
Sevilla, 11/IX/2026 – 08:31 h CET (UTC+2)
Sigo cuidando la memoria democrática universal, la de mi país, hoy la de Chile, a pesar del cambio político por la llegada a la presidencia del ultraderechista José Antonio Kast, porque proteger esa memoria es el ancla del futuro democrático que demandan nuestros pueblos. Con tal motivo, cumplo un compromiso como español, ciudadano del mundo, que admira al pueblo chileno, utilizando los términos que figuraban en el compromiso final de la carta «Compromiso: Por la democracia, siempre», que no olvido, firmada en 2023, en el 50 aniversario del fatídico golpe de Estado en Chile, por el presidente Gabriel Boric, junto a otros cuatro expresidentes chilenos, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos Escobar, Michelle Bachelet Jeria y Sebastián Piñera Echenique, en la que hicieron una reflexión profunda y breve sobre los 50 años del golpe de Estado que puso fin al Gobierno de Salvador Allende y que dio inicio a la triste, injusta y malévola dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
Para el nuevo presidente no hay nada que celebrar, por lo que ya ha manifestado sobre la agenda oficial de ese día, que será ordinaria, sin celebración especial, duelo oficial o acto institucional alguno que recuerde el golpe de estado del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973. Como mucho, ese día se podrá dar una “intencionalidad” especial a la misa que se celebra todos los viernes: “Si alguien pide que la misa matinal que se oficia en La Moneda ese viernes tenga una intención especial, no hay inconveniente. Cada viernes se celebra una liturgia y no vemos inconvenientes en que se rece ese día; sin embargo, nuestras oraciones están dirigidas al Chile presente y al Chile que viene”, expresó”. Tristes palabras para los demócratas chilenos, en una jornada en la que se debería recordar la memoria histórica del golpe de estado de 1973.

A pesar de estos reveses antidemocráticos, pasan los años y la frase Por la razón o la fuerza sigue siendo, curiosamente, el lema nacional de la República de Chile, que conmemora hoy el 53º aniversario del golpe de Estado de 1973, recordado año tras año en este cuaderno digital, respetando la memoria democrática de ese país. Este lema es la traducción del latín aut consilio aut ense (por consejo o por espada) que respeta la tradición del pueblo chileno, reflejada en la descripción oficial del Escudo de Armas del país, que “presenta una estrella de plata de cinco picos al centro de un campo cortado, azul turquí el superior y rojo el inferior, y su forma es la fijada por el modelo oficial aprobado por decreto de Guerra 2.271 de 4 de septiembre de 1920, conforme a la ley, y el cual, además, tiene por timbre un plumaje tricolor de azul turquí, blanco y rojo; por soportes un huemul rampante a su derecha y un cóndor a su izquierda en la posición que fija ese modelo, coronado cada uno de estos animales con una corona naval de oro; y por base un encaracolado cruzado por una cinta con el lema «Por la razón o la fuerza», todo en conformidad al referido modelo”. Esto es así porque, según las disposiciones vigentes, “los emblemas nacionales, reciben la influencia en su uso que la costumbre del pueblo le impone, lo que hace necesario reglar y orientar dicho uso”.
Si he comenzado hoy el día con este recuerdo de lo sucedido en 1973 en Chile, es para resaltar el esfuerzo democrático en el citado país reforzando la importancia del imperio de la razón sobre la sinrazón de la fuerza, resumido en la propuesta que el expresidente Gabriel Boric hizo durante la campaña presidencial de 2021 que lo llevó finalmente al poder, cambiar el lema nacional por la “La fuerza de la razón”, más acorde con los principios democráticos que se vivían en ese momento en el país, porque “la costumbre del pueblo lo impone”: “Yo lo único que cambiaría sería, quizás, el lema del escudo. En vez de Por la razón o la fuerza, creo que sería mejor hablar Por la fuerza de la razón, que nos identifica más en estos tiempos, aunque quizás a José Antonio Kast [líder del Partido Republicano, de derechas] no le guste”. Era un aviso para navegantes democráticos en Chile.
Desde 1812 quedó fijado este lema por el pueblo chileno, que compartía con otro de cabecera en su escudo, que era un símbolo que conserva hoy su sentido primigenio aunque desapareciera del escudo de armas actual: Post tenebras lux (Después de las tinieblas, la luz). ¡Qué premonición para un futuro mejor! Es lo que el pueblo chileno, con memoria democrática, ha defendido a lo largo de 53 años después del terrible golpe de Estado de 1973. Va en su ADN ideológico de progreso y democracia. Lo proclamó Salvador Allende hace ya 53 años, en momentos terribles para su país, representando al Frente Popular, del que nunca se avergonzó, cuando la derecha hizo estragos por doquier por el golpe de Estado: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.
En este sueño de pasear, de verdad, por las grandes alamedas de libertad en cualquier lugar del mundo, también en nuestro país, las palabras de Salvador Allende cobran una importancia especial cuando asistimos al ocaso de la democracia en Chile, en nuestro país, en un clima de polarización enferma, donde expresarse en libertad cuesta cada día más. En estos momentos, es muy difícil dialogar sin insultos y descalificaciones en cualquier ámbito, con un ambiente crispado vaya donde vayas, estés donde estés.
Por todo lo expuesto anteriormente, recuerdo de nuevo a Chile y cuido la democracia dondequiera que esté presente. Ha costado muchos años reconstruir Chile, su democracia, pero la ultraderecha ha llegado al poder, borrando la memoria democrática del país. No lo olvidemos, cuidando sobre todo la memoria histórica, algo que nuestro país debe hacerlo día a día, en democracia, siempre.
Una cosa más, para terminar, que nos obliga a cuidar la memoria democrática de este mundo al revés. No debemos olvidar tampoco lo sucedido hace veinticinco años en la Torres Gemelas, en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, como hoy, que marcó un antes y un después en la democracia mundial y donde el terrorismo pasó a ocupar todas las cabeceras de los medios de comunicación del globo terráqueo. A partir de ese día, ya nada sería igual y veinticinco años después seguimos viviendo con dolor y espanto aquellas imágenes irrepetibles del derrumbamiento de las famosas torres y creo que de una forma de ser y estar en el mundo por parte de sus pobladores. Para que tampoco se olvide en los cuidados especiales, intensivos, urgentes, necesarios e imprescindibles que necesita en estos momentos la democracia mundial y, obviamente, la de nuestro país. Estoy convencido de que la fuerza de la razón, no al revés, es la que consolida la democracia ante cualquier amenaza. Estamos avisados.
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