Pertenezco a una generación matusalénica para cualquier relación con este mundo líquido, el de Zygmunt Bauman, representado estos días por la cantora Rosalía (San Esteban Sasroviras, Barcelona, 1992), algo más que cantaora o cantante, según Facundo Cabral, porque la diferencia estriba en que no sólo puede cantar, sino que debe hacerlo, para satisfacción de cientos de miles de jóvenes que la siguen a pies juntillas, como dirían mis ancestros. Rosalía “está hasta en la sopa”, sonando su nuevo álbum, LUX, por tierra, mar y aire, con letras que tienen dentro un mensaje especial, en el que interpreta dieciocho canciones como si fueran partes de un concierto sinfónico, al utilizar también varios “movimientos” que agrupan formas de interpretar el hilo conductor de esta bella obra.
Como siempre hago en relación con las sinopsis oficiales de obras culturales, para no caer en espoiler, en esta ocasión se presenta LUX «como el cuarto álbum de estudio de la cantante, productora, compositora y ganadora de varios Grammy; se trata de su lanzamiento más innovador y global hasta la fecha. LUX es una proeza de visión y maestría. El álbum se ha grabado junto a la London Symphony Orchestra e incluye voces de artistas como Björk, Carminho, Estrella Morente, Silvia Pérez Cruz y los coros de la escolanía de Montserrat y de l’Orfeó Català. Rosalía explora temas de la mística femenina, la transformación y la espiritualidad trazando el arco entre la ilusión y la pérdida, la fe y la individualidad».
Mi amor a la música clásica me ha acercado a este álbum, junto al contenido exquisito de algunas de sus letras. Me ha gustado mucho la crítica que efectuó el diario El País el pasado cinco de noviembre, en la que se decía textualmente que «Las fortalezas de la cuarta y nueva obra de Rosalía, Lux, son muchas, pero quizá se deba poner en primer término la importancia del lugar desde el que se concibe. Hablamos de una obra osada, valiente, compleja, arrogante y fascinante, un disco sin estribillos, sin apenas ritmos memorizables, densa y extensa. Llamémosla anticomercial, pero a la vez se puede considerar pop. Esto lo realiza Rosalía desde la cúspide de la música pop, desde una posición de estrella mundial. […] Realizar un álbum raro desde los márgenes de la industria resulta mucho más sencillo, pero armar esta epopeya mística desde el trono que ella ocupa ofrece la imagen de una artista con una valentía radical». Lo que resulta indudable es que sus dieciocho canciones ofrecen un espacio de reflexión impresionante a través de sus letras y melodías, apoyadas por intérpretes de fama mundial: MOV I: 1. Sexo, Violencia y Llantas, 2. Reliquia, 3. Divinize, 4. Porcelana, y 5. Mio Cristo Piange Diamanti; MOV II: 6. Berghain, 7. La Perla, 8. Mundo Nuevo y 9. De Madrugá; MOV III: 10. Dios es un Stalker, 11. La Yugular, 12. Focu ‘ranni [Exclusivo en formato físico], 13. Sauvignon Blanc y 14. Jeanne [Exclusivo en formato físico]; MOV IV: 15. Novia Robot [Exclusivo en formato físico]; 16. La Rumba del Perdón; 17. Memória y 18. Magnolias.
Agradezco a Rosalía que ofrezca a través de este álbum espacios de reflexión para sus seguidores y seguidoras, que son cientos de miles de jóvenes, sobre todo, que buscan algo más en este loco mundo en el que nos ha tocado vivir, en momentos muy delicados para salvaguardar la democracia mundial. Por eso, a la hora de enfrentarme hoy a la pantalla en blanco, he recordado también a Juan Ramón Jiménez, a través de un poema muy breve y bueno, por tanto dos veces bueno (Baltasar Gracián, dixit), ¡No le toques ya más, que así es la rosa!, tal y como lo aprendí de él hace ya muchos años (1). Este recuerdo me permite exclamar también a todos los vientos algo vinculado con la utilización del enigmático pronombre personal «le», que para mí, en este aquí y ahora, podría ser el sentimiento de Rosalía, no exento de pensamiento, en su nuevo álbum: «¡No le toquéis ya más, que así es… Rosalía!
(1) Jiménez, Juan Ramón, Piedra y cielo, Buenos Aires: Losada, 1968
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Sevilla, 11/XI/2025 – 09:45 h (CET+1) [actualizado del artículo publicado en 2022]
La persona que anima es una especie en extinción, porque los agoreros mayores de este reino humano están haciendo continuamente de las suyas, con Trump a la cabeza, aunque en nuestro país también tenemos una muestra muy amplia, agrupada en siglas de derecha extrema y ultraderecha confesa. Animar es un verbo que admite hasta diez acepciones, según el Diccionario de la lengua española (RAE): infundir vigor a un ser vivo, infundir ánimo o energía moral a alguien, incitar a alguien a una acción, dar vida o animación a una obra de arte, comunicar a una cosa inanimada vigor, intensidad y movimiento, dar movimiento, calor y vida a un concurso de gente o a un paraje; dicho del alma, dar vida al cuerpo, vivir, habitar, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo. Son diez interpretaciones que equivalen a una sola, de las que destaco la última sobre las demás: animar es dar vida al cuerpo, saber vivir en definitiva. Cambiar todo lo que haya que cambiar.
Todo está cambiando en nuestras vidas porque hay muy pocas zonas de confort que nos animen a habitar seguros y de forma estable en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es la que puede cantar y cantora es la que debe hacerlo, según Facundo Cabral), cantó Todo cambia, con letra y música del músico chileno Julio Numhauser, fundador de mi querido grupo Quilapayún, para animarnos a continuar siempre hacia adelante mediante su compromiso activo a través de la música, por ejemplo, habiéndolo grabado personalmente en la razón y en el corazón a lo largo de mi vida, en etapas que han quedado registradas en mi memoria de secreto, situada como estructura muy valiosa en una región profunda del cerebro, el hipocampo. La recuerdo en ocasiones como ésta porque era una auténtica animadora, infundiéndonos siempre ánimo o energía moral a todos: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. Es bueno que como animadores hablemos de esto, por higiene mental, en el Club de las Personas Dignas, al que pertenezco desde hace ya muchos años, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario y ocaso democrático nos hace daño, sabiendo que debemos compartir la realidad cambiante, por dura que sea, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, el hecho de que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los Tristes y los Tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y en los momentos difíciles que estamos atravesando, quizás se frotarán las manos, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas: Lo que cambió ayer / Tendrá que cambiar mañana / Así como cambio yo / En esta tierra lejana // Cambia el rumbo el caminante / Aunque esto le cause daño / Y así como todo cambia / Que yo cambie no es extraño.
He dicho anteriormente que hay que respetar a los animadores frente a los agoreros mayores del reino que, instalados en su mediocridad eterna, no hacen nada más que cantar las desgracias propias y ajenas sin mezcla de cambio o progreso personal y social alguno. Desgraciadamente, los animadores son una especie en extinción, aunque el gran espectáculo del mundo continúe. Lo dije en 2022, por ejemplo, con motivo de la entrega del Óscar al mejor corto “animado”, El limpiaparabrisas, español por cierto, dirigido por Alberto Mielgo, una metáfora “animada” sobre el amor en tiempos revueltos, como primer motor que anima la vida, intentando responder en pocos minutos a la gran pregunta de la vida: ¿qué es el amor?: “La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro”.
Los animadores “menores” del reino, practicamos la defensa a ultranza del “principio esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Ernst Bloch, por ejemplo, con su teoría de ese “principio esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia de la vida sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, animarnos, en una palabra, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? (Libro de las preguntas, IV), aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos revueltos, aprendiendo de una vez por todas que animar nuestra vida y la de los demás es cosa de cuidar el alma, dando vida al cuerpo, vivir y habitar la vida. En definitiva, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo que nos permita mantener viva la esperanza de dar respuesta a los problemas de la vida, a sus continuas preguntas. Siendo así, que yo cambie no será ya extraño y como animador…, la verdad es que, hoy por hoy, a pesar de lo que está cayendo, me siento con fuerzas para seguir luchando por un mundo mejor para todos.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Creo que seguimos atravesando una etapa muy preocupante en nuestro país, donde sigue avanzando de forma imparable el ocaso de la democracia existente, que muchos millones de ciudadanos y ciudadanas deseamos defender, día a día, con ardor guerrero. Como ciudadano político, en el sentido aristotélico de este adjetivo, que cuido la democracia de este país y su memoria, así como la de mi Comunidad Autónoma, mi ciudad y mi barrio, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, considero imprescindible volver a leer hoy esta Ley, con motivo de la conmemoración en nuestro país del día de recuerdo y homenaje a todas las víctimas del golpe militar del 18 de julio de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista, una fecha establecida por la Ley 20/2022, de Memoria Democrática.
En esta disposición figuran páginas imprescindibles que ordenan en su objeto y finalidad la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.
El artículo 7 de esta Ley designa el 31 de octubre como un día dedicado a recordar a todas las víctimas de la represión que marcó una de las etapas más oscuras de la historia contemporánea española, que no se debe olvidar y menos minimizar o intentar borrar en el olvido no inocente, su conocimiento por parte de las generaciones actuales, porque es necesario, ahora más que nunca, mantener vivo el recuerdo de aquellos hechos traumáticos y trágicos, y al deber de evitar que las violaciones de derechos humanos ocurridas durante ese periodo puedan repetirse. La ley señala que este día debe contribuir a mantener en la memoria colectiva tanto los desastres de la guerra como los de toda forma de totalitarismo, así como a promover la reparación de la dignidad de las víctimas, ayudando a que estas sean reconocidas no solo por la ciudadanía actual, sino también por las generaciones venideras.
Si escribo hoy sobre esta conmemoración es porque sé que estamos avisados de que la democracia está entrando en nuestro país en un ocaso imparable. Estamos avisados, por tanto, aunque nos queda algo grandioso en democracia, la palabra de denuncia, tal y como aprendí en un día ya lejano de Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.También, la música de Salvador Bacarisse, la Romanza del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, que compuso desde su exilio a consecuencia de la guerra civil, en París, en 1952, tantas veces recordada y analizada por mí en este cuaderno digital.
NOTA: escogí en 2017 el vídeo de cabecera de estas palabras en YouTube, porque el mensaje de la persona que lo colgó me parecía necesario para transitar por la memoria histórica de este país, como es el caso de Salvador Bacarisse: “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Ha pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.
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Sevilla, 31/X/2025 – 09:01 h (CET+1) / Actualizado a las 12:00 h
Se aproxima el 50 aniversario de la muerte de Franco y de la llegada de la democracia a nuestro país. Lo viví en primera persona en mis años jóvenes, jugándonos el tipo por la represión franquista. Por este motivo recuerdo una canción interpretada por Raimon (Xàtiva, 1940), Yo vengo de un silencio, que cumple también cincuenta años y que escuchábamos en catalán en círculos cerrados, perseguida por el Régimen, pero que trascendía la férrea censura de la época.
Vuelvo a escucharla, poniendo la moviola que me ha traído a mi persona de secreto cada palabra y estrofa de esta bella canción. La comparto hoy con la Noosfera democrática, la malla pensante de la humanidad, en momentos muy complejos y preocupantes por el ocaso de la democracia que alienta la derecha extrema y la ultraderecha confesa de este país.
Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo de gente que va alzándose desde el fondo de los siglos, de gente que llaman clases subalternas, yo vengo de un silencio antiguo y muy largo.
Yo vengo de las plazas y de las calles llenas de niños que juegan y de viejos que esperan, mientras hombres y mujeres están trabajando en los pequeños talleres, en casa o en el campo.
Yo vengo de un silencio que no es resignado, de donde empieza la huerta y acaba el secano, de esfuerzo y blasfemia porque todo anda mal: quien pierde los orígenes pierde identidad.
Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo, de gente sin místicos ni grancapitanes, que viven y mueren en anonimato, que en frases solemnes no han creído nunca.
Yo vengo de una lucha que es sorda y constante, yo vengo de un silencio que romperá la gente que ahora quiere ser libre y que ama la vida, que exige las cosas que le han negado.
Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo, yo vengo de un silencio que no es resignado, yo vengo de un silencio que la gente romperá, yo vengo de una lucha que es sorda y constante.
Raimon hizo de su vida un canto permanente y comprometido con la sociedad. No olvido las palabras que pronunció en el discurso de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, en 2011: “Mi deseo de libertades y la lucha por conseguirlas, el gusto por la música y por la poesía fueron previos a mi decisión de hacer de mi canto vida y de mi vida canto».
Recordarlo en estos días como un homenaje más, también, al pueblo valenciano, por la terrible Dana del año pasado, es un acto de justicia, porque al pie de la letra de su canción, los familiares de los fallecidos vienen de un silencio institucional que han roto en nombre de las víctimas, porque aman la vida, porque exigen las responsabilidades de los que las niegan a diario.
Igualmente y porque vengo de un silencio histórico y democrático, escribo también estas líneas con motivo de la conmemoración hoy, en nuestro país, del día de recuerdo y homenaje a todas las víctimas del golpe militar del 18 de julio de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista, una fecha establecida por la Ley 20/2022, de Memoria Democrática.
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Ayer falleció el cantor y poeta Pablo Guerrero (1946-2025), a quien escuché con pasión en mis años jóvenes porque me acompañaba en el camino de lucha por la democracia, en las postrimerías de la dictadura franquista. Vuelvo a recordarlo hoy, con palabras que figuran desde 2023 en este cuaderno digital. Le agradezco que me alumbrara con su canto en la oscuridad de mi compromiso personal hacia la conquista de las libertades en este país, sobre todo porque me dolía de la democracia, para que lloviera la libertad a cántaros.
Cuando era joven y hacía las cosas de joven, dejando atrás las cosas de niños, en la clave que aprendí del creacionismo paulino, seguía de cerca, en una de las dos Españas, al cantor Pablo Guerrero, porque puso su alma de secreto y la de todos en una canción, A cántaros (1972), que se convirtió en un himno motivador para los que vivíamos preocupados por el presente y futuro de este país, ya en los estertores de la dictadura. De ahí una de las muestras de mi respeto casi reverencial a la memoria democrática de este territorio hispánico tan dual y cainita, en una canción emblemática para después de una guerra y un tiempo de dolor y silencios.
Recuerdo perfectamente cómo nos reuníamos grupos de jóvenes de aquella época y cantábamos al unísono las palabras de Pablo Guerrero, porque era verdad, teníamos que salir del túnel de la dictadura, tenía que llover, además a cántaros, que no era cualquier cosa en su significado más profundo. Necesitábamos que lloviera esperanza como gotas de rocío que regaran cada segundo de presente y futuro en nuestras vidas. He vuelto a escuchar hoy a Pablo Guerrero, acompañado de Luis Pastor, Lourdes Guerra, Cristina Lliso, Olga Manzano, Ismael Serrano, Olga Román, Manuel Cuesta y Álvaro Urquijo, amigos y amigas a los que me uno, porque estamos convencidos de que todavía hoy tiene que volver a llover democracia en este país, junto al agua real secuestrada por el cambio climático como una de las peores intervenciones humanas en la naturaleza, sabiendo que hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros:
Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes pero, ¿quién nos ata? Dame la mano y vamos a sentarnos bajo cualquier estatua. Que es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que llover a cántaros. Estamos amasados con libertad, muchacha, pero, ¿quién nos ata? Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio, preparada tu marcha. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros. Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad. Planearán vender la vida y la muerte y la paz. ¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad? Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian que la siesta se acaba. Y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro, limpiará nuestra casa. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros.
Sigo dando vueltas a una frase que me costó trabajo comprender en su justo sentido: hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros. Cincuenta y tres años después de haberla escuchado por primera vez, suena en mi memoria de hipocampo, en mi persona de secreto, como si fuera ayer, aunque sigo convencido, muchos días y años después, por mi matusalénica edad, que diría Benedetti, que en estos momentos complejos en un país convulso, es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que volver a llover a cántaros. Estamos amasados con libertad, pero, ¿quién nos ata? Preparemos el barro dispuestos, elegidos nuestros sitios, donde quiera que seamos y estemos, preparada nuestra marcha. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que volver a llover a cántaros. Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad. Planearán vender la vida y la muerte y la paz. ¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad? Pero tú y yo, ellos, nosotros y vosotros, demócratas convencidos, sabemos que hay señales que anuncian que la siesta del conformismo se acaba. Y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro, limpiará nuestra casa, nuestro país. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que volver a llover a cántaros.
Es verdad: cada día tengo más claro que la democracia hay que dolerla, para creer que es posible que en nuestro país vuelva a llover a cántaros. Sin ese dolor, es difícil comprender qué significa ser demócrata de por vida, una creencia que facilita vivir con una ideología, no inocente, para transformar la sociedad, no sólo cambiarla. Siempre, a favor de los más débiles, de los nadies, de los que más son pero menos tienen. Su felicidad en democracia, que también es la nuestra, no se puede vender por metros, en cómodos plazos, tal y como nos lo enseñó Pablo Guerrero.
Descanse en paz. Todo guerrero tiene derecho a su descanso, como nos enseñó José Mujica en su inolvidable despedida al finalizar su ciclo vital, consciente de que se estaba muriendo.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Ayer falleció en Utah el gran actor Robert Redford, recordado siempre por películas de gran valor cinematográfico como Dos hombres y un destino, El hombre que susurraba a los caballos o Memorias de África, que obtuvo siete premios Óscar en 1986. Quizá sea esta última la que tengo presente en este momento tan especial por mi asociación mental de Redford junto a Meryl Streep y la extraordinaria banda sonora compuesta por John Barry, con un fondo musical excelente de Mozart. La química exhibida por la pareja formada por Streep y Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados en Hollywood, ha marcado una impronta inolvidable en muchas memorias de todos y en la de secreto. En la mía, también.
La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia, salvado por un cazador profesional, Denys George Finch Hatton, un papel desempeñado de forma impecable por Redford.
W. A. Mozart: Adagio del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015
Memorias de África está asociada siempre, en mi vida, con Mozart, sin desmerecer el trabajo fantástico de John Barry. También, con la inteligencia humana, mientras escucho atentamente su banda sonora de hoy, de siempre. Vuelvo a recordar que la inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial.
Meryl Streep y Robert Redford interpretaron la conciencia del deber estar cinematográfico, a la perfección, en Memorias de África, recordando una reflexión que vuela sobre la película como hilo conductor, Estoy donde debo estar, que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.
Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana, desde el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia, nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de nuevo de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio, de cómo nos contaron una bella historia Meryl Streep y Robert Redford, para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en septiembre de 2025. Ni a un actor excelente como Robert Redford y lo que ha representado para la historia del cine y la de la humanidad, con un compromiso social intachable de obligado reconocimiento.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
El cantor argentino León Gieco, compuso en 1978 una canción inolvidable, Sólo le pido a Dios, que forma parte de la banda sonora de mi vida. Digo “cantor”, siguiendo de cerca lo manifestado por Facundo Cabral, cuando diferenciaba cantante de cantor, porque el primero, puede cantar, pero el segundo, debe hacerlo siempre.
La he recordado estos días atrás por las movilizaciones contra la participación de un equipo ciclista financiado por Sylvan Adams, propietario del Israel-Premier Tech, canadiense y sionista, íntimo amigo del primer ministro Benjamin Netanyahu, en las etapas de la Vuelta Ciclista a España, por el exterminio inhumano de la población civil en Gaza, en las que me ha impactado ver una pancarta modesta junto a las vallas de seguridad, con la siguiente inscripción escrita a mano y en mayúsculas: QUE LA GUERRA NO NOS SEA INDIFERENTE.
La he recuperado en mi memoria de hipocampo y conservo la letra de esa canción en mi mente y en mi corazón, como oro en paño:
Solo le pido a Dios Que el dolor no me sea indiferente Que la reseca muerte no me encuentre Vacía y sola, sin haber hecho lo suficiente
Solo le pido a Dios Que lo injusto no me sea indiferente Que no me abofeteen la otra mejilla Después que una garra me arañó esta suerte
Solo le pido a Dios Que la guerra no me sea indiferente Es un monstruo grande y pisa fuerte Toda la pobre inocencia de la gente Es un monstruo grande y pisa fuerte Toda la pobre inocencia de la gente
Solo le pido a Dios Que el engaño no me sea indiferente Si un traidor puede más que unos cuantos Que esos cuantos no lo olviden fácilmente
Solo le pido a Dios Que el futuro no me sea indiferente Desahuciado está el que tiene que marchar A vivir una cultura diferente
Solo le pido a Dios Que la guerra no me sea indiferente Es un monstruo grande y pisa fuerte Toda la pobre inocencia de la gente Es un monstruo grande y pisa fuerte Toda la pobre inocencia de la gente
Me ha parecido oportuno compartir esta experiencia de mi persona de secreto, con la versión inolvidable de Ana Belén. Es verdad lo que expresaba en su fondo y forma la pancarta en la Vuelta Ciclista a España: Solo pido / Que la guerra en Gaza no me sea indiferente / Es un monstruo grande y pisa fuerte /Toda la pobre inocencia de la gente / Es un monstruo grande y pisa fuerte / Toda la pobre inocencia de la gente. Y así, deseo personalmente que continúe sin dejar de sonar, este estribillo ético, en los altavoces mundiales de la dignidad humana, para que finalice esta tragedia, un genocidio en toda regla, porque esta guerra se ha convertido en un monstruo grande, que pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971, junto a sus nietas Marcia Tambutti (izquierda de la imagen) y Maya Fernández (derecha)
Sevilla, 11/IX/2025 – 07:41 h (CET+2)
Sigo cuidando la memoria democráticauniversal, la de mi país, la de Chile, porque es el ancla del futuro democrático que demandan nuestros pueblos, cumpliendo un compromiso como español, ciudadano del mundo, que admira al pueblo chileno, utilizando los términos que figuraban en el compromiso final de la carta «Compromiso: Por la democracia, siempre», que no olvido, firmada en 2023, en el 50 aniversario del fatídico golpe de Estado en Chile, por el presidente actual Gabriel Boric, junto a cuatro expresidentes chilenos, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos Escobar, Michelle Bachelet Jeria y Sebastián Piñera Echenique, en la que hicieron una reflexión profunda y breve sobre los 50 años del golpe de Estado que puso fin al Gobierno de Salvador Allende y que dio inicio a la triste, injusta y malévola dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
Escudo de Armas de la República de Chile
Han pasado los años y la frase Por la razón o la fuerza sigue siendo, curiosamente, el lema nacional de la República de Chile, que conmemora hoy el 52º aniversario del golpe de Estado de 1973, recordado año tras año en este cuaderno digital, respetando la memoria democrática de ese país. Este lema es la traducción del latín aut consilio aut ense (por consejo o por espada) que respeta la tradición del pueblo chileno, reflejada en la descripción oficial del Escudo de Armas del país, que “presenta una estrella de plata de cinco picos al centro de un campo cortado, azul turquí el superior y rojo el inferior, y su forma es la fijada por el modelo oficial aprobado por decreto de Guerra 2.271 de 4 de septiembre de 1920, conforme a la ley, y el cual, además, tiene por timbre un plumaje tricolor de azul turquí, blanco y rojo; por soportes un huemul rampante a su derecha y un cóndor a su izquierda en la posición que fija ese modelo, coronado cada uno de estos animales con una corona naval de oro; y por base un encaracolado cruzado por una cinta con el lema «Por la razón o la fuerza», todo en conformidad al referido modelo”. Esto es así porque, según las disposiciones vigentes, “los emblemas nacionales, reciben la influencia en su uso que la costumbre del pueblo le impone, lo que hace necesario reglar y orientar dicho uso”.
Si he comenzado hoy el día con este recuerdo de lo sucedido en 1973 en Chile, es para resaltar el esfuerzo democrático en el citado país reforzando la importancia del imperio de la razón sobre la sinrazón de la fuerza, resumido en la propuesta que el actual presidente Gabriel Boric hizo durante la campaña presidencial de 2021 que lo llevó finalmente al poder, cambiar el lema nacional por la “La fuerza de la razón”, más acorde con los principios democráticos actuales en el país, porque “la costumbre del pueblo lo impone”: “Yo lo único que cambiaría sería, quizás, el lema del escudo. En vez de Por la razón o la fuerza, creo que sería mejor hablar Por la fuerza de la razón, que nos identifica más en estos tiempos, aunque quizás a José Antonio Kast [líder del Partido Republicano, de derechas] no le guste”.
Desde 1812 quedó fijado este lema por el pueblo chileno, que compartía con otro de cabecera en su escudo, que era un símbolo que conserva hoy su sentido primigenio aunque desapareciera del escudo de armas actual: Post tenebras lux (Después de las tinieblas, la luz). ¡Qué premonición para un futuro mejor! Es lo que el pueblo chileno ha defendido en estos 52 años después del terrible golpe de Estado de 1973. Va en su ADN ideológico de progreso y democracia. Lo proclamó Salvador Allende hace ya 52 años, en momentos terribles para su país, representando al Frente Popular, del que nunca se avergonzó, cuando la derecha hizo estragos por doquier por el golpe de Estado: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.
En este sueño de pasear un día, de verdad, por las grandes alamedas de libertad en cualquier lugar del mundo, también en nuestro país, las palabras de Salvador Allende cobran una importancia especial cuando asistimos al ocaso de la democracia en nuestro país, en un clima de polarización enferma, donde expresarse en libertad cuesta cada día más. En estos momentos, es muy difícil dialogar sin insultos y descalificaciones en cualquier ámbito, con un ambiente crispado vaya donde vayas, estés donde estés.
Por todo lo expuesto anteriormente, recuerdo de nuevo a Chile y cuido la democracia dondequiera que esté presente. Ha costado muchos años reconstruir Chile, reconstruir su democracia. No la olvidemos, cuidando sobre todo la memoria democrática, algo que nuestro país debe hacerlo día a día, en democracia, siempre.
Una cosa más, para terminar, que nos obliga a cuidar la memoria democrática de este mundo al revés. No debemos olvidar tampoco lo sucedido hace veinticuatro años en la Torres Gemelas, en Nueva York, un 11 de septiembre como hoy, que marcó un antes y un después en la democracia mundial y donde el terrorismo pasó a ocupar todas las cabeceras de los medios de comunicación del globo terráqueo. A partir de ese día, ya nada sería igual y veinticuatro años después seguimos viviendo con dolor y espanto aquellas imágenes irrepetibles del derrumbamiento de las famosas torres y creo que de una forma de ser y estar en el mundo por parte de sus pobladores. Para que tampoco se olvide en los cuidados especiales, intensivos, urgentes, necesarios e imprescindibles que necesita en estos momentos la democracia mundial y, obviamente, la de nuestro país. Estoy convencido de que la fuerza de la razón, no al revés, es la que consolida la democracia ante cualquier amenaza. Estamos avisados.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Hoy ha fallecido Manuel de la Calva, nacido en Barcelona en 1937, uno de los componentes del “Dúo Dinámico”, cuyas canciones forman parte de la banda sonora de mi vida, rescatada monográficamente durante la pandemia por su canción Resistiré, que ya conocía cuando cantaba con ellos “Somos jóvenes” o “Perdóname”.
Con tal luctuoso motivo, vuelvo a publicar hoy el artículo que escribí en este cuaderno digital en los primeros meses de la pandemia, en torno a una pregunta, ¿Hemos resistido? Creo que salvando lo que hay que salvar, no ha perdido valor y sentido alguno, porque en la situación política que está viviendo el país, cambia sólo el tiempo verbal de la misma: ¿resistiremos en la defensa a ultranza de la democracia en beneficio de todos? Muchas respuestas estaban planteadas en el citado artículo y hoy lo recupero con la ilusión de seguir creyendo que debemos hacerlo para que el país progrese y sólo siga teniendo interés si va hacia adelante, sin retroceso alguno.
Le debo a Manuel de la Calva, al Dúo Dinámico y, sobre todo, al autor de la letra, Carlos Toro Montoro, mi aprendizaje musical de la letra de una canción “Resistiré” que, tantos años después, no he olvidado, aunque ellos solo querían resaltar en su momento la vuelta a los escenarios después de una ausencia sonada. Manuel de la Calva le dijo en 1987 al letrista que “había escuchado una frase de Camilo José Cela que le había gustado: “El que resiste, gana”. Fue la inspiración para el autor de la letra, bastante anónimo para un mundo pendiente de otras cosas: “Y sobre ella me puse a trabajar”, manifestó su autor en un momento difícil de su vida.
Gracias, Manuel de la Calva, Ramón Arcusa y Carlos Toro, por haberme acompañado musicalmente en mis años jóvenes, enseñándome también el valor de resistir / erguido frente a todo / volviéndome de hierro para endurecer la piel / y aunque los vientos de la vida han soplado fuerte / hoy sigo pretendiendo ser como el junco que se dobla / pero siempre sigue en pie. No olvido que “el que resiste, gana”.
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¿Hemos resistido?
Sevilla, 10/VI/2020
Va llegando el momento de la evaluación de lo que nos ha sucedido como un tsunami en sentimientos y emociones por la COVID-19. Millones de personas hemos cantado en algún momento la canción Resistiré, tarareando a veces solo parte de la letra, porque hay que reconocer que con el paso de los años casi la habíamos olvidado. He vuelto a repasar con detalle la letra y cada estrofa necesita una reflexión en estos momentos finales de la transición hacia una nueva normalidad. En el fondo, no es un test PCR sino un test ultrarrápido para saber si hemos resistido a todo lo que allí nos referíamos durante el tiempo de pandemia al cantarla a los cuatro vientos.
Cuando pierda todas las partidas Cuando duerma con la soledad Cuando se me cierren las salidas Y la noche no me deje en paz
La primera estrofa planteaba ya un panorama bastante desolador en momentos en los que ignorábamos todavía el alcance de la pandemia, pero era un auténtico aviso para navegantes. Ahora vuelven las «partidas», de cartas, ajedrez, dominó, las de la vida en definitiva; dormiremos acompañados, se abrirán muchas puertas y salidas y la noche será más tranquila en la nueva normalidad. Al menos, eso dicen los sabios del lugar. Primera evaluación a superar.
Cuando sienta miedo del silencio Cuando cueste mantenerse en pie Cuando se rebelen los recuerdos Y me pongan contra la pared
Tenemos que confesar sin actitud vergonzante que hemos sentido miedo del silencio y del ruido que se ha formado en torno a las decisiones político-sanitarias en torno al estado de alarma y sus consecuencias en sus aciertos y daños colaterales. Mantener la voluntad firme, en pie, no ha sido tarea fácil, donde los recuerdos han jugado un papel esencial, siendo un ejemplo claro la cantidad de veces que hemos visto las fotografías y películas de nuestras fototecas y filmotecas particulares, alojadas sobre todo en la memoria de hipocampo, que no se borran de forma sorprendente gracias a las estructuras cerebrales que se alojan en el cerebro. Segunda evaluación a tener en cuenta, teniendo en cuenta que evaluar es emitir juicios bien informados.
Resistiré Erguido frente a todo Me volveré de hierro para endurecer la piel Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte Soy como el junco que se dobla Pero siempre sigue en pie
Es la primera vez que salía a relucir la palabra mitificada en esta pandemia: resistiré, que parecía devolverme alegría y paz interior a modo de autoconvencimiento de manual de ayuda ante todo lo que se estaba moviendo. La canción me daba una receta exprés: hay que estar erguido, volverse de hierro e imitar la fortaleza del junco que a pesar de los pesares siempre está en pie. Sencillo y aleccionador. La tercera evaluación es muy directa: ¿He o hemos resistido? Cantarlo es fácil, pero llevarlo a cabo…, esa ha sido y es la cuestión.
Resistiré Para seguir viviendo Soportaré los golpes y jamás me rendiré Y aunque los sueños se me rompan en pedazos Resistiré, resistiré
Volvía a encontrar tranquilidad en la insistencia de la palabra-mensaje, resistiré, porque ya la canté hasta tres veces, con una facilidad pasmosa, aunque se repetía también lo que tenía que hacer a modo de manual de primeros auxilios. La cuarta evaluación es un examen sobre declaraciones de principios, sabiendo como sabemos, que también se podía soñar despiertos ante una realidad tan dura.
Cuando el mundo pierda toda magia Cuando mi enemigo sea yo Cuando me apuñale la nostalgia Y no reconozca ni mi voz
Y vuelta a empezar por si lo anterior nos había sabido a poco. Nos volvía a advertir lo que podía pasar: el mundo está en crisis y pierde mucho valor ejemplarizante, puede que de tanto dudar el principal enemigo fuera yo mismo, arrinconándome la melancolía, la nostalgia y, probablemente, hasta podía perder la palabra, que es de los pocos recursos, gratuitos por cierto, que nos han quedado. El mundo de los “cuando” es una aplicación pura y dura de la ética de situación en la quinta evaluación. Aprendí, hace ya muchos años, que la ética es como la solería que uno va poniendo en el suelo de su vida, como una raíz que justifica todos los actos humanos. Me la enseñó el profesor López-Aranguren.
Cuando me amenace la locura Cuando en mi moneda salga cruz Cuando el diablo pase la factura O si alguna vez me faltas tú
Pasando las semanas y ante la evolución en una primera etapa de la pandemia, es verdad que nos amenazaba el dicho de que nos íbamos a volver locos, porque el panorama era bastante negro, hasta el punto de que si se nos caía una moneda es probable que no cayera de cara y, lo peor de todo fue el momento en que tomamos conciencia de que se estaban perdiendo miles de vidas, que nos llevaban a pensar qué pasaría si nos ocurriera a nosotros, a los seres próximos más queridos. Seguimos con el mundo de los “cuando”, pero tocando temas más delicados aún porque se refieren a la pérdida del control de la vida. La locura, la pobreza, las maldades o la maledicencia que nos asola y, sobre todo, las ausencias, son cuestiones que no se resuelven solo poniendo una “x” en este cuestionario improvisado hoy. El que quiera entender que entienda en esta evaluación sexta.
Resistiré Erguido frente a todo Me volveré de hierro para endurecer la piel Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte Soy como el junco que se dobla Pero siempre sigue en pie
Pues nada, otra vez al balcón o a la ventana a cantar a los cuatro vientos que íbamos a resistir porque conocíamos qué hacer juntos: seguir erguidos, volvernos de hierro e imitar la fortaleza del junco que a pesar de los pesares siempre está en pie. Estábamos convencidos de que íbamos a resistir. En esta evaluación, la séptima, no va la vencida, pero sí repite probablemente la respuesta al registro acumulativo anterior de cuestiones vitales que nos han amordazado durante el estado de alarma. Insistimos en nuestro retrato de resistentes empedernidos.
Resistiré Para seguir viviendo Soportaré los golpes y jamás me rendiré Y aunque los sueños se me rompan en pedazos Resistiré, resistiré
No nos quedaba otra para seguir viviendo: resistir, resistir y resistir. Los golpes eran diarios: noticias y bulos, insultos y falta de entendimiento político, cifras aterradoras y panorama a veces desolador. También, cifras más optimistas, anuncio de un plan para la transición a una nueva normalidad, encuentros alejados, muchas videoconferencias, mucha tecnología por medio, muchos silencios. Todo, impregnado de una declaración de principios que sentíamos al cantarlo: Soportaré los golpes y jamás me rendiré / Y aunque los sueños se me rompan en pedazos / Resistiré, resistiré.Octava y última evaluación sobre cuestiones ya tratadas, pero que volvemos a salvar como declaraciones de principios que son. Al menos, yo, no tenía ni tengo otros.
Ocho evaluaciones, ocho. Como aprendí de Blas de Otero, solo sé que me ha quedado grabada a fuego una palabra: Resistiré, con mayúscula, que sigo tatareando como si en estos meses hubiera pasado de todo en mi vida, constatando -junto a millones de personas de este país- que nunca nos hubiera unido tanto -algo a alguien- como una canción viejuna, de nuestros mayores, compuesta y cantada por el Dúo Dinámico y escrita por Carlos Toro Montoro, aunque ellos solo querían resaltar en su momento la vuelta a los escenarios después de una ausencia sonada. Manuel de la Calva le dijo en 1987 al letrista que “había escuchado una frase de Camilo José Cela que le había gustado: “El que resiste, gana”. Fue la inspiración para el autor de la letra, bastante anónimo para un mundo pendiente de otras cosas: “Y sobre ella me puse a trabajar” (1), recuerda Toro. Era una etapa en la que el escritor estaba revuelto emocionalmente, superando una ruptura sentimental. Empezó a volcarlo todo. El arranque es doloroso, derrotista: “Cuando pierda todas las partidas/ Cuando duerma con la soledad/ Cuando se me cierren las salidas/ Y la noche no me deje en paz”. Toro afirma: “Soy un pesimista recalcitrante. Creo que este mundo es un estercolero. Pero siempre veo brotes de esperanza. Las leyes de la vida son muy duras, por eso no quería que la canción mintiese. Pero luego hay un canto a la esperanza. La vida hay que vivirla, aunque haya muchos momentos amargos. En la vida hay más fracasos que triunfos, pero si el porcentaje de triunfos es razonable, merece la pena”.
Si hemos resistido, de mil formas posibles, hemos ganado al coronavirus. Esa es la respuesta a la pregunta del principio, la auténtica evaluación. Cada uno con su cadaunada, con su resistencia personal e intransferible. La verdad es que hemos aprendido a resistir, resistir…, para seguir viviendo.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Cuando arde España, algo nuestro se quema. Viendo las terribles imágenes de estos días sobre la realidad trágica del fuego que se extiende por todo el país, en una auténtica emergencia nacional, de Estado, he recordado un artículo que dediqué en 2017 a esta realidad recurrente en cada verano y que cada año se recrudece más por el cambio climático, a pesar del negacionismo existente en relación con estos acontecimientos.
Por este motivo, vuelvo a publicar el artículo citado, que dediqué a esta dramática situación en Galicia, que este verano ha vuelto a reproducirse con extraña violencia en Ourense, porque su significado profundo sigue tan vivo como entonces, con una media en estos días de treinta incendios diarios en esa Comunidad, así como en otros territorios del país, demostrando que el cambio climático es una realidad por las altas temperaturas que favorecen los fuegos, unido a falta de mantenimiento preventivo forestal, problemas laborales del personal especializado, así como a la acción perversa de los pirómanos, que por desgracia existen.
El fuego, dondequiera que ocurra, es “una sombra negra que nos asombra”, en palabras sabias y certeras de Rosalía de Castro.No lo olvido.
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Fuegos, ¡nunca más!
Las imágenes de Galicia ardiendo me han turbado. Cuando Galicia se quema, algo de nuestra alma se quema. No es un eslogan sino una realidad. Solo hace dos meses que he visitado esa Comunidad, iluminada por la luna, Luar na Galiza (Resplandor de la luna en Galicia), tal y como la he imaginado siempre. Quise conocer otra tierra gallega, no la que se aprecia cuando solo eres volantista, tal y como llama Manuel Rivas a los conductores que visitan Galicia en coche y no pueden contemplarla a un lado y a otro de su campo de visión, de su belleza natural y verde constancia que la invade por todas partes. Es verdad, me pasó a mí en esos días por la red de carreteras de Galicia, porque cuando iba preocupado por su trazado, un stop o un cambio de sentido, no podía apreciar bien los cruceiros o lo que Rivas narra como “una hermosa cruz de piedra y las espinas del Cristo, también de piedra”.
He vuelto a leer un poema de Rosalía de Castro, Negra sombra (Follas Novas, 1880), de contenido espiritual gallego y universal, ante el dilema existencial que se instala en nuestra persona de secreto cuando asistimos a acontecimientos como los de Galicia, una sombra negra del fuego que nos asombra:
Cuando pienso que te fuiste, negra sombra que me asombras, al pie de mis cabezales, vuelves haciéndome burla.
Cuando imagino que te has ido, en el mismo sol te me muestras, y eres la estrella que brilla, y eres el viento que sopla.
Si cantan, eres tú que cantas, si lloran, eres tú que lloras, y eres el murmullo del río y eres la noche y eres la aurora.
En todo estás y tú eres todo, para mí y en mí misma moras, no me abandonarás nunca, sombra que siempre me asombras.
He recordado cómo se abrazaban los árboles en las carreteras comarcales, rodeándonos de derecha a izquierda y al revés durante muchos kilómetros, uniendo parroquias entre sí, en el viaje maravilloso que hicimos con un luar espléndido desde Fisterra a Muxía y Camariñas. Ahora, en el Sur de Galicia, sobre todo, solo se han abrazado para morir en la hoguera de la sinrazón humana, dejándonos cicatrices del paisaje que explican muchos malestares, incluso el social, como nos recuerda Freud. Negra sombra que nos asombra.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL