La belleza, el encanto y la alegría

Sevilla, 20/IX/2019

En un mundo en el que sobrevivimos rodeados por los enemigos del alma humana, es maravilloso que la historia nos recuerde que existen la belleza, el encanto y la alegría, que podemos comprender mejor al contemplar un grupo escultórico inolvidable esculpido por Antonio Canova, Las Tres Gracias, que representa estas tres realidades. Hoy, yendo del timbo al tambo de mi vida, recordando siempre a Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos, las he descubierto de nuevo escuchando una obra preciosa de Couperin, Pavana, interpretada al clave por C. Rousset que pueden disfrutar también sin dejar de mirar cara a cara estas mujeres con tanto encanto.

He comenzado ya el nuevo Curso de piano y clave en el que me voy a centrar especialmente en este último instrumento. Analizando hoy los temperamentos de mi clave, hasta cinco en total, he descubierto algunos más en un curso de organología al que puedo acceder gracias a internet y en el apartado dedicado al temperamento de Chaumont (1695), he conocido la interpretación de este temperamento “de transición entre el Renacimiento y el Barroco” que se puede disfrutar de él escuchando a Christophe Rousset, tocando “la “Pavane en fa# menor” de la Suite en la menor de Louis Couperin (1626-1661) en un clave Louis Denis 1658 restaurado por Reinhard von Nagel en 2004-2005”.

He querido compartir esta experiencia con la Noosfera y con las personas que lean este post. También he cambiado la imagen de cabecera de este blog sustituyéndola temporalmente por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: Eufrósine, Aglaya y Thalia. Porque las necesitamos.

Un temperamento es una forma de comprender, componer e interpretar cada escala musical, cada octava y su relación con las demás. Existen muchas formas de ordenar los intervalos musicales y los temperamentos son una muestra de ello. Algo así como los intervalos de la vida, de la política, donde momentos como los que estamos viviendo en este país, nos alejan de la belleza, encanto y alegría de la política mal entendida. En estos tiempos de turbación, la única mudanza que me permito, escapando de la recomendación de San Ignacio, es visitar por Internet el Hermitage y contemplar allí Las Tres Gracias de Canova, en su primera versión (hizo una segunda) para interpretar mejor a Couperin en el clave que me da vida, tocando de la mejor forma posible la Pavana que suena tan maravillosamente bien con el temperamento de Chaumont.

Porque la belleza, el encanto y la alegría también existen. A pesar de todo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Curtis Jones estuvo en Sevilla

Sevilla, 16/IX/2019

En el año 1963, recién llegado a Sevilla, supe que en un Instituto muy conocido en la ciudad tocaba Curtis Jones, un maestro del jazz y del swing. Asistí a aquél concierto con una mezcla de incredulidad y, por qué no decirlo, de esnobismo aupado por la edad y por la oportunidad de introducirme en un mundo nuevo en el que la España cañí acudía a espacios de Radio Madrid del tipo “Rompa su disco”. Cincuenta y seis años después, escucho todos los días, de lunes a viernes, un programa en Radio Clásica que me acompaña en los desplazamientos por Sevilla, Clásicos del jazz y del swing, magníficamente presentado por Luis Martín, que me recuerda aquella aventura de juventud en la que el jazz era introducido en el mundo universitario por el Dr. Manosalbas, con la ayuda de Radio Vida, en una ciudad tan pintoresca y alejada de cualquier modernidad. Ha sido muy grato localizar alguna noticia al respecto en Google, que me ha situado con exactitud la citada experiencia.

CURTIS JONES

Curtis Jones vino a Sevilla y las referencias en los medios de comunicación son escasas porque este tipo de música se abría paso en un mundo que no la apreciaba todavía y los que asistíamos a este tipo de conciertos cabíamos en un taxi y sin “transportín” que, para los más jóvenes del lugar en la actualidad, aclaro que era un pequeño asiento que se abría como un libro en el centro de los vehículos, ampliando el número de plazas habitual. En los coches de toreros era muy habitual su uso por parte de miembros de las cuadrillas.

Disfruto mucho escuchando las explicaciones sabias de Luis Martín, que conoce detalles impagables de una música con tanta historia. Me sorprende la operación rescate actual del mundo del vinilo en el que este tipo de música hizo siempre su agosto, sobre todo en Estados Unidos. Quiero reconocer públicamente el esfuerzo de una radio pública para ofrecer música de tanta calidad en su fondo y forma. Lo mejor de todo es que aquella España incomprensible consigo misma me ofreció en un rincón de Sevilla la posibilidad de conocer a Curtis Jones y escuchar su concierto de piano y su voz. Inolvidable experiencia para alguien que aprendía todos los días de hechos controvertidos de la vida, haciendo camino al andar junto a Machado y yendo con dificultad de mi corazón a mis asuntos, comprendiendo el dolor de Miguel Hernández al perder a su gran amigo.

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El mejor selfi de la vida

TRINTIGNANT AIMEEE

Sevilla, 15/IX/2019

En un momento mágico de la película de Claude Lelouch, Los años más bellos de una vida, rodada cincuenta y dos años después de su antecesora, Un hombre y una mujer, con el trío de ases, Trintignant, Aimée y Lelouch, los protagonistas resumen qué ha pasado en sus vidas e intentan detener el tiempo con una autofoto (selfi), palabra que no existía cuando tenían cincuenta años menos. El plano que he fijado en la cabecera de este artículo me parece un logro cinematográfico excelente, con la playa de Dauville de fondo, donde habían transcurrido momentos para no olvidar hace ya mucho tiempo.

Vi en su momento la película que motiva este estreno en España y la recuerdo casi plano a plano. Era muy joven, pero el amor me parecía posible incluso en experiencias extramatrimoniales como la de la película, en una España que helaba el corazón de quienes las vivían, porque no eran confesables. Comprendí bien el hilo conductor de la película, aunque casi no podía comentarla en su lado positivo porque el régimen estaba en todas partes. Es una mujer la que cincuenta años atrás había dicho “Te quiero”, un amor prohibido que asusta al hombre al que va destinado ese escueto mensaje. Era una mujer la que había tomado la iniciativa en un mundo tan cicatero, plagado de prohibiciones y controles del alma.

Cincuenta años después, he podido comprobar cómo ha avanzado el país en libertades. Hoy está integrado el argumento de fondo y todos comprendemos que dos personas mantengan en su persona de secreto el amor de juventud, sobre todo si fue verdadero. Quizá se deba a que Lelouch quiere dejar claro, plano a plano, el hilo conductor de la película resumido en una frase de Victor Hugo: los mejores años de la vida son aquellos que aún no se han vivido.

La película nos transmite realidades muy duras en la vida de las personas mayores: la enfermedad del olvido selectivo o Alzhéimer, la vida en común obligada cuando se vive en una residencia de mayores, la ausencia de movilidad en el sentido pleno de la palabra, las ausencias, las fiestas organizadas para alegrarnos la vida incluso cuando lo que se requiere es silencio interior, la soledad acompañada y sonora, los horizonte lejanos, la moviola de la vida disponible en los momentos que determinadas neuronas lo permiten, el amor alojado en neuronas que no se borran, los flashback que circundan la memoria de hipocampo, las sorpresas de quienes nos quieren de verdad. He escuchado atentamente a Claude Lelouch en una entrevista cuando habla de la realidad de la mirada, porque los ojos nunca mienten, porque siempre nos queda la mirada de alguien a quien queremos. Ahora, los silencios de las miradas de Jean-Louis y Anouk en su reencuentro.

Por estas razones y otras muchas me parece excelente ver Los años más bellos de la vida, porque permite soñar de nuevo, hacer viajes casi imposibles, utilizar la tecnología para perpetuar los reencuentros a través de un selfi (autofoto), porque da igual casi todo, excepto el amor verdadero: la autoridad, las prohibiciones, la cicatería en el amor. Porque siempre quedará París, recorrido de punta a punta gracias a la cámara de Lelouch en un plano secuencia memorable, que utiliza un corto suyo de ocho minutos (Era una cita) para transmitirnos que el mundo solo tiene interés hacia adelante cuando respetamos el amor de cada presente. Incluso en las tinieblas del Alzhéimer, con una banda sonora de fondo gracias a Francis Lai. Incluso con los semáforos en rojo de la vida. Sobre todo, si alguien nos espera al final de un largo camino y en una cita inolvidable.

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¡Ésta es España!

 

CONSEJO DE MINISTROS1

Sevilla, 13/IX/2019

La última oferta para un gobierno de coalición efectuada por Pablo Iglesias Turrión al presidente en funciones, revisable al año, me ha recordado al gobierno de Roma en el año 64 antes de Cristo, porque era colegiado, duraba solo un año y sorprendentemente se alternaba cada mes asumiendo siempre la más alta magistratura civil y militar. Al paso que vamos, cualquier día va a ofrecer Pablo esta solución puestos a dar y recibir todos clases de politología electoral y social.

Respeto a la política hasta límites insospechados, también a Pablo Iglesias y a su partido, a sus electores, pero en momentos tan transcendentales para este país, me reafirmo en lo que ya he escrito al respecto en este cuaderno digital en los últimos meses de zozobra de gobernanza de Estado: necesitamos un acuerdo programático de izquierda que atienda al interés general de la ciudadanía de este país. Creo que no es serio ofrecer alianzas temporales de gobiernos de coalición a modo de prueba que, si no gustan, tienen otras seguro, porque lo importante no son los sillones ministeriales sino la política de Estado que se va a decidir en las Cámaras y, después, su implantación y evaluación. Este es el motivo por el que defiendo con ardiente impaciencia que se trabaje y se tome la decisión ya sobre un acuerdo programático de legislatura a lo largo de los cuatro años de la misma, que defina las grandes estrategias de estado que responden al sentir popular en estos momentos, pero no dejándolo al azar de pruebas de gobernanza sino a la respuesta de estado a las necesidades del interés general.

En la época que describo del siglo VII antes de Cristo, en la que los gobiernos eran muy cortos, un año, y además se alternaban los candidatos elegidos, un mes de gobierno cada uno, porque el baile gubernativo era anual y mensual, el candidato Marco, al que Quinto Tulio Cicerón prepara en la campaña electoral del año 64 a.C., debía responder siempre a tres grandes principios: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y el lema por el que había que luchar era muy claro: “¡ésta es Roma!”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Así era el Imperio Romano.

Si fuera válido este baile temporal en el mandato del Consejo de Ministros, como proyección del Gobierno, sería bueno repasar las tres condiciones anteriores de sus máximos responsables: ser “personas nuevas” en el pleno sentido de la palabra, aspirar a los ministerios sabiendo qué significan en su desarrollo legislativo y saber que “ésta es España” en la que en la situación actual, salvando lo que haya que salvar, estamos rodeados de hostilidades, habladurías, traiciones cercanas, en las que un Gobierno tiene que saber adaptarse a la variedad de costumbres, discursos e intenciones que no son inocentes.

Hablamos de un espejismo, de un juego de palabras, porque no es lo mismo, los tiempos han cambiado, pero hay algo que permanece: la prudencia y habilidad de llevar a España a un puerto seguro en la democracia representativa, con un Acuerdo Programático de Gobierno, sin experimentos que la historia ha demostrado que no sirvieron y que llevó al Imperio Romano a la caída más dura que se recuerde. Estamos avisados.

[1] Cicerón, Quinto Tulio (1993). Breviario de campaña electoral. Barcelona: Quaderns Crema.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://es.wikipedia.org/wiki/Consejo_de_Ministros_de_España

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Salvador Allende estuvo allí

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Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti y Maya Fernández (1)

Sevilla, 11/IX/2019

Cuando se cumple el 46 aniversario del inicio del golpe de estado en Chile, vuelvo a recordar a Salvador Allende y lo que supuso para la unidad popular en Chile, después de unos días en los que he estado muy cerca de Pablo Neruda y del exilio de los españoles que perdieron la guerra que tanto ha marcado a generaciones de este país, por mucho que se quiera arrinconar la memoria histórica de aquellos años terribles. En el puerto de Vaparaíso, el 3 de setiembre de 1939, desembarcaron en ese puerto tan querido por Neruda más de 2.300 exiliados españoles a bordo del Winnipeg, siendo recibidos por el presidente Aguirre Cerdá y por el jovencísimo y recién nombrado Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, Salvador Allende: “[…] Al descender las movedizas escalinatas, ante ellos se abría la posibilidad de rehacer sus vidas y de retribuir con su trabajo y esfuerzos la hospitalidad que generosamente les brindaban el pueblo y el Gobierno chilenos. Manos fraternas acogieron a los inmigrantes, rescatados por el humanitario corazón de Neruda, para quienes, a contar de ese momento, la esperanza comenzó a ser una realidad” (2). Salvador Allende estuvo allí.

Reviso este cuaderno digital y creo que no he faltado un solo año a este recuerdo del golpe de estado en mi persona de secreto: “No lo olvido a pesar del tiempo transcurrido. He crecido con el desgarro de esta noticia en el momento que ocurrió, en mis años jóvenes; he grabado a fuego en mi cerebro las últimas palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda, examinándolas todas y quedándome con todo lo bueno que hay en ellas; he seguido de cerca a los embajadores de la cultura chilena en el exilio, el grupo Quilapayún, aprendiendo con ellos que el pueblo unido jamás será vencido y que con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades para construir un mundo mejor, como clamaban a su cielo particular en la cantata de Santa María de Iquique. También, sé que para pasear por las grandes alamedas como personas libres, tenemos que juntar las manos con las de otros para abrir murallas reales y virtuales”.

Cuarenta y seis años después…, no lo olvido hoy, cuando soy consciente de que podemos pasear en España por grandes alamedas de personas libres. También en Chile.

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Grandes alamedas para personas libres

Horas antes de finalizar este día, cargado de recuerdos amargos para la humanidad, por el terrible atentado de las Torres Gemelas en 2001, deseo recordar también que hoy se cumplen 43 años del golpe de estado en Chile. Las palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda en la capital, horas antes de su fallecimiento, sigo leyéndolas e interiorizándolas en muchas ocasiones en su sentido más positivo, a pesar de la tragedia popular que supuso el sangriento golpe militar dirigido por el general Pinochet: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Marcia Tambutti, nieta del Presidente Allende, ha dirigido un documental, Allende, mi abuelo Allende, que ha supuesto una aportación fundamental para conocer de forma más cercana al presidente tristemente fallecido y que me permitirá conocer aspectos humanos de un líder carismático de mi persona de secreto: “En un relato conmovedor y honesto, es la primera investigación sobre Allende realizada desde el círculo íntimo del mandatario y está hecha sobre la base de 32 entrevistas a personas que lo conocieron de cerca. Son todos testimonios inéditos, como el de Tencha Bussi de Allende, la viuda del Presidente fallecida en junio de 2009, cuando el filme estaba en plena confección. La realizadora también logra hacer hablar a su tía Carmen Paz Allende Bussi, la primogénita del mandatario, que vive en Santiago y que por décadas ha cultivado un bajo perfil, alejado de la prensa. Sentada en el patio de la casa de calle Guardia Vieja de la capital chilena, la vivienda familiar desde 1953 decorada como si el tiempo no hubiese pasado, Tambutti explica que el hecho de que ella estuviera preparada para desempolvar recuerdos, no significaba que su familia también. “Me faltó abuelo, quería saber más de él. Lejos del exhibicionismo y desde el cariño más profundo, a través de este documental me propuse entender las razones de este silencio, que se explica en una inmensa parte por la existencia de episodios dolorosos” (3).

No he olvidado nunca las palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, a respetar su memoria y las de miles de chilenos desaparecidos y torturados en la larga dictadura de Pinochet, sobre todo porque paseamos hoy en muchos lugares del mundo, también en España, por grandes alamedas de libertad en las que él soñó, aunque quede mucho por hacer y conseguir. Como decía en 2013, en un post que aprecio y que escribí con ocasión del 40 aniversario del golpe de estado chileno, Ardiente im-paciencia, estas palabras suyas las he seguido sabiendo y practicando, sin ninguna duda. Es mi pequeño homenaje a Salvador Allende y al pueblo chileno, hoy y siempre.

Sevilla, 11/IX/2016

(1) La imagen se recuperó el 11/IX/2016 de: http://allendemiabueloallende.cl/

(2) https://winnipeg70.wordpress.com/la-historia-del-winnipeg/

(3) Montes, Rocío (2015, 1 de marzo). El Tabú de Salvador Allende. El País.com.

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Solastalgia

SOLASTALGIA

He leído recientemente que el informe El concepto de refugiado climático, publicado por la Unión Europea en mayo del año pasado, “refleja que cerca de 26 millones de personas se ven afectadas cada año por inundaciones, sequías o tormentas en todo el mundo. Prácticamente una cada segundo. También que el clima ha obligado a emigrar a uno de cada diez residentes de islas como Kiribati, Nauru y Tuvalu, en el océano Pacífico, o que 200.000 personas de Bangladesh -el segundo país más vulnerable al cambio climático, después de Chad- se quedan sin hogar anualmente debido a la erosión de la orilla de los ríos”. Estos fenómenos separan a la humanidad de la naturaleza y basta recordar los incendios recientes en la selva amazónica o en Galicia o La Granja de San Ildefonso para no ir tan lejos.

Pero vayamos por partes. Richard Louv publicó en 2005 un libro, Los últimos niños en el bosque, del que llegó la traducción al español el año pasado (1), que explica muy bien el trastorno por déficit de naturaleza (TDN), una de las expresiones transcendentales de la solastalgia: “Acampar en el jardín, ir en bicicleta por el bosque, trepar a los árboles, atrapar insectos, recoger flores silvestres, correr entre pilas de hojas de otoño… Estas son las cosas de las que están hechos los recuerdos de infancia. Pero para la generación de hoy en día, faltan los placeres de una infancia libre y sus hábitos conducen a la obesidad epidémica, el trastorno por déficit de atención, el aislamiento y la depresión infantil. Este oportuno libro muestra cómo nuestros hijos se han vuelto cada vez más alienados y distanciados de la naturaleza, por qué esto importa y cómo podemos cambiar la tendencia. Los últimos niños en el bosque es el primer documento que reúne investigaciones de vanguardia que demuestran cómo la exposición directa a la naturaleza es esencial para un desarrollo infantil sano: física, emocional y espiritualmente. Es un toque de atención, convincente e irresistiblemente persuasivo, para recuperar la conexión entre los niños y la naturaleza. Un libro imprescindible para los padres de hoy en día, que puede ayudarles a reconstruir esa tradicional y sana interacción entre la infancia, el aire libre y los espacios naturales abiertos”.

La separatidad que explicaba maravillosamente Bowlby, como fenómeno de ruptura del niño con su medio, comenzando obviamente por la madre y que conocí en mis primeros años de carrea, ha progresado en su desarrollo alarmante por el cambio climático y de conductas familiares desde la infancia hasta llegar a la solastalgia.

Solastalgia en un término que se acuñó por primera vez por Glenn A. Albrecht en 2007 (2), mediante un artículo con autoría compartida, en la revista Australas Psychiatry. 2007;15 Suppl 1:S95-8, Solastalgia: la angustia causada por el cambio ambiental, que es el referente mundial en los primeros pasos en este campo de investigación: “Solastalgia es un nuevo concepto desarrollado para dar mayor significado y claridad a la angustia inducida por el medio ambiente. A diferencia de la nostalgia (la melancolía o la nostalgia experimentada por los individuos cuando están separados de un hogar querido), la solastalgia es la angustia que se produce por el cambio ambiental que afecta a las personas mientras están directamente conectadas a su medio ambiente”. La investigación se centró en dos contextos en los que los equipos de investigación colaborativa encontraron que la solastalgia es evidente: “las experiencias de sequía persistente en la NSW (Nueva Gales del Sur) Rural Fire Service y el impacto de la minería de carbón a cielo abierto y a gran escala en individuos en el Valle Superior del Cazador de NSW. En ambos casos, las personas expuestas a cambios ambientales experimentaron un efecto negativo que se ve incrementado por una sensación de impotencia o falta de control sobre el proceso de cambio que se desarrolla”.

Solastalgia es un neologismo construido con las palabras latinas sōlācium (comodidad) y la raíz griega -algia (dolor): “[…] A diferencia de la nostalgia, solastalgia se refiere a la angustia causada específicamente por el cambio ambiental. En 2015, la revista médica The Lancet incluyó la solastalgia como un concepto que contribuye al impacto del cambio climático en la salud y el bienestar humanos” (3).

He recordado hoy en medio de tanta solastalgia que un día tuvimos que salir de un paraíso en el que muchos nacimos por tradición y creencia, para volver diariamente a él, tal y como lo ha hecho el fotógrafo Sebastião Salgado a lo largo de su vida profesional, que salió a buscarlo en 2005 para “emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

He escrito en varias ocasiones en este cuaderno sobre esta obra maravillosa del fotógrafo brasileño, desde que comenzó esta aventura especial de gran carga ideológica. He vuelto a abrir el Primer Libro, el Génesis, en su capítulo I, versículo 31, para corroborar con la musicalidad del texto hebreo, en su escritura primigenia, que el relato de la creación dejaba muy claro que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos fue la creación del ser humano, porque a diferencia de los cielos, la tierra y el agua, que sólo eran buenos, en la del hombre y la mujer vio Dios que era muy bueno lo que había hecho. Un adverbio, meod, que en hebreo significa “muy” dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno (con su cadaunada).

En plena crisis de solastalgia recuerdo un hecho histórico que se ha transmitido durante siglos de padres a hijos, de base creacionista, que quizá nos dé la clave de tanto desasosiego: Me refiero a Adán y Eva…, que “no fueron expulsados, sino que se mudaron a otro Paraíso”. Esta frase formó parte, hace ya unos años, de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primera fase de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo, en medio de la solastalgia que nos invade.

Estamos avisados, que diría Al Gore.

 

(1) Louv, Richard. Los últimos niños en el bosque, 2018. Madrid: Capitán Swing.

(2) Albrecht et al. Solastalgia: the distress caused by environmental change. Australas Psychiatry. 2007;15 Suppl 1:S95-8.

(3) https://en.wikipedia.org/wiki/Solastalgia

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Blanca Fernández Ochoa y el arte de callar

SIETE PICOS LA PENOTA

Sevilla, 6/IX/2019

Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio

Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Hemos vivido días de vértigo en torno a la desaparición de Blanca Fernández Ochoa, en los que hemos podido obtener una radiografía de contrastes bastante grises de este país, donde es muy difícil separar la noticia de interés general de la de la página de sucesos. Ha sido un espectáculo memorable en el que se ha dicho de todo sobre la vida y obras de Blanca con un desparpajo que hace temblar cualquier entramado de dignidad humana.

Pero lo que me ha sobrecogido a lo largo de estos días ha sido la fijación sobre su supuesta enfermedad mental (ignorando casi todo el mundo tal realidad excepto su familia, que no ha dicho casi nada al respecto) y si su desaparición ha sido voluntaria en eufemismos casi imposibles para rodear lo que verdaderamente se quiere decir en un juego irresponsable de palabras que refleja el estado del arte ético de este país.

He escuchado a tertulianos y tertulianas hablar de la enfermedad bipolar como por andar por casa, con un desconocimiento científico de lo que significa en la actualidad para la psiquiatría y la psicología, sobrevolando muchas veces como cuervos sobre esta realidad de enfermedad mental muy conocida y bien tratada.

Televisiones no alejadas de la telerrealidad permanente de la vida han dedicado horas y horas de su programación a estirar la cuerda más morbosa de lo ocurrido a Blanca, ignorando un principio fundamental en el arte de callar, que lleva a practicar el silencio como arte sublime, porque solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio (Abate Dinouart, Principio 1º, necesario para callar). He escrito muchas veces en este cuaderno digital sobre esta manifestación ética que podemos alcanzar los seres humanos, imprescindible en este tiempo de vocerío, tertulias en el reino mediático de la opinión, falta de teoría crítica y donde todo el mundo se anima a lanzar noticias y publicarlas sin compasión alguna hacia los demás, donde el striptease personal más vergonzante hace estragos en los medios de opinión.

El fin, en este caso, no justifica los medios. Que debemos conocer qué ha pasado con Blanca es legítimo pero hasta un cierto punto. El deseo de la familia es que se conozca la última razón de lo ocurrido, la autopsia en este momento, por supuesto y se debe comunicar si así lo autorizan. Pero también el sentido de la medida y respeto a Blanca, porque ella llevaba una vida normal, en silencio, protegida por su familia y sin hacer ruido mediático. Se merece nuestro silencio y respeto a sus decisiones, a sus ilusiones, a su persona de secreto. No lo olvido: Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio.

NOTA: la imagen de La Peñota, en Siete Picos, se ha recuperado hoy de https://www.telecinco.es/informativos/sociedad/ruta-penota-blanca-fernandez-ochoa_18_2813745165.html

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Misión de amor

WINNIPEG

Que la crítica borre toda mi poesía. Pero este poema [Misión de Amor], que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie

Pablo Neruda, El Winnipeg y otros poemas, en Para nacer he nacido.

Sevilla, 5/IX/2019

Ayer se cumplió el 80 aniversario de la misión humanitaria del Winnipeg. Misión de amor. Así se llama el poema que Neruda dedicó a la acción que llevó a cabo con exiliados españoles en Francia, una vez acabada la guerra civil, en concreto el 3 de septiembre de 1939, enrolándolos en el barco Winnipeg rumbo a Chile. Neruda había solicitado al Gobierno chileno presidido por Pedro Aguirre Cerdá, de Unidad Popular, que le nombraran cónsul encargado de la emigración española con sede en París. Llevaba en su corazón este país al haber permanecido en él durante años difíciles de la guerra civil, donde había sido cónsul en Barcelona y Madrid.

En estos días en los que estamos viviendo a diario el drama de la emigración debemos recuperar memoria histórica para reconocer las situaciones de miles de exiliados españoles que pidieron asilo en otros países y lo obtuvieron, desterrados por el mero hecho de haber confesado su ideología republicana.

Neruda recordó siempre esta gesta humanitaria y con la ayuda del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) en Francia, organizó la expedición del Winnipeg, de la que se beneficiaron más de 2.300 exiliados de toda edad y condición que sabían de antemano que en razón de su conocimiento y oficio iban a colaborar con el pueblo chileno en su renacer diario.

La travesía hacia el puerto de Valparaíso duró un mes y el 3 de setiembre de 1939 desembarcaron en ese puerto tan querido por Neruda, siendo recibidos por el presidente Aguirre Cerdá y por el jovencísimo y recién nombrado Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, Salvador Allende: “[…] Al descender las movedizas escalinatas, ante ellos se abría la posibilidad de rehacer sus vidas y de retribuir con su trabajo y esfuerzos la hospitalidad que generosamente les brindaban el pueblo y el Gobierno chilenos. Manos fraternas acogieron a los inmigrantes, rescatados por el humanitario corazón de Neruda, para quienes, a contar de ese momento, la esperanza comenzó a ser una realidad. Y para el poeta, su misión de amor, el magno poema de toda su creación (1).

Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue
la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.
Mi navío esperaba
con su remoto nombre “Winnipeg”
Pero mis españoles no venían
de Versalles,
del baile plateado,
de las viejas alfombras de amaranto,
de las copas que trinan
con el vino,
no, de allí no venían,
no, de allí no venían.
De más lejos,
de campos de prisiones,
de las arenas negras
del Sahara,
de ásperos escondrijos
donde yacieron
hambrientos y desnudos,
allí a mi barco claro,

al navío en el mar, a la esperanza
acudieron llamados uno a uno
por mí, desde sus cárceles,
desde las fortalezas
de Francia tambaleante
por mi boca llamados
acudieron,
Saavedra, dije, y vino el albañil,
Zúñiga, dije, y allí estaba,
Roces, llamé, y llegó con severa sonrisa,
grité, Alberti! y con manos de cuarzo
acudió la poesía.

Labriegos, carpinteros,
pescadores,
torneros, maquinistas,
alfareros, curtidores:
se iba poblando el barco
que partía a mi patria.
Yo sentía en los dedos
las semillas
de España
que rescaté yo mismo y esparcí
sobre el mar, dirigidas
a la paz
de las praderas (2).

Para que cundo juzgamos lo que ocurre en la actualidad con los migrantes no olvidemos nunca esta Misión de Amor.

NOTA: la imagen ha sido recuperada del documental “El Winnipeg, el barco de la esperanza”: https://youtu.be/9HLdZqLbGZo

(1) https://winnipeg70.wordpress.com/la-historia-del-winnipeg/

(2) Neruda, Pablo. Misión de Amor, en Memorial de Isla Negra, 1964. Buenos Aires: Losada.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Mediocracia o la tiranía de los mediocres

MEDIOCRACIA

Sevilla, 4/IX/2019

Hoy se publica en la editorial Turner un libro muy interesante, necesario, imprescindible, para conocer esta plaga del siglo XXI, Mediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, es decir, el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor, del que se apropian las personas mediocres, escrito por Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París.

He leído un extracto de este libro en el diario El País, que recomiendo en todas y cada una de sus líneas: “El término mediocridad designa lo que está en la media, igual que superioridad e inferioridad designan lo que está por encima y por debajo. No existe la medidad. Pero la mediocridad no hace referencia a la media como abstracción, sino que es el estado medio real, y la mediocracia, por lo tanto, es el estado medio cuando se ha garantizado la autoridad. La mediocracia establece un orden en el que la media deja de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y pasa a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar. Y si reivindicamos nuestra libertad no servirá más que para demostrar lo eficiente que es el sistema”.

Aunque ya lo he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital, me sigue preocupando mucho “[…] la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia”.

Mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que nos gobiernan. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Robinsonismo en tiempos modernos

ROBINSON CRUSOE

Sevilla, 1/IX/2019

En los últimos días leo con frecuencia que muchas personas recurren a la obra maestra de Daniel Defoe, Robinson Crusoe, para comprender sus vidas. Por esta razón, he recordado un poema de Jorge Luis Borges, Alexander Selkirk (1), que me dio la clave en un momento determinado de mi vida para comprender la dualidad de la experiencia íntima de Robinson Crusoe en una isla desierta muy desconocida, tentación que tenemos los seres humanos de buscarlas en determinados momentos cruciales de la existencia, aunque al volver a la dura realidad añoremos los momentos amables que pasamos allí, si es que alguna vez las visitamos: 

Sueño que el mar, el mar aquel, me encierra
y del sueño me salvan las campanas
de Dios, que santifican las mañanas
de estos íntimos campos de Inglaterra.

Cinco años padecí mirando eternas
cosas de soledad y de infinito,
que ahora son esa historia que repito,
ya como una obsesión, en las tabernas.

Dios me ha devuelto al mundo de los hombres,
a espejos, puertas, números y nombres,
y ya no soy aquel que eternamente

miraba el mar y su profunda estepa
¿y cómo haré para que ese otro sepa
que estoy aquí, salvado, entre mi gente?

La realidad diaria es que esta tentación tan humana, ante un mundo diseñado a veces por el enemigo, nos devuelve a la orilla de nuestras vidas personales e intransferibles, por mucho que nos agrade emular a Robinson Crusoe: “Lo cierto es que nunca se llega a una isla desierta sin también querer dejarla. Desde tierra firme, soñamos con partir, navegar más allá del horizonte, desembarcar allí donde no hay nadie y donde podremos reconstruir el mundo tal como se nos antoja, rigiendo despóticamente un pequeño universo. Pero una vez en la isla, una vez rodeado de frío, hambre, miedo, aburrimiento y desolación, lo único que pedimos es que nos saquen de allí. Por eso, cuando le preguntaron a G. K. Chesterton qué libro llevaría a una isla desierta, respondió: «Un manual de construcción de barcos» (2).

Voy a leer el libro de Defoe de nuevo, porque necesito retirarme a una isla desierta virtual por un tiempo, aunque lo que me preocupa de verdad, después de haber pasado tantos años de la primera lectura, es confesar que he vivido muchas aventuras que me han alejado de la Providencia y es mal asunto si leo con detalle reverencial el prefacio del autor del libro: “Si alguna vez el relato de las aventuras de un hombre ha sido digno de publicarse y de ser bien acogido por el público, el editor cree que este es el caso de esta historia. Lo portentoso de la vida de este hombre supera (eso cree) a todo lo dicho, siendo difícil hallar en otra vida mayor variedad. La historia está contada con modestia, con seriedad, y haciendo que los hechos sirvan de ejemplarización religiosa, que es como los hombres cuerdos los utilizan siempre; es decir, que sus fines son instruir a los demás con este ejemplo, y justificar y honrar la sabiduría de la Providencia, en todo género de circunstancias, dejando que estas se produzcan como quieran producirse. El editor cree que esta es una historia completamente real, y que no hay en ella ni sombra de invención; habrá, porque siempre tales cosas suscitan opiniones diversas, quien piense en lo aleccionador del relato, quién en lo ameno, quién en lo instructivo, pero todo conduce a lo mismo, y así es como, sin más cortesías para con el mundo, el editor cree, al publicar esta obra, prestar un gran servicio a quien la lea”.

Me queda el consuelo de llevarme otro libro a esta isla desierta virtual, El cuento de la isla desconocida, de Jose Saramago, porque un día ya lejano me dio la clave para estos tiempos difíciles y tan modernos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”

No voy solo, después de la lección aprendida de Antonio Machado: Converso con el hombre que siempre va conmigo / —quien habla solo espera hablar a Dios un día—; / mi soliloquio es plática con este buen amigo / que me enseñó el secreto de la filantropía. Hablaré, con más frecuencia que antes, con la persona de secreto que siempre va conmigo. Y caminaré en suelo firme con los zapatos coherentes que tanto aprecio.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_Selkirk
(2) Defoe, Daniel, Vida y extraordinarias y portentosas aventuras de Robinson Crusoe, de York, navegante, 2015. Madrid: Siruela, p. 10.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.