Inteligencia y pobreza

Ayer se publicó en la prestigiosa revista The Lancet, un artículo muy interesante (1) que a los estudiosos del cerebro nos estimula para seguir investigando la relación que existe entre inteligencia y pobreza en cualquiera de sus manifestaciones. La noticia de agencias estaba servida: “Más de 200 millones de niños menores de cinco años no consiguen alcanzar el pleno desarrollo de su potencial cognitivo a causa de la pobreza, la mala salud, la desnutrición y el cuidado deficiente, revela un informe que publica esta semana la revista The Lancet. La mayoría de estos niños (89 millones) vive al sur de Asia y en 10 países (India, Nigeria, China, Bangladesh, Etiopía, Indonesia, Pakistán, República Democrática del Congo, Uganda y Tanzania) donde se concentra el 66% de los 219 millones de niños desfavorecidos de los países en desarrollo. Estos niños probablemente abandonarán la escuela y en el futuro tendrán bajos ingresos, una alta fertilidad y no podrán colmar las necesidades básicas de sus propios hijos, lo que contribuirá a la transmisión intergeneracional de la pobreza”.

Podríamos sacar diversas conclusiones en torno a esta crónica del fracaso anunciado de la inteligencia conectiva, pero la lectura pausada del último Informe sobre la salud en el mundo 2005, con el sugerente título ¡Cada madre y cada niño contarán! (2), permite tomar conciencia de esta realidad cerebral en el corto, medio y largo plazo. Las cifras que aporta el Informe (y contra hechos científicos no valen determinados argumentos éticos de justificación ajustada y políticamente correcta), presentan un panorama preocupante para la frontera de la Noogénesis (3) y de su proyección en la Noosfera (malla pensante, la corteza cerebral del mundo, lo más próximo a la realidad de la red de redes), con el respeto científico que encierra en relación con los derechos a la inteligencia individual de cada una, de cada uno, en palabras de LEE Jong-wook, cuando ocupaba la Dirección General de la Organización Mundial de la Salud y fallecido en mayo de 2006: “La maternidad/paternidad se acompaña siempre de un fuerte deseo de ver crecer a los hijos felices y sanos. Ésta es una de las pocas constantes de la vida de las personas en todo el mundo. Sin embargo, incluso en el siglo XXI, todavía permitimos que muchos más de 10 millones de niños y medio millón de madres mueran cada año, pese a que la mayoría de esas defunciones pueden evitarse. Setenta millones de madres y sus recién nacidos, así como innumerables niños, están excluidos de la atención sanitaria a que tienen derecho. Aún más numerosos son los que sobreviven sin protección alguna contra la pobreza que puede acarrear la mala salud” (4).

La importancia de la inteligencia individual tiene ya su punto de partida en el hecho de la gestación del ser humano y en sus ciclos antecedentes de la unión de una pareja, por la aportación futura a la configuración de la inteligencia individual y conectiva. Y hay un dato irrefutable: cada año nacen en torno a 136 millones de niñas y niños, con unas capacidades determinadas por el carné genético de cada uno y por su entorno.

Este bucle perverso, generado por la pobreza extrema que está más cerca de nuestras vidas de lo que a veces creemos, se forja en la visión integrada de la correlación existente entre inteligencia, gestación y nacimiento, como kilómetro cero de la proyección humana de la inteligencia individual. Esta perspectiva está mucho más cerca de la realidad social desarrollada de lo que muchas veces se piensa e investiga. Y llena de frustración saber que las posibilidades de cada inteligencia en particular se forjan en esta fase de los preliminares de la vida. Más tarde, comienza el camino errático de la pobreza global: física, psíquica y social.

Cuando leía recientemente el reportaje de National Geographic sobre La Mente, de James Shreeve (5), en el que se comentan las circunstancias que rodeaban una intervención en el cerebro de Corina Alamillo, paciente con un tumor cerebral en el lóbulo frontal izquierdo, comprendí mejor lo que desde hace muchos años vengo analizando en publicaciones científicas: el cerebro alcanza su desarrollo más perfecto en los meses de gestación en el vientre materno y ya viene “programado” para su existencia particular: “Por lo que se refiere al crecimiento cerebral, los nueve meses que pasó en el vientre materno fueron una hazaña de desarrollo neuronal de dimensiones épicas. Cuatro meses después de la concepción, el embrión que iba a convertirse en Corina estaba produciendo medio millón de neuronas por minuto, que a lo largo de las semanas siguientes migraron al cerebro, hacia destinos específicos determinados por señales genéticas e interacciones con las neuronas adyacentes. Durante el primero y el segundo trimestre de su gestación, las neuronas comenzaron a tender tentáculos entre sí, estableciendo sinapsis (puntos de contacto) a un ritmo de dos millones por segundo”. Sigue narrando, posteriormente, esta apasionante aventura del cerebro humano: “Tres meses antes de su nacimiento, Corina tenía más células cerebrales de las que volvería a tener en toda su vida: una sobrecargada jungla de conexiones. Muchas más de las que necesita un feto en el ambiente cognitivamente poco estimulante del útero, muchas más incluso de las que necesitaría de adulta”.

Esta deslumbrante descripción plantea cuestiones sobre las que también se está avanzando científicamente, porque puede ayudar a “cuidar” el cerebro desde la creación del embrión humano y, de esta forma, cuidar el desarrollo del mismo y de la inteligencia, como corolario adecuado. Quizá sea la fase en la que la “transmisión” de afectos y serenidad en la vida de la madre, puede “preprogramar” el cerebro del bebé con todas las garantías: “los bebés son buscadores natos de información”, afirma Mark Jonson, del Centro sobre Desarrollo Cerebral y Cognitivo de Birkbeck, en la Universidad de Londres (6).

En el Informe sobre Salud Mental: nuevos conocimientos, nuevos esperanzas, presentado por la OMS en 2001, se confirmaba la importancia del desarrollo fetal y su interrelación con el del cerebro: “Durante el desarrollo fetal, los genes dirigen la formación del cerebro. El resultado es una estructura específica y muy organizada. Este desarrollo temprano puede también verse afectado por factores ambientales como la alimentación de la embarazada y el abuso de sustancias (alcohol, tabaco y otras sustancias psicotrópicas) o la exposición a radiaciones. Después del nacimiento, y a lo largo de la vida, experiencias de todo tipo pueden no sólo dar lugar a una comunicación directa entre las neuronas, sino también poner en marcha procesos moleculares que remodelen las conexiones sinápticas (Hyman, 2000). Este proceso se describe como plasticidad sináptica y modifica literalmente la estructura física del cerebro. Puede darse la creación de sinapsis nuevas, la eliminación de sinapsis antiguas y el fortalecimiento o el debilitamiento de las existentes. El resultado es que la información que se procesa en el circuito cambiará para incorporar la nueva experiencia” (7).

Las interacciones de los genes y el medio en el que se desenvuelven durante la gestación, nacimiento y crecimiento del ser humano, están aún por descifrar pero se sabe que constituyen una garantía de futuro cerebral escrita en el carné genético de cada uno.

Si la ciencia es capaz ya de anunciar a los cuatro vientos estas posibilidades, la injusticia social denunciada en el artículo de The Lancet evidencia la gran fractura humana que sufrimos. Por cierto más cerca de nosotros de lo que creemos. Quizá en el piso de arriba de nuestras casas, en el teórico primer mundo, donde la inteligencia de las niñas y niños que conocemos pueden estar viviendo un auténtico infierno en su desarrollo afectivo y social. Eso sí, con una pobreza diferente.

Sevilla, 9/I/2007

(1) S. Grantham-McGregor, S., Cheung, Y., Cueto, S., Glewwe, P., Richter, L., Strupp, B.  (2007). Developmental potential in the first 5 years for children in developing countries.  The Lancet, Volume 369, Issue 9555, págs. 60-70.
(2) O.M.S. (2005). Informe sobre la salud en el mundo 2005. ¡Cada madre y cada niño contarán!. Ginebra: O.M.S.
(3) La biogénesis (origen de la vida) disparó la noogénesis (el origen de la inteligencia), en lenguaje de Teilhard y la noogénesis sigue evolucionando en el ámbito que le es más propicio: el cerebro humano, dejando un camino expedito para que se manifieste lo que todavía no es en el ser humano o, mejor dicho, no sabemos que es, “porque no nos ha dado tiempo de saberlo” o porque no se destinan los fondos suficientes para saberlo y nos “distraemos” en otras cuestiones que deciden otros. Eso es lo que nos ofrece el estado del arte actual en el terreno de las neurociencias.
(4) O.M.S. (2005). Ibídem, 2
(5) Shreeve, J. (2005). La Mente. National Geographic, Marzo, 2-27.
(6) Shreeve, J., Ibídem, pág. 10.
(7) O.M.S. (2001). Informe sobre la Salud en el Mundo 2001. Salud mental: nuevos conocimientos, nuevas esperanzas. Ginebra: O.M.S.

La esperanza todavía estaba allí

El día 23 de marzo de este año, a las nueve de la noche, escribí unas líneas sobre el alto el fuego de ETA y lo entregué a la red de inteligencias digitales, sabiendo que entraba en vigor tres horas después. Terminaba mi pequeña contribución digital al principio de la esperanza con un símil en relación con el cuento más breve y más famoso de Augusto Monterroso: cuando despertamos, después de entrar en vigor el alto el fuego de ETA, la esperanza todavía estaba allí… Hoy, cuando he conocido la realidad del nuevo atentado de ETA, a las nueve de la mañana, no tuve duda alguna sobre su autoría y de que el final del cuento, colorin, colorado, para muchos se ha acabado…

Personalmente, no comparto estos finales de amargura. Sigo creyendo que la esperanza merece ser trabajada sin descanso, en alta disponibilidad para construirla segundo a segundo. Desde esta situación comunicativa, conectiva, deseo contribuir con palabras de concordia, de paz y de esperanza renovada, afirmando con mi conducta que la paz es posible, que otro mundo puede ser una realidad, pero que hay que empezar por los movimientos celulares, otra vez. Cuando en épocas pretéritas luchábamos por cambiar el país, contra la dictadura, teníamos que trabajar en el silencio a gritos de la lucha boca a boca y puerta a puerta. Conozco bien este tipo de trabajo y no hablo de memoria.

En relación con el final de ETA, creemos siempre que todo radica en un territorio, lejano a veces, “en los vascos”, despreciando el hecho de que la violencia solo se puede erradicar cuando crecemos todos en códigos de paz. Si no, nos engañamos todos, porque hoy es ETA pero mañana puede ser otra forma de terrorismo, el machista, por ejemplo, o el de los mensajes de programas llamados de realidad, donde se permite que un protagonista “gran hermano” proclame a los cuatro vientos que los homosexuales son enfermos y que los gitanos, los negros y los moros son seres inferiores y que a las mujeres ó se les paga el sexo de una vez ó se les prorratea el precio. Todo rodeado de risas, gestos, recriminaciones, máquinas de no se sabe qué verdad, anuncios por doquier, donde a una dirección de cadena televisiva parece que no le importa nada este terrorismo televisivo, que deja tantas víctimas en el camino, en el silencio cómplice, porque al final, ganar dinero es lo único que funciona. Por eso creo que debemos luchar en el cuerpo a cuerpo de la paz, la que muchos entendemos y queremos. Porque el estallido de una furgoneta bomba es para muchos una mera noticia, para otros, los que viajan hoy en Madrid y tienen que estar en la Terminal T-4 de Barajas, un fastidio, para la oposición un consabido “ya lo veníamos diciendo: a ETA ni agua». Y a los que nos llaman “idealistas redomados”, les pediría, por favor, que nos permitan seguir creyendo en personas que aún equivocándose pretenden devolvernos a todos segundos de paz. Hablar de días o de nuevos tiempos, francamente, es mucho.

Nos conformamos con menos. Porque sabemos lo que cuesta crecer en paz y armonía en el día a día.  Y porque a pesar de lo ocurrido hoy en Barajas, bien vale seguir luchando por la paz duradera, en la de las pequeñas vidas, en la de las pequeñas cosas.

Sevilla, 30/XII/2006

Ciudadano Jesús

Hace veintidós años escribí este artículo en un periódico de Huelva, La Noticia, muy querido por mí, y siempre lo he recordado en cada navidad posterior. Hoy lo entrego a la comunidad digital de Internet, como símbolo de respeto a una tradición pero que sigue vigente para mí sólo por la quintaesencia, no los fárragos, de la personalidad cercana de Jesús, como ciudadano en el mundo, en una parte crucial de su interesante pasado.

Hoy, veinticuatro de diciembre de 1984, es un día más para gran parte de la humanidad. La quintaesencia del recuerdo del renacimiento de Jesús de Nazareth está en el olvido de un progreso cultural cuestionado por días. Hoy se inician vacaciones, fiestas, se intercambiarán regalos y se consumirá en cotas insospechadas el turrón más caro de España (así aparece en los anuncios)… Hoy, veinticuatro de diciembre de 1984 seguirá clamando en nuestros oídos la realidad tangible del sinsentido de la pobreza o miseria. Este mes de diciembre que transcurre en medio de situaciones dolorosas para la humanidad es en sí mismo una pura reflexión. Etiopía, Chad, San Juanico, Bhopal, Afganistán, son una pregunta dura a la simbología cultural de la Navidad, de cualquier día del año que pasa, del año que viene.

A pesar de todo, estamos en las fiestas navideñas. Un todo cada vez más aceptado y asumido en la tranquilidad de la mesa de camilla y del colchón multielastic. Un todo de intranquilidad manifiesta, no latente, de una humanidad que se encuentra en una situación de desconcierto y sinsentido preocupante. Las mejores fotos del año suelen ser de miseria, de hambre, fotos que ganan grandes premios por traernos ante los ojos al niño más triste del globo o a la madre más desconsolada que se pueda encontrar, horrorizada ante los cadáveres de los hijos maltratados por la guerra.

Y en medio de todo el marco incomparable de la sociedad de consumo, utilizando su propia fraseología de las fiestas de diciembre, se trabaja la necesidad de la paz, concordia, buena voluntad, amor, sabiendo utilizar la paga extraordinaria y el toque del perfume que subyuga al amanecer del día veinticinco, después de una juerga nocturna donde todo está permitido, todo autorizado «porque estamos en Navidad». Y todo este montaje «dorado» se debe a que unos cronistas del siglo quinto antes de Cristo, comenzaron a tomar apuntes de un hecho sociológico interesante en sí mismo: el empadronamiento y, en un momento dado de la historia, el ordenado por el emperador romano César Augusto. José y María de Nazareth, ciudadanos responsables, buenos demócratas en su sentido primigenio, acuden a empadronarse a Belén, en hebreo «casa del pan», y allí, fuera del drama que siempre nos han pintado del rechazo a la familia «sagrada», al no encontrar sitio en la posada porque estaba hasta los topes, debido al empadronamiento masivo, se le cumplen los días a María, «estaba cumplida», y nace Jesús, niño-ciudadano, en el acto de empadronamiento de sus padres. María estaba loca de contenta por las cosas «maravillosas» que los pastores decían del «niño».

Había también por allí una profetisa anciana de nombre Ana, que conocía muy bien a la gente del Templo, y hablaba a todo el mundo de las cosas del niño. Y Jesús comenzó su vida normal, creciendo en todos los sentidos. El cronista de la época ha sido muy escueto en sus manifestaciones, pero constituyen en sí mismas un dato muy importante para la humanidad: es necesaria la revolución en las épocas de estancamiento social, de aburguesamiento en todos los sentidos.

La clave de Jesús estaba en su presencia como revulsivo ante los conformismos manifiestos. Toda su vida está llena de intervenciones puntuales en determinadas problemáticas personales y sociales de sus paisanos o ciudadanos próximos. Viene a llamar las cosas por su nombre, que además en hebreo o arameo, tiene una importancia vital. A Jesús de Nazareth se le ha situado tan alto que para muchos no hay posibilidad de entenderlo en su justo sentido. Quizás el cronista Marcos ha sido el más sencillo de todos los profesionales de la época para traemos a la lectura actual una figura de Jesús rica en contenidos humanos. Su enseñanza con autoridad es entendida en contraposición a los profesionales de la fe de su época, es decir, se le notaba que lo que decía era importante para el mismo Jesús, en vocabulario actual, «se lo creía»… a diferencia de los «jefes espirituales» de siempre, que ya no convencían a nadie por su falta de testimonio y compromiso con los sencillos, pobres, marginados y enfermos psíquicos o sociales que les rodeaban a diario.

Para un intérprete progresista de la fe, lo lógico era sufrir los reveses del poder vigente. Su muerte estaba anunciada de antemano. Nadie se debía escandalizar. Molestaba y. no interesaba. Y sabía que al final se iba a quedar solo. Así fue. Así se hizo. Muchos les delataban.

Se podía convertir en un desaparecido cualquiera. Y al fin, este hombre molesto para la sociedad vigente, es eliminado por el procedimiento de la época. La misma autoridad que empadrona, es la autoridad que mata, apoyada por la institución religiosa, por la muchedumbre aborregada, que compara a Jesús con Barrabás. Esa es su miseria.

Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña.

Sevilla, 24/XII/2006

Cerebro y género: 66 palabras

Otra vez: “Una mujer muere apuñalada en Ronda presuntamente a manos de su ex marido. Con este crimen, son ya 66 las mujeres muertas a manos de sus parejas en 2006”.

De nuevo, siento la necesidad de seguir trabajando científicamente para identificar la realidad cerebral de la mujer y divulgar su identidad neuronal, su inmenso valor anatómico, en un esfuerzo denodado por transmitir el conocimiento integral del cerebro de mujer para enriquecer contenidos didácticos en Escuelas, Institutos, Universidades y Centros de trabajo sobre la maravilla de su corteza cerebral. Para que las valoren y no las maten.

Sevilla, 22/XII/2006

Género y vida

Cerebro y género

Llevo dando vueltas en mi corteza cerebral a la idea de escribir un post sobre el cerebro de la mujer. He estudiado a fondo esta realidad incuestionable y ayer se disparó la necesidad de entregar este conocimiento conectivo a la Noosfera digital al leer un artículo de Maruja Torres que me dejó muy intranquilo. Llevaba por título Almas, cerebros y ferretería y reflexionaba con su proverbial ironía sobre un “pequeño calendario de cartera –puede así acompañarte a todas partes– para el año 2007 que está siendo repartido graciosamente a sus clientes por la importante firma Bonaire Ferretería, con delegaciones en Denia, Benissa, Calpe y Benitachell (firma que dispone de una página web bastante minuciosa, muchas entradas en Google y hasta un jefe de Recursos Humanos), en cuyo revés figura el dibujo de un cerebro con sus correspondientes compartimientos e indicaciones… El Calendario Bonaire 2007 está específicamente dedicado a “El cerebro de la mujer”, y si quiere usted ponerse en contacto conmigo le facilitaré una fotocopia, pues sin duda abismará sus conocimientos”. La verdad es que reproduce los estereotipos machistas de viejo y nuevo cuño que no deberíamos permitírnoslo una parte de la  sociedad que lucha a diario por no dejar ni un segundo de respiro a las conductas trasnochadas e impresentables hacia la mujer por el mero hecho de serlo. Y además, atacando a la sede de su inteligencia, el cerebro, donde según este calendario nos cuenta Maruja Torres lo siguiente: “Por ejemplo, ¿sabía usted que una parte nada desdeñable de nuestra masita encefálica –femenina, insisto– la dedicamos a pensar en Zapatos? ¿Que la zona central la ocupa el apartado Generador de Dolores de Cabeza? ¿Conoce nuestros sectores Compras Compulsivas, Sensores para detectar Oro y para obsesionarnos con Aniversarios y Cumpleaños? ¿Ignoraba que tenemos el Centro limpieza de Inodoros tan reducido, pobrecillas, como el de Conducción de Vehículos y como la Glándula de iniciativa en el Sexo? Por fortuna nuestro cerebrín –siempre según el gabinete del doctor Bonaire– dedica gran espacio al Centro del Rumor y el Cotilleo, a Habla, Habla, Habla; muestra bastante buen olfato para Todo lo que Brilla y goza de un buen reducto de Memoria para Telenovelas. Del tamaño de la glándula Ya te lo dije tampoco nos podemos quejar”.

Pasada la primera dosis de indignación, me he puesto manos a la obra y hoy voy a empezar una serie de publicaciones en este cuaderno para exponer las principales características diferenciadoras del cerebro humano que el estado del arte de las neurociencias nos aportan en nuestros días y que seguro pueden ayudar a contrarrestar con el conocimiento lo que desgraciadamente traduce una forma de estar en el mundo machista e impresentable que siempre ha atacado a la quintaesencia de la mujer a través de almanaques y calendarios, grandes y pequeños, cuestión por cierto digna de estudio.

La primera cuestión a dilucidar es que nos encontramos ante una realidad anatómica que es irrefutable: no existen dos cerebros iguales, ni existen cerebros de hombres y mujeres iguales, es decir, de las mayores maravillas que nos ha transferido la historia del primer ser humano que pensaba y hablaba, hace casi cincuenta mil años, es que cada cerebro es una realidad distinta y programable, digna de ser conocida en su individualidad, generador de derechos y negación incuestionable de ser tratado con la etiqueta de mercancía (peligrosa, por supuesto). Las posibilidades de cada cerebro humano, son multimillonarias en generación de grabaciones de la realidad interna y externa a través de un mecanismo complejísimo y que pertenece tanto al hombre como a la mujer. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron entonces, en ese marco temporal, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin”. Reelin de hombre, reelin de mujer, idéntica posibilidad de ser inteligentes. Cien mil millones de posibilidades de ser personas, en igualdad.

Se han estudiado las regiones del genoma humano, una vez establecidas las comparaciones entre los genomas de humanos, chimpancés y otros vertebrados (animales más o menos próximos en la evolución a nosotros) para identificar elementos que hayan contribuido a cambios evolutivos rápidos, que son los realmente importantes, limitándose la investigación a la zona más relevante, la denominada HAR1. Esta zona forma parte de dos genes. Uno de éstos, el HAR1F, es activo en un tipo de células nerviosas, las neuronas Cajal-Retzius, que aparecen pronto en el desarrollo embrionario (entre la séptima y la decimonovena semana de embarazo) y juegan un papel crítico en la formación de la estructura de la corteza cerebral humana. Estas neuronas son las que liberan la proteína «reelin», que guía el crecimiento de las neuronas y la formación de conexiones entre ellas. El gen identificado (HAR1F) se expresa [sic] junto con la «reelin», que es fundamental a la hora de formar la corteza cerebral humana, lo que habla más a favor de su importancia en la evolución. En manifestaciones de David Haussler, director del Centro de Ciencia e Ingeniería Biomolecular de la Universidad de California en Santa Cruz e investigador del Instituto Médico Howard Hughes: “No sabemos qué hace, y no sabemos si interactúa con la «reelin». Pero la evidencia sugiere que este gen es importante en el desarrollo cerebral, y que es emocionante porque la corteza humana es tres veces mayor que la de nuestros predecesores (…) Algo hizo que nuestro cerebro se desarrollara mucho más y que tuviera muchas más funciones que los cerebros de otros mamíferos.

Además, este salto cualitativo que intentaremos descifrar en sucesivas “entregas digitales”, ensalza a la mujer como la auténtica portadora de la viabilidad del cerebro humano, sabiendo además que alcanza su desarrollo más perfecto en los meses de gestación en el vientre materno y que ya viene “programado” para su existencia particular. Leía recientemente en National Geographic, en un reportaje sobre La Mente, de James Shreeve (1), al abordar las circunstancias que rodeaban una intervención en el cerebro de una paciente (Corina) con un tumor cerebral en el lóbulo frontal izquierdo que: “Por lo que se refiere al crecimiento cerebral, los nueve meses que pasó en el vientre materno fueron una hazaña de desarrollo neuronal de dimensiones épicas. Cuatro meses después de la concepción, el embrión que iba a convertirse en Corina estaba produciendo medio millón de neuronas por minuto, que a lo largo de las semanas siguientes migraron al cerebro, hacia destinos específicos determinados por señales genéticas e interacciones con las neuronas adyacentes. Durante el primero y el segundo trimestre de su gestación, las neuronas comenzaron a tender tentáculos entre sí, estableciendo sinapsis (puntos de contacto) a un ritmo de dos millones por segundo”. Sigue narrando, posteriormente, esta apasionante aventura del cerebro humano: “Tres meses antes de su nacimiento, Corina tenía más células cerebrales de las que volvería a tener en toda su vida: una sobrecargada jungla de conexiones. Muchas más de las que necesita un feto en el ambiente cognitivamente poco estimulante del útero, muchas más incluso de las que necesitaría de adulta”.

Con esta introducción al rol de la mujer como creadora de cerebros humanos, se empiezan a despejar dudas sobre su importante función en la generación de calidad humana. Por eso estoy convencido de que si comenzamos a divulgar conocimiento científico sobre la realidad de la mujer como portadora y creadora de conocimiento y de corteza cerebral, es probable que los humos machistas comiencen a aflorar los silencios del desconocimiento e ignorancia supina que muchos hombres tienen sobre la auténtica capacidad del cerebro de la mujer. Extraordinario aprendizaje.

Hasta el mañana próximo, compartiendo el conocimiento cerebral de género.

(1) Shreeve, J. (2005). La Mente. National Geographic, Marzo, 2-27.

Sevilla, 19/XII/2006

Género y vida

UniCienBlog2

«¿Por qué debería preocuparme por la posteridad?
¿Qué ha hecho la posteridad por mí?»

Groucho Marx

UniCienBlog.png

He esperado veinticuatro horas para dedicar unas líneas a UniCienBlog, el encuentro que durante el día de ayer tuvo lugar en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática de Sevilla, para digerir bien la quintaesencia de lo vivido próximo. Y la espera genera siempre una «ardiente impaciencia» en la clave de Neruda. Tuve el honor de participar en la Mesa Redonda sobre Ciencia, compartiendo la experiencia con Juan de Dios Santander y su Memoria de Acceso Aleatorio, Juan Fernández – JuanJaén: Con nocturnidad, Juan Julián Merelo (Universidad de Granada) – Atalaya. A ellos mi agradecimiento por el tesoro aprehendido al compartir inteligencia digital y creadora con organizadores (entusiastas…, José Ramón PortilloRafael Poveda SantosJorge Vas MorenoCarlos A. García Vallejo y SOLFA, personas que asistieron y espectadores en red. La objetividad de lo ocurrido se mide de muchas formas, pero este cuaderno nació para expresar el pensamiento creativo y a él me debo en acontecimientos puntuales como éste. Fue extraordinario volver a la Universidad, espacio público al que reconozco su puesto en el cosmos de la inteligencia compartida. Quizá no en el formato actual, que tiene fecha de caducidad, sino en búsquedas incesantes de lo desconocido pero sustentado por el deseo de localización de hilos conductores (¡qué buena expresión de red!) que hagan más atractivo frecuentar espacios de aprendizaje de corte digital.

En mi intervención, vivida como un contrato desde la parte contratada (con Groucho Marx de fondo), intenté expresar la realidad del estado del arte de la aproximación de la Universidad a Internet, con datos llamativos sobre la llamada realidad nacional de ámbito digital. Y en ese marco comparable, comenté la importancia de los cuadernos de bitácora en su relación con la Universidad y la ciencia. Fundamentalmente porque me interesa sobre todo la ética científica, la que no engaña, la que tiene el suelo firme de justificación como justicia y no como mero ajustamiento. El conocimiento y su gestión adecuada (?) es tan complejo en sí, tan inabarcable, hablando con humildad existencial, que tratarlo con fórmulas tradicionales es una tarea imposible. Hablé de Michel Onfray, ateólogo por definición y profesor de la Universidad popular de Caen, y de la realidad de la Universidad digital/global que es en sí mismo Internet, a la que puedes asistir con pantuflas también, desde tu casa, donde se puede atisbar que el gran reto del siglo actual es trabajar al servicio de la inteligencia compartida, del cerebro, gran desconocido todavía desde el punto de vista científico.

Lo hilvané todo sobre la necesidad de contar siempre con la realidad de la inteligencia digital, entendida de cinco formas diferentes:

1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella.
2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

Y manifesté algo radical: a la Universidad y a la ciencia le falta alma, entendida de esta forma, en el formato de pregunta y respuesta de un autor en actitud de compromiso:

P. ¿Cómo aporta un blog alma a la Universidad?
R. Con su acción celular (noosférica), alternativa y creadora, haciéndose visible mediante teoría crítica, con utilización plena de la inteligencia digital.
P.¿ Cómo aporta un blog alma a la ciencia?
R. Con su despertar múltiple a las preguntas de la vida, las de la ciencia de la vida, con una ingeniería renovada del porqué de todas las cosas, con utilización plena de la inteligencia digital.
P. ¿Cómo aporta mi blog alma a la Universidad y a la ciencia?
R. Con imaginación, con nuevas fórmulas de acción i+d+i: investigación, dedicación, imaginación, con utilización plena de la inteligencia digital compartida/conectiva.

Me despedí con un texto adaptado de Manuel Castells (La galaxia Internet), al que admiro, que reflejaba a todas luces que los blogs, como posibles monstruos tecnológicos del siglo XXI, pueden dar miedo, es decir, hoy día existen sesenta millones de posibilidades de crear miedo…: “Existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, [mientras que queramos trabajar con blogs], tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet”.

A las cinco y media de la tarde salí a la Avenida Reina Mercedes y comencé a pensar que el conocimiento distribuido ya había volado a todas las latitudes por medios digitales. Y pensé que así le gusta trabajar al  cerebro. Algunas neuronas habían hecho su trabajo para dar ideas. Y ahí radica su secreto de proximidad a Internet.

Sevilla, 17/XI/2006

Agua y cerebro

La crisis del agua para la vida constituye la violación amplia del derecho humano básico al agua. Una de cada seis personas en el mundo carece del derecho al agua potable, accesible y asequible. Dos mil seiscientos millones de personas no tienen siquiera las formas más rudimentarias de saneamiento. Esta carencia causa la muerte evitable de casi dos millones de niños por año. Como lo dijo el gran Víctor Hugo en Les Miserables, “La cloaca es la conciencia de la ciudad”. El mensaje central del Informe de este año es que la crisis mundial del agua no trata de la escasez física, sino del hecho de que está arraigada en la pobreza y la desigualdad.

Fragmento del discurso pronunciado por Kemal Dervis, con motivo de la presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2006, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 9 de noviembre de 2006

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Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días.

Y sobre este bien que nutre la inteligencia humana de forma considerable, vital, se acaba de publicar un documento científico, el Informe de Desarrollo Humano (IDH) realizado por el Programa de las  Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el que se señala la falta de acceso al agua como el principal escollo para el desarrollo y el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, concluyendo de forma rotunda: “Más de 1.000 millones de personas se ven privadas del derecho al agua limpia y 2.600 millones no tienen acceso al saneamiento adecuado”. Cuando se habla de esos 1.000 millones, la tercera parte se sitúa en África subsahariana, donde son la mitad de la población.

El administrador del Programa, Kemal Dervis, ha explicado algunas de las razones: “Cada año mueren cerca de 1,8 millones de niños como consecuencia de la diarrea y otras enfermedades causadas por el agua sucia y por un saneamiento insuficiente. A comienzos del siglo XXI, el agua sucia es la segunda causa de muertes infantiles en el mundo”. Mientras, en los países desarrollados, “se pierde más agua en las cañerías que gotean que la disponible al día para más de 1.000 millones de personas”. Es decir, por la fontanería de nuestras casas, se fuga la inteligencia de los más desasistidos por el malestar físico, psíquico y social.

¿Qué hacer?

Los Objetivos del Milenio, marcaron una pauta para erradicar esta miserable situación en relación con el agua, como fuente de energía cerebral. En relación con el Objetivo I, “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”, hay datos escalofriantes: agua sucia permanente para todos los servicios de las casas, siempre los 1.000 millones de personas rodeadas de sed múltiple, hay que pagar a precios prohibitivos el agua para malvivir, hay que comprarla en mercados alternativos y así pasa a ser siempre mercancía y nunca un derecho. Y solo estamos hablando de garantizar a esta población 20 litros de agua/día, es decir, lo que tiramos en el día (agua potable) al utilizar las cisternas domésticas. El Objetivo II, “lograr la educación primaria universal”, choca frontalmente con la realidad palmaria de la enfermedad infantil crónica y en muchos casos irreversible, porque la escasez de agua provoca absentismo vergonzante: 443 millones de días de absentismo escolar al año. Y el problema de género respecto de este objetivo es una auténtica sangría para las niñas: son las que tienen que acarrear el agua, siempre que sea posible. Y cuando esas niñas tienen que ir a las letrinas, les da vergüenza porque sus creencias les impiden entrar en los mismos lavabos que los niños y…abandonan la escolarización. Otro problema de género en relación con el agua.

El tercer Objetivo, “Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer”, nos suena muchas veces cansino, porque cuando no hay agua a escasos metros, hay que buscarla, madres e hijas, casi siempre, por creencias milenarias que también se suman a este paradójico mar de confusiones, y todo es una ceremonia de confusión donde la culpa no es exclusiva de las religiones sedientas. Y no olvidemos cómo estos tres objetivos se enlazan entre sí, porque las niñas y niños enfermos tienen que ser atendidos, en ausencias que son cánticos corales y puertas giratorias de la miseria. Y el Objetivo IV viene a cerrar este círculo perverso: “reducir la mortalidad infantil”: casi 5.000 niños menores de cinco años mueren al día por enfermedades relacionadas con el agua sucia. “El acceso al agua limpia y al saneamiento puede reducir el riesgo de mortalidad de un niño un 50%”, dice el IDH.

Según figura en la página Web oficial del PNUD: “El Informe sobre Desarrollo Humano de 2006 estima que el cumplimiento del objetivo de desarrollo del Milenio en el acceso a agua y saneamiento tendrá un costo adicional total de unos 10.000 millones de dólares anuales, que se tendrá que asumir tanto en el ámbito nacional como internacional. Según el Informe, “el precio de 10.000 millones de dólares para lograr el Objetivo de Desarrollo del Milenio parece una suma considerable, pero se ha de tener en cuenta el contexto. Representa menos de los gastos militares realizados en 5 días y menos de la mitad de lo que gastan los países desarrollados al año en agua mineral”.

Esta es la realidad tal y como nos la presenta el Informe. Hay que pensar fríamente que algo hay que hacer en relación con este fenómeno silente, en el que la inteligencia humana sufre sus consecuencias. Creo que a partir de la lectura de los datos facilitados por el documento citado, puede ayudarnos saber que el agua tiene más valor que precio. Y la inteligencia digital puede hacer un hueco para abordar este problema si estamos de acuerdo en construir juntos una definición sobre la que estoy trabajando últimamente: capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso.

Sevilla, 14/XI/2006

Ciencias de la Web

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Hoy ha corrido la noticia como la pólvora: ha nacido la posibilidad de declarar el interés científico de la Web y de acreditar la investigación científica sobre la red de redes (El País, 3/XI/2006, pág. 54). La información decía así: “Así lo ha entendido el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT, en sus siglas inglesas) y la británica Universidad de Southampton, que ayer presentaron el proyecto de un título de estudios superiores en Ciencias de la Web, que completará los contenidos informáticos con otros en biología, derecho o sociología”. La verdad es que he acogido la noticia con satisfacción y creo que se abre una posibilidad real y científica de aproximarnos con rigor y objetividad máxima al fenómeno imparable de la Web. Será el momento de establecer en el currículum universitario una asignatura sobre el fenómeno “blog” al que pertenezco en militancia activa.

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La iniciativa está respaldada por cuatro directores con rango de fundadores: Tim Berners-Lee, director del World Wide Web Consortium, investigador senior en el MIT y profesor de la Universidad de Southampton; Wendy Hall, profesora de Ciencias de la computación y directora de la School of Electronics and Computer Science en la citada Universidad de Southampton; Nigel Shadbolt, profesor de inteligencia artificial en la misma Universidad y director de la Advanced Knowledge Technologies Interdisciplinary Research Collaboration; y Daniel J. Weitzner, Director del Dominio de Tecnología y Sociedad del W3C e investigador en el MIT.

Mil millones de usuarios nos encontramos diariamente en la Noosfera. He escrito bastante sobre esta realidad y esta noticia viene a respaldar un hecho irrefutable, en el sentido de que el 20% de la humanidad se comunica hoy a través de Internet. Las últimas noticias de la Unión Internacional de Telecomunicaciones vienen a respaldar la realidad de la extensión de la banda ancha en los países calificados como deprimidos (con cierto eufemismo sociológico), aunque sigue siendo asunto de ricos y no de pobres acceder a los beneficios inmediatos de la Web.

Acogeré con la misma satisfacción una noticia que está por llegar, para saber si en algún análisis científico se aborda la importancia de la telefonía móvil y del mando a distancia (del televisor, hoy) como los dos instrumentos digitales con mayor penetración social y que podrían interactuar perfectamente con las utilidades web, como llaves de acceso común, siempre y cuando la banda ancha fuera accesible a la población general mediante programas sociales de amplio impacto, para combatir la llamada fractura (brecha) digital y el analfabetismo de nuevo cuño que la ausencia de estos recursos conlleva.

La noticia se cerraba con una frase de Tim Berrners-Lee, de amplio calado y demostrativa de que frecuenta el futuro: “Se acaba de cumplir la primera década de uso masivo de Internet, y apenas hemos rascado todavía la superficie de lo que se podría llegar a alcanzar con un estudio más profundo de su diseño y de su impacto en la sociedad”. En esa tarea estamos y acontecimientos como el evento UniCienBlog, a celebrar en Sevilla el próximo 16 de noviembre vienen a reforzar las palabras del inventor de la telaraña mundial, cuyo efecto querulante nos permite hoy disfrutar de un medio poderoso para comunicarnos como personas de secreto y de todos, con un interés científico común: aproximarnos a una verdad de la vida, con el soporte experimentado de la gran malla mundial.

Sevilla, 3/XI/2006

Cambio de hora

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La próxima madrugada va a producirse un fenómeno que afectará no solo a los relojes convencionales, sino también a los relojes biológicos y cerebrales. Me he planteado muchas veces qué ocurriría si haciendo caso a Groucho Marx, se parase el mundo una hora y comenzara a funcionar la moviola personal, contemplándola desde algún sitio privilegiado al haberme bajado a tiempo de mirar hacia atrás en sesenta minutos privilegiados. Es una experiencia muy singular y que todos podemos intentar reproducir. Si en este momento, cuando está leyendo estas líneas, que puede ser el de cada uno en particular, parásemos la vida ordinaria y reconstruyéramos lo que ha pasado en los últimos sesenta minutos, es decir, atrasáramos los relojes vitales personales e intransferibles, nos asombraríamos de los comportamientos ejecutados y pondríamos en el circuito cinematográfico de la vida nuestra película corta jamás contada.

Quizá es el momento en el que el deseo de trasladar al mundo digital el comportamiento cerebral se puede hacer más visible. Veamos por qué. Hace una hora el cerebro grababa sin parar, en la función “rec” (en rojo) que traen todos los aparatos grabadores convencionales, lo que estaba ocurriendo fuera y dentro de nuestra masa corpórea y de la inconfundible corteza cerebral. Millones de conexiones mediante el cableado neuronal estaban transmitiendo captación de señales de todo tipo, guardando con mayor o menor calidad (según el comportamiento de los neurotransmisores)  lo que sucedía en los alrededores y en el centro de mi vida particular, con consciencia o sin ella, elaborando respuestas, atenazado por el principio de realidad de la experiencia. Algunas grabaciones pasaban todos los controles cerebrales y emocionales sin toma de conciencia real de lo que estaba pasando en la última hora fugaz. Así millones de veces. Las dendritas, esas ramas de árbol de las células cerebrales estaban trabajando sin parar cumpliendo múltiples funciones: distinguiendo imágenes, colores, siluetas, alertas de peligro, acudiendo a toda prisa a mi biblioteca particular (nooteca) para comparar comportamientos con situaciones anteriores y preparar las respuestas, cargando de glutamato y serotonina mi pensamiento y mis emociones hasta llegar a configurar sentimientos, esos estados placenteros de duración determinada pero constante que configuran mi manera de ser, especialmente cuando recuerdo.

Y así durante sesenta minutos. Y la memoria haciendo su trabajo para retener el corto plazo vivido, viajando hacia el hipocampo, ese pequeño caballo trotón encorvado, celoso cuidador de la existencia guardada y evocada, cuidando la consolidación de lo ocurrido, de lo que ya no tiene remedio, de lo que quedará guardado para siempre, para el largo plazo, para cuando se evoque lo vivido lejano. Aquí nace la paradoja del símil que planteaba al principio. Mientras que en mi aparato grabador particular, de música, de vídeo o de cualquier imagen, puedo reproducir lo que ha ocurrido en la última hora, tantas veces sea necesario, me guste o me lo permita la calidad de la grabación, de forma puramente mecánica porque siempre se tienen que dar las mismas condiciones técnicas para que se lleve a cabo la reproducción, en el cerebro no ocurre igual. Lo ocurrido en la última hora ha podido salir reforzado o destrozado por experiencias vitales remotas ó próximas, dependiendo de mi física y química temporal, pero tengo la patente de corso como ser humano de que la grabación no ha sido una experiencia en balde o de puro mercado, como la de mi grabador de marca comercial. Todo lo que ha ocurrido, mejor dicho casi todo, queda en lo más profundo del cerebro, para cuando haga falta recordarlo o sea estrictamente necesario o mi memoria esté disponible. El hipocampo de nuevo.

Cien mil millones de posibilidades, tantas como neuronas, existen de promedio en la corteza cerebral, alcanzando una cifra extraordinaria que da para muchas grabaciones en cada historia particular. Sin embargo, no se pueden borrar tan fácilmente. Esa es la gran tragedia o el gran éxito de la vida. Plasticidad y conectividad, dos llaves maestras para acceder al “cableado de la memoria”, a la caja negra de los recuerdos. Depende de lo que haya ocurrido en esta última hora, con millones de componentes interactuando, para que pueda recordarlo o borrarlo para siempre. Pero la función de borrado no se traduce en el cerebro a una tecla que desencadene esa función. Al creador del ser humano, cualquiera que fuera o fuese, se le olvidó esta pieza. Por eso, hacer este tipo de experiencias nos puede ayudar a separar lo que ha sido de lo que es y será. Aunque acaricio la idea de que algún día de retraso de hora, no muy lejano, pueda parar mi reloj cerebral y ordenar sus funciones. Con la libertad de grabar, reproducir y borrar, si la experiencia traumática de los últimos sesenta minutos no ha sido algo feliz o deseable en mi corta vida. O copiar lo mejor de mi vida para regalarlo sin nada a cambio. Todo llegará cuando sepamos mucho más de lo que ocurre en mi hipocampo particular, cuando cabalgando sobre él en los laboratorios de la neurociencia sepamos algún día por qué grabamos la vida a pesar de nosotros mismos y de los derechos adquiridos sobre nuestra asombrosa y paradójica “propiedad intelectual”.

Sevilla, 28 de octubre de 2006, unas horas antes de intentar retrasar una hora mi reloj cerebral…

Histeria humana

Es muy habitual hablar de la histeria en conversaciones cotidianas, pero hay que reconocer que el vocablo está muy enfermo de género. Su etimología delata una imputación machista a la mujer enferma de histeria, porque “los humos del útero se subían a la cabeza y la trastornaba”, en una visión muy libre del término griego “ύστέρα, matriz, víscera de la pelvis”, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, insistiendo en la frecuencia mayoritaria de esta “enfermedad” en la mujer (así), dándole brillo y esplendor, seguramente involuntarios. Mientras (¿ahora?), los hombres gozaban de libertad para enfermar de distinta manera, porque no era posible, ni se podía permitir, atribuirle esa subida de “humos femeninos de la matriz” a su cabeza masculina.

El avance científico sobre los trastornos de conversión, tal y como se denominan hoy las diversas manifestaciones que clásicamente se llamaban “histeria”, debido al cambio propiciado en 1980 con la publicación de la tercera edición del Diagnóstico y manual estadístico de desórdenes mentales, al aparecer el diagnóstico de “neurosis histérica, tipo conversión”, como “trastorno por conversión”, viene a demostrar una causalidad física, que afecta tanto a hombres como a mujeres, de acuerdo con los datos obtenidos por las ciencias de la imagen clínica funcional, a través de la tomografía computarizada mediante emisión de fotón único (SPECT) y la tomografía mediante emisión de positrones (PET). La actividad cerebral, en tiempo real, está dejando de ser un secreto. Y también se empieza a conocer qué ocurre en el cerebro de determinadas mujeres y de hombres que dicen tener paralizada una pierna o un brazo, sin que haya razones objetivas para ello. Se sabe ya que el secreto de esta enfermedad propietaria, personal e intransferible, se sitúa en el interior de la corteza cerebral, gran desconocida todavía y que la mente afectada por trastornos de conversión es el resultado de situaciones físicas conflictivas que se elaboran en la corteza orbitofrontal derecha y la cingulada anterior derecha, partes del cerebro asociadas con la acción y la emoción.

La gran pregunta surge en relación con el análisis de la razón última respecto de quién y cómo se da la orden, en la corteza cerebral, para que estas áreas no permitan un determinado movimiento a pesar de que los pacientes que lo sufren sí desean hacer las cosas normalmente. Hay que reconocer que se conoce lo que ocurre mientras que la situación está ocurriendo. También hay que reconocer que no se sabe el porqué ocurre. Pero sin lugar a dudas los avances son espectaculares en relación con el frente difuso común para interpretar la histeria, porque ya se sabe que es una falla de la corteza cerebral humana, sin adscripción de sexo de forma preconcebida y que determinados hombres pueden ser histéricos sin que la sociedad los proscriba por sufrir desesperadamente una enfermedad que siempre se relacionaba con las cosas propias de la mujer, porque le eran propicias para luchar contra la sociedad vigente.

A partir de ahora, hay que trabajar en el sistema límbico. Allí se fabrican las respuestas a los trastornos de conversión y el camino se despeja a velocidad de vértigo. Verdaderamente fascinante. Para la mujer es una nueva conquista porque ya se sabe con base científica que los humos del útero son meras licencias poéticas frente al sufrimiento compartido por la inhibición de las emociones y motivaciones. Conversión y cambio emocional: ahí está la cuestión a dilucidar por la inteligencia asistida por los sistemas y tecnologías de la información, comunicación y de la imagen. Digitales, por supuesto.

Sevilla, 21/X/2006