Las decisiones ciegas

LOS GIRASOLES CIEGOS

Infame turba de nocturnas aves

Alberto Méndez, Los girasoles ciegos

Sevilla, 12/VII/2019

En el examen de las pruebas de acceso a la universidad (PEvAU) para toda Andalucía, Ceuta y Melilla de este año, de  Lengua Castellana y Literatura II,  los alumnos y alumnas que han elegido un texto literario y no periodístico, es decir la opción A, se han encontrado con algo previsto, un texto que hablaba de “cuando mataron a don Servando, mi maestro, quemaron todos sus libros y desterraron para siempre a todos los poetas que él conocía de memoria”, unas palabras que debían haber leído como “lectura recomendada”. 

El texto era el siguiente:

He encontrado una cabra montés medio comida por los lobos. Todavía quedaban restos abundantes y hoy comeremos sus despojos. Con los huesos y las vísceras he logrado hacer una sopa muy suave que el niño acepta bien.

(Aquí se produce un significativo cambio de la caligrafía. Aunque la pulcritud de la escritura se mantiene, los trazos son algo más apresurados. O, cuando menos, más indecisos. Probablemente ha transcurrido bastante tiempo.)

¿Me reconocerían mis padres si me vieran? No puedo verme pero me siento sucio y degradado porque, en realidad, ya soy hijo de esa guerra que ellos pretendieron ignorar pero que inundó de miedo sus establos, sus vacas famélicas y sus sembrados. Recuerdo mi aldea silenciosa y pobre ajena a todo menos al miedo que cerró sus ojos cuando mataron a don Servando, mi maestro, quemaron todos sus libros y desterraron para siempre a todos los poetas que él conocía de memoria.

He perdido. Pero pudiera haber vencido. ¿Habría otro en mi lugar? Voy a contarle a mi hijo, que me mira como si me comprendiera, que yo no hubiera dejado que mis enemigos huyeran desvalidos, que yo no hubiera condenado a nadie por ser sólo un poeta. Con un lápiz y un papel me lancé al campo de batalla y de mi cuerpo surgieron palabras a borbotones que consolaron a los heridos y del consuelo que yo dibujaba salieron generales bestiales que justificaron los heridos. Heridos, generales, generales, heridos. Y yo, en medio, con mi poesía. Cómplice. Y, además, los muertos.

Este texto se ha extraído del segundo capítulo del libro Los girasoles ciegos: Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido. Son páginas de un cuaderno con pastas de hule que estremecen el alma, escritas por un difunto desconocido y, en la 12, figura el texto del examen.

Hasta aquí, todo correcto, aunque he podido contrastar una noticia esclarecedora en la que se afirma que desde la Universidad de Granada, cuya rectora ostenta actualmente la presidencia rotatoria de la comisión, “la Junta de Andalucía, como tal, no es la encargada de quitar, retirar, suprimir o sacar nada, pues esta es una competencia de la ponencia de Lengua Castellana y Literatura II, formada por representantes de todas las universidades andaluzas y de las delegaciones de Educación, que es soberana, es ajena a cualquier interés espurio o político, y actúa conforme a criterios exclusivamente académicos y educativos” (1).

La noticia ha pasado sin pena ni gloria, pero a través de estas líneas quiero expresar mi desolación y no participar en el multitudinario silencio cómplice que se ha instalado en nuestro país y, obviamente, en Andalucía, cualquiera que haya sido la fórmula de retirar unas páginas de tanto calado histórico para comprender la intrahistoria de este país.

He buscado el libro en mi biblioteca del alma y he leído varias veces el texto propuesto en el examen. El cuarto párrafo me conmueve por encima de los otros:

He perdido. Pero pudiera haber vencido. ¿Habría otro en mi lugar? Voy a contarle a mi hijo, que me mira como si me comprendiera, que yo no hubiera dejado que mis enemigos huyeran desvalidos, que yo no hubiera condenado a nadie por ser sólo un poeta. Con un lápiz y un papel me lancé al campo de batalla y de mi cuerpo surgieron palabras a borbotones que consolaron a los heridos y del consuelo que yo dibujaba salieron generales bestiales que justificaron los heridos. Heridos, generales, generales, heridos. Y yo, en medio, con mi poesía. Cómplice. Y, además, los muertos.

Me duele y mucho esta acción de política educativa, en el sentido más puro del término “política”. He vuelto a leer la página 53 de El arte de callar, en el que el abad Dinouart cita el último principio necesario para callar, el 14º: “El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, cuido mi alma leyéndolo de nuevo para animarme a denunciar los silencios cómplices que tanto daño hacen a los que inician sus estudios superiores, con el arte de leer la vida que a cada uno dios nos da. Denunciando, además, que se retire cualquier texto igual o parecido a este de Los girasoles ciegos, que impedirán que los jóvenes de este país analicen la memoria histórica de unas acciones por acción u omisión, terribles, que nunca se debieron producir en el contexto de la Guerra Civil.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Por ejemplo, dando visibilidad como altavoces éticos y dignos sobre esta acción comentada, porque es algo más que un símbolo de los caminos que hacen al andar determinados políticos ciegos. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

(1) https://maldita.es/maldito-bulo/no-no-hay-pruebas-de-que-la-junta-de-andalucia-haya-retirado-los-girasoles-ciegos-de-la-lista-de-lecturas-recomendadas-en-segundo-de-bachillerato/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado..

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