No olvido el eclipse que nos contó Augusto Monterroso

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003)

Sevilla, 9/VIII/2026 – 10:04 h CET (UTC+2)

No se habla de otra cosa en el país, que si el eclipse se verá mejor en tal sitio o en tal otro, pagando una millonada, que será un día histórico, que si las mejores gafas para contemplarlo son de tal marca, que si patatín, que si patatán. Eso sí, todo controlado por el poderoso caballero don dinero, bajo los mandatos de una mercadotecnia arrolladora y no inocente.

En este contexto astronómico, con la que de verdad está cayendo en el país, en una cuenta atrás democrática casi olímpica, he recordado un microrrelato de Augusto Monterroso, El eclipse, que recomiendo leer con atención, porque nos deja mensajes muy sabrosos para estos segundos estelares del próximo 12 de agosto. Pasen y vean. Lo he leído en muchas ocasiones, sobre todo como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad, tan traída y llevada con Latinoamérica. Para estos momentos estelares, también es válido.

El eclipse

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación de la mal llamada “conquista de América”, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes conquistadores que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. El eclipse próximo pasará y sería aleccionador quedarnos con el profundo mensaje de Monterroso en su precioso relato. En pleno frenesí del eclipse en España, no deberíamos olvidar la sabiduría del pueblo maya, para bajar nuestros humos científicos y turísticos, porque Monterroso nos enseñó que ellos ya conocían las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Luis Cernuda recordó a sus paisanos que “el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”

Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, en el salón de actos de la Sociedad Económica de Amigos del País, en Sevilla, el 16 de diciembre de 1927 /  Sin firma, atribuida a Pepin Bello y publicada en El Liberal, el 17 de diciembre de 1927

Mas el trabajo humano, Con amor hecho, merece la atención de los otros

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera (La realidad y el deseo)

Sevilla, 8/VIII/2026 – 17:14 h CET (UTC+2)

El pasado 27 de julio, el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, inauguró en una céntrica calle de esta ciudad, Tetuán, una placa de bronce en homenaje al poeta Luis Cernuda, formando parte del Paseo de los Poetas de la Generación del 27, con el patrocinio en esta ocasión del Colegio de Abogados de Sevilla, recordando la titulación académica del poeta. Está situada allí porque en esa calle se encontraba en 1927 el Ateneo de Sevilla, institución que gracias al buen hacer de su presidente y del responsable de Cultura, José María Romero Martinez (el quinto por la izquierda en la foto de cabecera), con la inestimable y reconocida colaboración del filántropo, dramaturgo y torero, Ignacio Sánchez Mejías, al que se ha dedicado la primera placa ya colocada en el Paseo, propiciaron un encuentro de poetas el 16 de diciembre de 1927, que abrió el camino de reconocimiento desde entonces de un nuevo movimiento literario, los poetas de la generación del 27, en un acto de inauguración del evento celebrado con motivo del tercer centenario del nacimiento del poeta y dramaturgo cordobés, Luis de Góngora y Argote.

Placa en bronce, como homenaje a Luis Cernuda, en el Paseo de los Poetas de la Generación del 27, en la calle Tetuán, en Sevilla

La inauguración de esta placa no está exenta a día de hoy de polémica, al haberse denunciado por parte de herederos del poeta que tiene tres errores: el acento en el nombre “Luís”, la inclusión del segundo apellido, Bidón, al que el poeta no tenía aprecio alguno, como lo demuestran las firmas autógrafas de sus obras y en su vida privada, así como un espacio en blanco antes de la fecha de su fallecimiento, que no figura antes del guion de separación de la fecha de nacimiento. Lamentable, mucho más si recuerdo en este momento unos versos tristes, transidos de dolor, que llevo escritos en mi persona de secreto, dirigidos “a sus paisanos”, sevillanos por supuesto, en La desolación de la quimera, al no valorar su trabajo poético, su obra en general: Mas el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Sin más comentarios, respecto de la placa actual, en su fondo y forma.

De todas formas, quiero quedarme con el vaso medio lleno de esta iniciativa municipal, el Paseo de los Poetas de la Generación del 27 (yo incluiría también a las Poetisas, que haberlas hubo), que como se comunicó oficialmente, “es un homenaje impulsado por el Ayuntamiento de la ciudad […], en la calle Tetuán, escenario histórico de los encuentros que dieron origen al movimiento literario más trascendente del siglo XX en lengua española. Esta iniciativa, puesta en marcha a través de la Gerencia de Urbanismo, se integra dentro del programa de actividades diseñado por el Consistorio para conmemorar el centenario de una de las generaciones más brillantes de la cultura española contemporánea. […] Queremos que esta celebración trascienda a las instituciones y se convierta en una tarea compartida por universidades, academias, fundaciones, entidades culturales, empresas y ciudadanos. Que toda Sevilla se sienta partícipe de una efeméride que reivindica nuestro pasado, pero que también mira al futuro. Queremos que la ciudad vuelva a ser referente cultural y literario de primer nivel, la gran capital de las letras en España”.

Igualmente, se ha comunicado que el Paseo de los Poetas del 27 es un proyecto mediante el que se propone “transformar el propio pavimento de esta emblemática vía del casco histórico, donde estuvo ubicado el histórico Ateneo de Sevilla, en un espacio de memoria viva. A lo largo de la calle se dispondrán placas de bronce de 35 x 35 centímetros, integradas en el suelo, en las que figurará el nombre de cada uno de los miembros de la Generación del 27. De este modo, el paseo urbano se convertirá en un recorrido cultural y emocional, en el que vecinos y visitantes caminarán literalmente sobre la huella de quienes renovaron la poesía, el teatro y el pensamiento estético del siglo XX. Cada placa recogerá el nombre del poeta o poetisa homenajeado, sus años de vida y los símbolos que identifican tanto a la ciudad como a la conmemoración centenaria. El proyecto tiene un carácter participativo: instituciones, empresas, colectivos y ciudadanos patrocinarán las placas de los distintos miembros del grupo.

Comunicado lo anterior, me interesa señalar hoy que la conmemoración oficial del aniversario del centenario del encuentro histórico que dio origen al grupo del 27, se celebrará el 16 de diciembre de este año, coincidiendo con la apertura de la Casa Luis Cernuda, uno de los grandes proyectos patrimoniales y literarios del Ayuntamiento, después de un tortuoso recorrido que he recogido en este cuaderno digital en años anteriores, para respetar la memoria histórica del proyecto controvertido de la Casa Luis Cernuda (sin Bidón, su malogrado segundo apellido).

Está previsto que a partir de esa fecha emblemática, 16 de diciembre de 2026, se llevará a cabo una programación “que incluirá la gran exposición que acogerá la Real Fábrica de Artillería, en colaboración con la Junta de Andalucía, y un congreso organizado conjuntamente con la Universidad de Sevilla, el Ateneo de Sevilla y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. El programa se extenderá hasta diciembre de 2027”.

El Ateneo de Sevilla, institución que hizo posible aquel encuentro fundacional de 1927, será junto al Ayuntamiento uno de los principales actores de esta conmemoración. El alcalde hizo hincapié en el carácter colectivo del proyecto: “Este homenaje no puede ser solo del Ayuntamiento, sino de toda Sevilla».

Una cosa más, porque es justo y necesario reconocerla hoy. El Estado, a través del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, publicó al comienzo de este año, en el Boletín Oficial del Estado, un Real Decreto (53/2026, de 28 de enero), por el que se creaba y regulaba la Comisión Nacional para la conmemoración del Centenario de la Generación del 27. Su exposición de motivos es muy clarificadora en su responsabilidad institucional de Estado en relación con este evento: “En 2027 se cumplen cien años del acontecimiento que dio nombre a un grupo poético de enorme significado y relevancia en la historia y la literatura españolas: la Generación del 27. La celebración del III Centenario de la muerte de Góngora en el Ateneo de Sevilla reunió a una serie de escritores dispares en edad, intereses y estilos, pero de una extraordinaria inteligencia, sensibilidad y poder expresivo. Aunque la literatura fue su principal dedicación, sus inquietudes los empujaron a relacionarse con otras artes, como el cine o la pintura, y su cosmopolitismo favoreció una estimulante apertura a las vanguardias que por entonces recorrían Europa. Todos compartieron un fuerte amor por la cultura y el ser humano, y también destacaron por un sólido compromiso con su tiempo y, en su momento, con la República, como demuestra la participación de varias de estas personas en las Misiones Pedagógicas o el proyecto de La Barraca. La Guerra Civil y la represión posterior marcaron un fin abrupto a una generación inolvidable; algunas personas acabaron asesinadas, como Federico García Lorca, y otras se vieron obligadas a partir al exilio, contribuyendo así a la riqueza cultural de los países de acogida. Hacía tres siglos que no confluía en la literatura española un grupo creativo de un talento tan indiscutible. En el caso de la Generación del 27, a su contribución a la cultura se sumó su gran relevancia e influencia en la vida cultural, social y política de su tiempo. Las circunstancias históricas, con el exilio masivo de los supervivientes y el largo periodo de la dictadura, no han permitido que se haya rendido un homenaje a la altura de sus méritos a toda la generación en su conjunto, si bien su talento fue distinguido a título individual de muchas maneras, incluido el Premio Nobel de Literatura concedido a Vicente Aleixandre en 1977. Este real decreto pretende, además, poner especial énfasis en la recuperación y visibilización de las mujeres escritoras y creadoras de la Generación del 27, que fueron preteridas por su condición de mujeres, colocándolas en el centro del centenario: «Las Sinsombrero».

Lean esta disposición completa, que ayuda a comprender el contexto del Paseo de los Poetas de la Generación del 27, creado en Sevilla. Luis Cernuda está ya presente en nuestra calle Tetuán, nos abrirá las puertas de su casa en esta ciudad en la calle Acetres el próximo 16 de diciembre y será la ocasión de que esta ciudad le demuestre que “sus paisanos” le reconocen su trabajo, “con Amor hecho” y que lo respetarán y cuidarán con esmero.

Firma autógrafa de Luis Cernuda

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Es verdad que esta España y yo, estamos obligatoriamente obligados a entendernos

[…] El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico.

De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo

Sevilla, 4/VIII/2026 – 11:13 h CET (UTC+2)

He escrito bastantes veces, en este cuaderno digital, sobre algo que me preocupa en estos difíciles días para el país, porque mi generación sabe mucho de desconcierto existencial bajo el yugo de una dictadura, en la que teníamos claro que el país sólo tenía interés personal y social si iba hacia adelante, hacia la consolidación plena de la democracia. Ya la tenemos, sin lugar a dudas, pero malherida y en pleno ocaso mundial y nacional, lo que nos lleva a un nuevo desconcierto político en este país tan dual y cainita, trufado de corrupción reciente desde la izquierda, que tanto nos duele, aunque Terencio nos recuerde cada segundo vital que “nada humano nos es ajeno”.

Lo he manifestado públicamente en este cuaderno digital a lo largo de sus veinte años de amable existencia: en el álbum musical de mi vida ocupa un sitio privilegiado una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final. Estamos viviendo unos momentos dramáticos para el país, para su supervivencia democrática pura, por la corrupción en la cúpula directiva y algunos asociados, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o la causa abierta contra el expresidente Zapatero, que afectan directamente a la credibilidad del Presidente del Gobierno, por razones obvias, por decirlo claramente y sin medias tintas.

Por esta situación, vemos inmerso el país en un desconcierto político mayúsculo, de consecuencias todavía desconocidas por el avance de las alianzas PP-VOX, pero que intuimos que no es para nada bueno. Por estas razones también, creo que los demócratas, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque frente a lo que está pasando, en democracia somos dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros, cada uno con su cadaunada, con su ideología y su búsqueda de puntos de encuentro, constitucionales por supuesto, para romper el bloqueo político actual, que se evidencia en el Congreso, que nos lleva al estancamiento insufrible en el que nos encontramos, por la obstrucción permanente de la oposición en su creencia lamentable de que el actual gobierno “no es legítimo” y corrupto.

Los más antiguos del lugar recordarán una preciosa canción de Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, en sus estrofas finales sobre nuestro destino: “De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo”. En tal sentido, recuerdo lo que dijo el escritor Manuel Rivas en una columna del superdomingo electoral de mayo de 2019, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

Aquella canción nos dejaba inquietos ante el permanente mundo al revés, tan frecuente en nuestras vidas:

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

Todo lo que viene ocurriendo estos días atrás, trufado de continuos informes elaborados por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, bajo supervisión judicial, echan por tierra la ideología que la izquierda, representada en este caso por el PSOE, que estaba obligatoriamente obligado a proteger y defender siempre: prestar los mejores servicios públicos a la sociedad, de forma limpia y transparente, teniendo en cuenta -solo y exclusivamente- el interés general de la población a la que el gobierno constituido sirve, teniendo en cuenta sobre todo a los más débiles, a los que menos tienen, a los que no tienen trabajo, a los que necesitan estructuras sanitarias públicas saludables para vivir y llegar a ser mayores con todas las garantía sociales que ofrece el Estado de Bienestar.

Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas, es la única solución para caracterizar la dignidad de un partido político, en este caso el PSOE y por extensión a quien ostenta en nombre de ese partido la presidencia de este país, aunque siga personalmente creyendo en su limpieza ética de gobierno. Merece la pena que la izquierda se entienda urgentemente en este galimatías de corrupción, incluso con la aceptación de una convocatoria de nuevas elecciones para que el pueblo decida ante la situación actual insostenible, aunque nos duelan desde la izquierda los presagios de una llegada en tromba de la derecha ultramontana, porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabras de Allende y ¿por qué no?, nuestras. Para quien las quiera seguir escuchando y practicando a pesar de todo. A mí, me quedan.

Las estructuras tradicionales de la política en este país a través del bipartidismo han desaparecido, por mucho que a algunos votantes les cueste creerlo. El multipartidismo ha venido para quedarse definitivamente en el Congreso y en el Senado. Tenemos que reconocer que de este mundo de la política de pactos, legítimos por supuesto, frente a sus detractores, sabemos poco, pero estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo. Por encima de todo, amamos una política que no haga daño, “aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. La izquierda constitucional está obligatoriamente obligada a entenderse por el bien de todos los ciudadanos que vivimos en este país tan heterogéneo por sus territorios, lenguas, creencias y culturas, y que, con el día a día de nuestro voto, aspiramos a vivir en paz en él y sin hacernos daño. 

¿Reflexión buenista de un optimista redomado? No, aplicación del principio de realidad de un pesimista bien informado (Benedetti, dixit) sobre lo que está ocurriendo y estamos viendo, con profundo dolor ideológico desde la izquierda digna.

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¡Paz y Libertad!

Aprendí de Blas de Otero que todavía nos queda la palabra en agosto de 2026

¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo.

Blas de Otero, en una carta dirigida a Vicente Aleixandre en 1955.

Sevilla, 3/VIII/2026 – 08:56 h CET (UTC+2)

La empresa donde tengo alojado mi cuaderno digital, me recuerda a diario lo artículos que escribí tal día como hoy, el año pasado y anteriores. Lo llaman “edición en retrospectiva”. La verdad es que se convierte en un examen temporal para valorar si sigo siendo el mismo, respondiendo a uno de mis grandes principios: verba volant, scripta manent o lo que es lo mismo, las palabras (habladas) vuelan, las escritas permanecen. He vuelto a leer el artículo de 2025 y suscribo todas y cada una de sus palabras, actualizando sólo alguna cuando lo considero necesario. En este caso, ‘verba manent’.

Es verdad que en estos primeros días de agosto me suelo refugiar en la poesía, porque sé que está elaborada con palabras que llevan el alma dentro, que es de lo poco que nos queda como algo personal e intransferible, en el proceso de creación desde el cerebro de cada uno, cada una.

Si a alguien le debo la localización de este refugio anímico es al poeta Blas de Otero, de quien aprendí el valor laico de la palabra, porque en mi infancia en tierras de Castilla, me enseñaron sólo su valor sagrado, en un juego de palabras bastante enrevesado para un niño: el Verbo se hizo Carne. Así, sin más explicaciones, porque todo era un asunto de fe.

Por estas razones, vuelvo a publicar hoy el artículo que en 2023 dediqué a un poeta especial, Blas de Otero y la palabra que le quedaba en agosto de 1955, porque él me enseñó el auténtico valor de la palabra, sobre todo en tiempos difíciles como los actuales, tan maltratada, ninguneada, manipulada, adulterada y utilizada de forma violenta contra todo el que no piensa de forma uniforme, mediocre, capitalista, dictatorial o… fascista, por resumirlo en una palabra. Sobre todo, porque aprendí de él algo que me impactó mucho cuando dijo que, ante las adversidades de su vida, “yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido”. Hermosas palabras, que en mí quedan.

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Blas de Otero y la palabra que le quedaba en agosto de 1955

Buscando islas desconocidas en este mes de agosto tan especial, he encontrado una carta del poeta Blas de Otero (Bilbao, 1916 – Majadahonda, Madrid, 1979) dirigida a Vicente Aleixandre, el 18 de agosto de 1955, que me ha parecido una lección histórica de importancia capital para conocer a este poeta, con una trazabilidad familiar muy compleja y desde el punto de vista existencial también, con pérdida de fe incluida:

Querido Vicente: Te escribo esta carta aunque me da vueltas la cabeza, pero estoy tan solo que necesito hablar con alguien y creo que mejor que contigo… Por eso tu carta me hizo como siempre mucha compañía y además el regalo que me anuncias, yo sé que tú me has visto bien aunque yo me enseño tan poco y por eso lo que escribas estará bien y lo de menos es el estilo que es tan puro («buen sentido…») como he visto en el de Hidalgo. Pero pasa luego que la vida, no acabo de poder con ella, no me tengo a mí mismo, esta es la verdad y encima han sucedido tantas cosas, y las verdaderas son las que no sabe nadie no las que dicen. Pero tú ya sabes que yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido. Yo no miento pero mi libro que quieren darlo en «Cantalapiedra» no sé qué hacer no me considero al nivel de mi palabra, ojalá fuese cierto lo que en este sentido dicen. Lo de menos es que los poemas sean regulares para mí, pero es lo que publiqué, no para otros, pero la conciencia es cada vez mayor, me está resultando ya monstruosa. ¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo. Yo no escogí mi sitio de nacimiento y luego toda esta España, la de los periódicos y la censura que no es broma en mi caso y el no tener ahora un medio de vida todavía, ni la mujer, pero así es más bonito, lo que hace falta es que tenga fuerzas que vencimiento jamás lo tendré. Perdona todo esto, Vicente. Es para ti, claro, por eso lo he hecho. No sé qué contarte de otras cosas, ahora no tengo ganas.

Un fuerte abrazo

Blas

Dámaso no me envió el libro, será el verano, ya lo recibiré.

En el contexto de su situación personal, en una revolución interior constante hacia la poesía social, cuando dice “Cantalapiedra” se refiere a su obra Pido la paz y la palabra, que se publicó ese año, 1955, en Ediciones Cantalapiedra, en Torrelavega (Santander), siendo la palabra lo único que de verdad le quedó siempre y que tan maravillosamente nos legó en un poema de este libro que no olvido,  En el principio, que he citado en numerosas ocasiones en este cuaderno digital: 

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Al leer varias veces la carta dirigida a su amigo del alma, Vicente Aleixandre, he comprendido mejor que nunca este poema tantas veces citado por mí y que permanece intacto en mi persona de secreto. Aún así, he querido compartirlo hoy de nuevo, comprendiendo la soledad sonora de Blas de Otero: ¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo. Para que no se olvide, en momentos de turbación política, ni siquiera un momento, siguiendo sus pasos cuando decía que “yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido”.

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¡Paz y Libertad!

Agosto es ‘Beñesmer’ para la cultura guanche

Rafael Alberti y Nuria Espert, Lanzarote 1979

Sevilla, 1/VIII/2026 – 21:00 h CET (UTC+2)

Tengo asociado el mes de agosto con la cultura guanche y por esta razón publico hoy, de nuevo, un artículo que cuando vivo mi agosto particular, siempre lo recuerdo desde hace ya bastantes años, porque no olvido que agosto es «Beñesmer», con una traducción preciosa, «Luna de Agosto», tal y como se conocía en la cultura guanche, porque era la festividad más importante de los aborígenes de las Islas Canarias. Era la fiesta de la cosecha y el día central del año de magos. En él, los guanches ordenaban los asuntos materiales, y festejaban y veneraban las tradiciones culturales y espirituales. Era considerada como el «Año Nuevo Guanche», que coincidía con la recogida de la cosecha. 

Esta tradición cultural me parece extraordinaria, junto a otras muchas de nuestro país en este mes de canícula especial, forzada a extremos difícilmente sostenibles por el cambio climático, porque crea una identidad del tiempo en una cultura muy desconocida, teniendo en cuenta que el Imperio Romano apartó e intentó fulminar todas las culturas existentes en el mundo, conociendo, además, que el emperador Augusto hizo una de las suyas estableciendo este mes con su nombre y dedicado sólo por siempre y jamás a él.

La Historia es implacable y como buscador incansable de islas desconocidas, en las que suceden historias con minúsculas que engrandecen el alma humana, vuelvo a publicar el contenido que dediqué en 2020 a esta palabra guanche, Beñesmer, que tiene hoy un sentido pleno en momentos difíciles para el mundo en generalEspero que esta «luz de luna llena» de agosto no se apague en los días y meses venideros, porque el mundo y este país en particular, necesitan salir del planificado ocaso de la democracia, para que podamos emprender un nuevo camino vital con ilusiones temporales que lleven la luz de luna dentro. En este mes, Beñesmer, con más razón todavía, respetando la cultura guanche.

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Agosto 2020 / 1. Beñesmer

En la cultura guanche el mes de agosto se conocía como Beñesmer (Luna de Agosto). Dejamos por un momento la romanización del calendario, al haber dedicado este mes al emperador Octavio Augusto, que hizo lo indecible para que agosto no tuviera menos días que su antecesor, Julio, dedicado al emperador Julio César, porque entre emperadores estaba el juego, mejor dicho, el prestigio. Soy una persona enamorada de aquella tierra, Canarias, especialmente de Lanzarote, donde muchos veranos he recuperado su belleza lunar, su mar y su malpaís, algo tan contradictorio pero que César Manrique lo convirtió en algo muy bello. Recuerdo cómo Rafael Alberti expresó su impresión personal al describir aquella isla en una intervención inolvidable que hizo en 1979, en un acto cultural junto a Nuria Espert, en Los Jameos del Agua. Allí leyó un poema dedicado a César Manrique, que reproduzco íntegro por su belleza:

Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

A César Manrique,
pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.

Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.

He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.

Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

En 2014 publiqué un libro en este cuaderno digital,  La Tegala de Saramago, dedicado al premio Nobel portugués, que vivió hasta su fallecimiento en Tías (Lanzarote), en un lugar que visité días después de su ausencia definitiva de esa tierra volcánica en 2010. Saramago, desde su tegala particular, nos ha dejado un legado de compromiso literario inolvidable. ¿Por qué la tegala de Saramago? Sencillamente, porque a él le gustaba incardinarse en la tierra que le acogió en 1993, en cualquier tierra que le respetara, y la tegala es un lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro.

Mesa de trabajo de José Saramago, Tías (Lanzarote), agosto de 2010 / JA COBEÑA

Recuerdo como si fuera ayer la estancia en su biblioteca personal, que amablemente nos dejaron visitar. Su sencilla mesa de trabajo, unos libros con páginas marcadas por Pilar del Río, la manta roja de Ikea reposando en el brazo izquierdo del sillón que tantas veces lo acogió, diccionarios, bolígrafos, mapas, las mesas con correspondencia pendiente de responder, las estanterías llenas de escritura impresa facilitada por Saramago, traducida por Pilar del Río, en ese esfuerzo por entregarnos sus palabras a todas horas, para que todos lo comprendiéramos muy bien, levantándonos de cada suelo particular, en la interpretación de la ética que hizo en su momento López Aranguren, entendiendo la ética como el suelo firme en que se basan todas nuestras actitudes, la “solería” que vamos poniendo en nuestras personas de secreto a lo largo de la vida. Elefantes, libros, revistas, ediciones maravillosas de uno de mis libros preferidos: El cuento de la isla desconocida, que tantas veces regalo, incluso como ideario para familiares, amigos y funcionarios que en su día compartieron responsabilidades públicas en mi vida profesional.

En este beñesmer recuerdo los que he vivido durante bastantes años en aquella tierra tan acogedora que no olvido. Hoy he unido dos mensajes esclarecedores de Alberti y Saramago en referencia a la cultura guanche respetada hasta nuestros días. También, la obra ciclópea de César Manrique que siempre respetó la trazabilidad histórica del pueblo guanche que le permitió hacer su beñesmer tan particular. He leído muchos cuadernos de Saramago, en formato atómico y digital. Mi aprecio por la isla de Lanzarote me ha llevado siempre a buscar en cada página escrita en ellos, lugares y menciones específicas a una isla que tanto respeto por la vida y obra de César Manrique, pastor de vientos y volcanes, omnipresente en cada paso que das por sus dunas de lava negra, en la acertada expresión que le regaló Rafael Alberti, en una visita que hizo a Manrique en su casa, hoy Museo, de Taro de Tahiche: He venido a vosotros para hablaros y veros, / arenales y costas sin fin que no conozco, / dunas de lavas negras, / palmares combatidos, hombres solos, / abrazados de mar y de volcanes.

NOTA: la imagen de Rafael Alberti y Nuria Espert se recuperó el 1 de agosto de 2020 de https://biosferadigital.com/noticia/pastor-de-vientos-y-volcanes-el-rastro-de-alberti

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El recuerdo democrático que no cesa / y 3. Las nanas de la cebolla y un juguete para Manuel Miguel Hernández Manresa

Carrito original para Manolillo, segundo hijo de Miguel Hernández y Josefina Manresa, construido en la cárcel de Ocaña, en 1941, con la ayuda de un compañero

Sevilla, 28/VII/2026 – 16:06 h CET (UTC+2)

Esta visita íntima al Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, me permitió recordar y conocer determinados detalles de los últimos años compartidos al finalizar la guerra, así como las dolorosas consecuencias para ellos y para Manuel Miguel, el segundo hijo con sólo tres años de vida al morir el poeta, hijo muy querido después del fallecimiento, con sólo diez meses, de su primer hijo, Manuel Ramón. A Manuel Miguel fue a quien el poeta dedicó sus famosas Nanas de la cebolla desde la cárcel y a quien le construyó un carro de madera que pude contemplar en una vitrina del Museo. Me sobrecogió.

Entré en la quinta sala con cierto desasosiego, porque lo sucedido con el poeta fue una ignominia en su fondo y forma, un fiel retrato de las consecuencias del golpe de Estado del 1936, sus terribles ajustes de cuentas al finalizar la guerra y su proyección implacable en la dictadura. Se ha comentado en algún lugar que esta sala está dedicada al “poeta mártir”, bajo el protagonismo de su Cancionero y Romancero de Ausencias (1939-41). Fue una etapa durísima para Miguel, Josefina, los hijos de ambos y, obviamente, para sus familias.

Identificación personal de Miguel Hernández en el Reformatorio donde falleció en 1942

Así presenta la sala el programa de visita: “Con el final de la guerra civil, Miguel comienza un dramático vía crucis carcelario. Sin embargo, ni la prisión, ni su delicado estado de salud, merman su esperanza por un mundo mejor. Así lo transmite a Josefina y a su hijo en diversas cartas”. Pude contemplar la recreación de una lúgubre celda similar a la que ocupó en Rosal de la Frontera (Huelva), aunque no he logrado borrar de mi mente la visita que me permitieron hacer en los años ochenta del pasado siglo, a la que ocupó en los sótanos del Ayuntamiento de Galaroza, también en Huelva, en su periplo hasta su encarcelamiento en Huelva capital, tras su triste detención en su huida a Portugal. Como se recoge en el programa citado, la cárcel, tras serle conmutada la pena de muerte, “sirvió al poeta para escribir algunos de sus más hermosos versos, como Nanas de la cebolla”:

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Pasé finalmente a la última sala, en este encuentro fugaz pero eterno, por los recuerdos en la lucha por la democracia que, como el rayo, no cesan todavía hoy, espacio que explica en un clima de presente y futuro, por qué debía realizar la visita, su auténtico sentido. El legado de Miguel Hernández y Josefina Manresa, muy cuidado por los herederos, acabó finalmente en la Diputación de Jaén en 2012, tras múltiples vicisitudes en la tierra de origen del poeta, siendo Quesada un lugar digno para no olvidar la memoria democrática de una vida entregada a la lucha por un mundo mejor.

Mi agradecimiento es pleno. En la sala pude hojear publicaciones diversas del poeta y sobre su obra poética en general. Una sala llena de luz y vida. Como muestra, la posibilidad de escuchar sentado en cubos mágicos, diversas interpretaciones musicales de poemas del poeta, que forman parte de la banda sonora de nuestro país, por mucho que les pese a algunos. Elegí, con los auriculares bien ajustados para no perder nota y letra alguna, un poema interpretado por Joan Manuel Serrat, Hijo de la luz y de la sombra, que me sumió en un silencio atronador:

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.

Eres la noche esposa,
eres la noche esposa,
yo soy el mediodía.
Eres la noche esposa,
yo soy el mediodía.

Me despedí en esta visita con gratitud plena, porque es un museo que hay que visitar para vivir una experiencia inolvidable de respeto a la memoria histórica y democrática de nuestro país. Gracias a Miguel Hernández y Josefina Manresa, creo que soy mejor persona y que luchar incansablemente por un mundo mejor es posible para curar las tres heridas de todos, la de la vida, la de la muerte, la del amor.

Gracias, lector, lectora, por acompañarme en esta experiencia vital, una isla desconocida si no salimos de nosotros mismos para encontrarla, a pesar de todo.

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¡Paz y Libertad!

El recuerdo democrático que no cesa / 2. Josefina Manresa, esposa y musa

Descripción de Josefina Manresa por parte del poeta / Museo Miguel Hernández- Josefina Manresa / Quesada (Jaén)

Satélite de ti, no haga otra cosa,
si no es una labor de recordarte.
¡Date presa de amor, mi carcelera!

Miguel Hernández: estrofa final del primer poema, entregado en mano, a Josefina Manresa, a modo de declaración de su amor hacia ella.

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Sevilla, 27/VII/2026 – 20:19 h CET (UTC+2)

Si hubo alguien que marcó la vida y obra de Miguel Hernández, fue sin lugar a dudas una mujer extraordinaria, Josefina Manresa, cuya descripción demuestra con creces el sentimiento y reconocimiento del poeta hacia ella:

Tus señas particulares son: pelo largo, hecho un puro anillo y negro, negro como un rincón de noche, su piel pálida y graciosa, su boca demuestra una mujer de mucha voluntad y es fina y bien recortada, su nariz copiada de Venus y sus ojos profundos y pensativos y guapos en medio de dos cejas como dos puñaladas de carbón fino.

Dejando atrás su vida iniciática en la poesía, entré en la tercera sala del Museo, dedicada exclusivamente al poeta enamorado, respetando su infancia rural, una obra suya emblemática, El rayo que no cesa (enero 1936) y su controvertida estancia en Madrid desde su llegada en 1931, donde se produce la transformación ideológica tanto personal como literaria, alejándose de su arraigo literario y de creencias religiosas aprehendidas de su amigo del alma, Ramón Sijé, seudónimo de José Marín Gutiérrez, uno de los componentes del grupo que se reunía en la tahona de su amigo Carlos Fenoll, en Orihuela.

Las relaciones que establece con artistas contemporáneos, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, que elogió favorablemente en febrero de 1936, El rayo que no cesa y José María de Cossío, entre otros, que le acerca al mundo de los toros, así como la amistad estrecha con la pintora Maruja Mallo, le permiten descubrir nuevas proyecciones personales, literarias y poéticas. Me emocionó ver la dedicatoria de Cernuda, en su libro “La realidad y el deseo”, en mayo de 1936. Quizás fue un gran revulsivo para él la muerte de su gran amigo Ramón Sijé, al que dedicó la famosa elegía, que personalmente recuerdo siempre con especial emoción y sentimiento, creyendo que este hecho marcó un antes y un después en su compromiso social, llevándolo a límites ideológicos insospechados. La escalera de pared que se expone en la sala, junto al rótulo de la plaza con el nombre de su gran amigo, muerto para él “como del rayo”, simboliza algo importante en su vida: hay que olvidar el olvido de quienes amamos y un día desaparecen de nuestra vida, pero no de nuestra alma de secreto. Es lo que eleva, tramo a tramo, nuestro espíritu.

De allí pasé a la sala cuarta del Museo, dedicada a su obra “Viento del pueblo”, que demuestra el giro copernicano que Miguel Hernández supo dar a su vida, interpretando la fuerza que imprimió en su persona el viento del pueblo, sus demandas democráticas. Fueron unas vivencias vinculadas con el inicio de la guerra civil, que le sorprendió en Madrid, siendo el comienzo de una colaboración directa con la causa republicana. Esta compleja situación la puso en conocimiento de Josefina Manresa diez días después de iniciarse el golpe militar: “Mi muy querida Josefina mía […] ha habido días en los que no he podido salir a la calle de los tiroteos que había en todo Madrid”.

El “poeta del pueblo” se hace muy presente en todos los frentes republicanos y así se le reconoce en la prensa tan leída por los milicianos y milicianas implicados en la defensa de la democracia.

Durante la guerra civil, la presencia de Miguel Hernández en la prensa fue determinante en su compromiso social con las libertades. Fue un excelente periodista en el frente, donde ya era conocido en su trayectoria poética, en revistas tales como La Gaceta Literaria, Estampa, Cruz y Raya y Caballo verde, entre otras.

Considero por último, en estas reflexiones sobre esta sala del Museo, que es imprescindible recordar que Miguel Hernández fue enviado a Jaén como Jefe del Altavoz del Frente Sur republicano, siendo una publicación suya en un periódico del Partido Comunista, El Altavoz del Frente, en su número 1, un poema, Aceituneros, que para Jaén y nuestra Comunidad Autónoma tiene un valor incalculable. Contemplé con respeto reverencial esta imagen del poema:

En ese momento recordé con especial afecto la versión de Jarcha. No la olvido, porque forma parte de la banda sonora de mi vida. Alguna lágrima me recordó momentos transcendentales para preservar la democracia en nuestro país. Me sentí más cerca que nunca de Miguel Hernández y de su sufrimiento humano hasta la muerte, compartido con Josefina Manresa.

Personalmente, escucho con frecuencia la voz de Miguel Hernández, en el único archivo sonoro que se conserva, que invito a escucharla de nuevo, en una grabación realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la “Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,

he prolongado el eco de sangre a que respondo, 

y espero sobre el surco como el arado espera:

he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos. 

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos 

de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado;

temo que te me rompas al más leve tropiezo, 

y a reforzar tus venas con mi piel de soldado 

fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. 

Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, 

ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho, 

sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa, 

te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho 

hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa

mi frente, que no enfría ni aplaca tu figura,

te acercas hacia mí como una boca inmensa

de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera;

aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, 

y defiendo tu vientre de pobre que me espera, 

y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, 

envuelto en un clamor de victoria y guitarras

y dejaré a tu puerta mi vida de soldado

sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.

Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,

y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo

cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas, 

y tu implacable boca de labios indomables,

y ante mi soledad de explosiones y brechas

recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.

Y al fin en un océano de irremediables huesos

tu corazón y el mío naufragarán, quedando

una mujer y un hombre gastados por los besos.

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El recuerdo democrático que no cesa / 1. Quesada o Jándula

Imagen representativa del Museo dedicado a Rafael Zabaleta y Miguel Hernández-Josefina Manresa, en Quesada (Jaén) / JA COBEÑA

Miguel estaría hoy muy orgulloso de volver a esta tierra y quedarse para siempre

Palabras de Lucía Izquierdo, nuera de Miguel Hernández, acerca del Acuerdo de los herederos del poeta con la Diputación Provincial de Jaén, al adquirir esta institución, en 2012, la titularidad del legado hernandiano, compuesto por más de 5.400 registros entre manuscritos, poemas, objetos personales y cartas del poeta a amigos y familiares.

oOo

Sevilla, 26/VII/2026 – 16:29 h CET (UTC+2)

Siento la necesidad de compartir con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, unos recuerdos que no cesan en mi alma democrática, de Miguel Hernández y Josefina Manresa. En este contexto, he cumplido un sueño al visitar recientemente un lugar, Quesada, recuperado ahora como Jándula, el epicentro de una obra ciclópea de David Uclés, La península de las casas vacías, que estoy leyendo poco a poco, porque son setecientas páginas que necesitan reposo anímico para interiorizarlas y sentirlas como propias, en la clave de respeto a la memoria democrática de la guerra civil en este país. Más pronto que tarde, publicaré en este cuaderno digital mis reflexiones sobre esta obra encomiable.

He ido a Quesada (Jaén), buscando un encuentro personal con la vida y obra del poeta del pueblo y de su fiel compañera de vida, a pesar de momentos turbulentos en su relación como pareja, como lo demuestra una carta mecanografiada que leí durante mi visita a la exposición permanente sobre el poeta en Jaén capital, dirigida en 1936 al padre de Josefina, explicando su separación temporal “por cosas de muy poca importancia” y buscando una reconciliación con ella, si todavía “no estuviera comprometida con otro hombre” y “estuviera dispuesta a continuar su amistad de mujer conmigo”. Nada humano le fue ajeno y deseo resaltar que este documento, junto con otros de marcado interés memorialístico sobre Miguel Hernández, los pude contemplar en la exposición permanente citada anteriormente, dedicada al poeta en el Centro Cultural Baños Árabes, en Jaén capital, para difundir la memoria y obra del poeta oriolano.

Imagen de Miguel Hernández, obtenida en la exposición permanente sobre el poeta en el Centro Cultural Baños Árabes – Jaén

Miguel Hernández está muy presente en este cuaderno digital y seguirá ocupando un sitio preferido por mí, la amura de babor de esta carabela imaginaria que me enseñó a pilotar José Saramago, hace ya muchos años, en la que navego diariamente para buscar islas desconocidas. Por las razones expuestas, Quesada no es un lugar cualquiera. Allí nació en 1916 Josefina Manresa y fue determinante este hecho para recuperar parte del legado de Miguel Hernández, desde la firma en 2012 del convenio auspiciado por la Diputación Provincial de Jaén con los herederos del poeta, incorporándolo al edificio que nació como sede de la importante obra artística del pintor quesadeño Rafael Zabaleta, dedicando un espacio especial a la vida y obra de Miguel Hernández y a su querida compañera de vida y muerte, Josefina Manresa.

En la planta sótano, la exposición de gran parte del legado de Miguel Hernández y celosamente cuidado por Josefina Manresa, se distribuye en seis salas, vinculadas cinco de ellas a sus obras principales, de las que en esta entrega voy a adentrarme en la segunda, sin dejar atrás la sala de recepción y acogida, informando sobre la importancia del autor y su evolución personal y literaria a través de etapas cronológicas, siempre vinculadas a sus libros. Allí me senté en una obra escultórica muy simbólica, un banco-libro, representando su obra emblemática “El rayo que no cesa”, concretamente en la página que sirve de asiento, en la que figura un fragmento del poema “Menos tu vientre”. Contemplé de esta forma un audiovisual breve y dos veces bueno sobre la poesía del poeta, tocando de cerca palabras muy sentidas y cercanas;

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre 
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

La segunda sala está dedicada al poeta pastor, centrada en su primera publicación, Perito en Lunas (enero 1933), destacando la poesía de adolescencia, versos herméticos de inspiración pastoril y religiosa, así como la conjunción de naturaleza e inocencia. Resalta aspectos fundamentales de su infancia y adolescencia, su entorno familiar en Orihuela (Alicante), junto con su primer viaje a Madrid, que supuso un giro copernicano en su vida y obra.

Hasta aquí mi primera entrega en esta serie, confesando que el día anterior a mi visita en Quesada, viví una experiencia dolorosa en la visita a la Catedral de Jaén, al contemplar en el crucero central del altar mayor cuatro lápidas verticales donde figuran con nombres y apellidos todos los reverendos sacerdotes y coadjutores, también un obispo, de la provincia de Jaén, que según reza el texto que encabeza esta relación, situado en la lápida del lado del “evangelio” del altar mayor, “fueron asesinados en la revolución marxista. Julio de 1936 a Marzo de 1939”.

Catedral de Jaén

Es incomprensible que con la vigente Ley de Memoria Democrática, todavía se puedan mostrar estos vestigios de parte sobre lo ocurrido, no respetando páginas imprescindibles que ordenan en el objeto y finalidad de la Ley, la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.

Creo que esta consideración anterior, refleja mi sentir de respeto democrático en el encuentro imaginario con Miguel Hernández y Josefina Manresa en Quesada, que ha tenido un sentido especial. Estamos avisados con lo que está ocurriendo por parte de los acuerdos PP-VOX para derogar la la citada Ley cuando sea posible a nivel nacional. Mientras, se llevará a cabo la citada derogación de las leyes autonómicas de memoria democrática en los gobiernos ya constituidos con ambos partidos. A pesar de esta dura realidad, nos queda algo grandioso en democracia, la palabra de denuncia, tal y como aprendí en un día ya lejano de Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra. Hoy, la mía, compartiendo con la Humanidad mi encuentro con el poeta del pueblo y su gran compañera de vida y muerte, en condiciones lamentables. Para que no lo olvidemos, ni siquiera un momento.

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En Quesada (Jaén), junto a Miguel Hernández y Josefina Manresa, como un deber de amor

Josefina Manresa y Miguel Hernández, 1937

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor.

Pablo Neruda, en una carta escrita en París, en octubre de 1960, para conmemorar el 50 aniversario del nacimiento del poeta.

Quesada (Jaén), 23/VII/2026 – 22:07 h (CET+2)

Hoy he cumplido un sueño: estar muy cerca de Josefina Manresa y Miguel Hernández, en su museo de Quesada, sede también de la extraordinaria obra artística del pintor quesadeño Rafael Zabaleta. Mi alma sabe, a pesar de mis silencios, cómo recuerdo la vida y obra del poeta del pueblo, junto a la presencia de Josefina Manresa, su amada compañera de vida, muchas veces ausente por mandato imperativo del Régimen. Este cuaderno digital es testigo de este diálogo buscado y respetado.

Hoy, en este contexto tan especial, he recordado expresamente un poema suyo de juventud, A mi alma, porque en mi senectud me veo reflejado en él:

Murmuran que hablo muy poco, alma, los que nada saben de nuestros largos coloquios.

Me han regalado una publicación hermosa, Miguel Hernández. Brevísima antología poética, que agradezco, editada por la Diputación de Jaén en 2022, con motivo del 80 aniversario de la muerte del poeta.

En los próximos días publicaré una serie para compartir con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, mis reflexiones sobre este encuentro, recuperando la memoria histórica de Miguel Hernández, tan necesaria hoy ante el ocaso de la democracia en nuestro país.

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Sigue creciendo de forma alarmante el club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 21/VII/2026 – 14:14 h (CET+2)

Hoy hace setenta y cinco años que nació el gran actor Robin Williams (1951-2014). El mundo cinematográfico lo recuerda especialmente y, en mi caso, con expresa gratitud por todo lo que aprendí de él, sobre todo en una película de culto, “El club de los poetas muertos”, que también recuerdo a continuación a modo de metáfora existencial para estos tiempos revueltos. Lo que es indudable es que el actor está muy presente en este cuaderno digital.

En este largo y ya cálido verano, frente al negacionismo climático que nos rodea, busco refugio ideológico en la poesía útil para transformar este loco mundo al revés, siendo una de las razones por las que no olvido a Robin Williams en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”, en una secuencia inolvidable a través de sus palabras y rodeado por sus queridos alumnos: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario, rodeados de mediocridad creciente. El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho irrefutable, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas

En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de Trump y sus secuaces, en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación, La ola de cretinismo, que nos invade por tierra, mar y aire.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

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El club de los cretinos vivos

Sevilla, 08/08/2025

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidezidiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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