El compromiso revolucionario de Ernesto Cardenal


Entrevista al poeta y teólogo nicaragüense Ernesto Cardenal, quien recibió el 25 de junio de 2014, en Berlín, el premio Theodor Wanner (DW).

Siempre he admirado a Ernesto Cardenal. Lo conocí hace más de cuarenta y cinco años, cuando vivía este profeta en Solentiname, un enclave revolucionario de Nicaragua. Eran años muy difíciles para un pueblo desatendido globalmente en plena dictadura del general Somoza. Vivíamos en España una situación crítica, también desatendida por el general Franco, desde la perspectiva democrática a la que aspirábamos vivir un día no muy lejano.

El pasado 20 de enero cumplió 90 años y puse a trabajar la moviola de mi vida, no para hablar de homenajes y panegíricos para celebrar su cumpleaños, porque me consta que no le gusta, sino para agradecerle lo que me aportó en momentos cruciales de mi experiencia vital. La admiración personal se debía a su discurso permanente de no violencia para alcanzar objetivos que hicieran la vida más amable a las personas que vivían con él en Solentiname, en los años setenta, aunque al final fuera necesaria una acción de fuerza del Frente Sandinista para derrocar a Somoza y formar parte del primer gobierno revolucionario nicaragüense como ministro de cultura.

¿Por qué lo he recordado estos días? Fundamentalmente, porque su compromiso me animó un día a querer acompañarle en su lucha, ante una situación en España que se demoraba y que se hacía insoportable en mi persona de secreto, perteneciente a la iglesia católica, apostólica y romana, que a veces no veía a Dios por ningún sitio, como le ocurría a Rafael Alberti en sus paseos por Roma, peligro para caminantes.

Le escribí una larga carta. Le explicaba con ilusión inquebrantable que España y la Iglesia me habían helado el corazón y que quería incorporarme a su lucha porque era un líder creíble, que pertenecía a una iglesia diferente, comprometida con los más débiles.

Nunca recibí respuesta. No sé si la llegó a leer, pero no inicié el viaje hacia esa parte del mundo, tan querida para mí en ese momento. Me quedé para trabajar por un mundo mejor en este país y hoy tengo que reconocer que era necesario que fuera así, porque aquí, con tu quiero y mi puedo de muchas personas, pudimos caminar juntos como compañeros en momentos cruciales para nuestra democracia.

Gracias, Ernesto Cardenal, por tu gran ejemplo. Me consta que estás convencido de que otro dios es posible a través de ese otro mundo, bastante más humano, por el que luchamos todavía muchas personas sin descanso alguno.

Sevilla, 30/I/2015

Elogio de la mano

MANOS CAPILLA SIXTINA

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso.

Vicente Aleixandre, Mano entregada

Sabemos ya que nuestras manos tienen una historia de más de tres millones de años, tal y como lo describe la revista Science en su último número (1). Es una de las maravillas de la naturaleza humana que junto al habla supone una evolución transcendental para las personas de hoy. Es una experiencia gratificante mirar con delicada atención nuestras manos y reparar en lo que nos aportan día a día, tanto en la vida diaria que las necesitan para atender múltiples necesidades, como para expresar de forma maravillosa los sentimientos y emociones en momentos vitales siguiendo instrucciones de determinadas estructuras del cerebro.

Se ha descubierto que nuestros antepasados africanos decidieron un día bajarse de los árboles para su sustento y viajar hacia Europa para comer y cazar, utilizando utensilios diferentes, cada día más sofisticados en los que la mano jugaba un papel estelar a través de la trabécula, una parte de hueso esponjoso de los dedos cuya morfología varía a lo largo de la vida en función del uso que se hace de ella, según este descubrimiento científico: ”Estos resultados apoyan la evidencia arqueológica para el uso de herramientas de piedra en los australopitecos y proporcionan evidencia morfológica de que los homínidos del Plioceno ya utilizaban posturas de las manos de apariencia humana mucho antes y con más frecuencia que se consideraba anteriormente”. Coger con fuerza herramientas, utilizando la presión del pulgar, mirando de frente al resto de los dedos de una mano, era un factor determinante.

Esta gran lección de ascenso cósmico de nuestros antepasados lo simboliza y demuestra Teilhard de Chardin, el gran protagonista de este blog, con la asunción de la realidad del sistema nervioso humano: “Y sobre todo el cerebro, el gran rey de la selva por descubrir, cada vez más voluminoso y sinuoso, del tamaño de una servilleta mediana, extendida, en su córtex pensante. Y si la razón de ser de la existencia es “anímica”, el gran antecedente de la biogénesis no podía ser otro para Teilhard que la psicogénesis, porque lo anímico era el gran proyecto ya que la gran explosión de la evolución, para conocerse a sí misma, fue el cerebro. Teilhard lo simplificaba en un ejemplo muy gráfico: el tigre no es fiero porque tiene las garras, sino al revés: tiene garras porque en su evolución natural se desarrolló en él el instinto de fiereza. Por decirlo de alguna forma, las garras vinieron después. La evolución entera es la consecuencia de la ramificación de lo psíquico. El eje de avance es una línea delgada roja anímica, no material” (2).

Las manos vinieron después… Sabemos ya, por tanto, que dos huesos, el hioides y la trabécula del pulgar, han sido determinantes a lo largo de la historia para hacernos más humanos, personas más libres a través de la palabra y del apretón de manos, del saludo y de la ternura de nuestros dedos. Maravilloso. Las personas tenemos manos porque en la evolución natural que describe la revista Science, se desarrollaron por los mensajes que a tal efecto les mandaba el cerebro. Es verdad, porque las manos más humanas vinieron después.

Sevilla, 25/I/2015

(1) Skinner, M.M., Stephens, N.B., Tsegai, Z.J., Foote, A.C., Nguyen, N.H., Gross, T., Pahr, D.H., Hublin, J.J. y Kivell, T.L. (2015). Human-like hand use in Australopithecus africanus. Science, 23, Vol. 347 no. 6220, pp. 395-399.

(2) Cobeña Fernández, J.A. (2006). El punto omega (V): https://joseantoniocobena.com/2006/04/30/el-punto-omega-v/

Europa no es feliz, España tampoco

FELICIDAD EN EUROPA
Instituto DYM

Las palabras que siguen simbolizan la infelicidad que se vive actualmente en el mundo por los ataques terroristas en Francia, donde se ha disparado sin compasión contra la libertad de expresión, que aumenta el malestar en Europa, pero que no debe distraernos de lo que está pasando en el día a día de las personas más afectadas por la crisis que se vive en este continente. El terrorismo religioso, extremo, es resultado de ideologías muy preocupantes, no inocentes. Me uno con este post al grito unánime a favor de la libertad de creencias e ideologías que ofrecen felicidad a la medida de cada uno y de todos. Nada más.

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¿Qué le pasa a Europa? Estos días está viviendo una situación especial por los atentados terroristas en París, como símbolo de que la libertad, igualdad y fraternidad están atravesando una crisis de identidad ideológica proyectada al mundo como carta de identidad de la auténtica democracia. Pero en una reciente encuesta realizada por WinGallup International (representada en España por el Instituto DYM) a finales de 2014 a 64.000 personas en 65 países del mundo, se detecta que Europa no es feliz: “Fiyi y Colombia son las naciones en que más gente se declara feliz, Irak y Grecia son el extremo opuesto; Europa es el continente con más ciudadanos tristes, y España ha mejorado el ánimo respecto al año pasado”. A nivel global, el porcentaje de infelices se ha mantenido estable en este 2014, 23% contra 26% el año pasado. El índice de felicidad, eso es, el balance neto entre de aquellos que se sienten felices menos los que piensan que no lo son, es del 64%” (1).

¿Por qué Europa está tan triste, arrastrando así a los países que la integran? Hay razones de peso que me atrevo a enumerar, aunque solo sea para buscar islas desconocidas de felicidad, que también existen si actuamos de forma diligente. Europa, para empezar, tiene que admitir que es un continente viejo, más que antiguo, que no ha sabido adaptarse a los nuevos signos que depara la auténtica búsqueda de la felicidad. Le pesa mucho su historia, sobre todo porque cuando la recuerda se ensimisma en ella y así es muy difícil avanzar. Además, vive con una pulmonía económica y financiera casi constante, porque es verdad que vivimos de acuerdo con el modelo americano, que exporta al mundo mundial casi sin darnos cuenta sus constipados de toda índole, que aquí se hacen crónicos y endémicos. Basta recordar la última experiencia de Lehman Brothers, tan bien retratada históricamente por Groucho Marx. Se han vaciado los bancos, las tesorerías públicas y privadas europeas, pero también los cerebros han perdido su condición humana esencial: vivir con ideología activa, incluido lógicamente el drama del paro laboral, que también es cerebral, aunque lo revistamos curiosamente de una actividad frenética bajo el señuelo de que estamos dando vueltas continuamente a lo que está pasando a nuestro alrededor hasta volvernos locos…, derrochando tristeza por todas partes.

El cerebro humano, por tanto también el europeo, necesita ideología, como el amor, cada día, tal y como lo aprendí de Juan Ramón Jiménez (junto a la poesía), que le devuelva felicidad bien entendida, no la de los nuevos ricos que tan dura factura nos está pasando en la actualidad. Porque la felicidad solo se construye con ideas claras, con ideología, mirando siempre hacia adelante, dejando atrás a la historia que no nos ayuda a ser felices porque está empeñada sobre todo en destruir la razón, con hechos tan evidentes como los sucesos ocurridos en París en estos últimos días: “A este propósito, me parece muy interesante el análisis que Lukács hace de la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola»” (2).

El estudio citado aporta datos de sumo interés: “Europa lidera la infelicidad entre los continentes. Entre los 10 países con más gente infeliz, seis son europeos (Italia, Francia, Rumania, Bulgaria, Letonia y Grecia). El continente más feliz es África (el 83% de los africanos le pone una sonrisa a sus vidas), por delante de Asia y de América. Entre las naciones, el 93% de los fiyianos y el 90% de los colombianos compiten por ser los pueblos más alegres. Nigeria (89%), Arabia Saudí (87%) y Filipinas (86%) completan esta ensalada de realidades. México pone el barómetro en un 74% de ciudadanos felices, Estados Unidos en un 61%, y España en un 55%” (3) donde “la crisis económica parece haber dejado de hacer estragos al menos en el estado de ánimo del 45% de la población, que se dice feliz. El 10%, hasta muy feliz. El dato sitúa al país ligeramente por encima de la media europea y, sobre todo, representa un salto adelante con respecto a 2013. Hace doce meses, solo el 38% de la población era feliz. Lejos queda, eso sí, el 55% de 2011”.

Necesitamos saber buscar la felicidad y tenemos un gran recurso personal e intransferible. Ya lo he manifestado públicamente en este blog, porque es una cuestión que me preocupa como ciudadano del mundo, de Europa, de este país, de Andalucía, porque necesitamos conocer este recurso para comprender mejor la tristeza de perder la razón de vivir, de existir, porque necesitamos vivir felices, con ideología, cada día: “El cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, porque es su componente esencial, como tantas veces he demostrado en este blog. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y cómo se reacciona ante ella. El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos, muchos, entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de la crisis, no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en su realidad social. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción. Por algo será. Y los Gobiernos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, porque todos no son ni somos iguales. Afortunadamente”.

Europa nació con un pasado mitológico, con un rapto por parte de Zeus, que hoy se puede interpretar como un nuevo rapto del poder del dinero, poderoso caballero, perfectamente localizado como un nuevo dios. Desde entonces, han pasado siglos hasta que las decisiones democráticas han permitido partir de múltiples realidades cruzadas en un conglomerado llamado en la actualidad Unión Europea. Nos queda una gran tarea para abandonar la tristeza actual, siempre y cuando acordemos que es imprescindible ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en la realidad social que debe conformar un continente nuevo. El contenido, sus cerebros pensantes, lo necesita.

Sevilla, 10/I/2015

(1) El Confidencial: El mapamundi de la felicidad sitúa a Europa como el continente más triste. Véase el mapa interactivo, por su gran interés.
(2) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s; Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3; Cobeña Fernández, J.A. El cerebro necesita ideología, cada día: https://joseantoniocobena.com/2012/03/19/el-cerebro-necesita-ideologia-cada-dia/.
(3) Morenilla, Juan (2014, 8 de enero). Europa es la menos feliz, El País.com.

Una carta cantada a los reyes magos de Andalucía

Casi todo es mercancía en estos días de Reyes. Es difícil sustraerse de la mercadoctenia que invade por tierra, mar y aire este país que lucha por ilusionarse estos días, quizá todos los días, con pequeñas cosas mundanas, sin llegar a la metáfora de Groucho Marx, hace ya bastantes años, cuando vivió también la crisis del 29: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”, porque las grandes que cuidan del espíritu no son posibles para la gran mayoría. Quizá, ni les interesan a los que más tienen. No digamos nada de los que no tienen casi nada, no sólo en el ámbito material, porque la sinrazón de la crisis propia o asociada se ha cebado con ellos.

Así nos lo da a entender Indara, una niña andaluza, gitana, que nos da una lección memorable al cantar a los reyes magos de la España y Andalucía de charanga y pandereta una realidad que la siente en su propia carne, en la de su padre, su madre, su hermana, su abuela, su abuelo, porque para ella no quiere nada. Sólo, si es posible, ir al Colegio y aprender. Interpreta maravillosamente una canción de María Carrasco que había pasado desapercibida años atrás. Tiene alma gitana, de la que deberíamos aprender en estos momentos de entrega de regalos, porque comprenderíamos cómo la vida tiene momentos y cada día su propio afán, carpe diem, para alegrarnos con las pequeñas cosas positivas de cada día, como este regalo ético de Indara, separando una vez más valor y precio, que desgraciadamente suele confundir siempre… todo necio.

Sevilla, a 5 de enero de 2015, horas antes de comprobar cómo han entendido nuestras necesidades personales, familiares y sociales, los reyes que queremos especialmente, aunque hoy estarán muy atentos con la carta cantada por Indara.