La música cinematográfica es la melodía principal de ‘La lista de Schindler’

Itzhak Perlman, interpretando el tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, junto a John Williams, compositor de la misma, dirigiendo la Orquesta de Connecticut.

Sevilla, 25/III/2025 – 11:30 h (CET+1)

El gran director americano John Ford, ídolo de mi infancia, ante la pregunta de un periodista sobre qué es el cine, contestó en cierta ocasión, sin inmutarse, algo aleccionador que no he olvidado: “es ver caminar a Henry Fonda”. Algo así me ocurre a mí si me preguntaran hoy qué es la música cinematográfica, porque mi respuesta es clara: escuchar, por ejemplo, al gran violinista Itzhak Perlman, interpretando el tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, una obra maestra compuesta por John Williams.

Este homenaje que hago hoy a la música en el cine viene dado por haber escuchado recientemente a la Film Symphony Orchestra, que ha traído a esta ciudad su último montaje, TARAB, palabra árabe cuyo significado, emoción que genera la música en quien la escucha, fue el hilo conductor del espectáculo. La FSO es un proyecto cultural y didáctico, como pude comprobar personalmente a lo largo de casi tres horas de actuación sinfónica: “Film Symphony Orchestra es un novedoso proyecto artístico y empresarial que nace con la finalidad de cubrir un hueco existente en la oferta cultural y musical de España. Se trata de una orquesta sinfónica profesional de la más alta calidad que, con más de 70 músicos, ofrece exclusivamente conciertos de música de cine – en su sentido más amplio- o de autores estrechamente vinculados al género. De la mano de su internacionalmente laureado director Constantino Martínez Orts, la FSO ofrece espectáculos de música cinematográfica con o sin proyección visual y la posibilidad de grabar bandas sonoras. De esta manera hemos abierto una apasionante dinámica a través de la cual, Film Symphony Orchestra acomete, con las máximas garantías, un intenso proceso de trabajo estratégico para el desarrollo, en todos los sentidos, de un proyecto innovador y único, que une cultura, arte y espectáculo , con la pretensión de acercar la música sinfónica a nuestra sociedad a través de un hilo conductor tan universal como el cine”.

La interpretación del tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, por parte de la joven violinista Amanda Ochoa, sobrecogió al auditorio. Era la auténtica representación de la música cinematográfica al alcance de todos, del alma musical de cada uno, de cada una de las personas asistentes. Comprendo bien al director de la FSO, Constantino Martínez-Orts, al elegir la palabra Tarab para esta gira musical 2024-2025, porque al escuchar las composiciones elegidas con especial cuidado emocional para esta ocasión, sabe que provocan “ese palpitar del corazón aceleradamente”. Tarab, en su sentido pleno.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL,

¡Paz y Libertad!

La sinfonía y el relato de “Pedro y el lobo”, no estuvieron ayer presentes en el Congreso de los Diputados

Sevilla, 21/III/2025

En 1935, la directora del teatro central infantil de Moscú, Natalya Sats, encargó al compositor Serguéi Prokófiev una sinfonía musical para niños, con el objetivo institucional de cuidar sus “gustos musicales” desde la infancia. De esta forma y en tan sólo cuatro días, compuso Pedro y el lobo (Op. 67), estrenándose en Moscú el 2 de mayo de 1936, con una acogida fría y desfavorable. ​Han pasado casi 89 años y la sinfonía sigue teniendo un éxito continuo en sus múltiples representaciones mundiales, cuidando el guion original del relator, de contenido no inocente por cierto, tal y como lo concibió él, respetando la tradición de sus padres al contárselo, en su ciudad natal, Sontsivka, en el Donetsk, región de la actual Ucrania, concretamente en una de las zonas más castigadas hoy por la invasión rusa. Lo que deseo resaltar de aquel guion original utilizado por el narrador junto a la partitura compuesta por Prokófiev, es que Pedro, un niño perteneciente a una organización juvenil soviética, que vive con su abuelo que es leñador, sabe que no debe salir solo al prado, ya que si lo hace le regañará su abuelo, porque le ha dicho que le puede atrapar un lobo. Un día, hace caso omiso de este consejo, porque él se considera valiente y que puede ser precisamente él quien lo atrape. Viendo cómo un lobo de verdad merodea por la casa, cazando un pato, Pedro se sube a un árbol próximo, pide a un pájaro que ya conocía que sobrevuele encima del lobo para distraerlo mientras él prepara un nudo corredizo, consiguiendo enlazar al lobo por la cola, logrando atar al lobo al árbol. En ese momento llegan tres cazadores que venían rastreando al lobo y se preparan para darle caza finalmente, aunque Pedro les convence para que le ayuden a llevarlo vivo al zoológico. Y todos emprenden un desfile triunfal hacia el zoo, celebrando felices el fin del terror. La moraleja de Prokófiev es clara, porque el argumento va de exaltación de héroes frente al miedo, de no vengarse de nada ni de nadie y de no matar a cualquier precio. El contexto histórico en el que compuso la sinfonía tampoco era inocente.

Lo ocurrido ayer en el Congreso de los Diputados, me ha recordado esta obra extraordinaria de Prokófiev, al aprobarse de forma sorpresiva la salida del lobo del listado de especies protegidas (Lespre) con los votos del PP, Vox, Junts y el PNV, escondida en la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, incorporando a última hora tres enmiendas en el Senado con el objetivo de desproteger a la especie al norte del Duero donde se concentra el 95% de lobos en el país, volviendo a la situación anterior a septiembre de 2021, abriéndose también la puerta a permitir su caza también al sur del Duero, una vez que Europa apruebe definitivamente la Directiva Hábitats, mediante la cual la especie pasa de “estrictamente protegida” a “protegida” en el Convenio de Berna sobre la conservación de la naturaleza. La modificación aprobada ayer permitirá que una vez aprobada la Ley las comunidades autónomas se harán cargo de la gestión de la especie y determinarán cuántos ejemplares se matarán.

Ante el resultado de la votación, la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha manifestado que «Se ha tomado una decisión en contra de la ciencia. Se ha tomado una decisión precipitada e imprudente, sobre todo sabiendo que llevamos meses trabajando con las comunidades autónomas para poder tener el censo del lobo en España. […] Se ha tomado un atajo, unas medidas, insisto, precipitadas, que lo dejan desprotegido», reconociendo que ha sido un día triste para el Ministerio y todos los que quieren proteger la biodiversidad. Según fuentes oficiales del propio Ministerio, la última comunidad que remitió los datos sobre el lobo lo hizo hace dos semanas y la previsión era tener los datos del censo listos en junio o julio: «Habíamos iniciado una gestión de la especie diferente, responsable con la especie, pero también con los ganaderos. Somos sensibles a la afectación que tiene para los ganaderos. La protección de la biodiversidad no puede ser un coste para ellos».

Salvando lo que haya que salvar, la sinfonía de Prokófiev sobrevoló ayer el Congreso de los Diputados en su sentido contrario. El relato que acompañó el compositor a la Sinfonía no se escuchaba con fuerza. Estamos advertidos de los peligros del lobo, pero el Gobierno actual, a modo del protagonista del relato de la sinfonía, casualmente de nombre Pedro, que tiene la responsabilidad de cuidar la legislación actual de protección del lobo según la LESPRE, cree que las cosas se pueden hacer bien desde el punto de responsabilidad legislativa, científica y de escucha a los actualmente afectados por la presencia del lobo en sus territorios, como ha afirmado la ministra responsable de esta situación, cuidando como el niño Pedro de Prokófiev, de controlarlo, protegerlo de sus cazadores porque el peligro de extinción sigue presente y sólo una diferencia, procurar que no los maten sin más, llevándolos a una situación de hábitat controlado en beneficio del interés general, humano sobre todo.

Curiosamente y en estos días, cuidando su “gusto musical”,  he estado leyendo a mis nietos este cuento, Pedro y el lobo, en una versión preciosa, fiel al texto original de Sergey Prokófiev, nombre y apellido que ellos pronuncian perfectamente, explicándoles el contenido musical de la sinfonía y el sonido de cada instrumento, así como la moraleja auténtica, no la de Disney y otras corporaciones no inocentes como multinacionales en la reinterpretación de estas fábulas y cuentos convertidos en mercancías, a veces abusando del miedo, siendo el lobo un animal propicio. Conocen ya los instrumentos y la asignación que el compositor hizo de ellos a cada personaje en la sinfonía, por lo que he tomado conciencia de que para ellos soy el fagot de la orquesta. El que quiera entender que entienda, porque esta fábula se puede hacer extensiva, cada día, a lo que sucede en el Congreso de los Diputados y en el Senado de este país. También, a lo que ocurre a diario en este mundo al revés. Al buen entendedor o entendedora, pocas palabras bastan ante los que gritan «¡Que viene el lobo!«, sin entender su destino en la naturaleza o en el miedo ancestral mal entendido que su mera alusión nos acompaña desde hace siglos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Un año más, en el día de mi santo, recuerdo que José fue un buen compañero

Georges de la Tour (1593- 1652), San José carpintero, hacia 1642 – 1644

Sevilla, 19 de marzo de 2025, festividad de San José – 07:10 h (CET+1)

El calendario gregoriano, vigente en la actualidad, nos recuerda hoy la celebración de un santo importante para la creencia católica, apostólica y romana, San José, aunque hoy, en mi caso y por llevar su nombre, vuelve a ser una oportunidad para reflexionar sobre una historia inseparable, la de José, María y Jesús, que tiene más de dos mil años de antigüedad y que ha inspirado momentos transcendentales en la historia de la humanidad en general y de las artes en particular. Me refiero en esta ocasión a la música que ensalza la dignidad de José, que hoy quiero simbolizar a través de un compositor francés, Michel Corrette (1709-1795), un perfecto desconocido, pero que supuso en su día un descubrimiento extraordinario en mi aprendizaje diario para tocar el clavecín y el violín e interpretar dignamente sus partituras. Igualmente, a la obra encomiable del pintor Georges de la Tour (1593-1652), en torno a la figura del carpintero José.

Todo surgió en 2019 al localizar en la ingente obra de Corrette seis sinfonías dedicadas a la Navidad, preciosas, de las que quiero destacar hoy dos movimientos en concreto: Adán fue un pobre hombre (Sinfonía I, Allegro) y José es un buen compañero (Sinfonía III, Allegro), porque me permitió contextualizar una historia de hombres (en el genérico griego, hoy personas) que han supuesto mucho para el devenir de la humanidad, unas historias que hablan siempre de soledad y silencio ante la libre elección para la difícil tarea de vivir dignamente. La historia de Adán, el pobre hombre de Corrette que lo lleva al cuarto y último movimiento de su primera Sinfonía, después de títulos sugerentes de los tres restantes movimientos, A la llegada de la Navidad (Moderato), El Rey de los Cielos acaba de nacer (Andante) y He aquí el día solemne (Moderato), por este orden, es una historia contradictoria que siempre me ha fascinado. Entre pobres hombres [sic] y buenos compañeros [sic] anda a veces el juego de la historia. Veamos por qué.

Michel Corrette (1709-1795), Adán fue un pobre hombre (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía I, Allegro), interpretado por La Fantasía.

En relación con Adán, ¿un pobre hombre?, la historia nos lo ha recordado siempre como la causa de todos los males de la humanidad. Así lo he interpretado a lo largo de mi vida al analizar la reacción de Adán y Eva en el Paraíso: “Durante muchos siglos, la respuesta [ante la causa del Mal] solo la sabía Dios y cuando tuvimos la oportunidad de haberla conocido, eso sí, cuando Dios hubiera querido, a Adán y Eva no se les ocurrió mejor idea que mudarse de sitio, recordando unas palabras que escribí en este cuaderno de derrota (en argot marinero) en 2007: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primera fase de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta por el mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso”. Podemos juzgar así todo lo ocurrido.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

El caso de José, un buen compañero, es también un hecho que nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestra celebración anual de la navidad y el día de su santo. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en la historia más maravillosa jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirlo así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares. Recuerdo en este momento el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, donde no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes. Sin medallas, sin atributos laicos ni sacros. Sin collares o anillos. Sin nada, solo con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño”.

Georges de La TourEl recién nacido (1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)

El silencio permanente de José es un secreto a voces de la asunción de su papel en la historia difícil de María. Me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Además, creo que fue un buen compañero.

Escucho ahora a Corrette y comprendo mejor que nunca el difícil papel de Adán en la historia de la humanidad y la categoría humana de José, ignorado hasta por el evangelista Marcos. Solo sabemos que en el capítulo 6, versículos 1 a 3 de su crónica de la muerte anunciada de Jesús (como buen periodista), dijo lo siguiente: “Se marchó [Jesús] de allí y vino a su tierra, y sus discípulos le acompañaban. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada; y decía: “¿De dónde le viene esto? y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de Josét, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él”. José, siempre solo ante el peligro.

Adán, se mudó un buen día de Paraíso porque no entendió la pregunta del dios desconocido y José no aparecía por ningún sitio en la noticia contada por Marcos pero, dueño de su soledad y de sus silencios, siempre tuvo el sentido de la medida que tanto aprecio. En este día de mi «santo», me gusta pensar en estas personas, en su verdad verdadera, en su humanidad, porque me ayudan a comprender unas historias casi siempre muy mal contadas. Correttte sabía lo que componía. También, Georges de la Tour…, lo que pintaba para la posteridad.

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¡Paz y Libertad!

Retorno a mi clavecín digital

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Detalle de El éxtasis de Santa María Magdalena (Marcantonio Franceschini, Bolonia, C.a. 1680)

El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!

William Shakespeare, en El mercader de Venecia

Sevilla, 18/III/2025

En los primeros meses de 2016 me acerqué por primera vez en mi vida a un instrumento musical, un clavecín, en este caso digital, para proseguir mis clases de piano, simultaneando los dos, pero interpretando en él, sobre todo, las obras de mi admirado compositor, Mozart, obviamente las de Johann Sebastian Bach y Georg Friedrich Händel y las de eximios maestros del clavecín en la escuela francesa, tales como Louis Couperin, Michel Corrette y Elisabeth Jacquet de la Guerre, entre otros.

En el contexto mundial en el que nos encontramos, recurro de nuevo a la música, porque sé que es compañera en la alegría y medicina en el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum). Concretamente, vuelvo a poner mis manos en el clavecín que junto al piano presiden el salón de mi casa, a modo de extensión de mi clínica del alma, mi biblioteca. Lo hago después de un paréntesis importante por la pandemia de 2020, donde perdí la docencia directa de mi inolvidable profesora, que siempre cuidó mi técnica con su buen hacer e infinita paciencia, ante un alumno de matusalénica edad.

El clavecín llegó a mi casa en 2016, desde Japón, atravesando mares de nubes, junto a dos láminas preciosas para intercambiarlas en su tapa, aunque una de ellas, la que denominan Latín, era la más deseada por mí después de haberla contemplado en el cuadro de Vermeer, La lección de música. El texto recoge la quintaesencia del periodo barroco, citada anteriormente: Musica laetitiae comes, medicina dolorum (La música es compañera en la alegría y medicina en el dolor). En un mundo digitalizado me sigue asombrando la belleza atómica de estas muestras de arte que se pueden ver y tocar, nunca mejor dicho.

La música es compañera en la alegría y medicina en el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum) – Leyenda que figura en una de las tapas de mi clavecín

La gran sorpresa en aquellos días fue desenvolver la segunda lámina, Ángel, para cambiar el decorado de este clave todavía no muy bien temperado a pesar de los consejos de Bach. Es un fragmento superior de un cuadro que desconocía, El éxtasis de Santa María Magdalena, del pintor boloñés Marcantonio Franceschini (Bolonia 1648-1729), censurado en esta ocasión, porque solo aparecen los ángeles laicos, tocando instrumentos de época, pero no entendiendo nada de lo que le estaba pasando más abajo a María Magdalena, que todos los pintores han representado siempre como la mala de la historia más grande de Jesús peor contada. Recuerdo ahora lo que significó para Artemisia Gentileschi, la gran pintora barroca tantas veces citada en este cuaderno digital, la figura histórica de María Magdalena a través de su melancolía, obra también maltratada por la censura de la época.

FRANCESCHINI 1
El éxtasis de Santa María Magdalena (Marcantonio Franceschini , Bolonia, C.a. 1680)

Esta lámina sacra pertenecía a la colección del director de orquesta italiano Francesco Molinari Pradelli, ya fallecido, que autorizó su reproducción a Roland, fabricante del clave digital citado, para que figurase en esta serie instrumental. Es una pintura en cobre, realizada en torno a 1680 y que acabó siendo un regalo diplomático de la ciudad de Bolonia, al Papa Clemente X, en 1709.

Es maravilloso volver a recordar esta sencilla historia gracias al mundo digital que la rodea. El clave que toco tiene registros maravillosos de claves que puedo reproducir hasta llegar al fortepiano, pasando por el órgano francés y flamenco, así como por los diversos temperamentos hasta llegar al sonido celesta. Igualmente, me aproximo de nuevo al cuadro de Vermeer donde aparece el texto en latín citado, que se puede visitar virtualmente en el Museo donde está colgado. Obviamente, tan cerca también de la pintura de Marcantonio Franceschini, que se puede conocer por diversas fuentes de Google y Wikipedia. Asimismo, de la vida del mecenas Francesco Molinari Pradelli, porque el cuadro sigue en su ciudad natal, Bolonia, aunque personalmente lo puedo contemplar todos los días, cuando abro el clave, apareciendo allí unos ángeles que seguirán observando, con censura forzada, la realidad tan humana de una mujer, María Magdalena, que solo quiso comprender un día ya muy lejano qué le pasaba a un tal Jesús, de carne y hueso, que tan bien se había portado con ella. Para que no lo olvide nunca en el mundo digital, aunque allí no esté.

Cuando nuevamente abro la tapa de mi clavecín, contemplo imaginariamente el cuadro completo de El éxtasis de Santa María Magdalena, sin censura alguna, aunque lo asocio inmediatamente con el de Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a una expresión de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía. Hago una pausa mental y coloco mis manos sobre el teclado del clavecín, con la seguridad de que la interpretación que hago en ese momento me acompaña en la alegría del reencuentro con la música, convirtiéndose al mismo tiempo en una medicina para el dolor que siento a diario en este mundo al revés. Hoy, sin ir más lejos, por las más de 400 personas que han muerto en Gaza por un nuevo ataque por sorpresa de Israel, con el beneplácito de Donald Trump.

Una cosa más. Entrego hoy de nuevo a la Noosfera una composición muy breve de Michel Corrette, José es un buen compañero, de quien aprendo tanto, como antesala de la celebración mañana de una festividad muy apreciada históricamente en nuestro país, San José. Disfruten de ella como yo la siento cuando la interpreto en mi querido clavecín. Hoy, haciendo caso a Shakespeare, atiendo a la música.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

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¡Paz y Libertad!

La cantora Valeria Castro nos enseña que lo esencial del alma humana suele ser invisible a los ojos

Sevilla, 16/III/2025

Estoy cerca de la evolución humana de la cantora Valeria Castro (La Palma, 1999), que canta porque debe hacerlo según ella, no sólo porque pueda hacerlo, distinción artística para mí esencial, ya presente en varias ocasiones en páginas de este cuaderno digital, la última con ocasión del estreno de una película excepcional que me conmovió al verla, El 47, donde a través de su canción En el borde del mundo, pone su voz a las escenas finales y títulos de crédito, sellando una obra cinematográfica maestra, que ella explica en la quintaesencia de su canción: “El borde del mundo” es ese sentimiento de quien vive en los sitios olvidados, de quien carga una historia, el peso de ese olvido y lo que lo rodea. Como compositora, sumarse como una pieza más al engranaje del cine es un soplo de aire fresco precioso, pero hacerlo en una película como ‘El 47’, lejana en espacio, pero con un punto en común tan importante como el sentirse en esas partes del mundo a las que nadie mira. Ha sido un verdadero lujo”.

Vuelve ahora mi vida orteguiana de secreto con motivo de la publicación de un nuevo disco, El cuerpo después de todo, explicado en su breve biografía oficial, dándonos una idea de su trayectoria humana, personal y profesional: “Tras completar una gira de 82 conciertos con entradas agotadas en teatros de más de 10 países con su primer álbum, Valeria presenta «el cuerpo después de todo», su segundo trabajo de larga duración. Producido por el ocho veces ganador del Latin Grammy Carles Campi Campón (Jorge Drexler, Natalia Lafourcade, Vetusta Morla), este álbum marca un ejercicio de maduración artística y personal. En él, la de La Palma da paso a una mujer fuerte que enfrenta sus miedos con valentía. Es un puzle de emociones que conecta con nuestros sentimientos más profundos y dormidos. Valeria, siempre fiel a su esencia, parece recordarnos aquella frase del escritor Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: «Lo esencial es invisible a los ojos». Grabado entre México y España, este nuevo trabajo llevará a Valeria a recorrer al menos 17 países en su gira de presentación, culminando con un concierto en el Wizink Center de Madrid, un hito que reafirma su posición como una de las grandes artistas de su generación”.

El canto de Valeria Castro no deja indiferente a nadie. Lo escuché atentamente en 2023, como escuchaor andaluz de quejíos de personas con alma, una cantora ´chiquita´, debido a su nacimiento en la isla de la Palma, que así se identifica también con esta preciosa isla, muy bonita y que conozco bien, de la que ya predije que se iba a escuchar a escala internacional, aquél año con motivo de la ceremonia de la entrega de los premios Grammy en esta ciudad, al estar nominada a uno de estos premios, concretamente el Grammy Latino a mejor canción de cantautor por ´La raíz´, una canción de homenaje a su tierra ´chiquita´, a la que nunca ha renunciado en su fondo y forma. Esa canción exponía que no ha perdido nunca su identidad, tal y como lo expresaba en 2021 en una entrevista en la revista ´Vogue´: “Nací en La Palma, que es una de las islas menores de Canarias, y es también por eso mi sentimiento de pequeñita. Saber de dónde vienes, cuando se trata de un sitio pequeño, es saber también que tienes que crecer desde más abajo. Empecé estudiando en una escuela de música de allí y, si no hubiese crecido ahí, quizás mi amor por la música no sería el que es hoy. Empezar con 4 años a tocar el piano y cantar fue clave, la infancia es una etapa muy bonita para desarrollar esas pasiones y que luego duren, ojalá, siempre”.

Para comprender la quintaesencia de su nuevo disco, he leído una entrevista en el diario El País, que me ha ayudado a conocerla mejor, a pesar de lo descarnado que parece su título: Valeria Castro: “He sido muy cruel con mi cuerpo”. junto con la entradilla de la misma, que desarrolla brevemente su contenido: “La artista canaria, convertida con solo 25 años en una de las cantautoras más celebradas de la música en español, presenta ‘El cuerpo después de todo’, un álbum introspectivo en el que confiesa todos sus miedos. Con ella hablamos sobre los rigores de la soledad, la presión estética o el impacto emocional que tiene su música en su vida y en la de quienes la escuchan”.

He leído también con la atención que merece la letra de la canción de su nuevo álbum que lleva el título genérico de su nueva obra discográfica tan vital como ella misma:

La crudeza de una realidad cercana a lo salvaje
estar alerta, consciente y esperando a que algo pase
cómo queda el cuerpo después de todo
y más sabiendo que nunca fue sonoro

un pensamiento que no cabe en el lenguaje
la herencia que no se ha llevado el oleaje
cómo queda el cuerpo después de todo
que tiembla, quiere hacerse fuerte y aún no sabe cómo

corazón migrante
que busca en el cariño ajeno forma de salvarse
pero no cobarde
intenta que el peso algo lo aguante

puñal en el espejo
puñado de complejos
que no hay quien aligere
y ojalá la piel desnuda
la miren con ternura
cuando una no puede

sentir presente, humana y colectiva
la historia generalizada femenina
cómo queda el cuerpo después de todo
que siente y padece de otro modo

corazón migrante
que busca en el cariño ajeno forma de salvarse
pero no cobarde
intenta que el peso algo lo aguante

puñal en el espejo
puñado de complejos
que no hay quien aligere
y ojalá la piel desnuda
la miren con ternura
cuando una no puede

puñal en el espejo
puñado de complejos
que no hay quien aligere
y ojalá la piel desnuda
la miren con ternura
cuando una no puede
cuando una no puede
cuando una no puede

En el contexto mundial en el que estamos instalados, he sustituido en mi caso cuerpo por alma y en los estribillos suena de forma especial para mí: cómo queda el alma después de todo, y más sabiendo que nunca fue sonora, que tiembla, quiere hacerse fuerte y aún no sabe cómo, que siente y padece de otro modo. A pesar de que soy consciente, al igual que pensaba hace ya bastantes años Antoine de Saint-Exupéry y ahora Valeria Castro, que lo esencial de la vida y del alma es invisible para los ojos, los oídos y la mente humana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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‘Íntima armonía. Insular’, una obra maestra de Ramón Masats y Luis de Pablo

Fotograma de Íntima armonía. Insular (1971)

A César Manrique, pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul, / mi azul y el viento, / mi resplandor, / la luz indestructible / que yo siempre soñé para mi vida.

Rafael Alberti, Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

Sevilla, 16/II/2025

En mi carabela imaginaria, como navegante imaginario (recordando a Nicanor Parra y a Saramago), he fondeado hoy en una aventura musical y de imágenes, Íntima armonía. Insular, un documental de Televisión Española rodado en 1971, con guion y realización del excelente fotógrafo Ramón Masats y con banda sonora de Luis de Pablo, personas a las que he dedicado palabras de admiración en este cuaderno digital, cuya sinopsis oficial explicaba brevemente su contenido: «Documental sobre la isla canaria de Lanzarote, dirigido por Ramón Masats. Elaborado sobre la obra musical del compositor Luis de Pablo, interpretada por el conjunto instrumental Alea dirigido por José María Franco Gil, y la orquesta sinfónica de Radiotelevisión Española dirigida por Odón Alonso. Paisajes, pueblos, cultivos y turistas, con música sin comentarios, dividido en varias partes con los títulos de las obras de Luis de Pablo. Con la participación de César Manrique». ¡Qué obra cultural tan imprescindible, la de César Manrique en la isla, tantas veces visitada por mí!.

Lo verdaderamente sorprendente es conocer que cuando el director general de Televisión Española en aquella época, Adolfo Suárez, visionó el documental, dijo algo a los autores que ha pasado a la posteridad, pensando hoy que años más tarde sería el presidente de nuestro país: “Como volváis a hacer otra mariconada como esa, os echo”. Sobran comentarios, sobre todo por el tratamiento de la cultura por parte del Régimen.

En estos días se puede disfrutar de la exposición El fotógrafo silencioso, sobre Ramón Masats, en la Fundación Foto Colectania, de Barcelona, en la que se resalta una vez más su gran dimensión artística, retratando sobre todo una de las dos Españas que nos helaba el corazón: «La exposición recorre una extensa selección de imágenes icónicas, que combinamos con algunas fotografías inéditas, para recordar también que Masats fue cronista de una España que vivía en la dictadura: un documento excepcional que huye del estereotipo y el encasillamiento y nos muestra como la contundente mirada del fotógrafo siempre se reservaba la empatía para la gente común». Pero una crítica muy objetiva y sincera sobre esta exposición, que he leído atentamente en una tribuna libre de Babelia, me ha llevado a seguir conociendo con más profundidad el perfil personal y profesional de Ramón Masats, localizando una isla desconocida, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, Insular, que refleja muy bien quién era este artista de la fotografía crítica y de forma asociada, el excelente músico Luis de Pablos.

Según Visionary Film, «Insular (1971) es un de los trabajos fílmicos españoles más significativos en relación a la conjunción entre nuevas músicas y experimentación visual. La búsqueda de asociaciones formales es una de las constantes en una película en color que documenta  los paisajes, las poblaciones y las gentes de Lanzarote a lo largo de veintiséis minutos. Rodado en 35 milímetros y producido por Radio Televisión Española, Insular es un filme documental, visualmente espectacular, auditivamente inquietante. Tras el título de los créditos iniciales aparece una indicación del todo ilustrativa de lo que vendrá a continuación: “Seis temas de Luis de Pablo visualizados por Ramón Masats”. […] Estamos ante una propuesta fílmica donde el sonido directo, los diálogos y las voces en off quedan completamente descartados. Son los temas musicales los que marcan la pauta de un filme vibrante, de factura impecable. Cesuras (1963), Ein Wort (1964), Módulos III – a (1967), Módulos V (1967), Polar (1961) y Imaginario II (1967-68) son los títulos de los seis temas incluidos a lo largo del trabajo. Cada uno de ellos concreta la representación de algunos de los aspectos más destacados de esta isla del archipiélago canario. El primer bloque visualiza un paisaje desértico hecho de arena, rocas, montañas y volcanes. Alternando planos de detalle con planos aéreos filmados desde un helicóptero, se promueve un ritmo acelerado determinado por continuas panorámicas laterales, bruscos travellings hacia adelante y frenéticos montajes que rivalizan con los cortes de notas aleatorias de percusiones, violines e instrumentos de viento. Ein Wort amplía la representación paisajística acercándose a poblaciones de las que emergen diferentes fachadas de habitáculos. Paredes, puertas y ventanales crean sinergias con sonidos disonantes improvisados. Las salinas de las zonas costaneras y los rituales de sus trabajadores acaparan el imaginario del tercer bloque, mientras los demás temas quedan ilustrados por elementos tan dispares como danzas tradicionales de gentes disfrazadas, entrenamientos de lucha libre en la playa o ridículos paseos de turistas sobre dromedarios». Por cierto, interviene también en este documental el organista alemán Gerd Zacher, de quien tuve referencia en 1975, al conocer a Juan Allende-Blin, compositor chileno, autor de una obra para órgano, Mi piano azul, de la que Zacher hizo una interpretación que he vuelto a escuchar hoy y que no olvido. Conservo en mi discoteca particular esta obra que me regaló personalmente.

Ante lo expuesto anteriormente surge una pregunta inquietante: ¿conocemos bien lo que significó la lucha por una cultura digna durante la dictadura franquista y quienes fueron sus valedores en un medio político tan hostil? Recuperar lo que sucedió verdaderamente, es un deber democrático. Lo afirmado por Adolfo Suárez al ver este documental es un exponente claro de lo que pensaba el Régimen al respecto: una «mariconada». He localizado el documental en los fondos de Televisión Española y les recomiendo verlo, previo registro en rtve play, sin coste alguno, al ser fondo público, no confundiendo nunca el gran aserto de Machado, todo necio / confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII), por el inmenso valor que encierra la equidad social en el acceso a este visionado. Comprenderán de este modo las palabras que he escrito hoy sobre Ramón Masats y Luis de Pablos, como un acto de reconocimiento de la memoria histórica y democrática de nuestro país, de ellos al fin y al cabo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El ‘47’, un ejemplo de reivindicación vecinal que no olvida el recuerdo y el daño

Sevilla, 16/I/2025

Ayer puse en marcha la moviola particular de los movimientos asociativos, fundamentalmente reivindicativos, de los años setenta en nuestro país. Ocurrió viendo la película El 47, una historia sencilla, de profundas raíces sociales, en la que se hace un recorrido de lo que significaba en las postrimerías de la dictadura y los años de la transición, la migración en las grandes ciudades, en este caso en Barcelona, con suburbios que crecían gracias a la mano de obra migrante del Sur y, como en la película, de Extremadura.

La película, escrita y dirigida por Marcel Barrena, cuenta la historia real de un barrio pobre, Torre Baró, en Barcelona, un líder vecinal también real, Manolo Vital, “un conductor de autobús que se adueñaba del bus de la línea 47 para desmontar una mentira que el Ayuntamiento se empeñaba en repetir: los autobuses no podían subir las cuestas del distrito de Torre Baró. Un acto de rebeldía que demostró ser un catalizador para el cambio, de que las personas se enorgullecen de sus raíces, de una lucha del vecindario, de la clase trabajadora que ayudó a crear la Barcelona moderna de los años 70”.

La película es conmovedora, con una interpretación magistral de Eduard Fernández, junto a otros actores y actrices que bordan sus papeles, Clara Segura, Salva Reina, David Verdaguer, Zoe Bonafonte y Aimar Vega, acompañados de una banda sonora impecable, compuesta por Arnau Bataller.

El tema principal de ‘El 47’ es la canción El borde del mundo, compuesta e interpretada por la artista canaria Valeria Castro, a la que dediqué en 2023 unas palabras en este cuaderno digital, Valeria Castro, “chiquita” y muy grande al mismo tiempo, resaltando la letra de su canción La raíz, nominada ese año al premio Grammy, porque refleja el respeto que debemos sentir siempre por nuestras raíces humanas, con sus sentimientos y emociones, llevándonos a escucharla siempre con el corazón, más fuerte que el viento, adaptando personalmente su letra a través de su vida, porque hay que tener cuidado con lo que estaba cerca pero no en su mano / porque ella es consciente del alma que tiene su garganta / porque solo así se aprende a ver el mar en calma // Pasará lo que tenga que pasar / Sé que ella no piensa hacer nada más / más que quedarse cuidando… su raíz.

En esta película pone su voz a las escenas finales y títulos de crédito, sellando una obra cinematográfica maestra, que ella explica en la quintaesencia de su canción: “El borde del mundo” es ese sentimiento de quien vive en los sitios olvidados, de quien carga una historia, el peso de ese olvido y lo que lo rodea. Como compositora, sumarse como una pieza más al engranaje del cine es un soplo de aire fresco precioso, pero hacerlo en una película como ‘El 47’, lejana en espacio, pero con un punto en común tan importante como el sentirse en esas partes del mundo a las que nadie mira. Ha sido un verdadero lujo”.

No se la pierdan porque, en los tiempos que corren, es un lujo verla y sentirla para cuidar la ideología de compromiso con los que menos tienen, los nadies, tan cerca de nosotros a pesar de que les negamos su visibilidad en nuestra ciudades y barrios. Lo denuncia Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.


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: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡No soy Maestro. Llamadme Claudio, por favor!

Claudio Abbado

Sevilla, 13/I/2025

En tiempos de turbación y de alejamiento de mudanzas del alma, recibí ayer una bocanada de esperanza en la espera, lucha y defensa diaria de un mundo mejor, a través de la música. Me la ha transmitido un documental, Por favor, llámenme Claudio, sobre Claudio Abbado, excelso director de orquesta milanés, fallecido en 2014.

En este contexto musical, recuerdo que Herbert von Karajan había marcado un estilo de dirección orquestal de respeto casi reverencial a su maestría con la batuta, en su prolongada etapa al frente de la Filarmónica de Berlín. Por diversos desencuentros con la Orquesta, dimitió en 1989, hecho que permitió abrir una nueva etapa de dirección de esta gran orquesta, dando paso a un experimentado Maestro, Claudio Abbado, que en los primeros ensayos dejó clara su relación horizontal con aquellos músicos tan elevados a los cielos.

Ocurrió cuando ante las reiteradas manifestaciones del efecto Karajan, se dirigían a él como Maestro, incluso como Maestrísimo, lo que cortó de raíz al dirigirse a los músicos de la Filarmónica con las siguientes palabras que han pasado a la posteridad de este excelente director: “¡No soy Maestro. Llamadme Claudio, por favor!”.

Si escribo hoy estas palabras es como nuevo reconocimiento a su vida y obra, sobre todo a través de la Orquesta Mozart, fundada por Abbado, donde otorgó el puesto de oboe solista a Lucas Macías, el nuevo director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, a partir de septiembre de este año. Todavía recuerdo el concierto de gratitud de la ciudad de Lucerna (Suiza) a Claudio Abbado tres meses después de su fallecimiento en Bolonia. El año anterior, escribí también unas palabras de reconocimiento a él y a Lucas Macías, oboísta de gran prestigio internacional, tras la celebración de un concierto dirigido por Abbado, resaltando la figura de Lucas Macías, andaluz por más señas, natural de Valverde del Camino (Huelva), que vuelvo a resaltar hoy de nuevo como realidad positiva de Andalucía: “Lo decía el cronista del diario “El País”, en su edición de 26 de marzo de 2013: “No le gusta a Abbado que le llamen maestro. Prefiere que se dirijan a él como Claudio. Al oboísta Lucas Macías Navarro todos le conocen por Lucas. Claudio y Lucas demostraron ayer la importancia del diálogo intergeneracional en música. Realizaron juntos un Concierto para oboe y orquesta de Mozart verdaderamente antológico. El oboísta de Valverde del Camino nació en 1978 y es solista de su instrumento en la Concertgebouw de Ámsterdam y en la Orquesta del Festival de Lucerna. Es de los músicos más completos que han salido de nuestro país en mucho tiempo. Ayer demostró su musicalidad intachable, su técnica asombrosa, su instinto endiablado tanto cuando tocó como solista como cuando se integró en la orquesta. La comunicación musical entre Claudio y Lucas es absoluta”.

Este año acogerá Sevilla a Lucas Macías. Será una oportunidad extraordinaria de conocer su aprendizaje emocional y profesional junto a Claudio, porque conozco el aprecio y respeto que siempre le profesó y que como símbolo basta recordar las palabras suyas que recogió la crónica que publicó el diario El País en 2014, con un título muy sugerente: Sinfonía de lágrimas por Abbado, porque el concierto de homenaje de la ciudad de Lucerna a su director tan querido y respetado, “suyo”, sí, para siempre, fue eso una sinfonía adornada de lágrimas tal y como lo recogía el citado cronista: “El cierre tenía que ser con Mahler, y al final de la Tercera sinfonía explotó colectivamente la emoción. Los músicos empezaron a abrazarse entre ellos, el público se puso en pie en una ovación interminable y nadie quería saludar en solitario, ni director ni instrumentistas. Fue una sinfonía de lágrimas, sin histéricas apoteosis, recordando a un director que siempre creyó que la música por encima de todo es un ejercicio espiritual, un diálogo del alma”. Sin lugar a dudas, mucho más cuando entre lágrimas se podía leer también en el programa de mano del concierto, probablemente a duras penas, una frase de su oboísta preferido, Lucas (Macías): “Gracias Claudio por haber sido el Ángel de la Guarda de los jóvenes músicos. Gracias por enseñarnos que en la música, como en la vida misma, lo fundamental es escucharnos los unos a los otros”.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de la página oficial de la Filarmónica de Berlín.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Riccardo Muti nos mostrará en el Concierto de Año Nuevo la música transgresora de Johann Strauss II

Riccardo Muti

La ignorancia de la música es la ignorancia de las propias raíces y sin raíces la planta muere.

Riccardo Muti

Sevilla, 31/XII/2024

Mañana nos sorprenderá el maestro Riccardo Muti, en la Sala Dorada del Musikverein (Casa de la Música) de Viena, con un concierto de Año Nuevo preparado como homenaje a Johann Strauss II (hijo), al celebrarse el 200 aniversario de su nacimiento.

Es la séptima vez que el famoso director italiano, napolitano por más señas, es invitado por la Orquesta Filarmónica de Viena, a dirigir este concierto tan prestigioso. En este cuaderno digital figuran unas palabras de reconocimiento a su trayectoria profesional con motivo de la participación en el concierto del año nuevo, en 2020, con una característica especial, la celebración a puerta cerrada, sin público, a consecuencia de las medidas restrictivas por la COVID-19. En aquella ocasión destaqué de él un aspecto vital que escribió en su autobiografía, Primero la música, después las palabras, cuando afirmó que quizás ese título (no suyo, sino de Giovanni Battista Casti) se podría interpretar como una contradicción, pero a lo largo de su vida la palabra escrita e interpretada por la partitura ha tenido un lugar especial, sobre todo en las representaciones teatrales de las óperas, donde la palabra de los libretos suelen ir siempre más allá a través de la música que las interpreta. También, porque en su autobiografía sólo quería encerrarse y reflexionar sobre su vida, sobre sí mismo y dar la importancia que en sí misma tiene la palabra para un músico como él.

En esta ocasión, el maestro Muti va a ensalzar la figura transgresora de Johann Strauss, hijo (1825-1899), violinista extraordinario, al introducir en los círculos clásicos de Viena una composición musical revolucionaria, el vals, que rompió todos los esquemas de una sociedad burguesa, mediatizada por la separación de géneros incluso en el baile, donde el contacto físico se convirtió en una representación necesaria para que esta forma de interpretar sus partituras adquiriera todo su esplendor.

Johann Strauss, hijo (1825-1899)

Una muestra clara del largo camino de aceptación profesional y social de la música excelsa y rompedora de Johann Strauss (hijo) en Viena y, obviamente, por parte de la Filarmónica, lo explican con detalle en la página oficial de la Orquesta: “El primer encuentro entre Johann Strauss, Jr. y los músicos de la Filarmónica de Viena fue un estreno. Strauss había compuesto el vals «Wiener Blut» [Sangre vienesa], op. 354, para el Baile de la Ópera de Viena, que se celebró en la sala principal del Musikverein el 22 de abril de 1873, y dirigió personalmente su primera representación en este evento, como era su costumbre, con violín en mano. Su siguiente encuentro tuvo lugar el 4 de noviembre de 1873, cuando Strauss interpretó obras de su padre y Josef Lanner, así como su propio vals «Danubio Azul» como parte de un concierto de gala presentado por el comité chino de la Exposición Mundial. El 11 de diciembre de 1877 tuvo lugar una «velada» en la Ópera de la Corte, en la que Strauss dirigió la orquesta en el estreno de sus «Reminiscencias de la vieja y la nueva Viena», un popurrí basado en temas de sus propias obras, así como de las de su padre, cuyo manuscrito se ha perdido desde entonces. El 14 de octubre de 1894, la Filarmónica participó en un concierto en el festival para conmemorar el 50 aniversario de Strauss en el negocio de la música, y el maestro expresó su gratitud con la presentación de una medalla conmemorativa y un telegrama en el que decía: «Mientras tanto, envío mi más caluroso agradecimiento a los grandes músicos de la famosa Filarmónica por su magistral interpretación y también por la demostración de su buena voluntad que me ha traído mucho placer: Johann Strauss». El encuentro final tuvo consecuencias trágicas. El 22 de mayo de 1899, Strauss dirigió la obertura de «Die Fledermaus» [El murciélago] por primera y única vez en la Ópera de la Corte. En ese momento, contrajo un resfriado que se convirtió en neumonía, de la que murió el 3 de junio de 1899”.

La trayectoria musical de Riccardo Muti se puede conocer con detalle en su página oficial, donde describe su marcha iniciática a Milán desde su Nápoles natal, donde empezó a consagrarse como un excelente director de orquesta, hasta nuestros días, en los que dirige oficialmente la Orquesta Sinfónica de Chicago. Desde 2015 está volcado en la formación de jóvenes músicos a través del Proyecto Riccardo Muti Italian Opera Academy.

No olvido tampoco lo que Strauss supuso para Federico García Lorca, cuando incluyó en Poeta en Nueva York el poema Pequeño vals vienés, al que Leonard Cohen puso su característica cadencia musical que contribuyó a popularizar con su canción Take this Waltz, tan próxima también a una época en nuestro país través de versiones inolvidables de Ana Belén, Silvia Pérez Cruz o Enrique Morente.

Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del «Te quiero siempre».
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.

Federico García Lorca, Pequeño vals vienés (1929-1930)

El Concierto, que comenzará a las 11:15 horas (UTC+1), se desarrollará con el espíritu interpretativo de la Filarmónica de Viena, respetando el lema que figura como representación de la misma, Tradición e Historia:

Johann Strauss I.

Freiheits-Marsch (Marcha de la libertad), op. 226

Josep Strauss

Dorfschwalben aus Österreich (Golondrinas del pueblo austriaco) – Walzer (Vals), op. 164

Johann Strauss II.

Demolirer-Polka. Polka francaise (Polca francesa de los demoledores), op. 269

Johann Strauss II.

Lagunera-Walzer (Vals de la laguna), op. 411

Eduard Strauss

Luftig und duftig (Aireado y fragante) Polka schnell (Polca rápida), op. 206

Johann Strauss II.

Ouvertüre zur Operette «Der Zigeunerbaron» (Obertura de la opereta “El barón gitano”).

Johann Strauss II.

Accelerationen (Aceleraciones) Walzer (Vals) op. 234

Josep Hellmesberger (Hijo)

Fidele Brüder. Marsch aus der Operette «Das Veilchenmädchen» (Hermanos Fidele. Marcha de la opereta «La Niña Violeta»)

Constanza Geiger

Ferdinandus (Fernando) Walzer (Vals), op. 10 [Arr. W. Dörner]

Johann Strauss II.

Entweder – oder! (¡O bien!) – Polka schnell (Polca rápida), op. 403

Josep Strauss

Transactionen (Transacciones) Walzer (Vals), op. 184

Johann Strauss II.

Annen-Polka (Ana – polca), op. 117

Johann Strauss II.

Tritsch-Tratsch (Cotilleo), Polka schnell (Polca rápida), op. 214

Johann Strauss II.

Wein, Weib und Gesang (Vino, mujeres y canciones) Walzer (Vals), op. 333

Una vez más y a través de este Concierto de Año Nuevo, tendremos la oportunidad de experimentar en nuestra vida el gran aserto musical del barroco y del clasicismo: musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor. Ahora, de la mano de Riccardo Muti, interpretando junto a la Filarmónica de Viena, la música transgresora de Johann Strauss. Para que no la olvidemos, en los momentos actuales de turbación y mudanza en los que, a nivel mundial y local, estamos inmersos.

NOTA: la imagen de Riccardo Muti se ha recuperado hoy de la página oficial del Concierto de Año Nuevo 2025.


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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Los estela de los santos inocentes, los de Delibes, los de hoy y siempre

Sevilla, 29/XII/2024

La memoria democrática de este país se puede explicar de muchas formas. Algunas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Miguel Delibes (1920-2010), a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Camus, fallecido en 2021, nos entregó un día ya lejano este regalo cinematográfico, en el que él sabía lo que nos daba pero no lo que en verdad recibíamos, un fragmento de nuestra memoria histórica y democrática, con el tiempo dentro. Aprendí también a conocer nuestro triste pasado como país, gracias a la novela homónima de Miguel Delibes y a su versión llevada al cine de la mano magistral de Mario Camus.

Lo que no recordará casi nadie es que en la banda sonora de la película está presente una persona anónima para la cinematografía de este país, Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que nunca vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones (Cantabria) y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Ayer, día de los santos inocentes, volví a recordar la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario navideño muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!