Existe la inteligencia digital en las personas de edad avanzada

Imagen funcional del cerebro humano, donde se utilizan colores y forma para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas.

Sevilla, 11/II/2025 – 07:45 h (CET+1)

Hoy se celebra en Sevilla la I Jornada SeniorTic, en la que se presentará la Asociación y sus proyectos inmediatos, con un hilo conductor claro: “Conjuguemos longevidad con tecnología: Los seniors queremos construir la era digital”. Con tal motivo, vuelvo a publicar hoy el artículo que escribí en este cuaderno digital el pasado mes de noviembre, a modo de resumen del leit motiv de este blog, que he procurado respetar a lo largo de veinte años de presencia en la Noosfera, la malla pensante de la humanidad en un mundo digital.

Hoy, como persona mayor, me uno a este esfuerzo encomiable de SeniorTic, con la palabras digitales, que aún me quedan, convencido de que “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”. Lo aprendí hace ya muchos años de Nicholas Negroponte y no lo he olvidado, a través de mi inteligencia digital, ni siquiera un momento.

oooooOooooo

La inteligencia digital de las personas de edad avanzada

La tercera acepción del adjetivo “mayor”, según la Real Academia de la Lengua, aplicada a las personas, se define como “entrada en años, persona mayor”. Hoy, quiero dedicar unas palabras en este cuaderno digital a la inteligencia digital de las personas mayores, entradas en años, de edad avanzada, como es mi caso, que asistimos en un momento de nuestras vidas a la aparición de un mundo digital nuevo, cuando todavía no éramos “mayores”, pero que nos cogió subidos en un tren analógico y atómico, del que nos tuvimos que bajar un día para prepararnos a sobrevivir en esta revolución marcada por un lenguaje que tuvimos que asimilar, cada uno, cada una, como pudo, escuchando por primera vez dos vocablos que tuvimos que incorporar a nuestro lenguaje ordinario, software y hardware.

El primero, software, se acabó incorporando a nuestro diccionario RAE con una definición algo problemática, como sustantivo, que necesitaba muchas palabras para poder explicarlo: “conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas para ejecutar ciertas tareas en una computadora”. Igualmente, otro vocablo inseparable, hardware, equipo, con una explicación breve agregada para entenderlo de forma adecuada: “conjunto de aparatos constituido por una computadora y sus periféricos”. Han pasado ya muchos años de proximidad y vivencia junto a estos dos vocablos y sabemos, también como personas mayores, lo que han significado en los últimos cincuenta años y significan en la actualidad, hasta llegar a nuestros días, en los que los teléfonos, tabletas, relojes, televisores, llaves de vehículos, tarjetas bancarias y casi todo lo que se mueve, tenemos asumido que son “inteligentes”. Pero ante este aluvión tecnológico, desarrollado de forma exponencial mediante las tecnologías de la información y comunicación, surge una gran pregunta para abordar el inframundo tecnológico, digital por supuesto, con el que se tuvo que enfrentar nuestra inteligencia, humana por supuesto también, cuando éramos jóvenes y, ahora, cuando ya somos personas mayores, entradas en años y de edad avanzada, sin eufemismo alguno.

Lo que cuento a continuación es un resumen de mi vivencia al respecto, porque mi mundo hace cincuenta años era analógico y atómico, sorprendido por la entrada en tromba de las tecnologías de la información y comunicación. Me ayudó mucho a entender lo que estaba pasando y viendo, la lectura de un libro didáctico escrito por Nicolás Negroponte, El mundo digital, que me ha acompañado a lo largo de mi trayectoria vital y profesional, fundamentalmente porque aprendí lo que se nos venía encima y que era imprescindible subirse al tren digital de la vida si queríamos progresar adecuadamente en un mundo al revés, diseñado a veces por el enemigo. También, me sirvió para poner los pies en el suelo atómico, cuando decía al finalizar su libro: “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”.

Han pasado muchos años desde aquél descubrimiento personal del mundo digital a través de Negroponte y ahora, como persona mayor preocupada por estas cuitas digitales y solidaria con millones de “personas de edad avanzada”, a las que se nos considera en muchas ocasiones “ciudadanos y ciudadanas molestos”, olvidados por los Gobiernos y Administraciones correspondientes, recuerdo algo que expuseen este cuaderno digital en 2001, en un momento especial en mi vida profesional: “No pertenezco a la legión de embajadores del tratamiento de la informática como los proclamadores de la buena nueva digital, del evangelio digital, en frase de Hans Magnus Enzesberger, aquellos que declaran a los ciudadanos como ignorantes molestos. No soy tampoco vendedor de cajas de trucos pragmáticas, en expresión del mismo autor. No me gustan las brechas digitales… Lo que he venido haciendo desde que tengo uso de razón es buscar sentido a la vida cualquiera que sea la posición que se ocupa en ese momento en el vivir diario”. Si cité a Enzesberger en aquella ocasión, fue porque aprendí mucho de él en un artículo entrañable suyo publicado en Revista de Occidente, El evangelio digital, que me conmocionó en momentos transcendentales de mi carrera pública digital, fundamentalmente porque hacía una defensa de la ciudadanía tildada presuntamente de “ignorante”, sobre todo por las precauciones que hay que tomar en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, así como por lo que fabrican algunos intelectuales a través de los departamentos de tonterías [sic], que incluso algunas pueden ser digitales por el uso y abuso desordenado de medios electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas, televisión, etc.), que reflejaba en una entrevista concedida a Juan Cruz, en el diario El País, en torno a  la publicación de un libro suyo excepcional, Reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes, cuando ya había alcanzado 87 años de edad: “Sí, en ese sentido hay una parte reaccionaria del señor Z. Naturalmente estos aparatos no le gustan: no tiene móvil, lo rechaza, por tanto no tiene Twitter, ¡no, por favor, qué horror! En él hay todos los aspectos: el sabio, pero también el provocador, el gurú, el payaso… ¡Sí, está entre Sócrates y Jeff Koons! [risas]. Y sí, esta es una enciclopedia que alerta contra la estupidez humana. Pero tengo la cortesía de escribir libros breves; creo que es más amable que imponerle al público libros de mil páginas”.

En este contexto, lo que me ha preocupado siempre es su reflexión acerca de que a veces digitalizamos tantos procesos humanos que se llega a considerar a los ciudadanos, sobre todo, los mayores, como ignorantes molestos por el mundo analógico en el que creen los gurús tecnológicos que estamos instalados, pasando a formar parte del macromundo de torpes digitales, sin mención alguna de la intrahistoria de brecha digital que ha existido y existe en nuestro país. En todo se debe marcar siempre una delgada línea roja, sobre todo cuando la equidad digital sigue siendo una quimera en la sociedad actual donde se están tomando decisiones desde determinados centros de poder digital, por personas que caben en un taxi (digital, por supuesto) y que pueden llegar a afectar a la quintaesencia del ser humano (1). Recuerdo de nuevo a Enzesberger, en estado puro: “Yo también digo que en este momento todos los medios hablan de la digitalización y predicen que todo ha de ser digital. ¡Abajo con el papel, es demasiado analógico! No estoy de acuerdo: yo como analógicamente, duermo analógicamente… Este es un sistema analógico. La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador. ¡No hay que exagerar con lo digital, no es la solución de todo! Los industriales dicen que hay que digitalizar lo más posible, porque hay capacidad de reducir el tamaño de las máquinas… ¿No te parece que se muere también analógicamente, no digitalmente?”.

Estoy convencido que nosotros, personas mayores, entrados en años y de edad avanzada, disponemos también de una de las inteligencias múltiples que vienen de serie en nuestro cerebro: la inteligencia digital. A esta investigación he dedicado muchos años de mi vida, resumiendo hoy el constructo “inteligencia digital” en pocas palabras y como definición posible desde una perspectiva científica, como la “capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso” (2). Inteligencia digital, aplicada también a las personas mayores, con cinco acepciones:

1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que manejan y tratan las personas mayores, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaces de ella.

2. capacidad que tienen las personas mayores de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural en el que son y están, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada persona mayor en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

5. capacidad y habilidad de las personas mayores para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

NOTA: La imagen de cabecera fue una cortesía de Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional, que es apoyada por bioinformáticos adscritos a la hoja de ruta del NIH para la investigación médica (2007), autorizada para su publicación en mi libro citado, Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, 2007, p. 71.

(1) Morozov, Evgeny (2015, 16 de mayo). Siervos y señores de InternetEl País.com. Artículo extraordinario que demuestra que Internet tampoco es inocente.      

(2) Cobeña Fernández, José Antonio, Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, 2007, p. 22.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

América, camisa blanca (para que no se olvide)

Sevilla, 8/II/2025

No olvido en estos días los desmanes de Trump cuando accedió al poder en 2017. Probablemente, pasó desapercibida la noticia, pero las 78 mujeres demócratas que estuvieron presentes en el discurso de Trump de 28 de febrero de 2017 (en su primer reinado feudal), miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, quisieron expresar con su atuendo teñido de blanco un hecho muy importante en su historia frente a los desmanes de corte y confección del Presidente Trump, muy preocupado por el atuendo que debían llevar las mujeres de su equipo de desgobierno y que imagino seguirá igual en esta segunda etapa presidencial. ¿Por qué de blanco? Sencillamente porque el color blanco representaba el movimiento sufragista de principios del siglo XX en EEUU, cuando alcanzó su momento histórico inolvidable en 1919, al aprobar el Congreso la 19ª Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que determinaba que “ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo”. Ratificada el 18 de agosto de 1920, la 19 enmienda se convirtió en ley nacional.

Siempre recuerdo a tal efecto, una anécdota no inocente que nos ha legado la memoria histórica de los que se preocupan más de las apariencias que de las quintaesencias. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que buscaba hombres por todas partes, prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Llevado a la telerrealidad que tanto gusta a Trump, le pasa lo mismo que a Diógenes de Sínope, que dado su nivel cultural dudo que sepa quién es en la historia de la humanidad, a veces tan mal contada. Trump, al igual que Diógenes o que el emperador del cuento de Andersen, no quiere que descubran a través de su soberbia extrema que va desnudo de ética por la vida.

Vuelvo a escuchar una canción preciosa de Víctor Manuel y cantada por Ana Belén, España camisa blanca…, que habla de la simbología del color blanco como esperanza para un país que nacía en esos momentos de autoría a la auténtica democracia. Me gustaría dedicársela a Trump de nuevo, que sé que no me estará escuchando, para que atienda otras voces de cómo hay que gobernar con un traje que no esté agujereado como la túnica de Diógenes o el “nuevo” del emperador en el cuento de Andersen:

España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza
la pena deja plomo en las alas
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España camisa blanca de mi esperanza
a veces madre y siempre madrastra
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

En mi mundo imaginario, el que propugnó Nicanor Parra, interpreté cuando escribí un artículo referenciando este suceso reivindicativo, en este cuaderno digital el día después, (¡Ay el día después de Benedetti!), que la letra se podría haber convertido en un himno cantado por las 78 representes demócratas que, de paso, sustituyendo España por América, sería también un homenaje al mundo hispano en EEUU, que entienden muy bien estas palabras tan molestas para Trump. Porque es su lengua y las palabras que les quedan. También lo podrían cantar hoy las mujeres tan maltratadas por Trump y su coro de oligarcas y tecnócratas multimillonarios que son pura casta tecnofeudal, sin sonrojo alguno, que piensan que Silicon Valley se ha «afeminado» de forma alarmante. Mujeres y madres de familia emigrantes que buscan refugio digno en ese país, tan maltratadas en la actualidad con las órdenes ejecutivas de expulsión.

Sin más comentarios, escribiendo hoy con la camisa blanca «de mi esperanza» en la transformación del mundo para mejor, a modo de paloma buscando cielos más estrellados / donde entendernos sin destrozarnos / donde sentarnos y conversar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Caballero marxista

Antonio Machado Ruíz (Sevilla, 26 de julio de 1875-Colliure, 22 de febrero de 1939)

Sevilla, 6/II/2025 – 14:38 (CET+1)

Recibí hace unos días un comentario a mi artículo sobre Mr. Trump, Al presidente Trump no le gustó lo que le dijo ayer la obispa episcopal Mariann Edgar Budde (“radical de izquierda”, según él), del que me siento muy orgulloso de haberlo publicado con mi nombre y apellidos, en el que de forma inequívoca me tildaban de “caballero marxista”, por el contenido del mismo, supongo, acompañado de interpretaciones de las maldades del comunismo que destilaban mis palabras y que asola el mundo. La verdad es que no me ofende porque mi ideología es pública y no inocente, pero no coincide exactamente con lo que pienso y configura mi auténtico retrato, aunque genéricamente me aproxime a lo que se llama “de izquierdas”, sin sonrojo alguno, valga la curiosa expresión. “Socialdemócrata” me viene mejor, de profundas raíces cristianas que no católicas, apostólicas y romanas, vinculadas al ciudadano Jesús, como se puede comprobar en múltiples páginas de este cuaderno digital, fundamentalmente porque creo que fuera de la iglesia sí hay salvación, frente a los apologetas que manifiestan a los cuatro vientos y desde hace siglos lo contrario: extra ecclesia nulla salus. Las derechas defienden este dogma a capa y espada, por más señas. Lo que tengo claro es que no voy en su barco, porque afortunadamente todos no somos iguales.

En mi etapa de estudios universitarios en Roma, recuerdo que saqué matrícula de honor en una asignatura que seguí con ardor guerrero, Neomarxismo se llamaba, impartida por un profesor irlandés, Ambrosio McNicholl, que me enseñó a distinguir muy bien el materialismo histórico del dialéctico y, sobre todo, que en las tesis “marxistas” sobre Ludwig Feuerbach había una, la XI y última, que ha supuesto desde entonces un primer motor inmóvil, que decía Aristóteles, en mi vida, para justificar mi suelo firme (López Aranguren, dixit), como ética humana y humanista, cuando decía que lo importante no es interpretar el  mundo sino transformarlo, con revoluciones incluidas: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo«. Tal cual, sin las modificaciones que introdujo Engels en 1888, cuando se publicaron las Tesis por primera vez, después del fallecimiento de Karl Marx. Sí, también soy, irremisiblemente, un “caballero marxista” de espíritu que cree en estos principios y, además, si no gustan, casi todo el mundo que me conoce sabe que, a diferencia de los de Groucho Marx sobre si no gustaban los suyos,  no tengo otros. ¿Podrían llamarme, por favor, “caballero marxiano”? Quizás sería todo un acierto o respetando mis principios, ¿alguien niega que no es necesario transformar este mundo al revés en el que estamos instalados, ahora trágicamente teledirigido por Mr. Trump, junto a sus oligarquías multimillonarias y tecnológicas, en un nuevo tecnofeudalismo feroz que hace estragos por donde pasa?

Tengo que confesar que si tengo que hacer ahora un retrato personal mío, con adjetivos de todo tipo, al fin y al cabo, con palabras, es verdad que lo vivo como una oportunidad para recuperar sentimientos y emociones de la intrahistoria mía y de determinadas personas, en la clave del que describió magistralmente Antonio Machado, Retrato, así como en la interpretación dada por Bertolt Brecht de las personas cuyos “retratos” he pintado especialmente en este cuaderno digital desde 2005, cambiando el término “hombre” por “personas”: hay personas que luchan un día y son buenas, otras luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenas, pero están las que luchan toda la vida, y esas son las imprescindibles. Lo importante es que mi retrato sea de corazón, tal y como lo recogía el lema “retrato”, rastreando los diccionarios de la Real Academia Española, en el tesauro de Baltasar Henríquez, en 1679, primer documento en el que figura esta acepción para la posteridad del español, sabiendo que las palabras van a estar presentes siempre en la paleta lexicográfica del mío:

 RAE – HEN B 1679 (Pág: 396,2)

Esta acepción, retratos del corazón, nunca más se recuperó, quedando en el día de hoy sólo varias acepciones que desde 1788 fueron enriqueciendo esta forma de comprender qué significaba retratar a alguien, aunque en la actualidad se mantiene un lema de resultados más pobres en nuestro lenguaje diario

RAE – TER M 1788 (Pág: 368,2)

El Diccionario de mayor divulgación del español, de la Real Academia Española, recoge a partir de 1869 (RAE U 1869 (Pág: 681,1) una acepción extraordinaria de retrato, descripción de la figura y carácter de alguna persona, que ya se ha mantenido hasta nuestros días, enriqueciéndola en la última edición oficial de 2001: descripción de la figura y carácter, o sea, de las cualidades físicas o morales de una persona, aunque habiendo perdido aquella referencia tan magistral a la que hacíamos referencia anteriormente, es decir, los retratos del corazón.

Para finalizar, me gustaría, al fin y al cabo, emular el precioso poema de Machado, Retrato, del que reproduzco a continuación unos versos, porque me siento plenamente identificado con él, mutatis mutandis,  cambiando lo que necesariamente hay que cambiar, para quedarme con una idea principal, porque creo que más que caballero marxista, “soy, en el buen sentido de la palabra, un caballero bueno: Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, / pero mi verso brota de manantial sereno; / y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, / soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Queda perfectamente claro mi retrato en unas palabras que publiqué en 2007, sobre el niño que llevo dentro, tal y como aprendí de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez y José Saramago, retrato del corazón pintado con mis palabras que reproduzco a continuación.

oooooOooooo

A los seis años…

José Antonio Cobeña Fernández, 1953

Sevilla, 8/VI/2007

Ayer cumplí 60 años. Siempre he tenido muy cerca la foto que abre hoy estas anotaciones en el cuaderno de bitácora, a los seis años, y se puede apreciar que en aquellos otros cuadernos Rubio ya se simulaban, a gusto del fotógrafo de turno, las primeras impresiones de la vida de un niño andaluz en un Colegio laico, el Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Narváez, en Madrid, donde doña Antonia, mi querida maestra, iba llenando de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.

Imaginábamos aventuras muy particulares, como las de los patios de nuestras casas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. Y siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino.

Han pasado cincuenta y cuatro años y he recordado algunas experiencias grabadas en el corazón porque todavía no sabía mucho del poder de la inteligencia. El número seis, aunque multiplicado en esta ocasión por diez, permanece con toda la frescura de la mirada que captó muy bien el fotógrafo escolar. Ahí radicaba el desarrollo de la inteligencia creadora que me ha permitido llegar hasta este momento en el que recuerdo aquél día en el que el Director del Colegio, D. Enrique Berenguer, se deshacía en atenciones para que aquella ceremonia ritual quedara para la posteridad en el cerebro de un niño de Sevilla, que veía en su soledad la vida de otra forma y al que quería tanto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Exiliadas chilenas: heroínas, ejemplares, protagonistas de la memoria democrática en su país

Arpillera de Francoise de Menthon, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos – Santiago de Chile

Sevilla, 19/I/2025

Personalmente, he estado siempre muy cerca de Chile, por las desgraciadas consecuencias que trajo para ese país el golpe de estado de 1973. He vivido cada aniversario de aquel luctuoso suceso, como si hubiera ocurrido ayer. Lo sentí como algo propio en mis años jóvenes, los de Cliff Richard y su más allá. No lo olvido.

Por esta razón de respeto a la memoria histórica de lo sucedido en Chile, me llamó ayer la atención la lectura en el diario El País, de un artículo, Más allá del relato masculino: las chilenas que narraron su exilio durante la dictadura de Pinochet, porque es verdad que también es necesario recordarlo desde una perspectiva de género. Es lo que ha llevado a cabo la periodista y antropóloga Carolina Espinoza Cartes, en una publicación reciente, Exiliadas, publicado ahora en España dentro de la Colección Historia Memoria de La Parcería Edita, con prólogo de la arqueóloga e historiadora Esther López Barceló, que trata las historias personales e intransferibles de 60 mujeres que tuvieron que abandonar el país por el citado golpe de estado de Pinochet, iniciando un exilio como historia interminable de resistencia, a la que hay que agregar un gran olvido desde su rol de género. La publicación “ordena los testimonios de las mujeres alrededor de seis ejes: la llegada al país de acogida, la familia, las relaciones afectivas, trabajo y estudio, militancias y activismo político y la posibilidad —o no— del retorno. Detrás de cada fragmento, explica la autora, hay horas de conversaciones, “mucha observación y escucha”. “En algún momento tienes que preguntar por cosas de las que sabes que va a haber silencios. Pero, a lo mejor, existe una remota posibilidad de que como han pasado 40 o 50 años de esa situación de violencia política, quizá este sea el momento de hablar”, cuenta Espinoza, que aclara que no quería que el tono del libro fuera “victimista” pero tampoco “buenista”, en el sentido de “presentar al migrante como una persona que supera su destino y se sobrepone”.

El problema básico detectado en las entrevistas ha sido el hecho de echar raíces en territorios desconocidos, obra ciclópea para cada mujer en el exilio, todavía más agudizado si el proceso era junto a una familia desorientada desde la perspectiva más profunda y humana: “Ese echar raíces que iba desde colocar un cuadro de Salvador Allende o de Violeta Parra en el piso nuevo, hasta invitar a todo el edificio al cumpleaños de sus hijos, como cuenta en el libro Cristina Alarcón, exiliada en Barcelona: “A mí me criticaban porque cuando hacía el cumpleaños de las niñas invitaba a todos los niños de la escalera y me decían, ¿tú estás loca? Yo digo, no, porque en mi país la gente celebra los cumpleaños más que los santos y mis hijas no tienen familia acá”.

Me ha conmovido también conocer las dos tablas de salvación que narran las mujeres entrevistadas: la palabra, que siempre les queda (Blas de Otero, dixit) y el bordado de arpilleras sobre tela de saco. Un ejemplo recogido en el libro, vale más que mil palabras: “Para algunas, como Nivia Alarcón, exiliada en Francia, las arpilleras supusieron una epifanía. “Todos estos recuerdos amargos habían quedado almacenados en mi mente y no afloraron hasta 2013, un día en el que, estando en Chile, visité el Museo de la Memoria y su colección de arpilleras de la resistencia, hechas por las familiares de detenidos desaparecidos. Estallé en llanto y dije: esto es lo que tengo que hacer, contar todo lo que viví a través de la arpillera, no puedo hablar, no puedo cantar, pero puedo bordarlo”.

La publicación hoy de estas palabras, que aún me quedan, homenajeando siempre a Blas de Otero, es olvidar el olvido de las mujeres exiliadas chilenas que sufrieron y aún sufren las consecuencias del golpe de estado en 1973. Es mi pequeña contribución para ofrecerles visibilidad en su trayectoria ejemplar, de auténticas heroínas y protagonistas de la memoria histórica y democrática de su país.

NOTA: La arpillera entregada por Madame de Menthon al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, que figura en la cabecera de este artículo, “fue un regalo que recibió junto a su marido Pierre en 1975, estando en la ciudad de Chartres (Francia) en un almuerzo organizado con un grupo de familias chilenas refugiadas, entre ellas recuerdan a la familia Garrido. Pierre de Menthon fue embajador de Francia en Chile entre 1972 y 1974, quién acogió en la residencia diplomática a cientos de chilenos luego del golpe de Estado. Esta arpillera está hecha con telas usadas y representa a Pedro y María rodeados de refugiados, a la derecha está Chile rodeado de alambradas, y a su izquierda la Torre Eiffel. Esta arpillera representa el agradecimiento a la solidaridad y acogida humanitaria que recibieron en estos tiempos difíciles miles de chilenos”.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Crítica del Mensaje de Navidad del Rey, cuyo lema actual es «servicio, compromiso y deber»

Sevilla, 26/XII/2024

He dejado pasar dos días, voluntariamente, desde que el Jefe del Estado pronunció el pasado 24 de diciembre el llamado “Mensaje de Navidad”, que año tras año llega puntualmente a las 21:00 horas, a través de una señal oficial para las cadenas de televisión y emisoras de radio que lo quieran retransmitir, aunque de forma obligada llega siempre a Televisión Española. He preferido hacerlo así para leerlo con el respeto y la atención necesaria, dado que la incompatibilidad horaria de ese día con la celebración festiva de la Nochebuena, que se debería revisar por la Autoridad que corresponda, hace prácticamente imposible seguirlo en directo. Como ciudadano convencido y practicante de la democracia de oficio y beneficio de ella, he analizado el texto completo, oficial por supuesto, que facilita la Casa Real, coincidiendo esta vez con el décimo aniversario de la proclamación como rey de Felipe VI, subrayando este hecho con un lema: servicio, compromiso y deber.

Para facilitar su lectura, destaco en negrita y cursiva seis epígrafes a modo de entradillas para comprender mejor el hilo conductor del Mensaje aunque, a mi juicio, dejó fuera asuntos de Estado transcendentales, como denominó a los cuatro que cita, entre los que destaco la maltrecha división de poderes, la violencia de género, los desequilibrios territoriales que se hacen patentes en la pobreza severa y exclusión social con cifras no soportables en democracia, el ocaso de la democracia en el país con responsables directos, indirectos y circunstanciales, así como la demolición controlada del Estado de Bienestar, en sus tres pilares básicos, educación, salud y servicios sociales, por parte de responsables y partidos políticos de sobra conocidos. La verdad es que creo que desaprovechó una oportunidad, que no vuelve, para alentar, reforzar y defender la democracia auténtica en el país, respetando la Constitución a la que sí aludió brevemente y con lugares comunes, reconociéndole una afirmación que es siempre una buena señal, aunque sea tímida en el contexto en el que la abordó: “Un pacto de convivencia se protege dialogando; ese diálogo, con altura y generosidad, que debe siempre nutrir la definición de la voluntad común y la acción del Estado. Por eso es necesario que la contienda política, legítima, pero en ocasiones atronadora, no impida escuchar una demanda aún más clamorosa: una demanda de serenidad. Serenidad en la esfera pública y en la vida diaria, para afrontar los proyectos colectivos o individuales y familiares, para prosperar, para cuidar y proteger a quienes más lo necesitan”.

Esperaba más contundencia democrática y un mensaje más profundo sobre la realidad de nuestro país, tan dual y cainita. Comprendo la alta diplomacia de las palabras reales, a las que creo una vez más que les falta “alma”, tal y como he escrito en este cuaderno digital, al respecto, en años anteriores y sobre los discursos del Rey, siguiendo la línea histórica marcada por la “finezza vaticana”. El país necesita reforzadores democráticos con urgencia vital y política, sobre todo si vinieran del Jefe del Estado, a través de sus palabras privilegiadas, que aún le quedan, como alguien que representa a la institución real que consagró en 1978 la Constitución Española, que personalmente voté con la ilusión de un demócrata joven, que a vivir…, a vivir empezó a creer en que otro país era posible, para elegir en libertad entre una España de dictadura que moría y otra que nacía, una España democrática, en sus primeros bostezos, eso sí, bajo una monarquía parlamentaria. De ahí mi frustración con este mensaje tan académico, tan lleno de lugares comunes, tan pulcro y tan alejado de las preocupaciones de Estado enumeradas anteriormente en mi crítica constructiva de hoy.

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey 2024

B​uenas noches y gracias por permitirme acompañaros unos instantes en una noche tan especial, de encuentro y celebración, que os deseo, junto a la reina, la princesa Leonor y la infanta Sofía, que sea feliz y tranquila.

Referencias a la Dana

Esta Nochebuena me gustaría referirme primero, y seguro que me entendéis, a la terrible Dana que hace casi dos meses golpeó con inusual fuerza varias zonas del este y sur de España, especialmente en Valencia.

Las personas que perdieron la vida y los desparecidos merecen todo nuestro respeto y no debemos olvidar nunca el dolor y la tristeza que han dejado en sus familias. Miles de personas vieron cómo lo que hasta hacía poco era su pueblo, su barrio, su trabajo, su casa, su negocio, su escuela, quedaban reducidos a escombros o incluso desaparecían. Un hecho difícil de asumir, pero del que todos deberíamos poder sacar las enseñanzas necesarias que nos fortalezcan como sociedad y nos hagan crecer.

No debemos olvidar nunca aquellas primeras imágenes de la riada que todo lo arrasó, los rescates de personas, algunas enfermas, ancianas o agotadas, que trataban de salir de sus coches o se refugiaban en tejados y azoteas. También vimos a quienes abrían sus casas para acoger a los más vulnerables, oponiendo a la fuerza implacable del agua y del lodo la fuerza abrumadora de la solidaridad y de la humanidad. Vecinos, voluntarios, equipos de protección civil, bomberos, cuerpos de seguridad, Fuerzas Armadas, ONG’s, y también empresas que organizaron colectas y donaciones, movilizando incluso su personal y maquinaria… la ayuda y la colaboración de todos está propiciando que, poco a poco, las más de 800.000 personas afectadas recuperen paulatinamente en su vida cierto grado de normalidad. Y que el medio y largo plazo quede igualmente atendido para asegurar realmente la recuperación.

Esa solidaridad en su sentido más puro y más apegado a lo concreto, la hemos reconocido día tras día en el trabajo ingente de voluntarios anónimos y de servidores públicos; y también hemos comprobado —y entendido— la frustración, el dolor, la impaciencia, las demandas de una coordinación mayor y más eficaz de las administraciones. Porque todas esas emociones —las que conmueven y reconfortan y las que duelen y apenan— surgen de una misma raíz: la conciencia del bien común, la expresión del bien común, o la exigencia del bien común.

La supremacía del bien común

Por encima de las eventuales divergencias y desencuentros, prevalece en la sociedad española una idea nítida de lo que conviene, de lo que a todos beneficia y que, por eso, tenemos el interés y la responsabilidad de protegerlo y reforzarlo. Es algo que la Reina y yo hemos podido constatar y valorar aún más a lo largo de esta década de reinado. Es responsabilidad de todas las instituciones, de todas las Administraciones Públicas, que esa noción del bien común se siga reflejando con claridad en cualquier discurso o cualquier decisión política. El consenso en torno a lo esencial, no sólo como resultado, sino también como práctica constante, debe orientar siempre la esfera de lo público. No para evitar la diversidad de opiniones, legitima y necesaria en democracia, sino para impedir que esa diversidad derive en la negación de la existencia de un espacio compartido.

Cuatro asuntos de Estado

Es en ese acuerdo en torno a lo esencial desde donde debemos abordar los asuntos que nos preocupan y que nos afectan en modos diferentes a nuestra vida colectiva. La creciente inestabilidad internacional, el clima en el que se desarrolla con frecuencia nuestro debate público, las dificultades en el acceso a la vivienda o la gestión de la inmigración son cuestiones, entre otras, que merecen nuestra atención y que también quiero abordar esta noche.

La inmigración es un fenómeno complejo y de una gran sensibilidad social que responde a causas diversas. Sin los movimientos de población a lo largo de la historia no podrían explicarse las sociedades del presente; que son sociedades abiertas e interconectadas. Siendo, por lo tanto, una realidad cotidiana, las migraciones pueden derivar –sin la gestión adecuada– en tensiones que erosionen la cohesión social.

El esfuerzo de integración, que corresponde a todos, el respeto –también de todos– de las leyes y normas básicas de convivencia y civismo, y el reconocimiento de la dignidad que todo ser humano merece, son los pilares que deben guiarnos a la hora de tratar la inmigración. Sin olvidar nunca la firmeza que requiere la lucha contra las redes y las mafias que trafican con personas. La manera en la que seamos capaces de abordar la inmigración –que también precisa de una buena coordinación con nuestros socios europeos, así como con los países de origen y tránsito– dirá mucho en el futuro sobre nuestros principios y la calidad de nuestra democracia.

Otro asunto, que preocupa, sobre todo a los más jóvenes, es la dificultad para acceder a una vivienda. Las ciudades, en especial las grandes urbes, actúan como polos de crecimiento y generan una demanda que la oferta no alcanza a satisfacer. Es importante, de nuevo, que todos los actores implicados reflexionen, se escuchen unos a otros, que se examinen las distintas opciones y que sea ese diálogo conduzca a soluciones que faciliten el acceso a la vivienda en condiciones asumibles, en especial para los más jóvenes y los más desprotegidos, pues ésta es la base para la seguridad, el bienestar de tantos proyectos de vida. Y realmente podemos hacerlo.

Nuestra vida se ve afectada también por un escenario exterior cada vez más complejo y cambiante –e incluso convulso. Vemos cómo con demasiada frecuencia se cuestiona el derecho internacional, se recurre a la violencia, se niega la universalidad de los derechos humanos o se pone en duda el multilateralismo para afrontar los desafíos globales de nuestro tiempo, como son las crisis climáticas y medioambientales, las pandemias, la transición energética o el comercio y la escasez de los recursos naturales. Vemos también, incluso, cómo se llega a discutir la misma validez de la democracia como sistema de gobierno.

En este contexto España y los demás estados miembros de la Unión Europea, debemos seguir defendiendo con convicción y con firmeza, junto con nuestros socios internacionales, las bases de la democracia liberal, de la defensa de los derechos humanos y de las conquistas en bienestar social sobre las que se asienta nuestro gran proyecto político. Porque Europa —la idea de Europa— es una parte esencial de nuestra identidad compartida, del legado que debemos a las generaciones venideras. En un mundo necesitado de actores fuertes y cohesionados, pero sobre todo de conductas inspiradas en principios y valores, y ahí Europa sigue siendo nuestra referencia más valiosa.

La Constitución de 1978, gran referencia de España

Y si miramos hacia dentro, nuestra gran referencia en España es la Constitución de 1978, su letra y su espíritu. El acuerdo en lo esencial fue el principio fundamental que la inspiró. Trabajar por el bien común es preservar precisamente el gran pacto de convivencia donde se afirma nuestra democracia y se consagran nuestros derechos y libertades, pilares de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho. A pesar del tiempo transcurrido, la concordia de la que fue fruto sigue siendo nuestro gran cimiento. Cultivar ese espíritu de consenso es necesario para fortalecer nuestras instituciones y para mantener en ellas la confianza de toda la sociedad.

Un pacto de convivencia se protege dialogando; ese diálogo, con altura y generosidad, que debe siempre nutrir la definición de la voluntad común y la acción del Estado. Por eso es necesario que la contienda política, legítima, pero en ocasiones atronadora, no impida escuchar una demanda aún más clamorosa: una demanda de serenidad. Serenidad en la esfera pública y en la vida diaria, para afrontar los proyectos colectivos o individuales y familiares, para prosperar, para cuidar y proteger a quienes más lo necesitan. La reciente reforma del artículo 49 de la Constitución, referido a las personas con discapacidad, es un buen ejemplo de lo que podemos lograr juntos. Y no podemos permitir que la discordia se convierta en un constante ruido de fondo que impida escuchar el auténtico pulso de la ciudadanía.

España, gran país en su presente y futuro

Me lo habéis oído decir muchas veces y me gustaría volver a repetirlo: España es un gran país. Una Nación con una historia portentosa, pese a sus capítulos oscuros, y modélica en el desarrollo democrático de las últimas décadas, derrotando incluso el acoso terrorista que tantas víctimas causó. Un país con un presente que, pese a lo mucho que nos queda por hacer, por ejemplo, en materia de pobreza y exclusión social, resulta prometedor al observar el comportamiento de nuestra economía –en términos, entre otros, de crecimiento, empleo o exportaciones– y el nivel general de nuestro bienestar social. Y ante el futuro, creo sinceramente que los españoles tenemos un enorme potencial que nos debe infundir esperanza, tanto en el plano nacional como en la escena internacional.

Ese futuro radica principalmente en nuestra juventud, la misma que ha hecho brillar nuestro nombre en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos y en la última Eurocopa, la que emprende pese a las dificultades y la que está a la vanguardia de nuestra ciencia; la juventud que respeta a nuestros mayores y su valiosa experiencia, la que con más empeño exige avances en materia de igualdad, la que se prepara en nuestros colegios, institutos, universidades, centros de Formación Profesional, para acceder con energía al mercado de trabajo pese a las cifras de paro juvenil; la juventud, en fin, que busca oportunidades y supera los obstáculos a base de mérito y esfuerzo. Pero sobre todo la que nos ha llenado de orgullo acudiendo en masa para dar lo mejor de sí en las calles de los pueblos afectados por la DANA.

Palabras finales                                             

Con este espíritu de trabajo y de compromiso por lo que es de todos, por el bien común, termino mis palabras y vuelvo al principio. Vuelvo a todos los municipios y comarcas afectados por las riadas, en muchos de los cuales aún queda tanto por hacer, donde es tanta la necesidad de los vecinos que deja pequeños todos los esfuerzos, aún sin perder la esperanza.

Que la solidaridad que nos ha unido en los momentos más difíciles siga presente en cada gesto, en cada acción, en cada decisión. Que las ayudas lleguen a todos los que lo necesiten, para que puedan reconstruir el futuro por el que tanto han luchado, afrontando con coraje y dignidad los retos de un presente a veces implacable. Cuanto antes lo consigamos más reforzaremos nuestro sentido de comunidad, nuestro sentimiento de país. Porque la memoria del camino recorrido, la confianza en el presente y la esperanza en el futuro son una parte ineludible, acaso la más valiosa, pero también la más delicada, de nuestro bien común.

Que el espíritu de estos días de encuentro y convivencia permanezca en el año nuevo y que tengáis —os lo deseo, junto a la Reina y nuestras hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía— una muy Feliz Navidad.

Eguberri On, Bon Nadal, Boas Festas.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de la Web oficial de la Casa Real

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Día de las librerías, día de las clínicas del alma

Sevilla, 11/XI/2024 – 23:49 (UTC+1)

Hoy se celebra el Día de las Librerías, para mí, de las clínicas del alma. Siempre me acerco a CEGAL, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, porque merece mi respeto por su esfuerzo diario por cuidar el mundo del libro y de las librerías como lugares que tienen un poder transformador, “dinamizando sus entornos, generando cultura y comunidad a través de los libros y la lectura, y fomentando la bibliodiversidad”.

El cartel de este año, ha sido realizado por la ilustradora Helena Pallarés, que cuenta personalmente lo que quiere expresar en su obra gráfica: “Una lectora se adentra en las primeras páginas de un libro, que al mismo tiempo es una librería, y sale de ella transformada y llena de color, llevando en una mano varios libros y, en la otra, un globo, como símbolo de dicha y libertad. Con esta ilustración he querido representar el poder transformador de las librerías en nuestra forma de apreciar el mundo, la capacidad de una historia de cambiar un poco o del todo nuestras vidas. El globo representa ese regalo, «salir» de una librería con la sensación de haber vivido una experiencia propia, el de una historia que te acompaña para siempre”.

En este contexto creo que tienen hoy un sentido especial las palabras que escribí en 2021, Las librerías son la atención primaria del alma, dedicadas al Día de las Librerías de ese año, que para mí es cada día que nos ofrecen la oportunidad de cuidar nuestra alma, como Boticas o Clínicas, cada uno o cada una según lo necesite: “Cuido el alma con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C. Amo la lectura, los libros, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro. Las librerías son la antesala de las bibliotecas, a modo de atención primaria del alma, si consideramos lo manifestado anteriormente al considerar las citadas bibliotecas como lugares del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”.

Hoy es el Día de las Librerías, también de las mías, a las que acudo con frecuencia, aunque creo que no sólo hoy, sino todos los días, son motivo de celebración anímica, porque son lugares que ofrecen su poder de transformación, sin tener que esperar esta hoja concreta de calendario. Personalmente las cuido mucho, porque ellas cuidan de mi alma. Siempre.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Mario, el cartero de Neruda, llora hoy la ardiente ausencia de Antonio Skármeta

El cartero, 1994

Sevilla, 21/X/2024

El martes pasado falleció en Santiago de Chile, el gran escritor Antonio Skármeta (1940-2024), al que tanto debo en el fortalecimiento de mis creencias, sobre todo en mi ideología en defensa de la democracia que defiende y respeta el interés general al servicio de la sociedad, sobre todo el de los que menos tienen, el de los nadies. Lo seguí de cerca durante el exilio y he regalado en más de una ocasión su obra excelsa, “Ardiente paciencia”, convertida más adelante en un éxito cinematográfico de gran calado internacional.

Como pequeño homenaje a su vida y obra, vuelvo a publicar hoy el artículo que escribí el año pasado, en un día previo a las elecciones generales, recordándole expresamente en un contexto delicado y esperanzador para el país, cuyos resultados permitieron formar un gobierno de coalición progresista para una nueva legislatura, con apoyo expreso de otros partidos, incluido Junts, a pesar del precio tal alto que puso a sus escaños.

Sigo hoy agradeciendo la “ardiente paciencia” que aprendí de Neruda, cuando vivo de forma impaciente los ataques furibundos al gobierno actual, legítimo a pesar de la derecha y todas sus ramificaciones ultras, pensando con Salvador Allende, al que tanto defendió Skármeta, pagándolo con el exilio, que tenemos que seguir blindando la conquista compleja en democracia, que nos permite día a día seguir caminando por las grandes avenidas de la libertad.

Cuaderno de campaña / 12. Los empleados de Correos merecen el mismo respeto que Mario, el cartero de Neruda

Si la cultura nos enseña las mejores muestras de lo que significa la interpretación de la vida diaria, sé que Antonio Skármeta lo expresó de forma maravillosa en una obra, Ardiente paciencia, adaptada más tarde en un guion impecable para una película inolvidable, El cartero (de Pablo Neruda), rodada en una playa especial de una isla de nombre Pozzo Vecchio, conocida desde entonces como Playa del cartero, situada en Procida (Nápoles), donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que el cartero Mario (Massimo Troisi) y Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta en efecto un halo especial.

Sé que la isla Procida sí se conoce en el mundo del turismo insular de mercado, pero para mí era completamente desconocida, al igual que las islas a las que canta Saramago en un cuento preferido por mi persona de secreto, El cuento de la isla desconocida, hilo conductor de este blog o cuaderno digital, como me gusta nombrarlo: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. Por ello, esta búsqueda impaciente se convierte en algo deseado y deseante, sentimiento interno que muestro tal y como lo aprendí, un día ya muy lejano, de Juan Ramón Jiménez.

Antonio Skármeta (1940-2024)

Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices en las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película de fuerte carga ideológica, que me impactó mucho, en una adaptación muy correcta de su novela Ardiente paciencia. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora, que he recordado hoy cuando el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, dijo en un mitin reciente algo verdaderamente impresentable e insultante para los profesionales de Correos: “Le pido a los carteros que trabajen mañana, tarde y noche, y aunque no tengan los refuerzos suficientes que sepan que custodian algo sagrado”, seguido de un mensaje perturbador: “Les pido, con independencia de sus jefes, que repartan todos los votos”. Los profesionales de Correos no necesitan estas recomendaciones, cuando menos maliciosas, porque son profesionales de altura, a los que conozco bien por mis años de trabajo en la Administración Pública, donde siempre encontré en ese Organismo un apoyo incondicional a los servicios públicos.

De nuevo, ante la inquietud sobre lo que pueda ocurrir el próximo domingo, por los presagios de un supuesto triunfo de la alternancia política, me separo unos segundos de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: «En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres». Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo «im», exactamente como “ardiente im-paciencia”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente, en esta recta final antes del Día de la Democracia, a través del voto, el próximo 23 de julio.

Reitero alto y claro que los profesionales de Correos, en toda su extensión, no necesitan estas recomendaciones de Feijóo, porque saben lo que hacen día a día. La metáfora de Skármeta, en su ardiente paciencia, muestra qué papel pueden llegar a jugar en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país, dignificando esta profesión. Estas palabras simbolizan su excelente desempeño profesional, que llevarán siempre mi reconocimiento y agradecimiento expreso por su trabajo bien hecho. Estoy convencido de que llegado el caso, ¡ojalá no ocurra!, los carteros y carteras de este país emularían lo que hizo Mario con Pablo Neruda, si no pudieran entregarnos las cartas y los documentos tan esperados, transmitiéndonos de forma oral los mejores mensajes que necesitáramos recibir. Esa es la auténtica metáfora de su valía profesional. ¿Saben por qué? Porque nunca se podrá sustituir el encanto de la espera de mensajes llenos de esperanza, cargados de derechos y deberes, como en este caso la documentación para votar, entregados por manos humanas como ejemplo del mejor servicio público que debemos proteger. En el día después de las votaciones, a pesar de la mala política de algunos líderes actuales, siempre habrá personas que esperarán sin descanso a su cartero o cartera de siempre para recibir palabras que nacen del alma, metáforas, que nunca se podrán empaquetar como si fueran una triste mercancía.

Banda sonora original de El cartero, compuesta por Luis Bacalov y Oscar a la mejor banda sonora 1996.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Deberíamos ser muy prudentes con las celebraciones de la Fiesta Nacional de España, vinculadas todavía a la Hispanidad (II)

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 12/X/2024 (actualizado del original publicado el 9/X/2024)

En el contexto de la Fiesta de la Hispanidad, que sigue de fondo manifiesto, aunque ya no oficial, de la Fiesta Nacional y en pleno debate sobre si los restos depositados en la Catedral de esta ciudad, pertenecen a Cristóbal Colón, en una investigación liderada por el catedrático de Medicina Legal, en la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, vuelvo a publicar hoy un artículo mío reciente en la clave de la prudencia histórica que hay que observar en el llamado Descubrimiento de América.

Creo que sería conveniente abordar el redescubrimiento ético de la América actual, desde una perspectiva diferente desde nuestro país, con el hilo conductor de respeto reverencial a la memoria histórica y democrática de lo que verdaderamente ocurrió en aquel acontecimiento de repercusión mundial y con daños colaterales evidentes a lo largo de los siglos. Sobre todo, el papel que jugaron los poderes fácticos reales y gubernamentales de todo tipo, porque el “descubrimiento” allende los mares, no fue inocente en ningún momento.

Cuando nos aproximamos cada año a la celebración de la Fiesta Nacional de España, habiendo desaparecido en 1987 la unión anterior al Día de la Hispanidad, nuestro país debería ser muy prudente a la hora de tratar esta fiesta «nacional», rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Lo ocurrido recientemente con el litigio que arrastra en estos momentos la relación diplomática entre México y España, es una muestra de que deberíamos asumir las responsabilidades históricas sobre lo que allí ocurrió. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.

Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje era exquisito y cuidado hasta la saciedad, la llamada “finezza vaticana”, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? El Rey Felipe VI debería tomar nota de la conducta de Francisco en torno a estas realidades. Además, él insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.

La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoraremos el sábado próximo con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe comúnCinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

***

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

***

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Un ejemplo más de esta desafección sobre la celebración silenciosa o ruidosa, según se mire, de la Hispanidad, nos lo ofrece un gran escritor, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida. Francisco dio en 2021 una gran lección al mundo sobre lo que allí ocurrió, en México concretamente, casi un guion a seguir para reyes y gobernantes de este mundo al revés, purificando la memoria histórica de lo allí ocurrido: lo que hay que hacer con urgencia es fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie. Así, con todos y cada uno de los países que forman parte de la celebración encubierta del Día de la Hispanidad, sin dejar a ningún país “conquistado” atrás.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La Fundación CIVIO es imprescindible en democracia

Fundación CIVIO

Sevilla, 9/X/2024

¿Qué hacer para blindar la democracia en nuestro país, en estos momentos tan difíciles y de desazón universal ante lo público? Existen muchos caminos y veredas, las de Antonio Machado por ejemplo, para trabajar sin descanso en el rearme ético de la democracia, en pleno ocaso por parte de las derechas variopintas y su más allá tan peligroso y dañino para la sociedad en general.

Hoy traigo a colación la difusión de una Fundación, CIVIO, de cuyo nombre me acuerdo siempre, que respeto y que ha acometido una transformación en su forma de comunicar qué objetivos pretende alcanzar a diario. Aprovechando un cambio en su portal web, CIVIO nos recuerda algo esencial, a modo de eslogan ético en su objetivo institucional: periodismo y acción para vigilar lo público, porque cada día, mejor dicho, cada segundo que pasa, la credibilidad del sector público y todo lo que abarca a través del Estado de Bienestar, está en tela de juicio permanente, unas veces por errores propios y otras por intencionalidad ajena en su acoso y derribo para que el sector privado instaure su imperio, con sus intereses manifiestos no inocentes, arrasando derechos históricos que tanto ha costado construir y defender. Así lo resumen para general conocimiento de su digna actividad: “En Civio trabajamos para que lo público sea realmente público. Queremos gobiernos e instituciones más transparentes y personas mejor informadas. Y lo hacemos a través del periodismo, la incidencia y la tecnología”.

En este contexto animo a quienes leen este cuaderno digital que conozcan esta Fundación y entren de lleno en sus proyectos para corroborar el excelente trabajo que desarrollan en muchos frentes de estricta “defensa de lo público“. Ellos lo manifiestan abiertamente: “Civio es una fundación independiente y sin ánimo de lucro. Y tu mejor aliada si también deseas gobiernos e instituciones más transparentes y personas mejor informadas sobre lo público, lo de todos. Hacemos periodismo riguroso y vigilante, influimos en quienes toman decisiones, y proponemos soluciones para mejorar lo común, lo colectivo. Sin afiliación partidista. Sin publicidad ni anunciantes. Siempre con acceso abierto y gratuito«.

A través de CIVIO podemos conocer sus investigaciones, sus herramientas para acceder a ayudas sociales, consultas de información compleja y su lucha incansable en relación con la imprescindible transparencia pública. Por lo anteriormente expuesto, es importante colaborar con esta Fundación para fortalecer la democracia, como socios quien pueda hacerlo o difundiendo día a día su trabajo bien hecho, que entregan cada día en su portal web, gratuitamente, sin confundir, como todo necio, valor y precio.

En democracia, siempre anhelamos andar caminos y abrir veredas para poder pasear con dignidad por avenidas de libertad, frente a caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra, de tal forma que la defensa de lo público es lo que nos permite identificar a gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan a dónde llegan (Antonio Machado, dixit). Es lo que tiene amar lo público y exigir que Gobiernos, Administraciones y Organizaciones públicas, desempeñen sus funciones de forma correcta y digna en beneficio siempre del interés general, de base constitucional.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Deberíamos ser muy prudentes con las celebraciones de la Fiesta Nacional de España, vinculadas todavía a la Hispanidad

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 8/X/2024

Cuando nos aproximamos cada año a la celebración de la Fiesta Nacional de España, habiendo desaparecido en 1987 la unión anterior al Día de la Hispanidad, nuestro país debería ser muy prudente a la hora de tratar esta fiesta «nacional», rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Lo ocurrido recientemente con el litigio que arrastra en estos momentos la relación diplomática entre México y España, es una muestra de que deberíamos asumir las responsabilidades históricas sobre lo que allí ocurrió. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.

Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje era exquisito y cuidado hasta la saciedad, la llamada “finezza vaticana”, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? El Rey Felipe VI debería tomar nota de la conducta de Francisco en torno a estas realidades. Además, él insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.

La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoraremos el sábado próximo con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe comúnCinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

***

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

***

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Un ejemplo más de esta desafección sobre la celebración silenciosa o ruidosa, según se mire, de la Hispanidad, nos lo ofrece un gran escritor, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida. Francisco dio en 2021 una gran lección al mundo sobre lo que allí ocurrió, en México concretamente, casi un guion a seguir para reyes y gobernantes de este mundo al revés, purificando la memoria histórica de lo allí ocurrido: lo que hay que hacer con urgencia es fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie. Así, con todos y cada uno de los países que forman parte de la celebración encubierta del Día de la Hispanidad, sin dejar a ningún país “conquistado” atrás.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!