Canción alegre del Cádiz Bridge (II)

Seguimiento en timelapse de las obras de construcción del puente de la Constitución de 1812, sobre la bahía de Cádiz

Cádiz, 2/II/2025 – 12:15 (CET+1)

En estos días gaditanos, he recordado que escribí un post en 2007, en este cuaderno digital, sobre la realidad social de Cádiz, Canción triste de Cádiz Street, afectada en ese momento por los cambios “climáticos” de Delphi [empresa en proceso de cierre patronal definitivo], arrastrando la dialéctica del dolor y de la alegría para vivir, para su libertad. También me acuerdo (Joe Brainard, dixit), de la polémica absurda e innecesaria incluida, por el gesto maleducado, no inocente, con el alcalde de la ciudad en ese momento, de ideología de izquierda, por no ser tenido en cuenta, a tiempo, en el acto protocolario de la inauguración del nuevo puente de la Constitución de 1812 o, con la denominación popular, de la Pepa, cuestión que la asocié a una idea que aprendí hace ya tiempo de un ingeniero romano excelente, Cayo Julio Lácer, el autor material del puente de Alcántara (al-qantara: el puente, en árabe), en Cáceres, al expresar de forma rotunda que “la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra” (ars ubi materia vincitur ipsa sua).

Sería una gran lección en estos días que el mundo político de este país demostrara que la grandeza misma del diálogo en abstracto, que también es arte, puede ser superada por la grandeza del diálogo real, sincero y comprometido con los derechos y deberes ciudadanos de una provincia tan castigada por el paro. Aunque sea en este aquí y ahora por el símbolo arquitectónico de esa gran obra.

Puentes, puentes, puentes. Sería una buena forma de completar hoy una nueva inscripción mundial para los derechos humanos compartidos, que recogiera también en el nuevo puente gaditano las palabras que seguían al primer aserto comentado: el ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente para que durase por los siglos mientras dure el mundo (Pontem perpetui mansvrvm in secula mvndi). O lo que sería lo mismo como símbolo de la buena política: los ilustres mandatarios políticos que hacen posibles estas obras públicas, una vez demostrado que el diálogo supera el arte de hablar y callar, deberían ayudar a construir día a día la democracia para que dure por los siglos en la perpetuidad de nuestro país. Recordando siempre el nuevo puente de Cádiz, por supuesto, como un símbolo de su perpetuidad política al servicio de la ciudadanía.

Al pasar el viernes por este puente emblemático de Cádiz, recordé la necesidad de que la grandeza del arte político , a través del diálogo, sea superada siempre por la grandeza de sus resultados democráticos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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