‘Íntima armonía. Insular’, una obra maestra de Ramón Masats y Luis de Pablo

Fotograma de Íntima armonía. Insular (1971)

A César Manrique, pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul, / mi azul y el viento, / mi resplandor, / la luz indestructible / que yo siempre soñé para mi vida.

Rafael Alberti, Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

Sevilla, 16/II/2025

En mi carabela imaginaria, como navegante imaginario (recordando a Nicanor Parra y a Saramago), he fondeado hoy en una aventura musical y de imágenes, Íntima armonía. Insular, un documental de Televisión Española rodado en 1971, con guion y realización del excelente fotógrafo Ramón Masats y con banda sonora de Luis de Pablo, personas a las que he dedicado palabras de admiración en este cuaderno digital, cuya sinopsis oficial explicaba brevemente su contenido: «Documental sobre la isla canaria de Lanzarote, dirigido por Ramón Masats. Elaborado sobre la obra musical del compositor Luis de Pablo, interpretada por el conjunto instrumental Alea dirigido por José María Franco Gil, y la orquesta sinfónica de Radiotelevisión Española dirigida por Odón Alonso. Paisajes, pueblos, cultivos y turistas, con música sin comentarios, dividido en varias partes con los títulos de las obras de Luis de Pablo. Con la participación de César Manrique». ¡Qué obra cultural tan imprescindible, la de César Manrique en la isla, tantas veces visitada por mí!.

Lo verdaderamente sorprendente es conocer que cuando el director general de Televisión Española en aquella época, Adolfo Suárez, visionó el documental, dijo algo a los autores que ha pasado a la posteridad, pensando hoy que años más tarde sería el presidente de nuestro país: “Como volváis a hacer otra mariconada como esa, os echo”. Sobran comentarios, sobre todo por el tratamiento de la cultura por parte del Régimen.

En estos días se puede disfrutar de la exposición El fotógrafo silencioso, sobre Ramón Masats, en la Fundación Foto Colectania, de Barcelona, en la que se resalta una vez más su gran dimensión artística, retratando sobre todo una de las dos Españas que nos helaba el corazón: «La exposición recorre una extensa selección de imágenes icónicas, que combinamos con algunas fotografías inéditas, para recordar también que Masats fue cronista de una España que vivía en la dictadura: un documento excepcional que huye del estereotipo y el encasillamiento y nos muestra como la contundente mirada del fotógrafo siempre se reservaba la empatía para la gente común». Pero una crítica muy objetiva y sincera sobre esta exposición, que he leído atentamente en una tribuna libre de Babelia, me ha llevado a seguir conociendo con más profundidad el perfil personal y profesional de Ramón Masats, localizando una isla desconocida, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, Insular, que refleja muy bien quién era este artista de la fotografía crítica y de forma asociada, el excelente músico Luis de Pablos.

Según Visionary Film, «Insular (1971) es un de los trabajos fílmicos españoles más significativos en relación a la conjunción entre nuevas músicas y experimentación visual. La búsqueda de asociaciones formales es una de las constantes en una película en color que documenta  los paisajes, las poblaciones y las gentes de Lanzarote a lo largo de veintiséis minutos. Rodado en 35 milímetros y producido por Radio Televisión Española, Insular es un filme documental, visualmente espectacular, auditivamente inquietante. Tras el título de los créditos iniciales aparece una indicación del todo ilustrativa de lo que vendrá a continuación: “Seis temas de Luis de Pablo visualizados por Ramón Masats”. […] Estamos ante una propuesta fílmica donde el sonido directo, los diálogos y las voces en off quedan completamente descartados. Son los temas musicales los que marcan la pauta de un filme vibrante, de factura impecable. Cesuras (1963), Ein Wort (1964), Módulos III – a (1967), Módulos V (1967), Polar (1961) y Imaginario II (1967-68) son los títulos de los seis temas incluidos a lo largo del trabajo. Cada uno de ellos concreta la representación de algunos de los aspectos más destacados de esta isla del archipiélago canario. El primer bloque visualiza un paisaje desértico hecho de arena, rocas, montañas y volcanes. Alternando planos de detalle con planos aéreos filmados desde un helicóptero, se promueve un ritmo acelerado determinado por continuas panorámicas laterales, bruscos travellings hacia adelante y frenéticos montajes que rivalizan con los cortes de notas aleatorias de percusiones, violines e instrumentos de viento. Ein Wort amplía la representación paisajística acercándose a poblaciones de las que emergen diferentes fachadas de habitáculos. Paredes, puertas y ventanales crean sinergias con sonidos disonantes improvisados. Las salinas de las zonas costaneras y los rituales de sus trabajadores acaparan el imaginario del tercer bloque, mientras los demás temas quedan ilustrados por elementos tan dispares como danzas tradicionales de gentes disfrazadas, entrenamientos de lucha libre en la playa o ridículos paseos de turistas sobre dromedarios». Por cierto, interviene también en este documental el organista alemán Gerd Zacher, de quien tuve referencia en 1975, al conocer a Juan Allende-Blin, compositor chileno, autor de una obra para órgano, Mi piano azul, de la que Zacher hizo una interpretación que he vuelto a escuchar hoy y que no olvido. Conservo en mi discoteca particular esta obra que me regaló personalmente.

Ante lo expuesto anteriormente surge una pregunta inquietante: ¿conocemos bien lo que significó la lucha por una cultura digna durante la dictadura franquista y quienes fueron sus valedores en un medio político tan hostil? Recuperar lo que sucedió verdaderamente, es un deber democrático. Lo afirmado por Adolfo Suárez al ver este documental es un exponente claro de lo que pensaba el Régimen al respecto: una «mariconada». He localizado el documental en los fondos de Televisión Española y les recomiendo verlo, previo registro en rtve play, sin coste alguno, al ser fondo público, no confundiendo nunca el gran aserto de Machado, todo necio / confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII), por el inmenso valor que encierra la equidad social en el acceso a este visionado. Comprenderán de este modo las palabras que he escrito hoy sobre Ramón Masats y Luis de Pablos, como un acto de reconocimiento de la memoria histórica y democrática de nuestro país, de ellos al fin y al cabo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El ‘47’, un ejemplo de reivindicación vecinal que no olvida el recuerdo y el daño

Sevilla, 16/I/2025

Ayer puse en marcha la moviola particular de los movimientos asociativos, fundamentalmente reivindicativos, de los años setenta en nuestro país. Ocurrió viendo la película El 47, una historia sencilla, de profundas raíces sociales, en la que se hace un recorrido de lo que significaba en las postrimerías de la dictadura y los años de la transición, la migración en las grandes ciudades, en este caso en Barcelona, con suburbios que crecían gracias a la mano de obra migrante del Sur y, como en la película, de Extremadura.

La película, escrita y dirigida por Marcel Barrena, cuenta la historia real de un barrio pobre, Torre Baró, en Barcelona, un líder vecinal también real, Manolo Vital, “un conductor de autobús que se adueñaba del bus de la línea 47 para desmontar una mentira que el Ayuntamiento se empeñaba en repetir: los autobuses no podían subir las cuestas del distrito de Torre Baró. Un acto de rebeldía que demostró ser un catalizador para el cambio, de que las personas se enorgullecen de sus raíces, de una lucha del vecindario, de la clase trabajadora que ayudó a crear la Barcelona moderna de los años 70”.

La película es conmovedora, con una interpretación magistral de Eduard Fernández, junto a otros actores y actrices que bordan sus papeles, Clara Segura, Salva Reina, David Verdaguer, Zoe Bonafonte y Aimar Vega, acompañados de una banda sonora impecable, compuesta por Arnau Bataller.

El tema principal de ‘El 47’ es la canción El borde del mundo, compuesta e interpretada por la artista canaria Valeria Castro, a la que dediqué en 2023 unas palabras en este cuaderno digital, Valeria Castro, “chiquita” y muy grande al mismo tiempo, resaltando la letra de su canción La raíz, nominada ese año al premio Grammy, porque refleja el respeto que debemos sentir siempre por nuestras raíces humanas, con sus sentimientos y emociones, llevándonos a escucharla siempre con el corazón, más fuerte que el viento, adaptando personalmente su letra a través de su vida, porque hay que tener cuidado con lo que estaba cerca pero no en su mano / porque ella es consciente del alma que tiene su garganta / porque solo así se aprende a ver el mar en calma // Pasará lo que tenga que pasar / Sé que ella no piensa hacer nada más / más que quedarse cuidando… su raíz.

En esta película pone su voz a las escenas finales y títulos de crédito, sellando una obra cinematográfica maestra, que ella explica en la quintaesencia de su canción: “El borde del mundo” es ese sentimiento de quien vive en los sitios olvidados, de quien carga una historia, el peso de ese olvido y lo que lo rodea. Como compositora, sumarse como una pieza más al engranaje del cine es un soplo de aire fresco precioso, pero hacerlo en una película como ‘El 47’, lejana en espacio, pero con un punto en común tan importante como el sentirse en esas partes del mundo a las que nadie mira. Ha sido un verdadero lujo”.

No se la pierdan porque, en los tiempos que corren, es un lujo verla y sentirla para cuidar la ideología de compromiso con los que menos tienen, los nadies, tan cerca de nosotros a pesar de que les negamos su visibilidad en nuestra ciudades y barrios. Lo denuncia Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡No soy Maestro. Llamadme Claudio, por favor!

Claudio Abbado

Sevilla, 13/I/2025

En tiempos de turbación y de alejamiento de mudanzas del alma, recibí ayer una bocanada de esperanza en la espera, lucha y defensa diaria de un mundo mejor, a través de la música. Me la ha transmitido un documental, Por favor, llámenme Claudio, sobre Claudio Abbado, excelso director de orquesta milanés, fallecido en 2014.

En este contexto musical, recuerdo que Herbert von Karajan había marcado un estilo de dirección orquestal de respeto casi reverencial a su maestría con la batuta, en su prolongada etapa al frente de la Filarmónica de Berlín. Por diversos desencuentros con la Orquesta, dimitió en 1989, hecho que permitió abrir una nueva etapa de dirección de esta gran orquesta, dando paso a un experimentado Maestro, Claudio Abbado, que en los primeros ensayos dejó clara su relación horizontal con aquellos músicos tan elevados a los cielos.

Ocurrió cuando ante las reiteradas manifestaciones del efecto Karajan, se dirigían a él como Maestro, incluso como Maestrísimo, lo que cortó de raíz al dirigirse a los músicos de la Filarmónica con las siguientes palabras que han pasado a la posteridad de este excelente director: “¡No soy Maestro. Llamadme Claudio, por favor!”.

Si escribo hoy estas palabras es como nuevo reconocimiento a su vida y obra, sobre todo a través de la Orquesta Mozart, fundada por Abbado, donde otorgó el puesto de oboe solista a Lucas Macías, el nuevo director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, a partir de septiembre de este año. Todavía recuerdo el concierto de gratitud de la ciudad de Lucerna (Suiza) a Claudio Abbado tres meses después de su fallecimiento en Bolonia. El año anterior, escribí también unas palabras de reconocimiento a él y a Lucas Macías, oboísta de gran prestigio internacional, tras la celebración de un concierto dirigido por Abbado, resaltando la figura de Lucas Macías, andaluz por más señas, natural de Valverde del Camino (Huelva), que vuelvo a resaltar hoy de nuevo como realidad positiva de Andalucía: “Lo decía el cronista del diario “El País”, en su edición de 26 de marzo de 2013: “No le gusta a Abbado que le llamen maestro. Prefiere que se dirijan a él como Claudio. Al oboísta Lucas Macías Navarro todos le conocen por Lucas. Claudio y Lucas demostraron ayer la importancia del diálogo intergeneracional en música. Realizaron juntos un Concierto para oboe y orquesta de Mozart verdaderamente antológico. El oboísta de Valverde del Camino nació en 1978 y es solista de su instrumento en la Concertgebouw de Ámsterdam y en la Orquesta del Festival de Lucerna. Es de los músicos más completos que han salido de nuestro país en mucho tiempo. Ayer demostró su musicalidad intachable, su técnica asombrosa, su instinto endiablado tanto cuando tocó como solista como cuando se integró en la orquesta. La comunicación musical entre Claudio y Lucas es absoluta”.

Este año acogerá Sevilla a Lucas Macías. Será una oportunidad extraordinaria de conocer su aprendizaje emocional y profesional junto a Claudio, porque conozco el aprecio y respeto que siempre le profesó y que como símbolo basta recordar las palabras suyas que recogió la crónica que publicó el diario El País en 2014, con un título muy sugerente: Sinfonía de lágrimas por Abbado, porque el concierto de homenaje de la ciudad de Lucerna a su director tan querido y respetado, “suyo”, sí, para siempre, fue eso una sinfonía adornada de lágrimas tal y como lo recogía el citado cronista: “El cierre tenía que ser con Mahler, y al final de la Tercera sinfonía explotó colectivamente la emoción. Los músicos empezaron a abrazarse entre ellos, el público se puso en pie en una ovación interminable y nadie quería saludar en solitario, ni director ni instrumentistas. Fue una sinfonía de lágrimas, sin histéricas apoteosis, recordando a un director que siempre creyó que la música por encima de todo es un ejercicio espiritual, un diálogo del alma”. Sin lugar a dudas, mucho más cuando entre lágrimas se podía leer también en el programa de mano del concierto, probablemente a duras penas, una frase de su oboísta preferido, Lucas (Macías): “Gracias Claudio por haber sido el Ángel de la Guarda de los jóvenes músicos. Gracias por enseñarnos que en la música, como en la vida misma, lo fundamental es escucharnos los unos a los otros”.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de la página oficial de la Filarmónica de Berlín.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Riccardo Muti nos mostrará en el Concierto de Año Nuevo la música transgresora de Johann Strauss II

Riccardo Muti

La ignorancia de la música es la ignorancia de las propias raíces y sin raíces la planta muere.

Riccardo Muti

Sevilla, 31/XII/2024

Mañana nos sorprenderá el maestro Riccardo Muti, en la Sala Dorada del Musikverein (Casa de la Música) de Viena, con un concierto de Año Nuevo preparado como homenaje a Johann Strauss II (hijo), al celebrarse el 200 aniversario de su nacimiento.

Es la séptima vez que el famoso director italiano, napolitano por más señas, es invitado por la Orquesta Filarmónica de Viena, a dirigir este concierto tan prestigioso. En este cuaderno digital figuran unas palabras de reconocimiento a su trayectoria profesional con motivo de la participación en el concierto del año nuevo, en 2020, con una característica especial, la celebración a puerta cerrada, sin público, a consecuencia de las medidas restrictivas por la COVID-19. En aquella ocasión destaqué de él un aspecto vital que escribió en su autobiografía, Primero la música, después las palabras, cuando afirmó que quizás ese título (no suyo, sino de Giovanni Battista Casti) se podría interpretar como una contradicción, pero a lo largo de su vida la palabra escrita e interpretada por la partitura ha tenido un lugar especial, sobre todo en las representaciones teatrales de las óperas, donde la palabra de los libretos suelen ir siempre más allá a través de la música que las interpreta. También, porque en su autobiografía sólo quería encerrarse y reflexionar sobre su vida, sobre sí mismo y dar la importancia que en sí misma tiene la palabra para un músico como él.

En esta ocasión, el maestro Muti va a ensalzar la figura transgresora de Johann Strauss, hijo (1825-1899), violinista extraordinario, al introducir en los círculos clásicos de Viena una composición musical revolucionaria, el vals, que rompió todos los esquemas de una sociedad burguesa, mediatizada por la separación de géneros incluso en el baile, donde el contacto físico se convirtió en una representación necesaria para que esta forma de interpretar sus partituras adquiriera todo su esplendor.

Johann Strauss, hijo (1825-1899)

Una muestra clara del largo camino de aceptación profesional y social de la música excelsa y rompedora de Johann Strauss (hijo) en Viena y, obviamente, por parte de la Filarmónica, lo explican con detalle en la página oficial de la Orquesta: “El primer encuentro entre Johann Strauss, Jr. y los músicos de la Filarmónica de Viena fue un estreno. Strauss había compuesto el vals «Wiener Blut» [Sangre vienesa], op. 354, para el Baile de la Ópera de Viena, que se celebró en la sala principal del Musikverein el 22 de abril de 1873, y dirigió personalmente su primera representación en este evento, como era su costumbre, con violín en mano. Su siguiente encuentro tuvo lugar el 4 de noviembre de 1873, cuando Strauss interpretó obras de su padre y Josef Lanner, así como su propio vals «Danubio Azul» como parte de un concierto de gala presentado por el comité chino de la Exposición Mundial. El 11 de diciembre de 1877 tuvo lugar una «velada» en la Ópera de la Corte, en la que Strauss dirigió la orquesta en el estreno de sus «Reminiscencias de la vieja y la nueva Viena», un popurrí basado en temas de sus propias obras, así como de las de su padre, cuyo manuscrito se ha perdido desde entonces. El 14 de octubre de 1894, la Filarmónica participó en un concierto en el festival para conmemorar el 50 aniversario de Strauss en el negocio de la música, y el maestro expresó su gratitud con la presentación de una medalla conmemorativa y un telegrama en el que decía: «Mientras tanto, envío mi más caluroso agradecimiento a los grandes músicos de la famosa Filarmónica por su magistral interpretación y también por la demostración de su buena voluntad que me ha traído mucho placer: Johann Strauss». El encuentro final tuvo consecuencias trágicas. El 22 de mayo de 1899, Strauss dirigió la obertura de «Die Fledermaus» [El murciélago] por primera y única vez en la Ópera de la Corte. En ese momento, contrajo un resfriado que se convirtió en neumonía, de la que murió el 3 de junio de 1899”.

La trayectoria musical de Riccardo Muti se puede conocer con detalle en su página oficial, donde describe su marcha iniciática a Milán desde su Nápoles natal, donde empezó a consagrarse como un excelente director de orquesta, hasta nuestros días, en los que dirige oficialmente la Orquesta Sinfónica de Chicago. Desde 2015 está volcado en la formación de jóvenes músicos a través del Proyecto Riccardo Muti Italian Opera Academy.

No olvido tampoco lo que Strauss supuso para Federico García Lorca, cuando incluyó en Poeta en Nueva York el poema Pequeño vals vienés, al que Leonard Cohen puso su característica cadencia musical que contribuyó a popularizar con su canción Take this Waltz, tan próxima también a una época en nuestro país través de versiones inolvidables de Ana Belén, Silvia Pérez Cruz o Enrique Morente.

Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del «Te quiero siempre».
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.

Federico García Lorca, Pequeño vals vienés (1929-1930)

El Concierto, que comenzará a las 11:15 horas (UTC+1), se desarrollará con el espíritu interpretativo de la Filarmónica de Viena, respetando el lema que figura como representación de la misma, Tradición e Historia:

Johann Strauss I.

Freiheits-Marsch (Marcha de la libertad), op. 226

Josep Strauss

Dorfschwalben aus Österreich (Golondrinas del pueblo austriaco) – Walzer (Vals), op. 164

Johann Strauss II.

Demolirer-Polka. Polka francaise (Polca francesa de los demoledores), op. 269

Johann Strauss II.

Lagunera-Walzer (Vals de la laguna), op. 411

Eduard Strauss

Luftig und duftig (Aireado y fragante) Polka schnell (Polca rápida), op. 206

Johann Strauss II.

Ouvertüre zur Operette «Der Zigeunerbaron» (Obertura de la opereta “El barón gitano”).

Johann Strauss II.

Accelerationen (Aceleraciones) Walzer (Vals) op. 234

Josep Hellmesberger (Hijo)

Fidele Brüder. Marsch aus der Operette «Das Veilchenmädchen» (Hermanos Fidele. Marcha de la opereta «La Niña Violeta»)

Constanza Geiger

Ferdinandus (Fernando) Walzer (Vals), op. 10 [Arr. W. Dörner]

Johann Strauss II.

Entweder – oder! (¡O bien!) – Polka schnell (Polca rápida), op. 403

Josep Strauss

Transactionen (Transacciones) Walzer (Vals), op. 184

Johann Strauss II.

Annen-Polka (Ana – polca), op. 117

Johann Strauss II.

Tritsch-Tratsch (Cotilleo), Polka schnell (Polca rápida), op. 214

Johann Strauss II.

Wein, Weib und Gesang (Vino, mujeres y canciones) Walzer (Vals), op. 333

Una vez más y a través de este Concierto de Año Nuevo, tendremos la oportunidad de experimentar en nuestra vida el gran aserto musical del barroco y del clasicismo: musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor. Ahora, de la mano de Riccardo Muti, interpretando junto a la Filarmónica de Viena, la música transgresora de Johann Strauss. Para que no la olvidemos, en los momentos actuales de turbación y mudanza en los que, a nivel mundial y local, estamos inmersos.

NOTA: la imagen de Riccardo Muti se ha recuperado hoy de la página oficial del Concierto de Año Nuevo 2025.


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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Los estela de los santos inocentes, los de Delibes, los de hoy y siempre

Sevilla, 29/XII/2024

La memoria democrática de este país se puede explicar de muchas formas. Algunas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Miguel Delibes (1920-2010), a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Camus, fallecido en 2021, nos entregó un día ya lejano este regalo cinematográfico, en el que él sabía lo que nos daba pero no lo que en verdad recibíamos, un fragmento de nuestra memoria histórica y democrática, con el tiempo dentro. Aprendí también a conocer nuestro triste pasado como país, gracias a la novela homónima de Miguel Delibes y a su versión llevada al cine de la mano magistral de Mario Camus.

Lo que no recordará casi nadie es que en la banda sonora de la película está presente una persona anónima para la cinematografía de este país, Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que nunca vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones (Cantabria) y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Ayer, día de los santos inocentes, volví a recordar la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario navideño muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy tengo un sentimiento especial al entrar el invierno

Amaia, Tengo un pensamiento – La Revuelta / RTVE

Sevilla, 21/XII/2024 – 10:00 (UTC+1)

Hoy llega el solsticio de invierno en nuestro país, a las 10:20:30, según datos oficiales del Observatorio Astronómico Nacional, fenómeno que indica el final del otoño y el comienzo oficial del invierno en el hemisferio norte, así como la llegada de la noche más larga del año. En esta transición estacional, que también puede ser emocional, y tan sólo unas horas antes de que ocurra, he recibido un mensaje precioso de la cantora Amaia (Pamplona, 1999), a través de su última composición, Tengo un pensamiento, en el programa revelación de este año en la televisión pública, La Revuelta, en su segunda época, con una presentación espectacular a través de un plano secuencia rodado como broche final del programa este año, aportando un camino esperanzador para la juventud de este país, porque a la hora que escribo estas líneas ha superado ya más de seis millones de visitas en «X», una red de comunicación digital contaminada socialmente por bulos y violencia verbal de forma preocupante.

Me alegra constatar este fenómeno televisivo, porque en un país tan dual y cainita, en el que estamos viviendo el ocaso paulatino de la democracia por las conductas políticas de gobernantes de derechas y su más allá, también con errores de la izquierda, los jóvenes pueden y deben tomar el testigo de la regeneración democrática del país, a través de mensajes como el de Amaia, que los consideran propios.

Tengo un pensamiento
Que no me deja sola
A veces no siento que está ahí
Pero me acompaña a dormir
Y cuando me despierto
Suelo analizarlo
Aunque no sea bueno, qué decir
Siempre formará parte de mí

Tengo un sentimiento
Que no me deja sola
Pero desde que te conocí
Y me dejaste entrar en el jardín
De todo tu cerebro
Este pensamiento
Se hizo muy pequeño y explotó
Y se transformó en toda esta canción

Y hoy siento que está pasando
El día en que me doy cuenta
De que me apetece estar toda la vida
Contigo y quiero hasta gritarlo
Y no, no quiero dártelo todo
Y así te sigan sobrando las ganas
Y nunca te canses de estar conmigo

Ahora que te tengo
Sé lo que es el miedo
Pensando en que algún día acabará
Todo este nuevo mundo que me das
Pero no es el momento
De pensar en esto
Porque te dedico esta canción
Y quiero que sea grande y que hable de algo mejor

Y hoy siento que está pasando
El día en que me doy cuenta
De que me apetece estar toda la vida
Contigo y quiero hasta gritarlo
Y no, no quiero dártelo todo
Y así te sigan sobrando las ganas
Y nunca te canses de estar conmigo

La letra ahonda en el binomio pensamiento/sentimiento que, en mis años jóvenes, resolví leyendo a Rafael Alberti: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso.

Este es el pensamiento y el sentimiento que tengo hoy al entrar el invierno. Gracias a Amaia y al programa de la televisión pública de este país, La Revuelta, por hacernos llegar estos mensajes de esperanza, que nos permiten avanzar en la transformación social para construir con el esfuerzo de los jóvenes, también de todos y todas, un país mejor.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Navidad, tiempo de recuerdos

Me acuerdo de esas veces en que no
sabes si estás muy feliz o muy triste.

Joe Brainard (1942-1994), Me acuerdo

Sevilla, 20/XII/2024

En tiempo de navidad buscamos muchas veces refugiarnos paradójicamente en los mejores recuerdos, utilizando la memoria como el mejor recurso/escudo humano en el cerebro. Es una época del año propicia para los recuerdos de familiares y amigos, ausentes y presentes, así como de situaciones que desde mi niñez rediviva siempre se procuraba que tuvieran un halo de felicidad, aunque no fuera real, como ocurre en la vida misma. 

En este contexto anímico, he recurrido una vez más a lo que me ofrece mi clínica del alma, mi biblioteca, como bálsamo para estos tiempos revueltos. He vuelto a abrir el libro de Joe Brainard, Me acuerdo (1), porque con sus “me acuerdo…” comprendo mejor el porqué de la soledad sonora de muchas personas a la hora de quedarse solas consigo mismas, más en su caso histórico al tener que demostrar al mundo que su soledad gay lo podía conducir a la muerte por sida, como fue su caso. Conjugar el verbo acordarse sería un ejercicio práctico para compartir experiencias necesarias en la vida. Porque por mucho que nos esforcemos en olvidar, el hipocampo cerebral particular nos recuerda que todavía están allí millones de grabaciones neuronales para cuando las queramos rescatar de la filmoteca existencial. Con la dificultad añadida de que muchas veces, estos recuerdos “nos vienen” a borbotones, sin control posible. El libro de Brainard se presentó en sociedad en 2009 como “inclasificable” y “obra excepcional” y Paul Aster llegó a decir de él que “era tan polifacético que él mismo parecía uno de sus propios collages. Más conocido como artista que como escritor, su inclasificable libro Me acuerdo se consideró una obra excepcional desde su irrupción en 1970 en el panorama literario de Estados Unidos. Su impacto fue tal que, años después, Georges Perec escribió su Je me souviens bajo el modelo de Brainard, y se lo dedicó a éste. La fórmula es tan simple que escritores como Ron Padgett, poeta y gran amigo de Brainard, se preguntaron: «¿Por qué no se nos habrá ocurrido a nosotros una idea tan elemental?». Su original forma, basada en una repetición casi de mantra, recoge más de mil evocaciones que empiezan con las palabras «Me acuerdo». Se trata de frases, en su mayoría breves, que activan un resorte en la mente al rescatar imágenes con las que han crecido varias generaciones de todo el mundo. Una entrañable mirada a lo más íntimo de la vida de Brainard y un retrato de la cultura y del imaginario popular del Estados Unidos de los cuarenta y los cincuenta. Me acuerdo es una obra maestra. Los libros supuestamente más importantes de nuestro tiempo serán olvidados uno tras otro, pero la pequeña y modesta joya de Joe Brainard perdurará. Con frases sencillas y contundentes, traza el mapa del alma humana y altera de forma permanente la manera en que miramos el mundo. Me acuerdo es a la vez increíblemente divertido y profundamente conmovedor. Además, es uno de los pocos libros completamente originales que he leído”.

La memoria, que nos devuelve respuestas a los “me acuerdo…”, es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno, no “del Señor”, sobre todo cuando establecemos una relación humana a lo largo de la vida, ya sea familiar, de amistad o profesional y planteamos el siguiente dilema ante un recuerdo especial: Yo me acuerdo..., ¿y tú? Siempre esperamos que la respuesta sea algo más que el silencio o el olvido.

Guillermo Altares dijo en cierta ocasión en torno al libro de Brainard, que “algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado”.

Mientras que ordeno mis “me acuerdo…”, escucho la melodía principal de un me acuerdo… especial, Amarcord (yo me acuerdo), en un dialecto muy querido por Fellini de su tierra natal, Rímini, para que no olvidemos nunca la verdadera memoria histórica de nuestras vidas. Sobre todo, la que nos reconforta y nos ayuda a no mantener silencios cómplices, con nosotros mismos y con los demás, intentado recuperar en nuestra vida personas y momentos que nos devuelven el sentido de nuestra vida, la obstinación de ser legítimamente felices y pretender que los demás también lo sean a través de los mejores recuerdos. Sin que, necesariamente, tenga que ser en el tiempo de Navidad.

Melodía principal de Amarcord (Fellini) / Nino Rota

(1) Brainard, Joe, Me acuerdo, 2009. Madrid: Sexto piso.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sigo añorando el centro de gravedad permanente que buscaba Franco Battiato

Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente.

Franco Battiato, Centro de gravedad permanente

Sevilla, 18/XII/2024

Este cuaderno digital me permite casi a diario convertir mis necesidades anímicas en palabras. Ante el mundo al revés en el que estamos viviendo ya de forma apresurada, día a día, teledirigido por el Gran Mercado Mundial, busco en mi singladura diaria islas desconocidas que me obliguen a salir de mí, lección magistral aprendida de la mujer zurcidora que citaba José Saramago en su cuento de la isla desconocida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…” . Hoy, en una singladura especial como nómada de la vida, he encontrado una columna periodística en el diario El País, Una tarde, una canción, que me ha emocionado leerla, porque me siento plenamente identificado con su contenido, ensalzando una canción emblemática de Franco Battiato, Centro de gravedad permanente, que forma parte de la banda sonora de mi vida, tal y como lo he escrito en alguna ocasión en este cuaderno digital.

La última vez que escribí palabras de elogio para Battiato fue con ocasión de su fallecimiento en 2021. Sentí aquél día un estremecimiento interior porque su música y, sobre todo, sus letras, siempre me han inspirado otra forma de entender la vida, haciendo camino al andar: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Aprendí hace ya muchos años, junto a la escritora india Anita Nair (Las nueve caras del corazón, 2006), que la alondra encrestada, la vanampaadi, permite convertir las necesidades en palabras. Al fin y al cabo, amor a lo desconocido, como una de las caras del amor en la primera expresión del kathakali, representación teatral a la que se incorporan danzas indias que tuve el honor de conocer por primera vez de la mano de Franco Battiato (Quiero verte danzar, 1982), cantor que conocí cuando vivía en Roma en el año 1976 y que es un prodigio en la escenificación de historias de vida a través de sus canciones. Después, en 1982, volví a conectar con él a través de un disco emblemático, La voz de su amo, en la que cantaba su famoso “Centro de gravedad permanente”, que he cantado junto a mi hijo Marcos cuando era muy pequeño, deletreando un estribillo que nunca he olvidado: Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente. Lo sigo buscando todavía hoy, en un tiempo convulso y complejo.

Es curioso constatar que la NASA recoge en sus páginas web una referencia al asteroide que lleva su apellidoBattiato, descubierto en 1979, con una reseña que hoy es una premonición: “Franco Battiato (b. 1945), artista siciliano poliédrico, es miembro honorario de la Asociación Astrofili Ionico-Etnei. Convierte sus sentimientos en música, pintura y cine. A través del telescopio observa el Universo, obteniendo inspiración para sus canciones”. Es verdad, porque hoy, más que nunca, sigue dándonos sentido a la vida terrenal desde su cielo particular.

En un libro de Nuccio Ordine muy apreciado por mí, Clásicos para la vida, hay una referencia a una obra para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier momento de la vida: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia representa hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna. Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, quizás para que no cambiemos, para que estemos siempre muy atentos a la música, para que seamos firmes en mantener criterios y valores sobre la dignidad de la vida, de las cosas de la pandemia, de la gente…, defendiendo hoy desde su cielo particular el anhelado centro de gravedad permanente que necesitamos todos, ahora más que nunca y sin dejar a nadie atrás.

Gracias, Franco Battiato. Sigo atendiendo tu música.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Mozart nos permite soñar despiertos en Navidad

MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

Sevilla, 22/XII/2024

Dedicado una vez más a mis nietos, para hacer posibles sus sueños, porque necesito seguir aprendiendo de ellos su forma de soñar despiertos.

La navidad actual de mercado, que vengo denunciando en este cuaderno digital desde hace años, tan lejos de su esencia histórica, es la que Gabriel García Márquez describía en un artículo extraordinario publicado en el diario El Pais, en 1980, como un tiempo en el que por la irrupción del poder del mercado lo que se celebra realmente es “[…] la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones” y donde es probable que los niños del mundo, por la presencia omnímoda de Papá Noel, pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”. Por este motivo, entrego de nuevo estas palabras a modo de regalo diferente, con estela, lejos de la mercadería navideña, a quien quiera escuchar su mensaje de fondo.

En este mundo al revés, la música puede ser  compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), tal y como aparece en la tapa de mi clave, una frase que desde la edad media conmueve al alma humana que se aproxima a la música. Es por ello por lo que creo, de nuevo, que podría ser una oportunidad en estos días próximos, navideños por decreto, para conocer a Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes, andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a «frecuentar el futuro» más optimista, como pesimistas bien informados, siguiendo de cerca al Señor Pereira, de Tabucchi (Sostiene Pereira) y el haiku 123 de Benedetti (Rincón de Haikus), por supuesto.

Confieso de nuevo una debilidad que tuve a la hora de componer esta lista de obras, playlist en términos actuales, que tiene una intrahistoria especial de amor a mis nietos, a sus sueños. Elegí movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués, que siempre llevaba dentro su alma de niño. De ahí la portada del disco que preside estas líneas. Junto al Concentus Musicus Wien, Harnoncourt nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por él para no alterar la esencia de las partituras, analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Incorporo también una breve descripción del año y motivo de su composición para contextualizar cada obra en el mundo interior de Mozart. En este año, hago una llamada de atención especial en la composición que figura en 4º lugar, el Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el “Grammy” de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Escucharlo es un homenaje y reconocimiento a Lucas Macías, a quien admiro, por su nombramiento como nuevo director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, a partir de septiembre de 2025.

Espero que disfruten con esta música de sueños en tiempos tan convulsos como los actuales y les confieso otra debilidad personal: escuchar con cierto recogimiento el Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

PLAYLIST: MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

  1. Andante de la Sinfonía número 1, en Si bemol mayor, KV 16: https://youtu.be/NrLnuYvoiy8, que Mozart escribió en su viaje iniciático a Londres, junto a su padre, cuando sólo tenía 8 años (Ver El niño Mozart, artículo de mi blog).  
  2. Andante de la Sinfonía número 25, en Sol menor, KV 183, compuesta con 17 años y bajo la influencia de Haydn, utilizando en esta ocasión cuerdas con sordina: https://youtu.be/eDfEmlLCjdw, dirigida por Harnoncourt e interpretada por la Orquesta Concentus Musicus Wien. Es una obra muy querida por Harnoncourt y que cita de forma continua en sus conversaciones y obras musicales.
  3. Andantino del Concierto para flauta y arpa, KV 299 – 2nd mov., dirigiendo Harnoncourt al Concentus Musicus Wien.Esta obra fue escrita en París, en 1778, cuando Mozart contaba con 22 años. Fue un encargo del Duque de Guines, embajador de Francia en Inglaterra, que nunca pagó al compositor.
  4. Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el Grammy de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Este Concierto fue muy controvertido porque hay disparidad de opiniones musicales sobre su origen, dado que Mozart lo compuso, también con 22 años, para oboe y no para flauta como en un principio se creyó, dada la aversión a este instrumento.
  5. Adagio de la Sonata para piano número 12, en Fa mayor, KV 332, conocida como La Parisina número 4, por haberse escrito durante su estancia en París cuando tenía 22 años y en una etapa muy prolífica en su vida: https://youtu.be/Im_JIgP3fJg, interpretada por la excelente pianista Maria João Pires.
  6. Andante de la Sinfonía Concertante in Mi mayor, KV 364, compuesta en 1779 en Salzburgo, de vuelta de su viaje a París, con 23 años: https://youtu.be/5VsO9Ce-7_I, interpretada por el que considero el mejor violinista de los últimos treinta años: Itzhak Perlman, junto a Pinchas Zukerman, con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. Es maravilloso en este género Concertante, el diálogo que se establece entre los dos violines y la orquesta.
  7. Andante de la Sonata para 2 Pianos in Re mayor, KV 448, compuesta en Viena en 1781, con 25 años: https://youtu.be/ksUywh3vIgI interpretado por Martha Argerich y Alexandre Rabinovitch. En su estreno, Mozart la tocó junto a Josepha Auerhammer, el 23 de noviembre de 1781.
  8. Andante del Concierto para piano y orquesta, número 21, en Do mayor, KV 467: https://youtu.be/df-eLzao63I, interpretado por la pianista Alicia de Larrocha, junto a la Orquesta Inglesa de Cámara y dirigido por Sir Colin Davis. Esta obra la finalizó Mozart en Viena, el 9 de marzo de 1785, cuando tenía 29 años. Fue una obra exaltada por Albert Einstein en su riguroso estudio sobre Mozart.
  9. Adagio del Concierto para piano, número 23, KV 488: https://youtu.be/vne1E6VH23s, interpretado al piano por Mitsuko Uchida, bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt. Este concierto fue presentado por el autor en Viena, el 7 de abril de 1786, interpretado también por él en una Academia de Cuaresma de ese año, cuando tenía 30 años, con un éxito arrollador.
  10. Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

– Guía de audición completa del Concierto (sobre todo, atención al Adagio)

K.622 0:00 – Allegro 0:27 – Adagio 12:58 – Rondo (Allegro) 20:07

– Ver: https://joseantoniocobena.com/2019/06/15/memorias-de-mozart/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La vida no es como en las películas, es algo mucho más difícil

Salvatore (Marco Leonardi) y Elena (Agnese Nano), en Cinema Paradiso

Sevilla, 1/XII/2024

Tres años después, he entrado de nuevo en mi filmoteca particular, eligiendo para esta ocasión “Cinema Paradiso”, que siempre me conturba y conmueve, recordando hoy que cuando era muy niño me asomaba al balcón de mi casa en Sevilla y escuchaba voces y música del cercano Cine Ideal, mi Cinema Paradiso particular, imaginándome escenas imaginarias de un niño imaginario.

Por este motivo, vuelvo a publicar hoy las reflexiones que hice en 2021 sobre la quintaesencia de esta maravillosa película, entregándolas a la malla pensante de la humanidad, a la que Teilhard de Chardin llamaba la “Noosfera”. Lo hago como acto responsable para seguir defendiendo la existencia de la vida, porque es bella, así como el compromiso vital que como ciudadanos políticos, en su sentido primigenio, se nos pide a cada uno, cada una para hacerla más amable cada día, convencido de que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil, aunque a veces, como en “Cinema Paradiso”, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

La vida no es como en las películas, es mucho más difícil

Sevilla, 6/IX/2021

He visto de nuevo Cinema Paradiso, con un sentimiento de necesidad sobre la búsqueda de la terca realidad del amor en la vida de cada uno, viviendo muchas veces como personas ciegas al color de la vida, entendiendo que “la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil”, tal y como lo aprendí de Alfredo, un protagonista inolvidable de esta película grabada en mi filmoteca de secreto. Esa fue la razón del corazón para verla de nuevo, aunque la de la razón era también muy clara: escuchar atentamente los diálogos de la película, sus frases inolvidables que me permitieran entender bien su hilo conductor. Recordaba de visionados anteriores unas palabras de Alfredo, el proyeccionista que hablaba muchas veces a solas con Greta Garbo y Tyrone Power, “como un bobo”, en su querida cabina del Paradiso, dirigidas con profundo amor a Salvatore (Totó), su entrañable amigo: «Cada uno de nosotros debe seguir su estrella. Márchate. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien querías encontrar. Debes ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible. Ahora estás más ciego que yo (…) Márchate. Regresa a Roma. Eres joven, el mundo es tuyo. Yo ya soy viejo. No quiero oírte más ni quiero oír hablar de ti».

Su vida se vería alterada por el romance de juventud con Elena, la hija del banquero de Giancaldo (Sicilia). Salvatore seguía dando vueltas al enigma que un día, paseando su amistad con Alfredo, le planteó desde su ceguera:

– Te contaré una historia. Sólo para ti, Totó. Sentémonos un momento. Hubo una vez un rey que dio una fiesta. Las más hermosas princesas asistieron. Un soldado de la guardia real vio pasar a la hija de rey. Era la más bella de todas, e inmediatamente el soldado se enamoró. Pero, ¿qué era un simple soldado al lado de la hija de un rey? Un día el soldado se las arregló para verla y le dijo que ya no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impactada por la profundidad de sus sentimientos que le dijo: “Si puedes esperar por cien días y cien noches bajo mi balcón yo seré tuya”. Dicho esto, el soldado salió y esperó un día, dos… luego diez, veinte. Cada noche la princesa lo buscaba y allí estaba él, sin moverse. Siempre allí, lloviera o relampagueara. Los pájaros se le cagaban encima, las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía. Después de 90 noches, estaba tremendamente delgado, pálido. Al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos. Ya no podía contenerlas. No le quedaban ni fuerzas para dormir. Mientras, la princesa seguía observándole. Y, al llegar la noche noventa y nueve… el soldado se incorporó, cogió su silla, ¡y se largó de allí!…

– Totó: ¡No me digas! ¿Al final?

– Justo al final, Totó. No me preguntes qué significa, no lo sé. Si logras descifrarlo, me lo dices.

El microrrelato El mandarín y la cortesana, de Roland Barthes, que aparece en su obra Fragmentos de un discurso amoroso (2004), es una historia que recuerda las palabras de Alfredo pero en una síntesis perfecta: “Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. «Seré tuya», dijo ella, «cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana». Pero, en la nonagésimo novena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va”.

Creo que ambas reacciones aparentemente inexplicables las aborda José Saramago muy bien en su Cuento de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

He buscado siempre respuestas a los grandes interrogantes de la vida en mi persona de secreto y de todos, en mi atlas de islas desconocidas, que es -nada más y nada menos- que el álbum de las personas que no he conocido bien en la vida aunque hayan estado presuntamente muy cerca. También, las que por una razón u otra ocuparon mi corazón por diversos motivos: “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás”. Puertas que nos muestra Saramago a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda… Una gran mujer aislada hasta que desembarca en la isla de la persona que admira.

Vuelvo a escuchar frases de Alfredo y creo que descubro lo que significa salir de uno mismo para encontrar la vida y el amor que da sentido a cada día: “el progreso siempre llega tarde”, “elijo a mis amigos por su apariencia, a mis enemigos por su inteligencia. Eres demasiado inteligente para ser mi amigo”, “la vida no es como en las películas, es mucho más difícil”, “fuera de aquí, vuelve a Roma. Eres joven y el mundo es tuyo. Estoy viejo. No quiero seguir oyéndote hablar más. No vuelvas, no pienses en nosotros. No mires hacia atrás, no escribas, no cedas a la nostalgia, olvídanos. Pero si lo haces y regresas, no vengas a verme, no te dejaré entrar en mi casa, ¿lo entiendes?; tarde o temprano llega un momento en que estar callado y hablar es lo mismo; es mejor estar callado”. A Elena le da una clave existencial: “después del fuego del amor vienen cenizas, incluso el amor más grande con el tiempo se esfuma”; vuelve a dirigirse a Salvatore: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”.

Y me quedo con una frase final de Alfredo: “Ahora que he perdido la vista veo mejor”. Cerca de él, al oído, le explico cómo he entendido la parábola del soldado y la hija del rey o la del mandarín y la cortesana, y creo que le ha gustado. Yo también fui a Roma hace ya muchos años y volví a mi Giancaldo particular. Se lo comento también a Salvatore, cuando se seca las lágrimas al visionar la película con las escenas censuradas y que Alfredo había montado para él con tanto cariño. Mi película…, sigue guardada en mi caja de sueños con el convencimiento -a mi matusalénica edad- de que haga lo que haga tengo que amarlo por encima de todo, aunque sé que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil: una pertinaz espera.

NOTA: la música que encabeza estas palabras, es la melodía principal de la banda sonora original de la película “Cinema Paradiso”, compuesta por Ennio Morricone.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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