¡Amazon, me ha conectado con un “humano” para ayudarme!

Sevilla, 22/10/2023

Hace unos días tuve un incidente con la entrega de un envío de Amazon y para solucionarlo entré en su portal, donde me daban explicaciones estandarizadas y automatizadas sobre lo ocurrido, brindándome finalmente y pasados unos días de larga espera, la oportunidad de elegir un chat, porque de esa forma podía “llegar rápido dónde quería ir” (textualmente). La sorpresa vino a continuación porque me informaban que “nuestro asistente de mensajería averigua rápidamente con qué necesitas ayuda y lo soluciona inmediatamente o te conecta con un humano para que te ayude”. ¡Aleluya! Viene siendo una práctica habitual en los servicios de atención al cliente, que todo esté automatizado, deshumanizado, en una palabra, sin intervención “humana” alguna por la parte contratante, que diría Groucho Marx, con gran desesperación y pérdida de tiempo casi siempre, porque por mucho que avancen los asistentes virtuales, mucho más ahora con la inteligencia artificial, nada es tan necesario como el contacto humano, no digamos cuando el interlocutor que demanda un servicio es una persona mayor o con escasos recursos de aprendizaje digital.

La verdad es que me sorprendió ese ofrecimiento, porque fue a través de este “contacto humano”, posiblemente desde la perspectiva de un «extraterrestre» (así me podía sentir), como pude resolver el problema, que tenía muchos matices difíciles de transmitir y abordar en una interrelación persona-máquina. Creo que se ha llegado a una situación difícil de entender por los “humanos”, como denomina Amazon a sus “agentes” de atención al cliente. El contacto terminó con otra realidad que se da en nuestro país, en la mayoría de los servicios de atención al cliente: los “humanos” del otro lado, con los que entablé ese contacto tan deseado y necesario, eran latinoamericanos. Nada fue tan confortable como su despedida: ¡Lindo día!, aunque me deje muchos interrogantes sobre la ausencia de contratación de estos servicios y las personas correspondientes en este país, tan falto de trabajo cualificado.

Es una anécdota real como la vida misma, pero si escribo hoy sobre ella en este cuaderno digital, es a modo de denuncia por la proliferación sin medida de la sustitución de personas por máquinas virtuales en empresas de servicios, plataformas virtuales y también en la Administración,  que en muchas ocasiones son “incapaces” de entender las cuestiones que se plantean, con gran desesperación de los demandantes de información o servicios. Creo que habría que poner freno legal a estas situaciones y garantizar siempre la atención humana, personalizada, desde el primer momento en el que se descuelga el teléfono para solicitar estos servicios, porque comparto con el escritor Hans Magnus Enzensberger algo que dijo en relación con las tecnologías digitales al referirse a las ciudadanas y ciudadanos, cuando son considerados por los profesionales digitales como “ignorantes molestos”, porque estos “divinos y gurús“ de lo que él llamaba “cajas pragmáticas” utilizan las tecnologías desde la atalaya de la autosuficiencia empresarial que corresponda, algo que desgraciadamente también ocurre en la Administración, cuando definen e instalan tecnologías sin mezcla alguna de implantaciones sensatas, porque no es lo mismo instalar que implantar.

Como he afirmado en diversas ocasiones en este cuaderno digital, nada digital me es ajeno, como casi todo lo que rodea mi vida personal y profesional, que no es inocente. Recuerdo que Cremes, un personaje curioso que protagonizó una obra del dramaturgo Terencio, El enemigo de sí mismo, pronunció una frase al comienzo de la obra, inolvidable, profunda, que no ha perdido su frescura a pesar de los siglos que han transcurrido desde que se escribió en un texto y contexto muy concretos: Hombre soy; nada humano me es ajeno (Homo sum; humani nihil a me alienum puto). Hoy, vuelvo a agregar a esta frase excelente un nuevo adjetivo, digital, que me ha acompañado de forma expresa desde hace ya muchos años, cuando leí una obra iniciática de Nicholas Negroponte, El mundo digital, que significó un giro copernicano en mi vida profesional y que tampoco olvido. Siempre he esperado de las tecnologías de la información y de la comunicación calidad científica suficiente para ayudar a transformar la sociedad actual, que sufre cambios tecnológicos exponenciales desde hace ya muchos años, instalada en la enésima revolución industrial, donde hay muchas preguntas holísticas sin responder, con sustrato legal, ético y social de un calado excepcional. Una de ellas es la sustitución de las personas por máquinas inteligentes, importante en muchos casos, porque no hay que negar los cambios tecnológicos en la industrialización de la vida, obviamente, pero en la relación de las personas con las máquinas habría que ser muy cautos.

En este contexto, vuelvo a insistir en algo que me ha preocupado siempre en torno a la reflexión del autor citado anteriormente, Enzesberger, cuando afirma que a veces digitalizamos tantos procesos, esencialmente humanos, que se llega a considerar a los ciudadanos como ignorantes molestos por el mundo analógico en el que creemos que están instalados, pasando a formar parte del macromundo de torpes digitales, creando una brecha a veces insalvable. En todo se debe marcar siempre una delgada línea roja, sobre todo cuando la equidad digital sigue siendo una quimera en la sociedad actual donde se están tomando decisiones desde determinados centros de poder digital, por personas que caben en un taxi (digital, por supuesto) y que pueden llegar a afectar a la quintaesencia del ser humano.

El ejemplo expuesto de Amazon, mucho más allá de la ironía, muestra una evidencia, porque como empresa puntera tiene todas la tecnologías necesarias de atención al cliente, para dar y regalar, pero junto a ellas dejan una puerta abierta a la “ayuda de un humano”. Esa frase es proverbial y resume el estado de la cuestión. El único problema es que hasta llegar a ese “humano”, sólo se habla (es un decir) con máquinas y dígitos. Es posible que después de un arduo camino digital, en muchas ocasiones, nos encontremos con él, sintiendo en ese momento lo que le pasó a Diógenes de Sínope, un filósofo que también “buscó siempre un hombre”, prototipo de la escuela cínica, porque él mismo aspiraba a ser todo un hombre y no lo encontraba tampoco tan fácilmente. Será el momento de gritar a los cuatro vientos, ante miles de servicios de atención al cliente que en el mundo son, que “¡buscamos humanos, personas!”, que nos atiendan en el terco día a día digital. En mi caso, comprendí en mi interlocución con “un humano” de Amazon, el significado de la cuarta acepción del adjetivo “humano” en el diccionario de la Lengua Española, en su actualización de 2022: fue una persona “comprensiva y sensible a los infortunios ajenos”. Al buen entendedor, con pocas palabras “humanas” basta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Meryl Streep y Nuccio Ordine, personas imprescindibles según Bertolt Brecht

Meryl Streep (Summit, EE. UU.), 22 de junio de 1949)

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 20/X/2023

Necesitamos, ahora más que nunca, recibir refuerzos positivos para caminar siempre hacia adelante y una vía abierta de ética útil entre tanta realidad triste e inútil, puede ser acercarnos a dos personas imprescindibles, Meryl Streep (Summit, Nueva Jersey, 1949) y Nuccio Ordine (Diamante, Cosenza – Calabria, 1958 – Cosenza, Calabria, 2023), porque junto a otras personalidades del mundo de las artes, comunicación y humanidades, ciencias sociales, deportes, letras, cooperación internacional, investigación científica y técnica, así como de concordia, que merecen por igual mi reconocimiento y respeto, recibirán hoy también, junto a ellos, los premios Princesa de Asturias de 2023, de las Artes y el de Comunicación y Humanidades, respectivamente, teniendo el de Ordine un sentido especial por su fallecimiento el pasado 10 de junio y al que dediqué unas palabras sentidas en mi persona de secreto, ese día, en este cuaderno digital. He elegido hoy, en una fecha especial también, voluntariamente, a estas dos personas, imprescindibles para mí en el sentido que aprendí hace ya muchos años de Bertolt Brecht y como homenaje especial a los dos por lo que han aportado al mundo y al correcto tratamiento de la vida digna para todos, sobre todo con un interés especial en atender con sus obras a los que menos tienen, en cualquiera de las proyecciones humanas posibles.

En el caso de Meryl Streep, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023 se le otorgó el pasado 26 de abril, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”. Resumí mi reconocimiento personal de este premio a Meryl Street en un artículo publicado también, en este cuaderno digital, El cine es el semblante de Meryl Streep, que he vuelto a releer hoy, en el que destacaba que emulando humildemente al gran director americano John Ford, ídolo de mi infancia, cuando respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?, contestó, “es ver caminar a Henry Fonda”, se podría decir ahora, también, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da a ese lema, semblante: “La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). 

En relación con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023 otorgado a Nuccio Ordine el pasado 4 de junio, destaqué en otro artículo, Las personas no somos islas inútiles, la satisfacción personal por este reconocimiento, en su calidad de filósofo, escritor y gran conocedor del pensamiento y la literatura renacentista, al que he dedicado bastantes páginas de respeto intelectual en este cuaderno digital. Me consta el compromiso activo en su obra, en relación con la educación como derecho y no como mercancía, tal y como se recogió en el acta del jurado sobre la concesión de este Premio, otorgado “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”.

Destaco, igualmente, dos reflexiones sobre ambos “imprescindibles”. Respecto de Meryl Streep, dije en aquella reflexión escrita que me quedaré siempre con “el semblante de Meryl Streep a través de sus películas, porque define a la perfección qué es el cine. Indudablemente, con su rostro lleno de expresión, en silencio, como lo supo interpretar aquél fotógrafo [en Los puentes de Madison] que un día paró en la puerta de su casa para preguntar por un puente famoso, Roseman, para hacer unas fotos. Nos transmitió de forma simbólica algo importante: todo acabó donde había empezado, en ese puente, cumpliéndose el deseo de Francesca al esparcir sus hijos sus cenizas en sus alrededores. Es la maravilla del cine, una historia breve pero que al ser buena se convierte en dos veces buena. Un poema de Lord Byron, muy querido por Robert, estaba “dentro” de la vasija funeraria y se quedó con ella volando hacia el aire que quisieron respirar juntos en aquellos cuatro días mágicos, inolvidables: Hay un placer en los bosques sin senderos, / hay un éxtasis en la costa solitaria, / hay compañía, allí donde nadie se hace presente, / al lado del mar profundo, y música en su rugido. / No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza, / a partir de nuestros encuentros, / a los que asisto sigiloso, / a partir de todo lo que puedo ser, / o que he visto antes, / para fundirme con el universo y sentir, / lo que nunca puedo expresar aunque me sea imposible ocultar.

En relación con Nuccio Ordine, dije en el artículo citado que “vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, lejos del Renacimiento, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura del libro de Ordine, La utilidad de lo inútil (1), me refresca siempre estos conceptos y considero que es una buena recomendación para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes de mi querido Club de las Personas Dignas. Son 172 páginas útiles para comprender el oxímoron (2) “utilidad de lo inútil”, pero se despeja inmediatamente cualquier duda al explicar el autor que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado puro y duro es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases llamadas “útiles” en zapatillas (pantuflas), como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray.

Ordine merece ser recordado especialmente por su ausencia. Todo un símbolo ante unas palabras de reconocimiento del jurado cuando le otorgó el premio, que me lleva hoy a tenerlo muy presente en mi clínica del alma, mi biblioteca y en mi escritura diaria. Hoy, más orgulloso que nunca porque me alegró que le concedieron este reconocimiento por su obra, en un mundo diseñado por el enemigo, sobre todo, el capital, en este país tan dual y cainita. Soy consciente de que no somos islas, como él se preocupó de mostrarnos en su última publicación (3) y que la mejor actitud humana es salir de nosotros mismos para conocernos mejor y compartir la vida con las personas que elegimos y queremos, en el camino diario para vivir, tal y como me lo enseñó también José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, cuando una gran protagonista, una mujer muy sencilla al servicio del rey, una limpiadora y zurcidora, me ofreció la mejor respuesta a los interrogantes de la soledad humana y del aislamiento social: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

(1) Ordine, Nuccio,  La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017, 17ª ed.

(2) Oxímoron (RAE. Diccionario usual): combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

(3) Ordine, Nuccio, Los hombres no son islas, Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Pedro Cano pinta el dolor ajeno, incómodo pero necesario

Pedro Cano – Carga

Sevilla, 19/X/2023

En el contexto triste y doloroso de las guerras actuales, que son varias en el mundo, aunque ahora tienen más relevancia las de Israel con Hamás, así como la de Ucrania, he localizado una isla desconocida para millones de personas en este país, una exposición del pintor Pedro Cano (Blanca, Murcia, 1944), Siete, que todavía se está celebrando en Madrid, en la Casa de Vacas, un lugar que conservo intacto en mi memoria de niño que jugaba cerca de allí, en mis visitas al Parque del Retiro.

La muestra se explica a sí misma en la sinopsis oficial de presentación de su contenido: “Siete es el resultado de anotaciones improvisadas en pequeñas notas escritas o dibujadas a lo largo de muchos años, que terminan convirtiéndose en un ciclo pictórico completo. Al cumplir 75 años Pedro decidió recopilar gran parte de estas reflexiones agrupándolas en siete trípticos. Es un trabajo de recopilación y contracción de todo un recorrido de décadas observando grandes temas de la vida del hombre como la migración, la injusticia y el sufrimiento, pero también la ayuda y la solidaridad humanas”.

Los trípticos llevan nombres programáticos: Espera, Juego, Interior, Salto, Carga, Bicicletas y Trabajo, que se desarrollan a través de unas reflexiones del artista sobre los temas representados, etiquetados de forma no inocente. El periodista de RTVE, Carlos del Amor, que ayer recibió el premio Ondas 2023, de lo que me congratulo por la admiración que le profeso, dedicó el pasado el pasado 16 de octubre un buen reportaje, muy breve, pero dos veces bueno, en el telediario 2 de RTVE, con un título también programático como esta obra de Cano: «Arte incómodo, pero necesario: la obra de Pedro Cano que refleja el dolor detrás de la guerra. El artista Pedro Cano ha pintado durante los últimos años escenas de gente al límite, de personas que llevan toda la vida sobreviviendo, de gente» y con una sinopsis esclarecedora: «Algunas veces, el arte se parece demasiado a la realidad y el lienzo alberga escenas que parecen planos congelados de un telediario. El artista Pedro Cano ha pintado durante los últimos años escenas de gente al límite, de personas que llevan toda la vida sobreviviendo, de gente que vive con dificultad y anhela otro lugar. Todo ello lo ha plasmado en un riguroso blanco y negro que, pese a ello, tiene diversos matices».. En citado reportaje dijo que «[…] muchas de estas obras que ven tienen más de diez años, pero el mundo se empeña en preguntar dos veces, por ejemplo con la misma guerra aunque los contendientes cambien» Cuenta también que Pedro Cano lleva muchos años pintando a gente al límite, que lleva toda la vida sobreviviendo, machacada, que anhela otro lugar, con una característica pictórica que le da más valor cromático desde una perspectiva ética, al pintar esta desgracia ajena, a veces propia, utilizando exclusivamente el blanco y negro.

Pedro Cano afirma en el reportaje que «el mundo está lleno de locura y de dificultades», que sigue su torpe curso, plasmándolo en estas obras. La muestra recoge estas veintiuna pinturas que él enseña, en formato de siete trípticos, comentándolas personalmente un día a la semana, en la Casa de Vacas, asumiendo su responsabilidad ética como artista. Mientras, consolida su obra y su leyenda en su tierra natal, Blanca (Murcia), desde su Fundación, que lleva el nombre de su tierra natal ante el mundo enseñando, a través de actividades diversas, a contemplar el mundo de otra forma, más solidaria y auténtica: «Blanca es el corazón del Valle de Ricote, un lugar en el que convivieron en armonía las tres culturas. Queremos contribuir, además de al disfrute del arte, a la convivencia entre los pueblos. Mi apuesta es por la calidad y por hacer las cosas con el máximo esfuerzo y entrega”. En esta Fundación se pueden contemplar, por ejemplo, «55 cuadros que interpretan los lugares descritos por Ítalo Calvino en Las ciudades invisibles. Se trata de un libro que habla sobre uno de los viajes de Marco Polo; en una de sus travesías, Marco Polo llega a China y el emperador, a pesar de ostentar un poder colosal, no sabe cómo es el mundo; Marco Polo le enumera y describe una serie de ciudades que ha visitado, todas ellas con nombre de mujer». No he omitido esta referencia expresa a Calvino por la celebración, en estos días, del centenario de su nacimiento. Otro pequeño homenaje.

Arte incómodo, pero necesario – Telediario2, 16/10/2023

Me quedo ante este hallazgo extraordinario de la obra de Pedro Cano, con las palabras finales de Carlos del Amor en el citado reportaje: «La exposición se inauguró antes de la última guerra, nada había pasado pero estaba ya todo pintado, porque por desgracia nunca es la última guerra, siempre es la penúltima y siempre hay una persona cargando a otra, siempre hay una madre o un padre…, gritando, sin que nadie parezca querer escucharlo».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

¿Qué responsabilidad tengo yo en los tribunales de los silencios y olvidos cómplices?

Sevilla, 18/X/2023

¿Y qué importancia tengo yo
en el tribunal del olvido?
¿Cuál es la representación
del resultado venidero?

[…]

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, LX

Me hago estas preguntas de Neruda siempre que me enfrento ante situaciones clamorosas de silencios cómplices, en esta ocasión ante los tristes acontecimientos de la guerra entre Israel y Hamás, sobre todo cuando se utiliza la violencia con la población civil, anónima, sin culpa alguna, hasta límites insospechados. Los silencios cómplices son una de las mayores amenazas para la democracia. Me refiero, concretamente, a los que siempre derivan en olvidos, respaldados además por tribunales especializados en apoyar el silencio injusto, países todopoderosos, para entendernos, del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, de todas las latitudes, Señores y Señoras de Negro, Bancos Mundiales injustos por definición, Mercados Benefactores de las Guerras, gracias a sus mercancías preferidas, las armas mortíferas y cada vez más sofisticadas, todos ellos como pilares fundamentales que propician el ocaso de la democracia.

En los acontecimientos de la guerra actual citada, he recordado que esta situación tiene una larga historia, setenta y cinco años de sufrimiento del pueblo palestino, que se dice pronto, algo que nos debería llevar a olvidar el olvido de este territorio, como nos lo recordaba Eduardo Galeano en su lectura del mundo patas arriba, al revés: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

Quienes estamos atentos ante esta guerra tan desigual, David y Goliath, tomamos conciencia de lo que significa permanecer callados o denunciar cada uno, cada una, de la mejor forma que pueda lo que estamos viendo y está pasando. De ahí la pregunta concreta de esta reflexión en alta voz: ¿Qué responsabilidad tengo yo en los tribunales de los silencios y olvidos cómplices? Basta leer páginas de la historia de Israel y Palestina para tomar conciencia de cómo se propagan con silencios cómplices internacionales y de países limítrofes, noticias falsas o manipuladas sobre el delicado pasado que ha llenado páginas tristes de esta historia en territorios aparentemente lejanos, pero que hoy pueden trastocar el llamado orden mundial. Existen silenciadores diplomáticos que justifican el todo vale en tiempos de guerra y lo que menos importa es la población anónima a la que siempre le toca sufrir el eufemismo de los llamados «daños colaterales». Los tribunales del olvido abundan por doquier, justificando en estos momentos lo que no tiene nombre, por lo que creo que es urgente descubrirlos y desenmascararlos, porque hacen mucho daño a todo y a todos. Es una ocasión para reivindicar el papel que deben jugar las personas dignas ante esos tribunales del olvido.

Estoy convencido que la mejor respuesta ante estas preguntas de Neruda para salir de los silencios y olvidos cómplices, radica en rescatar las ideologías dignas, basadas en creencias, porque asistimos a una clamorosa ausencia de ellas en el mundo en general. Recuerdo una canción de mis años jóvenes, Ausencia, que cantaba María Dolores Pradera extraordinariamente bien, con sentimiento pleno, sobre todo su estribillo final: Ausencia / quiere decir olvido / Decir tinieblas, decir jamás / Las aves pueden volver al nido / Pero las almas no vuelven más. La ausencia de valores está configurando una forma de ser y estar en el mundo muy diferente a cuando están presentes en cada acto humano. Los echamos de menos y es un hilo conductor en la razón ética de las personas dignas. Es lo más parecido a la ausencia de seres queridos, familiares o amigos del alma, cuando se alejan de nosotros por razones físicas, psíquicas o sociales. También, cuando se constata el olvido palmario de las ideologías, de la conciencia de clase, incluso del sentimiento de pertenecer a un grupo social donde nos podemos entender mejor todos los que participan de una ideología que busca sólo el interés general. Es lo que está pasando en nuestra sociedad actual, que lo revestimos de palabras y frases eufemísticas tales como desafección, desencanto y desmovilización. Nada se puede ver afectado, encantado o movilizado, incluso la guerra de Israel y Hamás, también la de Ucrania, si no hay ideología o creencias, que José Ferrater Mora, de quien tanto aprendí, resumía en cuatro para entendernos: personas, naturaleza, sociedad o dios o dioses. Todas legítimas, todas accesibles, todas necesarias, todas imprescindibles como horizonte en la vida, atendiendo a la pregunta siguiente de Neruda, que reitero de nuevo, si somos capaces de dar respuesta digna al indeseable tribunal del olvido: ¿Cuál es la representación del resultado venidero? Porque lo dicho anteriormente vale cuando se trabaja, como el campo, en un frente popular y salvando siempre el interés general.

Hoy he recordado también a un cantor de mi juventud, Silvio Rodríguez, que me aportó ideología y compromiso en mi azarosa vida, bastante enfrentada al tribunal del olvido. Se trata de su canción Ausencia, que me compromete a seguir creyendo que “Hay ausencias que son como el olvido / que empolvan madrugadas y semillas / que se fueron perdidas en sus mares / donde nunca podrán hallar la orilla…”. Y sigue su canción de una forma que aclara definitivamente que decir olvido es decir ausencia de casi todo:

Hay ausencias que rozan con el alma,
mariposas celosas del espacio,
austeras prisioneras de las flores,
que te ponen su miel para los labios.

Ausencia, remoto fantasma que violas las puertas
que cantas, que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerda la distancia

Hay ausencias gaviotas que te salvan
que desdeñan fronteras y estaciones,
que rondan las paredes, las palabras
dibujando la fe con sus creyones.

Hay ausencias que te hablan de un mañana,
que se tornan de todos los colores,
que te ponen el mundo en la ventana
y de esperanza llenan los balcones.

Ausencia, remoto fantasma
que violas las puertas, que cantas,
que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo,
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerdas la distancia

La representación del resultado venidero, en relación con la guerra de Israel y Hamás, si no atacamos de frente los silencios cómplices, el olvido y sus tribunales por doquier, es que volveremos a sufrir mucho si no hacemos un esfuerzo especial por recobrar las ideologías que nos ayuden, de nuevo, a recuperar el sentido de la vida, porque sabemos que el olvido es siempre ausencia de alma, tinieblas, el jamás, sabiendo como sabemos que las aves pueden volver al nido, pero que las almas del auténtico pueblo palestino o las personas que han muerto por los ataques sorpresivos de Hamás, no vuelven más. Aunque hoy podamos escribir la canción que falta y que siempre nos permitirá recordar la distancia que nos separa todavía de la dignidad que toda persona merece. De lo que estoy convencido es de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, olvidándolo todo mediante ausencias y silencios cómplices, se calla la vida y la palabra. Las denuncias también, a los cuatro vientos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

El triunfo de la mediocracia, del ´todo vale´, asola el mundo al revés

La rebelión de los maniquíes | Love Valencia

Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.

Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir.

Jorge WagensbergAforismos

Sevilla, 17/X/2023

Lo estamos viviendo de forma directa, porque está pasando y lo estamos viendo con la guerra en Gaza entre Israel y Hamás. Una vez más, comenzó todo con la justificación de la reacción de Israel, por parte de bastantes lideres mundiales, incluso de la Unión Europea, por su legítima defensa ante el ataque sorpresivo de Hamás y, poco a poco, ´vuelven las aguas a su cauce´, con denuncias taimadas y de autoblanqueo, de esos ´defensores primarios´, de violación por parte de Israel de elementales normas de derecho internacional por el trato que está dando a la población inocente que vive en Gaza. Determinados medios de comunicación social, todos no son iguales en nuestro país, están acompañando también a esta ceremonia de confusión ética, con sus editoriales y artículos de opinión basados en este principio mediocre del ´todo vale´, no inocente, como reflejo de lo que está pasando en la sociedad, caiga quien caiga o cueste lo que cueste incluso en términos éticos. Ya no estamos para muchas contemplaciones filosóficas del tipo que formularon sobre esta frase hace ya algunos años, Paul Feyerabend o Karl Popper, por elegir algunos exponentes claros de esta teoría, incluso si me perdonan esta elección, en la afirmación inconmensurable de Groucho Marx cuando afirmaba que “Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros”.

Un ejemplo claro lo tenemos en las televisiones maestras del entretenimiento -todas tampoco son iguales- de este país, donde el problema del “todo vale” radica en que hemos elevado al santoral digital, una palabra inglesa, el rating o audiencia, donde sumar y aumentar dígitos es el Santo Grial de los medios de comunicación y, sobre todo, de las televisiones por lo que significa en ingresos por publicidad, caiga quien caiga y cueste lo que cueste en términos éticos. ¿Sabemos quienes son las grandes protagonistas del “todo vale” en el plató del gran teatro del mundo? Personalmente, lo tengo claro: las personas mediocres que están muy cerca de cada uno de nosotros y que difunden este principio como si fuera el bálsamo de Fierabrás para tiempos modernos, porque se erigen en detentadores de esta falacia engañosa del todo vale, neutralizando y destruyendo mediante silencios cómplices a posibles competidores de la dignidad ética. La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social y lo seguiré haciendo sin descanso alguno, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey del “todo vale”. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia.

Lo repito hoy de nuevo y no me cansaré de hacerlo hasta la saciedad en este tiempo de guerras sin fin de todo tipo: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad, sobre todo para que tomemos conciencia de a qué nos enfrentamos en este país y con una investidura en marcha, visto lo visto, con el resultado de nuestros votos. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Ahora, su octubre. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Se erigen en reyes del “todo vale”, porque así tienen gregarios que nunca discuten nada. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Me reafirmo en la siguiente actitud proactiva contra la mediocridad: busquemos la nueva linterna de Diógenes para poder encontrar personas dignas, aunque hay que tener claro que no está en los catálogos del mercado, porque no es mercancía, sino en nuestra conciencia individual y social de pertenencia a una ideología de clase, no inocente, que luche por un mundo que merezca la pena vivirlo y compartirlo de la forma más digna posible. Vuelvo a leer ahora un libro que me ayuda a comprender lo que está ocurriendo con esta plaga tan peligrosaMediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, una reflexión seria y fundamentada sobre esta plaga del siglo XXI, que se ha hecho fuerte y pretende tomar el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Su autor es Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París. El libro es recomendable para almas inquietas y que estén saturadas de la mediocridad que ha instalado sus bases en nuestros entornos más cercanos. La sinopsis del libro nos aclara su hilo conductor: “Si los de arriba no cuestionan ni imaginan nada, ¿a qué podemos aspirar? El político ambivalente afín a progresistas y conservadores; el profesor de universidad que ya no investiga, sino que rellena formularios burocráticos; el reportero que encubre los escándalos fiscales y hace ruido en la prensa amarillista o el artista revolucionario, pero subvencionado… El rigor y la exigencia han dejado paso al esquema carente de referentes que inspira esta crítica mordaz. Da igual si es el ámbito político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire, se constata el triunfo de lo mediocre. El autor analiza con un estilo ingenioso cómo las aspiraciones mediocres que invaden la sociedad dan como resultado ciudadanos también mediocres”. Todo muy medido, donde las personas somos a veces maniquíes que como el rey del cuento de Andersen vamos desnudos ante la intemperie de la mediocridad imperante, mucho más cerca de nosotros de lo que realmente pensamos. Estamos avisados.

Fundamentalmente, porque todo no vale y porque tengo unos principios que, si no gustan, lo siento: no tengo otros. A los reyes y a las reinas del ´todo vale´, mediocres por definición, los definió de forma magistral Jorge Wagensberg, en un aforismo que abre hoy estas palabras y que no olvido, pero que reconozco que me da miedo: “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”: a los demás, a un país que desea tener un Gobierno legítimo, progresista y no “mediocre» por definición, a la audiencia, a la familia, a los compañeros y compañeras del trabajo, a cualquiera que se acerca a sus principios del “todo vale”. Lo dicho: estamos avisados.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Ochubre, ochubrio, ochubro, otubre, octubre

Detalle del Retrato de don Juan Manuel. Retablo de la Virgen de la Leche. Catedral de Murcia.

A la piadosa luz de octubre vuelvo / y entre la tibia cuenca de mis manos / como un niño dormido mi corazón levanto. / Vivir es retornar a cada Octubre / para sentirse el corazón dorado.

Leopoldo de Luis, Poema de Octubre

Sevilla, 16/X/2023

Damos la razón al Quijote para comprender la razón de ser de este mes, en el que somos y estamos: ¡con la iglesia hemos dado, Sancho! Significante y significado están en juego, porque siempre hablamos de “estar en el mes de octubre”, sin deparar que la palabra ´octubre´ tiene una historia laica, como tantas otras, cuyo significado en roman paladino era muy claro: ochubre era el octavo mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. La evolución en el tiempo, es decir siglos, sobre todo por el respeto al latín español consonántico por parte de los cuidadores de los cultismos en el Siglo de Oro, ha llevado a que hoy se sigan reconociendo las tres variaciones sobre el mismo lema, ochubre, otubre y octubre, aunque los dos primeros, según el propio diccionario de la lengua española (RAE), están en desuso, manteniéndose hoy sólo como de uso correcto el tercer lema ´octubre´: Del lat. Octōber, -ris, derivado de octo ‘ocho’. Décimo mes del año, que tiene 31 días, sin más explicación histórica en sus raíces romanas. En relación con la acepción “otubre´, la Real Academia dice lo siguiente. “Se recomienda evitar su uso. La variante antigua otubre —en el diccionario desde 1803— hoy se considera vulgar (impropia del habla culta) y está marcada en el DLE como desusada”. Más interesante es revisar la utilización del lema ´ochubre” en el tesoro lexicográfico español, donde aparece en primer lugar en 1846, junto a dos lemas más, ´ochubrio´y ´ochubro´, con la misma acepción: Octubre, en el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]. París, publicado por Vicente Salvá. Posteriormente y hasta llegar al diccionario de la Academia Usual, de 1992, última aparición de este lema en el diccionario de la lengua española de la RAE (según el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española), se mantuvo en los diccionarios de 1885, de Gaspar y Roig; de 1869, de Ramón Joaquín Domínguez; de 1970, del Suplemento del diccionario de la lengua española (RAE) y de 1984, en el diccionario Usual, también de la Real Academia Española de la Lengua. Finalmente y con este largo camino histórico y lexicográfico, octubre, hoy día, es el ´décimo´ mes del año, no el octavo, como su nombre indica, por la modificación que se introdujo en el llamado calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII que, a su vez, modificó el existente hasta entonces, denominado calendario juliano, que introdujo Julio César en el año 46 a.C.

En este contexto, el infante de Castilla, don Juan Manuel (1282-1348), sobrino del rey Alfonso X el Sabio, que mandó escribir la Estoria de España, comenta en el capítulo ciento veinticuatro (CXXIIII) de la Crónica abreviada, una de sus versiones de la citada Estoria, transcribiendo de forma clara y concisa el origen e intrahistoria de la palabra ‘ochubreen el primitivo calendario: “por que los rromanos, quando conquerieron toda la tierra, pusieron le nombre ‘agosto’, que quier tanto dezir commo acrescentador; e al otro, setienbre, porque hera seteno del mes de março; e al otro ochubre por que hera ochauo; e noviembre por que era noveno; e al otro dezienbre por que hera dezeno del mes de março en que solian començar el anno segunt auedes oydo”. La justificación que narra el infante Juan Manuel de por qué el calendario romano constaba de diez meses, tiene un marcado interés de respeto a la naturaleza, porque en marzo se sale de un tiempo de mucho frío (la grant friura del ynvernio) y entra el calor (la grant calentura del verano). Bajo esta premisa, va desgranando posteriormente uno a uno la interpretación de cada mes, que en algunos casos es asombrosa, hasta llegar a octubre, vinculado estrictamente al mero orden cronológico del calendario romano, ´por que era ochavo´.

Procuro ser muy cuidadoso con las palabras que pienso y traslado al papel o a la pantalla en blanco, sobre todo cuando quiero decir algo ´especial´, recordando a Ítalo Calvino, en su arte de saber empezar y acabar en el momento mágico de escribir palabras, precisamente en la semana en la que se cumple el centenario de su nacimiento. No olvido tampoco que el 3 de octubre de 1714, “el rey Felipe V de España, sucesor del último monarca de la Casa de Austria y primer monarca Borbón en el trono español, firmó la cédula real para la constitución de la Real Academia Española (RAE) con una dotación de 60.000 reales anuales para la publicación de obras. El objetivo, recogido en el Estatuto Único, era “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, defenestrando los errores que, en sus vocablos, en sus formas de hablar o en su construcción, ha introducido la ignorancia”. Si recuerdo bien esta cita es porque propició que se editara por primera vez mi querido Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio y aplico: “Entre 1726 y 1739, la RAE publica seis volúmenes en el que se recogen más de 69.000 acepciones. La diferencia respecto a otros diccionarios es la utilización de nombres relevantes de la literatura castellana (sobre todo del Siglo de Oro) para avalar las diferentes descripciones. Por ello, recibe el nombre de “Diccionario de Autoridades”. “Se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”, recoge el Prólogo del Tomo I del Diccionario. Lope de Vega, Luis de Bávia, Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús… son algunas de las firmas que, a través de ejemplos, referenció la RAE para explicar el significado de los más de 69.000 términos recopilados entre los seis volúmenes”. Extraordinario trabajo, que hoy disfrutamos las personas que amamos nuestra lengua.

Hoy, sólo he pretendido limpiar, fijar y dar esplendor a una palabra, octubre, tan aparentemente neutra, aunque no inocente, porque en estos momentos vivimos en ella y porque sólo me queda ella, la palabra en este aquí y en este ahora, en octubre, para expresar lo que pienso, siento y escribo, siguiendo muy de cerca a Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.

Lo que está ocurriendo en este octubre tan especial, hoy mismo, sobre todo con la guerra de Israel y el brazo armado de Hamás en Gaza, pero que lo están sufriendo centenares de miles de personas inocentes, trae a mi alma de secreto una sola palabra: ´paz´, porque en Andalucía somos escuchaores de esta palabra, nunca ´guerra´, que sólo pronunciarla o escribirla produce en sí misma un dolor inmenso. Es nuestra obligación ética en relación con la palabra ´paz´: fijarla, limpiarla y devolverle todo su esplendor. Este es hoy, en octubre, mi mensaje especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Luisa Carnés, una mujer obrera en ´La Moderna´

Sevilla, 15/X/2023

He leído con cierta preocupación un artículo en elDiario.es sobre la serie La Moderna que se está proyectando en la televisión pública de este país, Cómo desactivar políticamente ‘Tea rooms’, la novela obrera y revolucionaria de Luisa Carnés, para adaptarla a televisión. El modo en que se está produciendo la recuperación de esta obra literaria aleja, y en ocasiones neutraliza, el sentido político de la novela de Carnés. Junto con la recomendación de su atenta lectura, creo que aborda un asunto de sumo interés en las adaptaciones de obras literarias que se llevan al cine o a la televisión. Una frase de ese artículo aporta una inquietante reflexión sobre la producción de esta serie basada en la obra de Luisa Carnés: “Seguir leyendo a Carnés como la ‘escritora olvidada de la generación del 27’ supone situarla en un lugar equivocado y negarle las condiciones de legibilidad que harían posible entender su obra como una literatura otra, pensada y construida desde un lugar otro, distinto al lugar desde donde siempre se ha escrito la literatura: la ideología y la cultura burguesa. La recuperación por sí misma no vale nada: no solo hay que recuperar el texto sino restituir las condiciones de legibilidad que le dan sentido. Esto es lo que no está ocurriendo. Tampoco con la adaptación televisiva de Tea rooms, o al menos esa es la conclusión que podemos provisionalmente extraer una vez vistos los primeros capítulos emitidos”. De ahí la importancia de conocer esta obra de Carnés y saber contextualizarla en su tiempo y en su momento para no confundir a los telespectadores, menos aún -si cabe- en la televisión pública, porque una de las protagonistas de La Moderna es ella. Para que no se olvide.

En este contexto recomiendo, como siempre, acudir a las fuentes, en este caso literarias, sobre Luisa Carnés, para no llamarnos a engaño y, lo que es peor, confundirnos ideológicamente con lo que nos dicen que pasó y estamos viendo, cuando no es así acudiendo a la intrahistoria de esta novela. Para comenzar, les cuento mis maniobras de aproximación a esta escritora. Hace tan sólo unos años, localicé en una de mis singladuras hacia islas desconocidas, una pequeña editorial independiente, Hoja de Lata, con señas de identidad propias, sensibles a determinadas letras, porque todas no son iguales ante el mercado, ideológicamente hablando. Hoja de Lata, que como dicen en su sinopsis oficial sobre quiénes son publican “libros en papel de narrativa y no ficción. Pretendemos llegar a ese público lector habitual que sabe lo que quiere y que se deja asesorar por su librero de confianza. Aspiramos a construir un catálogo de cuidados «artefactos narrativos», al estilo de los entrañables juguetes de hojalata que tuvimos en nuestra infancia. Nuestra colección de ficción, SENSIBLES A LAS LETRAS, se propone publicar narrativa de calidad incontestable, un equilibrio entre grandes voces contemporáneas y nuevos autores que sorprendan por su sensibilidad al hablarnos de este mundo o de otros mundos posibles. Buscamos y escogemos con mimo nuestros títulos, tratando de descubrir nuevos nombres y propuestas a los lectores; tratando también de que cada uno de ellos sea el libro que a nosotros mismos nos gustaría encontrar en la librería. Defendemos con especial ahínco las historias que no pasan de moda, las ópticas constructivas del mundo y las voces valientes, de opinión no necesariamente mayoritaria”.

Aquella localización de la editorial como isla desconocida me llevó a conocer a Luisa Carnés, gracias a un artículo precioso, Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida (1), que me pareció en su momento fascinante, porque dejaba al descubierto la ignorancia que tenemos en este país sobre la pléyade de mujeres escritoras que fueron silenciadas durante el régimen franquista. Me emocionó conocer esa operación rescate de mujeres que escribieron maravillosamente bien, pero desde el exilio en el mayor número de casos. Luisa Carnés escribió dos obras señeras, de alto voltaje político, Tea Rooms y Trece cuentos, que por lo narrado en el artículo parecen apasionantes. Leerlas es el mejor homenaje a esta mujer, olvidada durante tantos años de desidia y desprecio a las mujeres escritoras de este país durante la posguerra y pertenecientes también a la denominada Generación del 27, con matices, porque la esencia republicana de Luisa Carnés, por ejemplo, tiene elementos diferenciadores cuando se la vincula a esta generación.

Posteriormente, en 2018, compré en la Feria del Libro celebrada en esta ciudad una obra de Luisa Carnés, Rojo y Gris, una primera recopilación de sus cuentos completos publicada por la excelente editorial Renacimiento, que leí con la ilusión de un niño que dejó de ser Cuchifritín (el hermano de la inolvidable Celia, personajes creados por Elena Fortún), de feliz memoria de izquierdas también. También, en ese año, leí un cuento suyo, La chivata, que lo encontré como un regalo ideológico en la página web de la editora Hoja de lata, de su libro ejemplar, Trece cuentos (1931-1963), que recogí en un post que dediqué en 2017 a las mujeres en su tarea imprescindible de escribir. Lo publiqué entonces, como homenaje a una mujer extraordinaria que ha escrito páginas memorables de la España profunda, que tanto cuesta olvidar. Pero no a ella, ejemplo de ayer, hoy y siempre, porque estoy convencido de que son imprescindibles las mujeres que escriben. Por último, traje a colación en la Navidad de 2019, con una interpretación laica, un cuento suyo, Sin brújula (Trece cuentos),en el que un grupo de mujeres embarcan hacia el exilio durante la guerra civil con sus hijos y con lo puesto, dejando a sus maridos en la retaguardia del país, en la costa que cada vez está más lejos o más cerca, según se mire, para intentar llegar a Francia y escapar de la tragedia de la guerra civil en España. Durante el trayecto, contemplan la soledad acusadora de Benitín, un niño solo que enferma a los pies del capitán, del que dudan en un determinado momento porque no saben que el barco no tiene brújula y, finalmente, desean que el niño, enfermo, desaparezca de sus vidas por temor al contagio de una enfermedad que intuyen como letal. Hasta que una buena mujer sola se acerca al niño y lo toma en su regazo para que deje este mundo en la paz de un Dios desconocido.

Mujeres escritoras, como Zenobia Camprubí, María Teresa León, Simone de Beauvoir y Luisa Carnés, entre otras muchas, merecen nuestro aprecio y respeto todos los días, porque sencillamente lo reconocemos a través de sus libros. Baste un ejemplo final de lo que escribí en 1976 sobre una mujer escritora, Simone de Beauvoir, después de un análisis de su magnífica obra El segundo sexo, ignorada en España en los años de autos por su texto y contexto: “Es indudable que el análisis de Simone de Beauvoir sobre la infancia, no pasa de ser un análisis monocolor de su infancia, que era también la infancia de la época, década de los años diez y veinte del Siglo XX. Paradójicamente, acepto que muchas reflexiones de ella podrían aplicarse a décadas posteriores, donde la educación sexual (no olvidemos que es su preocupación fundamental en esta obra) ha brillado por su ausencia. Hoy, asistimos a un momento diferente, donde los jóvenes han hecho periclitar el edificio clásico de las inhibiciones y frustraciones sexuales. Bastaría citar el fenómeno registrado en Italia, con la publicación del libro “Porci con le ali”, donde Rocco y Antonia viven una experiencia sexo-política muy similar y donde el vocabulario utilizado para sus expresiones dialécticas, desde el principio y hasta el fin del libro, darían que pensar incluso a Simone. Junto a esta realidad, la formación real hoy es una formación de la calle, de los diferentes clubes, de la filmografía, donde el lenguaje desenfadado manifiesta un epifenómeno muy curioso: la insatisfacción por saturación (…). El problema radicó en que la lectura de “El segundo sexo”, a escondidas, por ser manzana prohibida, facilitó un curso acelerado de formación y de satisfacción de curiosidad, con todos los problemas que podría acarrear a las mujeres lectoras. Hoy, su obra, aporta datos de interés a nivel histórico, pero cualquier manual o revista “avanzada” abre ya los ojos a muchas realidades. Aun así, hay que reconocer la valiente realización de Simone de Beauvoir, su desesperada lucha por encontrar su libertad…” (2). También, lo que aportó a los hombres y mujeres de muchas épocas, lectores y lectoras de relatos basados en la libertad intelectual, como tantas escritoras de su tiempo y experiencias vitales, olvidadas por la memoria no democrática en este país. Como ha ocurrido, por ejemplo, con Luisa Carnés, sin ir más lejos. Ahora, podemos y debemos recuperar su vida y su obra en su justo sentido.

(1) Franch, Ignasi (2017, 28 de mayo). Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.

(2) Cobeña, J.A. (1976). La personalidad frustrada de Simone de Beauvoir. Trabajo de doctorado realizado en mayo de 1976, en Roma (sin publicar).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En memoria de Louise Glück, premio Nobel por su poesía austera

Sevilla, 14/X/2023

Hace tres años, en plena pandemia, escribí unas palabras de homenaje a Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según constaba en el acta del jurado que valoró ese año el premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Antes de este premio de excelencia poética, la autora recibió entre otros galardones importantes, el Premio PEN/Martha Albrand, el Premio Nacional de la Crítica por The Triumph of Achilles, el Premio Pulitzer por The Wild Iris (El iris salvaje), el primer Premio otorgado por los lectores del New Yorker, además del Premio Bollingen, por Vita Nova. Junto a ellos recibió también el Premio Nacional Bobbit otorgado por la Biblioteca del Congreso, el Premio William Carlos Williams otorgado por la Asociación de Poetas de Estados Unidos, el Premio Fundación Lannan y el Premio Ambassador otorgado por la Unión de Hablantes de lengua inglesa.

Ayer conocimos su fallecimiento a los 80 años en su residencia de Cambridge (Massachusetts). Como reconocimiento a su vida poética, muy próxima al yo existencial que busca comprender la vida como un largo viaje que perdura en el tiempo de vivir, publico de nuevo aquellas palabras escritas en un momento crucial en este país, donde navegábamos en un mar abierto de dudas por los efectos de una terrible pandemia y en busca de una “nueva normalidad”.

Junto a la lectura de Glück, en ´La decisión de Odiseo´, no olvido a Kavafis, a quien tanto admiro, interpretando ese largo viaje y esa mar de tantos recuerdos personales y vivos, porque cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo, lo que nos permite pensar que esta dura etapa que estamos atravesando de ocaso de valores, en múltiples proyecciones de la vida diaria, como ciudadanos y ciudadanas de a pie, debería ser sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo, sabiendo que el mar de Glück ´sólo sabe avanzar´: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. / Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado./ Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas (Konstantinos Kavafis, Ítaca).

Como aviso para navegantes en los mares procelosos actuales, tampoco olvido hoy a mi admirado Ángel González, en un poema revelador de su alma inquieta y viajera: ´Los ilusos de Ulises´: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días´.

Es verdad, porque en esa trama seguimos viviendo, en el presente y en el después de cada día.

Louise Glück, premio Nobel por su voz austera

Un poema hermoso, La decisión de Odiseo, me ha introducido en la lectura de Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según consta en el acta del jurado que ha valorado este año este premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Es justo resaltar que junto a Olga Tokarczuk, Svetlana Alexiévich y Alice Munro, es la cuarta mujer en la última década que recibe este premio y la decimosexta de su larga historia. Tengo que reconocer que no había entrado en el mundo de secreto y de todos de esta poeta americana, aunque contamos en España con publicaciones muy importantes en la magnífica editorial Pre-Textos. Ahora la he recordado por una fotografía junto a Obama con motivo de la entrega en 2016 de la medalla nacional de Humanidades, porque nada humano me es ajeno y como buscador incansable de islas desconocidas, empezando por mí mismo, tal y como recomendó en una ocasión la mujer de la limpieza en el palacio del rey, gran protagonista de La isla desconocida, la carabela imaginaria de Saramago en El cuento de la isla desconocida.

En La decisión de Odiseo, publicado en su libro Praderas (1), se produce un fenómeno inverso en relación con la llegada del protagonista a la isla después de un azaroso y largo viaje:

El gran hombre le da la espalda a la isla.
Su muerte no sucederá ya en el paraíso
ni volverá a oír
los laudes del paraíso entre los olivos,
junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses.

Da comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez
ese latido que es la narración
del mar, al alba cuando su atracción es más fuerte.
Lo que nos trajo hasta aquí
nos sacará de aquí; nuestra nave
se mece en el agua teñida del puerto.

Ahora el hechizo ha concluido.
Devuélvele su vida,
mar que sólo sabes avanzar.

Creo que se comprende bien el motivo de mi admiración por esta interpretación tan bella de la experiencia de Odiseo, tan amante ella de la mitología griega, con una clave que es hilo conductor en mi vida: el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Es curioso constatar en su obra las continuas referencias al mundo de ayer, a la historia de las mitologías y a la Biblia, aunque se comprende por su genealogía judía, concretamente húngara y que lo simboliza con el nombre de su hijo, Noé. En este sentido bíblico me ha llamado la atención el título de una obra suya, Ararat -Tierra Santa, en hebreo-, porque así se llamaba el país bíblico que hoy es probablemente Armenia, en el que se posó el Arca de Noé una vez finalizado el diluvio universal. ¿Coincidencia o búsqueda del mundo interior?

Su poemario está transido de dolor sentido real de cualquier pérdida y en relación con la férrea tutela de su madre y por el acoso escolar, tan antiguo, tan actual. Me ha llamado la atención que haya manifestado en alguna ocasión que ha escrito a veces como venganza y defensa ante las circunstancias difíciles que han rodeado su vida, volcada en una obra corta, sólo doce poemarios y algún ensayo, haciendo verdadero el aserto de Gracián: lo breve si bueno, dos veces bueno. Es curioso constatar que su trayectoria está trufada de trabajos profesionales destacados y premios: profesora en la Universidad de Yale, Poeta Laureada de los Estados Unidos en 2003, Pulitzer por El iris salvaje (1992), el National Book Award por Faithful and Virtuous Night (2014) y, recientemente, en febrero de este año, el Premio Tranströmer, promovido en memoria del último Nobel sueco, fallecido en 2015.

Finalizo por ahora, pendiente de una lectura reposada de su obra más representativa, con un poema de Ararat (2), Amante de las flores, porque esta enigmática palabra hebrea también significa suelo santo donde incluso pueden florecer las amapolas, cuya principal virtud es entregar belleza en grupo, cuidándose y muriendo solas, casi siempre en la misma tierra santa que las vio nacer:

En nuestra familia, todos aman las flores.
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba
con placas de granito en el centro:
las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras
llena de mugre algunas veces…
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:
una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre
a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo.
Cada primavera, espera las flores.
Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende
que es mi madre quien paga; después de todo,
es su jardín y cada flor
es para mi padre. Ambas ven
la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.
El verano es, a veces, muy caluroso,
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,
eran tan frágiles…

(1) Glück, Louise, Praderas. Valencia: Pre-Textos, 2017.

(2) Glück, Louise, Ararat. Valencia: Pre-Textos, 2008.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La población palestina necesita un compromiso político internacional para recobrar la paz y su identidad

Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA)

¿Quién está traficando con todo este dolor humano? ¿A quién da de ganar esta tragedia? “La cara del verdugo está siempre bien escondida”, cantó, alguna vez, Bob Dylan.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 13/X/2023

No me puedo quedar tranquilo ante lo que está sucediendo en la guerra de Israel y Palestina, centrada en la franja de Gaza, como si no tuviera que ver conmigo. Nada más lejos de la realidad y por esta razón escribo estas palabras de denuncia para lo que puedan valer en la Noosfera, la malla pensante de la humanidad. Sin paliativo alguno, condeno el ataque terrorista de Hamás en suelo israelí, pero la respuesta de un Goliat redivivo contra más de dos millones y medio de palestinos en Gaza, debe ser contenida urgentemente por los Organismos Internacionales y Estados con poder suficiente para llevarla a cabo. Muy pocas voces de autoridades políticas he escuchado acerca de esta contención de respuesta y venganza de Israel, reconociendo expresamente la del alto representante de la Unión Europea para Política Exterior y Defensa, Josep Borrell, al recordar, el pasado martes 10 de octubre, que Israel tiene derecho a la legítima defensa tras los atentados terroristas de Hamás iniciados el sábado, pero siempre dentro de la legislación internacional y humanitaria: “Algunas acciones de Israel, como cortar el agua, la electricidad o un bloqueo de alimentos, no son acordes al derecho internacional”.

Recuerdo en este sentido unas declaraciones que en 2021 hizo Josep Borrell en un acto en el Real Instituto Elcano en Madrid, cuando afirmó que quien podía ejercer una auténtica labor de intermediación en el conflicto entre Israel y Palestina era Estados Unidos y no la Unión Europea, porque es una realidad flagrante que Europa está dividida ante este conflicto, destacando que la verdadera ayuda de Europa está en la principal financiación de la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), una comunidad de 5,9 millones de personas, casi la cuarta parte de la población refugiada del mundo.

En este contexto tan complejo, que permita emitir juicios bien informados, recurro a un artículo de Eduardo Galeano, Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa, que recomiendo leer atentamente para comprender la intrahistoria de este triste y dilatado conflicto:

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¿Ampara la Constitución la felicidad de este país?

Constitución de 1812. Artículo 13 (Facsímil)

Sevilla, 12/X/2023

He escrito en muchas ocasiones, en este cuaderno digital, sobre la gran tarea de la inteligencia humana: aprender a ser felices. En esta tarea estoy desde que descubrí las posibilidades innatas y adquiridas que nos ofrece la inteligencia creadora de felicidad, de cada una, de cada uno, para lograr este fascinante cometido, con una protección garantizada por el llamado Estado de Bienestar, como su denominador común. La felicidad dejó de ser un proyecto personal y social inocente desde el momento que supimos, como personas, que teníamos que convivir en proyectos vitales diferentes, bajo gobiernos diferentes, porque todos no son iguales ni facilitan esa felicidad de la misma forma, desde la salvaguarda de la equidad social en todas las manifestaciones posibles. Por tanto, ser ciudadanas, ciudadanos o tener educación para ser ciudadanas o ciudadanos, es la verdadera cuestión: hay que aprender a ser felices. Ese fue el gran proyecto de Educación para la Ciudadanía en nuestro país, desde 2006, que fue finalmente derogado por la derecha ultramontana, a partir de 2012, acusado falsamente de “adoctrinamiento ideológico”.

La gran tarea de la inteligencia es desarrollar actos felices en la vida diaria y ordinaria, al introducirnos en los vericuetos de la sociedad justa y feliz: conocimiento de las utopías para mejorar el mundo y cómo se puede alcanzar la felicidad personal y política, siendo un exponente de ello la frase resumen de la Constitución de 1812, que decía: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación”. Ser felices debe ser un proyecto común: construir una “Casa” común, asumir la compasión y la solidaridad como actitudes proactivas para sentirnos protagonistas de un gran proyecto humano que trascienda situaciones que no permiten ver más allá de nuestras realidades personales, familiares y sociales. En definitiva, ser muchas veces voces de los que no tienen voz, de los nadies. Junto a la inteligencia, también hay que reconocer los sentimientos y las emociones, como la eclosión auténtica de una correcta vida afectiva, feliz en definitiva para los ciudadanos y ciudadanas de este país.

En los tiempos que corren, no vendría mal recuperar en el seno de la memoria constitucionalista de este país, el artículo anteriormente citado de la Constitución de 1812, la Pepa, la primera que fue promulgada en España: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bien estar de los individuos que la componen”, promulgada el 19 de marzo de ese año y derogada dos años después, el 4 de mayo de 1812. Lo necesitamos, bajo los parámetros del llamado Estado de Bienestar, que rescato hoy como claro objeto implícito del deseo político del próximo Gobierno, en estas fechas tan especiales, ¡ojalá fuera así! y para que no se olvide.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!