Perdonen mi tristeza

la lengua de las mariposas1
Fotograma de La lengua de las mariposas (1999)

Lo aprendí leyendo a César Vallejo, en un poema póstumo, Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza). Llevo bastantes días sin escribir en este blog tan querido, pero los últimos acontecimientos de la Comunidad y las últimas actuaciones desconcertantes del Parlamento andaluz, sede de la política auténtica, en la que creo como expresión necesaria y activa del voto, nunca inocente por cierto, no me dejan escribir sin sentirme atenazado por el desencanto, que exige un compromiso especial en el día a día de mi persona de todos, de mi persona de secreto.

Sobre todo porque lo escribía recientemente en un post declarativo del interés público en tiempos revueltos, por aprecio a la mayoría de personas decentes, que pertenecen al Club de las Personas Dignas: “Por este motivo, no quiero callarme en estos tiempos difíciles, de tanta desazón, como los lugareños de las últimas escenas de una película extraordinaria, La lengua de las mariposas, presa del terror de la indecencia, con silencio cómplice, ante la cordada de personas dignas, que piensan de forma diferente, que creen por encima de todo en el interés público”.

Sevilla, 2/XII/2012

2 comentarios en “Perdonen mi tristeza

  1. daniel dijo:

    Como miembro y adicto al “Club de las personas dignas” me veo en la obligación de manifestarle al autor que somos muchas las personas que necesitamos mantener vivo el espíritu constructivo de seguir creciendo como personas ante las dificultades actuales de “crisis humana”, pues de lo contrario, se agudizaría aún más la crisis económica, y los dos reactivos en mal estado podría desembocar en un resultado a lo mejor no conocido en estas islas desconocidas.

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  2. José Fernández Engo dijo:

    Alguien escribió esto en cierto blog que anda suelto por ahí: “Creo en la dignidad de la función pública, aunque soy consciente de que hay que ganar segundos de credibilidad a diario, porque se pierden con una facilidad inusitada todos los días.”
    Podría coincidir quizás el autor conmigo en que la pérdida, en igual medida que la ganancia, es causa de la condición humana del funcionario público. Y no es distinta esta situación para los parlamentarios. Es condición humana desconcertarse cuando no se sabe la causa última de las cosas, o cuando se sabe y no se asume. Pero en esas situaciones de desconcierto y desatino la única esperanza de futuro es el sustrato de gente digna que mantiene una visión de lo que debería ser y trabaja por ello día a día con, por y para los demás. La claudicación no es una opción personal para este tipo de gente, creo que el autor lo sabe…

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