Una fresa llamada “Dignidad”

Sevilla, 5/VI/2026 – 16:47 h CET (UTC+2)

El martes pasado se entregaron los premios del VII Concurso de Microrrelatos, organizado por el Club Santa Clara, en esta ciudad, al que me presenté con un texto bajo el título: Una fresa llamada “Dignidad”. Aunque no gané el primer premio en la categoría “Senior”, sí lo han publicado en el libreto que recopila los textos premiados y algunos más por menciones del Jurado calificador, entre los que se encuentra el mío, que agradezco en su fondo y forma.

Hoy, lo entrego a la Noosfera y, sobre todo, a quienes estaba dirigido, los miles de migrantes que año tras año recogen fresas y otros frutos rojos, como muestra simbólica, nada más, de los centenares de miles que viven en situación irregular y que gracias a la legislación reciente están viviendo con ardiente impaciencia su regularización digna en nuestro país, alcanzando ya la cifra de 550.000 solicitantes. Bienvenidos sean, porque para mí no son extranjeros, sino vecinos dignos de este país, tal y como lo aprendí en su día de Eduardo Galeano: “Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas. Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?(Extranjero, en El cazador de historias).

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Una fresa llamada “Dignidad”

Fátima, Marta y Leonardo, conocían a todas las fresas por su nombre, su variedad: Camarosa, Tioga, Sabrosa, Fortuna, Ventana, Chandler, San Andreas, Oso Grande y Primoris.

A todas las trataban con un cuidado especial, cortándolas de su tallo con esmero para no dañarlas y colocarlas para ser envasadas, no perdiendo su belleza natural. Sus espaldas se resentían del esfuerzo al realizar su trabajo durante horas eternas.

Un día, al finalizar su trabajo como migrantes marroquíes, se acercaron a la nave de envasado y descubrieron un cartel con tres iniciales “DIG” , en una cinta de transporte de cajas ya preparadas para su distribución y consumo. Se acercaron para leer las etiquetas de cada envase, descubriendo el misterio de aquellas iniciales: la variedad era desconocida para ellos, “Dignidad”. Se les cayeron unas lágrimas y creyeron que lo que habían leído era sólo un sueño.

Volvieron al barracón donde vivían junto a otros compañeros y compañeras, contándoles lo ocurrido, que los esperaban para hablarles de otro sueño a punto de cumplirse: su situación personal, tan precaria como migrantes, se iba a regularizar.

Todos acordaron que a partir de ese día, las fresas se llamarían “Dignidad”, una variedad especial.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!