Canción triste de Cádiz Street

Cádiz, con los cambios “climáticos” de Delphi. Cádiz arrastrando la dialéctica del dolor y de la alegría para vivir, para su libertad. El pasado 23 de febrero me quedé pensando durante un tiempo prudencial cómo sería la letra de la canción que interpretó Javier Rubial con motivo del acto que se celebró en Cádiz el 21 del mismo mes en torno del cambio climático. No la pude localizar. Y terminaba el post publicado aquél día, El niño del Serengueti, diciendo: “Ruibal, con su encanto personal, coge la guitarra en su tierra y con la gracia que el Sur le ha dado, comienza a gritar a los cuatro vientos que mientras el niño del Serengueti admira el entorno tanzano como una maravilla para sus ojos cautivos, va arrojando agua sin la conciencia de estar perdiendo un auténtico tesoro. A diferencia de nosotros, los más inteligentes de la tierra, el primer mundo, que no podemos fantasear más allá de lo que nuestros ojos son capaces de transmitir a un cerebro cautivo y desarmado por la sequía de la inteligencia en muchas de sus manifestaciones posibles. Por cierto, humanas. Y que no es capaz de descubrir ya la realidad del “aire azul” tanzano ó gaditano, fantástica recreación del escritor australiano Alan Mooheread, enamorado del continente africano, escapándosele también el agua entre los dedos…”.

Tenía una deuda contigo, lector, lectora, de nuestra peculiar esfera digital, que consistía en localizar la letra completa de la canción (1) y ponerla en circulación neuronal (¿inteligencia digital?) para mejor comprensión de lo que reconocía que era una mera intuición. O sentimiento, en la clave que aprendí hace muchos años de Rafael Alberti, poeta también gaditano, en la dialéctica pensamiento/sentimiento, con su recomendación de que escuchemos siempre el corazón mucho más fuerte que el viento, porque si esta canción, este mensaje no tiene corazón, es solo eso, la letra de una canción triste de Cádiz Street… por mucho que Delphi intente cambiar el clima laboral de la bahía casi sin darnos cuenta:

“Agua que no has de beber/
oro puro que se tira/que por el
agua se sufre/se perdona y se respira/
agua que no has de beber/
nunca la dejes correr.
El que corre sin descanso/
nunca llegará primero/al corazón
de los mansos/dale agua y
no dinero/agua que dejes pasar/
puede el destino cambiar.
Si tú la tiras por el camino/no
va quedar un espino/donde puedas
esconderte/y voy a darte tu
merecido/este niño malcriado/
nunca cambiará su suerte.
El niño de Senegal/sueña que
se va a la Luna/en una nave espacial/
ligera como una pluma/tuvo
cara de astronauta/desde que
estaba en la cuna.
Y en la órbita perfecta/asomado
a la ventana/el niño del Serengueti/
ocho veces por semana/
sueña que tira confeti/y se
inunda la sabana.
Como no cumple nunca un
castigo/este niño consentido/se
me va a quedar en Babia/ si no
estuvieras siempre en las nubes/
cuidarías, no lo dudes/de no
derramar el agua.
Por los dioses de mi tribu/juro
que hago de ti un hombre/
aunque pierda los estribos/y
llegue a borrar tu nombre/de
tanto como lo digo/un hombre
como es debido.”

Sevilla, 7/III/2007

(1) El País (2007, 28 de febrero). Javier Rubial estrenó “El niño del Serengueti”. El País (Extra), p. 10.

Un comentario en “Canción triste de Cádiz Street

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