Ante el año nuevo, debemos creer lo que no vimos, porque nos invita a negar lo que miramos

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

Ángel González, en Alocución a las veintitrés

Sevilla, 31/XII/2024

Dedicado a todas las personas que siguen viajando conmigo en la amura de babor, no inocente por su posición, de ‘La isla desconocida’, la carabela imaginaria de José Saramago de su ‘Cuento de la isla desconocida’, en singladuras para ‘personas imperfectas’, que soñamos en mundos reales más dignos, aunque no perfectos, para todos, porque creemos que cada día puede ser nuevo, sin tener que esperar a la celebración anual, como la de hoy, auspiciada y financiada por los mercados y sus mercancías. Esa es la razón de por qué debemos creer más en lo que no vimos en el cada día de este año, para así negar lo que miramos y contemplar un futuro diferente en el cada día próximo de 2025.

Gracias por compartir la lectura de este cuaderno digital, que en 2025 cumplirá veinte años como cuaderno de “derrota” en el lenguaje del mar, el de navegación por la Noosfera, la malla pensante de la humanidad. Gracias sinceras.

Recurro de nuevo, un año más, al poeta Ángel González para buscar luz en este túnel ético en el que nos encontramos, ante el ocaso de la democracia, porque nos ofrece una visión personal de la vida en una alocución de fin de año cargada de historia de problemas recientes en este país y en el mundo que nos rodea, salvando lo que haya que salvar. Lleva por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año complejo, para olvidarlo quizás, vuelvo a leerla detenidamente porque siempre calma mi ardiente paciencia y conmueve mi alma de secreto.

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra de ciudadanos imperfectos que aún nos queda en este año bastante complejo y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos. Porque la libertad de la palabra, que aún nos queda, nos ofrece, entre otras muchas cosas, tener fe en ella, aunque la terca realidad nos complique a veces la vida. Porque ahí está, a pesar de que algunos ciudadanos perfectos, instalados en la mediocridad, sólo ven el mundo del nunca jamás en todo lo que les rodea, sin mezcla de esperanza alguna. Lo que necesitamos esta noche es recordar, al tomar las uvas, junto a Ángel González, que hace falta Más fe, mucha más fe. / Que en cierto modo, / creer con fuerza tal lo que no vimos / nos invita a negar lo que miramos.

Lo he dicho en referencias anteriores a este poema, a estas alturas del calendario: estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud, el más terco de todos los principios, cuando finaliza este año, Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, reinas, presidentes, presidentas o ministros y ministras, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo algunos políticos (todos no son iguales) o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás, sin compasión alguna?, ¿afecta sólo a los de arriba o a los de abajo también, a los de izquierdas o a los de derechas en su amplio espectro?, o ¿quizás, a todos los que se consideran ciudadanos perfectos?

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En tiempos de turbación, defendamos la alegría como un derecho

Mario Benedetti

Sevilla, 22/XII/2024

En el día del sorteo extraordinario de Navidad de la Lotería Nacional, con más de doscientos años de historia en nuestro país, vuelvo a recordar que más allá de la suerte, tenemos que defender algo que es consustancial con ella. Me refiero a la alegría, entendida como trinchera, destino, principio, bandera, certeza y, por encima de todo, como un derecho. Así lo aprendí de Mario Benedetti y así lo comparto hoy de nuevo, como el hilo conductor de la campaña del Sorteo extraordinario de Navidad de este año: “compartirlo es extraordinario”.

Es verdad que el Club de los Tibios, Mediocres, Tristes y Apocalípticos, sin mezcla de alegría alguna, tiene cola para darse de alta y militar en él, en estos tiempos revueltos y difíciles. Por ello, vuelvo a refugiarme hoy en un poema de Mario Benedetti, Defensa de la alegría, a modo de manual para contrarrestar esta corriente no inocente que suelen abanderar los líderes que propician el ocaso de cualquier democracia.

En estos días “navideños “ y de Loterías, en los que se nos obliga por parte del Mercado Global a estar alegres y muy pendientes de la suerte, en la dialéctica de azar y necesidad, como si lo que ocurre en nuestro alrededor no tuviera a veces importancia alguna, creo que es urgente defender la alegría [auténtica] como una bandera / defenderla del rayo y la melancolía / de los ingenuos y de los canallas / de la retórica y los paros cardiacos / de las endemias y las academias. Por encima de todo, como un derecho.

Abro su libro Cotidianas, escrito entre 1978 y 1979, para leer de forma pausada el poema citado, lleno de sentimiento y para escucharlo más fuerte que el viento, como aprendí de Rafael Alberti en un canto inolvidable a la dialéctica del verso cuando sólo es para algunos frío pensamiento.

Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 

defender la alegría como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar y también de la alegría.

La realidad terca es que entre tibios, mediocres, tristes y apocalípticos anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que dudan de los grandes valores de la democracia y la alegría humana que lleva dentro. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. No digamos, apocalípticos de vocación. Por ello, es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

Estoy muy preocupado con la perpetuidad de este Club de la Tristeza Global desde tiempos del Apocalipsis. He escrito con frecuencia en este cuaderno sobre esta realidad y un compromiso de los que pertenecemos al Club Virtual de las Personas Dignas es desenmascararlos con prisa existencial y de supervivencia: “Estamos instalados en el reino de la mediocridad. Hay que desenmascarar a los mediocres, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son siempre de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia” (1).

Necesitamos rescatar el principio alegría en nuestra vida, ante tanto desmán de los tristes, tibios, mediocres y apocalípticos, voceros del principio de que “todo va mal”. Sería recomendable que utilizáramos una linterna ética para descubrirlos, con un manual de instrucciones en el que se indique que una vez encendida y al igual que hacía Diógenes de Sinope cuando buscaba personas íntegras, debemos gritar a los cuatro vientos algo urgente: ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que las personas tibias, tristes y mediocres salgan huyendo, rompiendo las filas de su Club, del que hablaba al principio, porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad, en cualquier estamento, probablemente muy cerca de donde vivimos, estamos y somos.

Benedetti nos anima a defender la alegría ante tantos agoreros mayores del Reino, con palabras necesarias que hoy no olvido, sabiendo que hay que defenderla como un principio / defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y de los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos.

(1) https://joseantoniocobena.com/2015/02/17/hay-que-desenmascarar-a-los-mediocres/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy tengo un sentimiento especial al entrar el invierno

Amaia, Tengo un pensamiento – La Revuelta / RTVE

Sevilla, 21/XII/2024 – 10:00 (UTC+1)

Hoy llega el solsticio de invierno en nuestro país, a las 10:20:30, según datos oficiales del Observatorio Astronómico Nacional, fenómeno que indica el final del otoño y el comienzo oficial del invierno en el hemisferio norte, así como la llegada de la noche más larga del año. En esta transición estacional, que también puede ser emocional, y tan sólo unas horas antes de que ocurra, he recibido un mensaje precioso de la cantora Amaia (Pamplona, 1999), a través de su última composición, Tengo un pensamiento, en el programa revelación de este año en la televisión pública, La Revuelta, en su segunda época, con una presentación espectacular a través de un plano secuencia rodado como broche final del programa este año, aportando un camino esperanzador para la juventud de este país, porque a la hora que escribo estas líneas ha superado ya más de seis millones de visitas en «X», una red de comunicación digital contaminada socialmente por bulos y violencia verbal de forma preocupante.

Me alegra constatar este fenómeno televisivo, porque en un país tan dual y cainita, en el que estamos viviendo el ocaso paulatino de la democracia por las conductas políticas de gobernantes de derechas y su más allá, también con errores de la izquierda, los jóvenes pueden y deben tomar el testigo de la regeneración democrática del país, a través de mensajes como el de Amaia, que los consideran propios.

Tengo un pensamiento
Que no me deja sola
A veces no siento que está ahí
Pero me acompaña a dormir
Y cuando me despierto
Suelo analizarlo
Aunque no sea bueno, qué decir
Siempre formará parte de mí

Tengo un sentimiento
Que no me deja sola
Pero desde que te conocí
Y me dejaste entrar en el jardín
De todo tu cerebro
Este pensamiento
Se hizo muy pequeño y explotó
Y se transformó en toda esta canción

Y hoy siento que está pasando
El día en que me doy cuenta
De que me apetece estar toda la vida
Contigo y quiero hasta gritarlo
Y no, no quiero dártelo todo
Y así te sigan sobrando las ganas
Y nunca te canses de estar conmigo

Ahora que te tengo
Sé lo que es el miedo
Pensando en que algún día acabará
Todo este nuevo mundo que me das
Pero no es el momento
De pensar en esto
Porque te dedico esta canción
Y quiero que sea grande y que hable de algo mejor

Y hoy siento que está pasando
El día en que me doy cuenta
De que me apetece estar toda la vida
Contigo y quiero hasta gritarlo
Y no, no quiero dártelo todo
Y así te sigan sobrando las ganas
Y nunca te canses de estar conmigo

La letra ahonda en el binomio pensamiento/sentimiento que, en mis años jóvenes, resolví leyendo a Rafael Alberti: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso.

Este es el pensamiento y el sentimiento que tengo hoy al entrar el invierno. Gracias a Amaia y al programa de la televisión pública de este país, La Revuelta, por hacernos llegar estos mensajes de esperanza, que nos permiten avanzar en la transformación social para construir con el esfuerzo de los jóvenes, también de todos y todas, un país mejor.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡Déjame volver a Nazaret, que es lo mío!

Notre Dame de París

Dedicado a los profesionales que salvaron la catedral de Notre Dame de París, del voraz incendio de 2019; a los más de 2000 trabajadores y artesanos, que han logrado el “milagro” humano de reconstruirla en tan sólo cinco años y medio. Igualmente, a los donantes públicos y privados que han hecho posible esta recuperación digna de memoria histórica y democrática.

Sevilla, 10/XII/2024

Pertenezco a una generación que ha leído, en tiempos difíciles de este país, al poeta malagueño Rafael Ballesteros, que describió con bellas palabras la incomprensión humana en el poema Ni yo tampoco entiendo (1975) y que hizo famoso el grupo de canción protesta de mi juventud, Aguaviva, palabras que mantengo intactas en mi persona de secreto:

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra bala,
si abro la puerta y se nos entra el fusilado
y cierro y se me queda fuera el dedo,
si unto amor en el labio entreabierto y nada,
si miro el muro y todavía distingo los boquetes.
Tampoco entenderé el tiro de gracia,
El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón,
las hambres, el casamiento orgánico.
De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí
obligatoriamente obligados a entenderlo.

En este contexto, presencié el viernes pasado, en la retransmisión oficial de la reapertura de la catedral de Notre-Dame de París, la entrada triunfal de Donald Trump, presidente electo de EE. UU., recibido con todos los honores, sentado en un lugar preferente, a la derecha de Emmanuele Macron, presidente de Francia, en un gesto de alta política pero de difícil y baja comprensión católica, apostólica y romana. Por cierto, muy cerca también de Notre-Dame, Nuestra Señora de París, la gran homenajeada. La pregunta es obvia: ¿qué hacía allí Mr. Trump, en ese acto esencialmente francés, laico, de Estado, si me apuran, más que religioso por más señas, aunque ese fue su sentido más profundo, tal y como como se pudo apreciar a lo largo de la retransmisión? No entendí nada de lo que estaba sucediendo allí, con la presencia de este personaje americano de escasa raigambre de fe en lo divino o en lo humano, como ha demostrado a lo largo de su vida y en su última campaña electoral. Tenía razón Ballesteros y así lo sentí: de este mundo al revés sabemos poco, cada vez menos, pero estamos obligatoriamente obligados a entenderlo.

En este contexto catedralicio, con estas presencias políticas, he recordado, con el debido respeto a los cristianos de corazón y razón, también a los turistas que próximamente la visitarán, a los que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio”. Sobre todo, porque viendo el espectáculo del viernes, con la tríada Trump, Macron y Zelensky, a las puertas de Notre-Dame y después figurando en la primera bancada, sigo pensando con Alberti que es mejor bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto sus pies gastados en la Basílica de su nombre, porque al fin y al cabo es lo nuestro:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Cuando Nuestra Señora de París vio el pasado viernes en su catedral salvada, tan cerca, a Trump y Elon Musk, junto a Macron, con su “negocio” político como símbolo de este mundo al revés, sintiéndose sola en su agradecimiento pleno a quienes la salvaron del fuego aterrador, junto a su casa, creo que pensó en su alma de secreto algo parecido a lo que dijo San Pedro, en boca de Rafael Alberti:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
este espectáculo?

Soy María, aquí sentada,
en mármol inmovilizada,
no puedo mirar a otro lado, que me gustaría hacerlo,
pues no dejo de llorar por lo que estoy contemplando,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame volver a Nazaret;
volver a ser una mujer sencilla, esposa de un carpintero,
que es lo mío
, lo que yo quiero.

En silencio, me retiro a mi clínica del alma, recordando de nuevo el poema de Ballesteros, sobre todo su estrofa final adaptada al signo de los tiempos que corren: De este mundo al revés sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Eduardo Galeano nos enseñó a descubrir los mapas del alma y del tiempo

Eduardo Galeano (1940-2015)

Sevilla, 27/XI/2024

En este tiempo tan complejo en el que sobrevivimos a diario, navegando en mares procelosos de desafección y desencanto social, es importante descubrir los mapas del alma y del tiempo, porque nos pueden reconfortar en momentos difíciles. Eduardo Galeano nos ayuda en esta tarea tan noble y esperanzadora, con unas palabras preciosas que reproduzco íntegras a continuación, en este cuaderno de derrota, en lenguaje marino, pronunciadas al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre de 2010, porque nos permiten descubrir el alma en mapas imaginarios, a modo de islas desconocidas todavía sin descubrir. Sobre todo, porque necesitamos encontrar mapas de paz interior que lleven el alma dentro:

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser solidario y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

En aquél acto leyó también algunos relatos breves de un libro muy querido por él, también por mí, El libro de los abrazos, aunque no he podido identificar cuáles fueron. A modo de búsqueda incesante por mi ardiente impaciencia, he elegido el primero, El Mundo, porque quizá sea una tarea apasionante identificar en los mapas del alma a las personas que son “fueguito” en sus vidas, quizás en las nuestras. Veamos por qué:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
– El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Hoy, como en ocasiones anteriores, he comprendido por qué Galeano recibió ese premio. Me he acercado de nuevo a él y me ha encendido la luz que necesito ahora para descubrir mejor los mapas de mi tiempo y de mi alma. Le estoy muy agradecido. Esa es la razón de por qué comparto ahora su palabra.

NOTA: la imagen la recuperé en 2021 de Eduardo Galeano, la voz de América Latina – Blog (edufors.com)

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La familia Machado regresa a Sevilla

En la imagen, la familia de Antonio Machado (d), en la balaustrada de Villa Amparo (Rocafort, Valencia), refugiados durante la guerra civil en España / Joaquín Sanchís Serrano, 19 de diciembre de 1936

Qué difícil la suerte / de los pueblos que viven protegidos / por la misericordia de un poema. / Qué difícil la última / soledad de Machado. / La luna llega al mar / el mar llega a Sevilla, / nosotros a un recuerdo / y a esta pálida / desarmada emoción / de compartir una derrota.

Luis García Montero, fragmento del poema Colliure

Sevilla, 7/XI/2024

He visitado hoy, por segunda vez, a la familia Machado, mis paisanos, a los que siempre he manifestado mi aprecio, reconocimiento y respeto. Ha sido en la exposición, Los Machado. Retrato de familia, con ocasión del 150 aniversario del nacimiento de Manuel Machado en Sevilla, localizada en el Centro Magallanes de Industrias Culturales y Creativas de Sevilla (antigua Fábrica de Artillería), que se inauguró el pasado 22 de octubre en esta ciudad, machadiana por excelencia, su ciudad, también la mía como lugar de nacimiento y retrato íntimo. Han sido horas de descubrimiento de personas, personajes, objetos personales, fotografías, así como de lectura de cartelas y banderolas con textos machadianos bellísimos de Antonio y Manuel, de Manuel y Antonio, tanto monta, monta tanto, para ayudarme a descubrir este retrato maravilloso de familia, en el que sale reforzado el lazo de unión inseparable entre ambos hermanos, por mucho que gobiernos y personajes interesados disfrutaran malévolamente, durante tantos años, al divulgar de forma no inocente su “separación ideológica“.

La exposición ha sido organizada por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, con el patrocinio de la Fundación Unicaja, la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, la Real Academia Española de la Lengua y el Ayuntamiento de Sevilla, con el comisariado de Alfonso Guerra, expresidente del Gobierno y de Eva Díaz Pérez, periodista y escritora. Mi interés en visitarla estribaba en intentar despejar con datos la supuesta separación ideológica entre Manuel y Antonio Machado, cuestión que con ocasión de esta exposición ha desmentido categóricamente Alfonso Guerra, a través de típicos tópicos que han existido al respecto en la memoria no democrática de nuestro país: «El primero de ellos, su alejamiento por razones políticas, que nunca se produjo, ya que «siempre estuvieron muy unidos y se quisieron muchísimo y no tuvieron ningún tipo de enfrentamiento, en absoluto, y fueron acordes en pensamiento, en sentimiento, en todo. Otro estereotipo al que se refiere es a la supuesta desigual calidad literaria de uno y otro hermano, ya que los dos son «grandes poetas», según Guerra, quien ha señalado que «son muy diferentes; uno tiene una facilidad para escribir extraordinario y, por lo tanto, es un poeta, digamos, más ligero, pero estamos ante dos grandes poetas y así hay que celebrarlo».

La exposición muestra cuatro ámbitos en la trayectoria de la familia Machado, desde la infancia y los jardines, la juventud y el viaje, la madurez y el teatro, finalizando con el dedicado al punto crítico de la muestra: la relación de los poetas con la guerra y la separación de sus destinos, trágico en el caso de Antonio por su exilio y fallecimiento desolador en Colliure, junto a la madre de ambos. Confieso que he vivido momentos de sentimientos cruzados en el último ámbito, en la línea del tiempo establecida en la trayectoria de los dos hermanos durante la guerra civil, en el periodo 1936-1939, Madrid-Burgos, espacio temporal que ha dado lugar a tantos interrogantes ideológicos de Manuel y Antonio.

Cuando finalizaba mi visita junto a las tristes imágenes de Colliure y el libro de registro de entradas del hotel donde falleció Antonio Machado, volví a leer una banderola blanca, próxima, en la que figuraban unas palabras dedicadas en 1937 a su hermano Manuel, en plena guerra civil, en una entrevista con él, realizada por Pascual Plá y Beltrán: «Es para mí una tremenda desgracia estar separado de Manuel. Él es un gran poeta. Él, además de mi hermano, ha sido mi colaborador fiel en una serie de obras teatrales; sin su ánimo, nunca esas obras hubieran sido escritas. La vida es cruel a veces; a veces es excesivamente dura. Pero este dolor nuestro, por profundo que sea, no es nada comparado con tanta catástrofe como va cayendo sobre el pecho de los hombres».

He vuelto a despejar bastantes dudas. A pesar de todo, he sentido escalofríos al recordar el viejo abrigo de Antonio Machado, que le daba calor en el frío febrero de 1939 en Colliure, que guardaba en uno de sus bolsillos un papel arrugado con tres anotaciones a lápiz, también presente en la exposición: «Ser o no ser…», una cuarteta a Guiomar (de Otras canciones a Guiomar, a la manera de Abel Martín y Juan de Mairena, corregida así: «Y te daré mi canción: / Se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu balcón») y un verso suelto: «Estos días azules y este sol de la infancia…». Lo descubrió su hermano José, unos días después del fallecimiento de su madre y de su hermano Antonio. Tres reflexiones rotas, inacabadas, por una vida compleja por razón de ideología y compromiso social, que simbolizan una forma de ser y estar en el mundo como persona digna.

La exposición me ha reafirmado la importancia de la dignidad de Antonio Machado en su trayectoria vital, forjada junto a su familia. La cuestión de dignidad en Machado era muy clara en clave shakesperiana: había que serlo hasta la muerte. El canto al amor permanente a Guiomar, en ese momento vital tan delicado, era una premonición también digna: se canta lo que se pierde. Y…, un recuerdo constante de Sevilla, con el color azul como el de esta mañana de reencuentro con él en la exposición, tal y como él lo recordaba junto al sol de su infancia, porque siempre fue el niño que llevaba dentro, con sus recuerdos de un patio de Sevilla y de un huerto claro donde maduraba el limonero. Muriendo en soledad sonora, pero sin abandonar el precioso retrato de su dignidad: Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar.

Al salir de esta profunda experiencia machadiana, fuera de la sala principal de la exposición, me sorprendió una “máquina de trovar”rediviva, que ya nos presentó Antonio Machado en su Cancionero apócrifo (1928), en el que el poeta, a través de un heterónimo, Menese, pensaba que la máquina “debía sustituir al sujeto como productor de arte”. Pasando por el túnel del tiempo, me he acercado con respeto reverencial al poeta a través de ella, como proveedora de inteligencia poética artificial, pidiéndole que a través de tres palabras a modo de solicitud poética, me entregara un soneto impreso, “autogenerado por la inteligencia artificial, al estilo del poeta andaluz Antonio Machado, a partir de los parámetros” que le he solicitado. Dicho y hecho. Todavía sigo descifrando el texto con mi inteligencia humana, cuartetos y tercetos a los que sé, sin temor a equivocarme, que les falta el alma insustituible del poeta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sigo aprendiendo de Luis Cernuda su sentimiento de otoño en octubre

Luis Cernuda Bidón (Sevilla, 21 de septiembre de 1902 – Ciudad de México, 5 de noviembre de 1963) 

Sevilla, 5 de octubre de 2024, un día especial en el que dedico estas palabras a Loli, en el tercer aniversario de la entrada en su cielo particular

Frecuento la obra de Luis Cernuda, porque soy uno de “sus paisanos”, sevillanos por más señas, que cada día reconoce su trabajo con amor hecho, para curar su herida en el exilio, por el comportamiento que tenían con él algunos paisanos suyos (suponemos quienes eran), sentimiento que dejó escrito en Desolación de la quimera, con palabras cargadas con un dolor especial de su alma poética.

Es una de las razones por las que recurro siempre a determinados poetas, entre otras fuentes de inspiración -sobre todo a los que olvidaron durante la dictadura franquista, incluso mataron sin compasión alguna-, para interpretar la vida presente de forma diferente, porque muchas veces, en su cada día, lo que llamamos «vida» es sólo un ensayo personal y colectivo en el gran teatro del mundo y porque nos llevan de la mente, no sólo de la mano, a pensar en símbolos que nos ayudan a soñar en la libertad mental, lejos de la presión de los mercados, a abrir sueños. Conservo también en mi persona de secreto versos de Juan Ramón Jiménez, inquietantes, bajo el nombre de “Octubre”: Pensé arrancarme el corazón, y echarlo, / pleno de su sentir alto y profundo, / al ancho surco del terruño tierno, / a ver si con romperlo y con sembrarlo, / la primavera le mostraba al mundo / el árbol puro del amor eterno. Son palabras profundas que crean desasosiego ante lo que está pasando porque, a veces, lo que sentimos es que nuestro corazón, hecho trizas, puede servir a propios y extraños para descubrir una nueva semilla que transforme la sociedad a pesar de todo. Hecho trizas por la muerte de Loli, también.

Si vuelvo de nuevo a encontrarme hoy con Luis Cernuda en este quinto día de Octubre, en este tercer aniversario íntimo al que dedico estas palabras a una persona querida, mientras avanza el Otoño y como hago siempre a esta altura del año, es para conocer mejor qué pensaba mi “paisano” de este equinoccio, en su mente tan abierta a la vida. Abro Ocnos, título que encontró en Goethe, como “un personaje mítico que trenza los juncos que han de servir como alimento a su asno”, como símbolo del tiempo que todo lo consume, o del público igualmente inconsciente y destructor”, dedicando una reflexión intimista, la tercera, al otoño en su tierra, que la vuelvo a leer de forma pausada con la ilusión y expectativa de la primera vez, porque me aporta otra forma de vivir con encanto esta estación tan mágica y controvertida, enseñoreada por una palabra mágica, Octubre, el octavo mes del calendario romano, con una asignación ordinal y temporal diferente, desde hace muchos siglos, gracias a la “gracia” de la Iglesia de Roma:

Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.

La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.

De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.

Al igual que el año pasado y el otro y el otro, cuando finalizo su lectura, recupero el sentimiento de otoño que tenía Cernuda, expresado también en otro poema con palabras bellas: Llueve el otoño aún verde como entonces / Sobre los viejos mármoles, / Con aroma vacío, abriendo sueños. / Y el cuerpo se abandona. Me consuela saber que puedo abrir sueños, abandonando todo lo que hoy nos sobra para comprenderlos este otoño, este quinto día de octubre tan especial para mí y que comienza hoy, porque el tiempo consume todo lo que ocurre y hay que saber alimentarlo, como sabía hacer Ocnos, el personaje mítico de Goethe que hace muchos años entusiasmó a Cernuda. También, a Juan Ramón Jiménez, cuando pensaba sembrar su corazón hecho trizas para que nacieran árboles puros del amor eterno.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Desgraciadamente, sigue confundiéndose con Velintonia, la casa de Vicente Aleixandre, su valor y precio

Vicente Aleixandre en Velintonia, su casa en Madrid

Velintonia es de todos, de todos y de todos

Vicente Aleixandre

Sevilla, 24/IX/2024

No olvido una reflexión de Antonio Machado, al expresar con unas palabras ejemplares la confusión ciega a la que muchas veces nos lleva Don Dinero: todo necio confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII). Las he recordado al leer ayer una noticia que saltó a los medios de comunicación y que recojo ahora de forma literal en la versión del diario El País: «Amaya Aleixandre, la heredera mayoritaria, con un 60%, de la casa de su tío, el poeta y premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre, ha echado este lunes un jarro de agua fría al anuncio realizado por la Comunidad de Madrid este verano, cuando el consejero de Cultura, Mariano de Paco, aseguró que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso iba a comprar la vivienda del poeta, Velintonia. “La Comunidad de Madrid ha actuado a mis espaldas, en connivencia con los otros dueños del inmueble, que carecen de escrúpulos, y sin que yo aceptase previamente ni la venta, ni el precio de la compra”, ha señalado este lunes en un comunicado de prensa que contrasta con la versión del gobierno regional, donde una fuente de alto rango asegura que la oferta de adquirir el inmueble por 3,2 millones de euros había sido aceptada por todos los herederos». De nuevo, Velintonia está en el huracán de la confusión de valor y precio.

Vicente Aleixandre ocupa un lugar importante en mi persona de secreto. Por esta razón sigo sin comprender cómo la Administración no ha resuelto ya la compra de Velintonia respetando la historia democrática que encierran sus paredes, para salvar su interés general y público, gran principio constitucional.

Explico mi apego a este excelente poeta. Cuando contemplo cualquier mano, algo que me ocurre con frecuencia con las de mis nietos, recuerdo siempre un poema de Vicente Aleixandre, Mano entregada, que he utilizado en varias ocasiones, hace ya bastante tiempo, como mensaje en las felicitaciones de Navidad que mandaba imprimir de forma personalizada y artesanal, en una librería preciosa que había aquí en Sevilla, ya desaparecida desgraciadamente, con un nombre programático, Fernán Caballero:

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso.

Cuando paseo por Sevilla, procuro acercarme también a Aleixandre, sentándome cerca de él en su paseo, un homenaje de Sevilla a su obra, a un poeta sevillano como yo, pero con un paso fugaz por la ciudad que lo vio nacer al trasladarse la familia a Málaga cuando solo tenía dos años y por razones laborales, ciudad a la que siempre homenajeó en su obra, en la que descubrió el sabor del mar durante sus nueve años de estancia familiar hasta el traslado a Madrid. Me detengo siempre a leer el poema que figura en un azulejo que hermosea la ciudad, un fragmento de En la plaza, porque es verdad todo lo que allí dice formando parte de su Historia del corazón:

Era una gran plaza abierta, y había allí olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Cuando supe en 2022 que Velintonia, la casa de Vicente Aleixandre en Madrid durante toda su vida adulta, desde 1927 y hasta su fallecimiento en 1984, salió a subasta pública por la cantidad exacta de 4.561.750 euros, sentí un profundo dolor y la desazón por haber llegado hasta aquí esta ceremonia de confusión cultural, ante el cúmulo de despropósitos, públicos y privados, de las diferentes Administraciones y el poder omnipresente del poderoso caballero Don Dinero por parte de su reducida familia, así como la oscura “pertenencia” (por decirlo de alguna manera) de toda su obra escrita y determinados objetos personales, por parte de la familia del poeta Carlos Bousoño, ya fallecido. Todo lo contrario de lo que la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre viene haciendo desde hace muchos años, veintisiete en concreto, por su ingente labor para salvar el legado del poeta y el valor histórico de su casa.

Cuando he sabido que después de su fallecimiento hubo un proyecto, entre otros, de que la casa fuera adquirida con dinero público para que se destinara a un fin obviamente “poético”, como “La Casa de la Poesía” y que la Administración competente estimó que Madrid ya no necesitaba ese destino, porque ya había una en Getafe, vuelve la desazón a mi vida. Sin comentarios. Con el problema familiar actual, se confunde una vez más el valor y precio de la vida y obra de Vicente Aleixandre. Escribir hoy estas líneas es para ofrecerle de nuevo un modesto homenaje desde su tierra de nacimiento fugaz, pero con un sentimiento de agradecimiento permanente a su vida y obra escrita a duras penas en Velintonia, en cuadernos muy cuidados, casi siempre de noche y acostado, por su delicada “salud de hierro”, como él mismo afirmaba en momentos de confidencias a medianoche. Su misión en la vida la reafirmó de forma muy clara cuando conoció que le habían otorgado el premio Nobel de Literatura en 1977: “El poeta está siempre formulando una pregunta y el lector siempre va a su vez manifestando una muda respuesta que percibe en su espíritu el escritor. Pues bien, el Premio Nobel, con su grandeza, ha significado para mí la respuesta simbólica de un mundo completo de lectores”.

RTVE Play Radio – Por tres razones- «Velintonia es de todos, de todos y de todos» 29/06/2021

Cuando finalizo hoy la lectura de la noticia de las nuevas incidencias con la compraventa de Velintonia, escucho con atención reverencial el reportaje, en el que su voz resuena más fuerte que el viento, como decía Alberti y que me embarga de nuevo. Velintonia fue siempre el refugio de su exilio interior, que acogió también a sus amigos del alma de la generación del 27 y los Novísimos, como maestro indiscutible. Ese es su valor, que no su precio. Estas palabras son mi “muda respuesta” a su obra, como él quería. Para mí queda muy claro que Velintonia, es de todos, de todos y de todos. Palabras inolvidables de Aleixandre, mi paisano, al que tanto debe este país.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Otoñar con muy poco ruido también se puede

Ángel González

Sevilla, 21/IX/2024

Mi escritura es circular y quien frecuenta estas páginas sabe mi aprecio por el poeta Ángel González. Estas palabras que siguen las escribo cada año y siguen manteniendo su valor cuando se acerca el otoño de 2024. Confieso que lo vivo de forma especial al recordarlo hoy de nuevo con emoción y conciencia de clase humana y solidaria con “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados”, reconociendo que fue Eduardo Galeano quien los identificó como nadie para que marcaran mi vida olvidando nuestro olvido hacia ellos. Los recuerdo en este otoño porque estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, como son la luz, el fuego y la vida, que cuiden de ellos, de nosotros, de todos, sin dejar a nadie, a los nadies, atrás.

Cuando mañana, a las 14 horas y 44 minutos en horario peninsular (13:44 en Canarias), se igualen el día y la noche en el hemisferio norte, en una ceremonia temporal y puntual que nunca falla y que los sabios del lugar llaman equinoccio de otoño (aequinoctium,  aequus nocte, «noche igual»), las personas a las que nos gusta otoñar sentiremos una especie de aviso, porque también se puede humanizar este tiempo y su momento si somos capaces de aprehenderlo en su justo sentido. Por ejemplo, acudir prestos a compartir esta estación con el poeta Ángel González, aunque en mi caso él me acompaña siempre a lo largo del año y sus otras estaciones, siendo consciente de que estamos saliendo hoy de un verano obstinado en perpetuarse, / cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Entrando en mi clínica del alma, mi biblioteca, vuelvo a leer en las horas preparatorias del nuevo equinoccio de otoño sus poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoñar de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno, otoñando la vida. Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que vuelvo a compartir hoy:

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Lo he manifestado en otoños anteriores y hoy, vuelvo a buscar el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño tan especial que sigue entrando con el ruido de los malos augurios de desastres climatológicos, guerras y economía maltrecha, estando obligatoriamente obligados a entenderlo. Al menos, podemos encontrar un ángel, en medio de tantos demonios, de apellido González. Lo agradezco una vez más, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño en el que también estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, que necesitamos todos, con nombres preciosos y que hoy día tienen más valor que nunca: luz, fuego y vida.

Gracias, Ángel González, un otoño más, porque sé que te llamas así por los solsticios y equinoccios que alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de tu carne trepando por los siglos y los huesos (1). No te olvido.

(1) González, Ángel. Para que yo me llame Ángel González, en Áspero mundo, 1956. Madrid: Rialp.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Federico García Lorca fue un socialista puro

Eduardo Ugarte (i), Pedro Salinas (c) y Federico García Lorca (d), delante del camión de La Barraca

El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta

Federico García Lorca, en Doña Rosita la soltera, o el lenguaje de las flores (1935)

Sevilla, 18/IX/2024

Tengo que agradecer al cantor Miguel Poveda (sabiendo que cantor es el que debe y cantante el que puede hacerlo, diferencia clave para comprender el compromiso social de los artistas, tal y como aprendí en su día de Facundo Cabral), que me recordara el viernes pasado, en su espectáculo en la bienal de Flamenco de Sevilla, muy centrado en Federico García Lorca, concretamente en su Poema del Cante Jondo, la necesidad de rescatar en cada aquí y ahora, su vida y obra como la mejor expresión de que olvidamos el olvido de la memoria histórica y democrática de este país.

El poeta granadino, al igual que hace ahora Miguel Poveda como artista, defendió la necesidad de las expresiones de la cultura al alcance de todos, fundamentalmente de los que menos tienen, implicándose en el proyecto de La Barraca, durante el tiempo que fue posible hasta la llegada de la guerra civil. En una entrevista del 7 de abril de 1933 en el diario La Voz, García Lorca defendió que en los momentos tan críticos como los que vivía España, el teatro tenía el deber de afrontar los problemas sociales, porque la noción del arte por el arte ya resultaba insostenible. Y con respecto a su última obra, La Casa de Bernarda Alba, manifestó algo que no deberíamos olvidar: «Ahora estoy trabajando en una nueva comedia. Ya no será como las anteriores. Ahora es una obra en la que no puedo escribir nada, ni una línea, porque se han desatado y andan por los aires la verdad y la mentira, el hambre y la poesía. Se me han escapado de las páginas. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Ya lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena, y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: ‘¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted, el lirio que florece en la orilla.’ Y el pobre reza: ‘Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre.’ Natural. El día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución. ¿Verdad que estoy hablando en socialista puro?”.

Por si quedara alguna duda sobre su ideología, tampoco olvido lo manifestado en una entrevista en el diario madrileño El Sol, fechada en 1934, en la que el poeta expresó claramente su posición: “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”. Se refería concretamente a los nadies de siempre, que todavía existen por doquier, a los que dedicó Eduardo Galeano hace ya bastantes años unas palabras especiales, cargadas de un profundo significado: Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:/ Que no son, aunque sean. / Que no hablan idiomas, sino dialectos. / Que no profesan religiones, sino supersticiones. / Que no hacen arte, sino artesanía. / Que no practican cultura, sino folclore. / Que no son seres humanos, sino recursos humanos. / Que no tienen cara, sino brazos. / Que no tienen nombre, sino número. / Que no figuran en la historia universal, / sino en la crónica roja de la prensa local. // Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Vemos a los nadies de hoy a diario, cerca, muy cerca, mucho más cerca de lo que creemos, en nuestro país, en nuestra Comunidad y surge la gran pregunta: ¿qué hacemos por ellos, por los migrantes, como un ejemplo paradigmático del mundo actual de nadies y que arrastra tanta hambre? Tristemente, poco, porque hay que reconocer que la Gran Revolución, con la que García Lorca soñaba, sigue sin llegar. Mientras, el hambre hace estragos, hambre de casi todo, incluso la de los hambrientos de paz que aspiran a la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Son palabras de García Lorca que nos quedan, las de un socialista puro.

Me quedo ahora escuchando la interpretación de Miguel Poveda, ensalzando un poema de García Lorca, ¡Ay!, uno de sus poemas del cante jondo, junto a la guitarra espléndida de Jesús Guerrero, con una buena letra, breve, dos veces buena. Quizás entendamos mejor que nunca la frase enunciada anteriormente, “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”:

El grito deja en el viento
una sombra de ciprés.

(Dejadme en este campo,
llorando.)

Todo se ha roto en el mundo.
No queda más que el silencio.

(Dejadme en este campo,
llorando.)

El horizonte sin luz
está mordido de hogueras.

(Ya os he dicho que me dejéis
en este campo,
llorando.)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!