El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!
Juan Ramón Jiménez, Diario de un poeta recién casado, 1916-1917
Sevilla, 23/VII/2024
Hoy cumple un año la legislatura actual, plagada de sobresaltos y situaciones políticas nada edificantes, propiciadas por un hecho irrefutable: la derecha, en todas sus versiones, incluyendo la ultraderecha ultramontana y su más allá, no aceptó los resultados de las urnas, porque lo que pensaron que iba a ser un paseo triunfal para entrar en La Moncloa, se perdió para ellos hasta hoy, un año después, más cada día después que la democracia agregue hasta el final de la legislatura, gracias a la realidad objetiva de los votos de la izquierda y nacionalismos históricos de este país, convirtiendo aquellos resultados en la crónica de una coalición progresista anunciada para llevar adelante el Gobierno progresista, legítimo, de este país.
He vuelto a leer el artículo que publiqué ese Día Grande de la Democracia, ¡Cuidemos bien el voto, en este día tan esencial para la democracia!, hace exactamente un año, y respetando lo allí expuesto, incluso con palabras idénticas, lo he contextualizado en la realidad actual, tarea nada fácil porque estoy muy preocupado con el telón de fondo de la política en este país al revés, en pleno ocaso de la democracia. Cambiando los tiempos de los verbos utilizados hace un año, surgen muchas preguntas sin respuesta en la misión diaria de cuidar del voto, aunque lo importante es no olvidar aquellas palabras que aprendí de Julio Numhauser, en su preciosa canción, “Cambia, todo cambia”: Pero no cambia mi amor / Por mas lejos que me encuentre / Ni el recuerdo ni el dolor / De mi pueblo y de mi gente
Pasen y lean…
Hoy, un año después de la celebración de las elecciones generales, un día clave para la democracia en nuestro país, en el que gracias a él se eligieron los miembros del Congreso de los Diputados y del Senado, he recordado de nuevo unas palabras preciosas de Juan Ramón Jiménez, poeta al que tanto admiro, a modo de introducción a su querido diario como poeta recién casado (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia!-, porque resumen perfectamente el cuidado extremo que debemos observar con nuestras responsabilidades individuales y colectivas en cada día después de este día grande para la democracia:
¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.
El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!
Es difícil encontrar un prontuario de cómo actuar de forma responsable en tiempos difíciles para la política digna, pero estas palabras de Juan Ramón Jiménez descubren todos los ámbitos de la vida de cada persona que ahora, más que nunca, debemos tener en cuenta mediante actos responsables, personales e intransferibles. Cuidamos aquél día, el de hace un año, en el que se votó un proyecto de país, que encerraba también todas las realidades y todas las variedades de la existencia, proyectadas en tres situaciones que ese día nos llenaron de esperanza al conocer los resultados de las votaciones, en momentos que personas progresistas y del amplio espectro de las izquierdas y nacionalismos democráticos, necesitábamos reforzar ilusiones y oportunidades para seguir adelante, políticamente hablando: crecer, caminando siempre hacia adelante, actuar de forma saludable de tal forma que ennoblezca cada acto humano y descubrir la belleza de la hermosura de todo aquello que se hace bien respondiendo a la ética personal y colectiva, atendiendo al suelo firme (la solería de nuestra vida) que justifica todos los actos humanos, algo sobre lo que escribo con frecuencia en este cuaderno digital.
Este principio de realidad freudiano, nos permite, un año después, reflexionar sobre lo que ha ocurrido hasta ahora en la política general en este país, para mí unos hechos muy preocupantes para la consolidación del Estado de Bienestar en este año de legislatura, con voladuras controladas de las bases democráticas que lo sustentan, lo que nos lleva a reflexionar que con lo que está pasando y estamos viendo, no se sabe cómo será el mañana. Juan Ramón Jiménez abordó esta dialéctica con una recomendación muy sabia: si hoy, 24 de julio de 2024, hacemos bien las cosas, cuidando nuestro voto progresista de forma responsable, puede convertirse el tiempo transcurrido hasta ayer en un sueño y cada mañana en una visión de esperanza. Esa es la razón y no otra, de seguir cuidando bien el voto de hace un año, de aquél día que, un año después, sigue siendo mío, que es también tuyo, de los demás, de todos, porque encierra todas las realidades y todas las variedades de nuestra existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura de la vida digna, viviendo la libertad que nos entregó el resultado final de las elecciones generales, en un camino vivo para seguir defendiendo hoy la democraciaen nuestro país: Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día, 23 de julio de 2024.
(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916-1917), Madrid: Visor Libros, 2011.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Volver a los diecisiete / después de vivir un siglo / es como descifrar signos / sin ser sabio competente.
Violeta Parra, Volver a los diecisiete
Sevilla, 17/VII/2024
El fútbol, al igual que la música militar, nunca me supo levantar, pero si se está cerca de la realidad social en nuestro país, no puedo dejar pasar ni un día más sin referirme a lo que ha sucedido con el joven Lamine Yamal (Esplugas de Llobregat, 2007), jugador de la selección española en la reciente Eurocopa, un icono mundial en estos momentos, que ha roto muchos esquemas, dando una lección a nuestro país de cómo podemos asumir la realidad de la migración con todas sus consecuencias, precisamente en días complejos en nuestro país ante la situación en la que se encuentran en Canarias los casi seis mil menores migrantes, muchos próximos a la edad de Yamal, así como por los cambios legales que se han presentado en el Congreso para modificar la vigente Ley de Extranjería, que permita dignificar esta situación en términos de corresponsabilidad y solidaridad humanitaria por parte de todas las Comunidades y Ciudades Autónomas del país.
Comenzó Lamine Yamal la Eurocopa con 16 años y la finalizó con 17, con dos triunfos, el de la finalización de la ESO y el de su equipo en la final de Berlín. Esta realidad de vivencia íntima de un salto temporal, a modo de metáfora para los que estamos saboreando ya una “matusalénica” edad, como diría Benedetti, me ha traído a mi memoria de secreto una canción preciosa, Volver a los diecisiete, escrita e interpretada como nadie por Violeta Parra, que nunca he olvidado y que hoy, gracias a este muchacho tan despierto a la vida, vuelvo a rescatar en mi mundo de sentimientos y emociones, como lo aprendí de esta cantora: Lo que puede el sentimiento / no lo ha podido el saber, / ni el más claro proceder / ni el más ancho pensamiento.
Efectivamente, Violeta Parra era una cantora para ilusionar y ayudar a los demás, sobre todo a los que menos tienen (Facundo Cabral afirmaba que cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar). De principio a fin, es fantástico repasar estrofas de su mensaje implícito:
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo es como descifrar signos sin ser sabio competente. Volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios, eso es lo que siento yo en este instante fecundo.
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando, como el musguito en la piedra, ay, sí sí sí.
Creo que lo afirmado anteriormente me ha ocurrido a mí con este cuaderno digital, donde escribo hoy este pequeño homenaje a Lamine Yamal, porque si vuelvo la vista atrás tomo conciencia de que solo puedo descifrar signos de lo aquí escrito sin ser sabio competente. El tiempo transcurrido me lleva a tomar conciencia, también, de que soy tan frágil como un segundo.
Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza; el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido con todo su colorido, se ha paseado por mis venas y hasta las duras cadenas con que nos ata el destino es como un diamante fino que alumbra mi alma serena.
La declaración de principios de este blog sigue intacta y sólo he navegado en la carabela virtual de Saramago, en la que me enrolé cuando leí su Cuento de la isla desconocida, hace ya muchos años, del que aprendí algo esencial a través de la mujer limpiadora y zurcidora del palacio real: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.
Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento. Todo lo cambia el momento cual mago condescendiente, nos aleja dulcemente de rencores y violencia: solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.
No lo puedo expresar mejor que Violeta Parra, a quien he recordado en diversas ocasiones en este cuaderno de hojas vivas. He procurado siempre que el sentimiento estuviera presente en mis palabras, a veces mucho más fuerte que el viento, como diría Rafael Alberti, porque estoy convencido de que la vida, sin sentimiento, sin alma, es solo eso, vida a secas. ¿Existe una expresión mejor que la de esta canción: Todo lo cambia el momento / cual mago condescendiente, / nos aleja dulcemente / de rencores y violencia: / solo el amor con su ciencia / nos vuelve tan inocentes? ¿Cómo no recordar también a Enrique Morente en su Soleá de la ciencia, como escuchaor del mundo, de Andalucía, de lo que dice y hace ahora Lamine Yamal, para trasladar los sentimientos de soledad acompañada a este blog: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Porque siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.
El amor es torbellino de pureza original; hasta el feroz animal susurra su dulce trino, detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros; el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño y al malo solo el cariño lo vuelve puro y sincero.
De par en par la ventana se abrió como por encanto, entró el amor con su manto como una tibia mañana; al son de su bella diana hizo brotar el jazmín, volando cual serafín, al cielo le puso aretes y mis años en diecisiete los convirtió el querubín.
El querubín que me ha acompañado a lo largo de estos años, es verdad que ya matusalénicos, ha dado fiel cumplimiento a lo que ocurrió cuando nació este cuaderno digital, hasta llegar hoy a homenajear a Lamine Yamal y su alma migrante que tanto respeto. Puedo decir hoy, alto y claro, que al escribir estas palabras sigo siempre las instrucciones de un rey desconocido, que me presentó José Saramago hace ya muchos años: que el barco navegara bien, en el mar proceloso de Internet y que fuera seguro. Y aprendí que aunque no era un hombre de Internet, quería serlo, asumiendo el nuevo lenguaje de los blog, un medio que me respeta y que me ayuda a respetar a los demás, porque el lenguaje creo que lo conozco y puede ser un buen medio para hacerme a la mar digital. Y recordé una frase preciosa del cuento de la isla desconocida: todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas. Y esta isla me fascinó, por sus inmensas posibilidades por descubrir. Y me hice a la mar y desembarqué en ella.
Personalmente, susurraría al oído del joven futbolista Yamal, a sus diecisiete años recién cumplidos, que el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Le hablaría del cuento de Saramago, de lo que significan las islas desconocidas y cómo una mujer muy sencilla, la de la limpieza del palacio del rey del cuento, quiso ser un día libre, porque estaba convencida de que enfrentándose a lo desconocido, lo que quería por encima de todo era baldear barcos de libertad. Le contaría, también, que un día me hice con una carabela digital, elaborada de forma colaborativa por nuevos carpinteros de ribera digital y le invitaría a que subiera a «La isla desconocida» para ocupar su sitio en la amura no inocente de babor.
A modo de confidencia final, le diría que ha iniciado una inolvidable y arriesgada singladura de fama, amplificada por los recursos digitales de todo tipo, que deberá cuidar para comprender cuál es el sentido de las islas desconocidas que está ahora descubriendo a sus diecisiete años. Sobre todo se tendrá que curtir con los aires marinos de Internet, con las redes sociales, porque lo más difícil es encontrar tripulación digna y decente, frente a los agoreros que afirman que ya no hay islas desconocidas.
Vuelvo al estribillo de la canción de Violeta Parra, dedicada hoy a Laminen Yamal:
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando, como el musguito en la piedra, ay, sí sí sí.
Hoy he escrito estas palabras con alma, para manifestar mi admiración a este joven jugador, nacido en España, hijo de unos migrantes provenientes de Guinea Ecuatorial, de Fátima, su madre, y de Marruecos, su padre, Mounir. Agradezco también a Violeta Parra, su compañía sempiterna al haberme permitido volver a los diecisiete. Estas palabras se han ido enredando como en el muro la hiedra y tengo que reconocer, que han ido brotando, brotando, / como el musguito en la piedra, / ay, sí sí sí, / Lamine Yamal.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Tan sólo unas horas después de haber publicado hoy un artículo sobre las elecciones en Francia, vuelvo a utilizar las palabras utilizadas en él, que nos quedan (Blas de Otero, dixit), cambiando los tiempos de los verbos y con un denominador común, porque lo que queríamos que pasara desde la izquierda, desde el progreso social democrático, ha pasado. Ha triunfado la izquierda, el Nuevo Frente Popular, con un resultado sin paliativos de lo que Francia ha elegido democráticamente mediante el voto: continuar viviendo en libertad, su amada libertad, la que cantan en su himno nacional.
Ha vencido la memoria histórica republicana, recordada siempre en “La Marsellesa”, cuyo texto vuelvo a repasar, palabra por palabra, para comprender mejor su significado, himno que me sigue emocionando desde su primera estrofa, ahora mucho más al conocer el triunfo del Nuevo Frente Popular, donde se demuestra que la izquierda unida jamás será vencida.
Nada mejor para comprender lo que siente en estos momentos una parte importante del pueblo francés, los votantes del frente popular de izquierdas, para recordar este hermoso canto a la libertad, con texto difícil de comprender hoy pero que tiene su valor en la memoria histórica de su país, que no quieren olvidar. Hoy día, conviene conocerlo completo para comprender mejor su pasado de libertad, igualdad y fraternidad, porque ahora soy, somos…, Francia, como territorio de Libertad, su amada Libertad.
Allons enfants de la Patrie, Le jour de gloire est arrivé! Contre nous de la tyrannie L’étendard sanglant est levé (bis)
Entendez-vous dans les campagnes Mugir ces féroces soldats? Ils viennent jusque dans vos bras Égorger vos fils, vos compagnes!
¡En marcha, hijos de la Patria, ha llegado el día de gloria! Contra nosotros, la tiranía alza su sangriento pendón. (bis)
¿Oís en los campos el bramido de aquellos feroces soldados? ¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y vuestras esposas!
Estribillo
Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons! Qu’un sang impur Abreuve nos sillons!
¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!
Segunda estrofa
Que veut cette horde d’esclaves, De traîtres, de rois conjurés? Pour qui ces ignobles entraves, Ces fers dès longtemps préparés? (bis)
Français, pour nous, ah, quel outrage! Quels transports il doit exciter! C’est nous qu’on ose méditer De rendre à l’antique esclavage!
¿Qué pretende esa horda de esclavos, de traidores, de reyes conjurados? ¿Para quién son esas innobles cadenas, esos grilletes preparados de hace tiempo? (bis)
Para nosotros, franceses, ¡ah, qué ultraje! ¡Qué transportes debe suscitar! ¡A nosotros, se atreven a intentar reducirnos a la antigua servidumbre!
Tercera estrofa
Quoi des cohortes étrangères Feraient la loi dans nos foyers! Quoi ces phalanges mercenaires Terrasseraient nos fils guerriers! (bis)
Grand Dieu! par des mains enchaînées Nos fronts sous le joug se ploieraient De vils despotes deviendraient Les maîtres de nos destinées!
¡Cómo, cohortes extranjeras, harían la ley en nuestros hogares! ¡Cómo, esas falanges mercenarias, abatirían a nuestros fieros guerreros! (bis)
¡Dios santo! Encadenadas por otras manos, nuestras frentes se inclinarían bajo el yugo. Unos déspotas viles serían los dueños de nuestros destinos.
Cuarta estrofa
Tremblez, tyrans et vous perfides L’opprobre de tous les partis Tremblez ! vos projets parricides Vont enfin recevoir leurs prix! (bis)
Tout est soldat pour vous combattre, S’ils tombent, nos jeunes héros, La France en produit de nouveaux, Contre vous tout prêts à se battre!
Temblad, tiranos, y vosotros, pérfidos, oprobio de todos los partidos, ¡temblad! ¡Vuestros planes parricidas recibirán por fin su merecido! (bis)
Todos son soldados para combatiros, Si nuestros jóvenes héroes caen, Francia produce otros, ¡listos para luchar contra vosotros.
Quinta estrofa
Français, en guerriers magnanimes Portez ou retenez vos coups! Épargnez ces tristes victimes À regret s’armant contre nous. (bis)
Mais ces despotes sanguinaires, Mais ces complices de Bouillé, Tous ces tigres qui, sans pitié, Déchirent le sein de leur mère!
¡Franceses, asestad vuestros golpes o retenedlos, magnánimos guerreros! perdonad a esas víctimas tristes, que a su pesar se arman contra nosotros. (bis)
¡Pero no a esos déspotas sanguinarios, esos cómplices de Bouillé, todos esos tigres que, despiadados, desgarran el seno de su madre!
Sexta estrofa
Amour sacré de la Patrie, Conduis, soutiens nos bras vengeurs Liberté, Liberté chérie, Combats avec tes défenseurs! (bis)
Sous nos drapeaux que la victoire Accoure à tes mâles accents, Que tes ennemis expirants Voient ton triomphe et notre gloire!
¡Amor sagrado de la Patria, conduce y sostén nuestros brazos vengadores! ¡Libertad, Libertad amada, combate con tus defensores! (bis)
¡Que la victoria, a tus voces viriles, acuda bajo nuestras banderas! ¡Que tus enemigos, al expirar, vean tu triunfo y nuestra gloria!
Séptima estrofa
Nous entrerons dans la carrière Quand nos aînés n’y seront plus, Nous y trouverons leur poussière Et la trace de leurs vertus (bis)
Bien moins jaloux de leur survivre Que de partager leur cercueil, Nous aurons le sublime orgueil De les venger ou de les suivre
Entraremos en el camino cuando nuestros mayores ya no estén aquí, encontraremos sus cenizas y la huella de sus virtudes. (bis)
Menos deseosos de sobrevivirles que de compartir su tumba, tendremos el orgullo sublime de vengarlos o de seguirlos.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Dedico hoy estas palabras al pueblo francés, a los hijos de esa patria que votan un nuevo gobierno, que ojalá resulte el soñado por su memoria histórica republicana, recordada todavía hoy por “La Marsellesa”, cuyo texto he repasado hoy, palabra por palabra, para comprender mejor su significado, himno que me sigue emocionando desde su primera estrofa.
Nada mejor para comprender lo que siente en estos momentos una parte importante del pueblo francés, su frente popular de izquierdas, para recordar este hermoso canto a la libertad, con texto difícil de comprender hoy pero que tiene su valor en la memoria histórica de su país, que no quieren olvidar. Hoy día, sólo se suele recordar la primera estrofa y el estribillo, pero conviene conocerla completa para comprender mejor su pasado de libertad, igualdad y fraternidad, porque ahora soy, somos…, Francia, como territorio de Libertad, amada Libertad.
Allons enfants de la Patrie, Le jour de gloire est arrivé! Contre nous de la tyrannie L’étendard sanglant est levé (bis)
Entendez-vous dans les campagnes Mugir ces féroces soldats? Ils viennent jusque dans vos bras Égorger vos fils, vos compagnes!
¡En marcha, hijos de la Patria, ha llegado el día de gloria! Contra nosotros, la tiranía alza su sangriento pendón. (bis)
¿Oís en los campos el bramido de aquellos feroces soldados? ¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y vuestras esposas!
Estribillo
Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons! Qu’un sang impur Abreuve nos sillons!
¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!
Segunda estrofa
Que veut cette horde d’esclaves, De traîtres, de rois conjurés? Pour qui ces ignobles entraves, Ces fers dès longtemps préparés? (bis)
Français, pour nous, ah, quel outrage! Quels transports il doit exciter! C’est nous qu’on ose méditer De rendre à l’antique esclavage!
¿Qué pretende esa horda de esclavos, de traidores, de reyes conjurados? ¿Para quién son esas innobles cadenas, esos grilletes preparados de hace tiempo? (bis)
Para nosotros, franceses, ¡ah, qué ultraje! ¡Qué transportes debe suscitar! ¡A nosotros, se atreven a intentar reducirnos a la antigua servidumbre!
Tercera estrofa
Quoi des cohortes étrangères Feraient la loi dans nos foyers! Quoi ces phalanges mercenaires Terrasseraient nos fils guerriers! (bis)
Grand Dieu! par des mains enchaînées Nos fronts sous le joug se ploieraient De vils despotes deviendraient Les maîtres de nos destinées!
¡Cómo, cohortes extranjeras, harían la ley en nuestros hogares! ¡Cómo, esas falanges mercenarias, abatirían a nuestros fieros guerreros! (bis)
¡Dios santo! Encadenadas por otras manos, nuestras frentes se inclinarían bajo el yugo. Unos déspotas viles serían los dueños de nuestros destinos.
Cuarta estrofa
Tremblez, tyrans et vous perfides L’opprobre de tous les partis Tremblez ! vos projets parricides Vont enfin recevoir leurs prix! (bis)
Tout est soldat pour vous combattre, S’ils tombent, nos jeunes héros, La France en produit de nouveaux, Contre vous tout prêts à se battre!
Temblad, tiranos, y vosotros, pérfidos, oprobio de todos los partidos, ¡temblad! ¡Vuestros planes parricidas recibirán por fin su merecido! (bis)
Todos son soldados para combatiros, Si nuestros jóvenes héroes caen, Francia produce otros, ¡listos para luchar contra vosotros.
Quinta estrofa
Français, en guerriers magnanimes Portez ou retenez vos coups! Épargnez ces tristes victimes À regret s’armant contre nous. (bis)
Mais ces despotes sanguinaires, Mais ces complices de Bouillé, Tous ces tigres qui, sans pitié, Déchirent le sein de leur mère!
¡Franceses, asestad vuestros golpes o retenedlos, magnánimos guerreros! perdonad a esas víctimas tristes, que a su pesar se arman contra nosotros. (bis)
¡Pero no a esos déspotas sanguinarios, esos cómplices de Bouillé, todos esos tigres que, despiadados, desgarran el seno de su madre!
Sexta estrofa
Amour sacré de la Patrie, Conduis, soutiens nos bras vengeurs Liberté, Liberté chérie, Combats avec tes défenseurs! (bis)
Sous nos drapeaux que la victoire Accoure à tes mâles accents, Que tes ennemis expirants Voient ton triomphe et notre gloire!
¡Amor sagrado de la Patria, conduce y sostén nuestros brazos vengadores! ¡Libertad, Libertad amada, combate con tus defensores! (bis)
¡Que la victoria, a tus voces viriles, acuda bajo nuestras banderas! ¡Que tus enemigos, al expirar, vean tu triunfo y nuestra gloria!
Séptima estrofa
Nous entrerons dans la carrière Quand nos aînés n’y seront plus, Nous y trouverons leur poussière Et la trace de leurs vertus (bis)
Bien moins jaloux de leur survivre Que de partager leur cercueil, Nous aurons le sublime orgueil De les venger ou de les suivre
Entraremos en el camino cuando nuestros mayores ya no estén aquí, encontraremos sus cenizas y la huella de sus virtudes. (bis)
Menos deseosos de sobrevivirles que de compartir su tumba, tendremos el orgullo sublime de vengarlos o de seguirlos.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
La vida es tránsito. El hombre nace en un punto y desaparece en otro: el tránsito que hay en medio es lo que importa. Hay una mudanza constante en lo que hago, figuras que no se sabe si van, si vienen, si esperan.
Dedicado a Adrián y Alejandro, a quienes tanto quiero
Ayer puede contemplar, asombrado como el niño que siempre llevo dentro, una orquesta de calle compuesta por ocho marionetas semi autómatas, tocando ocho instrumentos diferentes e interpretando Paradise (Mimmo Mirabelli), en una acera de Sevilla entre las sempiternas «aceras» consideradas por la urbanista Jane Jacobs como las grandes maestras de la vida en la gran ciudad: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1).
En ese encuentro callejero recordé también la visita que hice en 2017 al Museo de la Ciudad de Antequera, donde contemplé la colección de cuadros de Cristóbal Toral (Torre Alháquime (Cádiz), 1940), que sobrecogen por su realismo trágico, siendo las maletas su hilo conductor: “La vida es tránsito. El hombre nace en un punto y desaparece en otro: el tránsito que hay en medio es lo que importa. Hay una mudanza constante en lo que hago, figuras que no se sabe si van, si vienen, si esperan» (2).
¿Por qué este recuerdo en un momento tan mágico? Fundamentalmente, porque acompañando al «director» de la orquesta, sentado y dirigiendo el artilugio móvil que daba vida a los ocho músicos de esa orquesta de calle, formaban parte del decorado improvisado dos maletas que, una vez finalizado el espectáculo, imagino que guardan con especial cuidado a cada músico junto a sus instrumentos, formando una familia bien avenida que cumple diariamente su ritual de encantar a grandes y pequeños al contemplarla tocando, una y otra vez, Paradise, en una interpretación de ensueño a lo largo y ancho de las aceras del mundo, en un viaje siempre hacia adelante, hacia alguna parte en el largo tránsito de la vida, el que muestra siempre Toral en sus sempiternas maletas pintadas. Quizás, esas maletas de la orquesta de marionetas, reflejaron en mi ánimo que su vida como músicos es tránsito, que ayer estaban en una acera de Sevilla y mañana en otra muy lejana, porque el tránsito es su modo de vida. Reflejan una mudanza permanente, porque son figuras que no se sabe si van, si vienen, si esperan. Todo, a cambio de unas monedas en el cubo blanco y lo que es mejor, la mirada de niños y niñas asombrados. Su mejor pago, el mejor valor, sin precio alguno.
Orquesta de marionetas en Sevilla / MJ MORIÁN
Al escribir hoy estas líneas, me acuerdo… también, siguiendo la dinámica que aprendí en su día de Joe Brainard, de un discurso que me marcó mucho la vida cuando leí, con un título sugerente, La maleta de mi padre, de Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura en 2006, porque comprendí la metáfora de su discurso en el acto de recepción oficial del galardón, como homenaje a lo que su padre le entregó un día en una pequeña maleta que contenía su tránsito por la vida: “Recuerdo que, después de que mi padre se fuera, estuve unos días dando vueltas alrededor de la maleta sin tocarla. Conocía desde niño aquella maleta pequeña de cuero negro, sus cierres y sus esquinas redondeadas. Mi padre la usaba cuando salía a algún viaje breve o cuando quería llevar algún peso a su oficina. Me acordaba de que cuando era pequeño, después de que regresar de algún viaje, me gustaba abrir la maleta y revolver sus cosas y aspirar olores a colonia y a país extranjero que salían de su interior. Aquella maleta era un objeto conocido y atractivo que me traía muchos recuerdos del pasado y de mi infancia, pero ahora no podía ni tocarla. ¿Por qué? Por el misterioso peso de la carga que ocultaba en su interior, por supuesto” (3).
Sin desvelar su contenido, les aseguro que tiene mucho que ver con el efecto balsámico de la literatura y de la música, como sentí ayer al escuchar una orquesta de marionetas, en una acera de la Sevilla antigua, en una muestra de su uso íntimo, acompañado de una sucesión de miradas de personas, pequeñas sobre todo, compartiendo con mis nietos la grandeza de la música. Confieso lo que viví ayer, porque en mi memoria de hipocampo mantengo vivo el mensaje de las obrasde Toral y Pamuk, que justifican hoy la realidad de las maletas imaginarias y reales que me han acompañado a lo largo de mi vida. Todo es tránsito y siempre hay en ellas un misterioso peso de carga o belleza, que ocultan en su interior. porque es verdad que todo depende del color del cristal con el que se miren en nuestro caminar continuo para saber de verdad lo que llevan dentro. La orquesta de marionetas de ayer, nada menos que un Paradise eterno.
(1) Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961, Nueva York: Vintage, pág. 50.
(2) Pamuk, O., La maleta de mi padre, 2007. Barcelona: Mondadori, p. 11-44.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Romanza, segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, Salvador Bacarisse, 1952 / Orquesta de la Universidad de Granada. Guitarra: Marcos Victora Wagner, 2011
Sevilla, 20/VI/2024
A tan sólo unas horas del solsticio (sol quieto) de verano, que tendrá lugar hoy, concretamente a las 20:51 (hora UTC o tiempo universal coordinado), que corresponde a las 22:51, hora peninsular española, según informa el Observatorio Astronómico Nacional, me acerco de nuevo a esta realidad temporal que se aproxima a nuestro país, puntual como siempre. Este largo y cálido verano durará, aproximadamente, 93 días y 16 horas, terminando el 22 de septiembre para dar paso al otoño.
Mañana, coincidiendo con la entrada en el verano, será también un día de celebración especial, dedicado al Día Europeo de la Música. Desde hace años tengo asociada esta fecha con el recuerdo de una obra memorable de Salvador Bacarisse, el Concertino en La mayor, sobre todo en su sobrecogedor segundo movimiento, Romanza (con un tempo Andante), partitura completa que forma parte del legado de su obra a la Fundación Juan March, porque siempre me transmite paz en medio de tanta turbación y mudanzas del alma, sentimiento que deseo compartir hoy, de nuevo, con la Noosfera.
Siempre he pensado que la conjunción de esta llegada del verano y la celebración del día europeo de la música, ofrecen la oportunidad de creer que otro mundo es posible, sobre todo cuando se aúnan esfuerzos y voluntades en torno a la música en un tiempo tan abierto a la vida como es la estación del verano y con un denominador común sobre la ciclópea tarea de reconstruir permanentemente la vida en otro mundo diferente, al revés casi siempre, como ocurre ahora con Ucrania y Gaza, sin ir más lejos. Como no podía ser de otra forma, he elegido hoy, de nuevo, una obra que conjugara estas realidades y que guardo en mi banda sonora vital: el Concertino citado, pero interpretado por primera vez por la Orquesta de la Radiotelevisión Francesa, actuando Narciso Yepes como solista a la guitarra y bajo la dirección de Ataúlfo Argenta. Lo he vuelto a escuchar con profundo respeto y admiración gracias al fondo que figura en la Fundación Juan March (1), como legado que su hijo cedió a la citada Fundación y al que se puede acceder para conocer en profundidad la vida en el exilio y la obra de Bacarisse. En concreto, en la página dedicada al fondo radiofónico en su etapa como productor en numerosos programas en lengua española de la RTF (Radiodiffusion-Télévision Française), A propósito de Salvador Bacarisse (1964). Programa-homenaje a Bacarisse con entrevistas a personalidades de la cultura. Presentador: Narcís Bonet”.
Como en aquella ocasión, reinterpreto hoy el título como Romanza para un verano que entra hoy con música de fondo, donde los sentimientos y emociones pueden volar muy alto, cambiando también lo que ya hay que cambiar. Eso espero en la esperanza de que creamos siempre en la forma de ser nuevas personas en España, acompañados por la música y cantando, como diría Alberti: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).
La Romanza tiene un tempo deandante (ejecutado con dulzura, poco a poco), al que he dedicado palabras llenas de sentimiento en este cuaderno digital, fundamentalmente en una modesta operación rescate de un músico excelente que tuvo que salir de España en condiciones lamentables con motivo de la guerra civil. Esta obra completa de Bacarisse, el Concertino en La menor, a través de sus tres movimientos, Entrada (Allegro), Romanza (Andante lento) y Scherzo (Allegretto),en su particella original para clavecín y orquesta (que conservo), me entrega siempre paz interior y me permite viajar por sueños posibles. Hoy, más que nunca, necesitamos escuchar romanzas, porque son composiciones de aire tierno y sencillo, que solo quieren transmitir sentimientos y paz interior.
Cada vez que me aproximo a esta partitura busco comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ella. Hace años dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse y creo que me acerqué a su verdadero sentido: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto público organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto”. Recomendaba en aquella ocasión, como hago hoy de nuevo, que escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de músicos muy jóvenes de la Orquesta de la Universidad de Granada, que recogen el testigo de lo que quiso transmitir Bacarisse desde el exilio en París. El Sur también existe en el Día Europeo de la Música a través de jóvenes intérpretes, el futuro musical y más amable de nuestra Comunidad y de nuestro País.
Guardo también en mi persona de secreto un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado, con quien tuve la oportunidad en 2018 de cruzar un mensaje en el que me autorizó a disponer de una copia del manuscrito original del Concertino para clavecín y orquesta, op. 72 bis (a través de la Fundación Juan March) y en los que me agradecía la cercanía a su padre: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de “La música en la Generación del 27” que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”.
Conocí su extensa y desconocida obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Fue un hallazgo que me permitió acercarme a Bacarisse, a su vida y a su preciosa obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.
Cuando escribo estas palabras, deseo compartir hoy, de nuevo, este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su querido país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica. Es la razón de por qué lo he buscado tantas veces en el fondo de programas de radio en los que trabajó Salvador Bacarisse.
Es necesario conocerlo y escucharlo, compartiéndolo de nuevo con el club virtual, con sede social en la Noosfera, de las personas dignas y libres. Disfruten de esta maravillosa composición a tan sólo unas horas de la celebración del Día Europeo de la Música, cuando entra el verano con el sol quieto (solsticio), que me sigue emocionando como la primera vez que decidí conservarla en mi memoria de secreto.
(1) El concierto fue emitido por la Radiodiffusion-Télévision Française en 1964, en un programa en homenaje a Bacarisse con el título “A propósito de Salvador Bacarisse (1964)”. Durante dos programas fue entrevistado Narciso Yepes y el Concertino en la menor fue emitido íntegro. Los dos programas completos están disponibles en la web de la Fundación en “Bacarisse y la radio”. No he podido localizar grabación alguna comercial de este evento y la referencia me ha sido proporcionada, amablemente, por la citada Fundación. De ahí la importancia de esta referencia, verdaderamente sobrecogedora, escuchando también a Narciso Yepes, su amigo e intérprete preferido y a quien dedicó Bacarisse esta obra excepcional.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Estamos viviendo en momentos decisivos y de continua mudanza del alma, en la historia de nuestro país, por qué no del mundo que nos rodea, en los que necesitamos aferrarnos a creencias, las que por ejemplo aprendí en su día del filósofo español en el exilio, José Ferrater Mora y a las que tantas veces he recurrido en este cuaderno digital, recogidas en un libro precioso, El hombre en la encrucijada. Él decía que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas del libro citado expone su tesis existencial, demostrando que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Las necesitamos y juntándolas cuando nos juntamos sabemos que podemos hacer camino al andar, porque con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades, tal y como aprendí también de la Cantata de Santa María de Iquique. Puede ser una buena forma de encontrarnos cara a cara con el niño o niña creyente que fuimos, que nunca partió, que nunca se fue, y que nunca debemos abandonar para resolver el enigma de vivir dignamente.
En un mundo con carencia de valores humanos, reivindico una vez más las creencias, que día a día los envuelven, porque soy consciente de que si se tienen, nunca desaparecen si no las olvidamos. Si creemos en el ser humano, las personas, porque nunca nos son ajenas, siguiendo a Terencio, sin dejar de lado a la Naturaleza, a la Sociedad o a Dios o dioses, encontramos el sentido de la vida, porque así nos lo ha contado la historia a lo largo de los siglos, en la interpretación más libre y progresista de la Creación, cuando Dios, después de haber creado los cielos, la tierra, toma conciencia de que la creación del hombre y de la mujer era muy bueno (qué importante el adverbio “muy”, meod en hebreo), sobre lo escuetamente “bueno” de todo lo demás creado, según el relato cananeo transmitido de padres a hijos por los siglos de los siglos.
En este contexto, he recordado que hace dos años compartí con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, que no me es ajena, el hallazgo de una isla desconocida, que es la misión principal de este cuaderno digital, una obra que según mi leal saber y entender debíamos escuchar y ensalzar en este tiempo tan complejo y lleno de sobresaltos del alma humana. Se trataba de una publicación musical llevada a cabo por el cantor Antonio Orozco (cantante es el que puede y cantor, el que debe hacerlo, que no es lo mismo, según Facundo Cabral), gestada a lo largo de dos largos años, que narra la vida de otro cantor José Mercé, con un título en caló, El Oripandó, el sol, el amanecer de cada día, que el propio Mercé interpreta de forma muy sentida, con una canción que sobresale sobre las demás y con un título siempre sugerente: Jamás desaparece lo que nunca parte, dedicada a su hijo, que falleció cuando tenía tan solo 14 años, por un problema congénito de corazón.
Aquél día de 2022, me quedé con la letra y música de la canción guía de este proyecto de vida de Mercé, Jamás desaparece lo que nunca parte, porque estoy de acuerdo con algo muy importante para caminar despiertos en este mundo tan desabrido y lleno de sobresaltos cada día: jamás desaparece lo que nunca se va de nuestras vidas o lo que es lo mismo, jamás desaparecen nuestras creencias cuando nunca se olvidan:
Día y noche rugía El fuego encendido de un sol que no mira Del cielo el desprecio de un fin que avecina La siembra y la ruina de un Dios que no afina
Duelo y enjambre de espinas Cruzando el umbral de la puerta encendida Haciendo del aire una amarga salida Regando de nardos la calle sin vida
El juez cerró lo nuestro La sala se apagó No queda nadie
El baile se termina Y el dragón se lo llevó Y ahora arde
Y ahora arde El tímido consuelo ahora arde Ahora arde La fe destartalada y el recuerdo arde
Un despertar bajo nía Y un rumbo trenzado con almas vacías Las niñas los palios que aguantan la rima Y el mundo despierta con cruel letanía
Sentencia sostenida Y el ángel susurró: ¡Que empiece el baile! Lánguida sonrisa emocionada por saber que a veces aire
Y ahora aire Sabiendo que mi todo está en el aire Ahora aire Jamás desaparece lo que nunca parte Ahora aire
Si hoy he recordado de nuevo a José Mercè, es porque lo he escuchado hace unos minutos en una intervención personal suya en televisión, en la que ha pronunciado de nuevo esta frase mágica, tan sentida por la pérdida de su hijo: Jamás desaparece lo que nunca parte. Las personas que vivimos en Andalucía respetamos su identidad flamenca y a sus cantoras y cantores, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, aprendiendo cada día a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos. Creencia en las personas, porque nunca nos son ajenas.
Lo he manifestado muchas veces en estas páginas digitales: el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. Recordar hoy a Mercé me ayuda una vez más a comprender el dolor actual de esta tierra como un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años, en el primer concurso de cante jondo celebrado en 1922: «A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos».
Es lo que Mercé me ha recordado de nuevo y lo he llevado a mi terreno de creencias, con profundo respeto hacia él: jamás desaparecen los valores y creencias cuando nunca se van de nuestras vidas.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Pabellón de Alfonso XII, en la Isleta de los pájaros, Parque de María Luisa, Sevilla / JA COBEÑA
Sevilla, 25/V/2024
En tiempos de tanta turbación política, en nuestro país y en el mundo en general, es importante compartir momentos mágicos como los que hoy he vivido y sentido en un paseo por el Parque de María Luisa, en esta ciudad en la que el gran escritor Stefan Zweig dijo “que se podía ser feliz”.
Al contemplar la naturaleza en todo su esplendor, sentado en la glorieta de Rafael de León, el gran poeta y letrista del dolor humano llevado a las coplas de generaciones que las grabaron en su corazón, con su verdad dentro, cobraba todo el entorno una fuerza especial por el sonido de unas interpretaciones que venían de una zona próxima del parque. Lo busqué, como un regalo venido del cielo, encontrándolo en el Pabellón de Alfonso XII, a modo de templete, en la Isleta de los Pájaros, donde un músico de calle y de fiestas de guardar, interpretaba en ese momento una composición que no olvido, Viva la vida, creada por Coldplay, un título copiado de un cuadro homónimo de Frida Kahlo.
En este tiempo de turbación y sus inseparables mudanzas de ánimo, como decía al principio, deseo compartir lo allí vivido y sentido, porque sé que “el amor y el sufrimiento aúna voluntades”, que aprendí de la Cantata de Santa María de Iquique, en la interpretación especial de Quilapayún. Ahora, más que nunca, he comprendido parte de la letra de esta canción icónica de Coldplay, de título real mucho más largo, Viva la vida o muerte y todos sus amigos, mensaje que anunciaba de forma simbólica en la portada del disco que contenía esta bella composición publicada en 2008, la Revolución de Julio, en 1830, llamada La Libertad guiando al pueblo, del pintor francés Eugène Delacroix.
Para que no se olvide el gran papel de la libertad en nuestras vidas, cuando ante el ocaso de la democracia, esta canción nos recuerda que es necesario, ahora más que nunca, blindar las libertades que garanticen vivir con dignidad humana la vida propia y la de los demás, siempre que no estén sustentadas en sal o barro o en cantos de sirena de los mediocres con poder, el mayor peligro para la democracia.
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En la octava de Eurovisión, espectáculo que cada vez se parece más a un gran circo mediático, salvando lo que haya que salvar, la música nos ha brindado la oportunidad de comprender y compartir su sentido más profundo, ser compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).
En este contexto recurro, una vez más, a Cervantes, porque nos dejó en su obra magna un mensaje esperanzador para sobrellevar la vida diaria con la música como protagonista, dando voz a Sancho Panza:
“[…] -Señora, donde hay música no puede haber cosa mala.
-Tampoco donde hay luces y claridad, respondió la duquesa. Menester será que se le ponga el laúd, que sin duda don Quijote quiere darnos música, y no será mala, siendo suya.
A lo que replicó Sancho:
-Luz da el fuego y claridad las hogueras, como lo vemos en las que nos cercan, y bien podría ser que nos abrasasen, pero la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas […]” (El Quijote, II, XXXIV).
Es verdad. La música, bien entendida, proporciona a la humanidad grandes beneficios. De todas formas, un gran acontecimiento musical, como el de Eurovisión, con periodicidad anual, reproduce a su escala justa, la situación mundial en su dimensión más controvertida. La presencia de Israel, el éxito sin paliativos de Suiza con su denuncia expresa de la falta de visibilidad de la intrahistoria olvidada LGTBI+ en su dimensión no binaría y la derrota atemperada de España, con su mensaje no bien entendido en torno a la palabra “zorra”, es una tríada que, como variaciones sobre un mismo tema, el triunfo en Eurovisión, conlleva interpretaciones diversas, no inocentes por supuesto.
La participación de Israel, cuando menos, ha sido inoportuna. La organización oficial ha debido intervenir en el proceso de admisión, porque no debe ser ajena a lo que está ocurriendo en Gaza, donde no se debe permitir lavado alguno de imagen política, bajo ningún concepto, con miles de muertos en su haber, a pesar del denostado origen del conflicto. Además y en este contexto, sorprende que se haya denegado a los asistentes a la final, entrar con la bandera comunitaria, aludiendo a que hacerlo es un acto “político” y, por tanto, “no permitido”. Surge irremisiblemente la gran pregunta: ¿Cómo puede la Unión Europea de Radiodifusión prohibir la bandera de la UE en el evento más grande de Europa?, por razones políticas y ¿no es un “acto político” permitir a Israel cantar al mundo como si no pasara nada?
En relación con el triunfo de Nemo, le ganadore en lenguaje no binario, representando a Suiza con The Code, también fue un acto político, en el sentido más pleno del término. Él lo expresó en estos términos en la rueda de prensa que siguió a la entrega del ansiado micrófono de cristal: “Esta experiencia completa ha sido realmente intensa, y no ha sido agradable todo el tiempo. Han pasado muchas cosas que no daban la sensación de que todo giraba alrededor del amor y la música, y que me han hecho estar triste […] Al mismo tiempo ha habido mucho amor y unidad aquí, muchas culturas encontrándose. Gente llena de positivismo y amor por la música, que realmente me han dado esperanzas. Sé que esa gente existe y necesitamos trabajar para crear un buen entorno. Realmente deseo que Eurovisión continúe apostando por la paz y el amor en el futuro. Creo que todavía hay mucho trabajo por hacer”. Igualmente, también contó que en el acto previo de la final, le prohibieron mostrar la bandera no binaria que representa su vida, su colectivo y su participación en Eurovisión.
Por último, Zorra cumplió su objetivo principal, participar en un foro de alcance humano impresionante para reivindicar el auténtico significado de su mensaje, obteniendo un puesto nada relevante desde el ranking musical impuesto por la Unión Europea de Radiodifusión (UER), pero que no se justifica a tenor del éxito obtenido en las plataformas musicales de nuestro país.
Con lo expuesto anteriormente, creo que Sancho Panza tenía razón cuando quiso justificar ante el Quijote su verdadero mensaje: donde hay música no puede haber cosa mala, agregando algo rotundo a estas bellas palabras: luz da el fuego y claridad las hogueras, como lo vemos en las que nos cercan, y bien podría ser que nos abrasasen, pero la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas. Sí Eurovisión supiera alejarse de los fuegos y hogueras que rodean el Festival, es seguro que la música nos llenaría siempre de alegría, convirtiéndose en compañera en la alegría, sin olvidar que también es medicina para el dolor. Es lo que Nemo, gran triunfador de Eurovisión, nos ha transmitido con El Código, su canción ganadora: ¿Quién decide qué está mal, qué está bien? // Fui al infierno y regresé / para encontrarme en el camino correcto. / Descifré el código.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Yo pensé también un día que los hombres nunca lloran porque es una cobardía que ninguno debe hacer
que por mucho sufrimiento que haya dentro de sus vidas en los hombres hay heridas que nunca se dejan ver
Raphael, Los hombres lloran también (1964)
Sevilla, 27/IV/2024
Hace 17 años publiqué en este cuaderno digital un artículo, Estereotipo machista 2: los hombres no lloran, tópico muy extendido en nuestro país y que a mí me marcó mucho en mi infancia. Lo he recordado especialmente, al verificar cómo han reaccionado muchos líderes políticos y tertulianos, las redes sociales y las derechas mediáticas también, a la “carta a la ciudadanía” enviada el pasado miércoles por Pedro Sánchez, ciudadano y presidente de este país, apoyados por el consabido mantra de que “de casa hay que salir llorados” (Puigdemont, dixit) o una variación sobre el mismo tema, “al trabajo hay que venir llorados”. Han agregado también, entre otras lindezas e improperios, que lo que ha hecho el presidente, al escribir esta carta, es hacer pública una rabieta propia de un adolescente (Feijóo, dixit). Nuestro mítico y universal cantante, Rafael, me ha recordado en pocas palabras que “yo pensé también un día / que los hombres nunca lloran / porque es una cobardía / que ninguno debe hacer”.
En fin, lo que viene a decir la derecha y su más allá ultramontano, es que un presidente “serio”, “de bien”, no llora, porque es de cobardes. En este contexto tan triste y desolador, vuelvo a publicar el artículo citado, porque creo que no ha perdido actualidad alguna y porque el presidente Sánchez, cuando está triste e incluso llora, merece nuestro respeto y comprensión. Sobretodo, porque en relación a lo que han hecho con las insidias contra su esposa, “aunque sea cobardía, cuando se ha querido bien, se diga lo que se diga”, demuestra con su carta que “los hombres [aunque sean presidentes] lloran también”.
Sabemos muy poco del llanto. Recuerdo, cuando era niño, que en mi casa sabían cómo provocar sentimientos contradictorios niño/niña para sentirme mal después de una caída en la calle, cuando llegaba a casa llorando porque el dolor era insoportable en las rodillas destrozadas, al grito unánime de varias mujeres que me rodeaban: «¡los hombres no lloran!». ¡Cuántas veces lo habré escuchado! Y así hemos crecido durante varias generaciones, desde una perspectiva de género muy confusa porque me lo decían las mujeres más queridas en mi vida, porque cuando lloraba mi hermana yo lo veía como lo más natural del mundo y porque cuando había que llorar en común en la clave del Padre Peyton: la familia que llora unida, permanece unida, todas las miradas de mi tía y abuela iban hacia mis ojos como espías impertérritas ante la radio “Philips” que presidía la repisa principal de la sala de estar, lanzando a los cuatro vientos a través de Radio Madrid las voces de las radionovelas, los seriales radiofónicos y los programas del tipo “Ustedes son formidables” y “Operación Clavel”, en los que tenía que reprimir mis emociones y sentimientos para no caer en el ridículo más espantoso. Además, si lloraba, era candidato seguro a ser “mariquita”, cuestión de la que ya estaba advertido por lo que pudiera pasar…, porque al único que se le permitía decir algo en tal sentido era al cantante Raphael, en la canción que abre este post: y aunque sea cobardía, cuando se ha querido bien, se diga lo que se diga, los hombres lloran también.
Y lo que puedo asegurar es que lloraba, tragándome las lágrimas de una represión colectiva que no me enseñaba a llorar adecuadamente, porque la preocupación estribaba más en la representación del llanto y casi nunca en su causa. Pesaban más los fárragos que las quintaesencias, en lenguaje casi arcano. Así hemos crecido. Por ello, en esta tarea de deconstrucción del cerebro, me encuentro con una realidad que voy a analizar desde la perspectiva de género. Y como siempre, voy a intentar explicar bien por qué llora el ser humano. Por qué lloramos todas y todos, sin excepción.
Lloramos, porque todos los seres humanos estamos preprogramados para ello. En palabras del Dr. Murube del Castillo, un gran experto en dacriología (dácrion en griego: lágrima), la ciencia que estudia la lágrima: “Hace 280-360 millones de años los peces crosopterigios comenzaron a salir frecuentemente de su medio acuático al terrestre, ya por la presión ecológica de otros animales, ya por vivir en charcas de desecación repetida. Así, surgieron los anfibios, uno de cuyos principales cambios fue la creación de un aparato lacrimal que mantuviese mojada permanentemente su córnea, ya que ésta necesita estar cubierta por una película lacrimal para su correcto metabolismo y para mantener una superficie ópticamente lisa. A lo largo de la evolución de las especies fueron apareciendo muchos cambios en el aparato lacrimal, entre los que están la aparición y perfeccionamiento de un sistema nervioso de conexión, que dio lugar a la lágrima refleja, y de un sistema nervioso de elaboración que dio lugar a la lágrima emocional”. Es decir, la evolución ha llevado a su expresión más desarrollada la estructura cerebral que controla también el llanto de los seres humanos y todos los procesos desencadenantes para su estudio e interpretación científica.
Tres tipologías de lágrima se estudian hoy en la investigación dacriológica: la basal, la refleja y la emocional. La lacrimación basal es la que el ojo produce en circunstancias normales, ejerciendo una función protectora en el globo ocular, de forma que lubrica su superficie, procurando a la córnea oxígeno y nutrientes para su metabolismo y finalmente mantiene en suspensión sustancias relacionadas con la defensa inmunitaria. La lágrima está compuesta en su mayor parte por agua, siendo los otros componentes lípidos y proteínas. La glándula lagrimal principal produce el 95% del componente acuoso de las lágrimas, siendo las glándulas lagrimales accesorias de Krause y Wolfring las encargadas de la producción del resto. La secreción lagrimal refleja es varios cientos de veces superior a la producción basal o de reposo, y está producida por la estimulación sensorial conjuntival y corneal superficial. El estímulo secretor que actúa sobre la glándula es parasimpático y produce secreción refleja en ambos ojos. También existe una lacrimación emocional que se produce siempre a través de una orden cerebral relacionada con determinados estados anímicos.
De acuerdo con el Dr. Murube, “la lacrimación emocional es filogenéticamente muy reciente, y sólo existe en la especie humana. Hay 5 teorías para explicar su aparición, todas basadas en la transformación del lagrimeo en un reflejo condicionado asociado a la angustia del llanto: La compresión de las glándulas lacrimales al comprimir las glándulas con el blefarospasmo del llanto (Darwin 1872), la liberación catártica de un estímulo nervioso por vía parasimpático-lacrimal (Freud 1893, 1929), la humidificación del aparato fonatorio (Montagu 1969), el aclaramiento de productos biológicos liberados a la sangre por la emoción (Frey et al 1983), y la simbolización de la lágrima como manifestación de dolor, derivada de que el derramamiento de lágrima por lagrimeo reflejo se hace siempre asociado a dolor (Murube). La secreción emocional se admitía hasta el presente que se inicia a las pocas semanas o meses del nacimiento. Desde que se descompuso la lacrimal emocional en dos tipos, el de petición de ayuda y el de donación de ayuda (Murube et al 1990a), esta fecha queda asignada a la lacrimación de petición de ayuda, apareciendo la de donación de ayuda al acceso del uso de razón, es decir, entre los 5 y 7 años” (1).
Daniel Goleman, en referencia a la lágrima emocional, sintetizó muy bien el proceso del llanto en su presentación mediática de la inteligencia emocional: “El llanto, un rasgo emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a ella, el gyrus cingulatus. Cuando uno se siente apoyado, consolado y confortado, esas mismas regiones cerebrales se ocupan de mitigar los sollozos pero, sin amígdala, ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las lágrimas” (2). Tal y como manifestaba en el post dedicado al gyrus cingulatus, “sus funciones básicas están centradas en proporcionar comunicación continua -es zona de paso y proceso continuo- desde el tálamo hasta el hipocampo, estructuras ya analizadas en la cartografía cerebral que estoy construyendo y que se puede volver a consultar para ir montando este puzle humano de cien mil millones de piezas, ninguna igual. El giro colabora con la memoria emocional, con reminiscencias muy primitivas cercanas al olor, al llanto y al dolor, es decir, esta realidad nos permite constatar que hace millones de años que el ser humano llora, sufre. Es también el lugar de control para el trabajo atencional ejecutivo y esta misma estructura cerebral recibe las aferencias desde las estructuras emocionales en red que se asocian con el malestar humano, procesan las respuestas al estrés y modulan la conciencia, expresión esta última a la que habría que dedicar muchas anotaciones en este cuaderno y que asumo como responsabilidad científica (3). En definitiva, existe una correlación causa-efecto, en el marco emocional de las personas, determinante para llorar. Además, al llorar hacemos una exhibición de lo que somos, siendo uno de los momentos estelares en la representación del llanto que alcanzan las actrices y los actores: “lloran como si fuera verdad lo que está pasando”, solemos decir.
A partir de estos planteamientos básicos, solo queda aceptar la realidad del llanto como patrón de conducta aprendido en la sociedad que rodea a cada persona. La investigación al respecto nació en la década de los años setenta del siglo pasado. En un estudio llevado a cabo en 2004 por el investigador y fisiólogo William Frey, autor del libro Llorar, el misterio de las lágrimas(4), ya se van acercando más hombres y mujeres al llanto común: 64 episodios de llanto como promedio anual para las mujeres y 17 para los hombres, lo que implica un volumen cuatro veces menor de lágrimas masculinas que femeninas. Asimismo, el informe señalaba que los hombres lloran un promedio de cuatro minutos por episodio, mientras las mujeres lo hacen durante seis o más. Pero, aunque, hoy, los hombres lloran sin pudor, los estereotipos de género siguen teniendo un peso decisivo. Al menos eso fue lo que manifestó otro estudio, que comprobó que las mujeres lloran más que los hombres si miran una película emotiva en compañía de alguien del sexo opuesto que cuando lo hacen con alguien del propio (5).
Las pocas veces que al fin pude llorar en mi infancia, recuerdos de Castilla, se interpretaban mis lágrimas con la dura expresión de “¡Lágrimas de cocodrilo!”, que nunca entendí en la razón última de su origen, porque precisamente nunca había podido vincular la firmeza del saurio con una debilidad tan extrema. Entre mujeres y cocodrilos crecíamos para ser personas. Luego supe que esta frase tenía una base cultural importante en nuestro país, porque según el propio Dr. Murube: “En el siglo XIII, Bartolomeu Angelicus escribió que cuando el cocodrilo encuentra a un hombre a la orilla del agua lo mata, si puede, después llora sobre él y, finalmente lo devora». De ahí nació la expresión de «lágrimas de cocodrilo», aquellas derramadas hipócritamente por quien hizo el daño. De todos modos, «hasta hace siglo y medio no se aclaró que la razón no es psicógena, sino de pura fisiología digestiva: el cocodrilo produce poca saliva, por lo que llora para que las lágrimas pasen a la cavidad orofaríngea y le sirvan para lubricar y deglutir el bolo alimenticio».
Siempre me ha impresionado cómo influyen los estereotipos sociales en estas manifestaciones machistas. Aquí en Andalucía tenemos un capítulo en la intrahistoria penosa de la erradicación de las culturas invasoras, cuando solo sabemos de las lágrimas de Boabdil en el «Suspiro del Moro» tal y como nos lo ha contado la historia hasta hoy en palabras de su madre: Llora como mujer lo que no supiste guardar y defender como un hombre. Sin embargo, poco han trascendido sus lágrimas del silencio, en una tumba del pueblo granadino llamado Mondújar. En esa tierra dejó Boabdil los restos mortales de la persona que amó tanto como a Granada, a su esposa Morayma, la mujer que se mantuvo fiel a su lado, que le dio dos hijos y que sufrió en silencio, tanto como él, su vida y reinado desdichado. Un ejemplo clarividente de aprendizaje y estereotipo injusto para la posteridad, de las niñas y niños que lloran en Andalucía.
Sevilla, 15/VII/2007
(1) Murube del Castillo, J. Mesa Redonda, 73 Congreso de la Sociedad Española de Oftalmología – Granada, 1997 (recuperado de http://www.anatomiahumana.ucv.cl/estructura/modulo8.html). (2) Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós, p. 39. (3) González, C., Carranza, J. A., Fuentes, L. J., Galián, M. D. y Estévez, A. F. (2001). Mecanismos atencionales y desarrollo de la autorregulación en la infancia. Anales de psicología, vol. 17, nº 2 (diciembre), 275-286. (4) William H.F. and Muriel, L. (1985). Crying, the Mystery of Tears. Minneapolis: Winston Press. (5) Diaz Prieto, M. (2004). Los hombres lloran 4 veces menos que las mujeres. Sin embargo, dice un estudio, antes lloraban aún menos. La moda del varón sensible (recuperado de http://www.unsl.edu.ar/~dospu/archivos/llora.htm, el 12 de julio de 2007).
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