Impresiones de García Lorca sobre la Semana Santa en Granada

Federico García Lorca en la emisora Unión Radio en 1929 / PERIODICO

Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Federico García Lorca, en Semana Santa en Granada

Sevilla, 28/III/2024

Preparando los avíos en tierra para iniciar la singladura de hoy hacia islas desconocidas, he localizado un mapa literario que me ha recordado unas palabras en prosa de Federico García Lorca, entre la escasa obra en este género que nos legó. Se trata de unas “impresiones” sobre la Semana Santa en Granada (1), la ciudad que tanto amó y que tan mal lo trató. He vuelto a leerlas, descubriendo nuevas formas de comprender el alma secreta del poeta. Lo comparto en este Jueves Santo, porque necesito su compañía en este mundo al revés, turbulento y descreído, tan falto de horizontes próximos de grandeza democrática y ciudadana. Sobre todo, porque en plena Semana Santa, atento a las palabras del poeta, estoy lejos del “tumulto barroco de la universal Sevilla”.

El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra.

 A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.

A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.

O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.

El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y anti espectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile.

Estos últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad de la poesía de Calderón.

En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los «soldaos» romanos para ensayar. Los «soldaos» no eran cofradía, como los jacarandosos «armaos» de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: «porón…, ¡chas!», y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los «soldaos» romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: «Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias», dicho granadinísimo que han comentado ya varias generaciones.

Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con ta-ta-chín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía. Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.

El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.

La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión… ; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.

Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaycín llaman «los tíos turistas», para ésos no está abierta el alma de la ciudad.

NOTA: Estas impresiones, a modo de alocución, sobre “Semana Santa en Granada”, aunque figuran compiladas en ediciones de sus Obras Completas, junto a Impresiones y Viajes, publicada en 1918, no figura en ellas, porque son de fecha posterior, salvo error u omisión, concretamente del 5 de abril de 1936, en formato de alocución radiofónica, en Unión Radio. Asimismo, la imagen que encabeza este artículo se ha recuperado hoy de Lorca, de viva voz (elperiodico.com).

(1) García Lorca, Federico, Semana Santa en Granada, en Otras impresiones y paisajes. Obras completas, I (19ª edición), Madrid: Aguilar, p. 941-944, 1995. 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

UNICEF aborda los problemas de vivienda, pobreza y derechos de la infancia en nuestro país

UNICEF España, Yo también vivo aquí. Vivienda, pobreza y derechos de infancia

Sevilla, 13/III/2024

Una vez más, desgraciadamente, vuelvo a tratar a título de denuncia social, la realidad de la pobreza infantil en España y, por cercanía, en mi Comunidad, Andalucía, pero creo que es una obligación ética acercarme a esta situación lacerante, que me conmueve y conturba de forma directa, desde mi condición de ciudadano que hace ciudad (polis) y país, es decir, que hace política en su sentido más primigenio, con independencia de las obligaciones de Estado en este ámbito de responsabilidad pública, que son obvias, para buscar las mejores respuestas posibles a unos hechos irrefutables que afectan a un 28,9% de los niños y niñas de este país y, por proximidad física, de Andalucía. Así lo afirmaba, una vez más, en el análisis que publiqué el pasado 7 de diciembre de 2023, Hay que denunciar la pobreza infantil en España, como el rayo que no cesa, sobre un informe publicado en esas fechas, UNICEF, España: pobreza infantil en medio de la abundancia,  en el que resaltaba que España es el país de la UE con la tasa de pobreza infantil más alta, con un 27,8%.

Hoy, escribo de nuevo con alma estas palabras, sobre lo que amo, la felicidad digna de los niños y niñas de este territorio en el que vivo, porque aprendí de Miguel Hernández su capacidad de amar, salvando lo que haya que salvar: Este rayo ni cesa ni se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores. / Esta obstinada piedra de mí brota / y sobre mí dirige la insistencia / de sus lluviosos rayos destructores. En esta ocasión, sobre otro informe reciente de UNICEF España, Yo también vivo aquí. Vivienda, pobreza y derechos de infancia, del que recomiendo, como siempre, su lectura atenta con objeto de que se puedan emitir juicios bien informados en cuestiones tan sensibles para salvaguardar la dignidad humana infanto-juvenil de un país democrático. Quizás sea una frase de una madre de este país, en situación de pobreza extrema, la que mejor resume el hilo conductor del citado informe: “Mis hijos y yo nos abrigamos más en el piso que en la calle”. Sobran muchas palabras para interpretar esta situación que afecta ya a casi 800.000 hogares en España.

El resumen ejecutivo del informe, que comparto y transcribo por la declaración de las principales líneas de investigación, que se tratan a lo largo de sus páginas, resalta cuestiones que considero de transcendental relevancia: “La vivienda afecta de forma importante a los niveles de pobreza infantil, sin embargo, los niños y niñas están muy poco presentes en las normativas y políticas que facilitan el acceso a ese derecho. […] La tasa de pobreza infantil en España es del 28,9%, es decir 2,3 millones de niños y niñas. Pero, además, deduciendo de los ingresos los gastos de la vivienda, 780.000 niños, niñas y adolescentes más caerían en riesgo de pobreza, elevando la tasa hasta el 38,6% (2023). […] La sobrecarga en el gasto en vivienda en el hogar es mayor para los menores de 18 años que para el resto de los grupos de edad, cosa que solo ocurre en seis países de la UE, alcanzando el 11,5% (2022), lo que nos sitúa en la cuarta posición de los países de la UE (2022) en este indicador, detrás de Grecia, Luxemburgo y Bulgaria. Los hogares en situación de pobreza, además, tienen 15 veces más posibilidades de asumir una sobrecarga de costes de la vivienda que los que no están en pobreza. Las tasas más altas de retrasos en pagos relacionados con la vivienda se concentran en hogares con niños y niñas, con un especial impacto en los hogares monoparentales (con mujeres como responsables en su gran mayoría), que también son los que más dificultades sufren para poder mantener la vivienda a una temperatura adecuada. Los niños, niñas y adolescentes, como corroboran los datos, asumen cargas especialmente pesadas en relación con la vivienda, desde las dificultades de acceso por la situación de bajos ingresos, hasta los problemas para cubrir las necesidades específicas (menor tamaño, acceso a la educación y otros servicios en el entorno, estado precario de la vivienda). Incluso en indicadores como la carencia severa en vivienda, en el que España está en una posición media respecto al promedio europeo (afecta al 3,4% de la población), el indicador casi se duplica cuando se trata de menores de 18 años, hasta el 6,2% (2020); además, esta carencia se multiplica casi por cinco cuando se trata de los niños y niñas que viven en un hogar en riesgo de pobreza, respecto de los niños que no están en esta situación. Esta situación hace que la infancia sufra consecuencias por no poder ejercitar el derecho a una vivienda digna, tanto en su vida y la de sus familias, como en el ejercicio de otros derechos. La exclusión residencial (en términos de vivienda inadecuada e inseguridad en la tenencia) tiene efectos sobre la salud física y mental y la educación de niños y niñas, pero también en el acceso al ocio y actividades de tiempo libre y en las relaciones intrafamiliares o con iguales, aparte de los impactos que pueda tener en sus oportunidades futuras. Problemas de salud física relacionados con la exposición al frío o al calor excesivo, a humedades o a intoxicación por humo. Problemas de salud mental y bienestar relacionados con el hacinamiento o la incertidumbre en el futuro (por ejemplo, en casos de desahucio o de impacto de facturas) que elevan los niveles de estrés de los niños y los adultos complicando incluso el adecuado ejercicio de la crianza. Los niños, niñas y adolescentes en vivienda inadecuadas sufren también el impacto negativo en su educación. La falta de espacio, de intimidad, de posibilidad de concentrarse y de tener recursos básicos (material escolar, electricidad o una temperatura adecuada) dificultan el éxito educativo y favorecen el absentismo. A causa de las humedades o la falta de higiene los niños y niñas pueden verse señalados en el centro educativo por su olor o su aspecto. Estos impactos son mucho más notorios y graves cuando se producen en contextos y situaciones de alta vulnerabilidad (desahucios, chabolismo, asentamientos informales o jóvenes ex tutelados) como los que se ilustran en este informe, de la mano de organizaciones sociales con experiencia en el abordaje de la vulnerabilidad residencial. Junto con estos datos y este análisis de consecuencias se constata un panorama de escasa respuesta, hasta el momento, desde las políticas públicas de vivienda a las necesidades y derechos específicos de la infancia. Aunque los cambios normativos como la Ley por el derecho a la vivienda avanzan en el reconocimiento de la misma como derecho, o la Garantía Infantil Europea la considera como uno de los cinco ámbitos de actuación, en muchas de las políticas públicas relacionadas, como en los planes de vivienda, la infancia está invisibilizada o aparece como un mero anexo a la situación familiar (un “factor de vulnerabilidad”). Esa falta de mirada a los niños y niñas en el ámbito de la vivienda bien merece la reflexión y una apuesta por medidas que los incluyan como sujetos con derechos y necesidades específicas”.

Una vez expuestos los problemas en este ámbito de actuación nacional, se aborda finalmente la siguiente conclusión y su desarrollo pertinente: “La vivienda se constituye como una dimensión principal de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Un derecho en sí mismo y una precondición para el adecuado ejercicio de otros derechos”, junto a 9 propuestas que sintetizo a continuación:

  1. Impulsar, reforzar y dotar de recursos las medidas en el ámbito de vivienda del Plan Estatal para la Implementación de la Garantía Infantil Europea, para poder alcanzar las metas y objetivos propuestos.
  2. Asegurar que la ampliación del parque público permanente de vivienda en alquiler reúna las condiciones adecuadas para familias con niños y niñas.
  3. Mejorar los datos, la investigación y el conocimiento sobre dónde y cómo viven los niños, niñas y adolescentes.
  4. Desarrollar en medidas concretas el concepto de “especial atención” a “las familias, hogares y unidades de convivencia con menores a cargo”, que aparece en varios artículos de la Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda.
  5. Elaborar y adoptar herramientas de análisis del interés superior del niño en la normativa, las políticas, las estrategias de vivienda y el diseño de las ayudas, tanto a nivel nacional como autonómico y local.
  6. Desarrollar una Estrategia estatal de erradicación de asentamientos chabolistas y de infravivienda, con pleno respeto de las garantías legales y los derechos fundamentales de las personas residentes, asegurando una alternativa habitacional digna y un proceso de inclusión social.
  7. Garantizar activamente el acceso a un empadronamiento libre de obstáculos que permita el acceso pleno a los servicios de salud, educación y servicios sociales de los niños y las familias migrantes.
  8. Implementar y reforzar políticas que prevengan la situación de sinhogarismo en aquellos y aquellas jóvenes que provienen del sistema de protección de menores y que se ven abocados a acudir al sistema de atención a las personas sin hogar cuando cumplen la mayoría de edad.
  9. Ofrecer soluciones habitacionales seguras para la infancia beneficiaria de protección internacional, dando prioridad a las viviendas unifamiliares.

Para finalizar, deseo expresar una vez más que es muy importante conocer con datos científicos que 3.185.308 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía (INE, padrón continuo a 1 de enero de 2022), es decir, un 37,5% del total de población en esta Comunidad, está viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa, en un porcentaje del 11,9% del total, más de un millón de personas en Andalucía, arrojando cifras lo suficientemente elocuentes para confirmar que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos. Además, hay que resaltar y recordar en esta ocasión que la tasa de pobreza infantil en España es del 28,9%, es decir afecta a 2,3 millones de niños y niñas, de los cuales en Andalucía se aproxima a una cifra escandalosa, más de 800.000 niños y niñas en esta situación, en una proyección de uno de cada tres niños en este país en situación de pobreza. Pero, además, deduciendo de los ingresos los gastos de la vivienda, 780.000 niños, niñas y adolescentes más caerían en riesgo de pobreza, elevando la tasa hasta el 38,6% (2023). Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, ¿qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país?, un mundo magistralmente descrito por Eduardo Galeano, en mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: debemos compartir datos para poder emitir juicios bien informados, porque sólo ante un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se puede y se deben denunciar estas cifras que afectan a tantas personas, con un objetivo claro: que se aprueben leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación. Es la única vía para que se transforme la sociedad española, permitiendo que la igualdad, solidaridad y justicia social permita a todos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies, tantas veces citados en este cuaderno digital, que procuro no olvidarlos aunque a veces yo sea un pájaro herido por el principio de realidad de la pobreza severa y exclusión social que nos asola, con cifras -desde mi punto de vista- insoportables para atender como merece la dignidad humana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Quienes mienten la palabra, traicionan el alma humana

Eduardo Galeano

Sevilla, 21/II/2024

Sé que las palabras, a pesar de los esfuerzos encomiables de la Real Academia Española de la Lengua, al limpiarlas, fijarlas y darles esplendor, están atravesando momentos complicados, porque están sobrepasadas por las imágenes y los símbolos que se han atrincherado en las redes sociales y en los teléfonos móviles, reforzando a diario la expresión que conocemos bien: “una imagen (o un emoticono) vale más que mil palabras”. Personalmente, no creo que ocurra en todos los casos, porque pertenezco a una escuela vital que sigue defendiendo el poder de la palabra, al estar convencido de que lleva dentro el alma de cada uno, de cada una, como seña de identidad humana. No lo digo como una ocurrencia a título de salvavidas del momento, sino que sé que “en lengua guaraní, ñe’e significa «palabra» y también significa «alma». Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma”, tal y como lo conocí a través de Eduardo Galeano en una obra sugerente, Las palabras andantes (1), que recomiendo como manual de supervivencia en estos tiempos tan modernos, en los que se falta tanto a la palabra con alma, verdadera, en los que tanto se miente. Es un mal endémico, “un mundo sin alma, desalmado, que practica la superstición de las máquinas y la idolatría de las armas: un mundo al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”, en palabras suyas también.

Como casi todos los días, he entrado en mi clínica del alma, mi biblioteca, buscando desesperadamente este libro de Galeano, que publicó en 1993 como un conjunto de reflexiones personales -ventanas e historias las llamaba él-, que me recordó algo que aprendí cuando me acerqué hace ya muchos años a la filosofía presocrática y descubrí que los atenienses, que amaban las palabras quietas y andantes, corrían todos los días hacia el Areópago porque estaban “ávidos de las últimas noticias”, que “volaban” también, aunque su primer deseo, el de los emisores de aquellas palabras fugaces, fuera andar acompañando a la ciudadanía política, en su sentido primigenio, a los que a través de ellas conformaban con sus actos la Ciudad. Era un círculo saludable y perfecto.

En este contexto, comprendo mejor que nunca lo que significa “mentir la palabra” y las traiciones que vivimos cada día tan cerca y en este aquí y ahora. En la resaca de los sucedido en las recientes elecciones en Galicia y como demócrata convencido, con conciencia plena de lo que significa serlo y vivirlo a diario, he vuelto a abrumarme con  las mentiras escuchadas en las diferentes interpretaciones de los resultados oficiales ya publicados, la mayoría de las veces sin mezcla alguna de autocrítica en uno u otro sentido, no salvando a casi ninguna sigla, porque he comprobado que tanto por parte de la izquierda, como de la derecha y su más allá, son incapaces de hacerla en beneficio de todos. En esta situación, es cuando he recordado la conceptualización doble de los guaraníes para expresar al mismo tiempo palabra y alma. Galeano lo explica también en este sentido, cuando abre su ventana del libro que quería escribir con palabras andantes, con alma, que, personalmente, me sobrecogió cuando lo leí por primera vez: “Una mesa remendada, unas viejas letritas móviles de plomo o madera, una prensa que quizás Gutenberg usó: el taller de José Francisco Borges en el pueblo de Bezerros, en los adentros del nordeste del Brasil. El aire huele a tinta, huele a madera. Las planchas de madera, en altas pilas, esperan que Borges las talle, mientras los grabados frescos, recién despegados, se secan colgados de los alambres. Con su cara tallada en madera, Borges me mira sin decir palabra. En plena era de la televisión, Borges sigue siendo un artista de la antigua tradición del cordel. En minúsculos folletos, cuenta sucedidos y leyendas: él escribe los versos, talla los grabados, los imprime, los carga al hombro y los ofrece en los mercados, pueblo por pueblo, cantando en letanías las hazañas de gentes y fantasmas. Yo he venido a su taller para invitarlo a que trabajemos juntos. Le explico mi proyecto: imágenes de él, sus artes de grabado, y palabras mías. Él calla. Y yo hablo y hablo, explicando. Y él, nada. Y así sigue siendo, hasta que de pronto me doy cuenta: mis palabras no tienen música. Estoy soplando en flauta quebrada. Lo no nacido no se explica, no se entiende: se siente, se palpa cuando se mueve. Y entonces dejo de explicar; y le cuento. Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado. Le cuento los cuentos; y este libro nace”.

Al final, las auténticas palabras deben ser cuentos, porque las palabras no se explican, son auténticas cuando se mueven y van a todas partes, así como las noticias decimos que “vuelan”, aunque nosotros “volemos” menos para escucharlas a diferencia de los atenienses en el Areópago. Es lo que le ocurrió a Galeano en su encuentro con José Francisco Borges y así lo transmito: “Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado. Le cuento los cuentos; y este libro nace”. O lo que es lo mismo, hoy, en este artículo: las palabras que lo integran nacen llevando el alma dentro, porque cuentan lo escuchado contando palabras, voces, que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto. Lo que tengo claro es que al comunicarlas, no traiciono el alma humana, porque no miento, son verdaderas.

(1) Galeano, Eduardo, Las palabras andantes. Madrid: Siglo XXI, 2003.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Mienten, sin compasión alguna, porque saben que algo queda

Sevilla, 15/II/2024

Vivimos rodeados de falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en los medios de comunicación y en su más allá, las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada, caiga quien caiga y cueste lo que cueste a nivel personal. La verdad de lo que está pasando y viendo todos los días, se esconde, manipula y privatiza por doquier, por lo que el resultado está servido, convirtiéndose casi todo en públicas mentiras.

Decía Mark Twain, con cierto desdén, en La decadencia del arte de mentir que “Nadie podría vivir con alguien que dijera la verdad de forma habitual; por suerte, ninguno de nosotros ha tenido nunca que hacerlo», lo que no justifica la situación actual en la que estamos envueltos a diario ante tan poderosa señora, la mentira, junto a los profesionales que viven de ella, que incluso están en nómina por practicarla a diario sin mezcla de verdad alguna.

La retranca gallega me ha enseñado algo importante y a tener en cuenta en este momento delicado para salvaguardar la democracia decente, que haberla hayla: si alguna vez los profesionales de la mentira intentaran decir la verdad de lo que está ocurriendo, estoy seguro de que mentirían, fundamentalmente porque están incapacitados para llevar la ética profesional hasta las últimas consecuencias.

Por desgracia, el modelo de comunicación social que abunda en nuestro país, a través de los altavoces de los medios financiados por el capital y su más allá, es el de la mentira descarada o camuflada en relación con casi todo lo que se mueve, salvando a miles de personas que hacen todos los días su trabajo con una dignidad encomiable. También es verdad que determinados representantes políticos de nuestro país dejan mucho que desear a la hora de analizar la verdad en su quehacer diario. En estos momentos, aplicando de forma tozuda el principio de realidad que asola nuestras vidas, soy consciente de que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas y presentes, enmarcadas en mentiras que parecen, en el mejor de los casos, verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dijeran la verdad algunos políticos, algunos medios de comunicación y sus comunicadores, no todos, mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era.

En este contexto, recuerdo de nuevo un libro aleccionador, El Ministerio de la Verdad: Una biografía del 1984 de George Orwell, de Dorian Lynskey, porque pone bastantes cosas en su sitio en el momento actual, a pesar de su distopía intrínseca. Su sinopsis oficial no deja lugar a duda alguna: “La fascinante obra 1984, de George Orwell, se ha convertido en un relato definitorio del mundo moderno. Su influencia cultural puede observarse en algunas de las creaciones más notables de los últimos setenta años, desde El cuento de la criada de Margaret Atwood hasta el hito televisivo Gran Hermano, mientras que ideas como «Policía del Pensamiento», «doblepensamiento» y «nuevalengua» están arraigadas en nuestro discurso. El Ministerio de la Verdad traza la vida de uno de los libros más influyentes del siglo XX y una obra que es cada vez más relevante en esta tumultuosa era de «noticias falsas» y «hechos alternativos». Dorian Lynskey investiga las influencias que confluyeron en la escritura de 1984, desde las experiencias de Orwell en la guerra civil española y en el Londres de la guerra hasta su fascinación por la ficción utópica y distópica. Lynskey explora el fenómeno en que se convirtió la novela cuando se publicó por primera vez, en 1949, y las formas cambiantes en que se ha leído desde entonces, revelando cómo la historia puede orientar a la ficción y cómo la ficción a su vez puede influir en la historia”.

El ocaso de la democracia tiene una misión muy próxima a la creación de un Ministerio de la Verdad, en términos orwellianos. La derecha cerril y la ultraderecha crean, poco a poco y a modo de gota malaya, un “nuevo lenguaje”, equívoco casi siempre, para defender su supuesta Verdad con mayúscula, manipulando todo lo que toca, convirtiendo todo en el contrario que haga falta, sin escrúpulo alguno y utilizando la maquinaria orwelliana de la única verdad posible. Creo que se puede llegar a entender así ya que los tres lemas del Ministerio de la Verdad de Orwell, (el lema del Ingsoc, acrónimo del “socialismo inglés” en la novela de Orwell), es decir, «La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza», se puede trasladar a cualquier partido totalitarista de corte de derechas y su más allá, como hemos podido visualizar y escuchar estos días atrás en el Congreso de los Diputados y en el Senado de nuestro país. Triste experiencia que va más allá de una distopía con visos de realidad, porque también frecuentan un lema que me horroriza: “Quien controla el pasado controla el futuro”, es decir, no conviene en este país que se respete la memoria democrática, porque los guardianes de la Verdad son ellos, a través de su propia policía del pensamiento político. Si hay que cambiar la verdad de la Historia se cambia, porque para eso está detrás la maquinaria del partido ultraderechista. El totalitarismo social y político está cerca y estamos avisados.

Visto lo visto estos días pasados en el devenir político de este país, entro de nuevo en mi Clínica del Alma, mi biblioteca, para leer a  Marco Fabio Quintiliano, abogado y profesor de retórica, nacido en Calahorra en el siglo I d. C., porque es rotundo en su Instituciones oratorias (1): “Por lo común, el discurso manifiesta las costumbres y descubre los secretos del corazón, y no sin razón dejaron escrito los griegos que cada uno habla en público según la vida que tiene” (XI, 1), es decir, el orador será honrado si es creído o creíble, como manifiesta también en el mismo libro, en el capítulo IV, 2: “Nunca habla mejor el orador que cuando parece hablar con verdad”. Lo que de verdad me llama la atención en Quintiliano es la contundencia a la hora de unir oratoria con ética, tal y como lo demuestra de forma reiterada en su libro: “No separo el oficio de orador de la bondad moral” (II, 18),  “Porque no solamente digo que el que ha de ser orador es necesario que sea hombre de bien, sino que no lo puede ser sino el que lo sea. Porque en la realidad no se les ha de tener por hombres de razón a aquellos que habiéndose propuesto el camino de la virtud y el de la maldad, quieren más bien seguir el peor; ni por prudentes a aquellos que no previendo el éxito de las cosas, se exponen ellos mismos a las muy terribles penas que llevan consigo las leyes y que son inseparables de la mala conciencia. Y si no solamente los sabios, sino que también la gente vulgar ha creído siempre que ningún hombre malo hay que al mismo tiempo no sea necio, cosa clara es que ningún necio podrá jamás llegar a ser orador” (XII, 1).

El que quiera entender que entienda, pero necesitamos buena oratoria de hombres buenos y mujeres buenas en política, para acabar con los escándalos y sonrojos parlamentarios. Lo que puedo asegurar es que hay que blindar la Verdad en el Congreso de los Diputados y en el Senado para responder de la mejor forma posible y no desde un Ministerio de la Verdad no inocente, de la derecha cerril y ultraderecha, a la pregunta que deja entrever lo sucedido: ¿No será que no hablan bien algunos padres y algunas madres de nuestra patria, que mienten más que hablan, porque no son buenas personas? En Quintiliano se puede encontrar alguna solución a esta realidad que nos asola.

(1) López Navia, Santiago A. (ed.), El arte de hablar bien y convencer. Platón, Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, 1997. Madrid: Ediciones Temas de Hoy. Sobre la obra de Quintiliano, he utilizado la citada por el autor en su libro, Quintiliano, Instituciones oratorias, en la traducción de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier, editada en Madrid en 1916 por la Librería de Perlado y Páez, sucesores de Hernando, a la que se puede acceder online en la Biblioteca Virtual de la Universidad de Sevilla, en la siguiente dirección: Instituciones oratorias – Universidad de Sevilla (us.es), con alguna corrección sintáctica para facilitar la comprensión del texto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

13 y martes, ni te cases ni te embarques

Sevilla, martes y 13 de febrero de 2024

A pesar del pronóstico histórico de los agoreros mayores de nuestro Reino actual, he decidido hacer hoy, ante la pantalla digital en blanco, una singladura corta por islas conocidas de este cuaderno digital, encontrándome en esta bitácora tan especial un mapa muy importante para comprender bien este día de infortunio, con un título muy atractivo, En martes y 13, ni te cases ni te embarques, que conservo tal cual, en su día y año de autos, 13 de diciembre de 2022, martes por supuesto.

He vuelto a leerlo como si fuera hoy lo que escribí ayer y he decidido compartirlo con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad, tal como la definieron en el siglo pasado Teilhard de Chardin y Tom Wolfe, cada uno con su cadaunada existencial. Espero que a todos nos sirva hoy para seguir navegando por los mares procelosos del miedo a la libertad.

Dicen algunos miembros de lo que llamo el ‘Club de los tristes, tibios y mediocres’, que hoy, martes y 13, era lo que nos faltaba, en una superstición reflejada en una paremia (refrán, proverbio, adagio o sentencia), con una larga historia, que es constatable en muchos lugares del mundo, es decir, que no ha sido una “tontería humana más”, como algunos la tildan, sino que en compañías aéreas como Iberia, entre otras internacionales, pude constatar muchas veces que suprimía esa fila 13 en su flota de aviones, justificándolo como muestra de respeto hacia pasajeros que sufren una fobia con un nombre bastante raro: triscaidecafobia, definida como “miedo irracional al número 13”, en todas sus manifestaciones posibles.

El Centro Virtual Cervantes, que cuida con esmero nuestro idioma, dedica unas palabras al enunciado básico de este refránEn martes, ni te cases ni te embarques, explicándolo con las siguientes observaciones: “Se recomienda no hacer nada arriesgado el martes, por considerarse un día aciago, de mala suerte”, este refrán como tal se usa con alta frecuencia, la fuente es oral y de transmisión boca a boca, aunque tiene un especial interés por sus observaciones: “Como el martes estaba consagrado a Marte, el dios de la guerra en la mitología latina, se consideraba día de mal agüero para emprender algo importante. A esa superstición aluden también los refranes En todas partes tiene cada semana su martes y Para un hombre desgraciado, todos los días son martes. En otras culturas, como la egipcia o la turca, era considerado asimismo día aciago. Algunos historiadores españoles relacionaban esta superstición con el hecho de que en martes se produjeron algunas importantes derrotas de los moros a las tropas cristianas. En otros países, el día aciago es el viernes. Este refrán es uno de los pocos refranes supersticiosos que se dicen en la actualidad”. Igualmente, en el enunciado desarrollado, en tal día como hoy, En martes y trece, ni te cases ni te embarqueslas variantes que publica son muy curiosas: En martes, ni tu tela urdas ni tu hija cases (Correas1627 1816); En martes, ni te cases ni te embarques, ni de los tuyos te apartes (Cuba, Panamá) (1001 nº 431); En martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes (Colombia, México, Puerto Rico, Rep. Dominicana) (1001 nº 431) y En martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu mujer te apartes (Argentina) (1001 nº 431). Merecería la pena conocer los contextos históricos en los que se enraízan estas variantes y una oportunidad comienza con la consulta de los hiperenlaces descritos.

Para completar este día aciago para muchos, no para mí precisamente, traigo a colación una reflexión ya publicada en este cuaderno digital, en torno a este refrán básico y sin variantes. En una sola frase, ¡Cuénteme la verdad!, está encerrado un bello relato de la escritora Diane Setterfield, El cuento número trece, que nace en las primeras páginas de la novela cuando la afamada escritora inglesa Vida Winter escribe una carta a Margaret Lea, persona muy vinculada a una librería de su padre que ha trasteado desde que era pequeña, biógrafa de “perdedores” no de personajes de gran relumbrón y “cuidadora” de libros, pidiéndole que vaya a su casa para hacer algo que siempre está dando vueltas en su cabeza desde que un avispado periodista del Banbury Herald le solicitó en una entrevista que le contara la verdad: “Señorita Winter, cuénteme la verdad”. Ella tenía su propio criterio sobre la verdad con mayúscula y minúscula y así lo manifiesta en la carta citada: “Mi queja no va dirigida a los amantes de la verdad, sino a la Verdad misma. ¿Qué auxilio, qué consuelo brinda la Verdad en comparación con un relato? ¿Qué tiene de bueno la Verdad a medianoche, en la oscuridad, cuando el viento ruge como un oso en la chimenea? ¿Cuándo los relámpagos proyectan sombras en la pared del dormitorio y la lluvia repiquetea en los cristales con sus largas uñas? Nada. Cuando el miedo y el frío hacen de ti una estatua en tu propia cama, no ansíes que la Verdad pura y dura acuda en tu auxilio. Lo que necesitas es el mullido consuelo de un relato, la protección balsámica, adormecedora, de una mentira”.

La carta finaliza comunicando a Margaret Lea que ha llegado ese ansiado momento de contar la verdad, citándola para ese primer encuentro un lunes, en un lugar determinado y a una hora concreta. Lo que viene después hay que trabajarlo con la mente, los sentimientos y las emociones, hasta llegar a descubrir cuál es el cuento número trece, camino que no voy a desvelar hoy por razones obvias. ¿Por qué esta referencia de esta novela en un día como hoy? Fundamentalmente, porque es una fecha y un día de calendario que tiene mala fama, que casi todo el mundo conoce, sobre todo las personas que fijan bodas y cruceros, por ejemplo, por el evidente riesgo popular que corren. Conocer la verdad de por qué esta mala fama, es una búsqueda de la verdad con minúscula que tiene múltiples interpretaciones aunque las más arraigadas culturalmente son las vinculadas con el valor simbólico de los números, donde el doce ocupa un lugar estelar y porque el uno y el tres, cada uno por separado, han jugado un papel muy importante en la historia de la humanidad. La elección de esta novela, de nuevo, es un guiño al poder de la literatura para convertir algo aparentemente inútil en una muestra de nueva interpretación de la vida, de sus secretos más allá de los números queridos u odiados por sí mismos.

El secreto de la distinción entre la verdad y la mentira del número trece lo refleja muy bien Vida Winter en la primera página de la novela, como cita premonitoria y a modo de dedicatoria, que aparece como referencia de sus cuentos famosos: “Todos los niños mitifican su nacimiento. Es un rasgo universal. ¿Quieres conocer a alguien? ¿Su corazón, su mente, su alma? Pídele que te hable de cuando nació. Lo que te cuente no será la verdad: será una historia. Y nada es tan revelador como una historia” (Cuentos de cambio y desesperación). 

Hoy, cuando nos hemos despertado, este cuento sobre el día trece y martes de este tiempo tan complejo sigue con nosotros, esperando su lectura y la mejor interpretación posible de la Verdad. Probablemente, podría ser tu historia, la mía o la nuestra jamás contadas, llenas de verdad, revelación y misterio en un día de calendario normal, según se mire. Eso sí, sin superstición alguna.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Josep Renau y su visión no inocente de la sociedad de consumo

Sevilla, 12/II/2024

He visitado hoy la exposición Visiones expandidas, una isla desconocida para mí, aunque con el hilo conductor del maravilloso mundo que ofrece siempre el hecho de poder fotografiar la vida, actividad cultural no inocente a la que he dedicado bastantes páginas en este cuaderno digital.

En su página web oficial, se presenta la exposición como “una lectura cronológica lineal de la historia de la fotografía experimental desde finales del siglo xx hasta la actualidad. […] A principios del siglo xx, dadaístas, surrealistas y constructivistas exploraron los límites del lenguaje fotográfico como un medio para plasmar el espíritu de los tiempos modernos. Imágenes abstractas, fotomontajes o fotogramas obtenidos sin intervención de la cámara permitieron expresar las inquietudes formales, sociales y políticas del momento. Desde la segunda mitad del siglo xx, la experimentación fotográfica sigue desdibujando los límites entre pintura, escultura, cine y performance. Un recorrido desde los inicios de la experimentación fotográfica a partir de obras de la colección del Musée National d’Art Moderne – Centre d’Art Georges Pompidou, estructuradas en seis secciones temáticas: Luces, Movimiento, Alteraciones, Recrear mundos, La visión a prueba y Anatomías”.

Josep Renau, Sociedad de consumo, 1972

La experiencia ha sido extraordinaria y he podido constatar el recorrido histórico de las técnicas fotográficas y las ideologías que siempre han llevado dentro, eligiendo para esta isla desconocida y descubierta hoy, una obra de Josep Renau (1907-1982), fotomontador, muralista y cartelista valenciano, con un título muy significativo, Sociedad de consumo (1), que se explica por sí mismo. Creo que se entiende muy bien su mensaje, cuando se lee, con el detalle que se merece, la biografía del autor, a quien tengo que reconocer que no conocía hasta el encuentro de hoy, que traigo al puerto seguro de una singladura especial, ideológica sin duda alguna, no inocente, como homenaje a la memoria democrática de este país.

Efectivamente y como ocurre con las ideologías, las fotografías nunca son inocentes, porque siempre hay un ojo humano detrás que ordena. Me pasó cuando supe del fallecimiento del fotógrafo francés Marc Riboud en 2016, que muchas personas recordarán por su famosa fotografía de la chica con la flor, por cierto, no inocente. He conocido el hilo conductor de su profesión, por una frase de un especialista en los cuidados del ojo, del siglo XIII, Pietro Spanno, que llegó a ser Papa bajo el nombre de Juan XXI: “El ojo es un miembro noble, redondo y radiante. Ver es el paraíso del alma”. Ese es el secreto y la magia del ojo humano cuando ordena el clic que fija momentos especiales de la vida para la posteridad. Igual que cuando se fotografía el dolor o la muerte, muchas veces con alto riesgo personal de profesionales excelentes, comprometidos, facilitando imágenes recientes, por ejemplo de las guerras de Ucrania y Gaza, entre otras, que desgraciadamente ya son habituales para el procesamiento de nuestra retina y que tanto nos hacen pensar, cumpliendo su función.

(1) Sociedad de consumo, 1972. Fotomontaje original de fotografías a las sales de plata sobre papel, coloreadas a mano, recortadas y pegadas sobre cartón. Fundación Josep Renau – IVAM.

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UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Tenemos miedo a quedarnos fuera (de casi todo)

Sevilla, 5/II/2024

Si somos sensibles a la soledad humana y al dolor que nos ocasiona el acoso social diario por tierra, mar y aire, descubrimos el miedo a quedarnos fuera de casi todo, aunque el capitalismo feroz sigue explotando el filón inagotable filón del consumo insaciable de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. El acrónimo para definir esta situación ha llegado para quedarse e instalarse en nuestras vidas, FOMO, «fear of missing out«, es decir, el “miedo a perderse algo», un síndrome que deja al descubierto el apetito insaciable de llegar siempre a tiempo de “aquello” que deseamos o nos inducen a desearlo, cualquier cosa, porque sabemos que si no somos rápidos, según marcan los tiempos del mercado y sus mercancías, para reservarlo o adquirirlo antes de que se agote, no podremos disfrutarlo, llevándonos de la mano y de la mente a una frustración desmedida, de consecuencias a veces desconocidas por su alcance como conflicto psicológico no fácil de resolver.

Manuel Rivas lo explica muy bien, con su habitual maestría, en una conferencia que ya he recogido en este cuaderno digital, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra), que figura en su libro Lo que queda fuera, que recomiendo para una lectura atenta de su fondo y forma: “Mi último libro, un poemario, se titula O que fica fóra (‘Lo que queda fuera’). De alguna forma, es una respuesta al síndrome más extendido de nuestro tiempo, dominado por el Tecnopoder y la superstición del «solucionismo tecnológico». Ese síndrome es conocido por las siglas FOMO, es decir, Fear of Missing Out. El miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última. En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”.

Salvando lo que haya que salvar, he escrito sobre una versión de este miedo a quedarnos fuera, referido al mundo digital, concretamente sobre el síndrome de la última versión, como rasgo patológico que preocupa cada día más a la sociedad científica. No está catalogado como tal, todavía, en la Clasificación Internacional de Enfermedades, pero estaría muy cerca de un cuadro patológico de frustración que podríamos definirlo como un “sentimiento displacentero de incompletud que surge como consecuencia de un conflicto psicológico no resuelto”, en relación con la no posesión de la última tecnología de la información y comunicación, el último gadget tecnológico en sus múltiples manifestaciones, la última recomendación de las redes, de los y las influencers.

Lo más grave del fenómeno expuesto es que la versión de la inteligencia humana no sé tampoco por cual versión va. La del alma, ni lo cuento. La del corazón, creo que ya va por una versión inalcanzable. Y mientras la compulsión del Mercado nos lleva a lo último de lo último que indican los gurús de la mercadotecnia, porque lo que ya tenemos está anticuado y me deja fuera de la modernidad, del teórico progreso en el que debo vivir, me encuentro que la ultimísima versión de casi todo ya está agotada, que no hay entradas para cualquier espectáculo del mundo y que no quedan ya productos de la recomendación última del mercado. Y la frustración es enorme, porque “el sentimiento displacentero de incompletud” de las personas que se frustran, porque se quedan fuera permanentemente de lo que el Mercado llama “mundo actual y moderno”, es decir, que no tienen la última versión de todo lo que está quieto o se mueve a nuestro alrededor, las lleva a vivir una realidad que, desgraciadamente, tampoco será la última posible.

Para intentar comprender lo que significa quedarnos fuera de ese mundo de engaño, me quedo con la reflexión de Manuel Rivas, cuando al hablar del FOMO, del “miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última”, nos ofrece una solución responsable: “En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”. En esa tarea estoy, a veces confundido, porque creo que para abordarla me he equivocado de siglo, a pesar de que cada día que pasa frecuento el futuro, convencido de que el mundo sólo tiene interés hacia adelante.

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UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Los más capacitados

Sevilla, 16/I/2024

El Pleno del Congreso de los Diputados, en sesión extraordinaria que se celebra hoy en el Senado, acaba de debatir y aprobar por mayoría, excepto con la abstención de VOX, la tramitación directa y en lectura única de la Proposición de Reforma del artículo 49 de la Constitución, promovida por los grupos parlamentarios Popular y Socialista, y que tiene por objeto la «actualización en lenguaje y contenido», del artículo dedicado a los derechos y a la protección de las personas con discapacidad, tal y como se explica en la exposición de motivos. Con esta reforma se eliminarán de la Constitución los conceptos de «disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos», según la comunicación oficial del Congreso. De esta forma, “el jueves próximo debatirá el Pleno, en una única sesión, el texto y las enmiendas presentadas en su caso. Para su aprobación, y de acuerdo con el artículo 167 de la Constitución, deberá ser aprobado por una mayoría de tres quintos de los diputados. Alcanzada dicha mayoría, la iniciativa se remite al Senado para continuar su tramitación parlamentaria y donde también se exige la misma mayoría”.

La nueva redacción propuesta establece en su punto primero que «las personas con discapacidad ejercen los derechos previstos» en el Título I «en condiciones de libertad e igualdad reales y efectivas». También fija que «se regulará por ley la protección especial que sea necesaria para dicho ejercicio». Asimismo, el punto segundo define que «los poderes públicos impulsarán las políticas que garanticen la plena autonomía personal y la inclusión social de las personas con discapacidad, en entornos universalmente accesibles. Igualmente, fomentarán la participación de sus organizaciones, en los términos que la ley establezca. Se atenderán particularmente las necesidades específicas de las mujeres y los menores con discapacidad».

De acuerdo con la nota de prensa oficial, “La reforma planteada dice en su exposición de motivos que la Constitución «consagra la dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad como claves de bóveda de nuestro Estado social y democrático de Derecho» y que «una de las plasmaciones concretas de esta configuración es su artículo 49, dedicado específicamente a la protección de las personas con discapacidad», un precepto que «situó en su día a España en la vanguardia de la protección de este colectivo». Además, en la iniciativa se explica que en los últimos años, «la protección de las personas con discapacidad se ha visto impulsada por el Derecho Internacional», cuyo eje es la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad; que tanto la legislación estatal como autonómica se ha adaptado a dicha normativa internacional y que, paralelamente, «la sociedad civil articulada en torno a las personas con discapacidad ha venido planteando a los poderes públicos la necesidad de acomodar¿ el artículo ¿a la realidad social y a la normativa internacional». Por todo ello, concluye la exposición de motivos, «resulta necesario proceder a la reforma del artículo 49 de la Constitución, de manera que este precepto vuelva a ser referencia para la protección y promoción de los derechos de las personas con discapacidad en España».

En este contexto, publico de nuevo un artículo mío de opinión que apareció el 20 de agosto de 1977, Los más válidos, en la página de opinión en El Correo de Andalucía, un periódico muy valorado durante la Transición por su compromiso social activo en favor de la democracia naciente, porque cuarenta y seis años después creo que mantiene su fondo y forma en relación con el cambio propuesto respecto de las personas discapacitadas, donde sólo he cambiado la referencia a “hombres” que aparecía en el original, por “personas”, dado que aquella denominación genérica del ser humano era propia de la época.

Los más válidos

No es sólo problema de palabras … Fondo y forma se unen para cantar la validez de la vida, del mundo, de las personas. ¿Qué personas? Hoy hacemos presente a personas nuevas, más-válidas, sin problemas de rampas y ascensores, tómbolas y cupones, beneficencias y privilegios. ¿Por qué? Sencillamente porque queremos romper barreras múltiples y ofrecer un mundo nuevo, rico en humanidad, a todos aquéllos que hemos llamado siempre «disminuídos».

Pensemos, por ejemplo, en una mente que desde fuera es juzgada con términos críticos, pero que interiormente brinda un mundo feliz, desconocido, digno de respeto, más capacitada que muchas mentes «lúcidas» que elucubran a diario sobre el sentido de la vida. Quizá sean unos brazos inmóviles, pero en actitud permanente de abrazar con alegría cualquier iniciativa para vivir. Quizá sean unas piernas quietas, firmes, pero listas para abrirse camino en su realización personal. Mente, brazos y piernas, gritan justicia y no privilegios, igualdad de oportunidades y no favoritismos humillantes. En el fondo es porque hay un cerebro y un corazón que manifiestan tener conciencia de ser «más capaces» que muchos de los que de una forma u otra nacemos diariamente a la existencia consciente con todo nuestro ser «a punto».

La validez de un acto o de una persona no se puede medir por un patrón oficial. La axiología brinda un campo amplísimo de investigación y reflexión sobre los valores del hombre, mundo y trascendencia, pero la persona no puede ser reducida a un robot de actitudes conforme a los moldes que pide una determinada sociedad. Desde la más recalcitrante teoría geneticista, hasta la ambientalista más audaz, se nos ofrecen un sinfín de posibilidades para establecer causas y nomenclaturas sobre comportamientos humanos, sufriendo la tipología armónica de los seres vivos, las consecuencias de lo humanamente incomprensible a nivel bio-psico-sociológico. Surge así, entre otras, la imagen del “disminuido” clásico. Esta expresión define a una persona por determinados problemas físico-psíquicos que aparecen en su vida, pero no suele descifrar su mundo interior. Entre otras cosas, porque ese mundo, afortunadamente, sigue siendo patrimonio personal e intransferible. Este mundo «debajo de la piel», muestra paradójicamente la validez de un ser humano como los demás, de su mundo interior, de su persona de secreto, que ante las cortapisas y dificultades del mundo, crece, corre, piensa y abraza…, porque en lo más profundo de su ser piensa que es más capaz que los demás, al menos, igual que el otro. Quizá sea esta conciencia de igualdad la que un día venza la guerra de los términos y de las apreciaciones subjetivas. En el fondo, habrá sido un triunfo sobre el orgullo de la persona “sana y completa”.

El Correo de Andalucía, 20/VIII/1977

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/06/140602_opinion_discapacitados_felices_men

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UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

La noche de Reyes de un niño especial, Miguel Hernández, pastor de sueños

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Miguel Hernández, Las abarcas desiertas

Sevilla, 5 de enero de 2024

A tan solo una horas de la llegada de los reyes magos, en su celebración anual, quiero ofrecer a Miguel Hernández un pequeño homenaje de desagravio por la supresión por parte del concejal de Cultura del Ayuntamiento de Orihuela, perteneciente a VOX, de la subvención anual destinada a la concesión del premio de poesía Miguel Hernández, que debería figurar en los Presupuestos del Ayuntamiento para 2024, como un acto más de ataque frontal a la cultura y su proyección de formación democrática, en este caso inspirada en la figura del poeta.

En años anteriores, he escrito en este cuaderno digital reflexiones sobre la noche de Reyes del niño que siempre llevó dentro Miguel Hernández, ante sus abarcas desiertas. Hoy vuelvo a recordarlo de nuevo por su mensaje impecable para una noche tan especial y para imaginar, al igual que lo expresó él, el pastor de sueños, que el mundo podría ser cada día una juguetería para niños y niñas libres, que tuviera en sus estanterías “juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor”Sus “abarcas desiertas” no las olvido.

La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era «recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor» (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que «Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería».

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI y los que se hacen pasar por ellos, no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Además, suelen ir desnudos, como el protagonista del cuento de Andersen. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

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2023 se acabó y ahora ya, el mundo debería ser otro

RTVE – Resumen 2023

Sevilla, 3/I/2024

Inicio la primera singladura de 2024, tomando la bocana del puerto virtual donde sitúo siempre mi carabela imaginaria, abriendo este cuaderno digital por la primera página en blanco disponible, procurando como siempre decir algo especial, por respeto a Ítalo Calvino, que me enseñó como encarar este momento mágico.

Lo hago hoy con la ayuda inestimable de Carlos del Amor, un profesional del periodismo aferrado a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, a través de un clásico anual, el Resumen de 2023, presentado en el informativo de Telediario2 de la Radio Televisión pública, el pasado 31 de diciembre, en esta ocasión con la intervención de la actriz Lola Herrera, encarnando la realidad narrada de este año que ya se fue.

Todo comienza en la casa de una Señora, de nombre 2023, que vive en la Calle del Futuro, 52, que espera a una empresa de mudanzas, Porvenir, concretamente, para que la ayuden a llevarse los libros que ha escrito sobre el año que acaba, a un lugar donde se “almacena nuestra memoria”, “rareza” de una mujer “rara” que percibe el conductor que los transportará al lugar elegido. Este sitio imaginario es la biblioteca del Instituto de Patrimonio Cultural Español.

El lugar elegido por la Señora 2023 era la biblioteca de los años pasados, de los días vividos A partir de ese reencuentro con sus páginas escritas, comienza la protagonista del año, Lola Herrera, a poner voz, sentimiento y emociones, a todo lo que ha sucedido a lo largo del año, de la forma que ella lo sabe hacer, comenzando por el protagonismo desde el primer día de la guerra de Ucrania y su presidente, que ha continuado con la de Gaza, casi ensombreciendo la anterior: “desde el 7 de octubre que se desató el horror han muerto miles de personas, la mayoría mujeres y niños. Se entró en una espiral de violencia que encoge el corazón de todos. Bueno, de todos no y esa violencia, esa guerra, ha arrinconado a otra guerra y de repente unos hemos olvidado todo lo que escribió 2022”. Una referencia a Zelensky fue muy significativa: “Era el personaje del año pasado y ahora no aparece en los titulares».

Continúa la Señora 2023 abordando problemas reales de “un mundo que se derrumba”, contemplando la dura realidad de la migración y de los miles de personas que mueren en las travesías para llegar a ser, tan sólo, un número y sin nombre en el cementerio, no alcanzando por tanto un futuro mejor, por tanto silencio y desacuerdos cómplices.

Nos explica en el Resumen que el año político ha sido “denso, indescifrable, incomprensible e incluso irritante”, que ha llevado a la elección de Presidente en el Congreso, “con amnistía y sobre todo con reproches y mucho lío, con disturbios en las calles, con canciones y gritos llegados de un pasado que mira que hay gente empeñada en revivir, con lo bonita que es la palabra “nostalgia” y lo mal que suena, sin embargo, “nostálgicos”. Todo empezó, si quieren hacer memoria conmigo, en unas elecciones autonómicas y municipales, de las que derivó la convocatoria para unas elecciones generales”, sin olvidar la referencia al independentismo.

A partir de esta enumeración de acontecimientos remarcables de 2023, continúa la descripción de lo sucedido con la economía, con mayúscula y minúscula, “la micro, la del pan nuestro de cada día”, el simbolismo de lo sucedido por la obtención del campeonato mundial del fútbol femenino, “en el que se ganó el mundial de la dignidad”, destacando algo muy importante en relación con la violencia de género, porque “en este asunto, hay dos sitios: situarse al lado de las mujeres o de espaldas a ellas. No hay matices”. O algo obvio: «El mundo será igualitario o no será»,

Hasta aquí llego en la transcripción descriptiva de una parte importante del Resumen de la Señora 2023. Ha sido una magnífica idea televisiva llevada a cabo por la calidad del guion y dirección de Carlos del Amor, que ha conseguido una vez más atraer desde la televisión pública a cientos de miles de personas deseosas de conocer el mejor y más digno resumen de lo acaecido en 2023. Lo expresó muy bien la narradora, cuando destacó una frase de Luis Mateo Díez, premio Cervantes 2023, uno de los personajes fallecidos en este año: “La vida es incómoda pero merece la pena; hagamos que la vida merezca la pena de verdad, el corazón latiendo es lo que cuenta, aunque hay muchos que parecen no tenerlo. A esos solo puedo decirles: se acabó».

Y la despedida del año y como mensaje de entrada ética en el nuevo año, fue algo muy emotivo, al desgranar la letra de una canción de otra gran persona ausente entre varias citadas, María Jiménez, al decir alto y claro que el año “se acabó” en una interpretación magistral de Amaral, acompañada por la Orquesta y Coro de RTVE, enlazada con unas estrofas de “Revolución”, una composición del dúo zaragozano para revindicar los derechos de las mujeres.

Con anterioridad, Lola Herrera, encarnando con voz entrecortada a 2023, había pronunciado unas palabras a modo de despedida: “el corazón latiendo es lo que cuenta, aunque hay muchos que parece no tenerlo, a esos sólo les puedo decir que se acabó un año más de tantos que yo no conoceré…”.

[…]

Se acabó
Porque yo me lo propuse y sufrí
Como nadie había sufrido y mi piel
Se quedó vacía y sola
Desahuciada en el olvido y después

De luchar contra la muerte, empecé
A recuperarme un poco y olvidé
Todo lo que te quería y ahora ya
Y ahora ya, mi mundo es otro

[…]


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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