¿Principio de realidad o de ficción?, esa es la cuestión digital

Sevilla, 17/VII/2022

Las personas que hemos crecido en la dictadura de este país en el siglo pasado, somos víctimas de la aplicación en nuestra educación del principio de ficción, a través de un relato de cómo era el país y no dejando opción alguna a su realidad histórica reciente, sobre todo la de la guerra civil y sus daños colaterales que han sido muchos. Todo ello arropado por el nacional catolicismo que nos invadía por tierra, mar y aire, en el que predominaba un principio del Catecismo Ripalda: fuera de la Iglesia no hay salvación (extra ecclesia nulla salus). En estos días, en los que se ha aprobado en el Congreso de los Diputados la Ley de Memoria Democrática, después de un recorrido parlamentario muy tortuoso, vuelvo a tomar conciencia sobre un problema que atenaza a la sociedad de nuestro país, no inocente por cierto, en el que cada vez toma más carta de naturaleza la necesidad de recurrir al principio de realidad a pesar de los esfuerzos por parte del capital de invadir nuestras conciencias con cosas que nos produzcan placer, tocando de cerca las emociones diarias, no los sentimientos, que son ámbitos psicológicos muy diferentes porque las primeras, las emociones, son estados pasajeros de bienestar, pero de usar y tirar, que es lo que interesa al poderoso caballero Don Dinero y sus secuaces, mientras que los sentimientos son estados afectivos permanentes que nos pueden acompañar toda la vida. De ahí a crear teoría de ficción sólo hay un paso y por eso en España la venta de libros e información de ficción sobrepasa de forma alarmante al de la realidad que se escribe en libros de ensayo.

Todo lo anterior lo explico de forma breve, aunque muy grabada a fuego en mi persona de secreto, porque sigo de cerca desde hace algún tiempo al filósofo surcoreano y arraigado en Alemania desde su juventud, de nombre casi imposible, Byung-Chul Han, que desde hace años está publicando libros para ayudarnos a comprender el mundo desde el ensayo de divulgación, aplicando siempre el principio de realidad, muy patente en su última obra, No-cosas. Quiebras en el mundo de hoy, en el que deja claro en su prólogo que estamos en la era de la transición de las cosas a las no-cosas, entendido este trasvase como las informaciones que nos ofrecen las cosas, como el teléfono inteligente, por ejemplo, porque al final es lo que determinan el mundo que vivimos. Y si hay un protagonista que gana por goleada en el top-star de las no-cosas, ese es el smartphone, que incluso ha desplazado como término a la traducción lógica para que lo entendamos todos, donde la brecha digital está garantizada. Se sitúa en vanguardia no porque sea una cosa, que también lo es, sino porque nos facilita no-cosas muy importantes, traducidas en información de todo tipo, incluso el mundo de la desinformación total garantizada, interesada y no inocente.

La consecuencia de todo ello es la infomanía, nos volvemos infómanos y fetichistas de la información y los datos, de lo que está pasando continuamente a nuestro alrededor. Además, la informatización del mundo convierte las cosas en infómatas, como intenta demostrar desde hace ya más de diez años el llamado “Internet de las cosas”, que yo rebautizaba en mis intervenciones públicas oficiales en el “Internet para las personas”, porque ya atisbaba que algo no iba bien en el mundo digital que frecuentaba a diario. Un ejemplo claro es Alexa, un gran hermano que “sabe” todo sobre nuestra vida, sobre nuestras “rutinas”, con una sola voz, ¡Alexa!, para ofrecernos cualquier información, aunque no se sabe nunca a qué precio de tráfico de datos personales.

Hay reflexiones en su último libro que deberían intranquilizarnos en un nuevo orden mundial, tan falto de aplicación del principio de realidad frente al de ficción permanente: “Hoy llevamos el smartphone a todas partes y delegamos nuestras percepciones en el aparato. Percibimos la realidad a través de la pantalla. La ventana digital diluye la realidad en información, que luego registramos. No hay contacto con cosas. Se las priva de su presencia. Ya no percibimos los latidos materiales de la realidad. La percepción se torna luz incorpórea. El smartphone irrealiza el mundo. Las cosas no nos espían. Por eso tenemos confianza en ellas. El smartphone, en cambio, no solo es un infómata, sino un informante muy eficiente que vigila permanentemente a su usuario. Quien sabe lo que sucede en su interior algorítmico se siente con razón perseguido por él. Él nos controla y programa. No somos nosotros los que utilizamos el smartphone, sino el smartphone el que nos utiliza a nosotros. El verdadero actor es el smartphone. Estamos a merced de ese informante digital, tras cuya superficie diferentes actores nos dirigen y nos distraen”.

Volviendo al terreno de las cosas y a la sumisión que ideológicamente nos embargaba en nuestra educación de juventud, nos damos cuenta de que la historia se repite: “Cada dominación tiene su particular devoción. El teólogo Ernst Troeltsch habla de “los cautivadores objetos devocionales de la imaginación popular”. Estabilizan la dominación al hacerla habitual y anclarla en el cuerpo. Ser devoto es ser sumiso. El smartphone se ha establecido como devocionario del régimen neoliberal. Como aparato de sumisión, se asemeja al rosario, que es tan móvil y manejable como el gadget digital. El like es el amén digital. Cuando damos al botón de “Me gusta”, nos sometemos al aparato de la dominación”.

Finalizo con el hilo conductor que exponía al principio. No estamos en tiempos para la lírica ni para la literatura de ensayo. Libros como el expuesto tienen una repercusión muy limitada, porque es una cosa llamado ensayo que obliga a cuestionarnos todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Si con la lectura de estas líneas consigo que la Noosfera a la que se entrega este artículo, se detiene un momento a pensar en lo que dice un filósofo preocupado por interpretar la vida de la mejor forma posible, comprenderemos mejor la sinopsis oficial de su último libro: “Hoy en día, el mundo se vacía de cosas y se llena de información inquietante como voces sin cuerpo. La digitalización desmaterializa y descorporeíza el mundo. En lugar de guardar recuerdos, almacenamos inmensas cantidades de datos. Los medios digitales sustituyen así a la memoria, cuyo trabajo hacen sin violencia ni demasiado esfuerzo. La información falsea los acontecimientos. Se nutre del estímulo de la sorpresa. Pero este no dura mucho. Rápidamente sentimos la necesidad de nuevos estímulos, y nos acostumbramos a percibir la realidad como una fuente inagotable de estos. Como cazadores de información, nos volvemos ciegos ante las cosas silenciosas y discretas, incluso las habituales, las menudas y las comunes, que no nos estimulan, pero nos anclan en el ser”.

No lo olvidemos: más que el Internet de las Cosas y No-Cosas, deberíamos profundizar científicamente en el Internet para las Personas. Ahí reside la dialéctica expuesta: ¿principio de realidad o de ficción?, porque esa es la verdadera cuestión desde la ética digital, que también existe.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Cuando se confunde con Velintonia, la casa de Vicente Aleixandre, su valor y precio

Vicente Aleixandre en Velintonia, su casa en Madrid

Velintonia es de todos, de todos y de todos

Vicente Aleixandre

Sevilla, 14/VII/2022

Cuando contemplo cualquier mano, algo que me ocurre con frecuencia con las de mis nietos, recuerdo siempre un poema de Vicente Aleixandre, Mano entregada, que he utilizado en varias ocasiones, hace ya bastante tiempo, como mensaje en las felicitaciones de Navidad que mandaba imprimir de forma personalizada y artesanal, en una librería preciosa que había aquí en Sevilla, ya desaparecida desgraciadamente, con un nombre programático, Fernán Caballero:

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso.

Cuando paseo por Sevilla, procuro acercarme también a Aleixandre, sentándome cerca de él en su paseo, un homenaje de Sevilla a su obra, a un poeta sevillano como yo, pero con un paso fugaz por la ciudad que lo vi nacer al trasladarse la familia, cuando solo tenía dos años, por razones laborales a Málaga, ciudad a la que siempre homenajeó en su obra, en la que descubrió el sabor del mar durante sus nueve años de estancia familiar hasta el traslado a Madrid. Me detengo siempre a leer el poema que figura en un azulejo que hermosea la ciudad, un fragmento de En la plaza, porque es verdad todo lo que allí dice formando parte de su Historia del corazón:

Era una gran plaza abierta, y había allí olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Cuando he conocido hoy que Velintonia, la casa de Vicente Aleixandre en Madrid durante toda su vida adulta, desde 1927 y hasta su fallecimiento en 1984, sale a subasta pública por la cantidad exacta de 4.561.750 euros, he sentido un profundo dolor y la desazón por haber llegado hasta aquí esta ceremonia de confusión cultural, ante el cúmulo de despropósitos, públicos y privados, de las diferentes Administraciones y el poder omnipresente del poderoso caballero Don Dinero por parte de su reducida familia, así como la oscura “pertenencia” (por decirlo de alguna manera) de toda su obra escrita y determinados objetos personales, por parte de la familia del poeta Carlos Bousoño, ya fallecido. Todo lo contrario de lo que la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre viene haciendo desde hace muchos años, veintisiete en concreto, por su ingente labor para salvar el legado del poeta y el valor histórico de su casa.

Cuando he sabido que después de su fallecimiento hubo un proyecto, entre otros, de que la casa fuera adquirida con dinero público para que se destinara a un fin obviamente “poético”, como “La Casa de la Poesía” y que la Administración competente estimó que Madrid ya no necesitaba ese destino, porque ya había una en Getafe, vuelve la desazón a mi vida. Sin comentarios. Con la subasta anunciada, se confunde una vez más el valor y precio de la vida y obra de Vicente Aleixandre. Escribir hoy estas líneas es para ofrecerle un modesto homenaje desde su tierra de nacimiento fugaz, pero con un sentimiento de agradecimiento permanente a su vida y obra escrita a duras penas en Velintonia, en cuadernos muy cuidados, casi siempre de noche y acostado, por su delicada “salud de hierro”, como él mismo afirmaba en momentos de confidencias a medianoche. Su misión en la vida la reafirmó de forma muy clara cuando conoció que le habían otorgado el premio Nobel de Literatura en 1977: “El poeta está siempre formulando una pregunta y el lector siempre va a su vez manifestando una muda respuesta que percibe en su espíritu el escritor. Pues bien, el Premio Nobel, con su grandeza, ha significado para mí la respuesta simbólica de un mundo completo de lectores”.

RTVE Play Radio – Por tres razones- «Velintonia es de todos, de todos y de todos» 29/06/2021

Cuando finalizo la lectura de la noticia de la subasta de Velintonia, escucho el reportaje en el que su voz resuena más fuerte que el viento, que me embarga de nuevo. Velintonia fue siempre el refugio de su exilio interior, que acogió también a sus amigos del alma de la generación del 27 y los Novísimos, como maestro indiscutible. Ese es su valor, que no su precio. Estas palabras son mi “muda respuesta” a su obra, como él quería. Para mí queda muy claro que Velintonia, es de todos, de todos y de todos. Palabras de Aleixandre.

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Los cuervos nos enseñan a abrir los ojos ante el ataque ajeno

Geraldine Chaplin y Ana Torrent en Cría Cuervos, 1976, dirigida por Carlos Saura

Sevilla, 13/VII/2022

Parto de la base al escribir estas líneas de que los cuervos tienen muy mala fama y así nos lo han contado desde la niñez, pero estoy convencido de que a veces todo depende del relato que me han contado o cuentan en la actualidad, incluso alguno de cuervos. En una palabra, del cuentacuentos de turno. De cualquier manera, sigo pensando que al igual que pasa con las bicicletas, según Fernando Fernán Gómez, unos buenos relatos puede que sean para este verano algo imprescindible. Lo manifiesto así, porque una publicación reciente de Will Storr, La ciencia de contar historias. Por qué las historias nos hacen humanos y cómo contarlas mejor, nos puede ayudar a comprender esta necesidad primigenia del ser humano, la necesidad de creer en algún relato que justifique la vida, algo que ha perdurado a lo largo de los siglos con el relato de la creación o con la doctrina del evolucionismo de Darwin, que tantos disgustos ocasionó a los creacionistas nativos, fundamentalmente por las consecuencias que ha traído. Son dos relatos diferentes, en la dialéctica tan humana de creencia y ciencia, cada una con sus cadaunadas históricas. La sinopsis del libro nos aclara este punto de partida: “Las historias moldean lo que somos, desde nuestro carácter hasta nuestra identidad cultural, nos impulsan a realizar nuestros sueños y ambiciones y dan forma a nuestra política y nuestras creencias. Las utilizamos para construir nuestras relaciones, para mantener el orden en nuestros tribunales, para interpretar los acontecimientos en nuestros periódicos y medios de comunicación social. Contar historias es una parte esencial de lo que nos hace humanos. Ha habido muchos intentos de descifrar lo que constituye una buena historia, desde las teorías de Joseph Campbell hasta los recientes intentos de descifrar el «código del best seller». Pero pocos han utilizado un enfoque científico. Para entender la narración de historias en su sentido más amplio, primero debemos comprender al narrador por excelencia: el cerebro humano. Aplicando una deslumbrante investigación psicológica y la neurociencia más vanguardista, Will Storr demuestra cómo nos manipulan los maestros de la narración, en un viaje que va desde las escrituras hebreas hasta Mr. Men, desde la literatura ganadora del Premio Booker hasta la televisión de pago, desde el drama griego hasta las novelas rusas y los cuentos populares de los nativos americanos”.

Si importante es el hilo conductor de esta interesante publicación, más lo ha sido al detenerse en los relatos que han justificado siempre el bien y el mal, sobre todo este último, del que el Génesis es una muestra definitiva para la historia de la humanidad, porque del relato de la creación vienen estos lodos actuales de historias que se montan para que las crea la humanidad aunque en su mayoría sean falsas, digámoslo claramente, incluso la del Génesis, que por muchos ni se toca. Llevo bastantes años aproximándome a un dilema que nos aprisiona en vida, cuando la realidad es que lo que lo justifica no dejan de ser meros relatos fantásticos a lo largo de la historia de la humanidad: ¿por qué somos buenos o malos?, o mejor, ¿por qué actuamos bien o mal?, incluso con extrema violencia, o peor todavía ¿por qué cuando queremos hacer las cosas bien, salen mal, y además nos auto inculpamos o lanzamos las responsabilidades hacia los demás, sin com-pasión [sic] alguna? Los que hemos crecido en entornos nacional-católicos, apostólicos y romanos, lo teníamos fácil, en principio. Esas preguntas, que son terrenales para las iglesias, solo tienen una respuesta clara y contundente en la católica y la judía: la responsabilidad de actuar mal, cuando lo tuvimos todo a favor, para actuar bien, es de nuestros antepasados, Adán y Eva, que comieron de una manzana prohibida y desde entonces no hacemos otra cosa que sufrir el mal por todas partes. Así de sencillo (?). La verdad es que hemos crecido desentendiéndonos poco a poco de estos esquemas, sin que Dios, curiosamente, nos recogiera a tiempo…, con escapadas históricas y lógicas hacia otro tipo de razonamientos, como los que Galileo, Darwin, Einstein y tantos otros científicos nos ofrecieron para justificar razones de la razón para comprender mejor nuestra existencia, la ética de nuestro cerebro. Hoy, con la investigación exhaustiva de las estructuras cerebrales, con medios poderosos de laboratorio, nos atrevemos a hacer la pregunta sobre si la ética cerebral es instinto o aprendizaje, dejando la manzana maligna al margen, con el ardor guerrero de intentar encontrar respuestas coherentes con la inteligencia humana, con absoluto respeto a todas las personas que les sigue viniendo bien creer en la irresponsabilidad maldita de Adán y Eva, un relato magníficamente construido para acallar conciencias inquietas.

Como ya he manifestado en este cuaderno digital, el gran relato de la creación es una maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el relato del drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada y la fruta prohibida, la manzana, sobre la que la Biblia nunca habla de ella, tal como se recogió en la famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva (nunca la manzana), que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) Estas tres características hicieron de la serpiente el símbolo de la sabiduría, la vida eterna y la inmortalidad, no sólo entre los cananeos sino en muchos otros pueblos, como los egipcios, los sumerios y los babilonios, que empleaban la imagen de la serpiente para simbolizar a la divinidad que adoraban, cualquiera sea ella” (1). Queda claro que la manzana fue harina del costal católico, apostólico y romano, por más señas.

El biólogo evolucionista Marc Hauser, que ha trabajado en los últimos veinticinco años sobre esta aproximación científica de la que he hablado anteriormente, sobre el que ya hice alguna presentación en un post de este cuaderno, Ética del cerebro, dice en su libro “La mente moral”, algo apasionante: “hemos desarrollado un instinto moral, una capacidad que surge de manera natural dentro de cada niño, diseñada para generar juicios inmediatos sobre lo que está moralmente bien o mal sobre la base de una gramática inconsciente de la acción. Una parte de esta maquinaria fue diseñada por la mano ciega de la selección darwiniana de años antes de que apareciera nuestra especie; otras partes se añadieron o perfeccionaron a lo largo de nuestra historia evolutiva y son exclusivas de los humanos y de nuestra psicología moral. Estas ideas se basan en lo que nos permite descubrir otro instinto: el lenguaje” (2). Creo, por tanto, que una obligación humana por excelencia es llegar al conocimiento de por qué tenemos que encontrarnos siempre con el gran dilema dialéctico del bien y del mal, así como de las consecuencias de las decisiones que tomamos a diario en las que siempre está presente y del que difícilmente aprendemos por acción o por omisión. Si alguna vez llegáramos a explicar la causa de la decisión u omisión ética de nuestro cerebro, por qué se producen algunas respuestas que no nos agradan o que incluso nos hacen fracasar en un momento o para toda la vida, viviendo un desposorio casi místico con la culpa, haríamos mucho más fácil la vida diaria porque al menos sabríamos a qué atenernos. Hoy, nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad o a las personas (José Ferrater Mora, El hombre en la encrucijada), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal y de por qué actuamos de una forma u otra, muy lejos de la manzana que, como en el agigantamiento tan característico del cuadro de Magritte, La chambre d´ecoute, ha perdurado en el tiempo como causa de todos los males, ocupando nuestra habitación interior, la del alma y la de los secretos.

A propósito de esta dialéctica multisecular, el escritor Manuel Jabois ha publicado hoy un artículo precioso Lo que piensan de nosotros los cuervos, en el que manifiesta lo siguiente em el contexto de la publicación de Storr comentada: “Somos buenos, o al menos estamos programados para serlo. En un estudio referenciado en The Domesticated Brain, de Bruce Hood, una marioneta hacía de ladrón tratando de abrir una caja, otra la ayudaba a abrirla y una tercera lo impedía; bebés de hasta ocho meses elegían ser esa marioneta, la que impedía que el mal se saliese con la suya. Hay en todo ello una relación directa con el estatus, del que depende buena parte de nuestra salud mental y física, nuestra autoestima; la percepción que los demás tienen de nosotros nos obsesiona. Por eso, dice Storr, los cotilleos del hombre cazador-recolector han acabado en los periódicos, que se ocupan mayormente de los relatos de infracciones morales cometidas por personas de alto estatus. No es nuevo ni exclusivo de nosotros: los grillos llevan un recuento de sus victorias y fracasos contra rivales de la misma especie. Y los expertos en comunicación entre pájaros encontraron algo maravilloso, según se lee en La ciencia de contar historias: “Los cuervos no sólo están atentos a los cotilleos que cuentan las bandadas vecinas, sino que prestan aún más atención cuando se cuenta la historia de algún pájaro que ha perdido estatus”. Son reflexiones sobre nuestros relatos ancestrales que, todavía hoy, no nos dejan indiferentes.

Al leer el artículo de Manuel Jabois sobre la publicación de La ciencia de contar historias. Por qué las historias nos hacen humanos y cómo contarlas mejor, he recordado un artículo que publiqué en 2015, Ideología, ¿por qué te vas?, al conocer la investigación científica que se había desarrollado por la Universidad de Washington en la que se había descubierto que los cuervos aprenden cuando a un miembro de su especie no le van bien las cosas: “La presencia del cuervo muerto podía decir a los otros pájaros que un lugar es peligroso y debería visitarse con precaución. Los graznidos ruidosos que emiten los pájaros podrían ser una forma de compartir información con el resto del grupo”.

Me ha parecido una metáfora que se puede aplicar a las personas y sus creencias religiosas y políticas, que se ausentan de nuestras vidas y de nuestros proyectos vitales e ideológicos, donde nadie es imprescindible, aunque a veces sí necesarios, porque los seres humanos pertenecemos a ese club selecto de atención a lo que ocurre alrededor de la muerte y sólo nosotros sabemos qué ocurre cuando desaparecen las ideologías. Deberíamos aprender de esta situación y de sus circunstancias, por qué no están, por qué se fueron o los echaron, por qué les corrompió la política y murieron para la decencia y la dignidad y por qué no dejan pasar a personas más jóvenes, más dignas, que saben cambiar las cosas en este momento en el que hay muchas cosas que cambiar. Así podríamos compartir la información veraz con los miembros de nuestros grupos humanos más queridos, para no volver a pisar caminos que no se deben andar.

Cualquier parecido de esta reflexión con la realidad actual en torno al estado de alerta en el que viven los cuervos, ¡qué metáfora en relación con la que vivimos los seres humanos!, no es como en el cine pura coincidencia. Aunque recuerde ahora a Carlos Saura escuchando la famosa canción de Jeanette en Cría cuervos como telón de fondo de una situación de España que como a él, en 1975, me agrada cada vez menos. Es la ideología y cuestión de creencias en determinados relatos, pero ¿por qué se van? Quizás, el secreto esté en una estrofa mágica de la canción:  Bajo la penumbra de un farol / se dormirán / todas las cosas que quedaron por decir / se dormirán. El secreto está en el despertar, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Antonio Machado: “Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar” ante el principio de realidad de vivir despiertos ante el rumor previo al ataque ajeno.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”.

(2) Hauser, Marc, La mente moral, 2008. Barcelona: Paidós Ibérica, pág. 17.

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No fue posible contemplar ayer a María Magdalena, como la melancolía

Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), María Magdalena como la melancolía (Ca. 1622) – Museo de la Catedral de Sevilla

Sevilla, 10/VII/2022

Ayer visité de nuevo la Catedral de esta ciudad, maravillosa obra de arte en su texto y contexto, aunque sé que no es inocente y que la cultura árabe respiraba por los poros pétreos de su imponente estructura. Llevaba un objetivo muy claro que ya presenté en el artículo que dediqué a la pintora Artemisia Gentileschi en 2020, en unos días en los que reflexionaba sobre la melancolía, una realidad manifiesta en la salida del túnel de la pandemia: “Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisa y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía”. Llegó ese día y nada más entrar por la espléndida puerta de San Miguel, pregunté al guía si en la ruta establecida en la visita podríamos contemplar el cuadro de Artemisia Gentileschi,, María Magdalena como la melancolía, que era para mí un claro objeto de deseo, una obra tan admirada por mí pero contemplada sólo sobre el papel, nada más. Mi decepción fue enorme cuando me dijo que no y, además, que no estaba actualmente en el Museo de la Catedral, por haber sido cedida temporalmente a una exposición, concretamente en el Museo del Prado. Cuando salimos contacté de nuevo con la información de la Catedral y la respuesta fue difusa, dejándome en una incertidumbre que me ha llevado a escribirles un mensaje para garantizar dónde está el cuadro y cuándo se podrá ver de nuevo en la sede la Catedral.

Ante esta situación y a la espera de que me informen oficialmente los servicios administrativos de la catedral sobre la situación actual del cuadro, he vuelto a leer de nuevo el artículo citado anteriormente, con profunda melancolía en su texto y contexto actual, porque vuelvo a sentir esa expresión del alma turbada y conmovida por la situación que atraviesa el país, por una importante crisis económica enraizada ahora en la invasión de Ucrania por parte de Rusia, junto con los derroteros políticos de ataque y derribo a la esencia de la democracia bien entendida y practicada. Creo sinceramente que el artículo no ha perdido su frescura primigenia y de alguna forma devuelvo mi agradecimiento a la presencia de Artemisia Gentileschi en Sevilla, aunque ayer no pudiéramos vernos y, por mi parte, sentir la melancolía de María Magdalena como propia en estos momentos.

Artemisia Gentileschi pintó la melancolía

Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Pablo Neruda, Me gustas cuando callas

Sevilla, 16/VII/2020

La cultura en este blog va por barrios. La melancolía, también. A Mozart, melancólico por naturaleza propia, le entusiasmó la idea de estrenar su preciosa y enigmática ópera La flauta mágica en un teatro de barrio de Viena, la ciudad de los palacios reales. He escrito bastante sobre esta “debilidad ética” de Mozart poco tiempo antes de fallecer muy joven. Hoy, la cultura en este cuaderno digital va por la pintura y por la melancolía. Verán. Les presento en esta ocasión a una pintora barroca extraordinaria, Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), que he procurado conocer en profundidad a través de la historia del arte y de biógrafos solventes. Hay un motivo que me ha impulsado a conocer con detalle a esta pintora y ha sido la elección de una obra de la misma en la exposición que actualmente se está desarrollando en el Museo del Prado bajo un título muy sugerente, Reencuentro, con motivo de la reapertura de sus salas el pasado 6 de junio y que se mantendrá abierta hasta el 13 de septiembre, reubicando más de 190 piezas que evocan la museografía existente cuando el Prado abrió sus puertas por primera vez.  En esta colección se presenta una obra de Artemisia Gentileschi, Nacimiento de San Juan Bautista (ca. 1635), en el que se representa a San Juan, desnudo, atendido por un grupo de mujeres. Salvo error por mi parte, es la única obra de una mujer pintora que se recoge en esta muestra tan especial. De ahí que me llamara tanto la atención.

Me interesó esta obra porque desde hace tiempo estaba estudiando la presencia de Artemisia Gentileschi en España y, concretamente, en Sevilla, con una obra enigmática, María Magdalena como la melancolía,  que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (1).

Esta pintura se encuentra en la actualidad en el Museo de la Catedral de Sevilla, considerándose el original de las dos versiones que existen en la actualidad con el mismo título, siendo la segunda versión la que se encuentra en el Museo Soumaya de Ciudad de México, como segunda interpretación de la melancolía de María Magdalena, no una copia, cuestión que hoy es el eje de este artículo.

Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1622 Museo de la Catedral de Sevilla
Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1625) Museo Soumaya (Ciudad de México)

Las principales diferencias entre las dos obras estriban en que la pintura original, la que se encuentra en la catedral de Sevilla, sufrió una intervención de la censura por haberla considerado con graves faltas de recato. Pruebas radiográficas han demostrado que se cubrió el hombro y el pecho izquierdos con un lienzo en el que se aprecia el cambio de color en la zona agregada por la censura: “Este último cuadro [el que está en Sevilla] es el original, y el otro, que se encuentra en el museo Soumaya en la ciudad de México, es una copia de la misma época. Pero es evidente que la copia revela que el original fue intervenido después de ser copiado, para que pudiese entrar sin escándalo en los recintos sagrados. En efecto, radiografías de la pintura muestran que el ropaje fue ampliado para cubrir lo que la Iglesia consideraba indecente y lujurioso. Lo más interesante es que, muy probablemente, fue la misma Artemisia quien pintara la copia hacia 1622, antes de que el comprador del cuadro, el duque de Alcalá y virrey de Nápoles, se llevara el cuadro [original] a su colección (según lo explica la historiadora Mary D. Garrard en su libro Artemisia Gentileschi around 1622: The shaping and reshaping of an artistic identity, Oakland, University of California Press, 2001). Seguramente tuvo una nueva encomienda de pintar a una Magdalena melancólica, y por ello copió ella misma su obra primera. La obra fue a dar, no se sabe cómo, a una colección privada en Lyon; después fue adquirida por Carlos Slim para el Soumaya” (2).

En el establecimiento de las diferencias entre ambas obras, me ha gustado mucho la reflexión localizada al respecto en el documento citado anteriormente: “Se cree que la copia de la Magdalena melancólica fue hecha por la misma Artemisia porque en ella la santa tiene un rostro diferente; un copista normalmente hubiese copiado los rasgos originales, sin crear un personaje nuevo, con la cara más redonda, la nariz más puntiaguda, la boca más curvada hacia abajo y los ojos más grandes con párpados pesados. La primera Magdalena tiene una actitud soñadora y sensual; en la copia su rostro es adusto y desconsolado. Las dos caras de la melancolía que pintó Artemisia reflejan posiblemente su propia experiencia como “pecadora”, ya que sufrió de muy joven una violación y tuvo que enfrentar un largo y penoso juicio promovido por su padre contra el violador que se negó a casarse con ella”.

He profundizado en conocer cómo llegó a Sevilla el cuadro de “María Magdalena como Melancolía”. Varios estudios coinciden en la trazabilidad histórica del mismo desde la compra hasta su llegada a la catedral, es decir, que la pintura pertenecía a la colección de Fernando Enríquez-Afán de Ribera y Téllez-Girón (1583-1637), III duque de Alcalá de los Gazules, V marqués de Tarifa, VI conde de Los Molares y virrey de Nápoles (1629-1631), años en los que coincidió con Artemisia Gentileschi en la citada ciudad. Se sabe que la obra llegó a la catedral procedente de la Casa de Pilatos, donde atesoraba el virrey de Nápoles un importante fondo artístico de pinturas y antigüedades. Como dato curioso, esta obra aparecía en el inventario como “una Magdalena sentada en una silla durmiendo sobre el brazo”. Nada más.

Estamos viviendo una etapa muy alargada en el tiempo en torno a la melancolía y podemos incluso dar la razón a Víctor Hugo cuando decía que la melancolía era la felicidad de estar triste. La melancolía es un talante, una forma de ser talantoso o no. El adjetivo “talantoso” es el claro exponente de lo que queremos decir cuando una persona tiene talante, es decir, se asegura que la persona está de buen humor o semblante. Y aquí es donde quería llegar: al humor o semblante. Ya lo decía Nebrija y el Padre Alcalá en sus Vocabularios y acertaban en su análisis, porque, al final, de humores se trata cuando hablamos de talante. La melancolía o el humor proveniente de la bilis negra (eso significa la conjunción de las dos palabras de raíz griega, “melan” (negra) y “colía” (bilis) es en definitiva un estado de humor anímico. La visión clásica de la melancolía se encuadra en la teoría de los cuatro humores, “adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los físicos europeos hasta la llegada de la medicina moderna en el siglo XIX. En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está lleno de cuatro sustancias básicas, llamadas humores, cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Estos fueron identificados como bilis negra [melancolía], bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa occidental que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas”.

La melancolía se entiende popularmente y según la RAE, en una primera acepción como «Estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, que surge por causas físicas o morales, por lo general de leve importancia». Cuando deriva hacia una enfermedad, la cuarta acepción del Diccionario de la lengua española la define como «Estado patológico caracterizado por una depresión profunda acompañada de diversas alteraciones físicas y de comportamiento». La melancolía que retrató a la perfección Artemisia Gentileschi corresponde al primer sentimiento expresado y sentido a nivel popular, pero que suele remitir una vez pasado un tiempo de aceptación del hecho causante y el duelo correspondiente. Casi siempre deja huella y hay que aprender a vivir con ese estado de humor o de ánimo. En ocasiones deriva en una patología que necesita atención profesional para salir de ella.

En este contexto y a pesar del dolor interno que experimentó Artemisia por la violación sufrida, dedicó su obra a ensalzar la figura de la mujer representándola con gran coraje y valor, siendo la obra titulada Judit decapitando a Holofernes la que se considera más icónica de la venganza que quiso expresar por la citada violación. Junto a esta obra, en muchas otras figura siempre el protagonismo de la mujer a través de acciones y expresiones muy sorprendentes para la época en las que las pintó. Mujeres, siempre, que actúan solas o en común reivindicando su papel en la historia, alejadas de elementos sacros y con un viso laico de pintura reivindicativa rompiendo el canon de la época.

La investigadora principal de la obra de Artemisia Gentileschi, Mary Garrad, sintetiza en la dedicatoria de su libro Artemisia Gentileschi. The Image of the Female Hero in Italian Baroque Art (1989), lo que significa esta artista en el devenir de los siglos: “Este libro está dedicado al tema tratado en él, Artemisia Gentileschi, artista prima inter pares, con admiración, gratitud y afecto”. Fue el primer texto académico que abordó con objetividad plena la vida y obra de la excelsa pintora.

En cualquier caso, la figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica?) Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.

El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.

Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis

Un detalle de última hora nos puede dar una idea de la importancia mundial de esta pintora barroca. El pasado 8 de julio, Google dedicó su doodle del día a Artemisia Gentileschi, recordando el 427 aniversario de su nacimiento. Millones de personas abrieron su sesión con una recreación del autorretrato que encabeza estas líneas y tuvieron la oportunidad de conocerla gracias al mágico mundo de Internet. ¡Feliz coincidencia y homenaje implícito!

Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisa y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía.

(1) Gentileschi, Artemisia (Edición de Eva Menzio). Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro, 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).

(2) https://www.letraslibres.com/mexico-espana/artemisia-y-la-melancolia

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / y 7. Pidamos lo imposible

Mayo del 68, París

Sevilla, 7/VII/2022

En el siglo doce, el geógrafo oficial del reino de Sicilia, Al-Idrisi, trazó el mapa del mundo, el mundo que Europa conocía, con el sur arriba y el norte abajo. Eso era habitual en la cartografía de aquellos tiempos. Y así, con el sur arriba, dibujó el mapa sudamericano, ocho siglos después, el pintor uruguayo Joaquín Torres García. Nuestro norte es el sur, dijo. Para irse al norte, nuestros buques bajan, no suben. Si el mundo está, como ahora está, patas arriba, ¿no habría que darle vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies?

Eduardo Galeano, Una pregunta, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Finaliza el II Curso programado este año para intentar entender la realidad insoslayable del mundo al revés, en el que estamos instalados y en el que se demuestra cada día que pasa que no es fácil bajarse de él, ni recomendable, porque hay que intentar transformarlo. Es una cuestión de ideologías fundamentalmente y la terca realidad es que brillan por su ausencia. Por este motivo, durante estos días, los alumnos y alumnas «matriculados» virtualmente en un Curso excepcional, llevados de la mano por Eduardo Galeano, hemos decidido finalizarlo de la misma forma que se hizo el año pasado, dedicando un homenaje a las personas que a lo largo de los siglos han soñado no sólo con cambiar el mundo, sino dar siempre un paso más, transformarlo, para que el beneficio general de esta forma de proceder diario, sin dejar a nadie atrás, sea el hilo conductor de una nueva forma de ser y estar en el mundo, poniendo a Don Dinero, poderoso caballero, en su sitio.

“Sed realistas, pedid lo imposible», es la expresión que ha representado siempre el celebérrimo Mayo francés del 68 y las manifestaciones en las calles de París, de las que fueron sus principales protagonistas los estudiantes universitarios, desde Nanterre a la Sorbona. Era una afrenta integral contra la Autoridad, su significante y su significado arropado en las teorías de Herbert Marcuse sobre la unidimensionalidad del ser humano, en todas sus expresiones posibles, porque esta Autoridad soterraba cualquier posibilidad de cambio en la sociedad francesa y, por extensión, europea y mundial. Todo un símbolo que rescato hoy de nuevo ante la finalización de un Curso que nos ha aportado hasta este momento una ilusión desbordante para transformar un mundo que nos hace sufrir a diario y que nos permite entender de alguna forma el mundo al revés que nos rodea tofos los días por tierra, mar y aire. Fundamentalmente, cuando estamos acercándonos de forma espeluznante al ocaso de la democracia en nuestro país. Así de claro.

Por las razones expuestas anteriormente, hemos considerado que de la misma forma que se abordó la última clase el Curso pasado, en éste deberíamos invertir hoy el planteamiento anterior del desarrollo de cada encuentro docente y discente, es decir, deberíamos comenzar con una referencia del libro de “texto y contexto” de Galeano, para después buscar la mejor aplicación al momento actual y acabar con un homenaje a palabras muy concretas de Galeano que el alumno o la alumna que quiera hacerlo podrá proponer como broche final del Curso. Así lo haremos, en el entendimiento compartido de que en las primeras páginas del libro de Galeano había una referencia a muchos “cómplices” de que él hubiera escrito ese libro, siendo para él un placer “denunciarlos”. Después de relacionar muchos nombres y apellidos de amigos y conocidos, no inocentes porque sabían lo que hacían colaborando con él en la redacción del mismo, con su «culpa» individual y colectiva, se puede leer un nombre final que tiene su aquél: “Y en gran medida es también responsable santa Rita, la patrona de los imposibles”.

Ahí nos quedaremos hoy, en el análisis de lo imposible, en una sociedad que deserta a diario de cualquier compromiso que vaya más allá de los intereses de cada uno. Creemos que es importante debatir sobre esta realidad social, porque los agoreros mayores de este Reino Mundial, dicen a diario que transformarlo es imposible, Pero, ¿qué es lo imposible? Las acepciones del diccionario nos orientan, en principio, sobre las mejores definiciones posibles, pero de las cuatro que por primera vez aparecieron en el Diccionario de la lengua española, en 1780, me quedo con la tercera, la de orientación metafísica según el citado diccionario, precisamente por posibilista: cosa sumamente dificultosa o ardua, porque la primera no abre posibilidad alguna para avanzar en la vida: lo que no puede ser o no se puede hacer. Se comprende mejor que la pintada del mayo francés dejaba una puerta abierta a la acción revolucionaria vital: haced lo imposible, aunque sea algo sumamente dificultoso o arduo.

Lo que más me sigue llamando la atención y quiero resaltar hoy especialmente es que la referencia al mayo francés siga siendo uno de los primeros recursos para analizar la situación social actual ante los imposibles diarios. Pero Galeano, en las últimas páginas de Patas arriba. La escuela del mundo al revés, expone que tenemos el derecho al delirio, sin tener que recurrir a la abogada oficial de los imposibles: “Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuándo nació”. De un plumazo, Galeano nos abre los ojos y nos lleva de la mano a soñar que otro mundo es posible en 2022, aunque muchos creen y dan por sentado que es imposible.

A continuación, nos dice que “El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera”, invitándonos en ese momento a volar, algo que necesitamos en este mes de julio del 2022 de los cristianos, el 1400 de los musulmanes, el 5135 de los mayas y el 5783 de los judíos. Es verdad, añade, porque “Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio. La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así [la llegada en 2000 del nuevo Milenio] por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio”.

Esa es la razón que debatiremos esta tarde en clase porque, siendo razonables, debemos pedir de nuevo lo imposible en “un mundo diseñado por el enemigo” (en frase de mi admirado Juan Cobos Wilkins), dado que “aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:

el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;

la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y, como juega el niño sin saber que juega;

en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;

los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;

los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;

los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;

los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;

la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;

la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;

nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;

el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;

los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;

los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;

la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;

la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;

la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;

una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;

en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;

la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;

la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: Amarás a la naturaleza, de la que formas parte;

serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;

los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;

seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;

la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero”.

En el procedimiento didáctico inverso que acordamos definitivamente ayer para finalizar el Curso, después de las palabras de Galeano leeremos las noticias de hoy, a primera hora de la mañana, en un mundo desajustado y lleno de incertidumbres. Cada asistente leerá la que crea que es más interesante y espero que quede muy claro que a pesar de que todo está impregnando de urgencia y emergencia de cambios sociales, hay que seguir trabajando por la transformación de un mundo que las noticias dibujan como misión imposible. Alzaré la mano para intervenir y leer una noticia que creo que nos estremecerá a todos un 7 de julio de 2022: «El hambre en el mundo aumentó en 2021. Según un informe elaborado por cinco agencias de la ONU, unas 830 millones de personas padecieron hambre en 2021 debido a las consecuencias de la pandemia y la crisis climática. La cifra crece hasta los 2.300 millones en lo que respecta al número de personas que tenían dificultades graves o moderadas para obtener suficientes alimentos. Estas cifras «deberían disipar cualquier duda persistente de que el mundo está retrocediendo en sus esfuerzos por acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas. Las pruebas más recientes disponibles sugieren que el número de personas que no pueden permitirse una dieta saludable en todo el mundo aumentó en 112 millones hasta casi 3.100 millones, lo que refleja los impactos del aumento de los precios de los alimentos al consumidor durante la pandemia».

Finalizará hoy la clase y el Curso. Sobrarán las palabras de siempre, llevadas de la voz por panegíricos que no sirven para nada. Lo que si hemos aprendido en este Curso, es que cada día nos otorga el derecho al “delirio” de pensar y transformar la sociedad, según Galeano, por el mero hecho de haber nacido, soñando de verdad que otro mundo es posible y eso, nos bastará para volver a casa con la ilusión de transformar este mundo cada día más al revés e imposible. Además, cuando el Sur puede ser el Norte del mundo, tal y como lo trazó el geógrafo Al-Idrisi hace ya muchos siglos, estamos proclamando en voz alta que no estamos locos por el delirio de vencer lo imposible; que sabemos, como muchos antepasados nuestros, lo que queremos y amamos sobre todas las cosas posibles, aunque difíciles y arduas, en beneficio del interés general, de todos y sin dejar a nadie atrás. Y que el Sur también existe.

Mis palabras finales en el Curso son de agradecimiento para Eduardo Galeano y para cuantas personas siguen luchando como imprescindibles por un mundo mejor, cada uno como sabe y puede. Esta tarde tenemos el compromiso de abrochar el Curso eligiendo las que nos parezcan más adecuadas para ese momento. Personalmente, he elegido las que siguen, porque estoy convencido de que puedo soñar despierto en un mundo al revés, que deseo convertirlo al derecho en beneficio de todos.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / 6. La economía democrática es un camino que se hace andando, transformando la sociedad

Paulo Freire [el educador que murió aprendiendo] fue un hombre que creyó, como yo creo, en la contradicción, en la duda, en el movimiento. Dijo la frase más bonita de todas, la que yo recuerdo dicha jamás por un latinoamericano a lo largo del siglo XX: “somos andando…”, es perfecto.

Eduardo Galeano

Sevilla, 6/VII/2022

La sexta clase de este II Curso sigue el patrón de las anteriores, es decir, se presentará una noticia consensuada por todos los asistentes y se aplicará a los principios expuestos por Eduardo Galeano en su escuela del mundo al revés. Estoy convencido como él, recordando a Paulo Freire, el educador modelo de mi juventud, que somos andando. Por mi parte, tengo muy claro el tema a proponer por su impacto social en un tiempo tan complejo, que ya estamos viviendo sin tener que esperar a que llegue, tal y como nos lo ha anunciado la ministra de Economía. Me refiero concretamente a la nueva teoría científica en torno a un constructo oportuno, necesario, justo, el de “democracia económica”, que se ha debatido recientemente en Madrid, con motivo de la presentación por parte de la Fundación Sistema, de inspiración profundamente socialista, no inocente, del último número (331) de su revista Temas, de julio de 2022, dedicado a Thomas Piketty y el socialismo participativo, en el que su editorial sitúa muy bien la dialéctica de fondo de este nuevo constructo junto al de socialismo participativo.

La revista incluye artículos de sumo interés actual para comprender bien estos conceptos, que derivan en nuevos paradigmas para la transformación ordenada de la sociedad, en los nuevos tiempos líquidos en los que todo se mueve y casi nada permanece, algo que no es especialmente novedoso si nos acordamos de los presocráticos que hace ya muchos siglos lo presentaron en sociedad ante una sociedad convulsa. Precisamente, en su editorial, abordan una realidad social y económica muy preocupante: “Las crisis más recientes que hemos y estamos viviendo –Gran Recesión, Gran Reclusión, guerra en Europa– han puesto sobre la mesa diferentes formas de afrontar las consecuencias sociales y económicas que se derivan de esos conflictos. Si durante la Gran Recesión, las políticas de austeridad –con el Estado más distante que presente– fueron el frontispicio a partir del que se produjo el despliegue de toda una serie de iniciativas de impactos letales para la sociedad, como fueron los recortes en los servicios públicos, el mantenimiento a toda costa de las reglas de equilibrio, la contracción del crédito o el forzado retorno de deudas públicas, en las dos últimas crisis –la Gran Reclusión y la guerra abierta en Europa desencadenada por la agresión rusa en Ucrania– el papel de los Estados se ha revelado crucial. Todo en un sentido: la importancia del Estado social y la necesidad de una fiscalidad progresiva, herramientas imprescindibles para la construcción de una economía más justa y eficiente. Lo cual supuso una reivindicación en toda regla de las economías públicas, frente a los profetas acríticos de los equilibrios innatos del mercado”.

Thomas Piketty, al que ya he dedicado una reflexión reciente en este cuaderno digital, La igualdad no es inocente: transforma la sociedad para alcanzar la libertad, viene siendo un ardiente defensor del socialismo participativo, pero la situación económica que estamos atravesando, de urgente revisión científica, técnica y su correlato político imprescindible por parte de los Gobiernos de una determinada ideología de izquierda, le llevan en la actualidad a armar, con teoría económica científica y aplicando el principio de realidad, una democracia económica, ante los signos de ocaso que acusa, en beneficio del interés general de la sociedad en general y no sólo de su élite inmune e impune ante cambios drásticos en la economía, que ahora se siente perjudicada por los derroteros económicos actuales: “Para armar la democracia económica que reclama actualmente Piketty, su propuesta se funde en la idea del socialismo participativo. Visión que se alinea con un federalismo europeo, que defiende la mancomunidad de la deuda soberana de los países de la Unión Europea, la urgencia para que paguen más los que más tienen –y que suelen eludir su responsabilidad fiscal evadiendo capital hacia paraísos fiscales, tal y como han constatado las investigaciones de Gabriel Zucman–. Y, a la vez, se hace una seria advertencia: sólo con fórmulas de gobernanza pero, al mismo tiempo, de contundencia política, los más ricos –ese uno por ciento que se detalla en las estadísticas oficiales, que detenta el grueso de la riqueza mundial (esto no es una opinión: son datos)– se avendrán a pagar lo que les corresponde por justicia social”.

El asunto nuclear está en localizar dónde está el fundamento de la economía democrática, que no está sólo en que el Estado acuda en ayuda de la sociedad, pero con ribetes de acero: “la recuperación económica desde el gran motor de la inversión pública y de las ayudas a las empresas, no ha de ser un ejercicio sin retorno: y en éste, el devengo de impuestos forma parte de la ecuación. Los gobiernos no pueden ser solo prestamistas de última instancia –una expresión muy adecuada de otro gran historiador económico, Charles Kindlerberger–, sino inversores en primera instancia, tal y como apuntan los últimos trabajos de Mariana Mazzucato. Y, como tales, exigir las contrapartidas perentorias que compensen el enorme esfuerzo de toda la sociedad. Los impuestos, como primera estación de salida”. Pero el retorno de las empresas “ayudadas” por el Estado, deben llevarse a cabo para devolver de múltiples formas estos beneficios obtenidos, con nuevas fórmulas de economía democrática y de participación eal y efectiva de los trabajadores incluso en sus Consejos de Administración.

A partir de aquí se abren nuevos caminos que habrá que transitar con urgencia social: “Pero el desarrollo de una democracia económica y participativa requiere, además, otros ingredientes, nuevas perspectivas. En este sentido, por ejemplo, urge adoptar nuevos indicadores para medir la desigualdad en todas sus facetas. En este aspecto, el científico social debe abogar por indicadores ambientales y otros de carácter multidimensional, que complementen aquellos más vinculados a la renta. Hasta el extremo de que, atendiendo a los grandes desafíos que tenemos –como el cambio climático–, sea cada vez más necesaria la confección de un indicador sintético, que eluda y supere el “obsesionarse con el PIB”, y que vertebre aspectos como las emisiones, las diferencias de renta, la salud, la educación, etc.”.

Tengo un trabajo ciclópeo de compromiso intelectual y social por delante, una vez que acabe esta clase y el II Curso, porque todos y cada uno de los artículos de esta revista me interesa leerlos críticamente, dado que no me son ajenos, como todo lo humano que persigue el interés general y no sólo el de unos pocos. Les tengo que hacer una pequeña confesión. Junto al editorial, por razones obvias de cosmovisión ideológica, he dado prioridad a uno de los artículos de este monográfico, Democracia en la empresa, escrito por la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, porque en la presentación de este número se atrevió a hablar de algo que muchas personas piensan pero que otros muchos lo obvian, según la locución inglesa, el elefante está siempre en la habitación, porque no sabemos cómo sacar ese monstruo económico de nuestras vidas, que nos atenaza ahora más que nunca, cuando desde la perspectiva de la democracia económica sí hay alternativas posibles, como las que defiende ella en relación con la participación social en las empresas, lanzando en ese acto reflexiones con altura de miras: “¿Es democrático lo que estamos viviendo en nuestro país?, inquirió, citando el contraste entre las dificultades de la clase media para llenar la cesta de la compra y los “64.021 millones de beneficio de las empresas cotizadas”. También entre la pobreza energética, que afecta a cinco millones de españoles y el reparto de pingües dividendos en empresas del sector, en especial una “a la que no pongo nombre [Iberdrola]” que remolonea para darle al INE los datos que le reclama para el cálculo del IPC”. Siguió Díaz: “Las empresas que facturan más de 1.000 millones no tributan al 5% de media, sino al 3,8%. ¿Es democrático?”. Reconozco que tengo mucho trabajo ideológico por delante.

Ahora, me queda proponer estas reflexiones para la clase de hoy con el pensamiento crítico de Galeano en su escuela del mundo al revés, aunque creo que lo tengo más fácil porque estas dos realidades, el socialismo participativo y la economía democrática, estuvieron siempre muy presentes en su vida y obras dejadas para la posteridad. Como decía Pablo Milanés en su preciosa canción Proposiciones, sólo Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño. Galeano, refiriéndose a la participación ciudadana en América latina, perfectamente extrapolable al mundo en general decía que “En América latina, son una peligrosa especie en expansión: las organizaciones de los sin tierra y los sin techo, los sin trabajo, los sin; los grupos que trabajan por los derechos humanos; los pañuelos blancos de las madres y las abuelas enemigas de la impunidad del poder; los movimientos que agrupan a los vecinos de los barrios; los frentes ciudadanos que pelean por precios justos y productos sanos; los que luchan contra la discriminación racial y sexual, contra el machismo y contra la explotación de los niños; los ecologistas; los pacifistas; los promotores de salud y los educadores populares; los que desencadenan la creación colectiva y los que rescatan la memoria colectiva; las cooperativas que practican la agricultura orgánica; las radios y las televisiones comunitarias; y muchas otras voces de la participación popular, que no son ruedas auxiliares de los partidos, ni capillas sometidas a ningún Vaticano. Con frecuencia, estas energías de la sociedad civil sufren el acoso del poder, que a veces las combate a bala. Algunos militantes caen, acribillados, en el camino. Que los dioses y los diablos los tengan en la gloria: son los árboles que dan frutos los que sufren las pedradas”.

La economía participativa no es sólo asunto de partidos o de sus ruedas auxiliares (al buen entendedor con pocas palabras basta), ni de capillas sometidas a las creencias religiosas con el Vaticano como garantía. Los que militan en la vida para transformar el mundo son los imprescindibles de Bertolt Brecht, porque los árboles que dan frutos suelen ser los que reciben más pedradas: “La historia oficial, memoria mutilada, es una larga ceremonia de autoelogio de los mandones que en el mundo son. Sus reflectores, que iluminan las cumbres, dejan la base en la oscuridad. Los invisibles de siempre integran, a lo sumo, la escenografía de la historia, como los extras de Hollywood. Pero son ellos, los actores de la historia real, los negados, mentidos, escondidos protagonistas de la realidad pasada y presente, quienes encarnan el espléndido abanico de otra realidad posible”. En ellos cobra una especial relevancia tanto el socialismo participativo como la economía democrática, porque cuando se unen podemos ser y estar en el mundo andando y transformando el nuevo orden mundial.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / 5. Es urgente no confundir valor y precio

Cuanto vale se ignora y nadie sabe / ni ha de saber de cuánto vale el precio

Antonio Machado (1875-1939). Nota manuscrita en unos papeles perdidos

Sevilla, 5/VII/2022

Después de la clase de ayer, alentada sin lugar a dudas por la aprobación del dictamen sobre el proyecto de ley de Memoria Histórica, por parte de la Comisión Constitucional del Congreso, que se debatirá el próximo miércoles 24 de julio, después de dos largos años de tramitación parlamentaria, aunque algunas fuerzas políticas de las derechas y centro no lo estiman como necesario, creo que hemos tomado conciencia de que la economía es un caballo desbocado en la actualidad. Sabemos también que se anunció ayer por parte del Gobierno, que se acercan trimestres muy complicados, “complejos”, es decir, que estamos avisados de lo que se avecina, que será bastante doloroso de sobrellevar sobre todo para los más débiles desde la perspectiva de pobreza severa y condiciones de vida lamentables, como ya he tratado en esta serie.

Por la razón económica expuesta anteriormente, me han llamado algunos compañeros de clase para decirme que deberíamos abordar en la clase de hoy esta realidad económica, a lo que he contestado que sí, sin lugar a dudas, pero que ante la falta clamorosa de calores humanos y sociales en la actualidad, creo que es más urgente debatir la dualidad valor y precio de todo lo que se mueve, porque no es lo mismo cuando se confunden. La vicepresidenta económica y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, manifestó ayer en una reunión programada con el Consejo Asesor de Economía que «Tenemos que prepararnos y trabajar con un escenario de inflación más persistente y elevada y tenemos que trabajar en un escenario en el que los próximos trimestres van a ser complejos». Dicho en “roman paladino”, tenemos que volver a abrocharnos el cinturón aunque ya no nos queden más agujeros de «dignidad ética y económica» por abrir.

En este contexto, he comentado con mis compañeros de clase que deberíamos retomar, para seguir avanzando en este II Curso, algo que ya escribí en torno a la dialéctica de valor y precio en el del año pasado. Lo contextualizaba diciendo que cada vez que asisto a estas clases lo hago con la ilusión de un niño, aunque de fondo sentía algo parecido a lo que sucedía cuando ese niño interior escribía a los Reyes Magos de Oriente para que me trajeran el caballo de cartón soñado y dibujado en mi carta, que llevaba deletreada la palabra ·c-a-b-a-l-l-o con plumilla, a la inglesa. Una vez que lo recibía como regalo esperado, descubría de su envoltorio de papel imposible y pasado el primer deslumbramiento por la sorpresa, que ya no tenía gracia montarme muchas veces en él y acababa muy pronto en su cuadra tan particular, a modo de armario. Después, me iba a la habitación a escribir de nuevo a un rey desconocido que me permitiera ser feliz todos los días, porque tenerlo (el juguete…) me permitía comprobar que ya se me había escapado la ilusión por la montura del equino. Y así me ha pasado desde entonces, buscando por todas partes la forma de disfrutar los placeres basados en bienes básicos y en personas cercanas bajo la forma de familia, compañeras y compañeros de trabajo, amigos, proveedores conocidos y respetados (en clave de valor), frente a lo que me ofrecen las cosas y los bienes de consumo (puro precio y mercado), por mucho que se empeñe en ello, con perdón, la publicidad que nos invade por tierra, mar y aire, que tienen nombre propio y de los que ahora no quiero acordarme.

Han pasado los años desde aquella aventura frustrada del caballo de cartón y todo lo que me rodea está tocado por el poderoso caballero don dinero. Siendo esto así y recordando a Antonio Machado en su distinción impecable de valor y precio, expreso a continuación mi sentir cada vez que me recuerdan la importancia de abrocharse el cinturón ante lo que se avecina, que ya sé que no es nada bueno. Este es uno de mis principios, y así lo he escrito en este cuaderno digital: “Creo que tenía razón Antonio Machado: todo necio confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII). Se me ha ido el alma a la lectura de un reportaje publicado hoy en el diario El PaísCosas que el dinero puede comprar, o no, que me ha activado áreas cerebrales que estaban dedicadas desde hace días a otros escenarios de progreso, quizá porque estaba influenciado por un ataque de admiración de Woody Allen, en torno a una frase suya que ahora, paradojas de la vida, publicita un Banco: Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida. Y haciendo caso al Dr. Cardoso, un personaje peculiar en la vida de Pereira (Tabucchi), he comenzado a frecuentarlo, como una forma de invertir inteligencia para ser más feliz. Y andando en estas cuitas de tempus fugit, anuncio del banco, futuro, resto de mi vida, blog, compromisos varios, descubro una lectura de las que llamo “necesarias”, al menos para mí, reforzando una creencia clara: en el futuro en el que quiero vivir, el dinero no te lo facilita todo. Según el estudio elaborado por Manuel Baucells, profesor de la escuela de negocios IESE y Rakesh K. Sarín, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California: Does more money buy you more happiness?, había malas noticias para algunos, porque parece ser que algo de felicidad se puede comprar con dinero pero no toda la felicidad. El estudio citado decía que cuando compramos algo y lo empezamos a disfrutar, de forma inversamente proporcional “decae” la ilusión, más o menos, “porque ya tenemos lo que deseábamos”: el dinero no da la felicidad, pero la puede comprar, la única duda es cuánta cantidad. Y no es tanta como uno espera porque no sabemos administrar el dinero, nos acostumbramos demasiado rápido al nuevo tren de vida y nos comparamos con personas más afortunadas. Y empezamos a ver lo que los demás tienen y así indefinidamente, generando la envidia. Luego parece ser que es más importante desear las cosas que tenerlas.

Otra vez aparece mi síndrome del caballo de cartón o lo que está ocurriendo ahora con las nuevas tecnologías de la información y comunicación con el llamado síndrome de la última versión, porque nunca llegamos a tener lo último de lo último y eso frustra hasta límites insospechados. Ahora creo que con esta visión del síndrome de lo último de lo último, que nunca llagamos a poseerlo, puede ser que se convierta, si lo tratamos, en la segunda parte de la clase “contratada” virtualmente en este II Curso, sin emular precisamente a Groucho Marx con su famoso frase que no olvido en estos momentos, con su ironía característica y en el contexto de la crisis mundial de 1929,  en su fondo y forma muy parecida a la actual desde 2008, hasta llegar a la frase de ayer de la ministra Calviño: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”.

Y repasando mi querido libro de texto de este II Curso, voy a proponer que se lea en voz alta en la clase de hoy lo que Galeano dedica a la dialéctica valor y precio en su apreciado libro, en un capítulo sobre las lecciones de la sociedad de consumo y bajo un epígrafe no inocente, Globalización, bobalización: “Hasta hace algunos años, el hombre que no debía nada a nadie era un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa. Hoy, es un extraterrestre. Quien no debe, no es. Debo, luego existo. Quien no es digno de crédito, no merece nombre ni rostro: la tarjeta de crédito prueba el derecho a la existencia. Deudas: eso tiene quien nada tiene; alguna pata metida en esa trampa ha de tener cualquier persona o país que pertenezca a este mundo. El sistema productivo, convertido en sistema financiero, multiplica a los deudores para multiplicar a los consumidores. Don Carlos Marx, que hace más de un siglo se la vio venir, advirtió que la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y la tendencia a la superproducción obligaban al sistema a crecer sin límites, y a extender hasta la locura el poder de los parásitos de la «moderna bancocracia», a la que definió como «una pandilla que no sabe nada de producción ni tiene nada que ver con ella». La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura del consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos, esta aventura empieza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo”.

Creo que son palabras impecables para una situación como la que estamos viviendo, de bobalización total, más que globalización. Las palabras de Galeano son duras, pero certeras, aunque lo malo de su trasfondo es que son muy actuales y que afectan al niño que fuimos y somos, en un ejemplo que él recoge también en el libro de texto y que simboliza mejor que nada lo que he querido resaltar sobre lo aprendido en esta clase: todo necio confundo valor y precio en este mundo al revés y eso lo aprendemos desde nuestra infancia, en nuestro mundo infantil que nos trasladan como un mundo al derecho, casualmente:

Hay que tener mucho cuidado al cruzar la calle, explicaba el educador colombiano Gustave Wilches a un grupo de niños:

Aunque haya luz verde, nunca vayan a cruzar sin mirar a un lado, y después al otro.

Y Wilches contó a los niños que una vez un automóvil lo había atropellado y lo había dejado tumbado en medio de la calle. Evocando aquel desastre que casi le costó la vida, Wilches frunció la cara. Pero los niños preguntaron:

-¿De qué marca era el auto? ¿Tenía aire acondicionado? ¿Y techo solar eléctrico? ¿Tenía faros antiniebla? ¿De cuántos cilindros era el motor?

Para terminar, a modo de pregón de la linterna mágica en la que a veces estamos instalados, viendo pasar sólo sombras de la realidad humana, a modo de la caverna que tanto sobrecogía a Galeano desde el comienzo del libro (mucho antes a Platón), invitándonos a pasar y ver en ella el gran espectáculo del mundo al revés, leo ahora de su libro unas palabras con formato pregón, dedicadas a las pobrezas de ese mundo que al menos a mí tanto me preocupa en este aquí y ahora y que el año pasado me llevé a casa después de la clase correspondiente, referidas a este asunto tan complejo, porque lo he meditado en mi rincón de pensar, en un hipotético mundo al derecho que también existe:

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres.

Hoy, me permito volver a añadir algo más: Pobres, lo que se dice pobres, son los que confunden siempre valor y precio. No es lo mismo en un mundo al derecho, que también ensalza Galeano: “Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. A pesar de lo que nos anuncia la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, la complejidad económica y sus consecuencias en los próximos trimestres, porque para mí son Asuntos Éticos, que si los asumo como propios, por su valor, porque me ayudarán a sobrellevar mejor los nuevos tiempos difíciles que se avecinan.

Me llevo estos apuntes de mi cuaderno digital a la clase de hoy con la ilusión de siempre, la de aquel niño que soñaba hace ya muchos años con subirse a un caballo de cartón que tenía nombre, Caporal, como el que veía correr cada domingo en el hipódromo de la Zarzuela, porque confieso que soñaba con cabalgar en él hasta volar a mi cielo particular. En ese momento era Claude Carudel, un héroe de mi infancia, rediviva hoy en mi espíritu del niño que siempre fui.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / 4. Hay que desenmascarar a los tribunales del olvido, de los silencios cómplices

Romanza, de Salvador Bacarisse. Melancolía, belleza, guerra y dignidad

Sevilla, 4/VII/2022

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, se calla la vida y la palabra.

Casualidades de la vida. Preparando la clase de hoy, porque siempre se nos pide que propongamos un tema de actualidad para contrastarlo con páginas del libro de texto de Eduardo Galeano, ha coincidido en el tiempo con el asunto tratado en el Curso anterior en la cuarta clase, dedicado a la memoria democrática, asunto muy preocupante para cualquier país, pero obviamente con especial impacto democrático en España, fundamentalmente porque hemos crecido en algo que detesto y que es una de las mayores amenazas para su democracia. Me refiero, concretamente, a los silencios cómplices, porque siempre derivan en olvidos, respaldados además por tribunales especializados en apoyar el ocaso de la democracia. Reconozco que cuando la memoria democrática se convierte en noticia en este país, se generan desencuentros entre las dos o más Españas, entre las que hay una especializada en helar el corazón. De ahí su interés.

Si elijo este tema de especial sensibilidad democrática en este país al revés, es porque hoy se aprobará en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados el dictamen de la ley de Memoria Democrática, el último paso que afronta la disposición antes de su votación en el pleno previsto el próximo jueves 14 de julio, donde todo apunta a que se aprobará gracias al pacto suscrito entre el Gobierno y EH Bildu. Resuenan todavía en mi alma de secreto las palabras que recogía el Proyecto de Ley de Memoria Democrática, que se aprobó el 20 de julio del año pasado, y que se remitió inmediatamente a las Cortes, tramitación que ha derivado en el dictamen señalado anteriormente, cuando definía así su objeto: “la recuperación, salvaguarda y difusión de la Memoria Democrática con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las distintas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales, así como el reconocimiento de los que padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista hasta la promulgación de la Constitución Española de 1978. Se trata de promover su reparación moral y recuperar su memoria e incluye el repudio y condena del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior Dictadura franquista”.

La ponencia que ha trabajado durante casi un años sobre el proyecto de ley citado, ha introducido cambios sustanciales en su redacción final, de los que destaco los siguientes a título orientativo y no exhaustivo: inclusión de referencias a la Ley de Amnistía de 1977, sin derogarla, reconocimiento de violaciones de derechos humanos hasta 1983, la consideración de víctimas a “las comunidades, las lenguas y las culturas vasca, catalana y gallega en sus ámbitos territoriales lingüísticos”, la auditoria de incautaciones, la creación de una oficina de víctimas para “la recogida de los testimonios de las personas que padecieron persecución y de sus familiares, así como para realizar labores de divulgación y sensibilización”, creación de una base de datos de ADN de bebés robados y de muestras de restos óseos de distintas exhumaciones, recuperación de “Los archivos y documentación del gobierno de la Dictadura, en particular del Jefe del Estado, que se encuentren en poder de entidades privadas o personas físicas”, como la Fundación Franco, que se incorporarán, una vez superados los trámites legales, al Centro Documental de la Memoria Histórica o al archivo del organismo público que se determine de manera motivada”, apoyo a los investigadores y, finalmente, a título orientativo y no exhaustivo en esta relación de cambios introducidos al proyecto de ley aprobado en 2021, la inclusión entre “los fines” del sistema educativo español, “el conocimiento de la historia y de la memoria democrática española y la lucha por los valores y libertades democráticas”. Para ello se desarrollará “en los libros de texto y materiales curriculares la represión que se produjo durante la Guerra y la Dictadura” en la educación secundaria obligatoria, formación profesional y bachillerato”.  

Espero que esta mañana, a última hora, se elija esta propuesta por parte de todos los asistentes a la clase de hoy. También, su correlato con el libro de Galeano. Creo que podemos utilizar de nuevo el que se propuso el año pasado, porque es impecable: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

He repasado también mi cuaderno digital, con ayuda del buscador, porque el olvido es una cuestión que me preocupa y mucho, hecho que se demuestra con la profusión de artículos dedicados a este proceso de la inteligencia no inocente. Concretamente, he elegido una reflexión dedicada a una pregunta de Neruda, inquietante, dedicada al olvido, ¿Y qué importancia tengo yo en el tribunal del olvido?, sobre todo porque vivo en un país muy dado a propagar con silencios cómplices el delicado pasado que ha llenado páginas tristes de su historia; que no reconoce en vida a los grandes protagonistas del progreso de este país y que no tolera en muchas ocasiones los éxitos de los demás, sea quien sea, condenando al ostracismo a todos los que hablan de cambio y transformación de nuestra sociedad caduca. Siendo esto así, no digamos el triste papel que para estos silenciadores juegan los anónimos en este país, cuando miles de ellos son los que sacan a diario a flote a esta sociedad maltrecha. Los tribunales del olvido en este país abundan por doquier y creo que habría que organizar una operación para descubrirlos y desenmascararlos con urgencia porque hacen mucho daño a todo y a todos. Es una ocasión para reivindicarnos como personas dignas ante esos tribunales del olvido, de los silencios cómplices.

Cuando finalmente se apruebe y entre en vigor en España la Ley de Memoria Democrática, después de este paso democrático necesario que tendrá lugar el próximo 14 de julio, quizá podamos dar la razón a Gómez de la Serna porque ese día, este país, que ha tenido durante muchos años tan mala memoria democrática, se olvidará de que había tenido mala memoria y se acordará finalmente de todo, quitando la razón a los negacionistas de nuevo cuño. Tiene razón Galeano al proclamar en su escuela del mundo al revés que “la memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / 3. El sinsentido de las guerras nos lleva al miedo global

Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.

Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 3/VII/2022

Preparando la clase de hoy a primera hora de la mañana, con el telón de fondo de la Cumbre de la OTAN en Madrid, me detuve a leer una entrevista por videoconferencia con el historiador militar Antony Beevor, en el diario El País, con un título premonitorio, “La guerra de Ucrania puede desatar una catástrofe global”, que he considerado de interés para proponerla hoy como tema prioritario a dialogar en el Curso para entender el mundo al revés. Este encuentro se ha producido dentro de la campaña de promoción de su última obra, Rusia. Revolución y guerra civil 1917-1921, publicada en Crítica. Es verdad que la guerra de Ucrania, sin eufemismo alguno, está rediseñando el orden mundial, del que nosotros percibimos en este país el impacto económico en la inflación que crece como caballo desbocado, aunque el análisis de Beevor es más drástico: “El terror y la crueldad son elementos esenciales como arma de guerra”, de la que Rusia es especialista a lo largo de los siglos, desde el XIII como mínimo, para afirmar más adelante que “Putin ha distorsionado completamente la historia de todas las formas posibles. Putin se está comportando mucho más como Hitler que como Stalin, a pesar de su obsesión con que, de alguna manera, esto es una repetición de la Segunda Guerra Mundial, contra lo que él considera una especie de Estado fascista”. 

Sobre Beevor y su rigor científico ya hice una llamada de atención hace quince años, en 2005 concretamente, en una carta que envié a la Revista dominical Magazine, Paz civil, como reflexión sobre otra entrevista en la que hacía referencia a una obra que publicó en España ese año, La guerra civil española, a lo largo de novecientas páginas, que me hizo buscar en el cajón donde guardo recuerdos de lo vivido lejano y encontrar una foto de mi padre en el frente de Extremadura, a sus dieciocho años, unos meses antes de resultar herido de gravedad y de arrastrar una minusvalía motora y acústica hasta su muerte a los veintisiete años. Confesé en aquella reflexión que no he podido interpretarla nunca. Precisamente, por no haber podido cruzar ninguna palabra con él, soy hijo póstumo, me permitía en aquella ocasión darle las gracias por posar con la arrogancia y frescura de quien no entendía nada de lo que estaba pasando pero que lo tenía que pasar para la posteridad, como la foto en color sepia, por la cerrazón de unos y otros. Agregaba en aquella ocasión, que gracias a muchos como él, que vivieron mutilaciones físicas, psíquicas y sociales durante muchos años, se puede reinterpretar por mucho tiempo el “entendimiento civil” a través de la Constitución, que se puede cambiar, claro que sí, siempre y cuando se construya con el respeto a los demás, a la diversidad y a la posibilidad de que el otro tenga la razón. Paz civil, por supuesto, aunque esta breve historia de la guerra civil española necesitara por imperativos del guion periodístico sólo veinte líneas de interpretación del continuado silencio histórico para entenderla, frente a las novecientas páginas del libro de Beevor.

Con la entrevista realizada por El País bajo el brazo he llegado a mi clase y en el momento en el que cada día se solicita aportaciones para centrar la clase diaria a propuesta de los alumnos y alumnas que compartimos esta escuela de verano, he propuesto que se diera hoy protagonismo a Antony Beevor, porque sabe lo que escribe sobre historia militar, como resultado de investigaciones científicas prolijas y llenas de contenido. Salió elegida esta propuesta y leímos la entrevista completa, abriéndose el tueno de intervenciones. Por mi parte, recordé que Galeano estaba presente en esa clase y que él había escrito un poema en el libro de texto que todos llevamos en nuestras mochilas y carteras, El miedo global (1), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo en Ucrania da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra y un corolario anterior: Los militares tienen miedo a la falta de armas, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

Comenté también que en 2020, año central de la pandemia, escribí en una serie dedicada al futuro imperfecto sobre lo que vendría después de la pandemia, que necesitamos ahora más que nunca: seríamos capaces de superar el miedo. Decía también algo que era necesario rescatar en su fondo y forma, cambiando lo que hay que cambiar en referencia a la guerra en Ucrania, porque en este tiempo de miedo existencial, a lo que fue, a lo que será, a lo que ahora mismo está pasando y estamos viendo, creo que Galeano lo resume todo en un futuro imperfecto que supone tomar conciencia del miedo a la libertad de asumir o no lo que será después de esta guerra y a lo que será de y en nuestras vidas, si el espíritu imperialista de Rusia sigue por estos derroteros, después de casi cinco meses de guerra asfixiante parta Ucrania y para el mundo global. En el fondo, es el miedo legítimo a la libertad del día después de un acontecimiento de la magnitud que nos está tocando vivir. He vuelto a buscar razones de la razón humana en la clínica del alma cercana a mí y he leído palabras que tengo grabadas en mi persona de secreto, que también rescato ahora junto a las de Galeano, en un esfuerzo por encontrar sentido a la vida. Cuando leí por primera vez El miedo a la libertad, de Erich Fromm, recuerdo que lo que más me impactó fue su página de presentación anterior al prefacio, que me ha acompañado a lo largo de mi vida, siendo uno de los libros que llevo siempre en mi búsqueda permanente de islas desconocidas viajando en patera, en mar abierto, como tantas veces he descrito en este cuaderno de derrota, en el lenguaje del mar:

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.

Este texto, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto introductorio de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) a las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento.

Comenté con todos los asistentes al Curso que repasar palabra a palabra el texto expuesto en el libro de Fromm, nos podía dar una idea de lo que se llegó a pensar de la libertad humana en tiempos en los que lo más importante que había que hacer, visto cómo estaba la sociedad en general, era reforzar al ser humano por encima de todas las cosas: Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Se comprende perfectamente que el miedo a la libertad estriba en la decisión de abordar el futuro imperfecto actual como brutos (no hacen falta muchas explicaciones) o hacer “cosas superiores” que nos devuelvan la alegría de vivir despiertos y libres en el nuevo Renacimiento del Mundo, que algunos llaman ahora “Reconstrucción Mundial”, que nadie entiende ahora con guerras como la de Ucrania. Ese es el gran reto para saber qué significa tener miedo a la libertad de querer vivir con dignidad en un mundo que las guerras ponen otra vez al revés, como si no supiéramos lo que son.

Mi intervención fue interrumpida en diversas ocasiones pero suscitó un serio debate. Tengo que decir alto y claro que me encuentro muy a gusto en estas clases, porque las comparto con personas que están pre-ocupadas (con guion) como yo con lo que está pasando en el mundo, en nuestro país, en nuestra Comunidad Autónoma. Nada les es ajeno, porque es humano lo que analizamos a diario, con noticias de actualidad que nos conmueven y nos conturban. Eduardo Galeano hace el resto, para enseñarnos a convivir con el mundo al revés, para entenderlo sobre todo, porque sé que estamos obligatoriamente obligados a hacerlo.

(1) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / 2. Hay que priorizar respuestas de Estado a las condiciones de vida de los nadies

Eduardo Galeano

El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 2/VII/2022

Al igual que ocurrió en el Curso anterior, comenzó oficialmente ayer con un ritual muy sencillo pero aleccionador en la sesión inaugural. Seguía presidiendo el aula virtual una imagen de Eduardo Galeano y todos los matriculados, en libertad, sin burocracia alguna, leímos en silencio un poema muy querido por él para comprender mejor la realidad de la condiciones de vida de muchas personas que habitan en el mundo al revés, un lugar común de los nadies, en los que las condiciones de vida digna son muy difíciles:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Los asistentes a esta escuela lo tenemos claro, en palabras de Galeano, como alumnos de una contraescuela necesaria: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. Después, nos han dicho que sigue siendo condición indispensable para participar en este II Curso leer de nuevo Patas arriba. La escuela del mundo al revés, porque si no será muy difícil comprender el hilo conductor de todos los asuntos que se van a tratar en un análisis comparado con la realidad actual, fundamentalmente porque cualquier dato a tener en cuenta antes, durante y después de cada clase, deberá evocar siempre alguna página del libro, sobre todo algún contenido del plan de estudios en sus diferentes epígrafes: educando con el ejemplo, los alumnos, curso básico de injusticia, curso básico de racismo y de machismo, cátedras del miedo: la enseñanza del miedo, la industria del miedo y clases de corte y confección: cómo elaborar enemigos a medida. Seminario de ética, con trabajos prácticos: cómo triunfar en la vida y ganar amigos, así como lecciones contra los vicios inútiles. Clases magistrales de impunidad y modelos para estudiar: la impunidad de los cazadores de gente, la de los exterminadores del planeta y la impunidad del sagrado motor. Pedagogía de la soledad: lecciones de la sociedad de consumo y curso intensivo de incomunicación, para terminar con la contraescuela, que también existe: traición y promesa del milenio y el derecho al delirio.

Inmediatamente después nos pusimos manos a la obra y siguiendo las indicaciones de la tutora de este año, escogimos entre todos la noticia del día o de la semana que más nos hubiera impactado desde la perspectiva del mundo al revés, debiendo tener especial cuidado en su vertiente aplicada a nuestro país. Hubo inmediatamente un acuerdo unánime sobre la noticia a tratar de nuevo, publicada el miércoles pasado y referida a los resultados definitivos, publicados por el INE, de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021, sobre la que hay que destacar que el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (nueva definición) aumentó al 27,8%, desde el 27,0% de 2020 y que el 8,3% de la población se encontraba en situación de carencia material y social severa, frente al 8,5% del año anterior. Para ser objetivos, había que trabajar básicamente sobre la Nota de Prensa oficial del INE, señalando aquellos aspectos que después se debían resaltar en este Curso. Este trabajo personal durante la clase es el que quiero compartir hoy, facilitando obviamente el documento oficial completo que se debe enriquecer con las consultas técnicas que se consideren oportunas.

Es muy importante considerar un detalle técnico de la encuesta que tiene unas derivadas muy claras en los resultados obtenidos y que creo conveniente conocer. Se trata de la nueva definición de la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social, AROPE; (por sus siglas en inglés, At Risk Of Poverty or social Exclusion), «que se creó en 2010 a efectos de medir la pobreza relativa en Europa ampliando el concepto de la tasa de riesgo de pobreza, que solo contempla los ingresos. La tasa AROPE se ha venido construyendo con la unión de la población que se encuentra en riesgo de pobreza, o con carencias materiales o con baja intensidad en el empleo. En 2021 se ha introducido un cambio metodológico que ha afectado a dos de sus tres dimensiones. Así, la tasa AROPE (nueva definición 2021) se define como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones:
riesgo de pobreza (no cambia su definición con respecto al indicador antiguo), carencia material y social severa, y baja intensidad en el empleo (nueva definición 2021). Por tanto, en el indicador nuevo se han modificado dos de sus tres componentes, en concreto
la ‘carencia material severa’, que es sustituida por la ‘carencia material y social severa’ y la
‘baja intensidad en el empleo’».

Para que se comprenda bien estos cambios y no abrumar con datos, expongo a continuación los resultados obtenidos en la encuesta en los que se analiza la actualización de la tasa AROPE:

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021,

Por mi parte, dado el contexto estival en el que nos encontramos, señalo a continuación unos datos que reflejan la situación de dificultad económica actual de los hogares españoles, con cifras que sobrecogen, especialmente cuando me detengo a analizar algunos resultados en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, siempre por encima de la media, punto crítico del debate del grupo de la clase virtual porque participamos (imaginariamente) alumnos y alumnas de diversa Comunidades:

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021

Deseo resaltar también los cambios introducidos en la tasa AROPE enunciada anteriormente, en relación con el segundo indicador, la carencia material y social severa, «que se calcula de forma separada para cada miembro del hogar. Este nuevo indicador se construye con 13 componentes, de los cuales siete se definen a nivel de hogar y seis son personales, diferentes para cada miembro del hogar. Una persona está en situación de carencia material y social severa si padece al menos siete de las 13 limitaciones que forman la lista, definidos a nivel de hogar:

  • No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.
  • No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.
  • No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.
  • No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos.
  • Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad…) o en compras a plazos en los últimos 12 meses.
  • No puede permitirse disponer de un automóvil.
  • No puede sustituir muebles estropeados o viejos.

    Los seis primeros ya figuraban en la lista anterior y se ha añadido el último. En cambio, desaparecen de la lista de carencias la disponibilidad de teléfono, televisor o lavadora, una vez contrastada su poca utilidad para explicar situaciones de privaciones materiales. Por su parte, los seis nuevos conceptos definidos a nivel de persona son:
  • No puede permitirse sustituir ropa estropeada por otra nueva.
  • No puede permitirse tener dos pares de zapatos en buenas condiciones.
  • No puede permitirse reunirse con amigos/familia para comer o tomar algo al menos una vez al mes.
  • No puede permitirse participar regularmente en actividades de ocio.
  • No puede permitirse gastar una pequeña cantidad de dinero en sí mismo.
  • No puede permitirse conexión a internet.

    En el caso de los menores de 16 años no se dispone de los seis conceptos enumerados anteriormente a nivel de persona. Para estos menores los valores de esos elementos se imputan a partir de los valores recogidos para los miembros de su hogar con 16 o más años.

Sólo un dato más en relación con la población en riesgo de pobreza, que mide fundamentalmente la desigualdad, porque «no mide pobreza absoluta, sino cuántas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población. En 2021 (teniendo en cuenta los ingresos de 2020) el porcentaje de población con ingresos por debajo del umbral de riesgo de pobreza (la llamada tasa de riesgo de pobreza) se situó en el 21,7% de la población residente en España, frente al 21,0% del año anterior».

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021

Visto lo visto, una vez más y con cierto dolor existencial, volví ayer al libro de Galeano que nos sirve de guía y propuse la siguiente referencia para el trabajo de hoy, porque cuando nos enfrentamos a esta cruda realidad de nuestros compatriotas o mis paisanos andaluces, como ciudadanos más desfavorecidos en el país, sus palabras introductorias a la asistencia a este Curso de verano son inolvidables y rasgan el alma humana: “Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia. ¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela”.

Es la que busco hoy habiéndome matriculado en este II Curso, a modo de contraescuela, que espero me ayude a seguir soñando que otro mundo al derecho es posible. Me quedo ahora con una frase preciosa de Galeano en mis primeros apuntes en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, en una singladura diaria para comprender qué significa un posible mundo al derecho: “Lo mejor que el mundo [al derecho] tiene está en los muchos mundos que el mundo [al derecho] contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Respetarlo todo es nuestra gran tarea de aprendizaje actual para vivir y construir diariamente un mundo al derecho, en el que cabemos todos, sin excepción alguna, por mucho que los diseñadores diarios del mundo al revés se empeñen en evitarlo.

Ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país. Personalmente, lo tengo claro: compartir con datos, que sólo con un gobierno pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, que dicte leyes con urgencia para solucionar esta situación transformando la sociedad española, podremos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida expuestas anteriormente, que afectan a millones de ciudadanos en este país, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies. Hay que decirlo alto y claro y escribirlo con negrita, como acabo de hacer. Lo decía también hace dos años en este cuaderno digital con motivo de la aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV): “ […] viene a dar respuesta constitucional a derechos fundamentales en términos de equidad en el acceso a un ingreso económico para determinadas personas y familias que permitirá atender la pobreza estructural del país como itinerario de reconocimiento del conjunto de derechos y deberes constitucionales que ayuden a la población a salir de esta situación con un trabajo digno y bien remunerado: “El Ingreso Mínimo Vital es toda una política social que se engarza alrededor de una prestación, de forma que, más allá de la ayuda monetaria incluye estrategias de inclusión, en coordinación con las comunidades autónomas y los ayuntamientos, que permitan a las personas en vulnerabilidad transitar a una situación mejor. Los beneficiarios contarán con incentivos a la contratación y también se creará un “Sello Social” para las empresas que les ofrezcan formación y empleo”. La palabra “itinerario” me parece excelente porque este reconocimiento es un kilómetro cero para ayudar a salir de la situación de pobreza y no para instalarse en ella en régimen permanente de subsidio. Ese es su gran reto […] porque el ingreso mínimo vital es, fundamentalmente, un ingreso para permitir, a toda la población española, alcanzar la entrada en el itinerario de la dignidad constitucional expresada en sus derechos fundamentales y, concretamente en el recogido en el artículo 35 de la Carta Magna: 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Queda claro que el mundo al revés no es inocente y debemos denunciarlo para construir uno nuevo, porque nuestra fuerza es la esperanza, que debe regarse todos los días con rocío, el del conocimiento y la libertad, como respuesta firme a lo que fue en su momento una pregunta inquietante de Neruda: ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.