Juzgar sin complejos la realidad política actual en el país, de acoso y derribo de la democracia, es lo que nos permitirá derrotar la ‘banalidad del mal’

Hannah Arendt

Sevilla, 26/XI/2025 – 08:27 h (CET+1)

Sigo consternado por el Fallo del Tribunal Supremo, publicado en el no inocente día 20 de noviembre, condenando al Fiscal General del Estado por un delito de revelación de datos reservados, que respeto desde la perspectiva constitucional, pero que no comparto atendiendo a lo que creo firmemente que ha ocurrido y que pudimos comprobar durante el juicio. Siempre creí que los días que duró sólo eran la crónica de una sentencia anunciada.

En este contexto “judicial puro” y de “juicio popular” sobre lo ocurrido, cuando menos muy controvertido, recurro de nuevo a la filósofa Hannah Arendt, que sigue muy presente en mi vida intelectual, por lo que reivindico una operación urgente de rescate social de sus teorías antitotalitarias, no olvidándola, cuando en el ocaso real de la democracia que estamos sufriendo en este mundo al revés y, por supuesto, en este país, se cumplen 50 años de su fallecimiento, concretamente el próximo 4 de diciembre.

Tengo que reconocer que en este tiempo de tanta turbación política, necesito buscar razones para no hacer mudanzas en mi alma de secreto, siguiendo el clásico precepto ignaciano. Es la razón de por qué comparto hoy con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad, un artículo publicado en el diario El País, el pasado día 23 de este mes, Necesitamos una realidad compartida: Hannah Arendt, el antídoto contra los hechos alternativos, que me ha reconfortado temporalmente para seguir caminando hacia adelante, sin mirar atrás y, por supuesto, sin ira. No va con mi natural, que decía mi profesor belga de Lógica, de apellido Vinaty, por más señas.

La autora de este artículo de opinión, Márian Martínez-Bascuñán, hace un análisis magnífico sobre algo que yo aprendí en mi aproximación a Freud en mis años de formación universitaria. Me refiero al reconocimiento de la existencia y asunción imprescindible, humanamente hablando, del llamado “principio de realidad”, sobre la que sería necesario ponernos de acuerdo para compartir, como sociedad democrática, lo que de verdad está pasando y estamos viendo en estos momentos políticos tan turbios, para debatir sobre ello y, una vez contrastada esa realidad, poder emitir juicios sólidos y bien informados: “El 4 de diciembre de 1975, Hannah Arendt moría en su apartamento de Nueva York cuando un infarto fulminante la sorprendió en mitad de una conversación con amigos. Al día siguiente encontraron en su máquina de escribir una hoja a medio comenzar con una sola palabra escrita: “Judging”. Juzgar. Aquella palabra solitaria quedó como un testamento involuntario, como si Arendt hubiera querido decirnos, en el último momento, que de todas las facultades humanas que había explorado a lo largo de su vida intelectual —la acción, la libertad, el pensamiento, la natalidad— había una que merecía ser rescatada con urgencia para nuestro tiempo: la capacidad de juzgar”.

Ahora, cualquier situación que se intente debatir a cualquier escala personal o social, sobre todo política, se convierte en un infierno con toda seguridad, en una mezcla de polarización extrema, envuelta en agresividad de palabra y obra, azuzada de forma especial por la antidemocracia instalada en personas, políticos, partidos e instituciones del país, incluso de alto rango, porque es lo que se lleva ahora, expresado todo ello con lenguaje soez e insultante a doquier. “Cosas que pasan”, que dice Trump.

Si se niega la realidad verdadera y objetiva de lo que está pasando y estamos viendo, como principio categórico de todo debate, es imposible establecer maniobras dialécticas de aproximación a la verdad: “Cincuenta años tras su muerte [de Hannah Arendt] ese pensamiento inconcluso resuena con inquietante actualidad. Vivimos una época donde todos opinamos sobre todo y las redes sociales amplifican cada juicio instantáneo, cada veredicto emocional. Y sin embargo, hemos perdido algo esencial: la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso, de orientarnos en un mundo que se desmorona bajo nuestros pies. El folio inconcluso de Arendt no era solo el borrador de un capítulo filosófico, sino una pregunta lanzada desde el futuro: ¿qué ocurre cuando una sociedad pierde la facultad de juzgar políticamente?”.

Lo que me ha conmovido en el artículo citado es conocer cómo Arendt retrató a Adolf Eichmann, cuando en abril de 1961 fue enviada como corresponsal de la revista The New Yorker a cubrir el juicio contra este nazi responsable de la logística del Holocausto: “Dentro de la jaula de cristal construida para protegerlo en el tribunal, Eichmann no parecía un demonio. Era un hombre gris, mediocre, que hablaba en clichés burocráticos y repetía frases hechas. “Simplemente cumplía órdenes”, decía una y otra vez. No mostraba sadismo ni odio visceral, más bien daba la impresión de alguien profundamente irreflexivo, incapaz de ponerse en el lugar de otros o imaginar el sufrimiento que había administrado con eficiencia germánica. Arendt lo describiría como alguien de una “manifiesta superficialidad”, y de esa experiencia desconcertante nacería uno de los conceptos más potentes y controvertidos del pensamiento político contemporáneo: la banalidad del mal. Arendt no estaba diciendo que el Holocausto fuera banal, sino algo mucho más inquietante: que el mal extremo puede surgir, no de la maldad consciente o la perversión deliberada, sino de la simple ausencia de pensamiento. Eichmann era peligroso precisamente porque había dejado de pensar, apagando ese diálogo interior que nos hace preguntarnos: ¿qué estoy haciendo? ¿Puedo vivir conmigo mismo después de esto?”.

Ante lo que presenció, Arendt vivía con una pregunta en su persona de secreto: ¿qué fundamento tenía realmente la moralidad?, porque millones de personas compartieron la conducta de Eichmann, a través de “su verdad”, “su visión de la realidad”: “Los grandes paradigmas éticos —el deber kantiano, los fines aristotélicos, el utilitarismo— no impidieron que una sociedad altamente civilizada se coordinara casi automáticamente en la barbarie. ¿Qué queda, entonces, cuando todas las normas colapsan? La respuesta fue tan sencilla como exigente: nuestra capacidad de juzgar por nosotros mismos, sin pasamanos a los que aferrarnos, la misma facultad que Eichmann había abandonado reemplazando el pensamiento por la obediencia, por el cumplimiento mecánico de reglas. No había decisión en él, no había conciencia, no había juicio. Solo repetición y sumisión. Y eso —descubrió Arendt con horror— es más peligroso que cualquier forma de maldad deliberada. Porque mientras el mal radical es excepcional, la banalidad del mal puede extenderse como una epidemia. Todos podemos caer en ella, sólo hace falta dejar de pensar”.

Acabo de citar algo que me ha hecho daño al leerlo: la existencia de la banalidad del mal, tratada especialmente por Arendt en su controvertida obra Eichmann en Jerusalén: “La idea de Arendt de la “banalidad del mal” no es ajena a la tesis que el historiador [Raul Hilberg, en La destrucción de los judíos europeos] trazó a lo largo de décadas de trabajo, estudiando minuciosamente documentos: que la máquina de la burocracia nazi convirtió a todos en responsables, y a la vez a ninguno, que la culpa quedó enterrada bajo toneladas de documentos solo aparentemente banales, aunque al final se encontraban las cámaras de gas y el exterminio de seis millones de personas. En su libro sobre el juicio de Adolf Eichmann, Arendt explica: “Me he basado en la obra de Raul Hilberg, que fue publicada después del juicio, y que constituye el más exhaustivo y el más fundamental estudio sobre la política judía del Tercer Reich”.

La imparcialidad interesada, la mediocracia, la equidistancia como barrera pseudoética, el conformismo y los silencios cómplices ante el ocaso de la democracia en nuestro país, se pueden contextualizar perfectamente como avisos para navegantes del nuevo totalitarismo y fascismo que avanza a pasos agigantados en nuestro territorio patrio, leyendo el artículo de Márian Martínez-Basculán, aunque al hacerlo reconozco que estoy “tocado”, pero no “hundido”, al recordarme la existencia y el poder omnímodo y omnipresente en la actualidad de la “banalidad del mal” que permeabiliza la sociedad hasta extremos insospechados, signo evidente de una democracia que avanza en nuestro país con las tres heridas hernandianas, la de la vida, la del amor y la de la muerte.

Para completar esta reflexión no inocente, recomiendo la lectura completa del artículo citado, porque después de hacerlo, apreciaremos, la “gente de bien”, a la que la derecha extrema y ultraderecha califica de “gente de mal” sin com-pasión (con guion) alguna, que es imprescindible juzgar sin complejos la realidad política actual en el país, de ataque y derribo de la democracia, porque es lo que nos permitirá derrotar la ‘banalidad del mal’, algo que preocupó siempre a Hannah Arendt. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Ve hasta donde no puedas, adonde sea imposible llegar

Sevilla, 24/XI/2025 – 14:05 h (CET+1)

Estoy leyendo de forma pausada el libro del director de cine Costa-Gavras, Ve adonde sea imposible llegar, en el que narra a modo de memorias las vicisitudes de su larga carrera cinematográfica, atendiendo a su sinopsis oficial: “Cine, política y vida se enredan en un continuo vaivén por el que asoman los rostros de aquellas personas que han compartido un mismo o parecido viaje, familia y amigos, colaboradores y encuentros decisivos, que han tenido una significación especial en su vida y que han supuesto el despojamiento (teñido de cierto desencanto) de algunos dogmatismos generacionales, pero que fundamentalmente le han llenado de experiencias, arrugas y cicatrices, que han dado madurez y personalidad a un autor profundamente circunspecto”.

Simultaneo su lectura con Le dernier souffle (El último suspiro), en su original francés, una obra escrita por Claude Grange y Régis Debray, que inspiró la última película de este director, de título homónimo.

¿Por qué esta lectura conjunta? Lo explico a continuación, porque resulta atractivo para mi persona de secreto que Costa-Gavras se inspirara, en el título de sus memorias, en un escritor griego, como él, Nikos Kazantzakis, extrayendo un diálogo de su personalísima Carta a Greco, en el que le pide al pintor, dirigiéndose a él como “abuelo amado”, que le dé una orden para centrar su azarosa vida, que recibe en los siguientes términos: “Llega hasta donde puedas”. El consejo no llegó a estremecer el corazón del peticionario y vuelve a pedir al abuelo una orden “más difícil, más cretense”, resonando a partir de ese momento “una voz hecha para ordenar y que hacía temblar el aire”: “¡Llega hasta donde no puedas!”.

De esta forma, estas palabras de espíritu cretense, son para mí el hilo conductor de sus memorias, leyéndolas con fruición desde que escuché una intervención suya en el Festival de Cine de San Sebastian, en 2024, con motivo de la presentación de su última película, El último suspiro, en la que manifestó que que “el cine es un espectáculo que busca generar emociones en el espectador, luego a partir de esas emociones éste puede llevar a cabo una reflexión o no, pero en todo caso el cine no está para impartir doctrina”, a lo que agregó: “Yo nunca podría rodar una película sobre algo que me resultara indiferente. Cuando he intentado hacerlo, he desistido y he abandonado el proyecto. Rodar una película es como vivir una historia de amor, hay que hacerlo hasta el final. A mis 91 años y con la muerte asomando en el horizonte es normal que a menudo me pregunte: ¿cómo acabará todo esto? ¿Cuando llegue el momento seré presa del terror o podré acabar mis días con dignidad?”. Ese día tendrá un sentido especial haber recorrido su vida con aquella orden de su abuelo amado como hilo conductor, recordando a Kazantzakis, porque ha ido hasta adonde ha podido llegar, aunque pareciera imposible. Costa-Gavras lo explica muy bien en sus Memorias, cuando afirma que en su mayo francés de 1968, que vivió en vivo y en directo, escuchó, entre otros muchos eslóganes, uno que decía “sé realista, haz lo imposible”, lo que le recordó la frase de Kazantzakis, Ir adonde resulta imposible llegar: “Durante mi época de estudiante, me había hecho reflexionar mucho por la dureza de su significado. Para mí cobró sentido en París al leer esta otra frase: “No quiero ser el más fuerte, ni el más rico, ni el más guapo, ni el más grande. Quiero ser diferente”.

Leo también, como he manifestado anteriormente, la obra francesa de Grange y Debray, El último suspiro, después de haber visto la película, que me emocionó especialmente, con su hilo conductor vital, declarado por Costa-Gavras. La sinopsis oficial es escueta, para no interferir las emociones y sentimientos del espectador: «En una suerte de diálogo filosófico, el doctor Augustin Masset y el célebre escritor Fabrice Toussaint debaten sobre la vida y la muerte… Una vorágine de encuentros en los que el médico es el guía y el escritor, su pasajero, conducido a confrontar sus propios miedos y angustias… Una danza poética en la que cada paciente es un compendio de emociones, risas y lágrimas… Un viaje al corazón palpitante de nuestras vidas».

Una cosa más. Costa-Gavras se despidió en su comparecencia oficial de presentación de su película en el Festival de San Sebastián, estrenada en 2024, dejando un mensaje aleccionador: “Buena parte de ese vivir de espaldas a la muerte está motivado por nuestra educación religiosa. Las religiones nos invitan a resignarnos ante el sufrimiento, pero sufrir es algo obsceno, no hay nada de bueno en ello. Sufrir es lo peor de la vida y del mismo modo que ya hay métodos para que las mujeres puedan parir sin sufrir, debería implementarse algo parecido en medicina paliativa […] Sea cual sea nuestro estado físico, yo creo que nunca hay que rendirse, merece la pena luchar hasta el final”. Una vez más, sintió profundamente, al pronunciar estas palabras, aquella orden del “abuelo amado”, según Kazantzakis: ve adonde sea imposible llegar. Mejor todavía, lo leído en dos pancartas del Mayo francés, como si fuera dos órdenes en su vida: “Sé realista, haz lo imposible” y “No quiero ser el más fuerte, ni el más rico, ni el más guapo, ni el más grande. Quiero ser diferente”.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Llegamos al 50 aniversario de la muerte del dictador Franco con tres heridas…

Llegó con tres heridas: 
la del amor, 
la de la muerte, 
la de la vida. 

Con tres heridas viene: 
la de la vida, 
la del amor, 
la de la muerte. 

Con tres heridas yo: 
la de la vida, 
la de la muerte, 
la del amor.

Miguel Hernández, en Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)

Sevilla, 19/XI/2025 – 13:09 h (CET+1)

En estos días de respeto a la memoria histórica y democrática de este país, con motivo del 50 aniversario de la muerte del dictador Franco, recuerdo especialmente a Miguel Hernández, leyendo varias veces un poema precioso, Llegó con tres heridas, en el que aprendemos qué significa caminar a diario con un sentimiento de tres heridas de ausencias: la de la vida, la del amor, la de la muerte (como las suyas).

Sigo leyendo su cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), en el que logro comprender bien lo que significa dignificar la vida cada día, en pleno ocaso de la democracia, con un acoso y derribo desvergonzado que exhibe diariamente la derecha extrema y ultraderecha de este país. Todos los días convivimos con heridas de vida, muerte y amor…, en ese orden, porque así lo exige la dignidad de la existencia, cuando luchamos para que la vida tenga sentido para todos, para los nadies también. La que vivió Miguel Hernández en días terribles de ausencias. 

Por respeto a la memoria democrática de este país y un día antes del recuerdo cronológico de aquella fecha tan especial para recuperar la Libertad robada durante tantos años, resuenan especialmente en mi alma estas palabras de Miguel Hernández con más fuerza que nunca, a modo de cancionero de presencias eternas, no sólo de ausencias, dando sentido a mi vida, a mi muerte y a mi amor, en el orden final que él describió por las heridas causadas en la dictadura franquista, en aquella guerra civil y atroz. Para que no se olvide.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡Atención! En el mundo al revés definido por Eduardo Galeano, el relato mata casi siempre al dato

Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 18/XI/2025 – 14:00 h (CET+1)

Ante la realidad actual que vivimos en nuestro país, con hechos tan lamentables como la celebración reciente del juicio en el que se dirimen responsabilidades de supuestos delitos cometidos por el Fiscal General del Estado, creo que seguimos dando pábulo a una locución clásica muy vinculada al llamado principio de realidad, dato mata relato, tres palabras que hay que defender diariamente con ardor guerrero, porque manipuladas a la inversa encierran una trágica realidad que hace mucho daño a la humanidad. En este loco mundo al revés en el que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, a modo de las cuatro cuerdas del violín, tal y como lo expuso el escritor Manuel Vicent en Una historia particular, lo que está sucediendo ahora es que relatos de las llamadas derechas y su más allá, capitaneadas por Trump, junto a su tropa próxima y asociados mundiales, acaban neutralizando los datos de las democracias más avanzadas, propiciando su ocaso. ¿Cómo, si no, se puede entender lo que está pasando en nuestro país, donde las derechas ultramontanas se van haciendo poco a poco con el poder fáctico político y judicial, arrasando conquistas sociales históricas y socavando las bases del bien llamado Estado de Bienestar, en sus pilares más significativos: educación, salud y servicios sociales?

La respuesta no está en el viento, sino en la interpretación al revés del dicho clásico, es decir, lo que ocurre ahora es que el “relato mata dato”. Además, si se utilizan incansablemente las máquinas del fango, mejor, porque el relato que difunden por tierra, mar y aire, seguirá intentando contrarrestar permanentemente la verdad objetiva del dato. Estamos avisados para defender, en todos los foros posibles, la realidad social y económica de este país, con datos extraordinarios, porque en el ocaso de la democracia, el relato manipulado, no verdadero y enfangado, acaba matando al mejor dato.

En este contexto es de justicia histórica recordar a Umberto Eco, que sigue presente en nuestras vidas, en la mía desde hace muchos años, porque a él se debe la expresión máquina del fango, la división acorazada de la mentira política, que desarrolló conceptualmente en su última obra, Número Cero, publicada en 2015, que fue presentada en la Feria del Libro de Frankfurt, en 2014, con el título en inglés de That’s the press, baby (Es la prensa, cariño), en alusión a la frase de Humphrey Bogart “¡Es la prensa, encanto, no puedes hacer nada!”, en el papel de Ed Hutcheson, protagonista en la película Deadline (1952), El cuarto poder, en España.

Eco cita expresamente esta frase en su novela, concretamente en un capítulo que trata sobre las vicisitudes de cómo se elaboran dosieres o noticias como herramientas de desprestigio contra el adversario, utilizadas sobretodo en el ámbito político para deslegitimar a alguien, siendo suficiente divulgar que ese oscuro sujeto de odio, ha hecho algo para crear una sombra de sospecha que acaba extendiéndose como una mancha de aceite. ¿Nos suena esta realidad maldita y tan presente en nuestro país, representada en los ataques personales y contra la familia directa del presidente del Gobierno? En este capítulo citado a título de ejemplo, se aborda cómo se puede arrojar fango sobre la adjudicación del contrato de limpieza de la residencia de ancianos Pio Albergo Trivulzio. Es escalofriante cómo describe en este contexto lo que significa un “dosier”, pieza fundamental que alimenta a las máquinas de fango: “Un dosier contiene recortes de prensa, artículos de periódicos donde se dice lo que todos saben. Salvo que no lo sabía el ministro o el líder de la oposición a quien va destinado, que nunca ha tenido tiempo de leer los periódicos, y lo toma como secreto de Estado. Los informes contienen noticias desperdigadas que luego la persona interesada tiene que elaborar, de modo que afloren sospechas, alusiones. Un recorte dice que Fulanito ha sido multado hace años por exceso de velocidad, otro que el mes pasado visitó una acampada de boy scouts, otro más que ayer se le vio en una discoteca. Se puede empezar perfectamente por ahí para sugerir que se trata de un temerario que se salta las normas de la circulación para ir a lugares donde se bebe, y que es probable, digo probable pero es evidente, que le gusten los jovencitos. Lo bastante para desacreditarlo. Y diciendo solo la pura verdad. Además, la fuerza de un dosier es que ni siquiera sirve enseñarlo: basta con hacer circular la voz de que existe y de que contiene noticias —digamos— interesantes. Fulanito se entera de que tienes noticias sobre él, no sabe cuáles, pero todos tienen algún esqueleto en el armario, y ya ha caído en la trampa: en cuanto le pidas algo, se avendrá a ser razonable”.

Desgraciadamente y como ocurre con las películas, cualquier parecido con la realidad de lo que está sucediendo últimamente en nuestro país, en lo narrado por Umberto Eco en Número Cero, no es pura coincidencia, algo que se desprende de la lectura atenta de su sinopsis oficial: “ ‘Los perdedores y los autodidactas siempre saben mucho más que los ganadores. Si quieres ganar, tienes que concentrarte en un solo objetivo, y más te vale no perder el tiempo en saber más: el placer de la erudición está reservado a los perdedores’. Con estas credenciales se nos presenta Colonna, el protagonista de Número Cero, que en abril de 1992, a sus cincuenta años, recibe una extraña propuesta de un tal Simei: va a convertirse en redactor jefe de Domani, un diario que se adelantará a los acontecimientos a base de suposiciones y mucha imaginación, sin reparar casi en el límite que separa la verdad de la mentira, y chantajeando de paso a las altas esferas del poder. El hombre, que hasta la fecha ha malvivido como documentalista y en palabras de su ex mujer es un perdedor compulsivo, acepta el reto a cambio de una cantidad considerable de dinero, y arranca la aventura. Reunidos en un despacho confortable, Colonna y otros seis colegas preparan el Número Cero, la edición anticipada del nuevo periódico, indagando en archivos que esconden los secretos ocultos de la CIA, del Vaticano y de la vida de Mussolini. Todo parece ir sobre ruedas hasta que un cadáver tendido en una callejuela de Milán y un amor discreto cambian el destino de nuestro héroe y el modo en que sus lectores vamos a mirar la realidad, o lo que queda de ella”.

Lo expuesto anteriormente nos suena como muy cercano en nuestro país y con decenas de ejemplos a cual más deleznable. Es el neofascismo en estado puro. Se conoce bien cómo funcionan las máquinas de fango y ventiladores de maledicencia a pleno rendimiento, que tienen nombres y apellidos, siglas también, que conocemos perfectamente. Lo importante es poder contrarrestar de forma ordenada su trabajo sucio, aunque ya sabemos que la frase de Bogart en El cuarto poder“¡Es la prensa, encanto, no puedes hacer nada!”, encierra el secreto de los silencios cómplices y del conformismo execrable por parte de la ciudadanía teledirigida por redes sociales no inocentes, las derechas enfurecidas y su poder mediático en la actualidad.

Estamos avisados. La democracia se desangra por esta realidad tan detestable, envuelta en el fango de los bulos perfectamente redactados y divulgados. El dato objetivo y verdadero es lo único que nos permite en democracia emitir y recibir juicios y relatos bien informados.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Para la libertad, en nuestro país, casi cincuenta años es nada


«Para la libertad», interpretada por Joan Manuel Serrat y con una coreografía que utiliza el lenguaje de signos

Para la libertad sangro, lucho, pervivo. / Para la libertad, mis ojos y mis manos, / como un árbol carnal, generoso y cautivo, / doy a los cirujanos. 

Miguel Hernández, Para la libertad

Sevilla, 15/XI/2025 – 13:00 h (CET+1)

Cuando nos aproximamos a velocidad de vértigo, en el tiempo líquido que nos ha tocado vivir, a una fecha inolvidable en nuestro país, la muerte del dictador Franco, el 20 de noviembre de 1975, comprobamos cerca de Carlos Gardel, que casi cincuenta años de libertad que propició y garantizó la Constitución de 1978, han pasado para muchos como nada. En pleno ocaso de la democracia, vuelvo a pensar en lo que aquella fecha de aniversario próximo nos proporcionó tres años después, “con la frente marchita, la nieve del tiempo platear”, sintiendo “que es un soplo la vida”, que cincuenta años de mi vida en libertad “no es nada», viendo los derroteros del país en la actualidad.

Lo que ocurre es que este recuerdo fugaz en mi interior, mi persona de secreto, me sitúa frente a palabras del poeta Miguel Hernández, porque aquella fecha propició que pudiéramos acercarnos a su vida y obra para experimentar la libertad soñada en la lucha de los años de dictadura. Y esta realidad irrefutable no la olvido. De ahí que resuene en mi cerebro, con más fuerza que nunca, su canto a la libertad y lo que hay que seguir haciendo para mantenerla viva en común: Para la libertad sangro, lucho, pervivo. / Para la libertad, mis ojos y mis manos, / como un árbol carnal, generoso y cautivo, / doy a los cirujanos. // Retoñaran aladas de savia sin otoño, / reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida; / porque soy como el árbol talado que retoño: / aún tengo la vida.

Este poema de Miguel Hernández, El herido (II), publicado en «El hombre acecha» 1937-1939, sigue presente en mi alma de todos y en la de secreto, como si fuese ayer el primer día que conocí estas palabras en una España que tenía helado el corazón de personas que buscaban la libertad perdida en una dictadura implacable.

PARA LA LIBERTAD

Para la libertad, sangro, lucho, pervivo

Para la libertad, mis ojos y mis manos

Como un árbol carnal, generoso y cautivo

Doy a los cirujanos

Para la libertad siento más corazones

Que arenas en mi pecho, dan espumas mis venas

Y entro en los hospitales, y entro en los algodones

Como en las azucenas

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan

Ella pondrá dos piedras de futura mirada

Y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

En la carne talada

Retoñarán aladas de savia sin otoño

Reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida

Porque soy como el árbol talado que retoño

Aún tengo la vida

Para la libertad, sangro, lucho, pervivo

Para la libertad, mis ojos y mis manos

Como un árbol carnal, generoso y cautivo

Doy a los cirujanos

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan

Ella pondrá dos piedras de futura mirada

Y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

En la carne talada

Retoñarán aladas de savia sin otoño

Reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida

Porque soy como el árbol talado que retoño

Aún tengo la vida, aún tengo la vida

Es verdad, por último, que la mejor forma de respetar en democracia las palabras de su poema completo, debemos hacerlo no olvidando lo sucedido realmente en la guerra civil, sin blanqueamientos y añoranzas fascistas impresentables de quienes la propiciaron y rememoran hoy, defendiendo también y a diario la reconciliación y transición cincuenta años después de la muerte del dictador, leyéndolas pausadamente e intentando comprender el mensaje de estas bellas palabras escritas con el corazón por Miguel Hernández, porque sufro en muchos momentos de desconcierto político las heridas del amor, de la muerte y de la vida en mi cancionero de ausencias de ideologías y compromiso activo para luchar por un mundo mejor y lejos de las mentiras, bulos y medias verdades en las que nos tenemos que desenvolver a diario.

La verdad es que, afortunadamente y a pesar de todo, pienso -como él-, que aún tengo la vida, aún tengo la vida

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

No le toquéis ya más, que así es… Rosalía

Sevilla, 13/XI/2025 – 12:34 h (CET+2)

Pertenezco a una generación matusalénica para cualquier relación con este mundo líquido, el de Zygmunt Bauman, representado estos días por la cantora Rosalía (San Esteban Sasroviras, Barcelona, 1992), algo más que cantaora o cantante, según Facundo Cabral, porque la diferencia estriba en que no sólo puede cantar, sino que debe hacerlo, para satisfacción de cientos de miles de jóvenes que la siguen a pies juntillas, como dirían mis ancestros. Rosalía “está hasta en la sopa”, sonando su nuevo álbum, LUX, por tierra, mar y aire, con letras que tienen dentro un mensaje especial, en el que interpreta dieciocho canciones como si fueran partes de un concierto sinfónico, al utilizar también varios “movimientos” que agrupan formas de interpretar el hilo conductor de esta bella obra.

Como siempre hago en relación con las sinopsis oficiales de obras culturales, para no caer en espoiler, en esta ocasión se presenta LUX «como el cuarto álbum de estudio de la cantante, productora, compositora y ganadora de varios Grammy; se trata de su lanzamiento más innovador y global hasta la fecha. LUX es una proeza de visión y maestría. El álbum se ha grabado junto a la London Symphony Orchestra e incluye voces de artistas como Björk, Carminho, Estrella Morente, Silvia Pérez Cruz y los coros de la escolanía de Montserrat y de l’Orfeó Català. Rosalía explora temas de la mística femenina, la transformación y la espiritualidad trazando el arco entre la ilusión y la pérdida, la fe y la individualidad».

Mi amor a la música clásica me ha acercado a este álbum, junto al contenido exquisito de algunas de sus letras. Me ha gustado mucho la crítica que efectuó el diario El País el pasado cinco de noviembre, en la que se decía textualmente que «Las fortalezas de la cuarta y nueva obra de Rosalía, Lux, son muchas, pero quizá se deba poner en primer término la importancia del lugar desde el que se concibe. Hablamos de una obra osada, valiente, compleja, arrogante y fascinante, un disco sin estribillos, sin apenas ritmos memorizables, densa y extensa. Llamémosla anticomercial, pero a la vez se puede considerar pop. Esto lo realiza Rosalía desde la cúspide de la música pop, desde una posición de estrella mundial. […] Realizar un álbum raro desde los márgenes de la industria resulta mucho más sencillo, pero armar esta epopeya mística desde el trono que ella ocupa ofrece la imagen de una artista con una valentía radical». Lo que resulta indudable es que sus dieciocho canciones ofrecen un espacio de reflexión impresionante a través de sus letras y melodías, apoyadas por intérpretes de fama mundial: MOV I: 1. Sexo, Violencia y Llantas, 2. Reliquia, 3. Divinize, 4. Porcelana, y 5. Mio Cristo Piange Diamanti; MOV II: 6. Berghain, 7. La Perla, 8. Mundo Nuevo y 9. De Madrugá; MOV III: 10. Dios es un Stalker, 11. La Yugular, 12. Focu ‘ranni [Exclusivo en formato físico], 13. Sauvignon Blanc y 14. Jeanne [Exclusivo en formato físico]; MOV IV: 15. Novia Robot [Exclusivo en formato físico]; 16. La Rumba del Perdón; 17. Memória y 18. Magnolias.

Agradezco a Rosalía que ofrezca a través de este álbum espacios de reflexión para sus seguidores y seguidoras, que son cientos de miles de jóvenes, sobre todo, que buscan algo más en este loco mundo en el que nos ha tocado vivir, en momentos muy delicados para salvaguardar la democracia mundial. Por eso, a la hora de enfrentarme hoy a la pantalla en blanco, he recordado también a Juan Ramón Jiménez, a través de un poema muy breve y bueno, por tanto dos veces bueno (Baltasar Gracián, dixit), ¡No le toques ya más, que así es la rosa!, tal y como lo aprendí de él hace ya muchos años (1). Este recuerdo me permite exclamar también a todos los vientos algo vinculado con la utilización del enigmático pronombre personal «le», que para mí, en este aquí y ahora, podría ser el sentimiento de Rosalía, no exento de pensamiento, en su nuevo álbum: «¡No le toquéis ya más, que así es… Rosalía!

(1) Jiménez, Juan Ramón, Piedra y cielo, Buenos Aires: Losada, 1968

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Las librerías son espacios de confianza y clínicas del alma

Javier Navarro (Sevilla, 1991) – Cartel conmemorativo del Día de las Librerías 2025, representadas como “espacios de confianza”

Sevilla, 11/XI/2025, Día de las Librerías – 16:36 h (CET+1)

Hoy se celebra la decimoquinta edición del Día de las Librerías, en el que el Gremio de Librerías de Sevilla, lanza la campaña ‘Espacios de confianza’, “una iniciativa que cuenta por primera vez con el apoyo de la Dirección General de Promoción Económica del Ayuntamiento de Sevilla y que pone el foco en el papel de estos espacios como generadores de comunidad y agitadores sociales y culturales”.

En tal sentido, han presentado una imagen gráfica realizada por el ilustrador y arquitecto Javier Navarro (Sevilla, 1991), quien ha explicado su obra como “una Giralda hecha de libros, una metáfora entre el antiguo alminar, símbolo del hojaldre de culturas de Sevilla, y las librerías como columna vertebral de la ciudad: el pilar donde los lectores se apoyan, refugian y habitan”. 

En este contexto festivo, el Gremio sevillano “reclama la necesidad de más ayudas públicas y la puesta en marcha de políticas efectivas de fomento de la lectura, ya que viene detectando en los últimos cinco años un lento descenso en las ventas en las librerías independientes de la ciudad, cuyas cifras sitúan a Sevilla por debajo de otras provincias andaluzas”.

Además, este día de celebración es el primer acto de una campaña que se extenderá hasta la Navidad, en la que este Gremio resalta, “la importancia de las librerías de barrio frente a la creciente tendencia de las compras en línea, valorando la experiencia, el conocimiento y la diversidad de títulos que ofrecen, así como la conversación, el trato personal, la convivencia, la resolución de dudas y todo tipo de necesidades relacionadas con los libros”, explicando que “Frente a mundo que corre, que no profundiza, que se queda en lo superficial, nosotras valoramos la humanidad, el vínculo con el otro, un trabajo callado, de hormiguitas que hacemos en medio de toda la locura en la que estamos inmersos en la actualidad”.

Me ha tranquilizado conocer a través de este Gremio de Librerías que “las librerías sevillanas atraviesan por un momento de relativa estabilidad, aunque sería necesario analizar la confluencia de los hábitos de compra y lectura de la ciudadanía sevillana y las librerías, ya que las ventas de libros a través de librerías independientes son inferiores a las de otras provincias andaluzas”, por lo que “es necesario un mayor apoyo al sector de las librerías, tanto a través de subvenciones como mediante la compra de fondos bibliotecarios en librerías, además de la puesta en marcha de políticas verdaderamente efectivas de fomento de la lectura”.

Mañana continuará esta campaña con un acto organizado por el Centro Andaluz de las Letras, a las 19:00 horas en la Librería Casa Tomada, “con la participación de los libreros Lola Gallardo (Rayuela Infancia), Alberto Haj-Saleh (Casa Tomada) y Fátima Tirado García (La Fábula Educa)”.

Creo que hoy, en el contexto social que estamos viviendo, tienen un sentido especial las palabras que escribí en 2021, Las librerías son la atención primaria del alma, dedicadas al Día de las Librerías de ese año, que para mí es cada día que nos ofrecen la oportunidad de cuidar nuestra alma, como Boticas o Clínicas, cada uno o cada una según lo necesite: “Cuido el alma con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C. Amo la lectura, los libros, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro. Las librerías son la antesala de las bibliotecas, a modo de atención primaria del alma, si consideramos lo manifestado anteriormente al considerar las citadas bibliotecas como lugares del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, espacios de confianza plena en los libros que amamos y leemos.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En la dramática exclusión social en nuestro país no fallan las personas, falla el sistema

Sevilla, 6/XI/2025 – 13:25 (CET+2)

He esperado con ardiente impaciencia el IX Informe FOESSA, 2025, sobre exclusión y desarrollo social en España, presentado el martes pasado en Madrid, con un resultado sobrecogedor: 2,5 millones de los jóvenes viven en situación de exclusión social, de los cuales 1,2 millones en exclusión severa, que «en comparación con el periodo anterior a la pandemia, indica que el número de jóvenes en situación de exclusión ha aumentado en la actualidad en 309 mil personas, mientras que quienes se encuentran en exclusión severa han crecido en 169 mil», junto a otras realidades sociales avaladas con datos que se deberían tener en cuenta con carácter de urgencia para garantizar las políticas correspondientes que solventen el drama de las desigualdades sociales en nuestro país. El Informe «advierte sobre un proceso inédito de fragmentación social en España en el que se contrae la clase media. Estamos ante una encrucijada. Podemos seguir por el camino actual, el del individualismo, la desigualdad y la insostenibilidad. O elegir un cambio de rumbo valiente para una sociedad fundamentada en el cuidado mutuo, la justicia y la responsabilidad compartida”.

Es un documento complejo de 712 páginas en su versión completa. aunque se puede leer también un resumen que facilita la comprensión de todos los planteamientos que aborda. En su introducción y después de analizar brevemente los resultados pretendidos de los ocho informes anteriores, se dice algo que es una realidad flagrante en nuestro país acerca de la dimensión estructural de las situaciones analizadas: «El IX Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España llega en un momento histórico de profunda complejidad. Tras décadas de transformaciones aceleradas que han reconfigurado por completo su estructura social, económica y territorial, el país se encuentra en una encrucijada que define no solo su presente, sino el horizonte de posibilidades para las próximas décadas. Los indicadores macroeconómicos sugieren recuperación y crecimiento, pero bajo la superficie aparente de bonanza se extiende un malestar estructural que atraviesa todas las dimensiones de la vida colectiva. Esta paradoja —crecimiento económico coexistiendo con vulnerabilidad social, estabilidad institucional conviviendo con desafección democrática, modernización tecnológica acompañada de fragmentación comunitaria— constituye el núcleo de lo que podríamos denominar la «sociedad del desasosiego».

Adentrarse en el entramado objetivo de los datos expuestos, es un ejercicio obligado para poder emitir juicios bien informados sobre la exclusión social y desarrollo en nuestro país: «No se trata de un ejercicio académico neutro, sino de un esfuerzo intelectual comprometido con la construcción de una sociedad más justa, equitativa y sostenible. Las ciencias sociales que aquí se despliegan están al servicio de la acción, orientadas a desentrañar los mecanismos que perpetúan la desigualdad y la exclusión, pero también a identificar las grietas por las que puede emerger la transformación social». A lo largo de los seis capítulos del informe que, como se dice en la introducción, «no son compartimentos estancos», se abordan cuestiones relevantes para abordar datos objetivos de lo que está pasando y estamos viendo, así como planteamientos urgentes y necesarios para la transformación de los mismos que satisfagan las necesidades de la ciudadanía.

Siguiendo el camino razado en el informe, el primer capítulo «nos presenta una sociedad
transformada desde sus cimientos. La estructura de clases tradicional se ha fragmentado radicalmente, con una erosión significativa de las clases medias y la práctica desaparición de la identidad obrera tradicional. Esta atomización social ha generado una proliferación de identidades múltiples que dificultan la construcción de proyectos comunes y solidaridades colectivas». En el segundo capítulo se señala «la cristalización de la desigualdad estructural. La precariedad laboral emerge como fenómeno sistémico, mientras la polarización del empleo —crecimiento de ocupaciones extremas y debilitamiento de posiciones intermedias— se acelera con la inteligencia artificial, planteando retos urgentes que amenazan con ampliar la fractura social. La desigualdad salarial se revela estructural, con brechas que se enquistan especialmente entre generaciones, rompiendo expectativas de progreso».

El tercer capítulo analiza el hilo conductor del informe, la exclusion social «como
fenómeno multidimensional que revela una dinámica preocupante: cada crisis ensancha fracturas que las recuperaciones no cierran completamente. La exclusión severa se mantiene por encima de niveles previos a las crisis, afectando a millones de personas adicionales. El mercado laboral ha perdido su capacidad protectora, con una proporción significativa de trabajadores ocupados viviendo en exclusión. El análisis desmonta el mito
de la pasividad: la inmensa mayoría practica resistencia activa, pero enfrenta dispositivos públicos fragmentados e insuficientes». Deseo destacar, conmovido, los datos referentes a la exclusión social en Andalucía, que han empeorado en relación con los obtenidos en 2018.

El cuarto capítulo aborda lo que para mí es nuclear en la situación política actual, el acoso y derribo del Estado de Bienestar, profundizando en las heridas abiertas desde hace ya varios años, así como la incorporación en tromba del llamado cuarto pilar de ese Estado, tomando en consideración la importancia de respetar el Pilar Europeo de Derechos Sociales (PEDS): «[…] un Estado de Bienestar en tensión pese al respaldo ciudadano: presiones geopolíticas, tendencias privatizadoras, rearme europeo y debilidad fiscal. El tercer sector constituye una infraestructura masiva pero invisible, con dualización entre organizaciones bien dotadas y microentidades con recursos insuficientes. La provisión mercantil complementaria refuerza desigualdades al beneficiar a quienes disponen de mayor capacidad económica. La sostenibilidad se ve amenazada por la polarización ideológica y
la desconfianza fiscal. El sistema sanitario se debilita entre fracturas estructurales y privatización, mientras las desigualdades en salud persisten pese a décadas de universalidad formal. El modelo de cuidados requiere transitar de lo privado a lo
comunitario, con financiación insuficiente que perpetúa feminización y precariedad. La vivienda exige una respuesta estructural que priorice derecho frente a especulación. Las pensiones necesitan un pacto intergeneracional más allá de ajustes técnicos». El quinto capítulo aborda otra realidad flagrante: el ocaso de la democracia en nuestro país, no inocente por cierto, junto a la desafección política, dan lugar a «[…] la erosión de la confianza social y política. La democracia se percibe como ineficaz y desconectada, erosionando el compromiso cívico. Corrupción persistente, incapacidad para resolver problemas estructurales y sentimiento de no ser escuchados refuerzan la desconfianza. Existe un contraste inquietante: amplio respaldo a servicios públicos no siempre se traduce en disposición a financiarlos, lo que evidencia la fractura en el principio de reciprocidad». Según recoge el Informe en este capítulo, «Las noticias falsas fragmentan el espacio público y erosionan la verdad compartida, mientras las plataformas digitales generan aislamiento en lugar de conexión, cuestionando fundamentos relacionales de la democracia deliberativa».

Por último, se desarrolla el sexto capítulo, en el que se plantea «la necesidad de un cambio
radical de paradigma civilizatorio. Hemos transitado de la sociedad desvinculada a una consciente de riesgos que se refugia en un individualismo defensivo e ilusorio ante desafíos globales. Este cambio requiere superar la instalación en el privilegio y desacelerar la vida, reconociendo que la aceleración nos despoja de resonancia y relaciones profundas. Necesitamos políticas audaces que afronten la crisis sistémica sin dejar a nadie atrás,
elaborando un nuevo pacto social que genere nuevo imaginario. La desigualdad creciente exige reconocernos como seres interdependientes y ecodependientes, recuperando una ética del trabajo desligada del empleo. Necesitamos entrar en la lógica de lo común para profundizar en la democracia desde la complementariedad Estado-sociedad civil. Debemos transitar de la ética del buen vecino a la del buen antepasado, capaz de empatizar con lo lejano y operar desde una lógica de trascendencia. La espiritualidad aporta profundidad al cambio al permitir una experiencia trascendente y proponer la conversión como práctica. Es urgente transitar de la visión mecanicista hacia una que ponga en el centro la interdependencia y la ecodependencia y el cuidado. Debemos girar del «bienestar»
al «biencuidar», avanzando hacia la democracia del cuidado».

Como bien manifiesta en la introducción el Coordinador de este l IX Informe FOESSA, Raúl Flores Martos, lo que se ofrece a la sociedad es poder disponer de «herramientas analíticas para una transformación urgente y profunda. Los datos y las tendencias revelan que, pese a la gravedad de los desafíos, personas y colectivos despliegan capacidades de resistencia, sostienen la voluntad de cambio y protagonizan experiencias transformadoras que demuestran que otro modelo social es posible. Aspiramos a contribuir a esa transformación, poniendo las ciencias sociales al servicio de la construcción de una sociedad más justa, equitativa y sostenible. Porque las sociedades no cambian por decreto ni por inercia: cambian cuando confluyen el análisis riguroso de la realidad, la voluntad política de transformación y la movilización social hacia horizontes de justicia» (la negrita es mía).

Lean el informe en aquellas páginas que les llamen la atención por los datos que ofrecen. No he querido abrumar con gráficos y datos prolijos, sino inducir a su consulta directa en el informe, en función de los intereses de cada persona concernida. Lo expuesto anteriormente sólo es a modo de introducción breve para facilitar la comprensión global del informe. Lo que es indudable es que es imprescindible conocer los datos expuestos para poder emitir juicios bien informados sobre la exclusion social y desarrollo en nuestro país, a través de una fuente solvente y ética, demostrada a lo largo de los años. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente señalados, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: compartir estos datos para poder emitir juicios bien informados, como afirmaba anteriormente, porque sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se  pueden aprobar leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación, transformando la sociedad española para avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Continúo caminando en belleza, para que todo en belleza acabe

Fragmento de El nacimiento de Venus (1482), Sandro Boticelli (1445-1510). Temple sobre lienzo. Medidas: 172,5 x 278,5 cm. Galeria degli Uffizi. Florencia.

Que en belleza camine.
Que haya belleza delante de mí
y belleza detrás
y debajo
y encima
y que todo a mi alrededor sea belleza
a lo largo de un camino de belleza
que en belleza acabe.

Eduardo Galeano, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en El cazador de historias.

Sevilla, 5/XI/2025 – 11:58 (CET+1)

La vida es bella…, según se mire, tal y como Albert Einstein nos aclaró cuando dijo que la belleza no mira, solo es mirada. Procuro que sea así en mi vida, porque lo que me importa de verdad es profundizar en el significado de la belleza, algo que admiro desde mi niñez, algo que capta el cerebro y nos proporciona placer de forma personal e intransferible. Por esta razón pascaliana de la razón y del corazón, me ha interesado conocer a fondo una actividad museística que ha iniciado el Museo Nacional del Prado, en colaboración con el Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET) de la Fundación Tatiana, “al crear la Residencia Internacional de Neurociencia y Arte, un programa pionero que une la investigación sobre el cerebro humano con la riqueza de la creación artística. Este proyecto interdisciplinar busca abrir nuevas vías de conocimiento en torno al funcionamiento de la mente y su relación con la creatividad”.

Con tal motivo, el pasado lunes 3 de noviembre se inició el proyecto con una conferencia, La imagen en el arte y en la Inteligencia Artificial, a cargo del neurocientífico Alva Noë, profesor de la Universidad de Berkeley, que adjunto a continuación y que el museo presenta como “una oportunidad única de diálogo entre ciencia, filosofía, arte y sociedad”.

En torno a una pregunta inquietante, ¿Qué es la belleza? ¿Dirías que es algo objetivo o todo lo contrario?, se va a desarrollar el Seminario de Ciencia y Arte que ha comenzado con la conferencia citada. Lo seguiré de cerca porque estoy muy interesado en que a pesar de lo que está pasando y estamos viendo a diario, continúo caminando en belleza, para que todo en belleza acabe. Frecuentando los caminos en mi Sur, he recordado ahora que también tenemos el deber de aportar belleza en la vida, algo que nos enseñó un poeta andaluz del siglo XVIII, Dionisio Solís, cordobés por más señas, que se formó en esta ciudad, Sevilla, dejándonos un ejemplo precioso sobre «decir bellezas», escribirlas también, tal y como lo recoge mi preciado Diccionario de Autoridades, algo de lo que estamos también muy necesitados, porque quien busca belleza la encuentra y quien la recibe, la entrega. Es a través de una seguiriya, Al retrato de una dama, cuando lo dice todo a los escuchaores del Sur: Al retrato de Anarda, / todos atiendan, / que aunque yerre las coplas / diré bellezas. Decirlas es «hablar oportunamente, con gracia y donaire sobre alguna materia, o discurrir con erudición y primor: como se suele decir de un gran Orador o de un hombre discreto y docto, que ocasionan deleite en los que los oyen discurrir y hablar».

Eduardo Galeano / El cazador de historias

En la orilla que me encuentro en la actualidad, en la singladura que inicié hace tiempo para seguir buscando islas desconocidas de esperanza, en un mundo terco que se encarga a diario de arrebatárnosla, considero que Eduardo Galeano me acompaña para hacer este camino o singladura, tanto monta monta tanto, cuando me acerco a una isla especial que suele inspirar también mi alma de secreto y, a veces, la de todos: el principio esperanza, que se inspira en el camino de la belleza que puede presentarse en la vida de cada uno cuando nos lo proponemos: Que en belleza camine. / Que haya belleza delante de mí / y belleza detrás / y debajo / y encima / y que todo a mi alrededor sea belleza / a lo largo de un camino de belleza / que en belleza acabe (1). Él lo cuenta de una forma especial al detallarnos la historia de la tribu Pawnee, junto al río Platte, en el relato Las Estrellas (2), del que he escogido sus palabras finales, porque representan lo que me ha sucedido a lo largo de la vida, fundamentalmente porque soy un caminante del mundo que late a través de la palabra, que nos queda y… además, es bella:

A orillas del río Platte, los indios pawnees cuentan el origen.
Jamás de los jamases se cruzaban los caminos de la estrella del atardecer y la estrella del amanecer.
Y quisieron conocerse.
La luna, amable, las acompañó en el camino del encuentro, pero en pleno viaje las arrojó al abismo, y durante varias noches se rio a carcajadas de ese chiste.
Las estrellas no se desalentaron. El deseo les dio fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo.
Y allá arriba se abrazaron con tanta fuerza que ya no se sabía quién era quién.
Y de ese abracísimo brotamos nosotros, los caminantes del mundo
.

Una cosa más, como diría Steve Jobs al finalizar sus presentaciones: si escribo hoy estas líneas es porque en 2008 publiqué en este cuaderno digital un relato, Memoria de desván, presidido por un fragmento de gran belleza  de El nacimiento de Venus (1482), obra excepcional de Sandro Boticelli (1445-1510), que responde exactamente a una experiencia personal que viví en noviembre de 1982, en La Punta del Moral (Ayamonte), en una madrugada real, oscura, alumbrada solo por una farola maltrecha y próxima al bar donde nos enrolamos para una aventura bella que ahora he podido narrar sobre un pecio de mi cerebro, nunca mejor dicho. Y está escrito «con mil amores» (¡que expresión popular tan excelente…!) en homenaje a una persona a quien quiero segundo a segundo porque su actitud, bella y transmitida a través de sus ojos azules, me ayudó a salir de las profundidades de un atlántico nocturno muy particular, que cuando llovía se mojaba no como los demás, sino como el agua cantada por El Lebrijano, según Gabriel García Márquez.

(1) Galeano, Eduardo, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en El cazador de historias, 2016. Barcelona: Siglo XXI España.

(2) Galeano, Eduardo, Ibidem, p. 20.

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¡Paz y Libertad!

Palabras premonitorias de Pier Paolo Pasolini, en el 50 aniversario hoy de su asesinato: “estamos todos en peligro”

Enrique Irazoqui (izqda.), en el papel de Jesús y el director, Pier Paolo Pasolini (dcha.), en una imagen tomada durante el rodaje de la película «Il vangelo secondo Matteo” (1964) / Domenico Notarangelo

La figura de Cristo debía tener, al final, la misma fuerza que una resistencia: algo que contradiga radicalmente la vida tal como se está configurando en el hombre moderno: su orgía de cinismo, de ironía, de brutalidad práctica, de contemporización, de glorificación de la propia identidad en los rasgos de la masa, de odio hacia toda diversidad, de rencor teológico sin religión.

Pier Paolo Pasolini, 1963 (1)

Sevilla, 2/XI/2025 – 13:21 (CET+1)

Hoy se cumple el 50 aniversario del asesinato de Pier Paolo Pasolini en la playa del Idroscalo, en Ostia (Roma), con un responsable dudoso de su autoría en solitario, Pino Pelosi, un chico de un suburbio romano (ragazzo di vita) al que recogió en los soportales de la estación Términi, con su Alfa Romeo Giulia GT, en la medianoche del 2 de noviembre de 1975. Hasta aquí la turbia crónica negra de su trágica muerte, horas después de haber respondido a preguntas muy complejas en una entrevista con Furio Colombo, publicada en el suplemento Tuttolibri del diario La Stampa, el 8 de noviembre de ese año, con el título propuesto por Pasolini, “Porque estamos todos en peligro”, como si fuera una premonición de lo que horas después iba a suceder.

Por esta razón, he vuelto a leer la citada entrevista (2), compleja en su fondo y forma, de la que he escogido tres pasajes muy representativos del mundo de secreto y de todos en el que se desenvolvía Pasolini, con un hilo conductor muy claro, la denuncia contundente del neofascismo en Italia, la «situación» por la que atravesaba el país en esos momentos, que personalmente pude constatar al haber vivido allí, en Roma concretamente, durante esos difíciles y convulsos años políticos. Comienza la entrevista con la descripción de la «situación» contra la que lucha Pasolini: «La “situación”, con todos los males que tú dices, contiene todo lo que te permite ser Pasolini. Quiero decir: tuyo es el mérito y el talento. ¿Pero los instrumentos? Los instrumentos son de la “situación”; editorial, cine, organización, hasta los objetos. Pongamos que el tuyo sea un pensamiento mágico. Haces un gesto y todo desaparece. Todo eso que detestas. ¿Y tú? ¿No te quedarías solo y sin medios? Quiero decir medios expresivos, quiero… «, a lo que Pasolini responde: «Sí, he entendido. Pero ese pensamiento mágico yo no solo lo intento, sino que me lo creo. No en el sentido de médium, sino porque sé que golpeando siempre sobre el mismo clavo puede hasta derribarse una casa. A pequeña escala, un buen ejemplo nos lo proporcionan los radicales, cuatro gatos que consiguen remover la conciencia de un país (y tú sabes que no siempre estoy de acuerdo con ellos, pero precisamente ahora estoy a punto de salir para ir a su congreso). A gran escala, el mejor ejemplo proviene de la historia. El rechazo ha sido siempre un gesto esencial. Los santos, los ermitaños, pero también los intelectuales. Los pocos que han hecho la historia son aquellos que han dicho no, nunca los cortesanos y los ayudantes de los cardenales. El rechazo, para funcionar, debe ser grande, no pequeño, total, no sobre este o aquel punto, “absurdo”, no de sentido común».

Quedémonos con el rechazo a lo indeseable como gesto esencial. La segunda cuestión que deseo rescatar de esa entrevista premonitoria es en torno a la pregunta directa al cineasta de cuál es la verdad: «Siento haber utilizado esta palabra. Quería decir “evidencia”. Deja que ponga otra vez las cosas en orden. Primera tragedia: una educación común, obligatoria y equivocada que nos empuja a todos a la competición por tenerlo todo a toda costa. A esta arena nos empuja como una extraña y oscura armada en la que unos tienen los cañones y otros tienen las barras de hierro. Entonces, una primera división, clásica, es “estar con los débiles”. Pero yo digo que, en cierto sentido, todos son los débiles, porque todos son víctimas. Y todos son los culpables, porque todos están listos para el juego de la masacre. Con tal de tener. La educación recibida ha sido: tener, poseer, destruir».

La última cuestión elegida port mí en la entrevista es la que se refiere es un alegato que no acusa el paso del tiempo: «Y vosotros, con la escuela, la televisión, vuestros periódicos pacatos, vosotros sois los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir. Dichosos vosotros que os quedáis tan felices cuando podéis poner una etiqueta apropiada al crimen. A mí esta me parece otra de las muchas operaciones de la cultura de masas. Como no podemos impedir que pasen ciertas cosas, nos tranquilizamos encasillándolas». A lo que el periodista agrega: «Cerradas las escuelas, clausurada la televisión, ¿cómo animas tu belén? Pasolini no duda en su firme respuesta: «Creo haberme ya explicado con Moravia. Cerrar, en mi lenguaje, quiere decir cambiar. Cambiar, pero de modo tan drástico y desesperado como drástica y desesperada es la situación. Lo que impide un verdadero debate con Moravia, pero sobre todo con Firpo, por ejemplo, es que parecemos personas que no ven la misma escena, que no conocen la misma gente, que no escuchan las mismas voces. Para vosotros una cosa ocurre cuando es una crónica, hecha, maquetada, editada y titulada. ¿Pero qué hay debajo? Aquí falta el cirujano que tiene el coraje de examinar el tejido y de decir: señores, esto es cáncer, no una cosita benigna. ¿Qué es el cáncer? Es una cosa que cambia todas las células, que las hace crecer todas de forma enloquecida, fuera de cualquier lógica precedente. ¿Es un nostálgico el enfermo que sueña con la salud que tenía antes, aunque antes fuera un estúpido y un desgraciado? Antes del cáncer, digo. Es decir, antes de todo será necesario hacer no solo un esfuerzo para tener la misma imagen. Yo oigo a los políticos con sus formulismos, todos los políticos, y me vuelvo loco. No saben de qué país están hablando, están tan lejos como la luna. Y los literatos. Y los sociólogos. Y los expertos de todo tipo». Ante esta respuesta tan contundente, el periodista pregunta tajante: ¿Por qué piensas que para ti ciertas cosas están más claras?, a lo que Pasolini responde con una frase final que dio el título a la entrevista y hoy a estas palabras: «No quisiera hablar más de mí, quizás he hablado incluso demasiado. Todos saben que mis experiencias las pago personalmente. Pero están también mis libros y mis películas. Quizás soy yo quien se equivoca. Pero sigo diciendo que estamos todos en peligro» (la negrita es mía).

Me basta hoy con recordar a Pasolini con este pensamiento profundo, horas antes de morir asesinado en una playa de Ostia (Roma), Il Idroscalo, como auténtica premonición. Por mi parte, no olvido su obra ciclópea en literatura, sí como en el cine y sólo basta leer los múltiples artículos que le he dedicado en este cuaderno digital en sus casi veinte años de vida, hasta 37, el último este año, que invito a leerlos para conocer mejor a esta persona imprescindible como intelectual comprometido con la transformación de la realidad social para cuidar siempre el bien común y a los que menos tienen, los nadies de Galeano.

(1) Pasolini, Pier Paolo, Un aumento de vitalidad, en Evangelio según San Mateo. Versión de la Biblia del Oso por Casiodoro de Reina, Muchnick, Barcelona, 1998, p. VII; se trata de un texto fechado en marzo de 1963.

(2) Pasolini, Pier Paolo, Palabra de corsario, Madrid: Círculo de Bellas Artes de Madrid, 2005, traducción de Andrea Percciacante, p. 307-312.

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