¿Qué hacer para blindar la democracia en nuestro país, en estos momentos tan difíciles y de desazón universal ante lo público? Existen muchos caminos y veredas, las de Antonio Machado por ejemplo, para trabajar sin descanso en el rearme ético de la democracia, en pleno ocaso por parte de las derechas variopintas y su más allá tan peligroso y dañino para la sociedad en general.
Hoy traigo a colación la difusión de una Fundación, CIVIO, de cuyo nombre me acuerdo siempre, que respeto y que ha acometido una transformación en su forma de comunicar qué objetivos pretende alcanzar a diario. Aprovechando un cambio en su portal web, CIVIO nos recuerda algo esencial, a modo de eslogan ético en su objetivo institucional: periodismo y acción para vigilar lo público, porque cada día, mejor dicho, cada segundo que pasa, la credibilidad del sector público y todo lo que abarca a través del Estado de Bienestar, está en tela de juicio permanente, unas veces por errores propios y otras por intencionalidad ajena en su acoso y derribo para que el sector privado instaure su imperio, con sus intereses manifiestos no inocentes, arrasando derechos históricos que tanto ha costado construir y defender. Así lo resumen para general conocimiento de su digna actividad: “En Civio trabajamos para que lo público sea realmente público. Queremos gobiernos e instituciones más transparentes y personas mejor informadas. Y lo hacemos a través del periodismo, la incidencia y la tecnología”.
En este contexto animo a quienes leen este cuaderno digital que conozcan esta Fundación y entren de lleno en sus proyectos para corroborar el excelente trabajo que desarrollan en muchos frentes de estricta “defensa de lo público“. Ellos lo manifiestan abiertamente: “Civio es una fundación independiente y sin ánimo de lucro. Y tu mejor aliada si también deseas gobiernos e instituciones más transparentes y personas mejor informadas sobre lo público, lo de todos. Hacemos periodismo riguroso y vigilante, influimos en quienes toman decisiones, y proponemos soluciones para mejorar lo común, lo colectivo. Sin afiliación partidista. Sin publicidad ni anunciantes. Siempre con acceso abierto y gratuito«.
A través de CIVIO podemos conocer sus investigaciones, sus herramientas para acceder a ayudas sociales, consultas de información compleja y su lucha incansable en relación con la imprescindible transparencia pública. Por lo anteriormente expuesto, es importante colaborar con esta Fundación para fortalecer la democracia, como socios quien pueda hacerlo o difundiendo día a día su trabajo bien hecho, que entregan cada día en su portal web, gratuitamente, sin confundir, como todo necio, valor y precio.
En democracia, siempre anhelamos andar caminos y abrir veredas para poder pasear con dignidad por avenidas de libertad, frente a caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra, de tal forma que la defensa de lo público es lo que nos permite identificar a gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan a dónde llegan (Antonio Machado, dixit). Es lo que tiene amar lo público y exigir que Gobiernos, Administraciones y Organizaciones públicas, desempeñen sus funciones de forma correcta y digna en beneficio siempre del interés general, de base constitucional.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)
El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.
Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.
Sevilla, 8/X/2024
Cuando nos aproximamos cada año a la celebración de la Fiesta Nacional de España, habiendo desaparecido en 1987 la unión anterior al Día de la Hispanidad, nuestro país debería ser muy prudente a la hora de tratar esta fiesta «nacional», rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Lo ocurrido recientemente con el litigio que arrastra en estos momentos la relación diplomática entre México y España, es una muestra de que deberíamos asumir las responsabilidades históricas sobre lo que allí ocurrió. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.
Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje era exquisito y cuidado hasta la saciedad, la llamada “finezza vaticana”, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? El Rey Felipe VI debería tomar nota de la conducta de Francisco en torno a estas realidades. Además, él insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.
La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoraremos el sábado próximo con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe común, Cinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:
El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.
Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.
***
El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.
***
Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:
– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.
Un ejemplo más de esta desafección sobre la celebración silenciosa o ruidosa, según se mire, de la Hispanidad, nos lo ofrece un gran escritor, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:
Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.
Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.
Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida. Francisco dio en 2021 una gran lección al mundo sobre lo que allí ocurrió, en México concretamente, casi un guion a seguir para reyes y gobernantes de este mundo al revés, purificando la memoria histórica de lo allí ocurrido: lo que hay que hacer con urgencia es fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie. Así, con todos y cada uno de los países que forman parte de la celebración encubierta del Día de la Hispanidad, sin dejar a ningún país “conquistado” atrás.
(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Detalle del Retrato de don Juan Manuel. Retablo de la Virgen de la Leche. Catedral de Murcia.
A la piadosa luz de octubre vuelvo / y entre la tibia cuenca de mis manos / como un niño dormido mi corazón levanto. / Vivir es retornar a cada Octubre / para sentirse el corazón dorado.
Sevilla, 4/X/2024 / actualizado del original de 16/X/2023
Damos la razón al Quijote para comprender la razón de ser de este mes, en el que somos y estamos: ¡con la iglesia hemos dado, Sancho! Significante y significado están en juego, porque siempre hablamos de “estar en el mes de octubre”, sin deparar que la palabra ´octubre´ tiene una historia laica, como tantas otras, cuyo significado en roman paladino era muy claro: ochubre era el octavo mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. La evolución en el tiempo, es decir siglos, sobre todo por el respeto al latín español consonántico por parte de los cuidadores de los cultismos en el Siglo de Oro, ha llevado a que hoy se sigan reconociendo las tres variaciones sobre el mismo lema, ochubre, otubre y octubre, aunque los dos primeros, según el propio diccionario de la lengua española (RAE), están en desuso, manteniéndose hoy sólo como de uso correcto el tercer lema ´octubre´: Del lat. Octōber, -ris, derivado de octo ‘ocho’. Décimo mes del año, que tiene 31 días, sin más explicación histórica en sus raíces romanas. En relación con la acepción “otubre´, la Real Academia dice lo siguiente. “Se recomienda evitar su uso. La variante antigua otubre —en el diccionario desde 1803— hoy se considera vulgar (impropia del habla culta) y está marcada en el DLE como desusada”. Más interesante es revisar la utilización del lema ´ochubre” en el tesoro lexicográfico español, donde aparece en primer lugar en 1846, junto a dos lemas más, ´ochubrio´y ´ochubro´, con la misma acepción: Octubre, en el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]. París, publicado por Vicente Salvá. Posteriormente y hasta llegar al diccionario de la Academia Usual, de 1992, última aparición de este lema en el diccionario de la lengua española de la RAE (según el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española), se mantuvo en los diccionarios de 1885, de Gaspar y Roig; de 1869, de Ramón Joaquín Domínguez; de 1970, del Suplemento del diccionario de la lengua española (RAE) y de 1984, en el diccionario Usual, también de la Real Academia Española de la Lengua. Finalmente y con este largo camino histórico y lexicográfico, octubre, hoy día, es el ´décimo´ mes del año, no el octavo, como su nombre indica, por la modificación que se introdujo en el llamado calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII que, a su vez, modificó el existente hasta entonces, denominado calendario juliano, que introdujo Julio César en el año 46 a.C.
En este contexto, el infante de Castilla, don Juan Manuel (1282-1348), sobrino del rey Alfonso X el Sabio, que mandó escribir la Estoria de España, comenta en el capítulo ciento veinticuatro (CXXIIII) de la Crónica abreviada, una de sus versiones de la citada Estoria, transcribiendo de forma clara y concisa el origen e intrahistoria de la palabra ‘ochubre’ en el primitivo calendario: “por que los rromanos, quando conquerieron toda la tierra, pusieron le nombre ‘agosto’, que quier tanto dezir commo acrescentador; e al otro, setienbre, porque hera seteno del mes de março; e al otro ochubre por que hera ochauo; e noviembre por que era noveno; e al otro dezienbre por que hera dezeno del mes de março en que solian començar el anno segunt auedes oydo”. La justificación que narra el infante Juan Manuel de por qué el calendario romano constaba de diez meses, tiene un marcado interés de respeto a la naturaleza, porque en marzo se sale de un tiempo de mucho frío (la grant friura del ynvernio) y entra el calor (la grant calentura del verano). Bajo esta premisa, va desgranando posteriormente uno a uno la interpretación de cada mes, que en algunos casos es asombrosa, hasta llegar a octubre, vinculado estrictamente al mero orden cronológico del calendario romano, ´por que era ochavo´.
Procuro ser muy cuidadoso con las palabras que pienso y traslado al papel o a la pantalla en blanco, sobre todo cuando quiero decir algo ´especial´, recordando a Ítalo Calvino, en su arte de saber empezar y acabar en el momento mágico de escribir palabras, precisamente en la semana en la que se cumple el centenario de su nacimiento. No olvido tampoco que el 3 de octubre de 1714, “el rey Felipe V de España, sucesor del último monarca de la Casa de Austria y primer monarca Borbón en el trono español, firmó la cédula real para la constitución de la Real Academia Española (RAE) con una dotación de 60.000 reales anuales para la publicación de obras. El objetivo, recogido en el Estatuto Único, era “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, defenestrando los errores que, en sus vocablos, en sus formas de hablar o en su construcción, ha introducido la ignorancia”. Si recuerdo bien esta cita es porque propició que se editara por primera vez mi querido Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio y aplico: “Entre 1726 y 1739, la RAE publica seis volúmenes en el que se recogen más de 69.000 acepciones. La diferencia respecto a otros diccionarios es la utilización de nombres relevantes de la literatura castellana (sobre todo del Siglo de Oro) para avalar las diferentes descripciones. Por ello, recibe el nombre de “Diccionario de Autoridades”. “Se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”, recoge el Prólogo del Tomo I del Diccionario. Lope de Vega, Luis de Bávia, Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús… son algunas de las firmas que, a través de ejemplos, referenció la RAE para explicar el significado de los más de 69.000 términos recopilados entre los seis volúmenes”. Extraordinario trabajo, que hoy disfrutamos las personas que amamos nuestra lengua.
Hoy, sólo he pretendido limpiar, fijar y dar esplendor a una palabra, octubre, tan aparentemente neutra, aunque no inocente, porque en estos momentos vivimos en ella y porque sólo me queda ella, la palabra en este aquí y en este ahora, en octubre, para expresar lo que pienso, siento y escribo, siguiendo muy de cerca a Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.
Lo que está ocurriendo en este octubre tan especial, hoy mismo, sobre todo con la guerra de Israel y el brazo armado de Hamás en Gaza, también en Líbano, con otro brazo armado, Hezbolá, pero que lo están sufriendo centenares de miles de personas inocentes, trae a mi alma de secreto una sola palabra: ´paz´, porque en Andalucía somos escuchaores de esta palabra, nunca ´guerra´, que sólo pronunciarla o escribirla produce en sí misma un dolor inmenso. Es nuestra obligación ética en relación con la palabra ´paz´: fijarla, limpiarla y devolverle todo su esplendor. Este es hoy, en octubre, el octavo mes del año, mi mensaje especial.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Ayer supimos a primera hora de la mañana, que durante esa madrugada se había producido en Canarias el peor naufragio de migrantes en los 30 años de vida de la ruta migratoria en esa zona geográfica del país, con el agravante de que estaban ya muy cerca de la costa de la isla de El Hierro, a tan sólo 7,5 kilómetros. Se trataba de un cayuco que había salido del puerto de Nuadibú (Mauritania) con 84 personas a bordo, malienses, senegaleses y mauritanos, que llevaban seis días de navegación, dos de ellos sin agua ni comida, probablemente una de las causas de que la embarcación se escorara durante las maniobras de salvamento por la reacción descontrolada de los migrantes, seriamente afectados a nivel cognitivo por la inanición y la sed. Esta situación, de madrugada y con rachas de viento próximas a los 40 kilómetros por hora, dio un trágico resultado: nueve cadáveres recuperados y más de cincuenta personas desaparecidas, al parecer un menor entre ellas, pudiéndose rescatar a tan sólo 27 personas, entre las cuales se encontraban cuatro menores.
Esta es la descripción breve y trágica de la noticia, que debería conmovernos y conturbarnos a las “personas de bien”, millones en este país, a pesar de que para la derecha ultramontana y su más allá, no somos tales los que respetamos de forma manifiesta a los migrantes, gritándonos a veces que “si tanto los defendemos, por qué no nos los llevamos a nuestra casa”, porque no hacemos otra cosa que “molestar” sus conciencias. Sobran palabras para comentar estas situaciones que, desgraciadamente, se dan en nuestro país cada vez con mayor frecuencia, así como las de la acogida que merecen siempre, bastando ahora con el ejemplo del comportamiento reciente de determinados grupos políticos del Congreso, que se deben señalar para recuerdo inmoral de su comportamiento, cuando el Partido Popular, Vox y Junts, votaron en contra el pasado 24 de julio, junto a la abstención del diputado de UPN, del inicio de la tramitación de la proposición de ley para la modificación de la ley de extranjería registrada por el PSOE y Sumar.
Lo que viene ocurriendo también en el Mediterráneo, convertido ya en ignominioso cementerio de migrantes, nos debería llevar a la reflexión de que en el Atlántico están ocurriendo ya situaciones vergonzosas y vergonzantes de estas muertes siempre injustificadas, aunque no tengan tanta repercusión mediática. Hace dieciocho años escribí una carta abierta, enviada a una revista semanal de ámbito nacional, que llevaba por título Cayucos, que hacía referencia a estas embarcaciones que ya se estaban haciendo tristemente famosas en las Islas Canarias: “Nunca habíamos hablado tanto de los cayucos, esas embarcaciones de la esperanza, de la miseria, de las frustraciones. Han sido los auténticos protagonistas del verano, llegando a las Islas Afortunadas, las Canarias, por oleadas, en un viaje a lo vagamente conocido por las parabólicas de Senegal. Y lo cotidiano ha sido ver como saltaban a la teórica libertad de un puerto canario, desde el barco paradójico “Esperanza del Mar”, abrazándose a una cruz roja como misión imposible, en el silencio de los muertos y desaparecidos. ¿Qué son los cayucos?: dicen los expertos que son embarcaciones en las que durante la travesía de su vida aprenden a no hablar al llegar a España, a no mirarse a la cara, porque durante siete días, que es lo que dura el viaje descarnado, solo pueden mirar hacia adelante, siempre en la misma postura, todos juntos, hacinados, para ver si el Teide, España y Europa los acoge en su misteriosa holgura de riqueza y libertad. Ser o tener, esa es su cuestión. Hasta que un día los encontramos en un semáforo, en nuestros viajes cotidianos, donde los pañuelos a un euro pueden servirnos para justificar sus lágrimas cuando nos miramos de frente, entonces sí, cara a cara”.
También he recordado una experiencia de un conductor de guaguas de Tenerife, ese mismo año, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, Alexis, que trasladaba aquel verano a los senegaleses que eran identificados en la Comisaría de la Playa de las Américas, trasladados posteriormente a los Centros de internamiento temporal hasta que se resolvieran sus expedientes de expulsión. Cuando le preguntó una periodista sobre sus impresiones al respecto, comentó: “lo que más me impresiona es que durante el viaje en la guagua el silencio es total, no hablan, no se miran”. Alexis resumía así, de forma descarnada, la realidad de los 735 senegaleses que en dos días de mayo de 2006, llegaron a las costas canarias, en cayucos, en un viaje a alguna parte.
En el cayuco que naufragó ayer cerca de El Hierro, viajaban malienses, senegalese y mauritanos. Presumo que su silencio durante el arriesgado viaje es un grito encubierto de rabia y desesperación por una situación insostenible. Son parte de una revolución silenciosa que grita a través de sus silencios que esto no puede continuar así. Algo está pasando en el mundo cercano, aunque lo queramos representar como lejano, que hace terriblemente injusta la realidad que nos cuentan a veces en perfecto francés, para mayor escarnio. Con su dura travesía hablan, aunque otros muchos mueren en ese intrépido viaje hacia alguna parte, hecho que habla por sí mismo y para que lo comprendamos todos. Quieren salir y viajar a un supuesto mundo mejor, injustamente bautizado como “primer mundo”, el de sus sueños y eso nos debería bastar para recibirlos y acogerlos en nuestro país como merecen.
Entiendo bien que ese conductor, Alexis, un símbolo de libertad para los migrantes de entonces y de ahora, pusiera entonces la radio y por la megafonía de la guagua sonara esta canción en cualquier emisora tinerfeña, que personalmente llamaría “Para salir…” (o “para la libertad” con letra de Miguel Hernández), como la noticia de fondo que apareció en el diario “El País”, de 21 de mayo de 2006, durante aquella llegada masiva de migrantes a Canarias, poniendo voz a un aspirante a migrante, que sueña con vivir en un mundo mejor: “Y un día, harto de ver cómo en otros sitios se vive de otra manera, con comodidades y con todo tipo de cosas que también, de vez en cuando, pasean por aquí los turistas y los empresarios extranjeros, dices ‘¡basta!, quiero salir». Y entonces esa idea se convierte en una especie de obsesión furiosa: salir. Trabajan para salir. Piensan para salir. Descansan para salir. Hablan para salir. Se mueven para salir…”
Lo que ocurrió en la madrugada de ayer, muy cerca del puerto de La Restinga, en la isla de El Hierro, no se olvidará nunca a las 27 personas que se salvaron del naufragio (con la ayuda extraordinaria de los profesionales a bordo de barcos de Salvamento Marítimo, Cruz Roja y Guardia Civil), que siguen hoy sin hablar y sin mirarse a la cara, como los recordaba Alexis, porque durante seis días, que es lo que ha durado la esperanzadora travesía de su vida, solo miraban hacia adelante, siempre en la misma postura, para ver si la isla de El Hierro, España y Europa, los acogían ayer, dignamente, en sus misteriosas entrañas de riqueza y libertad, aunque hoy lloren desconsoladamente también recordando las cincuenta personas que les acompañaban en este viaje hacia alguna parte, que ya no estarán presentes en su legítimo deseo de salir de su pobreza vital, en un viaje para alcanzar la ansiada y merecida libertad para ser y existir.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
En la singladura diaria que inicié esta mañana, he descubierto una historia preciosa que me hace recordar la importancia de proteger la democracia frente a la ignominia partidista de la extrema derecha, de las dictaduras y de la censura pura y dura. Ha sido en la lectura del excelente boletín diario y puntual de Juanlu Sánchez en elDiario.es, Al día, en el que cuenta la intrahistoria de un lápiz azul que utilizaba la censura durante la dictadura de Salazar en Portugal, de la marca Viarco, modelo Olímpico 291: ”Los censores de revistas y periódicos de la dictadura de Salazar solo usaban el color azul para sus anotaciones y tachones porque, en el caso de que acabaran en imprenta por error, no salían: las máquinas solo reproducían el negro sobre blanco. Un lápiz concreto se convirtió en símbolo de la censura: el Viarco Olímpico 291. Con la llegada de la democracia, la propia marca hizo una nueva versión que llamó “mi libertad”. Lo cuenta en este hilo Jorge Corrales”.
La intrahistoria de este lápiz de la censura portuguesa, la contó con detalle el año pasado la Comisión conmemorativa del 50 aniversario del 25 de abril, en colaboración con el movimiento reivindicativo Gerador: “durante el período de la dictadura en Portugal, el país que se veía en la prensa, en los libros, en las obras de teatro, en los discos, en las películas y en tantas otras formas de expresión, estaba lejos de corresponderse con aquel en el que vivíamos. Todo pasó por la criba de la censura. En la memoria histórica de su actuación quedan las líneas azules que marcaron los extractos, frases u obras enteras cuya publicación estaba prohibida. El lápiz azul fue, durante 48 años, el instrumento elegido por la comisión de censura para visar, restringir y eliminar cualquier registro que debilitara los valores del Estado Novo”.
De ahí nació el proyecto de hacer un mural colaborativo, con especial proyección en las escuelas del país vecino: “En 2024, transformamos un símbolo de opresión en una fuente de libertad y creatividad. La Comisión Conmemorativa 50 Aniversario 25 de Abril, Gerador, el Plan Nacional de las Artes y Viarco, marca que fabricó el histórico lápiz “Olímpico 291” utilizado por la censura, se unieron en la acción “Mi libertad es la de todos”. La iniciativa comenzó con la creación de una edición especial del lápiz azul original y una invitación a cualquier persona a participar en la construcción de un mural colaborativo”. Se impulsó el proyecto entre los más jóvenes, “la importancia de la libre expresión, el movimiento colectivo y el pensamiento que involucra a toda una comunidad. En esta iniciativa participaron más de 10.000 alumnos de más de 200 centros educativos de todo el país, incluidas comunidades autónomas. Utilizando el lápiz azul de edición especial, el desafío consistía en pintar la libertad a partir de un cuadrado de papel del tamaño de un azulejo tradicional portugués. Luego, las inscripciones se digitalizaron y ahora son visibles para todos en el Muro de la Libertad. También abrimos la posibilidad de participar de forma digital a cualquier persona. Hasta mayo de 2024 estuvo disponible un mosaico digital que cualquier persona, sin límites de participación, podía llenar libremente, con su teléfono móvil, tableta o computadora, escribiendo, dibujando o tachando lo que quisiera. Las entradas fueron visibles de inmediato y ahora se encuentran entre los miles de mosaicos que componen el Mural de la Libertad”.
En este contexto he recordado inmediatamente mi experiencia personal con un lápiz de carpintero, rojo, cuya semblanza escribí en una página de este cuaderno digital en 2017, Un lápiz de carpintero, al contar que una mañana del mes de mayo de ese año, encontré en una de las aceras de esta ciudad (las que amaba Jane Jacobs) un lápiz de carpintero rojo, usado, hecho en España, de nombre “Carpintero”, en cursiva dorada, fabricado por Molin (Spain). Lo he asociado inmediatamente con el que conservo todavía sin haberle sacado punta alguna (desde el punto de visto físico, no intelectual y sentimental), que regalaban con la primera edición de un libro maravilloso de mi querido maestro Manuel Rivas, El lápiz del carpintero, una obra que ocupa un lugar preferente en las estanterías de mi biblioteca de toda la vida, en una sección que lleva por título: Libros para llevarse a una isla desconocida y desierta. Rápidamente he ido al capítulo 5 del libro y he vuelto a leer, al menos tres veces, aquellas andanzas del pintor que había conseguido un lápiz de carpintero en la cárcel de la Falcona, en Santiago de Compostela, cuando su amigo Marcial Villamor, sindicalista y carpintero, se lo regaló, un lápiz de su oficio, antes de que lo mataran los paseadores que iban de caza a aquella prisión. Ese lápiz había pasado por muchas manos obreras y comprometidas y él pudo sustituir la teja con la que habitualmente pintaba por ese lápiz maravilloso en sus resultados, que más adelante explica con lujo de detalles Manuel Rivas.
El lápiz del carpintero, Alfaguara / Carpintero, Molín
Entre el lápiz rojo de aquel carpintero, encarcelado y asesinado bajo la dictadura franquista y el de color azul de la dictadura salazarista, hay diferencias sensibles. El primero, porque es un símbolo que marcaba la libertad deseada y deseante de un país bajo la dictadura de Franco. El segundo, todo lo contrario. De ahí la importancia de esta nueva edición del lápiz azul, Olímpico 291, con su nueva leyenda: mi libertad es la de todos. Ese es el verdadero mensaje aleccionador que quiero compartir hoy con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera según Teilhard de Chardin, hoy y siempre.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Mi escritura es circular y quien frecuenta estas páginas sabe mi aprecio por el poeta Ángel González. Estas palabras que siguen las escribo cada año y siguen manteniendo su valor cuando se acerca el otoño de 2024. Confieso que lo vivo de forma especial al recordarlo hoy de nuevo con emoción y conciencia de clase humana y solidaria con “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados”, reconociendo que fue Eduardo Galeano quien los identificó como nadie para que marcaran mi vida olvidando nuestro olvido hacia ellos.Los recuerdo en este otoño porque estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, como son la luz, el fuego y la vida, que cuiden de ellos, de nosotros, de todos, sin dejar a nadie, a los nadies, atrás.
Cuando mañana, a las 14 horas y 44 minutos en horario peninsular (13:44 en Canarias), se igualen el día y la noche en el hemisferio norte, en una ceremonia temporal y puntual que nunca falla y que los sabios del lugar llaman equinoccio de otoño (aequinoctium, aequus nocte, «noche igual»), las personas a las que nos gusta otoñar sentiremos una especie de aviso, porque también se puede humanizar este tiempo y su momento si somos capaces de aprehenderlo en su justo sentido. Por ejemplo, acudir prestos a compartir esta estación con el poeta Ángel González, aunque en mi caso él me acompaña siempre a lo largo del año y sus otras estaciones, siendo consciente de que estamos saliendo hoy de un verano obstinado en perpetuarse, / cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Entrando en mi clínica del alma, mi biblioteca, vuelvo a leer en las horas preparatorias del nuevo equinoccio de otoño sus poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoñar de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno, otoñando la vida. Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que vuelvo a compartir hoy:
El otoño se acerca con muy poco ruido: apagadas cigarras, unos grillos apenas, defienden el reducto de un verano obstinado en perpetuarse, cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada, pero un silencio súbito ilumina el prodigio: ha pasado un ángel que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.
Lo he manifestado en otoños anteriores y hoy, vuelvo a buscar el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño tan especial que sigue entrando con el ruido de los malos augurios de desastres climatológicos, guerras y economía maltrecha, estando obligatoriamente obligados a entenderlo. Al menos, podemos encontrar un ángel, en medio de tantos demonios, de apellido González. Lo agradezco una vez más, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño en el que también estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, que necesitamos todos, con nombres preciosos y que hoy día tienen más valor que nunca: luz, fuego y vida.
Gracias, Ángel González, un otoño más, porque sé que te llamas así por los solsticios y equinoccios que alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de tu carne trepando por los siglos y los huesos (1). No te olvido.
(1) González, Ángel. Para que yo me llame Ángel González, en Áspero mundo, 1956. Madrid: Rialp.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Ayer abandoné definitivamente el trasatlántico digital “X”, capitaneado por un peligroso líder, Elon Musk, convertido a la facción ultraderechista del mundo, para volver a mi patera de siempre: no tiene quilla, es insegura por definición y sólo depende de mi mente y mis brazos para navegar y tomar el rumbo adecuado en este mundo al revés. Lo he manifestado muchas veces en este cuaderno de inteligencia digital que busca islas desconocidas, porque pertenezco a una generación convencida de que todos no vamos en el mismo barco. Ese conformismo me rebela continuamente y prefiero el riesgo de navegar en patera surcando con mi ansiada libertad mares procelosos, algo en lo que se han convertido hoy las redes sociales.
Aprendí de Miguel Hernández, hace muchos años debido a mí matusalénica edad (que diría Benedetti), que para la libertad, sangro, lucho, pervivo, que para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Por ello creo que la gente de bien, frente a la gente de mal en las redes sociales, que son legión en el mundo, en nuestro país, en mi Comunidad, debemos crear, al igual que deseaba Miguel Hernández, futuras miradas, solidarias, respetuosas con los demás, dignas y luchadoras en favor de una democracia que proteja el bienestar para todos.
Estas son las razones para buscar conocimiento que me permita proteger valores inalienables y el nuevo libro de Yuval Noah Harari, Nexus, creo que lo ofrece por lo que he podido leer sobre él hasta ahora. Harari es un autor al que sigo desde la publicación de Sapiens, una obra magna. La sinopsis oficial ayuda a comprender el hilo conductor de la nueva obra: “En Nexus, Harari contempla a la humanidad desde la amplia perspectiva de la historia para analizar cómo las redes de información han hecho y deshecho nuestro mundo. Durante los últimos 100.000 años, los sapiens hemos acumulado un enorme poder. Pero, a pesar de todos los descubrimientos, inventos y conquistas, ahora nos enfrentamos a una crisis existencial: el mundo está al borde del colapso ecológico, abunda ladesinformación y nos precitamos hacia la era de la I.A. Con todo el camino andando, ¿por qué somos una especie autodestructiva? A partir de una fascinante variedad de ejemplos históricos, desde la Edad de Piedra, pasando por la Biblia, la caza de brujas de principios de la Edad Moderna, el estalinismo y el nazismo, hasta el resurgimiento del populismo en nuestros días, Harari nos ofrece un marco revelador para indagar en las complejas relaciones que existen entre información y verdad, burocracia y mitología, y sabiduría y poder. Examina cómo diferentes sociedades y sistemas políticos han utilizado la información para lograr sus objetivos e imponer el orden, para bien y para mal. Y plantea las opciones urgentes a las que nos enfrentamos hoy en día, cuando la inteligencia no humana amenaza nuestra propia existencia”.
En tiempos de polarización política, pensamiento único, deserciones políticas, corrupción, noticias falsas, desencanto con casi todo lo que se mueve, justificaciones imposibles, desafección del compromiso social y mala prensa del sector público, es fácil iniciar conversaciones en las que los que piensan de forma diametralmente opuesta a nuestras convicciones suelen rematar la faena dialógica diciendo con sonrisa sarcástica algo que me enerva: al fin y al cabo, da igual lo que estamos discutiendo porque estamos diciendo lo mismo. Por si había alguna duda sobre este aserto tan vano, agregan un estrambote final más impresentable todavía: es que todos vamos en el mismo barco. No. Hay que huir como de la peste de las personas que opinan de esta forma con maniobras envolventes, para agregarnos al Club de los Tibios, Tristes e Indignos, que todos los días fletan barcos de desencanto y conformismo, porque no soportan verte en la cola del Club que está siempre enfrente: el de las Personas Dignas, siempre abierto, sobre todo para los que navegan en patera, en mares sociales procelosos y no suelen tirarse al mar cuando la sociedad en general va a la deriva.
Me quedo hoy con la última frase de la citada sinopsis: “La información no es el principio activo de la verdad; tampoco una simple arma. Nexus explora el esperanzador término medio entre estos extremos”. Es lo que busco ahora a bordo de mi patera virtual.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Me queda la palabra. Escribo hoy, de nuevo, sobre esta realidad existencial, gracias a Blas de Otero, que me acompaña desde que tengo uso de razón, frase que aprendí durante la etapa vivida en el discreto encanto de la burguesía madrileña, en el siglo pasado. En este cuaderno de escritura circular, me he referido en alguna ocasión a un hecho irrefutable: las palabras, a pesar de los esfuerzos encomiables de la Real Academia Española de la Lengua, al limpiarlas, fijarlas y darles esplendor, están atravesando momentos complicados, porque están sobrepasadas por las imágenes y los símbolos que se han atrincherado en las redes sociales y en los teléfonos móviles, reforzando a diario la expresión que conocemos bien: “una imagen (o un emoticono) vale más que mil palabras”. Además, están muy devaluadas en el contexto político actual en nuestro país, ante tanta mentira y fango que las envuelven, lanzado por máquinas perfectamente identificadas y financiadas por el poder de siempre, no democrático por cierto.
Personalmente, no creo que ocurra en todos los casos, porque pertenezco a una escuela vital que sigue defendiendo el poder de la palabra, al estar convencido de que lleva dentro el alma de cada uno, de cada una, como seña de identidad humana. No lo digo como una ocurrencia a título de salvavidas del momento, sino que sé que “en lengua guaraní ñe’e significa «palabra» y también «alma». Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma”, tal y como lo conocí a través de Eduardo Galeano en una obra sugerente, Las palabras andantes (1), que recomiendo como manual de supervivencia en estos tiempos tan modernos, en los que se falta tanto a la palabra con alma, verdadera, en los que tanto se miente. Es un mal endémico, “un mundo sin alma, desalmado, que practica la superstición de las máquinas y la idolatría de las armas: un mundo al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”, en palabras suyas también.
Como casi todos los días, he entrado en mi clínica del alma, mi biblioteca, buscando desesperadamente este libro de Galeano, que publicó en 1993 como un conjunto de reflexiones personales -ventanas e historias las llamaba él-, que me recordó algo que aprendí cuando me acerqué hace ya muchos años a la filosofía presocrática y descubrí que los atenienses, que amaban las palabras quietas y andantes, corrían todos los días hacia el Areópago porque estaban “ávidos de las últimas noticias”, que “volaban” también, aunque su primer deseo, el de los emisores de aquellas palabras fugaces, fuera andar acompañando a la ciudadanía política, en su sentido primigenio, a las personas que a través de ellas conformaban con sus actos la Ciudad, la Polis. Era un círculo saludable y perfecto, que ha perdurado a lo largo de los siglos.
En este contexto, comprendo mejor que nunca lo que significa “mentir la palabra” y las traiciones que vivimos cada día tan cerca y en este aquí y ahora. Es lo que justifica que recuerde hoy la conceptualización doble de los guaraníes para expresar al mismo tiempo palabra y alma. Galeano lo explica también en este sentido, cuando abre su “ventana” del libro que quería escribir con palabras andantes, con alma, que, personalmente, me sobrecogió cuando lo leí por primera vez: “Una mesa remendada, unas viejas letritas móviles de plomo o madera, una prensa que quizás Gutenberg usó: el taller de José Francisco Borges en el pueblo de Bezerros, en los adentros del nordeste del Brasil. El aire huele a tinta, huele a madera. Las planchas de madera, en altas pilas, esperan que Borges las talle, mientras los grabados frescos, recién despegados, se secan colgados de los alambres. Con su cara tallada en madera, Borges me mira sin decir palabra. En plena era de la televisión, Borges sigue siendo un artista de la antigua tradición del cordel. En minúsculos folletos, cuenta sucedidos y leyendas: él escribe los versos, talla los grabados, los imprime, los carga al hombro y los ofrece en los mercados, pueblo por pueblo, cantando en letanías las hazañas de gentes y fantasmas. Yo he venido a su taller para invitarlo a que trabajemos juntos. Le explico mi proyecto: imágenes de él, sus artes de grabado, y palabras mías. Él calla. Y yo hablo y hablo, explicando. Y él, nada. Y así sigue siendo, hasta que de pronto me doy cuenta: mis palabras no tienen música. Estoy soplando en flauta quebrada. Lo no nacido no se explica, no se entiende: se siente, se palpa cuando se mueve. Y entonces dejo de explicar; y le cuento. Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado. Le cuento los cuentos; y este libro nace”.
Al final, las auténticas palabras deben ser cuentos, porque las palabras no se explican, son auténticas cuando se mueven y van a todas partes, así como las noticias decimos que “vuelan”, aunque nosotros “volemos” menos para escucharlas a diferencia de los atenienses en el Areópago. Es lo que le ocurrió a Galeano en su encuentro con José Francisco Borges y así lo transmito: “Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado. Le cuento los cuentos; y este libro nace”. O lo que es lo mismo, hoy, en este artículo: las palabras que lo integran nacen llevando el alma dentro, porque cuentan lo escuchado contando palabras, voces, que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto. Lo que tengo claro es que al comunicarlas, no traiciono el alma humana, porque no las miento, son verdaderas. Las escribo hoy haciendo uso de la razón, aquellas palabras que me enseñaron cuando sólo era un niño.
(1) Galeano, Eduardo, Las palabras andantes. Madrid: Siglo XXI, 2003.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Decía Manuel Rivas en su libro Galicia, Galicia, que “Ni Otero Pedrayo ni Álvaro Cunqueiro tenían coche propio, como tampoco lo tiene Manuel María. He comentado muchas veces con Paco Martín la desgracia de tener coche e ir por la vida de volantista. Gentes como Novoneyra, Pepe de Nora y algún otro no conducen y por eso conocen tan bien Galicia y ven cosas que los demás no vemos. El carecer de coche, y renunciar al volante, tiene además la ventaja añadida de que puedes escoger quien te lleve. Allá van los pasajeros gozando en la ventana de ese filme de culto llamado Galicia. Y donde tú ves un tractor, ellos ven la comitiva de Merlín. Y cuando tú ves un ceda el paso, ellos contemplan una hermosa cruz de piedra, las espinas del Cristo también de piedra. Y mientras tú maniobras para esquivar una gallina, ellos van viendo el crepúsculo del Antiguo Reino en pancolor”.
He regresado de un viaje reciente a Galicia, como “volantista“ a ratos, acompañado por una pasajera esencial en mi peregrinar diario, contemplando en esta ocasión su territorio oriental y cantábrico, como si fuera un espectador o pasajero que ama los filmes de culto, que decía Rivas en la cita anterior, porque ese es el título que retengo de esta hermosa película, Galicia, que he vivido y sentido en primera persona, con escenas que no olvido y que retengo en mi memoria de hipocampo, en pancolor, por más señas.
Comencé el viaje en Ribadeo localizando a sus vecinos ilustrados e indianos, destacando dos, uno por cada lado: Antonio Raimundo Ibáñez Gastón de Isaba y Llano Valdés (1750-1809), conocido como Marqués de Sargadelos, y José María Alonso y Trelles Jarén (1857-1924), conocido como El Viejo Pancho. Aprendí del ilustrado Ibáñez lo que hizo por su tierra, incorporándome como “actor” de un teatro de calle que la Compañía Os Quinquillans, se esforzó en sintetizar en una representación teatral con ideología dentro, no inocente por cierto. Me emocionó tanto la historia del Marqués, que visité su primera obra industrial, las Reales Fábricas de Siderurgia integral y la primera fábrica de cerámica, ambas en Sargadelos (Cervo). Sobre El Viejo Pancho, descubrí su vida y obra en Uruguay, donde encumbró la presencia gallega en ese país, con su producción literaria. Gran lección.
En la fábrica actual de Sargadelos, pude conocer su proyecto cultural, unido a la manufactura cerámica, con una dilatada historia de compromiso social desde 1963, a través del Laboratorio de Formas, con dos miembros fundadores de recuerdo obligado, Isaac Díaz Pardo y Luis Seoane. Un ejemplo claro de su compromiso de respeto a la memoria democrática de Galicia fue la creación de Ediciós do Castro, vinculada a este proyecto, “una editorial que pretendía recoger y difundir las distintas manifestaciones de la cultura gallega y recuperar la memoria histórica, sobre todo la de las décadas anteriores a la Guerra Civil y a la del exilio, silenciadas por la Dictadura franquista”, que facilitó la publicación de una obra, “Memorias de un niño campesino” (Memorias dun neno labrego), publicada por primera vez en Argentina en 1961, de José Neira Vilas, considerado como el libro más leído de la literatura gallega. Sus primeras palabras nos llevan a comprender siempre el mundo de los nadies, a los que retrató perfectamente Eduardo Galeano y que nunca olvido: Yo soy Balbino. Un chico de aldea. Como quien dice, un nadie. Y, además, pobre. Fue una experiencia conmovedora e inolvidable.
El filme imaginario continuó con escenas en la Playa de las Catedrales, un entorno que sobrecoge, convertido hoy en fenómeno turístico que pierde su encanto por la masificación descontrolada que nos asola por tierra, aire y, en este caso, la mar, que cada día es la que da permiso para contemplarla de forma laica, únicamente cuando ella quiere. Creo que exige una reflexión pública, para salvar su interés general.
La película avanzaba por caminos sorprendentes en su capital oriental, Lugo (Locus Augusti), donde Roma se afincó durante siglos, hasta que la Iglesia capitalizó esta secuencia histórica a través de La Virgen de los Ojos Grandes, tal como suena. Así hasta hoy, sin olvidar el descubrimiento de la casa del centurión que adoraba, probablemente de forma oculta, al dios Mitra.
De allí era fácil avanzar en el filme imaginario, siempre de culto, de Galicia hasta Burela, puerto de identidad ballenera, hoy bonitero, que se refugia -¡como no!- en un barco bonitero construido con la madera de antes, Reina del Carmen, visitable y varado ya en puerto seguro, donde un capitán también imaginario, Lino, eleva el esfuerzo de hombres marineros y mujeres, las rederas, hasta los cielos, dejando bien patente que Sorolla tenía mucha razón cuando pintó como nadie una obra fresca siempre y no perecedera: ¡Aún dicen que el pescado es caro!.
Este filme, dedicado a Galicia, finalizó su rodaje en San Andrés de Teixidó. He ido vivo (fun de vivo) como mandan los cánones, he dejado una piedra en un milladoiro junto a la puerta principal de la ermita, bajé a la fuente para cumplir con el rito de beber allí, aunque una triste pintada, No potable, me desaconsejó hacerlo. Preparé mi deseo, como peregrino de la vida y contemplé el Cantábrico con mar fuerte ese día. Me regalaron unas herbiñas de enamorar y escuché a Luar na Lubre interpretando Romeiro ao lonxe, que sonó en aquel entorno de manera especial. Enamorados.
Finalizó ayer la película, Galicia, un filme de culto, contemplando el faro de la isla Pancha. Sólo me queda decirle algo a Manuel Rivas, siempre con saudade: “Ándele Don Manuel, cuénteme un poco cómo es Galicia”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
El poeta Ángel González está muy presente en este cuaderno digital, porque me identifico con él en su forma de interpretar la vida a través de una poesía no inocente. En el ecuador de la canícula, recurro de nuevo a su vida y obra, inseparables, en un viaje especial veraniego hacia alguna parte, porque siempre me ofrece una lectura realista de la vida y de su país, el mío, con profunda desazón en muchas ocasiones, aunque aportando siempre luz, vida y fuego en la penumbra del alma.
Con profundo respeto, me aproximo a su breve autobiografía, que no olvido, como tampoco lo hago del retrato conmovedor de mi paisano Antonio Machado: “Nací en Oviedo en 1925. El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo –antes que actor- de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. Sin salir de la infancia, en muy pocos años, me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Zarandeado así por el destino, que urdió su trama sin contar nunca mi voluntad, me resigné a estudiar la carrera de Leyes, que no me interesaba en absoluto pero que tampoco contradecía la costumbre, casi norma de obligado cumplimiento (“todo español es licenciado en Derecho mientras no se demuestre lo contrario”), a la que se sometían en su mayor parte los jóvenes de mi edad y de mi clase social –clase media, transformada en mi caso, como consecuencia de la guerra civil, en muy mediocre. Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, antes que por otras razones, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir. Pero yo hubiese preferido ser músico –cantautor de boleros sentimentales- o tal vez pintor. Fui, en cambio, funcionario público. En 1970 vine por vez primera a América –México y EE. UU.-, y empecé a quedarme por ese continente a partir de 1972 (profesor visitante en las universidades de New México, Utah, Maryland y Texas). En la actualidad, enseño literatura española contemporánea en la Universidad de New México”.
Quizás comprendo mejor su intrahistoria íntima cuando me acerco también a su otra forma de identificarse en la vida, en su soledad sentida, ideológica, sobre todo cuando lo expresa con la fuerza de sus palabras repasando un calendario existencial, como me pasa a mí hoy, en el día que finaliza julio: “Aquí, Madrid, mil novecientos / cincuenta y cuatro: un hombre solo / Un hombre lleno de febrero, / ávido de domingos luminosos, / caminando hacia marzo paso a paso, / hacia el marzo del viento y de los rojos / horizontes —y la reciente primavera / ya en la frontera del abril lluvioso… / —Aquí, Madrid, entre tranvías / y reflejos, un hombre: un hombre solo. / —Más tarde vendrá mayo y luego junio, / y después julio y, al final, agosto—. / Un hombre con un año para nada / delante de su hastío para todo” (1).
Al final de nuestro acontecer diario, inexorable, siempre viene agosto, aunque a diferencia de lo que expresa Ángel no me encuentro solo a pesar de mi matusalénica edad, como decía Benedetti, porque soy un hombre, es verdad, con un año más, eso sí, delante de una esperanza en todo, que no hastío. La soledad que siento es más en la vertiente ideológica, porque es verdad que cuando se intenta vivir con la coherencia del sentimiento y conciencia de clase al lado, ambas realidades existenciales a la vez, es más difícil encontrar a las personas que desean vivir y expresar lo mismo conmigo, contigo, con ellas y ellos. A pesar de tener que asumir, como siempre, el principio de realidad, me reafirmo en lo he dicho anteriormente: no me siento con hastío para todo, porque leyendo de nuevo a Ángel González, llego a un soneto precioso, Donde pongo la vida pongo el fuego (2), grabado en mi memoria de secreto, porque sin salir nunca de su infancia se convirtió “de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía”. Zarandeado siempre por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con su voluntad:
Donde pongo la vida pongo el fuego De mi pasión volcada y sin salida. Donde pongo el amor, toco la herida. Donde dejo la fe, me pongo en juego.
Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego Vuelvo a empezar sin vida, otra partida. Perdida la de ayer, la de hoy perdida, No me doy por vencido, y sigo, y juego
Lo que me queda: un resto de esperanza. Al siempre va. Mantengo mi postura. Si sale nunca la esperanza es muerte.
Si sale amor, la primavera avanza. Pero nunca o amor, la fe segura: Jamás o llanto, pero mi fe es fuerte.
La vuelvo a leer varias veces, para convencerme de que mi fe es fuerte, porque a veces, en la vida, sale amor al siempre va y porque sé que el verano en el que estamos instalados, avanza para unirnos y para que tengamos fe en que, de esta forma, jamás seremos vencidos…, ni estaremos solos.
(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta-Seix Barral, 2018, p. 16.
(2) González, Ángel, Ibidem, p. 128.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.