Agosto, en los inviernos chilenos de Pablo Neruda

Pablo Neruda

Sevilla, 4/VIII/2023

En un mundo al revés, lleno de contrapuntos diarios, he escogido hoy un soneto de Pablo Neruda como muestra de un derecho propio y maravilloso de la naturaleza, como es el invierno en estas fechas en Chile. Así lo interpretaba, cargado de sentimiento hacia la naturaleza de su país (soneto LXXIV, en Cien sonetos de amor):

El camino mojado por el agua de Agosto
brilla como si fuera cortado en plena luna,
en plena claridad de la manzana,
en mitad de la fruta del otoño.

Neblina, espacio o cielo, la vaga red del día
crece con fríos sueños, sonidos y pescados,
el vapor de las islas combate la comarca,
palpita el mar sobre la luz de Chile.

Todo se reconcentra como el metal, se esconden
las hojas, el invierno enmascara su estirpe
y sólo ciegos somos, sin cesar, solamente.

Solamente sujetos al cauce sigiloso
del movimiento, adiós, del viaje, del camino:
adiós, caen las lágrimas de la naturaleza.

Este maravilloso mundo al derecho, cuando se respeta la naturaleza, nos muestra una forma de aprehender la vida con sus contrapuntos. Ahora, en Chile, disfrutan de un tiempo ligado per se al invierno, como fenómeno natural en un país en el que ayer se alcanzaron 37ºC, un episodio de calor inédito que muestra a las claras qué está pasando con el cambio climático, ante el negacionismo que acompaña si piedad alguna al ocaso de la democracia, cubriendo de mentiras este mundo al revés. La noticia en prensa era así de inquietante: “Hubo un tiempo en Buenos Aires e incluso Santiago de Chile en que el frío podía ser algo más que una molestia. Eso ya es parte del pasado. Lo inédito y a la vez inquietanteviene de la mano de un calor en invierno, lo que es una contradicción a los que los especialistas comienzan a acostumbrarse. De hecho, el pasado martes se registraron 30ºc en la capital argentina, el valor más alto desde que el Servicio Meteorológico Nacional registra a diario las variaciones climáticas. Habría que remontarse a 1942 para encontrar un caso aproximado: 24,6 ºC. La localidad chilena de Vicuña, en la cordillera de la región de Coquimbo, a unos 450 kilómetros al norte de Santiago, anotó el mismo martes 37 ºC, la cifra más alta desde 1951. En varias ciudades uruguayas se registraron el miércoles temperaturas similares”.

Ante este fenómeno imparable del cambio climático, es probable que Neruda no hubiera podido realizar ahora estas afirmaciones tan bellas de su país, porque sus caminos no están ya mojados por el agua de agosto, por la pertinaz sequía que les invade, ya que no pueden brillar como si fueran cortados por la luna. Neblinas, espacios o cielos, no pueden ahora crecer con fríos sueños, sonidos y pescados. Tampoco el vapor de las islas combate ahora la comarca, ni palpita el mar sobre la luz de Chile. Es verdad que en el invierno chileno se esconden las hojas, porque la naturaleza es sabia en el florecer de la vida, atentos a lo que pase en esta realidad, que aquí en España o allá en Chile está avisando a un terco mundo que no quiere enterarse de lo que está pasando. Lleva razón el poeta cuando afirma que ciegos somos, sujetos al cauce sigiloso del movimiento, adiós, del viaje, del camino: / adiós, caen las lágrimas de la naturaleza. No porque lluevan ahora estas lágrimas, que no ocurre, sino porque la naturaleza tampoco lo puede expresar así por la pertinaz sequía que azota a este mundo al revés y porque está muy triste, empeñada en que la comprendamos y respetemos de una vez por todas, para que de verdad lo entendamos los humanos.

Me queda la palabra de Neruda en este verano/invierno dual, porque hasta que no se demuestra lo contrario, no detecto movimiento alguno en el cambio poético. Lo expresado por él, cuando lo escribió para el presente suyo y para la posteridad, nos sigue ayudando hoy a interpretar, lo que de verdad nos está pasando.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Para inspirarme en agosto, nadie mejor que Ángel González

Ángel González

Sevilla, 3/VIII/2023

Leía hace unos días, en una guía de viajes de Asturias, que la lectura de La Regenta de Leopoldo Alas Clarín, una obra que ya conocía y que figura en mi clínica del alma, mi querida biblioteca, me podía inspirar para conocer esta “región plural” a través de la literatura, recomendándola en primer lugar, entre otras. Es verdad que en ella se hace un retrato intimista de su capital, Oviedo, a través de una denominación, Vetusta, elección no inocente para trazar el hilo conductor de su magna obra. Siendo verdad que es una obra siempre recomendable, situada en el contexto histórico de esta ciudad a finales del siglo XIX, saltó en ese momento en mi mente un autor nacido en esa ciudad, el poeta Ángel González, muy presente en este cuaderno digital a lo largo de los años. Es por ello que hoy recurro a él en un viaje especial hacia alguna parte, porque siempre me ofrece una lectura realista de la vida y de su país, el mío, con profunda desazón en muchas ocasiones, aunque aportando siempre luz, vida y fuego en la penumbra del alma. Probablemente, me ayude a conocer mejor su querida región, contada y cantada de forma especial por el poeta de corazón andaluz Pedro Garfias, nacido en Salamanca, hijo de un onubense y una sevillana, en una composición excelsa, muy querida por la llamada “izquierda” de esa Comunidad: Asturias si yo pudiera / Si yo supiera cantarte / Asturias verde de montes / Y negra de minerales / Yo soy un hombre del sur / Polvo, sol, fatiga y hambre / Hambre de paz y horizontes / Hambre / Bajo la piel resecada / Ríos solidos de sangre / Y el corazón asfixiado […]. Hoy, otro hombre del sur, busca aprehenderla de la mejor posible.

Después de un profundo respiro, me detengo en una breve autobiografía de González: “Nací en Oviedo en 1925. El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo –antes que actor- de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. Sin salir de la infancia, en muy pocos años, me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Zarandeado así por el destino, que urdió su trama sin contar nunca mi voluntad, me resigné a estudiar la carrera de Leyes, que no me interesaba en absoluto pero que tampoco contradecía la costumbre, casi norma de obligado cumplimiento (“todo español es licenciado en Derecho mientras no se demuestre lo contrario”), a la que se sometían en su mayor parte los jóvenes de mi edad y de mi clase social –clase media, transformada en mi caso, como consecuencia de la guerra civil, en muy mediocre. Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, antes que por otras razones, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir. Pero yo hubiese preferido ser músico –cantautor de boleros sentimentales- o tal vez pintor. Fui, en cambio, funcionario público. En 1970 vine por vez primera a América –México y EE. UU.-, y empecé a quedarme por ese continente a partir de 1972 (profesor visitante en las universidades de New México, Utah, Maryland y Texas). En la actualidad, enseño literatura española contemporánea en la Universidad de New México”.

Lo he entendido mejor cuando también me he acercado a otra forma de identificarse en la vida, en su soledad sentida, ideológica, sobre todo cuando lo expresa con la fuerza de sus palabras: “Aquí, Madrid, mil novecientos / cincuenta y cuatro: un hombre solo / Un hombre lleno de febrero, / ávido de domingos luminosos, / caminando hacia marzo paso a paso, / hacia el marzo del viento y de los rojos / horizontes —y la reciente primavera / ya en la frontera del abril lluvioso… / —Aquí, Madrid, entre tranvías / y reflejos, un hombre: un hombre solo. / —Más tarde vendrá mayo y luego junio, / y después julio y, al final, agosto—. / Un hombre con un año para nada / delante de su hastío para todo” (1).

Al final de nuestro acontecer diario, inexorable, siempre viene agosto, donde somos y estamos ahora, aunque a diferencia de lo que expresa Ángel no me encuentro solo a pesar de mi matusalénica edad, como decía Benedetti, porque soy un hombre, es verdad, con un año más, delante de una esperanza en todo. La soledad que siento es más en la vertiente ideológica, porque es verdad que cuando se intenta vivir con la coherencia del sentimiento de clase al lado, es más difícil encontrar a las personas que desean vivir lo mismo. A pesar de ello, no me siento con hastío para todo, porque leyendo de nuevo a Ángel González, llego a un soneto precioso, Donde pongo la vida pongo el fuego (2), grabado en mi memoria de secreto, porque sin salir nunca de su infancia se convirtió “de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía”. Zarandeado siempre por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con su voluntad:

Donde pongo la vida pongo el fuego
De mi pasión volcada y sin salida.
Donde pongo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
Vuelvo a empezar sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
No me doy por vencido, y sigo, y juego

Lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, la fe segura:
Jamás o llanto, pero mi fe es fuerte.


La vuelvo a leer varias veces, para convencerme de que mi fe es fuerte, porque a veces, en la vida, sale amor al siempre va y porque sé que el verano en el que estamos instalados, avanza para unirnos y para que tengamos fe en que, de esta forma, jamás seremos vencidos…, ni estaremos solos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta-Seix Barral, 2018, p. 16.

(2) González, Ángel, Ibidem, p. 128.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!       

Federico García Lorca nos entregó sus cantos nuevos de agosto

Federico García Lorca

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Horacio Guaraní, Si se calla el cantor, 1972

Sevilla, 1/VIII/2023

En Vega de Zujaira, pedanía de Pinos Puente (Granada), Federico García Lorca escribió un poema, Cantos nuevos, en agosto de 1920, con tan sólo veinte años, que vuelvo a leer hoy de nuevo para encontrar sentido a un presente complejo en el país:

Agosto de 1920

(Vega de Zujaira)

Dice la tarde:
¡tengo sed de sombra! .
Dice la luna: yo, sed de luceros .
La fuente cristalina pide labios
y suspiros el viento.

Yo tengo sed de aromas y de risas.
Sed de cantares nuevos
sin lunas y sin lirios,
y sin amores muertos.

Un cantar de mañana que estremezca
a los remansos quietos
del porvenir. Y llene de esperanza
sus ondas y sus cienos.

Un cantar luminoso y reposado,
pleno de pensamiento,
virginal de tristeza y de angustias
y virginal de ensueños.

Cantar sin carne lírica que llene
de risas el silencio.
(Una bandada de palomas ciegas
lanzadas al misterio).

Cantar que vaya al alma de las cosas
y al alma de los vientos
y que descanse al fin en la alegría
del corazón eterno.

De este poema, analizo lo que para mí es lo mejor para quedarme con ello, porque “tengo sed”, como le ocurría al poeta querido, de un cantar de mañana que estremezca / a los remansos quietos / del porvenir. Y llene de esperanza / sus ondas y sus cienos. / Un cantar luminoso y reposado, / pleno de pensamiento, / virginal de tristeza y de angustias / y virginal de ensueños. Lo manifiesto así porque estamos en un momento político de proyecto de gobierno para un país, muy especial, que necesita una respuesta convincente para todas las personas que conformamos el “pueblo español”, donde radica la soberanía según la Constitución, sin excepción alguna, pero sobre todo para quienes hemos votado por un progreso y entorno de libertades, en una búsqueda de blindaje político del Estado de Bienestar.

Me gustaría y sueño con ello, que en este mes que comienza hoy se dilucidara ese futuro gobierno de progreso, que nos permita como país seguir paseando por alamedas de libertad, que vaya al alma de las cosas y al alma de los vientos, para que podamos, más pronto que tarde, descansar al fin en la alegría del corazón eterno.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Elogio de las viajeras olvidadas en Andalucía

Katharine Lee BatesAndalucía en la historia

Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 31/VII/2023

En plena canícula, en la que toman un protagonismo especial los libros de viaje, he arribado a una isla desconocida, en un dosier dedicado a los viajeros en Andalucía, que documenta la verdadera historia de una fascinación que ha permanecido oculta durante siglos: el papel que muchas mujeres viajeras aportaron para que se tuviera una visión diferente de esta tierra, contrapintoresca, un neologismo creado por Alberto Egea Fernández-Montesinos, profesor titular de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, expuesto de forma exhaustiva en el artículo que ha publicado recientemente en la revista Andalucía en la historia, con un título programático y esclarecedor: Viajeras olvidadas en Andalucía.

¿Qué se entiende por lo contrapintoresco? En palabras del profesor Egea Fernández-Montesinos, “podríamos definir lo contrapintoresco como un enfoque alternativo que contraviene o cuestiona los estereotipos fijados por anterioridad por otros viajeros, en este caso en el discurso literario e historiográfico sobre Andalucía. Mediante este neologismo ilustro diversos ejemplos en los que ciertas escritoras intentan esquivar tópicos trillados para presentar otros ejemplos de realidades más cercanas”. Es verdad y a mí me ha ocurrido en mi incursión en libros de viaje del siglo XIX, sobre todo leyendo a Washington Irving y Richard Ford, que la visión de Andalucía estaba trufada de típìcos tópicos, que aportaban poco al conocimiento profundo de esta maravillosa tierra andaluza, pero que blindaron una serie de estereotipos vergonzantes que han llegado hasta nuestros días, como manifiesta este autor: “ellos [refiriéndose a Washington Irving, Richard Ford y Karl Baedecker] sembraron una serie de prejuicios y lugares comunes sobre Andalucía que llegan hasta nuestros días y cuya persistencia, como bien apunta un científico, es más difícil de desintegrar que un átomo”.

A través de los estereotipos clásicos sobre bandolerismo, gitanos, mendigos, hospedería, viandas y la malhadada “indolencia”, el profesor Egea traza una semblanza breve, pero dos veces buena desde el punto de vista crítico, sobre lo que ha llegado hasta nuestros días y lo que estas viajeras intentaron reflejar de experiencias concretas, vividas en vivo y en directo, alejadas de cualquier subjetividad, algo muy propio desde la perspectiva canónica de los viajeros de toda la vida, que es lo que imponía el mercado en aquella época aunque nos parezca altamente curioso. A través de autoras como Matilda Betham-Edwards y Louise ChandlesMoulton, cuestionando la denominada “peligrosidad del país”, se dibuja de forma más amable y objetiva la amplia literatura recogida sobre el bandolerismo, andaluz por más señas, que en el caso concreto de esta última, en relación con la visión ofrecida al respecto por Washington Irving sobre la “la omnipresencia del bandolerismo en España”, que “aquel que aquello afirmó, no es más que un calumniador”.

Sobre marginados, mendigos y gitanos, me ha llamado la atención lo expuesto por el profesor Egea en relación con lo manifestado sobre esta realidad por la autora americana Katharine Lee Bates, que más allá del estereotipo y pintoresquismo, se centra sobre todo en sus problemas sociales, “abordando episodios de su lucha diaria. De hecho, más que quedarse en lo anecdótico, Bates se intenta acercar a este pueblo visitando sus barrios y participando de sus condiciones de vida, sus comidas y sus relaciones familiares”, comentando sobre el origen de su marginación y proponiendo ciertas soluciones “para resolver lo que ella considera falta de integración social”.

Cuando abordan la realidad retratada de forma muy negativa por los viajeros clásicos en relación con los hospedajes y alimentación, también se vuelve a destacar la “otra visión” más amable y también objetiva a su vez, de las viajeras citadas, destacando de nuevo la aportada por Katharine Lee Bathes, que se esfuerza por conocer el idioma en el que se habla, fuente de muchas incomprensiones viajeras, así como las expresiones más cercanas al pueblo, destacando su experiencia en Córdoba por la hospitalidad recibida y por la calidad del alojamiento que disfrutó, por ejemplo, frente a viajeros clásicos que aconsejaban en sus libros “que no durmieran jamás” en esta ciudad. La omnipresente olla en el amor de la lumbre no era para ellas algo a denostar sin más, sino una realidad cultural a la hora de abordar el encuentro familiar y laboral, así como el menaje utilizado por todos los comensales.

También se aborda en este artículo algo que es un clásico estereotipo para Andalucía, su indolencia. Las autoras citadas se esforzaron en destacar, en su viaje por Andalucía, la laboriosidad de hombres y mujeres en el campo, de sol a sol, que se resume en lo que aportó Emmeline Stuart-Wortley, cuando afirmó que “la mujer parece muy trabajadora en estas latitudes”, algo que se ratifica posteriormente por Nina Murdoch en palabras rotundas frente a los clásicos estereotipos: “las mujeres trabajadoras de Andalucía son sus heroínas calladas y sublimes”. Una vez más, Katharine Lee Bathes, reconociendo sus prejuicios, es capaz de cambiar su percepción esta realidad en su viaje por España: “Pudimos reformar nuestro concepto sobre el español para admitir que se trataba de gentes con un vigor natural y una marcada laboriosidad”. Susan Hale lo manifestó de forma rotunda y así lo recoge el profesor Egea en su artículo: “En resumen, ¡ya estábamos en Andalucía! Andalucía, la región del romance y el sol, la región más bonita de España […] Los andaluces combinan la ligereza y el disfrute de su clima con el saber vivir, la luz y el dolce far niente. Aquí la vida es un placer y sus modales son exquisitos”.

En el contexto anterior, no olvido hoy al finalizar estas palabras, lo que ya he expresado tantas veces en este cuaderno digital, en relación con lo manifestado por Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905 (1), recogida en un libro precioso de viajes, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia, porque me parece maravilloso constatar el aprecio a esta región, a esta ciudad en concreto, destacando sus inmensos valores y la calidad cultural en la vida de los andaluces, abordando también sus claroscuros alejados de tópicos infundados: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Y nos une a Salzburgo, a Mozart, declarando a ambas «ciudades gemelas». Cuando avanza en este hermanamiento (que alguna vez habría que honrar), aborda una cuestión dolorosa en la historia de Sevilla: “La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz”. Una reflexión que bordea los típicos tópicos de esta ciudad pero que resuena todavía en julio de 2023, cuando sabemos que Andalucía, junto a su belleza natural, también arrastra una situación de exclusión y pobreza severa, como contrapunto que no se debe olvidar en viajes de ensalzamiento a ninguna parte.

NOTA IMPORTANTE: Para completar lo expuesto anteriormente y por si alguna persona está interesada en conocer con detalle a Katharine Lee Bartes, recomiendo la lectura de su obra Rutas y caminos españoles, a la que se puede acceder en la siguiente dirección electrónica: https://traduccioneseditoriales.wordpress.com/2018/11/24/traduccion-de-la-obra-inedita-spanish-highways-and-byways-de-katharine-lee-bates/, sitio de traducción, excelente, del profesor Alberto Egea Fernández-Montesinos.

(1) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La música nos acompaña en tiempos de turbación y mudanzas políticas

W. A. Mozart: Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Sevilla, 28/VII/2023

No existe la seguridad existencial plena, porque no vivimos en una burbuja de paz imposible, situación ante la que surgen dos preguntas inquietantes: ¿qué debemos hacer y cómo debemos vivir? Este mundo al revés, que no nos gusta, es una realidad que nos acompaña a menudo en nuestro caminar diario, que es nuestro vivir, a veces, junto al desencanto. Tengo presente en esta reflexión a Max Weber, porque ayudó a sus contemporáneos a comprender qué significaba el desencantamiento del mundo o la sacralización de la razón, tal y como lo analizó en una conferencia paradigmática, La ciencia como vocación, muy actual en su fondo y forma: “La intelectualización y racionalización crecientes no significan, pues, un creciente conocimiento general de las condiciones generales de nuestra vida. Su significado es muy distinto; significan que se sabe o se cree que en cualquier momento en que se quiera se puede llegar a saber que, por tanto, no existen en torno a nuestra vida poderes ocultos o imprevisibles, sino que, por el contrario, todo puede ser dominado mediante el cálculo y la previsión. Pero esto significa el desencantamiento del mundo. A la inversa del salvaje, aún creyente en la existencia de tales poderes, nosotros no tenemos que valernos de medios que obren efectos mágicos para controlar a los espíritus. O incitarlos a la piedad. Esto es algo que se puede lograr por medio de la técnica y la previsión. He ahí, en esencia, el significado de la intelectualización”. Pero plantea una pregunta de difícil respuesta hoy día: “¿Cuál es el sentido actual de la ciencia como vocación? La respuesta más acertada es la de Tolstoi, contenida en las siguientes palabras: La ciencia carece de sentido, puesto que no tiene respuesta para las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos hacer y cómo debemos vivir. Sería vano discutir el hecho de que, en realidad, la ciencia no responde a tales cuestiones. El meollo del problema está, sin embargo, en que no ofrece ninguna respuesta y en que no contribuye, en definitiva, a plantear adecuadamente tales cuestiones”.

El desencanto merodea por nuestro cerebro y pretende alojarse en él por mucho tiempo. Frente a ello, hoy nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad o a las personas (las creencias imprescindibles para todo ser humano, según Ferrater Mora), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, la sede de la inteligencia, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal, por qué actuamos de una forma u otra y por qué caemos en el desencanto de vivir. Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada, tal como se recogió en las famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva, que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, el reptiliano, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) (1).

Todo lo anterior me ha llevado a buscar paz interior ante tanto desconcierto, refugiarme en la música y recordar a una oboísta nacida en Islandia, Arngunnur Árnadóttir, sobre la que escribí en los primeros días de la desescalada de la pandemia, en 2020, porque la música me acompañó siempre junto a la palabra, compañera infatigable en tiempos difíciles, a través de la lectura y escritura. También, Mozart. Hoy, deseo reencontrarme con una lectura amable y esperanzadora de la vida desde Islandia, en una orquesta del Norte de Europa, de un país frío, pero con una interpretación impecable del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, de Mozart, en el que el segundo movimiento, Adagio, suena excelentemente bien en el clarinete de Arngunnur Árnadóttir, que citaba anteriormente, una profesora muy joven de la Orquesta Sinfónica de Islandia, bajo la dirección de Cornelius Meister. También porque me da el calor humano que tanto necesito, descubriendo una vez más el poder de la inteligencia musical de acuerdo con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, a quien tanto tiempo de investigación he dedicado en mi vida personal y profesional. Árnadóttir es también escritora y poeta, es decir, a ella también le queda la palabra.

Mozart componía estas partituras como homenaje siempre a una persona. En este caso, fue dedicada a su amigo Anton Stadler (1753-1812), compañero en la logia masónica a la que pertenecía el compositor y gran virtuoso en la orquesta de Viena por la forma de tocar el clarinete tenor (corno di bassetto), cuyo sonido se ha logrado alcanzar en los que se fabrican en la actualidad por la incorporación de llaves adicionales. Si he elegido de nuevo esta obra maravillosa de Mozart para buscar salidas en el actual valle del desencanto social, compuesta el mismo año de su fallecimiento, cuando tenía 35 años, se debe a una razón que conocí hace tiempo por una referencia de Arturo Reverter en una obra que guardo en mi maleta de libros elegidos (2), que siempre tengo preparada por lo que algún día pudiera ocurrir al viajar hacia una isla desconocida: «El corazón de la obra es el sublime Adagio […], aunque para algunos autores -Massin- lo que prevalece en definitiva es el optimismo: el músico ha salido victorioso de una lucha en la que ha debido vencer, en esta última parte de su vida, numerosos peligros de todo tipo». Toda una declaración de principios musicales.

Si quieren desconectar de la información tóxica que nos invade en este tiempo de turbación, aunque tengamos que adentrarnos a veces por los valles del desencanto de la vida, escuchen conmigo este Adagio según la guía de audición que figura más adelante, porque creo que comprenderán mejor que nunca que la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor:

Guía de audición del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Harpa Concert Hall, Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

– Allegro 0:27

– Adagio 12:58

– Rondo (Allegro) 20:07

Es difícil añadir palabras a estos momentos mágicos. Solo el consuelo de que en el momento después, el de Benedetti cuando decía «[…] de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido» (3), me queda otro guion que hoy quiero seguir al pie de la letra, unas palabras preciosas de Blas de Otero en su poema «En el principio», para pensar en quienes han perdido la vida en la lucha diaria por sobrevivir en este mundo al revés. Y en quienes pierden a diario la voz en la maleza, quedándose en la cunetas de los diferentes valles del desencanto que existen en la actualidad, porque me permite comprender mejor a los que sufren la sed, el hambre; también, en lo duro que es pensar que lo que creemos que es nuestro luego resulta ser nada, porque se siegan a menudo las sombras en silencio cuando en estos días de terremoto político casi a diario he abierto muchas veces los ojos para ver el rostro puro y terrible de mi patria, abriendo al mismo tiempo los labios hasta desgarrármelos pidiendo unión y donde confieso que solo he tenido el consuelo de saber que solo me queda la palabra. Y Mozart. Hoy, desde la lejana Islandia, Arngunnur Árnadóttir, localizada en islas desconocidas del consuelo humano a través de la música, que también existen.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

(2) Reverter, A. Mozart (discografía recomendada y obra completa comentada (2ªed.), (1999). Barcelona: Península, p. 91.

(3) Benedetti, Mario, El Después, en Biografía para encontrarme, 2011. Madrid: Alfaguara.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

El pueblo es quien más ordena

José Zeca Afonso, Grándola, Vila Morena

Sevilla, 26/VII/2023

Tres días después del resultado de las elecciones generales del pasado domingo en nuestro país, extraordinariamente positivo para los demócratas, que somos muchos, creo que tenemos merecido dedicar unos minutos a los sentimientos de clase, de alegría, porque la conciencia de ella se presupone. Aprendí de Rafael Alberti, hace ya tiempo, en su canción 8 del Paraná, la distinción entre pensamiento y sentimiento, en un poema precioso que rescato hoy porque necesitamos cuidar el alma que está presente en momentos cruciales del país, pendientes ahora de la gobernabilidad digna de la izquierda para todos, para el “pueblo español”, que dice la Constitución, porque es el que “ha ordenado” mediante los votos el futuro democrático de este país tan dual y cainita:

Sentimiento, pensamiento.
Que se escuche el corazón
Más fuertemente que el viento.
Libre y solo el corazón,
Más que el viento.
El verso sin él no es nada.
Sólo verso.

Por otra parte, no he olvidado que El pueblo es quien más ordena, que dice también la canción revolucionaria Grándola, Vila Morena, de tan feliz recuerdo, tal y como nos lo transmitió Jose Zeca Afonso en su pequeño rincón de Grándola, bastante avanzado el siglo XX, en la denominada Revolución de los claveles, en 1974. Es lo que pasó el domingo en nuestro país, cuando a través del voto se pararon los pies a los que querían llevar a nuestro país a un retroceso histórico, infame, de imprevisibles consecuencias. Y ese futuro aciago es lo que el pueblo español, que es quien ordena, ha frenado en seco. Por esa razón, no olvidamos en pleno siglo XXI lo sucedido en nuestro país en la guerra civil y durante la dictadura franquista, cuando la democracia actual sufre en varios frentes de convivencia por el odio que algunos se empeñan en instalar en nuestra forma de vida. De ahí la necesidad de recordar lo que nos puede mantener vivos y despiertos en democracia (de otra forma no es posible) después de tantos siglos.

La democracia en este país corre un riesgo alarmante de perder el control de la convivencia pacífica, por determinados pensamientos en corazones de personas que están muy lejos de la democracia y su aplicación en la vida ordinaria. Creo que al buen entendedor digno, que debe proteger la libertad y la democracia, con pocas palabras basta. Este tercer día después del Día de la Democracia a través del voto, leo y escucho también, junto a Alberti y José Afonso, a Miguel Hernández, porque nos ayuda a entender que para la libertad, sangramos, luchamos y pervivimos por una razón fundamental: el pueblo es quien más ordena, porque aún tenemos la vida. Por esta razón escribo hoy con el corazón, para que formando parte del pueblo español, que ordena constitucionalmente la libertad y el progreso en este país, se le escuche con sentimiento, más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso social!

Sevilla, 25/VII/2023, festividad del Apóstol Santiago

Hace un año publiqué en este cuaderno digital el artículo que sigue, que hoy, de nuevo, tiene una actualidad extraordinaria, en momentos críticos para la gobernabilidad de este país, después de los resultados de las elecciones generales celebradas el pasado domingo. Creo que la metáfora constante de la búsqueda de la verdad, que está presente a lo largo de las palabras que siguen, es una magnífica lección de la cultura política que empodera a las personas para luchar sin descanso por transformar el país y blindarlo ante tentaciones totalitarias en relación con su forma de ser y estar en el mundo desde todas las perspectivas posibles.

Como dije entonces y me reafirmo ahora en toda la extensión de los términos utilizados, me sigue agradando la frase de Valle-Inclán, reinterpretándola al recordarla hoy de nuevo, ¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso social!, porque en estos tiempos convulsos necesitamos creer que es posible abrirnos a un nuevo gobierno de coalición de partidos progresistas, más que nunca, ante el flagrante ocaso de la democracia en nuestro país, que constatamos a diario.

¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!

En 2017 visité Galicia y su ciudad emblemática, Santiago de Compostela,  contemplándola desde el primer momento como una representación obvia de una tierra conservadora de su tradición, de su cultura, de su amplio conocimiento del mundo, de sus viajeros hacia muchas partes. En aquella visita pensé en una frase que a lo largo de su historia ha sufrido interpretaciones contrapuestas dependiendo de dónde se situaban las comas y la ideología al interpretarla, porque nunca fue una frase inocente: ¡Santiago, cierra, España!, que casi siempre la hemos conocido tal y cómo lo escribieron e interpretaron Cervantes en Don Quijote de la Mancha o el mismo Valle-Inclán en Luces de Bohemia, aunque sin entrar nunca en su verdadero contenido histórico y muy lejos de unirlo a la tradición jacobea. La traducción correcta de la frase es la que justifica su origen, rememorando a Santiago Matamoros, en la Reconquista, como grito de guerra: Santiago (él ayuda a exterminar a los musulmanes), cierra (forma de interpretar que el ejército o las tropas están preparadas para atacar) y, por último, España, todas las palabras por separado, siendo la defensa e integridad de España la razón que justificaba la acción contra el mundo musulmán. Así, durante muchos siglos porque Santiago Apóstol es el patrón de este país, aunque mucho podemos decir los ciudadanos como marineros demócratas del mismo.

Sinceramente, no me gusta nada esta versión que muchos dan por auténtica, aunque es verdad que la he simplificado mucho para que se entienda bien lo que quiere decir. Me quedo hoy día con la que figura en Don Quijote de la Mancha y la que nos aportó Valle-Inclán en Luces de Bohemia. El primero porque el diálogo entre el bueno de Sancho Panza y el Quijote no tiene desperdicio:

—Yo así lo creo —respondió Sancho— y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan (1).

La segunda versión, porque la ideología estaba detrás de lo que quería decir un protagonista de la obra citada de don Ramón del Valle-Inclán, Luces de Bohemia, identificado como Dório de Gádex (andaluz, por más señas), defendiendo el modernismo ante el integrismo del país: “Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: «¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!», exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: «Ya se van alejando los escollos». Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: “Santiago y abre España, a la libertad y al progreso”. Bastante disgusto costó a Valle-Inclán esta interpretación de la falta de libertad en este país.

En aquél viaje a Galicia en 2017 no vi a Santiago Apóstol por ninguna parte. A través de las calles del Hórreo, Vilar y Franco, fuimos a la plaza del Obradoiro, encontrándonos con un tremendo desencanto artístico: la policromía del Pórtico de la Gloria no se podía contemplar en su justo sentido porque todo estaba en obras de restauración y limpieza. Andamios por allá y por acullá. Sólo se podía acceder a la catedral por dos sitios, con colas interminables: una para abrazar al santo [sic] y otra para visitar la catedral. Indescriptibles eran las aglomeraciones, desconcierto y filas, que me recordaban (con el debido respeto a los peregrinos de corazón y razón) lo que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio”. Desistimos de guardar las colas, porque nos gusta más bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto sus pies gastados en la Basílica de su nombre (según Alberti), porque al fin y al cabo es lo nuestro (2):

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Creo que a Santiago, su fiel amigo, después llamado apóstol por la Iglesia Católica de Roma, así como a su compañero Pedro, les diría Jesucristo lo que a nadie le diría, que escribía también Alberti en el poema citado anteriormente, Entro Señor en tus iglesias, en su obra Roma, peligro para caminantes, porque no sé si a estas alturas de la vida, pasaría lo mismo al andar por las calles de Santiago de Compostela para poder abrazarlo y verlo de nuevo.

Me sigue agradando la interpretación de la frase de Valle Inclán, al recordarla hoy de nuevo, ¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!, porque en estos tiempos convulsos necesitamos creer que es posible abrirnos a un nuevo pacto de Estado, más que nunca, ante el flagrante ocaso de la democracia.

(1) Cervantes, Miguel de, Don Quijote de la Mancha, 2004. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española, 2ª Parte, Capítulo LVIII, pág. 988s.

(2) Alberti, Rafael, Basílica de San Pedro, en Roma, peligro para caminantes, 1968. México: Joaquín Mortiz.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¿Qué hacer con estos resultados electorales, sin esperar milagros?

MINISTERIO DEL INTERIOR – Resultados elecciones generales 23 julio 2023

De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Rafael Ballesteros, en Ni yo tampoco entiendo (1975)

Sevilla, 24/VII/2023

En la política ocurre muchas veces lo que se traduce perfectamente en una locución española que se utiliza en el lenguaje coloquial: cada uno cuenta la feria como le va. Es lo que pudimos constatar anoche casi al final del recuento oficial de votos de la jornada de elecciones generales en este país, donde todos celebraban su “victoria” aunque la mayoría de los partidos en liza, como le ocurría al rey del cuento de Andersen, estaban desnudos de éxito. Es verdad que el oso de las derechas estaba perdido por los montes del olvido político de millones de votantes, lo que hizo que no se pudiera “cazar”, en sentido político, quedando la tienda de su piel cerrada por finalización del negocio, anoche, a pesar del amplio muestrario que habían utilizado para venderla los aparatos mediáticos de los partidos de las derechas, sus medios de comunicación afines y los eslóganes impresentables que habían calado como lluvia fina en bolsas de población errática. La realidad terca es que las derechas no pueden formar gobierno con los mimbres actuales, salvo conversiones paulinas, aunque es justo pensar que de todo hay en la viña del Señor y peores cosas hemos visto y sufrido ya en la política de este país.

Por otro lado, es justo señalar que el partido socialista ha obtenido un resultado positivo, a pesar de la pérdida de la mayoría obtenida en 2019, algo que me alegra y mucho, porque es cierto que no se ha hundido como esperaban las derechas cerriles y ultramontanas, a pesar del desgaste obvio de la legislatura que ahora finaliza con olvidos dolorosos de millones de personas beneficiadas del escudo social del gobierno de coalición, lo que alimenta las ilusiones de casi once millones de personas, según los datos oficiales de participación ayer, para reeditar un gobierno de coalición que, a priori, se antoja de difícil gestión, llevándonos, si finalmente se produjera un bloqueo numantino, a unas nuevas elecciones según los plazos oficiales que se aplican en estos casos. Tampoco olvido algo importante al escribir estas líneas, por su interpretación positiva desde la perspectiva electoral: el partido abstencionista ha «perdido» electores en esta convocatoria, más de dos millones de personas en relación con la convocatoria de 2019, aunque su número sigue siendo una pregunta clamorosa del por qué se sigue manteniendo una cifra tan alta, más de diez millones de electores, concretamente el 29,59% del censo total, lo que se traduce en 10.402.450 personas que siguen sin acudir a las urnas.

MINISTERIO DEL INTERIOR – Resultados elecciones generales 23 julio 2023

Ante este panorama, creo que las fuerzas progresistas de este país, ante la pregunta no inocente desde la perspectiva política de la ideología de izquierdas, ¿qué hacer?, están obligatoriamente obligadas a entenderse, porque lo que es indudable es que millones de personas le han dicho al partido popular que “así no se llega al poder”, abrazándose a una ultraderecha reaccionaria y caduca. Igualmente, se ha vuelto a dar un voto de confianza a la unión de las izquierdas para que continúe la senda de progreso en el blindaje del Estado de Bienestar, que tiene esta lectura de fondo por lo ocurrido en muchas comunidades autónomas con el equilibrio de resultados electorales en ellas, que se pueden verificar con los datos oficiales en la mano, al igual que algo simbólico, políticamente hablando, en la trayectoria independentista radical en los últimos años, por los resultados finales en Cataluña, al haber obtenido un resultado arrollador el partido socialista en las cuatro provincias que componen esta Comunidad, frente a las ínfulas independentistas, que deberían observar con lupa qué ha ocurrido con los resultados reales obtenidos en estas elecciones generales y sus futuras exigencias para apoyar el futuro gobierno de coalición.

En el día después de la emisión de mi voto, sigo recordando una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo (1975), con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final: todos, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque los votos son de los ciudadanos que votan. Pretendemos, con nuestro voto, ser dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros, a pesar de todo: […] El tema 83, la democracia, / el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón, / las hambres, el casamiento / orgánico. / De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo. Al vivir en un país en el que funciona la democracia representativa, ahora toca a los políticos tomar la responsabilidad de entenderse entre ellos. Están obligatoriamente obligados a hacerlo. La izquierda sabe que hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie que es el principal milagro, terrenal y cercano, como decía mi admirado escritor Manuel Rivas en su columna del domingo electoral de 26 de mayo de 2019, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La jornada de reflexión es una pausa vital que ´hermosea´ la democracia y el voto

De vez en cuando hay que hacer / una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Mario Benedetti, Pausa, en Poemas de otros, 1974

Sevilla, 22/VII/2023

Mañana, como quien espera siempre el alba de la democracia, se votará en las elecciones generales de este país. En tal sentido, hoy está declarada esta jornada antecedente como de reflexión. Por ello, recupero lo que he escrito en varias ocasiones sobre el fondo y forma de esta jornada, en este cuaderno de bitácora, utilizando el lenguaje del mar, salvando lo que haya que salvar. Sobre todo, para comprender este día tan importante en democracia, viviendo en un mundo y en un país al revés, como se ha demostrado de forma reiterada en esta campaña electoral por parte de los partidos de derecha extrema y ultraderecha. Todo tiene su tiempo y su momento, respetando el fondo y la forma de una reflexión del Eclesiastés (Qohélet), en su extraordinario capítulo 3º, al decirnos alto y claro que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar de un regalo llamado tiempo a lo largo de la vida: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz.

Ahora agrego dos más, el tiempo de reflexionar y el de votar en las elecciones que se celebrarán mañana. Vuelvo a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades (RAE A 1737, 536, 2) que tanto aprecio y en su contexto vuelvo a valorar una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente”, que recupero de nuevo para festejar esta jornada tan democrática. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo «hermosear» también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de nuestro voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide hoy a los millones de electores en el país, ni siquiera un momento, en esta jornada tan vistosa de reflexión. Mañana…, tampoco. Como me está permitido reflexionar en mi alma de secreto, he pensado por un momento que la política elige al que la ama, cuando la decencia es ideología estructural de la persona en su vertiente aristotélica en estado puro. Si la vida elige al que la ama, la muerte no existe, es decir, si la política elige al que la ama, el fracaso político en sí mismo no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre político puede hacer en vida, durante una legislatura? ¿Borra sus méritos, su legado, su trabajo bien hecho, que siempre merece la atención de los otros, como nos recordaba admirablemente Luis Cernuda cuando se dirigía con estas palabras a sus paisanos sevillanos? No. Así que… Fracaso político, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Política o Vida de conciencia de clase. Pero la auténtica Política dura una Vida, amiga mía. Y tú, Muerte/Fracaso Político, solo duras un instante, el instante en el que llegas.

Es verdad que esta jornada es una pausa especial entre las que necesitamos hacer de vez en cuando y no tanto rebobinar la existencia, porque no debemos perder el sentido de la vida como ciudadanos que ostentamos algo maravilloso: la soberanía popular. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia en esta ocasión: cantarnos las verdades, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos en cada voto para no tener que llorar después las mentiras. Sin prisa, con pausa.

En el día después de estas elecciones generales, los líderes políticos de este país que triunfen y que tendrán la responsabilidad (conocimiento de la situación más libertad de decidir) de ponerse al frente del País y de las instituciones más representativas del pueblo español, deberían pensar que la verdadera política solo elige al que la ama y no se aprovecha de ella. Eso es lo que esperamos cariacontecidos las personas de buena fe política, que hemos crecido con conciencia de clase más que con sentimiento de ella, porque no es lo mismo. La conciencia permanece, pero el sentimiento suele morir porque es pasajero. Les aseguro que todo lo expresado anteriormente hoy es lo que, mañana, llevará mi voto dentro.

NOTA: la imagen se recuperó el 1 de diciembre de 2018 de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 14. Hay que atraer a los indecisos en la recta final

“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”

Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral.

Sevilla, 19/VII/2023

No nos engañemos: ¡entre personas indecisas y abstencionistas anda el resultado final de estas elecciones generales! Siempre ha ocurrido mientras que el mundo es eso, mundo, como demuestra el hecho de que ya se hablaba de ello en el siglo I antes de Cristo, hace más de dos mil años, cuando Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis) (1) en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las próximas elecciones generales a celebrar el 23 de julio.

Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Sirva como botón de muestra también, la siguiente recomendación en campaña electoral: “Por otra parte, dado que hay tres cosas en concreto que conducen a los hombres a mostrar una buena disposición y a dar su apoyo en unas elecciones, a saber, los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera, es preciso estudiar atentamente de qué manera puede uno servirse de estos recursos. En los más pequeños beneficios, los hombres encuentran motivo suficiente para apoyar a un candidato”.

Recomiendo, una vez más, su atenta lectura porque repito, salvando lo que haya que salvar y respetando su contexto histórico romano, es perfectamente aplicable en este país en algunas de sus recomendaciones, no todas evidentemente, siendo conscientes de que en estos días de campaña debemos intentar conocer mejor los candidatos que preferimos (los de toga blanca, toga candida, para distinguirse de los demás), porque en relación con quienes aspiran a estos puestos relevantes, algo tan importante como la Presidencia del Gobierno, debemos tener constancia de que están suficientemente preparados e ilusionados con ello y, sobre todo, que deben conocer muy bien el Estado en el que ejercerán su representación máxima, que en el caso de Roma, era un reto harto difícil, con sus defectos y virtudes, con el efecto halo imperial que conllevaba en su época, acordándose siempre, para finalizar, de quienes les han confiado su voto, tal y como Quinto Tulio Cicerón recomendaba a su hermano Marco, en el citado Breviario de campaña electoral“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Es probable que sea un revulsivo eficaz ante el Partido Abstencionista, que suele anunciarse siempre a bombo y platillo como el partido vencedor.

En definitiva, los tres enunciados expuestos anteriormente y traídos al momento actual, simbolizan algo muy importante en esta campaña electoral de 2023: se necesitan en el país lideres políticos “nuevos”, en el sentido del Breviario, que no les pesen sus mochilas políticas, sino que les sirvan para demostrar el trabajo bien hecho; que aspiren a prestar un servicio público al “pueblo español”, el que cita expresamente la Constitución como sede de la soberanía nacional, bajo el principio de salvaguardar en la próxima legislatura el interés general, ejerciendo un liderazgo honesto. Por último, que conozcan bien la situación actual del país: ¡ésta es España!, tan dual y cainita, para que nunca más se vuelva a helar el corazón de una de las dos, de los niños y niñas que vienen ahora al mundo, los españolitos de Machado, que algunos partidos se empeñan en resucitar. Para que no se olvide la importancia y el deber de participar en estas elecciones próximas, mediante el voto, al recordar hoy una campaña electoral exitosa, más de dos mil sesenta y tres años después, en la que los indecisos fueron tenidos muy en cuenta, situación que demostró su ayuda final a Marco Tulio Cicerón frente a sus rivales más directos.

[1] Cicerón, Quinto Tulio, Breviario de campaña electoral, traducción de Alejandra de Riquer. Barcelona: Acantilado – Quaderns Crema, 2011.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!