A la gente no le gusta que uno tenga su propia fe

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y la palabra. 

Sevilla, 24/I/2024

Estamos viviendo tiempos modernos y difíciles, donde la coherencia es a veces flor de un día, precisamente cuando necesitamos más que nunca mantenerla viva, porque sé que el amor y el sufrimiento siempre auna voluntades, tal y como lo cantaba excelentemente Quilapayún en su Cantata de Santa María de Iquique. Ante las guerras en muchas coordenadas mundiales y las más cercanas en nuestro país, según se entienda la palabra ´guerra´, como buenos entendedores que somos, que de todo hay en la viña del señor, debemos blindar nuestras mentes y corazones para salvaguardar la coherencia ética de cada uno ante tanto desvarío.

En este contexto, Paco Ibáñez, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, me enseñó hace ya muchos años que a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe, yo diría desde una perspectiva más laica todavía, que cada uno, cada una, tenga su propia creencia y la mantenga hasta el final de sus días, por pura coherencia, obstinación según Hesse o porque los principios éticos se defienden siempre, con ardor guerrero, porque no se tiene otros (por coherencia mínima). Repaso de nuevo la letra de la canción, La mala reputación, creada y cantada por Georges Brassens, porque es un himno a los inconformistas de corazón y mente, a los que no nos da todo igual, porque todos no son ni somos iguales, por mucho que los de siempre pretendan agruparnos a todos en un único rebaño y con pensamiento único:

En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos, todos me miran mal
Salvo los ciegos, es natural.

Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me supo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.

Si en la calle corre un ladrón
Y a la zaga va un ricachón
Zancadilla pongo al señor
Y aplastado el perseguidor
Eso sí que sí que será una lata
Siempre tengo yo que meter la pata;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos tras de mí a correr
Salvo los cojos, es de creer.

No hace falta saber latín
Yo ya se cual será mi fin
En el pueblo se empieza a oír
Muerte, muerte al villano vil
Yo no pienso pues armar ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío

No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe

Todos, todos me miran mal
Salvo los ciegos, es natural

Escuchada esta canción de nuevo y leída con atención la letra original, en este tiempo de  deserciones ideológicas continuas y abandonos de barcos de compromiso social activo, vuelvo a tener fe en las personas que comparten esta forma de cantar permanentemente a la vida, porque nos da mucho a cambio del deber de entenderla, sabiendo que de este mundo casi todos sabemos poco, aunque “estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo” (así lo cantaban los cantores de Aguaviva, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, a los que no olvido). Cantar sentimientos envueltos en palabras y melodías, es una excelente misión para alegrar cada segundo de la vida de cada uno, cada una, dándole sentido. Basta ahora un ejemplo muy enriquecedor, junto a la canción de Brassens interpretada de forma especial por Paco Ibáñez, al recordar también la letra de “Si se calla el cantor”, de Horacio Guarany (1972) e inmortalizada por Mercedes Sosa en mi banda sonora personal, porque sigue más presente que nunca en mi vida cantora:

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla el cantor se quedan solos
Los humildes gorriones de los diarios.
Los obreros del puerto se persignan
Quién habrá de luchar por su salario.

Que ha de ser de la vida si el que canta
No levanta su voz en las tribunas
Por el que sufre, por el que no hay
Ninguna razón que lo condene a andar sin manta.

Si se calla el cantor muere la rosa
De qué sirve la rosa sin el canto.
Debe el canto ser luz sobre los campos
Iluminando siempre a los de abajo.

Que no calle el cantor porque el silencio
Cobarde apaña la maldad que oprime.
No saben los cantores de agachadas
No callarán jamás de frente al crimen.

Que se levanten todas las banderas
Cuando el cantor se plante con su grito
Que mil guitarras desangren en la noche
Una inmortal canción al infinito.

Si se calla el cantor calla la vida.

Por estas razones y en el afán de hoy, me basta escuchar a los cantores Paco Ibáñez, Horacio Guarany y Mercedes Sosa (Facundo Cabral afirmaba que cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar). Personalmente, creo que ante tanto grito estéril mundial, debía decir algo más valioso que el silencio, aunque sé que a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe y que muchos, no todos, creen firmemente que todos no somos iguales. También sé que nos miran mal a los que pensamos así y que ante tanto desatino el canto debe ser luz sobre los campos iluminando siempre a los de abajo y que no calle el cantor, porque el silencio cobarde apaña la maldad que oprime. Estoy convencido de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, en nuestro país, en nuestra Comunidad, en nuestros entornos familiares, laborales y sociales, se calla la vida y la palabra.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Aún aprendo (ancora imparo)

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos / llevan / en los ojos / un niño, / y los niños / a veces / nos observan / como ancianos profundos.

Pablo Neruda, Oda a la edad

Sevilla, 23/I/2024

Un dibujo de Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos (Francia), 1828), Aun aprendo, catalogado como autorretrato del pintor, utilizando lápiz negro sobre papel verjurado, agrisado, que figura en los fondos del Museo Nacional del Prado, representa de forma excelente la mejor actitud que se puede adoptar cuando llegamos a una ´matusalénica edad´, como la calificaba Mario Benedetti en su precioso poema, Como siempre. Esta obra no está expuesta, tal y como se informa en la página oficial del Museo Nacional del Prado, aunque sí se describe con el detalle siguiente: “Quizá sea este dibujo del Cuaderno de Burdeos I o Cuaderno G, titulado Aun aprendo, el que mejor sintetiza el espíritu de Goya en esos postreros años de su vida, realizado hacia 1825-28. De hecho, se ha convertido en una referencia recurrente en la historiografía de Goya, que ha querido ver en él un autorretrato simbólico en el que se expresa la voluntad inquebrantable de desarrollo personal que le llevó a continuar materializando sus nuevas ocurrencias en variados soportes. Si en ocasiones anteriores los viejos que aparecían en sus obras mostraban una visión negativa del paso del tiempo, en este dibujo se puede apreciar un significativo cambio de perspectiva, subrayado por el elocuente título de raíz clásica, acorde con el optimismo recobrado en Burdeos por Goya”.

Lo que ocurre durante la estancia del pintor en Burdeos, que efectivamente fue para él un rejuvenecimiento pleno en su vida personal y profesional, lo conocemos a través de Laurent Matheron, en la biografía publicada en 1858, en la que “recoge una anécdota que induce a considerar este dibujo, como ocurre con el resto de su producción, desde una óptica más melancólica. Narraba Matheron que, a poco de llegar el pintor a Burdeosle fue ya imposible salir sin la ayuda de su joven compatriota Brugada. Apoyándose en su brazo y por los sitios menos frecuentados probaba a marchar solo, pero eran inútiles sus esfuerzos; las piernas no le sostenían. Entonces exclamaba montando en cólera: -¡Qué humillación! ¡A los ochenta años me pasean como a un niño; es necesario que aprenda a andar!-. Buena parte de las interpretaciones del dibujo que aquí comentamos vienen condicionadas por los referentes visuales que Goya pudo haber conocido y utilizado. Según estos planteamientos, Goya habría sido un artista de extraordinaria cultura visual y literaria, conocedor de los clásicos latinos a través de las traducciones y de las fuentes emblemáticas del Renacimiento presentes en numerosos libros y estampas, que le habrían servido de punto de partida para elaborar este dibujo”.

Lo que más me interesa resaltar es el título de esta obra, Aun aprendo, que “tiene su origen en la sentencia utilizada por Platón y Plutarco: anchora imparo, mientras que la imagen de un viejo apoyado en dos bastones se ha relacionado con la estampa también llamada Anchora imparo grabada en 1536 por Girolamo Fagiuoli, en la que se representa a un anciano en el andador de un niño. En la primera mitad del siglo XVI era un lugar común representar a Cronos como a un anciano barbado, provisto de una túnica y apoyado en dos bastones con los que camina trabajosamente, tal y como aparece en una estampa de Marcantonio Raimondi (h. 1470/82-1527/34). Más cercana en el tiempo está la estampa de William Blake (1757-1827) que ilustraba el libro de Henry Fuseli Lectures on Painting, que Goya pudo conocer, y con la que Aun aprendo presenta ciertas similitudes formales. En ella se muestra a M. Angelo Bonarotti apoyado en un bastón, mirando penetrantemente al espectador, ante un fondo oscuro en el que se vislumbra el Coliseo de Roma. El lema de esta estampa es asimismo Ancora imparo, también aplicado al polifacético artista del Renacimiento en su biografía. En el dibujo Goya nos expresa en primer lugar la soledad del hombre en el tránsito de la vida, pero también el camino de la oscuridad hacia la luz, soberbiamente representada la primera con intensos trazos de lápiz litográfico sutilmente matizados con unas leves líneas oblicuas del rascador, apenas perceptibles, mientras que la luz se muestra con la propia blancura del papel. El inestable paso adelante, solo posibilitado por el sustento que le aportan los dos bastones que sujeta con unas manos, cuya cuidadosa representación permite apreciar la inflamación de las articulaciones producida por la artrosis, ayuda a expresar la fragilidad del anciano que necesita aprender de nuevo a caminar pese a la edad, del mismo modo que el niño ha de hacerlo en su infancia. El venerable rostro, circunscrito en una cabellera y una barba encrespadas y abundantes, muestra una mirada que, como en tantas obras de Goya, alberga el sentido final del dibujo. Los ojos cansados dejan entrever unas pupilas que, lejos de mirar al frente, lo hacen hacia un lado de modo melancólico. Se produce así una tensión entre el rumbo de sus pasos y su mirada lateral que, si queremos comprender el dibujo en clave de autorrepresentación, expresaría esa tensión entre las carencias de la vejez y la voluntad de continuar avanzando (Texto extractado de Matilla, J. M.: «Aun aprendo», en Matilla, J. M., Mena Marqués, M.: Goya: Luces y Sombras, 2012, pp. 314-317, n. 95)”.

¡Qué importante reflexión de Goya! Cuenta Irene Vallejo en una columna periodística, Aún aprendo, recogida en su obra El futuro recordado (1), que “Somos seres hambrientos. Hambrientos de justicia, de amor, de conocimiento. Ninguna de estas ansias tiene edad. Desde muy pequeños, los niños quieren averiguar las causas y los motivos de las cosas”, sus famosos y continuos “por qué?  “[…] La educación nace de un anhelo más profundo que el mero entrenamiento para trabajar… […] aprender es un placer inagotable y un vivero de salud. El griego Solón, uno de los Siete Sabios, fue tal vez el único poeta antiguo que se reveló contra la erosión de los años. Poseía el don del asombro y la curiosidad. Escribió: “Envejezco aprendiendo”. Siglos después, otro gran maestro lanzó el mismo mensaje. En uno de sus últimos dibujos, Goya retrató a un anciano encorvado -quizá el mismo- con barba blanca y dos bastones; sobre la imagen se lee: “Aun aprendo”. Solón y Goya sabían que la búsqueda jamás termina, ni aunque seas un genio en el umbral de la muerte”.

En roman paladino (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…, Gonzalo de Berceo), lo he manifestado en alguna ocasión en este cuaderno digital: aún aprendo porque sólo sé que no sé nada. Sé, además, que el saber no ocupa lugar, pero tengo que reconocer que cada vez queda menos sitio en mi cerebro, aunque la ciencia, en la que creo firmemente, me dice que no es verdad, porque cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestra corteza cerebral para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de frase del cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte, a seguir aprendiendo cada día, cada segundo de hálito vital. Hacia dónde, solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que yo vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras. A pesar de todo, les aseguro que aún aprendo.

(1) Vallejo, Irene, El futuro recordado, Zaragoza: Contraseña, 2020.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Una buena noticia: los super ricos quieren pagar más impuestos

Sevilla, 18/I/2024

Mi capacidad de sorpresa ante nuestro loco mundo al revés no tiene límites y en mis singladuras habituales para buscar islas desconocidas he localizado una organización sorprendente, Orgullosos de pagar más (Proud top ay more),  en la que en su página oficial dicen algo bien claro: ORGULLOSOS DE PAGAR MÁS. Nuestro mensaje en Davos es simple: Los líderes electos deben cobrarnos impuestos a nosotros, los super ricos. Estaríamos orgullosos de pagar más. A esta declaración de intenciones se une una carta abierta que reproduzco íntegramente por su contenido, digno de estudio y análisis pormenorizado ante su demanda mundial:

A los líderes mundiales reunidos en Davos:

Nos sorprende que no hayan respondido a una simple pregunta que venimos haciendo desde hace tres años: ¿cuándo gravarán la riqueza extrema? Si los representantes que lideran las principales economías del mundo no toman medidas para abordar el dramático aumento de la desigualdad económica, las consecuencias seguirán siendo catastróficas para la sociedad.

Nuestro impulso por impuestos más justos no es radical. Más bien, se trata de una demanda de retorno a la normalidad basada en una evaluación sobria de las condiciones económicas actuales. Somos las personas que invierten en startups, dan forma a los mercados bursátiles, hacen crecer negocios y fomentan el crecimiento económico sostenible. También somos las personas que más se benefician del statu quo. Pero la desigualdad ha llegado a un punto de inflexión, y su costo para nuestra estabilidad económica, social y ecológica es grave, y crece cada día. En resumen, necesitamos actuar ahora.

Nuestra petición es simple: les pedimos que nos cobren impuestos a nosotros, los más ricos de la sociedad. Esto no alterará fundamentalmente nuestro nivel de vida, ni privará a nuestros hijos, ni dañará el crecimiento económico de nuestras naciones. Pero convertirá la riqueza privada extrema e improductiva en una inversión para nuestro futuro democrático común.

La solución a esto no se puede encontrar en donaciones puntuales o en la filantropía; La acción individual no puede corregir el colosal desequilibrio actual. Necesitamos que nuestros gobiernos y nuestros líderes lideren. Por lo tanto, acudimos a ustedes de nuevo con la petición urgente de que actúen, unilateralmente a nivel nacional y juntos en el escenario internacional.

Cada momento de retraso afianza el peligroso statu quo económico, amenaza nuestras normas democráticas y pasa la pelota a nuestros hijos y nietos. No solo queremos que se nos cobren más impuestos, sino que creemos que se nos debe gravar más. Estaríamos orgullosos de vivir en países donde se espera esto, y orgullosos de los líderes electos que construyen un futuro mejor. Como los miembros más ricos de la sociedad, seríamos:

  • Orgullosos de pagar más para hacer frente a la desigualdad extrema.
  • Orgullosos de pagar más para ayudar a reducir el costo de vida de los trabajadores.
  • Orgullosos de pagar más para educar mejor a la próxima generación.
  • Orgullosos de pagar más por sistemas de salud resilientes.
  • Orgullosos de pagar más por una mejor infraestructura.
  • Orgullosos de pagar más por una transición ecológica.
  • Orgullosos de pagar más impuestos sobre nuestra riqueza extrema.

El valor de unos sistemas tributarios más justos debería ser evidente. Todos sabemos que la «economía del goteo» no se ha traducido en realidad. En cambio, nos ha dado salarios estancados, infraestructura en ruinas, servicios públicos deficientes y ha desestabilizado la institución misma de la democracia. Ha creado un sistema económico vergonzoso incapaz de proporcionar un futuro más brillante y sostenible. Estos desafíos solo empeorarán si no se aborda la desigualdad extrema de la riqueza.

La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no solo en la forma en que trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que pide a sus miembros más ricos. Nuestro futuro es el orgullo fiscal o la vergüenza económica. Esa es la elección.

Les pedimos que den este paso necesario e inevitable antes de que sea demasiado tarde. Enorgulleced a vuestros países. Gravar la riqueza extrema.

Sinceramente,

El abajo firmante

En el kit de herramientas digitales para la campaña, con textos e imágenes para su divulgación, fundamentalmente en las redes sociales X, Facebook e Instagram, figura un texto e imagen de Brian Cox, actor ganador de un Emmy y un Globo de Oro, que he escogido para la imagen de cabecera de este artículo, con una declaración suya muy importante en este proyecto: “Estamos viviendo una segunda ‘Edad Dorada’. Los multimillonarios utilizan su extrema riqueza para acumular poder político e influencia, socavando al mismo tiempo la democracia y la economía mundial. Ya es hora de actuar. Si nuestros líderes se niegan a abordar esta concentración de dinero y poder, las consecuencias serán nefastas”.

Las personas interesadas en este movimiento pueden leer el informe oficial que en tal sentido han elaborado para esta ocasión especial, del que destaco sus aportaciones finales bajo el epígrafe ¿Esperanza – y Promesa?: “A pesar de las numerosas crisis que afligen a nuestro mundo, vivimos en una época de oportunidades. Y la esperanza. Como figura en este informe a través de la nueva encuesta a personas que tienen 1 millón de dólares y más, algunos de las personas más ricas del mundo comparten el deseo de millones de trabajadores comunes y corrientes de abordar la riqueza extrema. Hay un número creciente de actores públicos, influyentes, económicos y de la sociedad civil. actores que piden lo mismo y un reconocimiento de que el próximo gran desafío de nuestro tiempo puede estar pidiendo cuentas a las personas más ricas. 2024 es un año que podría pasar página para nuestra economía global y es un año que podría lograr un cambio político real en países de todo el mundo. Nuestras instituciones internacionales, grupos regionales y nuestros representantes electos a nivel nacional deben aprovechar esta oportunidad para conseguir que nuestras economías vuelvan a encarrilarse. A partir de una notoria falta de propuestas hace apenas cinco años, una nueva generación de economistas y profesores académicos han dado un paso al frente para revocar décadas de dogmas de goteo y han ofrecido una gran cantidad de mecanismos y propuestas para gravar a los más ricos. En octubre de 2023, en la inauguración de Informe Global sobre evasión fiscal, la principal recomendación del Observatorio Fiscal Europeo fue la introducción de un impuesto del 2 por ciento a los multimillonarios del mundo. Propuestas similares se han reflejado por otros en países y regiones de todo el mundo, ya sea el caso de Elizabeth Warren, sobre el Impuesto a los multimillonarios, la Ley OLIGARCA de los Millonarios Patrióticos o la Ley de la Comisión Europea, Iniciativa Ciudadana, que se centró en “gravar las grandes riquezas para financiar la transición ecológica y social”, demuestran que el cambio está en marcha. Estas propuestas están creando el espacio político para que esta cuestión crítica sea asumida por los líderes electos.

Este informe se centra finalmente en dos vías abiertas para abordar esta realidad de pago de impuestos por los más ricos, la acción que pueda llevar a cabo la ONU, a través de una resolución histórica que se aprobó el año pasado, que permita “comenzar a trabajar en una convención tributaria, “un organismo democrático globalmente inclusivo que ayudaría a establecer reglas y estándares tributarios. Este es el comienzo de un nuevo proceso que, en el largo plazo, ayudará a que los países rindan cuentas sobre lo que debería ser una práctica fiscal justa”. Siendo esto así, se indica que “La ruta más importante e inmediata para el cambio en 2024 es el G20. En diciembre de 2023 Brasil asumió la presidencia del G20 y confirmó su compromiso de abordar esta desigualdad. A través de la Vía de Finanzas y el grupo que trabaja en Tributación Internacional, existe una oportunidad real para poner los impuestos a los más ricos en el centro de las soluciones que pueden reducir la desigualdad. La presidencia brasileña del G20 debe garantizar que la Cumbre otorgue mandatos internacionales organizaciones para

– lanzar una nueva agenda para gravar a los más ricos, que garantice que se establezca una tributación mínima, introduciendo a nivel mundial una norma sobre riqueza y capital.

– abordar la competencia fiscal y detener la interminable carrera hacia el abismo.

– trabajar para poner fin a la evasión fiscal sobre la riqueza extraterritorial.

No faltan ideas, no faltan apoyos, no faltan expectativas o esperanzas. Nosotros esperamos que nuestros representantes electos conviertan esto en ambición política y luego en realidad. 250 millonarios declararon en Orgullosos de pagar más: “La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no sólo en cómo trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que les pide a sus miembros más ricos. Nuestro futuro es de orgullo fiscal o de vergüenza económica. Esa es la elección”. Pedimos a nuestros líderes electos convertir esta elección en un sistema económico nuevo y más justo en 2024”.

Ayer pudimos comprobar de forma clara y rotunda dos posiciones contrarias, antagónicas, sobre la forma de analizar la situación económica mundial, la del presidente Milei, del que destaco una perla: “Lamentablemente, en las últimas décadas, motivado por algunos deseos biempensantes de querer ayudar al prójimo y por el deseo de pertenecer a una casta privilegiada, los principales líderes del mundo occidental han abandonado el modelo de la libertad por distintas versiones de lo que llamamos colectivismo”, justicia social en definitiva que no aporta nada al bienestar general y es “injusta porque el Estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva”, así como la de nuestro presidente Pedro Sánchez, cuando afirmó de forma rotunda que “Los españoles sabemos que las políticas neoliberales no funcionan, […] No compren los únicos postulados liberales que retratan al Estado como una entidad poco extractiva», defendiendo los pilares de la democracia, el orden internacional y el Estado de bienestar, porque sin ellos “los modelos de negocio colapsarían como un castillo de naipes”, en los que la colaboración público-privada es esencial, con un aviso importante: “Para aquellas empresas que quieren enriquecerse generando valor real y pagando su parte justa de impuestos, les damos la bienvenida con los brazos abiertos”.

Lo expuesto anteriormente refuerza de forma clara y rotunda lo manifestado en la carta abierta citada anteriormente, lanzada al mundo por los super ricos del globo terráqueo, unos 260 millonarios y multimillonarios de 17 países que tienen un mensaje simple para los líderes mundiales en Davos, antes de que sea demasiado tarde: estaríamos dispuestos a pagar más impuestos para «convertir la riqueza privada extrema e improductiva en una inversión para nuestro futuro democrático común», porque «La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no solo en la forma en que trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que pide a sus miembros más ricos».

Para finalizar, no hay que olvidar que en el informe citado se expresa de forma rotunda que la riqueza extrema es un peligro real para la democracia: “Este se reflejó aún más en que el 72 por ciento de los encuestados [el trabajo de campo sobre el que se ha realizado el informe] creía que aquellos que poseen una extrema riqueza compran la influencia política, lo que demuestra el vínculo percibido entre la integridad de nuestros sistemas políticos y la desigualdad económica”. Un preocupante aviso para navegantes, sobre todo para los que buscamos islas desconocidas en este mundo al revés, habitadas por personas dignas que trabajan día a día en la construcción de un mundo mejor para todos, con una distribución justa, equitativa y saludable de la riqueza, protegida en democracia por el Estado de Bienestar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

El amor mutuo puede ser infinito

Fotograma de La memoria infinita – En la imagen, Gustavo Góngora y Paulina Urrutia

Sevilla, 17/I/2024

Ayer vi en una sala comercial el documental La memoria infinita, unas horas después de haber publicado un artículo sobre ella, “La memoria infinita” permite olvidar el olvido, en el que a modo de premonición advertía que no era una película sólo para contarla y ya está, sino, sobre todo, para verla y sentirla. Así fue y por esta razón he elegido la mejor interpretación de este sentimiento que he encontrado hasta hoy, envolviendo emociones y a través de su directora Maite Alberdi, en un diario digital chileno, La Tercera, en una columna suya publicada el 8 de septiembre de 2023, El legado infinito, que reproduzco íntegro por el valor intrínseco de su contenido:

*No es sencillo aventurarse en la respuesta de por qué ´La memoria infinita´ ha batido récords históricos. Por qué llena salas y por qué se habla tanto de ella. Me encantaría decir que fue porque trabajamos años o podría hablar del camino que construí con las películas anteriores, o de su campaña, pero nada de eso justifica del todo el alcance que ha tenido. Pienso que la respuesta se acerca a algo mucho más simple.

El éxito de audiencias tiene que ver con la emoción, con lo que permanece en Augusto y en el espectador. Lo que queda es el amor, en un momento en el que ya no se habla de eso. Agradecemos ser testigos de un buen amor, de uno real, el de la Pauli y el Augusto, con todas sus dimensiones, no uno construido en Hollywood.

Augusto sabía lo que le pasaría y no tuvo miedo de que lo filmara. Nadie entendía por qué alguien que se preocupó de preservar la memoria, estaba dispuesto a registrar la forma en que la perdería. Tal vez para algunos, perder la memoria es perderlo todo. Pero muy por el contrario, Augusto se quedó con lo más importante. Sus memorias emotivas y sus emociones más profundas. Los datos se desdibujaron. Me he preguntado con esta película, de qué sirve tanta información. Augusto, un periodista que trabajaba con ella, que no olvidaría un hecho, los pierde. Pero jamás pierde su identidad, la encuentra en los libros, en sus amigos, en su casa, en sus emociones. El regalo de su testimonio habla de eso.

Él se encargó de dejarnos una lección aún más grande: lo único que queda marcado en el cuerpo a todo evento, son los dolores profundos, pero ante todo los amores más grandes. Esta es una película sobre la permanencia de lo que el cuerpo recuerda, no sobre el olvido. Vemos en Augusto una ternura a la que nos estábamos desacostumbrando. Nos enseñó las infinitas formas de preservar la memoria en todas las etapas de su vida, incluso cuando parecía perdida.

Finalmente, la película sienta un camino de cómo encontrar de nuevo la ternura que nos hacía tanta falta. De cómo abrazarnos. Y llega con una emoción que no sabemos dónde poner. Muchos me decían “no quiero verla, porque me da miedo ir a llorar”. Saliendo de una función, un supervisor que trabaja en el cine nos contaba entre risas que, en las salas, el equipo retira más pañuelitos de gente que ha llorado que pop corn [palomitas].

Lo que parece una anécdota divertida, tiene una pequeña pero importante verdad. Nos contaba que la gente llora -pero no de tristeza- y que se quedan quietos hasta al final de los créditos. Nos volvemos a conectar con nuestra memoria emocional. Y ese es el legado infinito de la historia de Augusto Góngora.

Vayan a verla. Es una lección maravillosa de amor mutuo y un homenaje implícito a las ideologías no inocentes, las que hacen que un mundo mejor sea posible, con una condición: olvidar el olvido, preservando siempre la memoria democrática de cada uno, cada una, de todos. Para comprender bien este mensaje, escucho de nuevo una canción inolvidable, ¿A dónde van?, que figura también en la banda sonora de la película. Me ayudan en esta ocasión sus primeras preguntas: ¿A dónde van las palabras que no se quedaron? / ¿A dónde van las miradas que un día partieron? / Acaso flotan eternas / Como prisioneras de un ventarrón / O se acurrucan entre las rendijas / Buscando calor // Acaso se van / ¿Y a dónde van? / ¿A dónde van?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Los más capacitados

Sevilla, 16/I/2024

El Pleno del Congreso de los Diputados, en sesión extraordinaria que se celebra hoy en el Senado, acaba de debatir y aprobar por mayoría, excepto con la abstención de VOX, la tramitación directa y en lectura única de la Proposición de Reforma del artículo 49 de la Constitución, promovida por los grupos parlamentarios Popular y Socialista, y que tiene por objeto la «actualización en lenguaje y contenido», del artículo dedicado a los derechos y a la protección de las personas con discapacidad, tal y como se explica en la exposición de motivos. Con esta reforma se eliminarán de la Constitución los conceptos de «disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos», según la comunicación oficial del Congreso. De esta forma, “el jueves próximo debatirá el Pleno, en una única sesión, el texto y las enmiendas presentadas en su caso. Para su aprobación, y de acuerdo con el artículo 167 de la Constitución, deberá ser aprobado por una mayoría de tres quintos de los diputados. Alcanzada dicha mayoría, la iniciativa se remite al Senado para continuar su tramitación parlamentaria y donde también se exige la misma mayoría”.

La nueva redacción propuesta establece en su punto primero que «las personas con discapacidad ejercen los derechos previstos» en el Título I «en condiciones de libertad e igualdad reales y efectivas». También fija que «se regulará por ley la protección especial que sea necesaria para dicho ejercicio». Asimismo, el punto segundo define que «los poderes públicos impulsarán las políticas que garanticen la plena autonomía personal y la inclusión social de las personas con discapacidad, en entornos universalmente accesibles. Igualmente, fomentarán la participación de sus organizaciones, en los términos que la ley establezca. Se atenderán particularmente las necesidades específicas de las mujeres y los menores con discapacidad».

De acuerdo con la nota de prensa oficial, “La reforma planteada dice en su exposición de motivos que la Constitución «consagra la dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad como claves de bóveda de nuestro Estado social y democrático de Derecho» y que «una de las plasmaciones concretas de esta configuración es su artículo 49, dedicado específicamente a la protección de las personas con discapacidad», un precepto que «situó en su día a España en la vanguardia de la protección de este colectivo». Además, en la iniciativa se explica que en los últimos años, «la protección de las personas con discapacidad se ha visto impulsada por el Derecho Internacional», cuyo eje es la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad; que tanto la legislación estatal como autonómica se ha adaptado a dicha normativa internacional y que, paralelamente, «la sociedad civil articulada en torno a las personas con discapacidad ha venido planteando a los poderes públicos la necesidad de acomodar¿ el artículo ¿a la realidad social y a la normativa internacional». Por todo ello, concluye la exposición de motivos, «resulta necesario proceder a la reforma del artículo 49 de la Constitución, de manera que este precepto vuelva a ser referencia para la protección y promoción de los derechos de las personas con discapacidad en España».

En este contexto, publico de nuevo un artículo mío de opinión que apareció el 20 de agosto de 1977, Los más válidos, en la página de opinión en El Correo de Andalucía, un periódico muy valorado durante la Transición por su compromiso social activo en favor de la democracia naciente, porque cuarenta y seis años después creo que mantiene su fondo y forma en relación con el cambio propuesto respecto de las personas discapacitadas, donde sólo he cambiado la referencia a “hombres” que aparecía en el original, por “personas”, dado que aquella denominación genérica del ser humano era propia de la época.

Los más válidos

No es sólo problema de palabras … Fondo y forma se unen para cantar la validez de la vida, del mundo, de las personas. ¿Qué personas? Hoy hacemos presente a personas nuevas, más-válidas, sin problemas de rampas y ascensores, tómbolas y cupones, beneficencias y privilegios. ¿Por qué? Sencillamente porque queremos romper barreras múltiples y ofrecer un mundo nuevo, rico en humanidad, a todos aquéllos que hemos llamado siempre «disminuídos».

Pensemos, por ejemplo, en una mente que desde fuera es juzgada con términos críticos, pero que interiormente brinda un mundo feliz, desconocido, digno de respeto, más capacitada que muchas mentes «lúcidas» que elucubran a diario sobre el sentido de la vida. Quizá sean unos brazos inmóviles, pero en actitud permanente de abrazar con alegría cualquier iniciativa para vivir. Quizá sean unas piernas quietas, firmes, pero listas para abrirse camino en su realización personal. Mente, brazos y piernas, gritan justicia y no privilegios, igualdad de oportunidades y no favoritismos humillantes. En el fondo es porque hay un cerebro y un corazón que manifiestan tener conciencia de ser «más capaces» que muchos de los que de una forma u otra nacemos diariamente a la existencia consciente con todo nuestro ser «a punto».

La validez de un acto o de una persona no se puede medir por un patrón oficial. La axiología brinda un campo amplísimo de investigación y reflexión sobre los valores del hombre, mundo y trascendencia, pero la persona no puede ser reducida a un robot de actitudes conforme a los moldes que pide una determinada sociedad. Desde la más recalcitrante teoría geneticista, hasta la ambientalista más audaz, se nos ofrecen un sinfín de posibilidades para establecer causas y nomenclaturas sobre comportamientos humanos, sufriendo la tipología armónica de los seres vivos, las consecuencias de lo humanamente incomprensible a nivel bio-psico-sociológico. Surge así, entre otras, la imagen del “disminuido” clásico. Esta expresión define a una persona por determinados problemas físico-psíquicos que aparecen en su vida, pero no suele descifrar su mundo interior. Entre otras cosas, porque ese mundo, afortunadamente, sigue siendo patrimonio personal e intransferible. Este mundo «debajo de la piel», muestra paradójicamente la validez de un ser humano como los demás, de su mundo interior, de su persona de secreto, que ante las cortapisas y dificultades del mundo, crece, corre, piensa y abraza…, porque en lo más profundo de su ser piensa que es más capaz que los demás, al menos, igual que el otro. Quizá sea esta conciencia de igualdad la que un día venza la guerra de los términos y de las apreciaciones subjetivas. En el fondo, habrá sido un triunfo sobre el orgullo de la persona “sana y completa”.

El Correo de Andalucía, 20/VIII/1977

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/06/140602_opinion_discapacitados_felices_men

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

“La memoria infinita” permite olvidar el olvido

Sevilla, 16/I/2024

Chile tiene en su memoria democrática cincuenta años de dolor dentro, desde que en 1973 sufriera un golpe de Estado cruento y desolador, con daños colaterales de todo tipo que hacen imposible su olvido. Precisamente, ahora, vuelve a nuestras pantallas de cine este recuerdo, en una película documental que refuerza la importancia de respetar siempre la memoria democrática de un país, de la que nosotros, en España, tampoco deberíamos estar tan lejos en determinadas ocasiones. Aprendí en su día de Eduardo Galeano que «no hay nada mejor que olvidar el olvido», recuperar de la mejor forma posible la memoria de un país, de su pasado: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

En este contexto, leo hoy la sinopsis de la película chilena ‘La memoria infinita’, estrenada la semana pasada en los cines comerciales de este país, multipremiada en encuentros internacionales de cinematografía en diferentes versiones, que describe a la perfección una obra suprema del cine documental de ese país, marcada por un compromiso social activo, no inocente: “La memoria infinita cuenta la conmovedora historia de amor de Augusto y Paulina, que han estado juntos y enamorados hace más de 25 años. Hace 8 años sus vidas cambiaron para siempre con el diagnóstico de Alzheimer de Augusto. En un relato sobre el recuerdo individual y colectivo, Augusto, quien fuera un destacado periodista cultural de la televisión chilena, y Paulina, reconocida actriz y ex ministra de cultura, dialogan entre la reconstrucción de la memoria e identidad, y a la vez mantienen vivo ese amor cómplice inquebrantable”.

No es una película para contarla y ya está, sino para verla y sentirla en su justo desarrollo argumental, llevándonos de la mano para comprender el ejemplar compromiso personal y profesional de sus protagonistas para cuidar la memoria histórica de su país, arrasada durante la dictadura de Pinochet y para que se olvide el olvido mediante la atención diaria a la memoria democrática infinita, que ahora puede salvar al pueblo chileno en términos de consolidación de la dignidad humana. Se está escribiendo mucho sobre la intrahistoria de esta película, pero quiero resaltar unas palabras del artículo publicado en el diario.es, Amor, enfermedad y memoria histórica en el conmovedor documental chileno que aspira al Oscar, por su contenido especial en relación con su producción y recorrido humano y político: “El inicio fue “la historia de amor”, pero los recuerdos de él [Augusto Góngora], su trabajo y “todo el material de su programa Teleanálisis” empezaron a salir en las grabaciones, y el tema de la memoria empezó a cobrar fuerza. Un trabajo que llega cuando se cumplen 50 años de aquel golpe de Estado. Paulina Urrutia y Maite Alberdi creen que en Chile se vivió un proceso de cambio justo cuando Augusto comenzó a contar de forma clandestina lo que ocurría: “Lo que pasaba no era un discurso oficial que todos viéramos. Era clandestino, se pasaban las cintas en mano. Tomó muchos años poder hablar sin miedo de ciertos temas en los canales oficiales, pero creo que el país se sintió con la libertad de comunicar abiertamente esa historia. La película habla también de este momento. Podemos hacer actos conmemorativos, pero si no recordamos el dolor de lo que nos pasó en el cuerpo con esas situaciones, nunca vamos a vivir realmente el duelo histórico y, por supuesto, se van a volver a repetir los hechos”. Paulina Urrutia recuerda una cita de Augusto para reforzar esta teoría, “la única manera de hacer memoria es con vocación de futuro” y añade que es una labor de todos que esa memoria no se pierda: “El ejercicio de la memoria, el recuperar nuestra historia, es un ejercicio permanente y es maravilloso cuando el arte toma parte de esa tarea que es una tarea ciudadana y una tarea de Estado”.

Con estas palabras reivindico en su fondo la persona y la obra política de Salvador Allende, porque quiero mantener viva su memoria en mi persona de secreto, que diría Ortega y Gasset, junto a la de todos, cuando seguimos defendiendo su presencia en nuestras vidas, como presidente, siempre presente en democracia, siempre. Me retiro a mi rincón de pensar y escucho la banda sonora de la película, grabando en mi memoria de hipocampo la letra de su melodía final, La danza de las libélulas, obra revisada especialmente por su compositor para esta delicada ocasión, Manuel García, chileno por más señas, con un mensaje implícito: Ahora parece que yo / debo mirar hacia el mar / descubrir la noche y su reflejo entre los botes / Mañana vas a encontrar una flor que te dejé / contra el pecho abrazarás su suave fuego / y en una danza sutil, libélulas del jardín / cruzarán el cielo de tus sentimientos. También, ¿A dónde van?, de Silvio Rodríguez. Es la oportunidad para no olvidar el olvido, para comprender junto a Galeano que «la memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

“Coherencia”, debería ser elegida palabra del año

Hermann Hesse (1877-1962)

Sevilla, 15/I/2024

Es curioso, pero en España la palabra “obstinación” (del latín, obstinatio, -onis) tiene mala prensa, como lo demuestra el recorrido histórico como lema de la lengua española, porque no ha tenido un significado amable a lo largo de los siglos, al ser aceptada de forma reiterada como pertinacia, porfía, así como terquedad en el ánimo y perseverancia en el error, con una deriva muy curiosa en referencia a su aplicación como forma de comportarse una persona, obstinarse, donde aflora un sesgo desde la creencia religiosa: “mantenerse en su resolución y tema, porfiar con necedad y pertinacia, sin vencerse a los ruegos y amonestaciones razonables. Y más propiamente se dice de los pecadores que se niegan a las persuasiones cristianas”, incluso “no escuchando la voz de la razón o de la virtud”, al menos desde que tenemos registros en los diccionarios de la lengua española, desde el siglo XVII y hasta nuestros días, relacionándola en una ocasión con la mitología, en la representación de esta palabra, tal y como lo describe el diccionario de Gaspar y Roig, en 1855, como “la hija de la Noche, una mujer con un clavo remachado en la nuca, una mano en un brasero ardiendo y que se apoya en la cabeza de un asno”. Quizás sea el diccionario de Zerolo, publicado en París en 1895, el que carga más las tintas sobre esta palabra en sus acepciones más negativas y radicales, en relación con la terquedad, sobre todo. No digamos con los sinónimos que ha incorporado a esta palabra, la versión reciente del diccionario (RAE, 2023), en la que aparecen también los siguientes para reforzar todavía más el mal cartel que arrastra a lo largo de la historia: pertinacia, tenacidad, porfía, firmeza, terquedad, tozudez, testarudez, empecinamiento, empeño, emberretinamiento y cabezonería.

A pesar de este sesgo histórico no inocente, he vuelto a entrar en mi clínica del alma, mi biblioteca, buscando un libro que me acompaña desde hace muchos años, Obstinación (1), de Hermann Hesse (1877-1962), Premio Nobel de Literatura en 1946, porque su prólogo y luego un capítulo homónimo dedicado a esa palabra, obstinación, traducida pobremente del alemán Eigensinn, me ha ayudado siempre a comprender qué significa defender mi sentido de la vida, mis valores, mis principios, la coherencia como virtud transcendental en la vida, en una época, como bien recordaba Groucho Marx, en la que lo que prima es una afamada sentencia que se le atribuye a él aunque de dudosa autoría a lo largo de su vida: Estos son mis principios. Si no gustan, tengo otros: “Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación [eigensinn]. Todas las demás, sobre las que leeremos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por lo hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al propio sentido”.

Estamos viviendo tiempos modernos en los que el valor de la palabra dada está en solfa, no digamos los principios y valores. Esa es la razón de por qué cobran más fuerza que nunca las reflexiones de Hesse sobre la obstinación, como virtud principal sobre todas las demás, porque nuestra vida sólo se debe regir por la obediencia a nuestro propio sentido. Esta virtud, junto a otras “verdaderas”, según él, “siempre molestan y suscitan odio. Véase Sócrates, Jesús, Giordano Bruno y todos los demás obstinados”. También explica que la palabra obstinación es áspera para algunos, razón para sustituirla por “carácter”, “personalidad” e incluso “originalidad”, sólo atribuible esta última, por ejemplo, a “artistas y gente estrambótica”. A partir de unir la palabra obstinación con terquedad, por si había alguna duda, desarrolla Hesse el significado de “sentido propio”, el que tiene cada piedra, cada brizna de hierba, cada flor, cada animal, que crecen viven, actúan y sienten según su propio sentido, porque todas las cosas del universo, hasta la más pequeña, tienen su “sentido propio”, llevan dentro su propia ley y la siguen absolutamente seguras e imperturbables”. Dicho esto, aborda la tragedia humana, porque “existen sobre la tierra solamente dos pobres seres malditos, a los que no está permitido seguir esa llamada eterna, y ser, crecer, vivir y morir como les ordena su sentido innato. Sólo el hombre y el animal domesticado por él están condenados a no seguir la voz de la vida y del crecimiento y de someterse a unas leyes establecidas por el hombre y, de vez en cuando, infligidas y modificadas también por él”.

A partir de aquí aparece la figura del “héroe”, la de aquellas personas que siguen su propio sentido y que sucumben por seguir su propia estrella, alejados del gregarismo impuesto por la sociedad en la que viven: “el héroe trágico, el obstinado, enseña a los millones de seres mediocres y cobardes que la desobediencia a las normas del hombre no es capricho brutal, sino lealtad a una ley mucho más alta, más sagrada”, porque el instinto gregario exige siempre adaptación y subordinación, ¡gran tarea para la mediocracia de hoy!, frente a lo que tiene el gran sentido de la vida para los obstinados y héroes. Es verdad que el enfoque de Hermann Hesse en estos contenidos aparece a veces como un ensalzamiento a ultranza del egoísmo e individualismo más radical que podamos pensar, pero hay que comprender bien qué significa en sus reflexiones el legítimo deseo de cada persona de unir destino y sentido de la propia vida, poniendo al dinero, por ejemplo, en su sitio, porque el motor que mueve la vida es la confianza en ese sentido de la vida, en los “para qué” vivimos: “El dinero y el poder y todas esas cosas por las que los hombres se torturan mutuamente y acaban por matarse a tiros tiene poco valor para quien se ha encontrado a sí mismo, para el obstinado. Éste sólo valora una cosa: la misteriosa fuerza en su interior, que le ordena vivir y ayuda a crecer”. Es verdad lo manifestado hasta aquí porque esa fuerza es la fuente de su vida y crecimiento, que no se mantiene, fomenta o profundiza con dinero y similares, ya que el dinero y el poder son invenciones de la desconfianza. Quien desconfía de la fuerza vital que cada persona tiene y, por tanto, carece de ella, debe compensarla con un sustituto, como es el poderoso caballero don dinero. El que confía en sí mismo y no desea nada más que su destino se manifieste dentro de sí mismo, rebajará estos sustitutos sobrevalorados y excesivamente caros a herramientas subordinadas. Para las personas obstinadas, su posesión y uso pueden ser convenientes, pero nunca esenciales.

Visto lo visto y leído lo leído, más allá de las interpretaciones de la lengua española de la palabra “obstinación”, me quedo con la de la palabra original en alemán, Eigensinn, como “la virtud de hacer caso solamente al propio sentido”, algo así como ser consecuente en la vida con lo que uno es, piensa y siente, tal y como lo intentó explicar Herman Hesse en su libro autobiográfico. En definitiva, “coherencia” en estado puro, nada más, incluso quedándonos con la brevedad de su significado actual en el diccionario de la lengua española: actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

(1) Hesse, Hermann, Obstinación. Escritos autobiográficos, Madrid: Alianza, 1979 (3ª ed.), p. 9 y 90-96. Traducción: Anton Dietrich.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Hay que cuidar las librerías de Sevilla, del país en general, porque son las clínicas del alma

Yerma, Isla de Papel y Panella, tres librerías de Sevilla entre las diez que cerraron en 2023

Sevilla, 9/I/2024

Cada vez que se cierra una librería se cierran también muchas posibilidades de crecer en conocimiento y cultura por parte de la población que la rodea. Sé que hay alternativas, pero la esencia de los profesionales que las atienden, libreros y libreras, no la sustituye Amazon ni las realidades virtuales más avanzadas. Quien lee este cuaderno digital sabe que sus páginas están impregnadas de un amor profundo a las librerías, porque alguna vez he escrito que estos espacios, con el tiempo dentro, son la atención primaria del alma, siendo este el motivo por el que cuido la mía con la lectura de libros. Abordo hoy esta realidad flagrante porque a lo largo de 2023 han cerrado diez librerías en Sevilla, de cuyos nombres quiero acordarme hoy expresamente: Panella, Caótica, Verbo Asunción, Verbo Sevilla Este, Yerma, Tarsis, Isla de Papel, Fuji Cómics, Balzac y El Gusanito Lector.

Es una realidad triste y desoladora, pero terca ante los nuevos modelos de lectura y acceso a los libros, con el denominador común de la entrada en tromba del mundo digital en la industria del libro, en sus múltiples formatos. También, un reflejo del ocaso no inocente de la cultura a través de la lectura. Siendo esta realidad algo que es la crónica de cierres anunciados, hay que destacar también que se producen aperturas con carácter inmediato, como es el caso de El Gusanito Lector, que muy pronto cambiará su nombre y abrirá sus puertas en la calle Feria formando parte del grupo “Botica de Lectores”, que amplía su oferta en la ciudad junto a las tres librerías ya existentes, que también lo hicieron en un esfuerzo encomiable de exempleados de la cadena Beta, que salvaron dos librerías del grupo en el barrio de Los Remedios, permitiendo también la continuidad del antiguo local de la Librería Reguera, con una trayectoria importante en el centro de la ciudad, que ya goza de su nueva identidad.

A través de estas palabras, quiero dedicar hoy un homenaje a este sector profesional, a los libreros y libreras que se fueron, están y vendrán, siendo un ejemplo clarividente el de Botica de Lectores, una denominación no inocente, que explican muy bien en su página web: “La librera de raza, el librero fetén son seres que leen por vicio, pero también por el prurito de hacerse imprescindibles en la vida de sus clientes. El librero puede llegar a ser tan importante en nuestra vida como el boticario. Lo que sí suele leer el buen librero es el estado de ánimo del cliente, ya digo, como el boticario, así que le prescribirá un libro que mejore su mal… El librero no es solo un vendedor de libros, es aquel consejero que encuentra el título apropiado para cada lector y además lo hace en función del momento concreto de su vida, ya que no siempre disponemos del mismo estado de ánimo, ni necesitamos el mismo tipo de lectura. Al igual que un médico prescribe medicamentos para paliar la enfermedad del cuerpo, un “librero de cabecera” es un tipo especial de “boticario”: aquel que recomienda un libro para curar la enfermedad del alma, origen de muchos de nuestros males. Queremos ser útiles a todos los lectores, esperamos atender esas necesidades para que salgan de nuestra humilde “botica” con sus expectativas alcanzadas, pues nos gustaría volver a recetarles en repetidas ocasiones”.

En este contexto creo que tienen hoy un sentido especial las palabras que escribí en 2021, Las librerías son la atención primaria del alma, dedicadas al Día de las Librerías de ese año, que para mí es cada día que nos ofrecen la oportunidad de cuidar nuestra alma, como Boticas o Clínicas, cada uno o cada una según lo necesite: “Cuido el alma con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C. Amo la lectura, los libros, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro”. Las librerías son “la antesala de las bibliotecas, a modo de atención primaria del alma, si consideramos lo manifestado anteriormente al considerar las citadas bibliotecas como lugares del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”. No olvido el mensaje de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, por su ilusión de poner una librería (que también tuve yo en una época de mi vida), que le jugaría al final una mala pasada por la invasión nazi en Italia, teniendo que explicar a su hijo Josué, de nombre hebreo, qué cartel van a poner en la librería para prohibir determinadas entradas como la que han leído al detenerse en un escaparate para ver un posible regalo para su madre: prohibida la entrada a hebreos y perros. Para quitar hierro a la dramática situación que está viviendo con su hijo, lo resuelve con una respuesta genial:

Josué: – Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería.
Guido: – ¡No, mañana mismo también pondremos un cartel! A ver dime algo que te caiga mal.
Josué: – Las arañas. ¿Y a ti?
Guido – ¡A mí, los visigodos! A partir de mañana vamos a poner un cartel que diga. “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos”. Me tienen frito los visigodos. Se acabó.

Guido era un judío pobre que tenía tres ilusiones en su vida humilde: abrir una librería, comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). Todo quedaría en nada excepto su dignidad humana y el ejemplo para su hijo en el campo de concentración, sin libros ya, casi sin nada. Estas palabras son un pequeño homenaje a los libros con alma y a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, intentan abrir sus puertas todos los días, para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices en tiempos tan complejos como los actuales.

Hay silencios al leer que hablan por sí solos y que cuidan con mimo nuestra alma. Es el motivo principal de por qué se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que muchas veces no lo sabemos hacer. Quizás no acabamos de aprender lo suficiente sobre el placer útil de la lectura, sobre todo para que no enfermemos del alma. El alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad.

Las librerías son la atención primaria del alma y la lectura de los libros que compramos es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte que casi todo lo cura, porque casi todo está en los libros. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a las librerías y a las bibliotecas (incluidas las nuestras), salvando lo que haya que salvar, porque es verdad que a lo largo de nuestra vida necesitamos acudir al médico de atención primaria, al especialista…, a los boticarios y boticarias, a las librerías, las clínicas del alma.

En junio de 2015 escribí en este cuaderno digital unas palabras sobre esta crónica anunciada de la muerte de las librerías, en un post muy explícito sobre esta realidad tan preocupante, que hoy se hace visible a través del cierre en 2023 de diez librerías en Sevilla: “Esta mañana lo he comprobado de nuevo: Sevilla no es de librerías, sino de bares. Mi camino del amanecer tenía hoy un objetivo concreto: entrar en las benditas librerías de la ruta escogida que, al igual que las iglesias vacías del poema Entro Señor en tus iglesias, de Rafael Alberti, estaban llenas del arte de enhebrar palabras, pero a los presuntos compradores no se les veía por ningún sitio. Y mi corazón anonadado ha gemido durante unos minutos, en una auténtica soledad sonora”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

La mejor leyenda del beso

Intermedio de La leyenda del beso (Reveriano Soutullo y Juan Vert, 1924), dirigido por Ataúlfo Argenta

Sevilla, 7/I/2024

Me acerco hoy a una noticia que tiene una historia interesante por su significante y significado. Me refiero a una información, de las que probablemente leen muy pocas personas, pero que para mí tiene un significado especial que más adelante explico, recogida en un artículo del que reproduzco textualmente un fragmento, tal y como lo leí con la atención debida: “Françoise Bornet, la mujer protagonista de la famosa fotografía del beso de Robert Doisneau (1912-1994) delante del Ayuntamiento de París, falleció el 25 de diciembre a los 93 años en Évreux (Normandía), como consecuencia de un accidente doméstico. Sin embargo, no se informó de su muerte hasta el martes en la prensa francesa. Bornet pasó a la eternidad por la imagen en blanco y negro que Doisneau hizo de ella besándose con el que era entonces su novio, Jacques Carteaud, estudiante de arte dramático como ella. La foto, titulada El beso del Hôtel de Ville, fue tomada en la primavera de 1950, cuando ella tenía apenas 20 años y Carteaud 23, y formaba parte de un reportaje que la revista Life había encargado a Doisneau sobre enamorados en París para mostrar la alegría de vivir en la capital francesa tras los años de horror por la ocupación alemana en la II Guerra Mundial. Doisneau, un fotógrafo clásico del siglo XX, decía que “la fotografía es como parar la vida para luchar contra la muerte, pero es una lucha perdida desde el principio”.

Robert Doisneau, El beso del Hôtel de Ville, primavera de 1950

Inmediatamente, la relacioné con otro acontecimiento sobre el que publiqué una reflexión en este cuaderno digital en febrero de 2019, Un beso controvertido, cuando se difundió al mundo el fallecimiento del supuesto protagonista del beso icónico fotografiado por Alfred Eisenstaedt, en Times Square, el 14 de agosto de 1945. Muchas personas han pretendido desde hace ya muchos años defender en América su protagonismo en la foto de este beso, aunque todo apunta al final a dos con cierta relevancia histórica después de las investigaciones llevadas a cabo. Da igual, al final, porque lo que simbolizaba tenía un gran valor para época de autos: el final de la II Guerra mundial, a través del rendimiento de Japón y la celebración explosiva de este acontecimiento por parte de Estados Unidos. Pero aquello fue algo más que un beso, analizándolo en el texto y contexto de hoy. La auxiliar de dentista que aparece en la foto, una austriaca judía exiliada en 1939 junto a parte de su familia en América, manifestó en cierta ocasión que aquello no era un beso de amor: «Era simplemente alguien celebrando. No fue un momento romántico». La BBC (1), entidad a la que profeso un gran respeto manifestó en 2016 que “la revista Time, matriz de Life que cerró en 2000, publicó en 2014 un artículo sobre la historia de la foto. «Mucha gente ve la foto como algo más que una muestra bastante pública de acoso sexual, algo no muy digno de celebración», escribió la revista”. ¿Beso o acoso? Esa es la cuestión.

Alfred Eisenstaedt, The Kiss (El beso), 14 de agosto de 1945

Lo curioso es que en relación con la primera fotografía que cito, está documentado que no fue algo espontáneo sino que fue el resultado de contratar el propio Doisneau “a varios actores para el reportaje y los hizo posar en diferentes espacios reconocibles de París. La instantánea, como ocurre a veces en la historia de la fotografía, cayó en el olvido después de hacerse. Además, Bornet y Carteaud rompieron su relación. Ella siguió en el teatro, donde interpretó obras dirigidas por François Périer y Pierre Brasseur, también actores. Finalmente, se casó con Alain Bornet, de quien tomó su apellido de casada”. La fama de la foto y su mercantilización vino después, en 1988, cuando “una revista francesa recuperó aquella imagen preguntándose qué habría sido de aquellos jóvenes. Fue el inicio del bum, favorecido por la reproducción en masa de postales, pósteres y tazas que mostraban aquel momento de pasión de la pareja y simbolizaba el París romántico”. En ambos casos, con una diferencia de cinco años, cualquier parecido con la auténtica realidad de un beso, es como en las películas pura coincidencia.

El mundo ya no es, afortunadamente, lo que era a través de estas leyendas de fondo y forma. Hemos avanzado en la crítica social de este tipo de comportamientos fruto de la mercadotecnia, aunque todavía queda mucho por hacer. Celebremos hoy la paz y el amor, atendiendo a ambas fotografías, exclusivamente, aunque las reivindicaciones en defensa del beso auténtico permitan, en este aquí y ahora, analizar esta fotos desde otra perspectiva. Lo doloroso, de verdad, es no recordar los millones de personas inocentes que perdieron la vida en una guerra absurda y de los que nunca supimos nada porque la memoria histórica es muy frágil para estos recuerdos y sus silencios cómplices, en el caso de la realizada por Alfred Eisenstaedt, en Times Square, el 14 de agosto de 1945. Estas víctimas nunca fueron noticia, a pesar de sus esfuerzos por aparentar lo contrario. La fotografía de París, es harina de otro costal, el mercantil, el poderoso caballero don dinero, las mercancías, el negocio puro y duro.

Hoy, me quedo escuchando el Intermedio de La leyenda del beso (Reveriano Soutullo y Juan Vert, 1924), cuando cumple el centenario de su estreno, una auténtica leyenda que supera las dos anteriores, bajo la dirección de mi querido maestro Ataúlfo Argenta, al que he dedicado también páginas de reconocimiento y respeto en este cuaderno digital, que tanto sufrió personal y profesionalmente en este país, incluso ante su fallecimiento, no bien tratado por la dictadura, porque, por su ideología, dejó helados su corazón y sus besos durante mucho tiempo.

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-37333728

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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La verdadera estela del regalo de Reyes

Imagen de una estela en la mar /JA COBEÑA

Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido. / Antonio Porchia (1885-1968), Voces

Sevilla, 6 de enero de 2024

Desde hace bastantes años años resuenan en mi persona de secreto estas palabras del poeta italo-argentino Antonio Porchia (1885-1968), porque desde el día que las leí por primera vez me impactaron en la creencia personal del arte de regalar. En los días de navidad, año nuevo y la celebración de los reyes magos de Oriente, en este Occidente desconcertado en el que vivo, la mercadotecnia hace estragos en el mundo del regalo, por imposición casi siempre de la sociedad de consumo. Alberto Manguel fue el artífice de mi pre-ocupación actual, que todavía persiste, reflexionando sobre la estela del regalo y su epifanía: «Diciembre es una época propicia para regalar y por tanto el momento de descubrir que se necesita habilidad para escoger el obsequio. Es un acto que requiere conocer bien a la persona, interpretar el significado del regalo en su cultura o poseer dotes clarividentes para saber cómo reaccionará el agasajado. Un recorrido paralelo por la historia descubre algunos episodios gratos o claves y otros desafortunados en el momento de brindar un obsequio. Aunque siempre quedan los libros».

Desde esa lectura de Porchia, hago un esfuerzo para “justificar los regalos” (siempre procuro hacerlo), pensando también en la segunda parte enigmática de su reflexión: “no sé lo que has recibido”. Es verdad que estamos ante un filo cortante de la existencia, tal y como lo aprendí de Martin Buber, cuando intentaba explicar la relación Yo-Tú. Y es un vacío que siempre existe porque pertenece a la persona de secreto de cada uno que, en determinadas ocasiones, la hacemos de todos. Ahí radica el espacio insondable de generosidad que debe existir cuando se entrega no sólo un regalo, sino por decirlo de una vez por todas, la vida.

Como decía Manguel, la historia nos puede enseñar qué significa un regalo y así lo escribí en 1985: «El rito de la alianza (de las personas con el Dios) simboliza de forma magistral el contenido multisecular del regalo como sello o estela del pacto, del encuentro más grandioso que el hombre ha sabido dejar por escrito, reconociendo la sublimación de una ceremonia extendida entre los primeros pobladores de la tierra. Como prueba tangible de que las palabras que se entrecruzan Dios y los hombres han de permanecer hasta la muerte, se sacrifica un animal y se le divide en dos mitades, obligándose el titular del pacto a pasar por ambas mitades para recordarle que si se incumple cualquiera de las cláusulas pactadas, puede el hombre sufrir las mismas consecuencias que el animal. Junto a esto, existe una ceremonia llamada del «jesed» donde se obliga el hombre agraciado con el pacto a vivirlo permanentemente en cada acto de su vida siendo de esta forma «justo» hasta la muerte, en un estado de vigencia -minuto a minuto- de un compromiso que se simbolizó en un regalo» (1).

La entrega a la persona o personas que amas, a los demás, es algo más importante que el regalo en sí, aunque la vida también puede serlo. Pero la duda existirá siempre porque la libertad es eso, mantener espacios de silencio, de falta de respuestas, por mucho que se hagan manifestaciones de afecto y acogida. Es decir, sabemos siempre lo que damos, pero no lo que se recibe…

Por eso creo que si reflexionáramos sobre esta duda existencial unos minutos antes de comprar algo para otra persona, el próximo regalo ya no será igual en nuestras vidas, a pesar de que las campañas de navidad y reyes se empeñen en convertir esta oportunidad en pura mercancía. Así lo he entendido siempre: «Sería importante, creo que ante todo necesario, rescatar el contenido primigenio del regalo, es decir, comprometerse sólo con aquella persona que se relaciona conmigo en encuentros constructivos para la felicidad diaria, pactándose unos compromisos de vida que se puedan simbolizar en el regalo no cosificado, por ejemplo, en esa llamada a tiempo, compañía no programada o silencio de comprensión que no lleva etiqueta, precio ni papel de celofán con lazo incluido. Se perderían muchos negocios montados a propósito, pero ganaríamos todos en sinceridad y cercanía. Además, solamente lograríamos repetir la historia en un pasaje digno de ser aprendido en la mejor lectura actualizada de la relación de las personas entre sí. La estela del regalo no consistiría en nada más que buscar ese momento de intimidad que todos tenemos y necesitamos para decirnos al oído lo que esperamos del otro. Más o menos lo que le ocurrió al platerillo de Rafael Alberti en El alba del alhelí, cuando deja estupefacto a su cliente (dicen que de nombre José…), que no puede pagar el collar de María y el anillo para el niño Jesús: «Yo dinero no quiero, besar al niño es lo que quiero…».

Porque José, que no lo podía pagar, conocía muy bien a María y no confundió nunca, como todo necio, valor y precio. Le regalaba todos los días sus silencios, sus dudas, su honradez y… su vida, sin saber a veces qué pensaba ella. La verdadera estela de su regalo, la del mar, la que nos enseñó también Antonio Machado: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante no hay camino  / sino estelas en la mar…

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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