HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 6. Una viñeta ejemplar: El Roto

EL ROTO1
Viñeta de El Roto. El País, 31 de julio de 2014

PODCAST 14: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 6. Una viñeta ejemplar: El Roto

A veces vale más una imagen que mil palabras. Me suele pasar con las viñetas de El Roto, normalmente cargadas de denuncia expresa a través de sus dibujos descarnados, teñidos en ocasiones de rojo. Esta es de una dureza especial, programática en el mes de agosto, porque nos recuerda aquella expresión de Groucho cuando deseaba que parasen el mundo para bajarse de él. Cambiar de conciencia, ahí es nada o todo, porque es muy difícil mantener la que tenemos en la actualidad ante lo que está pasando a nuestro alrededor, si no queremos permanecer quietos en un silencio cómplice vergonzante.

Muchos interrogantes abre esta imagen, pero deseo reivindicar la permanencia en la buena conciencia de cada uno, porque de la mala ya procuramos librarnos con más frecuencia de la que pensamos. Pero ¿a qué llamamos “conciencia”? El Diccionario de la RAE nos ofrece hasta cinco acepciones, todas ellas de interés público: propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta, conocimiento interior del bien y del mal, conocimiento reflexivo de las cosas, actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto y, la más profesional: acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

La que hemos introyectado desde la infancia es, probablemente, la segunda, porque decimos que “la tenemos” cuando creemos saber discernir el bien del mal, es decir, siempre con una carga ética fruto de la historia de todos y la de cada uno. Creo que la última es mucho más cercana en la actualidad, porque tener conciencia es saber que estamos en un mundo determinado, del que probablemente deseamos salir haciendo autostop en la carretera de cada vida. O al que nos lleva la desilusión de cada día, situación de la que deberíamos aprender para no tratar la conciencia como mercancía alojada en el hipermercado mundial de la ética a la carta, sino como un derecho que coincide con la primera acepción de la RAE, que es la experiencia de muchas personas convertida en un lema: que no me roben esta propiedad del espíritu de cada persona de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta a lo largo de la vida.

Quizá nos ayude a cambiar la conciencia la conversión en consciencia, porque es el momento en que nos enfrentamos con la realidad de la estructura cerebral que nos permite conocernos a nosotros mismos para tomar la mejor decisión –en conciencia- a la que nos invita El Roto y sobre la que ya escribí en 2008 en este cuaderno de inteligencia digital, de forma expresa (La consciencia, según Eric Kandel), haciendo una manifestación sincera de algo que desconocemos: “Aún no sabemos qué es la consciencia. Ahora comprendemos sólo del 15% al 20% del cerebro. Hemos progresado mucho, y no se resolverá en menos de cien años. Cuando yo empecé en los cincuenta, teníamos el 5%. Parecía un sueño imposible. Según mi filosofía, uno debiera tener sueños imposibles sólo si supone que los va a transformar en posibles. Dedicarse a sueños imposibles que uno sabe que no son realizables es perder el tiempo” (1). De esta forma se expresaba el Nobel de Medicina, Eric Kandel, en una entrevista que mantuvo en Viena el pasado 16 de julio [de 2008], con motivo de su incorporación al Instituto de Ciencias y Tecnología de Austria, su país natal”.

Hoy, más que nunca, comprendo perfectamente la ilusión científica, convertida en sueño realizable, de Eric Kandel al calcular el reto científico del descubrimiento real de la conciencia/consciencia humana, porque también lo viví de forma contemporánea a él (2): “Avanzando en esta reflexión crítica, me he encontrado con una anotación mía, de hace treinta y ocho años, sobre esta frase de corte teilhardiano: “Así en el cosmos entero, el lado exterior material, el único que la ciencia suele tomar en consideración, está acompañado de un lado interior consciente, las más de las veces oculto”. Y escribo así: “esta frase resume todo lo dicho anteriormente”. Es verdad, porque lo oculto es lo que apasiona menos en la verdad científica. Aunque a mí me supuso poner en crisis la razón de la razón y la del corazón en una dialéctica pascaliana que permite hoy la realidad de una enorme pre-ocupación (así escrito) sobre el lado interior del cerebro y de su máxima expresión comprensiva y de aprehensión a través de la inteligencia. Y culmina esta teoría en una definición apasionante, también subrayada: la consciencia es una propiedad cósmica de intensidad variable, que podemos seguir a través de todos los grados ascendentes de crecimiento de la vida, hasta el pensar reflejo del hombre”. Una maravilla.

Sevilla, 23/VIII/2014

(1) Rudich, J. (2008, 17 de julio). “¡Ya he logrado comprender el 15% del cerebro!”, El País, p. 44.
(2) http://www.joseantoniocobena.com/?p=88

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 5. El ejemplo de una paloma equivocada

PODCAST 13: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 5. El ejemplo de una paloma equivocada

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo,
que la noche la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama).

Rafael Alberti, La paloma. Entre el clavel y la espada (1941)

Acabo de leer las noticias del día y he recordado este maravilloso poema de Rafael Alberti, Se equivocó la paloma, en una interpretación para hoy mismo. Lo que ocurre a diario muestra un mundo en permanente confusión, aquí y allá, con daños y duelos diferentes, pero siempre con los interrogantes de una paloma confundida. Para personas que muchas veces pensamos que nos hemos equivocado de siglo al nacer e intentar vivir en otro mundo posible, no el del nunca jamás de Peter Pan, volver a leer pausadamente el poema de Alberti y escuchar la versión tan querida para mí de Serrat, sobre la primitiva del compositor argentino Carlos Guastavino, nos llena de interrogantes positivos que debemos despejar.

Por ejemplo, buscar los roles que nos corresponden y ser consecuentes con nuestra persona de secreto, pero sin renunciar a lo que cada uno tiene que hacer en la vida, para no equivocarnos. Es probable que si crecemos en valores, el mar seguirá siendo mar y la noche…, noche, aunque a veces tengamos que dormir en orillas que no nos corresponden, porque otros se han ido por las ramas.

El problema radica en que estamos viviendo momentos muy difíciles para hacer distinciones tan finas y al final…, mucha gente cree que todos somos iguales. Pero no es así. Todavía hay personas que son capaces de hacer reflexiones como las de Alberti y componer partituras para despejar esa confusión tan vigente hoy.

Es probable que haya palomas que ya no se equivocan, porque han aprendido de sus propios errores. Son las que vuelan alto y son capaces de estar por encima de lo que ocurre a los seres humanos. A cada uno lo suyo, aunque creo que todos estamos convencidos de que las palomas son el símbolo de la paz para las personas de bien, que somos multitud a pesar de que algunos se encarguen de ignorarlo. Aunque a veces se equivoquen y confundan -desgraciadamente para Andalucía- el sur con el norte, tan frío él…

Sevilla, 19/VIII/2014

La pintura [el “Guernica”] no está hecha para decorar apartamentos…

GUERNICA

Es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo. Lo he leído en la portada de un libro en espera paciente de ser vendido en mi librería habitual de calle, en una mañana de estío. Así hablaba Picasso sobre el Guernica, cuadro que pintó en 1937, por encargo de la República para el Pabellón de España de la Exposición Universal de París de ese mismo año, transmitiéndonos una forma diferente de interpretar el arte y la cultura. Es verdad que es una expresión en un contexto definido y con resonancias múltiples al contemplarlo hoy en cualquier espacio de nuestras casas. A mí me ocurre cada vez que lo observo en su pared azul de la mía, habiéndome acompañado siempre en el largo camino del timbo al tambo de la vida. Probablemente porque su resonancia me recuerda que no esta ahí como oscuro objeto de decoración sino como revulsivo para vidas quietas ante el enemigo que acecha por todas partes.

Es una litografía que compré en el Casón del Buen Retiro en Madrid, durante una visita inolvidable en su emplazamiento provisional, donde me recreé en este cuadro original, durante mucho tiempo, para intentar comprender su mensaje, tanto implícito como explícito. Lo que me duele todavía hoy es haber crecido sin conocer nada de su existencia, porque se prefería ignorarlo junto a su autor, proscrito hasta la saciedad por una de las dos Españas, la de toda la vida, mientras la otra seguía teniendo helado el corazón. Me he acercado a la habitación donde está colgado y lo he recorrido visualmente como un pequeño homenaje en este reencuentro con mi moviola de secreto, personal e intransferible. Siempre descubro algo nuevo, porque tiene un mensaje subliminal que recorre el color triste que lo acompaña. Como aprendí de Oliver Sacks, salvando lo que haya que salvar, en el tiempo real de aquél horrible bombardeo nos dejaron ciegos al color, como nos pasa muchas veces en la vida al ver casi todo de un color gris o negro perturbador.

Picasso nos deja una pintura plagada de preguntas a través de mujeres, niños y animales que sufren. No hay hombres, solo el mensaje explícito de que esos hombres son solo lobos para el hombre, en una reinterpretación de la mítica frase de Hobbes: homo homini lupus. En este cuadro se representa la verdad expresa de la guerra y el sufrimiento que siempre conlleva. Nos debería servir hoy para convertirnos en militantes de la paz, de cualquier paz que se deba defender en los círculos donde somos y estamos, sobre todo cuando se lucha con dignidad por otro mundo mejor y posible.

Ha sido un regalo de la vida en una librería de paso, con valor, sin precio, evitando la confusión de todo necio. Un auténtico aviso para navegantes hacia la isla desconocida del alma de todos y la de secreto.

Sevilla, 3/VIII/2018

En agosto, el tiempo que te quede libre…

Estamos viviendo ya un mes de agosto que ofrece posibilidades de que sea diferente al de otros años. Siempre recuerdo en este mes una canción preciosa cantada por María Dolores Pradera, El tiempo que te quede libre, que puede ser de aplicación selectiva para aquellas personas a las que queremos y que a veces hemos plagado de ausencias múltiples en la vida compartida. Para devolverles, si es posible, la dedicación que merecen siempre durante todos los meses del año.

Las letra puede ayudarnos a programar el tiempo libre del que disponemos en estos días, como manual amable de mil reencuentros posibles, hoy y siempre:

El tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí
a cambio de mi vida entera
o lo que me queda y que te ofrezco yo.

Atiende preferentemente
a toda esa gente que te pide amor;
pero el tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

El tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

No importa que sean dos minutos
o si es uno sólo, yo seré feliz;
con tal de que vivamos juntos
lo mejor de todo dedicado a mí.

Y luego cuando te reclamen
y otra vez te llamen volveré a decir:
que el tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

Que el tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

No importa que sean dos minutos
o si es uno sólo, yo seré feliz;
con tal de que vivamos juntos
lo mejor de todo dedicado a mí.

Y luego cuando te reclamen
y otra vez te llamen volveré a decir:
que el tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

Que el tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

Y luego cuando te reclamen
y otra vez te llamen volveré a decir:
que el tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

Que el tiempo que te quede libre
si te es posible, dedícalo a mí.

Les dejo con ella…

Sevilla, 2/VIII/2018

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 4. El ejemplo de Princesa

PRINCESA
M.MORENO/ATLAS

PODCAST 12: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 4. El ejemplo de Princesa

Hacer el agosto significa hacer buen negocio: “Antiguamente se decía hacer su agosto y su vendimia. Se cita en La gitanilla, de Cervantes: «Y así granizaron sobre ella (sobre Preciosa) cuartos, que la vieja no se daba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas…» (1). Pero pretendo que hagamos un agosto diferente, basado en derechos y deberes, porque es una oportunidad para pensar de otra forma, para cambiar, no confundiendo nunca valor y precio de las cosas, que deben estar al servicio de la inteligencia de las personas, sin atisbo alguno de mercancía.

Hoy he conocido otra historia que tiene lugar en agosto, con una protagonista de nombre Princesa. Una historia bien diferente porque se trata de una bebé rescatada en Tarifa, que se encontraba sola, sin familia alguna, en una lancha de juguete roto, en un escenario nada acogedor para ella, como un Moisés redivivo. Poco se sabe de quién es, porque al parecer sus padres quedaron en tierra después de mantener una trifulca con la gendarmería marroquí. Ella ha viajado sola hacia un nuevo mundo, en una paradoja sin sentido: “En la agrupación local de la Cruz Roja de Tarifa entró con fiebre (38,5 grados). Una enfermera le suministró Apiretal, un antipirético infantil, en pleno puerto. Luego durmió en una bañera, arropada por una manta. Desde las once de la mañana hasta las cinco de la tarde ni pestañeó. Tiene cinco dientes y unos ojos negros muy vivos que lo escudriñan todo. La chiquilla quedó al cuidado de María Ángeles, una voluntaria de Sevilla, de 33 años, madre de dos hijos. Cuenta «con el vello de punta» y con la niña en brazos, que la policía esperará a que sus padres la reclamen. Entretanto, su destino más probable es un centro de internamiento de extranjeros” (2).

Princesa es un claro ejemplo de la desesperación en la que se encuentran miles de subsaharianos que quieren cambiar sus vidas. Más de mil cien inmigrantes ya han entrado por Tarifa en lanchas de juguete, aprovechando la mar en calma de estos días y la buena temperatura durante la noche. Salvando las distancias y la dureza de estos viajes hacia alguna parte, se repite la situación ya muy conocida en las costas del sur de este país así como en Canarias. Recuerdo la avalancha de cayucos en 2006. En aquella ocasión escribí lo siguiente: “Nunca habíamos hablado tanto de los cayucos, esas embarcaciones de la esperanza, de la miseria, de las frustraciones. Han sido los auténticos protagonistas del verano, llegando a las Islas Afortunadas, las Canarias, por oleadas, en un viaje a lo vagamente conocido por las parabólicas de Senegal. Y lo cotidiano ha sido ver como saltaban a la teórica libertad de un puerto canario, desde el barco paradójico “Esperanza del Mar”, abrazándose a una cruz roja como misión imposible, en el silencio de los muertos y desaparecidos”.

Cayucos o lanchas, ¡qué más da para retratar la miseria de estas situaciones límite! Princesa ha llegado a España, probablemente el sueño de sus padres y compatriotas, donde voluntarios de Cruz Roja van a ofrecerle todo el cariño del mundo. Pero ella, con sus inmensos ojos negros, nos lanza un mensaje de súplica para los que no tienen nada, ni siquiera dónde estar y ser personas, porque sus viviendas en el país de origen son solo muriendas…, por poner un amargo ejemplo.

En el post que citaba anteriormente, que en realidad era una carta protesta enviada a un periódico para su publicación, describía la amargura de estos viajes: “¿Qué son los cayucos?: dicen los expertos que son embarcaciones en las que durante la travesía de su vida aprenden a no hablar al llegar a España, a no mirarse a la cara, porque durante siete días, que es lo que dura el viaje descarnado, solo pueden mirar hacia adelante, siempre en la misma postura, todos juntos, hacinados, para ver si el Teide, España y Europa los acoge en su misteriosa holgura de riqueza y libertad. Ser o tener, esa es su cuestión. Hasta que un día los encontramos en un semáforo, en nuestros viajes cotidianos, donde los pañuelos a un euro pueden servirnos para justificar sus lágrimas cuando nos miramos de frente, entonces sí, cara a cara”.

La soledad de Princesa en alta mar, con menos de un año, ha sido atendida por sus compatriotas para devolverla a una vida nueva. Luego, unas personas admirables, funcionarios públicos de seguridad, salvamento marítimo y salud, así como voluntarios de la Cruz Roja, han hecho lo que debemos hacer como país sensible con estas situaciones tan dramáticas.

Creo que merece, cuando pasen los años y donde quiera que esté, que alguien pudiera decirle aquellas hermosas palabras del protagonista de La vida es bella, Guido Orefice, a la mujer que amaba: ¡Buenos días, princesa!…, para quitarle de su cabeza recuerdos amargos de su niñez tan difícil en este viaje a Tarifa. Estoy seguro que sería una imagen de un mundo más justo, equitativo y saludable.

Sevilla, 13/VIII/2014

(1) Iribarren, José Mª (1996). El porqué de los dichos. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación, Cultura, Deporte y Juventud (9ª ed.).
(2) Precedo, José (2014, 13 de agosto). Princesa, la bebé que llegó sola a Tarifa. El País, 10.

La canción de Ainhoa

El día 1 de agosto simboliza personalmente momentos de estío, de recuerdos, de reposiciones. Hoy, he elegido la bella «canción de Annie» de mi juventud, de John Denver, interpretada por Ainhoa Arteta, a quien tanto admiro. No sé identificar la razón de fondo para esta reposición de estío, pero me inspira respuestas a eternas preguntas. Como decía el día que publiqué este artículo por primera vez, el amor auténtico es el único que puede dar respuestas a las preguntas inquietantes que Neruda nos dejó escritas en su precioso libro póstumo de preguntas sin respuesta.

Sevilla, 1/VIII/2018

A quién le puedo preguntar
Qué vine a hacer en este mundo?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas (XXXI)

En este país hace falta publicar noticias positivas sobre mujeres, a los cuatro vientos. Es lo que ha hecho Ainhoa Arteta a través del disco que ha publicado recientemente con 11 canciones de espíritu y sobrenombre de mujer, Mayi, diosa de la mitología vasca. Figura en primer lugar una canción preciosa, La canción de Annie (John Denver), como homenaje a un amigo personal que murió hace dos años y que creyó en su voz cuando solo tenía dieciocho años, entregándole su dinero ahorrado para que pudiera aprender técnica de voz en Italia, sin contraprestación alguna. Un hombre bueno que la acompaña siempre en su persona de secreto.

Son pequeñas historias que ennoblecen el alma humana y el de la mujer, como en este caso concreto. Ainhoa es un ejemplo de superación continua que nos enseña cómo nos podemos levantar cuando caemos, con la ayuda de personas que existen a nuestro alrededor. A ella le pasó hace unos años, cuando en el mercado de la ópera perdió la voz en su alma de secreto, por las múltiples Traviatas, entre otras óperas, que tuvo que cantar por el imperativo categórico del mercado. Así de triste.

Estas situaciones conmueven los cimientos de la vida, su suelo firme, su ética. Lo aprendí hace muchos años en un libro muy recomendable de lectura de cabecera, el Eclesiastés, cuando se hace un homenaje al tiempo de vivir y de morir, sobre todo ante las tres grandes preguntas de la vida:

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿Qué saca cualquier persona de todo su fatigoso afán bajo el sol?

– ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de los animales desciende hacia abajo, a la tierra?

– ¿Quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después del tiempo de vivir?

O, simplemente, cuando como Ainhoa tienes que preguntarte cosas sobre el dilema del tiempo de cantar o del tiempo de silencio impuesto por la crueldad de la sociedad de mercado donde la voz se puede convertir también en mercancía.

Les dejo con John Denver y con Ainhoa Arteta, porque en la canción de Annie podemos entender bien que cuando un hombre y una mujer no se comprenden, puede surgir el diálogo a través de la palabra hecha música, con expresiones tan bellas como las que contiene esta canción, tal y como la compuso Denver en 1974 y la siente todavía hoy Arteta: Ven y déjame amarte / deja que te ofrezca mi vida. / Déjame ahogarme en tu sonrisa, / déjame morir en tus brazos. / Déjame reposar a tu lado, / déjame estar siempre contigo. / Ven, déjame amarte, / ven y ámame otra vez.

Es posible que comprendamos mejor que nunca el mensaje del Eclesiastés en tiempo de crisis y de preguntas sin respuesta, porque siempre es mejor hacerlas a otra persona, que fundamentalmente sea amiga o a maestros y maestras de la vida. La historia del ser humano ha demostrado que lo mejor es caminar juntos para avanzar en progreso personal y social cuando no entendemos nada de lo que está ocurriendo, cuando no encontramos respuestas a nuestras múltiples preguntas, porque si caemos o nos frustramos diariamente, siempre tendremos alguien al lado que nos levante cuando compartamos nuestro desconcierto en el terreno de las grandes preguntas. ¿Saben por qué? Porque la amistad es como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. El amor, igual. Es lo único que quizá pueda dar respuesta a los 74 capítulos de preguntas inquietantes que un día ya lejano hizo Pablo Neruda en un precioso libro póstumo sobre ellas.

Sevilla, 26/XII/2015

 

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 3. El ejemplo de un gran actor: Robin Williams

PODCAST 11: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 3. El ejemplo de un gran actor: Robin Williams

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Carpe diem. Siempre he valorado esta expresión, recordada de forma especial en una excepcional película, El Club de los poetas muertos, protagonizada por Robin Williams, actor inolvidable para muchas personas que se identificaron con un profesor especial, John Keating, interpretado de forma magistral por él. Hoy hemos recibido una noticia triste, su fallecimiento en la residencia ya habitual de San Francisco, probablemente cansado de vivir a pesar de él mismo, de su carpe diem particular, sabiendo que ha hecho felices a muchas personas con sus interpretaciones mágicas de actor comprometido con guiones especiales capaces de transmitir sentimientos y emociones diferentes.

Aquella película hizo historia en mi vida. La recuerdo en todos sus planos principales, destacando sobre todo los momentos estelares de la forma de entender la vida el profesor Keating y transmitirla a los demás, fundamentalmente a sus cuatro alumnos especiales por su condición de seguidores de un gran maestro. Desde el comienzo de la película, un nuevo profesor iba a cambiar la vida de alumnos en la mejor tradición de maestría de la vida, que tanto he valorado siempre en mis profesores de diferentes ciclos vitales, tanto académicos como profesionales, porque todos no han sido iguales. Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó, por ejemplo, la primera versión del carpe diem infantil casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, porque mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo…

Era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente: amor y poesía, cada día.

Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia.

El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos.

Y al final de la película de su vida, podríamos gritar a los cuatro vientos las palabras coreadas por sus alumnos subidos en los pupitres: “Oh capitán, mi capitán”, mejor hoy “Oh, Robin, nuestro Robin”. Y el actor, en su carpe diem actual seguro que volverá a respondernos generosamente “gracias chicos, gracias”.

The end.

Sevilla, 12/VIII/2014

Archivos a la carta (podcast)

MUNDO DIGITAL CAST

En el proceso de mejora continua del blog, he introducido hoy una nueva sección de podcast a la carta, en la columna derecha de la ventana (según dispositivos), bajo un epígrafe indicativo del hilo conductor de este cuaderno digital: MUNDO DIGITAL ADELANTE – CAST. Se pueden leer las últimas publicaciones o simplemente escucharlas. Tengo que seguir introduciendo mejoras en los podcasts, pero es un proceso largo y técnicamente complejo, que requiere tiempo y la ilusión necesaria para hacerlo de la mejor forma posible, pensando siempre en las personas que me acompañan en este viaje digital hacia una parte de la vida, a bordo de La Isla Desconocida

El tipo de letra que he elegido para el título del podcast e insertado en la imagen, es Félix Titling, especialmente indicado para las mayúsculas: “El pintor, compositor y calígrafo Felice Feliciano, nacido en Verona, Italia, en 1433 fue el creador de un notable alfabeto caligráfico de estilo romano en 1463 utilizado en el tratamiento de sus inscripciones romanas. Actualmente las muestras originales están guardadas en la biblioteca del Vaticano. La fundición Monotype y el diseñador Phillip Boydell rescataron en 1934 esta tipografía, manteniendo sus proporciones clásicas y formas geométricas. Durante los años 1991 a 1995 fue digitalizada por el equipo de diseñadores de Monotype. Está diseñada para ser utilizada a tamaños grandes donde se puedan apreciar mejor sus trazos y se consigue un mejor efecto”. Siempre me ha entusiasmado la caligrafía, pasión artística que debo a mi querida maestra Dª Antonia, que tanto me enseñó para comprender mejor la vida, cogiéndome muchas veces de la mano y repartiendo a mis compañeros y compañeras con ella los caramelos de colores que siempre llevaba en el bolsillo de su guardapolvo. Además, se sentaba conmigo en su rincón preferido: el de querer, desinteresadamente, con su calidad humana que nunca he olvidado. Me mandaba siempre escribir frases cargadas de sentido infantil en la pizarra, tiza y borrador en mano, en filas de caligrafía inglesa, romana y gótica. De ahí mi aprecio a esta forma diferente de escribir en la vida.

Espero que este servicio nuevo sea una ayuda interesante para acceder a la lectura y escucha de los artículos que publico con cierta periodicidad. El nuevo título de este servicio podcast es coherente con el del blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, porque no lo comprendo de otra forma. Soy consciente de que el silencio de los bits no soluciona problemas vitales, como diría Negroponte, pero no son pura mercancía (como pretendo transmitir a través de este blog), sino también generadores de derechos humanos y, desde la ética pública digital, que también existe, hay que garantizar siempre el mejor servicio público que podamos imaginar: “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”.

Sevilla, 29/VII/2018

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 2. El ejemplo de Laura López

PODCAST 10: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 2. El ejemplo de Laura López

Mientras que todo el país está pendiente hoy de la controvertida llegada a Madrid del sacerdote infectado de ébola, un grupo de voluntarios españoles ha viajado el martes pasado en sentido contrario hacia Sierra Leona, con el objetivo de levantar un hospital en Kenema, al constituirse como un centro de referencia en el tratamiento de esta enfermedad “pues buena parte de los contagios se producen en esta zona, conocida como “el triángulo del ébola”, situada muy cerca de la frontera con Guinea y Liberia” (1).

Lo he conocido por el reportaje excelente publicado ayer en El País, Mamá, me voy a luchar contra el ébola, que sobrecoge por la calidad humana que transmite a través de doce personas (delegados especialistas) que componen la Unidad de Respuesta de Emergencia de Cruz Roja Española, dispuestas a entregar días de su vida en beneficio de los que menos tienen y además sufren enfermedades como ésta, tan desconocida y de efectos tan letales cuando no se atiende en su primer estadio.

Laura López, enfermera de Mislata (Valencia), una persona anónima más -entre otras- hasta ayer, sintetiza muy bien esa entrega desinteresada, cargada de responsabilidad e incertidumbre: “No es miedo, tengo respeto. Bueno, en realidad sí tengo miedo, pero es más bien miedo a perder la concentración. Somos humanos y aquí no hay margen de error”.

En pleno debate sobre la oportunidad del traslado a España del sacerdote Miguel Pajares, creo que es justo destacar esta acción llena de encomio protagonizada por un grupo de personas que han dejado atrás su situación personal en España infinitamente más cómoda y viajan en este mes de agosto al corazón del ébola, desafiando situaciones complejas en cualquier vertiente que se analice. Una gran lección, digna de amplificarse mediante todos los medios en momentos en los que necesitamos identificar acciones ejemplarizantes ante tanta corrupción institucional y personal.

Podemos hacer un agosto personal e intransferible diferente, simbolizado por el respeto que manifiesta Laura López a realidades tan duras como las que van a atender en Kenema. Con su silencio activo, motivador y ejemplarizante, junto al de sus compañeros –sin dejar a nadie atrás- en este viaje hacia alguna parte. Nada más.

Sevilla, 7/VIII/2014

(1) Naranjo, José (2014, 6 de agosto). Mamá, me voy a luchar contra el ébola. El País.

La vejez puede ser una agradable sucesión de ganancias

LUCAS COBEÑAS CASASOLA
Fragmento del acta de desposorio de Lucas José Cobeñas Casasola, el 25 de setiembre de 1740, en Ubrique (Cádiz)

Me acuerdo de esas veces en que no
sabes si estás muy feliz o muy triste
.

Joe Brainard (1942-1994), Me acuerdo

PODCAST 9: La vejez puede ser una agradable sucesión de ganancias

Lo he leído hoy en una entrevista de Juan Cruz a Caballero Bonald: “La vejez es una maldita sucesión de pérdidas”. Es una frase muy dura pero que refleja una forma de entender la cuenta atrás de la vida, donde el espejo retrovisor solo te deja ver lo que se queda atrás y no vuelve, aunque con los nuevos descubrimientos del cerebro sepamos que podemos recordar millones de situaciones vitales porque la memoria de hipocampo se ha encargado de ponerlas a buen recaudo.

Tengo que reconocer que me han impactado esas palabras de Caballero Bonald y me llama la atención que como una premonición más de mi larga vida, tengo a este autor jerezano muy presente en mi devenir actual de persona mayor, después de haber leído recientemente su primera novela, Dos días de setiembre, por una razón curiosa: indagar sobre un personaje de la misma, de nombre Julián Cobeña, en un momento en el que estoy trabajando sobre la genealogía de mi primer apellido. La tarjeta de presentación de este personaje no aventuraba nada bueno en la lectura de esta novela: “Julián Cobeña era una especie de lagarto que había hecho de todo, hasta de alcahuete y tapapocilgas de Don Gabriel Varela, vinatero y traficante, a cuyo servicio estaba desde hacía veinte años”. Cuando llegué a las últimas referencias de Julián Cobeña en la novela, comprobé que su existencia en la ficción me había creado bastante desasosiego, hasta tal punto que pensé en su momento dirigirme al autor para preguntarle quién estaba detrás de Julián, sabiendo como sé hoy que las raíces de este apellido se remontan a lo largo de casi cuatro siglos a su lugar de nacimiento, Jerez de la Frontera, y sobre todo, a Ubrique, lugar donde sorprendentemente llegó un día un tal Lucas José Cobeñas Casasola, natural de Cabra, descendiente de una familia de tejeros que se instalaron en la subbética cordobesa en el siglo XVI para solucionar un grave problema que había en las casas de esa población, como en otros muchos lugares: sustituir las cubiertas de paja de las casas por tejas,  estableciéndose definitivamente en Ubrique para crear un linaje que llega hasta nuestros días en mi familia. He podido obtener gracias a mi tiempo libre el acta de desposorio [sic] de Lucas José Cobeñas Casasola, natural de Cabra (Córdoba) con Leonor Ramos Birués, natural de Ubrique (Cádiz), celebrado el 25 de setiembre de 1740 en Ubrique, siendo la primera vez que he podido constatar la procedencia cordobesa de nuestro linaje.

En este contexto premonitorio, no quiero olvidar lo que he leído esta mañana en la citada entrevista porque me gustaría dar la vuelta a esa frase apocalíptica. Tiene razón en el envés de la vida, que siempre tiene dos caras, porque en el haz encuentro personalmente su contrario: la vejez es también una agradable sucesión de ganancias. Puedo enumerar muchas, casi todas relacionadas con la vida interior, dado que nos sirve para comprobar que es bueno caminar ligero de equipaje y porque es la gran oportunidad para revisar la colección de recuerdos en la clave que aprendí un día de los “me acuerdo” de Joe Brainard (1) e instalarme en ellos por una razón fundamental: tengo tiempo para hacerlo, una realidad que he ganado de forma considerable. También, porque enlazo el tiempo con una realidad inexorable: vale mucho saber que cada momento tiene su tiempo y cada tiempo su momento, el inexorable carpe diem que me acompaña siempre a todos los sitios, aunque a veces vaya del timbo al tambo de García Márquez.

Me acuerdo de que llegué a Brainard por la lectura de un artículo de Guillermo Altares, Cuando un recuerdo es algo que tenemos (2) y mi permanente actitud de investigación sobre las estructuras cerebrales que nos permiten recordar siempre a través de la memoria. Una aventura apasionante. Decía Altares que “Esa mezcla, lo que tenemos, lo que hemos perdido, es lo que nos convierte en nosotros y el pintor Joe Brainard (1942-1994) encontró una fórmula maravillosa para navegar por la memoria, los Me acuerdo…”. Efectivamente, la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria – ¿viña? – de cada una, de cada uno.

En mi caso, gracias al tiempo libre del que dispongo, que ya está ocupado con ganancias casi siempre, he descubierto que mis antepasados han pasado por todo tipo de oficios y experiencias a lo largo de cuatro siglos. Listeros, jornaleros, sombrereros, industriales, masones, tenderos, dueños de especerías, mercerías, arrendatarios de molinos harineros y tejeros. Han ido tejiendo una forma de ser y estar en el mundo de la familia, que me ha llenado de historia interior. Gracias a que en mi vejez he descubierto que mediante el estudio y la investigación he ido coleccionando una agradable sucesión de ganancias que me permiten ser más libre. Con música de fondo a través de mis acordes en clave, piano y violín, que de todo hay en la viña del Señor.

A sus noventa y dos años, Caballero Bonald manifiesta que desde hace más de dos años ya no ha vuelto a escribir nada. Y vuelvo a leer su frase apocalíptica para ver si la puedo comprender mejor en su texto y contexto, como sucede con los aforismos, que tanto aprecio: “No, ya no voy a escribir más. Estoy alejado de todo. Me indigna lo que ocurre por ahí afuera. Hay mucho gregario, mucho sumiso, mucho patriota, mucho tentetieso… Vivo muy aislado en este rincón atlántico frente a Doñana y no veo a nadie. Además, la literatura sólo me interesa cuando escribo y, como desde hace más de dos años no escribo nada, pues la literatura me queda muy a trasmano. Verás, mi salud no es buena y tengo la vista muy dañada, apenas puedo leer. Yo he sido un lector asiduo, de varias horas diarias, pero eso también se acabó. Me paso el día a la sombra de un árbol viendo pasar el tiempo, oyendo música de cámara, jazz, flamenco. Eso es todo lo que hago. La vejez es una maldita sucesión de pérdidas”.

Desde mi agradable sucesión de ganancias, lo entiendo…, porque como decía él mismo en Ágata, ojo de gato, “Cansado como está, no se detiene entonces en el retrospectivo inventario de la destrucción”.

Sevilla, 28/VII/2018

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto piso.

(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo). Cuando un recuerdo es algo que tenemos, El País(Babelia), p. 8.