Se cumplieron los peores augurios en torno al estreno de “La familia de la tele” en la televisión pública

Sevilla, 6/V/2025 – 16:10 h (CET+2)

Comienzo con una confesión pública: ayer no vi el programa “La familia de la tele” en ninguno de sus dos tramos, pero he leído atentamente varias crónicas y el denominador común para mí es claro y rotundo: no es lógico que Televisión Española, un ente público, haya contratado un programa tan controvertido, tal y como escribí el pasado 29 de abril en este cuaderno digital, a pesar de que lo presente a los cuatro vientos como un canto a la “diversidad, inclusión, solidaridad, y servicio público”.

Es verdad que sólo fue su presentación oficial, a través de una carrera de “presentadores y colaboradores estrella” para llegar a Prado del Rey, a las puertas del plató 5 y de un desfile-cabalgata de carrozas posterior con gigantes y cabezudos que llevaban “sorpresa” dentro, llámese Isa Pantoja o Rocío Carrasco (sin comentarios), sin entrar todavía en el citado plató y contenidos, que se mostrarán hoy, pero como botón de muestra intuyo que el programa no presagia nada bueno.

Los datos de audiencia en el primer tramo fueron de un 8.7% de share y 769.000 espectadores, continuando en el segundo con un 9.1% y 708.000 televidentes, respectivamente. Datos modestos en un estreno tan promocionado a bombo y platillo desde el ente público, pero que revelan que la televisión pública hace una apuesta de gran riesgo y desde mi punto de vista innecesaria y contraproducente, por mucho que repitan de forma machacona que el programa ofrece “diversidad, inclusión, solidaridad, y servicio público”. La crónica del diario El País, lo califica en pocas palabras como “una charlotada faraónica a mayor gloria de la incultura y el analfabetismo funcional”.

Ante lo expuesto anteriormente, vuelvo a publicar mi artículo de la semana pasada, unos días antes de su entrada sorprendente en televisión española, reafirmándome en mis presagios nada halagüeños sobre su estreno nacional, que me llevan a resaltar una vez más la misión de RTVE definida perfectamente en su Código Ético: “RTVE responde al carácter de empresa de servicio público, por lo que debe ofrecer una información rigurosa, independiente y plural, así como un entretenimiento de calidad; fomentar el debate, la innovación y la creación; y apoyar la difusión de las artes, la ciencia y la cultura. Todo ello bajo las premisas de cohesionar y dar cauce a la participación”.

ooooOOOoooo

“La familia de la tele”, sorprendente y preocupante estreno en la televisión pública

Gustavo Bueno / Telebasura y democracia

Sevilla, 29/IV/2025 – 07:50 h (CET+2)

Ayer, un día aciago para el país por el apagón eléctrico masivo de causa todavía desconocida, estaba previsto el estreno en TVE, de nuevo frustrado, de un espacio televisivo, La familia de la tele, en una operación rescate del denostado “Sálvame”, de infeliz memoria, producto de la fábrica Mediaset y su matriz de raíces berlusconianas, no inocentes por cierto, a través de una productora, La Osa Producciones Audiovisuales, en una nueva etapa de expansión dejando atrás la etapa bajo la denominación de Fabricantes Studio, que creó el universo televisivo “Sálvame”. El nuevo programa ha cambiado de denominación, pero incorpora en bloque a antiguos componentes de producción, presentadores y elenco de “colaboradores”, eufemismo de personajes de cuyo nombre no quiero acordarme ahora, porque fueron representantes cualificados de la televisión basura.

Escucho y veo con bastante desasosiego cómo directivos de la televisión pública justifican este rescate, introduciendo un término, “familia”, en el nuevo título del programa para edulcorar esta operación televisiva, sobre la que pesa una mochila histórica a través de sus representantes rescatados que, en múltiples ocasiones, sobrepasaron las barreras éticas que se deberían respetar por encima de todo en este tipo de programas, con demandas judiciales incluidas. Como botón de muestra, la cadena pública anuncia así el nuevo programa, con un lenguaje cuando menos hiperbólico: “Un equipo único del que no querrás separarte. Cercanía, profesionalidad y facilidad para conectar con la audiencia. Así podríamos definir a cuatro comunicadores que, lejos de necesitar presentación, forman parte de la idiosincrasia de generaciones de todas las edades. María Patiño, Aitor Albizua, Inés Hernand y Belén Esteban serán los rostros que nos acompañarán cada tarde. Un equipo que ya se prepara para todo lo que está por venir y que, como viene siendo habitual, tiene preparado multitud de contenido con el que nos harán disfrutar diariamente”. Veremos.

Creo sinceramente que la filosofía del todo vale en favor de ofrecer a la audiencia un espectáculo de la realidad “entretenida” de lo que está pasando, debería cuidarse especialmente por la televisión pública en aras de respetar hasta la saciedad el contenido de este tipo de espacios, sobre todo porque su código ético tiene un nivel de exigencias institucionales y profesionales que trascienden la guerra sin cuartel de subir las audiencias a cualquier precio, cuestión delicada cuando hablamos de la financiación exclusiva de RTVE con dinero público.

Ante esta situación, recuerdo una publicación del filósofo Gustavo Bueno, a quien he dedicado ya algunas palabras de reconocimiento explícito en este cuaderno digital, en la que hacía un análisis muy fino de la relación de la telebasura con la democracia (1) (Telebasura y democracia, 2002), aunque quizás algunos desconozcan que ya se había aproximado a la realidad de la televisión con un ensayo anterior, sobre televisión que se plasmó en un primer ensayo (Televisión: apariencia y verdad, 2000). Le llamaban de todos los platós que existían en este país en el año de la publicación y Gustavo Bueno se esforzaba por explicar la dialéctica de las tesis desarrolladas en su libro, de la mejor forma que era posible para él, un filósofo que se zambullía con la metafísica con una facilidad pasmosa, diciendo cosas tan interesantes como que “Sin basura no podríamos vivir”, algo que se constata hoy más que nunca cuando vemos el comportamiento humano con las famosas toallitas húmedas, por ejemplo, que tanto daño hacen a la naturaleza y, finalmente, a nuestros propios bolsillos por lo que se paga por el concepto genérico de “residuos y su tratamiento” que suena mejor. Más preocupante era la afirmación rotunda de que “Cada pueblo tiene la televisión que se merece”, porque al final la televisión, salvo raras excepciones, transmite lo que está ocurriendo en un país y la política nunca es ajeno a ello, porque la televisión y la política nunca son inocentes. De ahí el inmenso valor que se debería dar a la televisión pública que debería ser única y exclusivamente una televisión de servicios veraces y objetivos.

Pero, ¿qué se entiende por basura? La palabra “basura”, a la que se refería el profesor Bueno, “…viene de barrer, que es una apelación que consiste en separar de unas texturas dadas lo que sobra. Ahora bien, estas texturas pueden ser adventicias, polvo o lo que sea, o segregadas por ello mismo, las heces o la descomposición del objeto”. Cuando vemos la basura en el mar de plásticos que casi forman islas flotantes de centenares de kilómetros, podemos asociarlo fácilmente con las horas que se dedican en televisión a reproducir lo peor de lo peor del ser humano en sus múltiples manifestaciones: cine, espectáculo en vivo, realities, concursos, telerrealidad, telenovelas, anuncios de apuestas y juego, entrevistas despiadadas, docuseries, etc., etc. Atendiendo a nuestra lengua española, “basura” viene del latín vulgar versūra acción de barrer, derivado del latín verrĕre “barrer” (RAE, Edición del Tricentenario).

La sinopsis del libro de Bueno era rotunda: “Partiendo de la premisa «sin basura no podríamos vivir», Gustavo Bueno analiza el concepto de telebasura teniendo presente que «la basura muchas veces está en el que ve la televisión» y no en el propio medio. Para ello, ha seguido la experiencia de Gran Hermano con la mentalidad de un antropólogo, sabiendo que se trataba de un observatorio de la realidad española. Telebasura y democracia recoge el brillante análisis de este filósofo sobre las razones del éxito de un programa que ha llegado a convocar antes sus televisores a once millones de españoles. En su nueva obra, Gustavo Bueno define la basura para después profundizar en los espacios televisivos, al tiempo que repasa la programación de la televisión española de las últimas décadas con el fin de recordarnos que en una sociedad democrática la audiencia siempre debe tener la última palabra.  “La audiencia en la sociedad democrática, es la que manda y la televisión basura tiene que obedecer a esta demanda. Y no ya por razones éticas o morales, sino por razones de simple supervivencia democrática. Lope de Vega, hombre de teatro, conocía las leyes del mercado siglos antes de la televisión: «Si el vulgo es necio, es justo hablarle en necio para darle gusto”.

A través de cinco capítulos, Gustavo Bueno analizaba de forma exhaustiva la expresión “telebasura” en sí misma, con una intencionalidad meramente “clasificatoria” y no inculpatoria, distinguiendo entre televisión basura “fabricada” y “desvelada”, también la relación de la misma con la “intimidad”, la democracia y la realidad en España en la década de los setenta, incorporando el fenómeno de la televisión de la Transición. Salvando lo que haya que salvar hoy día, no ha perdido actualidad, porque con independencia de que el libro estuviera muy centrado en el programa Gran Hermano, por el impacto que supuso desde su estreno en 2000 en el país, la realidad que recoge sobre la “basura” como concepto que nos engulle como seres humanos y que acabamos viviendo desde hace centenares de siglos con ella, nos hace pensar que algo tenemos que hacer para aprender a convivir con ella. Porque existir a día de hoy, existe. Además, en la televisión perdura de una forma especial.

Hay programas en la actualidad, que mezclan lo divino con lo humano y saltan de una realidad a otra, con unos fundidos que pasan, sin inmutarse, de la risa al llanto o espanto por las consecuencias de lo que estamos viendo y escuchando sobre la geopolítica mundial y el ocaso de la democracia. Creo que todo no vale y que ahora más que nunca se debería cuidar este nuevo programa de la televisión pública. No vale cualquier opinión de colaboradores o tertulianos sin preparación alguna o conductores de programas que no tengan sentido del límite en sus afirmaciones, sin medida alguna en la interpretación de lo que es mejor para la televisión de entretenimiento.

Si es verdad el aserto de Gustavo Bueno expuesto anteriormente de que “Cada pueblo tiene la televisión que se merece”, es decir, si queremos que la telebasura desaparezca de nuestras vidas, lo primero que tenemos que hacer es cambiar como sociedad y propugnar un cambio urgente de valores. A título de ejemplo y visto lo visto, merecemos siempre una televisión diferente, empezando por la televisión pública, cuyo Código Ético (28 de agosto de 2019) deberíamos conocer todos los ciudadanos de este país, con una misión, visión y unos valores que deberíamos conocer y defender hasta sus últimas consecuencias las personas que no queremos aceptar los principios de la telebasura, ni los que dicta la dictadura de Mercado en determinadas televisiones privadas:

Misión

RTVE responde al carácter de empresa de servicio público, por lo que debe ofrecer una información rigurosa, independiente y plural, así como un entretenimiento de calidad; fomentar el debate, la innovación y la creación; y apoyar la difusión de las artes, la ciencia y la cultura. Todo ello bajo las premisas de cohesionar y dar cauce a la participación.

Visión

Desde su función de servicio público, RTVE tiene siempre como horizonte ser el medio de comunicación de referencia en España. Para ello, acerca las identidades nacional y autonómica a todos y cada uno de los españoles. Desde una visión global, realiza el trabajo con un criterio estrictamente profesional y difunde los valores constitucionales.

Valores

RTVE defiende y promueve en su programación los valores constitucionales, especialmente los de libertad, igualdad, pluralismo y tolerancia, sobre los que se asienta la convivencia democrática. Sus valores los marca la Ley y se reflejan en su actividad.

A lo anterior hay que agregar los “principios de conducta” porque ante lo que está pasando en la realidad, “RTVE considera que la confianza de los ciudadanos, clientes, proveedores y colaboradores externos, así como del entorno social en el que desarrolla su actividad, se fundamenta en la integridad y responsabilidad en el desempeño profesional de cada uno de sus empleados. La integridad se entiende como la actuación ética, honrada y de buena fe. La responsabilidad profesional se entiende como la actuación proactiva, eficiente y enfocada a la excelencia, la calidad y la voluntad de servicio”. Excelente reflexión televisiva de carácter público.

Estoy convencido de que Gustavo Bueno, recogería sin problema alguno una reinterpretación más amable de las palabras de Lope de Vega expuestas anteriormente, porque hoy, con una televisión publica y digna, respetando los principios de conducta enumerados más arriba, podríamos afirmar que «Si el vulgo es digno, es justo hablarle y contarle cosas sobre lo que está pasando de forma digna para darle gusto”.

(1) Bueno, Gustavo, Telebasura y democracia, 2002. Barcelona: Ediciones B.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Francisco y su conversión papal

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Adaptado en los corchetes de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes.

Sevilla, 5/V/2025 – 07:30 h (CET+2)

Hace tan sólo quince días del fallecimiento de Francisco, un personaje que ya forma parte de los “imprescindibles” en la historia de la humanidad. Se decantó por una forma nueva de transmitir la alegría del evangelio que, cuando es auténtica, lleva a un compromiso incondicional para llevar adelante la liberación de la sociedad de yugos totalitaristas, en términos equitativos y saludables. Lo afirmaba recientemente Juan José Tamayo sobre el posicionamiento de Francisco en relación a la Teología de la liberación (TL), de profundas raíces latinoamericanas: “Con Francisco la actitud ante la TL y sus principales cultivadores pasó del anatema al diálogo, del silenciamiento a la escucha, del alejamiento a la proximidad, de la condena al reconocimiento. Varios fueron los gestos de acercamiento y sintonía desde el comienzo de su pontificado”.

Respecto de un gran representante de la citada teología de la liberación, Ernesto Cardenal, a quien he dedicado páginas especiales en este cuaderno digital, me conmovió saber que Francisco mantuvo con él una relación de proximidad real y efectiva, levantando la suspensión a divinis que pesaba sobre él. Así y con otros muchos gestos de aproximación y cercanía a esta corriente cristiana de valores incalculables, demostró que su papado era de este mundo revolucionario.

Desde que contemplé la imagen que preside estas líneas, que en sí misma encierra un mensaje aleccionador, he pensado que Francisco ha sido y seguirá siendo una de las personas “imprescindibles” a las que ensalzó con bellas palabras Bertolt Brecht, una persona buena que durante sus doce años de pontificado ha estado siempre muy cerca de los nadies, los dueños de nada, los migrantes, los pobres severos, los excluidos en general de la sociedad.

Desde el inicio de su pontificado quedó claro que venía a dar un giro copernicano a la Iglesia alejada del cristianismo puro, aunque suene muy fuerte expresarlo así. Lo hizo a través de las 142 páginas de la exhortación apostólica Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio), su primer gran documento papal donde trazó sus señas de identidad: “Es necesaria una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están […] Prefiero una Iglesia herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”. Doce años después es pronto todavía para hacer un balance justo y necesario de su ingente labor, con luces y sombras, pero con un hilo conductor claro: ha salido a la calle, siguiendo una locución italiana preciosa “scendere in piazza”, se ha mezclado con miles de personas, no solo creyentes, de los cinco continentes, sobre todo con los que menos tienen, los nadies de Eduardo Galeano; ha viajado a Lampedusa para dejar claro cómo hay que tratar a las personas migrantes, ha promulgado textos papales en defensa de actuaciones de Estado en relación con el cambio climático y el respeto reverencial a la Naturaleza, así como haciendo lo indecible por introducir cambios profundos en la estructura curial del Vaticano. Han quedado muchos asuntos eclesiales sin resolver, tales como la actuación severa de la Iglesia ante la pederastia o la incorporación plena de la mujer en la estructura eclesial jerárquica, así como la transparencia en las finanzas vaticanas y de la Iglesia en general.

Tampoco olvido su declaración de principios en La alegría del evangelio sobre lo que significa un papado: “Hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas, pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida. Santo Tomás de Aquino destacaba que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios ‘son poquísimos’. Citando a san Agustín, advertía que los preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente deben exigirse con moderación ‘para no hacer pesada la vida a los fieles’ y convertir nuestra religión en una esclavitud, cuando ‘la misericordia de Dios quiso que fuera libre’. Esta advertencia, hecha varios siglos atrás, tiene una tremenda actualidad. Debería ser uno de los criterios a considerar a la hora de pensar una reforma de la Iglesia y de su predicación que permita realmente llegar a todo. […] Además, ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos. […] Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable descentralización. […] Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten en un ejercicio de mi ministerio […] También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado de una conversión pastoral. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera”.

La ausencia de Francisco es una tragedia en un momento delicado para la Humanidad. Faltan respuestas potentes ante tanto vocerío altisonante de los autócratas mundiales que conocemos bien por sus nombres. Les molestaba la voz de este Papa y esa es la mejor señal de que su papado converso (según sus propias palabras) no ha sido indiferente para los que han encontrado en él un crítico implacable o un refugio ideológico en tiempos tan revueltos. Una señal clara de la teología de la liberación en su sentido cristiano más puro. Queda claro que lo importante no es sólo cambiar la Iglesia, sino transformarla en su inspiración permanente del cristianismo más exigente.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy del diario El País.

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¡Paz y Libertad!

Georges de la Tour, maestro de la luz en el apagón de las ideologías y creencias

Georges de la Tour, La Magdalena de la lamparilla (hacía 1642-1644) – Museo del Louvre

Sevilla, 3/V/2025 – 10:48 h (CET+2)

En el contexto del desasosiego provocado por el apagón eléctrico masivo del pasado lunes, he recordado la excelente obra pictórica de Georges de la Tour (1593-1652), como uno de los exponentes reconocidos del tenebrismo, definido por la RAE como “tendencia  pictórica del Barroco que tiende a destacar, mediante fuertes contrastes de luminosidad, la irrupción de la luz en un contexto oscuro”. Nos viene como anillo al dedo para valorar la importancia de la luz, en una operación rescate de medios simples para iluminar la vida compleja que nos rodea.

Repasando una a una las pinturas de este autor, se observa siempre el juego maestro con la luz a través de medios convencionales de la época, sobre todo con velas y lamparillas de aceite, como único elemento que hacen visibles momentos cruciales en la historia religiosa de la humanidad. Muestra de ello son las pinturas que he recogido en artículos publicados en este cuaderno digital, tales como Job, menospreciado por su mujerMusée départemental d´Art ancien et contemporain, Épinal, hacia 1630, La Aparición del ángel o El Pensamiento o Sueño de San José, hacia la primera mitad del siglo XVII (1640), San José carpintero, hacia 1642 – 1644 y el El recién nacido (1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes).

Igualmente, otras obras suyas representan a la perfección su extraordinario dominio de la luz en entornos complejos, siendo también un exponente mágico La Magdalena de la lamparilla (hacía 1642-1644), La adoración de los pastores (hacia 1644) o San Jerónimo leyendo (s.d.), las tres en el Louvre.

¿Por qué volver a contemplar la interpretación del tenebrismo pasado, en un día tan especial para 49 millones de personas, el pasado lunes, cuando se acercaba la noche y nos daba miedo llegar a ese momento sin luz o echar de menos casi todo, todavía con la luz natural del día? Volvieron los transistores a pilas para saber qué estaba pasando y velas, muchas velas, porque las linternas se agotaron rápidamente. Es el momento en el que me acordé de Georges de la Tour: una simple vela o una lamparilla de aceite iluminaban instantes mágicos de la vida. Pasen y vean las pinturas citadas, guardando un cierto orden cronológico, comenzando por Job, el mejor representante de la duda existencial humana, sin respuesta alguna cuando le faltaba luz para seguir viviendo, agotada su paciencia, burlándose su mujer de él según de la Tour, a pesar de lo que nos enseñaron en nuestra infancia nacional y católica sobre su fe inquebrantable:

Job menospreciado por su mujerMusée départemental d´Art ancien et contemporain, Épinal, hacia 1630
La Aparición del ángel o El Pensamiento o Sueño de San José, hacia la primera mitad del siglo XVII (1640)
San José carpintero, hacia 1642 – 1644
El recién nacido (1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)
La Magdalena de la lamparilla (hacía 1642-1644)
La adoración de los pastores (hacia 1644)
San Jerónimo leyendo (s.d.)

Me emocionan tanto estas pinturas que provocan en mí un sentimiento de plenitud en mi alma de secreto, pero la emoción es algo muy diferente del sentimiento. Es un estado afectivo pasajero pero de alcance incalculable. El sentimiento, por el contrario, nos deja con un afecto permanente hacia algo o alguien. Somos emocionentes, personas que vivimos las emociones de una forma muy especial que intenté describir en un relato publicado en este cuaderno digital en 2010, Emocionentes, en el que explico la forma de vivir plenamente las emociones en nuestra vida. Emocionarse, al contemplar estas obras de Georges de la Tour, es para mí una gran respuesta sentimental al apagón actual de ideologías y creencias.

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¡Paz y Libertad!

Me acuerdo de ‘La Noticia de Huelva’, en el 40 aniversario de su cierre

Portada del primer ejemplar del diario La Noticia de Huelva – 29 de julio de 1984

Me acuerdo de esas veces en que no
sabes si estás muy feliz o muy triste.

Joe Brainard (1942-1994), Me acuerdo

Sevilla, 2/V/2025 – 09:15 h (CET+2)

El pasado martes se cumplió el 40 aniversario del cierre doloroso, pero digno, de La Noticia de Huelva, una aventura periodística que viví personalmente desde su gestación y hasta su despedida el 28 de abril de 1985. Me lo han recordado dos profesionales que participaron de forma especial en el proyecto y creo que es justo agradecérselo con la publicación en este cuaderno digital, que me adjuntaban, de varios artículos en La Mar de Onuba, una revista de actualidad, cultura y debate, en torno a titulares muy significativos sobre esta efeméride: La Noticia de Huelva, 40 años después: memoria breve de un sueño editorial, Lo que contó La Noticia de Huelva, 1984–1985 y La Noticia; cuando la izquierda quiso crear su propio periódico, por Antonio Manfredi.

La entradilla del primer artículo citado, firmado por Perico Echevarría, es una exposición excelente de lo que supuso para Huelva y su provincia este proyecto: “Se cumplen cuarenta años de la publicación del último ejemplar de La Noticia de Huelva. Aquel periódico, nacido en 1984 al impulso de un grupo de periodistas, militantes progresistas y profesionales comprometidos con la apertura democrática, apenas sobrevivió nueve meses en los quioscos de la provincia. Sin embargo, su breve existencia dejó una huella imborrable: no solo desafió la hegemonía informativa consolidada en torno al poder económico local, sino que abrió espacios inéditos para la cultura, el pensamiento crítico y el pluralismo en una Huelva todavía en transición. Recordar hoy la historia de La Noticia de Huelva es rescatar un gesto de audacia cívica, en un tiempo en el que fundar un periódico significaba apostar por la libertad de expresión en su sentido más pleno. En un ecosistema mediático donde resonaban aún los ecos de la dictadura y donde la democracia se abría paso a trompicones, La Noticia fue durante unos meses un soplo de aire fresco: una apuesta genuina por el periodismo entendido como servicio público y como construcción de ciudadanía”.

Tuve una responsabilidad importante en esta aventura cultural y estuve presente en las páginas de ese periódico, publicando en él artículos de opinión que recopilé en un libro, Teatro de barrio, que puse a disposición de la Noosfera (la malla pensante de la humanidad) en 2007, a través de este cuaderno digital.

Creo que la presentación que hice en este libro, resume bien lo que sentí a diario en la corta pero profunda travesía de La Noticia. Les invito hoy a leer los artículos conmemorativos que he citado al principio. Si les parecen interesantes, pasen y lean posteriormente Teatro de barrio. Comprenderán qué significó para mí esta apasionante aventura, agradeciendo de nuevo el esfuerzo de miles de personas que estuvieron siempre cerca del proyecto cultural y periodístico, porque no confundieron nunca el valor y precio de la libertad de prensa, junto a la verdad y objetividad asociadas, tareas nada fáciles en los primeros años de la Transición en un país tan dual y cainita.

Antes del estreno…

«Teatro de barrio» es el resultado de una reflexión vinculada a la existencia del periódico «La Noticia de Huelva». A lo largo de cuatro meses del año 1984, aparecieron diecinueve artículos bajo el título genérico de «La flauta mágica», en homenaje al giro copernicano que Mozart imprimió a la existencia culta de la época, en un esfuerzo encomiable por vibrar con el pueblo auténtico, en la espera/esperanza de ver cantado y representado el amor sencillo de cada día.

No hubiera sido posible escribir en clave mozartiana sin la vivencia, también diaria, de aquel periódico querido. Esta publicación quiere ser un homenaje a cuantas personas se esforzaron en el cada día de su aparición, porque en toda representación teatral o publicación diaria lo importante es el esfuerzo conjuntado, «sinfónico», de los que hacen posible la lectura de la partitura, en este caso, en clave de esperanza y creencia en el hombre, la sociedad y la naturaleza.

Huelva, 30 de abril de 1987.

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de la revista La Mar de Onuba.

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¡Paz y Libertad!

León Felipe nos recuerda hoy que hay que ganar, junto al pan, la luz con el dolor de los ojos

Xulio Formoso: León Felipe

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2025 – 08:45 h (CET+2)

En el día internacional dedicado al trabajo, me acerco de nuevo al gran poeta español León Felipe, para encontrar un sentido a una celebración que este año, de acuerdo con las grandes organizaciones sindicales del país, se dedica a la lucha para alcanzar grandes objetivos laborales: «Proteger lo conquistado, ganar futuro». UGT y CCOO convocan a la ciudadanía para que les acompañen y acudan a manifestaciones con el objetivo de poner en valor lo conquistado para fortalecer las propuestas de presente y futuro, entre las que se fijan la reducción semanal de la jornada y la reforma del despido.

Justifican estas movilizaciones porque “frente a la precariedad, la desigualdad, el autoritarismo y la guerra, el sindicalismo de clase plantea propuestas, compromiso y movilización”, propuestas a las que siempre agrego personalmente, como en años anteriores, una especial: ganar más luz por el dolor que a veces contemplan nuestros ojos por lo que está pasando en el ocaso de la democracia. Además, el secretario general de CCOO también se ha referido en esta convocatoria “al contexto geopolítico y económico internacional para advertir sobre el impacto del regreso de Donald Trump al poder en Estados Unidos y le ha acusado de promover un “neocolonialismo 4.0” que pretende debilitar a la Unión Europea”.

Si traigo hoy a colación, de nuevo, al poeta León Felipe, en un día tan especial, es porque recuerdo con profundo respeto la lectura de un poema suyo, El dolor, que simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, rechazando el denostado reconocimiento como meros “recursos humanos”, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos “seres humanos”, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida… Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz también.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Muchas personas de este país, crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de “conseguir el pan con el sudor de la frente”, lo que nos permite comprender mejor a León Felipe, con sus palabras llenas de exilio interior y físico, porque una de sus razones laicas es que se puede ganar, con el trabajo digno, la luz para iluminar el día a día de nuestras vidas.


LA INTERNACIONAL, coro de Quilapayún con la Orquesta Sinfónica de Chile dirigida por Sergio Ortega

También he recordado hoy un himno especial para celebrar este día, La Internacional, en una versión de Quilapayún que forma parte de la banda sonora de mi vida. Hay dos estrofas que me sigue ilusionando cantarlas y vivirlas con especial ilusión, sobre todo con el coro de este grupo chileno que me marcó para siempre y a los que tanto aprecio: El día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los odios que al mundo envenenan / al mundo se extinguirán // El hombre del hombre es hermano / derechos iguales tendrán / la tierra será el paraíso / patria de la humanidad.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, en el Primero de Mayo y su más allá, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo también lleva dentro. Sobre todo , cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno.

NOTA: la imagen la he recuperado de https://periodistas-es.com/leon-felipe-medio-siglo-muerte-recuerdo-zamora-9657

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Nuestros antepasados nos enseñaron ante la falta de luz, que sólo necesitaban una luciérnaga en la mano

Jud McCranie, Luciérnagas en Georgia (Estados Unidos), exposición de 8 segundos, 2017

Cien nombres tiene la luciérnaga, / pero ella ya no existe. / Solo queda el rumor de luz en el país invisible. Ese crimen, / la fábrica de no ser, / no es noticia. / Cien nombres tiene la luciérnaga, / cien sepulcros en la cripta / de un diccionario.

Manuel Rivas, O vagalume (La luciérnaga), en Lo que queda fuera

Sevilla, 30/IV/2025 – 14:22 h (CET+2)

El apagón eléctrico masivo que hemos sufrido en nuestro país el pasado lunes, es una fuente de reflexiones de amplio espectro para contrarrestarlo, cada uno con la responsabilidad propia o asociada que tenga. En la octava papal en la que estamos instalados podríamos decir con la finezza vaticana que les caracteriza, que los padres de la energía eléctrica en nuestro país sabrán responder. Deben hacerlo por imperativo propio de la democracia y el derecho a la información veraz y objetiva.

En este contexto he recordado a uno de mis maestros literarios, Manuel Rivas, en una conferencia que ya he recogido en este cuaderno digital, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra) (1), que figura también en su libro Lo que queda fuera, que recomiendo para una lectura atenta de su fondo y forma: “Mi último libro, un poemario, se titula O que fica fóra (‘Lo que queda fuera’). De alguna forma, es una respuesta al síndrome más extendido de nuestro tiempo, dominado por el Tecnopoder y la superstición del «solucionismo tecnológico». Ese síndrome es conocido por las siglas FOMO, es decir, Fear of Missing Out. El miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última. En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”.

Salvando lo que haya que salvar, hay una referencia expresa en la citada conferencia al valor natural e histórico de las luciérnagas, que me ha iluminado (nunca mejor dicho) una respuesta inteligente a lo sucedido el pasado lunes: “Pier Paolo Pasolini publicó en primera página del Corriere della Sera, el 1 de febrero de 1975, un artículo titulado «Il vuoto del potere» (‘El vacío del poder’), más conocido en el tiempo como «La scomparsa delle lucciole» (‘La desaparición de las luciérnagas’) en el que decía: «En los primeros años sesenta, a causa de la contaminación del aire y sobre todo en el campo, a causa de la contaminación del agua (los ríos azules y los arroyos transparentes), comenzaron a desaparecer las luciérnagas. El fenómeno fue fulminante y fulgurante. Tras unos pocos años ya no había luciérnagas. Son ahora un recuerdo, bastante desgarrador, del pasado». Hoy nos resulta excepcional. Es difícil imaginar que un diario importante de nuestro tiempo publicase un artículo así en lugar central en primera página. Pero lo que más nos conmueve es el carácter premonitorio. Lo podemos leer como un obituario. De las luciérnagas y de Pasolini. Un obituario en el que decía: «Yo, por más multinacional que sea, daría toda la Montedison por una luciérnaga». Parece una hipérbole, una boutade. Pero sabemos que en boca de Pasolini tiene el acento de la verdad. Una boca que no cotiza en el mercado. Sabemos que lo haría, que cambiaría un emporio por una luciérnaga. Per una lucciola. Con una luciérnaga en la palma de la mano, aseguró Juan Rulfo, los indígenas zapotecas de Oaxaca tenían luz suficiente para atravesar la noche. La luciérnaga Pasolini, el gran cineasta que iluminó tantas noches de la humanidad, se consideraba a sí mismo sobre todo un escritor. En vísperas de ser brutalmente asesinado, martirizado, en un descampado de Ostia, cercano a Roma, el 31 de octubre de 1975, había declarado en una entrevista: «En mi pasaporte figura simplemente escritor».

La referencia a Juan Rulfo es preciosa y todo un símbolo de lo que estamos haciendo con la naturaleza. Nuestros antepasados no necesitaban red eléctrica alguna, ni distribuidoras, comercializadoras, ciclos combinados centrales nucleares, todo lo solucionaban con la ayuda de la madre naturaleza. El apagón generalizado, el cero absoluto energético, nos llevó a sentir miedo el pasado lunes, a sentir el abandono del llamado primer mundo. Por esta razón he recordado por qué escribió Manuel Rivas, como símbolo de la luz de la vida, sobre las luciérnagas: «En la antigua heráldica, en los escudos de la nobleza, era frecuente la presencia de animales con un valor simbólico: el lobo, el oso, la serpiente, el salmón, el ciervo. Los seres menudos, como la luciérnaga, la mariquita de siete puntos, la mariposa, la libélula, la abeja, la hormiga, la ranita de San Antón, el grillo, no tenían esa presencia. Pero ocurre algo extraordinario con esos y otros seres menudos. Su alto valor simbólico en la cultura popular. Anidan y crían en la Boca de la Literatura, sea oral o escrita, como tradición o vanguardia. La luciérnaga (lampyris nocticula), Este minúsculo coleóptero luminoso es el ser más nombrado de Galicia. El escritor y filólogo Xesús Alonso Montero recogió cien nombres en gallego para la luciérnaga. El más extendido es el de vagalume”.

Precisamente él explica la importancia de la desaparición paulatina de las luciérnagas: «Estos seres menudos son queridos por las palabras, los cantares, los versos. Podríamos decir que están imantados para el lenguaje. Son como amuletos en la voluntad de estilo del habla popular. Y adquieren un sentido de trascendencia, de la custodia de un más allá en la realidad. «La realidad siempre está más allá», escribe John Berger, «y eso es cierto tanto para los materialistas como para los idealistas». ¿Qué nos dicen hoy las luciérnagas, qué está ocurriendo en la frontera donde tiembla la realidad? Manuel Rivas, en el libro citado anteriormente, dedica un poema a este animal diminuto, O vagalume :

Cien nombres tiene la luciérnaga,
pero ella ya no existe.
Solo queda el rumor de luz en el país invisible. Ese crimen,
la fábrica de no ser,
no es noticia.
Cien nombres tiene la luciérnaga,
cien sepulcros en la cripta
de un diccionario

Agrega a continuación: «Hay una gran equivalencia entre la vida de los seres menudos y las palabras cuando van por libre. Son salvajes, sensoriales, excéntricas. Su hábitat es la orilla. En primera línea de riesgo. Como en la Comala de Juan Rulfo: «Allí donde se ventila la vida como si fuera un murmullo». Los pequeños seres y las palabras tienen algo muy importante en común. Avisan. son los primeros en detectar el «mal de aire». Esta, la de «mal de aire», es una expresión propia de la medicina popular para definir una dolencia, un malestar, una amenaza, que es a la vez ambiental y subjetiva, física y psíquica, exterior e interior. El «mal de aire» contemporáneo abarca el planeta. Con diferente intensidad, podemos decir que la tierra entera está en primera línea de riesgo. Los pequeños seres, como las luciérnagas, son los primeros en detectar y avisar cuando un «mal de aire» va tomando posesión. En la era Mayday, la de la emergencia ecológica, esos seres, insectos, anfibios, aves, constituyen la vanguardia de la red sensorial, transmiten información esencial en el manuscrito de la tierra».

Ese «mal de aire» sentido el pasado lunes a través del apagón, lo sufren también las palabras cercanas a nuestra alma viviendo esa situación, «sufren la contaminación, la corrosión, la depredación, la intoxicación, el olvido, la indiferencia y el odio que provocan los «herbicidas» del alma. La manipulación e incluso el terror semántico. Custodiar el sentido de las palabras es una prioritaria tarea ecológica sentipensante. Una manera de proteger lo que nombramos, de salvar la realidad». Custodiar lo que estaba ocurriendo el día del apagón total, obligaba a custodiar sobre todo las palabras informantes sobre lo que estaba pasando fuera. A pesar de todo y para intentar comprender lo que significa quedarnos fuera de ese mundo de engaño que nos rodea a diario con bulos y noticias falsas, me quedo con la reflexión de Manuel Rivas, cuando al hablar del FOMO, del “miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última”, nos ofrece una solución responsable: “En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”. En esa tarea estoy, a veces confundido, porque creo que para abordarla me he equivocado de siglo, a pesar de que cada día que pasa frecuento el futuro, convencido de que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, la sensación que sentí el lunes pasado cuando se hizo la luz bíblica no sólo en el momento mágico de la creación del mundo, fiat lux, sino a las siete de la tarde, en Sevilla, la hora malva que tanto apreciaba Gabriel García Márquez. La que la naturaleza, tan sabia ella, ofrecía a los indígenas zapotecas de Oaxaca, porque ellos tenían luz suficiente para pasar la noche.

Me quedo, finalmente, con las últimas palabras de Manuel Rivas en la conferencia citada, ante los múltiples porqués de lo sucedido el pasado lunes:

Un puñado de porqués. Un puñado de palabras. Una luciérnaga en la palma de la mano.
Es todo lo que tenemos para empezar.
Y no es poca cosa.

(1) Rivas, Manuel, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra). Conferencia Spinoza, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

“La familia de la tele”, sorprendente y preocupante estreno en la televisión pública

Gustavo Bueno / Telebasura y democracia

Sevilla, 29/IV/2025 – 07:50 h (CET+2)

Ayer, un día aciago para el país por el apagón eléctrico masivo de causa todavía desconocida, estaba previsto el estreno en TVE, de nuevo frustrado, de un espacio televisivo, La familia de la tele, en una operación rescate del denostado “Sálvame”, de infeliz memoria, producto de la fábrica Mediaset y su matriz de raíces berlusconianas, no inocentes por cierto, a través de una productora, La Osa Producciones Audiovisuales, en una nueva etapa de expansión dejando atrás la etapa bajo la denominación de Fabricantes Studio, que creó el universo televisivo “Sálvame”. El nuevo programa ha cambiado de denominación, pero incorpora en bloque a antiguos componentes de producción, presentadores y elenco de “colaboradores”, eufemismo de personajes de cuyo nombre no quiero acordarme ahora, porque fueron representantes cualificados de la televisión basura.

Escucho y veo con bastante desasosiego cómo directivos de la televisión pública justifican este rescate, introduciendo un término, “familia”, en el nuevo título del programa para edulcorar esta operación televisiva, sobre la que pesa una mochila histórica a través de sus representantes rescatados que, en múltiples ocasiones, sobrepasaron las barreras éticas que se deberían respetar por encima de todo en este tipo de programas, con demandas judiciales incluidas. Como botón de muestra, la cadena pública anuncia así el nuevo programa, con un lenguaje cuando menos hiperbólico: “Un equipo único del que no querrás separarte. Cercanía, profesionalidad y facilidad para conectar con la audiencia. Así podríamos definir a cuatro comunicadores que, lejos de necesitar presentación, forman parte de la idiosincrasia de generaciones de todas las edades. María Patiño, Aitor Albizua, Inés Hernand y Belén Esteban serán los rostros que nos acompañarán cada tarde. Un equipo que ya se prepara para todo lo que está por venir y que, como viene siendo habitual, tiene preparado multitud de contenido con el que nos harán disfrutar diariamente”. Veremos.

Creo sinceramente que la filosofía del todo vale en favor de ofrecer a la audiencia un espectáculo de la realidad “entretenida” de lo que está pasando, debería cuidarse especialmente por la televisión pública en aras de respetar hasta la saciedad el contenido de este tipo de espacios, sobre todo porque su código ético tiene un nivel de exigencias institucionales y profesionales que trascienden la guerra sin cuartel de subir las audiencias a cualquier precio, cuestión delicada cuando hablamos de la financiación exclusiva de RTVE con dinero público.

Ante esta situación, recuerdo una publicación del filósofo Gustavo Bueno, a quien he dedicado ya algunas palabras de reconocimiento explícito en este cuaderno digital, en la que hacía un análisis muy fino de la relación de la telebasura con la democracia (1) (Telebasura y democracia, 2002), aunque quizás algunos desconozcan que ya se había aproximado a la realidad de la televisión con un ensayo anterior, sobre televisión que se plasmó en un primer ensayo (Televisión: apariencia y verdad, 2000). Le llamaban de todos los platós que existían en este país en el año de la publicación y Gustavo Bueno se esforzaba por explicar la dialéctica de las tesis desarrolladas en su libro, de la mejor forma que era posible para él, un filósofo que se zambullía con la metafísica con una facilidad pasmosa, diciendo cosas tan interesantes como que “Sin basura no podríamos vivir”, algo que se constata hoy más que nunca cuando vemos el comportamiento humano con las famosas toallitas húmedas, por ejemplo, que tanto daño hacen a la naturaleza y, finalmente, a nuestros propios bolsillos por lo que se paga por el concepto genérico de “residuos y su tratamiento” que suena mejor. Más preocupante era la afirmación rotunda de que “Cada pueblo tiene la televisión que se merece”, porque al final la televisión, salvo raras excepciones, transmite lo que está ocurriendo en un país y la política nunca es ajeno a ello, porque la televisión y la política nunca son inocentes. De ahí el inmenso valor que se debería dar a la televisión pública que debería ser única y exclusivamente una televisión de servicios veraces y objetivos.

Pero, ¿qué se entiende por basura? La palabra “basura”, a la que se refería el profesor Bueno, “…viene de barrer, que es una apelación que consiste en separar de unas texturas dadas lo que sobra. Ahora bien, estas texturas pueden ser adventicias, polvo o lo que sea, o segregadas por ello mismo, las heces o la descomposición del objeto”. Cuando vemos la basura en el mar de plásticos que casi forman islas flotantes de centenares de kilómetros, podemos asociarlo fácilmente con las horas que se dedican en televisión a reproducir lo peor de lo peor del ser humano en sus múltiples manifestaciones: cine, espectáculo en vivo, realities, concursos, telerrealidad, telenovelas, anuncios de apuestas y juego, entrevistas despiadadas, docuseries, etc., etc. Atendiendo a nuestra lengua española, “basura” viene del latín vulgar versūra acción de barrer, derivado del latín verrĕre “barrer” (RAE, Edición del Tricentenario).

La sinopsis del libro de Bueno era rotunda: “Partiendo de la premisa «sin basura no podríamos vivir», Gustavo Bueno analiza el concepto de telebasura teniendo presente que «la basura muchas veces está en el que ve la televisión» y no en el propio medio. Para ello, ha seguido la experiencia de Gran Hermano con la mentalidad de un antropólogo, sabiendo que se trataba de un observatorio de la realidad española. Telebasura y democracia recoge el brillante análisis de este filósofo sobre las razones del éxito de un programa que ha llegado a convocar antes sus televisores a once millones de españoles. En su nueva obra, Gustavo Bueno define la basura para después profundizar en los espacios televisivos, al tiempo que repasa la programación de la televisión española de las últimas décadas con el fin de recordarnos que en una sociedad democrática la audiencia siempre debe tener la última palabra.  “La audiencia en la sociedad democrática, es la que manda y la televisión basura tiene que obedecer a esta demanda. Y no ya por razones éticas o morales, sino por razones de simple supervivencia democrática. Lope de Vega, hombre de teatro, conocía las leyes del mercado siglos antes de la televisión: «Si el vulgo es necio, es justo hablarle en necio para darle gusto”.

A través de cinco capítulos, Gustavo Bueno analizaba de forma exhaustiva la expresión “telebasura” en sí misma, con una intencionalidad meramente “clasificatoria” y no inculpatoria, distinguiendo entre televisión basura “fabricada” y “desvelada”, también la relación de la misma con la “intimidad”, la democracia y la realidad en España en la década de los setenta, incorporando el fenómeno de la televisión de la Transición. Salvando lo que haya que salvar hoy día, no ha perdido actualidad, porque con independencia de que el libro estuviera muy centrado en el programa Gran Hermano, por el impacto que supuso desde su estreno en 2000 en el país, la realidad que recoge sobre la “basura” como concepto que nos engulle como seres humanos y que acabamos viviendo desde hace centenares de siglos con ella, nos hace pensar que algo tenemos que hacer para aprender a convivir con ella. Porque existir a día de hoy, existe. Además, en la televisión perdura de una forma especial.

Hay programas en la actualidad, que mezclan lo divino con lo humano y saltan de una realidad a otra, con unos fundidos que pasan, sin inmutarse, de la risa al llanto o espanto por las consecuencias de lo que estamos viendo y escuchando sobre la geopolítica mundial y el ocaso de la democracia. Creo que todo no vale y que ahora más que nunca se debería cuidar este nuevo programa de la televisión pública. No vale cualquier opinión de colaboradores o tertulianos sin preparación alguna o conductores de programas que no tengan sentido del límite en sus afirmaciones, sin medida alguna en la interpretación de lo que es mejor para la televisión de entretenimiento.

Si es verdad el aserto de Gustavo Bueno expuesto anteriormente de que “Cada pueblo tiene la televisión que se merece”, es decir, si queremos que la telebasura desaparezca de nuestras vidas, lo primero que tenemos que hacer es cambiar como sociedad y propugnar un cambio urgente de valores. A título de ejemplo y visto lo visto, merecemos siempre una televisión diferente, empezando por la televisión pública, cuyo Código Ético (28 de agosto de 2019) deberíamos conocer todos los ciudadanos de este país, con una misión, visión y unos valores que deberíamos conocer y defender hasta sus últimas consecuencias las personas que no queremos aceptar los principios de la telebasura, ni los que dicta la dictadura de Mercado en determinadas televisiones privadas:

Misión

RTVE responde al carácter de empresa de servicio público, por lo que debe ofrecer una información rigurosa, independiente y plural, así como un entretenimiento de calidad; fomentar el debate, la innovación y la creación; y apoyar la difusión de las artes, la ciencia y la cultura. Todo ello bajo las premisas de cohesionar y dar cauce a la participación.

Visión

Desde su función de servicio público, RTVE tiene siempre como horizonte ser el medio de comunicación de referencia en España. Para ello, acerca las identidades nacional y autonómica a todos y cada uno de los españoles. Desde una visión global, realiza el trabajo con un criterio estrictamente profesional y difunde los valores constitucionales.

Valores

RTVE defiende y promueve en su programación los valores constitucionales, especialmente los de libertad, igualdad, pluralismo y tolerancia, sobre los que se asienta la convivencia democrática. Sus valores los marca la Ley y se reflejan en su actividad.

A lo anterior hay que agregar los “principios de conducta” porque ante lo que está pasando en la realidad, “RTVE considera que la confianza de los ciudadanos, clientes, proveedores y colaboradores externos, así como del entorno social en el que desarrolla su actividad, se fundamenta en la integridad y responsabilidad en el desempeño profesional de cada uno de sus empleados. La integridad se entiende como la actuación ética, honrada y de buena fe. La responsabilidad profesional se entiende como la actuación proactiva, eficiente y enfocada a la excelencia, la calidad y la voluntad de servicio”. Excelente reflexión televisiva de carácter público.

Estoy convencido de que Gustavo Bueno, recogería sin problema alguno una reinterpretación más amable de las palabras de Lope de Vega expuestas anteriormente, porque hoy, con una televisión publica y digna, respetando los principios de conducta enumerados más arriba, podríamos afirmar que «Si el vulgo es digno, es justo hablarle y contarle cosas sobre lo que está pasando de forma digna para darle gusto”.

(1) Bueno, Gustavo, Telebasura y democracia, 2002. Barcelona: Ediciones B.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Diraya, la historia digital de salud en Andalucía, cumple hoy veinticinco años

Presentación del proyecto DIRAYA, en el hospital de Antequera (Málaga), el 25 de abril de 2000

Sevilla, 25/IV/2025 – 09:42 h (CET+2)

Hoy se cumple el vigésimo quinto aniversario de un día mágico en la historia de Andalucía, porque tal día como hoy se presentó en el año 2000, recién estrenado el siglo XXI, el proyecto Diraya por primera vez, en sus primeros pasos como historia de salud del ciudadano en Andalucía, de base digital, para que siempre estuviera disponible, para quien la necesitara recuperar, escribir o estudiar en ella, en tiempo real, como ya ocurre en la actualidad. Ha sido un viaje digital muy largo y complejo, con muchas personas, profesionales extraordinarios, tanto sanitarios como tecnológicos, que han trabajado en este excelente proyecto para que sea una realidad casi mágica hoy día y con un claro beneficio propio y asociado con otros proyectos, como la receta electrónica o la gestión de la cita previa por Internet en atención primaria, entre otros (2). La presentación oficial del proyecto se llevó a cabo en un encuentro de directivos del Servicio Andaluz de Salud, en el Salón de Actos del recién inaugurado Hospital de Antequera, en el que se firmaba también el contrato-programa de aquél año, un formato nacido para la gestión que aún perdura en la memoria histórica sanitaria como método incontestable en el Sistema Sanitario Público de Andalucía.

Reconozco que fue un momento emocionante. Era un día especial porque también recordé el aniversario de la revolución de los claveles, con una canción emblemática en clave de revolución, Grândola, Vila Morena, de Jose Zeca Afonso, casi como una premonición de lo que iba a ser Diraya en Andalucía, una auténtica revolución de derechos y deberes sanitarios de la ciudadanía con una base digital incuestionable e imprescindible. Un pequeño clavel rojo bajo la localización y la fecha del evento, así lo recordaba. Con sus aciertos y errores en este largo camino, pero con resultados positivos incontestables.

En aquel encuentro inolvidable, se presentó el objetivo institucional del proyecto: la historia de salud es del ciudadano y los profesionales y, sea cual sea el lugar del sistema sanitario en el que se encuentren ambos, están obligados a cuidarla, guardarla, recuperarla, mantenerla segura, hacerla inteligible e insertarla en los procesos de integración de sistemas y tecnologías orientados al ciudadano. Asimismo, se definió técnicamente como “el conjunto de documentos relacionados con el proceso de salud y enfermedad del ciudadano, personales e intransferibles, en soporte digital, con garantías de transmisión telemática, que permite la libertad de acceso, el alta disponibilidad, para el ciudadano y los profesionales participantes en los procesos y episodios, con autorización específica del ciudadano y con las garantías constitucionales específicamente definidas y desarrolladas en la legislación del Sistema Nacional de Salud y, específica, de las Comunidades Autónomas correspondientes”.

Se presentó también el significado de su nombre, Diraya, “conocimiento” en árabe, porque nos hace más libres, frente a Riwaya que significa “transmisión”, en una dialéctica que debería marcar una impronta en la historia de este grandioso proyecto. ¿Por qué este nombre? En esos días estaba leyendo un libro muy interesante sobre el médico de Cámara cordobés Averroes, junto con otros de clara inspiración informática, en la búsqueda de razones de la razón y del corazón para justificar la implantación de nuevos sistemas digitales en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, de amplio espectro y con respeto reverencial al interés general, digital por supuesto. Y en aquella lectura sobre Averroes, descubrí el valor de la dialéctica en el vuelo de su inteligencia que es el que nos enseña aprender a aprender: es más importante trabajar en el conocimiento (diraya) que progresa, que estar viviendo permanentemente de la tradición (riwaya). Así lo expresaba Dominique Urvoy, en su libro “Averroes”: “bajo la estabilidad social del cuerpo de los ulemas se manifestaban tensiones, crujidos, que explican la insatisfacción de Averroes ante la orientación ideológica predominante en al-Ándalus durante su juventud, y su opción decisiva a favor de una reforma que, ante todo, se concibe como el resultado del uso de la razón. Tanto más cuanto que, nos dice su biógrafo más próximo a él en el tiempo, Ibn al-Abb¬ar, se sentía más inclinado hacia el conocimiento (diraya) que hacia la simple transmisión (riwaya)” (1).

Fue un momento mágico. Diraya simbolizaba algo trascendental para Andalucía con la ayuda de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), sin las que hubiera sido imposible acometer una aventura tan apasionante. Creímos en ello y el resultado hoy es excelente. Todos los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía forman parte de Diraya, como un todo digital. Es lo que deseo seguir manteniendo como llama viva, veinticinco años después de su presentación oficial como proyecto digital: las TIC pueden ser el instrumento imprescindible para hacer habitable el mundo digital en lo que somos, estamos y existimos. Averroes lo vio claro en al-Ándalus hace ya muchos siglos: el conocimiento (diraya), es decir, la inteligencia digital, es lo único que nos hace libres y es más importante protegerlo en términos de educación permanente y liberadora que seguir creyendo en la pura tradición por transmisión (riwaya). Esa fue su gran lección de progreso y cambio que he querido recordar hoy, como muestra inteligente de que otro Gobierno, digital por supuesto, es posible, al servicio del interés general, también digital, de la ciudadanía en Andalucía.

Veinticinco años después, no confundiendo nunca el valor y precio de este proyecto, hay que reconocer, igualmente, una participación fundamental de la Unión Europea, desde la perspectiva económica del proyecto, por su financiación a través de los fondos FEDER y otros asociados. Conviene no olvidar en momentos como este, el significado político de esta participación comunitaria en beneficio del interés general de este país y de esta Comunidad Autónoma.

Diraya ha cuidado y lo sigue haciendo hoy, del conocimiento sanitario de Andalucía al servicio de la ciudadanía, desde todas las perspectivas posibles. Ese es su gran mérito.

(1) Urvoy, Dominique, Averroes. Madrid: Alianza, 1998, pág. 43.

(2) Cobeña Fernández, J.A., DIRAYA, la historia digital de salud del ciudadano, como resultado de una estrategia digital al servicio del Sistema Sanitario Público de Andalucía, en Monteagudo Peña, J.L (ed.) Algunos hitos en la historia de salud digital en España, Amazon, 2025, p. 91-98.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Grándola, Vila Morena, cincuenta y un años después, como si fuese ayer

José Zeca Afonso, Grándola, Vila Morena

Sevilla, 25/IV/2025 – 09:08 h (CET+2)

Una vez más, cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy especial en mi agenda personal de asuntos importantes e inolvidables que, año tras año, he explicado en este cuaderno digital. Igualmente, porque tal día del calendario como hoy, fue para mí un día mágico en la historia de Andalucía, cuando presenté en el año 2000 el proyecto Diraya por primera vez, en sus primeros pasos como historia de salud del ciudadano en Andalucía, de base digital, para que siempre estuviera disponible, para quien la necesitara recuperar, escribir o estudiar en ella, como ya ocurre en la actualidad. Ha sido un viaje digital muy largo, hoy se cumplen veinticinco años desde su puesta en marcha, con muchas personas, profesionales extraordinarios y empresas tecnológicas, que han trabajado en este excelente proyecto para que sea una realidad casi mágica hoy día y con un claro beneficio propio y asociado con otros proyectos, como la receta electrónica o la gestión de la cita previa por Internet. Fue en un encuentro de directivos del Servicio Andaluz de Salud, en el Salón de Actos del recién inaugurado Hospital de Antequera, en el que se firmaba también el contrato-programa de aquél año, un formato nacido para la gestión que aún perdura como método incontestable en el Sistema Sanitario Público de Andalucía. En la diapositiva de presentación del proyecto incluí la imagen de un clavel, un símbolo portugués importante para representar la revolución digital que se presentaba en ese acto oficial.

Confieso que necesito leer con atención reverencial esta reflexión recurrente en torno a la revolución de los claveles en Portugal, junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven de nombre Marcos, muy atrevido en tiempos de cólera social ante un revolucionario muy próximo a él. Para mí, un excelente periodista que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

No voy a descubrir hoy nada nuevo que no haya dicho en páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Zeca Afonso, pero quiero compartir de nuevo la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma, dado que cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”). También, del anuncio esperanzador de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39). ¡Ay el drama de las fake news y máquinas de fango en la actualidad!

Es cierto que tal día como hoy, hace ya cincuenta y un años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: en 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Zeca Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

“[…] en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…

[…] El pueblo es quien más ordena”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, es una estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

En plena crisis mundial de guerras y de manifestaciones diarias de confusión de ideas y principios, siguen vivos hoy, cincuenta y un años después, los recuerdos de lo que nos enseñó Portugal en su revolución y nos sigue enseñando hoy día en su acción política democrática, tan cercana y ejemplar. También, de épocas en las que luchábamos como ellos por salir del túnel de la dictadura, sobre todo cuando escucho también una canción contemporánea de Luis Pastor, que me marcó desesperadamente, gracias a la composición de fondo creada por Mario Benedetti en su compromiso activo y porque ahora, más que nunca, ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes:

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

Luis Pastor, Vamos juntos

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El director de cine Costa-Gavras ha ido siempre donde le era imposible llegar

Sevilla, 24/IV/2025 – 08:30 h (CET+2)

El fallecimiento del papa Francisco nos ha aproximado estos días al fenómeno de la muerte, el eufemístico descanso eterno y sus interpretaciones a través de creencias diversas, todas legítimas en democracia. Quizá sea por esta razón por la que hoy me fijo especialmente en un director de cine, Costa-Gavras (Konstantinos Gavras), espléndido director de películas inolvidables, «Missing», que fue un gran ejemplo para mí en 1982, así como «Z» o «Estado de sitio», entre otras realizaciones impecables, al que me he referido con elogios sinceros en diversas páginas de este cuaderno digital por su forma hacer cine y transmitirlo a la sociedad. Si lo traigo hoy a estas páginas es por dos hechos relevantes que casi se fusionan en el tiempo, la publicación de sus memorias en 2024, Ve a donde sea imposible llegar. Memorias, así como por el estreno de su última película, El último suspiro, que ya comenté en septiembre de 2024, tampoco inocente en su trayectoria cinematográfica de compromiso social demostrado y demostrable, escrita y dirigida por él y basada en el libro “El Último Suspiro” de Claude Grange y Régis Debray.

En el citado libro su sinopsis nos aproxima al hilo conductor el mismo, porque “Cine, política y vida se enredan en un continuo vaivén por el que asoman los rostros de aquellas personas que han compartido un mismo o parecido viaje, familia y amigos, colaboradores y encuentros decisivos, que han tenido una significación especial en su vida y que han supuesto el despojamiento (teñido de cierto desencanto) de algunos dogmatismos generacionales, pero que fundamentalmente le han llenado de experiencias, arrugas y cicatrices, que han dado madurez y personalidad a un autor profundamente circunspecto. Yves Montand y Simone Signoret, Jorge Semprún o Chris Marker pasan ante nuestros ojos a través de la mirada de Costa-Gavras y a veces uno echa de menos más historias, aunque sabemos que realmente no es fácil condensar una vida, y menos una vida tan intensa, en las reducidas páginas de un libro que busca de alguna manera convertirse en un autorretrato”. Creo que en estos tiempos que corren es de obligada lectura.

Respecto de su película, que se estrena mañana en cines de nuestro país, El último suspiro,basada en la obra de título homónimo, “Le dernier souffle”, coescrita por el filósofo Regis Debray y el médico Claude Grange, vuelvo a retomar hoy el hilo conductor de la citada publicación mía del pasado año, La dignidad debe rodear siempre al último suspiro. A Costa-Gavras, gran exponente del cine comprometido y político, en el sentido primigenio de estos términos, le interesaba a sus 91 años explorar la lógica del envés de la vida, es decir, la muerte, una realidad de la que huimos con frecuencia, cuando no debería ser así, porque los ciclos vitales son irrefutables.

He escrito bastantes reflexiones sobre esta realidad en este cuaderno digital, siempre desde la perspectiva de la dignidad que debe rodearla siempre. Al fin y al cabo, ¡mueren tantas realidades que están cerca de nuestras vidas! Lo que aprendemos día a día, segundo a segundo, es que la vida no es eterna y cada uno, cada una, busca como puede su mejor sentido final, nunca mejor dicho “como cada dios le da a entender”. Siempre doy la razón al filósofo en el exilio, José Ferrater Mora, un gran maestro en mi vida, cuando en su obra dedicada a la encrucijada humana (1), decía que hay cuatro caminos a escoger a lo largo de la vida para caminar con dignidad: las personas, la naturaleza, la sociedad o Dios (dioses), juntos o por separado y en la elección está el sentido final de cada persona.

Recuerdo que en aquellas fechas la elegancia ideológica de Costa-Gavras la mostró en su comparecencia en el Festival de Cine de San Sebastián, celebrado el pasado septiembre de 2024, cuando manifestó que “El cine es un espectáculo que busca generar emociones en el espectador, luego a partir de esas emociones éste puede llevar a cabo una reflexión o no, pero en todo caso el cine no está para impartir doctrina”, a lo que agregó: “Yo nunca podría rodar una película sobre algo que me resultara indiferente. Cuando he intentado hacerlo, he desistido y he abandonado el proyecto. Rodar una película es como vivir una historia de amor, hay que hacerlo hasta el final. A mis 91 años y con la muerte asomando en el horizonte es normal que a menudo me pregunte: ¿cómo acabará todo esto? ¿Cuándo llegue el momento seré presa del terror o podré acabar mis días con dignidad?”.

La sinopsis oficial de la película es escueta, para no interferir las emociones y sentimientos del espectador: «En una suerte de diálogo filosófico, el doctor Augustin Masset y el célebre escritor Fabrice Toussaint debaten sobre la vida y la muerte… Una vorágine de encuentros en los que el médico es el guía y el escritor, su pasajero, conducido a confrontar sus propios miedos y angustias… Una danza poética en la que cada paciente es un compendio de emociones, risas y lágrimas… Un viaje al corazón palpitante de nuestras vidas». Costa-Gavras se despidió en su comparecencia oficial de presentación de su película, dejando un mensaje aleccionador: “Buena parte de ese vivir de espaldas a la muerte está motivado por nuestra educación religiosa. Las religiones nos invitan a resignarnos ante el sufrimiento, pero sufrir es algo obsceno, no hay nada de bueno en ello. Sufrir es lo peor de la vida y del mismo modo que ya hay métodos para que las mujeres puedan parir sin sufrir, debería implementarse algo parecido en medicina paliativa […] Sea cual sea nuestro estado físico, yo creo que nunca hay que rendirse, merece la pena luchar hasta el final”.

Como los hechos de los que se trata en la película deben ser amores y no sólo buenas razones, es justo y necesario recordar que en este país se han dado pasos importantes para regular la muerte digna de las personas, así como grandes avances en cuidados paliativos. El 25 de junio de 2021 fue un día muy importante para la democracia española porque entró en vigor la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia, aprobada por el Congreso en el mes de marzo de ese año, tres meses después de su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE). El recorrido de esta disposición fue muy largo en este país tan dual y controvertido, pero finalmente es un derecho más para la ciudadanía y un deber que hay que desarrollar todavía a través de las Comunidades Autónomas, con sus famosas “peculiaridades”, donde la política nunca es inocente. Muestra de ello es la batalla que se ha planteado desde hace tiempo por todos los sectores conservadores del país, con el objetivo de presentar recursos de inconstitucionalidad de esta norma sustantiva, que se abre paso lentamente para la consecución de sus objetivos legítimos. Sin olvidar tampoco la objeción de conciencia en el ámbito de los profesionales que rodean a la eutanasia.

El cine es un medio extraordinario para crear conciencia y tejido crítico social sobre muchos asuntos de la vida ordinaria. Costa-Gavras viene cumpliendo desde hace ya muchos años una función cultural y social muy importante, a través de su cine, necesario e imprescindible. Vuelvo a escribir hoy sobre él, a modo de pequeño homenaje y para que se consolide el derecho inalienable de cada persona, de luchar por una muerte digna en la vida y para que no se olvide, ni siquiera un momento. Muchas personas sufren también algo que olvidamos con frecuencia, los reveses en momentos transcendentales de amor y gloria, cuando los llevan paradójicamente «a morir en vida». Fundamentalmente, porque también necesitan rodearse de dignidad humana cuando se pierden las ganas de vivir a pesar de todo. Son también «últimos suspiros», porque lo que pasa es que en esos momentos difíciles les falta la vida digna. Es lo que hoy he leído en una entrevista con el director griego, muy interesante, en elDiario.es, ante la pregunta del periodista Javier Zurro, ¿Y por qué hacer esta película sobre la muerte digna en este momento?, él responde que “Es una preocupación que tengo desde hace algún tiempo. Tengo una edad en la que el final se acerca cada día que pasa. He visto muchos colaboradores y amigos que se han ido. Algunas veces lo han hecho con dignidad, y otras con un drama enorme. Entonces me dije que la mejor manera de terminar es que lo hagamos con dignidad. No es algo fácil de decir, pero creo que es importante que pensemos en ello”. Palabras de Costa-Gavras, que va siempre adonde le es imposible llegar.

(1) Ferrater Mora, José, El hombre en la encrucijada, 1965. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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