La palabra más bella

LA PALABRA MAS BELLA

El Instituto Cervantes ha promovido una convocatoria en la Noosfera, desde el pasado 18 de mayo de 2011, a través de una plataforma interactiva http://www.eldiae.es/, que ha contado con casi 141.000 visitas de 150 países y 4.146 ciudades, y que con sus más de 33.000 votaciones han decidido cuál de la palabras propuestas por más de treinta propuestas por personalidades de habla hispana es la favorita del español. «Querétaro», propuesta del actor mexicano Gael García Bernal, es la palabra más votada, seguida de “sueño” “gracias” y “libertad”, palabras elegidas por Luis Rojas Marcos, Raphael y Mario Vargas Llosa, respectivamente.

La verdad es que me ha sorprendido esta elección, porque dicho con todos los respetos, he tenido que hacer un esfuerzo “googeliano” [sic] para situarme en la realidad del vocablo que junto a su sonoridad, ya nace en mi cerebro de secreto con un mar de dudas. Inmediatamente se ha traducido como “isla de las salamandras azules”, cuando en la página oficial del Estado de Querétaro, la traducción es bastante más distante de esta belleza implícita: K’erhiretarhu (K’eri significa “grande”, ireta, pueblo, y rhu, lugar) o K’erendarhu, (k’erenda, peñasco y rhu, lugar), es decir, lugar de piedras grandes o peñascos, en lengua purépecha.

Las tres palabras que siguen a Querétaro son más cercanas a mis preferencias también: “sueño” “gracias” y “libertad”, aunque la gran maravilla que nos permite elegir las palabras y, sobre todo, pronunciarlas, es una realidad hecha palabra, cerebro, porque es el que nos permite pronunciarlas y guardarlas, hasta que un día ¡oh, misterio de la vida! nos piden que votemos la que más nos gusta, eligiendo una entre miles archivadas en nuestra memoria de hipocampo. Y me he acordado de una: ¿podría ser mamá? (1): “Todavía me sobrecoge el descubrimiento de Selam (paz), la niña de Dikika, al que dediqué un post específico, cuando se valoró la localización de su hueso hioides como un hallazgo trascendental para conocer el origen del lenguaje en el “equipo” de fonación pre-programado en los seres humanos, a diferencia de los chimpancés y macacos más próximos en nuestros antepasados (siempre se ha dicho -desde el punto de vista científico y hasta con cierto desdén- que los monos no hablan): “Y lo que me ha llamado la atención poderosamente, desde la anatomía de estos fósiles, ha sido el hallazgo de un hueso, el hioides [Hueso impar, simétrico, solitario, de forma parabólica (en U), situado en la parte anterior y media del cuello entre la base de la lengua y la laringe], que es el auténtico protagonista, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis”. Nunca sabremos si Selam, que cumpliría hoy tres mil millones, trescientos mil años, dijo alguna vez ¡mamá!, aunque su hueso hioides nos permite vislumbrar que sí habló”.

Sevilla, 19/VI/2011

(1) Cobeña, José Antonio (2008): ¿Por qué hablan las personas?, recuperado de http://www.joseantoniocobena.com/?p=447

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