Frecuentar el futuro

ANTONIO TABUCCHI
Antonio Tabucchi

Palabras de homenaje a Antonio Tabucchi, unos días después de haberse cumplido una realidad inexorable: no ha podido añadir un solo día más a su existencia, como decía el Eclesiastés. Un día ya lejano me ayudó a seguir navegando en la búsqueda incesante de la Isla Desconocida, leyendo una obra cumbre de su literatura de compromiso activo, Sostiene Pereira, porque aprendí, de nuevo, que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, es decir, frecuentando el futuro.

Sigo trabajando en el conocimiento del tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en este cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Y cuando perdió de vista al Dr. Cardoso al salir de su querido Café Orquídea, sintió nostalgia. De la vida pasada, pero también de la futura. Hasta el pasado 25 de marzo, cuando se enfrentó por última vez a su yo hegemónico, poniendo orden en su confederación de almas, como le decía aquél sorprendente doctor, en la Clínica Talasoterápica de Parede.

Sevilla, 29/III/2012

El cerebro necesita ideología, cada día

LEHMAN BROTHERS

Escribí en 1977 un artículo en El Correo de Andalucía (1), Necesidad de crisis, necesidad de religación, en el que resaltaba una reflexión del filósofo Ferrater Mora, que recupero hoy en un periodo de crisis de ideologías, que tanto hace sufrir a personas con compromiso activo: “hay cinco estadios fundamentales que nos pueden llevar a considerar la crisis de todos en la actualidad: la Revolución americana, la Revolución francesa, la Revolución industrial-inglesa, el nacionalismo y la expansión colonial. Todos fueron animados, alentados y experimentados por algunos hombres, por ideologías que pretendían justificar los numerosos porqués de aquellos momentos. Y tuvieron sus consecuencias intelectuales”. Hoy vivimos un sexto estadio, bautizado como crisis mundial, una gran recesión, que también puede englobarse en el análisis anterior: está alentada por el poderoso caballero don dinero, que en todo ve una situación de descalificación continua de los países endeudados hasta límites insufribles, creciendo la miseria colectiva como bola de nieve.

Ante esta situación continuaba razonando la situación en el citado artículo: “A este propósito, me parece muy interesante el análisis que Lukács hace de la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola»” (2).

El cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, porque es su componente esencial, como tantas veces he demostrado en este blog. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y como se reacciona ante ella. El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos, muchos, entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de la crisis, no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en su realidad social. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción. Por algo será. Y los Gobiernos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, porque todos no son ni somos iguales. Afortunadamente.

Sevilla, 18/III/2012

(1) Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3
(2) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s

El cerebro necesita poesía, cada día…

JUAN COBOS

Escribo este post como homenaje expreso a un amigo del alma, Juan Cobos Wilkins, quizá ahora tan tarde, pero al que he profesado siempre respeto y admiración. El me entregó lo mejor de él en años muy conflictivos en una ciudad diseñada por el enemigo, Huelva, comprometiéndonos con su progreso, cada uno en lo que mejor sabía hacer. Con un prólogo precioso a mi libro, Teatro de barrio, lo mejor de sus páginas. Hoy, a través de este blog, simbolizo que el mundo de la memoria sólo tiene interés cuando va hacia adelante, aunque su especialidad sea ir hacia atrás. Paradojas de la vida, aunque seguro que los dos sabríamos escribir un nuevo guión para Errol Flynn, siempre como miembros de un séptimo de caballería muy particular, sabiendo que los indios sioux de cualquier Caballo Loco de hoy están siempre en el desfiladero y que al final del mismo nos espera Olivia de Havilland, cada uno en su reinterpretación personal, que en mi caso, sé muy bien quién es. Porque la respeto, quiero y admiro. Viviendo los dos con las botas puestas.

Amor y poesía, cada día. Así iniciaba muchas jornadas de trabajo en la Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón, en Moguer, en 1978, con el permiso amable de Pepito, el guía por afecto a una causa no perdida, una persona extraordinaria que me hizo muy fácil vivir en tiempos revueltos, porque leía en tonos rojos esta frase que rodeaba el arco de la escalera de acceso a la planta alta de aquél entrañable Museo. Lo he recordado estos días al leer un libro de poesía, Para qué la poesía, de Juan Cobos Wilkins, al que sabe que aprecio desde que nos conocimos en 1982, en Huelva, con el agradecimiento expreso por todo lo que aprendí de él y sigo conservando en mi memoria de hipocampo.

El libro es un homenaje sentido del olvido, la incapacidad de comunicación y la metáfora como salvación, con el que ha conseguido el XVI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja. Lo compré de inmediato porque siempre tengo una deuda con Juan, al que debo mucho en mi aprendizaje de personas de secreto y porque su nombre me trae a la memoria de hipocampo momentos inolvidables de diálogo compartido, en soledad y acompañados por personas a las que queremos. Quizá sea su explicación de contexto en la visita que hicimos a Peña de Hierro, en Nerva, el 31 de diciembre de 1982, la experiencia que más huella me ha dejado en mi cerebro de secreto.

Y qué curioso es que aunque por caminos distintos, los dos hemos trabajado sobre la memoria, hasta encontrarnos de nuevo. Por su parte, porque toda su obra es un canto permanente a su excelente memoria, devolviéndonos permanentemente su experiencia sentida a través de las palabras en prosa o poesía. Con la excelencia que él lo hace siempre. Por la mía, porque desde 2005, fecha en la que comencé a escribir en este cuaderno de derrota, en términos próximos al mar, la estructura del cerebro que aloja a la memoria y allí reside durante toda la vida o hasta que el zaratán del Alzheimer la destruye, es decir, el hipocampo, mejor, el caballo encorvado, ha sido una constante de compromiso activo en el blog, porque siempre me ha preocupado desentrañar el conocimiento de la misma, porque recordar y predecir, aunque sea a través de metáforas, como le gusta explicar a Juan, es imprescindible para la salud mental: “He comenzado a leer un libro sorprendente, Me acuerdo (1), que simboliza una actividad cerebral de importancia transcendental en la vida de las personas. Recordar o no recordar, esa es la cuestión. He llegado a esta lectura por dos razones fundamentales: la localización del libro a través de un artículo de Guillermo Altares, Cuando un recuerdo es algo que tenemos (2), y mi permanente actitud de investigación sobre las estructuras cerebrales que nos permiten recordar a través de la memoria. Una aventura apasionante”.
Dice Altares que “Esa mezcla, lo que tenemos, lo que hemos perdido, es lo que nos convierte en nosotros y el pintor Joe Brainard (1942-1994) encontró una fórmula maravillosa para navegar por la memoria, los Me acuerdo…”. Efectivamente, la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno”.

He explicado la estructura del hipocampo, en un post, El caballo encorvado: “Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum, (la pared delgada que separa dos tejidos) alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera” [3]. Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volúmenes de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.

Juan Cobos Wilkins, describe muy bien qué significa perder esta maravillosa realidad cerebral, en su primer poema: MATER, del que reproduzco los versos introductorios:

Ya sé que no te acuerdas, madre, no te acuerdas.

Bajo el cabello blanco, una goma de borrar –no como aquellas
de infancia que olían a vainilla- hecha de niebla
y humo todo lo difumina, lo desvanece todo. Y sólo deja
tras de sí un hojaldre de escarcha, tan frágiles
esquirlas de cristal que la luz de mis ojos
las rompe si las toca.
Ya sé que no te acuerdas, madre,
pero yo soy tu hijo.
Tu hijo soy, y como tú a mí cuando era niño, ahora te digo yo:
[eso es azul,
se llama cielo.

Y continúa el libro con referencias a la vida, de muchas formas posibles: desvivir, revivir, convivir: conmorir con todo eso, lo de siempre, sobrevivir y vivir: eso invisible que le sucede a otros. Después, preguntas que preparan la respuesta de para qué la poesía, para justificar por qué el cerebro necesita poesía. La mejor respuesta, la final: para sanar, para vivir…

Sevilla, 11/III/2012

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto piso.
(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemos, El País (Babelia), p. 8.
(3) Almaguer Melian, W., Bergado Rosado, J. y Cruz Aguado, Reyniel (2005). Plasticidad sináptica duradera (LTP): un punto de partida para entender los procesos de aprendizaje y memoria. Revista Cubana de Informática Médica, 1 (5).

La crónica de una publicación digital anunciada

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Gabriel García Márquez

El próximo martes, 6 de marzo de 2012, se publicará como primicia mundial la edición en formato electrónico de la obra cumbre de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, en la editorial leer-e, el mismo día en que cumple 85 años. Unas palabras de su editora en España, Carmen Balcells, reflejan muy bien el potencial de la Noosfera como malla pensante que acoge siempre la inteligencia digital y su proyección en el ciberespacio: “Mi relación con él [García Márquez] ha sido una experiencia tan enriquecedora que ya no recuerdo ni cuándo empezó o si todavía seguimos anclados en esa nube del sueño; más ahora, cuando todos hablan del mundo cibernético y de esa nube infinita donde se pueden alojar todas las historias y los libros”.

Es una noticia maravillosa para los que trabajamos día a día en divulgar los grandes principios de la inteligencia digital, cuando además nos bajamos a diario de la nube del sueño para constatar que vivir en Internet es una realidad irreversible y que compartir conocimiento digital, por el módico precio de 5,99 euros, nos permite llevar en nuestros teléfonos móviles o tabletas digitales una obra considerada por Vargas Llosa como “… una novela total, en la línea de esas creaciones demencialmente ambiciosas que compiten con la realidad real de igual a igual, enfrentándole una imagen de una vitalidad, vastedad y complejidad cualitativamente equivalentes. Esta totalidad se manifiesta ante todo en la naturaleza plural de la novela, que es, simultáneamente, cosas que se creían antinómicas: tradicional y moderna, localista y universal, imaginaria y realista. Otra expresión de esa totalidad es su accesibilidad ilimitada, su facultad de estar al alcance, con premios distintos pero abundantes para cada cual, del lector inteligente y del imbécil, del refinado que paladea la prosa, contempla la arquitectura y descifra los símbolos de una ficción y del impaciente que solo atiende a la anécdota cruda.“

Ahora, de la inteligencia digital de personas que todavía tienen la capacidad de admirarse de todas las cosas, como le gustaba comentar a Aristóteles en momentos de confidencia humana, con objeto de recibir información desde un libro electrónico de Gabriel García Márquez, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Aunque caminemos a veces como él, del timbo al tambo existencial.

Sevilla, 4/III/2012