
Sevilla, 10/X/2025 – 14:07 h (CET+2)
Cuentan las crónicas que ayer en Gaza sonaba su grito de júbilo, su zaghareet (sagarit) querido, ululando las mujeres gazatíes según ritos ancestrales que permanecen en sus vidas y que esta guerra ha silenciado desde su comienzo, a pesar de que al conocer el principio del final de esta guerra tan cruenta, el pueblo gazatí ha olvidado cómo expresar la felicidad después de dos años de asedio y exterminio, un auténtico genocidio real y no conceptual.
Esta mañana, cuando me desperté, me encontré con la noticia de que era verdad que la guerra había finalizado en Gaza: “Abu Shahab sonrió al hablar de su inmensa alegría tras conocer el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de que Israel y Hamás habían firmado un acuerdo para alcanzar un alto el fuego. “El mayor logro es detener la matanza”, dice. “En los últimos días, temíamos irnos a dormir por la noche y no despertarnos por la mañana”. A su lado, su hijo Naim juega con él. “Desde el amanecer hasta ahora, no he podido cerrar los ojos de alegría y felicidad”, asegura Abu Shahab. Al amanecer, su esposa lanzó zaghareed, ululatos tradicionales de celebración, despertando a cientos de familias en tiendas de campaña cercanas, que salieron a celebrar. Las mujeres se reunieron, encendieron hogueras, prepararon té durante las primeras horas del día y todos permanecieron despiertos hasta la puesta de sol”.
A pesar de que el plan Trump para alcanzar la paz en Gaza es muy controvertido, bienvenido sea al declararse hoy, oficialmente, a las 12.00 horas de Gaza (11.00 en España), el alto el fuego pactado entre Israel y Hamás, con vocación de continuidad en el tiempo, donde se podrá constatar hasta dónde se llegan a cumplir los veinte puntos del mismo que, inexorablemente, debería concluir con la declaración formal, a escala mundial, del Estado Palestino.
No me extraña que el pueblo gazatí recurra a su ancestral expresión de alegría, su zaghareet querido, lo poco que les queda después de sufrir una guerra terriblemente desigual, con más de 67.000 personas fallecidas, asesinadas en su mayoría, entre las que hay que contabilizar alrededor de 20.000 niños y niñas, más de 11.000 mujeres, 14.000 desaparecidos y cerca de 170.000 personas heridas, algunas de ellas con lesiones graves, con secuelas tan lacerantes como son amputaciones de todo tipo, junto a casi 1.900.000 de desplazados una y otra vez que hoy, al conocer el alto el fuego, siguen sin saber dónde ir, porque sus últimos años ha sido un caminar continuo hacia ninguna parte segura, con una destrucción total del 90% de su superficie construida.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
¡Paz y Libertad!
