Riccardo Muti nos mostrará en el Concierto de Año Nuevo la música transgresora de Johann Strauss II

Riccardo Muti

La ignorancia de la música es la ignorancia de las propias raíces y sin raíces la planta muere.

Riccardo Muti

Sevilla, 31/XII/2024

Mañana nos sorprenderá el maestro Riccardo Muti, en la Sala Dorada del Musikverein (Casa de la Música) de Viena, con un concierto de Año Nuevo preparado como homenaje a Johann Strauss II (hijo), al celebrarse el 200 aniversario de su nacimiento.

Es la séptima vez que el famoso director italiano, napolitano por más señas, es invitado por la Orquesta Filarmónica de Viena, a dirigir este concierto tan prestigioso. En este cuaderno digital figuran unas palabras de reconocimiento a su trayectoria profesional con motivo de la participación en el concierto del año nuevo, en 2020, con una característica especial, la celebración a puerta cerrada, sin público, a consecuencia de las medidas restrictivas por la COVID-19. En aquella ocasión destaqué de él un aspecto vital que escribió en su autobiografía, Primero la música, después las palabras, cuando afirmó que quizás ese título (no suyo, sino de Giovanni Battista Casti) se podría interpretar como una contradicción, pero a lo largo de su vida la palabra escrita e interpretada por la partitura ha tenido un lugar especial, sobre todo en las representaciones teatrales de las óperas, donde la palabra de los libretos suelen ir siempre más allá a través de la música que las interpreta. También, porque en su autobiografía sólo quería encerrarse y reflexionar sobre su vida, sobre sí mismo y dar la importancia que en sí misma tiene la palabra para un músico como él.

En esta ocasión, el maestro Muti va a ensalzar la figura transgresora de Johann Strauss, hijo (1825-1899), violinista extraordinario, al introducir en los círculos clásicos de Viena una composición musical revolucionaria, el vals, que rompió todos los esquemas de una sociedad burguesa, mediatizada por la separación de géneros incluso en el baile, donde el contacto físico se convirtió en una representación necesaria para que esta forma de interpretar sus partituras adquiriera todo su esplendor.

Johann Strauss, hijo (1825-1899)

Una muestra clara del largo camino de aceptación profesional y social de la música excelsa y rompedora de Johann Strauss (hijo) en Viena y, obviamente, por parte de la Filarmónica, lo explican con detalle en la página oficial de la Orquesta: “El primer encuentro entre Johann Strauss, Jr. y los músicos de la Filarmónica de Viena fue un estreno. Strauss había compuesto el vals «Wiener Blut» [Sangre vienesa], op. 354, para el Baile de la Ópera de Viena, que se celebró en la sala principal del Musikverein el 22 de abril de 1873, y dirigió personalmente su primera representación en este evento, como era su costumbre, con violín en mano. Su siguiente encuentro tuvo lugar el 4 de noviembre de 1873, cuando Strauss interpretó obras de su padre y Josef Lanner, así como su propio vals «Danubio Azul» como parte de un concierto de gala presentado por el comité chino de la Exposición Mundial. El 11 de diciembre de 1877 tuvo lugar una «velada» en la Ópera de la Corte, en la que Strauss dirigió la orquesta en el estreno de sus «Reminiscencias de la vieja y la nueva Viena», un popurrí basado en temas de sus propias obras, así como de las de su padre, cuyo manuscrito se ha perdido desde entonces. El 14 de octubre de 1894, la Filarmónica participó en un concierto en el festival para conmemorar el 50 aniversario de Strauss en el negocio de la música, y el maestro expresó su gratitud con la presentación de una medalla conmemorativa y un telegrama en el que decía: «Mientras tanto, envío mi más caluroso agradecimiento a los grandes músicos de la famosa Filarmónica por su magistral interpretación y también por la demostración de su buena voluntad que me ha traído mucho placer: Johann Strauss». El encuentro final tuvo consecuencias trágicas. El 22 de mayo de 1899, Strauss dirigió la obertura de «Die Fledermaus» [El murciélago] por primera y única vez en la Ópera de la Corte. En ese momento, contrajo un resfriado que se convirtió en neumonía, de la que murió el 3 de junio de 1899”.

La trayectoria musical de Riccardo Muti se puede conocer con detalle en su página oficial, donde describe su marcha iniciática a Milán desde su Nápoles natal, donde empezó a consagrarse como un excelente director de orquesta, hasta nuestros días, en los que dirige oficialmente la Orquesta Sinfónica de Chicago. Desde 2015 está volcado en la formación de jóvenes músicos a través del Proyecto Riccardo Muti Italian Opera Academy.

No olvido tampoco lo que Strauss supuso para Federico García Lorca, cuando incluyó en Poeta en Nueva York el poema Pequeño vals vienés, al que Leonard Cohen puso su característica cadencia musical que contribuyó a popularizar con su canción Take this Waltz, tan próxima también a una época en nuestro país través de versiones inolvidables de Ana Belén, Silvia Pérez Cruz o Enrique Morente.

Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del «Te quiero siempre».
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.

Federico García Lorca, Pequeño vals vienés (1929-1930)

El Concierto, que comenzará a las 11:15 horas (UTC+1), se desarrollará con el espíritu interpretativo de la Filarmónica de Viena, respetando el lema que figura como representación de la misma, Tradición e Historia:

Johann Strauss I.

Freiheits-Marsch (Marcha de la libertad), op. 226

Josep Strauss

Dorfschwalben aus Österreich (Golondrinas del pueblo austriaco) – Walzer (Vals), op. 164

Johann Strauss II.

Demolirer-Polka. Polka francaise (Polca francesa de los demoledores), op. 269

Johann Strauss II.

Lagunera-Walzer (Vals de la laguna), op. 411

Eduard Strauss

Luftig und duftig (Aireado y fragante) Polka schnell (Polca rápida), op. 206

Johann Strauss II.

Ouvertüre zur Operette «Der Zigeunerbaron» (Obertura de la opereta “El barón gitano”).

Johann Strauss II.

Accelerationen (Aceleraciones) Walzer (Vals) op. 234

Josep Hellmesberger (Hijo)

Fidele Brüder. Marsch aus der Operette «Das Veilchenmädchen» (Hermanos Fidele. Marcha de la opereta «La Niña Violeta»)

Constanza Geiger

Ferdinandus (Fernando) Walzer (Vals), op. 10 [Arr. W. Dörner]

Johann Strauss II.

Entweder – oder! (¡O bien!) – Polka schnell (Polca rápida), op. 403

Josep Strauss

Transactionen (Transacciones) Walzer (Vals), op. 184

Johann Strauss II.

Annen-Polka (Ana – polca), op. 117

Johann Strauss II.

Tritsch-Tratsch (Cotilleo), Polka schnell (Polca rápida), op. 214

Johann Strauss II.

Wein, Weib und Gesang (Vino, mujeres y canciones) Walzer (Vals), op. 333

Una vez más y a través de este Concierto de Año Nuevo, tendremos la oportunidad de experimentar en nuestra vida el gran aserto musical del barroco y del clasicismo: musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor. Ahora, de la mano de Riccardo Muti, interpretando junto a la Filarmónica de Viena, la música transgresora de Johann Strauss. Para que no la olvidemos, en los momentos actuales de turbación y mudanza en los que, a nivel mundial y local, estamos inmersos.

NOTA: la imagen de Riccardo Muti se ha recuperado hoy de la página oficial del Concierto de Año Nuevo 2025.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Los estela de los santos inocentes, los de Delibes, los de hoy y siempre

Sevilla, 29/XII/2024

La memoria democrática de este país se puede explicar de muchas formas. Algunas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Miguel Delibes (1920-2010), a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Camus, fallecido en 2021, nos entregó un día ya lejano este regalo cinematográfico, en el que él sabía lo que nos daba pero no lo que en verdad recibíamos, un fragmento de nuestra memoria histórica y democrática, con el tiempo dentro. Aprendí también a conocer nuestro triste pasado como país, gracias a la novela homónima de Miguel Delibes y a su versión llevada al cine de la mano magistral de Mario Camus.

Lo que no recordará casi nadie es que en la banda sonora de la película está presente una persona anónima para la cinematografía de este país, Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que nunca vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones (Cantabria) y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Ayer, día de los santos inocentes, volví a recordar la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario navideño muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

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¡Paz y Libertad!

Hoy tengo un sentimiento especial al entrar el invierno

Amaia, Tengo un pensamiento – La Revuelta / RTVE

Sevilla, 21/XII/2024 – 10:00 (UTC+1)

Hoy llega el solsticio de invierno en nuestro país, a las 10:20:30, según datos oficiales del Observatorio Astronómico Nacional, fenómeno que indica el final del otoño y el comienzo oficial del invierno en el hemisferio norte, así como la llegada de la noche más larga del año. En esta transición estacional, que también puede ser emocional, y tan sólo unas horas antes de que ocurra, he recibido un mensaje precioso de la cantora Amaia (Pamplona, 1999), a través de su última composición, Tengo un pensamiento, en el programa revelación de este año en la televisión pública, La Revuelta, en su segunda época, con una presentación espectacular a través de un plano secuencia rodado como broche final del programa este año, aportando un camino esperanzador para la juventud de este país, porque a la hora que escribo estas líneas ha superado ya más de seis millones de visitas en «X», una red de comunicación digital contaminada socialmente por bulos y violencia verbal de forma preocupante.

Me alegra constatar este fenómeno televisivo, porque en un país tan dual y cainita, en el que estamos viviendo el ocaso paulatino de la democracia por las conductas políticas de gobernantes de derechas y su más allá, también con errores de la izquierda, los jóvenes pueden y deben tomar el testigo de la regeneración democrática del país, a través de mensajes como el de Amaia, que los consideran propios.

Tengo un pensamiento
Que no me deja sola
A veces no siento que está ahí
Pero me acompaña a dormir
Y cuando me despierto
Suelo analizarlo
Aunque no sea bueno, qué decir
Siempre formará parte de mí

Tengo un sentimiento
Que no me deja sola
Pero desde que te conocí
Y me dejaste entrar en el jardín
De todo tu cerebro
Este pensamiento
Se hizo muy pequeño y explotó
Y se transformó en toda esta canción

Y hoy siento que está pasando
El día en que me doy cuenta
De que me apetece estar toda la vida
Contigo y quiero hasta gritarlo
Y no, no quiero dártelo todo
Y así te sigan sobrando las ganas
Y nunca te canses de estar conmigo

Ahora que te tengo
Sé lo que es el miedo
Pensando en que algún día acabará
Todo este nuevo mundo que me das
Pero no es el momento
De pensar en esto
Porque te dedico esta canción
Y quiero que sea grande y que hable de algo mejor

Y hoy siento que está pasando
El día en que me doy cuenta
De que me apetece estar toda la vida
Contigo y quiero hasta gritarlo
Y no, no quiero dártelo todo
Y así te sigan sobrando las ganas
Y nunca te canses de estar conmigo

La letra ahonda en el binomio pensamiento/sentimiento que, en mis años jóvenes, resolví leyendo a Rafael Alberti: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso.

Este es el pensamiento y el sentimiento que tengo hoy al entrar el invierno. Gracias a Amaia y al programa de la televisión pública de este país, La Revuelta, por hacernos llegar estos mensajes de esperanza, que nos permiten avanzar en la transformación social para construir con el esfuerzo de los jóvenes, también de todos y todas, un país mejor.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Navidad, tiempo de recuerdos

Me acuerdo de esas veces en que no
sabes si estás muy feliz o muy triste.

Joe Brainard (1942-1994), Me acuerdo

Sevilla, 20/XII/2024

En tiempo de navidad buscamos muchas veces refugiarnos paradójicamente en los mejores recuerdos, utilizando la memoria como el mejor recurso/escudo humano en el cerebro. Es una época del año propicia para los recuerdos de familiares y amigos, ausentes y presentes, así como de situaciones que desde mi niñez rediviva siempre se procuraba que tuvieran un halo de felicidad, aunque no fuera real, como ocurre en la vida misma. 

En este contexto anímico, he recurrido una vez más a lo que me ofrece mi clínica del alma, mi biblioteca, como bálsamo para estos tiempos revueltos. He vuelto a abrir el libro de Joe Brainard, Me acuerdo (1), porque con sus “me acuerdo…” comprendo mejor el porqué de la soledad sonora de muchas personas a la hora de quedarse solas consigo mismas, más en su caso histórico al tener que demostrar al mundo que su soledad gay lo podía conducir a la muerte por sida, como fue su caso. Conjugar el verbo acordarse sería un ejercicio práctico para compartir experiencias necesarias en la vida. Porque por mucho que nos esforcemos en olvidar, el hipocampo cerebral particular nos recuerda que todavía están allí millones de grabaciones neuronales para cuando las queramos rescatar de la filmoteca existencial. Con la dificultad añadida de que muchas veces, estos recuerdos “nos vienen” a borbotones, sin control posible. El libro de Brainard se presentó en sociedad en 2009 como “inclasificable” y “obra excepcional” y Paul Aster llegó a decir de él que “era tan polifacético que él mismo parecía uno de sus propios collages. Más conocido como artista que como escritor, su inclasificable libro Me acuerdo se consideró una obra excepcional desde su irrupción en 1970 en el panorama literario de Estados Unidos. Su impacto fue tal que, años después, Georges Perec escribió su Je me souviens bajo el modelo de Brainard, y se lo dedicó a éste. La fórmula es tan simple que escritores como Ron Padgett, poeta y gran amigo de Brainard, se preguntaron: «¿Por qué no se nos habrá ocurrido a nosotros una idea tan elemental?». Su original forma, basada en una repetición casi de mantra, recoge más de mil evocaciones que empiezan con las palabras «Me acuerdo». Se trata de frases, en su mayoría breves, que activan un resorte en la mente al rescatar imágenes con las que han crecido varias generaciones de todo el mundo. Una entrañable mirada a lo más íntimo de la vida de Brainard y un retrato de la cultura y del imaginario popular del Estados Unidos de los cuarenta y los cincuenta. Me acuerdo es una obra maestra. Los libros supuestamente más importantes de nuestro tiempo serán olvidados uno tras otro, pero la pequeña y modesta joya de Joe Brainard perdurará. Con frases sencillas y contundentes, traza el mapa del alma humana y altera de forma permanente la manera en que miramos el mundo. Me acuerdo es a la vez increíblemente divertido y profundamente conmovedor. Además, es uno de los pocos libros completamente originales que he leído”.

La memoria, que nos devuelve respuestas a los “me acuerdo…”, es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno, no “del Señor”, sobre todo cuando establecemos una relación humana a lo largo de la vida, ya sea familiar, de amistad o profesional y planteamos el siguiente dilema ante un recuerdo especial: Yo me acuerdo..., ¿y tú? Siempre esperamos que la respuesta sea algo más que el silencio o el olvido.

Guillermo Altares dijo en cierta ocasión en torno al libro de Brainard, que “algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado”.

Mientras que ordeno mis “me acuerdo…”, escucho la melodía principal de un me acuerdo… especial, Amarcord (yo me acuerdo), en un dialecto muy querido por Fellini de su tierra natal, Rímini, para que no olvidemos nunca la verdadera memoria histórica de nuestras vidas. Sobre todo, la que nos reconforta y nos ayuda a no mantener silencios cómplices, con nosotros mismos y con los demás, intentado recuperar en nuestra vida personas y momentos que nos devuelven el sentido de nuestra vida, la obstinación de ser legítimamente felices y pretender que los demás también lo sean a través de los mejores recuerdos. Sin que, necesariamente, tenga que ser en el tiempo de Navidad.

Melodía principal de Amarcord (Fellini) / Nino Rota

(1) Brainard, Joe, Me acuerdo, 2009. Madrid: Sexto piso.

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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sigo añorando el centro de gravedad permanente que buscaba Franco Battiato

Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente.

Franco Battiato, Centro de gravedad permanente

Sevilla, 18/XII/2024

Este cuaderno digital me permite casi a diario convertir mis necesidades anímicas en palabras. Ante el mundo al revés en el que estamos viviendo ya de forma apresurada, día a día, teledirigido por el Gran Mercado Mundial, busco en mi singladura diaria islas desconocidas que me obliguen a salir de mí, lección magistral aprendida de la mujer zurcidora que citaba José Saramago en su cuento de la isla desconocida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…” . Hoy, en una singladura especial como nómada de la vida, he encontrado una columna periodística en el diario El País, Una tarde, una canción, que me ha emocionado leerla, porque me siento plenamente identificado con su contenido, ensalzando una canción emblemática de Franco Battiato, Centro de gravedad permanente, que forma parte de la banda sonora de mi vida, tal y como lo he escrito en alguna ocasión en este cuaderno digital.

La última vez que escribí palabras de elogio para Battiato fue con ocasión de su fallecimiento en 2021. Sentí aquél día un estremecimiento interior porque su música y, sobre todo, sus letras, siempre me han inspirado otra forma de entender la vida, haciendo camino al andar: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Aprendí hace ya muchos años, junto a la escritora india Anita Nair (Las nueve caras del corazón, 2006), que la alondra encrestada, la vanampaadi, permite convertir las necesidades en palabras. Al fin y al cabo, amor a lo desconocido, como una de las caras del amor en la primera expresión del kathakali, representación teatral a la que se incorporan danzas indias que tuve el honor de conocer por primera vez de la mano de Franco Battiato (Quiero verte danzar, 1982), cantor que conocí cuando vivía en Roma en el año 1976 y que es un prodigio en la escenificación de historias de vida a través de sus canciones. Después, en 1982, volví a conectar con él a través de un disco emblemático, La voz de su amo, en la que cantaba su famoso “Centro de gravedad permanente”, que he cantado junto a mi hijo Marcos cuando era muy pequeño, deletreando un estribillo que nunca he olvidado: Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente. Lo sigo buscando todavía hoy, en un tiempo convulso y complejo.

Es curioso constatar que la NASA recoge en sus páginas web una referencia al asteroide que lleva su apellidoBattiato, descubierto en 1979, con una reseña que hoy es una premonición: “Franco Battiato (b. 1945), artista siciliano poliédrico, es miembro honorario de la Asociación Astrofili Ionico-Etnei. Convierte sus sentimientos en música, pintura y cine. A través del telescopio observa el Universo, obteniendo inspiración para sus canciones”. Es verdad, porque hoy, más que nunca, sigue dándonos sentido a la vida terrenal desde su cielo particular.

En un libro de Nuccio Ordine muy apreciado por mí, Clásicos para la vida, hay una referencia a una obra para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier momento de la vida: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia representa hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna. Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, quizás para que no cambiemos, para que estemos siempre muy atentos a la música, para que seamos firmes en mantener criterios y valores sobre la dignidad de la vida, de las cosas de la pandemia, de la gente…, defendiendo hoy desde su cielo particular el anhelado centro de gravedad permanente que necesitamos todos, ahora más que nunca y sin dejar a nadie atrás.

Gracias, Franco Battiato. Sigo atendiendo tu música.

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¡Paz y Libertad!

Mozart nos permite soñar despiertos en Navidad

MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

Sevilla, 22/XII/2024

Dedicado una vez más a mis nietos, para hacer posibles sus sueños, porque necesito seguir aprendiendo de ellos su forma de soñar despiertos.

La navidad actual de mercado, que vengo denunciando en este cuaderno digital desde hace años, tan lejos de su esencia histórica, es la que Gabriel García Márquez describía en un artículo extraordinario publicado en el diario El Pais, en 1980, como un tiempo en el que por la irrupción del poder del mercado lo que se celebra realmente es “[…] la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones” y donde es probable que los niños del mundo, por la presencia omnímoda de Papá Noel, pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”. Por este motivo, entrego de nuevo estas palabras a modo de regalo diferente, con estela, lejos de la mercadería navideña, a quien quiera escuchar su mensaje de fondo.

En este mundo al revés, la música puede ser  compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), tal y como aparece en la tapa de mi clave, una frase que desde la edad media conmueve al alma humana que se aproxima a la música. Es por ello por lo que creo, de nuevo, que podría ser una oportunidad en estos días próximos, navideños por decreto, para conocer a Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes, andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a «frecuentar el futuro» más optimista, como pesimistas bien informados, siguiendo de cerca al Señor Pereira, de Tabucchi (Sostiene Pereira) y el haiku 123 de Benedetti (Rincón de Haikus), por supuesto.

Confieso de nuevo una debilidad que tuve a la hora de componer esta lista de obras, playlist en términos actuales, que tiene una intrahistoria especial de amor a mis nietos, a sus sueños. Elegí movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués, que siempre llevaba dentro su alma de niño. De ahí la portada del disco que preside estas líneas. Junto al Concentus Musicus Wien, Harnoncourt nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por él para no alterar la esencia de las partituras, analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Incorporo también una breve descripción del año y motivo de su composición para contextualizar cada obra en el mundo interior de Mozart. En este año, hago una llamada de atención especial en la composición que figura en 4º lugar, el Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el “Grammy” de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Escucharlo es un homenaje y reconocimiento a Lucas Macías, a quien admiro, por su nombramiento como nuevo director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, a partir de septiembre de 2025.

Espero que disfruten con esta música de sueños en tiempos tan convulsos como los actuales y les confieso otra debilidad personal: escuchar con cierto recogimiento el Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

PLAYLIST: MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

  1. Andante de la Sinfonía número 1, en Si bemol mayor, KV 16: https://youtu.be/NrLnuYvoiy8, que Mozart escribió en su viaje iniciático a Londres, junto a su padre, cuando sólo tenía 8 años (Ver El niño Mozart, artículo de mi blog).  
  2. Andante de la Sinfonía número 25, en Sol menor, KV 183, compuesta con 17 años y bajo la influencia de Haydn, utilizando en esta ocasión cuerdas con sordina: https://youtu.be/eDfEmlLCjdw, dirigida por Harnoncourt e interpretada por la Orquesta Concentus Musicus Wien. Es una obra muy querida por Harnoncourt y que cita de forma continua en sus conversaciones y obras musicales.
  3. Andantino del Concierto para flauta y arpa, KV 299 – 2nd mov., dirigiendo Harnoncourt al Concentus Musicus Wien.Esta obra fue escrita en París, en 1778, cuando Mozart contaba con 22 años. Fue un encargo del Duque de Guines, embajador de Francia en Inglaterra, que nunca pagó al compositor.
  4. Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el Grammy de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Este Concierto fue muy controvertido porque hay disparidad de opiniones musicales sobre su origen, dado que Mozart lo compuso, también con 22 años, para oboe y no para flauta como en un principio se creyó, dada la aversión a este instrumento.
  5. Adagio de la Sonata para piano número 12, en Fa mayor, KV 332, conocida como La Parisina número 4, por haberse escrito durante su estancia en París cuando tenía 22 años y en una etapa muy prolífica en su vida: https://youtu.be/Im_JIgP3fJg, interpretada por la excelente pianista Maria João Pires.
  6. Andante de la Sinfonía Concertante in Mi mayor, KV 364, compuesta en 1779 en Salzburgo, de vuelta de su viaje a París, con 23 años: https://youtu.be/5VsO9Ce-7_I, interpretada por el que considero el mejor violinista de los últimos treinta años: Itzhak Perlman, junto a Pinchas Zukerman, con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. Es maravilloso en este género Concertante, el diálogo que se establece entre los dos violines y la orquesta.
  7. Andante de la Sonata para 2 Pianos in Re mayor, KV 448, compuesta en Viena en 1781, con 25 años: https://youtu.be/ksUywh3vIgI interpretado por Martha Argerich y Alexandre Rabinovitch. En su estreno, Mozart la tocó junto a Josepha Auerhammer, el 23 de noviembre de 1781.
  8. Andante del Concierto para piano y orquesta, número 21, en Do mayor, KV 467: https://youtu.be/df-eLzao63I, interpretado por la pianista Alicia de Larrocha, junto a la Orquesta Inglesa de Cámara y dirigido por Sir Colin Davis. Esta obra la finalizó Mozart en Viena, el 9 de marzo de 1785, cuando tenía 29 años. Fue una obra exaltada por Albert Einstein en su riguroso estudio sobre Mozart.
  9. Adagio del Concierto para piano, número 23, KV 488: https://youtu.be/vne1E6VH23s, interpretado al piano por Mitsuko Uchida, bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt. Este concierto fue presentado por el autor en Viena, el 7 de abril de 1786, interpretado también por él en una Academia de Cuaresma de ese año, cuando tenía 30 años, con un éxito arrollador.
  10. Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

– Guía de audición completa del Concierto (sobre todo, atención al Adagio)

K.622 0:00 – Allegro 0:27 – Adagio 12:58 – Rondo (Allegro) 20:07

– Ver: https://joseantoniocobena.com/2019/06/15/memorias-de-mozart/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La vida no es como en las películas, es algo mucho más difícil

Salvatore (Marco Leonardi) y Elena (Agnese Nano), en Cinema Paradiso

Sevilla, 1/XII/2024

Tres años después, he entrado de nuevo en mi filmoteca particular, eligiendo para esta ocasión “Cinema Paradiso”, que siempre me conturba y conmueve, recordando hoy que cuando era muy niño me asomaba al balcón de mi casa en Sevilla y escuchaba voces y música del cercano Cine Ideal, mi Cinema Paradiso particular, imaginándome escenas imaginarias de un niño imaginario.

Por este motivo, vuelvo a publicar hoy las reflexiones que hice en 2021 sobre la quintaesencia de esta maravillosa película, entregándolas a la malla pensante de la humanidad, a la que Teilhard de Chardin llamaba la “Noosfera”. Lo hago como acto responsable para seguir defendiendo la existencia de la vida, porque es bella, así como el compromiso vital que como ciudadanos políticos, en su sentido primigenio, se nos pide a cada uno, cada una para hacerla más amable cada día, convencido de que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil, aunque a veces, como en “Cinema Paradiso”, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

La vida no es como en las películas, es mucho más difícil

Sevilla, 6/IX/2021

He visto de nuevo Cinema Paradiso, con un sentimiento de necesidad sobre la búsqueda de la terca realidad del amor en la vida de cada uno, viviendo muchas veces como personas ciegas al color de la vida, entendiendo que “la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil”, tal y como lo aprendí de Alfredo, un protagonista inolvidable de esta película grabada en mi filmoteca de secreto. Esa fue la razón del corazón para verla de nuevo, aunque la de la razón era también muy clara: escuchar atentamente los diálogos de la película, sus frases inolvidables que me permitieran entender bien su hilo conductor. Recordaba de visionados anteriores unas palabras de Alfredo, el proyeccionista que hablaba muchas veces a solas con Greta Garbo y Tyrone Power, “como un bobo”, en su querida cabina del Paradiso, dirigidas con profundo amor a Salvatore (Totó), su entrañable amigo: «Cada uno de nosotros debe seguir su estrella. Márchate. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien querías encontrar. Debes ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible. Ahora estás más ciego que yo (…) Márchate. Regresa a Roma. Eres joven, el mundo es tuyo. Yo ya soy viejo. No quiero oírte más ni quiero oír hablar de ti».

Su vida se vería alterada por el romance de juventud con Elena, la hija del banquero de Giancaldo (Sicilia). Salvatore seguía dando vueltas al enigma que un día, paseando su amistad con Alfredo, le planteó desde su ceguera:

– Te contaré una historia. Sólo para ti, Totó. Sentémonos un momento. Hubo una vez un rey que dio una fiesta. Las más hermosas princesas asistieron. Un soldado de la guardia real vio pasar a la hija de rey. Era la más bella de todas, e inmediatamente el soldado se enamoró. Pero, ¿qué era un simple soldado al lado de la hija de un rey? Un día el soldado se las arregló para verla y le dijo que ya no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impactada por la profundidad de sus sentimientos que le dijo: “Si puedes esperar por cien días y cien noches bajo mi balcón yo seré tuya”. Dicho esto, el soldado salió y esperó un día, dos… luego diez, veinte. Cada noche la princesa lo buscaba y allí estaba él, sin moverse. Siempre allí, lloviera o relampagueara. Los pájaros se le cagaban encima, las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía. Después de 90 noches, estaba tremendamente delgado, pálido. Al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos. Ya no podía contenerlas. No le quedaban ni fuerzas para dormir. Mientras, la princesa seguía observándole. Y, al llegar la noche noventa y nueve… el soldado se incorporó, cogió su silla, ¡y se largó de allí!…

– Totó: ¡No me digas! ¿Al final?

– Justo al final, Totó. No me preguntes qué significa, no lo sé. Si logras descifrarlo, me lo dices.

El microrrelato El mandarín y la cortesana, de Roland Barthes, que aparece en su obra Fragmentos de un discurso amoroso (2004), es una historia que recuerda las palabras de Alfredo pero en una síntesis perfecta: “Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. «Seré tuya», dijo ella, «cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana». Pero, en la nonagésimo novena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va”.

Creo que ambas reacciones aparentemente inexplicables las aborda José Saramago muy bien en su Cuento de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

He buscado siempre respuestas a los grandes interrogantes de la vida en mi persona de secreto y de todos, en mi atlas de islas desconocidas, que es -nada más y nada menos- que el álbum de las personas que no he conocido bien en la vida aunque hayan estado presuntamente muy cerca. También, las que por una razón u otra ocuparon mi corazón por diversos motivos: “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás”. Puertas que nos muestra Saramago a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda… Una gran mujer aislada hasta que desembarca en la isla de la persona que admira.

Vuelvo a escuchar frases de Alfredo y creo que descubro lo que significa salir de uno mismo para encontrar la vida y el amor que da sentido a cada día: “el progreso siempre llega tarde”, “elijo a mis amigos por su apariencia, a mis enemigos por su inteligencia. Eres demasiado inteligente para ser mi amigo”, “la vida no es como en las películas, es mucho más difícil”, “fuera de aquí, vuelve a Roma. Eres joven y el mundo es tuyo. Estoy viejo. No quiero seguir oyéndote hablar más. No vuelvas, no pienses en nosotros. No mires hacia atrás, no escribas, no cedas a la nostalgia, olvídanos. Pero si lo haces y regresas, no vengas a verme, no te dejaré entrar en mi casa, ¿lo entiendes?; tarde o temprano llega un momento en que estar callado y hablar es lo mismo; es mejor estar callado”. A Elena le da una clave existencial: “después del fuego del amor vienen cenizas, incluso el amor más grande con el tiempo se esfuma”; vuelve a dirigirse a Salvatore: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”.

Y me quedo con una frase final de Alfredo: “Ahora que he perdido la vista veo mejor”. Cerca de él, al oído, le explico cómo he entendido la parábola del soldado y la hija del rey o la del mandarín y la cortesana, y creo que le ha gustado. Yo también fui a Roma hace ya muchos años y volví a mi Giancaldo particular. Se lo comento también a Salvatore, cuando se seca las lágrimas al visionar la película con las escenas censuradas y que Alfredo había montado para él con tanto cariño. Mi película…, sigue guardada en mi caja de sueños con el convencimiento -a mi matusalénica edad- de que haga lo que haga tengo que amarlo por encima de todo, aunque sé que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil: una pertinaz espera.

NOTA: la música que encabeza estas palabras, es la melodía principal de la banda sonora original de la película “Cinema Paradiso”, compuesta por Ennio Morricone.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En memoria de Celeste Caeiro, símbolo de la revolución de los claveles en Portugal

Celeste Caeiro, junto a su nieta, en la celebración del 50 aniversario de la Revolución de los Claveles

Sevilla, 16/XI/2024 – 09:00 (UTC+1)

Ayer falleció en Leiría (Portugal) a los 91 años, Celeste Caeiro, Celeste de los Claveles, símbolo de la memoria democrática portuguesa, a la que se debe la intrahistoria en la denominación de “revolución de los claveles” en Portugal, el 25 de abril de 1974, junto a una canción que no olvido, Grándola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso, porque la transformación de aquella sociedad anquilosada e instalada en la dictadura fue verdadera y porque demostró que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones, aunando voluntades. Aquella canción sonó de una forma especial a a las 0.20 horas del día 25 de abril de 1974 en el programa radiofónico Limite,  como segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario en Portugal.

Celeste Caeiro, militante del Partido Comunista de su país, de madre española, “trabajaba en el ropero de un restaurante en el centro de Lisboa, el “Sifire”, cuando se produjo el levantamiento. Como ella misma explicó en una entrevista con EFE en 2014, los dueños del restaurante querían hacer una fiesta aquel 25 de abril de 1974 para celebrar el primer aniversario del establecimiento y habían comprado flores. Ese día cuando llegó al trabajo, se encontró con la puerta cerrada y el gerente les dijo a ella y al resto de empleados que no iban a abrir porque se estaba produciendo una revolución y que se llevaran las flores para que no se echasen a perder. Contra el consejo de sus jefes, Caeiro decidió no irse directamente a casa y enterarse de qué ocurría, no sin antes tomar bajo el brazo varios claveles rojos y blancos. Se fue en metro hasta la plaza del Rossio de Lisboa, justo al inicio del Largo do Carmo, donde los tanques de los sublevados aguardaban nuevas órdenes en una tensa espera desde la madrugada. “Miré para ellos y le dije a un soldado: ¿Qué es esto, qué están haciendo aquí? ‘Vamos para el Cuartel del Carmo, donde está Marcello Caetano, el presidente (heredero del régimen de Salazar)”, le respondieron, según la narración que Caeiro hizo a EFE. Eran cerca de las nueve de la mañana y el soldado, que ya llevaba unas horas de guardia, pidió a la mujer un cigarrillo. Como ella no fumaba, pero se sentía mal por no poder ayudar al militar, le ofreció uno de los claveles que llevaba consigo. “Cogí un clavel, el primero fue rojo, y él lo aceptó. Como soy así tan pequeñita y él estaba encima del tanque, tuvo que estirar el brazo, agarró el clavel y lo colocó en su fusil”, contó ella misma. Inmediatamente, el resto de soldados imitaron a su compañero y pidieron a la mujer uno de esos claveles, rojos y blancos, que llevaba bajo el brazo, hasta repartirlos todos”. Cuento lo anterior según lo publicó ayer elDiario.es, porque con pocas palabras resume perfectamente la intrahistoria del símbolo de la revolución portuguesa, conocida como “revolución de los claveles”.

Lo que de forma tan sencilla propició Celeste Caeiro, es un símbolo hoy para la democracia mundial, recordada cada 25 de abril, habiéndose cumplido este año el 50 aniversario de aquél gesto de una mujer del pueblo, a través de un clavel rojo y de su conciencia de clase dentro.

La revolución de los claveles, la del primer clavel rojo regalado por Celeste Caeiro a un soldado e introducido en el cañón de su fusil, de la que tuve noticia en mis años jóvenes, concretamente el 25 de abril de 1974, la asimilé junto al papel transcendental que jugó Jose Zeca Afonso, el cantor por excelencia de aquél levantamiento popular, porque debía hacerlo por su compromiso político. Me hice con su canción de forma un poco artesanal por imperativo del Régimen, pero Grándola, Vila Morena me ha acompañado siempre en mis revoluciones interiores, donde estuviera o viviese, que ha sido en muchos puntos cardinales del mundo. Desde entonces, la revolución del clavel rojo de Celeste, la canción de  Zeca, junto al célebre cartel del niño con el fusil, el clavel en la boca del arma y las manos anónimas militares sujetándola como símbolo de paz para todos, forman parte de mi persona de secreto, recordando hoy especialmente el día que compré en 1976, en Roma, aquél cartel muy cerca de Rafael Alberti, en la Librería Rinascita, en un edificio emblemático del Partido Comunista Italiano, el famoso PCI, en la planta baja de su sede central en el casco antiguo, donde hoy vive gente adinerada por la contradicción del comunismo, situado en la calle de las tiendas artesanales oscuras (delle botteghe oscure), que tantas veces paseé en busca de la libertad no vigilada por la conciencia insolidaria.

La letra de aquella canción, Grándola, Vila Morena, que vuelve a sonar hoy en mi memoria de hipocampo, puede ser un perfecto guion para entender bien su significado a través de algunas de sus estrofas: en cada esquina un amigo, en cada rostro igualdad, maravillosa letra para componer canciones para después de las guerras particulares; a la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad, junto a el pueblo es quien más ordena, tampoco lo olvido en pleno siglo XXI, cuando la democracia sufre en varios frentes de convivencia por el odio que algunos se empeñan en instalar en nuestra forma de vida en este país tan dual. De ahí la necesidad de recordar lo que nos puede mantener vivos y despiertos en democracia (de otra forma no es posible) después de tantos desmanes políticos, públicos y privados.

Hoy, sigo pensando a estas alturas del siglo, rodeados de maledicencia de la derecha y asociados, así como de sus portavoces, que nos viene muy bien recordar a Celeste, por su significante y significado histórico, cuando la democracia en este país corre un riesgo alarmante de perder el control de la convivencia pacífica, por determinados pensamientos en corazones de personas que están muy lejos de la democracia y su aplicación en la vida ordinaria. Creo que al buen entendedor que debe proteger la libertad y la democracia, con pocas palabras basta. A Celeste, que está en su cielo particular, sólo le bastó un clavel rojo. De ahí estas palabras de reconocimiento y agradecimiento democrático, en su triste ausencia, desde mi persona de secreto.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de RTVE.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Lucas Macías Navarro, nuevo director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla desde 2025, cree que la música enseña a escucharnos los unos a los otros

La Orquesta Mozart, dirigida por Claudio Abbado, interpreta el Concierto de Oboe en Do mayor (K. 314, 1777), de W. A. Mozart, actuando como solista Lucas Macías Navarro, en un CD que obtuvo el prestigioso Premio de Conciertos en el ICMA de 2015.

Mas el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros…

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La realidad y el deseo

Sevilla, 14/XI/2024 – 13:45 (UTC+1)

¡Qué gran noticia! Cuando voy en estos trágicos días de DANA en el país, de mi corazón a otros asuntos, como aprendí de Miguel Hernández en su soledad sonora, en su desconsuelo, y del timbo al tambo, como decía García Márquez, «peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”, conozco la noticia extraordinaria del nombramiento de Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino (Huelva), 1978), como Director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) a partir de septiembre de 2025, por «su excelente valía artística, su ascendente trayectoria profesional como director de orquesta» y «su capacidad de liderar proyectos sinfónicos y conectarlos con la sociedad en la que desarrollan su actividad», que hace justicia a un oboísta de talla internacional, también como director de orquesta, al que ya he dedicado páginas en este cuaderno digital, ensalzando su maestría con un instrumento que le hizo merecedor de un gran premio en el ICMA (International Classic Music Awards) de 2015, en la categoría de CD de Conciertos, por el Oboe Concerto – Sinfonía Concertante – Mozart y Haydn, junto a Claudio Abbado y la orquesta “Mozart” de Bolonia, en el que Lucas tocó como oboe solista, que les invito a escucharlo accediendo al enlace de la imagen de la cabecera de este artículo.

El gran director italiano Claudio Abbado cantó siempre la excelencia de Lucas como oboísta de fama mundial. No he olvidado las palabras de Lucas que figuraban en el programa de mano que se entregó en el concierto de gratitud de la ciudad de Lucerna (Suiza) a Claudio Abbado, que se celebró en abril de 2014, unos meses después de su fallecimiento en Bolonia (Italia). Básicamente, porque me impresionó la crónica que publicó el diario El País, el 8 de abril de ese año, bajo un título muy sugerente: Sinfonía de lágrimas, porque el concierto dedicado a su director tan querido y respetado, “suyo”, sí, para siempre, fue eso una sinfonía adornada de lágrimas tal y como lo recogía el citado cronista: “El cierre tenía que ser con Mahler, y al final de la Tercera sinfonía explotó colectivamente la emoción. Los músicos empezaron a abrazarse entre ellos, el público se puso en pie en una ovación interminable y nadie quería saludar en solitario, ni director ni instrumentistas. Fue una sinfonía de lágrimas, sin histéricas apoteosis, recordando a un director que siempre ha creído que la música por encima de todo es un ejercicio espiritual, un diálogo del alma”. Sin lugar a dudas, mucho más cuando entre lágrimas se podía leer también en el programa de mano del concierto, probablemente a duras penas, una frase de su oboísta preferido, Lucas Macías: “Gracias Claudio por haber sido el Ángel de la Guarda de los jóvenes músicos. Gracias por enseñarnos que en la música, como en la vida misma, lo fundamental es escucharnos los unos a los otros”.

Creo que es importante que resaltemos los éxitos amables de Andalucía, no solo los momentos difíciles que te agitan el alma, entristeciéndola casi todos los días. Lucas se merece que se publique a los cuatro vientos su excelencia musical como oboísta y director de orquesta, puesto que viene ya ejecutando en los últimos años, como reconocimiento de sus paisanos andaluces a lo que él aprendió un día, siendo niño, en Valverde del Camino (Huelva), en un modesto conservatorio elemental que supo ofrecerle la acogida que necesitaba para llegar un día a ser reconocido como un intérprete genial, muy querido y respetado por grandes directores de talla internacional. Muy pronto, como director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), a partir de la temporada musical que se iniciará en 2025.

Gracias una vez más, Lucas, por ofrecernos la oportunidad de que se hable bien de Andalucía en España y a nivel mundial, por tu trayectoria y por esta designación en tu Comunidad querida, que ya disfruta también de tu elegante dirección orquestal desde 2020 en la Orquesta Ciudad de Granada. Lo necesitamos con urgencia vital ante noticias que nos hielan el corazón casi todos los días, escuchándote ahora en la maravillosa interpretación del Concierto de Oboe de Mozart (K. 314), en un primer movimiento, Allegro aperto, que recomiendo y que nos alegra el corazón cumpliendo una de las grandes misiones de la música, ser compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum).

Hoy, emulando a mi paisano Luis Cernuda, puedo decir con orgullo andaluz, que el trabajo humano del Maestro Lucas Macías Navarro, con amor hecho, ha merecido la atención de Sevilla, de su Real Orquesta Sinfónica.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Dependemos ya de los “Siete Magníficos” tecnológicos y digitales, del nuevo tecnofeudalismo

Sevilla, 1/XI/2024

Lo dice alto y claro la Real Academia Española de la Lengua, al abordar el significado de la palabra “dependencia”: “subordinación a un poder”, entendida como “sujeción, orden, o dominio de alguien”. Llevado al mundo digital, podemos definirlo como subordinación humana a los “siete magníficos”, Apple, Microsoft, Meta, Amazon, Alphabet, Nvidia y Tesla, por la que quedamos sujetos a sus órdenes, mando y dominio absoluto. Por si quedaba alguna duda, cualquiera de los sinónimos de subordinación sólo nos muestra más intranquilidad atómica, es decir, humana: sometimiento, supeditación, sumisión, dependencia, sujeción, obediencia, vasallaje y menoría.

Los que recordamos aquel western memorable del siglo pasado, Los siete magníficos (1960), dirigida por John Sturges, no entendemos por qué se etiqueta a este lote de empresas así, aunque es verdad que cualquier parecido actual con la realidad de aquella película no es pura coincidencia. El argumento, resumido para quien no lo recuerde, hacía referencia a un pueblo mexicano, próximo a la frontera con los Estados Unidos, que vivía asediado por una banda de malhechores, con un sujeto al frente de nombre Calvera, que les robaba sus cosechas. Para defenderse contratan a pistoleros profesionales americanos, más rentables que comprar armas. A este llamamiento acuden sólo siete hombres: Chris Adams (el jefe), Vin, Bernardo O´Reilly, Britt, Lee, Harry Luck y Chico. Después de sucesivos rifirrafes de disparos y muertes por ambas partes, algo normal en un western de la época, donde Calvera y sus hombres “malos” mueren también, acaba triunfando el bien, los teóricos “buenos”, con el corolario siguiente: de los “siete magníficos” mueren finalmente cuatro y sobreviven tres, en busca de nuevas aventuras de vida o muerte a sueldo.

Sería un juego digital apasionante, un videojuego real como la vida misma, asignar a cada empresario que forma parte de los nuevos “siete magníficos”, un avatar de aquella película, porque todos los pistoleros no eran iguales. Lo que sí tengo claro es que el pueblo mexicano de la película es la actual aldea mundial de ocho mil millones de personas, asediados por malhechores de todo tipo, con “Calveras” por doquier, de fácil identificación según movamos el mapamundi, porque a través de las tecnologías de la información y comunicación buscamos el norte de este mundo al revés, al amparo de lo que nos ofrecen los nuevos “siete magníficos”. Sobre lo que tengo muchas dudas es que vengan a salvarnos “pistoleros digitales” del tipo Elon Musk, ignorando todavía quién es el jefe de “esta banda” (en sentido metafórico siempre) y qué pueden hacer con el mundo en sus manos y en sus bancos y fondos de inversión, por el inmenso poder económico que tienen.

Por otra parte, de aquella película nos queda todavía el recuerdo de su banda sonora, extraordinaria obra de Elmer Bernstein, sobre todo su melodía principal. Me quedo ahora escuchándola, intentando descifrar por qué Tim Cook (Apple), Satya Nadella (Microsoft), Mark Elliot Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Sergey Brin (Alphabet), Jen-Hsun Huang (Nvidia) y Elon Musk (Tesla), son considerados los “siete magníficos” actuales, sobrecogiéndome constatar que entre todos y junto a otras tres grandes compañías tecnológicas han llegado en lo que va de año, según Statista, a una “capitalización bursátil de 17,4 billones de dólares, cifra que supera la suma del PIB de Alemania, Japón, India y Francia juntas, y se aproxima a los 18,5 billones de dólares del PIB de China. Solo Apple tiene un valor de mercado de 3,4 billones de dólares, equivalente al PIB del Reino Unido”.

En definitiva constatamos que tienen un inmenso poder para decidir los inescrutables caminos del imperio tecnológico, digital por supuesto, en manos de unos pocos aventureros digitales, con herramientas de doble uso, según les parezca utilizar, para la guerra o para la paz, el malestar o el bienestar social, las mentiras o las verdades en medios digitales y redes sociales, la riqueza o la pobreza, la inclusión, la exclusión o la migración eterna, la salud o la enfermedad, el hambre o la sobreabundancia alimentaria, la sed y el control férreo y privado del agua, la atención al cambio climático o la contemporización con los desastres naturales sin hacer nada, entre otras muchas dialécticas sociales, obedeciendo siempre a intereses del mercado y separándose conscientemente del interés general digital, que también existe, con repercusiones gravísimas para la sociedad.

De una forma u otra, dependemos ya de los siete magníficos, en una subordinación jamás pensada, sujetos a sus órdenes al ritmo que nos marcan sus obsolescencias tecnológicas programadas de forma no inocente y de sus progresos calculados a un ritmo en este caso frenético, sufriendo la población a diario el síndrome de la última versión, de no llegar muchas veces a ella. También, dependientes y subordinados a su mando imperial tecnológico, que marca muchas veces a los Gobiernos el camino digital por donde debe ir el mundo, sabiendo que poseen el dominio digital omnipresente y omnisciente. En definitiva, estamos abocados al tecnofeudalismo absoluto, ya analizado por mí en este cuaderno digital, cuando abordé esta realidad a través de Yanis Varoufakis, autor del libro Tecnofeudalismo, a quien conocimos bien en 2015 como ministro de Finanzas en el gobierno heleno, una época en que Grecia resurgió serena y democráticamente en un amanecer hacia nuevos horizontes políticos que, por desgracia, no tardaron mucho en desaparecer estrepitosamente. El planteamiento reflejado en esta obra nace de un hilo conductor claro y contundente, sobre la base de que “el capitalismo ha muerto y el sistema que lo reemplaza no es mejor”, teniendo al frente a los “Siete Magníficos”, según se plantea en la sinopsis oficial del mismo: “Las dinámicas tradicionales del capitalismo ya no gobiernan la economía. Lo que ha matado a este sistema es el propio capital y los cambios tecnológicos acelerados de las últimas dos décadas, que, como un virus, han acabado con su huésped. […] Los dos pilares en los que se asentaba el capitalismo han sido reemplazados: los mercados, por plataformas digitales que son auténticos feudos de las big tech; el beneficio, por la pura extracción de rentas. A partir de esta observación, confirmada por la crisis de 2008 y la provocada por la pandemia, Varoufakis ha desarrollado su teoría del «tecnofeudalismo», según la cual los nuevos señores feudales son los propietarios de lo que llama «capital de la nube», y los demás hemos vuelto a ser siervos, como en el medievo. Es este nuevo sistema de explotación lo que está detrás del aumento de la desigualdad. Sirviéndose de ejemplos que van desde la mitología griega y Mad Men hasta las criptomonedas y los videojuegos, este libro ofrece un arsenal analítico de valor inestimable para poder esclarecer la confusa realidad socioeconómica actual. Comprender el mundo que nos rodea es el primer paso para poder tomar el control, quizá por primera vez, de nuestro destino colectivo”.

Sabemos que los “siete magníficos” de la película lo tenían todo muy claro, en voz de sus protagonistas: “¡Resolver problemas no es lo nuestro. Lo nuestro es el plomo, amigo!, […] los he obligado a tomar decisiones, conmigo solo han de tomar una: hacer lo que yo digo”. Una vez más, estamos avisados, recordando también al asesor de Clinton en aquel exabrupto que dio la vuelta al mundo en su campaña de 1992: ¡Es la economía, idiotas!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!