La marcha hacia el interior (Anábasis)

mario-benedetti

Sevilla, 27/XII/2019

Cuando se aproxima la finalización del año en curso, suelo recordar una obra de Jenofonte, Anábasis, que he traducido muchas veces del griego clásico en mi adolescencia y juventud. Una sola palabra necesitaba cuatro en la lengua española para explicarla a fondo: marcha hacia el interior. El motivo de recuperarla hoy es claro: es el momento crucial del año, de hacer balance marchando hacia el interior o lo que San Agustín llamaba lo más intimo de la propia intimidad. La comparación con Jenofonte no es odiosa porque un año simboliza una marcha, a veces casi bélica, por alcanzar resultados pretendidos, que de forma coloquial llamamos objetivos y que conviene evaluarlos ahora para emitir juicios propios bien informados.

Recurro siempre a Mario Benedetti en su poema Balanceos (en A título de inventario), como guía rápida para buscar territorios de interior (otra opción) para personas que navegamos con frecuencia en “La Isla Desconocida”, el velero imaginario de Saramago que nos presentó hace ya bastantes años en un relato precioso que no olvido: “El cuento de la isla desconocida”, que recomiendo como regalo imprescindible para personas aventureras que necesitan encontrar islas desconocidas, siguiendo el cuaderno de bitácora del propio Saramago y escuchando la voz protagonista de una mujer que aplica siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Tenemos que salirnos de nosotros, viajar hacia el interior o hacia lo más íntimo de nuestra propia intimidad para hacer balance de este año 2019, escuchando a Benedetti:

En el sillón tranquilo de balance
en la recuperada mecedora
qué he de hacer sino balancearme
los racimos las nubes las ideas se mecen
se mecen los desastres cavilosos
hago balance pendular de vida
y el dividendo es una duda fértil
que mece sus motivos y argumento
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la reminiscente mecedora
qué más puedo emprender que sopesarme
llenar a plenitud los dos platillos
de la vieja balanza sin que sobren
los esplendores ni las cortedades
para evaluar añicos y bosquejos
y sopesar pesar balancearme
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la perseverante mecedora
qué puedo hacer sino desnivelarme
o nivelarme a costa del espacio
donde posibles y arduos se columpian
o se fugan dejándonos a solas
¿habrá que esperar pues así meciéndonos
a los apoderados de la muerte
en el sillón tranquilo de balance?

Racimos, nubes, ideas, desastres cavilosos, platillos de la balanza individual de cada uno, esplendores, cortedades, soledades, todo cabe en un sillón tranquilo de balance de 2019. Aunque recordando a Jenofonte, se daban tres situaciones en su obra: marcha hacia el interior (anábasis), marcha hacia la costa (catábasis) y marcha bordeando la costa (parábasis). Como en los circos imaginarios, ¡más difícil todavía!: tres situaciones en busca de la conciencia de cada uno balanceándonos en el sillón tranquilo de balance. Con las cadaunadas de cada una, de cada uno.

Aviso para navegantes: es el riesgo que corremos si nos atrevemos a embarcar en “La Isla Desconocida”. Ahí lo dejo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Hombrecitos (aviso para navegantes)

Sevilla, 25/XII/2019

No, no podremos ver una película con este título, hecha para los hombres de hoy, aunque sea un aviso para navegantes de la historia de la literatura y el cine. Estamos viviendo la fiebre de Mujercitas en su quinta versión cinematográfica que se estrena hoy en muchos cines de este país. Me han gustado diferentes versiones de este clásico popular, aunque no olvido la que protagonizó Katherine Hepburn en la segunda adaptación cinematográfica (1933) de la novela de Alcott, que se conoció en España como “Las cuatro hermanitas”, dirigida por el director que hizo de su vida un canto a las mujeres, George Cukor. Las hermanas March, que no Marx, simbolizaban una revolución de la sororidad frente a los estándares victorianos en Massachussets en el siglo XIX.

Hablamos de sororidad, que finalmente fue aceptada su entrada en el diccionario de la RAE en 2018, en su versión on-line, con tres acepciones, dado que la primitiva era la católica, apostólica y romana, nunca mejor dicho al ser una interpretación de la raíz latina de la palabra, soror, hermana carnal (que todo se andaría después): “Del inglés sorority, este del latín medieval sororitas, -atis “congregación de monjas” y este derivado del latín soror, -ōris “hermana carnal”:

  1. f. Amistad o afecto entre mujeres.
  2. f. Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento.
  3. f. En los Estados Unidos de América, asociación estudiantil femenina que habitualmente cuenta con una residencia especial.

Hecha esta aclaración, que tiene su enjundia histórica para los que la quieran comprender así y salvando lo que haya que salvar (que es mucho), la trama siempre ha destacado por la trayectoria de una de las hermanas, Jo, porque desea ser escritora por encima de todas las cosas y ya se sabe que las mujeres que escriben son peligrosas.

Hoy he querido rescatar un libro olvidado, Hombrecitos, que también escribió Louisa May Alcott, publicado por primera vez en 1871: “La novela retoma personajes de Mujercitas y es considerada por algunos el segundo libro de una trilogía no oficial de Mujercitas, que se completa con su novela de 1886, Los muchachos de Jo”. Cuenta la historia de Jo March cuando se casa y monta una escuela junto a su marido en Plumfield. Destacan en la novela tres niños, hombrecitos, Nathaniel “Nat” Blake, el gran protagonista, Thomas “Tommy” Bangs y John “Demi” Brooke, de once , diez y nueve años, respectivamente. Otra niña, gran protagonista a los ojos de Jo, es “Annie “Nan” Harding: una niña de diez años de edad con fama de revoltosa, decidida a demostrar que las chicas pueden hacer cualquier cosa que los muchachos puedan hacer. Cuando su madre murió, ella se volvió muy traviesa y desordenada, y pasó a vivir en manos de sirvientas y niñeras. La señora Jo le propuso a su padre la idea de mandarla a Plumfiled, esto para que Daisy tuviera una amiga y tal vez mejorar la conducta de los muchachos con “algo más de toque femenino”; y su padre estuvo de acuerdo en que Nan viviría más alegre entre chicos de su edad. Sus compañeros le apodaron “Terremoto Nan” por su inquietud, pues siempre está inventando nuevos juegos y haciendo travesuras. Gracias a sus hazañas, “Terremoto Nan” se convirtió en una especie de heroína para sus compañeros, además de que es muy hábil a la hora de atender las lesiones menores de los chicos. Es también muy sobresaliente en sus estudios y quiere ser doctora cuando crezca” (1).

A diferencia de Mujercitas, la novela se ha llevado al cine en cuatro ocasiones: en 1934, en una nueva adaptación en 1940, en una serie de televisión y, finalmente, en una serie de dibujos animados en Japón con el título Wakakusa Monogatari: Nan to Jou Sensei, dirigida por Kôzô Kuzuha y estrenada en Japón el 17 de enero de 1993.

Quizá es importante destacar el papel de una alumna en esta serie animada, que responde a lo expuesto anteriormente y que no pasa desapercibido para la Jo: “Nan Harding, una niña que a menudo se comporta como un chicazo y que es en personalidad, la viva imagen de la joven Jo March. Nan prefiere jugar con los chicos que con Daisy, aunque también encuentra en ella a una fiel amiga cuando Jo trata de modelar su lado femenino. Poco después, Nat se une al grupo; Nat es un niño que ha crecido en las calles, ganándose la vida gracias al talento musical que tiene para tocar el violín. Por desgracia, el profesor Bhaer pronto descubre que Nat tiene la mala costumbre de mentir, aunque veces sea con buena intención, pero el profesor conoce un método sumamente eficaz para ahuyentar dicho hábito. Por último, los problemas llegan a la escuela el día que Dan hace su aparición; Dan es un muchacho joven que había sido compañero de Nat. Dan tiene un carácter fuerte, agresivo y no confía fácilmente en la bondad que Jo trata de ofrecerle. Su presencia pone a la escuela de Plumfield en peligro cuando, sin ninguna consideración por las estrictas reglas, Dan intenta enseñar los malos ejemplos que ha aprendido.

Mujercitas hace patente el valor de una mujer, Jo March, en su deseo de ser escritora y quebrar el rol asignado en la época victoriana. Ya lo escribí en 2017, en un post que rescato por su fondo y forma a la hora de interpretar esta valoración de la mujer escritora, Son imprescindibles las mujeres que escriben. Entonces escribí a modo de ejemplo: “Creo que a María Teresa León apenas se la conoce en España, no más allá de haber compartido una larga vida con Rafael Alberti. Ayer, en la Feria del Libro de Sevilla, la vi en muchos mostradores de librerías que enseñaban sus cartas de identidad, entre las que se encontraban las portadas de varios libros de y sobre María Teresa León. Me alegré al reencontrarme con ella, haciéndose justicia al rescatarla del olvido porque creo que, al igual que el título de un libro sobre el que escribí en este cuaderno digital en 2007, las mujeres que escriben (y leen) son peligrosas imprescindibles, es más, han aportado y aportan una riqueza incuestionable a la literatura”.

Para los hombres de hoy es importante atender esta figura de mujeres diferentes, rebeldes. Es lo que debían aprender aquellos hombrecitos no victorianos que podían ver como seña de identidad en las niñas rebeldes como Nan, que prefería jugar con ellos antes que con las niñas rompiendo el estereotipo de la época. Es la gran lección de Jo March que deberíamos destacar para los hombrecitos de hoy en las reposiciones de la obra de Louisa May Alcott por encima de todo.

Una indicación última: en Sevilla he descubierto una librería pequeña, humilde, que se preocupa de vender cuentos no para princesas sino para mujeres rebeldes. Visítenla, en la Plaza de San Marcos, en un barrio humilde, porque nos les defraudará. Encontrarán allí libros y cuentos para niñas que quieren ser diferentes. Las niñas de Jo.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Hombrecitos

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Ciudadano Jesús (III)

IL VANGELO SECONDO MATEO

Hoy hace treinta y cinco años que publiqué el artículo que llevaba este título en un periódico de Huelva, La Noticia, muy querido por mí, que siempre he recordado en cada navidad posterior. Hoy lo vuelvo a entregar a la comunidad digital de Internet, por tercera vez en su larga vida, como símbolo de respeto a una tradición pero que sigue vigente para mí sólo por la quintaesencia, no los fárragos, de la personalidad cercana de Jesús, como ciudadano en el mundo, en una parte crucial de su interesante pasado recogido en relatos históricos llamados “evangelios”.

Hoy, veinticuatro de diciembre de 2019, es un día más para gran parte de la humanidad, contextualizando el artículo. Así seguía aquél artículo de opinión:

“[…] La quintaesencia del recuerdo del renacimiento de Jesús de Nazareth está en el olvido de un progreso cultural cuestionado por días. Hoy se inician vacaciones, fiestas, se intercambiarán regalos y se consumirá en cotas insospechadas el turrón más caro de España si hace falta. Hoy, seguirá clamando en nuestros oídos la realidad tangible del sinsentido de la pobreza o miseria, en medio de situaciones muy dolorosas para la humanidad […]”.

“[…] A pesar de todo, estamos en las fiestas navideñas. Un todo cada vez más aceptado y asumido en la tranquilidad de la mesa de camilla y del colchón multielastic. Un todo de intranquilidad manifiesta, no latente, de una humanidad que se encuentra en una situación de desconcierto y sinsentido preocupante. Las mejores fotos del año suelen ser de miseria, de hambre, fotos que ganan grandes premios por traernos ante los ojos al niño más triste del globo o a la madre más desconsolada que se pueda encontrar, horrorizada ante los cadáveres de los hijos maltratados por la guerra.

Y en medio de todo el marco incomparable de la sociedad de consumo, utilizando su propia fraseología de las fiestas de diciembre, se trabaja la necesidad de la paz, concordia, buena voluntad, amor, sabiendo utilizar la paga extraordinaria y el toque del perfume que subyuga al amanecer del día veinticinco, después de una juerga nocturna donde todo está permitido, todo autorizado «porque estamos en Navidad». Y todo este montaje «dorado» se debe a que unos cronistas del siglo quinto antes de Cristo, comenzaron a tomar apuntes de un hecho sociológico interesante en sí mismo: el empadronamiento y, en un momento dado de la historia, el ordenado por el emperador romano César Augusto. José y María de Nazareth, ciudadanos responsables, buenos demócratas en su sentido primigenio, acuden a empadronarse a Belén, en hebreo «casa del pan», y allí, fuera del drama que siempre nos han pintado del rechazo a la familia «sagrada», al no encontrar sitio en la posada porque estaba hasta los topes, debido al empadronamiento masivo, se le cumplen los días a María, «estaba cumplida», y nace Jesús, niño-ciudadano, en el acto de empadronamiento de sus padres. María estaba loca de contenta por las cosas «maravillosas» que los pastores decían del «niño».

Había también por allí una profetisa anciana de nombre Ana, que conocía muy bien a la gente del Templo, y hablaba a todo el mundo de las cosas del niño. Y Jesús comenzó su vida normal, creciendo en todos los sentidos. El cronista de la época ha sido muy escueto en sus manifestaciones, pero constituyen en sí mismas un dato muy importante para la humanidad: es necesaria la revolución en las épocas de estancamiento social, de aburguesamiento en todos los sentidos.

La clave de Jesús estaba en su presencia como revulsivo ante los conformismos manifiestos. Toda su vida está llena de intervenciones puntuales en determinadas problemáticas personales y sociales de sus paisanos o ciudadanos próximos. Viene a llamar las cosas por su nombre, que además en hebreo o arameo, tiene una importancia vital. A Jesús de Nazareth se le ha situado tan alto que para muchos no hay posibilidad de entenderlo en su justo sentido. Quizás el cronista Marcos ha sido el más sencillo de todos los profesionales de la época para traemos a la lectura actual una figura de Jesús rica en contenidos humanos. Su enseñanza con autoridad es entendida en contraposición a los profesionales de la fe de su época, es decir, se le notaba que lo que decía era importante para el mismo Jesús, en vocabulario actual, «se lo creía»… a diferencia de los «jefes espirituales» de siempre, que ya no convencían a nadie por su falta de testimonio y compromiso con los sencillos, pobres, marginados y enfermos psíquicos o sociales que les rodeaban a diario.

Para un intérprete progresista de la fe, lo lógico era sufrir los reveses del poder vigente. Su muerte estaba anunciada de antemano. Nadie se debía escandalizar. Molestaba y no interesaba. Y sabía que al final se iba a quedar solo. Así fue. Así se hizo. Muchos les delataban.

Se podía convertir en un desaparecido cualquiera. Y al fin, este hombre molesto para la sociedad vigente, es eliminado por el procedimiento de la época. La misma autoridad que empadrona, es la autoridad que mata, apoyada por la institución religiosa, por la muchedumbre aborregada, que compara a Jesús con Barrabás. Esa es su miseria.

Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

NOTA: la imagen está tomada durante el rodaje de la película de Pier Paolo Pasolini “Il vangelo secondo Matteo” (1964), que considero una obra maestra para comprender el mensaje humano del ciudadano Jesús. Figuran en ella Enrique Irazoqui, que interpretó el papel de Jesús y el director, Pier Paolo Pasolini.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Un cuento para una nochebuena laica, según Luisa Carnés

TRECE CUENTOS

Luisa Carnés, Sin brújula, en Trece cuentos

Sevilla, 23/XII/2019

La historia de Jesús, María y José es un relato histórico cuyo protagonismo lo asume una mujer ante una situación difícil, incomprensible, una historia de silencios donde la relación de la madre y el hijo es un acontecimiento de dolor, soledad, misterio y compromiso. Así lo expresaba recientemente en este cuaderno digital: “Recuerdo en este momento el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, donde no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes”. Sola la familia de Nazareth, sin nada, con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando ella a su niño. Se repite esta historia a diario entre los que menos tienen, los que viven un exilio permanente, no ya en los países subsaharianos o en conflicto armado, sino mucho más cerca, en los barrios marginados, en los soportales de las ciudades, en los comedores sociales.

Durante esta serie dedicada a la navidad laica y alternativa a la Navidad oficial, que he tratado de interpretar con respeto reverencial a través de las aportaciones históricas, literarias y poéticas de autores comprometidos con la sociedad más débil, hay una ausencia del protagonismo de estas interpretaciones por parte de mujeres poetas o escritoras que a través de su obras han contado historias narrando el papel de la mujer en la historia de este país, en la soledad de la guerra, el desarraigo de los hijos, el desamparo de los mismos, el desconcierto en definitiva cuando en la vida caminamos sin brújula, como un barco a la deriva. Luisa Carnés, escritora de la generación del 27, aunque no se la haya reconocido nunca así, a la que dediqué un artículo en este blog en el pasado mes de abril, escribió un cuento, Sin brújula, que pueden escuchar en el enlace que encabeza este post, en el que un grupo de mujeres embarcan hacia el exilio durante la guerra civil con sus hijos y con lo puesto, dejando a sus maridos en la retaguardia del país, en la costa que cada vez está más lejos o más cerca, según se mire, para intentar llegar a Francia y escapar de la tragedia de la guerra civil en España. Durante el trayecto, contemplan la soledad acusadora de Benitín, un niño solo que enferma a los pies del capitán, del que dudan en un determinado momento porque no saben que el barco no tiene brújula y, finalmente, desean que el niño, enfermo, desaparezca de sus vidas por temor al contagio de una enfermedad que intuyen como letal. Hasta que una buena mujer sola se acerca al niño y lo toma en su regazo para que deje este mundo en la paz de un Dios desconocido.

Es un relato muy próximo al de Belén y al del Gólgota, salvando lo que haya que salvar. Maria y José, confundidos por lo que les está pasando y no logran entender, tienen que huir y emprender camino al exilio. Saben que los están buscando y tienen que salir de Belén en unas condiciones de precariedad absoluta. Así nos lo ha contado la historia que, como no aprendemos de ella, se repite a diario en su fondo y forma. María siempre estará cerca de su hijo, que sufre la soledad hasta la muerte y muchos niegan haberlo conocido, renegando de su compañía y, por supuesto, de atenderlo como es debido. No hay brújula social, solo divina, pero tienen que buscar caminos de salvación para todos, aunque la realidad triste es que Jesús muere solo en los brazos de su madre. Así nos lo contaron también muchos pintores y escultores durante muchos siglos porque era la única forma de comprender la iconografía de aquella historia, jamás contaba bien, para asumir la tremenda soledad y miseria en la que a veces se encuentra el ser humano. La que se sentía en el portal de Belén, en el Gólgota, en el barco sin brújula de Luisa Carnés, en los barrios más pobres de Sevilla en la navidad de 2019. Sin brújula.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La navidad de los nadies, según Eduardo Galeano

[…] Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
[…]

Eduardo Galeano, Los nadies

Sevilla, 22/XII/2019

Desde que conocí el poema de Eduardo Galeano, he comprendido la profundidad de sus palabras en referencia a los nadies en su mundo de sueños, de días mágicos, de espera en la buena suerte, aunque cuando llega el momento ansiado de aproximarse al día mágico de la suerte constaten que todo sigue igual, que nada cambia en la vida. La lotería, la noche de paz, la fiesta de fin de año, el día de los Reyes Magos, con el ritual de la buena suerte en la sacrosanta Navidad, son solo momentos prefabricados para que los nadies descubran que no son dueños de nada, que siguen siendo ningunos y ninguneados por la vida.

Galeano expone un catálogo de etiquetas sociales a título de ejemplo, para reconocer a los nadies, demostrando que estamos profundamente equivocados al ignorar a determinadas personas dignas en su forma de ser y sentir diferente porque, aparentemente, tienen menos aunque más son. Bastaría repasar las etiquetas que ponemos a las personas cercanas para descubrir que las estamos calificando a veces como nadies. Esta Navidad podría ser diferente si repasáramos este cuestionario ético y descubriéramos que determinados nadies próximos son alguien o algunos en nuestras vidas.

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La navidad desierta de Miguel Hernández

MIGUEL HERNANDEZ JOSEFINA MANRESA

Sevilla, 21/XII/2019

La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era “recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor” (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que “Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería”.

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

 

 

Los juguetes en la navidad laica, vital, de Pablo Neruda

PABLO NERUDA

Sevilla, 20/XII/2019

Este año he estado muy cerca de Pablo Neruda y sus juguetes, sus mascaronas y mascarones de proa en Isla Negra, porque les tenía un cariño especial y muchas veces soñaba con ellos y con sus barcos navegando en botellas imposibles. Eran sus juguetes preferidos. Hay una tradición multisecular de que los juguetes son un asunto, sobre todo, de la Navidad, de los Reyes Magos de Oriente, hasta que vinieron los americanos de Berlanga y establecieron la competencia con Papá Noel, como nos lo ha recordado en alguna ocasión Gabriel García Márquez dado que los niños del mundo pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”, a modo de aviso para navegantes extraviados en la navidad actual. Más aún, los juguetes son, si queremos, un asunto de todos los días, de cada carpe diem particular. Vemos ahora por qué.

Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Los juguetes juegan un papel muy importante en la navidad actual. El ejemplo de Neruda puede ser un regalo de palabras que nos hagan reflexionar sobre su sentido y lo que transmitimos a quienes regalamos juguetes pequeños o grandes, aunque lo importante es seguir siendo niños porque si no seguimos jugando perdemos para siempre el niño que vive en nosotros o que quizá se fue. Es lo que expresa maravillosamente Pablo Neruda en un poema, Al pie de su niño, que puede ser un auténtico regalo de navidad laica: “El pie del niño aún no sabe que es pie, / y quiere ser mariposa o manzana. / Pero luego los vidrios y las piedras, / las calles, las escaleras, / y los caminos de la tierra dura / van enseñando al pie que no puede volar, / que no puede ser fruto redondo en una rama. / El pie del niño entonces / fue derrotado, cayó / en la batalla, / fue prisionero, / condenado a vivir en un zapato […] (Estravagario, 1958).

En esta navidad laica que estoy analizando en la voz de diversos escritores y poetas, resuenan de forma especial unas preguntas inquietantes de Pablo Neruda, preguntas para ese niño o niña que todos llevamos dentro: ¿Dónde está el niño que yo fui, / sigue adentro de mí o se fue? / ¿Sabe que no lo quise nunca / y que tampoco me quería? / ¿Por qué anduvimos tanto tiempo / creciendo para separarnos? / ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? / ¿Y si el alma se me cayó / por qué me sigue el esqueleto? (Libro de las preguntas, XLIV).

Comprendo ahora, mejor que nunca, que su casa de Isla Negra fuera una navidad permanente, vital, laica, y que jugara en ella con sus juguetes preferidos de la mañana a la noche, mirando el pie del niño que siempre fue.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://fundacionneruda.org/biografia/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La Navidad de los felices, según Juan Ramón Jiménez

JR JIMENEZ
Joaquín Sorolla, Retrato de Juan Ramón Jiménez, 1916

Sevilla, 19/XII/2019

No es la primera vez que me aproximo a Juan Ramón Jiménez en este cuaderno digital, que cada día sale hacia la alta mar de la vida para buscar islas desconocidas, ahora en una tarea de búsqueda de su dios deseado y deseante en la navidad laica. Escribo este post como regalo para todos los días, no sólo en Navidad, para los que desean ser felices con lo que tienen, día a día, pero sobre todo para que seamos mucho más felices todavía siendo y no solo teniendo. Por esta razón vuelvo a utilizar palabras sobre la Navidad de Juan Ramón Jiménez que siguen en mi conciencia de búsqueda, la que él expresaba maravillosamente en su poema “Conciencia plena” (en Animal de fondo, 1949), escuchando su voz y para que no se olvide:

El título de hoy no es mío, pertenece al niñodiós de nombre Juan Ramón Jiménez, aunque él se refería expresamente a la Nochebuena de Moguer, de Platero y yo, una elegía que sigue siendo un libro preferido por niños, niñas y adultos en general, una elegía andaluza a la que siempre quería agregar capítulos el poeta de Moguer, el gran embajador mundial de ese pueblo precioso, que me entregó su alma secreta durante años.

Moguer me ofreció siempre una acogida de día y noche que no puedo olvidar. Por las mañanas, porque preparaba mis clases en la casa de Juan Ramón, gracias a Pepito, su guardián celoso y servicial, muy atento a que mi estancia allí fuera tranquila y segura, alejándome a veces del clamor infantil en las visitas de la mañana a la sala-biblioteca que existía en la planta baja de aquella época. Además, en el arco de la escalera del patio principal, leía todos los días un mensaje alentador y programático: Amor y poesía, cada día… Por las noches, porque me ofrecía conocimiento y libertad para comprender en sus recónditos bares, uno de ellos muy querido, La Parrala, lo que significaba tomar algo a modo de cena, siempre acompañado por personas que conocí a pie de barra. Sobre todo, Mateo, un hombre tosco y aguerrido, que hablaba todos los días con su caballo, en conversaciones imposibles, probablemente porque Platero lo había marcado de por vida, haciéndome partícipe de sus ilusiones y frustraciones diarias. Después, en un paseo iluminado siempre por los mensajes de personas y paredes, me alojaba en el Hotel situado junto al Ayuntamiento, en una habitación que me asignaba el encargado, Pepe, que en su soledad sonora y amable, procuraba proteger mi estancia para que la vida me permitiera descansar como caminante que siempre pretendía hacer camino al andar.

Llega la Navidad, la Nochebuena, sobre todo para los felices. Y he vuelto a leer en Platero y yo el capítulo dedicado a la Navidad (CXVI), cuya lectura casi recuerdo de forma íntegra cuando llegan estos días de forzados recuerdos y que reproduzco completo como homenaje a Platero, para que siga trotando libremente en mi memoria de hipocampo, agregando años a su vida real en la mente sana de los que apreciamos conocerlo tal y como era, porque no nos importa seguir siendo niños sin Nacimiento, como los de Juan Ramón:

Navidad

¡La candela en el campo!… Es tarde de Nochebuena, y un sol opaco y débil clarea apenas en el cielo crudo, sin nubes, todo gris en vez de todo azul, con un indefinible amarillor en el horizonte de Poniente… De pronto, salta un estridente crujido de ramas verdes que empiezan a arder; luego, el humo apretado, blanco como armiño, y la llama, al fin, que limpia el humo y puebla el aire de puras lenguas momentáneas, que parecen lamerlo.

¡Oh la llama en el viento! Espíritus rosados, amarillos, malvas, azules, se pierden no sé donde, taladrando un secreto cielo bajo; ¡y dejan un olor de ascua en el frío! ¡Campo, tibio ahora, de diciembre! ¡Invierno con cariño! ¡Nochebuena de los felices!

Las jaras vecinas se derriten. El paisaje, a través del aire caliente, tiembla y se purifica como si fuese de cristal errante. Y los niños del casero, que no tienen Nacimiento, se vienen alrededor de la candela, pobres y tristes, a calentarse las manos arrecidas, y echan en las brasas bellotas y castañas, que revientan, en un tiro.

Y se alegran luego, y saltan sobre el fuego que ya la noche va enrojeciendo, y cantan:

…Camina, María,
camina José…

Yo les traigo a Platero, y se lo doy, para que jueguen con él.

Abro de nuevo el libro y sigo andando por la calle de la Ribera en Moguer, situada en mi conciencia plena de secreto, interpretando los sentimientos de Juan Ramón ante la casa que le vio nacer, invitando a Platero a que mirara por la cancela la verja de madera, negra por el tiempo…, intentando compartir con él, como solo él sabía hacerlo, una buena noche para ser feliz.

NOTA: Se puede hacer una audio-lectura de este capítulo de Platero y yo, accediendo a la siguiente URL: http://albalearning.com/. El archivo de audio se ha recuperado hoy de http://www.poesi.as/jrj44080foto.htm

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El Niño Jesús proletario, según Saramago (II)

JOSE SARAMAGO

Es la segunda vez que escribo en este cuaderno sobre los recuerdos de Saramago de su navidad en el pueblo que lo vio nacer, Azinhaga. Al igual que hice en 2017, dedico especialmente estas palabras sentidas a los niños y a las niñas de los seis barrios más pobres de Sevilla (entre los 15 más pobres de España), por este orden: Polígono Sur, Pajaritos-Amate, Torreblanca, Cerro-Su Eminencia, La Oliva y Polígono Norte-Villegas, donde viven niños y niñas proletarios, como se demuestra en los estudios recientes a nivel europeo y de España, según datos estadísticos irrefutables que publico a continuación, actualizados de acuerdo con el último informe elaborado por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN de Andalucía).

Sevilla, 18/XII/2019

Cuando se acerca la Navidad recuerdo siempre lo que contaba Saramago sobre el Niño Jesús de su época (1): “En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

La imagen del niño Jesús proletario no la olvido. Me parece que coincide con la de miles de niños y niñas en Andalucía, que siguen viviendo en umbrales de pobreza, según los datos facilitados por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN de Andalucía), en su Informe sobre pobreza en Andalucia (2019), con un título que sobrecoge: La pobreza olvidada.

EAPN 2019

Los datos más relevantes del estudio demuestran la gravedad de la situación en Andalucía: “El 38,2% de la población de Andalucía está en riesgo de pobreza y/o exclusión social en el año 2018. Esta cifra es casi un punto porcentual superior a la del año anterior, lo que supone una ruptura de la tendencia descendente de los últimos dos años, marcando una subida considerable en el número de ciudadanos andaluces que están en riesgo de pobreza y exclusión social”.  Es decir, la tasa de pobreza marca en Andalucía una subida respecto a la tendencia descendente de los dos últimos años (2016-2017), alcanzando a más de 3,2 millones de andaluzas y andaluces, que equivale a un total de crecimiento en 2018 de unas 75.000 personas.

Es importante señalar también en relación con la media estatal que, la llamada tasa AROPE (2) de Andalucía “alcanza 12,1 puntos por encima de la media estatal, siendo la segunda Comunidad con mayor tasa en España, sólo inferior a la de Extremadura, situación que empeora respecto al año 2018, dónde era la tercera comunidad con mayor tasa”. Otro dato de interés es que el incremento del AROPE “se debe exclusivamente al empeoramiento de la situación de las mujeres, cuya tasa crece casi dos puntos porcentuales mientras que la masculina se mantiene”.

La conjunción de riesgo de pobreza y pobreza severa se distribuye de la siguiente forma: “En el año 2018 la Tasa de pobreza severa (medida con un umbral del 30% de la mediana) en Andalucía es del 9,9 %, cifra que es 4,2 puntos más elevada que la media nacional y la más alta de todas las comunidades autónomas. Además, la tasa es 3,7 puntos porcentuales superior a la que tenía en 2008, lo que hace un incremento del 61% en la totalidad del período. Este incremento es consistente con el aumento del número de personas de la región que están entre el 10% más pobre de la población nacional”.

Según datos del citado informe, en relación con la pobreza infantil proletaria, “{…] es decir, aquella que se registra entre los chicos y chicas menores de 18 años, mantuvo hasta hace dos años los valores más elevados de todos los grupos de edad. En 2018, la tasa de pobreza infantil se ha reducido 1,5 puntos; sin embargo, alcanza todavía al 26,8% del grupo, cifra que es 5 puntos, es decir, un 23%, más elevada que la tasa del resto de población adulta (de 18 a 64 años). Todos los hogares con NNA (Niños, Niñas y Adolescentes) tienen tasas de pobreza notablemente más altas con respecto a las de aquellos compuestos sólo por personas adultas”.

Recomiendo leer atentamente en esta navidad este informe para poder evaluar lo que está ocurriendo en Andalucía en este ámbito, porque para evaluar estas situaciones es necesario emitir juicios bien informados. Puede ser un buen ejercicio para tomar conciencia de lo que está pasando en esta tierra y para que se puedan elevar todas las consideraciones posibles mediante propuestas críticas a los responsables políticos que corresponda.

Todas las Navidades vuelvo a abrir el libro de las pequeñas memorias de Saramago por las páginas 107 y 108, buscando el final de esta microhistoria navideña del Nobel portugués, aplicado a nuestra navidad en Andalucía. Y no me sorprende su reflexión de cierre y recuerdo de aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, un Niño especial que deberíamos recordar siempre en la historia actual y real de Andalucía, la de los niños y niñas, proletarios, en situación de riesgo o viviendo en pobreza extrema. Están, en Sevilla, más cerca de lo que parece.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.eldiario.es/cultura/libros/diario-oculto-Saramago_0_828017469.html

(1) Saramago, J. (2008). Las pequeñas memorias. Madrid: Punto de Lectura, p. 107.

(2) El índice AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) mide el porcentaje de la población que se encuentra incluida en al menos una de las tres categorías siguientes (riesgo de pobreza, carencia material severa y baja intensidad laboral).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Detalles en la navidad de Rafael Alberti

RAFAEL ALBERTI1

Sevilla, 15/XII/2019

No olvido un poema precioso de Rafael Alberti que me sobrecogió cuando lo leí siendo casi un niño. Se titula El platero, formando parte de un libro excelente, El alba del alhelí, que en cada navidad laica de mi vida resuena como si fuese la mejor lectura en un ayer cercano:

A la Virgen, un collar
y al niño Dios, un anillo,

Platerillo,
no te los podré pagar,

¡Si yo no quiero dinero!

¿Y entonces qué? di.
Besar al niño es lo que yo quiero.

Besa, sí

Todo un detalle por parte del platerillo, entendiendo el detalle como rasgo de cortesía, amabilidad y afecto en cualquier momento de nuestra existencia. José no puede pagar el collar de María y el anillo para el niño Jesús: yo no quiero dinero, besar al niño es lo que yo quiero. Porque José conocía muy bien a María y no confundió nunca, como todo necio, valor y precio. Le regalaba todos los días sus silencios, sus dudas, su honradez y su vida, sin saber a veces qué pensaba ella sobre su delicada y confusa historia. Comprendo mejor que nunca al leer a Alberti que José era una persona buena, en el buen sentido de la palabra “bueno”, amante de sus silencios y maestro en el arte de callar. También, que José estaba bien casado, título de un villancico del compositor francés Michel Corrette, en pleno siglo XVIII, que estoy ensayando en el clave en estos días de navidad laica de 2019.

No olvido el detalle del platero, no confundiendo valor y precio en aquél pequeño gesto hacia la virgen y el niño. Cualquier detalle de nuestra vida es solo un pormenor, una parte o un fragmento pequeño de la verdad que buscamos todos los días en la trastienda de la vida. Esa es la razón para dejar la estela de cualquier regalo que buscamos para la persona que queremos o apreciamos, porque sabemos lo que se entrega, pero no lo que se recibe. Ese es su gran misterio. El gran detalle que nos contó hace años Rafael Alberti y que hoy sigue vigente en un mundo cada vez más vacío y descreído.

Esta noche vuelvo a leer en El alba del alhelí el poema 4, precioso, que me ayuda a comprender mejor el sentido de estos días próximos a la navidad, en unas palabras inolvidables de María a Jesús:

¡Sin dinero, Buen Amor!
¡Y tu padre carpintero!
¿Cómo vivir sin dinero?

¡Vendedor,
que se muere mi alba en flor!

¡Sin pañales mi lucero!
Y sin manta abrigadora,
temblando tú, Buen Amor!

¡Vendedora,
Que se muere mi alba en flor!

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://leedor.com/2018/12/16/rafael-alberti-entre-los-grandes-poetas-espanoles/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.