día 21 del plazo de dos meses que figura en el artículo 99. 5: “Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso”. Quedan exactamente 39 días para resolver esta cuestión de Estado y la preocupación ciudadana crece por momentos, porque hay un sentir popular al que se debería prestar especial atención por los actuales representantes políticos: no se deben repetir las elecciones generales.

He escrito recientemente dos artículos en relación con la situación transitoria actual de base constitucional, Obligatoriamente obligados a entenderse y El acuerdo programático de izquierda para un próximo Gobierno en España: ¡es el interés general! Hoy, escribo el tercero, bajo la responsabilidad ciudadana que me otorga la Constitución al haber emitido un voto con la idea de que haya Gobierno inmediatamente y de acuerdo con los plazos legales previstos en la Constitución. Con ardiente im-paciencia [sic], separándome de Neruda solo por unas horas, en las que se puede perder la paciencia ética de la espera y esperanza política. Lo he recordado hoy cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: “En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres”. Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo “im”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente.

Para armar las ideas a transmitir en esta ocasión, he acudido a un texto precioso de María Zambrano, una andaluza excepcional natural de Vélez-Málaga, de lectura imprescindible, en un libro escrito en 1958 fuera de España por su ideología republicana, Persona y Democracia (1), donde analiza la responsabilidad de cada persona en democracia, que me ha parecido de una actualidad rabiosa.

La primera cuestión es recordar a los politólogos y políticos en general, obligatoriamente obligados a entenderse y que participan en dimes y diretes de la próxima investidura, que la democracia es la sociedad española en la actualidad “en la cual no solo es permitido, sino exigido, ser persona”, tal y como lo define María Zambrano en el libro citado (p. 183). No se debería olvidar esta cuestión porque no hablamos de la definición clásica de “gobierno del pueblo”, porque ser persona, es pertenecer a un pueblo concreto, trascendiéndolo. Cuando se habla de empleo, sanidad, dependencia y educación, deberían pensar los artífices de los posibles pactos de investidura o los acuerdos programáticos que procedan, que para ser personas en este país democrático hay que tener empleo, servicios de salud personalizados, servicios sociales que atiendan los procesos de dependencia humana y acceso universal, obligatorio y gratuito a la reina de la democracia, la educación universal y estructurada desde la etapa infantil hasta la universitaria.

María Zambrano lo explica de forma muy clara y contundente: “Y si alguna vez, realmente, desaparecieran las clases sociales, solo podría suceder en virtud de que se hubiese llegado a vivir desde el ser persona del todo, de que esa realidad de la persona hubiese invadido, por decirlo así, toda el área de la realidad humana. De no ser así, las clases [sociales] nacerán y renacerán, una y otra vez. Más, en cambio, si el ser persona es lo que verdaderamente cuenta, no sería tan nefasto el que hubiese diferentes clases, pues por encima de su diversidad, y aún en ella, sería visible la unidad del ser persona, del vivir personalmente. Se trata, pues, de que la sociedad sea adecuada a la persona humana: su espacio adecuado y no su lugar de tortura” (p. 187).

La sociedad española tiene un futuro en manos de los representantes políticos actuales, en la dialéctica expresada: si los ciudadanos y ciudadanas del país se tienen en cuenta como personas en un acuerdo programático de Gobierno seguro, como los puertos, España será un espacio adecuado de empleo, sanidad pública, educación universal y gratuita, y atención cuidada a la dependencia en todas y cada una de sus manifestaciones. Y millones de personas de este país deberían dejar de sufrir los problemas de paro y sociales de todo tipo que inundan las estadísticas españolas del dolor humano.

Solo nos quedan 39 días para vivirlo o no. Lo he aprendido de María Zambrano, cuando justifica por qué escribió ese precioso libro: que se dé nuevamente en este pequeño planeta, en este país, “un triunfo glorioso de la Vida” por el solo hecho de ser personas.

 

(1) Zambrano, María. Persona y democracia, 2019. Madrid: Alianza Editorial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

 

 

 

El acuerdo programático de izquierda para un próximo Gobierno en España: ¡es el interés general!

Sevilla, 1/VIII/2019

En estos días tan aciagos, en los que vamos del timbo al tambo político (como decía García Márquez sobre algunos días de su existencia), he recordado una frase que se repetía de forma machacona en la campaña presidencial de Clinton, de 1992, para que se instalara en los cerebros de la ciudadanía americana y, por extensión, mundial, hasta nuestros días: “¡es la economía, estúpido!” (the economy, stupid), ¡esa es la solución! Nada más. Y a estas alturas de la situación política del país, decepcionado mayoritariamente por lo ocurrido en la sesión de investidura del pasado 25 de julio, de cuya fecha no quiero acordarme, estamos ya en el filo cortante de la navaja, de la existencia, sin saber si hay camino hacia alguna parte, desconcertados a todos los niveles que alcanza el entendimiento político. Lo que debería resonar ahora en nuestros oídos, mucho más fuerte que el viento, es esta idea cargada de sentimiento y pensamiento: el acuerdo programático de izquierda para un próximo Gobierno en España, ¡es el interés general! Por este motivo, no quiero callarme en estos tiempos difíciles, de tanta desazón, como los lugareños de las últimas escenas de una película extraordinaria, La lengua de las mariposas, presa del terror de la indecencia, con silencio cómplice, ante la cordada de personas dignas, que piensan de forma diferente, que creen por encima de todo en el interés público, general, que preconiza siempre la Constitución que nos une.

Personalmente, con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada persona puede en su pequeña persona de secreto, sola o acompañada, trabajar por otro país mejor a través de un Gobierno imprescindible, porque es posible, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios, o las opiniones de barra de café, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas. Pero ¿qué hacer? He leído la carta que Pedro Sánchez Pérez-Castejón, en su calidad de Secretario General del Partido Socialista Obrero Español, envió ayer a los militantes de su Partido, donde habla de los seis ejes de actuación que presentó en su discurso de investidura el martes pasado: empleo de calidad, transformación digital de la economía, transición ecológica, feminismo, justicia social y voluntad de cohesionar España dentro de una Europa unida. Para empezar creo que hay un planteamiento serio sobre la mesa para aunar esfuerzos y voluntades en el denominado Acuerdo Programático de Gobierno que permita obtener los votos necesarios para que se constituya el Gobierno más adecuado de izquierda. Las carteras ministeriales serán siempre un asunto posterior.

Lo han dicho en todos los medios de comunicación social del país: el Gobierno no se irá de vacaciones porque España tiene en estos momentos un problema muy serio, dado que hay que formar un Gobierno antes del 23 de septiembre, no a cualquier precio, con objeto de que no se vuelvan a convocar elecciones generales. Ocupo desde hace muchos años un sitio en la amura de babor de “La Isla Desconocida”, el barco imaginario de José Saramago para los que amamos los cuentos de las islas desconocidas, saliendo de nosotros mismos para estar siempre con los demás, defendiendo la vida digna de todos y, sobre todo, la de los que menos tienen. Escribo porque me queda la palabra en un momento transcendental para este país para conformar un Gobierno de progreso y porque creo que a través de ella, la palabra, podemos crear un Partido de Personas Dignas, virtual en este momento, pero que podría llegar a ser algo más, con un objetivo también muy claro: acabar con silencios cómplices que se visibilizan de forma dramática con la abstención de votos de determinada izquierda desunida en el Congreso de los Diputados, que impidió la investidura de Pedro Sánchez, el candidato designado por el Rey para formar un Gobierno a la mayor brevedad posible. Si nos lo proponemos con la dignidad de cada una, de cada uno, que tanto amo, venceremos. Dignidad de la izquierda, por encima de todo.

Las elecciones generales del pasado 28 de abril ya han pasado y necesitamos gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y sobre todo a millones de personas que malviven por el paro, por el dolor de la pobreza y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer definitivamente los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, con el Acuerdo Programático de Gobierno para la nueva Legislatura, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad Pública y en la Universidad de las Aceras y de las Calles que tanto amaba la urbanista Jane Jacobs, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice al mes de septiembre desde las zonas de confort. Hay que romper definitivamente con el mantra de la crónica de una falta de entendimiento crónico de la izquierda. Es imprescindible la movilidad popular y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país es posible.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial de la economía de mercado, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos. En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, hay que gritar muy fuerte: “Es el diálogo, el interés público”. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o, por extensión, España, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy.

En estos tiempos tan modernos, rescato a Chaplin y vuelvo siempre a mi rincón de pensar y de escuchar la banda sonora de mi vida, con una fuerte carga ideológica porque la música tampoco es inocente al igual que las ideologías, según Lukács. Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra. Para quien la quiere seguir escuchando y practicando a pesar de todo.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Soñar es crear despiertos

EL SUENO

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939

Sevilla, 31/VII/2019

El neurocientífico Mariano Sigman decía recientemente que mientras dormimos “[…] el cerebro ni se apaga ni trabaja a media máquina. Al contrario, funciona a pleno consumiendo tanta energía como durante la vigilia. Y muchas historias sugieren que el sueño es de hecho una usina creativa”. La palabra usina se utiliza en Argentina con un sentido más acotado que en España, que interpretamos como fábrica, aunque conviene leer con precisión su significado según nos enseña el diccionario de la Real Academia Española, que tiene un sentido más profundo relacionado con el cerebro y derivado de la palabra francesa “usine”: “Instalación industrial importante, en especial la destinada a producción de gas, energía eléctrica, agua potable, etc.”. Es un término utilizado frecuentemente en Latinoamérica, sobre todo en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú.

Es verdad. El cerebro no “duerme” sino que se organiza de nuevo durante el sueño, dejando fluir escenas preciosas o tristes para nuestra vida, mientras que los millones de neuronas trabajan de forma armónica para reagruparse por estructuras mientras dormimos: amígdalas, hipocampo, córtex y el resto de las estructuras cerebrales preparan el cerebro para su “encendido” general al despertarnos. Los resultados cada mañana son mágicos e impredecibles.

La magia de soñar despiertos o dormidos, es una realidad cerebral que no está en el mercado ni podemos comprar en Amazon en oferta prime. La tiene de fábrica (nunca mejor dicho) cada ser humano, aunque el desarrollo de las diferentes estructuras cerebrales no es inocente y la preparación para el sueño confortable o no, a lo largo de la vida, es cooperante necesario para cada persona. Es una singularidad humana por excelencia y la dificultad estriba en saber contar o narrar el sueño de cada uno, de cada una. Me parece una cualidad humana fascinante.

Hace unos años pudimos ver una campaña en televisión de Lotería y Apuestas del Estado (Sociedad Mercantil Estatal adscrita al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de España), pagada con dinero público y que curiosamente intentaba convencernos de una realidad tergiversada por la crisis de valores que atraviesa la sociedad actual. La campaña tenía una idea fuerza que machaconamente se repetía en cada spot: no tenemos sueños baratos. Nos transmitía un mensaje directo, no subliminal, porque comprando La Primitiva se pueden cumplir los sueños caros, en una descarada declaración de principios y de valores sobre la que ya nos alertaba Machado al recordarnos algo proverbial: todo necio confunde valor y precio.

¿Soñar creando es caro? No, todo es ponerse en determinados momentos de la vida consciente (el sueño inconsciente es harina de otro costal humano, sin acudir necesariamente a las interpretaciones de Freud), cuando nos hacemos con las riendas de nuestros valores y los echamos a volar despiertos. En este sentido vuelvo a mi museo de sueños queridos viendo la fotografía que encabeza estas palabras, realizada por Man Ray, en 1937, a la que tituló Sueño, en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet. Pertenece a esa colección de imágenes que cada uno lleva en su cerebro de secreto, que no necesitan comentarios especiales, porque siempre se asocian a experiencias personales e intransferibles, aunque observándola con detalle sobrecoge la posición de los párpados de ambas mujeres, los labios entreabiertos de Germaine como queriendo decir algo bello, que sugieren un sueño reparador en un momento preciso en la vida de cada una.

Saco una bella lección. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar la excelente fotografía de Ray con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, como lo hacen estas mujeres, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. O al sueño caro al que nos invitaba el spot citado y de forma no inocente.

Me acuerdo…, emulando a Joe Brainard, de que en 2015 leí un artículo en una revista de la Fundación Vicente Ferrer, sobre las fábricas de sueños en India, formando parte de su cultura desde hace más de cien años a través de la industria del cine. La pregunta del millón de dólares es obvia: ¿por qué se denominan así y perviven todavía hoy de esta forma?: “Al público indio le apasionan las películas espectaculares y fantásticas: películas que tienen poco en común con el día a día de la mayoría de la población. Lo cuenta Álvaro Enterría en el libro “La india por dentro”: “Una vez un amigo mío me dijo que no le gustaba el cine occidental: para ver un mundo realista ya tenía el mundo normal. El cine indio fabrica sueños”.

Una última reflexión, de economía circular y de bajo coste, por cierto: es conveniente soñar junto a la persona que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y en este tiempo de campaña de lotería que anima a soñar en cosas caras, a tener y no a ser, quiero probar de nuevo las sensaciones que me proporciona contemplar una y otra vez esta bella fotografía. Es lo que tiene no confundir, como todo necio, el valor y precio de este tipo de sueños que, digan lo que digan los demás, no es caro.

La vida sigue siempre dispuesta a ofrecernos miles de oportunidades para creer que todavía es posible ser y estar en el mundo de otra forma, soñando despiertos, porque deseamos cambiar aquello que no nos hace felices, que mina a diario la persona de todos o la de secreto que llevamos dentro. El cine de mi infancia contemplaba siempre descansos pero, cuando soñamos, la vida no se detiene sino que solo esperamos, mientras caminamos, que se cumplan los deseos irrefrenables de alcanzar resultados pretendidos. Descansar en este verano tan prometedor y controvertido desde la vertiente política que tanto nos afecta es, a veces, despertar a nuevas experiencias de lo que está por venir, donde cualquier parecido con la realidad, a diferencia de lo que ocurre con las películas, no es pura coincidencia, sino el fruto de un sueño realizado, porque es legítimo que así sea. Como en el campo, los sueños realizados son solo para quienes los trabajan.

Tenemos un derecho barato que es soñar despierto, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

 

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Donde pongo la vida pongo el fuego

ANGEL GONZALEZ

Sevilla, 27/VII/2019

Ángel González escribió estas bellas palabras (1) en un soneto inolvidable para momentos difíciles. Tengo que reconocer que lo que sucedió el pasado jueves en el Congreso de los Diputados y Diputadas me dejó tocado, pero no hundido: otra vez la izquierda desunida que, así, siempre será vencida.

Abro el libro donde creo que está la clave de lo que me pasa y leo de nuevo, con emoción reverencial, un soneto precioso grabado en mi memoria de secreto, escrito por Ángel González, que sin salir nunca de su infancia se convirtió “de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía”. Zarandeado siempre por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con su voluntad:

Donde pongo la vida pongo el fuego
De mi pasión volcada y sin salida.
Donde pongo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
Vuelvo a empezar sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
No me doy por vencido, y sigo, y juego

Lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, la fe segura:
Jamás o llanto, pero mi fe es fuerte.

La vuelvo a leer varias veces, para convencerme de que mi fe es fuerte, porque a veces, en la vida, sale amor al siempre va y porque sé que la primavera avanza para unirnos y para que tengamos fe en que, de esta forma, jamás seremos vencidos.

(1) González, Ángel. Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta-Seix Barral, 2018, p. 128.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://elpais.com/cultura/2018/01/11/actualidad/1515698954_706494.html

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Obligatoriamente obligados a entenderse

[…] El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico.

De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo

La izquierda desunida siempre será vencida. Lo vimos ayer en el espectáculo del Congreso de los Diputados. Lo he escrito en bastantes ocasiones en este blog y a diferencia de lo que decía de forma sabia y metafórica Groucho Marx, recurro a mis principios porque no tengo otros. En el álbum musical de mi vida ocupa un sitio privilegiado una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final. Ha finalizado un largo proceso electoral de casi cinco años, con un acelerón último en los meses de abril y mayo de este año, que muestra de forma clarividente que todos, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque los votos son de los ciudadanos que votan. Pretendemos, con nuestro voto, ser dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros.

Los más antiguos del lugar recordarán esa preciosa canción sobre nuestro destino, interpretada por Aguaviva y sus estrofas finales: “De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo”. Decía Manuel Rivas en su columna del domingo electoral de 26 de mayo, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea, que “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

Aquella canción nos dejaba inquietos ante el permanente mundo al revés, tan frecuente en nuestras vidas:

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

A casi veinticuatro horas de la votación de investidura de ayer, tenemos que reconocer que de este mundo de la política de pactos sabempoco, pero estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo. Por encima de todo, amamos una política que no haga daño, “aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. Y, sobre todo, al estar viviendo en una democracia representativa, ahora toca a los políticos tomar la responsabilidad de entenderse entre ellos. Están obligatoriamente obligados a hacerlo. La izquierda sabe que hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie que es el principal milagro, terrenal y cercano.

Sevilla, 26/VII/2019

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Mascarón de proa / 4. Los juguetes más grandes de Neruda

LOS JUGUETES MAS GRANDES

Sevilla, 13/VII/2019

Érase una vez un país del que en España recibíamos solo noticias preocupantes en relación con su democracia interna. Un día recibí un mensaje diferente: los niños y las niñas de Venezuela, así se llama ese país, cualquier niño o niña que cada venezolano o venezolana lleva dentro, estaban de enhorabuena porque podían ser protagonistas de un cuento precioso, Los juguetes mas grandes, de la escritora venezolana Kristel Guirado, como homenaje a Pablo Neruda, que llamaba “juguetes grandes” a sus mascarones y mascaronas de proa y popa, que de todo hay en los mares del señor.

Le verdad es que en una noche de julio, el niño que llevo dentro se entusiasmó con la lectura de este cuento, comprendiendo bien los mensajes que el poeta nos intentó transmitir a través de sus juguetes queridos. La introducción tenía un hilo conductor apasionante, comprendiéndola en el contexto del país que lo publica, escrito por Clodosbaldo Russián Uzcátegui Contralor General de la República Bolivariana de Venezuela:

“La literatura concebida para niños y jóvenes es un medio idóneo para fomentar la práctica de la bondad, el fortalecimiento de las instituciones, el compromiso con el país y la promoción del respeto a las leyes y de la honradez, como paradigmas de comportamiento republicano. En esa convicción, la Contraloría General de la República y la Fundación Instituto de Altos Estudios de Control Fiscal y Auditoría de Estado «Gumersindo Torres» (COFAE), centro de capacitación e investigación creado y dirigido por la Contraloría, promovieron la II Bienal de Literatura Infantil, la cual tuvo un importantísimo alcance al suscitar el interés de 57 participantes, quienes concursaron con trabajos de calidad, demostrando que en el país sus escritores tienen una honorable intención hacia la juventud. En esta ocasión nos complace felicitar a la escritora Kristel Guirado, ganadora de la Bienal con su obra Los juguetes más grandes. A juicio de los distinguidos integrantes del jurado calificador, Guirado incorpora en la obra valores esenciales de convivencia ciudadana, e inserta al lector en un mundo donde lo fantástico se mezcla con la sensibilidad social. La autora enfiló la proa de su talento creador hacia el universo poético de Pablo Neruda y trajo del tesoro de lo vivido por éste, no sólo Los juguetes más grandes encontrados por el poeta en su trashumancia quijotesca por el mundo, sino la historia que cada uno de ellos debió inspirarle en su oceánica visión de la humanidad.

Con la publicación de esta obra en la Colección Grano de Maíz, nos sentiremos orgullosos cuando un niño, joven o adulto se sumerjan en cada una de las palabras que componen este libro, pues éstas le transmitirán, con la magia propia de la literatura, los valores que contribuyen a fortalecer la fraternidad, combatir la exclusión de cualquier signo y enaltecer la solidaridad, como uno de los atributos de la convivencia y de la justicia social”.

Me dijeron también que el veredicto del jurado que premió a la autora de este cuento fue unánime:

Los miembros del jurado evaluador: Rafael Rodríguez Calcaño, Pedro Gil Rivas y Nancy Piñango, convocados para la II Bienal de Literatura Infantil auspiciada por la Fundación Instituto de Altos Estudios de Control Fiscal y Auditoría de Estado «Gumersindo Torres» (COFAE), entidad adscrita a la Contraloría General de la República, reunidos el día 4 de marzo de 2005, acordaron por unanimidad otorgar el premio a Los juguetes más grandes, por tratarse de una colección de relatos de asombrosa hermosura y descollante calidad literaria, ricos en imágenes poéticas y desenfadado vuelo imaginativo hilvanado en torno a la figura universal del poeta Pablo Neruda.

Comencé a leer el cuento con admiración y con ardiente impaciencia, cuyo contrario admiró siempre Neruda, porque sabía que sus juguetes más grandes eran los mascarones de proa de su casa en Isla Negra. Estaba dispuesto a aprender muchas cosas y así fue. El niño Gregorio, el protagonista del cuento, le pidió al abuelo algo maravilloso: inventarles cuentos a los mascarones de proa y popa, ellos y ellas que tanto habían descubierto en mares procelosos y calmos, que tantas cosas nos podían contar.

El abuelo de Gregorio, su papapa, los escribió “[…] pensando que los objetos siempre tendrán una vida secreta que los anima, en ocasiones, a moverse cuando les damos la espalda; que es esa vida oculta en cada cosa la que nos obliga a quererla, cuidarla, atesorarla! que es esa alma revelada en la sombra la que permite que nunca nos sintamos solos en su compañía. Y por esa razón es imposible que los cuentos puedan acabarse. Siempre, de su aparente oscuridad, surgirá un objeto dispuesto a cedernos la magia de su historia, a contarnos la maravilla de su creación”.

Seguí pasando páginas, escuchando de fondo la voz de Neruda: La trovadora del mar, Las mariposas del pirata Morgan, El milagro del ruiseñor de Suecia, Marinera del cielo, María Celeste y El valiente piel roja y el bisonte del mar. Seis cuentos sobre juguetes grandes para hacerlos más felices en su rincón de Isla negra.

Así lo viví y así lo he contado, aunque me quedan muchas cosas que compartir con el niño Neruda que quizá todos llevamos dentro y que sigue disfrutando de sus juguetes grandes, anónimos para muchos y que voy a intentar mostrarles. Quiero quedarme hoy con los sueños de los niños y niñas de Venezuela que sigan las palabras de Kristel Guirado, como una noticia preciosa sobre aquél controvertido país: “nos sentiremos orgullosos cuando un niño, joven o adulto se sumerjan en cada una de las palabras que componen este libro, pues éstas le transmitirán, con la magia propia de la literatura, los valores que contribuyen a fortalecer la fraternidad, combatir la exclusión de cualquier signo y enaltecer la solidaridad, como uno de los atributos de la convivencia y de la justicia social”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Las decisiones ciegas

LOS GIRASOLES CIEGOS

Infame turba de nocturnas aves

Alberto Méndez, Los girasoles ciegos

Sevilla, 12/VII/2019

En el examen de las pruebas de acceso a la universidad (PEvAU) para toda Andalucía, Ceuta y Melilla de este año, de  Lengua Castellana y Literatura II,  los alumnos y alumnas que han elegido un texto literario y no periodístico, es decir la opción A, se han encontrado con algo previsto, un texto que hablaba de “cuando mataron a don Servando, mi maestro, quemaron todos sus libros y desterraron para siempre a todos los poetas que él conocía de memoria”, unas palabras que debían haber leído como “lectura recomendada”. 

El texto era el siguiente:

He encontrado una cabra montés medio comida por los lobos. Todavía quedaban restos abundantes y hoy comeremos sus despojos. Con los huesos y las vísceras he logrado hacer una sopa muy suave que el niño acepta bien.

(Aquí se produce un significativo cambio de la caligrafía. Aunque la pulcritud de la escritura se mantiene, los trazos son algo más apresurados. O, cuando menos, más indecisos. Probablemente ha transcurrido bastante tiempo.)

¿Me reconocerían mis padres si me vieran? No puedo verme pero me siento sucio y degradado porque, en realidad, ya soy hijo de esa guerra que ellos pretendieron ignorar pero que inundó de miedo sus establos, sus vacas famélicas y sus sembrados. Recuerdo mi aldea silenciosa y pobre ajena a todo menos al miedo que cerró sus ojos cuando mataron a don Servando, mi maestro, quemaron todos sus libros y desterraron para siempre a todos los poetas que él conocía de memoria.

He perdido. Pero pudiera haber vencido. ¿Habría otro en mi lugar? Voy a contarle a mi hijo, que me mira como si me comprendiera, que yo no hubiera dejado que mis enemigos huyeran desvalidos, que yo no hubiera condenado a nadie por ser sólo un poeta. Con un lápiz y un papel me lancé al campo de batalla y de mi cuerpo surgieron palabras a borbotones que consolaron a los heridos y del consuelo que yo dibujaba salieron generales bestiales que justificaron los heridos. Heridos, generales, generales, heridos. Y yo, en medio, con mi poesía. Cómplice. Y, además, los muertos.

Este texto se ha extraído del segundo capítulo del libro Los girasoles ciegos: Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido. Son páginas de un cuaderno con pastas de hule que estremecen el alma, escritas por un difunto desconocido y, en la 12, figura el texto del examen.

Hasta aquí, todo correcto, aunque he podido contrastar una noticia esclarecedora en la que se afirma que desde la Universidad de Granada, cuya rectora ostenta actualmente la presidencia rotatoria de la comisión, «la Junta de Andalucía, como tal, no es la encargada de quitar, retirar, suprimir o sacar nada, pues esta es una competencia de la ponencia de Lengua Castellana y Literatura II, formada por representantes de todas las universidades andaluzas y de las delegaciones de Educación, que es soberana, es ajena a cualquier interés espurio o político, y actúa conforme a criterios exclusivamente académicos y educativos» (1).

La noticia ha pasado sin pena ni gloria, pero a través de estas líneas quiero expresar mi desolación y no participar en el multitudinario silencio cómplice que se ha instalado en nuestro país y, obviamente, en Andalucía, cualquiera que haya sido la fórmula de retirar unas páginas de tanto calado histórico para comprender la intrahistoria de este país.

He buscado el libro en mi biblioteca del alma y he leído varias veces el texto propuesto en el examen. El cuarto párrafo me conmueve por encima de los otros:

He perdido. Pero pudiera haber vencido. ¿Habría otro en mi lugar? Voy a contarle a mi hijo, que me mira como si me comprendiera, que yo no hubiera dejado que mis enemigos huyeran desvalidos, que yo no hubiera condenado a nadie por ser sólo un poeta. Con un lápiz y un papel me lancé al campo de batalla y de mi cuerpo surgieron palabras a borbotones que consolaron a los heridos y del consuelo que yo dibujaba salieron generales bestiales que justificaron los heridos. Heridos, generales, generales, heridos. Y yo, en medio, con mi poesía. Cómplice. Y, además, los muertos.

Me duele y mucho esta acción de política educativa, en el sentido más puro del término “política”. He vuelto a leer la página 53 de El arte de callar, en el que el abad Dinouart cita el último principio necesario para callar, el 14º: “El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, cuido mi alma leyéndolo de nuevo para animarme a denunciar los silencios cómplices que tanto daño hacen a los que inician sus estudios superiores, con el arte de leer la vida que a cada uno dios nos da. Denunciando, además, que se retire cualquier texto igual o parecido a este de Los girasoles ciegos, que impedirán que los jóvenes de este país analicen la memoria histórica de unas acciones por acción u omisión, terribles, que nunca se debieron producir en el contexto de la Guerra Civil.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Por ejemplo, dando visibilidad como altavoces éticos y dignos sobre esta acción comentada, porque es algo más que un símbolo de los caminos que hacen al andar determinados políticos ciegos. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

(1) https://maldita.es/maldito-bulo/no-no-hay-pruebas-de-que-la-junta-de-andalucia-haya-retirado-los-girasoles-ciegos-de-la-lista-de-lecturas-recomendadas-en-segundo-de-bachillerato/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado..

Mascarón de proa / 2. La Guillermina

GUILLERMINA

La Guillermina / Fotograma del documental Una casa en la arena. Universidad Católica de Chile

Sevilla, 10/VII/2019

Decidí un día ya lejano pensar en las historias asociadas a los mascarones de proa y… de popa, que también existen, porque han visitado mares y océanos de todo el mundo, con múltiples singladuras jamás contadas. ¡Cuánto habrán visto y oído a través de los susurros de las olas o en noches de tormenta! Cuando analizaba esta predilección de Neruda, al iniciar la singladura personal de julio desde la amura de babor de La Isla Desconocida de José Saramago, conocí la historia de La Guillermina, una mascarona especial que sigue presidiendo su despacho en Isla Negra con una mirada enigmática: “[…] Fue una de las últimas piezas que Neruda adquirió. La compró en Perú y al no tener mayores referencias de su origen, decidió bautizarla con el nombre de la niña que lo deslumbró en su infancia sureña y a quien dedicó el poema «Dónde estará la Guillermina?» (1), publicado por primera vez en Estravagario (Losada, 1958):

Cuando mi hermana la invitó
y yo salí a abrirle la puerta,
entró el sol, entraron estrellas,
entraron dos trenzas de trigo
y dos ojos interminables.

Yo tenía catorce años
y era orgullosamente oscuro,
delgado, ceñido y fruncido,
funeral y ceremonioso:
yo vivía con las arañas
humedecido por el bosque
me conocían los coleópteros
y las abejas tricolores,
yo dormía con las perdices
sumergido bajo la menta.

Entonces entró la Guillermina
con dos relámpagos azules
que me atravesaron el pelo
y me clavaron como espadas
contra los muros del invierno.

Esto sucedió en Temuco.
Allá en el Sur, en la frontera.

Han pasado lentos los años
pisando como paquidermos,
ladrando como zorros locos,
han pasado impuros los años
crecientes, raídos, mortuorios,
y yo anduve de nube en nube,
de tierra en tierra, de ojo en ojo,
mientras la lluvia en la frontera
caía, con el mismo traje.

Mi corazón ha caminado
con intransferibles zapatos,
y he digerido las espinas:
no tuve tregua donde estuve:
donde yo pegué me pegaron,
donde me mataron caí
y resucité con frescura
y luego y luego y luego y luego,
es tan largo contar las cosas.

No tengo nada que añadir.

Vine a vivir en este mundo.

Dónde estará la Guillermina?

La Guillermina conoce Madrid, mar adentro. Vino en marzo de 1995, con motivo de una exposición que se celebró del 10 de marzo al 2 de abril, Neruda regresa a España, inaugurada por el presidente chileno Eduardo Frei: “El escritor escribía poesías para sus mascarones, la mayor parte del siglo XVIII y unos pocos del XIX, once mujeres y tres varones, más dos cabezas, todos de proa, menos dos, de popa. De ellos, se pueden ver ahora en Madrid La Guillermina (que el poeta encontró en Lima: antes de verla le dijeron que era una santa o una mona); Jenny Lind (actriz y cantante sueca, supuesta amante de Hans Christian Andersen); La sirena de Glasgow; La sin nombre y La María Celeste, que llora a través de la madera de encina («durante el largo invierno algunas misteriosas lágrimas caen de sus ojos de cristal y se quedan por sus mejillas», escribió Neruda. «La humedad concentrada’, dicen los escepticistas. ‘Un milagro’, digo yo, con respeto… Pero, ¿por qué llora?»). También se exponen los dos ángeles trompeteros que, junto a los mascarones, ocupan en Isla Negra la habitación principal, desde cuya ventana las figuras se asoman al Océano Pacífico y observan a diario el paso a ras del mar de bandadas de patos, alcatraces y gaviotas» (2).

Hoy la hemos localizado de nuevo en su casa, en Isla Negra, durmiendo en el regazo del niño Neruda que siempre fue, tal y como nos lo contó hace ya muchos años: «Un niño que no juega no es un niño, pero el hombre que no juega ha perdido para siempre el niño que vivió en el y al que extrañará terriblemente». No tengo nada más que añadir. Así es La Guillermina, surcando mares de ensueño con sus dos relámpagos azules. Además, lo dijo el poeta para quien lo quisiera escuchar, el día que la conoció: no era una santa. Lo decían también los marineros que la veían a diario en una embarcación anónima, porque se había enfrentado a los dioses y demonios del mar, bajo el bauprés, oteándolo todo. Hasta hoy.

(1) https://www.emol.com/especiales/neruda/20000610.htm

(2) https://elpais.com/diario/1995/03/08/cultura/794617211_850215.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Mascarón de proa / 1. María Celeste

Sevilla, 8/VII/2019

Navegando al desvío de aguja por las interferencias de la vida diaria, el verano es un tiempo propicio para navegar en libertad. Inicio con este motivo una serie dedicada a un elemento característico de las embarcaciones antiguas, los mascarones y las mascaronas, por igual, que daban brillo y esplendor a significantes de quienes surcaban los mares del mundo.  Pablo Neruda amaba estas piezas marítimas, formando parte esencial de su casa en Isla Negra, en su amado Chile. Dicen los sabios del lugar y del tiempo marítimo que los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo.

Jorge Manrique me lo recuerda a través de una copla preciosa, con el mascarón de proa de palabras sentidas: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir: / allí van los señoríos, / derechos a se acabar / y consumir; / allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / y más chicos; / y llegados, son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos.

La niña de madera no llegó caminando:
allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos,
viejas flores del mar cubrían su cabeza,
su mirada tenía tristeza de raíces.
 
Allí quedó mirando nuestras vidas abiertas,
el ir y ser y andar y volver por la tierra,
el día destiñendo sus pétalos graduales.
Vigilaba sin vernos la niña de madera.

Pablo Neruda, de Mascarón de Proa – Soneto LXVIII

Pablo Neruda amaba a los mascarones y mascaronas de proa. En su casa de Isla Negra vivían con él la Medusa, la María Celeste, la Guillermina, la Rapa Nui y la Venus Cabalgante, entre otros y otras desafiantes figuras de mares surcados en vigilancia perpetua. De esta colección, destacaba sobre todas María Celeste, de cuya historia nos ofrece Neruda tres variaciones sobre el mismo tema. La primera, en Una casa en la arena, editado en 1966 en Barcelona: «Alain y yo la sacamos del mercado de las Pulgas donde yacía bajo siete capas de olvido. En verdad costaba trabajo divisarla entre camas desmanteladas, fierros torcidos. La llevamos en aquel coche de Alain, encima, amarrada, y luego en un cajón, tardando mucho, llegó a Puerto San Antonio. Solimano la rescató de la aduana, invicta, y me la trajo hasta Isla Negra. Pero yo la había olvidado. O tal vez conservé el recuerdo de aquella aparición polvorienta entre la ferraille. Sólo cuando destaparon la pequeña caja sentimos el asombro de su imponderable presencia. Fue hecha de madera oscura y tan perfectamente dulce! Y se la lleva el viento que levanta su túnica! Y entre la juventud de sus senos un broche le resguarda el escote. Tiene dos ojos ansiosos en la cabeza levantada contra el aire. Durante el largo invierno de Isla Negra algunas misteriosas lágrimas caen de sus ojos de cristal y se quedan por sus mejillas, sin caer. La humedad concentrada, dicen los escepticistas. Un milagro, digo yo, con respeto. No le seco sus lágrimas, que no son muchas, pero que como topacios le brillan en el rostro. No se las seco porque me acostumbré a su llanto, tan escondido y recatado, como si no debiera advertirse. Y luego pasan los meses fríos, llega el sol, y el dulce rostro de María Celeste sonríe suave como la primavera. Pero ¿por qué llora?».

La segunda variación tiene su encanto especial al darnos a conocer la predilección que sentía Salvador Allende sobre aquella enigmática joven, tal y como lo cuenta en Confieso que he vivido: “Yo tengo mascarones y mascaronas. La más pequeña y deliciosa, que muchas veces Salvador Allende me ha tratado de arrebatar, se llama María Celeste. Perteneció a un navío francés, de menor tamaño, y posiblemente no navegó sino en las aguas del Sena. Es de color oscuro, tallado en encina; con tantos años se volvió morena para siempre. Es una mujer pequeña que parece volar con las señales del viento talladas en sus bellas vestiduras del Segundo Imperio. Sobre los hoyuelos de sus mejillas, los ojos de loza miran el horizonte. Y, aunque parezca extraño, estos ojos lloran durante el invierno, todos los años. Nadie puede explicárselo. La madera tostada tendrá tal vez alguna impregnación que recoge la humedad. Pero lo cierto es que estos ojos franceses lloran en invierno y que yo veo todos los años las preciosas lágrimas bajar por el pequeño rostro de María Celeste».

Decía Neruda que “A plena luz de sol sucede el día, / el día sol, el silencioso sello / extendido en los campos del camino. / Yo soy un hombre luz, con tanta rosa, / con tanta claridad destinada / que llegaré a morirme de fulgor”.  Este precioso poema, El Sol, me recuerda en este estío tan especial para el país que hay que agregar luz a la patria en tiempos revueltos, como ciudadano de a pie que solo camina a veces en la más profunda oscuridad: “Otra vez, ya se sabe, y para siempre / sumo y agrego luz al patriotismo: / mis deberes son duramente diurnos: / debo entregar y abrir nuevas ventanas, / establecer la claridad invicta / y aunque no me comprendan, continuar / mi propaganda de cristalería”. Navegando al desvío de aguja por las interferencias de la vida diaria.

Lo repito una y mil veces: ¡qué tarea política tan hermosa para un ciudadano que ama su ciudad, cumplir con sus deberes diurnos, a plena luz del día, aprovechando el estío, tiempo de luz porque el sol se queda quieto durante mucho tiempo, abriendo ventanas para la libertad, muy comprometido con la propaganda de cristalería por donde pasan rayos de luz teñidos de colores! Es verdad que a veces nos encarga la vida tareas casi imposibles, a personas que aparecemos en el mundo como “enlutados de origen”, sin luz, según Neruda: “A veces pienso imitar la humildad / y pedir que perdonen mi alegría / pero no tengo tiempo: es necesario / llegar temprano y correr a otra parte / sin más motivo que la luz de hoy, / mi propia luz o la luz de la noche: / y cuando ya extendí la claridad / en ese punto o en otro cualquiera / me dicen que está oscuro en el Perú, / que no salió la luz en Patagonia”.

Comprendo a Neruda, mucho más cuando sé que le gustaba contemplar los ojos de María Celeste, su mascarón de proa preferido, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Que sonreía siempre cuando llegaba el sol. Hoy, en un día largo y con un sol quieto en este verano de 2019, no quiero que los tristes y tibios de siempre perdonen mis sueños y mi utopía, porque no tengo tiempo. La luz de este solsticio, con el sol quieto pero generoso, me ofrece la posibilidad de llegar temprano y navegar hacia otra parte sin más motivo que aprovechar la claridad del día, sabiendo que se rumorea que está oscuro en este país y que a veces no sale la luz en Andalucía. Durante el verano, cuando María Celeste no llora, se queda “mirando nuestras vidas abiertas, / el ir y ser y andar y volver por la tierra, / el día destiñendo sus pétalos graduales”. Eso sí, vigila sin vernos la niña de madera.

THE END2

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.