Cuéntame cómo han pasado los años

Herminia y Carlos en un fotograma del episodio final de Cuéntame / RTVE

Sevilla, 1/XII/2023

El pasado miércoles se emitió el capítulo final de la serie “Cuéntame como pasó”, que desde 2001 ha estado presente en la televisión pública de este país. Veintidós años cronológicos y veintitrés temporadas en total. No ha pasado desapercibido este hecho, que ha marcado un antes y después en este tipo de formatos que tanto se han enriquecido ahora, por el hecho de la concurrencia de múltiples plataformas que se han lanzado a una carrera desenfrenada de estrenos con variada temática, algunos con bastante éxito y que han permanecido también varias temporadas, aunque ninguno es comparable con el éxito obtenido por “Cuéntame”, como se denominaba a secas en sus comienzos de 2001.

Ahora, nos queda a cada espectador contar cómo han pasado los años de la serie, cómo hemos vivido 22 años de acontecimientos de la familia Alcántara, que reflejan muchos comportamientos personales, familiares, profesionales y sociales de las personas que entretejemos día a día la malla pensante de este país. Radio Televisión Española, presenta así su sinopsis, ya sin peligro de espóiler alguno: “Como tantos españoles, los Alcántara emigraron a Madrid desde su pueblo natal en la Mancha, Sagrillas, en los años 50. A través de la vida de la familia Alcántara, ‘Cuéntame’ refleja algunos de los acontecimientos más destacados de nuestra historia reciente y los cambios que experimentaron los españoles en su vida. Todo lo que es humano y nos emociona tiene cabida en la serie más premiada de la televisión española”. 

Jacobo Delgado, coordinador de guion de la serie y de esta última temporada, creo que sintetiza bien el trabajo desarrollado a lo largo de los años: “Cuéntame nos ha contado nuestra historia, nos ha emocionado, durante muchísimos años. Está en el top de la ficción televisiva nacional sin ninguna duda. Haber participado en ella es un privilegio absoluto». Creo que tal y como describe las secuencias finales, nos ayuda a comprender qué han querido transmitir a través de imágenes muy reveladoras de la intrahistoria de la familia Alcántara: “Durante muchas temporadas se ha especulado con la posible muerte de Herminia, pero era complicado matar «a la abuela de España», como se conoce al personaje. Sin embargo, el equipo de guion ha sido valiente, dando el paso en esta temporada final para que su fallecimiento tuviera un propósito mayor: lograr unir de nuevo a toda la familia. «Le dimos muchas vueltas. Lo que teníamos clarísimo cuando nos sentamos a escribir esta temporada es que la serie iba a acabar con Cuéntame vista en la televisión, eso sí. Que el evento final familiar fuese la muerte de la abuela fue una idea que surgió y se discutió bastante», revela Jacobo Delgado, confesando que incluso se llegó a descartar la idea: «La medio desechamos, pero más tarde volvimos a pensar que era buena idea. Lo era porque, por un lado, era bastante lógico dada la edad de Herminia, y por otro, nos daba un evento familiar sobre el que construir tramas que cerrasen toda la serie. Fue una de las primeras ideas, pero le dimos varias vueltas y hubo muchas dudas, pero creo que al final tomamos la decisión correcta. La secuencia con Carlos, en la que se dicen tantas cosas, es de las más potentes de la temporada. La propia María Galiana cuenta que entró en trance rodando esa secuencia y no es para menos viendo la reacción de todos. Esa es de las que más nos hizo llorar a nosotros, y eso que hemos llorado mucha esta temporada. Pero lo bueno es que la escena acaba con una sonrisa. Herminia dobla la servilleta de su personaje, solo le quedaba hablar con Carlos y tras esa conversación muere, pero su recuerdo queda vivo en ese encargo que le hace a su nieto de mantener a la familia unida», explica el guionista, argumentando así el porqué de esa decisión tan dramática.

Tengo grabadas las frases de Herminia en su encuentro imborrable en su pueblo, Sagrillas, a la sombra de la encina que plantó su padre cuando ella nació, con Carlos, el nieto ausente pero muy querido por ella: “En los tiempos duros es cuando hay que reírse. Cuando la cosa va bien no tiene mérito”, “una cosa es que me queráis, que a mí eso me hace feliz y otra que me necesitéis …, pero eso es la vida, Carlos, unos nos vamos y otros vienen, es natural”. A la pregunta de Carlos de qué quiere decir con esas últimas palabras ella contesta con dos cosas: “no quiero que en mi entierro os vistáis de negro, porque es muy triste…; tampoco vais a ir de fiesta, normal, quiero que no haya coronas, porque los de las empresas de muertos las usan de serie, son feísimas…, un ramito de flores del campo, eso es lo que quiero”, “quiero que os echéis un baile, un pasodoble. No quiero cosas tristes”. En este momento, Carlos le pregunta a su abuela “por qué estamos hablando de esto”, a lo que ella responde. “¿Tú que crees? Ahora, la otra cosa que quiero: tus hermanos, tus hermanos no están unidos, […] yo quiero que tú te encargues de arreglar esto, […] se han dichos unas cosas…, ellos casi no se ven…, ya ni siquiera hacemos la paella los domingos, […] tú eres el que lo tienes que arreglar, porque tú conoces la historia de esta familia y tú eres el que puedes hacer que siga para adelante, […] tú eres escritor y has sabido contar muy bien las cosas que han pasado, tú debes conseguir ahora que pasen cosas buenas para luego escribirlas, […] ¡anda, dame un beso!

Lo que vino después lo dejo para que cada persona que vea estas escenas y las finales de esta última entrega, comprenda que la vida es así, pero que podemos aprender a través de estos mensajes que otro mundo es posible a pesar de las desavenencias personales y familiares en las que nos vemos enredados en bastantes ocasiones. Carlos cumplió con las peticiones de la abuela una vez que fallece bajo su árbol querido, curiosamente una encina, de la que yo aprendí en mis años jóvenes que su misión es dar corazón. Una fiesta de pueblo, una orquesta que ameniza la noche del 13 de septiembre de 2001, unas canciones, un pasodoble, pusieron el broche final de la serie, con las peticiones cumplidas por Carlos y que Herminia pudo contemplar desde su cielo particular, escuchando los compases de una familia que “quería bailar toda la noche”, sobre todo el “pasodoble” soñado por la abuela de todos, así como el “bolero” con la voz de Karina, la fiel compañera de Carlos desde la adolescencia, recordándonos cómo han pasado los años de Cuéntame, cómo cambian las cosas…, las vueltas que da la vida, aunque el amor sigue creciendo en quien lo encuentra, que acaba envolviéndonos, como dice la canción, porque es verdad que han pasado años y pasarán, pero el tiempo no ha podido hacer que pase esta serie de largo en nuestras vidas, porque al fin y al cabo nos ha contado la vida misma, lo nuestro. En este caso, cualquier parecido con la realidad de este país, contada a lo largo de 22 años, no ha sido pura coincidencia.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La cultura Disney, no inocente, cumple cien años

Sevilla, 21/XI/2023

Desde que era niño, haciendo las cosas de niño y pensando también como un niño, he vivido de cerca la cultura Disney en todas sus proyecciones posibles. He dibujado todos los protagonistas de mis años de infancia, con especial atención al pato Donald, Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy, imágenes que guardo en mi memoria de hipocampo. Es verdad que mí personaje preferido era Peter Pan, el de Disney (1953) y su mundo de nunca jamás. Este año, se cumple el centenario del nacimiento de esta factoría de sueños y deseos no inocentes, fundada en 1923 por Walt Disney junto a su hermano Roy, celebrándolo con la presentación de una nueva película, Wish. El poder de los deseos, rodada con tecnología de última generación, con algún guiño a las anteriores, en la que han intentado hacer un repaso visual a su intrahistoria y que, leyendo entre líneas, se puede atisbar en su sinopsis oficial: ”En Wish: El poder de los deseos, Asha, una optimista con mucho ingenio, pide un deseo tan potente que le responde una fuerza cósmica, una pequeña bola de energía ilimitada llamada Estrella. Juntas, Asha y Estrella se enfrentan a un imponente enemigo, el Rey Magnífico, gobernante de Rosas, para salvar a su comunidad y demostrar que cuando la voluntad de una persona conecta con la magia de las estrellas, pueden ocurrir cosas maravillosas. Con las voces en versión original de la actriz ganadora del Premio de la Academia,Ariana DeBose como Asha, Chris Pine como Magnífico y Alan Tudyk como Valentino (la cabra favorita de Asha), la película está dirigida por el ganador del Óscar, Chris Buck (Frozen. El reino del hielo, Frozen II) y FawnVeerasunthorn (Raya y el último dragón), producida por Peter Del Vecho (Frozen. El reino del hielo, Frozen II) y coproducida por Juan Pablo Reyes (Encanto). Jennifer Lee (Frozen. El reino del hielo, Frozen 2) es la productora ejecutiva y Lee y Allison Moore (Night Sky, Manhunt) son las guionistas del proyecto. Con canciones originales de la cantante y compositora nominada al Grammy, Julia Michaels y del productor/compositor/músico ganador del Grammy, Benjamin Rice, además de música del compositor Dave Metzger”.

El hilo conductor, una vez más, el poder de los deseos y cómo interviene la magia de una estrella para conseguirlos, frente al poder omnímodo de un rey malvado, porque de ellas, las estrellas, vienen casi siempre las soluciones a los grandes problemas de la vida, establece una dialéctica rey malo/ heroína buena, con la ayuda misteriosa de una estrella. Esto sucede porque los humanos no podemos hacer las cosas bien solos, lo que nos lleva a analizar este relato con detalle, para dejar a cada personaje en su sitio en este loco mundo, porque el mundo real no funciona así, a pesar de que la película se anuncia como portadora de “una historia que lleva un siglo esperando a ser contada”. Ha pasado ese siglo y visto lo visto, los reyes siguen estando desnudos, a la manera de Andersen, dejando mucho que desear en algunos casos; las princesas de toda la vida, que lo consiguen todo aunque vengan de extracción social pobre, ya no son tales, porque la mujeres han dado pasos de gigante por sí mismas, gracias a sus creencias de empoderamiento y no a Disney, huyendo despavoridas de esta representación sempiterna de la mujer “princesa rescatada”, de ese nombre; los sueños ya no necesitan de estrella alguna para ser alcanzados y para encontrar el auténtico sentido de la vida no es necesario seguir llamando a las puertas del castillo del rey, de cualquier patriarca, sobre todo a la de los regalos para ser felices, porque el secreto está en buscarnos a nosotros mismos para saber quiénes somos.

Exactamente, lo que nos recomendó José Saramago en su “Cuento de la isla desconocida”, donde la mujer que zurcía en palacio cerca del filósofo del rey, sabía cuál era la fórmula mágica para ser felices y dignos en la vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Un día, hace ya muchos años, a modo de una película íntima, sin factoría Disney alguna que me alumbrara la vida, decidí ampliar el horizonte de miras de este cuaderno de bitácora, con nuevas y blancas letras: cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas… Es lo que hicieron los protagonistas del cuento de Saramago al finalizar su microhistoria y, quizá, la tuya y la mía, la vuestra, queridos tripulantes digitales: “Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma”.

Les aseguro que, con profundo respeto a las historias de Disney, convertidas en guiones no inocentes para aprehender la vida, cualquier parecido de lo que he contado en este cuaderno digital, con la realidad de sus casi dieciocho años de vida, no es pura coincidencia. Sólo me viene a la cabeza, en el momento de escribir estas líneas, una petición a la vida, un “deseo”: ojalá llegue el día en el que se pueda rodar una película sobre el cuento de Saramago, como guion mágico, lejos de Disney, que nos permita descubrir la principal isla desconocida que existe en elmundo, la que cada persona lleva dentro, para que se cumpla el deseo más digno de cada uno, cada una, con sus cadaunadas: ser felices, sin estrellas que nos digan lo que tenemos que hacer en los momentos más difíciles, cuando en la penumbra vital hacemos camino al andar.

Es verdad lo que decía al principio: cuando era un niño, hacía las cosas de niño y me aferraba en algunas ocasiones a Peter Pan, tan niño como yo, porque deseaba ser como él y no crecer en un mundo al revés, de cartón piedra, diseñado por el enemigo (o por la factoría Disney, la de toda la vida). Era mi deseo (wish) íntimo, sin estrella alguna que iluminara este sentimiento, que todavía perdura en mi niñez rediviva.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Cuando el cine nos ayuda a soñar y mirar de otra forma la vida

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, enero de 1936.

Sevilla, 19/XI/2023

Anoche cumplí un sueño en el cine de gran pantalla, al contemplar, sentir y mirar detenidamente la mar imaginaria en una película imprescindible en los tiempos que corren, El maestro que prometió el mar, sobre la que ya he escrito en este cuaderno digital, donde se cuenta una historia que me conmovió al vivirla de cerca, la de un maestro, Antoni Benaiges Nogués, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Hoy, recordando esta trágica historia en mi memoria democrática y como muestra de respeto a tantos maestros y maestras de este país, que también fueron fusilados y vejados durante la guerra civil y años posteriores de la dictadura, he recuperado un relato de Eduardo Galeano en El libro de los abrazos, con un título programático, La función del arte, I, que también podría ser la del cine, porque resume bien lo que sentí durante toda la proyección:   

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.  Viajaron al sur.  Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedo mudo de hermosura.  Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

– ¡Ayúdame a mirar!

Es lo que aquellos niños y niñas de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, sintieron en los meses preparatorios para conocer ese mar que soñaban de diferentes formas y que dejaron plasmadas en su cuaderno monográfico elaborado artesanalmente en su pequeña imprenta artesanal, bajo la atenta mirada de su querido maestro, Antoni, a secas. Les ayudó a saber cómo era el encanto de su vida diaria y… el del mar, antes de verlo por primera vez, porque él les enseñó desde el primer momento a mirarlo. Ese cuaderno concreto tenía una fecha de edición: enero de 1936. Seis meses más tarde, la locura de la guerra civil acabó con todas las ilusiones de esos niños y niñas, forjadas durante días y meses de trabajo arduo y eficaz de su maestro. El 25 de julio de 1936, unos días después de su apresamiento infame, fue asesinado de un tiro en la nuca, de la manera más vil que se pueda imaginar, gracias al terrible silencio cómplice, que tanto detesto, de los salvadores de aquella patria y su bandera rojigualda, que no hicieron nada por evitarlo.

He recordado hoy estos hechos verdaderos, para que no se olviden ni siquiera un momento, en días aciagos para este país, en los que parece que no hemos aprendido nada de los trágicos sucesos de la pasada guerra civil, en un país tan dual y cainita por definición. Los niños y niñas de aquél pueblo, que fueron alumnos y alumnas de un maestro extraordinario, imprescindible para la historia de este país, como símbolo de otros muchos durante la guerra civil y los años posteriores de dictadura, que los ayudó a mirar la vida de otra forma, sintieron la necesidad de saber mirar el mar de la vida, porque soñar lo hicieron de forma expresa a través de sus redacciones en el cuaderno mágico que sus pequeñas manos imprimieron, uno a uno, sin descanso alguno y para la posteridad democrática de este país. En definitiva un ejemplo extraordinario para aprender a mirar, soñar y vivir democráticamente en común, en libertad y sin hacernos daño.

Tal y como finalizaba en mi artículo anterior, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, escribo de nuevo estas palabras, con alma, para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de este maestro rural, ni siquiera un momento, porque hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados. Como ejemplo a secundar, podemos aprender y reforzar la historia democrática de este país, viendo esta película y leyendo una obra monográfica que ha servido para elaborar el guion de la misma,  El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, difundiéndolas a los cuatro vientos para reforzar nuestra democracia, en momentos cruciales como los que estamos viviendo en la actualidad ante la legislatura progresista y de su futuro alentador, ya iniciada, cargada también de legítimas esperanzas. Como las que transmitió el maestro Benaiges a tantos niños y niñas de un pueblo burgalés, Bañuelos de Bureba, recordados hoy gracias a la magia del cine y de la memoria democrática, que nos enseñan hoy, una vez más, el arte de soñar y mirar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El Mar, Visión de unos niños que no lo han visto nunca, enero de 1936.

Sevilla, 8/XI/2023

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película, El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplia la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación.

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados. Como ejemplo a secundar, podemos aprender y reforzar la historia democrática de este país, viendo esta película a partir del próximo viernes 10 de noviembre en cines de este país, difundiéndola a los cuatro vientos para reforzar nuestra democracia, en momentos cruciales como los que estamos viviendo en la actualidad ante la próxima investidura progresista y de futuro alentador, cargado también de legítimas esperanzas. Como las que transmitió el maestro Benaiges a tantos niños y niñas de un pueblo burgalés, Bañuelos de Bureba, recordados hoy gracias a la magia del cine y de la memoria democrática.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

El destino suele jugar… con vidas pasadas

Sevilla, 5/XI/2023

Una breve sinopsis de la película Vidas pasadas, reconocida internacionalmente en los festivales Sundance y Berlinale de este año, intenta explicar algo que a veces se nos escapa del espíritu, sobre todo en nuestro mundo occidental, tan falto de alma, ese soplo de vida tan difícil de asimilar a veces, el implacable destino, pero que puede llegar a sustentar los momentos más difíciles de nuestras vidas: “Nora y Hae Sung, dos amigos de la infancia con una fuerte conexión, se separan cuando la familia de Nora emigra desde Corea del Sur. Dos décadas más tarde, se reencontrarán en Nueva York durante una semana que les enfrentará al amor, el destino y las elecciones que componen una vida. Este desgarrador romance moderno, protagonizado por Greta Lee, en el papel de Nora y Yoo Tae-o, en el de Hae Sung, cuenta con una banda sonora compuesta por Christopher Bear y Daniel Rossen, dos de los miembros fundacionales de la banda Grizzly Bear”. A partir de aquí suceden muchas cosas en esta película, dirigida por la dramaturga coreana-canadiense Celine Song, en una exposición bella de rasgos de su propia vida, que ayer pude ver en el cine tradicional, un lugar que recientemente he ensalzado a través de otra película excepcional, Retratos fantasma, dirigida en este caso por el cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho. Probablemente, porque vivo instalado en mi Cinema Paradiso imaginario, que tantas veces he citado en este cuaderno digital, el Cine Ideal de mi infancia aquí en Sevilla, ¡qué denominación tan sugerente!, del que yo oía tan sólo con cuatro años las bandas sonoras de ese cine tan querido en la ciudad, agarrado a los hierros del balcón de mi habitación que daba a la calle Becas. Creo que ahí nació mi amor por el llamado séptimo arte (Ricciotto Canudo, 1911), algo parecido a lo que le ocurrió a Totó el protagonista de la película citada anteriormente, Cinema Paradiso, que preside desde hace bastantes años la cabecera de este blog.

La película te sumerge desde sus primeros planos en la filosofía de vida coreana, tan alejada a veces de la nuestra o tan cercana en bastantes ocasiones, según se mire, porque desde el primer momento comprendí perfectamente los sentimientos de los dos protagonistas de la película. Somos el resultado de una vida, del azar y de la necesidad, que yo intenté aprehender a través de un autor de culto, Mircea Eliade, cuando era muy joven. Lo que sí he vivido ha sido la fuerza del destino, imprevisible casi siempre. Los primeros planos ofrecidos por el tráiler, son un aviso para navegantes, porque si quieres comprender tu vida, debes asumir lo que significa el destino, algo que en Corea tiene todo su sentido: “Hay una palabra en coreano, in-yun, que significa providencia o destino. ¿Y tú crees en eso? [pregunta a Nora la pareja de la protagonista, un escritor americano]. Sólo es algo que dicen los coreanos, para seducir a alguien”. El título de la película refleja el sentido pleno de esa palabra extraída del budismo coreano, in-yun, la providencia, el destino, que une a dos personas por encima de todos los avatares de la existencia, simplemente poque hace muchos años, miles por ejemplo, alguna vez sus almas estuvieron enlazadas. Ahí está el secreto del mensaje de la película, aunque la protagonista lo desacralice al explicarlo como recurso propio ante la pérdida de su identidad, en un conformismo personal y social muy preocupante en almas emigradas. 

Si algo me entusiasmó de la película fueron sus silencios continuos, la ausencia de palabras, sobre todos los de las secuencias finales, porque las miradas lo decían todo… La directora lo ha resumido muy bien: “La película se trata en gran medida de señalar una vida ordinaria y momentos extraordinarios en una vida ordinaria, hablar de eso y dejar espacio para sentirlo. […] El villano de esta película son 24 años y el Océano Pacífico. Para mí era necesario sentir Seúl y Nueva York, sus diferencias y similitudes. Y sentir a los niños coexistiendo con los adultos, que la contradicción existiera al mismo tiempo. Por eso tenía sentido que esta historia se contara en una película. […] Además de las partes que dejas atrás, que se convierten en una vida pasada, la historia conecta conmigo por ser una inmigrante de un continente a otro”, dice. “Pero también eso conecta con cualquiera porque te has cambiado de ciudad o de profesión”.

He leído que la directora ha vivido en directo algo que es terrible para un emigrante: la pérdida de su identidad. Por esta razón, la película se hace aún más bella: se recupera la memoria histórica de un amor, basado en la importancia del simple roce de una persona paseando por la calle, por ejemplo, porque ese puede llegar a ser el destino, aunque recuperarlo en plenitud, cuando pasa el tiempo “perdido”, sea ya algo imposible. En este contexto, he recordado algo que me pasó también cuando vi otra excelente película que, salvando lo que hay que salvar, trata de este asunto a la europea, pero que también puede ser vivido con el sentimiento coreano del amor. Me refiero a Los años más bellos de una vida, dirigida por Claude Lelouch, a la que dediqué unas palabras cargadas de sentimientos y emociones después de verla y sentirla. La película trata de un reencuentro también, en este caso en torno a un amor perdido en las vidas pasadas de dos personas que se quisieron hace ya muchos años. También nos transmite realidades muy duras en la vida de las personas mayores: la enfermedad del olvido selectivo o Alzhéimer, la vida en común obligada cuando se vive en una residencia de mayores, la ausencia de movilidad en el sentido pleno de la palabra, las ausencias, las fiestas organizadas para alegrarnos la vida incluso cuando lo que se requiere es silencio interior, la soledad acompañada y sonora, los horizonte lejanos, la moviola de la vida disponible en los momentos que determinadas neuronas lo permiten, el amor alojado en neuronas que no se borran, los flashback que circundan la memoria de hipocampo, las sorpresas de quienes nos quieren de verdad. Escuché entonces, atentamente, a Claude Lelouch en una entrevista cuando hablaba de la realidad de la mirada, porque los ojos nunca mienten, porque siempre nos queda la mirada de alguien a quien queremos. Ahora, los silencios de las miradas de Jean-Louis y Anouk en su reencuentro. Anoche las de los dos protagonistas cuando eran niños, jóvenes o adultos. En aquella ocasión me pareció excelente ver Los años más bellos de la vida, porque me permitió soñar de nuevo, hacer viajes casi imposibles, utilizar la tecnología para perpetuar los reencuentros a través de un selfi (autofoto), porque da igual casi todo, excepto el amor verdadero: la autoridad, las prohibiciones, la cicatería en el amor. El reencuentro en Nueva York, en Vidas pasadas, me pareció de una belleza hermosa. Aunque sé que viendo de nuevo a Lelouch siempre quedará París, recorrido de punta a punta gracias a su dirección de cámara, en un plano secuencia memorable, utilizando un corto suyo de ocho minutos (Era una cita) para transmitirnos que el mundo solo tiene interés hacia adelante cuando respetamos el amor de cada presente. Incluso en las tinieblas del Alzhéimer, con una banda sonora de fondo gracias a Francis Lai. Incluso con los semáforos en rojo de la vida. Sobre todo, si alguien nos espera al final de un largo camino y en una cita inolvidable.

Lo recordé anoche en la despedida de los dos protagonistas de Vidas pasadas, en la visita de él a su querida Nora en Nueva-York, sin dar más datos para no caer en espoiler. A veces, sólo queda el silencio para interpretar el destino en nuestras vidas. Sabemos que cada uno, cada una, a pesar de todo, sigue sólo con lo suyo, pero la realidad es que nunca se podrá decir ya “con lo nuestro”. En clave europea, solemos decir que el destino estaba escrito, pero tomando conciencia de que, a veces, juega… con nuestras vidas pasadas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Cervantes, como cine, sigue también con nosotros

Sevilla, 3/XI/2023

Un documental premiado en la Semana Internacional del Cine de Valladolid 2023, Retratos fantasma, me ha recordado lo que hemos vivido en esta ciudad en relación con la feliz reapertura del cine Cervantes, la sala cinematográfica más antigua de Sevilla, que data del siglo XIX, al haber cumplido en el pasado mes de octubre 150 años de existencia. No ha sido fácil el proceso de supervivencia sufrido desde su cierre con motivo de la pandemia y gracias al esfuerzo encomiable de una plataforma ciudadana, Cervantes es cine, así como de la empresa que ha decidido continuar con la actividad cinematográfica de esta sala legendaria, podemos disfrutar ya de su misión posible como espacio para los reencuentros ciudadanos a través del cine.

Cine Cervantes – Sevilla

El pasado mes de febrero, la empresa hizo un comunicado oficial del que destaco algunos de sus párrafos: “Nos complace informar que en el último consejo de administración de MENDIVIL SA (UNIÓN CINE CIUDAD) se acordó por unanimidad suspender el desmantelamiento previsto de las instalaciones del CINE CERVANTES, con objeto de conceder un plazo destinado a facilitar una posible reapertura del mismo, adecuando la viabilidad económica del local. Se encomienda al presidente del consejo el realizar las gestiones necesarias que posibiliten la apertura y la continuidad del cine, manteniendo en todo caso la función original y nuclear de exhibición comercial de películas cinematográficas y añadimos también que conservamos la esperanza de celebrar en el próximo mes de octubre sus 150 años de historia, de entretenimiento y de espectáculo para disfrute de la ciudad de Sevilla con el local abierto y en pleno funcionamiento. Agradecemos igualmente la intensa y desinteresada actividad de la plataforma cultural de apoyo “Cervantes es cine” y la de todos y cada uno de los miles de ciudadanos que la han apoyado con su firma, que han conseguido, con su ilusión y con su aliento, insuflarnos los ánimos necesarios para reemprender el duro e ingrato camino que ya habíamos abandonado ante la desidia, el desinterés y la pasividad que hasta ahora habían mantenido las administraciones públicas”.

Asimismo, las palabras finales de este anuncio, que finalmente se han convertido en una realidad con la reapertura llevada a cabo la semana pasada, dan feliz cumplimiento a los compromisos adquiridos con la ciudad, sin dejar atrás el esfuerzo llevado a cabo por la plataforma “Cervantes es cine”: “Agradecemos igualmente la intensa y desinteresada actividad de la plataforma cultural de apoyo “Cervantes es cine” y la de todos y cada uno de los miles de ciudadanos que la han apoyado con su firma, que han conseguido, con su ilusión y con su aliento, insuflarnos los ánimos necesarios para reemprender el duro e ingrato camino que ya habíamos abandonado ante la desidia, el desinterés y la pasividad que hasta ahora habían mantenido las administraciones públicas”.

Creo que lo sucedido con el cine Cervantes en esta ciudad, en pleno auge de la gentrificación, es decir, la okupación del centro de la ciudad por el capital puro y duro, permite comprender bien el mensaje que el cineasta brasileño nos transmite en Retratos fantasma, expresado con hermosa objetividad en el artículo dedicado a este director y a esta película en eldiario.es, Cerraré los cines con mis lágrimas, la emotiva carta de amor a las salas de Kleber Mendonça Filho, del que recomiendo su atenta lectura: “Aunque en Retratos fantasma se muestre ese deterioro del tejido cultural en el centro, también presenta a las salas que resisten pese a todo y todos. Por ello, Mendonça Filho no es pesimista. “Fui a ver la nueva película de Scorsese al cine Max Linder en París, que tiene 600 butacas, era el pase del mediodía y estaba lleno. Salí, y la siguiente sesión también estaba llena. Es verdad que París es una ciudad especial en este aspecto, pero en Recife quedan dos cines espectaculares. También es cierto que hay 90 pantallas de multisalas en las que no puedes distinguir mucho lo que se proyecta en ellas y que tienes la nueva de El exorcistaen 25 salas, y eso es deprimente. Yo no tengo problemas con el streaming, veo películas en plataformas, en Blu-ray… creo que el problema es el mercado, que te dice que no consumas más música en formato físico porque todo lo tienes en tu móvil en streaming. Soy optimista, pero se necesita inversión. Inversión pública para crear una red de cines públicos, bien equipados, que tengan diversidad en la programación”. Una defensa de lo público como forma de defender el urbanismo de los ataques exteriores y para convertir a los cines en centros neurálgicos de las ciudades porque, como se escucha en Retratos fantasma, “los cines son lugares para la bondad”. Excelente definición del cine como medio de encuentro de personas y del gozo legítimo, humano, cuando contemplamos la magia de sus imágenes y actores con mensajes dentro.

NOTA: la imagen del Cine Cervantes ha sido recuperada de https://www.sevillaactualidad.com/cultura/531600-el-cine-cervantes-anuncia-su-reapertura-y-volvera-el-27-de-octubre/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Ideología a través de un viejo roble

Quienes comen juntos, permanecen juntos

Palabras, en El viejo roble

Sevilla, 30/X/2023

Estoy muy atento en las singladuras diarias hacia islas desconocidas. En esta ocasión ha sido una película del director Ken Loach, El viejo roble, que nunca ha hecho un cine inocente, sino siempre cargado de ideología. Curiosamente, ha ganado recientemente el Premio del Publico en la Sección Oficial de la Semana Internacional del Cine de Valladolid, así como el Premio a Mejor actor, Dave Turner, lo que me ha confirmado que estamos necesitados de reconocer, en estos tiempos tan modernos y difíciles, que necesitamos ideología, cada día, como Juan Ramón Jiménez pensaba del amor y de la poesía, salvando las distancias.

Ken Loach sigue haciendo de las suyas a través del cine, en un momento crucial de su matusalénica edad, 87 años, que diría Benedetti, junto a su guionista preferido, Paul Laverty, un inseparable en su trabajo cinematográfico, tan dilatado en el tiempo. En esta ocasión, la breve sinopsis de la película deja entrever un mensaje que personalmente me interesa rescatar en este país tan cainita y dual, en el que la derecha y su principal aliada, la derecha del más allá, muestran signos de fobia a casi todo lo que se mueve, sobre todo si son emigrantes sin retorno: “The Old Oak [El viejo roble] es el último pub que queda en un antiguo pueblo minero en el condado de Durham, al noreste de Inglaterra. Debido a que se están cerrando las minas, la gente se está yendo del país. Por lo tanto, las casas aquí son baratas y están vacías, razón por la cual los refugiados sirios se alojan allí. Uno de ellos, la joven Yara, se hace amiga de su casero”.

Lo importante de su mensaje, sin incurrió en espóiler, es destacar el hilo conductor de la película que, según Loach (1), “[…] completa una especie de trilogía con ‘Yo, Daniel Blake‘ y ‘Sorry We Missed You’. Las anteriores analizaban las consecuencias de las políticas neoliberales que han acabado por dictaminar que si eres pobre es por tu culpa. La pobreza ha acabado por ser un crimen y tienes que ser castigado por ello. Si no aceptas lo que te dice el Estado, te cortan los subsidios. La jornada de ocho horas, la asistencia médica, las vacaciones pagadas… Todo eso ha vuelto a estar discutido en la economía gig [2]. La nueva película mira a las zonas que han sido abandonadas y donde la industria ha desaparecido. Son lugares que se han convertido en forraje para la extrema derecha donde el racismo señala desde los medios y desde determinados políticos a los inmigrantes como la causa de todos los males. Y, obviamente, no lo son. No son ellos los que destruyeron nuestra sanidad ni los que causaron la crisis de vivienda ni los responsables de la crisis climática. Y es ahí, en efecto, en la sociedad abandonada donde nació la película, que fue idea de Paul”.

Otra visión la he obtenido de una entrevista recogida en elDiario.es, “Ken Loach: La izquierda necesita un líder radical para desafiar al sistema económico”, donde Loach manifiesta sin lugar a duda alguna cuál es el hilo conductor de la película, a través de otra entrevista aleccionadora, de la que entresaco una respuesta excelente ante la pregunta sobre el mensaje de esperanza que transmite su última obra: “Si no tenemos esperanza no podremos ver que tenemos la fuerza para poder hacer cambios radicales que salvaguarden el planeta, cambios para tener una sociedad igualitaria que no nos explote. No veremos que podemos vivir en paz. Para lograr todo esto necesitamos confianza en que hay un camino y en que tenemos la fuerza para seguir ese camino. Creo que esa es la definición de esperanza, entender que puedes mejorar las cosas. Si crees que no puedes mejorar las cosas, entonces eso te lleva a la desesperación, y cuando estás desesperado, buscas a alguien fuerte, o a un grupo fuerte para que resuelva tus problemas por ti. Esa es la esencia de las películas de Hollywood. Ya sabes, el vaquero con armas muy grandes que entra en el pueblo y dispara a los malos. Eso no es esperanza. Esa es la política de la desesperación, y quien capitaliza eso es la extrema derecha. La extrema derecha es el último recurso de las grandes corporaciones, de las grandes empresas. Fueron las grandes corporaciones las que apoyaron a los nazis en los años 30 y alentaron el populismo y fomentaron el racismo. Lean la prensa, miren los medios, miren a los políticos que los representan. Son políticos que hablan de enjambres de inmigrantes. Hablan de ser invadidos por inmigrantes. Ese es el caldo de cultivo para la extrema derecha y, por supuesto, algunas personas desesperadas caen en la trampa porque es una respuesta fácil. La esperanza es política. No puedes esperar que las cosas pasen porque cruzas los dedos. Que las cosas ocurran es cosa tuya. Hay un camino a seguir, y la gran piedra sobre la que podemos construir ese camino es la solidaridad. Solidaridad con las personas que huyen de la guerra, del hambre, del cambio climático cuando su tierra se vuelva insostenible. Esa es nuestra esperanza, y la esperanza nos da confianza y fuerza para hacer cambios”.

Una vez más el cine es un medio fantástico para avanzar en mensajes de liberación del alma humana y de solidaridad para enfrentarnos a un mundo convulso que da muy pocas posibilidades, a veces, de sobrevivir dignamente ante el enemigo disfrazado de mil maneras posibles. Es algo que deberíamos aprender de Loach, porque a través de pequeñas cosas y gestos diarios podemos mejorar el mundo en el que vivimos y somos. Es lo que responde cuando le preguntan si ha sentido alguna vez que sus películas han logrado cambiar algo, por pequeño que sea: “Me gustaría decir que sí, pero creo que no. Son sólo películas, luego depende de lo que hagas al salir del cine. Espero que al menos haya dado mi apoyo a quienes exigen luego los cambios, o que haya generado preguntas en la mente de la gente. Espero que, al menos, por un momento, haya dado una pequeña sacudida al poder establecido. Pero, al final, se trata sólo de unas pequeñas películas europeas. Somos una voz dentro de un coro. Un coro que pide un cambio radical. Pero hay un ruido mucho mayor, más ruidoso, el de aquellos que quieren mantener las cosas como están porque se están beneficiando temporalmente de ello. Y tienen voces mucho más fuertes. Controlan la prensa, controlan la radio y difunden su hipocresía, sus mentiras y su racismo. Pero la gente puede ver la realidad de sus vidas y creo que, si podemos aprovechar eso, les podremos hacer mirar y conocer la gran desigualdad y el gran peligro en el que nos encontramos. La solidaridad es la clave. Si podemos arrimar nuestro hombro, eso es lo máximo que podemos hacer”. Excelente reflexión. Los robles viejos tienen también una misión que cumplir: dar fortaleza a la vida, al alma humana, tal y como aprendí hace muchos años del mejor elogio que se podía hacer a la encina: dar corazón.

¡Gracias, Ken Loach y Paul Laverty! Hoy, como un símbolo de solidaridad mundial, me uno a la protagonista de la película, Yara, para decirlo también en sirio: ¡Shucran!,

(1) Ken Loach: «Existe una autocensura producto del miedo que dictamina que si criticas a Israel eres antisemita» | Cine (elmundo.es)

(2) Gig economy – Qué es, definición y concepto | 2023 | Economipedia 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

¡Cuéntame películas!

La vida es más difícil, márchate, el mundo es tuyo, no quiero oírte más, sólo quiero oír hablar de ti. Hagas lo que hagas, ámalo. 

Alfredo a Totó en Cinema Paradiso, 1988.

Sevilla, 25/X/2023

Desde que tengo uso de razón, he escuchado en bastantes ocasiones la expresión “no me cuentes películas”. Craso error, quizás inducido por la famosa frase en los títulos de crédito de multitud de películas, cuando se advertía que cualquier parecido con la realidad de lo que podía ver “era por pura coincidencia”, siendo lo cierto todo lo contrario. Recuerdo ahora a la excelente escritora Irene Vallejo, cuando en su libro El futuro recordado, afirma que, “a pesar de expresarnos así, lo cierto es que entendemos mejor los mensajes si tienen forma narrativa y la mente asimila mejor los datos nuevos si están enhebrados en anécdotas, aventuras o ficciones. Así que, en realidad, bien podríamos decir: “cuéntamelo con una película” o “cuéntamelo como una novela”. El relato, tanto en sus diferentes formas audiovisuales o literarias, constituye una forma de conocimiento que no puede ser sustituida por otro discurso”. Las frases coloquiales en torno a las películas, despectivas generalmente, tales como “se ha montado una película de lo que le ha pasado” o “allá películas”, muestran la cara menos amable de este excelente recurso cultural.

Lo expuesto anteriormente viene a colación por el estreno mundial de ‘La contadora de películas’, dirigida por la realizadora danesa Lone Scherfig (An Education) y protagonizada por Bérenice Bejo (The Artist), Antonio de la Torre y Daniel Brühl, está basada en el libro homónimo de Hernán Rivera Letelier: “una carta de amor al cine y homenaje al arte de narrar historias”, según RTVE, que se estrenará el próximo 3 de noviembre en nuestro país, en la que se relata la vida de una familia en el desierto de Atacama (Chile), de acuerdo con la sinopsis que facilitó en septiembre Radio Televisión Española: “Años 60, desierto de Atacama, Chile. María Magnolia es una mujer que a pesar de vivir bajo difíciles condiciones, trata de transmitir a su hija, María Margarita, su pasión por el arte, y ella se convertirá en la contadora de historias de un pueblo chileno, donde la mayor parte de sus habitantes no pueden pagarse una entrada de cine, pero les trasladará el poder de los sueños. […]  Refleja las turbulencias políticas en las épocas de Frei, Allende y la llegada de Pinochet, y revive la decadencia de los históricos pueblos mineros del salitre en el norte de Chile, además de revelar los recuerdos incalculables enterrados en nuestras raíces históricas asociados al viejo cinematógrafo en una época de transición. María Margarita (Bérenice Bejo) ha heredado el amor por el cine de su madre. Y en su caso, demuestra ser una talentosa intérprete, transformándose en el escenario cuando le cuenta a su familia empobrecida (que solo pueden permitirse una entrada de cine entre ellos) las imágenes que ha visto en el único cine de la ciudad. Pronto se convertirá en la estrella más destacada de la comunidad. Los mundos exóticos, alienígenas y épicos que descubre en la pantalla despiertan en ella un profundo amor por la narración y, como «narradora de películas», transporta a su audiencia a nuevos mundos, permitiéndoles olvidar su trabajo y escapar de las dificultades de su vida cotidiana. A través de la lente de su fértil imaginación, estas historias cobran vida para su gente, inspirándolos con la esperanza de que, al igual que el “Espartaco” interpretado por Kirk Douglas, puedan seguir luchando. Al cumplir los sueños de su madre, María es una luz brillante para la gente de Atacama. La cinta con guion de Walter Salles, Rafa Russo e Isabel Coixet es una celebración de nuestra capacidad para desafiar incluso las circunstancias más duras, para encontrar amor, comunidad, inspiración y esperanza donde parece que no la hay. A través de las historias que tejemos podemos elevar nuestras vidas con emoción humana compartida”.

Aprendí hace muchos años una gran lección del cine que muestra compromiso social activo: hoy empieza todo. La película homónima, dirigida por Bertrand Tavernier, me enseñó algo transcendental para abordar la dura realidad diaria para ser y, no tanto, tener. Cuando el autor del guion, Dominique Sampiero explicó por qué se puso este nombre a la película, Hoy empieza todo, se comprende mejor la clave ética, porque lo que ocurre en la vida diaria, en cada momento, es lo contrario a un cuento de hadas. Lo contrario de Había una vez. Es verdad que hoy empieza todo. Momentos como este te hacen ver que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando se asiste a la proyección de determinadas películas, siguiendo de cerca las explicaciones de Dominique Sampiero, un gran corazón late, se alarma, va más despacio… Todos los rostros miran en la misma dirección, la gran pantalla del cine de toda la vida donde se proyecta La contadora de películas, en este caso. Este impulso es, probablemente, el que nos acompañará siempre al recordarla y nos permitirá conducir esta microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor.

Confieso que en mi vida he tenido siempre una debilidad cinematográfica, entre otras muchas, que me ha marcado para siempre y que me lleva a tener una deuda no saldada con su magia tantas veces oculta. Me refiero a lo que llamo personalmente “el síndrome de Errol Flynn”, un gran actor de mi infancia madrileña, que me ha acompañado a lo largo de mi azarosa vida. He avanzado muchas veces por desfiladeros existenciales que están situados en zona comanche permanente, pero sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse, con la botonadura dorada reluciente y sin una mota de polvo en su traje y botas de montar, avanzaba con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto), sabiendo, eso sí, que al final del desfiladero podía estar siempre Olivia de Havilland (Beth) para fundirse en un abrazo eterno y casto, como si no pasara nada, que arrancaba aplausos eternos en el patio de butacas del Cinema Paradiso de mi infancia, el Cine Ideal en Sevilla. Lo de menos era ya el final desastroso de la película, de cuyo nombre no quiero acordarme, en un país que estaba necesitado de escenas edulcoradas y de cartón piedra, porque lo importante era y será que nunca hay que rendirse ante la adversidad de la indignidad humana.

Sinceramente confieso que, a diferencia del clásico aviso en los títulos de crédito de antes, cualquier parecido de lo aquí contado con la realidad de lo que he visto y vivido en la película de mi vida, no ha sido una pura coincidencia. A partir de hoy es probable que en determinadas ocasiones, recordando a Irene Vallejo, sea yo el que solicite a las personas que aprecio y amo, que cuenten lo que sienten como si fuera una película o un cuento, para el caso es lo mismo. De lo que estoy convencido en este aquí y ahora, personal e intransferible, es que nunca más se me ocurrirá decirles, sobre lo que me cuentan, una frase aparentemente inocente, pero que puede llegar a ser el mayor de los desprecios, «para mí, lo que te pasa, allá películas”. Les aseguro, compañeros y compañeras del patio de butacas en el Gran Cine de la Vida, que les diré siempre “cuéntame lo que te pasa, por favor, como si fuera una película”, porque sé que lo que les ocurre es pura y verdadera coincidencia con lo que sienten y sufren en ese momento mágico de confidencias sentidas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Miguel Hernández vuelve con nosotros porque… aún tiene la vida

Imagen congelada del reportaje Telediario 2: Miguel Hernández, por primera vez en vídeo (rtve.es), en el que figura el poeta y que he destacado en rojo.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández, en El herido (II), publicado en El hombre acecha, 1937-1939.

Sevilla, 24/X/2023

Miguel Hernández aún tiene la vida, sigue con nosotros, desgraciadamente no con todos, sino sólo con los que tenemos conciencia democrática y respetamos día a día, golpe a golpe, verso a verso, la memoria histórica de este país. Anoche lo pude comprobar tras el reportaje que presentó Carlos del Amor en el Telediario2, donde se podía ver a Miguel Hernández en vivo, como asistente al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura, celebrado en el Ayuntamiento de Valencia el 4 de julio de 1937. La sinopsis de este hallazgo sorprendente lo deja claro: “Sabíamos cómo sonaba su voz y se conservan fotografías, pero nunca antes habíamos visto imágenes en movimiento de Miguel Hernández. El Telediario muestra la que probablemente sea la única filmación en la que aparece el poeta alicantino. Se rodaron en 1937, el autor del «Rayo que no cesa» tenía 26 años y acudía al segundo congreso de escritores en defensa de la cultura. Todo empezó gracias a un espectador de TVE”. Conviene verlo plano a plano, despacio, para sentirlo muy cerca, no sentado en butacas, sino en la escalera.

Me llamó la atención que este encuentro ya lo había citado en este cuaderno digital el pasado 31 de marzo de este año, en un artículo, Las imágenes de Walter Reuter refuerzan la memoria democrática, en el que resaltaba la importancia del hallazgo y posterior tratamiento científico de las fotografías encontradas en 2016, en lo que se conoce como “la lata de Walter Reuter”, una lata de película que guardaba celosamente el biólogo Guillermo Fernández Zúñiga “en lo alto de un armario”, creador del llamado “cine científico”, que compartió con el fotógrafo alemán misiones importantes durante la Guerra Civil, en el Comisionado de Propaganda de la República. En ella se encontraron más de cuatro mil negativos que, en un principio, se atribuyeron a Fernández Zúñiga, pero que después de un laborioso trabajo de investigación se sabe que unos dos mil doscientos eran obra indiscutible de Reuter. Fruto de este trabajo de investigación es el hallazgo de la foto que abría anoche el reportaje del Telediario2, porque la identificación de la camisa clara y el pantalón oscuro de Miguel Hernández, que se aprecian perfectamente en esta imagen, casaban perfectamente con los planos de una película muy deteriorada que se conserva de este evento y en los que se ve a Miguel Hernández, por primera vez, en movimiento, porque tenía todavía la vida.

Miguel Hernández, a la salida del Ayuntamiento de Valencia, al finalizar la sesión de apertura del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. Domingo 4 de julio de 1937. ©Walter Reuter. FGFZ.

Personalmente, escucho con frecuencia la voz de Miguel Hernández, en el único archivo sonoro que se conserva, que invito a escucharla de nuevo, en una grabación realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la “Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Después de escuchar su voz, vuelvo a ver estas imágenes extraordinarias de Miguel Hernández aún vivo, las únicas que hasta ahora se conservan. Escuchándolo y viéndolo ahora de nuevo, me consuela saber que nos quedan las palabras de su poema completo El herido (II), del que he extraído los versos de la cabecera de este artículo, para grabarlas en la mente y en el corazón de los que siempre hemos respetado lo sucedido en la guerra civil y defendemos a diario la reconciliación y transición después de la muerte del dictador, leyendo pausadamente e intentando comprender el mensaje de esas palabras escritas con el corazón por Miguel Hernández, porque sufro en muchos momentos de desconcierto político las heridas del amor, de la muerte y de la vida en mi cancionero de ausencias de ideologías y compromiso activo para luchar por un mundo mejor y lejos de las mentiras y medias verdades en las que nos tenemos que desenvolver a diario.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Meryl Streep y Nuccio Ordine, personas imprescindibles según Bertolt Brecht

Meryl Streep (Summit, EE. UU.), 22 de junio de 1949)

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 20/X/2023

Necesitamos, ahora más que nunca, recibir refuerzos positivos para caminar siempre hacia adelante y una vía abierta de ética útil entre tanta realidad triste e inútil, puede ser acercarnos a dos personas imprescindibles, Meryl Streep (Summit, Nueva Jersey, 1949) y Nuccio Ordine (Diamante, Cosenza – Calabria, 1958 – Cosenza, Calabria, 2023), porque junto a otras personalidades del mundo de las artes, comunicación y humanidades, ciencias sociales, deportes, letras, cooperación internacional, investigación científica y técnica, así como de concordia, que merecen por igual mi reconocimiento y respeto, recibirán hoy también, junto a ellos, los premios Princesa de Asturias de 2023, de las Artes y el de Comunicación y Humanidades, respectivamente, teniendo el de Ordine un sentido especial por su fallecimiento el pasado 10 de junio y al que dediqué unas palabras sentidas en mi persona de secreto, ese día, en este cuaderno digital. He elegido hoy, en una fecha especial también, voluntariamente, a estas dos personas, imprescindibles para mí en el sentido que aprendí hace ya muchos años de Bertolt Brecht y como homenaje especial a los dos por lo que han aportado al mundo y al correcto tratamiento de la vida digna para todos, sobre todo con un interés especial en atender con sus obras a los que menos tienen, en cualquiera de las proyecciones humanas posibles.

En el caso de Meryl Streep, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023 se le otorgó el pasado 26 de abril, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”. Resumí mi reconocimiento personal de este premio a Meryl Street en un artículo publicado también, en este cuaderno digital, El cine es el semblante de Meryl Streep, que he vuelto a releer hoy, en el que destacaba que emulando humildemente al gran director americano John Ford, ídolo de mi infancia, cuando respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?, contestó, “es ver caminar a Henry Fonda”, se podría decir ahora, también, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da a ese lema, semblante: “La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). 

En relación con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023 otorgado a Nuccio Ordine el pasado 4 de junio, destaqué en otro artículo, Las personas no somos islas inútiles, la satisfacción personal por este reconocimiento, en su calidad de filósofo, escritor y gran conocedor del pensamiento y la literatura renacentista, al que he dedicado bastantes páginas de respeto intelectual en este cuaderno digital. Me consta el compromiso activo en su obra, en relación con la educación como derecho y no como mercancía, tal y como se recogió en el acta del jurado sobre la concesión de este Premio, otorgado “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”.

Destaco, igualmente, dos reflexiones sobre ambos “imprescindibles”. Respecto de Meryl Streep, dije en aquella reflexión escrita que me quedaré siempre con “el semblante de Meryl Streep a través de sus películas, porque define a la perfección qué es el cine. Indudablemente, con su rostro lleno de expresión, en silencio, como lo supo interpretar aquél fotógrafo [en Los puentes de Madison] que un día paró en la puerta de su casa para preguntar por un puente famoso, Roseman, para hacer unas fotos. Nos transmitió de forma simbólica algo importante: todo acabó donde había empezado, en ese puente, cumpliéndose el deseo de Francesca al esparcir sus hijos sus cenizas en sus alrededores. Es la maravilla del cine, una historia breve pero que al ser buena se convierte en dos veces buena. Un poema de Lord Byron, muy querido por Robert, estaba “dentro” de la vasija funeraria y se quedó con ella volando hacia el aire que quisieron respirar juntos en aquellos cuatro días mágicos, inolvidables: Hay un placer en los bosques sin senderos, / hay un éxtasis en la costa solitaria, / hay compañía, allí donde nadie se hace presente, / al lado del mar profundo, y música en su rugido. / No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza, / a partir de nuestros encuentros, / a los que asisto sigiloso, / a partir de todo lo que puedo ser, / o que he visto antes, / para fundirme con el universo y sentir, / lo que nunca puedo expresar aunque me sea imposible ocultar.

En relación con Nuccio Ordine, dije en el artículo citado que “vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, lejos del Renacimiento, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura del libro de Ordine, La utilidad de lo inútil (1), me refresca siempre estos conceptos y considero que es una buena recomendación para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes de mi querido Club de las Personas Dignas. Son 172 páginas útiles para comprender el oxímoron (2) “utilidad de lo inútil”, pero se despeja inmediatamente cualquier duda al explicar el autor que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado puro y duro es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases llamadas “útiles” en zapatillas (pantuflas), como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray.

Ordine merece ser recordado especialmente por su ausencia. Todo un símbolo ante unas palabras de reconocimiento del jurado cuando le otorgó el premio, que me lleva hoy a tenerlo muy presente en mi clínica del alma, mi biblioteca y en mi escritura diaria. Hoy, más orgulloso que nunca porque me alegró que le concedieron este reconocimiento por su obra, en un mundo diseñado por el enemigo, sobre todo, el capital, en este país tan dual y cainita. Soy consciente de que no somos islas, como él se preocupó de mostrarnos en su última publicación (3) y que la mejor actitud humana es salir de nosotros mismos para conocernos mejor y compartir la vida con las personas que elegimos y queremos, en el camino diario para vivir, tal y como me lo enseñó también José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, cuando una gran protagonista, una mujer muy sencilla al servicio del rey, una limpiadora y zurcidora, me ofreció la mejor respuesta a los interrogantes de la soledad humana y del aislamiento social: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

(1) Ordine, Nuccio,  La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017, 17ª ed.

(2) Oxímoron (RAE. Diccionario usual): combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

(3) Ordine, Nuccio, Los hombres no son islas, Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!