Antónimos para el ocaso de la democracia / 6. Grandeza

Sevilla, 12/V/2022

Busco apasionadamente los antónimos positivos frente a “ocaso”. Hoy recurro a una palabra, grandeza, que estimo necesario rescatar en este planteamiento de defensa de la democracia, en su sexta acepción de la Real Academia Española de la Lengua: elevación de espíritu, excelencia moral. Efectivamente, la democracia engrandece al ser humano, su espíritu, su alma, cuando alcanza la excelencia ética en la vida. En el contexto en el que escribo esta serie, es decir, el tiempo preparatorio para las elecciones al Parlamento de Andalucía, el próximo 19 de junio, vinculo el antónimo de hoy a una reflexión que hago siempre cuando nos enfrentamos a dos momentos clave en democracia: la reflexión sobre la decisión de opción política a elegir en unas elecciones y el acto de votar en sí mismo.

Una vez más me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión”, algo que frecuento como presente y futuro democrático, en el sentido que decía el Dr. Cardoso al Señor Pereira en la obra de Tabucchi, Sostiene Pereira: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”. He buscado de nuevo estas palabras en mi querido Diccionario de Autoridades (RAE), que tanto aprecio, y en su contexto he descubierto una vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente”, que recupero hoy para reforzar el antónimo “grandeza” y complementarlo. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo siempre a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo «hermosear» también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Dignifica la grandeza de la democracia. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos sobre lo que va a ocurrir el próximo 19 de junio en las elecciones al Parlamento de Andalucía, a través del voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos grande, vistosa, perfecta y hermosa la democracia. Aunque la auténtica grandeza, la del alma propia de la democracia, no se recogería hasta el 1767 en España, en el Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana […], de Esteban de Terreros y Pando, cuando aparece por primera vez la acepción de “grandeza” como poder, dignidad, autoridad, riqueza, esplendor y magnificencia, completándose con la locución “grandeza de alma”, de ánimo, de generosidad y heroicidad. Es lo que tiene descubrir este antónimo precioso, grandeza, frente al ocaso de la democracia. La hermosea en el alma de todos y en la de secreto.

Una cosa más. La grandeza de la democracia en este país está recogida en la Constitución y en el Estatuto de Autonomía para Andalucía, en el caso concreto de esta Comunidad y ante sus próximas elecciones. A tal fin, traigo a colación unas palabras esclarecedoras de Aristóteles recogidas en el capítulo IV del libro tercero de su Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno. Es verdad, que en democracia quiero a la Constitución como para seguir leyéndola cada noche, como mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. Igual, el Estatuto de Autonomía para Andalucía. No los olvido en los marcapáginas que utilizo en el libro de mi vida. Aspiro en democracia a reivindicar permanentemente su grandeza, porque nos enseñan a constituir asociaciones de personas libres (Aristóteles), articuladas por la Constitución o el Estatuto de Autonomía correspondiente, escritos y hechos con grandeza y altura de miras, la que da la grandeza del alma de cada persona en democracia, salvaguardando siempre el interés general.

NOTA: la imagen se ha recuperado de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Antónimos para el ocaso de la democracia / 5. Resplandor

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

John Keating (Robin Williams), en El club de los poetas muertos

Sevilla, 11/V/2022

Los antónimos de “ocaso”, que estoy eligiendo para escribir sobre ellos y decir algo esencial, cumpliendo con la salvaguarda del alma para escribir, que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino, no son inocentes. Hoy, elijo uno precioso, resplandor, porque su significado es una inyección de ánimo ante el espectáculo decadente de la democracia. Me quedo con la interpretación literal de la primera acepción del Diccionario de la lengua española, Luz muy clara que arroja o despide el sol u otro cuerpo luminoso, porque entiendo que la democracia es una luz muy clara que arroja ella cuando está instaurada en la sociedad y, también, cuando los ciudadanos y ciudadanas de este país se convierten en portadores de esta luz que llevan dentro de su ser y estar democrático en la sociedad.

Cernuda lo decía de forma esplendorosa en su definición de andaluz: enigma al trasluz, el andaluz: Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. / Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz (El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947). Precisamente, en esta obra, Cernuda nos lleva de la mano para contemplar el alba de la democracia, que ya he tratado en el antónimo alborada. El poeta vive durante su exilio en Inglaterra, desde 1941 a 1947, un ocaso muy triste de la democracia en su país por la guerra civil y busca desesperadamente los mejores antónimos existenciales para salir de él, en este caso su tierra nativa, una metáfora preciosa sobre la democracia: Es la luz misma, la que abrió mis ojos / Toda ligera y tibia como un sueño, Sosegada en colores delicados / Sobre las formas puras de las cosas, que culmina con un verso que hoy podemos interpretar proyectado en la democracia: Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,/ Tierra nativa, más mía cuanto más lejana? (Tierra nativa, en Como quien espera el alba, 1947) o lo que es lo mismo ahora: Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,/ Democracia nativa, más mía cuanto más lejana?  .

Hans Christian Andersen, de quien aprendí tantas maravillas en los cuentos de mi infancia, también nos regaló un relato precioso y bastante desconocido, El Ave Fénix, del que me quedo con las palabras amables de la metáfora de este cuento: En el jardín del Paraíso, cuando naciste en el seno de la primera rosa bajo el árbol de la sabiduría, Dios te besó y te dio tu nombre verdadero: ¡poesía!, en el carpe diem de cada uno, para que tomemos conciencia de que renacer de las cenizas en las que a veces convertimos la democracia es un trabajo diario y concienzudo para intentar comprender todo aquello que nos hace sufrir a diario y no sabemos cómo resolverlo. Andersen aporta una luz muy clara, un resplandor, en este túnel tan complejo: El pájaro [la nueva Ave Fénix] vuela en torno a nosotros, rauda como la luz, espléndida de colores, magnífica en su canto. Cuando la madre está sentada junto a la cuna del hijo, el ave se acerca a la almohada y, desplegando las alas, traza una aureola alrededor de la cabeza del niño. Vuela por el sobrio y humilde aposento, y hay resplandor de sol en él, y sobre la pobre cómoda exhalan su perfume unas violetas.

Al final, nos queda la palabra, el antónimo buscado con ardor guerrero ante el ocaso de la democracia, para vestirla de sus mejores galas. Siento hoy, junto a Cernuda en su Noche del hombre y su demonio, algo profundo en sus palabras humanas: Hoy me reprochas el culto a la palabra. / ¿Quién sino tú puso en mí esa locura? / El amargo placer de transformar el gesto / en son, sustituyendo el verbo al acto. / Ha sido afán constante de mi vida. / Y mi voz no escuchada, o apenas escuchada, / ha de sonar aun cuando yo muera, / sola, como el viento en los juncos sobre el agua. Porque la luz del resplandor de la democracia nos ofrece la oportunidad de componer con palabras la mejor defensa de su existencia. Estoy de acuerdo con Eugenio Trías cuando afirmaba que “En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra”. Puede que así ocurra con el despertar nuevo de la democracia, con su resplandor, que es una responsabilidad de todos la que la amamos y no la olvidamos ni siquiera un momento.

NOTA: la imagen se ha recuperado de Ave Fénix (amuraworld.com)

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 4. Despertar

Le somneil, fotografía de Man Ray en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry y Germaine Huguet, 1937

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry,
en Terre des Hommes, 1939

Sevilla, 10/V/2022

Despertar es preguntar a la vida. Ante el ocaso de la democracia, acudo de nuevo al despertar de la misma, como revulsivo del mal sueño que estamos viviendo en la actualidad, en un contexto histórico concreto, hace más de dos mil años, en el que Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis (1), en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las próximas elecciones en Andalucía. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos de ocaso de la democracia, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco, en el que proyecto un nuevo modelo de líderes políticos en liza: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y debía saber que “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Roma, en un ocaso histórico que hoy nos sirve de ejemplo.

He recordado el contexto anterior porque, en 2019, recopilé unas consideraciones ya publicadas en este cuaderno digital en el sentido etimológico de breviario, epítome, consideraciones breves, bajo el epígrafe de “Elecciones generales 2019”, una serie de once artículos publicados entre febrero y marzo de 2019, en los que traté, a modo de breviario de campaña electoral, asuntos muy relevantes a tener en cuenta por los partidos políticos en liza y por sus líderes, con un hilo conductor ideológico y de creencia situado en la izquierda, no inocente, en la amura de babor de la embarcación imaginaria de Saramago en su Cuento de la isla desconocida. El breviario de campaña electoral que publiqué recogía los siguientes principios para despertar a la democracia, que hoy reproduzco de nuevo a modo de antónimos del ocaso de la democracia al que estamos asistiendo en una ceremonia continua de confusión política y de silencios cómplices: la construcción de grandes alamedas de libertad para que puedan pasear por ellas las personas libres, la dignidad de la izquierda por encima de todo y la elaboración de programas ajustados al principio de realidad; el aviso claro de que el Partido Abstencionista prepara ya su campaña, la defensa del sufragio real y efectivo de las personas discapacitadas y la imprescindible austeridad del gasto en las campañas electorales; la presencia en las mismas de los jóvenes como claro objeto de deseo electoral, la verdad política en los programas electorales y el aviso sobre un enemigo político que acecha siempre: la corrupción de la mente; la declaración prioritaria de políticas sociales y la ética del voto que, como la palabra, siempre nos queda.

Animo a leer de nuevo estas reflexiones, a modo de breviario urgente para una campaña electoral transcendental para nuestro país, aunque radica ahora su foco en Andalucía, el próximo 19 de junio, para que pueda normalizarse la vida “política” en el sentido más puro del término y quedarse anclada al despertar continuo de la democracia. Lo necesitamos como agua de mayo, nunca mejor dicho, para recuperar serenidad suficiente que nos permita vivir con la libertad a la que aspiran las personas dignas en una democracia digna y clara. ¿Saben por qué? Porque los principios expuestos anteriormente, como alborada, principios, oripandó o despertar, como antónimos del ocaso en el que está instalada la democracia, puede llevar a muchas personas indecisas a votar, como acto supremo en democracia, confiando en candidaturas dignas, porque todas no son iguales. Así lo decía Quinto a su hermano mayor Marco Tulio Cicerón en el breviario de referencia: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Porque los ciudadanos, es verdad, responsables, importamos mucho. Es el auténtico secreto de la democracia, la identidad del pueblo en ella, el que decide y vota, sin el que esta parte de la bella palabra “democracia” no es nada. Anna Applebaum, en «El ocaso de la democracia» lo avisa: «Los líderes despóticos no llegan solos al poder; lo hacen aupados por aliados políticos, ejércitos de burócratas y unos medios de comunicación que les allanan el camino y apoyan sus mandatos. Asimismo, los partidos nacionalistas y autoritarios que han ido tomando relevancia en las democracias modernas ofrecen unas perspectivas que benefician exclusivamente a sus partidarios, permitiéndoles alcanzar unas cotas de riqueza y poder inigualables». En su libro, «retrata a los nuevos defensores de las ideas antiliberales y denuncia cómo estas élites autoritarias utilizan las teorías de la conspiración, la polarización política, el terrorífico alcance de las redes sociales e incluso el sentimiento de nostalgia para destruirlo todo y redefinir nuestra idea de nación». Leerlo es contribuir a conocer qué es lo que está pasando en la actualidad y una forma de ser conscientes de cómo podemos defender los valores democráticos por encima de todo. Estamos avisados. De despertar a la democracia se trata.

Pablo Neruda hizo una vez una pregunta inquietante, que recogió en su Libro de las preguntas, la XVI, que decía: “¿Es verdad que en el hormiguero los sueños son obligatorios?”. Creo que sí, así como el despertar de los mismos, proponiendo de nuevo en este cuaderno digital una respuesta solidaria a su pregunta a modo de fábula: estamos obligatoriamente obligados a soñar en nuestras ciudades y barrios hormigueros para que el viaje de la democracia sea siempre hacia alguna parte feliz de nuestra existencia, porque tenemos un recurso que intentan controlar como mercancía los hombres de negro (dueños del Gran Supermercado del Mundo), que se llama inteligencia emergente que despierta ante ese ocaso que nos invade y que convierte todo en mercancía. Debemos conocerla bien y compartirla juntos con «tu puedo y mi quiero» de cada día, porque forma parte de nosotros desde el momento precioso en el que nacemos y porque nos acompaña siempre como lo más íntimo de nuestra propia intimidad, para ayudarnos a resolver los problemas diarios de la vida en el despertar continuo de la democracia, yendo juntos, compañeros. Cuando soñamos despiertos, que también es posible, compañeros.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

(1) Cicerón, Quinto Tulio (1993). Breviario de campaña electoral. Barcelona: Quaderns Crema.

NOTA: la imagen es un fragmento de una fotografía de Man Ray, Le somneil, realizada en 1937 y en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet, que figuraba en el programa oficial de una exposición sobre El surrealismo y el sueño, celebrada en Madrid, en 2014 en el Museo Thyssen-Bornemisza.

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 3. Oripandó

El Caminante, José Mercé, acompañado por Lang Lang, en El Oripandó, con letra de Antonio Orozco.

Sevilla, 8/V/2022

Hoy tomo prestado del diccionario caló un antónimo precioso, Oripandó, el sol al amanecer, frente al ocaso de la democracia, al que ya he dedicado un artículo en este cuaderno digital por la publicación de un disco de ese nombre, una obra musical excelente llevada a cabo por el cantor Antonio Orozco (cantante es el que puede y cantor, el que debe hacerlo, que no es lo mismo, según Facundo Cabral), gestada a lo largo de dos largos años, que narra la vida de otro cantor José Mercé, en un homenaje en el que el sol, el amanecer de cada día, Oripandó en su esencia pura, es el auténtico protagonista en la vida de Mercé, que  canta de forma muy sentida una composición poética de Orozco, El caminante, letra de Antonio Orozco, acompañado al piano por el gran intérprete Lang Lang, que hoy, al convertirme de nuevo en un escuchaor del sentir del canto andaluz, me abre horizontes de grandeza ante el ocaso de la democracia:

Se sueñan, se compran, se riman
Caminos rodados, caminos de espinas
Se vuela, se rompe y se envidia
Con tanta emoción que la vida no es vida

Se habla, se anda y se rifan
Medallas de hombres que no tienen cima
Búsqueda eterna sin firma
Eterno reguero de un ego sin rima

Cuentan que canto sin guía,
Que bebo en la fuente que ya está vacía
Cuentan que cuento y descuento
Los versos que hace ya tiempo decían

[Estribillo] Caminante, no hace frío
Caminante, calma el río
Caminante sin hastío
Caminante, no hay olvido

Ganan los mundos vacíos
Hombres que alumbran a los duendes con hilos
Se juzga, se habla y critica
Con tanta ilusión que de ilusión moriría

Se canta, se copia y se mima
Talento de sabios que nunca leían
Dueños de tanto y de dónde
Del todo y del como
De cuándo y de nada

[Estribillo] Caminante, no hace frío
Caminante, calma el río
Caminante sin hastío
Caminante, no hay olvido

Si anuncio hoy de nuevo este hallazgo de una isla desconocida llamada El Oripandó, es porque los que vivimos en Andalucía respetamos su identidad flamenca y a sus cantoras y cantores. Antonio Orozco y José Mercé lo son de origen y de cuna, aportándonos luz en tiempos de tinieblas y oscuridad democrática. Llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, aprendiendo cada día a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante frente al ocaso de la democracia que tanto nos inquieta. No olvido tampoco a Luis Cernuda, que hizo un retrato precioso del andaluz, porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos en democracia, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Si anuncio hoy esta palabra, oripandó, como antónimo de ocaso, el de la democracia, al que la estamos llevando por el hastío hacia la política por la corrupción, mediocracia e indignidad que impera, es porque soy un caminante que escucho a mi tierra cómo se canta, se copia y se mima el talento de sabios que nunca leían, en el amanecer de cada día, pero que eran dueños de tanto y dónde, del todo y del cómo, de cuándo y de nada. ¿Saben por qué? Porque eran alumnos de la vida democrática en un mundo al revés, que denunciaban con su quejío, con el dolor permanente de nuestra tierra, que otro mundo es posible y que todos los días amanece la democracia, que no es poco, desde hace siglos, en Andalucía. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 2. Principios

Mario Benedetti / Pablo Neruda

Sevilla, 7/V/2022

La acepción sexta de la palabra principio, como sustantivo, en el Diccionario de la lengua española de la RAE, es un antónimo justo y necesario ante el ocaso de la democracia: norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta. Como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, hay que hacer un esfuerzo por recuperar la ética de los principios y uno de ellos, fundamental, es el democrático. Además, hay que mantenerlo de por vida, porque a diferencia de lo que manifestaba Groucho Marx en su famoso aserto, estos son mis principios y si no gustan tengo otros, no es el caso que nos ocupa. Personalmente, estoy convencido de que el principio democrático es una seña de identidad que hay que mantener de por vida porque es el que nos permite disfrutar de la convivencia diaria, tal y como se viene expresando a lo largo de los siglos.

La democracia se rige por ideas fundamentales sustentadas por el pensamiento y la conducta, en una exposición permanente de coherencia entre lo que se piensa y cómo se actúa, porque las palabras siempre deben ir detrás de lo que se manifiesta a través de hechos, que también deben ser siempre amores y no sólo buenas razones. En este sentido, no olvido unas palabras de Mario Benedetti en Revolución es participación (1), que aún nos quedan: “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”.

Cuando se percibe a diario que se está poniendo en riesgo continuo a la democracia, suena con gran fuerza en mi interior, un refrán de mi infancia rediviva: hechos son amores y no buenas razones, enunciado anteriormente. Los hechos políticos verdaderos son los que abren siempre caminos nuevos, porque el ejemplo de lo que sucede en beneficio de todos es lo que convence de verdad a la ciudadanía, lo que refuerza segundo a segundo la credibilidad sobre la democracia. Lo que ocurre es que casi siempre invertimos los términos en política y se suele hablar, más que demostrar, lo que verdaderamente convence, es decir, los hechos verdaderos y constatables. Tenía razón Michael Ignatieff, el candidato a la presidencia de Canadá en las elecciones de 2011, cuando afirmaba que “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”, pero este “amor”, la verdad, hay que asumirlo siempre.

El problema en estos días es que la ciudadanía está perdiendo alma política, es decir, ideología y principios como normas o ideas fundamentales que rijan el pensamiento o la conducta democrática, que permitan salir del ocaso en el que se encuentra, mirando hacia atrás, sin ira, para seguir aprendiendo de los errores que en democracia se cometen a diario. El escritor portugués Lobo Antúnes lo comentó una vez y se me ha quedado grabado para siempre. Era una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños “demócratas”, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo con una aguja, es decir, los equivocados, los fracasados temporalmente, las personas a las que no duele el aparente fracaso de la política y su contribución al ocaso de la democracia por falta de principios que sustenten una ideología que respete el beneficio social para todos, que salve siempre el interés general de la sociedad, debemos buscar de nuevos hechos, amores, que nos lleven a abrir caminos ilusionantes por las grandes alamedas políticas de una sociedad diferente, instalada en la libertad, donde puedan pasear por ellas las personas libres. Aunque tengamos que mirar de forma obligada hacia atrás para analizar en profundidad qué ha pasado y corregir los errores, para que las nuevas ilusiones “democráticas” encuentren las mejores palabras que anunciar. Será la única forma de hacer justicia a lo que pueda ocurrir en Andalucía a partir del próximo 19 de junio, día de las elecciones en esta Comunidad, porque podremos por fin justificar con palabras los hechos que hoy, por silencios cómplices y vergonzantes de las personas que, teóricamente aman la democracia, por el absentismo galopante en las últimas convocatorias de elecciones, que nos atenazan y nos dejan mudos. La revolución, digámoslo de una vez por todas, conlleva siempre participación y presencia. Es una de las obligaciones que nos impone del día a día democrático, porque hechos son amores votados y no buenas razones, porque las palabras deben venir siempre detrás para explicar todo, incluso para decir claro y alto por qué no se justifica en cada momento oportuno la derrota paulatina y a veces silenciosa de los que amamos la democracia, por mucho que nos duela hacerlo.

Personalmente, defiendo con ardor guerrero un principio ante el ocaso de la democracia, el principio esperanza. En 2006 escribí que “Efectivamente, es tiempo de esperanza. Aprendí de Ernst Bloch y así lo escribí hace muchos años, que el gran valor de la esperanza es el ofrecimiento de ser activos en la búsqueda de lo que deseamos, porque lo que esperamos todavía no ha llegado y, además, nos interesa, nos hace libres. En cualquier nivel, en cualquier proyecto, en cualquier deseo: frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual de cada persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. Es como la ilusión que yo tenía cuando era niño y construía los juguetes en mi pensamiento hasta que llegaba el día señalado y lo alcanzaba”.

Si defiendo hoy el antónimo “principio” esperanza, como uno de mis principios, frente al ocaso de la democracia, es porque estoy convencido de que las esperanzas deben regarse cada día con el rocío de la defensa de la dignidad humana, respondiendo a una pregunta inquietante de Pablo Neruda en su Libro de las preguntas: ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? Tan verdad como la vida misma, porque luchar ante el ocaso de la democracia es una obligación ética en democracia, un principio, una norma o idea fundamental que debería regir el pensamiento democrático y la conducta que, indefectiblemente, siempre debería estar asociada a él. Para que no lo olvidemos ni siquiera un momento.

(1) Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

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Carmen Linares y María Pagés, hijas de la luz con el cante y el baile dentro

Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022

Más el trabajo humano, / con amor hecho, merece la atención de los otros

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera

Sevilla, 6/V/2022

En el año en el que se celebra el primer centenario del Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad, dos andaluzas de reconocido prestigio artístico, la cantaora Carmen Linares y la bailaora y coreógrafa María Pagés, recibieron ayer el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022. En el acta del jurado se dice textualmente que “La obra de Carmen Linares y María Pagés es parte de la genealogía del flamenco contemporáneo. Ambas, en sus disciplinas, han ensanchado el cante y el baile desde el respeto por la tradición, apostando por ampliar sus cauces expresivos, impulsando así el carácter universal de un extraordinario patrimonio cultural, popular y sensorial. Con voluntad de permanente exploración, su trabajo dota al flamenco de nuevas herramientas a la vez que amplifica el lenguaje de una manifestación cultural que vive un momento de esplendor y búsqueda de nuevos horizontes. Ambas creadoras despliegan en su trayectoria experiencias que reivindican el flamenco como uno de los géneros musicales más sugerentes de nuestro tiempo y un acontecimiento artístico perenne y único”. También se añade por parte de la Fundación, en la presentación de sus trayectorias artísticas, que “convertidas en dos de las figuras más importantes del flamenco de las últimas décadas, en Carmen Linares y María Pagés converge el espíritu de varias generaciones que, desde el respeto por la tradición y la hondura de las raíces del flamenco, han sabido modernizar y adaptar su esencia al mundo contemporáneo, elevándolo, aún más si cabe, a la categoría de arte universal. Con su labor, ambas han abierto caminos de repercusión no solo artística sino también social y se han convertido en ejemplo de trabajo, talento y dedicación para futuras generaciones”.

En el acto de Granada en 1922, la experiencia sentida por el público asistente al mismo, llevó a Federico García Lorca a escribir palabras muy bellas, nacidas en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. Las palabras que siguen lo demuestran de forma fehaciente. En el concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular. En aquella ocasión, el poeta granadino hizo la presentación oficial del Concurso, el 19 de febrero de 1922, en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío, que también se expresa en el baile elegante que nos brinda siempre María Pagés, como “veedores” privilegiados de un arte que perdura a lo largo de los siglos.

Carmen Pacheco Rodríguez, Carmen Linares en honor a su lugar de nacimiento en Jaén, cantó en 1994 a Federico García Lorca, en sus Canciones populares antiguas. Es evidente que su forma de interpretar estas canciones tiene un sello especial en la voz y en la figura, así como en su alma de secreto. Por otra parte, en un dúo mágico, ver bailar a María Pagés es ver bailar a Andalucía a través de sus manos y brazos, como alguna vez ha explicado Víctor Ullate sobre esta excelente bailaora.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante y al baile. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  de todo lo que se canta y baila con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentroescuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, llevándolos a un baile posible para todos. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho hoy en la voz de Carmen Linares, con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra, también expresado maravillosamente por María Pagés, es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años. Tal y como lo reconoció ayer la Fundación Princesa de Asturias al otorgar a la cantaora Carmen Linares y a la bailaora y coreógrafa María Pagés, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022.

Me retiro de nuevo a mi rincón de pensar, acompañado por Federico García Lorca, Carmen Linares y María Pagés, como escuchaor de las canciones populares andaluzas tan queridas para el poeta granadino, así como veedor de María Pagés en su baile mágico, para que personalmente, con sus significantes y significados a través de la cultura, de sus quejíos, siga muy pendiente de Andalucía, sobre todo de la exclusión de los más débiles y la pobreza infantil en nuestra tierra que, ante las elecciones próximas de junio, tiene una oportunidad de constituirse siempre en alborada de la democracia en Andalucía, no en su ocaso.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes – Noticias – Área de Comunicación y Prensa – Fundación Princesa de Asturias (fpa.es)

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Antónimos para el ocaso de la democracia / 1. Alborada

Luis Cernuda

Vivir siempre así. Que nada, ni el alba, ni la playa, ni la soledad fuesen tránsito para otra hora, otro sitio, otro ser. ¿La muerte? No. La vida todavía, con un más acá y un más allá, pero sin remordimientos ni afanes. Y entre antes y luego, como entre sus dos valvas la perla, este momento irisado y perfecto. Ahora.

Luis Cernuda, en Alborada en el Golfo

Sevilla, 5/V/2022

Estoy conturbado y consternado ante el ocaso de la democracia que percibo en nuestro país. No hay que ser Einstein para darnos cuenta de que algo está pasando en relación con la democracia en este país al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, que diría Eduardo Galeano. Por esta imperiosa razón categórica busco palabras que, respecto de otra, expresen una idea opuesta o contraria, antónimos de la palabra “ocaso”, para construir a partir de hoy y hasta el día de la elecciones en Andalucía, el domingo 19 de junio, palabras que contrarresten la palabra “ocaso”, que desde el Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio, se conoce bien con una acepción alejada de la astronómica, al ocultarse o ponerse el sol: “se toma muchas veces por la muerte”.

Quiero comenzar esta serie con un antónimo, la palabra “alborada”, porque es preciosa en su origen y llevada al terreno de la democracia todavía más. En vez de decir “el ocaso de la democracia”, prefiero decir hoy “la alborada de la democracia”, entendida esta palabra en su significante actual como “período que transcurre desde que empieza a aparecer en el horizonte la luz del día hasta que sale el Sol, composición poética o musical que expresa sentimientos relacionados con la llegada del día y el repique de campanas o música que se toca al amanecer”. El Diccionario de Autoridades lo resumió en 1726 en una frase preciosa: “Aquel tiempo en el que empieza a amanecer o a descubrirse la primera luz del día”. Todas ellas son acepciones llenas de júbilo y esperanza hacia algo nuevo que acontece a diario, frente al ocaso que la naturaleza nos enseña también día a día.

Ante el ocaso de la democracia que he descrito recientemente en este cuaderno digital, deseo rescatar hoy este antónimo, alborada, que dignifica la democracia, siempre que respetemos su sentido primigenio, es decir, una realidad social que se construye cada día al igual que “empieza a amanecer o a descubrirse la primera luz de cada día”. En este sentido, estoy convencido de que la democracia hay que cuidarla cada día y con tres pilares de cuidados básicos que he reiterado en muchas ocasiones en este cuaderno digital: el primero, participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria, huyendo de silencios cómplices, en una permanente alborada democrática. El segundo pilar se centra en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Libertad, porque es lo más preciado de lo que dispone el ser humano cada día en la tarea diaria de entrar en ella. Finalmente, el tercer pilar nos obliga a pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con el voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político de la democracia, como el campo, es para quien la trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. En definitiva, lo que planteo es una alborada democrática, vigilante y continua.

El ocaso de la democracia que estamos viviendo cada día que pasa en nuestro país, no resbala por mi piel, sino que está modificando mi vida actual para animarme a luchar por compartir la alborada que la democracia lleva dentro. Para mí es una acaricia que recibo todos los días, lo que me lleva a hacer hoy una exaltación de su impacto en beneficio del interés general, el de todos sin dejar a nadie atrás. De acuerdo con Cernuda, la alborada hay que entenderla como “la vida todavía, con un más acá y un más allá, pero sin remordimientos ni afanes”. Una alborada democrática, vigilante y continua. Ahora.

Nikolái Rimski-Kórsakov, Capricho español, Op. 34, 1887, Orquesta de la Universidad de Vermont. Cinco movimientos: Alborada, Variaciones, Alborada, Escena y canto gitano, y Fandango asturiano.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Pegasus o el mundo digital al revés

NSO Group

Sevilla, 4/V/2022

Es muy importante conocer la empresa que está detrás del programa de software espía Pegasus, NSO Group, para emitir juicios bien informados sobre los últimos acontecimientos de espionaje de Estado que hemos conocido en nuestro país. Fue fundada por tres exmilitares israelíes pertenecientes a la unidad especializada en SIGINT o inteligencia de señales de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), cuyas iniciales de sus apellidos, Niv Carmi, Shalev Hulio y Omri Lavie (NSO), conforman la denominación del grupo empresarial, siendo importante señalar que el programa Pegasus necesita siempre la autorización del Ministerio de Defensa de Israel para poder ser vendido a terceros. En su página web oficial, aparece en el apartado de Noticias una muy reciente, de 1 de abril de 2022, en la que se informa que la revista TIME dio a conocer el pasado 31 de marzo las 100 empresas que tienen un impacto extraordinario en todo el mundo, “elegidas por su relevancia, impacto, innovación, liderazgo, ambición y éxito en sus respectivas industrias y por su participación en la configuración del futuro. NSO Group se enorgullece de ser una de estas 100 empresas más influyentes y una de las dos empresas israelíes en esta lista. Es un honor y un orgullo que los editores y corresponsales de TIME en todo el mundo, así como los expertos de la industria, reconozcan a NSO Group por su liderazgo, innovación y el impacto que está teniendo. Nuestros empleados continuarán desarrollando y brindando a nuestros clientes nuestras tecnologías para salvar vidas que son esenciales para la seguridad global”. En concreto, NSO Group figura en el apartado dedicado a “disruptores”, personas u organizaciones que rompen con lo habitual mediante “un proceso o un modo de hacer las cosas que supone una “rotura o interrupción brusca” y que se impone y desbanca a los que venían empleándose” (1).

La empresa NSO informa en su página web oficial que su Misión es “trabajar para salvar vidas y crear un mundo mejor y más seguro”, junto con cuatro valores perfectamente identificados: responsabilidad, adoptando un enfoque pionero para aplicar estándares rigurosos y éticos en todo lo que hace: “nuestra metodología de investigación de antecedentes incluye un estricto proceso de concesión de licencias de la autoridad de control de exportaciones pertinente, así como una revisión interna detallada y estructurada conforme a nuestra Política de derechos humanos, que revisa y proporciona recomendaciones y decisiones para cada oportunidad de marketing. Nuestro proceso establece un punto de referencia para la industria”; integridad: “estamos comprometidos con el uso adecuado de nuestra tecnología, para ayudar a las agencias gubernamentales de seguridad e inteligencia a proteger a sus ciudadanos contra el terror, el crimen y otras amenazas importantes a la seguridad. Tomamos este compromiso con seriedad e investigamos cualquier acusación creíble de mal uso del producto”; excelencia: “tenemos un historial de éxito. Nuestra tecnología ha ayudado a los gobiernos a salvar miles de vidas, prevenir ataques terroristas, acabar con los principales delitos y hacer del mundo un lugar más seguro y, finalmente, audacia: “creemos que el éxito debe ser intrépido. En NSO, junto con una comprensión profunda de nuestras responsabilidades comerciales, hacemos hincapié en ser audaces pero responsables”.

He querido profundizar en el conocimiento de la empresa propietaria del programa Pegasus porque muchas veces se ataca sin piedad a estos avances científicos que, en este caso como en muchos otros, con una correcta utilización, pueden ser muy beneficiosos para la humanidad, como así se le reconoce. El problema radica en el uso inadecuado de los mismos, al ser tecnologías de doble uso. NSO desarrolla programas de amplio espectro “para ayudar a las agencias gubernamentales a detectar y prevenir el terrorismo y el crimen” para que puedan abordar legalmente los problemas más peligrosos del mundo actual. Aplicando el principio de realidad, estos programas ayudan a “prevenir el terrorismo, incluida la violencia armada, los coches bomba y los terroristas suicidas en centros de transporte, parques públicos, mercados, salas de conciertos, estadios deportivos y otras áreas públicas”. También, a “desmantelar la pedofilia, las redes de tráfico sexual y de drogas y las operaciones de lavado de dinero, encuentra y rescata a niños secuestrados y asiste a los equipos de búsqueda y rescate de emergencia (SAR) en la localización de sobrevivientes atrapados debajo de edificios derrumbados a raíz de desastres naturales o fallas en la construcción”.

El recorrido empresarial de NSO no es que deje tranquilo a nadie, porque en la actualidad es propiedad de un fondo de inversión americano y de dos de sus fundadores, que lo volvieron a comprar en una parte significativa del mismo. Las acusaciones de espionaje fraudulento por parte de la empresa ha sido una constante en los últimos años, habiendo sido calificada negativamente por el Gobierno de los Estados Unidos en época reciente, aunque el reconocimiento otorgado en TIME es también una contradicción americana de amplio espectro. Sabemos que la Administración del presidente Joe Biden incluyó el año pasado a NSO en la lista negra de empresas vetadas en contratos públicos, mientras que la prestigiosa revista TIME la eleva a los altares del progreso digital. El mundo al revés, digital por supuesto, está servido: con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, que diría Eduardo Galeano.

Una cosa más. Pegasus fue creado en 2011 y desde entonces se sabe que NSO lo ha vendido a 60 agencias militares, de inteligencia o de seguridad, en 40 países de todo el mundo, entre los que está España. Volvemos a encontrarnos con un “clásico digital” ante lo sucedido en estos días en nuestro país, es decir, el uso indebido de tecnologías que nacen precisamente para un buen fin y acaban utilizándose en muchas ocasiones para otro bien distinto. He citado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital esta dialéctica digital, con un ejemplo que vale más que mil palabras. Cuando he tratado el constructo inteligencia digital, ya he señalado en muchas ocasiones un hecho irrefutable que, ahora con Pegasus, se hace más patente: junto a la correcta utilización de las tecnologías digitales, es de imperiosa urgencia y necesidad superar el uso no racional de las mismas, entendida la citada inteligencia digital, en una de sus acepciones, que he definido durante muchos años y en diferentes publicaciones, como la “capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso”, que lo ejemplificaba con un dato clarificador al respecto: la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la última versión de la consola PlayStation que para los misiles mortíferos Tomahawk. Ese es el principal reto de la maravillosa inteligencia, digital por supuesto, porque vivimos en la sociedad red, que puede ser a la vez maravillosa o malvada, en función de cómo se use.

Utilizando la simbología que nos proporciona la mitología griega, muchos jinetes internacionales han montado sobre Pegasus, como Belerofontes redivivos, para matar a la Quimera del Mal de cada territorio donde se ha aplicado. Tal ha sido su mala fama, que ha acabado siendo odiado por muchos que en su momento lo utilizaron, aunque aspiraron alguna vez a ascender hasta el Olimpo Político de cualquier cuño, a lomos de él. Sin embargo, el tábano de la democracia ha clavado ya su aguijón en el lomo de Pegasus y los beloforontes actuales van cayendo de Pegasus uno tras otro, aunque todavía quedan jinetes que lo montan a diario sin escrúpulo alguno. A pesar de todo, muchos mandatarios actuales de diferentes Gobiernos, una vez descabalgados, añoran reencontrarse con Pegasus en la constelación que, finalmente, encontró este caballo alado para perdurar en la mente de todos. También, porque en la mente de estos poderosos mediocres se aloja la idea de que el ocaso de la democracia está más cerca de nosotros de lo que pensamos y sin necesidad siquiera de volar a lomos de Pegasus, sin ir más lejos. Estamos avisados.

(1) «disrupción», «disruptivo» y «disrumpir» | FundéuRAE (fundeu.es)

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¿Existe una estrategia de Estado en relación con los riesgos digitales?

Escena de la póliza en Una noche en la ópera

Sevilla, 2/V/2022

Sabemos desde el comienzo de la revolución digital que las tecnologías son siempre de doble uso. Muchas veces lo he explicado en este blog, con ejemplos clarificadores y con reflexiones desde la perspectiva de administrador público en el ámbito general y digital durante bastantes años en la Administración Pública de Andalucía. Estoy convencido de que los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, es decir, el conjunto de tecnologías informáticas que son el corazón de las máquinas que preocuparon y mucho a Nicholas Carr, por ejemplo, de forma legítima y bien fundamentada, permiten hoy creer que llegará un día en este “siglo del cerebro”, no mucho más tarde, en que sabremos cómo funciona cada milésima de segundo, y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que usamos a diario en las máquinas que nos rodean, porque la inteligencia digital desarrolla sobre todo la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía. De esta forma, seremos capaces de dar respuesta desde la gestión de riesgos digitales a la dialéctica infernal del doble uso de la informática, es decir, la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola PlayStation que para los misiles Tomahawk. Ese es el principal reto de la inteligencia ante la necesaria ciberseguridad que se debe desarrollar desde el Estado, para salvaguardar el interés general de la ciudadanía.

En este contexto, estoy siguiendo de cerca el problema de Estado que ha surgido en este país con motivo del espionaje detectado en teléfonos de líderes independentistas a través del programa Pegasus, que alcanza hoy cotas de preocupación extrema al haberse detectado también una intrusión ilegal en los teléfonos móviles del Presidente del Gobierno y de la Ministra de Defensa. Algo grave está pasando en el mundo del que, una vez parado, se quería bajar con frecuencia Groucho Marx, aunque él ya lo había advertido: “Inteligencia militar son dos términos contrapuestos» (Un día en las carreras). El problema enunciado no es sólo de corte tecnológico, sino más bien humano, de derechos y deberes digitales, en el pleno sentido del término, siendo conveniente analizarlo en profundidad, porque no está tan lejos de nosotros, de nuestro país, del Estado, de nuestra Administración, de nuestras casas, de nuestros perfiles digitales. En un contexto de efectos incalculables, quiero reforzar hoy más que nunca la teoría crítica digital de que las tecnologías y las comunicaciones tienen que planificarse y gestionarse de forma estratégica y con carácter prioritario en el Estado y en la Administración Pública, como garantía de un Estado de derecho y constitucional en relación con la relación que establecen los ciudadanos con el Estado a través de cualquier Administración Pública, porque la condición humana, simbolizada en hackers, crackers y demás figuras antológicas, o en cualquier funcionario desencantado, puede entregar a intereses espurios, más o menos oscuros, la quintaesencia de las personas, su confidencialidad o la privacidad del Estado de derecho. Así de claro.. Hablo de gestión del riesgo antecedente, de Estado, corporativa, con dimensión estratégica y no de gestión del riesgo consecuente, un problema en el que cada al final, cualquier unidad directiva o centro de gestión pública tiene que buscarse la vida como pueda.

Pero ¿cómo ponemos puertas al campo digital? Desde hace muchos años, vengo defendiendo la necesidad de gestionar los riesgos digitales desde una vertiente muy profesionalizada en el Estado y en su Administración Pública. En el mundo profesional en el que he desarrollado mi trabajo durante más de treinta años, concretamente en la Administración Pública de Andalucía, siempre he tenido presente a uno de los precursores de la revolución digital en el último cuarto del siglo pasado, Nicholas Negroponte y que hoy cobra especial actualidad en una manifestación suya que no he olvidado: “La próxima década [hablaba de final del siglo XX] será testigo de un sinnúmero de casos de abusos de los derechos de propiedad intelectual y de invasión de nuestra intimidad. habrá vandalismo digital, piratería del software y robo de información” (El mundo digital). Y siempre he planteado que se pueden adoptar dos decisiones estratégicas al respecto: la primera, la propugnada ya por Groucho Marx en Una noche en la ópera, cuando vende una póliza a un maletero del barco, que no cubre nada…, en una escena hilarante que siempre perdió fuerza ante la del camarote. Es decir, la cobertura del riesgo consecuente, como actitud tan castiza en España: sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena:

– O.B. DRIFTWOOD (Groucho Marx): Fíjese en ese guardabarros, está completamente abollado. Tendrá que pagarlo, amigo. ¿Qué número tiene usted?, ¡el 32, eh…! ¿Está asegurado?. ¿Que si tiene seguro?

– C.: No señor

– O.B. DRIFTWOOD (G.M.): Es usted el hombre al que andaba buscando. Llevo aquí una póliza que le protegerá contra todo accidente imprevisto. Por ejemplo, pierde una pierna y nosotros le ayudamos a encontrarla y solo le costará… ¿Qué lleva usted ahí? ¡un dólar!, ¡suya es la póliza!

La segunda decisión se refiere a la profesionalización de la planificación estratégica de la política y gestión de riesgos digitales, como dos escenarios que tienen que estar esencialmente diferenciados y que están obligatoriamente obligados a entenderse. La gestión de riesgos digitales es una función especializada dentro de la Administración Pública que tiene como objetivo gestionar globalmente la protección de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación, en su relación con los ciudadanos y en aplicación estricta de los marcos legales actualmente establecidos por el Estado, en primer lugar, con carácter sustantivo y por las Comunidades Autónomas también, atendiendo cada una a sus peculiaridades, cuestión diferenciadora que debe cuidar muy bien el legislador.. Además, los criterios clave de selección para el modelo organizativo a aplicar se pueden sintetizar en que todas las funciones se tienen que centralizar estratégicamente en el Estado y proyectarlas en cada Comunidad Autónoma a través de Organismos especializados a tal fin, así como de la implantación de lo dispuesto en el Esquema Nacional de Seguridad, agrupando responsabilidades orientadas a procesos, en la aplicación práctica descentralizada en cada Comunidad Autónoma, Diputación y Municipio, y con una gestión estratégica bajo el concepto de “Separación de Responsabilidades” (“Separation of Duties – quien administra/gestiona no opera”).

¿Estaremos ya viviendo la plenitud de una nueva ciencia de la inestabilidad, del riesgo, en el marco científico que expuso Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química, en el pasado siglo? Es el saber de la persona instruida lo que la libera, mediante la gestión del conocimiento, lo que permite desdramatizar las planificaciones, programaciones, ejecuciones y evaluaciones del Estado y de su correlato, la organización llamada Administración o también de las empresas porque vivimos en un mundo contingente, caótico, inseguro, cambiante, complejo, inestable e incierto, es decir, en un universo de riesgo, tanto en azar como en necesidad. La inteligencia creadora es la que da forma al saber, es decir, damos un voto de confianza al ser humano frente a los factores y medios de producción tradicionales. El capital y la producción, no son la quintaesencia de las organizaciones. Queda una gran tarea en el Estado y en la Administración Pública, que pasa indefectiblemente por crear una nueva cultura directiva y organizativa ante el Riesgo de azar y de no-azar, de la protección de datos de carácter personal, en el esquema que ya estableció Miccolis (1996), o quizá también reinventando la propia Gerencia de Riesgos, a través de un nuevo paradigma basado en el de Williams (1996), estando muy atentos al discurso mundial que se abre en la actual incertidumbre y ante la necesidad de no estar ajenos a la realidad del año 2022 y venideros. Los seres humanos seguimos siendo los propios gestores de nuestro futuro, con la ayuda de las nuevas tecnologías: el saber, hoy, es el único recurso significativo (Drucker).

La cultura digital debe defender siempre un principio muy claro: reforzar la confianza de las personas en el uso de las TIC, garantizando, entre otras cosas, una respuesta mundial y europea mejor coordinada ante los ciberataques, el robo de la identidad, el correo no solicitado y las múltiples acciones de ciberdelincuencia en redes sociales y telefonía móvil. La definición de las políticas y la gestión de los riesgos digitales, debe ser un compromiso firme del Estado, en dos campos diferenciados de forma rotunda, es decir, no puede haber gestión de riesgos digitales en España sin definición de políticas en el sentido estricto del término, que tiene que concretarse a corto plazo en el marco que hay que cuidar del Esquema Nacional de Seguridad, en clave de lo que llamo habitualmente, en diferentes acciones, “prisa pública digital”. Personalmente estoy convencido de las bondades de la gestión pública de los riesgos digitales, porque pertenezco a la escuela pública de gestión del riesgo antecedente antes que del consecuente, y las declaraciones públicas en tal sentido tienen que ser reforzadores claros para recuperar la citada confianza de las personas en la acción diaria del Estado y en la utilización de los servicios públicos por parte de la ciudadanía, en clave de fidelización digital de las personas que consumen productos digitales públicos, objetivo a alcanzar en el más breve plazo de tiempo posible, basado exclusivamente en principios de transparencia, participación y colaboración. Y en esta mesa digital no hay que excluir a nadie, desde la perspectiva pública y privada. Lo aprendí del Profesor Sánchez Vázquez en su obra Ética, hace muchos años: el oro tiene valor porque las personas consumidoras se lo hemos dado a lo largo de los siglos. Sin ese valor humano hoy no tendría precio, se des-preciaría [sic]. Como los bits, como Internet. Sin embargo, se ha dado un paso más en la historia: no todos los bienes se han declarado como derechos inalienables a la persona. El oro no lo es, por mucho que se promocione en campañas de usura. Pero la accesibilidad a Internet se reconoce ya como un derecho y no mercancía pura y dura para ser y estar en el mundo, porque toca a la inteligencia de las personas. Una gran obra humana, a apuntar en cualquier agenda pública digital, por supuesto.

A Groucho, solo deberíamos recordarlo por su excepcional sentido del humor inteligente, no por su sentido práctico y muy extendido, más de lo que parece, de cobertura del riesgo antecedente y consecuente mediante acciones que no sirven para nada, a pesar de que hoy sea una metáfora muy esclarecedora su famosa póliza de un dólar. Gestionando el riesgo digital, sobre todo, a través de la declaración de políticas digitales de Estado por medio de decisores públicos en las Cámaras legislativas y empleados públicos forjados en ética pública digital, no solo transfiriendo esta responsabilidad de Estado a programas informáticos muy sofisticados y máquinas complejas. Otra vez más, no confundiendo, como todo necio, ordenación digital con organización digital, antecedente con consecuente, valor y precio, porque nos damos cuenta con lo que ha pasado con el Presidente del país, que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena o cuando se abolla un baúl en un choque con otro, y pensamos que esa contingencia no estaba asegurada o protegida convenientemente. Al buen entendedor del ciberriesgo con pocas palabras basta. Probablemente, una ley de vida digital en nuestro país sería un revulsivo importante para cuidar hasta el extremo la gestión pública de los riesgos digitales antecedentes y consecuentes que pueden llegar a afectar a cada persona de este país a lo largo de su vida, en defensa a ultranza del interés general digital de la ciudadanía, que también existe, al que deberíamos aspirar en el marco constitucional del Estado.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Hoy es un día especial para ganar la luz con el dolor de los ojos

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2022

Dedicado de nuevo, en la celebración del Día Internacional del Trabajo, a todas las personas que crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de conseguir el pan con el sudor de la frente, para que comprendamos junto a León Felipe, de nuevo y con sus palabras llenas de exilio interior y físico, que una de sus razones laicas es que se puede ganar con el trabajo digno la luz para iluminar el sentido de nuestras vidas.

Vuelvo a publicar, contextualizándolas en la realidad actual, las palabras que he dedicado en años anteriores a esta celebración, porque hoy día siguen teniendo el mismo valor, es más, no sólo hoy por ser fiesta laboral nacional, sino porque cada día que pasa en cada hoja de calendario personal o familiar, sin que tengamos que esperar a celebrar nada, sí debemos recordar con cierta amargura la situación de miles de personas y hogares españoles que siguen en el paro y con un horizonte muy complicado para encontrar trabajo y la dignidad asociada. Los «nadies» de siempre, a los que definió magistralmente Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida…

Las palabras que siguen, en un poema desgarrador de León Felipe, El dolor, tienen hoy un sentido especial en el contexto de la Reconstrucción del Mundo después de la terrible pandemia y por la invasión de Ucrania. Obviamente, por su alcance en miles de trabajadores, en este día tan especial, La lectura de este poema simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como «recursos humanos», tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos seres humanos, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario. Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz, muy lejos de la maldición bíblica.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo lleva dentro, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno. Ganar el pan con el sudor de nuestra frente ha sido el hilo conductor de las personas a lo largo de los años y todo por un «error humano». Así lo aprendió mi generación desde que tuvimos uso de razón. Dios lo tuvo claro desde el principio de los tiempos, porque frente a la creación de los cielos y la tierra, de los mares, que ya eran buenos por sí mismos, la del hombre vio que era muy buena, así como la de la mujer. Pero había un motivo que pesó mucho en la tradición oral de los pueblos ribereños, cerca del Tigres y del Éufrates y tenía que ver con una sospecha de ese Dios creador acerca de los problemas que podría tener el hombre si se quedaba solo cuando comenzaba a vivir. Y esa situación tan llamativa llevó a Dios a la creación de la mujer.

El problema vino después, cuando se quedaron solos los dos. Ahí comenzó la historia tan difícil del ser humano, la del dolor del mal hasta nuestros días. Al fin y al cabo, todo tiene que ver con la soledad cuando nos enfrentamos ante el bien y el mal: “por culpa de una serpiente comimos de la fruta prohibida y desde entonces hemos elaborado una macrohistoria de culpa y rescate que no nos deja vivir en paz. Y hemos grabado a fuego la responsabilidad transcultural de la mujer, del animal hembra en forma de serpiente, que echó a perder la vida tranquila en el paraíso: ¡mujer tenía que ser! El relato de la creación, en Génesis 3,1, deja bien claro el rol que iba a jugar en la historia de la humanidad la famosa serpiente porque “era el más astuto de los animales del campo que Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles el jardín?” Respondió la mujer a la serpiente: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.” Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día que comiéreis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”. Y la mujer comió el fruto de este árbol del medio del jardín y dio también a su marido. Y lo que descubrieron es que estaban desnudos ante la vida sin entender nada. Además, habría que ganar desde entonces el pan con el trabajo, con el sudor de la frente. A partir de ese relato, el enfado de Dios se hizo presente hasta nuestros días, incluído el trabajo humano considerado como «castigo divino». Por eso he leído tantas veces a León Felipe, porque necesito creer que puedo ganar la luz de la vida a través del dolor de mis ojos, incluso por el trabajo con amor hecho, como decía Luis Cernuda. El relato bíblico es eso, sólo un relato, porque en este Día Internacional del Trabajo, mis ojos son las fuentes «del llanto» por los desempleados del mundo y, «de la luz«, por los que luchan todos los días, los imprescindibles de Bertolt Brecht, por un trabajo digno para todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de México recuerda a León Felipe como símbolo del exilio español (eluniversal.com.mx).

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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