
¿Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila?
¿Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas?
¿Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias?
Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente
Sevilla, 20/VI/2026 – 09:24 h CET (UTC+2)
Leyendo estos días lo que está ocurriendo en relación con los migrantes en nuestro país, en Comunidades donde ha entrado en tromba VOX, con el consentimiento vergonzante del PP, que les niegan el pan y la sal no sólo a ellos sino a las ONG que los cuidan y protegen, la reacción insolidaria sobre el proceso de regularización iniciada en el país, con denuncias ante Tribunales para paralizarla, lo que está aprobando Europa sobre los centros de internamiento, así como las medidas represivas contra ellos, en general y en este mundo tan globalizado, pero al revés, resuena en mi persona de secreto una gran pregunta multisecular y muy actual, ¿quién tiene la culpa?, que necesita una respuesta urgente, porque está muy claro y lo estamos viendo a diario.
El nuevo imperialismo americano personalizado en Trump y su séquito político transfronterizo, el tecnofeudalismo con Musk a la cabeza y el neofascismo representado por las derechas vestidas con piel de cordero y ultraderechas, a escala mundial y local, son los responsables directos y verdaderos culpables del desastre humanitario al que estamos asistiendo a diario, también en nuestro país.
Por estas razones, publico hoy una “hoja suelta” de mi cuaderno digital, ¿Quién tiene la culpa?, publicada en 2022 porque, salvando lo que haya que salvar, no ha perdido actualidad alguna ni en su fondo ni en su forma, como nos lo recordó también el Papa León XIV, el pasado 11 de junio, en el “muelle de la vergüenza” de Arguineguín (Gran Canaria), de triste memoria, cuando dijo que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera».
Para que no se olvide, ni siquiera un momento. La culpa de todo lo expuesto, “no la tiene la gente”…, migrante o pobre, por supuesto.
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¿Quién tiene la culpa?
Sevilla, 27/VI/2022
La culpa de lo que pasó el viernes 24 de junio en Melilla, día fatídico en el que murieron 37 migrantes -sin certeza plena de lo que verdaderamente ha ocurrido-, que intentaban saltar la valla de Melilla, camino de un mundo mejor a iniciar en España, dicen que la tiene la mafia que trafica con seres humanos y los lleva a este callejón sin salida. No dispongo de toda la información que me permita evaluar lo ocurrido con objetividad plena, pero sobre el papel y las imágenes que hemos visto, las muertes, heridos y palizas por parte de la gendarmería marroquí en las proximidades de la frontera de Marruecos con en Melilla, tienen difícil justificación humana, razón por la cual se pide que desde instancias independientes se analice en profundidad lo ocurrido, sobre todo para que se instaure el modus operandi de los silencios cómplices a todos los niveles institucionales y sociales que podamos imaginar.
Los 133 migrantes que lograron cruzar esa valla maldita, de forma “irregular”, cuentan a través de las rejas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), en Melilla, lo que llevan pasado desde hace años, deambulando por África desde sus orígenes subsaharianos, en busca de un lugar donde vivir dignamente. Con una frecuencia enfermiza volvemos a tratar diariamente del largo camino de los subsaharianos en búsqueda de una vida mejor. Lo que ha pasado con estas muertes y la llegada a Melilla de estos 133 migrantes, arrancan compasión y rabia por la injusticia mundial que abre cada día más la brecha de la existencia y convivencia entre los seres humanos. ¿Quién tiene la culpa? Desde luego, no sólo las mafias, ni la gente en general. Sobran las palabras. Quizá tengamos que acudir a la memoria de Augusto Monterroso para repetir a los cuatro vientos una idea que podría pasarnos por la cabeza ante tanta desgracia ajena: Cuando vemos sus caras de dolor en el CETI, no hay duda alguna de que “la injusticia humana todavía está allí”. Para que esta realidad nos obligue a vivir despiertos al verlos cara a cara.
Lo digo y seguiré diciendo mil veces si hace falta. Me niego a admitir que todos somos iguales respecto de la culpa original de lo que está ocurriendo. Ahora, la culpa de todo lo que se mueve en el mundo la tiene la guerra de Ucrania, como pantalla fácil para los hombres de negro que controlan el mundo. Mañana…, no sabemos. Tenemos un origen común, sin lugar a duda, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, porque a esa señora, la culpa, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Los migrantes, tampoco. Unos pocos, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, están decidiendo en este momento, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, por ejemplo, cómo se reparte hoy la miseria del mundo y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes. De lo que estoy convencido es de que la culpa de todo esto no la tenemos ni yo, ni usted, ni el vecino, ni siquiera sus parientes, ni la gente común, mucho menos los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. Ni los migrantes que luchan por llegar a Europa en busca de un mundo mejor para ellos, con un recuerdo en el alma de los que han muerto el viernes en esta etapa de sus vidas jóvenes, llenas de ilusión por alcanzar sueños legítimos de una mínima dignidad humana.
NOTA: la imagen se ha recuperó de Decenas de inmigrantes entran en Melilla tras saltar la valla fronteriza | Actualidad
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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