
Sevilla, 9/IX/2024
Noam Chomsky, lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense, que ha cumplido 95 años y lucha para superar un ictus reciente que le ha afectado el habla y su movilidad ordinaria, acaba de publicar dos obras, Autoridad ilegítima y Sobre Cuba, esta última junto al historiador marxista Vijay Prashad. Su capacidad de trabajo y de comunicación de su teoría política, en la actualidad, demuestra con estas obras que sigue intacta a pesar de su avanzada edad.
Hoy, me voy a referir en este artículo a la obra citada en primer lugar, cuya sinopsis oficial ayuda a comprender su hilo conductor: “En estas cáusticas entrevistas, Noam Chomsky aborda las cuestiones más urgentes de esta época tumultuosa, hablando sobre el deterioro de la democracia en Estados Unidos y los conflictos geopolíticos que están tensionando el delicado orden global que resultó del fin de la Guerra Fría. Con extraordinaria lucidez, el intelectual norteamericano se detiene en el inexorable desgaste del tejido social, los incontrolables efectos de la polarización de la opinión pública, el incierto y accidentado camino de las potencias occidentales hacia una economía verde, o las consecuencias de la pandemia. No falta tampoco un análisis de las causas más hondas de la guerra de Ucrania y una mirada, como siempre aguda y polémica, al complejo trasfondo del conflicto entre Israel y Palestina. Autoridad ilegítima es una denuncia apasionada y apremiante, un compendio del pensamiento político de Chomsky, un j’accuse contemporáneo contra quienes ejercen el poder en búsqueda de su propio interés y en detrimento de la res publica. Pero es, a la vez, una valiosa guía que traza el rumbo hacia una resistencia pacífica y organizada frente a todas las prevaricaciones”.
Como he afirmado en otras ocasiones, las teorías del Chomsky lingüista sobre significante y significado, con Ferdinand Saussure de fondo, tuve que estudiarlas a fondo en mis años jóvenes, después enseñé sus teorías en la Universidad oficial y en “la de la calle” (Michel Onfray, dixit) y, más tarde, las asumí en mi persona de secreto y en la de todos, en pocas palabras, integré su eterna dialéctica en mi vida, hasta que comprendí bien aquel ejemplo fantástico de que “una pipa no es una pipa” (de Magritte) sólo por el mero hecho de verla. Por otra parte, me preocupa desde mis años jóvenes algo que Michel Foucault tradujo en una reflexión impecable: “La razón política no está al lado del poder, sino en su límite, en su borde” o lo que es lo mismo, el poder no se posee sino que se ejerce y la política no es solo una cuestión de poder, sino también de resistencia y lucha contra el poder. Esta es la razón principal de por qué comento esta obra de Chomsky, sobre todo porque expresa qué significan poder y política en el siglo XXI, en un auténtico mundo al revés, el que expuso magistralmente Eduardo Galeano en sus clases virtuales de la escuela de este mundo tan inhóspito.
Mediante estas palabras deseo compartir con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, mi pensamiento sobre la estrecha relación entre razón y política, expuesta ya por mi parte en estas páginas, pero que no me pertenecen sólo a mí desde la perspectiva de conocimiento compartido. Esto es así porque determinados mensajes éticos se pueden descubrir en la Universidad de la Calle.

Recuerdo que en un viaje que hice en 2010 a la sierra de Cádiz, descubrí en un pueblo muy querido por mí la preciosa frase de Foucault, LA RAZÓN POLÍTIKA NO ESTÁ AL LADO DEL PODER [así, con K], en una pintada mural, sobre la que sentí en esas fechas la necesidad de escribir desde la perspectiva de la ética de la razón política, que hoy rescato en su fondo y forma a la hora de enfrentarme a la lectura de Autoridad ilegítima. ¿Qué quiso expresar el autor o autora de la pintada, en la vertiente de significantes y significados en este aquí y ahora, según Chomsky, gran protagonista de la historia y superviviente de este siglo XXI? Me pareció muy sugerente el planteamiento reflejado en aquella tapia de la Universidad de la Calle, con unas reflexiones que escribí en los siguientes términos y que, hoy, catorce años después, comparto de nuevo porque creo que no han perdido su valor:
– La razón es una oportunidad para el poder, no para cualquier poder, pero a veces éste huye de ella, porque poder y razón son contrarios que están obligatoriamente obligados a entenderse en determinadas ideologías. A desentenderse, en otras, cuando el poder está fundado en la manipulación del conocimiento, de la ciencia, de la política y de la religión. En la sinrazón (Chomsky).
– La razón política suele vivir desesperadamente junto al poder autoritario, porque es irreconciliable para determinadas poderes fácticos con gran ausencia de valores (a pesar de que ostenten el poder).
– La razón política de determinados ciudadanos hace crisis con determinados poderes. Es cuestión de principios y de valores, porque no todo vale.
– La democracia suele estar muy atenta a la razón política, pero no a cualquiera. Esta es la razón de los partidos. Y por qué hay que elegir a uno en concreto (todos no son iguales).
– La inteligencia política es la capacidad de ser ciudadanos aun estando rodeados del poder.
– La auténtica razón política puede hacer libres a las personas que no buscan estrictamente cualquier poder, porque sabe que es mal consejero en determinadas ideologías, dado que ninguna es inocente, afortunadamente (pero no todas son iguales, afortunadamente).
– La auténtica razón política suele viajar en patera, al lado de los yates en los que suelen viajar siempre los que dicen que todas y todos viajamos en el mismo barco.
– El poder es necesario para cambiar la sociedad forjada en valores humanos y sociales, construidos de forma responsable con razones políticas.
Sólo me queda agradecer a Noam Chomsky, en este aquí y ahora político, que nos siga iluminando en el ocaso de la democracia que asola el mundo al revés en el que sobrevivimos a diario. También, doy las gracias al profesor o a la profesora de la Universidad de la Calle, en un pueblo de Andalucía, que pintó así, hace ya años, una página de la vida política inteligente, no confundiendo como todo necio, el valor y el precio que hay que pagar por administrar sabiamente el poder ético junto a la razón política. Para que no se olvide, ni siquiera un momento, que existe un valor con un poder inmenso, a veces perdido, la ética de la razón política.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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