[…] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: «Dime qué lees y te diré quien eres».
Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931)
Sevilla, 23/IV/2025 – 08:35 h (CET+2)
Hoy se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor 2025, para el que, institucionalmente, el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura, ha publicado el cartel conmemorativo, realizado por el ilustrador Pep Montserrat, que fue Premio Nacional de Ilustración 2024 por su “gran capacidad de construir significados que van más allá del simple despliegue visual con una voz propia y reconocible”.
Como viene siendo habitual, según el Ministerio, “este cartel ilustra una frase del último galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’, que otorga el Ministerio de Cultura. En 2024 fue Álvaro Pombo, de quien se ha elegido, para inspirar el diseño, el siguiente texto: “Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir”.
Pep Montserrat ha manifestado en este sentido “que llegó a la idea “del libro como puerta, un espacio mayor, más libre, más amplio y rico”. Además, el autor ha añadido que para eso “fue muy útil romper con la idea de un ser humano leyendo y poder introducir otros elementos que pudieran jugar con esa idea de puerta”.
En este contexto cultural, el Ministerio de Cultura ha preparado una agenda conmemorativa de actividades que se extenderán a lo largo de la denominada ‘Semana cervantina’, que dio comienzo el pasado 21 de abril, contemplándose como acto principal la entrega hoy del Premio Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’ a Álvaro Pombo.
Una vez más, acudo a mi clínica del alma, mi biblioteca, para leer a Irene Vallejo en su Manifiesto por la lectura(1), que ya he comentado en este cuaderno digital y que tanto aprecio como regalo a las personas que admiro, haciendo un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.
Para mí los libros tienen algo especial, porque estremecen el alma. Me lo recuerda también Irene Vallejo en el libro citado, concretamente en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído en la inauguración de su biblioteca pública en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).
Creo que en este día tan especial debemos conocer y valorar en su justa medida no sólo la flor de un día del sector del libro en nuestro país, sino los principales resultados en hábitos de lectura y compra de libros en España, en 2024, elaborados a través de una encuesta realizada por CONECTA para la Federación de Gremios de Editores de España y con el patrocinio del Ministerio de Cultura y CEDRO, reflejados en un Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024.
Álvaro Pombo tiene toda la razón y hoy, sus palabras, son un mensaje en nuestro buzón del tiempo de todos y cada uno: Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir. Todos los días demostramos o no el valor de los libros en nuestro país y es lo que debemos recordar hoy de forma especial.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Acaba de saltar al mundo la noticia del fallecimiento del papa Francisco, bautizado como Jorge Mario Bergoglio, que eligió para su pontificado un lema explicado por el Vaticano: “El lema del Santo Padre Francisco [miserando atque eligendo] procede de las Homilías de san Beda el Venerable, sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme)”.
Creo que ha sido un pontífice que ha luchado contra viento y marea por dignificar el rol de la Iglesia en el mundo actual, empezando por su propia Casa, el Vaticano, pero la Curia no se lo ha puesto fácil. Me consta que ha intentado sortear los bloqueos desde dentro en la eufemística Santa Sede, pero nunca mejor dicho con tono quijotesco, ¡con la propia Iglesia has topado, amigo Francisco!
Estos momentos son propicios para los panegíricos que tanto gustan a la Iglesia Católica, Apostólica y…Romana, por supuesto. Creo que su marcha al Cielo en el que creyó siempre, es la que suplicó su antecesor Pedro en vida para recobrar su esencia pontificia, según lo expresó maravillosamente Rafael Alberti, un comunista redomado, en su poema Basílica de san pedro:
Di, Jesucristo, ¿Por qué me besan tanto los pies?
Soy San Pedro aquí sentado, en bronce inmovilizado, no puedo mirar de lado ni pegar un puntapié, pues tengo los pies gastados, como ves.
Haz un milagro, Señor. Déjame bajar al río; volver a ser pescador, que es lo mío.
Francisco, pescador de creencias, creía en la resurrección diaria y en la final, y eso, como le ocurría a Teresa de Jesús, le bastaba entre tanta miseria eclesial y mundana. Lo suyo, como le ocurrió a Pedro, ha sido una tarea de persona imprescindible en un mundo descreído, falto de valores, que ha cambiado su grey de fieles por turistas en sus iglesias, ¡ay, del turismo eclesial!, bastante vacías, aunque hoy podrá hacer una confidencia a su Dios sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario, tal y como Alberti lo escribió también en Roma, peligro para caminantes: “Confiésalo, Señor, solo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. / Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / y no te encuentran por ninguna parte”.
Lo que ignoro es la respuesta de su Dios a estas confidencias tan profundas. Su testimonio de vida papal ha marcado pautas para el resurgimiento de una nueva iglesia donde deben ocupar un papel estelar los nadies,los ningunos, los ninguneados, los dueños de nada (Eduardo Galeano, dixit), no el cuerpo cardenalicio como guardianes excelsos de la fe, corpus donde ha encontrado tantos enemigos en la sombra o al descubierto, que de todo hay en la viña del Señor.
Gracias Francisco, gracias, porque entre luces y sombras, me quedo con tu voz próxima a los más débiles del mundo, millones de personas que han necesitado tu acogida y amparo, con especial atención al fenómeno de la migración. Me consta que lo has manifestado de mil maneras, con todos los medios vaticanos posibles y esas acciones te hacen merecedor del reconocimiento mundial de líder necesario e imprescindible.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos, / ni blancos ni negros, / ni payos ni gitanos. / Que para Él, tos somos iguales. / Que para Él, tos somos hermanos. // ¡Cristo ha resucitao! / ¡Cristo ha resucitao! / ¡Victoria, victoria, victoria de la raza humana!
Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, Anunciación de la Pascua, en Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982).
Sevilla, 20/IV/2025 – 08:00 h (CET+2)
Finalizo hoy esta breve serie sobre la interpretación laica de la Semana Santa, en un Domingo de Resurrección según el calendario gregoriano. Convencido, como estoy, de que en la «superficie espiritual» de Andalucía somos “escuchaores” de su dolor y de su alegría, vuelvo a dar hoy un sentido muy especial a esta palabra, escuchaor, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…] la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1). Por este motivo, he recurrido a la banda sonora de mi vida para rescatar una joya bastante desconocida en nuestra tierra, Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982), una obra discográfica llevada a cabo por Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, escogiendo hoy una canción de esta magna obra, Anunciación de la Pascua.
Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: las personas que vivimos en Andalucía, que respetamos su identidad, es decir, su extraordinaria «superficie espiritual», que decía García Lorca, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez definía a Moguer, su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante, al baile, al sentir cotidiano, el de todos los días. Luis Cernuda hizo también un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos (Manuel Gerena, dixit)
Personalmente, sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, incluso cuando canta la “Anunciación de la Pascua”. Como lo soñó Luis Cernuda en un día ya lejano, esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó nuestro paisano, sevillano y andaluz, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía, su auténtica resurrección laica: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, que escucho siempre con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro, que cantaba Ricardo Cantalapiedra en mis años jóvenes, porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre.
He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas hace tan solo cien años, en el primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922: A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.
Escuchen atentamente esta canción. La Anunciación de la Pascua, es un mensaje laico, alentador, en un Domingo de Resurrección de estos tiempos tan modernos, difíciles y rodeados de un mundo al revés, que busca la dignidad humana continuamente. No hacen falta más palabras, porque para Él, tos somos iguales, tos somos hermanos.
No temáis, ¡no!, porque el que habéis matao no está muerto, ¡no!, que ha resucitao.
Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos, ni blancos ni negros, ni payos ni gitanos. Que para Él, tos somos iguales. Que para Él, tos somos hermanos.
¡Cristo ha resucitao! ¡Cristo ha resucitao! ¡Victoria, victoria, victoria de la raza humana!
No miréis tristes al cielo —gitanos, gitanos—, gitanos sin alegría, lo que hoy parece duelo —gitanos, gitanos— ya es vía y cercanía.
Venid, gitanos, venid, gitanos venid, gitanos… venid, que Cristo aquí nos aguarda.
Todos nosotros veremos el gran día de la Pascua, —¡ay, Jesús, ay, Jesús!— el gran día de la Pascua.
Cantareis con alegría —gitanos, gitanos—, decía todo el que crea, que Cristo ha resucitao —gitanos, gitanos—, comienza nuestra tarea.
Todos nosotros creemos que en Él la muerte no manda, —¡Jesús, ay, Jesús!— que en Él la muerte no manda.
(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.
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UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Según el calendario gregoriano, tutelado por la iglesia católica, apostólica y romana, hoy es Sábado Santo, una jornada de reflexión para los creyentes católicos, después de recordar los graves acontecimientos acaecidos en torno a la figura de Jesús de Nazaret. Desde mi perspectiva laica, es un sábado de pausa después del frenesí semanasantero de esta ciudad, del que casi nadie es ajeno por acción u omisión.
Benedetti, que siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.
Hoy, Sábado Laico también, estas palabras de Benedetti forman parte de un buen manual para aprender a hacer pausas en la vida apresurada que acometemos en cada despertar. Con la ilusión de comenzar de nuevo todo si fuera necesario, pero cantando las verdades (que también existen, como las palabras) y no engolfarse en las mentiras.
En este contexto, me acuerdo hoy (Brainard, dixit) que un conjunto madrileño de música indie, Izal, cantaba hasta su desaparición el encanto necesario de la pausa: Yo sólo pido pausa y tú me das ojos de huracán. / Yo sólo pido calma y tú haces espuma el agua del mar. / Sólo pido silencio y gritas que no digo la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / Yo sólo quiero pausa, tú rebobinar. / Yo sólo busco un ritmo lento, tú velocidad. / Yo sólo pido una dulce mentira, tú toda la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / ¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. He querido que hoy acompañara también a estas palabras una patinadora olímpica, Sonia Lafuente, porque expresa maravillosamente esta pausa necesaria e imprescindible y quizá, viéndola, la comprenderemos mejor.
Es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, en un Sábado Laico especial, diferente de los demás.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.
Federico García Lorca, en Semana Santa en Granada.
Sevilla, 16/IV/2025 – 07:25 h (CET+2)
Vuelvo a publicar hoy un hallazgo conmovedor que hice el año pasado desde mi perspectiva laica de la Semana Santa, unas palabras en prosa de Federico García Lorca, entre la escasa obra en este género que nos legó. Se trata de unas “impresiones” sobre la Semana Santa en Granada (1), la ciudad que tanto amó y que tan mal lo trató. He vuelto a leerlas, descubriendo nuevas formas de comprender el alma secreta del poeta. Las comparto hoy de nuevo porque necesito su compañía en este mundo al revés, turbulento y descreído, tan falto de horizontes próximos de grandeza democrática y ciudadana. Sobre todo, porque en plena Semana Santa, atento a las palabras del poeta, estoy lejos del“tumulto barroco de la universal Sevilla”.
Semana Santa en Granada
El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra.
A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.
A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.
O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.
El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y anti espectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile.
Estos últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad de la poesía de Calderón.
En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los «soldaos» romanos para ensayar. Los «soldaos» no eran cofradía, como los jacarandosos «armaos» de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: «porón…, ¡chas!», y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los «soldaos» romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: «Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias», dicho granadinísimo que han comentado ya varias generaciones.
Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con ta-ta-chín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía. Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.
Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.
El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.
La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión… ; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.
Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaycín llaman «los tíos turistas», para ésos no está abierta el alma de la ciudad.
(1) García Lorca, Federico, Semana Santa en Granada, en Otras impresiones y paisajes. Obras completas, I (19ª edición), Madrid: Aguilar, p. 941-944, 1995.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Corría el año del Mayo del 68, en el pasado siglo. Con veintiún años navegué por primera vez hacia Italia en un “Canguro Bianco” de la Compañía Traghetti Sardi, consorciada con la naviera española Ybarra, viajando en la clase más popular de poltronas, en un barco presentado como uno de los más confortables en el mar por su sistema automático de estabilizadores. Atravesando de noche el peligroso Golfo de León me llevó desde Barcelona a Génova, para llegar finalmente en tren a Milán y Brescia, donde viví seis meses, muy cerca de Sirmione sul Garda, la residencia clásica del poeta Catulo. Fue precisamente en Brescia donde compré un libro de Juan Ramón Jiménez en italiano, Siviglia (Sevilla), dedicado a una ciudad que amaba desde su infancia, “como soy de Moguer y de Sevilla, canto mis ilusiones por seguidillas” llegó a escribir, que me acompañó como libro de cabecera aquellos meses separado de mi tierra y de mi parentela.
En ese libro, en el que leí por primera vez en italiano la poesía y prosa poética de Juan Ramón Jiménez, descubrí un poema dedicado a la madrugada de Viernes Santo, breve y bueno, que no olvido en esta semana laica:
…Sobre las calles que huelen a cera, sobre las azoteas con macetas, se va viendo una luz de plata y en el fresco y puro azul matutino, aún negro, se oyen volar palomas que no se ven.
Intuyo que estas palabras las sintió con la proximidad de la Giralda, a la que definió en este pequeño libro como ingrávida y transparente al despertar el día:
Por la mañana, el aire puro sevillano, la Giralda ingrávida, transparente -menos aún o más que de cristal- está todavía desnuda como en la noche. Una mujer desnuda que sintiera, de pronto, su desnudez. ¡qué alegre y atropellada, cantando al sol primero, en su risueño despertar de primavera, sobre el panorama rubio de su visión!
Este libro, Sevilla, que conservo en mi biblioteca, la clínica de mi alma, lo dedicó a su hermana Ignacia y sus hijos. Fue editado en 1965, en Milán, por la Editrice Nuova Accademia. Lo mantengo como “oro en paño”, porque descubrirlo en un kiosko de prensa en Brescia, me ofreció en aquella lejanía la compañía de esta ciudad, Sevilla, a la que tanto quiero. Junto a los poemas en prosa citados, siempre leí una y otra vez De la guía celeste, porque apoyado en el poeta Villasandino, llega a decir que en la primavera universal, suele el Paraíso descender hasta Sevilla:
“El Paraíso: Paraje breve e infinito, «lyndo syn comparación» —Villasandino—, trasunto fiel de la ciudad terrena —conocida bien del viajero— de Sevilla, «briosa ciudat extraña» —Autor citado—. Sito exactamente en el lugar del cielo que corresponde, con su azul, a dicha ciudad «claridat e luz de España» —Autor citado—. En la primavera universal suele El Paraíso descender hasta Sevilla».
Comprendo perfectamente que en aquellos años contemporáneos, Stefan Zweig escribiera algo que me conmueve todavía al recordarlo: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades pueden ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Él, que también escribió que “en Sevilla se podía ser feliz” a pesar de sus miserias, comprendió junto a Juan Ramón Jiménez su vanidad, porque quien no la ha visto, no puede comprender lo maravillosa que es y no es capaz de reprochársela porque “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.
Son palabras de Juan Ramón Jiménez y Stefan Zweig, dedicadas a Sevilla, donde en estos días sus calles huelen a cera y azahar, recordando su luz de plata, su sonrisa en el rostro de la vida y la fe de sus mayores en una Semana Santa muy particular.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Luis Cernuda Bidón (Sevilla, 21 de septiembre de 1902 – Ciudad de México, 5 de noviembre de 1963)
Azahar, luna, música, / entrelazados, bañan / la ciudad toda.
Luis Cernuda, en Luna llena de Semana Santa
Sevilla, 14/IV/2025 – 16:30 h (CET+2)
Luis Cernuda nació y creció en el discreto encanto de la burguesía sevillana, militar y creyente por supuesto. Así nos lo describió en La eternidad, palabras que figuran enOcnos, alejado de su tierra y de su parentela en un triste exilio escocés: “Poseía cuando niño una ciega fe religiosa. Quería obrar bien, mas no porque esperase un premio o temiese un castigo, sino por instinto de seguir un orden bello establecido por Dios, en el cual la irrupción del mal era tanto un pecado como una disonancia”.
EnLa desolación de la quimera, título cooptado de un verso del poeta T. S. Eliot, vuelve a recordar Cernuda sus vivencias de la Semana Santa de Sevilla en Luna llena en Semana Santa, escrito en la primavera de 1961: “Denso, suave, el aire / orea tantas callejas, / plazuelas, cuya alma / es la flor del naranjo. / Resuenan cerca, lejos, / clarines masculinos / aquí, allí la flauta / y oboe femeninos. / Mágica por el cielo / la luna fulge, llena / Luna de parasceve. / Azahar, luna, música, / entrelazados, bañan / la ciudad toda. Y breve / tu mente la contiene / en sí, como una mano / amorosa. ¿Nostalgias? / No. Lo que así recreas / es el tiempo sin tiempo / del niño, los instintos / aprendiendo la vida / dichosamente, como / la planta nueva aprende / en suelo amigo. Eco / que, a la doble distancia, / generoso hoy te vuelve, / en leyenda, a tu origen. / Et in Arcadia ego”.
Estando cerca de estas palabras, no me hace falta más en estos días tan especiales, semanasanteros de pura cepa, descritos excelentemente por el poeta nacido en mi ciudad, a la que tanto quiso. Comprendo el significado de cómo necesitamos, a veces, admirar la belleza de lo que nos rodea, aunque estemos viviendo en una Arcadia particular.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Joan Manuel Serrat (Barcelona, 1943) ocupa un lugar muy especial en la banda sonora de mi vida. Lo atestiguan las numerosas páginas que he dedicado a su vida y obra en este cuaderno digital. En esta ocasión, vuelvo de nuevo a encontrarme con él porque ayer, la Caja de las Letras del Instituto Cervantes recibió un legado suyo como cantautor (para mí cantor, porque no solo ha podido hacerlo sino que debíahacerlo en momentos políticos transcendentales para este país), que incluye la partitura original de la primera grabación de la canción Mediterráneo, además de una copia de su primer disco publicado, un EP con títulos como La mort de l’avi o Una guitarra. Antes de efectuar la entrega de objetos personales, Serrat afirmó que “Cada día que me despierto me siento estupendamente. Pienso que la vida es un acto maravilloso a pesar de los pesares, porque procuro retrasar la hora de las noticias y de encender la tele para enterarme de ciertas cosas, pero me parece que la vida sigue siendo un regalo”.
La información oficial del acto recoge momentos especiales de este encuentro: “Para el músico catalán, la idea de depositar un legado es algo que no concebía, porque «nunca» ha escrito ni hecho «prácticamente nada» pensando en dejar una herencia. «Incluso cuando mis hijos nacieron tampoco lo tenía previsto. Han sido cosas que han ido ocurriendo en la vida y a la cual estoy muy agradecido, porque me ha permitido hacer un oficio que me ha hecho muy feliz. ¿Qué más puedo hacer entonces que ir deshaciéndome en vida de las cosas que yo quiero, como son las que traigo aquí?», ha bromeado. Serrat ha reconocido que el legado cervantino «está pasando por un mal trago» en la actualidad, aunque «el talento de Cervantes sigue perfectamente vivo y sus personajes siguen diciéndonos cosas que nos pueden ser hoy en día también muy útiles».
El legado de Serrat depositado en la caja número 1276 del Instituto Cervantes consta del “primer disco grabado en catalán en el año 1965 por Serrat, el cual ha reconocido con humor que «se está desintegrando, pero ahora estará cuidado en condiciones». También ha introducido la partitura original de la grabación con orquesta de Mediterráneo, con alguna tachadura del puño y letra del cantautor. Además, ha depositado un libro de Miguel Hernández con anotaciones (Serrat grabó en el año 1972 un álbum en el que musicalizó poemas del poeta oriolano). «Está roto, como tiene que estar un libro: roto, manchado y con signos evidentes de haber sido usado», ha reivindicado, ironizando con que la compra de esta edición, en la época franquista, se hizo en «el extraperlo». Asimismo, el legado ha incluido su máquina de escribir «Brother. Echelon 44», con la que escribió parte de sus primeras canciones. «Este objeto siempre me gustó mucho, porque he tenido una letra difícil de leer incluso para mí y, a máquina, leía los versos como si fueran mejores: hechos a mano no me salían tan bien».
El director del Instituto Cervantes, el poeta Luis Garcia Montero, resaltó que “la entrada de Serrat en la Caja de las Letras viene avalada por el «poder creativo» de sus letras y su «diálogo» con la poesía de autores como Machado, Rafael Alberti o Joan Margarit. «El noi del Poble-sec supo crear un mundo propio en diálogo con la canción catalana, creó la educación sentimental de los españoles y mostró que el sur también existe: nos ha enseñado a vivir con versos en la boca», ha remarcado”. Igualmente, calificó “de «honor y suerte» la entrada de este legado en la Caja de las Letras, asegurando que «a veces las pequeñas cosas se convierten en ocasiones grandes. Eres bueno para la cultura internacional, hoy estas aquí y el gusto es nuestro», ha concluido, con un guiño a uno de los álbumes más emblemáticos del músico, grabado junto a Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos”.
En este acto recibió también el Premio Antonio de Sancha [primer editor español], concedido por la Asociación de Editores de Madrid, mostrando Serrat su agradecimiento por el reconocimiento a su trayectoria: «Los premios, cuando te los dan con cariño y respeto por lo que tú haces, te provocan también a ti ese mismo sentimiento por todos los demás. Todos los premios han sido muy agradecidos, pero seguramente, y lo digo con toda sinceridad, en algunos casos podían haber caído en mejores manos»,
La última vez que escribí unas palabras sobre él fue en octubre de 2024 con motivo de la recepción del Premio Princesa a las Artes 2024, en cuyo acto oficial pronunció un discurso a modo de retrato personal, en la clave aprendida del gran poeta Antonio Machado, a quien puso una música especial en poemas inolvidables. Lo hago porque este retrato es también un legado para los millones de personas que consideramos a Serrat como una persona imprescindible en nuestras vidas, que lo ha depositado en cada uno de nosotros:
Como ven, soy un señor mayor tirando a viejo. Vengo de una larga posguerra y de una familia humilde que me dio lo mejor que podrán hallar en mi. En el camino azaroso fui encontrando las razones para seguir adelante y con el impulso de los sueños llegué hasta aquí.
Soy una persona que se siente querida y respetada, a la que le gusta su oficio. Cantar y escribir canciones. Soy un hombre partidario de la vida. Prefiero los caminos a las fronteras, la razón a la fuerza y el instinto a la urbanidad.
Soy un animal social y racional que necesita del hombre mas allá de la tribu.
Creo en la tolerancia. Creo en el respeto al derecho ajeno y el diálogo como la única manera de resolver los asuntos justamente.
Creo en la libertad, la justicia y la. Valores que van de la mano o no lo son.
Tal vez por eso no me gusta el mundo en que vivimos, hostil, contaminado e insolidario, donde los valores democráticos y morales han sido sustituidos por la avidez del mercado, donde todo tiene un precio. No me gusta ser testigo de atrocidades sin unánimes y contundentes respuestas.
No me conformo al ver los sueños varados en la otra orilla del rio.
¿Cuándo llegará el tiempo de vendimiar los sueños?, me pregunto de mala gana, al ver partir a los amigos sin cosechar.
Quiero dejar el recuerdo de un buen hombre, justo y agradecido y espero no haber llegado hasta hoy para mostrar gratitud y afecto a quienes generosamente me han regalado su amistad, su compañía y su consejo pero, por si acaso desde aquí, quiero dar las gracias a mis maestros que han sido muchos, a mis compañeros, a los amigos que han compartido el camino conmigo y que me han estimulado y ayudado a sabiendas o no a recorrerlo y sobre todo quiero agradecer a mi mujer haberme permitido compartir la vida con ella.
Gracias a mis padres que me la dieron y a mis hijos y a mis nietos que son mi mayor orgullo.
Gracias a los que han hecho suyas mis canciones y a todos los que desde los cuatro puntos cardinales se alegran conmigo al ver mi nombre unido a la rotunda lista de galardonados con este Premio.
Gracias a ti, Serrat, siempre. Necesitamos reencontrarnos contigo, con tu legado musical, en estos tiempos difíciles, porque desde tu despedida como cantor estamos huérfanos de tus palabras para ensalzar las pequeñas cosas de la vida que, como tú dices, sigue siendo un regalo.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Serán casualidades de la vida, pero hoy, como ayer, he encontrado refugio en mi singladura diaria para buscar islas desconocidas de paz interior, ante las sacudidas de las maneras de Trump (que vienen de antiguo y que más pronto que tarde acabarán afectándonos a todos), en un territorio que conoce bien, Detroit, ¡qué símbolo del capitalismo hundido!, porque en medio de un imperio automovilístico desaparecido, emerge siempre un museo excepcional, el Detroit Institute of Arts Museum, en una ciudad maltrecha pero que alberga un tesoro pictórico mundial. En concreto, me refiero a una obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio, Marta y María Magdalena, porque encierra en sí mismo una parábola de lo que está sucediendo ahora en este mundo al revés, por el sufrimiento generalizado que nos espera y. sobre todo, a los que menos tienen, a los nadies de Eduardo Galeano., a los diferentes, a los refugiados de cualquier barbarie nacional e internacional, a los desfavorecidos de todo tipo.
La sinopsis oficial de esta obra refleja perfectamente la desacralización de su pintura, que tanto aprecio y sobre la que ya he comentado obras suyas en este cuaderno digital: “Hay un Miguel Ángel de Caravaggio que está haciendo cosas extraordinarias en Roma». Esta cita de un pintor holandés contemporáneo ofrece una idea del impacto revolucionario de Caravaggio en el panorama artístico europeo. El uso dramático de la luz y la sombra anima sus imágenes religiosas, que presentan a personas de apariencia común como modelos. Esta pintura toma como punto de partida un pasaje del Evangelio de Lucas en el que Cristo es recibido en casa de las hermanas Marta y María Magdalena. Muestra un intercambio imaginario entre la modesta Marta, que reprocha a su hermana su conducta desobediente y enumera con los dedos los milagros de Cristo, y la sensual y vanidosa María, que viste ropas lujosas y apoya la mano en un gran espejo. Sin embargo, Caravaggio introdujo detalles que insinúan la próxima conversión de María. En su mano derecha, sostiene una ramita de azahar, símbolo de pureza; el anillo en su mano izquierda alude a su condición de esposa de Cristo”.
Si me refugio de nuevo en Michelangelo Merisi, nacido en Caravaggio, cerca de Milán, en 1571, hace ahora 454 años, es porque le reconozco su compromiso social durante el Barroco, pintando la parte más alternativa de la sociedad, a los nadies o a los personajes conflictivos en cualquier época, algo que en su fondo comprendió muy bien Rafael Alberti en el siglo pasado entrando en las iglesias de Roma: Confiésalo, Señor. Sólo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. // Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / Y no te encuentran por ninguna parte. En la obra de Caravaggio no querían encontrar sus contemporáneos del poder real y eclesiástico a los nadies, que tan maravillosamente dibujó y pintó siempre. Por ninguna parte. Tampoco, a la incomprendida y maltratada María Magdalena.
En este contexto, he recordado un artículo que leí en 2021 en elDiario.es, Caravaggio, ese luminoso rescate del comunismo italiano, en el que se planteaba la realidad social que rodeó la vida y obra del gran pintor barroco: “La tormenta de insultos y críticas que sufrió la obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610) al poco de su muerte silenció, durante casi cuatro siglos, al maestro del Barroco. Quedó arrinconado porque sus queridos enemigos se apresuraron a rendir cuentas con el ariete del realismo y escribieron, entre otras lindezas, que por más fuerza real que tenían sus personajes, carecían “de movimiento, afecciones y gracia”. Y de esta manera la corriente clasicista se impuso a la naturalista que el Merisi representaba y así sucedió el triunfo del boloñés y empedernido misógino Guido Reni. La idea ganó a la verdad y la llama del caravaggismo que iluminó Europa el primer cuarto del siglo XVII se apagó. Hasta 1951”.
¿Por qué hasta 1951? La razón es clara y tiene nombre propio, Roberto Longhi (1890-1970), cuando consagra al gran pintor de Caravaggio, el topónimo por el que pasaría a la historia de la puntura, en la primera gran exposición retrospectiva de su obra, en el Palacio Real de Milán: “El análisis que Longhi escribió para la muestra de 1951 es un hecho histórico: acabó con la cancelación que habían alimentado pintores como Poussin, que en 1650 llega a Roma y al conocer la obra de Caravaggio le acusa de “haber venido al mundo para destruir la pintura”. O Stendhal, que pasea por Roma entre 1828 y 1834 y en sus crónicas alaba la obra de Reni y critica la del otro”. Si cobra siempre especial interés la operación rescate internacional de la obra de Caravaggio, no inocente ideológicamente hablando, se debe fundamentalmente a Roberto Longhi.
En relación con lo expuesto anteriormente existe una obra sobre el valor auténtico de su pintura, Caravaggio (1), una nueva edición actualizada de la que se publicó por primera vez en 1952. La sinopsis oficial de esta publicación no deja lugar a duda alguna, atendiendo a las palabras introductorias de Longhi: “No puede sorprender que, para una peripecia vital tan tormentosa y desgraciada como la de Caravaggio, los historiógrafos del siglo XVII más novelesco y del más romántico siglo XIX se las ingeniasen para transformar cada paso, desde sus inicios, para usarlo con fines a un retrato que resultase de lo más popular (lo que para ellos sonaba a plebeyo), es decir, apto para explicar la desprejuiciada y, se decía, indecorosa naturaleza del artista. Fue así como Caravaggio, ya desde niño, en Lombardía, se transmutó en el hijo de un albañil, en mezclador de argamasa y preparador de colas para los encaladores milaneses. Para el resto de su vida, sobre todo durante los años de Roma, Nápoles y Malta, no había ciertamente necesidad de cargar las tintas, cosa que sin embargo no se dejó de hacer y hasta su muerte, por razones de correspondencia simbólica, complaciéndose en adelantar en un año la fecha real de ésta”. Así empieza el ensayo de Roberto Longhi sobre la figura de Caravaggio, tan moderna como enigmática. Sirviéndose de su singular capacidad para imitar voces, Longhi se cuela en la vida del pintor como si hubiese sido su contemporáneo, un amigo íntimo incluso. Repasa sus encargos, explora sus obras maestras, trazando astutas e inesperadas correspondencias entre ellas y la vida del artista. Caravaggio trabaja a un ritmo vertiginoso, con una rapidez y facilidad pasmosas, desde la adolescencia hasta el desorden de sus últimos días romanos, y pasará buena parte de su vida como artista nómada y fugitivo de la justicia. Setenta años después de su publicación, el ensayo de Longhi sigue considerándose una contribución esencial a la bibliografía sobre el pintor, por ser el primero en brindar una visión de contexto de su obra y posiblemente por ser, hasta la fecha, el crítico que ofrece una mirada más limpia, una lectura más sobria e incontaminada, de la trayectoria y la producción del gran maestro”.
Pero lo que verdaderamente me ha entusiasmado al volver a leer el artículo citado es su referencia a la gran admiración que sintió siempre Pier Paolo Pasolini por el pintor de Caravaggio: “El pintor que transformó la mitología en calle, el artista que convirtió lo sagrado en cotidiano, el que demostró que el arte no reside en la historia que narra, sino en la verdad humana que muestra, Caravaggio, fue la inspiración de Pier Paolo Pasolini (1922-1975). El director de El Evangelio según San Mateo (1964) conoció de estudiante a Caravaggio en las clases de Roberto Longhi, en la Universidad de Bolonia. Y su encuentro con el pintor cuajó en su pasión por el cine, como él mismo reconoció”. Longhi lo deja claro en su obra: “La verdad es que cada pintor no ofrece a fin de cuentas sino lo que el mundo le demanda”.
Para finalizar, lo que me sigue conmoviendo en esta búsqueda de ”refugios” para el alma e secreto, es la lectura de un texto de Pasolini sobre “la luz de Caravaggio”, donde resume de forma magistral la gran aportación de Michelangelo Merisi a la historia de la pintura, porque fue un gran inventor al servicio de la sociedad, para transformarla, no sólo cambiarla, con tres aportaciones maestras: “Caravaggio inventó, en primer lugar, un nuevo modo que, según la terminología cinematográfica, se denomina «profílmico» (entiendo por tal todo lo que está delante de la cámara). Es decir, Caravaggio inventó todo un mundo para poner delante del caballete en su estudio: nuevos tipos de personas, en sentido social y caracteriológico, nuevos tipos de objetos, nuevos tipos de paisajes. En segundo lugar, inventó una nueva luz: sustituyó la iluminación universal del Renacimiento platónico por una luz cotidiana y dramática. Si Caravaggio inventó tanto los nuevos tipos de personas y de cosas como el nuevo tipo de luz fue porque los había visto en la realidad. Se dio cuenta de que a su alrededor –excluidos por la ideología cultural vigente desde hacía casi dos siglos– había formas de iluminación lábiles pero absolutas que nunca habían sido reproducidas y, así, cada vez más alejadas de la costumbre y de la norma, habían acabado por resultar escandalosas y se las había suprimido de forma que, hasta Caravaggio, lo más probable es que ni los pintores ni los hombres en general las vieran. El tercer invento de Caravaggio es un diafragma (también luminoso, pero de una luminosidad artificial que sólo pertenece a la pintura y no a la realidad) que lo separa tanto a él, el autor, como a nosotros, los espectadores, de sus personajes, de sus naturalezas muertas, de sus paisajes. Este diafragma, que traslada las cosas pintadas por Caravaggio a un universo separado, muerto en cierto modo –al menos respecto a la vida y al realismo con el que esas cosas habían sido percibidas y pintadas–, lo ha explicado espléndidamente Roberto Longhi con la hipótesis de que Caravaggio pintaba mirando sus figuras reflejadas en un espejo. Estas figuras eran las que Caravaggio había seleccionado en la realidad –desaliñados aprendices de frutero, mujeres del pueblo que jamás habían sido tomadas en cuenta, etc.– y estaban bañadas por esa luz real de una hora del día concreta, con todo su sol y todas sus sombras. Y, sin embargo… sin embargo, dentro del espejo todo parece como suspendido, como con un exceso de verdad, un exceso de evidencia que lo hace parecer muerto”.
Este realismo humano es lo que aprendió de él Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), cuando pintó María Magdalena como la melancolía, que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (2).
Es verdad que no existen pintores y pintoras inocentes, como casi nada de lo que existe en la vida, que tampoco lo es en la cadaunada que cada uno vive. Dicho esto, pocos se acordaron y se acuerdan, a lo largo de los siglos, de pintar a los nadies o a mujeres tocadas por la melancolía de la incomprensión humana, como María Magdalena, que ambos reprodujeron de la mejor forma posible. No olvido la sinopsis oficial de Marta y María, en el Museo de Detroit: “Sin embargo, Caravaggio introdujo detalles que insinúan la próxima conversión de María. En su mano derecha, sostiene una ramita de azahar, símbolo de pureza;el anillo en su mano izquierda alude a su condición de esposa de Cristo”. De ahí la importancia de recordar hoy a Michelangelo Merisi, nacido en Caravaggio en 1571. O a Artemisia Gentileschi, nacida en Roma en 1593, pintora del dolor propio y ajeno, de la melancolía.
(2) Gentileschi, Artemisia, Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro (Edición de Eva Menzio), 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).
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UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), María Magdalena en éxtasis, 1620-25.
Sevilla, 8/IV/2025
Hace unos años, expresé en este cuaderno digital la emoción que sentí al descubrir dos cuadros concretos de Artemisia Gentileschi, en los que la protagonista era siempre la misma mujer, María Magdalena en estado de melancolía, pero sobre todo cuando vi un tercero, el de María Magdalena en éxtasis, dando la razón a una reflexión muy acertada de Víctor Hugo, la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza, un sentimiento que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.
Me emociona tanto este cuadro de éxtasis, que provoca en mí un sentimiento de plenitud en mi alma de secreto, pero la emoción es algo muy diferente del sentimiento. Es un estado afectivo pasajero pero de alcance incalculable. El sentimiento, por el contrario, nos deja con un afecto permanente hacia algo o alguien. Somos emocionentes, personas que vivimos las emociones de una forma muy especial y que intenté describir en un relato publicado también en este cuaderno digital en 2010, Emocionentes, en el que explico la forma de vivir plenamente las emociones en nuestra vida.
En este contexto, he conocido un proyecto de investigación a través del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, la Universidad Rey Juan Carlos y Quirónsalud, con un título muy sugerente, Emociones a través del arte, que aporta“un análisis objetivo y cuantitativo de las emociones generadas por la contemplación de obras de arte”, uniendo arte, tecnología y salud: “¿Qué sentimosal observar una obra de arte? ¿Qué emociones despiertan el color, la composición o la mirada de un retrato? Aunque la experiencia del arte es profundamente subjetiva, nuestras reacciones pueden medirse y analizarse”.
Esta es la gran aportación científica de este proyecto, “Mediante técnicas de análisis biométrico, neuromarketing y comportamiento, y con la ayuda de la inteligencia artificial, se han identificado las emociones predominantes en 125 obras de las colecciones Thyssen-Bornemisza, descubriendo de este modo el poder transformador del arte y sus vínculos con nuestro bienestar emocional”. En concreto y a partir de los datos obtenidos en el estudio, “se ha construido una experiencia visual interactiva única donde explorar qué emociones despiertan las obras. A través debarras de colores se representan las emociones identificadas por los participantes en el estudio. Cada barra contiene una de las siete emociones analizadas: alegría, aversión, desprecio, ira, miedo, sorpresa y tristeza. Puedes filtrar por cada una de ellas y visualizar cuánto de cada emoción hay en las obras del museo”. Además, “La combinaciónde datos objetivos (mediciones biométricas) y subjetivos (autoinformes) ha permitido validar las emociones identificadas mediante herramientas tecnológicas. De este modo avanzar en la comprensión de las emociones humanas puede ayudar en la creación de aplicaciones prácticas que aprovechen el impacto del arte para mejorar la salud y el bienestar de las personas”.
He visualizado los resultados expuestos y creo que es un avance espectacular en el análisis de nuestras emociones, que muchas veces acaban en sentimientos especiales como estados afectivos duraderos que nos reconfortan. Recomiendo conocer bien este proyecto de investigación, que nos ofrece un refugio anímico en estos tiempos de turbación. La emoción ganadora ha sido la alegría, de las siete estudiadas, demostrando que “con un 26,64 % esla emoción más sentida por los participantes”. En definitiva, se ha podido constatar que “aplicaciones prácticas que beneficien directamente a la sociedada través de aquellas obras que tengan una carga emocional positiva, pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de pacientes, médicos, familiares y otro personal de apoyo presente en los hospitales”.
Reitero lo expuesto al principio: me emociona el arte, por ejemplo a través de unos cuadros en concreto, grabados en mi memoria de hipocampo, que provocan en mí un sentimiento de plenitud en mi alma de secreto, siendo consciente de que la emoción es algo muy diferente del sentimiento. Es un estado afectivo pasajero pero de alcance incalculable. El sentimiento, por el contrario, nos deja con un afecto permanente hacia algo o alguien. Somos emocionentes, personas que vivimos las emociones de una forma muy especial, pero que las cuidamos sobre todo para que se conviertan en sentimientos. Fundamentalmente, porque son estados afectivos duraderos que permanecen siempre en nuestra alma de secreto, recordando a Rafael Alberti: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O lo que es lo mismo, el arte sin corazón y sentimiento es eso, sólo arte.
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