Miguel Hernández vuelve con nosotros porque… aún tiene la vida

Imagen congelada del reportaje Telediario 2: Miguel Hernández, por primera vez en vídeo (rtve.es), en el que figura el poeta y que he destacado en rojo.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández, en El herido (II), publicado en El hombre acecha, 1937-1939.

Sevilla, 24/X/2023

Miguel Hernández aún tiene la vida, sigue con nosotros, desgraciadamente no con todos, sino sólo con los que tenemos conciencia democrática y respetamos día a día, golpe a golpe, verso a verso, la memoria histórica de este país. Anoche lo pude comprobar tras el reportaje que presentó Carlos del Amor en el Telediario2, donde se podía ver a Miguel Hernández en vivo, como asistente al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura, celebrado en el Ayuntamiento de Valencia el 4 de julio de 1937. La sinopsis de este hallazgo sorprendente lo deja claro: “Sabíamos cómo sonaba su voz y se conservan fotografías, pero nunca antes habíamos visto imágenes en movimiento de Miguel Hernández. El Telediario muestra la que probablemente sea la única filmación en la que aparece el poeta alicantino. Se rodaron en 1937, el autor del «Rayo que no cesa» tenía 26 años y acudía al segundo congreso de escritores en defensa de la cultura. Todo empezó gracias a un espectador de TVE”. Conviene verlo plano a plano, despacio, para sentirlo muy cerca, no sentado en butacas, sino en la escalera.

Me llamó la atención que este encuentro ya lo había citado en este cuaderno digital el pasado 31 de marzo de este año, en un artículo, Las imágenes de Walter Reuter refuerzan la memoria democrática, en el que resaltaba la importancia del hallazgo y posterior tratamiento científico de las fotografías encontradas en 2016, en lo que se conoce como “la lata de Walter Reuter”, una lata de película que guardaba celosamente el biólogo Guillermo Fernández Zúñiga “en lo alto de un armario”, creador del llamado “cine científico”, que compartió con el fotógrafo alemán misiones importantes durante la Guerra Civil, en el Comisionado de Propaganda de la República. En ella se encontraron más de cuatro mil negativos que, en un principio, se atribuyeron a Fernández Zúñiga, pero que después de un laborioso trabajo de investigación se sabe que unos dos mil doscientos eran obra indiscutible de Reuter. Fruto de este trabajo de investigación es el hallazgo de la foto que abría anoche el reportaje del Telediario2, porque la identificación de la camisa clara y el pantalón oscuro de Miguel Hernández, que se aprecian perfectamente en esta imagen, casaban perfectamente con los planos de una película muy deteriorada que se conserva de este evento y en los que se ve a Miguel Hernández, por primera vez, en movimiento, porque tenía todavía la vida.

Miguel Hernández, a la salida del Ayuntamiento de Valencia, al finalizar la sesión de apertura del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. Domingo 4 de julio de 1937. ©Walter Reuter. FGFZ.

Personalmente, escucho con frecuencia la voz de Miguel Hernández, en el único archivo sonoro que se conserva, que invito a escucharla de nuevo, en una grabación realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la “Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Después de escuchar su voz, vuelvo a ver estas imágenes extraordinarias de Miguel Hernández aún vivo, las únicas que hasta ahora se conservan. Escuchándolo y viéndolo ahora de nuevo, me consuela saber que nos quedan las palabras de su poema completo El herido (II), del que he extraído los versos de la cabecera de este artículo, para grabarlas en la mente y en el corazón de los que siempre hemos respetado lo sucedido en la guerra civil y defendemos a diario la reconciliación y transición después de la muerte del dictador, leyendo pausadamente e intentando comprender el mensaje de esas palabras escritas con el corazón por Miguel Hernández, porque sufro en muchos momentos de desconcierto político las heridas del amor, de la muerte y de la vida en mi cancionero de ausencias de ideologías y compromiso activo para luchar por un mundo mejor y lejos de las mentiras y medias verdades en las que nos tenemos que desenvolver a diario.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Meryl Streep y Nuccio Ordine, personas imprescindibles según Bertolt Brecht

Meryl Streep (Summit, EE. UU.), 22 de junio de 1949)

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 20/X/2023

Necesitamos, ahora más que nunca, recibir refuerzos positivos para caminar siempre hacia adelante y una vía abierta de ética útil entre tanta realidad triste e inútil, puede ser acercarnos a dos personas imprescindibles, Meryl Streep (Summit, Nueva Jersey, 1949) y Nuccio Ordine (Diamante, Cosenza – Calabria, 1958 – Cosenza, Calabria, 2023), porque junto a otras personalidades del mundo de las artes, comunicación y humanidades, ciencias sociales, deportes, letras, cooperación internacional, investigación científica y técnica, así como de concordia, que merecen por igual mi reconocimiento y respeto, recibirán hoy también, junto a ellos, los premios Princesa de Asturias de 2023, de las Artes y el de Comunicación y Humanidades, respectivamente, teniendo el de Ordine un sentido especial por su fallecimiento el pasado 10 de junio y al que dediqué unas palabras sentidas en mi persona de secreto, ese día, en este cuaderno digital. He elegido hoy, en una fecha especial también, voluntariamente, a estas dos personas, imprescindibles para mí en el sentido que aprendí hace ya muchos años de Bertolt Brecht y como homenaje especial a los dos por lo que han aportado al mundo y al correcto tratamiento de la vida digna para todos, sobre todo con un interés especial en atender con sus obras a los que menos tienen, en cualquiera de las proyecciones humanas posibles.

En el caso de Meryl Streep, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023 se le otorgó el pasado 26 de abril, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”. Resumí mi reconocimiento personal de este premio a Meryl Street en un artículo publicado también, en este cuaderno digital, El cine es el semblante de Meryl Streep, que he vuelto a releer hoy, en el que destacaba que emulando humildemente al gran director americano John Ford, ídolo de mi infancia, cuando respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?, contestó, “es ver caminar a Henry Fonda”, se podría decir ahora, también, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da a ese lema, semblante: “La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). 

En relación con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023 otorgado a Nuccio Ordine el pasado 4 de junio, destaqué en otro artículo, Las personas no somos islas inútiles, la satisfacción personal por este reconocimiento, en su calidad de filósofo, escritor y gran conocedor del pensamiento y la literatura renacentista, al que he dedicado bastantes páginas de respeto intelectual en este cuaderno digital. Me consta el compromiso activo en su obra, en relación con la educación como derecho y no como mercancía, tal y como se recogió en el acta del jurado sobre la concesión de este Premio, otorgado “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”.

Destaco, igualmente, dos reflexiones sobre ambos “imprescindibles”. Respecto de Meryl Streep, dije en aquella reflexión escrita que me quedaré siempre con “el semblante de Meryl Streep a través de sus películas, porque define a la perfección qué es el cine. Indudablemente, con su rostro lleno de expresión, en silencio, como lo supo interpretar aquél fotógrafo [en Los puentes de Madison] que un día paró en la puerta de su casa para preguntar por un puente famoso, Roseman, para hacer unas fotos. Nos transmitió de forma simbólica algo importante: todo acabó donde había empezado, en ese puente, cumpliéndose el deseo de Francesca al esparcir sus hijos sus cenizas en sus alrededores. Es la maravilla del cine, una historia breve pero que al ser buena se convierte en dos veces buena. Un poema de Lord Byron, muy querido por Robert, estaba “dentro” de la vasija funeraria y se quedó con ella volando hacia el aire que quisieron respirar juntos en aquellos cuatro días mágicos, inolvidables: Hay un placer en los bosques sin senderos, / hay un éxtasis en la costa solitaria, / hay compañía, allí donde nadie se hace presente, / al lado del mar profundo, y música en su rugido. / No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza, / a partir de nuestros encuentros, / a los que asisto sigiloso, / a partir de todo lo que puedo ser, / o que he visto antes, / para fundirme con el universo y sentir, / lo que nunca puedo expresar aunque me sea imposible ocultar.

En relación con Nuccio Ordine, dije en el artículo citado que “vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, lejos del Renacimiento, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura del libro de Ordine, La utilidad de lo inútil (1), me refresca siempre estos conceptos y considero que es una buena recomendación para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes de mi querido Club de las Personas Dignas. Son 172 páginas útiles para comprender el oxímoron (2) “utilidad de lo inútil”, pero se despeja inmediatamente cualquier duda al explicar el autor que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado puro y duro es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases llamadas “útiles” en zapatillas (pantuflas), como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray.

Ordine merece ser recordado especialmente por su ausencia. Todo un símbolo ante unas palabras de reconocimiento del jurado cuando le otorgó el premio, que me lleva hoy a tenerlo muy presente en mi clínica del alma, mi biblioteca y en mi escritura diaria. Hoy, más orgulloso que nunca porque me alegró que le concedieron este reconocimiento por su obra, en un mundo diseñado por el enemigo, sobre todo, el capital, en este país tan dual y cainita. Soy consciente de que no somos islas, como él se preocupó de mostrarnos en su última publicación (3) y que la mejor actitud humana es salir de nosotros mismos para conocernos mejor y compartir la vida con las personas que elegimos y queremos, en el camino diario para vivir, tal y como me lo enseñó también José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, cuando una gran protagonista, una mujer muy sencilla al servicio del rey, una limpiadora y zurcidora, me ofreció la mejor respuesta a los interrogantes de la soledad humana y del aislamiento social: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

(1) Ordine, Nuccio,  La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017, 17ª ed.

(2) Oxímoron (RAE. Diccionario usual): combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

(3) Ordine, Nuccio, Los hombres no son islas, Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Víctor Erice y su amor al cine, para sentirlo en las salas de siempre

Sevilla, 2/X/2023

Vuelvo a recordar especialmente a un director emblemático de este país, Víctor Erice, escasamente reconocido a veces, que el pasado 29 de septiembre recibió el Premio Donostia, enmarcado en el 71º Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2023, “una ventana abierta al mundo”, en palabras de Erice. Adjunto a estas palabras el vídeo de la gala de entrega de este merecido premio y recomiendo escuchar atentamente sus palabras rememorando su larga vida de amor al cine, desde que llegó a San Sebastián en el siglo pasado y ya sentía como niño profunda emoción desde las butacas del Cine Reina Victoria, precisamente en el que se celebraba la ceremonia de entrega de su premio, hoy Teatro Reina Victoria, cuando ya joven vio su primera película, Las noches de Cabiria, con Federico Fellini sentado en un palco. Es una delicia escucharle narrar sus sentimientos y emociones que envuelven su profundo amor al cine y, sobre todo, a las salas de cine de toda la vida, hoy en peligro de extinción por la acción implacable del poderoso caballero don dinero, con el disfraz de industria del cine, que también existe.

En sus hermosas palabras, hizo un canto a la trayectoria del Festival vivida por él, el esfuerzo denodado de comerciantes de la ciudad que lo hicieron posible, la importancia del Cine Club de la ciudad a finales de los años cincuenta, la vigilancia de la censura de la época en que nació y comenzó sus primeros pasos, junto a un grupo de personas con nombres y apellidos, Aguirre, Eceiza, Elías Querejeta, Antonio Mercero, Alonso Ibarrola, entre otros, que conocemos afortunadamente por su extraordinaria aportación al cine de este país que se tradujo,  posteriormente, en la presentación de obras maestras en la conjunción de producción, y dirección de los que un día dejaron Donosti para comenzar a explorar el plató, unas veces imaginario y otras real, que ofrecía Madrid en aquellos años sesenta y setenta, convencidos de que “el cine era el arte del siglo” y por eso “lo hacían”, arte popular, “hoy, por desgracia, desaparecido”.

Erice siempre ha entendido el cine “como un medio de conocimiento”, por lo que el aprendizaje sobre él “no se acaba nunca”, recordando que la obra de un cineasta y próximo a Albert Camus, quizás no sea otra cosa que “ese largo caminar por los dominios del arte de hacer películas, para recuperar las imágenes extraordinarias contempladas en una pantalla, a las que abrió su corazón por vez primera”.

He escrito varias veces sobre Víctor Erice en este cuaderno digital y hoy, con estas palabras, me sumo a este merecido homenaje. La última vez lo hice con motivo de la preselección de su película Cerrar los ojos para los Óscar de 2024, que finalmente no fue elegida, pero que para mí sigue teniendo un valor extraordinario, que se ha presentado finalmente en este Festival, a continuación de la entrega del premio Donostia 2023, acto en el que nos entregó bellas palabras de amor al cine, como él quería y lo ha manifestado siempre, en una sala de cine. Vuelvo a publicarlas hoy, con la ardiente impaciencia de contemplar su nueva película en una sala de cine, a las que él ama, con la cara de asombro de cuando él era un niño, la misma por cierto que Totó en Cinema Paradiso y que preside desde hace años la cabecera de este cuaderno digital.

Víctor Erice, treinta años después, que no son nada para su cine

Hombre con barba y bigote

Descripción generada automáticamente con confianza media
El regreso de Víctor Erice con ‘Cerrar los ojos’ (rtve.es)

Sevilla, 9/XII/2022

Casi sin darme cuenta voy formando poco a poco una coalición de determinadas personas mayores y me detengo a leer sus obras, contemplar sus cuadros o ver sus películas. Sobre todo, los escucho. Me pasó anoche al volver a reencontrarme con el director de cine Víctor Erice, cos sus 82 años, transmitiéndonos con sus palabras parte de su vida, que ahora se va a ver reflejada posiblemente con su nueva película, Cerrar los ojos, una historia sobre la memoria y la identidad, actualmente en rodaje, trabajando de forma incansable en lo que él llama “el arte popular del siglo XX”, el cine y su proyección en salas dedicadas exclusivamente a ello, tan vacías hoy por la competencia de las plataformas digitales. Aquellos antiguos espacios servían para contemplar “museos de la vida”, de muchas vidas sobre personas que sobre el escenario de su acontecer diario sólo hacen algo importante: sobrevivir. Nunca nos sentíamos solos.

Carlos del Amor nos deleitó en el Telediario2 (RTVE) con una semblanza muy cuidada, llena de afecto a Erice, porque en un minuto y cincuenta y siete segundos logró transmitirnos algo importante: su mirada, “una mirada inquieta, la mirada de alguien tímido que disfruta poco con las entrevistas”, sabiendo que “para Erice el cine bebe más de la pintura que de cualquier otro arte”. En el tiempo veloz de la entrevista televisiva citada, Víctor Erice tenía prisa para continuar con el rodaje. Carlos del Amor la finaliza con unas palabras bellísimas: “no se puede llegar tarde al lugar en el que durante tanto tiempo se le ha estado esperando”.

Treinta años después de su maravillosa película “El sol del membrillo”, he vuelto a reencontrarme con él, leyendo las palabras de homenaje que le dediqué en 2016 en este cuaderno digital, El color de la vida, bajo la sombra de un gran pintor, Antonio López, a quien tanto aprecio. Les dejo con ellos.

El color de la vida

Todo depende del color del cristal con el que se mire cada momento de la vida. Recuerdo siempre la puerta de acceso al patio interior de la Casa-Museo de Juan Ramón Jiménez, en Moguer (Huelva), que inspiró un libro precioso y bastante desconocido en nuestro país, Por el cristal amarillo y que tanto me ayudaba en la preparación de mis clases en Huelva. O la insignificancia de ese cristal en la isla de los ciegos al color, que magistralmente describió Oliver Sacks en un libro que leo con frecuencia y que lleva ese nombre descriptivo.

Comento estas vivencias porque anoche contemplé, como aprendí de mi maestro Antonio López, la película que dirigió Víctor Erice, El sol del membrillo, sobre el desarrollo contemplativo e inacabado siempre de una obra del pintor manchego, respetuosa con el devenir real del color del membrillo. Es una película de culto y respeto al devenir de la vida, sobre todo hoy cuando estamos inmersos en la dialéctica vida atómica-vida digital.

La cámara de Javier Aguirresarobe, excepcional, nos ayuda a contemplar segundo a segundo el devenir de la vida que necesita su tiempo, tal y como nos lo describió hace ya muchos años el Eclesiastés. Tiempo atómico y tiempo digital. Es verdad, vanidad de vanidades, todo vanidad…

En homenaje a Antonio López, al que vuelvo siempre cuando voy de mi corazón a mis asuntos o del timbo al tambo, en expresión excelente de García Márquez, adjunto a continuación uno de los artículos que escribí en 2014, con ocasión de la obra permanentemente inacabada de este pintor de la realidad y el deseo, porque nunca nos podemos bañar dos veces en el mismo río, ni contemplar la vida con un cristal de color perpetuo.

Sevilla, 21/V/2016

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Chile y Allende, muy presentes en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián

La sangre para ellos son medallas. La matanza es un acto de heroísmo ¿Es este el mundo que creaste, dios mío?

Palabras de Víctor Jara, dos horas antes de morir acribillado a balazos, en la madrugada del 16 de septiembre de 1973, en el estadio de Santiago de Chile que hoy lleva su nombre.

Sevilla, 25/IX/2023

Quien sigue de cerca este cuaderno digital sabe de mi amor al cine, sobre todo el de compromiso con la vida digna, con ideología social de fondo y forma. Esta es la razón de por qué dedico hoy unas palabras a la película presentada como estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián (Zinemaldia), El realismo socialista, con un subtítulo no inocente e imprescindible para comprenderlo mejor, Como una de las bellas artes, que el cineasta chileno Raúl Ruiz (Puerto Montt, 1941-París, 2011) dejó inconclusa por el golpe de Estado de Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 y que gracias al cuidado y reconstrucción de las escenas rodadas con anterioridad, en bobinas que pudieron salir ocultas de Chile y guardadas a buen recaudo por su viuda, Valeria Sarmiento, también directora como él y colaboradora fiel en todos sus proyectos cinematográficos, así como fragmentos localizados en la Universidad de Duke (Durham, Carolina del Norte EEUU) y el Archivo Real de Cine de Bélgica, la podemos contemplar hoy como un testimonio realista y casi profético de lo que ocurrió finalmente en aquella fecha inolvidable, en un país en ebullición política continua, no inocente.

Una vez más, recurro a la sinopsis oficial presentada en el Festival, para intentar comprender la intrahistoria realista del socialismo chileno vivido desde dentro, como antesala del golpe de Pinochet: “Una lectura satírica del proceso de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende, previa al golpe cívico militar de 1973 en Chile. La película es un relato coral, donde se van encadenando distintos mundos. Por un lado, el de los obreros y el lumpen, con el personaje Lucho a la cabeza, y por otro, el de un grupo de intelectuales partidarios de la Unidad Popular que se agrupan en un frente poético más representantes de la pequeña burguesía. En determinado momento, estos personajes se cruzan en una aparente amistad que termina en escenas de mucha violencia, que producen una lectura satírica de la época”.

El realismo socialista figura en el segmento Klasikoak, la sección del Festival que reúne clásicos antiguos y modernos de la historia del cine universal proyectados en versiones restauradas. Según he podido verificar, la película se rodó entre 1972 y 1973, no pudiéndose finalizar el rodaje por el golpe de Estado, tan cruento para el país: «En los años ochenta se distribuyó una versión declaradamente inconclusa del filme, editada por Ruiz y Sarmiento para el British Film Institute. Y en 2008 se exhibió en el Festival Internacional de Cine de Valdivia un corte de poco menos de una hora. La película llega ahora a San Sebastián con un metraje de ochenta minutos y bajo la producción de Poetastros, entidad liderada por la actriz Chamila Rodríguez y el montajista y director Galut Alarcón; ambos se encargaron también de “la recuperación y finalización de otras dos obras póstumas del célebre director chileno: La telenovela errante (2017), estrenada en el 70o Festival de Locarno, y El tango del viudo y su espejo deformante (2020), presentada en la sección Forum de la 70a Berlinale”, explica una nota de prensa a propósito del estreno de El realismo socialista. Alarcón se encargó además del montaje final de esta versión, mientras la música original fue compuesta por Jorge Arriagada, otro colaborador frecuente de Ruiz y Sarmiento. En 2019, durante la búsqueda de fragmentos desaparecidos de El tango del viudo y su espejo deformante, Alarcón y Rodríguez tuvieron la suerte de encontrar alrededor de nueve horas de material sin editar –más de dieciocho mil pies de película– entre la Universidad de Duke, Durham, Estados Unidos, y el Archivo Real de Cine de Bélgica; tal descubrimiento posibilitó componer la película que debutará durante las jornadas del más prestigioso evento cinematográfico en español» (1).

Lo que me ha llamado poderosamente la atención es el análisis «político» que se hace de la película en el foro «Rialta», citado anteriormente, del que he tomado las siguientes palabras, referidas a la obra final creada sobre esta película por la viuda de Raúl Ruiz, Valeria Sarmiento: «Autora también de una obra insólita, Sarmiento recupera una película fundamental para entender uno de los aspectos más discutidos del quehacer cinematográfico de Ruiz: el modo en que incorporaba una visión política a su densa experimentación estética. El realismo socialista posibilitará constatar la originalidad con que el autor de Tres tristes tigres (1968), Palomita blanca (1973), La hipótesis del cuadro robado (1979), se negó a subordinar su fábrica audiovisual a los códigos del cine militante de su época. Ruiz no creía necesario registrar épicamente el mundo ni supeditar la imagen a ninguna clase de compromiso ideológico para consumar un cine político. Su producción anterior al exilio ensayaba una alternativa radical al registro de realizadores como Patricio Guzmán y Miguel Littín, paradigmas del Nuevo Cine. No sólo el paisaje temático del filme, su propio título ya da cuenta de la voluntad de Ruiz de ironizar/cuestionar las posturas políticas y la estética enarbolada por la izquierda. Las intrincadas tramas tejidas por el realizador, su propensión a desnaturalizar la imagen, su voluntad de explorar las múltiples posibilidades combinatorias de los planos sonoro y visual, consuman interrogantes a las formas de instrumentar el cine a partir de creencias políticas».

Me permito agregar a estas palabras un modesto aviso para navegantes. En tiempos de polarización política, pensamiento único, deserciones políticas, corrupción, desencanto con casi todo lo que se mueve, justificaciones imposibles, desafección del compromiso social y mala prensa del sector público, junto a una desmemoria crónica de nuestra historia de dictadura, es fácil iniciar conversaciones en las que los que piensan de forma diametralmente opuesta a nuestras convicciones suelen rematar la faena dialógica diciendo con sonrisa sarcástica algo que me enerva: al fin y al cabo, da igual lo que estamos discutiendo porque estamos diciendo lo mismo. Por si había alguna duda sobre este aserto tan vano, agregan un estrambote final más impresentable todavía: es que todos vamos en el mismo barco. No. Hay que huir como de la peste de las personas que opinan de esta forma con maniobras envolventes, querulantes, para agregarnos al Club de los Tibios e Indignos, que todos los días fletan barcos de desencanto y conformismo, porque no soportan verte en la cola del Club que está siempre enfrente: el de las Personas Dignas, siempre abierto, sobre todo para los que navegan en patera, en mares sociales procelosos y no suelen tirarse al mar cuando la sociedad en general va a la deriva.

He expuesto un análisis sobre esta película y su dramática circunstancia, que no dejará indiferente a nadie. Me interesa mucho verla cuando sea posible en la distribución comercial, aunque le auguro escaso éxito visto lo visto en este país, tan olvidadizo de su propia memoria democrática e histórica. Una vez más, en el día y mes en el que se ha cumplido el 50 aniversario del golpe de Estado en Chile, reivindico la persona y la obra política de Salvador Allende, porque quiero mantener viva su memoria en mi persona de secreto, que diría Ortega y Gasset, junto a la de todos, cuando seguimos defendiendo su presencia en nuestras vidas, como presidente, siempre presente en democracia, siempre.

(1) https://rialta.org/amp/version-definitiva-de-el-realismo-socialista-filme-inconcluso-de-raul-ruiz-se-estrenara-en-san-sebastian/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En tiempos de turbación necesitamos la autenticidad de la izquierda

Sevilla, 15/IX/2023

Frente al ideario ignaciano de la santa prudencia, siempre me ha gustado contradecirlo en este mundo al revés, defendiendo el principio de que todo cambia, siguiendo al pie de la letra la canción fantástica de Julio Numhauser (fundador de mi querido grupo Quilapayún), que la grabé en mi razón y en mi corazón, en etapas muy difíciles de este país arrasado por el virus del odio y de las dos Españas. Creo, por tanto, que se deben hacer mudanzas del alma cada vez que sea necesario, por ejemplo hoy, en nuestro actual presente: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. En este marco ideológico he encontrado en este aquí y ahora clásico, hic et nunc, una sabia respuesta en esta película que se estrena hoy en España, El sol del futuro, dirigida por Nanni Moretti, director italiano que nos tiene acostumbrados a contemplar la vida desde una perspectiva irónica y atrevida cuando menos, con un sesgo ideológico no inocente, de izquierdas siempre.

Para salvar lo que hay que salvar de forma antecedente y no arruinar la película, acudo a la sinopsis oficial de la distribuidora en España: “Giovanni, un reconocido realizador italiano, está a punto de empezar a rodar una película política. Pero entre su matrimonio en crisis, la situación de su coproductor al borde de la bancarrota y una industria cinematográfica en pleno cambio, ¡todo parece estar en su contra! Giovanni, siempre al borde del precipicio, tendrá que volver a pensar su forma de hacer las cosas si quiere que su pequeño mundo tenga un futuro brillante”. Aquí es donde comienza la magia de este director con una larga trayectoria cinematográfica que nunca dejó indiferente a las personas que quisimos conocerlo a fondo. En esta ocasión, lo que me ha interesado es la lectura de su pasado desde la perspectiva de los setenta años, porque la historia no se hace con suposiciones…, sino con hechos, que son los verdaderos amores de nuestra vida y no solo las buenas razones, que también.

Moretti expresa en su película el dolor que siente por la pérdida de identidad de la izquierda y diferentes secuencias que he conocido de esta película así lo aseveran. Como bien se afirma en la crítica del elDiario.es, en un artículo interesante, “Moretti ha forjado una filmografía crítica con la izquierda. Suya es aquella frase mítica de “D’Alema, di algo de izquierdas” que suena en Abril mientras su protagonista ―de nuevo un álter ego de él mismo que se llama como él― ve un debate del líder de izquierda contra Berlusconi. En El sol del futuro firma una fábula que es casi una utopía comunista, llena de música italiana, donde suena Franco Battiato y donde se defiende el cine en salas ―hay bofetón a Netflix― y la responsabilidad del cineasta en cada plano que elige, en una hilarante escena donde Moretti detiene un rodaje de un joven director para debatir sobre cómo va a rodar una muerte. El cineasta presentó el filme en el pasado Festival de Cannes, y allí explicaba que creía que a la izquierda le venía bien repensar en sus principios. “Creo que algunos años en la oposición le harán bien a la izquierda en Italia, y creo que así logrará reencontrar parte de su identidad perdida. La derecha en el Gobierno se está comportando como se comporta un partido de derecha. Hace su trabajo. Lo importante es que el partido de izquierdas vuelva a ser de izquierdas”, dijo con claridad ante un reducido grupo de periodistas”.

Quien siga de cerca la lectura de las páginas de este diario digital sabe que amo a Italia sobre muchas cosas, admirando también su forma de hacer cine. Roma, como dijo Rafael Alberti admirablemente en un poema inolvidable, me entregó hace ya muchos años y mientras que viví allí, a cambio de mis penas, tanto como yo dejé para tenerla. No la olvido.

Una vez más, acudiré esta tarde para vivir su película a una sala cinematográfica, a las que tanto defiende Moretti ante las plataformas que lo invaden todo, en un guiño mordaz en esta película refiriéndose, por ejemplo, a Netflix, por la forma de producir y lanzar al consumo voraz del cine, no el suyo precisamente, que no cae en saco roto ante quien siga de cerca el guion de esta interesante película. Es la razón de por qué quiero ver a danzar a Moretti bailando la canción de Franco Battiato homónima, Quiero verte danzar, cuando decía en sus deliciosas estrofas: Yo quiero verte danzar como los Derviche Tourners (Derviches giróvagos) / que giran sobre la espina dorsal al son de los cascabeles del Kathakali / Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza, danza. / Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza...

Después de este danzar en torno a lo que está ocurriendo en nuestro país, me quedo con la frase de Moretti citada anteriormente, pronunciada durante su estancia en Cannes con motivo de la presentación de su película y refiriéndose a la situación actual en su país con un gobierno de ultraderecha, que se comporta como tal: “Lo importante es que el partido de izquierdas vuelva a ser de izquierdas”, dijo con claridad ante un reducido grupo de periodistas”, algo que me suena muy bien en los momentos actuales de nuestro país, donde el futuro gobierno de coalición, amparado por más de doce millones de votantes, debería “volver “ a ser de izquierdas, aunque todo cambie en este país, sabiendo que en el alma de sus votantes hay un mensaje que no deben olvidar: no cambia mi amor / Por más lejos que me encuentre / Ni el recuerdo ni el dolor / De mi pueblo y de mi gente.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Con la ayuda de maestros se escribe la historia

Sevilla, 12/IX/2023

He conocido la reciente presentación mundial de la película Maestro, una biografía cinematográfica especialmente delicada de uno de mis maestros musicales, Leonard Bernstein, fundamentalmente en mis años jóvenes por la composición de la banda sonora de West Side Story, al que vamos a poder conocer mejor en una faceta humana, familiar y bisexual, profunda, con el hilo conductor de su controvertido matrimonio con la actriz costarricense-chilena, Felicia Montealegre, en una biopic en sentido estricto, con un guion compartido con Josh Singer, dirigida e interpretada magistralmente en su papel estelar por Bradley Cooper, producida por Martin Scorsese, Steven Spielberg y Todd Phillips, además del mismo Cooper. Como carta de presentación, ya se espera de ella sólo su excelencia en su proyección mundial, tal y como se ha reconocido en su reciente participación en la 80ª Mostra de Venecia, junto a otras 22 películas, a pesar de no haber obtenido los preciados galardones de este preciado Festival de Cine.

Según Fotogramas, en una crítica que estimo como excelente, “El guion que Cooper coescribe junto a Josh Singer –coautor también de los libretos de ‘Spotlight’ y ‘Los archivos del pentágono’– presenta a Bernstein como una figura marcada por un claroscuro existencial: un hombre tocado por el encanto personal y el talento artístico, pero atormentado por un miedo feroz a la soledad. Y lo extraordinario es que el personaje sale del paso sin ser sometido al juicio moral del cineasta, quien contempla las taras de Bernstein –su narcisismo, sus adicciones, su permanente inconformismo, su dificultad para el compromiso sentimental– como cualidades inherentes a la naturaleza humana, algo que ya afloraba en la notable ‘Ha nacido una estrella’. De hecho, la propensión del Cooper-actor a ocupar el centro no solo de las escenas sino también de los encuadres demuestra que la modestia puede no ser la cualidad más determinante de la personalidad del Cooper-cineasta. […] Transitando desde el debut de Bernstein como director de la Orquesta Sinfónica de Nueva York, el 14 de noviembre de 1943, hasta la vejez del personaje, la película ofrece un deslumbrante viaje estético por el cine americano de la segunda mitad del siglo XX. En su tramo inicial, filmado en blanco y negro, Cooper –con la colaboración del director de fotografía Matthew Libatique– homenajea la heterodoxia del clasicismo de Hollywood que tomó forma con el estreno de ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles en 1941. Entre sus suntuosos travellings, sus majestuosos besos a contraluz y sus veloces diálogos, ‘Maestro’ logra capturar el romanticismo de una era, la de la inmediata posguerra, en la que Estados Unidos navegaba entre el ardiente deseo de celebrar la vida y la imposición de un régimen patriarcal conservador. Y, por si lo anterior no fuera suficiente, en su salto a la década de 1970, la película entabla un diálogo con los cineastas del Nuevo Hollywood para explorar, cámara en mano, el arduo camino hacia la plenitud artística y la libertad sexual del protagonista”.

Una vez más, nada humano me es ajeno, según Terencio, incluso si viene de mis maestros, en este caso Leonard Bernstein, al que siempre he profesado admiración artística. El cine tampoco es ajeno en mi vida y si tuviera que preguntar en ocasiones como esta de Maestro, ¿qué es el cine?, acudiría de forma veloz a lo que manifestó en una ocasión el afamado director John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Lo mismo que hoy podría afirmarse por la interpretación tan alabada de Bradley Cooper en su papel de Bernstein, al contemplar como caminaba realmente por los senderos inescrutables de la vida, con una íntima banda sonora especial, dirigida por él, preguntando qué significa el número dos en su azarosa vida junto a su querida compañera sentimental, Felicia Montealegre, cuando ya todo sonaba a despedida por la muerte de ella. Por esta vez, cualquier parecido con la realidad de la vida no será pura coincidencia. Esa es la verdadera magia del cine y su historia. Y Maestro no se queda atrás, porque en esta ocasión el cine es admirar la interpretación magistral de Bradley Cooper en el papel de Leonard Bernstein.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 12. Los empleados de Correos merecen el mismo respeto que Mario, el cartero de Neruda

Sevilla, 18/VII/2023

Si la cultura nos enseña las mejores muestras de lo que significa la interpretación de la vida diaria, sé que Antonio Skármeta lo expresó de forma maravillosa en una obra, Ardiente paciencia, adaptada más tarde en un guion impecable para una película inolvidable, El cartero (de Pablo Neruda), rodada en una playa especial de una isla de nombre Pozzo Vecchio, conocida desde entonces como Playa del cartero, situada en Procida (Nápoles), donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que el cartero Mario (Massimo Troisi) y Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta un efecto un halo especial.

Sé que la isla Procida sí se conoce en el mundo del turismo insular de mercado, pero para mí era completamente desconocida, al igual que las islas a las que canta Saramago en un cuento preferido por mi persona de secreto, El cuento de la isla desconocida, hilo conductor de este blog o cuaderno digital, como me gusta nombrarlo: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. Por ello, esta búsqueda impaciente se convierte en algo deseado y deseante, sentimiento interno que muestro tal y como lo aprendí, un día ya muy lejano, de Juan Ramón Jiménez.

Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices en las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película de fuerte carga ideológica, que me impactó mucho, en una adaptación muy correcta de su novela Ardiente paciencia. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora, que he recordado hoy cuando el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, dijo en un mitin reciente algo verdaderamente impresentable e insultante para los profesionales de Correos: “Le pido a los carteros que trabajen mañana, tarde y noche, y aunque no tengan los refuerzos suficientes que sepan que custodian algo sagrado”, seguido de un mensaje perturbador: “Les pido, con independencia de sus jefes, que repartan todos los votos”. Los profesionales de Correos no necesitan estas recomendaciones, cuando menos maliciosas, porque son profesionales de altura, a los que conozco bien por mis años de trabajo en la Administración Pública, donde siempre encontré en ese Organismo un apoyo incondicional a los servicios públicos.

De nuevo, ante la inquietud sobre lo que pueda ocurrir el próximo domingo, por los presagios de un supuesto triunfo de la alternancia política, me separo unos segundos de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: «En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres». Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo «im», exactamente como “ardiente im-paciencia”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente, en esta recta final antes del Día de la Democracia, a través del voto, el próximo 23 de julio.

Reitero alto y claro que los profesionales de Correos, en toda su extensión, no necesitan estas recomendaciones de Feijóo, porque saben lo que hacen día a día. La metáfora de Skármeta, en su ardiente paciencia, muestra qué papel pueden llegar a jugar en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país, dignificando esta profesión. Estas palabras simbolizan su excelente desempeño profesional, que llevarán siempre mi reconocimiento y agradecimiento expreso por su trabajo bien hecho. Estoy convencido de que llegado el caso, ¡ojalá no ocurra!, los carteros y carteras de este país emularían lo que hizo Mario con Pablo Neruda, si no pudieran entregarnos las cartas y los documentos tan esperados, transmitiéndonos de forma oral los mejores mensajes que necesitáramos recibir. Esa es la auténtica metáfora de su valía profesional. ¿Saben por qué? Porque nunca se podrá sustituir el encanto de la espera de mensajes llenos de esperanza, cargados de derechos y deberes, como en este caso la documentación para votar, entregados por manos humanas como ejemplo del mejor servicio público que debemos proteger. En el día después de las votaciones, a pesar de la mala política de algunos líderes actuales, siempre habrá personas que esperarán sin descanso a su cartero o cartera de siempre para recibir palabras que nacen del alma, metáforas, que nunca se podrán empaquetar como si fueran una triste mercancía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La escritora ucraniana Victoria Amelina no será un olvido

Sergio Jaramillo, Victoria Amelina y Héctor Abad Faciolince / AGUANTA UCRANIA

Sevilla, 6/VII/2023

El pasado martes 27 de junio ocurrió una tragedia más, de amplia repercusión mundial, por el ataque con misiles a un restaurante italiano en la ciudad de Kramatorsk, en Ucrania, donde fallecieron en el acto una decena de personas y más de sesenta resultaron heridas de consideración. El alcance de la noticia ha tenido una relevancia especial al haber sido testigo directo del mismo el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de una obra extraordinaria, El olvido que seremos, a la que he dedicado varios artículos en este cuaderno digital, eligiendo hoy uno por su especial sentido en relación con lo acontecido: Cuando guardamos el alma en un bolsillo. El escritor celebraba un encuentro amistoso y de trabajo, propiciado por el movimiento ¡Aguanta Ucrania!, junto a Sergio Jaramillo, excomisionado de Paz durante el gobierno del expresidente colombiano Juan Manuel Santos, la periodista y reportera de guerra Catalina Gómez, que sólo sufrieron heridas leves, participando también en el citado encuentro la escritora ucraniana Victoria Amelina, que resultó herida de extrema gravedad, según narran en un comunicado conjunto: “En la noche de hoy {27 de junio], mientras cenábamos en el restaurante RAI pizzería de Kramatorsk con Victoria Amelina, una extraordinaria escritora ucraniana, y la gran periodista Catalina Gómez, fuimos objeto de un ataque de Rusia con un misil crucero lanzado contra el restaurante». El restaurante era “el lugar de reunión habitual de los corresponsales internacionales y de la sociedad en Kramatorsk”.

Se encontraban allí para recoger material para el movimiento “¡Aguanta Ucrania!”, en solidaridad de América Latina con el pueblo de Ucrania. Finalmente, Victoria Amelina falleció el sábado 1 de julio en un hospital de la ciudad de Dnipro, donde había sido evacuada por sus gravísimas lesiones en el cerebro: “Victoria nos acompañó en la presentación del movimiento latinoamericano ¡Aguanta Ucrania! ante un numeroso público en la feria del libro de Kyiv [Kiev] el sábado 24 de junio. Y cuando esa noche en un restaurante georgiano supo que al día siguiente viajaríamos al Donbas, tomó la decisión de unirse para mostrarnos ella misma el sufrimiento de su pueblo ante la bárbara invasión rusa, y su extraordinaria capacidad de resistencia”, contaba también el comunicado citado.

Fue precisamente Sergio Jaramillo quien lanzó la iniciativa de este movimiento en el mes de febrero pasado, durante el Hay Festival en Cartagena (Colombia). Un comunicado último de este movimiento en las redes sociales se hacía eco del fatal desenlace: “Amigas y Amigos de ¡Aguanta Ucrania!, el PEN Club de Ucrania [organización ucraniana para la defensa de los derechos humanos], que nos ha apoyado en todo momento, acaba de informar que desafortunadamente perdimos a Victoria, como consecuencia de las heridas que le causó el misil ruso. Pasamos dos días mágicos y tristes en el Donbas, con Victoria como guía. Tenía solo 37 años y era una escritora con un futuro brillante, que entregó todo por su país. Que descanse en paz. Honor a una patriota ucraniana. ¡Aguanta Ucrania!”. 

En un video de adhesión al movimiento ¡Aguanta Ucrania!, Héctor Abad Faciolince manifestó que “Putin invadió a Ucrania; Ucrania nunca agredió a Rusia. Esta es una invasión imperial en pleno Siglo XXI que es inaceptable. Ucrania tiene todo el derecho a defenderse; por eso digo ‘Aguanta Ucrania'». La sensibilidad del escritor colombiano la conozco bien a través de su obra, cuando descubrí una historia que merece ser leída con detalle a través de un extenso artículo suyo, protagonizada por una nota encontrada en el bolsillo de la chaqueta de su padre, el doctor y activista de derechos humanos Héctor Abad Gómez, el día que lo asesinaron (probablemente a manos de paramilitares), el 25 de agosto de 1987, en la calle Argentina de Medellín (Colombia), donde figuraba un poema de Borges, tal y como lo describió meses después en el Magazín Dominical de El Espectador. Fue el momento en el que dijo que el poema era de Borges. Lo que sucedió después, a lo largo de los años, es una historia muy larga de contar que propició la publicación de un libro, El olvido que seremos (1), citado anteriormente, que a su vez fue la base del guion de una película dirigida por Fernando Trueba de título homónimo, El olvido que seremos, por el que recibió un premio Goya en 2021 como reconocimiento a un trabajo del cine iberoamericano, en este caso con la fusión de Colombia y España. Era una prueba más del llamado realismo mágico y trágico que tan bien trató siempre Gabriel García Márquez, aunque en esta ocasión con visión plena y triste de una gran realidad vivida y sentida en primera persona por Héctor Abad Faciolince.

Creo que lo sucedido en el restaurante de Kramatorsk, por la muerte de la escritora Victoria Amelina, cobra todo su sentido ahora en la mente de Héctor Abad Faciolince, su compañero en aquella cena terrible, porque nunca será un olvido, recordando en estos momentos tan especiales el poema atribuido desde el primer momento a Borges, que lo tiene grabado el autor del artículo en su alma de secreto. Muestra de su creencia en la auténtica autoría, tan controvertida después, es que sirvió como epitafio en la tumba de su padre, recogiendo las iniciales JLB que recordaba haber visto en aquella nota que encontró en el bolsillo de su padre: “[…]el poema ahora también está impreso en mi memoria y espero recordarlo hasta que mis neuronas se desconfiguren con la vejez o con la muerte”:

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso, con esperanza, en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.

Hoy, el mejor epitafio para recordar a Victoria Amelina, podría ser también las iniciales de Jorge Luis Borges de nuevo, porque insisto en que ella no será ya el olvido que seremos, sino el recuerdo vivo de un alma especial y porque estas palabras, hoy, son también un consuelo para las personas dignas, muy lejos de la barbarie humana y del sinsentido de las guerras.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Con sentido mensaje, Aguanta Ucrania despidió a Victoria Amelina: “fue víctima de un crimen de guerra, no puede quedar impune” (elcolombiano.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

El cine es el semblante de Meryl Streep

Meryl Streep (Summit, EE. UU.), 22 de junio de 1949)

Sevilla, 27/IV/2023

Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Hoy, me atrevería a decir, emulando humildemente al gran director americano, ídolo de mi infancia, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da a ese lema: «La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). Quizá ha sido uno de los elementos humanos principales para haberle otorgado ayer el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”.

En este cuaderno tiene su sitio desde hace años, concretamente a través de dos películas excelentes de la actriz que tanto admiro, Memorias de África y Los puentes de Madison. En relación con la primera, escribí en 2019 un artículo, Memorias de Mozart, en el que unía la interpretación magistral de Meryl Streep con la banda sonora de la película, en un homenaje compartido con mi gran maestro musical Wolfgang Amadeus Mozart al contemplar, ensimismado, una galería de imágenes en el diario El País, dedicadas a Meryl Streep, la excelente actriz ganadora de tres Oscar y reconocida intérprete de películas inolvidables, entre las que escojo “Memorias de África”, que resume a la perfección lo que pienso sobre esta película: “La inolvidable banda sonora de John Barry, su bellísima dirección de fotografía o frases como “Yo tuve una granja en África, al pie de las colinas de Ngong” forman parte para siempre de la memoria colectiva cinematográfica. También la química exhibida por la pareja formada por Streep y Robert Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados del momento en Hollywood”. La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia. […] Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio. Para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en junio de 2019. Ni a mujeres excelentes como Meryl Streep y lo que representan para la historia de la humanidad”.

Respecto de Los puentes de Madison, volví a resaltar su figura en un artículo de 2021, Futuro imperfecto / 8. Todavía nos quedarán los puentes de Madison, encabezado por una frase de Francesca, la protagonista interpretada por Meryl Streep, que resumía bien su mensaje implícito en su semblante y sus eternos silencios en los que su mirada lo expresaba todo: Haced lo que tengáis que hacer para ser felices en esta vida… ¡Hay tanta belleza! Dije entonces que en la película se trata una historia corta, muy corta, de cuatro días, aunque luego se transforme en una realidad inexorable para toda la vida: “Si me apuran, casi de un minuto, el momento álgido y en silencio de la mano de Francesca sobre la manecilla interior de la puerta del coche que, definitivamente, no se abre a una nueva vida. En un plano muy corto, pero rodeado de planos perfectos y secuenciales, se resume la película: abandonamos un camino, aparentemente de libertad, porque en el fondo nos da miedo cogerlo, estando rodeados de mundos muy difíciles de abandonar. Lo que viene después, es harina de otro costal. ¿Cuántas veces nos pasa esto? Lo que ocurre es que por esta vez, cualquier parecido de lo que les ocurre a Francesca y Robert, no es pura coincidencia con la realidad, sino la realidad máxima con su principio asociado. Pasa todos los días y me atrevo a decir que ahora mismo está pasando, pero el imperativo categórico de la moral establecida, que no ética en su sentido primigenio, pesa mucho en nuestras conciencias, sobre todo a los que somos mayores, como nos llama el Estado”.

Meryl Streep borda su interpretación en esta película, cuando todo empieza en los silencios que sufre Francesca como mujer, esposa y madre, excepcionalmente interpretados por ella en planos inolvidables. Su expresión lleva dentro el silencio de una vida anodina, reiterativa, frustrante, rota en definitiva, para una persona que antes de la emigración a América era una mujer italiana, nacida en Bari, culta y llena de proyectos. Su vida es un guion preestablecido e impuesto por la sociedad, del que no te puedes evadir, asunto tratado muy bien en el guion a través de la mujer rodeada de murmuración popular en el Condado. Francesca es el prototipo de mujer americana, rodeada de un supuesto bienestar económico y familiar pero que no coincide con su realidad anímica. Quizá sea una frase de su diario, la que resume bien lo dicho anteriormente: “Cuando una se hace mayor, los temores se apaciguan y lo que realmente se hace cada vez más importante es que te conozcan. Que te conozcan por todo lo que has sido durante esta breve estancia. ¡Qué triste me parece abandonar este mundo sin que aquellos a quienes más quieres sepan realmente quién eras!”. Efectivamente, suele pasar esto en muchos casos. El famoso puente Roseman pasaría a la posteridad.

A Meryl Streep la premian por su trayectoria, por su vida llena de detalles, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia”, como lo ha reconocido el jurado al concederle el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023. Ella misma lo expresa, simbólicamente, en Los puentes de Madison, en palabras que no olvido, cuando dirigiéndose con su mirada a Robert, el fotógrafo, le dice en un mar de dudas sobre si se debe ir con él o quedarse en su vida rutinaria: “Robert, por favor. No lo entiendes, nadie lo hace. Cuando una mujer toma la decisión de casarse, de tener hijos, de cierta manera su vida comienza, pero en otro aspecto termina. Construyes una vida de detalles. […] Sólo quiero conocer la rutina, el procedimiento para no perturbar tu vida ¿sabes? […] Te conviertes en una madre, una esposa, y en ese momento te detienes y te quedas quieta para que tus hijos se puedan mover. Y cuando ellos se van, se llevan tu vida de detalles con ellos”.

Definitivamente, me quedo hoy con el semblante de Meryl Streep a través de sus películas, porque define a la perfección qué es el cine. Indudablemente, con su rostro lleno de expresión, en silencio, como lo supo interpretar aquél fotógrafo que un día paró en la puerta de su casa para preguntar por un puente famoso, Roseman, para hacer unas fotos. Nos transmitió de forma simbólica algo importante: todo acabó donde había empezado, en ese puente, cumpliéndose el deseo de Francesca al esparcir sus hijos sus cenizas en sus alrededores. Es la maravilla del cine, una historia breve pero que al ser buena se convierte en dos veces buena. Un poema de Lord Byron, muy querido por Robert, estaba “dentro” de la vasija funeraria y se quedó con ella volando hacia el aire que quisieron respirar juntos en aquellos cuatro días mágicos, inolvidables:

Hay un placer en los bosques sin senderos,
hay un éxtasis en la costa solitaria,
hay compañía, allí donde nadie se hace presente,
al lado del mar profundo, y música en su rugido.
No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza,
a partir de nuestros encuentros,
a los que asisto sigiloso,
a partir de todo lo que puedo ser,
o que he visto antes,
para fundirme con el universo y sentir,
lo que nunca puedo expresar
aunque me sea imposible ocultar
.

NOTA: la imagen se ha recuperado de Meryl Streep – Premiados – Premios Princesa de Asturias – Fundación Princesa de Asturias (fpa.es) 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

El libro del tercer día, en lenguaje Nü shu, enjuga las lágrimas de la mujer china

Tan Dun, Nüshu, canto secreto de las mujeres. Orquesta de Filadelfia, con la interpretación al arpa de Elizabeth Hainen.

Sevilla, 23/IV/2023, Día del Libro

En el Día del Libro deseo compartir con la Noosfera un descubrimiento personal de una isla desconocida en torno a la caligrafía ancestral en China, a través de un lenguaje denominado Nü shu, la antigua escritura secreta de las mujeres chinas, nacido en el siglo III de nuestra era, que me ha parecido deslumbrante y aleccionador, dando lugar posteriormente a una forma de expresión que no utilizaba exclusivamente el formato libro sino alternativas para conservar su anonimato, en canciones, bordados, pañuelos y jarrones con caligrafía especial y todo un símbolo en el lenguaje Nü shu –dos palabras con un significado especial, escritura de mujeres, exclusivamente para mujeres–, los denominados libros del tercer día, teniendo en cuenta que a ellas se las forzó a no aprender a leer o escribir durante toda su vida, siendo estos libros el único sustento anímico para seguir viviendo y volcando en las páginas en blanco que contenían dentro sus sentimientos más profundos.

Estos libros estaban vinculados estrechamente con las bodas forzadas de aquellas mujeres sometidas al poder patriarcal, que buscaban refugio en jarrones, abanicos y cinturones en los que figuraban caligrafías en nü shu con mensajes que sólo las mujeres podían interpretar: “Uno de los usos más importantes del nü shu ha surgido como resultadode los casamientos.Tradicionalmente, después de una boda, la novia deja la casa de sus padres y se muda con su marido. Y si en ese nuevo rol se siente sola, el nü shu se vuelve una vía para expresar su tristeza. En ese proceso de reacomodamiento de los recién casados implica el regalo de un Sanzhaoshu o «Libro del tercer día», hecho de tela y entregado a la novia tres días después de su boda. La madre de la novia sus amigas más cercanas van a expresar sus sentimientos de tristeza y perdida en el libro. Los buenos deseos para el futuro compartido serán grabados en las primeras páginas, las siguientes para el dolor”.

En estos días, Caixaforum dedica un homenaje a esta experiencia milenaria, presentando una película, Hilden Letters, bajo la dirección de Violet Du Feng en una coproducción de China, Estados Unidos, Noruega, Alemania, de 2022, que desarrolla esta cultura y sus vivencias en la actualidad, con una sinopsis que ayuda a comprender su hilo conductor: “A caballo entre el pasado y el presente, ‘Hidden Letters’ sigue a dos mujeres chinas milenarias conectadas por su fascinación por el lenguaje secreto del nushu. Esta lengua oculta de siglos de antigüedad unió a generaciones de mujeres chinas en un sistema clandestino de apoyo a la hermandad, la esperanza y la supervivencia. Influenciadas por el legado de solidaridad femenina del nushu, las dos mujeres luchan por encontrar el equilibrio mientras forjan sus propios caminos en una cultura patriarcal. La historia de dos mujeres chinas que intentan equilibrar sus vidas como mujeres independientes en la China moderna, al tiempo que se enfrentan a la identidad tradicional que las define pero también las oprime. Conectadas a través de su amor por el Nushu -un texto secreto de siglos de antigüedad compartido entre mujeres- cada una de ellas se transforma a través de un período crucial de sus vidas y da un paso más para convertirse en las personas que saben que pueden ser”.

Me ha parecido extraordinario el contenido histórico de este lenguaje de mujeres, para mujeres, en un silencio multisecular que se ha salvado para el presente y la posteridad gracias al cambio político del pasado siglo en China que permitió el florecimiento de esta experiencia milenaria y que se muestra en la actualidad en todo en su esplendor en el Museo creado a tal efecto en la pequeña localidad de Puwei. La unión entre mujeres, ha perdurado y se recupera en las experiencias actuales de salvaguarda de este lenguaje, a través de sus significantes y significados: “Las mujeres que crearon este fuerte vínculo se les conoció como «hermanas de juramento» y eran por lo general grupos de tres o cuatro jóvenes, sin vínculo familiar que estaban unidas por una amistad sustentada en cartas escritas ycantar canciones en nüshu entre ellas”.

Como se anuncia oficialmente en Caixaforum, esta película fue seleccionada para la 95ª edición de los Premios Óscar de este año, aunque finalmente no obtuvo este reconocimiento mundial. La película transmite esta cultura milenaria del Nü Shu, en el entorno de este lenguaje, conservando en la memoria histórica la injusta realidad cultural de las mujeres en aquél territorio, que durante siglos no pudieron acceder ni a la escritura ni a la lectura. Les salvó el lenguaje secreto dibujado en mensajes ocultos de su caligrafía, constituyendo una hermandad secreta,  las hermanas de juramento, algo que la película muestra en la escenografía de hoy día, en la que las protagonistas, Hu Xin y Simu, funden sus almas a través del lenguaje Nü Sshu, que sólo ellas pueden entender.

Finalmente, he conocido que existe una obra musical, la sinfonía Nüshu, canto secreto de las mujeres, de trece movimientos, donde el instrumento central es el arpa. En la UNESCO he recuperado información sobre este compositor chino con palabras que contienen la intrahistoria de este lenguaje secreto: “Esta escritura ha ayudado a las mujeres Jiangyong a enjugar sus lágrimas”, explica Tan Dun, célebre compositor chino y embajador de buena voluntad de la UNESCO. En 2008 regresó a su provincia natal, Hunan, para investigar sobre la cultura nüshu. “A la entrada de Shanggangtang Village vi un puente de la dinastía Song de ochocientos años de antigüedad, cuya mitad se había derrumbado. Me recordó al nüshu, que también está en peligro”, consignó en su diario de viaje. Es así como se prometió hacer todo lo posible por salvar esta escritura, cuyos caracteres se asemejan a “notas de música que vuelan al capricho de los vientos” y que algunas suelen evocarle las formas del arpa o la pipa (laúd tradicional) china. Y fue ahí cuando nació la idea de una nueva sinfonía: “Nüshu, canto secreto de las mujeres”. Desde 2013, la Orquesta de Filadelfia (Estados Unidos), la Orquesta del Concertgebouw (Países Bajos) y la Orquesta sinfónica de la NHK (Japón) han coproducido este poema sinfónico en las salas de conciertos más prestigiosas del mundo. El nüshu ha pasado de ser una cultura femenina secreta y confidencial a ser una “cultura del mundo”, expresó Tan Dun, para quien el éxito de su sinfonía “muestra el respeto del mundo por la utopía de las mujeres”. Esta obra maestra contemporánea de trece movimientos combina tradiciones musicales orientales y occidentales y refleja diferentes aspectos de la cultura nüshu: canciones que acompañan el acicalado de la novia o la separación de ésta de su madre; otras que tristemente evocan medio siglo de vida matrimonial o expresan la nostalgia por las amigas de la infancia. El instrumento central es el arpa que suena, según la fórmula del compositor, como “un relato de mujer que solloza”. Tan Dun presenta en su sinfonía trece secuencias de un vídeo que él mismo realizó en 2008 en China. Fue la primera vez que alguien filmó la cultura tradicional nüshu. En la aldea de Shang Gan Tang, el compositor se reunió con seis mujeres capaces de escribir nüshu. Fueron nombradas custodias de la tradición nüshu por el gobierno del distrito. Gracias a ellas, esta antigua cultura puede transmitirse hoy a las nuevas generaciones. “El secreto de la inmortalidad reside en el esfuerzo por preservar las tradiciones culturales en peligro y legarlas a la posteridad”, dice Tan Dun. Creo que ha sido un regalo especial conocer estas bellas historias en la celebración del Día del Libro, del lenguaje Nü Shu, en el lenguaje oculto de las mujeres que sufren. Todo un símbolo en el mundo actual.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!