Violeta Parra nos enseñó a agradecer la vida

Sevilla, 5/II/2021

Hoy se cumple el 54 aniversario de la ausencia, en este mundo complejo y difícil, de una mujer extraordinaria, Violeta Parra, que siempre recuerdo en una canción grabada en mi persona de secreto, desde que era niño, pensaba como niño y actuaba como niño, porque daba gracias a la vida por sus dos luceros, por el oído, el sonido, el abecedario, sus pies cansados, el corazón, la risa, el llanto:

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
Perfecto distingo lo negro del blanco,
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
Graba noche y día grillos y canarios;
Martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
Y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
Con él las palabras que pienso y declaro:
Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
La ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
Con ellos anduve ciudades y charcos,
Playas y desiertos, montañas y llanos,
Y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano;
Cuando miro el bueno tan lejos del malo,
Cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
Los dos materiales que forman mi canto,
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Comprendo más que nunca que un día le dedicara su hermano Nicanor estas hermosas palabras:

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido.

Violeta y Nicanor Parra nos enseñaron que el compromiso social también se podía llevar a cabo a través del canto y de las palabras, porque Violeta era cantora para ilusionar y ayudar a los demás, sobre todo a los que menos tienen (Facundo Cabral afirmaba que cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar) y Nicanor sabía que llegaría el día en que se pararía la montaña rusa de su poesía, enseñándonos que las palabras de compromiso humano tienen la urgencia social dentro: “Yo me preguntaba por qué cresta los poetas hablaban de una forma y escribían de otra. ¿Por qué utilizan esa jerga que se llama lenguaje poético y que no tiene nada que ver con el lenguaje de la realidad?”. Lo resolvió con un poema inolvidable:

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.

Sólo cuando los dos hermanos, Violeta y Nicanor, ya no pueden interpretar directamente sus poemas y canciones, les reconocemos hoy que hemos aprendido de su testimonio vital y que hay que mantenerlas vivas, transmitiendo la cruda realidad, sin palabras artificiales, recurriendo sin descanso a sus palabras con la imaginación más bella, para que no terminen ni se olviden nunca, porque todavía van y vienen por la vida de todos, por la de secreto. Poniendo música a la persona imaginaria de Nicanor, su hermano del alma, a la que a todos nos gustaría copiar algún día:

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Hoy, gracias a Violeta Parra, en plena crisis del coronavirus, me permito recordar con ella, como persona imaginaria en un sueño muy especial, que debo estar muy agradecido a la vida, sobre todo porque me permite escribir con alma, porque… ¡me ha dado tanto!: el sonido, el abecedario y con él las palabras que hoy pienso y declaro. También, la familia y los amigos y amigas, junto con la luz necesaria, en este tiempo tan difícil, para alumbrar la ruta del alma de las personas a las que tanto amo, aunque esté ahora rodeado de dichas y quebrantos, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto, el canto de todos, que es mi propio canto.

Al igual que hizo su hermano Nicanor, hoy he recordado a Violeta en una sola canción, una canción inolvidable, que no termina nunca.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.