El destino suele jugar… con vidas pasadas

Sevilla, 5/XI/2023

Una breve sinopsis de la película Vidas pasadas, reconocida internacionalmente en los festivales Sundance y Berlinale de este año, intenta explicar algo que a veces se nos escapa del espíritu, sobre todo en nuestro mundo occidental, tan falto de alma, ese soplo de vida tan difícil de asimilar a veces, el implacable destino, pero que puede llegar a sustentar los momentos más difíciles de nuestras vidas: “Nora y Hae Sung, dos amigos de la infancia con una fuerte conexión, se separan cuando la familia de Nora emigra desde Corea del Sur. Dos décadas más tarde, se reencontrarán en Nueva York durante una semana que les enfrentará al amor, el destino y las elecciones que componen una vida. Este desgarrador romance moderno, protagonizado por Greta Lee, en el papel de Nora y Yoo Tae-o, en el de Hae Sung, cuenta con una banda sonora compuesta por Christopher Bear y Daniel Rossen, dos de los miembros fundacionales de la banda Grizzly Bear”. A partir de aquí suceden muchas cosas en esta película, dirigida por la dramaturga coreana-canadiense Celine Song, en una exposición bella de rasgos de su propia vida, que ayer pude ver en el cine tradicional, un lugar que recientemente he ensalzado a través de otra película excepcional, Retratos fantasma, dirigida en este caso por el cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho. Probablemente, porque vivo instalado en mi Cinema Paradiso imaginario, que tantas veces he citado en este cuaderno digital, el Cine Ideal de mi infancia aquí en Sevilla, ¡qué denominación tan sugerente!, del que yo oía tan sólo con cuatro años las bandas sonoras de ese cine tan querido en la ciudad, agarrado a los hierros del balcón de mi habitación que daba a la calle Becas. Creo que ahí nació mi amor por el llamado séptimo arte (Ricciotto Canudo, 1911), algo parecido a lo que le ocurrió a Totó el protagonista de la película citada anteriormente, Cinema Paradiso, que preside desde hace bastantes años la cabecera de este blog.

La película te sumerge desde sus primeros planos en la filosofía de vida coreana, tan alejada a veces de la nuestra o tan cercana en bastantes ocasiones, según se mire, porque desde el primer momento comprendí perfectamente los sentimientos de los dos protagonistas de la película. Somos el resultado de una vida, del azar y de la necesidad, que yo intenté aprehender a través de un autor de culto, Mircea Eliade, cuando era muy joven. Lo que sí he vivido ha sido la fuerza del destino, imprevisible casi siempre. Los primeros planos ofrecidos por el tráiler, son un aviso para navegantes, porque si quieres comprender tu vida, debes asumir lo que significa el destino, algo que en Corea tiene todo su sentido: “Hay una palabra en coreano, in-yun, que significa providencia o destino. ¿Y tú crees en eso? [pregunta a Nora la pareja de la protagonista, un escritor americano]. Sólo es algo que dicen los coreanos, para seducir a alguien”. El título de la película refleja el sentido pleno de esa palabra extraída del budismo coreano, in-yun, la providencia, el destino, que une a dos personas por encima de todos los avatares de la existencia, simplemente poque hace muchos años, miles por ejemplo, alguna vez sus almas estuvieron enlazadas. Ahí está el secreto del mensaje de la película, aunque la protagonista lo desacralice al explicarlo como recurso propio ante la pérdida de su identidad, en un conformismo personal y social muy preocupante en almas emigradas. 

Si algo me entusiasmó de la película fueron sus silencios continuos, la ausencia de palabras, sobre todos los de las secuencias finales, porque las miradas lo decían todo… La directora lo ha resumido muy bien: “La película se trata en gran medida de señalar una vida ordinaria y momentos extraordinarios en una vida ordinaria, hablar de eso y dejar espacio para sentirlo. […] El villano de esta película son 24 años y el Océano Pacífico. Para mí era necesario sentir Seúl y Nueva York, sus diferencias y similitudes. Y sentir a los niños coexistiendo con los adultos, que la contradicción existiera al mismo tiempo. Por eso tenía sentido que esta historia se contara en una película. […] Además de las partes que dejas atrás, que se convierten en una vida pasada, la historia conecta conmigo por ser una inmigrante de un continente a otro”, dice. “Pero también eso conecta con cualquiera porque te has cambiado de ciudad o de profesión”.

He leído que la directora ha vivido en directo algo que es terrible para un emigrante: la pérdida de su identidad. Por esta razón, la película se hace aún más bella: se recupera la memoria histórica de un amor, basado en la importancia del simple roce de una persona paseando por la calle, por ejemplo, porque ese puede llegar a ser el destino, aunque recuperarlo en plenitud, cuando pasa el tiempo “perdido”, sea ya algo imposible. En este contexto, he recordado algo que me pasó también cuando vi otra excelente película que, salvando lo que hay que salvar, trata de este asunto a la europea, pero que también puede ser vivido con el sentimiento coreano del amor. Me refiero a Los años más bellos de una vida, dirigida por Claude Lelouch, a la que dediqué unas palabras cargadas de sentimientos y emociones después de verla y sentirla. La película trata de un reencuentro también, en este caso en torno a un amor perdido en las vidas pasadas de dos personas que se quisieron hace ya muchos años. También nos transmite realidades muy duras en la vida de las personas mayores: la enfermedad del olvido selectivo o Alzhéimer, la vida en común obligada cuando se vive en una residencia de mayores, la ausencia de movilidad en el sentido pleno de la palabra, las ausencias, las fiestas organizadas para alegrarnos la vida incluso cuando lo que se requiere es silencio interior, la soledad acompañada y sonora, los horizonte lejanos, la moviola de la vida disponible en los momentos que determinadas neuronas lo permiten, el amor alojado en neuronas que no se borran, los flashback que circundan la memoria de hipocampo, las sorpresas de quienes nos quieren de verdad. Escuché entonces, atentamente, a Claude Lelouch en una entrevista cuando hablaba de la realidad de la mirada, porque los ojos nunca mienten, porque siempre nos queda la mirada de alguien a quien queremos. Ahora, los silencios de las miradas de Jean-Louis y Anouk en su reencuentro. Anoche las de los dos protagonistas cuando eran niños, jóvenes o adultos. En aquella ocasión me pareció excelente ver Los años más bellos de la vida, porque me permitió soñar de nuevo, hacer viajes casi imposibles, utilizar la tecnología para perpetuar los reencuentros a través de un selfi (autofoto), porque da igual casi todo, excepto el amor verdadero: la autoridad, las prohibiciones, la cicatería en el amor. El reencuentro en Nueva York, en Vidas pasadas, me pareció de una belleza hermosa. Aunque sé que viendo de nuevo a Lelouch siempre quedará París, recorrido de punta a punta gracias a su dirección de cámara, en un plano secuencia memorable, utilizando un corto suyo de ocho minutos (Era una cita) para transmitirnos que el mundo solo tiene interés hacia adelante cuando respetamos el amor de cada presente. Incluso en las tinieblas del Alzhéimer, con una banda sonora de fondo gracias a Francis Lai. Incluso con los semáforos en rojo de la vida. Sobre todo, si alguien nos espera al final de un largo camino y en una cita inolvidable.

Lo recordé anoche en la despedida de los dos protagonistas de Vidas pasadas, en la visita de él a su querida Nora en Nueva-York, sin dar más datos para no caer en espoiler. A veces, sólo queda el silencio para interpretar el destino en nuestras vidas. Sabemos que cada uno, cada una, a pesar de todo, sigue sólo con lo suyo, pero la realidad es que nunca se podrá decir ya “con lo nuestro”. En clave europea, solemos decir que el destino estaba escrito, pero tomando conciencia de que, a veces, juega… con nuestras vidas pasadas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Cervantes, como cine, sigue también con nosotros

Sevilla, 3/XI/2023

Un documental premiado en la Semana Internacional del Cine de Valladolid 2023, Retratos fantasma, me ha recordado lo que hemos vivido en esta ciudad en relación con la feliz reapertura del cine Cervantes, la sala cinematográfica más antigua de Sevilla, que data del siglo XIX, al haber cumplido en el pasado mes de octubre 150 años de existencia. No ha sido fácil el proceso de supervivencia sufrido desde su cierre con motivo de la pandemia y gracias al esfuerzo encomiable de una plataforma ciudadana, Cervantes es cine, así como de la empresa que ha decidido continuar con la actividad cinematográfica de esta sala legendaria, podemos disfrutar ya de su misión posible como espacio para los reencuentros ciudadanos a través del cine.

Cine Cervantes – Sevilla

El pasado mes de febrero, la empresa hizo un comunicado oficial del que destaco algunos de sus párrafos: “Nos complace informar que en el último consejo de administración de MENDIVIL SA (UNIÓN CINE CIUDAD) se acordó por unanimidad suspender el desmantelamiento previsto de las instalaciones del CINE CERVANTES, con objeto de conceder un plazo destinado a facilitar una posible reapertura del mismo, adecuando la viabilidad económica del local. Se encomienda al presidente del consejo el realizar las gestiones necesarias que posibiliten la apertura y la continuidad del cine, manteniendo en todo caso la función original y nuclear de exhibición comercial de películas cinematográficas y añadimos también que conservamos la esperanza de celebrar en el próximo mes de octubre sus 150 años de historia, de entretenimiento y de espectáculo para disfrute de la ciudad de Sevilla con el local abierto y en pleno funcionamiento. Agradecemos igualmente la intensa y desinteresada actividad de la plataforma cultural de apoyo “Cervantes es cine” y la de todos y cada uno de los miles de ciudadanos que la han apoyado con su firma, que han conseguido, con su ilusión y con su aliento, insuflarnos los ánimos necesarios para reemprender el duro e ingrato camino que ya habíamos abandonado ante la desidia, el desinterés y la pasividad que hasta ahora habían mantenido las administraciones públicas”.

Asimismo, las palabras finales de este anuncio, que finalmente se han convertido en una realidad con la reapertura llevada a cabo la semana pasada, dan feliz cumplimiento a los compromisos adquiridos con la ciudad, sin dejar atrás el esfuerzo llevado a cabo por la plataforma “Cervantes es cine”: “Agradecemos igualmente la intensa y desinteresada actividad de la plataforma cultural de apoyo “Cervantes es cine” y la de todos y cada uno de los miles de ciudadanos que la han apoyado con su firma, que han conseguido, con su ilusión y con su aliento, insuflarnos los ánimos necesarios para reemprender el duro e ingrato camino que ya habíamos abandonado ante la desidia, el desinterés y la pasividad que hasta ahora habían mantenido las administraciones públicas”.

Creo que lo sucedido con el cine Cervantes en esta ciudad, en pleno auge de la gentrificación, es decir, la okupación del centro de la ciudad por el capital puro y duro, permite comprender bien el mensaje que el cineasta brasileño nos transmite en Retratos fantasma, expresado con hermosa objetividad en el artículo dedicado a este director y a esta película en eldiario.es, Cerraré los cines con mis lágrimas, la emotiva carta de amor a las salas de Kleber Mendonça Filho, del que recomiendo su atenta lectura: “Aunque en Retratos fantasma se muestre ese deterioro del tejido cultural en el centro, también presenta a las salas que resisten pese a todo y todos. Por ello, Mendonça Filho no es pesimista. “Fui a ver la nueva película de Scorsese al cine Max Linder en París, que tiene 600 butacas, era el pase del mediodía y estaba lleno. Salí, y la siguiente sesión también estaba llena. Es verdad que París es una ciudad especial en este aspecto, pero en Recife quedan dos cines espectaculares. También es cierto que hay 90 pantallas de multisalas en las que no puedes distinguir mucho lo que se proyecta en ellas y que tienes la nueva de El exorcistaen 25 salas, y eso es deprimente. Yo no tengo problemas con el streaming, veo películas en plataformas, en Blu-ray… creo que el problema es el mercado, que te dice que no consumas más música en formato físico porque todo lo tienes en tu móvil en streaming. Soy optimista, pero se necesita inversión. Inversión pública para crear una red de cines públicos, bien equipados, que tengan diversidad en la programación”. Una defensa de lo público como forma de defender el urbanismo de los ataques exteriores y para convertir a los cines en centros neurálgicos de las ciudades porque, como se escucha en Retratos fantasma, “los cines son lugares para la bondad”. Excelente definición del cine como medio de encuentro de personas y del gozo legítimo, humano, cuando contemplamos la magia de sus imágenes y actores con mensajes dentro.

NOTA: la imagen del Cine Cervantes ha sido recuperada de https://www.sevillaactualidad.com/cultura/531600-el-cine-cervantes-anuncia-su-reapertura-y-volvera-el-27-de-octubre/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Las guerras transmiten un miedo global a denunciar

UNRWA ESPAÑA – Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo. 

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.

Eduardo Galeano, El miedo global

Sevilla, 2/XI/2023

No tengo miedo de decir y denunciar una gran vergüenza mundial por los silencios cómplices internacionales ante el exterminio gradual de la población civil palestina en Gaza, en una aplicación inapropiada de la Ley del Talión en Gaza, como respuesta a los asaltos de Hamás, también injustificables, que propició la respuesta desproporcionada de Israel. En este contexto, Eduardo Galeano está muy presente en mi vida ordinaria y recurro a él casi a diario para intentar comprender este mundo al revés y patas arriba. Precisamente en su afamada escuela de ese loco mundo, escribió unas palabras en un libro de texto que llevo siempre en mi mochila de viaje interior, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, con un título muy cercano a la realidad mundial actual, El miedo global (1), no sólo en Ucrania, Israel y Hamás en Gaza, sino también en otras guerras casi olvidadas, pero que existen, fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor, reconociendo en estos momentos que lo que está pasando y estamos viendo en Israel y Gaza da miedo, sintetizado en uno de sus mensajes manifiestos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra y un corolario anterior: Los militares tienen miedo a la falta de armas, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo en el que la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

En 2009 escribí unas palabras en relación con la sempiterna ocupación de territorios palestinos, concretamente Gaza, por parte de Israel, Puentes para la franja de Gaza, en una guerra larvada durante muchos años, que llega a nuestros días: “Desde que comenzó la invasión de la franja de Gaza estoy intranquilo por coherencia con la perspectiva ética digital que propugno, en el sentido de que la Noosfera, de la que formo parte activa mediante este cuaderno, no debe quedarse tranquila en este caso con la mera visualización de imágenes dantescas, en aquel escenario, transmitidas de forma puntual por las agencias de información. Y he recordado la simbología del puente, desde sus orígenes arquitectónicos, como forma de establecer elementos de comprensión y diálogo entre las partes implicadas, las latentes y manifiestas, para que este duro proceso atisbe su fin inmediato. Desde nuestras posiciones a distancia el conflicto no pasa a veces de ser una mera noticia, luctuosa por supuesto, pero como algo lejano sobre lo que como ciudadanos nuestra implicación parece algo imposible. Pero no es así. Todo es desproporcionado, simbolizado en la lucha permanente entre David y Goliat. Y el mundo calla. Callamos casi todas, casi todos. Lo verdaderamente curioso es que tenemos ejemplos extraordinarios de activismo pro-diálogo de Palestina e Israel, tales como el esfuerzo del director Barenboim, a través de la Fundación Barenboim-Said, para aunar esfuerzos en diseñar puentes entre jóvenes músicos judíos y palestinos, con la orquesta “West-Eastern Diván”. Los esfuerzos diplomáticos, múltiples, que desde hace años se llevan a cabo para desterrar el principio bíblico acerca de que los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz. La perspectiva de bloqueo y descalificación mundial en relación con cualquier atisbo terrorista, lleve la marca que lleve. Pero, de nuevo vuelve la guerra abierta, con resultados de muerte física, psicológica y social, de un millón y medio de personas que malviven en la franja de Gaza”. Por eso pensé en aquella ocasión en los puentes, con una idea que aprendí un día de un ingeniero romano excelente, Cayo Julio Lácer, el autor material del puente de Alcántara, en Cáceres, al expresar de forma rotunda que “la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra (ars ubi materia vincitur ipsa sua). Sería una gran lección en estos días, que el mundo cercano y lejano al Oriente en guerra demostrara que la grandeza misma del diálogo, que también es arte, es superada por la grandeza del diálogo sincero y comprometido con la justicia y el derecho internacional en el escenario palestino-israelí. Por esa gran obra: “Puentes, puentes, puentes. Sería una buena forma de completar una nueva inscripción mundial para los derechos humanos compartidos que recogiera también las palabras que seguían al primer aserto comentado: “El ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente para que durase por los siglos en la perpetuidad del mundo”. O lo que sería lo mismo: los ilustres mandatarios israelíes y palestinos, una vez demostrado que el diálogo supera el arte de hablar y callar, construyen la paz entre los dos pueblos para que dure por los siglos en la perpetuidad de su pequeño mundo”.

En 2020, año central de la pandemia, escribí en una serie dedicada al futuro imperfecto sobre lo que vendría después de la pandemia, que necesitamos ahora más que nunca: seríamos capaces de superar el miedo. Decía también algo que era necesario rescatar en su fondo y forma, cambiando lo que hay que cambiar en referencia a la guerra en Ucrania e Israel con Hamás, porque en este tiempo de miedo existencial, a lo que fue, a lo que será, a lo que ahora mismo está pasando y estamos viendo, creo que Galeano lo resume todo en un futuro imperfecto que supone tomar conciencia del miedo a la libertad de asumir o no lo que será después de esta guerra y a lo que será de y en nuestras vidas, si el espíritu imperialista de Rusia o de ocupación de territorios de la Palestina histórica, por parte de Israel, siguen por estos derroteros, después de años de guerra asfixiante parta Ucrania y casi un mes en Gaza, para el mundo global. En el fondo, es el miedo legítimo a la libertad del día después de unos acontecimientos de la magnitud que nos está tocando vivir.

Por estas razones bélicas, he vuelto a buscar razones de la razón humana en la clínica del alma cercana a mí, mi biblioteca, leyendo palabras que tengo grabadas en mi persona de secreto, que también rescato ahora junto a las de Galeano, en un esfuerzo por encontrar sentido a la vida. Cuando leí por primera vez El miedo a la libertad, de Erich Fromm, recuerdo que lo que más me impactó fue su página de presentación anterior al prefacio, que me ha acompañado a lo largo de mi vida, siendo uno de los libros que llevo siempre en mi búsqueda permanente de islas desconocidas viajando en patera, en mar abierto, como tantas veces he descrito en este cuaderno de derrota, en el lenguaje del mar:

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.

Este texto, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto introductorio de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) a las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento.

Vuelvo a repasar hoy, palabra a palabra, el texto expuesto en el libro de Fromm, porque nos puede ayudar a comprender lo que se llegó a pensar de la libertad humana en tiempos en los que lo más importante que había que hacer, visto cómo estaba la sociedad en general, una época también de guerras mundiales, era reforzar al ser humano por encima de todas las cosasTe puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Se comprende perfectamente que el miedo a la libertad estriba en la decisión de abordar el futuro imperfecto actual como brutos (no hacen falta muchas explicaciones) o hacer “cosas superiores” que nos devuelvan la alegría de vivir despiertos y libres en el necesario Renacimiento del Mundo, que algunos llaman ahora “Resiliencia Mundial”, que nadie entiende ahora con guerras como la de Ucrania o Gaza. Ese es el gran reto para saber qué significa tener miedo a la libertad de querer vivir con dignidad en un mundo que las guerras ponen otra vez al revés, como si no supiéramos lo que son.

Hoy quiero compartir con quienes hojean las páginas de este cuaderno digital, personas que están pre-ocupadas (con guion) como yo, lo que está pasando en el mundo, en Ucrania, en Israel y Gaza, en nuestro país, en nuestra Comunidad Autónoma, porque las guerras y sus daños colaterales nos afectan a todos, aunque de forma desmesuradamente desigual. Nada nos es ajeno, las guerras actuales tampoco, porque es humano lo que analizamos a diario, con noticias de actualidad que nos conmueven y nos conturban, que nos dan miedo. Eduardo Galeano hace el resto, para enseñarnos a convivir con el mundo al revés, para entenderlo sobre todo, porque sé que estamos obligatoriamente obligados a hacerlo. Fundamentalmente, porque sabemos que la democracia tiene miedo de recordar / el lenguaje tiene miedo de decir. / los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas. Y que… las armas tienen miedo a la falta de guerra.

(1) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Es urgente la respuesta ante los abusos sexuales en la Iglesia Católica y el papel de los poderes públicos

Sevilla, 31/X/2023

Una vez más, he sentido el síndrome de Bartleby el escribiente, a través de su famoso aserto, preferiría no hacerlo, es decir, mi contención a la hora de abordar un problema lacerante de la Iglesia Católica, los abusos sexuales, pero la respuesta tibia de ayer, por parte de la Conferencia Episcopal Española, me ha dado el último empujón ético para escribir la palabras que siguen. He necesitado unos días para conocer con el detalle que merece el documento que ha presentado el Defensor del Pueblo, “Informe sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos. Una respuesta necesaria, con casi 800 páginas, dando cumplimiento a la encomienda recibida del Congreso de los Diputados tras la aprobación de una Proposición no de Ley (PNL), el 10 de marzo de 2022, que contó con el voto a favor de la mayoría de los grupos políticos de la Cámara Baja, redactada en los siguientes términos: “El Congreso de los Diputados encomienda al Defensor del Pueblo, Alto comisionado de las Cortes Generales para la defensa de los derechos fundamentales, que proceda a constituir una Comisión independiente, presidida por él, con el encargo de elaborar un Informe sobre las denuncias por abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos”.

Ante la citada petición parlamentaria, el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo Pujol, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, como signo de agradecimiento por el trabajo llevado a cabo bajo su dirección, que culmina con el citado Informe, afirma en la presentación del mismo, concretamente en el resumen elaborado a tal fin ante la abrumadora información que contiene el informe general, que “[…] es necesario dar una respuesta a una situación de sufrimiento y de soledad que durante años se ha mantenido, de una u otra manera, cubierta por un injusto silencio. Cabe decir que lo que ha sucedido ha contado con ese silencio, el de quienes pudieron hacer más, o de otro modo para evitarlo. Se subraya que no es cierto que todos lo sabían, pero es así mismo cierto que no es verdad que nadie lo supiera. El presente informe responde a una necesidad social, ética y política expresada por la ciudadanía. A la par, y esto es lo decisivo, responde a lo que las víctimas de abusos sexuales vienen requiriendo. Para empezar, ser escuchadas, atendidas y correspondidas. Ellas son el sentido primero, el sentido último y el sentido central de este informe. Lo que en última instancia pretende este informe es que se asuma la responsabilidad, lo que implica responder de, responder ante y responder a. Y esta respuesta necesaria exige que el presente Informe contribuya a una toma de conciencia aún mayor de la cuestión, y a dar efectivamente una respuesta a las víctimas, una respuesta exigida por ellas con buenas razones, y por la sociedad. Sin duda, este asunto tiene no poco de escandaloso. Lo es y lo sería aún más el pretender hoy no abordar lo sucedido, amparándose en la conciencia mal entendida de que pueden perjudicarse convicciones, valores o principios vinculados a las creencias de personas concretas, o de determinados sectores de la ciudadanía. Ahora bien, parece haberse asentado ya, incluso en no pocos de esos ámbitos, la percepción de que tratar de evitar el escándalo de que se conozca lo sucedido produciría un daño mayor, el mayor de los escándalos, el escándalo de lo silenciado, con repercusiones institucionales graves e imprevisibles. Y, desde luego, personales. Entonces, la conciencia social asentaría, con buenas razones, un verdadero juicio social. Porque, en todo caso, siempre ha de tenerse presentes a las víctimas y anteponerlas a cualquier otra consideración. Es necesario responder”.

Recomiendo la lectura, comenzando por el citado Resumen, para hacer más llevadera la comprensión de lo que allí se describe, con datos que se pueden corroborar de forma objetiva en el informe general y en los anexos correspondientes, porque creo que es la única forma de emitir juicios bien informados. Hoy, comprendo mejor que nunca las palabras atribuidas por Rafael Alberti a San Pedro en la Basílica romana de su nombre en relación con el ciudadano Jesús, al que recordamos todos los años en dos acontecimientos cruciales de su vida, el nacimiento y la muerte, para “salvar al mundo”. Pedro (Francisco hoy), como responsable de lo que pasa en la Iglesia con lo expuesto en el Informe citado y como símbolo también del Papa, cardenales y obispos varios, con un insoportable silencio cómplice de algunos príncipes de la cita Iglesia, porque todos no son iguales, creo que hoy diría de nuevo las palabras asombrosas escritas por Alberti ante tanto escándalo protagonizado por sus variados representantes en la Tierra, como bien se detalla en el documento:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Espero que la iglesia de “pescadores” en el río revuelto actual, que también existe, dé una respuesta digna a las víctimas de lo ocurrido, anteponiéndola a cualquier otra consideración. No hay lugar a duda alguna: es necesario y urgente responder, asumiendo previamente las responsabilidades correspondientes, tanto de la Iglesia como de los poderes públicos, que tampoco han hecho mucho por descubrir y atender dignamente esta dura realidad a lo largo de décadas de sufrimiento para centenares de miles de víctimas de los hechos constatados y descritos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Ideología a través de un viejo roble

Quienes comen juntos, permanecen juntos

Palabras, en El viejo roble

Sevilla, 30/X/2023

Estoy muy atento en las singladuras diarias hacia islas desconocidas. En esta ocasión ha sido una película del director Ken Loach, El viejo roble, que nunca ha hecho un cine inocente, sino siempre cargado de ideología. Curiosamente, ha ganado recientemente el Premio del Publico en la Sección Oficial de la Semana Internacional del Cine de Valladolid, así como el Premio a Mejor actor, Dave Turner, lo que me ha confirmado que estamos necesitados de reconocer, en estos tiempos tan modernos y difíciles, que necesitamos ideología, cada día, como Juan Ramón Jiménez pensaba del amor y de la poesía, salvando las distancias.

Ken Loach sigue haciendo de las suyas a través del cine, en un momento crucial de su matusalénica edad, 87 años, que diría Benedetti, junto a su guionista preferido, Paul Laverty, un inseparable en su trabajo cinematográfico, tan dilatado en el tiempo. En esta ocasión, la breve sinopsis de la película deja entrever un mensaje que personalmente me interesa rescatar en este país tan cainita y dual, en el que la derecha y su principal aliada, la derecha del más allá, muestran signos de fobia a casi todo lo que se mueve, sobre todo si son emigrantes sin retorno: “The Old Oak [El viejo roble] es el último pub que queda en un antiguo pueblo minero en el condado de Durham, al noreste de Inglaterra. Debido a que se están cerrando las minas, la gente se está yendo del país. Por lo tanto, las casas aquí son baratas y están vacías, razón por la cual los refugiados sirios se alojan allí. Uno de ellos, la joven Yara, se hace amiga de su casero”.

Lo importante de su mensaje, sin incurrió en espóiler, es destacar el hilo conductor de la película que, según Loach (1), “[…] completa una especie de trilogía con ‘Yo, Daniel Blake‘ y ‘Sorry We Missed You’. Las anteriores analizaban las consecuencias de las políticas neoliberales que han acabado por dictaminar que si eres pobre es por tu culpa. La pobreza ha acabado por ser un crimen y tienes que ser castigado por ello. Si no aceptas lo que te dice el Estado, te cortan los subsidios. La jornada de ocho horas, la asistencia médica, las vacaciones pagadas… Todo eso ha vuelto a estar discutido en la economía gig [2]. La nueva película mira a las zonas que han sido abandonadas y donde la industria ha desaparecido. Son lugares que se han convertido en forraje para la extrema derecha donde el racismo señala desde los medios y desde determinados políticos a los inmigrantes como la causa de todos los males. Y, obviamente, no lo son. No son ellos los que destruyeron nuestra sanidad ni los que causaron la crisis de vivienda ni los responsables de la crisis climática. Y es ahí, en efecto, en la sociedad abandonada donde nació la película, que fue idea de Paul”.

Otra visión la he obtenido de una entrevista recogida en elDiario.es, “Ken Loach: La izquierda necesita un líder radical para desafiar al sistema económico”, donde Loach manifiesta sin lugar a duda alguna cuál es el hilo conductor de la película, a través de otra entrevista aleccionadora, de la que entresaco una respuesta excelente ante la pregunta sobre el mensaje de esperanza que transmite su última obra: “Si no tenemos esperanza no podremos ver que tenemos la fuerza para poder hacer cambios radicales que salvaguarden el planeta, cambios para tener una sociedad igualitaria que no nos explote. No veremos que podemos vivir en paz. Para lograr todo esto necesitamos confianza en que hay un camino y en que tenemos la fuerza para seguir ese camino. Creo que esa es la definición de esperanza, entender que puedes mejorar las cosas. Si crees que no puedes mejorar las cosas, entonces eso te lleva a la desesperación, y cuando estás desesperado, buscas a alguien fuerte, o a un grupo fuerte para que resuelva tus problemas por ti. Esa es la esencia de las películas de Hollywood. Ya sabes, el vaquero con armas muy grandes que entra en el pueblo y dispara a los malos. Eso no es esperanza. Esa es la política de la desesperación, y quien capitaliza eso es la extrema derecha. La extrema derecha es el último recurso de las grandes corporaciones, de las grandes empresas. Fueron las grandes corporaciones las que apoyaron a los nazis en los años 30 y alentaron el populismo y fomentaron el racismo. Lean la prensa, miren los medios, miren a los políticos que los representan. Son políticos que hablan de enjambres de inmigrantes. Hablan de ser invadidos por inmigrantes. Ese es el caldo de cultivo para la extrema derecha y, por supuesto, algunas personas desesperadas caen en la trampa porque es una respuesta fácil. La esperanza es política. No puedes esperar que las cosas pasen porque cruzas los dedos. Que las cosas ocurran es cosa tuya. Hay un camino a seguir, y la gran piedra sobre la que podemos construir ese camino es la solidaridad. Solidaridad con las personas que huyen de la guerra, del hambre, del cambio climático cuando su tierra se vuelva insostenible. Esa es nuestra esperanza, y la esperanza nos da confianza y fuerza para hacer cambios”.

Una vez más el cine es un medio fantástico para avanzar en mensajes de liberación del alma humana y de solidaridad para enfrentarnos a un mundo convulso que da muy pocas posibilidades, a veces, de sobrevivir dignamente ante el enemigo disfrazado de mil maneras posibles. Es algo que deberíamos aprender de Loach, porque a través de pequeñas cosas y gestos diarios podemos mejorar el mundo en el que vivimos y somos. Es lo que responde cuando le preguntan si ha sentido alguna vez que sus películas han logrado cambiar algo, por pequeño que sea: “Me gustaría decir que sí, pero creo que no. Son sólo películas, luego depende de lo que hagas al salir del cine. Espero que al menos haya dado mi apoyo a quienes exigen luego los cambios, o que haya generado preguntas en la mente de la gente. Espero que, al menos, por un momento, haya dado una pequeña sacudida al poder establecido. Pero, al final, se trata sólo de unas pequeñas películas europeas. Somos una voz dentro de un coro. Un coro que pide un cambio radical. Pero hay un ruido mucho mayor, más ruidoso, el de aquellos que quieren mantener las cosas como están porque se están beneficiando temporalmente de ello. Y tienen voces mucho más fuertes. Controlan la prensa, controlan la radio y difunden su hipocresía, sus mentiras y su racismo. Pero la gente puede ver la realidad de sus vidas y creo que, si podemos aprovechar eso, les podremos hacer mirar y conocer la gran desigualdad y el gran peligro en el que nos encontramos. La solidaridad es la clave. Si podemos arrimar nuestro hombro, eso es lo máximo que podemos hacer”. Excelente reflexión. Los robles viejos tienen también una misión que cumplir: dar fortaleza a la vida, al alma humana, tal y como aprendí hace muchos años del mejor elogio que se podía hacer a la encina: dar corazón.

¡Gracias, Ken Loach y Paul Laverty! Hoy, como un símbolo de solidaridad mundial, me uno a la protagonista de la película, Yara, para decirlo también en sirio: ¡Shucran!,

(1) Ken Loach: «Existe una autocensura producto del miedo que dictamina que si criticas a Israel eres antisemita» | Cine (elmundo.es)

(2) Gig economy – Qué es, definición y concepto | 2023 | Economipedia 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Feria del Libro, del Libre, porque la cultura no es adorno, sino ancla

Irene Vallejo

Sevilla, 29/X/2023

Visitando ayer la Feria del Libro de Sevilla, recordé a la excelente escritora Irene Vallejo, por el contenido aleccionador del pregón que pronunció en el acto inaugural de la Feria del Libro de Zaragoza, en 2019, que transcribo en sus frases finales, porque resumen a la perfección el amor a los libros, el hechizo de la lectura y su poder transformador de la sociedad:

“Es maravilloso encontrar los libros en la calle, los lunes y los martes y los viernes al sol. Durante muchos siglos permanecieron guardados en los palacios de los ricos, en los grandes conventos, en las mansiones más suntuosas, en los pisos principales de las casas nobles. Eran emblema de lujo y privilegio. Las bibliotecas solían ser estancias en mansiones con techos pintados y escudos heráldicos. Exigían un conjunto de accesorios básicos: muebles de madera con volutas y puertas acristaladas, escaleras de mano, atriles giratorios, enormes mapamundis, mayordomos con plumero. Hoy hemos quitado los cerrojos a los libros y les hemos calzado zapatos cómodos. Los hemos traído a la plaza, donde nadie tiene negado el acceso. Esto no ha sucedido por arte de magia. Es la cosecha de años de educación y transformaciones sociales. En escuelas. En institutos. En universidades. En bibliotecas ciudadanas y rurales. Desde las Misiones Pedagógicas a los clubs de lectura. Desde las instituciones públicas a los dormitorios donde los niños cierran los ojos acunados por un cuento de buenas noches. Ha sido un gran esfuerzo colectivo.

Tres de mis abuelos fueron maestros rurales. Conocieron una época en la que no todos aprendían a leer, y mucho menos podían tener libros. Ellos, mis dos abuelos y mi abuela, se ganaron la vida humildemente enseñando las letras, las cuatro cuentas y muchos cuentos. Quiero recordar a la gente de esa generación, que vivió los años duros de guerra y posguerra, y tuvo que trasplantar sus esperanzas a la vida de sus hijos y nietos. Nos quisieron más listos, más libres, más sabios, más lectores, más viajeros, con más estudios que ellos. Nos enseñaron que la cultura no es adorno sino ancla. Se vieron obligados a podar sus ilusiones, pero regaron las nuestras. Nos animaron a crecer, a leer y a levantar el vuelo.

Somos su sueño.

Por eso, por ellos, por nosotros, por el futuro, bienvenidos todos, bienllegadas todas, a la feria de las dobles y las triples vidas. A la feria de los libros y de los libres”.

En otra parte del pregón, comprendí bien el significado del lema de este año en esta Feria de Sevilla, El hechizo de la lectura, a través del cartel que contemplé, una y mil veces, a lo largo de mi recorrido por las diferentes casetas, porque Irene Vallejo descubrió, siendo niña, que leer era un hechizo:

Fui una niña a la que contaban cuentos antes de dormir. Mi madre o mi padre me leían todas las noches, sentado el uno o la otra en la orilla de mi cama. El lugar, la hora, los gestos y los silencios eran siempre los mismos: nuestra íntima liturgia. Aquel tiempo de lectura me parecía un paraíso pequeño y provisional –después he aprendido que todos los paraísos son así, humildes y transitorios.

Y yo me preguntaba ¿cómo caben tantas aventuras, tantos países, tantos amores, miedos y misterios en un fajo de páginas claras manchadas con rayas negras, con patas de araña, con hileras de hormigas? Leer era un hechizo, sí, hacer hablar a esos extraños insectos negros de los libros, que entonces me parecían enormes hormigueros de papel. Después aprendí yo misma la magia de leer patas de araña. Qué maravilla entonces acompañar a mis padres a las librerías y elegir mis propios libros: flores de papel, cordilleras plegables, letras minúsculas, mares mayúsculos, planetas portátiles. No había ya vuelta atrás. Desde entonces tengo que zambullirme a diario en el océano de las palabras, vagar por los anchos campos de la mente, escalar las montañas de la imaginación”.

Lo expuesto anteriormente lo sentí ayer, en su fondo y forma en mi persona de secreto, porque es verdad que la Feria del Libro, también lo es para las personas Libres, las que piensan que la cultura no es un sueño imposible, un adorno inocente, a veces inútil, sino un ancla o un noray cuando arrecia la tempestad de la cara menos amable de la vida. Sobre todo y como aprendí en un libro sobre las preguntas de Pablo Neruda, porque en estos tiempos tan revueltos, es verdad también que la esperanza en un presente y futuro mejor, para todos, hay que regarla todos los días con el rocío de la lectura. Y no olvido que este mensaje aleccionador lo descubrí, un día ya lejano, en un libro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Inaccesibles al desaliento

Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Hannah Arendt

Sevilla, 27/X/2023

Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, donde vivo, que también existe, como me recuerda con frecuencia Benedetti en su Soneto del pensamiento: «[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos«. Un antídoto extraordinario, también, es asumir el principio de realidad de unas palabras de Hannah Arendt, que no olvido: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

A pesar de estos refuerzos éticos, es muy difícil en estos tiempos tan modernos, tan críticos en diferentes frentes de nuestras vivencias diarias, permanecer inaccesibles al desaliento, no inasequibles, porque somos personas, no mercancías, como aprendí hace años de las lecciones magistrales de don Fernando Lázaro Carreter, cuando abordaba el mal uso de este adjetivo en su extraordinaria obra, El dardo en la palabra: […] la confusión no es sólo vulgar; pero es confusión, y debe ser evitada. Se trata, simplemente, de que no se aplica con rigor el adjetivo debido, y se acude a otro que se le parece. Tampoco los precios son asequibles, sino baratos, razonables, ajustados, justos… Son las cosas a que corresponden tales precios las que pueden serlo. O no, en cuyo caso son inasequibles. Lo que no puedo comprar o entender es para mí inasequible. Ténganlo en cuenta quienes se precian de ser «inasequibles al desaliento». Merecen nuestra enhorabuena, pero digan, por favor, inaccesibles y hablarán con propiedad”. Esta aclaración encomiable, viene precedida de un contexto lingüístico que tampoco tiene desperdicio: “Asequibles son sólo las cosas que pueden adquirirse para poseerlas; cosas variadísimas, que van desde las ideas a los garbanzos; y si no, léanse estos dos fragmentos tan dispares: «La gracia abrillanta las ideas, las adorna, las hace amar, las adhiere a la memoria, vierte sobre ellas una luz que las vuelve más asequibles y claras» (W. Fernández-Flórez, 1945). «Entre los garbanzos, tan vulgares y tan asequibles entonces, la carne de morcillo era lo selecto» (A. Díaz Cañabate, 1936). Con tales pasajes a la vista, bien claro está que calificar de asequible a una persona, es prácticamente desacreditarla como venal. ¡Qué distinta cosa hubiera dicho de aquella condesita Bretón de los Herreros [«La condesita, / aunque bocado de prócer, / es humana y accesible» (1838)], llamándola así! Aunque el paso se ha dado: el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón hace pensar de este modo a una dama, en una de sus espirituales novelas: «Era menester mucho aplomo y mucho dominio de sí misma para, sin preferencias por ninguno, ser con todos amable y asequible«. ¡Caramba con la dama! ¡Qué bien hubiese quedado el novelista escribiendo ahí accesible!”.

Aclarado este error histórico en el tratamiento no inocente de las palabras con las que nos relacionamos a diario, lo más importante de resaltar en esta locución es enfrentarse al significado de “desaliento”, lo que verdaderamente preocupa al mundo en este momento por su generalización, que el diccionario de la lengua española tiene claro desde el primer momento,  decaimiento del ánimo, desfallecimiento de las fuerzas, llevándonos en directo a la palabra “desalentar” que, personalmente, es la que más me interesa en esta reflexión: quitar el ánimo a alguien. Con este circunloquio de palabras no inocentes, llegamos de nuevo a lo que pretendo analizar hoy: estamos viviendo una época en la que es difícil mantener una conducta inaccesible al desaliento. Si dejamos que las circunstancias actuales, en política por ejemplo, nos quiten el ánimo, es decir, la actitud, la disposición, el temple, el valor, la energía, el esfuerzo, la intención, la voluntad, el carácter, la índole, la condición psíquica de cada uno, de cada persona, es probable que perdamos la última acepción de este lema en nuestro vocabulario diario, porque al final nos quitan el fundamento principal del ánimo, el alma, el espíritu de cada uno como principio de la actividad humana.

Como a estas alturas de mi vida sólo me queda la palabra, sé el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Sobre todo porque temo un correlato fácil, el conformismo, si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana. El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de la frase en cuestión, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivo, al desaliento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

El manifiesto encanto de la lectura

María Hesse, El hechizo de la lectura, Cartel de la Feria del Libro 2023, en Sevilla.

Sevilla, 26/X/2023

Hoy se inaugura la Feria del Libro de Sevilla, en su edición de 2023, que cuenta con una aportación extraordinaria y programática de la ilustradora onubense María Hesse (Huelva, 1982), mediante un cartel en torno a un lema ‘El hechizo de la lectura’, que tiene como protagonista a Remedios Varo, pintora surrealista de inicios del siglo XX, en el que pone a la literatura a dialogar con otras disciplinas artísticas. Así lo presenta la organización oficial de la Feria la Asociación Feria del Libro de Sevilla y el Ayuntamiento de la ciudad: “El hechizo de la lectura es el letimotiv de la imagen de esta edición, en la que la ilustradora evoca la figura de Remedios Varo, conocida pintora surrealista de inicios del siglo XX que también se prodigó en el campo de la literatura con una obra muy personal y un imaginario en el que, al igual que Hesse, toman protagonismo lo onírico y lo mágico”. Confieso que he vivido con emoción esta presentación en sociedad de Remedios Varo, a quien no conocía, algo habitual por haberse posicionado del lado republicano en la guerra civil. ¡Cuántos silencios y olvidos cómplices! ¡Qué gran aportación y homenaje a su persona y obra mediante este cartel! Otro logro del respeto debido a la memoria democrática de este país. Gracias, María. También, a la organización de la Feria del Libro 2023, por este detalle tan importante.

Escojo en este día tan importante para la ciudad de Sevilla, una referencia a determinadas palabras que pronunció la poeta Carmen Camacho en el discurso inaugural de esta Feria 2023, el pasado 22 de octubre, por su contenido sentido y lleno de elogios a la lectura, a los editores, a quienes escriben y a quienes aman el mundo de los libros en general, porque expresó “un elogio de la lectura como acto de resistencia, de la celebración de las nuevas voces y públicos y del orgullo de las letras -y la escena- sevillana”: “Quiero comenzar hablando de lo que más importa en una feria de libro: del libro y sus dos caras, la de la escritura y la de la lectura. No voy a descubrirles mediterráneos si les cuento que leer, lo que sea, desarrolla las entendederas, el pensamiento conceptual y abstracto. Pues imagínense qué bueno, si lo que leemos son letras, actuales y clásicas, a la vanguardia, es decir, palabra como materia artística y pensamiento puesto en pie. No hay cosa más subversiva que esa tan quieta de leer un buen libro detrás de otro libro, a poder ser que confronten unos y otros ideas y estéticas. No hay cosa más subversiva que esta tan quieta de leer un buen libro detrás de otro, por lo que abren dentro, y por el hecho mismo de hacer un remanso de silencio y sostener amorosamente la atención sobre la página. La mera actitud de la lectura representa una sublevación inmóvil en este mundo hiperactivo y distraído. Cierto es que en cualquier feria hay ruido y libros de vanguardia y de retaguardia al rebufo de las modas comerciales. Pero hay un tipo de libro para cada lector, y esta feria es un puente. Digo más, la programación de coloquios, conferencias y presentaciones de la Feria, como vamos a poder ver, se centra en la literatura y en el pensamiento crítico, en una propuesta bien formada e informada, confeccionada con criterio y conocimiento. Me consta que en ello intervienen informados expertos”.

Ahora, hay que ir a la Feria y acariciar sueños, porque el lema de este año es una atracción en si mismo, El hechizo de la lectura, en un contexto que la poeta Carmen Camacho también citó en su intervención, como un sentido homenaje a Ítalo Calvino, a mi parecer, en el centenario de su nacimiento: “Y los libreros y libreras: sin su misión nada de esto es posible. Las librerías tienen, además, una militancia en algo que me parece muy importante: la localización, física, la de construir un espacio y en él un refugio y un lugar de encuentro, un espacio de verdad en un barrio, en una calle, que sea un lugar de referencia para dar de leer, para que entre cualquiera y el librero o librera nos conozca por nuestro nombre y sea un poquito nuestro farmacéutico intelectual, y nos acompañe en la elección de las lecturas. Desde la pasada feria a esta, se nos han ido como el rayo algunas librerías que nos dieron de leer como las panaderías nos dan el pan. Estos son los mimbres con los que la asociación Feria del Libro de Sevilla – con el apoyo del Consistorio, la Junta, la Diputación, el Ministerio, y no sin dificultades de tipo técnico, administrativo, de coordinación…- levanta por varios días -ay, Ítalo Calvino- una ciudad invisible en pleno centro, con una programación variada y valiente, donde pasan muchas cosas que después siguen pasando por los adentros y en las casas de las gentes que se duermen al arrullo de un librito”. Hoy, una vez más, como siempre, me he acordado del autor italiano al que tanto aprecio, cuando me he acercado a la pantalla en blanco del ordenador para redactar estas líneas, siguiendo la recomendación literaria que un día ya lejano aprendí de él en El arte de empezar y el arte de acabar: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial”. Cuando nos acercamos a la lectura de un libro nos puede suceder algo parecido, porque estamos ante una página escrita que nos puede decir todo o nada, pero lo importante es cuando sentimos que su lectura nos deja una huella indeleble, probablemente para toda la vida, algo esencial, que decía Calvino.

Lo que me pasa al escribir estas palabras es que sé lo que me pasa cada vez que se acerca la Feria del libro, porque no olvido a Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, que tenía tres grandes proyectos en su vida: distinguir el norte del sur, leer a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y abrir una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee, en una dialéctica permanente de razón y corazón. Ahí reside el encanto de la huella de la lectura, la que dejan precisamente algunos libros. Su hechizo. El que ha expresado con encanto la ilustradora María Hesse en el cartel de la Feria de este año, como hilo conductor de la misma.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

¡Cuéntame películas!

La vida es más difícil, márchate, el mundo es tuyo, no quiero oírte más, sólo quiero oír hablar de ti. Hagas lo que hagas, ámalo. 

Alfredo a Totó en Cinema Paradiso, 1988.

Sevilla, 25/X/2023

Desde que tengo uso de razón, he escuchado en bastantes ocasiones la expresión “no me cuentes películas”. Craso error, quizás inducido por la famosa frase en los títulos de crédito de multitud de películas, cuando se advertía que cualquier parecido con la realidad de lo que podía ver “era por pura coincidencia”, siendo lo cierto todo lo contrario. Recuerdo ahora a la excelente escritora Irene Vallejo, cuando en su libro El futuro recordado, afirma que, “a pesar de expresarnos así, lo cierto es que entendemos mejor los mensajes si tienen forma narrativa y la mente asimila mejor los datos nuevos si están enhebrados en anécdotas, aventuras o ficciones. Así que, en realidad, bien podríamos decir: “cuéntamelo con una película” o “cuéntamelo como una novela”. El relato, tanto en sus diferentes formas audiovisuales o literarias, constituye una forma de conocimiento que no puede ser sustituida por otro discurso”. Las frases coloquiales en torno a las películas, despectivas generalmente, tales como “se ha montado una película de lo que le ha pasado” o “allá películas”, muestran la cara menos amable de este excelente recurso cultural.

Lo expuesto anteriormente viene a colación por el estreno mundial de ‘La contadora de películas’, dirigida por la realizadora danesa Lone Scherfig (An Education) y protagonizada por Bérenice Bejo (The Artist), Antonio de la Torre y Daniel Brühl, está basada en el libro homónimo de Hernán Rivera Letelier: “una carta de amor al cine y homenaje al arte de narrar historias”, según RTVE, que se estrenará el próximo 3 de noviembre en nuestro país, en la que se relata la vida de una familia en el desierto de Atacama (Chile), de acuerdo con la sinopsis que facilitó en septiembre Radio Televisión Española: “Años 60, desierto de Atacama, Chile. María Magnolia es una mujer que a pesar de vivir bajo difíciles condiciones, trata de transmitir a su hija, María Margarita, su pasión por el arte, y ella se convertirá en la contadora de historias de un pueblo chileno, donde la mayor parte de sus habitantes no pueden pagarse una entrada de cine, pero les trasladará el poder de los sueños. […]  Refleja las turbulencias políticas en las épocas de Frei, Allende y la llegada de Pinochet, y revive la decadencia de los históricos pueblos mineros del salitre en el norte de Chile, además de revelar los recuerdos incalculables enterrados en nuestras raíces históricas asociados al viejo cinematógrafo en una época de transición. María Margarita (Bérenice Bejo) ha heredado el amor por el cine de su madre. Y en su caso, demuestra ser una talentosa intérprete, transformándose en el escenario cuando le cuenta a su familia empobrecida (que solo pueden permitirse una entrada de cine entre ellos) las imágenes que ha visto en el único cine de la ciudad. Pronto se convertirá en la estrella más destacada de la comunidad. Los mundos exóticos, alienígenas y épicos que descubre en la pantalla despiertan en ella un profundo amor por la narración y, como «narradora de películas», transporta a su audiencia a nuevos mundos, permitiéndoles olvidar su trabajo y escapar de las dificultades de su vida cotidiana. A través de la lente de su fértil imaginación, estas historias cobran vida para su gente, inspirándolos con la esperanza de que, al igual que el “Espartaco” interpretado por Kirk Douglas, puedan seguir luchando. Al cumplir los sueños de su madre, María es una luz brillante para la gente de Atacama. La cinta con guion de Walter Salles, Rafa Russo e Isabel Coixet es una celebración de nuestra capacidad para desafiar incluso las circunstancias más duras, para encontrar amor, comunidad, inspiración y esperanza donde parece que no la hay. A través de las historias que tejemos podemos elevar nuestras vidas con emoción humana compartida”.

Aprendí hace muchos años una gran lección del cine que muestra compromiso social activo: hoy empieza todo. La película homónima, dirigida por Bertrand Tavernier, me enseñó algo transcendental para abordar la dura realidad diaria para ser y, no tanto, tener. Cuando el autor del guion, Dominique Sampiero explicó por qué se puso este nombre a la película, Hoy empieza todo, se comprende mejor la clave ética, porque lo que ocurre en la vida diaria, en cada momento, es lo contrario a un cuento de hadas. Lo contrario de Había una vez. Es verdad que hoy empieza todo. Momentos como este te hacen ver que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando se asiste a la proyección de determinadas películas, siguiendo de cerca las explicaciones de Dominique Sampiero, un gran corazón late, se alarma, va más despacio… Todos los rostros miran en la misma dirección, la gran pantalla del cine de toda la vida donde se proyecta La contadora de películas, en este caso. Este impulso es, probablemente, el que nos acompañará siempre al recordarla y nos permitirá conducir esta microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor.

Confieso que en mi vida he tenido siempre una debilidad cinematográfica, entre otras muchas, que me ha marcado para siempre y que me lleva a tener una deuda no saldada con su magia tantas veces oculta. Me refiero a lo que llamo personalmente “el síndrome de Errol Flynn”, un gran actor de mi infancia madrileña, que me ha acompañado a lo largo de mi azarosa vida. He avanzado muchas veces por desfiladeros existenciales que están situados en zona comanche permanente, pero sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse, con la botonadura dorada reluciente y sin una mota de polvo en su traje y botas de montar, avanzaba con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto), sabiendo, eso sí, que al final del desfiladero podía estar siempre Olivia de Havilland (Beth) para fundirse en un abrazo eterno y casto, como si no pasara nada, que arrancaba aplausos eternos en el patio de butacas del Cinema Paradiso de mi infancia, el Cine Ideal en Sevilla. Lo de menos era ya el final desastroso de la película, de cuyo nombre no quiero acordarme, en un país que estaba necesitado de escenas edulcoradas y de cartón piedra, porque lo importante era y será que nunca hay que rendirse ante la adversidad de la indignidad humana.

Sinceramente confieso que, a diferencia del clásico aviso en los títulos de crédito de antes, cualquier parecido de lo aquí contado con la realidad de lo que he visto y vivido en la película de mi vida, no ha sido una pura coincidencia. A partir de hoy es probable que en determinadas ocasiones, recordando a Irene Vallejo, sea yo el que solicite a las personas que aprecio y amo, que cuenten lo que sienten como si fuera una película o un cuento, para el caso es lo mismo. De lo que estoy convencido en este aquí y ahora, personal e intransferible, es que nunca más se me ocurrirá decirles, sobre lo que me cuentan, una frase aparentemente inocente, pero que puede llegar a ser el mayor de los desprecios, «para mí, lo que te pasa, allá películas”. Les aseguro, compañeros y compañeras del patio de butacas en el Gran Cine de la Vida, que les diré siempre “cuéntame lo que te pasa, por favor, como si fuera una película”, porque sé que lo que les ocurre es pura y verdadera coincidencia con lo que sienten y sufren en ese momento mágico de confidencias sentidas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Miguel Hernández vuelve con nosotros porque… aún tiene la vida

Imagen congelada del reportaje Telediario 2: Miguel Hernández, por primera vez en vídeo (rtve.es), en el que figura el poeta y que he destacado en rojo.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández, en El herido (II), publicado en El hombre acecha, 1937-1939.

Sevilla, 24/X/2023

Miguel Hernández aún tiene la vida, sigue con nosotros, desgraciadamente no con todos, sino sólo con los que tenemos conciencia democrática y respetamos día a día, golpe a golpe, verso a verso, la memoria histórica de este país. Anoche lo pude comprobar tras el reportaje que presentó Carlos del Amor en el Telediario2, donde se podía ver a Miguel Hernández en vivo, como asistente al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura, celebrado en el Ayuntamiento de Valencia el 4 de julio de 1937. La sinopsis de este hallazgo sorprendente lo deja claro: “Sabíamos cómo sonaba su voz y se conservan fotografías, pero nunca antes habíamos visto imágenes en movimiento de Miguel Hernández. El Telediario muestra la que probablemente sea la única filmación en la que aparece el poeta alicantino. Se rodaron en 1937, el autor del «Rayo que no cesa» tenía 26 años y acudía al segundo congreso de escritores en defensa de la cultura. Todo empezó gracias a un espectador de TVE”. Conviene verlo plano a plano, despacio, para sentirlo muy cerca, no sentado en butacas, sino en la escalera.

Me llamó la atención que este encuentro ya lo había citado en este cuaderno digital el pasado 31 de marzo de este año, en un artículo, Las imágenes de Walter Reuter refuerzan la memoria democrática, en el que resaltaba la importancia del hallazgo y posterior tratamiento científico de las fotografías encontradas en 2016, en lo que se conoce como “la lata de Walter Reuter”, una lata de película que guardaba celosamente el biólogo Guillermo Fernández Zúñiga “en lo alto de un armario”, creador del llamado “cine científico”, que compartió con el fotógrafo alemán misiones importantes durante la Guerra Civil, en el Comisionado de Propaganda de la República. En ella se encontraron más de cuatro mil negativos que, en un principio, se atribuyeron a Fernández Zúñiga, pero que después de un laborioso trabajo de investigación se sabe que unos dos mil doscientos eran obra indiscutible de Reuter. Fruto de este trabajo de investigación es el hallazgo de la foto que abría anoche el reportaje del Telediario2, porque la identificación de la camisa clara y el pantalón oscuro de Miguel Hernández, que se aprecian perfectamente en esta imagen, casaban perfectamente con los planos de una película muy deteriorada que se conserva de este evento y en los que se ve a Miguel Hernández, por primera vez, en movimiento, porque tenía todavía la vida.

Miguel Hernández, a la salida del Ayuntamiento de Valencia, al finalizar la sesión de apertura del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. Domingo 4 de julio de 1937. ©Walter Reuter. FGFZ.

Personalmente, escucho con frecuencia la voz de Miguel Hernández, en el único archivo sonoro que se conserva, que invito a escucharla de nuevo, en una grabación realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la “Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Después de escuchar su voz, vuelvo a ver estas imágenes extraordinarias de Miguel Hernández aún vivo, las únicas que hasta ahora se conservan. Escuchándolo y viéndolo ahora de nuevo, me consuela saber que nos quedan las palabras de su poema completo El herido (II), del que he extraído los versos de la cabecera de este artículo, para grabarlas en la mente y en el corazón de los que siempre hemos respetado lo sucedido en la guerra civil y defendemos a diario la reconciliación y transición después de la muerte del dictador, leyendo pausadamente e intentando comprender el mensaje de esas palabras escritas con el corazón por Miguel Hernández, porque sufro en muchos momentos de desconcierto político las heridas del amor, de la muerte y de la vida en mi cancionero de ausencias de ideologías y compromiso activo para luchar por un mundo mejor y lejos de las mentiras y medias verdades en las que nos tenemos que desenvolver a diario.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!