En el día de mi santo, recuerdo siempre que José fue un buen compañero

Georges de la Tour (1593- 1652), San José carpintero, hacia 1642 – 1644

Sevilla, 19 de marzo de 2026, festividad de San José – 09:43 h UTC (CET+1)

El calendario gregoriano, vigente en la actualidad, nos recuerda hoy la celebración de un santo importante para la creencia católica, apostólica y romana, San José, aunque hoy, en mi caso y por llevar su nombre, vuelve a ser una oportunidad para reflexionar sobre una historia inseparable, la de José, María y Jesús, que tiene más de dos mil años de antigüedad y que ha inspirado momentos transcendentales en la historia de la humanidad en general y de las artes en particular. Me refiero en esta ocasión a la música que ensalza la dignidad de José, que hoy quiero simbolizar a través de un compositor francés, Michel Corrette (1709-1795), un perfecto desconocido, pero que supuso en su día un descubrimiento extraordinario en mi aprendizaje diario para tocar el clavecín y el violín e interpretar dignamente sus partituras. Igualmente, a la obra encomiable del pintor Georges de la Tour (1593-1652), en torno a la figura del carpintero José.

Todo surgió en 2019 al localizar en la ingente obra musical de Corrette seis sinfonías dedicadas a la Navidad, preciosas, de las que quiero destacar hoy dos movimientos en concreto: Adán fue un pobre hombre (Sinfonía I, Allegro) y José es un buen compañero (Sinfonía III, Allegro), porque me permitió contextualizar una historia de hombres (en el genérico griego, hoy personas) que han supuesto mucho para el devenir de la humanidad, unas historias que hablan siempre de soledad y silencio ante la libre elección para la difícil tarea de vivir dignamente. La historia de Adán, el pobre hombre de Corrette que lo lleva al cuarto y último movimiento de su primera Sinfonía, después de títulos sugerentes de los tres restantes movimientos, A la llegada de la Navidad (Moderato), El Rey de los Cielos acaba de nacer (Andante) y He aquí el día solemne (Moderato), por este orden, es una historia contradictoria que siempre me ha fascinado. Entre pobres hombres [sic] y buenos compañeros [sic] anda a veces el juego de la historia. Veamos por qué.

Michel Corrette (1709-1795), Adán fue un pobre hombre (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía I, Allegro), interpretado por La Fantasía.

En relación con Adán, ¿un pobre hombre?, la historia nos lo ha recordado siempre como la causa de todos los males de la humanidad. Así lo he interpretado a lo largo de mi vida al analizar la reacción de Adán y Eva en el Paraíso: “Durante muchos siglos, la respuesta [ante la causa del Mal] solo la sabía Dios y cuando tuvimos la oportunidad de haberla conocido, eso sí, cuando Dios hubiera querido, a Adán y Eva no se les ocurrió mejor idea que mudarse de sitio, recordando unas palabras que escribí en este cuaderno de derrota (en argot marinero) en 2007: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primera fase de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta por el mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso”. Podemos juzgar así todo lo ocurrido.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

El caso de José, un buen compañero, es también un hecho que nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestra celebración anual de la navidad y el día de su santo. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en la historia más maravillosa jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirlo así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares. Recuerdo en este momento el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, donde no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes. Sin medallas, sin atributos laicos ni sacros. Sin collares o anillos. Sin nada, solo con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño”.

El silencio permanente de José es un secreto a voces de la asunción de su papel en la historia difícil de María. Me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Además, creo que fue un buen compañero.

Escucho ahora a Corrette y comprendo mejor que nunca el difícil papel de Adán en la historia de la humanidad y la categoría humana de José, ignorado hasta por el evangelista Marcos. Solo sabemos que en el capítulo 6, versículos 1 a 3 de su crónica de la muerte anunciada de Jesús (como buen periodista), dijo lo siguiente: “Se marchó [Jesús] de allí y vino a su tierra, y sus discípulos le acompañaban. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada; y decía: “¿De dónde le viene esto? y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de Josét, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él”. José, siempre solo ante el peligro.

Adán, se mudó un buen día de Paraíso porque no entendió la pregunta del dios desconocido y José no aparecía por ningún sitio en la noticia contada por Marcos pero, dueño de su soledad y de sus silencios, siempre tuvo el sentido de la medida que tanto aprecio. En este día de mi «santo», me gusta pensar en estas personas, en su verdad verdadera, en su humanidad, porque me ayudan a comprender unas historias casi siempre muy mal contadas. Corrette sabía lo que componía. También, Georges de la Tour…, lo que pintaba para la posteridad.

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¡Paz y Libertad!

Diario de mi zaratán / y 7. Venceremos

Sevilla, 18/III/2026 – 09:41 h UTC (CET+1)

Este diario no es inocente, porque tiene una ideología dentro que no lo es, como afirmaba Lukács en El asalto a la razón y a quien profeso un gran respeto desde mis años jóvenes: “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

Por esta razón, la palabra ¡Venceremos! resuena siempre en mis oídos como un himno a la resistencia ante acontecimientos no deseados, que podemos modular en cada tiempo presente y futuro, con una misión posible y no inocente: vencer al enemigo que acecha en cada momento y lugar, representado por injusticias, miedos, pobreza, paro, represión de todo tipo y, ahora, un zaratán en mi vida como aviso para navegante confiado en la búsqueda de islas desconocidas, el hilo conductor de este blog.

He puesto mi banda sonora a funcionar y cincuenta y seis años después de conocerse la primera versión de ¡Venceremos!, en 1970, compuesta por Sergio Ortega, que fue interpretada por la Orquesta Sinfónica Popular de Chile, dirigida por Eduardo Moubarak, junto a Quilapayún en la formación en la que figuraban en ese momento Eduardo Carrasco, Carlos Quezada, Willy Oddó, Hernán Gómez, Rodolfo Parada y Rubén Escudero, deseo rescatarla hoy para reinterpretarla en un momento delicado personal.

He consultado la carátula de aquél disco prohibido en una España que tenía una parte con el corazón helado, que me ha vuelto a emocionar, fundamentalmente por su significado en los años siguientes y porque en el rostro del niño que figura como reclamo del contenido revolucionario que había en la música y letra anunciada en esta grabación de estudio, se notaba un rictus de futuro imperfecto aunque acompañado de verde esperanza, que desembocaría sólo unos años después en el golpe de estado que sumió a Chile en un destino muy triste y desolador. 

Además, he elegido hoy en este pequeño homenaje a una palabra que me conmueve siempre que la recuerdo, la versión 2ª con letra de Víctor Jara, a quien tampoco olvido, porque frente a la primera versión de Claudio Iturra, incorpora matices inolvidables que envuelven palabras que la engrandecen todavía más cuando lo recordamos cincuenta y seis años después, con un respeto intacto a su trayectoria vital: campesinos, estudiantes, obreros, compañeros, mujeres que se unen a la causa o cómo “el pueblo” se sabrá levantar. En mi caso actual, yo personalmente, junto a los profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía, del que me siento orgulloso pertenecer a él, ¡venceremos a mi zaratán!

Canto ahora, como persona nueva, al estilo de Alberti (creemos el hombre nuevo cantando, el hombre nuevo de España cantando, el hombre nuevo del mundo cantando), el estribillo que nos unirá a todos los que sufren como yo, grabado en nuestra mente y en nuestros corazones, porque estamos convencidos de que venceremos, venceremos, mil cadenas habrá que romper, venceremos, venceremos, la miseria sabremos vencer. Cada uno sabrá qué nombre poner a su actual miseria y a la de todos, zaratán por ejemplo, sin olvidar otros sufrimientos a los que hay que seguir siendo sensibles: pobreza severa, miedo, paro, desencanto total, desafección política, fracaso social, violencias gratuitas de género y de convivencia diaria, gobierno de mediocres, política impresentable y el terrible olvido de los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida.

Me retiro ahora a mi clínica del alma, mi biblioteca, donde guardo también las bandas sonoras de mi vida, con una elección para este momento muy clara, la versión de Quilapayún de ¡Venceremos! en su verdadero sentido de cuerpo y alma, la que siempre recuerdo como si fuera ayer en mi actual futuro imperfecto.

Hasta aquí las páginas de este diario. Gracias, lector, lectora, por acompañarme con su lectura. Queda mucho camino por delante, lo sé, pero si he compartido ahora esta realidad con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad, es porque hay que normalizar el lenguaje y contenidos existenciales de esta enfermedad, el cáncer, mi zaratán actual, creyendo cada día que pasa en los avances científicos actuales para vencerla, con la garantía, como es mi caso, de poder confiar en el excelente trabajo que realizan los profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía y en la creencia acompañada de esperanza, que cada uno profese: Dios o dioses, la Naturaleza, las Personas o la Sociedad, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de un gran filósofo en el exilio, José Ferrater Mora, volviendo hoy a leer su libro, El hombre en la encrucijada. Es la mía…, en la actualidad.

Gratitud plena hacia todos, gratitud.

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

NOTA: la imagen de cabecera se ha obtenido de la página oficial de Quilapayún, a quienes profeso respeto y agradecimiento por su trayectoria histórica y compromiso político a lo largo de los años: Quilapayún – Sitio oficial (quilapayun.com). El gráfico con las dos versiones de la letra de ¡Venceremos!, se ha realizado con las letras publicadas en el sitio web anterior. Reitero mi agradecimiento por esta disponibilidad pública.

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¡Paz y Libertad!

Diario de mi zaratán / 5. Pausa

Sonia Lafuente, patinadora olímpica

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Constantino Cavafis, Ítaca 

Sevilla, 15/III/2026 – 07:21 UTC (CET+1)

Estoy haciendo un camino muy largo para vencer a mi zaratán, una singladura ciclópea en su fondo y forma. Durante los fines de semana descanso de los ciclos semanales de radioterapia y hoy lo vivo de forma especial porque finalizo esta difícil etapa terapéutica la semana próxima.

Es verdad que siguiendo al pie de la letra a Cavafis, cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo y pensar que esta dura etapa que vivo en la actualidad es sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca.

También acudo a Benedetti, tan presente en este diario, cuando hago esta pausa para escribir en este largo viaje ético a mi Ítaca particular, porque él siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, porque nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social con altura de miras éticas hacia la Ítaca de cada uno: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Me acuerdo ahora de un conjunto madrileño de música indie, Izal, ya desaparecido, que lo cantaba extraordinariamente, acompañando una danza visible para quienes tienen los ojos abiertos para otear con dignidad el largo viaje ético hacia la Ítaca de cada uno, de cada una: Yo sólo pido pausa y tú me das ojos de huracán. / Yo sólo pido calma y tú haces espuma el agua del mar. / Sólo pido silencio y gritas que no digo la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / Yo sólo quiero pausa, tú rebobinar. / Yo sólo busco un ritmo lento, tú velocidad. / Yo sólo pido una dulce mentira, tú toda la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / ¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. Sonia Lafuente, patinadora olímpica, bailaba maravillosamente esta pausa necesaria, porque quizá, viéndola, la comprendemos mejor.

Es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades sobre lo que nos pasa, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, buscando con ética personal y de situación la Ítaca que todos tenemos derecho a soñar y alcanzar algún día. Aunque ahora tenga que luchar contra un zaratán, un cíclope con ojos de huracán, al que venceré si mi pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca mi espíritu y mi cuerpo. Porque ahora no olvido hacer una pausa ética cuando navego a diario hacia Ítaca, a la que tengo la legítima ilusión de llegar, aunque ahora viva encerrado en una jaula llamada zaratán.

Benedetti hace el resto, cuando leo y releo su mensaje: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

No lo olvido.

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¡Paz y Libertad!

A pesar de todo, Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro

Luis Cernuda (Sevilla, 1902 – Ciudad de México, 1963)

Pero no es más andaluz quien de andaluz se disfraza, sino quien lleva intacto dentro de sí, límpido y seductor, el reflejo de esta tierra misteriosa, perezosa y activa, vívida y soñadora.

Luis Cernuda, en Divagación sobre la Andalucía romántica, 1936.

Sevilla, 28/II/2026, Día de Andalucía – 08:22 h UTC (CET+1)

Luis Cernuda, el poeta universal nacido en Sevilla, dijo en 1931 en un artículo publicado sobre “José Moreno Villa o los andaluces en España”, que “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”. Es una metáfora preciosa basada en la actitud transformadora del aquel poeta malagueño, olvidado por muchas personas instaladas en el síndrome del Sur o que sufren el complejo territorial español de nuevo cuño, por mucho que Mario Benedetti se esforzara en resaltar las virtudes de esta localización privilegiada.

Hoy se cumple el 46º aniversario de la celebración del referéndum sobre la iniciativa del proceso autonómico de Andalucía del año 1980, que dio autonomía plena a la comunidad andaluza. Me reitero en la idea ya expresada en este cuaderno digital al recordar otra fecha memorable, el 4 de diciembre de 1977, para reivindicar la identidad de Andalucía en el nuevo escenario que se abría en el país después de tantos años de dictadura, recordando esta idea preciosa de Cernuda para acabar de una vez por todas con el complejo del Sur, para salir de las trincheras de la ignominia histórica que pesa como una losa en el ideario de esta tierra. Porque a pesar de lacras actuales como el paro real, la pobreza infantil y familiar, en miles de casos extrema y severa, las listas de espera en atención especializada y quirúrgica, los abandonos tempranos en educación, junto a la privatización universitaria, escasez de tejido industrial, problemas crónicos de su agricultura y ganadería, Andalucía puede ser el Norte de España en muchos caminos que se hacen hoy al andar.

La razón es clara y es la que deberíamos celebrar hoy en una fecha muy importante: Andalucía es un sueño que varios andaluces, no todos, llevamos dentro. Esta apreciación de algunos y no todos no era inocente para Cernuda porque él, mejor que nadie, sabía del comportamiento de sus paisanos en muchas manifestaciones sociales, culturales y políticas, porque todos los andaluces no somos iguales: «Más el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros» (A sus paisanos, en La desolación de la quimera). En 2017 recordé en este día de celebración a Juan Ramón Jiménez, otro poeta andaluz en el exilio como tantos otros, porque tenemos la suerte de comprobar que aunque ligeros de equipaje llevaban en sus maletas luz y sueños dentro: “[…] como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él; que somos nobles porque sabemos perdonar y comprender tanto a los que nos ofenden con el paro y la corrupción que a veces no hay nada que perdonar”.

También, porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, porque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos, como Manuel Gerena me enseñó personalmente en un poema suyo muy querido. Con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra.

Son mis principios andaluces y no tengo otros. Es verdad, porque Andalucía es un sueño que varios andaluces, todavía hoy y con la que está cayendo, llevamos con su luz y su tiempo dentro.

Rocío Jurado y Joan Manuel Serrat cantan el Himno de Andalucía, durante la Gala conmemorativa desde Almería, con motivo del Día de Andalucía, el 28 de febrero de 1996, emitida por Canal Sur

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¡Paz y Libertad!

No olvido a Joan Margarit, porque aprendí de él que ‘la libertad es una librería’

Joan Manuel Serrat y Ana Belén, durante su intervención en el acto de homenaje a Joan Margarit / Instituto Cervantes, 18/II/2026

Es la razón de nuestra vida / La razón de los viejos, matizamos ahora / La libertad es un extraño viaje / La libertad es hacer el amor en los parques. / Es morir libre… / Las palabras República y Civil. / La libertad es una librería. / Ir indocumentado. / Las canciones prohibidas. / Una forma de amor … la libertad.

Joan Margarit, Libertad

Sevilla, 19/II/2026 – 13:38 h UTC (CET+1)

Ayer ofreció el Instituto Cervantes un homenaje al poeta  Joan Margarit (1938–2021), en el quinto aniversario de su fallecimiento, con el lema Así que pasen cinco años / En memoria de Joan Margarit, presentado por Luis García Montero, director del Instituto, en el que participaron Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Miguel Poveda, entre otros representantes culturales, tales como la librera Lola Larumbe, el periodista Juan Cruz, el crítico literario Jordi Gracia, así como la hija del poeta, Mònica Margarit.

Ana Belén y Joan Manuel Serrat recitaron los siguientes poemas de Margarit: Dona de primavera / Mujer de primavera; Autoretrat / Autorretrato; Tancant l’apartament de la platja / Cerrando el apartamento de la playa; Voldran que et moris / Querrán que te mueras y La muntanya més alta / La montaña más alta. El cantor Miguel Poveda interpretó un poema de Margarit, No te veré más / No et veuré més (1), que conoce bien y con su habitual sentimiento.

No olvido en este recuerdo tan emotivo, las palabras que dediqué al poeta con motivo de su fallecimiento, el 16 de febrero de 2021, Joan Margarit o la dignidad de no asustarnos de nuestro destino, que vuelvo a publicar hoy, porque sigo defendiendo su concepto de libertad, expresado en un poema homónimo, del que destaco siempre un verso profundo: la libertad es una librería.

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Joan Margarit o la dignidad de no asustarnos de nuestro destino

Miguel Poveda canta a Joan Margarit – Telediario RTVE / 16/II/2021

Sevilla, 17/II/2021

No me gustan los panegíricos ni los efluvios cantores cuando una persona nos deja para siempre. Ayer falleció el poeta Joan Margarit, no conocido por mí como merece, pero le tengo un gran respeto a su vida y obra poética y arquitectónica, aunque no se sabe bien cual fue antes. Anoche, intenté seguir de cerca la letra de su poema No te veré más (1) que interpretó excelentemente el cantor Miguel Poveda, con el sentimiento que le caracteriza, como cierre de las noticias del día en el informativo de la noche de RTVE, la televisión pública que, una vez más, tuvo altura de miras en su edición y realización:

Es la piel violeta de una noche
Que dejamos pendiente.
Tu silencio suena como un saxo
De oro negro al fondo de los días sin ti.
Como jadea en tu pecho el contrabajo,
Y el flanco cálido de oscuridad
Que por siempre soñaré avanzando
Con mi mano lenta hacia ti.
Músicos en la penumbra, instrumentos de oro
En las bocas lilas: ya, la vida
Nunca más me devolverá lo que me he jugado
En tu cuerpo desnudo desde que fuiste una fiesta
Sólo queda, al piano, un negro ciego,
Nuestro amor.
Toca solo en este poniente de oscuridad
Y mi sueño se adormece en sus dedos.

Bellas palabras para un triste momento. Sólo recuerdo ahora las respuestas que dio en 2019 a Babelia, dos semanas después de recibir el prestigioso Premio Cervantes, porque sintetizaba muy bien su pensamiento y sentimiento, donde siguiendo a Rafael Alberti descubrí aquel día que escuchaba siempre al corazón, porque en esa dialéctica sabía que era más fuerte que el viento. Él dijo que lo que le hizo querer ser poeta fue el amor, porque “con 17 años me enamoré de una chica y le escribí el único poema mío que me sé de memoria (y el único que nunca he recitado ni recitaré en público). Que le hubiera gustado escribir, como poema ajeno, Un español habla de su tierra, de Luis Cernuda. Que le hubiera gustado ser Neruda, de joven, porque “me influyó tanto que, si me descuido, se me come y dejo de existir como poeta”. Sorprendentemente y ante la pregunta “De no haber tenido la arquitectura como oficio y la poesía como vocación, ¿qué habría sido usted?”, contestó de forma tajante: “¡Nada! Me temo que un vago, un mendigo o un aprovechado». Confesó que utilizaría como autorretrato Les feuilles mortes, cantada por Yves Montand y que tarareó en ese momento: “Oh! je voudrais tant que tú te souviennes”. Pensaba que “todo lo social está sobrevalorado. Lo único que tiene verdadero valor es lo individual, lo personal, lo secreto”. Y también respondió a una pregunta, entre otras, que cobra hoy plena actualidad: “¿Una solución para el problema catalán? Tengo 81 años y ya no veré esa solución… Cuando dos discuten, tiene más culpa el que más poder tiene. Dicho esto, ni los políticos catalanes ni los españoles han hecho nada durante años para que pudiera solucionarse».

Este retrato de Margarit me parece entrañable y esclarecedor. Seguiré leyendo con respeto su obra porque es el mejor homenaje que le puedo hacer a partir de ahora, sabiendo que no le veremos más pero que lo recordaremos siempre. Sobre todo por su concepto de la dignidad: “Por lo que a mí respecta, en este otro exilio que es, por su propia naturaleza, la etapa final larga o corta de la vida, siento que yo soy mi propio interlocutor. Ahora, ya no se está a tiempo de improvisar, debo haber hablado ya, desde hace mucho tiempo, con los sabios antiguos o modernos para que, efectivamente, y en muchas ocasiones a través de mis propios poemas, pueda reencontrarme conmigo mismo en el territorio de la dignidad. La dignidad de no asustarme de mi destino” (2).

(1) Margarit, Joan (2003). Poesía amorosa completa. Madrid: Hiperión.

(2) Joan Margarit, del epílogo a No estaba lejos, no era difícil, Visor libros, col. Palabra de honor, Madrid, 2011.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Necesitamos ‘contentura’, no ‘tristura’

Bad Bunny, durante su actuación en el Super Bowl 2026, en el Levi’s Stadium, en Santa Clara, California

Sevilla, 16/II/2026 – 09:12 h UTC (CET+1)

El pasado 8 de febrero vivió el mundo latino, tan maltratado desde la llegada de Trump al poder, un momento histórico en tan solo 13 minutos, durante el intermedio del Super Bowl, en la final de la National Football League (NFL), celebrado en el Levi’s Stadium, en Santa Clara, California, en un espectáculo protagonizado por Bad Bunny, que como he leído en el diario El País, “Fue un show histórico. El puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio deslumbró con una presentación casi exclusivamente en español —con la excepción de unas tres frases en inglés— por primera vez en la historia de la final de la liga de fútbol americano. En un evento visto por 128,2 millones de espectadores solo en Estados Unidos, la superestrella rindió homenaje a su patria, lanzó un mensaje de unidad y amor a un país dividido por las políticas del inquilino de la Casa Blanca. Desde el reguetón hasta la salsa, Bad Bunny celebró su cultura, la latinoamericana y la latina, y lanzó una defensa de una América unida, desde la punta sur del continente hasta Norteamérica”.

He leído muchas alabanzas y también críticas, lideradas obviamente por las de Trump, que a través de la estrategia MAGA organizó un evento paralelo al del Super Bowl, The All American Halftime Show, para celebrar “la fe, la familia y la libertad”: “¡El espectáculo del intermedio del Super Bowl es absolutamente terrible. No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia. Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo!”.

El mensaje de Bad Bunny, tal y como se afirma en el artículo citado, “caló entre los 68 millones de latinos que viven en Estados Unidos, muchos de quienes, en el último año, han sufrido en carne propia una ofensiva contra la inmigración sin precedentes, lanzada por un presidente cuya meta es llevar a cabo la “mayor deportación de la historia”. Han sido 13 meses de terror: migrantes irregulares y ciudadanos latinos por igual, agarrados en las calles o en tribunales por su color de piel o por su acento; familias desgarradas por las expulsiones; centros de detención hacinados; personas que llevan años en el país de forma legal, despojadas de sus permisos para permanecer en el país…”.

Pero lo que me ha llamado poderosamente la atención en esta crónica periodística, ha sido recuperar un sustantivo, contentura, pronunciado por otra protagonista del evento, doña Toñita, María Antonia Cay, la dueña y señora del Caribbean Social Club, en Williamsburg, Brooklyn neoyorquino, que tanto ayuda a la comunidad boricua y a los que lo necesitan, que participó en el show sirviendo un chupito de ron a Bad Bunny mientras cantaba “NUEVAYoL, en la que dice: “Un shot de cañita en casa de Toñita, ay / PR se siente cerquita”. Esta expresión, en su justo contexto, “Es un orgullo para mí ver a mis paisanos tener esa contentura de saber que estuvimos representándolos”, fue pronunciada días después del espectáculo, recogiendo en pocas palabras el sentir de millones de inmigrantes latinoamericanos maltratados por Trump y su brazo armado, el temido ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).

Es verdad, necesitamos contentura, ante tanta tristura mundial por los sobresaltos continuos de Trump, a través de sus órdenes ejecutivas. Una gran lección de doña Toñita y de Benito Antonio Martínez Ocasio, Bud Bunny. Mi reconocimiento expreso, en tiempos de descontento generalizado y tristura.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Franco Battiato vuelve a Roma desde su cielo particular

Franco Battiato. Un’altra vitaMuseo Nacional de las Artes del siglo XXI (MAXXI)

Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Franco Battiato, Nómadas

Sevilla, 6/II/2026 – 12:25 h UTC (CET+1)

Franco Battiato encontró la paz en su camino nómada el 18 de mayo de 2021. Cinco años después, Roma acoge a este gran cantante y pensador en una muestra retrospectiva, Franco Battiato. Un’altra vita, que se inaugura hoy en el Museo Nacional de las Artes del siglo XXI (MAXXI). Esta actividad cultural se lleva a cabo, respetando en el título una canción suya preciosa. Un’altra vita, cuya sinopsis oficial explica que es una muestra- evento “que celebra, cinco años después de su muerte, el genio humano y musical de un artista sin igual en la historia de la música italiana. Una experiencia que va más allá de la música y el tiempo, para contar la historia de un artista completo: cantautor, músico, poeta, filósofo, intelectual. En un espacio central dedicado a la escucha, nos sumergimos en una experiencia sonora que se convierte en el corazón de la historia. A partir de aquí, el viaje se expande: portadas de álbumes, carteles históricos, fotografías y recuerdos excepcionales revelan la complejidad de un artista que revolucionó la composición italiana. La música se acompaña de un imaginario pictórico rico en símbolos e influencias de Oriente Medio, y una exploración cinematográfica que, en los últimos años, ha inspirado sus exploraciones artísticas y espirituales, en continuidad con sus raíces musicales y en diálogo con la contemporaneidad”.

Hace cinco años, le dediqué también unas palabras especiales en este cuaderno digital cuando conocí la noticia de su fallecimiento, a los 76 años de una vida especial dedicada a la cultura como lazo que une a la humanidad. Sentí entonces un estremecimiento interior porque su música y, sobre todo, sus letras, siempre me han inspirado otra forma de entender la vida. Así lo he referido en este cuaderno digital en varias ocasiones, por ejemplo con motivo del estreno de la película Nomadland, multipremiada en los Premios Oscar de 2021: “Así empezaba la canción de Franco Battiato, Nómadas (1987), que forma parte de la banda sonora de mi vida: Nómadas que buscan los ángulos de tranquilidad, / en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, / entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan. Nomadland, escrita y dirigida por Chloé Zhao (Pekín, 1982), con un guion basado en el libro País nómada. Supervivientes del siglo XXI (Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century) de Jessica Bruder, narra una historia que conmueve en tiempos en los que se nos aconseja, incluso prohíbe, hacer mudanzas.

Battiato me susurraba a los oídos, en mis años jóvenes, cerca de él, en el año 1976, en una encrucijada personal en la que buscaba en Roma el sentido en la vida y en la que me ofreció una lectura diferente del amoR, que es la lectura al revés de esta ciudad eterna, algo transcendental en la vida de los nómadas de espíritu: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Además, confieso hoy, de nuevo, que hace ya muchos años aprendí junto a la escritora india Anita Nair (Las nueve caras del corazón, 2006), que la alondra encrestada, la vanampaadi, permite convertir las necesidades en palabras. Al fin y al cabo, amor a lo desconocido, como una de las caras del amor en la primera expresión del kathakali, representación teatral a la que se incorporan danzas indias que tuve el honor de conocer por primera vez de la mano de Battiato (Quiero verte danzar, 1982), un prodigio en la escenificación de historias de vida a través de sus canciones. Después, en 1983, volví a conectar con él a través de un disco emblemático, La voz de su amo, en la que cantaba su famoso “Centro de gravedad permanente”, que como recordaba recientemente en unas páginas de este cuaderno digital, canté junto a mi hijo Marcos cuando era muy pequeño, deletreando un estribillo que nunca he olvidado: Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente. Lo sigo buscando todavía hoy, en un tiempo convulso y complejo.

También recuerdo en mi banda sonora interior de Battiato, que la NASA recoge en sus páginas web una referencia al asteroide que lleva su apellidoBattiato, descubierto en 1979, con una reseña que suena ahora como premonición: “Franco Battiato (b. 1945), artista siciliano poliédrico, es miembro honorario de la Asociación Astrofili Ionico-Etnei. Convierte sus sentimientos en música, pintura y cine. A través del telescopio observa el Universo, obteniendo inspiración para sus canciones”. Es verdad, porque hoy, más que nunca, sigue estando muy cerca de su cielo particular, visitando Roma, en otra vida (un´áltra vita).

En un libro de Nuccio Ordine muy apreciado por mí, Clásicos para la vida, hay una referencia a una obra para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier momento de la vida: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia puede representar hoy como metáfora al mercado mundial controlado por los hombres de negro, el neototalitarismo representado a la perfección por Trump y Putin, así como las multinacionales del tecnofeudalismo, demostrando todos su incapacidad para poner música y sosiego en vida alguna. Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, quizás para que no cambiemos, para que estemos siempre muy atentos a la música, para que seamos firmes en mantener criterios y valores sobre la dignidad de la vida, de las cosas de la vida, de la gente…, defendiendo siempre desde su cielo particular, el anhelado centro de gravedad permanente que necesitamos todos, ahora más que nunca y sin dejar a nadie atrás.

Gracias, Franco Battiato. Sigo atendiendo tu música y eso me basta para vivir en un mundo al revés, como tú cantabas en Otra vida: Ciertas noches para dormir me pongo a leer / y tal vez necesitaría de instantes de silencio […] No  sirven más excitantes o ideologías, / se necesita otra vida. Es verdad, necesitamos otras formas más amables y dignas de vivir la vida.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En compañía de Papageno y su flauta mágica

Papageno & Cía.

Sevilla, 2/II/2026 – 16:30 h UTC (CET+1)

Ayer asistí junto a mis nietos a una representación teatral dirigida a niños y niñas, Papageno & Cía., especialmente vinculada con Mozart, con la ilusión de que ellos conocieran a este personaje tan singular y paradigmático que, personalmente, me acompaña de forma imaginaria desde hace muchos años. La sinopsis oficial de esta actividad cultural, promovida por CaixaForum, era muy atractiva y doy fe de que el público infantil asistente mantuvo la atención en todo momento, participando activamente en las escenas finales, junto a los actores y músicos del escenario, con gestos, coros y aplausos: “Fui detrás del escenario a tocar el carillón durante el aria de Papageno. Quería hacerle una broma a Schikaneder. Cuando él hizo una pausa yo toqué un arpegio, hecho que le sorprendió. Cuando volvió a hacer un silencio yo no toqué nada, y él paró mientras me miraba con cara de confusión. Intuyendo lo que le pasaba por la cabeza, volví a tocar unas notas y entonces él tocó su carillón y me dijo: «¡Te quieres callar!» Todo el mundo se dio cuenta de que el sonido de su carillón no lo hacía él, sino que se hacía desde la orquestra. Fue muy divertido y todo el mundo se puso a reír”. (Mozart a su mujer, Viena, 8 de octubre de 1791). Esta anécdota, que sucedió en una de las primeras representaciones de La flauta mágica, nos acerca al carácter informal que se respiraba en los teatros en tiempos de Mozart. La ópera surgió como un espectáculo para los nobles, pero rápidamente se convirtió en un entretenimiento para las masas. Dentro del teatro la gente hablaba, comía y bebía durante la función. Eran lugares caóticos y ruidosos donde era tan importante ver como ser visto. En general, un poco distinto de la imagen preconcebida que tenemos de la ópera hoy en día, ¿verdad? En Papageno & Cia. nos adentraremos en casa de unos nobles para revivir y ser partícipes de este espíritu festivo”.

Puerta de Papageno. Teatro sobre el río Viena (Viena) / Marcos Cobeña Morián

Siempre me ha asombrado el papel de Papageno, el protagonista de la ópera especial de Mozart, La Flauta Mágica, por su profesión: “encantador de pájaros” y su simbología tan cercana a la vida, frente a la muerte, tan propicia para la Reina de la Noche. Todavía recuerdo de mi viaje a Viena en 2007 la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados, sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini (pajarracos o pajarillos), protagonistas de la excelente película del mismo nombre, dirigida por Pier Paolo Pasolini- se estaba refiriendo en su larga andanza. Lo contemplé durante bastantes minutos y cerrando los ojos imaginé el día del estreno de su maravillosa ópera, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de su fallecimiento, dirigiéndola en un teatro muy sencillo, de un barrio alejado del Anillo Real y de la Iglesia Oficial de Viena.

Fue una oportunidad de volver a escuchar pasajes inolvidables de La flauta mágica y otras partituras emblemáticas de Mozart, en busca de una Papagena deseada y querida. Me ha maravillado siempre el fondo y forma de esta ópera y la dialéctica que muestra enfrentando al encantador de pájaros, Papageno, junto a su jaula y carillón alegre, con la Reina de la Noche. Representa de forma magistral la vida misma, donde deseamos que el amor triunfe siempre frente al mal humano. Indudablemente, ya había marcado Mozart, caracterizado de Papageno en el siglo XVIII, una nueva forma de entender la vida y la muerte cortesana y popular, en una dialéctica claramente diferenciada a favor de los más humildes, de la sencillez posible en todos los actos trascendentales de la existencia humana. Representaba la otra orilla de la vida, en su particular teatro de barrio, diseñada casi siempre por la forma de existir en el mundo desde la visión regia o eclesiástica y con escasa sensibilidad democrática.

No olvido hoy el dueto de Papageno y su querida Papagena, en una composición musical extraordinaria de Mozart, La flauta mágica, en el que expresan con un libreto atrevido para la época, su amor verdadero. Sigue siendo mi amigo.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Es mentira / que sólo con el pensamiento / se camina

A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Federico García Lorca, en la presentación oficial en 1922, en Granada, del l Concurso de Cante Jondo.

Sevilla, 1/II/2026 – 08:46 h UTC (CET+1)

Soy escuchaor de lo que canta mi tierra de cuna, como tantas veces he expuesto en este cuaderno digital, porque en Andalucía ha tenido siempre un sentido muy especial la palabra “escuchaor”, vinculada al flamenco, al cante, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1).

Ayer, leyendo un libro que ya he comentado en estas páginas de búsqueda de islas desconocidas, Cuadernística, leí una anotación sobre la letra de una sevillana, cantada por Paco Toronjo (1928-1978), que decía así:

Pero es mentira
Que con el pensamiento
Pero es mentira
Que con el pensamiento
No se camina

Al ser sólo unos versos sueltos, he consultado la sevillana completa, Y siguen en el pensamiento, en la que la primera serie dice lo siguiente:

Se caminara, se caminara

Se caminara
Si con el pensamiento
Si con el pensamiento
Se caminara

Se caminara
Cuantas veces al día
Cuantas veces al día
Contigo hablara

Pero es mentira
Que con el pensamiento
Que con el pensamiento
No se camina

Es una verdad incontestable el mensaje de esta sevillana-seguidilla histórica cantada por Paco Toronjo, el adalid del fandango en nuestro país. El pensamiento necesita caminar junto al sentimiento y esta dialéctica la resolvió perfectamente Pascal cuando afirmó que hay dos razones para vivir dignamente, la razón de la razón y la del corazón, hasta tal punto que a veces el corazón nos lleva a actuar con razones que la razón del pensamiento desconoce. Esta dialéctica me enseñó a resolverla Rafael Alberti en mis años jóvenes, a través de un poema inolvidable: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O lo que es lo mismo escuchando hoy a Paco Toronjo, como escuchaor andaluz, porque caminar en la vida sin sentimiento, no es nada / sólo caminar…

Hoy comparto esta reflexión con la Noosfera en un mundo al revés, viendo lo que estamos viendo y escuchando a diario, con tanto sufrimiento humano por decisiones políticas indecentes, cuando lo que sólo hacemos es camino al andar con sentimiento y cercanía con los demás, a los que queremos y respetamos, sobre todo con los que menos tienen. Por eso, sigo atento a las palabras de García Lorca que encabezan hoy este artículo, porque me he emocionado con la copla lejana que viene por el camino, porque la paloma blanca del amor ha picado en mi corazón maduro, porque amo la tradición de mi tierra engarzada con el porvenir, porque estudio en los libros como el que ara la tierra, porque no dejo morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de mi querida Andalucía.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Manuel Rivas me descubrió la fragilidad cinematográfica de Oliver Laxe, director de ‘Sirāt’

Sevilla, 26/I/2026 – 16:39 h UTC (CET+1)

En estos días aciagos para el país, han pasado sin pena ni gloria las dos nominaciones de la película Sirāt a los Óscar 2026, dirigida por Oliver Laxe, como mejor película internacional y mejor sonido, tras el tradicional anuncio de la Academia de Hollywood. La trayectoria cinematográfica de Laxe la descubrí en 2019, a través del escritor Manuel Rivas. En ese tempo vital, conocerlo me devolvió la ilusión por romper silencios, al leer una columna suya de cuyo título quiero acordarme hoy: Toda la fragilidad del mundo, dedicada a este director gallego nacido en París (1982), que sigue haciendo cine de compromiso activo, que tanto aprecio: “Escribo sobre fragilidad después de conversar con Oliver Laxe. Él me habló de “cine frágil”. Y la palabra no se me va de la cabeza. La fragilidad de lo que surge fuera de un previsible canon comercial. Del cine indómito, no clonado, también en peligro de extinción. Pero “frágil” tiene un doble sentido. Un cine que quiere ser arte y no se sonroja al decirlo, no para idolatrar al “arte”, sino como “tabla de salvación”, como una “isla de lo sagrado”. Y lo consigue. Sus películas parecen filmadas en vidrio. Frágiles y duras. El vidrio solo se puede cortar bien con la punta del diamante. Sus personajes son también frágiles, muy humanos, pero con un nimbo que trasciende, con “un no sé qué de eterno”, que decía Van Gogh. Humildes y sublimes. Lo eran en Todos vós sodes capitáns (2010) y Mimosas (2016), premiadas en el Festival de Cannes, y lo son en especial en O que arde, la película que se estrena en España en estas fechas”. Podría agregar hoy Sirāt (2025), de la que tanto se habla hoy, mucho más desde las candidaturas citadas de los Óscar 2026, cuya sinopsis presentada en 2025 ayuda a comprender hoy su alcance: “El título de la catarsis colectiva con la que España se postula este año que viene a los Oscar corresponde al de una palabra en el Corán que hace referencia a un estrecho puente entre el paraíso y el infierno. Sirat invoca, por tanto, la senda que un padre transita en un viaje por el desierto junto a su hijo para buscar a su primogénita, desaparecida en una rave en Marruecos. Pero también la experiencia sensorial que experimenta la audiencia en la liturgia de la sala a oscuras. Humanista, introspectiva, hipnótica, política, cruda y salvaje, esta road movie coronada en Cannes con el Premio del Jurado recurre a un granuloso 16 milímetros para retratar la aridez de esta travesía por el duelo y a una banda sonora de música tecno para inducir el trance”.

Sigo pensando que todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos, se “derrumba”, mientras que algunos seguimos soñando con un mundo mejor para todos (Casablanca, dixit, ya que hablamos de cine). Y sé que este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina”, que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas. Lo dice Rivas de forma magistral: “Lo duro es constatar tanto espacio de fragilidad. La fragilidad en que vive gran parte de la infancia, con hambre y enfermedades de la edad de la peste. La fragilidad de tantas personas que viven al día. La fragilidad de los que tienen que alquilar su trabajo por horas y a un precio irrisorio, digamos un dólar por hora, sean las manos en talleres sórdidos o el cerebro para los gigantes tecnológicos. La fragilidad máxima de los inmigrantes y refugiados en ruta, en pateras por mar o siguiendo los osarios que jalonan los desiertos. La fragilidad de las periodistas que apuestan la cabeza por contar la verdad en la geografía del miedo, donde gobierna el neofeudalismo y la economía criminal”.

La palabra “fragilidad” es ambigua en el diccionario de la Real Academia Española, tomada como “cualidad de frágil”, entendiendo frágil en sus cuatro acepciones, siempre como adjetivos: “1. Quebradizo, y que con facilidad se hace pedazos; 2. Débil, que puede deteriorarse con facilidad. Tiene una salud frágil; 3. Dicho de una persona: Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad; 4. Caduco y perecedero. Tiene una historia, como palabra, muy vinculada a la moral más estricta y caduca que podamos pensar, como lo atestigua su primera aparición en el Diccionario de Autoridades en 1732: “En lo moral se toma por la propensión que la naturaleza humana tiene en caer en lo malo”. Sin comentarios.

Todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos. Y este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina” que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas.

DEDICATORIA MANUEL RIVAS
Dedicatoria personal de Manuel Rivas, en su obra ¿Qué me quieres, amor?

Vuelvo a la lectura de libros útiles, que me reconforta en medio de tanta fragilidad. Abro, no por casualidad, las primeras páginas de un libro de Manuel Rivas que tengo como de cabecera, ¿Qué me quieres amor? y me recreo viendo y leyendo de nuevo su dedicatoria, en una visita a Sevilla en 2016, con una propuesta deslumbrante para tiempos frágiles: puso título a un libro que tengo que escribir sin falta, Por el derecho a soñar, que no olvido a pesar de la fragilidad que me rodea y que, a veces, me destroza el alma. Es la fragilidad artística que muestra Oliver Laxe en Sirāt, oscarizada ya in pectore, haciendo honor a su título, porque la vida es sólo un camino, un largo puente hacia la mejor vida en vida o hacia la eternidad soñada.

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