Hoy he vuelto a encontrarme con Emilio Lledó, al que tanto admiro y aprecio, a través de una obra suya publicada este año, Necesidad de la literatura, ilustrada de forma muy cuidada por Eugenia Ábalos, que recoge tres ensayos del autor, sobre la literatura, cultura y libertad de expresión, ya publicados como artículos en el diario El País en 2002, 2010 y 2007, respectivamente.
La pequeña referencia a título de sinopsis de la editora, Nórdica, nos adelanta el hilo conductor de los mensajes que contiene: “La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad. Un horizonte de alegría, de luz reflejada y escudriñadora, nos deja presentir la salvación, la ilustración, frente al trivial espacio de lo ya sabido, de las aberraciones mentales a las que acoplamos el inmenso andamiaje de noticias, siempre las mismas, porque es siempre el mismo nuestro apelmazado cerebro. Los libros nos dan más, y nos dan otra cosa. En el silencio de la escritura cuyas líneas nos hablan, suena otra voz distinta y renovadora. En las letras de la literatura entra en nosotros un mundo que, sin su compañía, jamás habríamos llegado a descubrir […]”.
También me ha llamado la atención la “perpetuidad” de este libro planteada por Cristina Ros en un artículo a modo de crítica literaria sobre esta publicación, Emilio Lledó, los libros y la lectura como principio de libertad, publicado hoy en elDiario.es, que me admira por mi dialéctica, frente al mercado, de la obra escrita al servicio de la Noosfera, en gratuidad plena, cuestión no baladí que he planteado en este cuaderno digital a lo largo de veinte años: “En la decisión de publicar estos artículos en forma de libro hay, por parte de Nórdica, una demostración de esa apuesta por el formato tradicional. ¿Qué sentido tiene, si no, editar en papel unos textos que se pueden leer en abierto? Frente a la gratuidad –que habría que matizar: pagamos la línea de Internet, la electricidad, el aporte electrónico, quizá la suscripción al periódico–, el libro en papel ofrece otro tipo de lectura, más pausada, en otro contexto. Seleccionar estos artículos, sacarlos de la nube, es también una forma de revalorizarlos, de decirle al lector que esto de aquí merece la pena y no hay que dejar que caiga en el olvido. Además, con las ilustraciones de Eugenia Ábalos (Mendoza, Argentina, 1977), el texto se enriquece: los libros-ideas como pájaros que vuelan libres, las semillas y los árboles como metáfora del cultivo de sí, del saber que se asienta poco a poco”.
En los momentos que vivimos nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerde que la palabra escrita o hablada es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor tan apreciado: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (1). Además, cuando la deja reflejada en un texto para la posteridad, llamémoslo libro, alcanza la cumbre de la perfección humana.
Gracias, Maestro Lledó, por esta nueva obra, que nos permite sobrevolar la mediocridad que nos asola a diario.
(1) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra.
Blas de Otero, En el principio
Sevilla, 5/VII/2025 – 14:16 h (CET+2) / Actualizado a las 17:43 h
En tiempos tan convulsos en nuestro país por los enfrentamientos de modelos políticos y sus respuestas ante la corrupción, representados simbólicamente por la izquierda, la derecha, y los más allá de cada modelo ideológico, ninguno inocente por supuesto, ni iguales al fin, como aprendí hace ya muchos años del pensador neomarxista George Lukács, en su extraordinario libro “El asalto a la razón”, cuando decía que “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1), necesitamos reforzar el pensamiento ideológico de la izquierda, que tan tocado está desde hace ya bastante tiempo, porque se ha descuidado la formación política continua y blindaje de las desviaciones que propicia el ejercicio de la política de altos vuelos. De ahí la necesidad de que practiquemos, ahora más que nunca, aquella semblanza de La Cantata de Santa María de Iquique, que personalmente aprendí y escuché del grupo Quilapayún, cuando decía algo muy necesario y recomendable en el momento actual: “Con el amor y el sufrimiento se fueron aunando voluntades”.
Digo lo anterior porque la responsabilidad de lo que está pasando estos días no es solo del presidente del Gobierno, de sus socios y de sus partidos con siglas diferentes, porque algo tendremos que decir ahora sus votantes entre los que me incluyo, ya que siguiendo a Aristóteles, soy un “animal político” (zoon politikón, en griego), como ciudadano de pleno derecho y voto. Llevamos años soportando los ataques despiadados de las derechas y su más allá, desde el momento de investidura del Gobierno actual tras la moción de censura de 2018, hasta nuestros días, con el mantra de estar el país sufriendo las invectivas de un continuo gobierno ilegítimo, craso error e insulto a la Constitución de este país y a sus votantes, sin entrar en más detalles, porque no es el núcleo de esta reflexión, sí el marco de la misma. Creo que, una vez más, es la hora de la palabra de la ciudadanía que ha apostado por un modelo diferente de país, desde 2018 hasta hoy, centrado en el progreso y en la atención suprema al interés general que sólo lo propicia el Estado de Bienestar. Y esto es lo que hay que defender en todo momento, salvo que se demostrara de forma objetiva que el gobierno actual ha cometido delitos que hicieran inviable su continuidad en términos puramente democráticos. Y para ello es necesario rescatar la obstinación en una ideología política de izquierda, siempre pendiente de la obligada autocrítica ante las desviaciones que se produzcan de este caminar político, en concreto, cuando la izquierda pierda el norte de su lucha por su propio sentido de ser y estar en el mundo para transformarlo, siempre cerca de los que menos tienen, de los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados. Me emociona recordar estos fines democráticos.
A pesar del sesgo histórico no inocente que ha tenido la palabra “obstinación “ en nuestro país, a lo largo de los siglos, he vuelto a entrar en mi clínica del alma, mi biblioteca, con mi edad matusalénica, buscando un libro que me acompaña desde hace muchos años, Obstinación (2), de Hermann Hesse (1877-1962), Premio Nobel de Literatura en 1946. Su prólogo y luego un capítulo homónimo dedicado a esa palabra, obstinación, traducida pobremente del alemán Eigensinn, me ha ayudado siempre a comprender qué significa defender mi sentido de la vida, mis valores, mis principios, la coherencia como virtud transcendental en la vida, en una época, como bien recordaba Groucho Marx, en la que lo que prima es una afamada sentencia que se le atribuye a él aunque de dudosa autoría a lo largo de su vida: Estos son mis principios. Si no gustan, tengo otros: “Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación [eigensinn]. Todas las demás, sobre las que leeremos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por lo hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al propio sentido”.
Estamos viviendo tiempos convulsos en los que el valor de la palabra dada está en solfa, no digamos los principios y valores. Esa es la razón de por qué cobran más fuerza que nunca las reflexiones de Hesse sobre la obstinación, como virtud principal sobre todas las demás, porque nuestra vida sólo se debe regir por la obediencia a nuestro propio sentido, extendida en esta ocasión a obediencia a nuestra propia ideología política. Esta virtud, junto a otras “verdaderas”, según él, “siempre molestan y suscitan odio. Véase Sócrates, Jesús, Giordano Bruno y todos los demás obstinados”. También explica que la palabra obstinación es áspera para algunos, razón para sustituirla por “carácter”, “personalidad” e incluso “originalidad”, sólo atribuible esta última, por ejemplo, a “artistas y gente estrambótica”. A partir de unir la palabra obstinación con terquedad, por si había alguna duda, desarrolla Hesse el significado de “sentido propio”, el que tiene cada piedra, cada brizna de hierba, cada flor, cada animal, que crecen viven, actúan y sienten según su propio sentido, porque todas las cosas del universo, hasta la más pequeña, tienen su “sentido propio”, llevan dentro su propia ley y la siguen absolutamente seguras e imperturbables”. Dicho esto, aborda la tragedia humana, porque “existen sobre la tierra solamente dos pobres seres malditos, a los que no está permitido seguir esa llamada eterna, y ser, crecer, vivir y morir como les ordena su sentido innato. Sólo el hombre y el animal domesticado por él están condenados a no seguir la voz de la vida y del crecimiento y de someterse a unas leyes establecidas por el hombre y, de vez en cuando, infligidas y modificadas también por él”.
A partir de aquí aparece la figura del “héroe”, la de aquellas personas que siguen su propio sentido y que sucumben por seguir su propia estrella, alejados del gregarismo impuesto por la sociedad en la que viven: “el héroe trágico, el obstinado, enseña a los millones de seres mediocres y cobardes que la desobediencia a las normas del hombre no es capricho brutal, sino lealtad a una ley mucho más alta, más sagrada”, porque el instinto gregario exige siempre adaptación y subordinación, ¡gran tarea para la mediocracia de hoy!, frente a lo que tiene el gran sentido de la vida para los obstinados y héroes. Es verdad que el enfoque de Hermann Hesse en estos contenidos aparece a veces como un ensalzamiento a ultranza del egoísmo e individualismo más radical que podamos pensar, pero hay que comprender bien qué significa en sus reflexiones el legítimo deseo de cada persona de unir destino y sentido de la propia vida, poniendo al dinero, por ejemplo, en su sitio, porque el motor que mueve la vida es la confianza en ese sentido de la vida, en los “para qué” vivimos: “El dinero y el poder y todas esas cosas por las que los hombres se torturan mutuamente y acaban por matarse a tiros tiene poco valor para quien se ha encontrado a sí mismo, para el obstinado. Éste sólo valora una cosa: la misteriosa fuerza en su interior, que le ordena vivir y ayuda a crecer”. Es verdad lo manifestado hasta aquí porque esa fuerza es la fuente de su vida y crecimiento, que no se mantiene, fomenta o profundiza con dinero y similares, ya que el dinero y el poder son invenciones de la desconfianza. Quien desconfía de la fuerza vital que cada persona tiene y, por tanto, carece de ella, debe compensarla con un sustituto, como es el poderoso caballero don dinero. El que confía en sí mismo y no desea nada más que su destino se manifieste dentro de sí mismo, rebajará estos sustitutos sobrevalorados y excesivamente caros a herramientas subordinadas. Para las personas obstinadas, su posesión y uso pueden ser convenientes, pero nunca esenciales.
Visto lo visto y leído lo leído, más allá de las interpretaciones de la lengua española de la palabra “obstinación”, me quedo con la de la palabra original en alemán, Eigensinn, como “la virtud de hacer caso solamente al propio sentido”, algo así como ser consecuente en la vida con lo que uno es, piensa y siente, tal y como lo intentó explicar Herman Hesse en su libro autobiográfico. En definitiva, “coherencia” en estado puro, nada más, incluso quedándonos con la brevedad de su significado actual en el diccionario de la lengua española: actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan. Es verdad, porque ante lo que está pasando y estamos viendo, nos queda la palabra “obstinación”, entendida como la coherencia diaria en la ideología política de la izquierda, a pesar de los reveses actuales en nuestro país.
(1) Lukács, G. El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, 1976, pág. 5. Traducción: Wenceslao Roces.
(2) Hesse, Hermann, Obstinación. Escritos autobiográficos, Madrid: Alianza, 1979 (3ª ed.), p. 9 y 90-96. Traducción: Anton Dietrich.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Los aforismos de Jorge Wagensberg (1948-2018), un divulgador de la ciencia ejemplar y que siempre fue y seguirá siendo muy necesario para este país, me han permitido abordar frecuentemente una tarea inteligente de aprehender el mundo, sobre todo para resolver problemas, entendiendo esta capacidad humana como la mejor definición de la inteligencia y, por extensión ahora interesada en estas palabras, de la mejor política.
Me gusta comprenderlos en el sentido que ya se definió por primera vez, en el siglo XVIII, en el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí: “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que se publicó en el suplemento Babelia, de El País, en 2012 (1). Esta definición última, en términos de ciencia, lo fundamentaba en tres argumentos: la objetividad, la inteligibilidad y la dialéctica. Objetividad, porque el sujeto de conocimiento debe distorsionar lo menos posible al objeto de conocimiento. La inteligibilidad, porque hay que despejar a la esencia de todos sus matices, alcanzando la mínima expresión de lo máximo compartido. Ejemplo: Vivir envejece. Y, por último, la dialéctica, como tensión continua entre sujeto y objeto: La realidad es inteligible porque no hay bosques con más árboles que ramas.
Cuando asumimos en la vida, siguiendo a Aristóteles, que el hombre (en sentido filosófico y universal) es un animal político (zoon politikón, en griego), cuesta mucho aceptar los reveses continuos que sufrimos en el acontecer diario ante la ausencia de políticos que hagan política con altura de miras, la de visión de Estado o la del mero compromiso ciudadano como habitante digno de un territorio, de un país, que también hace o vive la política, porque entre todos la mataron o salvaron (la verdadera política) y, a veces, ella sola se murió o salvó.
Por esta razón política, asumiendo mi condición política como ciudadano de este país (Aristóteles, dixit) y cuando estamos viviendo los acontecimientos de presunta corrupción en la cúpula organizacional del PSOE, para respetar siempre la presunción de inocencia en el proceso judicial asociado contra personas concretas, constato que se extiende como una mancha de aceite la tentación de grandes líderes políticos, perdedores y soberbios, así como de muchos militantes anónimos y ciudadanos de a pie, frustrados por la debacle del frente popular de la izquierda, de abandonar el barco político de cada cual y arrojarse al mar esperando que algún día alguien los recoja, momento crucial que completa la primera parte del aforismo personal que da título a este artículo, porque quizás ya no haya sitio en el nuevo barco para tantos desertores, en el que presuntamente piensan que pueden volver a idear un mundo mejor en política, barco que se llama “Tiempos mejores”.
Es una realidad que navegamos en mares procelosos de miedo a lo desconocido, nuevos modelos de convivencia, corrupción, cansancio existencial y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo expresaba ya en 2012 en un post dedicado a los aforismos, porque en ese momento apreciaba que eran numerosas las deserciones en el barco político de aquella legislatura, siendo testigo directo del abandono apresurado de los que tenían la obligación de mantenerse en el puente de mando de la responsabilidad política que se le había encomendado, arrojándose a un mar repleto de desertores de la dignidad.
Recuerdo perfectamente un hecho que ocurrió en aquellos días, al difundirse la triste noticia de cómo el capitán Francesco Schettino abandonaba de forma vergonzante el crucero Costa Concordia, que chocó el 12 de enero de 2012 por una maniobra indebida con una roca junto a la isla del Giglio (Italia), en un ejemplo patético de irresponsabilidad y cobardía. Todavía resuena en mis oídos la grabación en italiano de los gritos del jefe de guardacostas cuando le conminaba a que volviera al barco del que se había tirado de forma tan lamentable e indigna: “Suba a bordo. Es una orden. No ponga más excusas. Ha abandonado el barco, ahora estoy yo al mando. ¡Suba a bordo!”. Decía que se había “caído” por la popa cuando lo que constataron es que cuando llegó a la costa su ropa no estaba mojada. Nadó y guardó la ropa de la indignidad, nunca mejor dicho, porque un buen capitán, digno y honrado, nunca abandona el barco que gobierna.
Lo he recordado especialmente en estos días de desasosiego político por lo ocurrido en la cúpula organizacional y asociados a la misma en el PSOE, afectando gravemente al Gobierno actual, cuando la tempestad política arrecia y se oyen las primeras voces de las deserciones y lanzamientos al mar. Creo que es urgente pedir a los dirigentes políticos que no abandonen sus barcos de dignidad, especialmente aquellos que demuestran los auténticos valores de la política decente, que existe, incluso si llegan a ser presidentes del correspondiente gobierno constitucional del país, porque son millones de personas las que con su voto les han dado respaldo en la buena fe política, aunque también compromete diariamente a los ciudadanos de a pie. Porque cuando depositamos nuestro voto confiamos en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Queremos ser escuchados en el silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Soñamos con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado. El voto es, en definitiva, un compromiso activo.
Por ello, alerto contra la tentación de tirarnos al mar de la burbuja personal de confort, de la presunta seguridad, ante el hartazgo por el acoso diario de la política mal entendida y desbordada por casos puntuales de corrupción. Fundamentalmente, porque siguiendo con el aforismo, es probable que cuando un día quizá lejano queramos volver al barco de la dignidad, falte ya barco, es decir, el sitio decente que teníamos asignado en la vida y que en ese momento nos correspondía asumir. Porque también es verdad que nadie se baña dos veces… en los ríos que van a dar a la mar digna.
Para finalizar y como pequeño homenaje a Jorge Wagensberg, del que tanto he aprendido, recojo de nuevo un precioso aforismo suyo en el que nos entregaba unas respuestas inteligentes para tiempos de crisis y de abandonos: ¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano). Espero que sirvan estas palabras para construir una forma diferente de ser en el mundo en este país tan cainita, intransigente y maleducado. Fundamentalmente, porque necesitamos tiempo de silencio para pensar y comprender la realidad tal y como es por lo que está pasando en nuestro país en estos delicados momentos. Para transformarla y no solo cambiarla. Cada uno en su sitio y como pueda hacerlo, porque es posible y sin necesidad de tirarnos al mar de la indignidad, de la deserción y de los silencios cómplices.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Desde el pasado 30 de junio se viene celebrando en Sevilla la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, auspiciada por las Naciones Unidas, que se clausura hoy, como “una oportunidad única para reformar la financiación a todos los niveles y que representa un espacio en el que los líderes de gobiernos, organizaciones internacionales, instituciones financieras, empresas, sociedad civil y el Sistema de las Naciones Unidas se unen al más alto nivel, fomentando una cooperación internacional más sólida”, según señala la organización oficial del evento desde la Moncloa, sede del Gobierno español como país anfitrión de la Cumbre. Es la aceptación de la multilateralidad como realidad imprescindible para abordar los Estados, de forma conjunta y proporcional a su realidad social y financiera, los múltiples problemas del infradesarrollo mundial en sus múltiples manifestaciones.
He analizado los datos fundamentales ofrecidos por la citada organización, que se pueden verificar consultando el documento elaborado a tal efecto, agrupados en los siguientes epígrafes: oportunidades de esta Cumbre, el déficit actual de financiación, cuál es la realidad actual de cómo funciona el sistema financiero internacional, la dura realidad de la sostenibilidad de la deuda, cuáles son las fuentes de financiación, cómo ha llegado el momento de dar un impulso global a la inversión en los Objetivos del Desarrollo (ODS) y el abordaje de la reforma de la arquitectura financiera mundial.
Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo Compromiso de Sevilla
Después de dar por cumplida la compleja agenda de trabajo fijada para esta Cumbre, hay que resaltar el proyecto de resolución presentado de forma oficial y antecedente por la Presidencia de la Conferencia, denominado “Compromiso de Sevilla”, de 47 páginas, aprobado el pasado 18 de junio, como documento final, para su aprobación también en esta IV Cumbre, que figuraba como anexo de la misma, en el que recomendaba también que la Asamblea General, en su septuagésimo noveno período de sesiones, “haga suyo el Compromiso de Sevilla aprobado por la Conferencia”. El citado documento se aprobó finalmente por consenso en la jornada de inauguración de esta Cumbre.
Según Naciones Unidas, “este documento refleja el esfuerzo de los cofacilitadores por alcanzar consenso y constituye un documento equilibrado, ambicioso y con carácter operativo. Consideran que su implementación permitirá reformar la arquitectura financiera internacional, afrontar el coste del endeudamiento y aumentar la inversión para cerrar la brecha de financiación para el desarrollo sostenible”.
Hay que resaltar también el hecho de que se haya lanzado en estas sesiones la llamada Plataforma para la Acción de Sevilla, auspiciada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y por el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, en la que gobiernos, organizaciones privadas y sector privado han presentado y acordado finalmente 130 iniciativas concretas para avanzar en la financiación al desarrollo. Los documentos están bien y más si se aprueban por consenso pero el rey Felipe VI, pidió en el acto inaugural de la Cumbre algo muy importante: que de la reunión salga “una nueva hoja de ruta basada en lo concreto, en lo tangible y en lo realizable”.
Un último dato simboliza la apuesta de nuestro país en esta Cumbre, al ratificar el Gobierno español su compromiso de destinar el 0,7% del PIB a cooperación, como acordó Naciones Unidas en 1970, algo que hoy solo cumplen cuatro países: Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia. En medio de las dificultades que atraviesa el Gobierno y el país, sería necesaria la aprobación de los nuevos presupuestos generales del Estado para 2026 que, en estos momentos, se considera de difícil aprobación, para que este compromiso adquiera firmeza. De ahí la necesaria y urgente multilateralidad para resolver la necesaria cooperación internacional para alcanzar los objetivos de desarrollo en 2030.
A modo de DAFO ultrarrápido en el ámbito de las “oportunidades” de esta Cumbre, señalo a continuación las aportadas previamente por la organización de la misma, porque “el mundo puede enfrentar la pobreza, la desigualdad, el hambre, la educación, la crisis climática y alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con un esfuerzo conjunto para movilizar recursos financieros destinados al desarrollo sostenible y construir una arquitectura financiera internacional que responda a las necesidades de todos los países. Invertir en el desarrollo sostenible no es un esfuerzo que afecte solo a un sector. La inversión en un área crea un efecto dominó en toda la economía, lo que supone un impacto positivo a todos los niveles:
• Cada dólar gastado en la educación para las niñas puede generar un retorno de 2,80 dólares, lo que equivale a miles de millones de dólares en PIB adicional.
• Cada dólar invertido en agua y saneamiento ahorra 4,30 dólares en costos de atención médica.
• Con 1 dólar por persona y año en la lucha contra las enfermedades no transmisibles, se pueden evitar cerca de 7 millones de muertes para 2030.
• Cada dólar invertido en la reducción del riesgo de desastres ahorra hasta 15 dólares en recuperación después de un desastre”.
En definitiva y como corolario final de esta Cumbre, “invertir en el desarrollo sostenible reduce los conflictos, estabiliza las economías y evita costosas crisis humanitarias”.
“Una cosa más”, como decía Steve Jobs al finalizar sus intervenciones. Es vergonzosa y clamorosa la ausencia de Estados Unidos en esta Cumbre, único país miembro de la ONU que no ha asistido a este importante encuentro. Ahora es cuando se toma conciencia de lo que está pasando con el gobierno de Trump en referencia a la cooperación internacional de los EEUU, cuando el pasado 3 de febrero y mediante una orden ejecutiva se cerró definitivamente la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que está ocasionando una tragedia mundial, sobretodo en países en desarrollo y grandes conflictos bélicos, así como a millones de refugiados. Los datos de este desastre son elocuentes porque la USAID “distribuyó fondos en 2023 por un valor de US$ 43.400 millones en todo el mundo”. Tal y como informa la CNN a través de este Organismo estatal, “Gobernanza es el sector que más fondos recibió: US$ 16.800 millones. Le siguen la ayuda humanitaria, que recibió US$ 10.500 millones; salud, que obtuvo US$ 7.000 millones; administración, que recibió US$ 3.500 millones. Agricultura, Educación e infraestructura recibieron US$ 1.300 millones, US$ 1.100 millones y US$ 700 millones, respectivamente. De mayor a menor, los países que más fondos recibieron en 2023 fueron Ucrania, Etiopía, Jordania, República Democrática del Congo, Somalia, Yemen, Afganistán, Nigeria, Sudán del Sur y Siria. La ayuda para Ucrania, el principal beneficiario con US$ 16.000 millones (casi el 40% del total), se centró en “apoyo macroeconómico”, según el portal de asistencia externa del Gobierno de Estados Unidos. Otro impacto del cierre de la USAID se ha publicado recientemente en la revista The Lancet, calculando que esta acción puede costar la vida a más de 14 millones de personas en los países del Sur mundial más desfavorecidos, hasta 2030, de las que 4,5 millones serán niños y niñas menores de cinco años, suponiendo asimismo un impacto potencial del recorte del 83% en los programas globales de salud de Estados Unidos respecto de su cooperación internacional. Además, al menos 60 países del Sur Global están pagando más en servicio de la deuda adquirida que en salud y educación, lo que afecta finalmente a una población alrededor de 3.400 millones de personas.
Para que se tome conciencia de lo que está ocurriendo en relación con la cooperación internacional en este mundo al revés, a pesar de los loables esfuerzos de esta Cumbre en Sevilla.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Sin sonrojo alguno, siendo por mi parte prudente como serpiente y sencillo como paloma -como decía el evangelista Mateo-, al calificar esta noticia promocional así, publicó ayer Donald Trump (papi, para el máximo responsable de la OTAN), el siguiente mensaje en su red social Truth, para hacer propaganda descarada de su nueva línea de perfumes, con firma incluida: “Las fragancias Trump ya están aquí. Se llaman Victory 45-47 porque se centran en la victoria, la fuerza y el éxito, tanto para hombres como para mujeres. Consigue un frasco y no olvides regalarle una también a tus seres queridos. ¡Disfruta, diviértete y sigue ganando!”.
La compañía que tiene los derechos en la actualidad para fabricar y vender estos productos de marca Trump, publica las siguientes perlas en su página web oficial, referidas en este caso al perfume dedicado a la mujer: “Celebre al estilo Trump con Victory 47, una nueva e impresionante fragancia femenina inspirada en la histórica victoria del presidente Trump [en 2024]. Este perfume con una estatua de oro rosa, numerado y de edición limitada, es audaz, hermoso e icónico, perfecto para el fanático y coleccionista de Trump. Con cada pulverización, Victory 47 captura la confianza, la belleza y la determinación imparable. Un aroma sofisticado y sutilmente femenino que es tu firma para cualquier ocasión”. En la versión de colonia para “hombres”, tampoco se queda atrás en la hipérbole trumpiana: “Edición limitada, coleccionable y numerada. Esta colonia celebra la histórica victoria del presidente Trump y la próxima toma de posesión como el 47º presidente. Con su icónica estatua dorada, Victory 47 combina notas ricas y masculinas con un acabado refinado y duradero. Para los hombres que lideran con fuerza, confianza y propósito, esto es más que una colonia; es una celebración de la resiliencia y el éxito”.
Creo que sobran comentarios sobre lo expuesto, como una manifestación más de que para Trump el mundo es un Gran Mercado para vender desde Estados Unidos cualquier valor humano convertido en pura mercancía. La política para él siempre es negocio y la democracia y la defensa de derechos humanos para los que menos tienen es pura palabrería en democracia. Su nueva línea de perfume desprende la esencia de los nuevos hombres y mujeres que necesita el mundo, “ya que cada pulverización de Victory 47 captura la confianza, la belleza y la determinación imparable” de la mujer, pensada también “para los hombres que lideran con fuerza, confianza y propósito”. No lo olvidemos, con lo que está cayendo, porque es palabra de Trump: “esto es más que una colonia; es una celebración de la resiliencia y el éxito”.
Visto lo anterior, como una metáfora que da miedo, entre dictadores, imperialistas, ultraderechistas, tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Se erigen en reyes del “todo vale”, porque así tienen gregarios que nunca discuten nada. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.
Unos perfumes no tapan el mal olor de la mediocridad de lo que está ocurriendo en el mundo por parte de dirigentes internacionales con responsabilidades de Estado. ¡No nos callemos ante el todo vale de la Mediocracia! Estamos avisados.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Escribo con orgullo de socio que colabora con elDiarioes, para que pueda seguir manteniendo el aserto que defiende siempre Ignacio Escolar en su desempeño como director de esta publicación diaria, emblemática: no existe libertad editorial sin independencia económica. Es una lección práctica de que otro tipo de comunicación es posible en el mundo actual y por eso sueño en que algún día pudiera hacerse efectiva en otros medios y pseudo medios de comunicación del país, que rinden pleitesía a sus financiadores bancarios o institucionales, sobre todo en la derecha y su más allá, hasta el infinito, en su versión más casposa de interpretar la realidad social y política en este país dual y cainita, conforme al viento ideológico que más dinero sopla, poderoso caballero, no inocente por supuesto.
Por este motivo, comparto hoy la información que he recibido del director de elDiario.es, Ignacio Escolar, para demostrar que otro tipo de prensa, independiente, veraz y objetiva es posible. Lean la información económica facilitada, porque es una lección del periodismo que debe imperar en democracia: Las cuentas de elDiario.es en 2024: un periódico blindado por su comunidad vía @eldiarioes.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Estamos rodeados de desánimo, desafección política y desaliento. No basta ya el recuerdo de la solución cinematográfica a nuestros males: “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, aunque, siguiendo el famoso canon, lo que representan ciertas películas no es ya pura coincidencia con lo que está pasando y estamos viendo y sufriendo a diario. Recuerdo ahora que en 2023 ya escribí sobre esta realidad existencial, que hoy rescato al ser testigo directo de cómo se desarrollan los acontecimientos políticos de alcance mundial a la sombra del traje nuevo del emperador Trump. Vean por qué.
Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, por ejemplo, donde vivo, que también existe, como me recuerda con frecuencia Benedetti en su Soneto del pensamiento: «[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos«. Un antídoto extraordinario, también, es asumir el principio de realidad de unas palabras de Hannah Arendt, que no olvido: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.
A pesar de estos refuerzos éticos, es muy difícil en estos tiempos tan modernos, tan críticos en diferentes frentes de nuestras vivencias diarias, permanecer inaccesibles al desaliento, no inasequibles, porque somos personas, no mercancías, como aprendí hace años de las lecciones magistrales de don Fernando Lázaro Carreter, cuando abordaba el mal uso de este adjetivo en su extraordinaria obra, El dardo en la palabra: […] la confusión no es sólo vulgar; pero es confusión, y debe ser evitada. Se trata, simplemente, de que no se aplica con rigor el adjetivo debido, y se acude a otro que se le parece. Tampoco los precios son asequibles, sino baratos, razonables, ajustados, justos… Son las cosas a que corresponden tales precios las que pueden serlo. O no, en cuyo caso son inasequibles. Lo que no puedo comprar o entender es para mí inasequible. Ténganlo en cuenta quienes se precian de ser «inasequibles al desaliento». Merecen nuestra enhorabuena, pero digan, por favor, inaccesibles y hablarán con propiedad”. Esta aclaración encomiable, viene precedida de un contexto lingüístico que tampoco tiene desperdicio: “Asequibles son sólo las cosas que pueden adquirirse para poseerlas; cosas variadísimas, que van desde las ideas a los garbanzos; y si no, léanse estos dos fragmentos tan dispares: «La gracia abrillanta las ideas, las adorna, las hace amar, las adhiere a la memoria, vierte sobre ellas una luz que las vuelve más asequibles y claras» (W. Fernández-Flórez, 1945). «Entre los garbanzos, tan vulgares y tan asequiblesentonces, la carne de morcillo era lo selecto» (A. Díaz Cañabate, 1936). Con tales pasajes a la vista, bien claro está que calificar de asequible a una persona, es prácticamente desacreditarla como venal. ¡Qué distinta cosa hubiera dicho de aquella condesita Bretón de los Herreros [«La condesita, / aunque bocado de prócer, / es humana y accesible» (1838)], llamándola así! Aunque el paso se ha dado: el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón hace pensar de este modo a una dama, en una de sus espirituales novelas: «Era menester mucho aplomo y mucho dominio de sí misma para, sin preferencias por ninguno, ser con todos amable y asequible«. ¡Caramba con la dama! ¡Qué bien hubiese quedado el novelista escribiendo ahí accesible!”.
Aclarado este error histórico en el tratamiento no inocente de las palabras con las que nos relacionamos a diario, lo más importante de resaltar en esta locución es enfrentarse al significado de “desaliento”, lo que verdaderamente preocupa al mundo en este momento por su generalización, que el diccionario de la lengua española tiene claro desde el primer momento, decaimiento del ánimo, desfallecimiento de las fuerzas, llevándonos en directo a la palabra “desalentar” que, personalmente, es la que más me interesa en esta reflexión: quitar el ánimo a alguien. Con este circunloquio de palabras no inocentes, llegamos de nuevo a lo que pretendo analizar hoy: estamos viviendo una época en la que es difícil mantener una conducta inaccesible al desaliento. Si dejamos que las circunstancias actuales, los polémicos escándalos de corrupción en la política de nuestro país, por ejemplo, nos quiten el ánimo, es decir, la actitud, la disposición, el temple, el valor, la energía, el esfuerzo, la intención, la voluntad, el carácter, la índole, la condición psíquica de cada uno, de cada persona, es probable que perdamos la última acepción de este lema en nuestro vocabulario diario, porque al final nos quitan el fundamento principal del ánimo, el alma, el espíritu de cada uno como principio de la actividad humana.
Como a estas alturas de mi vida sólo me queda la palabra, sé el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Sobre todo porque temo un correlato fácil, el conformismo, si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana. El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de la frase en cuestión, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde el despacho oval de la Casa Blanca o desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivo, al desaliento.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Richard Strauss (Munich, 1864 – Garmisch-Partenkirchen, 1949) / Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino, Huelva, 1978)
Sevilla, 26/VI/2025 – 13:32 (UTC+2)
Anoche asistí al concierto “Gran Sinfónico 12”, que ofreció la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), bajo la dirección excelente del maestro Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino, Huelva, 1978), a quien he dedicado varias páginas de reconocimiento artístico en este cuaderno digital, en el que se interpretaron dos obras consagradas en la historia de la música, el Concierto para violonchelo y orquesta, en La menor, Op. 129 (1850) de Robert Schumann (1810-1856) y Una vida de héroe (Ein Heidenleben), poema sinfónico, Op. 40 (1898), de Richard Strauss (1864-1949). En general, el concierto me pareció espléndido, destacando al violonchelista Pablo Ferrández, en la primera de las obras, interpretando pasajes de la misma con su habitual maestría y la perfecta conjunción armónica de la orquesta en la segunda, con una interpretación virtuosa de la violinista concertino, Alexa Farré, en la tercera parte del poema sinfónico de Strauss, La compañera del héroe, dando pleno sentido a una compleja interpretación orquestal de cuarenta minutos ininterrumpidos, para iluminar un poema sinfónico con seis partes perfectamente diferenciadas, El Héroe, Los adversarios del Héroe, La compañera del Héroe, El campo de batalla del Héroe, Las obras de Paz del Héroe, La retirada del mundo y la consumación del Héroe.
Si destaco hoy esta segunda obra, Una vida de héroe, es porque trasciendo lo que Bertolt Brecht enunció en un poema de su obra Elogio a los combatientes, en el que adaptando personalmente el vocablo “hombre” por un lenguaje de género más actual, decía que Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles, donde hacía especial hincapié en la importancia de las personas imprescindibles, a las que agrego hoy “las necesarias” en momentos puntuales de la historia de la humanidad. Digo que lo trasciendo porque agrego a los imprescindibles de hoy, a los héroes o heroínas, ante una situación mundial en la que nos falta el reconocimiento a personas heroicas que necesitamos identificar con urgencia que llevan el sello de heroicidad en tiempos convulsos en la democracia de este país. Héroes y heroínas en múltiples facetas de la vida, pero que en democracia hay que señalar en su acción política de cada día. El Diccionario de Autoridades fijó, limpió y dio esplendor en 1747 a esta palabra, en su extraordinaria obra: “El Varón ilustre y grande, cuyas hazañas le hicieron digno de inmortal fama y memoria. Los Antiguos llamaban assí a los que por sus acciones grandes los tenía el vulgo por deidades, y (como dice Luciano) por un compuesto de Dios y hombre”. Hoy, el Diccionario de la Lengua Española, también de la RAE, ha bajado esta palabra de su pedestal histórico y nos deja una interpretación bastante hermosa en sus dos primeras acepciones: “1. Persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble – 2. Persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes”.
Más allá de las interpretaciones que se han hecho a lo largo de la historia sobre el egocentrismo de Richard Strauss en Una vida de héroe, al tildarse de obra de excesivo culto a su yo para resaltar, sobre todo, su vida en una etapa romántica mundial, es importante rescatar esta figura del héroe y de la heroína, atendiendo curiosamente a las seis partes del poema sinfónico citado, porque es urgente identificar qué significa hoy ser héroes en una sociedad que machaca sistemáticamente al que destaca en algún orden de la vida que no sea el populista a palo seco, no digamos si se le caracteriza como político que nos representa en unas votaciones democráticas. En segundo lugar, es igualmente importante, justo y necesario saber quienes son los adversarios del héroe o heroína, para saber a quienes nos enfrentamos, porque entre silencios cómplices, anonimatos vergonzantes y síndrome de tapados anda el juego, sobre todo en las redes sociales, dado que a muchos adversarios no les gusta que les identifiquemos y nos quedemos con su cara. A continuación, habría que proteger a los familiares directos de estas personas tildadas de héroes o heroínas, a sus compañeros y compañeras de vida, porque se agrega mucho sufrimiento a determinados comportamientos heroicos de personas dignas. Es lo que intuí anoche al escuchar el violín armonioso de la concertino Alexa Farré. A continuación, es importante destacar la importancia de los campos de batalla en los que tiene que sobrevivir como pueden los héroes o heroínas que intentamos ensalzar en estas palabras, porque no todo el mundo está dispuesto a hacer felices a los demás, a través de la política por ejemplo, algo que este país defendió constitucionalmente en el Artículo 13 de la Constitución de 1812, que decía textualmente, El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política, no es otro que el bien estar de los individuos que la componen. Lo decía también José Mujica, expresidente de Uruguay, cuando afirmó que La política es la lucha por la felicidad de todos, frase pronunciada en su discurso de despedida de la presidencia del gobierno uruguayo el 27 de febrero de 2015.
Siguiendo el leit motiv de la obra de Strauss, la cuarta parte de su poema sinfónico hace referencia a Las obras de paz del Héroe, destacando por mi parte que este país no es muy dado a resaltar en vida las obras de paz, encomiables, que en política se desarrollan en una legislatura. Al buen entendedor con pocas palabras basta y así lo expresé en su momento respecto de la legislatura anterior y en la actual, ¿quién niega hoy que la ley de amnistía ha sido una obra de paz en nuestro país, avalada precisamente hoy por el Tribunal Constitucional en los aspectos esenciales de la misma y que también he resaltado en innumerables ocasiones en este cuaderno digital? Así lo afirma el Tribunal Constitucional: «la ley impugnada [por el Partido Popular] responde a un fin legítimo, explícito y razonable”. Por último, comparto plenamente la importancia de saber retirarse a tiempo, para que no se perpetúen los héroes hasta el infinito y su más allá, sabiendo interpretar el sentido de la obra de Strauss, en su sexta parte, La retirada del mundo y la consumación del Héroe. Saber entregar el testigo de la acción heroica a tiempo, es un factor determinante para que la estela de las heroicidades se perpetúe en más personas y el mundo sólo tenga interés si sigue hacia adelante. Lo decía muy bien en 2018 el expresidente uruguayo Jose Mujica, un héroe de pura cepa: «Los mejores dirigentes son aquellos que cuando se van dejan a un conjunto de gente que lo superan ampliamente”.
Estoy encantado y agradecido como ciudadano de a pie por la elección de Lucas Macías Navarro al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS). En el programa oficial de su concierto de ayer, se decía que con las obras que dirigía “la ROSS daba su ilusionada bienvenida a su nuevo director titular, Lucas Macias, en la primera interpretación tras su nombramiento con la que es ya su orquesta y a cuyo podio se incorporara plenamente en septiembre”. Lo escrito anteriormente es una metáfora sobre una obra de Strauss que él dirigió ayer de forma magistral, utilizando como partitura esencial su memoria, su inteligencia musical, dando a cada parte de la obra de Strauss lo suyo, musicalmente hablando, que me ha inspirado al extrapolarlo al momento político actual, convulso y preocupante, tan falto de héroes y heroínas ejemplares, necesarios e imprescindibles también.
Gracias, maestro Macías. Ayer comprendí de nuevo que la música siempre es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Fotograma de “Titanic” (1997), con músicos de la Wallace Hartley Band, tocando en momentos trágicos del hundimiento
Sevilla, 22/VI/2025 – 12:46 h (CET+2)
Esta mañana he conocido la decisión alocada de Trump al bombardear Irán, siguiendo la estela de Israel y llevando al mundo a un precipicio bélico de daños incalculables, sin encomendarse a su Congreso y saltándose compromisos internacionales con la ONU. Se veía venir, conociendo su arrogancia política de cuño imperialista.
Salvando las distancias y todo lo que haya que salvar, he recordado inmediatamente el hundimiento del Titanic, hace ya ciento trece años y a su afamada orquesta, la Wallace Hartley Band, para ofrecer divertimento al pasaje y cómo siguió tocando impertérrita hasta el hundimiento total del buque, hecho luctuoso en el que murieron 1.517 personas que iban a bordo, como tripulación y pasajeros. Soy consciente de que el bombardeo de Irán por parte de la aviación de los Estados Unidos, con sus fortalezas aéreas que da miedo describirlas por su poder mortífero, nos deja al borde del precipicio de un conflicto mundial de incalculables daños humanos y materiales. Creo que no hemos tomado conciencia todavía de que este tipo de escaramuzas guerreras las contemplamos como lejanas, a modo de música interpretada por los nuevos músicos de un Titanic imaginario, intentando seguir viviendo como si no pasara nada, a pesar de los avisos continuos de que el mundo se derrumba y nos coge distraídos en intereses mezquinos. Y lo que tengo claro, mirando de frente a los nuevos músicos de ese nuevo Titanic imaginario es que todos no vamos en el mismo barco y que no nos da igual lo que está pasando en Irán, Gaza o Ucrania, por señalar algo muy concreto. Bastaría una locura de Putin o una respuesta de Israel alocada, con su gran aliado, Donald Trump, para que la gran nave mundial se hunda con música de fondo siguiendo la estela del Titanic.
Creo que ha llegado el momento de reafirmarse en la elección del barco en el que va cada uno por la vida, porque si algo tengo claro es que todos no vamos en el mismo. En el mío, una patera, no cabe músico alguno para entretenerme hasta su hundimiento por la desazón de la vida, fundamentalmente porque su gobierno depende de mi cuaderno de derrota, en lenguaje marino, de mi responsabilidad ética en el cada día de la vida.
En 2016 escribí un artículo bajo el título En el mismo barco, en el que explicaba que en noviembre de ese año se había estrenado un documental,In the same boat (En el mismo barco), que resumía en su título una idea muy brillante del sociólogo Zygmunt Bauman: “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”. Se refería al ecosistema social de escala mundial en el que navegamos en estos momentos casi hacia ninguna parte: “En tiempo de crisis siempre se ha dicho que no es conveniente hacer mudanzas, pero no estoy de acuerdo con este aserto ignaciano en situaciones tan dramáticas como las que se están experimentando a nivel mundial, con un impacto importante en este país, aunque se quiera ocultar casi a diario. Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este blog”.
Dije también que ante el contexto actual mundial, con la crisis de la pandemia que sobrevolaba sobre nuestras vidas y que tan rápidamente hemos olvidado, “estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo. Lo contrario es obvio y se ve venir porque navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo que verdaderamente me enerva es contemplar cómo se suelen liquidar estas situaciones tan transcendentales con la consabida frase de que “todos vamos en el mismo barco” y eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras”.
Me reitero en algo de lo que estoy muy convencido: es probable que a este barco ético y esperanzador no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como los vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico y financiero mundial, desde una torre en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares, para ellos procelosos, contratando incluso a orquestas que los entretienen hasta el final de sus días. Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta. El resultado es este aforismo personal:
1. A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco… 2. A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…
Mientras, los músicos del nuevo Titanic imaginario, dirigidos por el “maestro” Trump, seguirán tocando para este mundo al revés como si no pasara nada.
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[…] El tema 83, la democracia, el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón, las hambres, el casamiento orgánico.
De este mundo los dos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.
Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo
Sevilla, 21/VI/2025 – 15:14 h (CET+2)
Mi generación sabe mucho de desconcierto existencial bajo el yugo de una dictadura, en la que teníamos claro que el país sólo tenía interés personal y social si iba hacia adelante, hacia la democracia. Ya la tenemos, sin lugar a dudas, pero malherida y en pleno ocaso mundial y nacional, lo que nos lleva a un nuevo desconcierto político en este país tan dual y cainita, trufado de corrupción reciente desde la izquierda, que tanto nos duele, aunque Terencio nos recuerde cada segundo vital que “nada humano nos es ajeno”.
Lo he manifestado públicamente en este cuaderno digital a lo largo de sus veinte años de amable existencia: en el álbum musical de mi vida ocupa un sitio privilegiado una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final. Estamos viviendo unos momentos dramáticos para el país, para su supervivencia democrática pura, por el estallido de la corrupción en la cúpula directiva del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que afecta directamente a la credibilidad del Presidente del Gobierno, por razones obvias, por decirlo claramente y sin medias tintas. Por esta situación, vemos inmerso el país en un desconcierto político mayúsculo, de consecuencias todavía desconocidas, pero que intuimos que no es para nada bueno. Por estas razones, creo que los demócratas, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque frente a lo que está pasando, en democracia somos dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros, cada uno con su cadaunada, con su ideología y su búsqueda de puntos de encuentro, constitucionales por supuesto, para romper el bloqueo político actual, que nos lleva al estancamiento insufrible en el que nos encontramos, por la obstrucción permanente de la oposición en su creencia lamentable de que el actual gobierno “no es legítimo”.
Los más antiguos del lugar recordarán una preciosa canción de Aguaviva y sus estrofas finales, sobre nuestro destino: “De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo”. En tal sentido, recuerdo lo que dijo el escritor Manuel Rivas en una columna del superdomingo electoral de mayo de 2019, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.
Aquella canción nos dejaba inquietos ante el permanente mundo al revés, tan frecuente en nuestras vidas:
Ni yo tampoco entiendo si se me abre el grifo y sale una bala tras otra bala, si abro la puerta y se nos entra el fusilado y cierro y se me queda fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto y nada, si miro al muro y todavía distingo los boquetes
Todo lo que viene ocurriendo estos días atrás, que conocemos por los informes elaborados por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, bajo supervisión judicial, sobre las andanzas corruptas e impresentables de dos exsecretarios de organización del PSOE, tan cercanos al presidente, uno de ellos exministro, junto a un asesor que lo grababa todo “para la posteridad”, echa por tierra la ideología que la izquierda, representada en este caso por el PSOE, estaba obligatoriamente a proteger y defender siempre: prestar los mejores servicios públicos a la sociedad, de forma limpia y transparente, teniendo en cuenta -solo y exclusivamente- el interés general de la población a la que el gobierno constituido sirve, teniendo en cuenta sobre todo a los más débiles, a los que menos tienen, a los que no tienen trabajo, a los que necesitan estructuras saludables para vivir y llegar a ser mayores con todas las garantías.
Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas, es la única solución para caracterizar la dignidad de un partido político, en este caso el PSOE y por extensión a quien ostenta en nombre de ese partido la presidencia de este país, aunque siga personalmente creyendo en su limpieza ética de gobierno. Merece la pena que la izquierda se entienda urgentemente en este galimatías de corrupción, incluso con la aceptación de una convocatoria de nuevas elecciones para que el pueblo decida ante la situación actual insostenible, aunque nos duelan desde la izquierda los presagios de una llegada en tromba de la derecha ultramontana, porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra. Para quien la quiera seguir escuchando y practicando a pesar de todo.
Las estructuras tradicionales de la política en este país a través del bipartidismo han desaparecido, por mucho que a algunos votantes les cueste creerlo. El multipartidismo ha venido para quedarse definitivamente en el Congreso y en el Senado. Tenemos que reconocer que de este mundo de la política de pactos, legítimos por supuesto, frente a sus detractores, sabemos poco, pero estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo. Por encima de todo, amamos una política que no haga daño, “aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. La izquierda constitucional está obligatoriamente obligada a entenderse por el bien de todos los ciudadanos que vivimos en este país tan heterogéneo por sus territorios, lenguas, creencias y culturas, y que, con el día a día de nuestro voto, aspiramos a vivir en paz en él y sin hacernos daño.
¿Reflexión buenista de un optimista redomado? No, aplicación del principio de realidad de un pesimista bien informado (Benedetti, dixit) sobre lo que está ocurriendo y estamos viendo, con profundo dolor ideológico desde la izquierda digna.
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