José Mujica: un discurso político diferente, extraordinario

Esta mañana me han hecho un regalo precioso, envuelto en mensaje digital de afecto, a través de un amigo de mi hijo. Gracias a los dos. Vicente me ha entregado 45 minutos de reflexión profunda sobre qué está pasando en el planeta tierra por una ambición sin precedentes. He escuchado al Presidente de Uruguay, José Mújica, con el respeto que pide para los ciudadanos anónimos que formamos parte de la especie humana. Hoy, de la Noosfera.

No se pierdan, por favor, los diez minutos finales. Sobran los comentarios, porque pueden alterar la quintaesencia de sus palabras, esencialmente necesarias en un tiempo de ausencia de valores éticos y de desafección política.

Sevilla, 19/I/2014

El Génesis de Salgado (II)

Vuelvo a escribir hoy sobre una experiencia fantástica del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, en su descubrimiento paulatino del escenario auténtico del Génesis, que conocí cuando se iniciaba, en 2005. Publiqué una carta en la revista dominical de La Vanguardia, Magazine, El Génesis de Salgado, que la premiaron con una estilográfica Montblanc, y que recuerdo con especial cariño:

“Existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”. La lectura del “viaje a las raíces del ser humano”, texto de Sebastião Salgado publicado en el Magazine de 5/VI/2005, me ha recordado este gran matiz, mucho más al fijar el objetivo principal de su proyecto “Génesis”: “volver a conectarnos con cómo era el mundo antes de que la humanidad lo dejase prácticamente irreconocible”. Sebastião Salgado ha iniciado una obra encomiable. Aun así, le pediría que hiciera un esfuerzo a sus 61 años por encontrar y fotografiar algún lugar o momento de la humanidad que siguiera engrandeciendo la lectura del Génesis. Aunque sólo fuera para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno” (1).

Hoy, ocho años después, he conocido que se abre una exposición en Caixaforum de Madrid sobre 245 imágenes de aquella aventura, como resumen excelente de la experiencia, en un reportaje que publica el diario El País, con un título muy similar a aquella carta citada anteriormente: Sebastião Salgado, libro del Génesis, donde el autor intenta explicar el para qué de esta inmensa obra: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Lo que más me ha impresionado de los comentarios de Salgado es que su único interés era descubrir cómo podía ser el mundo narrado en el Génesis, donde una cosa estaba clara: no era necesario el dinero para descubrir la grandiosidad del ser humano. Así lo escribí también, el año pasado en un post, Dios no tiene dinero, en el que defendía la tesis de que a Dios no le hacía falta dinero para hacer obras maravillosas, como un guiño sobre una frase desafortunada del tristemente célebre Mr. Adelson: “Las Vegas es más o menos como lo haría Dios si tuviera dinero” (2). En algo sí acierta este poderoso caballero: Dios no tiene dinero” […] Sé que Salgado no se pasará por Las Vegas, y que a Adelson no le interesan estos relatos, sino trabajar en lo irreconocible para Dios, pero creo que muchas personas, a través de las religiones y de diversas culturas, saben a ciencia cierta que ese Dios del desafío no tiene dinero, ni lo tuvo, ni lo tendrá, pero que sigue orgulloso de haber creado al hombre y a la mujer, a pesar de la crisis mundial en la que estamos instalados, pendientes, eso sí, del rescate ético para comprender mejor los asuntos mundanos que tanto gustan a Mr. Adelson”.

Han pasado muchos años y algo me queda claro cómo cuando conocí por primera vez aquél texto del Génesis, a través de un adverbio, muy, no inocente por cierto: las personas que ha conocido Salgado saben en su tradición oral que lo mejor que le pudo ocurrir al mundo era la creación del ser humano: “y vio Dios que muy bueno”. Y Sebastião Salgado lo ha fotografiado…, siendo fiel a Darwin.

Sevilla, 17/I/2014

(1) Cobeña Fernández. J.A. (2005). El Génesis de Salgado, post publicado en el blog “El mundo sólo tiene interés hacia adelante”, el 17 de diciembre de 2005.

Gelman y Saramago: trabajadores del compromiso activo

Ayer falleció el poeta argentino Juan Gelman (Premio Cervantes en 2007). He conocido su dolor histórico por la represión de la dictadura argentina, al perder a su hijo y nuera, embarazada, en años para el olvido. No ocurrió así en el caso del poeta, porque durante muchos años buscó al nieto desaparecido, porque siempre creyó que estaba vivo.

Efectivamente, la compañía de personas comprometidas ayudó a Gelman a no cejar en el empeño. Y Saramago fue una de esas personas que ayudó a localizar a su nieto, escribiendo una carta al Presidente de Uruguay, en 1999, pidiéndole su colaboración:

Juan Gelman, el gran poeta argentino, uno de los mayores que el mundo tiene hoy, busca, desde hace años, a su nieto nacido en 1976, en Montevideo, adonde los esbirros de la dictadura militar, en una operación más del Plan Cóndor, transportaron a la madre embarazada. El padre de ese niño o de esa niña apareció muerto en Argentina, asesinado, con un tiro en la nuca. De la madre nada se sabe, su rastro se pierde en un centro clandestino de detención de Montevideo, capital del país del doctor Julio María Sanguinetti. Si está vivo, el nieto de Juan Gelman tiene hoy 23 años. ¿Dónde se encuentra? El presidente de la República Oriental de Uruguay no se llama Juan Gelman, pero podría, para su infelicidad, siendo, como también es, simplemente Julio María Sanguinetti estar ahora en la situación del poeta, es decir, buscando con desesperación a su propio nieto. ¿Qué haría? Si Juan Gelman, admitamos ahora esta suposición, fuese el presidente de Uruguay, ciertamente el doctor Sanguinetti llamaría a su puerta y le diría: “Ayúdeme a encontrar a mi nieto”. Y Juan Gelman, de eso tengo certeza, pondría toda su autoridad al servicio de esa justicia.

Gelman ha muerto con un deber cumplido, porque finalmente conoció a su nieta que hoy lleva un nuevo nombre y los apellidos de sus padres, de su abuelo: María Macarena Gelman García. Y ha entregado a la humanidad una obra extraordinaria con la clave aprendida de su madre a través de la parábola del ciempiés, haciendo sólo camino al andar:

“una araña que preguntó sorprendida a un ciempiés cómo podía moverse un bicho con 92 patas más que ella; si primero movía 50 y luego las otras 50, si las movía de diez en diez, de cuatro en cuatro o de una en una. Una cuestión que dejó al ciempiés tan confundido en su reflexión que nunca más volvió a caminar”.

Es lo que hizo siempre, obligado por los dolores propios y ajenos:

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

Sevilla, 15/I/2014

Serrat y la montonera

El pasado 31 de diciembre publiqué un post dedicado a Serrat, como felicitación expresa de fondo y forma al haber cumplido 70 años, agradeciéndole el hecho irrefutable de haber formado parte de la banda sonora de mi vida.

Hoy, he leído con emoción manifiesta la historia detallada de la canción “La montonera”, escrita con la razón del corazón de Diego A. Manrique, en el diario El País, que es importante releer con detalle para comprender bien la decisión de Serrat de que esta canción no se convirtiera en mercancía, aunque el autor la ha insertado en su post, La canción que Serrat prohibió, como nuevo homenaje a un cantautor tan necesario para la democracia.

Merece la pena leer la intrahistoria de la canción. Sobre todo para no actuar como necios, confundiendo una vez más valor y precio. Todo un ejemplo.

Sevilla, 11/I/2013