Recuerdos en el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado / 4. Valor y precio

Cuanto vale se ignora y nadie sabe / ni ha de saber de cuánto vale el precio.

Antonio Machado (1875-1939). Nota manuscrita en unos papeles perdidos

Sevilla, 24/VII/2025 – 08:38 h (CET+2)

Quien frecuente la lectura de páginas de este cuaderno digital conoce mi interés por asistir a clases virtuales en la escuela del mundo al revés para desentrañar el contenido del libro homónimo de Eduardo Galeano. Esta es la razón de por qué he escogido hoy una clase en concreto, sobre la que escribí en 2022, II Curso de verano para entender el mundo al revés / 5. Es urgente no confundir valor y precio, cuyo hilo conductor era un proverbio de Antonio Machado, de rabiosa actualidad, todo necio confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII), de raíces quevedianas, sobre el que hoy quiero centrar mis recuerdos del poeta.

Les invito a asistir a esta clase, convencido de que el aserto de Machado no ha perdido actualidad alguna en su sentido primigenio. No les defraudará, si están atentos al poeta en sus silencios, en la búsqueda de la Verdad.

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II Curso de verano para entender el mundo al revés / 5. Es urgente no confundir valor y precio

Sevilla, 5/VII/2022

Después de la clase de ayer, alentada sin lugar a dudas por la aprobación del dictamen sobre el proyecto de ley de Memoria Histórica, por parte de la Comisión Constitucional del Congreso, que se debatirá el próximo miércoles 24 de julio, después de dos largos años de tramitación parlamentaria, aunque algunas fuerzas políticas de las derechas y centro no lo estiman como necesario, creo que hemos tomado conciencia de que la economía es un caballo desbocado en la actualidad. Sabemos también que se anunció ayer por parte del Gobierno, que se acercan trimestres muy complicados, “complejos”, es decir, que estamos avisados de lo que se avecina, que será bastante doloroso de sobrellevar sobre todo para los más débiles desde la perspectiva de pobreza severa y condiciones de vida lamentables, como ya he tratado en esta serie.

Por la razón económica expuesta anteriormente, me han llamado algunos compañeros de clase para decirme que deberíamos abordar en la clase de hoy esta realidad económica, a lo que he contestado que sí, sin lugar a dudas, pero que ante la falta clamorosa de calores humanos y sociales en la actualidad, creo que es más urgente debatir la dualidad valor y precio de todo lo que se mueve, porque no es lo mismo cuando se confunden. La vicepresidenta económica y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, manifestó ayer en una reunión programada con el Consejo Asesor de Economía que «Tenemos que prepararnos y trabajar con un escenario de inflación más persistente y elevada y tenemos que trabajar en un escenario en el que los próximos trimestres van a ser complejos». Dicho en “roman paladino”, tenemos que volver a abrocharnos el cinturón aunque ya no nos queden más agujeros de «dignidad ética y económica» por abrir.

En este contexto, he comentado con mis compañeros de clase que deberíamos retomar, para seguir avanzando en este II Curso, algo que ya escribí en torno a la dialéctica de valor y precio en el del año pasado. Lo contextualizaba diciendo que cada vez que asisto a estas clases lo hago con la ilusión de un niño, aunque de fondo sentía algo parecido a lo que sucedía cuando ese niño interior escribía a los Reyes Magos de Oriente para que me trajeran el caballo de cartón soñado y dibujado en mi carta, que llevaba deletreada la palabra ·c-a-b-a-l-l-o con plumilla, a la inglesa. Una vez que lo recibía como regalo esperado, descubría de su envoltorio de papel imposible y pasado el primer deslumbramiento por la sorpresa, que ya no tenía gracia montarme muchas veces en él y acababa muy pronto en su cuadra tan particular, a modo de armario. Después, me iba a la habitación a escribir de nuevo a un rey desconocido que me permitiera ser feliz todos los días, porque tenerlo (el juguete…) me permitía comprobar que ya se me había escapado la ilusión por la montura del equino. Y así me ha pasado desde entonces, buscando por todas partes la forma de disfrutar los placeres basados en bienes básicos y en personas cercanas bajo la forma de familia, compañeras y compañeros de trabajo, amigos, proveedores conocidos y respetados (en clave de valor), frente a lo que me ofrecen las cosas y los bienes de consumo (puro precio y mercado), por mucho que se empeñe en ello, con perdón, la publicidad que nos invade por tierra, mar y aire, que tienen nombre propio y de los que ahora no quiero acordarme.

Han pasado los años desde aquella aventura frustrada del caballo de cartón y todo lo que me rodea está tocado por el poderoso caballero don dinero. Siendo esto así y recordando a Antonio Machado en su distinción impecable de valor y precio, expreso a continuación mi sentir cada vez que me recuerdan la importancia de abrocharse el cinturón ante lo que se avecina, que ya sé que no es nada bueno. Este es uno de mis principios, y así lo he escrito en este cuaderno digital: “Creo que tenía razón Antonio Machado: todo necio confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII). Se me ha ido el alma a la lectura de un reportaje publicado hoy en el diario El PaísCosas que el dinero puede comprar, o no, que me ha activado áreas cerebrales que estaban dedicadas desde hace días a otros escenarios de progreso, quizá porque estaba influenciado por un ataque de admiración de Woody Allen, en torno a una frase suya que ahora, paradojas de la vida, publicita un Banco: Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida. Y haciendo caso al Dr. Cardoso, un personaje peculiar en la vida de Pereira (Tabucchi), he comenzado a frecuentarlo, como una forma de invertir inteligencia para ser más feliz. Y andando en estas cuitas de tempus fugit, anuncio del banco, futuro, resto de mi vida, blog, compromisos varios, descubro una lectura de las que llamo “necesarias”, al menos para mí, reforzando una creencia clara: en el futuro en el que quiero vivir, el dinero no te lo facilita todo. Según el estudio elaborado por Manuel Baucells, profesor de la escuela de negocios IESE y Rakesh K. Sarín, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California: Does more money buy you more happiness?, había malas noticias para algunos, porque parece ser que algo de felicidad se puede comprar con dinero pero no toda la felicidad. El estudio citado decía que cuando compramos algo y lo empezamos a disfrutar, de forma inversamente proporcional “decae” la ilusión, más o menos, “porque ya tenemos lo que deseábamos”: el dinero no da la felicidad, pero la puede comprar, la única duda es cuánta cantidad. Y no es tanta como uno espera porque no sabemos administrar el dinero, nos acostumbramos demasiado rápido al nuevo tren de vida y nos comparamos con personas más afortunadas. Y empezamos a ver lo que los demás tienen y así indefinidamente, generando la envidia. Luego parece ser que es más importante desear las cosas que tenerlas.

Otra vez aparece mi síndrome del caballo de cartón o lo que está ocurriendo ahora con las nuevas tecnologías de la información y comunicación con el llamado síndrome de la última versión, porque nunca llegamos a tener lo último de lo último y eso frustra hasta límites insospechados. Ahora creo que con esta visión del síndrome de lo último de lo último, que nunca llagamos a poseerlo, puede ser que se convierta, si lo tratamos, en la segunda parte de la clase “contratada” virtualmente en este II Curso, sin emular precisamente a Groucho Marx con su famoso frase que no olvido en estos momentos, con su ironía característica y en el contexto de la crisis mundial de 1929,  en su fondo y forma muy parecida a la actual desde 2008, hasta llegar a la frase de ayer de la ministra Calviño: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”.

Y repasando mi querido libro de texto de este II Curso, voy a proponer que se lea en voz alta en la clase de hoy lo que Galeano dedica a la dialéctica valor y precio en su apreciado libro, en un capítulo sobre las lecciones de la sociedad de consumo y bajo un epígrafe no inocente, Globalización, bobalización: “Hasta hace algunos años, el hombre que no debía nada a nadie era un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa. Hoy, es un extraterrestre. Quien no debe, no es. Debo, luego existo. Quien no es digno de crédito, no merece nombre ni rostro: la tarjeta de crédito prueba el derecho a la existencia. Deudas: eso tiene quien nada tiene; alguna pata metida en esa trampa ha de tener cualquier persona o país que pertenezca a este mundo. El sistema productivo, convertido en sistema financiero, multiplica a los deudores para multiplicar a los consumidores. Don Carlos Marx, que hace más de un siglo se la vio venir, advirtió que la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y la tendencia a la superproducción obligaban al sistema a crecer sin límites, y a extender hasta la locura el poder de los parásitos de la «moderna bancocracia», a la que definió como «una pandilla que no sabe nada de producción ni tiene nada que ver con ella». La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura del consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos, esta aventura empieza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo”.

Creo que son palabras impecables para una situación como la que estamos viviendo, de bobalización total, más que globalización. Las palabras de Galeano son duras, pero certeras, aunque lo malo de su trasfondo es que son muy actuales y que afectan al niño que fuimos y somos, en un ejemplo que él recoge también en el libro de texto y que simboliza mejor que nada lo que he querido resaltar sobre lo aprendido en esta clase: todo necio confunde valor y precio en este mundo al revés y eso lo aprendemos desde nuestra infancia, en nuestro mundo infantil que nos trasladan como un mundo al derecho, casualmente:

Hay que tener mucho cuidado al cruzar la calle, explicaba el educador colombiano Gustave Wilches a un grupo de niños:

 Aunque haya luz verde, nunca vayan a cruzar sin mirar a un lado, y después al otro.

Y Wilches contó a los niños que una vez un automóvil lo había atropellado y lo había dejado tumbado en medio de la calle. Evocando aquel desastre que casi le costó la vida, Wilches frunció la cara. Pero los niños preguntaron:

-¿De qué marca era el auto? ¿Tenía aire acondicionado? ¿Y techo solar eléctrico? ¿Tenía faros antiniebla? ¿De cuántos cilindros era el motor?

Para terminar, a modo de pregón de la linterna mágica en la que a veces estamos instalados, viendo pasar sólo sombras de la realidad humana, a modo de la caverna que tanto sobrecogía a Galeano desde el comienzo del libro (mucho antes a Platón), invitándonos a pasar y ver en ella el gran espectáculo del mundo al revés, leo ahora de su libro unas palabras con formato pregón, dedicadas a las pobrezas de ese mundo que al menos a mí tanto me preocupa en este aquí y ahora y que el año pasado me llevé a casa después de la clase correspondiente, referidas a este asunto tan complejo, porque lo he meditado en mi rincón de pensar, en un hipotético mundo al derecho que también existe:

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres.

Hoy, me permito volver a añadir algo más: Pobres, lo que se dice pobres, son los que confunden siempre valor y precio. No es lo mismo en un mundo al derecho, que también ensalza Galeano: “Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. A pesar de lo que nos anuncia la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, la complejidad económica y sus consecuencias en los próximos trimestres, porque para mí son Asuntos Éticos, que si los asumo como propios, por su valor, porque me ayudarán a sobrellevar mejor los nuevos tiempos difíciles que se avecinan.

Me llevo estos apuntes de mi cuaderno digital a la clase de hoy con la ilusión de siempre, la de aquel niño que soñaba hace ya muchos años con subirse a un caballo de cartón que tenía nombre, Caporal, como el que veía correr cada domingo en el hipódromo de la Zarzuela, en Madrid, porque confieso que soñaba con cabalgar en él hasta volar a mi cielo particular. En ese momento era Claude Carudel, un héroe de mi infancia, rediviva hoy en mi espíritu del niño que siempre fui.

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Recuerdos en el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado / 3. Dignidad

VISOR1000

Qué difícil la suerte / de los pueblos que viven protegidos / por la misericordia de un poema. / Qué difícil la última / soledad de Machado. / La luna llega al mar / el mar llega a Sevilla, / nosotros a un recuerdo / y a esta pálida / desarmada emoción / de compartir una derrota.

Luis García Montero, fragmento del poema Colliure

Sevilla, 23/VII/2025 – 09:02 h (CET+2)

Hoy deseo recordar el significado de la dignidad en la vida y obra de Antonio Machado, mi inolvidable paisano. Me lo recordó expresamente un texto breve de la contraportada del libro que preside hoy estas líneas, Estos días azules y este sol de mi infancia, recogido en una reflexión mía en 2018, en el que se decía que “La Editorial Visor considera que este libro es un homenaje a la memoria de uno de los más significativos escritores de nuestra lengua, pero también supone el reconocimiento a una persona que nunca abandonó su dignidad”.

Después de más de dos siglos de andadura en el lenguaje compartido y registrado de nuestro país, según la RAE, podemos “limpiar, fijar bien y dar esplendor” a la palabra dignidad, sin adulterarla ni contaminarla, respetando su propia historia social, aceptando que es una palabra muy apreciada en el habla de todos, compartiendo su raíz histórica y de arraigo popular. Una persona digna, como en el recuerdo personal que nos ocupa, Antonio Machado, es siempre un ejemplo de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato porque se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias para comportarse comedidamente.

Recordar el mensaje vital de la dignidad humana transmitida por Antonio Machado, en el contexto global del mundo al revés en el que vivimos en la actualidad, es el mejor homenaje que podemos hacer hoy a todas y cada una de las personas que luchan en cualquier lugar del mundo por la libertad, la paz, la fraternidad y por la dignidad humana en todas las manifestaciones posibles «hasta que se haga costumbre», como aprendí del espíritu de lucha del pueblo chileno, reivindicando su memoria democrática. También, en nuestro país, porque no la olvido, todavía muy presente en la muerte del poeta, a pesar de todo lo que estaba sufriendo, en palabras escritas a lápiz y guardadas en su viejo abrigo, que le daba calor en el frío febrero de 1939 en Colliure, en un verso suelto: «Estos días azules y este sol de la infancia…», con su dignidad dentro.

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La impecable dignidad de Antonio Machado

Sevilla, 5/IV/2018

He ido a la librería con la ilusión de un niño sevillano cuya infancia son recuerdos de una casa de Sevilla y un balcón al que llegaba el sonido del Cine Ideal; mi juventud, doce años en tierras de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero. Nada más entrar, he localizado el libro que deseaba comprar sin más demora, Estos días azules y este sol de la infancia, un libro de poemas para Antonio Machado, editado por Visor, porque había leído en su contraportada algo que me conmovió en el contexto actual del país: “La Editorial Visor considera que este libro es un homenaje a la memoria de uno de los más significativos escritores de nuestra lengua, pero también supone el reconocimiento a una persona que nunca abandonó su dignidad (la negrita y cursiva es mía)”.

¡Dignidad, qué palabra tan necesaria hoy en nuestras azarosas vidas! Su viejo abrigo, que le daba calor en el frío febrero de 1939 en Colliure, guardaba en uno de sus bolsillos un papel arrugado con tres anotaciones a lápiz: «Ser o no ser…», una cuarteta a Guiomar (de Otras canciones a Guiomar, a la manera de Abel Martín y Juan de Mairena, corregida así: «Y te daré mi canción: / Se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu balcón») y un verso suelto: «Estos días azules y este sol de la infancia…». Lo descubrió su hermano José, unos días después del fallecimiento de su madre y de su hermano Antonio. Tres reflexiones rotas, inacabadas, por una vida compleja por razón de ideología y compromiso social, que simbolizan una forma de ser y estar en el mundo como persona digna.

La cuestión de dignidad en Machado era muy clara en clave shakesperiana: había que serlo hasta la muerte. El canto al amor permanente a Guiomar, en ese momento vital tan delicado, era una premonición también digna: se canta lo que se pierde. Y…, un recuerdo constante de Sevilla, con el color azul como el de esta mañana de búsqueda, tal y como él lo recordaba junto al sol de su infancia, porque siempre fue el niño que llevaba dentro, con sus recuerdos de un patio de Sevilla y de un huerto claro donde maduraba el limonero. Muriendo en soledad sonora, pero sin abandonar el precioso retrato de su dignidad: Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar.

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Recuerdos en el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado / 2. Verdad

Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875 – Colliure, 22 de febrero de 1939)

Sevilla, 22/VII/2025 – 08:08 h (CET+2)

En este cuaderno digital figuran 224 artículos que tienen en su interior alguna referencia a la vida y obra de Antonio Machado, resaltando siempre su coherencia y excelente forma de expresar su maestría lingüística, experiencia vital, sentimientos y emociones por doquier. En esta segunda entrega de la serie, hay un hilo conductor manifiesto en torno a un proverbio que no olvido, “¿Tu verdad? No la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela” (Proverbios y Cantares, LXXXV), porque lo tengo presente en cada aquí y ahora, para intentar aprehender su significado más profundo. Lo escribí en los albores de la pandemia de 2020, cuando vivíamos momentos trágicos de incertidumbre y zozobra existencial.

Destaco de aquellas palabras una reflexión, que mantiene su actualidad plena a pesar del tiempo transcurrido, en la senda que nos trazó Antonio Machado respecto de la búsqueda de la verdad humana, que nunca nos debería ser ajena, siguiendo la máxima de Terencio: “Las mentiras políticas nos llevan de la mano al descubrimiento de la falta de verdad que hay casi siempre detrás de ellas, aunque ya estábamos avisados por los agoreros y tertulianos del Reino Mediático que nos embarga, porque “eso ya se sabía que iba a ser así”, a pesar de la defensa que personalmente hago siempre del principio de confianza en el Estado Democrático, que no se gobierna solo, porque no lo hace bien cualquiera, no debe ser inocente, como elemento crucial de la democracia que defiende exclusivamente el Interés General de la Ciudadanía (el IGC de la Democracia, más importante seguro que el PIB o el IPC que nos embarga)”.

Pasen y lean esta reflexión como homenaje de nuevo a Antonio Machado y a su circunstancia, sobre la importancia de la Verdad en la vida. Fue, es y será una lección inolvidable de responsabilidad existencial.

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Para buscar la verdad, cada uno debe guardar la suya

Uly Martín

Sevilla, 24/IV/2020

Llevo guardando mi verdad durante todos los años de mi existencia siguiendo el aserto de Machado: “¿Tu verdad? No la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. En tiempos de coronavirus tengo la necesidad imperiosa de conocer la verdad de lo que está pasando a través de la información verdadera, objetiva, contrastada, digna, bien transmitida y apeada de tecnicismos estadísticos que es muy difícil desentrañar cuando lo que nos ocupa es saber qué nos pude pasar ahora, mañana y el famoso día después el que todos hablan, en un mundo instalado en el desconcierto de amplio espectro.

El miércoles pasado asistí a la sesión del Congreso de los Diputados y fue frustrante escuchar a determinados representantes de los votantes pertenecientes a todas las latitudes de la derecha de este país, así como de nacionalismos exacerbados, lanzar exabruptos intolerables ante una situación en las que todos tenemos que unirnos ante el sufrimiento de enfermedad y muerte como nos asola, aunando voluntades como cantaba Quilapayún en homenaje a las víctimas de Santa María de Iquique. Sería injusto decir que todos los políticos son iguales, porque detecto perfectamente quién actúa y habla con la verdad conjunta, la tuya , la mía, la de muchos, no la suya solo, a pesar de todo. Las mentiras políticas nos llevan de la mano al descubrimiento de la falta de verdad que hay casi siempre detrás de ellas, aunque ya estábamos avisados por los agoreros y tertulianos del Reino Mediático que nos embarga, porque “eso ya se sabía que iba a ser así”, a pesar de la defensa que personalmente hago siempre del principio de confianza en el Estado Democrático, que no se gobierna solo, porque no lo hace bien cualquiera, no debe ser inocente, como elemento crucial de la democracia que defiende exclusivamente el Interés General de la Ciudadanía (el IGC de la Democracia, más importante seguro que PIB o el IPC que nos embarga).

Personalmente y como defensor con ardor guerrero de la Política que tanto ama Emilio Lledó, siguiendo a Aristóteles, en su ardiente impaciencia por difundir la verdad a toda costa a través de la palabra política, no quiero que cuando asista de nuevo a una sesión de ese Congreso citado, tenga que pensar inmediatamente en la advertencia de los títulos de crédito de muchas películas que tengo grabadas en mi persona de secreto: cualquier parecido de lo que se está hablando en esta sesión con la realidad es pura coincidencia.
He escrito muchas veces sobre la inquietante necesidad de búsqueda de la verdad política porque no es algo estático que se deba presuponer como el valor en las guerras, de cuya realidad no quiero acordarme ahora. A mí también me concierne una gran responsabilidad de protegerla, blindarla, no participando desde el sofá de mi casa, con silencios cómplices, en el Mayor Espectáculo del Mundo de la Mentira Política, en los medios cotillas de comunicación social y en las redes sociales, porque Todos los Políticos No Son Iguales. La verdad, como pasa con la realidad del campo, es para quien la trabaja. Hay que informarse, contrastar las noticias, despreciar los medios de comunicación tóxicos o tosigosos, instalados en la mediocridad de los bulos. Sabemos quiénes y cuántos son y es fácil quedarnos con sus cabeceras y siglas. Hay que denunciar la Mentira Política, bajo el eufemismo de bulos, porque se reviste de muchos disfraces de trajes de emperador que se venden al mejor postor de la indignidad política. Además, esta labor no es solo policial, es una tarea ciudadana de amplio espectro (como los antibióticos) de compromiso social para buscar conjuntamente la verdad, guardándonos cada uno la nuestra en este ejercicio urgente de responsabilidad ciudadana.

Con motivo de las elecciones generales en España en diciembre de 2015, escribí un post, “Si nos dijeran la verdad mentirían”, en el que finalizaba con una reflexión sobre la que hago hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día en tiempos de coronavirus: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

NOTA: la imagen se recuperó en este blog el 5 de enero de 2016, de 

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/30/actualidad/1359573194_226490.html

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Recuerdos en el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado / 1. Retrato

Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875 – Colliure, 22 de febrero de 1939)

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Antonio Machado, versos en Retrato (Campos de Castilla), 1912.

Sevilla, 21/VII/2025 – 12:16 h (CET+2)

El próximo 26 de julio se cumple el 150 aniversario del nacimiento del poeta Antonio Machado, tan presente en este cuaderno digital. Con este motivo tan especial y pasando por el túnel del tiempo, he escogido seis reflexiones sobre su vida y obra, escritas aquí con alma en cada instante donde él estuvo presente en mi vida y como homenaje a esta celebración tan especial y necesaria para consolidar la memoria histórica y democrática de este país.

Comienzo por una aproximación a su impecable “Retrato”, con objeto de recordar quién era Antonio Machado desde un autorretrato inolvidable. Así lo viví el día que me acerqué al Palacio de Dueñas, en esta ciudad que lo vio nacer y que nunca olvidó.

Este país necesita recuperar la vida y obra de este gran poeta, porque hoy es siempre todavía para hacerlo, a la hora de recordar su nacimiento con palabras que él nos entregó hace ya muchos años en sus recordados Proverbios y Cantares (VIII). A mí me quedan.

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Necesitamos recordar hoy a Antonio Machado

Patio de los limoneros. Palacio de Dueñas. Sevilla / JA Cobeña

Sevilla, 26/VII/2021

Hoy se cumple el 146º aniversario del nacimiento en Sevilla de Antonio Machado y pienso que hoy, más que nunca, debemos recordarlo también por algo que necesitamos hacer urgentemente en nuestro país, escuchar, un verbo del que debemos conjugar el presente de indicativo completo y perpetuo antes que volver a hablar de algo sin conocimiento y, muchas veces, con una gran falta de respeto hacia los demás. Vuelvo a publicar como pequeño homenaje en este cumpledías de Machado, según la expresión tan querida por Benedetti, un artículo que escribí en 2016 después de una visita pausada al Palacio de Dueñas, donde volví a sentir el alma del poeta, sus consejos, su autorretrato, su escucha, sus soledades y su silencio. Sigo pensando que la escucha atenta entre todos debería ser una propuesta de necesidad extrema en este país tan dual y cainita. Necesitamos aprender a escuchar porque no es habitual en la vida ordinaria, sobre todo cuando nos referimos a los otros. Escuchar es saber dialogar, como nos enseñó mi admirado poeta: Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad

Aquella tarde de abril, en Sevilla, lo leí otra vez en el cielo azul de Dueñas y puedo asegurar que no lo olvido, habiendo aprendido con el paso de los años que Machado adoraba el silencio, el suyo concretamente, porque sabía que sólo se debe dejar de callar cuando preguntando primero y escuchando después, se tiene algo que decir más valioso que el silencio. Probablemente, sea el momento mágico, como decía él, de distinguir de entre todas las voces sólo una, porque sabemos distinguir las voces de los ecos, porque no es lo mismo…, no es lo mismo.

España necesita recordar hoy a Machado

Esta tarde he estado muy cerca de Antonio Machado, en el Palacio de Dueñas. He paseado por el patio de los recuerdos de su infancia y de un huerto claro donde madura el limonero. Lo he sentido hoy muy cerca de mi persona de secreto. Fundamentalmente, porque echo de menos la asunción colectiva de un proverbio suyo sobre el diálogo, que me acompaña siempre. En ese patio lo he recuperado de mi memoria de hipocampo ante una carencia de diálogo, como problema de Estado que nos afecta a todos en momentos políticos transcendentales que estamos viviendo estos días.

La escucha atenta debería ser una propuesta de necesidad extrema en este país tan dual y cainita. Necesitamos aprender a escuchar porque no es habitual en la vida ordinaria, sobre todo a los otros. Escuchar es saber dialogar, como nos enseñó mi admirado poeta: Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad. Esta tarde lo leí otra vez en el cielo azul de Dueñas.

Escuchar es una actitud, un proceso de educación transversal a lo largo de la vida que no se improvisa, necesariamente acompañada de la aptitud social de la escucha atenta y activa. La persona que escucha vive instalada en el respeto mutuo, dispuesta a aprender siempre porque solo sabe que no sabe nada. La vida es una caja de sorpresas y preguntas para quien escucha porque todos los días surge una posibilidad nueva de aprendizaje. Y para el diálogo es fundamental. Este país necesita declararlo como deber fundamental de carácter casi constitucional. Nos arrollamos en las vicisitudes diarias porque no dialogamos, no solemos buscar juntos la verdad de la vida, guardando cada uno la suya.

Y volvemos al arte de escuchar, elemento imprescindible para desarrollar esta habilidad nacida para consolidarse en una actitud que se ha desarrollado gracias a la inteligencia humana, que sabe distinguir oír de escuchar, que no es lo mismo. Es lo que les ocurre a los que alardean de decir a los cuatro vientos, cuando oímos algo que no nos interesa, que “por un oído me entra y por otro me sale”, como si la inteligencia humana estuviera ausente. Acabamos de negar la quintaesencia de la escucha, porque nos instalamos en el particular reino de la autosuficiencia o descalificación ajena, negando la capacidad intelectual de elaborar el proceso de escucha atenta que nos separa de estos procesos auditivos que también desarrolla el reino animal. Es un problema que estriba sencillamente en prestar siempre la necesaria atención a lo que los demás dicen, porque probablemente podríamos darnos cuenta de que lo que hasta hoy tenía patente de corso en nuestra vida ya no es así, dado que muchas veces los demás pueden pensar y decir algo mejor que nosotros. Esta actitud nos permitiría sobrevolar, a partir de ese momento, un cielo de preguntas.

Cuando salía del Palacio de Dueñas, de su patio tan querido, he recordado también una estrofa de Retrato, un poema precioso, que me ha permitido comprender mejor cómo la escucha atenta es un compromiso activo de ética pública y privada que tanto necesita este país, sobre todo su clase política en estos días de tanta ausencia de escucha y preguntas sin respuesta alguna: Desdeño las romanzas de los tenores huecos / y el coro de los grillos que cantan a la luna. / A distinguir me paro las voces de los ecos, / y escucho solamente, entre las voces, una. Y me he perdido finalmente por las calles de su querida Sevilla, haciendo como siempre su camino al andar.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Nuevo varapalo económico de Trump a la ayuda exterior americana, que ocasionará mucho sufrimiento humano

ANESVAD

Sevilla, 20/VII/2025 – 14:36 h (CET+2)

La Cámara de Representantes (Congreso) de los Estados Unidos aprobó el pasado viernes un proyecto de ley demoledor para la ayuda exterior, con 216 votos a favor y 213 en contra, ratificando la decisión tomada por el Senado 24 horas antes por 51 a 48 votos. Un nuevo “éxito de Trump” que da continuidad a un hecho verdaderamente lamentable, en referencia a la cooperación internacional de los EEUU, cuando el pasado 3 de febrero y mediante una orden ejecutiva se cerró definitivamente la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que está ocasionando una tragedia mundial, sobre todo en países en desarrollo y grandes conflictos bélicos, así como a millones de refugiados. Los datos de este desastre son elocuentes porque la USAID “distribuyó fondos en 2023 por un valor de US$ 43.400 millones en todo el mundo”. Tal y como informa la CNN a través de este Organismo estatal, “Gobernanza es el sector que más fondos recibió: US$ 16.800 millones. Le siguen la ayuda humanitaria, que recibió US$ 10.500 millones; salud, que obtuvo US$ 7.000 millones; administración, que recibió US$ 3.500 millones. Agricultura, Educación e infraestructura recibieron US$ 1.300 millones, US$ 1.100 millones y US$ 700 millones, respectivamente. De mayor a menor, los países que más fondos recibieron en 2023 fueron Ucrania, Etiopía, Jordania, República Democrática del Congo, Somalia, Yemen, Afganistán, Nigeria, Sudán del Sur y Siria. La ayuda para Ucrania, el principal beneficiario con US$ 16.000 millones (casi el 40% del total), se centró en “apoyo macroeconómico”, según el portal de asistencia externa del Gobierno de Estados Unidos. Otro impacto del cierre de la USAID se ha publicado recientemente en la revista The Lancet, calculando que esta acción puede costar la vida a más de 14 millones de personas en los países del Sur mundial más desfavorecidos, hasta 2030, de las que 4,5 millones serán niños y niñas menores de cinco años, suponiendo asimismo un impacto potencial del recorte del 83% en los programas globales de salud de Estados Unidos respecto de su cooperación internacional. Además, al menos 60 países del Sur Global están pagando más en servicio de la deuda adquirida que en salud y educación, lo que afecta finalmente a una población alrededor de 3.400 millones de personas. 

El paquete de recortes aprobado el pasado viernes ha supuesto la cancelación alrededor de 1.100 millones de dólares para la corporación de medios pública –la televisión PBS y la radio NPR–, en el claro desmantelamiento de la información en el sector público de forma descarada y manifiesta, junto a casi 8.000 millones de dólares para programas de ayuda exterior, muchos de ellos para países con sequías, enfermedades y crisis políticas. Un paso más para completar el desmantelamiento global de la ayuda americana a los países y sus habitantes que menos tienen. Como un ejemplo puede ser más clarificador que más de mil palabras de lamentaciones ante lo que está ocurriendo en el mundo con las decisiones irresponsables de Trump, traigo hoy a colación lo que he podido conocer a través de un artículo en elDiario.es, Los recortes de Trump ya se notan en Ghana: miles de medicamentos donados, a punto de caducar por la falta de fondos para repartirlos, que a nadie con alma democrática y solidaria puede dejar tranquilo. La entradilla expone con la brevedad requerida algo verdaderamente sobrecogedor: “El desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) tiene un efecto directo en los programas de distribución de medicamentos. Miles de pastillas donadas a Ghana caducan en octubre y, sin fondos suficientes, el Gobierno no puede repartirlos antes de su expiración”. Estamos hablando de tres enfermedades tropicales desatendidas (ETD),  esquistosomiasis, oncocercosis y elefantiasis, a las que las medicinas necesarias para atenderlas no llegan porque los fondos de la USAID han desaparecido: “Miles de pastillas necesarias para tratar y prevenir una parte de las enfermedades tropicales desatendidas, donadas por grandes compañías farmacéuticas a la OMS para su posterior distribución, se acumulan desde hace meses en la Farmacia Central del Servicio de Salud de Ghana a la espera de contar con los recursos suficientes para completar el programa de administración masiva de medicamentos de 2025, según confirma a elDiario.es el responsable de este centro que almacena millones de medicamentos en Ghana”.

La terrible medida de la desaparición de la USAID, el pasado mes de febrero, supone un daño irreparable, que pone el contador en funcionamiento sobre el sufrimiento humano y fallecimientos que se estima se pueden producir de aquí a 2030, 14 millones de personas en situación de extrema vulnerabilidad, de los que hoy he escogido un ejemplo, pero que son miles de casos a diario, sin visibilidad mundial de ningún tipo: “Este año hicimos en enero el primer reparto de medicamentos y la cobertura fue del 84,5%. Ahora estamos esperando para hacer el segundo reparto. Y es aquí donde tenemos el desafío debido a Estados Unidos. Espero que lo logremos”, explica Opare [director del programa de Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD) del Ministerio de Salud de Ghana], quien detalla que han logrado el compromiso de la Fundación Gates para financiar parte del programa de administración masiva de medicamentos de este año. “No tenemos suficiente. Estamos buscando más fondos, pero ahora no tenemos suficiente”, zanja con frustración”.

Este mundo al revés se derrumba y nosotros, en democracia, tenemos que hacer lo posible porque esto no ocurra, para que esta descomposición social no la sufran los que menos tienen en todos los sentidos, porque deben ser atendidos con la dignidad humana que merecen. La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido este desastre: “La OMS ya había advertido del riesgo que entraña el desmantelamiento de la USAID para la batalla global contra las enfermedades infecciosas desatendidas. “La reciente retirada de la financiación por parte de Estados Unidos de los proyectos de ETD pone en peligro el éxito de 19 años de inversión en el esfuerzo mundial para eliminarlas”, ha lamentado la agencia de la ONU en un comunicado publicado en junio. “Si no se garantizan urgentemente mecanismos alternativos para la prestación de servicios, las suspensiones y reducciones de la AOD para la salud podrían provocar la caducidad de más de 55 millones de comprimidos para enfermedades tropicales desatendidas (ETD) para finales de 2025, solo en África”, añadió”.

Una vez más estamos avisados y la respuesta es tarea de todos, sin excepción alguna, cada uno, cada una, “en lo suyo”, siguiendo directrices de Eduardo Galeano, por ejemplo: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Véase el ejemplo de la ONG vasca ANESVAD, implicada directamente en la lucha para atender a las enfermedades tropicales desatendidas: “En Fundación Anesvad ponemos la causa por encima de todo. Creemos que las enfermedades olvidadas no deberían existir y las personas olvidadas deberían ser recordadas. Queremos que nuestro propósito no sea solo nuestro, queremos que sea también el tuyo, de todos y todas”. Sigamos de cerca el trabajo que llevan a cabo. Por ahí se puede empezar a ayudar a divulgar la necesidad de atenderlas de la forma más digna posible, a pesar de Trump.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2025, en el 89 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar, con las palabras que aún nos quedan, un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 89 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplia la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados. Como ejemplo a secundar, podemos aprender y reforzar la historia democrática de este país, viendo esta película a partir del próximo viernes 10 de noviembre en cines de este país, difundiéndola a los cuatro vientos para reforzar nuestra democracia, en momentos cruciales como los que estamos viviendo en la actualidad ante la próxima investidura progresista y de futuro alentador, cargado también de legítimas esperanzas. Como las que transmitió el maestro Benaiges a tantos niños y niñas de un pueblo burgalés, Bañuelos de Bureba, recordados hoy gracias a la magia del cine y de la memoria democrática. 

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Ningún día sin escribir, aunque sólo sea una línea

Sevilla, 17/VII/2025 – 18:05 h (CET+2)

He recordado hoy que hace tres años escribí en este cuaderno digital unas líneas que tienen una intrahistoria muy interesante y que para mí justifican por qué lo hago de esta forma hace ya veinte años, exactamente en 2005, cuando comenzaba esta apasionante aventura digital. En mi forma de entender la escritura circular, vuelvo a publicar aquella reflexión sobre la necesidad de escribir cada día, aunque sólo sea una línea (Nulla die sine línea), reforzando una vez más mi justificación de por qué lo hago, utilizando además este medio.

Si tuviera que explicar una y mil veces por qué escribo, creo que encontraría su justificación en una expresión atribuida por Plinio el Viejo al pintor Apeles de Colofón (isla de Cos, 352-308 a.C.), Nulla die sine línea, porque no pasaba día alguno sin que utilizara el pincel, aunque fuera solo para trazar una línea. Apeles era muy celoso de su trabajo y cuentan también que una vez pronunció otra frase, quizá impertinente, que tampoco he olvidado, pero que dejaba ver a través de sus pinceles su auténtica persona de secreto, Ne supra crepidam sutor judicaret: el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias. ¡Valiente atrevimiento el del zapatero! Todo, porque contemplando un día una obra suya, ya había mostrado su insolencia al hacerle un comentario, a priori constructivo, sobre un fallo en el diseño de las sandalias del cuadro. Apeles, todo orgullo, corrigió el fallo. Y cuando pensó que el zapatero ya no hablaría más, ¡zás!, vuelta a empezar. Ya no solo estaba el fallo en las sandalias, dijo el humilde zapatero, sino también en la forma de las piernas pintadas en el cuadro. No sabemos si siguió opinando sobre otras zonas del cuerpo pintado por Apeles, ante su monumental enfado. Solo que le espetó la enigmática frase que después ha derivado en otra más popular: Ne supra crepidam sutor judicaret o, lo que es lo mismo hoy día, ¡zapatero, a tus zapatos!

También sé que Jean Paul Sartre, autor muy cuidado por mí durante mis años jóvenes, la citó en su autobiografía Les Mots, pero aplicada a la escritura, quizás buscando pintar palabras: “Escribo siempre. Que más podría hacer? Nulla dies sine linea. Es mi costumbre y, además, mi oficio”. Tengo que afirmar que ahora, en mi cumpledías diario y llegado a una matusalénica edad, que diría Benedetti, procuro escribir todos los días líneas con palabras, cada día unas líneas, motivado por muchas razones que ya he expuesto en diversas ocasiones en este cuaderno digital, aunque eche de menos la caligrafía que me enseñó mi querida maestra Doña Antonia a la que nunca olvido, cuando me cogía la mano derecha para rotular mi cuaderno de “diario”, a plumilla y tinta negra, con una maravillosa letra inglesa que sólo ella sabía trazar con su sabiduría infinita.

Hace once años justifiqué por primera vez por qué escribía. Repaso aquellas palabras, en un ejemplo claro de escritura circular en este cuaderno digital, porque sigo pensando lo mismo, fundamentalmente porque forma parte de mis principios y no tengo otros. Escribir todos los días, aunque sea tan solo una línea, tiene un misterio intrínseco a su razón de ser y existir, que deseo revelar en lo que me afecta personalmente a esta pregunta . ¿Por qué escribo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida decidiendo. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora.

En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.

Después de muchos años de oficio vital, a diferencia del de Jean Paul Sartre, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel de Literatura en 2006: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”. También, porque en ese acto manifestó que escribía porque solamente modificando la realidad podía soportarla. En definitiva, lo hacía para ser feliz.

José Manuel Blecua, director de la RAE, dijo en cierta ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”.

También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, aunque tan solo sea una línea, pero con alma.

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En tiempos de odio al inmigrante, recordemos a José Mujica: nunca cultivó odio en su jardín

Dedicado a todos los inmigrantes de nuestro país, donde viven 9,3 millones de personas nacidas en otro país, casi uno de cada cinco habitantes. Hoy, especialmente, a los de Torre Pacheco (Murcia). De ellas, más de tres millones tienen nacionalidad española —alrededor del 30%—, mientras que seis millones conservan su nacionalidad de origen”. Estos datos suponen que los inmigrantes son en la actualidad el 19% de la población total. Actualmente, un millón y medio de niños y niñas de hasta 17 años nacidos en España son hijos de al menos un progenitor extranjero, lo que representa un 20 % del total. Esta proporción es aún mayor entre los más pequeños: entre los menores de 3 años, que suponen el 27 % y suman 391.000.

Son parte fundamental de nuestro presente y, sobre todo, de nuestro futuro. Respetémoslos y acojámoslos, como merecen, en nuestro extraordinario y solidario jardín llamado España, donde la mayoría de sus habitantes no cultivan el odio al inmigrante.

Sevilla, 16/VII/2025 – 10:12 h (CET+2)

En tiempos de odio a los migrantes por parte de la ultraderecha de este país, con siglas concretas, VOX, con la ayuda inestimable para ellos del silencio cómplice, fatalmente “equidistante” y medido del Partido Popular, para no condenarlo, sino señalando al unísono un único culpable, el Gobierno actual, recuerdo hoy especialmente al expresidente uruguayo José Mujica, por las palabras que pronunció en su discurso de despedida y renuncia a su escaño en el Senado de Uruguay, el 20 de octubre de 2020, en el que resalto -por nuestro aquí y ahora- sus palabras contra el odio y la necesidad de conocer qué significa hoy la libertad para la Política con mayúsculas, con una tarea que está por encima de otras: luchar por la felicidad humana, aunque parezca hoy una quimera, según sus propias palabras:

“Yo tengo mi buena cantidad de defectos, soy pasional, pero en mi jardín hace décadas que no cultivo el odio, porque aprendí una lección que me puso la vida: el odio termina estupidizando, porque nos hace perder objetividad ante las cosas, el odio es ciego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye. Una cosa es la pasión y otra el cultivo del odio”.

Sobran comentarios. Lo ideal es escuchar atentamente, de nuevo, las palabras de Mujica directamente, en su texto íntegro y contexto. La grabación que adjunto en este enlace es la que se hizo directamente en el Senado y es interesante escucharla desde el inicio. También adjunto el enlace oficial del Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores, de 20 de octubre de 2020, de la República Oriental del Uruguay, para poder leer también las palabras de reconocimiento a Mujica por parte de los senadores que representaban a los diferentes grupos políticos presentes en la Cámara, en ese acto de renuncia a la banca que le otorgó la ciudadanía, según sus palabras textuales.

No te olvido, José Pepe Mujica. Mereces bien, como tú mismo decías, el descanso eterno del guerrero.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Los “expertos” en todo, siguen copiando a Groucho y Chico Marx

Groucho y Chico Marx, en unas escenas inolvidables de Una noche en la ópera (1935)

El lenguaje del poder otorga impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo universal en nombre del desarrollo y también a las grandes empresas que, en nombre de la libertad, enferman al planeta, y después le venden remedios y consuelos.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 15/VII/2025 – 18:20 h (CET+2)

Hace tres años, en momentos difíciles para este país, escribí las líneas que siguen, que rescato hoy actualizándolas porque no han perdido un ápice de su valor. Fundamentalmente, porque sigo de cerca los acontecimientos mundiales que nos acechan por tierra, mar y aire: las guerras de Ucrania y Gaza, trumpismo en su máximo apogeo para mayor desgracia del mundo (sobre todo para los que menos tienen), corrupción muy presente en la vida política de nuestro país, cambio climático insoportable, inflación galopante a base de aranceles descontrolados, irrupción galopante del fascismo y de la ultraderecha mundial y nacional, entre otros muchos dignos de señalar. Detecto que lo que hay detrás, en bastantes ocasiones, es un lenguaje vacío y lleno de lugares comunes por parte de los «expertos» correspondientes que se permiten hablar sobre ellos, también sobre todo lo que se mueve, algo que recogió ya Eduardo Galeano en su libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés, un libro de cabecera en mi biblioteca o clínica del alma. Bajo el epígrafe El lenguaje de los expertos internacionales, en la clase dedicada a la impunidad de los exterminadores del planeta, obviamente de la democracia, dice lo siguiente: “En el marco de la evaluación de los aportes realizados al redimensionamiento de los proyectos en curso, centraremos nuestro análisis sobre tres problemáticas fundamentales: la primera, la segunda y la tercera. Como se deduce de la experiencia de los países en desarrollo donde se han puesto en práctica algunas de las medidas que han sido objeto de consulta, la primera problemática tiene numerosos puntos de contacto con la tercera, y una y otra aparecen intrínsecamente vinculadas con la segunda, de modo que bien puede decirse que las tres problemáticas están relacionadas entre sí. La primera…” (1).

Leyéndolo con atención, nos damos cuenta de que no dicen absolutamente nada, porque son palabras huecas, sin sentido alguno. Suenan igual que las que pronuncian Otis B. Driftwood (Groucho) y Tomasso (Chico), en sus respectivos papeles en “Una noche en la ópera”, en una crítica mordaz sobre la burocracia y el formalismo aparente en la sociedad contemporánea, que personalmente lo llevo hoy al contrato social, que también existe, entre los representantes de los Gobiernos más la oposición, respecto de sus votantes. El lenguaje político que nos llega en estos días del Congreso, se convierte en algo muy parecido a lo expresado por Groucho Marx en la película citada: “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato… Oiga ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como esta? La cortamos”. Ante la situación que vivimos, efectivamente, en el Congreso de los Diputados, donde sería importante que se comprometiera todo el arco político con el “estado lamentable de la nación”, acosada por los problemas internacionales de inestabilidad política por el avance de la ultraderecha política y las guerras que nos asolan, hemos visto que el método de los Hermanos Marx ha resultado infalible para el ala de la derecha y su ala ultra con siglas conocidas por todos, porque poco a poco van cortando todas las cláusulas del contrato social “firmado” en las elecciones para quedarse al final con una, la llamada por ellos “cláusula sanitaria”, después de haber leído más de ocho cláusulas que, finalmente, desaparecen con un hilo conductor que ellos mismos aceptan cuando Chico Marx dice: “Ahora en esta parte que sigue hay algo que no le gustará, a lo que responde Groucho: “Bien, su palabra es suficiente para mí”, rompiendo una vez más esa parte del contrato y diciendo con voz engolada: «Dígame, ¿la mía es suficiente para usted?», a lo que Chico Marx responde: «¡Desde luego que no!» Sobran palabras, eufemísticamente hablando, para explicar este escuálido contrato, no digamos cuando ocurre en el contrato social de la representación política y sus votantes, apoyadas por las grandes decisiones de los expertos en todo. La palabra no sirve para nada, porque no les queda cuando casi todo es corrupción y casi nadie se fía de nadie, aunque se parte de un aserto falso: todos los políticos son iguales, cuando la verdad objetiva es que no es así. Dicho sea de paso y en defensa de muchos políticos honrados.

Pero “la cosa” no acaba ahí para determinados expertos nacionales en la política, por ejemplo, que están sentados en el Congreso. Cuando ya no queda casi nada del contrato marxiano, Groucho y Chico, en sus respectivos papeles, abordan la cláusula final que es lo único que les queda del escuálido documento original:

Chico: “Espere, espere. ¿Qué es lo que dice aquí en esta línea.

Groucho: Oh, eso no es nada. Una cláusula común a todos los contratos. Solo dice.… dice… ”si se demostrase que cualquiera de las partes firmantes de este contrato no se haya en el uso de sus facultades mentales, quedará automáticamente anulado en todas sus cláusulas”.

Chico: Pero yo no sé si…

Groucho: No se preocupe, hay que tomarlo en cuenta en todo contrato. Es lo que llaman una cláusula sanitaria.

Chico: Ja, ja, ja… no me diga que ahora tenemos que vacunarnos.

Groucho: (dándole la flor del ojal de su chaqueta) Tenga, se la ha ganado por idiota.
Chico: Gracias”
.

La cláusula sanitaria es el final de esta hilarante o esperpéntica escena, como también lo es cuando el contrato social con nuestros representantes políticos se rompe, se destroza en una trituradora de corrupción, máquinas de fango y malas formas de gobernar. La contaminación política de la corrupción es de tal calibre que se corrompe casi todo, por encima de todo la inteligencia, la corrupción mental, motivo por el que es necesario estar vacunado con la ética personal y colectiva, ante la epidemia de corrupción de amplio espectro que nos embarga. No me extraña que a modo de respuesta de Chico contra la mentira y la indignidad de la falsa política: “¡no me diga que ahora tenemos que vacunarnos”, Groucho, cuando entrega la flor de su ojal, reacciona en 1935 ante la otra parte contratante igual que aquél famoso asesor de Clinton cuando en la campaña presidencial de 1992 dijo una frase que ha pasado a la posteridad: ¡Es la economía, idiota! o lo que es hoy lo mismo, ¡es la corrupción, idiotaque no te enteras! En palabras de Galeano, algo parecido: “En el marco de la evaluación de los aportes realizados al redimensionamiento de los proyectos en curso, centraremos nuestro análisis sobre tres problemáticas fundamentales: la primera, la segunda y la tercera. Como se deduce de la experiencia de los países en desarrollo donde se han puesto en práctica algunas de las medidas que han sido objeto de consulta, la primera problemática tiene numerosos puntos de contacto con la tercera, y una y otra aparecen intrínsecamente vinculadas con la segunda, de modo que bien puede decirse que las tres problemáticas están relacionadas entre sí. La primera…”.

Comprendo mejor que nunca una frase de Emilio Lledó que me marcó para siempre: “Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia”. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario por tanto comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo, según atribución popular, el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Sobran palabras. Sobre todo, de determinados «expertos en todo», políticos y tertulianos de turno, porque la verdad brilla en ellos por su ausencia, cuando siguiendo de nuevo a Groucho Marx lo que deberían hacer es «estar callados y parecer tontos, antes que hablar y despejar las dudas definitivamente».

(1) Galeano, Eduardo, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 2003 (9ª edición). Madrid: Siglo XXI de España Editores, p. 223.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La calidad está en caída libre: nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

Antoine de Saint-Exupéry, Lo esencial es invisible para los ojos, en El principito

Sevilla, 14/VII/2025 – 12:34 h (CET+2) / Actualizado a las 13:42 h

Ayer leí un artículo en el diario El País, El asombroso fenómeno de la calidad menguante, sintetizado en el título que he escogido hoy para compartir sentimientos y emociones en un mundo que parece diseñado por el enemigo: nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

La verdad es que es demoledor el planteamiento general de su autor, Daniel Soufi, pero lo comparto plenamente. Sobre todo en la siguiente reflexión: “La disonancia entre quienes somos y quienes fuimos se retroalimenta con el contraste —quizá más importante— entre quienes somos y quienes queremos ser. Aunque es un impulso lógico culpar a las multinacionales que maximizan sus márgenes de beneficio a costa de los consumidores, y a los gobiernos cuyos recortes asfixian unos servicios públicos ya de por sí depauperados, la lógica mercantil es irrefutable: las cosas no son peores; en gran medida, son tal como las queremos o como nos las han hecho querer. Dicho de otro modo: quienes somos de peor calidad somos nosotros”.

La última frase es un aldabonazo en mi alma de secreto, porque la conclusión es rotunda y aleccionadora. Somos ya, como generación, de peor calidad, porque no sabemos responder a los fraudes continuos de calidad en el Gran Mercado Mundial y sus Mercancías, en la seguridad de que nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

Recuerdo ahora ante esta debacle de la calidad humana y de los millones de cosas y objetos que nos vende el Mercado, como banal mercancía, una frase de El Principito, lo esencial es invisible para los ojos, pronunciada por el zorro que se convierte en amigo del principito, al finalizar su famoso capítulo XXI:

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

Es un relato perfectamente válido en el contexto actual, digital por supuesto, donde la calidad superficial es casi siempre relativa o inexistente. En este sentido, la lectura de libro, No-cosas. Quiebras en el mundo de hoy, me sorprendió en su momento por su fondo y forma, sobre el que ya he escrito unas palabras de su texto y contexto, sin adelantarme a interpretaciones críticas de su contenido para respetar la lectura del mismo por parte de quienes leen estas líneas. Me refiero en concreto a un capítulo dedicado a las “cosas queridas”, “apreciadas”, de “calidad”, perdurables en el tiempo, en el que entreteje una reflexión profunda desde la perspectiva de la amistad del principito con el zorro. Este capítulo, en sí mismo, es un tratado de la amistad que va más allá de las meras apariencias y se adentra en el conocimiento del otro, perfectamente detallado en un diálogo en torno a la falta de tiempo que tienen las personas para conocer nada, porque todo se compra en la tiendas:

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

Al buen entendedor de la calidad menguante, pocas mercancías actuales bastan.

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