Si nos dijeran la verdad, mentirían…

LA VERDADUly Martín

Estamos asistiendo a un espectáculo político de consecuencias imprevisibles en el corto plazo legal para la investidura del nuevo Presidente y de la constitución del Gobierno correspondiente en nuestro país, aderezado por la crónica de la situación catalana anunciada, como entorno nada amable para ver el final del túnel en el que hemos entrado tras las elecciones generales y, obviamente, las de Cataluña.

Cuando pasado mañana llegue la normalidad de la vida diaria, después del paréntesis de la navidad real del villancico con el que finalizaba Plácido (la película canónica para estas fechas) y que cantábamos en mi infancia madrileña aunque yo no fuera consciente de lo que estaba haciendo y diciendo: “en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá”, descubriremos que los Reyes nos han dejado cuatro momentos históricos en el tiempo transcurrido desde el 20 de diciembre de 2015. Por un lado, la soledad del Presidente en funciones, ganada a pulso. Por otro, la debacle socialista por el acoso y derribo del candidato que hace solo tres semanas le acompañaban en olor de multitud en su propio partido. En tercer lugar, la caída casi definitiva de Artur Mas i Gavarró gracias a la CUP, en la que tanto confió para sorpresa de todos, cuando sabíamos que eran agua y aceite en la caldera política y que sitúa a Cataluña en el camino de unas nuevas elecciones. Por último, los regates en corto de los dos partidos emergentes con el correctivo de la realidad numérica de las urnas que traducen la voluntad popular limitando sus posibilidades.

El resultado de las urnas, democrático por supuesto, ha dado por finalizado el bipartidismo, pero ha abierto un panorama de fragmentación política que tiene que inaugurar una nueva etapa en España de diálogo y consenso, a marchas forzadas y con inexperiencia real en un país de contrarios y dual por antonomasia. Tenemos que aprender que la virtud está en el término medio y que los escaños son algo más que un número redondo, es decir, la probable suma de muchos “con tu quiero y mi puedo” anónimos y manifiestos simbolizados en líderes políticos que practican la verdad verdadera. Todo muy obvio, pero un reto por nuestra especial idiosincrasia histórica y actual.

El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión con retranca gallega de fondo que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era.

Sevilla, 5/I/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado el 5 de enero de 2016, de http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/30/actualidad/1359573194_226490.html

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