Los “expertos” en todo, siguen copiando a Groucho y Chico Marx

Groucho y Chico Marx, en unas escenas inolvidables de Una noche en la ópera (1935)

El lenguaje del poder otorga impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo universal en nombre del desarrollo y también a las grandes empresas que, en nombre de la libertad, enferman al planeta, y después le venden remedios y consuelos.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 15/VII/2025 – 18:20 h (CET+2)

Hace tres años, en momentos difíciles para este país, escribí las líneas que siguen, que rescato hoy actualizándolas porque no han perdido un ápice de su valor. Fundamentalmente, porque sigo de cerca los acontecimientos mundiales que nos acechan por tierra, mar y aire: las guerras de Ucrania y Gaza, trumpismo en su máximo apogeo para mayor desgracia del mundo (sobre todo para los que menos tienen), corrupción muy presente en la vida política de nuestro país, cambio climático insoportable, inflación galopante a base de aranceles descontrolados, irrupción galopante del fascismo y de la ultraderecha mundial y nacional, entre otros muchos dignos de señalar. Detecto que lo que hay detrás, en bastantes ocasiones, es un lenguaje vacío y lleno de lugares comunes por parte de los «expertos» correspondientes que se permiten hablar sobre ellos, también sobre todo lo que se mueve, algo que recogió ya Eduardo Galeano en su libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés, un libro de cabecera en mi biblioteca o clínica del alma. Bajo el epígrafe El lenguaje de los expertos internacionales, en la clase dedicada a la impunidad de los exterminadores del planeta, obviamente de la democracia, dice lo siguiente: “En el marco de la evaluación de los aportes realizados al redimensionamiento de los proyectos en curso, centraremos nuestro análisis sobre tres problemáticas fundamentales: la primera, la segunda y la tercera. Como se deduce de la experiencia de los países en desarrollo donde se han puesto en práctica algunas de las medidas que han sido objeto de consulta, la primera problemática tiene numerosos puntos de contacto con la tercera, y una y otra aparecen intrínsecamente vinculadas con la segunda, de modo que bien puede decirse que las tres problemáticas están relacionadas entre sí. La primera…” (1).

Leyéndolo con atención, nos damos cuenta de que no dicen absolutamente nada, porque son palabras huecas, sin sentido alguno. Suenan igual que las que pronuncian Otis B. Driftwood (Groucho) y Tomasso (Chico), en sus respectivos papeles en “Una noche en la ópera”, en una crítica mordaz sobre la burocracia y el formalismo aparente en la sociedad contemporánea, que personalmente lo llevo hoy al contrato social, que también existe, entre los representantes de los Gobiernos más la oposición, respecto de sus votantes. El lenguaje político que nos llega en estos días del Congreso, se convierte en algo muy parecido a lo expresado por Groucho Marx en la película citada: “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato… Oiga ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como esta? La cortamos”. Ante la situación que vivimos, efectivamente, en el Congreso de los Diputados, donde sería importante que se comprometiera todo el arco político con el “estado lamentable de la nación”, acosada por los problemas internacionales de inestabilidad política por el avance de la ultraderecha política y las guerras que nos asolan, hemos visto que el método de los Hermanos Marx ha resultado infalible para el ala de la derecha y su ala ultra con siglas conocidas por todos, porque poco a poco van cortando todas las cláusulas del contrato social “firmado” en las elecciones para quedarse al final con una, la llamada por ellos “cláusula sanitaria”, después de haber leído más de ocho cláusulas que, finalmente, desaparecen con un hilo conductor que ellos mismos aceptan cuando Chico Marx dice: “Ahora en esta parte que sigue hay algo que no le gustará, a lo que responde Groucho: “Bien, su palabra es suficiente para mí”, rompiendo una vez más esa parte del contrato y diciendo con voz engolada: «Dígame, ¿la mía es suficiente para usted?», a lo que Chico Marx responde: «¡Desde luego que no!» Sobran palabras, eufemísticamente hablando, para explicar este escuálido contrato, no digamos cuando ocurre en el contrato social de la representación política y sus votantes, apoyadas por las grandes decisiones de los expertos en todo. La palabra no sirve para nada, porque no les queda cuando casi todo es corrupción y casi nadie se fía de nadie, aunque se parte de un aserto falso: todos los políticos son iguales, cuando la verdad objetiva es que no es así. Dicho sea de paso y en defensa de muchos políticos honrados.

Pero “la cosa” no acaba ahí para determinados expertos nacionales en la política, por ejemplo, que están sentados en el Congreso. Cuando ya no queda casi nada del contrato marxiano, Groucho y Chico, en sus respectivos papeles, abordan la cláusula final que es lo único que les queda del escuálido documento original:

Chico: “Espere, espere. ¿Qué es lo que dice aquí en esta línea.

Groucho: Oh, eso no es nada. Una cláusula común a todos los contratos. Solo dice.… dice… ”si se demostrase que cualquiera de las partes firmantes de este contrato no se haya en el uso de sus facultades mentales, quedará automáticamente anulado en todas sus cláusulas”.

Chico: Pero yo no sé si…

Groucho: No se preocupe, hay que tomarlo en cuenta en todo contrato. Es lo que llaman una cláusula sanitaria.

Chico: Ja, ja, ja… no me diga que ahora tenemos que vacunarnos.

Groucho: (dándole la flor del ojal de su chaqueta) Tenga, se la ha ganado por idiota.
Chico: Gracias”
.

La cláusula sanitaria es el final de esta hilarante o esperpéntica escena, como también lo es cuando el contrato social con nuestros representantes políticos se rompe, se destroza en una trituradora de corrupción, máquinas de fango y malas formas de gobernar. La contaminación política de la corrupción es de tal calibre que se corrompe casi todo, por encima de todo la inteligencia, la corrupción mental, motivo por el que es necesario estar vacunado con la ética personal y colectiva, ante la epidemia de corrupción de amplio espectro que nos embarga. No me extraña que a modo de respuesta de Chico contra la mentira y la indignidad de la falsa política: “¡no me diga que ahora tenemos que vacunarnos”, Groucho, cuando entrega la flor de su ojal, reacciona en 1935 ante la otra parte contratante igual que aquél famoso asesor de Clinton cuando en la campaña presidencial de 1992 dijo una frase que ha pasado a la posteridad: ¡Es la economía, idiota! o lo que es hoy lo mismo, ¡es la corrupción, idiotaque no te enteras! En palabras de Galeano, algo parecido: “En el marco de la evaluación de los aportes realizados al redimensionamiento de los proyectos en curso, centraremos nuestro análisis sobre tres problemáticas fundamentales: la primera, la segunda y la tercera. Como se deduce de la experiencia de los países en desarrollo donde se han puesto en práctica algunas de las medidas que han sido objeto de consulta, la primera problemática tiene numerosos puntos de contacto con la tercera, y una y otra aparecen intrínsecamente vinculadas con la segunda, de modo que bien puede decirse que las tres problemáticas están relacionadas entre sí. La primera…”.

Comprendo mejor que nunca una frase de Emilio Lledó que me marcó para siempre: “Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia”. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario por tanto comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo, según atribución popular, el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Sobran palabras. Sobre todo, de determinados «expertos en todo», políticos y tertulianos de turno, porque la verdad brilla en ellos por su ausencia, cuando siguiendo de nuevo a Groucho Marx lo que deberían hacer es «estar callados y parecer tontos, antes que hablar y despejar las dudas definitivamente».

(1) Galeano, Eduardo, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 2003 (9ª edición). Madrid: Siglo XXI de España Editores, p. 223.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La calidad está en caída libre: nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

Antoine de Saint-Exupéry, Lo esencial es invisible para los ojos, en El principito

Sevilla, 14/VII/2025 – 12:34 h (CET+2) / Actualizado a las 13:42 h

Ayer leí un artículo en el diario El País, El asombroso fenómeno de la calidad menguante, sintetizado en el título que he escogido hoy para compartir sentimientos y emociones en un mundo que parece diseñado por el enemigo: nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

La verdad es que es demoledor el planteamiento general de su autor, Daniel Soufi, pero lo comparto plenamente. Sobre todo en la siguiente reflexión: “La disonancia entre quienes somos y quienes fuimos se retroalimenta con el contraste —quizá más importante— entre quienes somos y quienes queremos ser. Aunque es un impulso lógico culpar a las multinacionales que maximizan sus márgenes de beneficio a costa de los consumidores, y a los gobiernos cuyos recortes asfixian unos servicios públicos ya de por sí depauperados, la lógica mercantil es irrefutable: las cosas no son peores; en gran medida, son tal como las queremos o como nos las han hecho querer. Dicho de otro modo: quienes somos de peor calidad somos nosotros”.

La última frase es un aldabonazo en mi alma de secreto, porque la conclusión es rotunda y aleccionadora. Somos ya, como generación, de peor calidad, porque no sabemos responder a los fraudes continuos de calidad en el Gran Mercado Mundial y sus Mercancías, en la seguridad de que nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

Recuerdo ahora ante esta debacle de la calidad humana y de los millones de cosas y objetos que nos vende el Mercado, como banal mercancía, una frase de El Principito, lo esencial es invisible para los ojos, pronunciada por el zorro que se convierte en amigo del principito, al finalizar su famoso capítulo XXI:

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

Es un relato perfectamente válido en el contexto actual, digital por supuesto, donde la calidad superficial es casi siempre relativa o inexistente. En este sentido, la lectura de libro, No-cosas. Quiebras en el mundo de hoy, me sorprendió en su momento por su fondo y forma, sobre el que ya he escrito unas palabras de su texto y contexto, sin adelantarme a interpretaciones críticas de su contenido para respetar la lectura del mismo por parte de quienes leen estas líneas. Me refiero en concreto a un capítulo dedicado a las “cosas queridas”, “apreciadas”, de “calidad”, perdurables en el tiempo, en el que entreteje una reflexión profunda desde la perspectiva de la amistad del principito con el zorro. Este capítulo, en sí mismo, es un tratado de la amistad que va más allá de las meras apariencias y se adentra en el conocimiento del otro, perfectamente detallado en un diálogo en torno a la falta de tiempo que tienen las personas para conocer nada, porque todo se compra en la tiendas:

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

Al buen entendedor de la calidad menguante, pocas mercancías actuales bastan.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

España al revés / y 5. ¿Sabemos realmente quiénes y cuántos son los inmigrantes en nuestro país?

El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja. Si el intruso, el venido de afuera, es joven y pobre y no es blanco, está condenado a primera vista por indigencia o inclinación al caos o portación de piel. Pero si no es joven ni pobre, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida porque ha venido a trabajar el doble a cambio de la mitad.

Eduardo Galeano, El diablo es extranjero, en Espejos. Una historia casi universal (1)

Sevilla, 12/VII/2025 – 12:29 h (CET+2)

Sigo consternado con la noticia del pasado lunes sobre lo expuesto por la portavoz de Vox, Rocío De Meer, en torno a la necesidad de deportar a los inmigrantes y a sus hijos: “Lo que nosotros denunciamos desde el principio es que si en los años 90 el porcentaje de población extranjera en nuestro país era más o menos de entre el 1% o el 2%, hoy estamos asistiendo a millones y millones de personas que vinieron desde los años 90 hasta ahora alentados por el bipartidismo. […] Están abiertas nuestras fronteras. Por lo tanto, de 47 millones de habitantes que tiene nuestro país más o menos más de 7 millones –porque tenemos que tener en cuenta la segunda generación–, 8 millones de personas han venido de diferentes orígenes en un muy corto periodo de tiempo. […] Estamos viendo que nuestra sociedad está cambiando, que nuestras calles en muchas ocasiones no son de los españoles, que muchas plazas no pertenecen a quienes siempre pertenecieron, que la tranquilidad de muchos pueblos, barrios y plazas también ha cambiado y no es la misma”, ha agregado. Por lo tanto, todos estos millones de personas que han venido hace muy poco tiempo a nuestro país y que no se han adaptado a nuestras costumbres y en muchísimos casos además han protagonizado escenas de inseguridad en nuestros barrios y en nuestros entornos tendrán que volver a sus países”. Esto se llevaría a cabo en “un proceso extraordinariamente complejo de remigración”. Por si quedaba alguna duda, cerró su discurso con la siguiente proclama: “Nosotros apostamos por ese proceso de migración porque pensamos que hay algo más importante que preservar y que además tenemos el derecho a querer sobrevivir como pueblo”. La verdad es que sobrecoge esta toma de posición del partido ultraderechista, pero el primer paso para matar este relato es tener datos, siguiendo el aserto que aprendí hace ya muchos años de Carol Weiss, cuando decía que “evaluar es emitir juicios bien informados”.

En este contexto, me ha parecido extraordinario el artículo publicado ayer en el diario El País, Datos para entender la inmigración: cuántos son, dónde viven y en qué trabajan, de Daniele Grasso y Borja Andrino, porque nos permite evaluar en esta España al revés, quiénes y cuántos son los inmigrantes que viven y trabajan en nuestro país. Recomiendo la lectura de este artículo, pero adelanto algunos datos de indudable interés general.

Para empezar, “en España viven 9,3 millones de personas nacidas en otro país, casi uno de cada cinco habitantes. De ellas, más de tres millones tienen nacionalidad española —alrededor del 30%—, mientras que seis millones conservan su nacionalidad de origen”. Estos datos suponen que los inmigrantes son en la actualidad el 19% de la población total.

Otro dato de interés es que más de 4 millones de personas proceden de América Latina y han nacido en esta región, al que siguen los países europeos (2,4 millones), ocupando el tercer lugar los africanos (1,5). Es interesante destacar que “la mitad de los extranjeros vienen de 10 lugares, los que se recogen en el gráfico de arriba. Marruecos es el principal origen y es el único que supera el millón de personas. En la última década han crecido un 50%. Un aumento espectacular que tras la pandemia ha sido superado por Colombia (74% más desde 2020), Venezuela (57%) o Perú (60%)”.

Otro dato esperanzador para el país , que se señala en el artículo, es que “Los extranjeros rejuvenecen la pirámide de población española”, porque “Casi tres de cada cuatro personas extranjeras tienen entre 20 y 64 años (73%), mientras que entre los nacidos en España solo lo hacen poco más de la mitad (53%). La diferencia es de 20 puntos”. Es de especial interés para el presente y futuro laboral de este país, porque “aunque los extranjeros suponen el 19 % de la población general, su presencia es especialmente destacada entre los jóvenes adultos. Representan el 28 % de las personas de entre 25 y 35 años, el 22 % del grupo de 20 a 24 años, el 26 % de los de 35 a 39, y el 23 % de quienes tienen entre 40 y 44 años”. Es una de las aportaciones más relevantes en la situación actual de envejecimiento de la población del país.

Junto al dato expuesto anteriormente, existe otro de indudable interés e íntimamente ligado al anterior: “Actualmente, un millón y medio de niños y niñas de hasta 17 años nacidos en España son hijos de al menos un progenitor extranjero, lo que representa un 20 % del total. Esta proporción es aún mayor entre los más pequeños: entre los menores de 3 años, suponen el 27 % y suman 391.000”. Por esta razón, “No es casualidad que estos nuevos españoles acaparan cada vez más atención de los expertos, una descendencia que tendrá un impacto considerable en el futuro. En el padrón hay ya más Mohammed (escrito con una o dos M) que Victor, Joaquín, Marcos, Roberto o Gonzalo. O más Ahmed que Iñigo, Oriol o Iñaki. También hay más Jennifer (con una o dos N) que Amaya, Candela o Lola”.

El artículo también nos ofrece datos importantes para saber dónde viven los inmigrantes en nuestro país: “La mayoría de las personas extranjeras en España reside en las áreas con mayor dinamismo económico. Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Baleares concentran 4,7 millones de residentes nacidos en otro país, la mitad de todos los que viven en el país. Alicante y Baleares, de hecho, son las provincias con mayor proporción de población extranjera: casi el 28 %. Junto con Girona (26 %), son las únicas donde más del 25 % de los habitantes han nacido fuera de España: eso es, uno de cada cuatro vecinos es de otro país”.

Por la realidad de la inmigración en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, me ha interesado conocer “el lugar de origen más común en cada provincia”, porque ilumina los destinos finales de la inmigración: “En las zonas con mayor peso del sector agrario —como Almería, Huelva, Lleida, Murcia, Jaén o la mencionada Girona— predominan los nacidos en países africanos. En cambio, los de origen latinoamericano son mayoría en provincias como Pontevedra, A Coruña y Madrid, donde superan el 50 % de la población extranjera. En estos casos, influye tanto la memoria migratoria de quienes se fueron a América en el siglo pasado como, especialmente en Madrid, el atractivo económico de la capital”. Asimismo, “Los europeos, comunitarios o no, destacan en provincias de costa. Su suma ronda el 40% en Alicante, Málaga, Castellón o Huelva. Por su parte, los nacidos en países asiáticos son mayoría relativa en Barcelona, donde representan el 13 % de la población extranjera, con comunidades destacadas como la paquistaní o la china”.

Una especial atención hay que centrarla en saber qué aporta la inmigración al mercado del trabajo: “Según la mayor encuesta laboral de Europa, el 37 % de las personas que llegan a España lo hacen por motivos laborales, y un 43 % para reunirse con su familia. Su presencia en el mercado de trabajo es, de hecho, cada vez más relevante. En mayo de este año, los trabajadores con nacionalidad extranjera superaron por primera vez los 3 millones de afiliados a la Seguridad Social, en un contexto en el que el número total de empleados alcanza cifras récord. El peso de la población de nacionalidad extranjera en el empleo es similar al que tiene en el conjunto de la sociedad: representan el 14 % de los trabajadores, igual al porcentaje de personas de otra nacionalidad entre 20 y 64 años en España”. Me ha llamado poderosamente la atención el siguiente dato: “Los nacidos fuera de España han sido clave para cubrir la demanda de los sectores dónde más había necesidad de mano de obra: como destaca el último informe anual del Banco de Españaentre finales de 2019 y finales de 2024, en torno a un 76% de todos los puestos de trabajo creados en España han ido a personas nacidas fuera”.

El artículo referenciado ofrece más datos y gráficos que son de sumo interés. La muestra elegida creo que es representativa del trabajo de investigación realizado. Vuelvo a reiterar lo enunciado anteriormente: evaluar nos permite emitir juicios cuando están bien informados, para no hablar de memoria o para extender bulos que hacen daños irreparables. Hoy. ha sido el objetivo de estas palabras en esta serie, en una España al revés, que muchas veces no sabe valorar lo que somos, tenemos y hacemos bien respecto de la inmigración, en este caso. Estamos avisados. porque el relato xenófobo y racista que airean con inusitada frecuencia determinados políticos de derechas y ultraderechas por sí mismos y alzando su voz en las máquinas del fango, seguirán intentando contrarrestar permanentemente la verdad objetiva del dato, hasta conseguir que su relato mate al dato. Estamos avisados para defender, en todos los foros posibles, la realidad social y económica que nos proporciona la inmigración en nuestro país, con datos extraordinarios, porque en el ocaso de la democracia, el relato manipulado, no verdadero y enfangado, acaba matando al mejor dato.  Como decía Galeano, los humanitos somos contradicciones que caminan, extranjeros de cuerpo y alma, en cualquier lugar o en alguna parte de la gran Aldea Global en la que se ha convertido el mundo al revés en el que vivimos. Lo que les puedo asegurar es que detesto el culpómetro y el peligrosímetro hacia los extranjeros, porque reconozco que también lo soy en este mundo al revés diseñado a veces por el enemigo.

Para completar esta serie, que finaliza hoy, pasen y lean las siguientes palabras de Eduardo Galeano (autor que me la ha inspirado), tituladas El diablo es extranjero. A mí me revuelven el alma ante las palabras de la portavoz de VOX, pronunciadas el pasado lunes en Madrid, donde puso el altavoz del culpómetro y peligrosimetro ante la inmigración, a todo volumen, en un discurso racista, xenófobo y antedemocrático.

El diablo es extranjero

El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja. Si el intruso, el venido de afuera, es joven y pobre y no es blanco, está condenado a primera vista por indigencia o inclinación al caos o portación de piel. Pero si no es joven ni pobre, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida porque ha venido a trabajar el doble a cambio de la mitad.

El pánico a la pérdida del empleo es uno de los miedos más poderosos en estos tiempos del mundo gobernado por el miedo.

Y la verdad es que el inmigrante está siempre situado a primera mano, ahí no más, a la vista, a la hora de encontrar culpables del desempleo, de la inseguridad y de otras muchas temibles desgracias.

Antes Europa derramaba sobre el mundo, sobre el mundo entero: soldados, presos, campesinos muertos de hambre… que eran protagonistas de las aventuras coloniales y han pasado a la historia como mensajeros de Dios. Era la civilización lanzada al rescate de la barbarie.

Ahora el viaje ocurre al revés. Eso quiere ser la invasión de los invadidos. Los que llegan o intentan llegar desde el sur al norte son protagonistas de las desventuras coloniales que pasan a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la civilización.

Si me ayudas a divulgar el artículo citado, Datos para entender la inmigración: cuántos son, dónde viven y en qué trabajan, demostraremos que “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Gracias sinceras y solidarias.

(1) Galeano, Eduardo. Espejos. Una historia casi universal, 2008. Madrid: Siglo XXI España.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

España al revés / 4. Respetemos las pequeñas cosas que pueden cambiar el mundo

Sevilla, 11/VII/2025 – 08:20 h (CET+2)

Vuelvo al autor que me inspira en esta serie, Eduardo Galeano, porque frente a la grandilocuencia y las hipérboles del nuevo imperialismo mundial comandado por Trump, sigo creyendo en una reflexión suya que me lavó el alma cuando la leí: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Es verdad, también, que siempre me han conmovido los pequeños detalles que nos regala la vida a diario, porque descubro qué importantes son para dar sentido a la persona de secreto que cada uno vive en su interior.

En este contexto de elogio a las pequeñas realidades de la vida, no olvido a Groucho Marx cuando pronunció con su ironía característica y en el contexto de la crisis económica mundial de 1929, una frase que legó a la posteridad: «Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”. Tampoco a Serrat, porque me enseñó en momentos transcendentales de este país, que era conveniente valorar las pequeñas cosas en su justo sentido, aquellas […] Que nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel / O en un cajón. Pero quizá sea un pájaro perdido de Tagore, el 178, el que vuele hoy alto en estos momentos difíciles para el país y me traiga una reflexión extraordinaria a la hora de compartir en casa y a través de las redes la mejor vacuna contra el desasosiego que nos causa a veces dolor: A mis amados les dejo las cosas pequeñas; las cosas grandes son para todos. Y vuelvo a Serrat:

Uno se cree
Que las mató
El tiempo y la ausencia.
Pero su tren
Vendió boleto
De ida y vuelta.

La disponibilidad digital de la que gozamos hoy día, tanto para lo divino como para lo humano, nos permite disfrutar de pequeñas cosas con recursos de siempre, de toda la vida, los rincones, los papeles, los cajones olvidados, también la radio, siempre compañera y amiga, completándola en este momento con los digitales, tales como los teléfonos inteligentes, la televisión y las redes sociales. Esta es la maravillosa realidad de Internet, una tecnología de doble uso, lo sé, pero que cuando se recurre a ella de forma racional y equitativa es extraordinariamente útil y buena, en el buen sentido de la palabra “buena”.

Son aquellas pequeñas cosas,
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón,
En un papel
O en un cajón.

Por ello, comprendo hoy mejor que nunca a Serrat, porque todo lo que nos rodea ahora en casa son aquellas pequeñas cosas que muchas veces no hemos valorado en tiempo de bonanza, de rosas. No un yate, una mansión o una fortuna, los de la metáfora de Groucho, por pequeños que fueran o fuesen. Es lo que tiene no confundir hoy, como todo necio, valor y precio.

Como un ladrón
Te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan
A su merced
Como hojas muertas
Que el viento arrastra allá o aquí,

Que te sonríen tristes y
Nos hacen que
Lloremos cuando
Nadie nos ve.

El neofascismo que nos invade por la derecha y su más allá, nos tiene ahora a su merced, obligándonos a tomar medidas de autoprotección para protegernos a nosotros mismos y a los demás, permitiéndonos solo encontrar las pequeñas cosas de cada día, que a veces acechan a través de la puerta. Solo necesitamos autoconvencernos de que con pequeñas soluciones podemos solucionar este gran problema, aunque a veces lloremos cuando nadie nos ve. Recordemos con Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”

Hablando de llanto escondido, he ido a mi biblioteca a buscar un libro para recordar cómo lloraba Antonio Machado en momentos difíciles para este país, de destierro, buscando quizá un consuelo ante tanto dolor ajeno, sin acabar de entender sus soledades, según su hermano José, un gran desconocido en la literatura española. Su lectura me ha dejado siempre vía libre en el terreno de las preguntas. Su título es real como la vida misma, Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José (1). Cuenta en estas páginas que unos días antes de morir en el pueblo del destierro, le pidió una pequeña cosa, ver el mar: “Esta fue su primera y última salida. Nos encaminamos a la playa. Allí nos sentamos en una de las barcas que reposaban sobre la arena. El sol de mediodía no daba casi calor. Era en ese momento único en que se diría que el cuerpo entierra su sombra bajo los pies. […] Así permaneció absorto, silencioso, ante el constante ir y venir de las olas que, incansables, se agitaban como bajo una maldición que no las dejara reposar. Al cabo de un largo rato de contemplación me dijo señalando a una de las humildes casitas de los pescadores: “Quién pudiera vivir ahí tras una de esas ventanas, libre ya de toda preocupación” Y volvió al hotel, sumido en el más profundo silencio. Una soledad acompañada, recordando una idea de su infancia sobre ella: Sí, yo era niño y tú mi compañera. Seguro que en esta soledad sonora recordó el último verso de su retrato con alma: Y cuando llegue el día del último viaje / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar. Al leerlo otra vez con el calor que da la impecable dignidad de la que hizo gala siempre, se me han caído unas lágrimas, como le ocurría a María Celeste, el mascarón de proa preferido de Neruda, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en la Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Porque ante la dignidad y la vergüenza todo llora y nada permanece insensible y quieto.

Solo son las pequeñas cosas que hoy quería contar a mis amados y amadas, a los que señalaba Tagore como especiales e imprescindibles y que a mí me dejan a diario, con señales precisas, un camino de ida y vuelta en un tiempo de espinas y rosas.

(1) Machado, José (1999).  Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José. Madrid: Ediciones de la Torre, pág. 141s.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

España al revés / 3. La corrupción política ya la condenó Cicerón en el siglo primero antes de Cristo

Cayo Tulio Cicerón (106 – 43 a.C.)

Sevilla, 10/VII/2025 – 21:00 h (CET+2)

La corrupción fue ayer la gran protagonista de nuestro país, concretamente por la comparecencia del presidente del Gobierno, a petición propia, al objeto de informar en el Congreso de los Diputados sobre los presuntos casos de corrupción conocidos por la filtración a los medios de comunicación y a la opinión pública de investigaciones en curso. Desgraciadamente y siguiendo lo proclamado por Gonzalo de Berceo (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…), hay que reconocer (en roman paladino por supuesto) que la corrupción en política es más antigua que el hilo negro y quizás sea Cayo Tulio Cicerón (106 – 43 a.C.) quien mejor lo muestra a través de sus discursos conocidos como “Verrinas”, pronunciados contra Cayo [Gayo] Verres, un gobernador (pretor) romano de Sicilia, acusado de corrupción y abuso de poder. Leyendo estos discursos comprendemos ahora mejor que nunca lo manifestado por Terencio, cuando en su obra El enemigo de sí mismo, Cremes, un personaje curioso como protagonista, pronuncia una frase memorable que ha pasado a la posteridad: Hombre soy; nada humano me es ajeno (Homo sum; humani nihil a me alienum puto) o lo que es lo mismo, actualizándola a la realidad de nuestros días, la corrupción, como actitud humana, no nos es ajena tampoco.

Después de casi veintidós siglos, podemos constatar que la corrupción política sigue siendo una realidad reprobable y detestable desde todos los puntos de vista posibles. En cualquier caso y como perdura a día de hoy, desgraciadamente, es muy importante la propuesta que hizo ayer el presidente para redoblar esfuerzos nacionales para erradicarla desde la base en nuestro país, al presentar un Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción, debiéndose asumir el principio de realidad de la corrupción que acompaña al animal político (según Aristóteles) por antonomasia, al ser humano desde el principio de los tiempos.

Indiscutiblemente, la dura realidad de la corrupción política impregna todos los discursos de Cicerón referidos a Verres, destacando La primera actuación [Actio prima in Verrem], que es recomendable leer con detenimiento porque las acusaciones que figuran en él bastaron para que Verres huyese al destierro y los múltiples protectores de sus tropelías corruptas desistieran de su defensa. A pesar de su autodestierro, Cicerón completó el conjunto de sus acusaciones contra Verres, recogidas en cinco discursos en su segunda actuación [Actio secunda]: Verres pre­tor en Roma [De praetura urbana], en el que describe la vergonzosa carrera política del acusado; Verres pretor en Sicilia [De praetura Siciliensi], abordando el lamentable gobierno de Verres en la isla; Discurso sobre el trigo [Oratio frumentaria], donde se señala el comportamiento corrupto del pretor en la administración tributaria de los cereales, fundamentalmente respecto del trigo; Las estatuas [De signis], donde se describe cómo se hizo famoso por los robos de obras de arte y , finalmente, su quinto discurso, Los suplicios [De supplicio], en el que demuestra la crueldad en el trato a determinados ciudadanos romanos.

Como botón de muestra, he seleccionado unas palabras de Cicerón en estas Verrinas (1), veintidós siglos después, concretamente las que dedica a Verres para hacer una descripción de sus diferentes acciones corruptas en su trayectoria política: “Para dejar a un lado las manchas e ignominias de su juventud, su cuestura, el primer escalón de la carrera política, ¿qué otra cosa tiene en su haber a no ser a Gneo Carbón despojado por su cuestor del dinero público, el cónsul desamparado y traicionado, el ejército abandonado, la provincia arrumbada, la estrecha relación del sorteo y los lazos religiosos violados? Su legación fue la ruina de toda Asia y de Panfilia, provincias en las que saqueó multitud de casas, numerosas ciudades, todos los templos, en la ocasión en que repitió e institucionalizó contra Gneo Dolabela aquel anterior crimen suyo de cuando cuestor, cuando con sus maldades provocó el odio contra aquel del que había sido legado y procuestor, y no sólo lo abandonó en medio de los peligros, sino que lo atacó y traicionó. Su pretura urbana supuso el saqueo de los lugares sagrados y de los edificios públicos y, al mismo tiempo, en el ejercicio de su jurisdicción, la adjudicación y donación de bienes y propiedades contra lo establecido por sus antecesores». Prosigue con la auténtica realidad de su conducta corrupta durante su pretura en Sicilia: «Pero donde ha dejado los más numerosos y más graves testimonios y pruebas de todas sus culpas es en la provincia de Sicilia, a la que maltrató ése y demolió durante un trienio hasta tal punto que de ningún modo puede restituirse a su anterior estado, ya que, parece, a duras penas podrá alguna vez recobrarse en parte alguna en el transcurso de muchos años y bajo la acción de pretores honestos. Cuando ése fue pretor, los sicilianos no tuvieron ni sus propias leyes ni nuestros senadoconsultos ni el derecho
común a los humanos: cada cual tiene en Sicilia cuanto escapó al desconocimiento o sobrevivió a la saciedad de este hombre tan acaparador y desenfrenado».

No hay que olvidar tampoco que fue la aristocracia romana la que protegió a Verres hasta el final de sus días, gracias al corporativismo judicial por el estamento social al que pertenecía como pretor y por el clamor popular en su defensa judicial por parte los ciudadanos beneficiados por sus múltiples actos corruptos. Sé que adentrarse en las Verrinas no es una oferta fácil ni amable para el verano, pero no viene mal acercarse a estas lecturas aleccionadoras de la memoria histórica y democrática sobre la denuncia de la corrupción política desde que el mundo es mundo, casi desde que se separó el cielo de la tierra, dice la historia que hueca y vacía por cierto, hasta que se creó al ser humano, muy buena creación por cierto y por mucho que nos sigan sorprendiendo hoy sus debilidades históricas.

La corrupción política sabe adaptarse a los nuevos tiempos, tras tantos siglos de historia, pero siempre ha sido, es y será detestable por los daños irreparables que ocasiona al interés general de la ciudadanía. De ahí la urgente e imperiosa necesidad de contrarrestarla con ordenamiento jurídico suficiente, que la vigile de forma preventiva, administrativa y políticamente hablando. Es la gran tarea política pendiente en nuestro país por parte de todos los partidos políticos, sin excepción alguna, que conforman en la actualidad el arco parlamentario.

(1) Cicerón, Marco Tulio, Discursos I. Verrinas, Madrid: Editorial Gredos, 1990, Traducción: José María Requejo Prieto, p. 245-247.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

España al revés / 2. No hay que tirar la toalla, darse por vencidos o desistir de un empeño

SIEMPRE HACIA ADELANTE – DAR YASIN (AP) | 25-11-2011 – El ciclista, en medio de una espesa niebla, mira a cámara mientras no detiene su avance por una de las calles de Srinagar (India)

Sevilla, 9/VII/2025 – 13:10 h (CET+2)

“Tirar la toalla” es una locución verbal que se escucha últimamente en el espectro de la alta política de este país, por ejemplo en torno a la figura del actual presidente del Gobierno, locución que tiene muchos siglos de antigüedad y que prefiero situar su aparición en la antigua Roma, en el momento en que un gladiador ya no tenía fuerzas para continuar luchando y pedía clemencia al emperador de turno alzando una toalla o pañuelo, para que no continuara la pelea fijada en el espectáculo del día. Atravesando el túnel del tiempo, nuestro diccionario recoge una acepción de la citada locución, en el lema “toalla”, que refleja bien el sentir popular: “Darse por vencido, desistir de un empeño”.

En democracia es muy importante no olvidar nunca su gran objetivo, garantizar el cumplimiento riguroso de lo previsto, por ejemplo, en la Constitución que nos rige, para mantener la visión de que sólo tiene interés si va hacia adelante, no “tirando la toalla”, a través de programas políticos concretos dada nuestra decisión de cómo se conforma la gobernanza de este país, mediante las correspondientes elecciones y la constitución de los gobiernos que hacen viables los programas de los partidos vencedores en las urnas.

Como una muestra objetiva y real de lo expuesto anteriormente, acabo de ver y escuchar con atención la comparecencia del presidente del Gobierno, a petición propia,  al objeto de informar sobre los presuntos casos de corrupción conocidos por la filtración a los medios de comunicación y a la opinión pública de investigaciones en curso, donde he comprobado que esta locución ha estado presente en la misma en su intervención inicial, porque también estuvo en su mente “tirar la toalla” y convocar elecciones, “me planteé dimitir, pero “tirar la toalla” no es una opción”, decisión que no ha llevado a cabo, defendiendo su continuidad con un Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción, que ha expuesto en sus líneas generales. Estamos viviendo días muy difíciles de digerir en democracia, por la corrupción que ha aflorado de momento en tres personas vinculadas al Partido Socialista Obrero Español, dos de ellas cesadas de sus cargos relevantes en el mismo, nada más y nada menos que secretarios de organización del partido, y uno de ellos también, hace ya un tiempo, como Ministro, que han hecho tambalear al gobierno actual y, obviamente, a su presidente.

Siendo esto así y sin quitarle un ápice de importancia de lo sucedido, creo que junto a la continuidad del gobierno actual que se desprende hoy de las diferentes intervenciones de los responsables de los diferentes socios del actual gobierno de coalición, tenemos que desarrollar un tejido personal y social, a modo de malla pensante y “militante de democracia” en nuestro país, que llamamos Noosfera, en el que destaque por encima de otras, una característica de las personas dignas: mirar siempre hacia adelante, no tirar la toalla ante cualquier adversidad, sobre todo si perjudica al interés general, porque el mundo solo tiene interés si lo comprendemos así. Recuerdo como si fuera ayer la última frase del libro “Origen y futuro del hombre”, de Josef Vital Kopp, un homenaje a sesenta años de permanencia en algún lugar oculto de mi cerebro, después de aquella primera lectura y análisis en 1966, de meses de estudio hasta que la Autoridad competente me recomendó que no investigara tanto sobre Teilhard de Chardin, porque era una persona que había muerto como había vivido: solo, equivocado de siglo, contraviniendo las teorías de la creación, reviviendo las teorías darwinistas en una nueva interpretación de raíces dudosas acerca de la creación y la evolución de las especies, de la supervivencia humana, de la muerte y de la vida.

Desde la portada, pasando por el índice y por mis propias anotaciones, pasaron imágenes y secuencias extraordinarias para un joven de dieciocho años que había descubierto que otro mundo era posible. Y una vez más vuelvo a leer página a página al autor que interpretando a Teilhard de Chardin me llevó de la mano (creo que también de la inteligencia) a descubrir una lectura apasionante del mundo que se simboliza en la cabecera de este diario digital y que es el hilo conductor de mi vida: el mundo solo tiene interés hacia adelante (Tientsin, 1923, recogida en sus Lettres de voyage, 1923-1939). La situación creada por la corrupción última en nuestro país es muy crítica, no cabe duda alguna, pero creo que debemos parar un momento la moviola de la tristeza y abatimiento para reconsiderar actitudes personales, familiares, laborales y políticas, para enfrentarnos a una realidad incontestable, pero que debe contar con la aportación que cada una, cada uno, puede poner en su realidad propia y asociada ante cualquier tipo de corrupción, porque está arraigada en nuestro país como uno de sus pecados capitales, a mayor o menor escala, mirando siempre hacia adelante, como he querido simbolizar a lo largo de casi veinte años en este cuaderno de bitácora, como símbolo y actitud activa que aprendí hace muchos años del mensaje y del autor que da título a este blog.

Como consecuencia de lo que estamos experimentando ante la corrupción política en estos días tan difíciles de digerir a veces, ¿dónde está la receta, para comprarla o el bálsamo de Fierabrás para beberlo y curar todas las heridas actuales en el cuerpo y en la mente, en una España a veces al revés por la corrupción? Sencillamente, no existen puntos de venta de estos productos mágicos, porque la revolución de la esperanza en que vamos a salir de esta situación está en el cerebro de las personas que deciden no arredrarse ante la situación adversa y seguir mirando hacia adelante, como el ciclista de la foto, avanzando en medio de la niebla espesa, con unas luces tenues que ayudan a seguir confinados por ahora, pedaleando, viviendo, trabajando, queriendo, enfrentándose de cara a la adversidad en cualquiera de sus manifestaciones. Porque la tentación de tirar la toalla y arrojarse al mar es una situación transitoria, dejando atrás compromisos y personas que necesitan manos amigas y cerebros inteligentes que luchen día a día por vencer el miedo escénico de seguir viviendo, saliendo a cubierta para dirigir la nave del alma que todos llevamos dentro, abandonando temporalmente la contramina mental y de trabajo duro, gris, que muchas veces desarrollamos, para gritar en cubierta, a cielo abierto, que no debemos abandonar los barcos en los que cada uno está enrolado, porque las creencias merecen la pena aferrarse a ellas, en cualquiera de las cuatro vertientes que un día, también muy lejano, aprendí de un gran hombre, José Ferrater Mora, en su precioso libro El hombre en la encrucijada, que introduzco siempre en la maleta virtual de los viajes que suelo hacer en busca de islas desconocidas.

Decía el filósofo José Ferrater Mora, durante su exilio, que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Nos necesitamos y juntos podemos hacer camino al andar, porque hoy no quiero dejar solo en su avance al ciclista de la foto, al presidente de nuestro país, al gobierno de coalición que sustenta nuestro Estado de Bienestar, a las personas a las que quiero, a las creencias políticas que me siguen pidiendo que no abandonemos a los sin voz, a los que menos tienen, a los que llamamos torpes o nadies, a las personas pobres de todo: de espíritu y carne, a las personas que ejercen una política digna, a los que defienden que todos no somos iguales, a las personas que aun equivocándose están dispuestas a rectificar, a los que les preocupa el silencio de las minorías, a los que defendemos la sociedad del bienestar social, a los que quieren y desean dejar de estar intranquilos porque pierden ilusiones, dinero y puestos de trabajo, a los que tienen muy claro desde el punto de vista político que no es lo mismo trabajar por la defensa de derechos y deberes, que por la mera mercancía.

Porque la inteligencia humana, que nos une a todos y no está en el mercado libre, vence al miedo, a la corrupción política y en otros ámbitos, al dinero manipulado por el mercado, por muy poderoso caballero que sea. Es una maravillosa lección de la historia que han escrito las personas que hasta hoy nos han acompañado y acompañan en un largo viaje fascinante hacia alguna parte digna, iniciado desde África hace ya más de doscientos mil años. Nunca tiraron la toalla, ni se dieron por vencidos, ni desistieron de su empeño.

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¡Paz y Libertad!

España al revés / 1. El sistema condena al hambre de abrazos

Eduardo Galeano, El libro de los abrazos

Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.

Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?

Eduardo Galeano, Extranjero, en El cazador de historias

Sevilla, 8/VII/2025 – 14:54 h (CET+2)

Cuando tomamos conciencia de que este país escuchaba ayer, casi sin inmutarse, a la diputada de Vox, Rocío de Meer, decir que unos ocho millones de migrantes deberían ser expulsados de nuestro país, incluso sus hijos nacidos en España, porque hay que proteger a la nación dado que, según el partido que representa, VOX, “tenemos el derecho a querer sobrevivir como pueblo”, se estremece el alma democrática de cualquier persona digna que comprenda el fondo del problema de la migración, jaleado ahora por lo que está haciendo el presidente Trump en Estados Unidos y por los vientos inhumanos antiinmigración que corren en Europa, sin ir más lejos. Sus palabras fueron exactamente así: “Lo que nosotros denunciamos desde el principio es que si en los años 90 el porcentaje de población extranjera en nuestro país era más o menos de entre el 1% o el 2%, hoy estamos asistiendo a millones y millones de personas que vinieron desde los años 90 hasta ahora alentados por el bipartidismo. […] Están abiertas nuestras fronteras. Por lo tanto, de 47 millones de habitantes que tiene nuestro país más o menos más de 7 millones –porque tenemos que tener en cuenta la segunda generación–, 8 millones de personas han venido de diferentes orígenes en un muy corto periodo de tiempo. […] Estamos viendo que nuestra sociedad está cambiando, que nuestras calles en muchas ocasiones no son de los españoles, que muchas plazas no pertenecen a quienes siempre pertenecieron, que la tranquilidad de muchos pueblos, barrios y plazas también ha cambiado y no es la misma”, ha agregado. Por lo tanto, todos estos millones de personas que han venido hace muy poco tiempo a nuestro país y que no se han adaptado a nuestras costumbres y en muchísimos casos además han protagonizado escenas de inseguridad en nuestros barrios y en nuestros entornos tendrán que volver a sus países”. Esto se llevaría a cabo en “un proceso extraordinariamente complejo de remigración”. Por si quedaba alguna duda, cerró su discurso con la siguiente proclama: “Nosotros apostamos por ese proceso de migración porque pensamos que hay algo más importante que preservar y que además tenemos el derecho a querer sobrevivir como pueblo”.

Ante este panorama, creo que el sistema de política internacional de derechas extremas y liberalismo en estado puro, condena a la humanidad más maltratada, los migrantes y refugiados, al hambre de abrazos que preconizaba Eduardo Galeano en una obra extraordinaria, El libro de los abrazos (1), al que acudo de nuevo en este mes de julio tan falto de ellos.

Es verdad que no es la primera vez que me refiero a esta hambre tan humana y cercana, y hoy he vuelto de nuevo a buscar refugio en sus páginas porque necesito encontrarlos de diferente manera. Creo que estamos viviendo momentos de hambre de abrazos, tal y como lo expresaba él de forma magistral en uno de sus relatos en el libro citado, concretamente en El hambre / 2:

Un sistema de desvínculo: El buey solo bien se lame. El prójimo no es tu hermano, ni tu amante. El prójimo es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o una cosa para usar. El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar: a muchos los condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.

El hambre de abrazos existe desde que al mundo lo llamamos mundo, pero en este tiempo de despersonalización e individualismo digital, hemos comprobado en nuestra propia carne que necesitamos encontrar al verdadero prójimo, que no es un competidor, enemigo, obstáculo a saltar o una cosa para usar y tirar. Mucho menos si es un emigrante, un extranjero. Lo que sabemos ahora es que el sistema de política internacional de derechas y su más allá, pretende condenarnos al hambre de los abrazos verdaderos. Dicen que se ha descubierto el verdadero problema de este tiempo de separación: la tecnología digital desaforada, no inocente por cierto, nos desvincula por sus bulos y desinformación planificada incluso con inteligencia artificial, siendo la razón de nuestro sufrimiento y de por qué buscamos desesperadamente abrazos en el alma de secreto que todos tenemos, para sentir el calor que la situación actual mundial y nacional nos quita sin compasión alguna.

Finalmente, he comprendido muy bien qué significa el abrazo de la razón y el corazón, así como el del alma y el cuerpo, leyendo uno de los abrazos verbales de Galeano en este libro, tan apreciado por mí, cuando me he enfrentado a esta página en blanco: “¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón. Sabios doctores de Ética y Moral han de ser los pescadores de la costa colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir el lenguaje que dice la verdad”.

Lo que he pretendido decir mediante estas palabras, que nos quedan, es lo que significan ahora los abrazos en nuestras vidas, como sentipensante de este tiempo tan difícil de interpretar. Nada más, porque el hambre de abrazos (y de besos) nos hace enfermar de amor y, como bien dice Galeano en su libro, el amor es una enfermedad contagiosa y cualquiera nos reconoce, “despabilados noche tras noche por los abrazos”, en los sueños ahora al no poder darlos y “no hay decreto del gobierno que pueda con él [el amor], ni pócima capaz de evitarlo”.   

(1) Galeano, Eduardo (1993). El libro de los abrazos. Madrid: Siglo XXI.

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¡Paz y Libertad!

 

Emilio Lledó nos recuerda que leer nos permite volar sobre la mediocridad que asola el mundo

Emilio Lledó, Necesidad de la literatura

Sevilla, 6/VII/2025 – 08:54 h (CET+2)

Hoy he vuelto a encontrarme con Emilio Lledó, al que tanto admiro y aprecio, a través de una obra suya publicada este año, Necesidad de la literatura, ilustrada de forma muy cuidada por Eugenia Ábalos, que recoge tres ensayos del autor, sobre la literatura, cultura y libertad de expresión, ya publicados como artículos en el diario El País en 2002, 2010 y 2007, respectivamente.

La pequeña referencia a título de sinopsis de la editora, Nórdica, nos adelanta el hilo conductor de los mensajes que contiene: “La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad. Un horizonte de alegría, de luz reflejada y escudriñadora, nos deja presentir la salvación, la ilustración, frente al trivial espacio de lo ya sabido, de las aberraciones mentales a las que acoplamos el inmenso andamiaje de noticias, siempre las mismas, porque es siempre el mismo nuestro apelmazado cerebro. Los libros nos dan más, y nos dan otra cosa. En el silencio de la escritura cuyas líneas nos hablan, suena otra voz distinta y renovadora. En las letras de la literatura entra en nosotros un mundo que, sin su compañía, jamás habríamos llegado a descubrir […]”.

También me ha llamado la atención la “perpetuidad” de este libro planteada por Cristina Ros en un artículo a modo de crítica literaria sobre esta publicación, Emilio Lledó, los libros y la lectura como principio de libertad, publicado hoy en elDiario.es, que me admira por mi dialéctica, frente al mercado, de la obra escrita al servicio de la Noosfera, en gratuidad plena, cuestión no baladí que he planteado en este cuaderno digital a lo largo de veinte años: “En la decisión de publicar estos artículos en forma de libro hay, por parte de Nórdica, una demostración de esa apuesta por el formato tradicional. ¿Qué sentido tiene, si no, editar en papel unos textos que se pueden leer en abierto? Frente a la gratuidad –que habría que matizar: pagamos la línea de Internet, la electricidad, el aporte electrónico, quizá la suscripción al periódico–, el libro en papel ofrece otro tipo de lectura, más pausada, en otro contexto. Seleccionar estos artículos, sacarlos de la nube, es también una forma de revalorizarlos, de decirle al lector que esto de aquí merece la pena y no hay que dejar que caiga en el olvido. Además, con las ilustraciones de Eugenia Ábalos (Mendoza, Argentina, 1977), el texto se enriquece: los libros-ideas como pájaros que vuelan libres, las semillas y los árboles como metáfora del cultivo de sí, del saber que se asienta poco a poco”.

En los momentos que vivimos nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerde que la palabra escrita o hablada es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor tan apreciado: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (1). Además, cuando la deja reflejada en un texto para la posteridad, llamémoslo libro, alcanza la cumbre de la perfección humana.

Gracias, Maestro Lledó, por esta nueva obra, que nos permite sobrevolar la mediocridad que nos asola a diario.

(1) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

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¡Paz y Libertad!

Nos queda la palabra “obstinación”, la coherencia diaria en la ideología política de la izquierda, a pesar de los reveses actuales en nuestro país

Hermann Hesse (1877-1962)

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero, En el principio

Sevilla, 5/VII/2025 – 14:16 h (CET+2) / Actualizado a las 17:43 h

En tiempos tan convulsos en nuestro país por los enfrentamientos de modelos políticos y sus respuestas ante la corrupción, representados simbólicamente por la izquierda, la derecha, y los más allá de cada modelo ideológico, ninguno inocente por supuesto, ni iguales al fin, como aprendí hace ya muchos años del pensador neomarxista George Lukács, en su extraordinario libro “El asalto a la razón”, cuando decía que  “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1), necesitamos reforzar el pensamiento ideológico de la izquierda, que tan tocado está desde hace ya bastante tiempo, porque se ha descuidado la formación política continua y blindaje de las desviaciones que propicia el ejercicio de la política de altos vuelos. De ahí la necesidad de que practiquemos, ahora más que nunca, aquella semblanza de La Cantata de Santa María de Iquique, que personalmente aprendí y escuché del grupo Quilapayún, cuando decía algo muy necesario y recomendable en el momento actual: “Con el amor y el sufrimiento se fueron aunando voluntades”.

Digo lo anterior porque la responsabilidad de lo que está pasando estos días no es solo del presidente del Gobierno, de sus socios y de sus partidos con siglas diferentes, porque algo tendremos que decir ahora sus votantes entre los que me incluyo, ya que siguiendo a Aristóteles, soy un “animal político” (zoon politikón, en griego), como ciudadano de pleno derecho y voto. Llevamos años soportando los ataques despiadados de las derechas y su más allá, desde el momento de investidura del Gobierno actual tras la moción de censura de 2018, hasta nuestros días, con el mantra de estar el país sufriendo las invectivas de un continuo gobierno ilegítimo, craso error e insulto a la Constitución de este país y a sus votantes, sin entrar en más detalles, porque no es el núcleo de esta reflexión, sí el marco de la misma. Creo que, una vez más, es la hora de la palabra de la ciudadanía que ha apostado por un modelo diferente de país, desde 2018 hasta hoy, centrado en el progreso y en la atención suprema al interés general que sólo lo propicia el Estado de Bienestar. Y esto es lo que hay que defender en todo momento, salvo que se demostrara de forma objetiva que el gobierno actual ha cometido delitos que hicieran inviable su continuidad en términos puramente democráticos. Y para ello es necesario rescatar la obstinación en una ideología política de izquierda, siempre pendiente de la obligada autocrítica ante las desviaciones que se produzcan de este caminar político, en concreto, cuando la izquierda pierda el norte de su lucha por su propio sentido de ser y estar en el mundo para transformarlo, siempre cerca de los que menos tienen, de los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados. Me emociona recordar estos fines democráticos.

A pesar del sesgo histórico no inocente que ha tenido la palabra “obstinación “ en nuestro país, a lo largo de los siglos, he vuelto a entrar en mi clínica del alma, mi biblioteca, con mi edad matusalénica, buscando un libro que me acompaña desde hace muchos años, Obstinación (2), de Hermann Hesse (1877-1962), Premio Nobel de Literatura en 1946. Su prólogo y luego un capítulo homónimo dedicado a esa palabra, obstinación, traducida pobremente del alemán Eigensinn, me ha ayudado siempre a comprender qué significa defender mi sentido de la vida, mis valores, mis principios, la coherencia como virtud transcendental en la vida, en una época, como bien recordaba Groucho Marx, en la que lo que prima es una afamada sentencia que se le atribuye a él aunque de dudosa autoría a lo largo de su vida: Estos son mis principios. Si no gustan, tengo otros: “Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación [eigensinn]. Todas las demás, sobre las que leeremos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por lo hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al propio sentido”.

Estamos viviendo tiempos convulsos en los que el valor de la palabra dada está en solfa, no digamos los principios y valores. Esa es la razón de por qué cobran más fuerza que nunca las reflexiones de Hesse sobre la obstinación, como virtud principal sobre todas las demás, porque nuestra vida sólo se debe regir por la obediencia a nuestro propio sentido, extendida en esta ocasión a obediencia a nuestra propia ideología política. Esta virtud, junto a otras “verdaderas”, según él, “siempre molestan y suscitan odio. Véase Sócrates, Jesús, Giordano Bruno y todos los demás obstinados”. También explica que la palabra obstinación es áspera para algunos, razón para sustituirla por “carácter”, “personalidad” e incluso “originalidad”, sólo atribuible esta última, por ejemplo, a “artistas y gente estrambótica”. A partir de unir la palabra obstinación con terquedad, por si había alguna duda, desarrolla Hesse el significado de “sentido propio”, el que tiene cada piedra, cada brizna de hierba, cada flor, cada animal, que crecen viven, actúan y sienten según su propio sentido, porque todas las cosas del universo, hasta la más pequeña, tienen su “sentido propio”, llevan dentro su propia ley y la siguen absolutamente seguras e imperturbables”. Dicho esto, aborda la tragedia humana, porque “existen sobre la tierra solamente dos pobres seres malditos, a los que no está permitido seguir esa llamada eterna, y ser, crecer, vivir y morir como les ordena su sentido innato. Sólo el hombre y el animal domesticado por él están condenados a no seguir la voz de la vida y del crecimiento y de someterse a unas leyes establecidas por el hombre y, de vez en cuando, infligidas y modificadas también por él”.

A partir de aquí aparece la figura del “héroe”, la de aquellas personas que siguen su propio sentido y que sucumben por seguir su propia estrella, alejados del gregarismo impuesto por la sociedad en la que viven: “el héroe trágico, el obstinado, enseña a los millones de seres mediocres y cobardes que la desobediencia a las normas del hombre no es capricho brutal, sino lealtad a una ley mucho más alta, más sagrada”, porque el instinto gregario exige siempre adaptación y subordinación, ¡gran tarea para la mediocracia de hoy!, frente a lo que tiene el gran sentido de la vida para los obstinados y héroes. Es verdad que el enfoque de Hermann Hesse en estos contenidos aparece a veces como un ensalzamiento a ultranza del egoísmo e individualismo más radical que podamos pensar, pero hay que comprender bien qué significa en sus reflexiones el legítimo deseo de cada persona de unir destino y sentido de la propia vida, poniendo al dinero, por ejemplo, en su sitio, porque el motor que mueve la vida es la confianza en ese sentido de la vida, en los “para qué” vivimos: “El dinero y el poder y todas esas cosas por las que los hombres se torturan mutuamente y acaban por matarse a tiros tiene poco valor para quien se ha encontrado a sí mismo, para el obstinado. Éste sólo valora una cosa: la misteriosa fuerza en su interior, que le ordena vivir y ayuda a crecer”. Es verdad lo manifestado hasta aquí porque esa fuerza es la fuente de su vida y crecimiento, que no se mantiene, fomenta o profundiza con dinero y similares, ya que el dinero y el poder son invenciones de la desconfianza. Quien desconfía de la fuerza vital que cada persona tiene y, por tanto, carece de ella, debe compensarla con un sustituto, como es el poderoso caballero don dinero. El que confía en sí mismo y no desea nada más que su destino se manifieste dentro de sí mismo, rebajará estos sustitutos sobrevalorados y excesivamente caros a herramientas subordinadas. Para las personas obstinadas, su posesión y uso pueden ser convenientes, pero nunca esenciales.

Visto lo visto y leído lo leído, más allá de las interpretaciones de la lengua española de la palabra “obstinación”, me quedo con la de la palabra original en alemán, Eigensinn, como “la virtud de hacer caso solamente al propio sentido”, algo así como ser consecuente en la vida con lo que uno es, piensa y siente, tal y como lo intentó explicar Herman Hesse en su libro autobiográfico. En definitiva, “coherencia” en estado puro, nada más, incluso quedándonos con la brevedad de su significado actual en el diccionario de la lengua española: actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan. Es verdad, porque ante lo que está pasando y estamos viendo, nos queda la palabra “obstinación”, entendida como la coherencia diaria en la ideología política de la izquierda, a pesar de los reveses actuales en nuestro país.

(1) Lukács, G. El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, 1976, pág. 5. Traducción: Wenceslao Roces.

(2) Hesse, Hermann, Obstinación. Escritos autobiográficos, Madrid: Alianza, 1979 (3ª ed.), p. 9 y 90-96. Traducción: Anton Dietrich.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Falta ya mar para los que se tiran del barco político de la izquierda

Costa Concordia

1. A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
2. A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

JA Cobeña, Aforismos

Sevilla, 4/VII/2025 – 14:43 h (CET+2)

Los aforismos de Jorge Wagensberg (1948-2018), un divulgador de la ciencia ejemplar y que siempre fue y seguirá siendo muy necesario para este país, me han permitido abordar frecuentemente una tarea inteligente de aprehender el mundo, sobre todo para resolver problemas, entendiendo esta capacidad humana como la mejor definición de la inteligencia y, por extensión ahora interesada en estas palabras, de la mejor política.

Me gusta comprenderlos en el sentido que ya se definió por primera vez, en el siglo XVIII, en el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí: “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que se publicó en el suplemento Babelia, de El País, en 2012 (1). Esta definición última, en términos de ciencia, lo fundamentaba en tres argumentos: la objetividad, la inteligibilidad y la dialéctica. Objetividad, porque el sujeto de conocimiento debe distorsionar lo menos posible al objeto de conocimiento. La inteligibilidad, porque hay que despejar a la esencia de todos sus matices, alcanzando la mínima expresión de lo máximo compartido. Ejemplo: Vivir envejece. Y, por último, la dialéctica, como tensión continua entre sujeto y objeto: La realidad es inteligible porque no hay bosques con más árboles que ramas.

Cuando asumimos en la vida, siguiendo a Aristóteles, que el hombre (en sentido filosófico y universal) es un animal político (zoon politikón, en griego), cuesta mucho aceptar los reveses continuos que sufrimos en el acontecer diario ante la ausencia de políticos que hagan política con altura de miras, la de visión de Estado o la del mero compromiso ciudadano como habitante digno de un territorio, de un país, que también hace o vive la política, porque entre todos la mataron o salvaron (la verdadera política) y, a veces, ella sola se murió o salvó.

Por esta razón política, asumiendo mi condición política como ciudadano de este país (Aristóteles, dixit) y cuando estamos viviendo los acontecimientos de presunta corrupción en la cúpula organizacional del PSOE, para respetar siempre la presunción de inocencia en el proceso judicial asociado contra personas concretas, constato que se extiende como una mancha de aceite la tentación de grandes líderes políticos, perdedores y soberbios, así como de muchos militantes anónimos y ciudadanos de a pie, frustrados por la debacle del frente popular de la izquierda, de abandonar el barco político de cada cual y arrojarse al mar esperando que algún día alguien los recoja, momento crucial que completa la primera parte del aforismo personal que da título a este artículo, porque quizás ya no haya sitio en el nuevo barco para tantos desertores, en el que presuntamente piensan que pueden volver a idear un mundo mejor en política, barco que se llama “Tiempos mejores”.

Es una realidad que navegamos en mares procelosos de miedo a lo desconocido, nuevos modelos de convivencia, corrupción, cansancio existencial y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo expresaba ya en 2012 en un post dedicado a los aforismos, porque en ese momento apreciaba que eran numerosas las deserciones en el barco político de aquella legislatura, siendo testigo directo del abandono apresurado de los que tenían la obligación de mantenerse en el puente de mando de la responsabilidad política que se le había encomendado, arrojándose a un mar repleto de desertores de la dignidad.

Recuerdo perfectamente un hecho que ocurrió en aquellos días, al difundirse la triste noticia de cómo el capitán Francesco Schettino abandonaba de forma vergonzante el crucero Costa Concordia, que chocó el 12 de enero de 2012 por una maniobra indebida con una roca junto a la isla del Giglio (Italia), en un ejemplo patético de irresponsabilidad y cobardía. Todavía resuena en mis oídos la grabación en italiano de los gritos del jefe de guardacostas cuando le conminaba a que volviera al barco del que se había tirado de forma tan lamentable e indigna: “Suba a bordo. Es una orden. No ponga más excusas. Ha abandonado el barco, ahora estoy yo al mando. ¡Suba a bordo!”. Decía que se había “caído” por la popa cuando lo que constataron es que cuando llegó a la costa su ropa no estaba mojada. Nadó y guardó la ropa de la indignidad, nunca mejor dicho, porque un buen capitán, digno y honrado, nunca abandona el barco que gobierna.

Lo he recordado especialmente en estos días de desasosiego político por lo ocurrido en la cúpula organizacional y asociados a la misma en el PSOE, afectando gravemente al Gobierno actual, cuando la tempestad política arrecia y se oyen las primeras voces de las deserciones y lanzamientos al mar. Creo que es urgente pedir a los dirigentes políticos que no abandonen sus barcos de dignidad, especialmente aquellos que demuestran los auténticos valores de la política decente, que existe, incluso si llegan a ser presidentes del correspondiente gobierno constitucional del país, porque son millones de personas las que con su voto les han dado respaldo en la buena fe política, aunque también compromete diariamente a los ciudadanos de a pie. Porque cuando depositamos nuestro voto confiamos en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Queremos ser escuchados en el silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Soñamos con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado. El voto es, en definitiva, un compromiso activo.

Por ello, alerto contra la tentación de tirarnos al mar de la burbuja personal de confort, de la presunta seguridad, ante el hartazgo por el acoso diario de la política mal entendida y desbordada por casos puntuales de corrupción. Fundamentalmente, porque siguiendo con el aforismo, es probable que cuando un día quizá lejano queramos volver al barco de la dignidad, falte ya barco, es decir, el sitio decente que teníamos asignado en la vida y que en ese momento nos correspondía asumir. Porque también es verdad que nadie se baña dos veces… en los ríos que van a dar a la mar digna.

Para finalizar y como pequeño homenaje a Jorge Wagensberg, del que tanto he aprendido, recojo de nuevo un precioso aforismo suyo en el que nos entregaba unas respuestas inteligentes para tiempos de crisis y de abandonos: ¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano). Espero que sirvan estas palabras para construir una forma diferente de ser en el mundo en este país tan cainita, intransigente y maleducado. Fundamentalmente, porque necesitamos tiempo de silencio para pensar y comprender la realidad tal y como es por lo que está pasando en nuestro país en estos delicados momentos. Para transformarla y no solo cambiarla. Cada uno en su sitio y como pueda hacerlo, porque es posible y sin necesidad de tirarnos al mar de la indignidad, de la deserción y de los silencios cómplices.

(1) Pretexto para un texto fuera de contexto | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

NOTA: la imagen se recuperó el 3 de marzo de 2018 de: http://www.theatlantic.com/photo/2012/01/the-wreck-of-the-costa-concordia/100224/

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