Basta con aproximarse a la lectura de este cuaderno digital para apreciar mi respeto a la obra literaria de Eduardo Galeano, de ideología no inocente, como pasa con todas, tal y como tantas veces he expresado basándome en la obra de George Lukács, El asalto a la razón, aunque lo verdaderamente importante es que tomemos conciencia de que todas no son iguales. En el contexto temporal de un mundo esquizofrénico de guerras y divertimento, tutelado por el Gran Mercado Mundial, donde todo se convierte en mercancía al mismo tiempo, castigando sin compasión el mundo de derechos humanos fundamentales, creo que es importante poner algunas reflexiones en su sitio, porque Pascal, por ejemplo, supo enseñarnos la diferencia entre compromiso y di-versión, engagement frente a divertissement, en su francés exquisito. No es lo mismo.
Esta es la razón de por qué me refiero hoy, de nuevo, a las lecciones de la sociedad de consumo que figuran en su libro Patas arriba La escuela del mundo al revés, donde aparece una referencia a la Navidad que recojo íntegra en este planteamiento que hago hoy de la Navidad al revés: “No se sabe si en Navidad se celebra el nacimiento de Jesús o de Mercurio, dios del comercio, pero seguramente es Mercurio quien se ocupa de bautizar los días de la compra obligatoria: Día del Niño, Día del Padre, Día de la Madre, Día del Abuelo, Día de los Enamorados, Día del Amigo, Día de la Secretaria, Día del Policía, Día de la Enfermera. Cada vez hay más Días de Alguien en el calendario comercial. Al paso que vamos, pronto tendremos días que rendirán homenaje al Canalla Desconocido, al Corrupto Anónimo y al Trabajador Sobreviviente”. Lo que es evidente es que a la navidad la hemos dado la vuelta y es el apogeo de Mercurio desde su nacimiento en todas en todas las facetas de consumo posibles. A Jesús de Nazareth lo vemos poco, aunque al Mercado le siga interesando su existencia, porque para Mercurio su Reino imaginario es la Navidad al revés, Dadivan.
He elegido de nuevo a Eduardo Galeano como representante excelso de la denuncia de la Navidad al revés, a través de su referencia a los nadies, en su mundo de sueños, de días mágicos, de espera en la buena suerte, aunque cuando llega el momento ansiado de aproximarse al día mágico de la suerte constaten que todo sigue igual, que nada cambia en la vida. La lotería, la noche de paz, la fiesta de fin de año, el día de los Reyes Magos, con el ritual de la buena suerte en la sacrosanta Navidad, son solo momentos prefabricados para que los nadies descubran que no son dueños de nada, que siguen siendo ningunos y ninguneados por la vida y que su Banco sólo es el de Alimentos.
Galeano expone un catálogo de etiquetas sociales a título de ejemplo, para reconocer a los nadies, demostrando que estamos profundamente equivocados al ignorar a determinadas personas dignas en su forma de ser y sentir diferente porque, aparentemente, tienen menos aunque más son. Bastaría repasar las etiquetas que ponemos a veces a las personas cercanas, para descubrir que las estamos calificando a veces como nadies. Esta Navidad podría ser diferente si repasáramos este cuestionario ético y descubriéramos que determinados nadies próximos son alguien o algunos en nuestras vidas. Esa es la verdadera razón de buscar el sentido de la navidad al derecho, que no al revés.
Los nadies
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados.
Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folclore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.
Es verdad, a la luz de lo expuesto, que para los nadies y para la personas que defendemos la dignidad humana, Mercurio y Jesús no son lo mismo.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
¡Madre, en la puerta hay un niño, tiritando está de frío! ¡Anda, dile que entre, se calentará, porque en esta tierra ya no hay caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá!
Villancico popular
Sevilla, 24/XII/2023
Salvando lo que haya que salvar, un cuento breve de María Lejárraga, Los desheredados, abordó en las postrimerías del siglo XIX la realidad de los nadies, personas dignas a las que describió de forma magistral Eduardo Galeano, en un poema que no olvido:
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folclore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.
Con este motivo y en el contexto de estas fiestas navideñas, vuelvo a recordar este cuento, al que el año pasado dediqué unas palabras y transcribí íntegro para general conocimiento de quien desee leerlo y vislumbrar sus profundos mensajes. Respetando algo que defiendo con ardor guerrero en este cuaderno digital, sobre mi escritura circular cuando hablo de principios, porque los expuestos son los que tengo y si no gustan no tengo otros, utilizo de nuevo el hilo conductor de aquella reflexión, porque pocas cosas han cambiado en este mundo al revés.
Sigo leyendo todo lo que puedo a la escritora española María Lejárraga, una más de las olvidadas por la memoria histórica de este país y silenciada hasta límites insospechados durante la dictadura. En este ir y venir por sus escritos y, sobre todo, por su biografía, localicé el año pasado la que se considera su primera publicación, Cuentos breves. Lecturas recreativas para niños (1899), en la que apareció su nombre y apellido por primera vez durante su prolongada vida, aunque este hecho fuera recriminado por su familia y se prometiera a sí misma que no volvería a utilizar su nombre en su actividad como escritora de todos los géneros imaginables, como así fue a lo largo de su vida, con escasas excepciones. Del total de los cuentos que figuran en esta publicación, he escogido para esta ocasión uno especial, Los desheredados, sin descontextualizarlo en las postrimerías del siglo XIX en este país, porque considero que salvando lo que haya que salvar cobra plena actualidad como metáfora en esta navidad y es importante compartirlo a pesar de su crudeza, fundamentalmente porque seguimos asistiendo a un espectáculo nada edificante en relación con la pobreza severa infantil y, muchas veces, con el maltrato físico, psíquico y social asociado a esta realidad por la propia sociedad, cuando se permite que esto ocurra con datos escalofriantes en pleno siglo XXI.
Lo describía recientemente en un artículo, Hay que denunciar la pobreza infantil en España, como el rayo que no cesa, en relación con un informe publicado recientemente por UNICEF, España: pobreza infantil en medio de la abundancia, para que se conozca, divulgue y podamos emitir los juicios pertinentes, bien informados siempre. Es verdad que se podría decir que soy como ´el rayo que no cesa´, al abordar en bastantes ocasiones´, en este cuaderno digital, la realidad de la pobreza infantil en España y, por cercanía, en mi Comunidad, Andalucía, pero creo que es una obligación ética acercarme a esta situación lacerante, que nos debería conmover y conturbar de forma directa, desde mi condición de ciudadano que hace ciudad (polis) y país, es decir, que hace política en su sentido más primigenio, con independencia de las obligaciones de Estado en este ámbito de responsabilidad pública, que son obvias, para buscar las mejores respuestas posibles a unos hechos irrefutables que afectan a un 28% de los niños y niñas de este país y, por proximidad física, de Andalucía. Escribo de nuevo con alma estas palabras, sobre lo que amo, la felicidad digna de los niños y niñas de este territorio en el que vivo, porque aprendí de Miguel Hernández su capacidad de amar, salvando lo que haya que salvar: Este rayo ni cesa ni se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores. / Esta obstinada piedra de mí brota / y sobre mí dirige la insistencia / de sus lluviosos rayos destructores.
Lo que no olvido tampoco en esta navidad laica es el villancico que sonaba en los planos finales de una película de culto en mi infancia, Plácido, de Luis García-Berlanga, que cantábamos en mi colegio sin darnos cuenta de lo que decíamos, aunque era una declaración del mundo al revés de los desheredados, de los niños y niñas nadies, en toda regla: ¡Madre, en la puerta hay un niño, tiritando está de frío! ¡Anda, dile que entre, se calentará, porque en esta tierra ya no hay caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá!
El cuento de María Lejárraga que sigue, Los desheredados, no es precisamente “recreativo”, como decía el título de su obra conjunta, pero traduce junto a los restantes relatos algo muy importante y digno de consideración en la fecha en que se publicó, 1899: que en sus relatos no se contemplara la diferenciación por sexos, cuentos para niños o para niñas, tan común en su época y que hay que preocuparse por la niñez que sufre, a veces muy cerca de nosotros. Las andanzas que viven en primera persona estos niños desheredados hoy, tan cercanos a todos, se pueden contar a miles. Otra cosa muy distinta es ser conscientes de que estas situaciones difíciles no son un cuento sino una realidad y que debemos contribuir en la medida de nuestras posibilidades para que no ocurran o minimizar su impacto. Las niñas, los niños no tienen por qué sufrir las consecuencias de este triste mundo con sus duelos y sus contrariedades, con sus crueldades y sus humillaciones, como expresa María Lejárraga en su cuento, ni esperar a que su merecida felicidad le venga del cielo, la que ese triste mundo les niega a veces a diario cuando lo justo, equitativo y saludable es que se la entreguemos a raudales por justicia social, por derecho propio, por deber de Estado.
Los desheredados
Con los ojos clavados en el suelo, con el corazón triste y angustiado, y corriendo por sus rosadas mejillas lágrimas de dolor, caminaban silenciosos los dos niños por aquel camino estrecho y tortuoso, cuya dirección desconocían.
¡Qué terribles momentos! Huían al fin por verse libres del terrible yugo de aquella mujer sin conciencia, que durante dos años les había martirizado con incalificable crueldad.
Quedaron huérfanos, él de diez años, y la niña de ocho; al morir, el padre encargó a una hermana de la madre, muerta también poco tiempo antes, la tutela de los pedazos de su alma, otorgándole al mismo tiempo el poco dinero ahorrado, la casita pequeña y rústica, y el pedazo de tierra regado con el sudor de su frente.
¡Qué horrible lucha habían sostenido durante el tiempo que estuvieron bajo su cuidado!
Hartos de malos tratos, habían decidido abandonar el pueblo. Caminaban sin rumbo, donde la casualidad los llevara, dispuestos a pedir protección a la primera alma generosa que encontrasen en su camino.
Apenas andaban cuatro pasos, volvían la vista hacia el pueblecito que los había visto nacer… Infinidad de recuerdos, ya amargos, ya alegres, acudían a su imaginación…
La madre bondadosa y amante que tantas veces había cubierto de besos aquellos rostros rosados y sonrientes antes, pálidos y tristes ahora, pero siempre bellos y angelicales; que había padecido horriblemente cuando una lágrima cruel había bañado sus ojos; que ya no sabían más que llorar; que había arrullado sus inocentes y plácidos sueños con esos cánticos alegres que para la infancia tiene la vejez bondadosa y que, henchida de cariño, les acompañó en sus juegos, ahogó sus suspiros de pena, enjugó su llanto, fue partícipe de sus alegrías, vivió para ellos gozando sólo con sus dichas y sufriendo con sus dolores, siempre insignificantes y pequeños en realidad, pero grandes y amarguísimos para ellos, ángeles de candor, que ocultos en el amoroso regazo maternal, no habían podido ver aún el triste mundo con sus duelos y sus contrariedades, con sus crueldades y sus humillaciones…
El campo; los pájaros de picos de oro y vistoso plumaje que alegraban el alma con sus armoniosos cánticos; las vistosas flores que embriagaban los sentidos con sus suaves perfumes; el cielo azul; la tierra fértil; la Naturaleza rica en esplendores… todo, todo lo que fue alegre para ellos.
Como en un cinematógrafo, veían desfilar ante su vista las gratas escenas de sus primeros años felices y tranquilos, y caminaban, caminaban…
Después de algunas horas de marcha, les sorprendió la noche cuando ya las piernas luchaban por no doblarse, y los desnudos pies casi vertían sangre y el corazón latía con alarmante violencia…
Se sentaron en medio del campo. ¡Qué angustia! Ya no podían pasar de allí, estaban rendidos, tendrían que pasar la noche al descubierto.
La niña apoyó la cabeza sobre el pecho de su hermanito, que estrechaba fuertemente su cuerpo frío; no podían pronunciar una palabra; sólo sabían llorar…
Un negro manto cubrió el antes azul y sereno cielo; el brillo de las estrellas desapareció; reinaban las tinieblas…
Una furiosa tempestad se desencadenó de repente. Lluvia torrencial, relámpagos que cegaban, truenos que ensordecían… La Naturaleza quería poner de relieve su furor y su poder aquella lúgubre noche.
A la mañana siguiente hallaron unos campesinos, con las caritas juntas y los brazos enlazados, los yacentes cuerpos de los dos niños, muertos de terror, de frío, de hambre, de pena…
El Dios de los buenos, en su infinita misericordia, quiso sin duda llevar a su lado a aquellos dos ángeles para resarcirles crecidamente con las inmensas delicias de la mansión celestial, de la felicidad que el triste mundo les había negado.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Aunque el Club de los Tibios, Mediocres, Tristes y Apocalípticos, sin mezcla de alegría alguna, tiene cola para darse de alta y militar en él, en estos tiempos revueltos y difíciles, vuelvo a refugiarme hoy en un poema de Mario Benedetti, Defensa de la alegría, a modo de manual para contrarrestar esta corriente no inocente que suelen abanderar los líderes que propician el ocaso de cualquier democracia.
En estos días “navideños “ y de Loterías, en los que se nos obliga por parte del Mercado Global a estar alegres y muy pendientes de la suerte, en la dialéctica de azar y necesidad, como si lo que ocurre en nuestro alrededor no tuviera a veces importancia alguna, creo que es urgente defender la alegría [auténtica] como una bandera / defenderla del rayo y la melancolía / de los ingenuos y de los canallas / de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias. Por encima de todo, como un derecho.
Abro su libro Cotidianas, escrito entre 1978 y 1979, para leer de forma pausada el poema citado, lleno de sentimiento y para escucharlo más fuerte que el viento, como aprendí de Rafael Alberti en un canto inolvidable a la dialéctica del verso cuando sólo es para algunos frío pensamiento.
Defensa de la alegría
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas
defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres
defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias
defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría.
La realidad terca es que entre tibios, mediocres, tristes y apocalípticos anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que dudan de los grandes valores de la democracia y la alegría humana que lleva dentro. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. No digamos, apocalípticos de vocación. Por ello, es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.
Estoy muy preocupado con la perpetuidad de este Club de la Tristeza Global desde tiempos del Apocalipsis. He escrito con frecuencia en este cuaderno sobre esta realidad y un compromiso de los que pertenecemos al Club Virtual de las Personas Dignas es desenmascararlos con prisa existencial y de supervivencia: “Estamos instalados en el reino de la mediocridad. Hay que desenmascarar a los mediocres, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son siempre de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia” (1).
Necesitamos rescatar el principio alegría en nuestra vida, ante tanto desmán de los tristes, tibios, mediocres y apocalípticos, voceros del principio de que “todo va mal”. Sería recomendable que utilizáramos una linterna ética para descubrirlos, con un manual de instrucciones en el que se indique que una vez encendida y al igual que hacía Diógenes de Sinope cuando buscaba personas íntegras, debemos gritar a los cuatro vientos algo urgente: ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que las personas tibias, tristes y mediocres salgan huyendo, rompiendo las filas de su Club, del que hablaba al principio, porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad, en cualquier estamento, probablemente muy cerca de donde vivimos, estamos y somos.
Benedetti nos anima a defender la alegría ante tantos agoreros mayores del Reino, con palabras necesarias que hoy no olvido, sabiendo que hay que defenderla como un principio / defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y de los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Lo escribí en 2020 y lo repito hoy: la navidad que vengo denunciando desde hace años, tan cerca de la interpretación de mercado y tan lejos de su esencia histórica, es la que Gabriel García Márquez describía en un artículo extraordinario publicado en el diario El Pais, en 1980, como un tiempo en el que por la irrupción del poder del mercado lo que se celebra realmente es “[…] la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones” y donde es probable que los niños del mundo, por la presencia omnímoda de Papá Noel, pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”. Hace dos años estábamos intentando salir del túnel de la pandemia y hoy, en plena «normalidad» que se decía entonces, pero en un mundo al revés, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), tal y como aparece en la tapa de mi clave. Es por ello por lo que creo, de nuevo, que podría ser una oportunidad, entre otras, para conocer a Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes,andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a «frecuentar el futuro» más optimista, como pesimistas bien informados.
En aquella ocasión confesaba una debilidad a la hora de componer la lista de obras, playlist en términos actuales, que creé especialmente para una persona muy querida y que ocupa un lugar preferente en mi mente y en mi corazón, que ahora son dos, mis nietos, por igual, deseando compartirla de nuevo, hoy, con la Noosfera, la malla pensante y libre de la humanidad, en momentos difíciles para el mundo por las guerras que nos asolan el alma. Hago de nuevo esta declaración de principios porque elegí, mayoritariamente, movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués, que siempre llevaba dentro su alma de niño. De ahí la portada del disco que preside estas líneas. Junto al Concentus Musicus Wien, nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por Harnoncourt para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.
Incorporo también una breve descripción del año y motivo de su composición para contextualizar cada obra en el mundo interior de Mozart. Espero que disfruten con su música de sueños en tiempos tan convulsos como los actuales y les confieso otra debilidad personal: escuchar con cierto recogimiento el Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.
Andante de la Sinfonía número 1, en Si bemol mayor, KV 16: https://youtu.be/NrLnuYvoiy8, que Mozart escribió en su viaje iniciático a Londres, junto a su padre, cuando sólo tenía 8 años (Ver El niño Mozart, artículo de mi blog).
Andante de la Sinfonía número 25, en Sol menor, KV 183, compuesta con 17 años y bajo la influencia de Haydn, utilizando en esta ocasión cuerdas con sordina: https://youtu.be/eDfEmlLCjdw, dirigida por Harnoncourt e interpretada por la Orquesta Concentus Musicus Wien. Es una obra muy querida por Harnoncourt y que cita de forma continua en sus conversaciones y obras musicales.
Andantino del Concierto para flauta y arpa, KV 299 – 2nd mov., dirigiendo Harnoncourt al Concentus Musicus Wien.Esta obra fue escrita en París, en 1778, cuando Mozart contaba con 22 años. Fue un encargo del Duque de Guines, embajador de Francia en Inglaterra, que nunca pagó al compositor.
Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el Grammy de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Este Concierto fue muy controvertido porque hay disparidad de opiniones musicales sobre su origen, dado que Mozart lo compuso, también con 22 años, para oboe y no para flauta como en un principio se creyó, dada la aversión a este instrumento.
Adagio de la Sonata para piano número 12, en Fa mayor, KV 332, conocida como La Parisina número 4, por haberse escrito durante su estancia en París cuando tenía 22 años y en una etapa muy prolífica en su vida: https://youtu.be/Im_JIgP3fJg, interpretada por la excelente pianista Maria João Pires.
Andante de la Sinfonía Concertante in Mi mayor, KV 364, compuesta en 1779 en Salzburgo, de vuelta de su viaje a París, con 23 años: https://youtu.be/5VsO9Ce-7_I, interpretada por el que considero el mejor violinista de los últimos treinta años: Itzhak Perlman, junto a Pinchas Zukerman, con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. Es maravilloso en este género Concertante, el diálogo que se establece entre los dos violines y la orquesta.
Andante de la Sonata para 2 Pianos in Re mayor, KV 448, compuesta en Viena en 1781, con 25 años: https://youtu.be/ksUywh3vIgIinterpretado por Martha Argerich y Alexandre Rabinovitch. En su estreno, Mozart la tocó junto a Josepha Auerhammer, el 23 de noviembre de 1781.
Andante del Concierto para piano y orquesta, número 21, en Do mayor, KV 467: https://youtu.be/df-eLzao63I, interpretado por la pianista Alicia de Larrocha, junto a la Orquesta Inglesa de Cámara y dirigido por Sir Colin Davis. Esta obra la finalizó Mozart en Viena, el 9 de marzo de 1785, cuando tenía 29 años. Fue una obra exaltada por Albert Einstein en su riguroso estudio sobre Mozart.
Adagio del Concierto para piano, número 23, KV 488: https://youtu.be/vne1E6VH23s, interpretado al piano por Mitsuko Uchida, bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt. Este concierto fue presentado por el autor en Viena, el 7 de abril de 1786, interpretado también por él en una Academia de Cuaresma de ese año, cuando tenía 30 años, con un éxito arrollador.
Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.
– Guía de audición completa del Concierto (sobre todo, atención al Adagio)
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Ajinoam Nini, Noa, cantante israelí interpretando La vida es bella
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas. Las armas tienen miedo a la falta de guerra.Es el tiempo del miedo.
Eduardo Galeano, El miedo global
Sevilla, 19/XII/2023
En memoria de los niños y niñas del mundo que mueren a diario en guerras incomprensibles. Hoy, dedicado especialmente a los que vemos todos los días sufrir y morir en la guerra entre Israel y Hamás, como una noticia más que ya no conmueve al mundo en fechas especiales, en las que deberíamos asumir al menos la responsabilidad de defender cada uno, cada una, sin miedo y en la medida de sus posibilidades, que la paz es la única solución viable para las contiendas actuales, sin dejar ninguna atrás, incluso las domésticas, que tampoco son inocentes.
En estos días próximos a la celebración de la navidad histórica y viendo lo que está pasando a diario en la guerra entre Israel y Hamás, en el escenario palestino de la franja de Gaza, tan cercano al territorio de Belén, me viene a la memoria la película La vida es bella y el tema principal de su banda sonora, interpretada por la cantora israelí Noa, con voz precisamente no inocente en esa realidad bélica, porque cambian las tornas y ahora los que debían haber aprendido de la historia, llevan a cabo una masacre sin compasión, por mucho que se pretenda justificar como legítima defensa por el ataque despiadado y execrable de Hamás a Israel, el pasado 7 de octubre. Todo tiene una proporcionalidad en la vida, pero la respuesta de Israel es brutal y sin compasión alguna, ojo por ojo y diente por diente, a modo de batalla entre David y Goliat, nunca mejor dicho en términos bíblicos y judíos, quebrantándose continuamente el derecho internacional humanitario respecto de la población civil, que está siendo atacada sin piedad alguna.
Aquella maravillosa película estrenada en 1997, que no olvido (como se puede comprobar en páginas múltiples de este cuaderno digital), escrita y dirigida por el excelente actor italiano Roberto Benigni, que también desempeñó el papel del protagonista, Guido Orefice, está basada parcialmente en la experiencia personal sufrida por un judío sobreviviente al Holocausto, Rubino Romeo Salmoni, que contó lo allí vivido en una obra, Al final derroté a Hitler, así como en la propia de Benigni, porque su padre también pasó dos años en un campo de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial.
El argumento no era equívoco, sino muy explícito, como se escucha al comenzar la película en sus primeros planos, a través de una voz en off: Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor, y como una fábula, está llena de maravillas y felicidad. La historia, posteriormente contada, se sitúa en el periodo histórico de Italia que va desde 1939 a 1945. Es la de un joven judío, Guido Orefice, cuya gran ilusión era abrir con el paso del tiempo una librería en Arezzo (Italia), dado que el trabajo de camarero en el hotel de su tío no le convence. Después de varios episodios que intentan reflejar el cambio político en su país, es decir, la llegada paulatina del fascismo, se ve envuelto en esa transformación por haberse casado con Dora, una profesora a punto de contraer matrimonio con Rodolfo, el hijo de un funcionario fascista, al que abandona por el amor que muestra a Guido. En ese intervalo de tiempo, nace su hijo, Giosué, al que siempre desea mostrarle la parte más amable de la vida, en la búsqueda permanente de la felicidad.
Pronto se trunca ese proyecto vital porque el día del cumpleaños de este hijo tan querido, Guido, su hijo Giosué y su tío Eliseo, son detenidos por las fuerzas de ocupación alemanas, dado su origen judío, subiéndolos a un tren rumbo a un campo de concentración. Eliseo es considerado un preso inútil y es llevado directamente a las cámaras de gas, mientras que Dora, que desea unirse a ellos, es separada con violencia cuando intenta subirse al tren, al no ser judía. Lo que viene después lo dejo para el visionado de la película bajo el tamiz de la tan necesaria y a veces denostada memoria histórica y democrática, aunque me causa todavía tremendo dolor la frase en off, de nuevo, en los planos finales, con la misma voz que se escucha al principio: Esta es mi historia. Ese es el sacrificio que hizo mi padre. Aquel fue el regalo que tenía para mí, que es la de Giosué siendo ya adulto, al asumir la cruda realidad de la forma en que murió su padre, haciéndole feliz cuando era sólo un niño y hasta que lo fusilan, que me imagino como la tarea casi imposible de tantos padres y tantas madres en Gaza en la actual guerra, cuando mueren de forma despiadada junto a ellos, en sus casas, campamentos, colegios y hospitales en los que buscan refugio.
Israel, que conoce tan a fondo el holocausto, del que La vida es bella es sólo un relato que, desgraciadamente, se puede repetir en cualquier momento, a modo de nueva fábula en sentido inverso, debería parar inmediatamente esta guerra en Gaza, recordando cuántos miles de niños y niñas pueden ser un Giosué de la película, porque ellos lo sufrieron en carne propia, salvando lo que hay que salvar, donde también muchos padres y muchas madres gazatíes los hacen reír cada día desde el Norte hasta el Sur de la franja, para que sientan que a pesar de las bombas, la vida es un sorteo como el del tanque imaginario de la película citada y que a veces, sólo a veces y a pesar de los pesares, te entrega el premio de vivir dignamente, en paz, mostrándoles, de la forma que pueden, que esa horrible vida actual debería ser para ellos, más pronto que tarde, también bella.
En este relato de hoy, una realidad que no es fácil contarla, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Hay mucho dolor irreparable, cuando lo que debería haber en Gaza es, como en cualquier fábula, libertad y belleza, una natividad permanente para ser felices. No es una voz en off, sino un grito unánime de justicia internacional, lanzado a los cuatro vientos.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Yo, una vez, dijo ahora O’Chanel, una vez me comí un alma.
Manuel Rivas, en La barra de pan, Cuentos de un invierno, 2005.
Sevilla, 13/XII/2023
La esencia del título de este artículo se la debo a un gran maestro de la literatura española, Manuel Rivas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente en estas fechas porque cuida como nadie las formas y los lugares del alma, que lo desarrolla en un libro breve, Cuentos de un invierno, de por sí, por breve, dos o muchas veces bueno, que también es de una navidad, según se mire, recopilado en una obra conjunta, Lo más extraño, cuya sinopsis oficial los integra ofreciendo un hilo conductor en el arte de escribir relatos: “Manuel Rivas reúne todos sus relatos en esta obra, que es también una psicogeografía, una zona de rescate de la memoria frente a la amnesia, donde el deseo lucha con la muerte y la imaginación levanta el vuelo. Así, emerge un mundo que parecería estar a la espera de su invención. En Lo más extraño aparecen relatos ya célebres como «La barra de pan» o «La lengua de las mariposas», cuentos extraordinarios por descubrir como «La llegada de Ingrid», y otros sorprendentes como «La sombra del sueño». Autor de novelas como El lápiz del carpintero, Los libros arden mal o Todo es silencio, Rivas presenta con este volumen una constelación narrativa singular, donde cada relato es un avance de la mirada, un logro sensorial. Los miedos, las pasiones, la emigración, la guerra, los naufragios, la religión, la culpa, la depredación, el arte y la vida, el poder y sus máscaras, el humor insurgente, la incomunicación, la resistencia de las voces bajas, el andar vagabundo del ser y las palabras a la búsqueda de una segunda existencia… Lo más extraño ahonda en el enigma humano, con un lenguaje incandescente e indócil”.
La lectura de nuevo, por mi parte, de este conjunto de cuentos, ocho en total, en su publicación original, considero que es un excelente trabajo preparatorio para “celebrar” estas fiestas, bastante alejado de los fastos acostumbrados, porque me lleva de la mano a conocer la quintaesencia de lo que Manuel Rivas quiere transmitirnos a través de unos relatos, en los que el telón de fondo es siempre el invierno pero, sobre todo, la navidad, como he podido leer en un trabajo didáctico, excelente, llevado a cabo por la Universidad Complutense de Madrid, centrado en esta obra para diseccionarla hasta el último detalle, en una relación profesor-alumno en la que hoy entro a formar parte como aprendiz de escritor con alma: “El invierno es el telón de fondo para este conjunto de cuentos escritos por Manuel Rivas como sólo él sabe hacer, relatos evocadores, nostálgicos, con una gota de humor y de ternura que transforma lo cotidiano en algo muy bello. Con el dominio de las técnicas narrativas, Manuel Rivas aborda con especial sensibilidad cuentos que hablan entre otras cosas de su Galicia natal, de la Guerra Civil y sus consecuencias etc… personajes, reflexiones, sentimientos que nos permitirán disfrutar leyendo, que nos gustarán, que conseguirán interesarnos y conmovernos. Argumento Los ocho cuentos presentan argumentos independientes, con el único nexo de la Navidad o el invierno como trasfondo, tanto en el presente, como en el recuerdo de los personajes. A partir de ese trasfondo, encontramos ocho tramas basadas en la emigración, la posguerra, la navegación, la resistencia al franquismo, el fútbol, el tráfico de drogas o las vacas locas; ocho historias que, además abordan temas universales como el desamor y la infidelidad, el egoísmo y el sentimiento de culpa, la superstición, la soledad y la idealización de los recuerdos, el amor como motor que nos impulsa contra cualquier adversidad, la integración de las personas con deficiencias psíquicas, la traición, la venganza y el amor a los animales. En «La llegada de Ingrid» una niña cuenta con inocencia, cómo la estabilidad familiar se vino abajo cuando su padre emigró a Alemania y en este tiempo, su mejor amigo siempre estuvo cerca de la familia. «La barra de pan» narra cómo una mísera barra de pan es considerada un objeto de ensueño… en tiempos del racionamiento de posguerra. «OK; OK; OK» narra la historia de un pescador que se resiste a aceptar su culpabilidad en el hundimiento del barco en el que navegaba. «El amor de las sombras» cuenta cómo un emigrante vuelve por Navidad con la mujer que cree sigue esperándole. En «El enamorado de María» narra cómo un ex-actor que había renunciado al amor de su vida por temor a la guerra, conocerá a un pobre diablo, el jefe de uno de los pocos grupos de maquis que aún existían en los montes gallegos, quien es capaz de meterse en la boca del lobo sólo para poder ver a su amada y al hijo de ambos. «El partido de Reyes» cuenta cómo un muchacho recuerda a Félix, un amigo con síndrome de Down, que vive su instante de gloria en un partido de fútbol contra los chicos de otro barrio. «El cartero de Papá Noel» presenta la historia de alguien que quiere retirarse de su vida de narcotraficante e intenta burlar a la policía y a los secuaces de su «jefe» disfrazándose de cartero de Papa Noel. En «Madonna» conocemos por boca de una niña, algunas historias de vacas, vacas individuales, con nombre, con humildes dueños que las amaban antes de que la locura de la enfermedad se las llevara”.
Fantástica tarea la que tengo por delante y a la que invito a participar a quienes lean estas líneas, porque ¿existe mejor tarea que escribir, por ejemplo, hacia atrás, sobre lo que de verdad nos emociona hoy, como le ocurre a la protagonista de “Madonna”? Lo comprendo perfectamente, porque así lo guardo en mi persona de secreto en esta forma proceder anímicamente, siguiendo al pie de la letra la frase que regaló el escritor y psiquiatra portugués, António Lobo Antunes, en el acto de recepción del Premio de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en noviembre de 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana, alada, que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, entusiasmados con nuestras almas aladas. Lo mismo que me ocurre hoy, al aproximarme a una lectura responsable de unos cuentos preciosos y peregrinos, al ir del timbo al tambo de la vida en este invierno y en una navidad próxima, en las postrimerías de 2023. Hago, de todas formas, una confesión: me ha emocionado leer La barra de pan, porque he comprendido lo que significa comerse el alma humana, por azar o necesidad, por cosas que nos ocurren en el atrás de la vida. También en el presente o cuando frecuentamos el difícil futuro amable de cada día, incluso sí es invierno y navidad al mismo tiempo.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Este año, cada décimo de la “capilla”, en argot lotero, del Sorteo Extraordinario de Navidad, lleva la reproducción de un cuadro del Maestro de Sopetrán, La Natividad, autor que según el Museo Nacional del Prado, la prestigiosa pinacoteca que colabora un año más con este Sorteo, es un “artista flamenco del que no se conserva ninguna otra obra firmada ni documentada más que las tablas que proceden del Retablo de la Virgen, en la ermita [benedictina] de Santa María de Sopetrán (Guadalajara), por lo que se recurrió a este nombre convencional. La ermita fue fundada por el marqués de Santillana y finalizada por su hijo el I duque de Infantado, probablemente la persona que aparece retratada en una de las tablas, cuya indumentaria ha sido fechada hacia 1470. Las características técnicas de las tablas (ver Laura Alba, María Dolores Gayo y Maite Jover “Maestro Viajeros, obras importadas. Las tablas del Maestro de Sopetrán», en Rogier van der Weyden y España, Actas del Congreso Internacional (Lorne Cambell, José Juan Perez Preciado (eds.), Madrid, Museo del Prado, 2016, pp. 131-141) han probado que se trata de obras hechas en los Países Bajos, por lo que se trataría de obras realizadas allí por encargo de la familia Mendoza y posteriormente importadas a España, justificándose así la amalgama de influencias puntuales de artistas como Rogier van der Weyden o Hugo van der Goes, que demuestra el Maestro de Sopetrán en sus obras”.
En la presentación oficial del sorteo de este año, la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado ha expresado el alcance del mismo, 185 series, cada serie con 100.000 billetes y cada billete con 10 décimos, lo que hace un total de 185 millones de décimos de Lotería de Navidad, una ocasión imprescindible desde la óptica de difusión de la cultura, que al elegir este año la tabla de La Natividad del Maestro de Sopetrán, tiene un significado especial por su calidad artística, en primer lugar, “un cuadro de estilo flamenco en el que se aprecian los detalles y la belleza de los elementos que la componen y cuyos colores adquieren especial importancia. Asimismo, se da la circunstancia de que se desconoce la identidad del autor, fue anónimo, por lo que la elección de esta obra es un reconocimiento también a las miles de personas anónimas que trabajan cada día de forma excelente, y aunque no sean conocidos, aportan un valor incalculable a toda la sociedad y hacen de España un país que progrese y avance”.
Con los datos anteriores, debemos considerar que el alcance cultural de difusión de la obra La Natividad, del Maestro de Sopetrán, es inigualable en términos cuantitativos. Si lo interpretamos desde la óptica cualitativa, lo considero una oportunidad y una fortaleza para la cultura, siempre y cuando contribuyamos entre todos a la difusión de este acontecimiento artístico, más allá del verdadero alcance e hilo conductor del sorteo, la obtención de un premio con el señuelo del “gordo” de fondo, que poderoso caballero es. Cuando escribo estas palabras, hasta el infinito y más allá de la motivación cultural, hay un regusto no inocente en lo que se mueve unos días antes del Sorteo de Navidad de este año, lo que me lleva a recordar la dialéctica continua en nuestras vidas de azar y necesidad, todo ello jaleado por la mercadotecnia de la navidad. Al final, todo es lotería en la vida de este país y de este mundo al revés, en un sorteo continuo, con premios y sin ellos, quizás con un regusto borgiano a través de su relato La lotería en Babilonia, publicado en 1941 (1) en un contexto político mundial muy especial, un cuento muy profundo en contenidos y con un mensaje muy claro, que se explica al final del mismo: el azar es una necesidad social para que todo funcione y así hasta el infinito, porque todo, absolutamente todo, se sortea, incluso la muerte. Es el propio Borges quien manifiesta sin rubor alguno que este cuento no es inocente en sus simbolismos y que trata de una ficción política. El problema radica es saber identificar quién es el dueño de la Organización que está detrás de “la lotería” mundial, la Compañía actual, porque existir… existe.
El que quiera entender que entienda o que juegue al azar en su vida. Esa Compañía, bajo diversos nombres hoy, sigue viva. Tenemos un origen común, sin lugar a dudas también babilonio, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, ni de la mala suerte en la lotería de la vida, porque a esa señora, la culpa de los falsos compañeros de viaje, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Unos pocos, la Compañía actual según Borges, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, deciden en este momento que escribo estas palabras, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, cómo se reparte hoy la miseria en la lotería del mundo al revés y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más, bajo la apariencia de suerte en un sorteo nada inocente. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, incluso con interpretaciones tan bellas como La Natividad del Maestro de Sopetrán, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria y mala suerte actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes. De lo que estoy convencido es de que la culpa de todo esto no la tenemos ni yo, ni usted, ni el vecino, ni siquiera sus parientes, ni la gente común, mucho menos los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada.Los nadies: los ningunos, los ninguneados,corriendo la liebre, muriendo la vida. Los jugadores anónimos de una lotería mundial que reparte de todo menos esperanza y dignidad humana. La Compañía del siglo XXI, según la Historia.
(1) Borges, Jorge Luis, en Ficciones (El jardín de senderos que se bifurcan), Madrid: Alianza Editorial, 1996.
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Georges de La Tour, El recién nacido(h. 1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)
Sevilla, 8/XII/2023
Una vez más y para intentar comprender la intrahistoria de este día, la Inmaculada Concepción, fiesta nacional en un país regido por una Constitución laica, donde en su artículo 16 dice textualmente algo que resalto en negrita: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos […] Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”, vuelvo a contemplar el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, porque busco entender la sorprendente concepción de María, más allá del dogma y de cómo nos lo ha contado la historia sagrada.
Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes“ (1). No hay vestigio alguno de collares o anillos, pedidos por José al platerillo de Alberti en un poema precioso, El platero, publicado en El alba del alhelí, que siempre he sentido como la gran paradoja de la creencia descreída en el dios que nos conmueve y en la Virgen María de mis mayores, una mujer muy sencilla y confundida que solo acepta el regalo de un beso a su Niño, mucho más allá de medallas, collares y anillos, porque como estampa familiar nos puede servir para comprender la quintaesencia de la religión bien entendida.
A la Virgen, un collar y al niño Dios, un anillo, Platerillo, no te los podré pagar, ¡Si yo no quiero dinero! ¿Y entonces qué? di. Besar al niño es lo que yo quiero. Besa, sí
En este cuadro, esta sencilla mujer no tiene casi nada, solo el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño, fruto de una sorprendente concepción, en la que encontró, eso sí, a un gran compañero, José, al que también he reconocido siempre su difícil situación ante los demás descreídos y porque su papel en esta historia nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestras fastuosas navidades blancas. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en una historia jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirse así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares. En el óleo de Georges de La Tour, no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica, la sorprendente concepción de María. Todos comentaban siempre su silencio, aunque era un secreto a voces por la asunción de su papel en la historia difícil de María. Me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Creo, sinceramente, que fue un buen compañero.
En este contexto de duda festiva, escucho de nuevo a un compositor francés, Michel Corrette (1709-1795), un perfecto desconocido que ha supuesto un descubrimiento extraordinario en mi aprendizaje diario para interpretar dignamente sus partituras en clave y violín. Todo surgió al localizar en su ingente obra seis sinfonías dedicadas a la Navidad, preciosas, de las que quiero destacar hoy un movimiento en concreto: José es un buen compañero (Sinfonía III, Allegro), porque me permite contextualizar una historia de una persona que ha supuesto mucho para el devenir de la sociedad creyente, una historia, entre otras, que habla siempre de soledad y silencio ante la libre elección para la difícil tarea de vivir dignamente. Escuchándola, comprendo mejor que nunca la categoría humana de José, ignorado hasta por el evangelista Marcos, porque sólo sabemos que en el capítulo 6, versículos 1 a 3 de su crónica de la muerte anunciada de Jesús (como buen periodista), dijo lo siguiente: “Se marchó [Jesús] de allí y vino a su tierra, y sus discípulos le acompañaban. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada; y decía: “¿De dónde le viene esto? y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de Josét, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él”. José ignorado en este relato de identidades y solo ante el peligro. No aparecía por ningún sitio en la noticia contada por Marcos pero, dueño de su soledad y de sus silencios, siempre tuvo el sentido de la medida que tanto aprecio.
Correttte sabía lo que componía. José fue un buen compañero y Marcos lo entendió así. Por esta razón es sugerente intentar comprender que José admiraba a este narrador de la época, que contó cómo el emperador César Augusto quiso acabar de una vez por todas con alternativas a su poder corrupto, a través de un niño-ciudadano de su imperio, no empadronado, llamado Jesús, rey de los judíos, un revolucionario que no quiso ser emperador, que contaba cosas muy interesantes, que formó un gran equipo y que quería atender sobre todo a los más desprotegidos, a los engañados por el poder, a los nadies y a los desheredados. Y era una persona corriente, lo que suele poner muy nerviosos a los malos gobernantes: cuando se cansaba, dormía sobre el cabezal del barco, como nos lo contó hace ya muchos años ese joven periodista ya citado, de nombre Marcos. Mientras, José, un carpintero humilde, seguía trabajando en silencio, como el de María, un momento mágico que pintó admirablemente George de la Tour.
Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Es verdad que se podría decir que soy como ´el rayo que no cesa´, al abordar en bastantes ocasiones´, en este cuaderno digital, la realidad de la pobreza infantil en España y, por cercanía, en mi Comunidad, Andalucía, pero creo que es una obligación ética acercarme a esta situación lacerante, que nos debería conmover y conturbar de forma directa, desde mi condición de ciudadano que hace ciudad (polis) y país, es decir, que hace política en su sentido más primigenio, con independencia de las obligaciones de Estado en este ámbito de responsabilidad pública, que son obvias, para buscar las mejores respuestas posibles a unos hechos irrefutables que afectan a un 28% de los niños y niñas de este país y, por proximidad física, de Andalucía. Escribo de nuevo con alma estas palabras, sobre lo que amo, la felicidad digna de los niños y niñas de este territorio en el que vivo, porque aprendí de Miguel Hernández su capacidad de amar, salvando lo que haya que salvar: Este rayo ni cesa ni se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores. / Esta obstinada piedra de mí brota / y sobre mí dirige la insistencia / de sus lluviosos rayos destructores.
En esta ocasión, traigo a colación un informe publicado recientemente por UNICEF, España: pobreza infantil en medio de la abundancia, para que se conozca, divulgue y podamos emitir los juicios pertinentes, bien informados siempre. Para comenzar, es importante señalar que este documento se emite por los Report Card de la Oficina de Investigación de UNICEF (Innocenti), como un “informe de investigación sobre la realidad del bienestar y los derechos de los niños y niñas en los países ricos que comenzó hace 23 años. Estos informes, con distintos enfoques temáticos, comparan la realidad y los datos en estos países respecto a distintos aspectos relacionados con la infancia (como la pobreza, la exclusión, la contaminación, la educación o la salud) y los clasifican según su mejor o peor desempeño. El Report Card nº18 (en adelante RC 18) está centrado en el análisis y la evolución de la pobreza infantil en los países ricos (Unión Europea y Unión Europea (UE) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Este RC 18 retoma la línea de anteriores informes como el RC 10 (sobre pobreza infantil) y el 12 (sobre los impactos en la infancia de la Gran Recesión). Los contenidos principales son el análisis de la situación actual de pobreza de ingreso y el progreso en los últimos siete años. Con estos indicadores elabora una tabla clasificatoria en la que se incluyen 39 países, incluida España. Además, el RC 18 hace un recorrido por otras dimensiones no monetarias de la pobreza como la privación material y la percepción subjetiva, por la repercusión de la pobreza en determinados colectivos, y por las distintas políticas de protección social de las familias y los niños y su impacto en la reducción de la pobreza. El informe contribuye a responder a preguntas clave como: ¿Cuál es la situación de la pobreza infantil en los países más ricos? ¿En qué medida han sido estos países capaces de reducir la pobreza infantil durante los años de bonanza desde la Gran Recesión? ¿Cuál ha sido el impacto de la crisis del COVID? ¿Qué políticas están siendo más o menos eficaces para la reducción de la pobreza de los niños, niñas y adolescentes? En este documento, elaborado por UNICEF España, se hace un repaso de los resultados, los datos y los contenidos del RC 18 con una especial atención a los resultados de España. Además, incorpora puntualmente algunos datos adicionales, no mencionados en el Report Card, que contribuyen a completar el panorama de la pobreza infantil en nuestro país (señalados con un asterisco) y unas propuestas de políticas públicas adaptadas a la realidad de España”.
Del contexto explicado anteriormente, extraigo hoy algunas consideraciones que reflejan la situación en nuestro país, con datos suficientemente explicativos en sí mismo, así como siete recomendaciones generales y cinco propuestas. En relación con la pobreza infantil monetaria en la infancia (basada en los ingresos de los hogares) de la UE y la OCDE, se analizan dos indicadores, en los que primero responde a la situación actual, basada en una media de las tasas de pobreza infantil entre los años 2019 y 2021 (para evitar los problemas de datos derivados de la epidemia del COVID), mientras que el segundo indicador refleja la evolución de esa tasa de pobreza desde la media de 2012-2014 hasta 2019-2021. Un puesto alto en la tabla significa un mejor desempeño en la lucha contra la pobreza infantil y donde se puede observar que España está entre los países peor clasificados, en el puesto 36 de 39:
Respecto de la situación actual de la pobreza infantil, el informe señala que “se pueden remarcar algunos aspectos relevantes en relación con España, que se sitúa en la parte final de la clasificación, solo por encima de Rumanía, Turquía y Colombia. En este apartado del RC se analiza no solo la pobreza monetaria (usada para la tabla clasificatoria) sino también la privación material y la pobreza subjetiva como parte del concepto de “pobreza multidimensional”, es decir, usando sólo el dato más reciente, de ingresos de 2021, España es el país de la UE con la tasa de pobreza infantil más alta, con un 27,8%:
Los hallazgos fundamentales en este indicador, que reproduzco literalmente, muestran que:
• La pobreza infantil no depende en exceso de los niveles de renta de los países: España y Eslovenia tienen similares niveles de renta por habitante, pero Eslovenia tiene una tasa de pobreza del 10% y España del 28%. También se da el caso de países con rentas per cápita muy dispares con niveles semejantes de pobreza infantil, como la República Checa y Suiza (ver gráfico superior).
• En España el porcentaje de niños y niñas en pobreza persistente (dos o más años en situación de pobreza) es el cuarto más alto de los países europeos analizados, por encima del 20% en el periodo 2027-2019. La pobreza crónica o persistente se asocia con mayores problemas de aprendizaje, de salud o problemas emocionales y de comportamiento respecto a aquellos niños que no sufren la pobreza o lo han hecho de manera puntual.
En relación con el indicador de privación material, este informe solo contempla la situación en los países de Unión Europea, los únicos para los que hay datos disponibles y comparables. Nuestro país se sitúa el sexto de la UE respecto a las tasas de privación material y social severa de niños, niñas y adolescentes, con un 10,3% en 2022 (cerca de 825.000) por detrás, entre otros, de Rumanía (30,8%), Bulgaria y Hungría. Los países con mejor desempeño (Finlandia, o Eslovenia) están por debajo del 2%. La evolución de la privación material y social severa de personas menores de 18 años en el conjunto de la UE, desde 2015 (el primer dato disponible de este nuevo indicador) hasta 2021, ha sido en general positiva, pasando del 11,8 al 7,5% en el conjunto de la Unión. La excepción son España y Suecia [la negrita es mía], con pequeños incrementos en ese periodo, pero partiendo de niveles de privación muy distintos. Suecia aumentó del 1,2 hasta el 1,7% y España del 10,5 al 10,8%. Respecto a los problemas de vivienda (presencia de goteras, humedades en las paredes, ventanas en mal estado…) la tasa de niños y niñas que se encuentra en esta situación en nuestro país es del 21,3% (uno de cada cinco) y sitúa a España en la cuarta peor posición de Europa junto a Francia. El informe también recoge una dimensión de la privación de la carencia material especialmente diseñada para los niños, niñas y adolescentes (en este caso menores de 16 años): La privación material infantil. El cálculo está basado en un listado de 17 artículos, especialmente pensados desde el punto de vista de los derechos de la infancia. La carencia de tres o más de ellos se considera privación. En este caso España, con un 19,7% de niños y niñas que están en esta situación, se coloca en la sexta peor posición de la UE, lejos de los datos de Rumanía (42,5%) o Bulgaria, pero también de los países en mejor situación: Eslovenia, Estonia, Finlandia o Suecia, todos ellos por debajo del 4%:
Cuando se aborda el indicador de desigualdad, es decir, situaciones en las que la pobreza infantil se agrava o se producen grandes inequidades en su impacto, se descubren inequidades flagrantes en las familias migrantes, como es el caso de España, donde la tasa de pobreza infantil se dispara al 70% cuando los dos progenitores son extranjeros, casi el triple que la tasa cuando ambos son españoles (24%). Respecto de los niños y niñas de la comunidad gitana, se aporta el dato facilitado por la Fundación Secretariado Gitano, al estimar que en 2018 existía un 89% como tasa de pobreza infantil en esta comunidad, triplicando la tasa general. El componente territorial también es importante, dando como resultado que en España se dan diferencias de tasas de pobreza infantil de más del doble entre distintas CCAA. También se aborda el indicador de ´tipo de familia´, donde “en Europa un niño o niña en un hogar con un solo adulto (mayormente una mujer) sitúa a ese hogar con el triple de posibilidades de estar en riesgo de pobreza respecto a hogares con dos adultos. En nueve países del RC (incluidos Bélgica, Canadá o Islandia) esta diferencia puede elevarse hasta cinco veces. Seis de estos países están entre los que mejores resultados alcanzan en la tabla clasificatoria, lo que demuestra que las tasas medias a veces esconden grandes diferencias. Según el RC 18 en España esta diferencia de pobreza entre hogares con uno y con dos adultos sería de algo más del doble”.
Cuando se aborda en el informe la evolución de la pobreza infantil en la última década, es decir, entre 2012-2014 y 2019-2021, se analizan dos periodos, “desde 2012 a 2018, años de crecimiento económico sostenido en la mayoría de los países y entre 2019 y 2021, periodo afectado por la crisis del COVID. Los años entre 2012 y 2018 fueron una excelente oportunidad para la reducción de la pobreza infantil. ¿Cuál fue el resultado?:
• 18 de los 32 países con datos disponibles, redujeron la pobreza, desde el 1% de la Republica Checa hasta más del 30% en Lituania y Polonia.
• España y Turquía permanecieron igual (en España comenzó la recuperación en 2014).
• 12 países incrementaron sus tasas de pobreza infantil, desde el 3% de Francia a más del 20% de Noruega Y Reino Unido.
• El promedio de pobreza infantil del conjunto de países pasó del 20,1% y 18,5% en esos seis años. Entre 2019 y 2021 las tendencias no son tan claras, en general se puede apreciar un limitado efecto del COVID en los ingresos de las familias, probablemente por las medidas de protección social que establecieron la mayoría de los países. El RC 18 se unen estos dos periodos en una tabla general de progreso desde el promedio 2012- 2014 y el de 2019-2021. Los países en verde han reducido su pobreza infantil en más de un 10%. En azul aquellos que han permanecido más o menos estables, con avances o retrocesos relativamente pequeños, entre los que se encuentra España. En naranja aquellos que han incrementado significativamente (más de un 10% sus cifras de pobreza de niños y niñas, con un destacado incremento en el Reino Unido”.
En la recta final del informe se aborda la protección social de la infancia, desde la Gran Recesión de 2008, que “mostró el devastador efecto de las crisis globales pueden tener en los niños y niñas”. Tiene un especial interés para nuestro país esta parte del informe cuando dice que “en los posteriores años de estabilidad económica muchos países, entre ellos España, perdieron la oportunidad de reducir la pobreza infantil. Sin embargo, la mayoría de los países fueron capaces de contener o, incluso, reducir la pobreza durante la crisis asociada al COVID 19”. Es por ello que “para lograr mejoras significativas y duraderas en los derechos y el bienestar de los niños, niñas y adolescentes, los gobiernos deben invertir y mejorar las políticas en diferentes ámbitos (por ejemplo, educación o sanidad). Sin embargo, la protección social es una herramienta fundamental de los gobiernos porque permite aliviar directamente la pobreza complementando los ingresos de los hogares. Esto tiene un impacto inmediato en la capacidad de los hogares para satisfacer sus necesidades y, además, este tipo de políticas también puede tener efectos positivos a largo plazo para la salud, la nutrición, el logro educativo y el desarrollo de los niños. Respecto a las políticas de protección social, (en este RC el análisis está especialmente centrado en políticas de ayudas y prestaciones monetarias) se pueden destacar algunos datos en clave nacional”, donde interesa conocer las referencias a España, fundamentalmente por su escaso impacto en relación con las soluciones a los problemas de pobreza infantil señalados :
• La capacidad para reducir la pobreza infantil mediante transferencias monetarias en España es la segunda más baja de los países europeos. Solo es capaz de hacerlo en un 21,5% (7,6 puntos porcentuales). Junto con Turquía, Rumanía y Grecia lo hace en menos de un 25%, mientras países como Alemania, Irlanda o Finlandia se acercan e incluso superan el 60%. Además, esta capacidad ha disminuido sustancialmente desde 2012 hasta 20217.
• Clasificando los países por tipo y cobertura de las ayudas a familias e infancia: (universales o casi universales/limitadas por nivel de renta/ambas) 10 de los 43 países cuentan con ayudas universales, 17 solo con ayudas condicionadas por nivel de renta (entre ellos España) y 16 con ambos tipos.
• Inversión: España redujo ligeramente la inversión por niño como porcentaje del PIB per cápita en ayudas monetarias a familias e infancia desde 2010 hasta 2019.
• Adecuación: España tiene un grado de adecuación de las ayudas medio/bajo para las familias en desempleo y nulo en las familias de ingreso medio. Esta adecuación ha crecido entre 2012 y 2022 en España para una familia vulnerable (en desempleo) en un 37,9%, mientras que decae en la mayoría de los países. En general el informe insiste en la necesidad de indexar las ayudas monetarias a los índices del coste de la vida para evitar, como sucede en muchos casos, que vayan perdiendo capacidad a lo largo de los años.
Por último y quizás la parte más importante por señalar acciones de presente y futuro, se exponen en el infirme siete recomendaciones y cinco propuestas de actuación para abordar la pobreza infantil en esta legislatura, a la luz de los datos expuestos:
En relación con las propuestas, recojo literalmente las cinco señaladas en el informe:
1. Expandir las políticas sociales orientadas a la infancia. Ampliar la deducción fiscal reembolsable por hijo menor de tres años de 1.200 € hasta los 18 años de forma progresiva. Incrementando su importe, universalizando su alcance, eliminando las condiciones relacionadas con la situación laboral o contributiva y estableciendo su efectiva complementariedad con el IMV y su complemento a la infancia. Se establecería así un nivel mínimo a nivel nacional de protección social y económica para la infancia semejante al de la mayoría de los países de nuestro entorno. Este nivel mínimo de protección social debería ser completado y apoyado por las políticas autonómicas y locales, por ejemplo, focalizando su esfuerzo en los grupos de niños y niñas más vulnerables en cada territorio.
2. Mejorar el acceso a servicios esenciales para todos los niños y niñas. Impulsar la efectiva implementación y financiación de la Garantía Infantil Europea y su Plan de Acción por parte de todas las administraciones públicas y con el foco en los niños y niñas más vulnerables. La Garantía Infantil Europea tiene como objetivo garantizar en 2030 el acceso a: educación y atención a la primera infancia gratuitas; educación y actividades escolares gratuitas; una comida sana diaria en la escuela; asistencia sanitaria gratuita; acceso efectivo a la vivienda y una alimentación adecuada.
3. Ampliar la cobertura de medidas de conciliación y garantizar la educación 0-3. Aprobar una Ley de familias. Universalizar la gratuidad de la educación de 0 a 3 años comenzando por las familias vulnerables y de menores ingresos, como plantea la Garantía Infantil Europea. Ampliar la prestación de pago único por nacimiento o adopción de un hijo a todos los nacimientos, adopciones y acogimientos de larga duración. Incluir las situaciones no cubiertas ni por la actual prestación (en este momento acceden familias numerosas, monoparentales, y con discapacidad) ni por la prestación por nacimiento y cuidado de menor. Incorporar en el diseño de los servicios un enfoque desde los derechos de los niños y niñas.
4. Avanzar en la garantía de acceso a una vivienda adecuada. Garantizar el acceso a la vivienda adecuada para todos los niños y niñas y sus familias, proporcionando apoyo en términos de coste económico (incluyendo los suministros básicos) como mejorando la calidad y accesibilidad de la misma. Prevenir las situaciones de desahucio, garantizar soluciones alternativas de alojamiento que no pasen por la tutela pública, y acabar con el chabolismo y la infravivienda.
5. Involucrar a los niños y las niñas en el debate. Asegurar la participación infantil en el desarrollo y la gobernanza de los planes y estrategias tanto nacionales como autonómicas y locales relacionados con la pobreza y la exclusión social de la infancia. Seguir potenciando los consejos de participación infantil y adolescente a todos los niveles territoriales. Incorporar estudios y datos de forma sistemática sobre la percepción subjetiva de la pobreza y la exclusión entre los niños, niñas y adolescentes.
Si ha llegado hasta aquí en la lectura de estas reflexiones objetivadas con datos, ¡enhorabuena!, porque es una demostración de que le interesa evaluar lo que acontece en estos momentos en el país en relación con la pobreza infantil. Estoy muy de acuerdo con las palabras pronunciadas por el actual presidente de UNICEF España, cuando ha manifestado en la presentación de este informe que la pobreza infantil en este país es un problema estructural, con unas tasas inaceptables, porque “detrás de estas cifras hay niños, niñas y adolescentes que no pueden permitirse comer carne, pollo o pescado al menos una vez cada dos días, ni fruta y verdura a diario, que viven en casas sin una temperatura adecuada, que no cuentan con ropa, calzado o libros adecuados, o que no pueden participar en actividades de ocio o irse de vacaciones una vez al año”. Por estas razones y otras de profunda entidad, no se debe “volver la vista a otro lado” ante cualquier menor que no disfrute de unas “condiciones de vida dignas” […] El problema de la pobreza infantil en España es estructural y debe ser abordado como tal. Su reducción es posible, pero es una decisión política. Es necesario hacer un esfuerzo mayor y más rápido”.
Personalmente, creo que estamos ante un reto que el nuevo Gobierno progresista puede abordar ya sin más dilación y una muestra de ello es la creación del nuevo Ministerio de Juventud e Infancia, que sustituye al Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil, elevando su rango político y decisorio, reforzando de esta forma las piedras angulares del Estado de Bienestar.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Noray en el puerto de Punta Calero (Lanzarote), con la sombra imaginaria de La isla desconocida / JA COBEÑA
Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…
Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás
Sevilla, 6 de diciembre de 2023, Día de la Constitución
El alma de la democracia en nuestro país está herida, como en otros lugares del mundo, ante su ocaso deliberado que llevan a cabo las fuerzas antidemocráticas, que no la aprecian y la manipulan a diario frente al interés general del pueblo español, fundamentalmente la derecha extrema y la ultraderecha, el soberanismo sin límites, el odio a los diferentes y migrantes, el populismo, la coerción a la libertad y al pensamiento a través de la digitalización a ultranza y la obsesión con la tecnología como gran hermano todopoderoso, artificial siempre y muy poco humano, el consumismo desbocado y los retos de nuestro entorno, en especial el capitalismo extremo, no solidario, las guerras y el cambio climático.
Para mí, como he afirmado en anteriores ocasiones, la Constitución promulgada en 1978 es como el noray para barcos anímicos, personas siempre, que se amarran a él para asegurar su permanencia en el puerto real de la Democracia, con todas las garantías, sobre todo para protegerlos de oleajes procelosos como los de la vida misma, con ejemplos muy claros en los primeros pasos de esta compleja legislatura. Es un símbolo que me emociona siempre y lo observo en mis incursiones en puertos seguros cada vez que recalo en ellos con mi «Isla Desconocida» que, un día ya lejano, me regaló José Saramago en un cuento inolvidable. Por ello y llegado este día conmemorativo, manifiesto de nuevo que quiero a la Constitución como para leerla cada noche, porque como mi libro favorito que es quiero leerla siempre, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…
Hoy, cuando se cumple el 45 aniversario de nuestra Constitución, vuelvo a utilizar las palabras que me quedan en mi persona de secreto y en la de todos, escritas el año pasado en este cuaderno digital, también el anterior y… siempre, desde 1978, recordando un día muy especial para la salvaguarda de la convivencia en este país, en el que la Constitución se aprobó por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, siendo ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978. Antecedentes para no olvidarlos, ni siquiera un momento.
Constitución de España, 1978
La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en el rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto por los evidentes desajustes territoriales en este país. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la Constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.
No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).
Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, reaccionamos en su momento tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.
Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.
Es verdad, quiero a la Constitución como para seguir leyéndola cada noche, como mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. No la olvido en uno de los marcapáginas que utilizo en el libro de mi vida. El país, Cataluña, País Vasco y los brotes del nacionalismo en general, a lo que deben aspirar siempre es a ser asociaciones de personas libres articulada por la Constitución, una Asociación escrita y hecha en vista exclusiva del interés general. Ante esta finalidad tan obvia, recuerdo ahora, en este día, el artículo 13 de la Constitución de 1812, en la que se recogía algo esencial para el pueblo español y que tanta falta hace en las circunstancia actuales: «El objeto del gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bien estar [así, la cursiva es mía] de los individuos que la componen». Para que no se olvide, constitucionalmente hablando, ni siquiera un momento.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.