Cuaderno de campaña / 11. La política es como es, no como debería ser

Johann Hari, El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla

Sevilla, 17/VII/2023

A estas alturas de la campaña electoral, debemos tomar conciencia de que la política es como es y no como debería ser, en su justo sentido. Así lo expresaba Facundo Cabral en su obra ´No estás Deprimido, estás Distraído´: Nada es para siempre. Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, preparados para toda circunstancia porque la vida es como es, no como debería ser. Cuando Cabral habla de “estar distraídos” aborda un problema real en nuestras vidas tan convulsas: no dedicamos tiempo a prestar atención a lo que verdaderamente nos debería interesar, como puede ser en estos momentos la vida política en su vertiente de elecciones generales y con el corolario del voto. Esto es así porque sufrimos un problema grave de déficit de atención que, sin llegar a su rango más patológico, sí demuestra fehacientemente una situación preocupante en nuestras vidas.

Cuando comenzaba este año, lleno de sorpresas vitales, conocí la publicación de un libro con un título atractivo en sí mismo: El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, escrito por Johann Hari, cuya sinopsis oficial me orientó en su contenido: “La atención ha entrado en una profunda crisis. ¿Cuáles son los motivos?, ¿quién nos la está robando?, y, más importante aún, ¿cómo podemos recuperar nuestra capacidad de concentración? Un demoledor ensayo que indaga en una de las grandes epidemias del momento y en sus posibles soluciones. Según algunos de los últimos estudios publicados, los adolescentes solo son capaces de concentrarse en una tarea durante sesenta y cinco segundos, mientras que los adultos apenas pueden aguantar tres minutos. Como muchos de nosotros, Johann Hari es consciente del peligro que supone la omnipresencia de las pantallas, así como de esa imperiosa necesidad que nos asalta de pasar constantemente de un dispositivo a otro sin levantar la vista. Hoy en día, lograr el estado de concentración necesario para acometer labores intelectualmente complejas y exigentes es casi una quimera. Hari decidió entrevistar a los principales expertos en concentración humana para identificar las causas de esta crisis. En El valor de la atención desglosa los doce factores que la generaron –desde nuestra incapacidad de dejar fluir la mente hasta la contaminación en las ciudades–, y denuncia a las poderosas empresas que nos están robando el foco. Además, nos da las herramientas para entender la situación, defendernos y recuperar nuestra capacidad de vivir con atención”.

A lo largo de la campaña, creo que estamos viviendo una experiencia de control de la atención por parte de los medios de comunicación social, no inocente, que nos roba el auténtico centro de interés en nuestras vidas, fundamentalmente porque la atención se ha convertido en una mercancía más en el gran Mercado del Mundo, como ya analizó en 2016 el profesor Tim Wu en un libro canónico en esta materia, Comerciantes de atención. La lucha épica por entrar en nuestra cabeza, que Capitán Swing tradujo al español cuatro años después. Lo vivido en estos diez últimos días responde efectivamente a este “comercio de la atención”, en anuncios publicitarios de la campaña, en la que abundan últimamente lonas impactantes en sus imágenes, símbolos y palabras utilizadas, debates preparados al milímetro, donde la verdad brilla por su ausencia, da igual, las insultantes redes sociales, la prensa teledirigida por poderes fácticos ocultos y manifiestos, que como una catarata de sentimientos y emociones no dejan tiempo alguno para la atención auténtica. “Mientras menos tiempo se tenga para pensar, mejor”, dicen los traficantes de la atención verdadera. Esta es la razón de por qué me preocupa esta situación y comprendo ahora mejor que nunca las palabras de Facundo Cabral con las que comenzaba esta reflexión de hoy: No estás Deprimido, estás Distraído: Nada es para siempre. Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, preparados para toda circunstancia porque la vida es como es, no como debería ser. Cambio “vida” por “política” y creo que lleva razón.

Como probablemente estemos distraídos pensando nada más en lo que pueda pasar el próximo 23 de julio, creo que hay que hacer una operación rescate de la atención necesaria para seguir viviendo, aceptando ese principio de realidad expuesto, la política es como es, no como debería ser, buscando el llamado placer de la atención política en estos días para preparar el voto verdadero, de la curiosidad sabia, que no es transmisible automáticamente a los demás, sino que solamente se adquiere a través del conocimiento liberador, que hay que trabajar internamente cada día a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles, para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas atentas, curiosas, la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Es lo que Hari manifestó en un artículo publicado en elDiario.es, en torno a su nueva obra: “Hay que entender que no tenemos que sentirnos mal porque nos cueste prestar atención. Tampoco si le ocurre a nuestros hijos. Ni ellos ni nosotros tenemos nada malo, tiene que ver con la forma en que vivimos. Si lo comprendemos, podemos empezar a reordenar las cosas”, anima, “hemos llegado hasta aquí sin ser conscientes de cómo nos iba a afectar”. Por ello, insiste en aprovechar la oportunidad que se abre: “Tenemos que decidir qué queremos y luchar por ello. Podemos hacer muchas cosas para defendernos”. “La atención es nuestro superpoder”.

Es verdad, porque votar el próximo 23 de julio, atendiendo al programa político en el que hemos puesto especial atención, porque nos convence, decidiendo lo que queremos ser y como estar en la vida, puede convertirse en un superpoder para transformar la sociedad en la que vivimos, en beneficio del interés general y sin excepción alguna.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 10. Votar debería ser también un deber fundamental entre los deberes humanos

José Saramago (1922-2010)

Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden.

José Saramago, en un discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998

Sevilla, 16/VII/2023

El artículo 23.1 de la Constitución Española dice que “Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal”. Junto a este derecho fundamental de participación, que se vehicula a través del voto, queda al libre albedrío de cada persona de este país llevarlo a cabo. Ese acto transcendental, votar, creo que debería ser también un deber fundamental entre los deberes humanos, en simetría con el declarado en la Constitución, en el sentido que figura en la propuesta de aprobación a escala mundial de una Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, formulada en 2016 por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Fundación José Saramago y la World Future Society (Capítulo México), en la que se señaló una serie de preguntas cruciales que necesitan urgente respuesta política de Estado y de cada ciudadano en particular, cada uno en su nivel de responsabilidades, entre las que tendría cabida el deber del voto, entre otras cuestiones que se pueden consultar en el documento que recoge la citada propuesta.

Estas preguntas merecen que, días antes de emitir el voto para participar en las próximas elecciones generales, “asunto público” de especial trascendencia política para el país, nos detengamos unos momentos en el frenesí diario que nos impone la vida para tomar conciencia de lo que significa ese acto, votar, para repasarlas una a una, a modo de “deberes fundamentales”: “¿A qué estamos obligados para con nosotros mismos y con quienes nos sobrevendrán, los sujetos y organizaciones de nuestro tiempo? ¿Qué deben hacer además de afirmar sus innegables derechos, los grupos económico empresariales, las asociaciones civiles, las comunidades religiosas, los medios de comunicación, los partidos políticos o los individuos concretos que habitan la tierra? Más allá de desesperanzas y posibilidades particulares de realización, ¿a qué debiéramos estar obligados cada uno de nosotros, en función de nuestras circunstancias, capacidades y posibilidades, para con nosotros mismos, con los demás, con nuestra comunidad, con nuestro sistema de gobierno o con el espacio que habitamos? Que alguien o muchos lo sepan, no es suficiente para lograr acciones en la dirección correcta. Es necesario decirlo, postularlo, comprometerlo, para que las cosas empiecen a marchar en tal sentido. Así como desde hace años se viene pregonando la necesidad de que cada cual se asuma como sujeto pleno de derechos y sea capaz de entenderlos y ejercerlos, así también se hace necesario, a través de un ejercicio de educación cívica, hablar de los deberes y las obligaciones que tales titularidades imponen. Este es, finalmente, el objeto de esta propuesta: ayudarnos a tomar consciencia de que nuestra condición humana pasa, desde luego, por la plena titularidad de los derechos que hemos admitido como innatos a todos los seres humanos, pero también por la aceptación de deberes, obligaciones y responsabilidades para con nosotros mismos y para con los demás”.

El Preámbulo de la citada Carta, a título de marco reflexivo, que se desarrolla en sus veintitrés declaraciones, debería ser un horizonte por contemplar a la hora de introducir el voto en la urna el próximo 23 de julio, tan cerca ya, porque el voto debe llevar dentro una parte muy importante de responsabilidad política ciudadana, como deberes que son propios y no sólo responsabilidad política del Gobierno correspondiente. La razón es humana, personal e intransferible en su esencia y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y se aloja en personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que “ninguna ideología es inocente”, como señaló Lukács y tantas veces he citado en este cuaderno digital.

Desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en diciembre de 1948, han pasado casi 75 años de reivindicación permanente de los derechos humanos, pero muy poco se ha hecho en relación con los deberes asociados a ellos como lo más íntimo de su propia intimidad, que también existen. Cuando se aproximan las elecciones generales, creo que también hay que tomar conciencia de nuestros deberes políticos como ciudadanos del mundo, de este país y de esta Comunidad, en los términos propuestos de fondo y forma en la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, porque todo lo político, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, emulando la famosa frase de Terencio, todo lo humano me pertenece, al ser una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida.

Si vuelvo a recordar a José Saramago, especialmente en estas fechas, es por mi admiración y respeto a su vida y a su obra, de la que he escogido algo muy importante que manifestó en uno de los discursos pronunciados con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998, refiriéndose al 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos sino también respetados y satisfechos. No es de esperar que los Gobiernos realicen en los próximos cincuenta años lo que no han hecho en estos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor”.

Es justo, por tanto, que en estos momentos trascendentales de elecciones generales, recuerde, junto al derecho fundamental de participación en los asuntos públicos del país, mediante el voto, recogido en la Constitución Española, que es imprescindible establecer la simetría del derecho de participar con el deber de votar, porque “ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden”, tal y como se expresa en la citada Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas. Si lo escribo es para que no se olvide y porque me parece trascendental tenerlo en cuenta en la encrucijada en la que se encuentra este país. Personalmente, suscribo la Carta en todos y cada uno de sus términos, con la “ardiente paciencia” de Neruda, en la espera a que esta Carta tenga el respaldo legal suficiente para que nos comprometa a todos, después de un recorrido iniciado en 2018, cuando a través de la iniciativa descrita anteriormente, inspirada por Saramago en su discurso del premio Nobel, fue presentada al Secretario General de la ONU, António Guterres, a la Comisión de Derechos Humanos y debatida con los embajadores iberoamericanos ante la ONU, recibiendo desde entonces adhesiones internacionales de todo tipo. El derecho a soñar despiertos también existe y, como todo lo humano, siguiendo a Terencio, nos pertenece.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 9. Millones de personas no queremos vivir en un país ciego al color

Oliver Sacks

Sevilla, 15/VII/2023

Estamos viviendo momentos especialmente tenebrosos y grises ante las próximas elecciones generales del 23 de julio, porque el panorama pasado, presente y futuro que pintan algunos partidos de la derecha y la ultraderecha es gris, tirando a negro, desolador. Es verdad que todo depende del color con el que se mire la vida, pero no hay nada más terrible que permanecer ciegos al color, tal y como lo aprendí de Oliver Sacks en un libro suyo, La isla de los ciegos al color, que me aproximó a su investigación de cómo los pacientes aprenden a vivir con su enfermedad, la acromatopsia, hasta alcanzar un mimetismo asombroso con ella, aunque sufren ceguera del color, porque no les permite agregar color a la óptica de sus vidas. Todo se ve siempre de color gris en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Lo que está pasando, por ejemplo, con la bandera arcoíris que enarbola con orgullo de clase el movimiento LGTBI y otras siglas que representan la diversidad sexual, que es retirada de balcones institucionales en las nuevas corporaciones locales a petición de VOX, porque la ley dice que sólo debe figurar la española, en una lectura muy restrictiva de las enseñas de Estado, traduce perfectamente lo que se nos viene encima con la entrada en tromba de la derecha cavernícola en las instituciones del Estado. No les gusta el color de las culturas y de las razas, sobre todo el de la historia, el de la memoria democrática, de las diferentes creencias, sino el blanco y negro de toda la vida, en una deriva descarada hacia el gris, que representan mejor que nada el inmovilismo de la historia y de la vida.

Creo que la acromatopsia política existe, porque muchos partidos están ciegos al color de la vida y su maravillosa diversidad. En este contexto, vuelvo a leer algunas reflexiones de Juan Ramón Jiménez en torno a su color preferido, el de su persona de secreto, muy cerca de lo que veía por el cristal amarillo de su querida cancela de la calle Nueva. en Moguer (Huelva). Conservo en mi biblioteca, como oro en paño, un libro precioso que recopila un hilo conductor cromático en la obra de Juan Ramón Jiménez, que lleva un título programático: Por el cristal amarillo. Era el color preferido del poeta y casi todo lo que escribió y vivió lo inundó de amarillo en lo que él llamaba sabiamente “barrios de la memoria”. La cancela de su casa en la calle Nueva marcó su elección cromática para siempre: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […]”.

Recordando hoy de nuevo a Oliver Sacks, pienso también que un poema de Ángel González, Ciegos, escrito en el contexto existencial de nuestras vidas, nos puede dar la clave para votar la posibilidad de que el próximo 23 de julio pueda nuestro país, sin acromatopsia alguna, continuar en la senda política ya iniciada de progreso y avance social donde exista color, luz, música y vida.

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

¿Sordo a qué?
No al sonido:
a la música.
Abre los ojos,
oye:
nada ve,
nada escucha.

Como si al mundo entero
una nevada súbita
lo hubiese recubierto
de silencio y blancura.

La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises, porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás. Al final, es verdad: todo depende del color del cristal existencial y político por el que se contemple la vida, se vote y se defienda la dignidad humana que el voto debe llevar siempre dentro, porque todas las políticas y sus representantes no son iguales ante la propuesta multicolor que siempre nos regala la vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 8. La democracia va mucho más allá del resultado de un debate

Sevilla, 14/VII/2023

Finalmente, me veo en la obligación democrática de aproximarme a lo ocurrido el pasado lunes en el debate a dos, cara a cara, entre el presidente del Gobierno (PSOE) y el líder de la oposición (PP), vista la polvareda que ha levantado, al que se une ahora el que se celebró anoche, a siete, en el que participaron los portavoces de los partidos que tienen ahora garantizada la representación parlamentaria más importante para la próxima legislatura y que merece, más adelante, otro análisis exhaustivo. Al igual que la música militar, que nunca me supo levantar, estos debates no me mueven un ápice de mis principios políticos como ciudadano que, si no gustan, no tengo otros, a diferencia del famoso aserto de Groucho Marx, reafirmándome cada vez más en una reflexión que hice en el segundo artículo de esta serie, cuando hacía una defensa numantina de la verdad política que, desgraciadamente, no protegen todos los partidos políticos en liza. “Quien siga de cerca este cuaderno digital sabe que es un clásico popular que abordo siempre en tiempos electorales de cualquier ámbito en el país, porque ahora más que nunca partimos de un principio de realidad que asola nuestras vidas: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas, insultos desmedidos, pactos impresentables, y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada, caiga quien caiga y cueste lo que cueste a nivel personal y familiar”. Necesitamos, como el agua de julio, rescatar la verdad en política y, sobre todo, bajar el número de forma exponencial de las personas que no votan, principales destinatarios de estos debates, que hace tan solo dos meses, en la elecciones locales, sobrepasaron los doce millones de electores, cifra escandalosa en democracia.

Es lo que ocurrió el pasado lunes ante el espectáculo bochornoso de una catarata de mentiras despiadadas del candidato del Partido Popular contra el presidente del Gobierno y candidato, a su vez, de nuevo, a la Presidencia del Gobierno de este país, que hay que reconocer que no tuvieron la contestación adecuada para contrarrestar la sarta de mentiras, medias verdades y silencios cómplices en favor de la derecha extrema y ultraderecha, que no cree en la democracia como valor supremo para garantizar la soberanía popular. No fue la mejor noche ni la mejor intervención del Presidente actual, en su función de candidato, pero no siempre se puede ser “el mejor de la clase”. Hubiera bastado con enumerar los logros económicos y sociales más importantes de esta legislatura, como la mejor respuesta a las preguntas de los moderadores, que casi siempre fueron obviadas por una y otra parte, para ser justos, aunque me quedó muy claro que lo que allí estaba pasando era algo muy grave: no se podía hablar de un proyecto de Estado como alternancia en el poder, sino de derrota de la democracia auténtica, porque sobre mentiras de la derecha cavernícola es muy difícil construir un país democrático. Lo he afirmado una y mil veces en este cuaderno digital: determinados políticos, como sucedió con Feijóo el pasado lunes, si alguna vez dijeran la verdad, mentirían. Es lo que escribía en el citado artículo anteriormente: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

De todas formas, creo sinceramente que la democracia va mucho más allá del resultado de un debate. Para los que aplauden el éxito obtenido por el candidato del Partido Popular, frente al candidato del Partido Socialista Obrero Español, les recordaría que hace más de dos mil años, en una obra de Terencio, El Eunuco (161 a.C.), la frase final es presentada siempre como uno de los orígenes de los aplausos en la cultura occidental, puesta en boca de Fedria: Ya no queda nada por hacer; caminad vosotros por aquí. (A los espectadores: Vosotros quedad en buena hora, ¡y aplaudid! (¡Valete et plaudite!). Quizá sea el momento de intercambiar las palabras y decir: ¡han aplaudido a uno y otro candidato, para unos ha vencido el suyo, para los otros el contrario! Como siempre. Además, a diferencia de lo narrado finalmente en la obra de Terencio, a los que nos quedamos con lo esencial de lo que ocurrió en el debate y lo que hubo y hay verdaderamente detrás, nos queda mucho por hacer, en palabras de Terencio, para seguir defendiendo la democracia y garantizar el voto progresista el próximo 23 de julio. ¡Que aplaudan otros la victoria trufada de mentiras y silencios cómplices, del candidato popular!

NOTA: la imagen se ha recuperado de VÍDEO | Vuelve a ver el debate electoral, el único cara a cara entre Sánchez y Feijóo, en laSexta

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 7. Necesitamos la democracia como una gota de agua

Sevilla, 13/VII/2023

En tiempos de sequía ética e ideológica, necesitamos cuidar la democracia al igual que a una gota de agua. De la misma forma, votar el próximo 23 de julio, es imprescindible para garantizar el progreso de este país y, sobre todo, la convivencia pacífica en un momento de polarización, abstención electoral y desafección política muy preocupante. Esta es la razón de por qué publico de nuevo, a continuación, un artículo que escribí en 2017, La importancia de una gota de agua, dándole hoy un sentido de parábola política, si sustituimos la palabra “agua” por “democracia”, en su sentido primigenio, como ciudadanos y ciudadanas del mundo que hacemos “pueblo”, una palabra que contempla la Constitución de este país al proclamar su soberanía, porque podemos y debemos vivirla y ejercitarla con el voto, siempre que tenga el suelo firme de la citada Carta Magna, que desarrolla los derechos fundamentales de esa democracia, a la que necesitamos como una gota de agua.

Al igual que ocurrió en el discurso que David Foster Wallace dirigió a la promoción de graduados del Kenyon College en 2005, cuando utilizó una pequeña parábola muy ilustrativa para la ceremonia de clausura de curso, hablar ahora de democracia auténtica es cosa a veces de “peces más viejos”, ante los “peces más jóvenes” que a la pregunta de “¿cómo está el agua?”, responden con un silencio seguido de una pregunta inquietante: “¿qué demonios es el agua?”, que llevándola al momento actual sería “¿qué demonios es la democracia?”, cuando estamos viviendo ahora en ella, sin echarle demasiada cuenta. Al buen entendedor, con pocas palabras basta.

La importancia de una gota de agua

He conocido la experiencia que se está llevando a cabo en India a través de una ONG Drop Dead Foundation, liderada por Aabid Surti, un pintor, escritor e ilustrador octogenario, que cada domingo, junto a una voluntaria y un fontanero, atiende un promedio de cincuenta viviendas para ofrecer servicios de fontanería gratuitos con un objetivo claro: que no se pierda una sola gota de agua (1). Me ha parecido una acción solidaria de importancia extrema en India, donde 330 millones de habitantes no disponen de agua para los servicios más elementales, destacando obviamente disponer de ella para beberla. O lo que es lo mismo, para entendernos, un volumen de población siete veces la actual de España que no tiene agua para beber y atender servicios saludables de primera necesidad. Sobrecogedor.

No es la primera vez que escribo en este cuaderno digital sobre la importancia del agua en la vida de los seres humanos. Escribí en octubre de 2014 una serie de respuestas a una pregunta transcendental para la experiencia que comento más arriba: ¿de quién es el agua?: “Deberíamos prestar más atención al agua y a sus dueños actuales. Quizá nos puede servir ahora una reflexión muy curiosa que utilizó David Foster Wallace al comenzar el discurso que dirigió a la promoción de graduados del Kenyon College en 2005, con una pequeña parábola: «Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, «Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?». Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?».

Aquel artículo sigue totalmente vigente. Les invito a leerlo porque creo que nos ayudará a ser solidarios como Aabid Suri, cuidando hasta la última gota de agua de nuestros grifos de última generación, porque a diferencia de los peces jóvenes él sí sabe qué es el agua. Hay un fragmento del mismo que todavía me sobrecoge por el impacto que tuvo en Colombia: “He escrito en bastantes ocasiones sobre el agua en este blog, decantándome siempre por su declaración como derecho fundamental en el acceso a la misma: Agua y cerebroArqueología subacuática… del cerebro y El aquí y ahora del agua, como textos fundamentales. Destaco sobre todo el pronunciamiento de su vinculación con el cerebro y con las decisiones que puede tomar gracias al agua, que lo hace inteligente entre otras funciones. Fue una experiencia maravillosa el que incluyeran en 2008 una referencia mía al respecto en la exposición de motivos que sustentaba el articulado reformatorio de la constitución nacional de Colombia a fin de consagrar el derecho al agua potable como fundamental y otras normas concordantes con tal declaración para ser sometido a la consideración del pueblo colombiano mediante referendo constitucional: “Esta mágica sustancia es vida, simboliza vida. Sin ella no existiríamos y no podríamos estar en comunicación. Podemos afirmar que somos la inteligencia del agua. Como lo expresa el profesor español, José Antonio Cobeña, autor del libro La Inteligencia Digital: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”.

El texto para la reforma de la Constitución de Colombia fue avalado por 2.039.812 firmas, reconocidas oficialmente por la Registraduría Nacional del Estado Civil, aunque finalmente no prosperó, después de un debate parlamentario de 2010. Deberíamos aprender de todas formas de lo que otros países han reivindicado de forma excelente, porque el agua es un patrimonio público que no debería entregarse nunca al mercado. La necesaria revisión de la Constitución actual en España puede ser un momento crucial para incluir este derecho al acceso al agua, de forma explícita mediante un artículo concreto, como derecho humano esencial de los españoles y así se debería declarar para defender también su gestión pública en el denominado ciclo completo del agua.

Hay que prestar atención, sobre todo, a las cosas que tienen importancia. En este caso la atención sobre el agua, que además se convierte ahora en un asunto relevante, nadando -como estamos- en la mediocridad de los continuos olvidos. Porque hay que recordar que el agua es el secreto de la vida. Porque la Verdad, según Foster Wallace, “Tiene que ver con el verdadero valor de la verdadera educación, que no va de notas ni de obtener títulos y sí simplemente de estar atento, atento a lo que de verdad es muy real y fundamental, a lo que está tan escondido, incluso a la vista de todos, que tenemos que seguir recordándonos una y otra vez:

«Esto es el agua»
«Esto es el agua»

Sevilla, 18/IV/2017

(1) http://elpais.com/elpais/2017/04/17/planeta_futuro/1492419039_491868.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 6. No olvidemos al Partido Abstencionista, con más de 12 millones de «afiliados»

América invertida, dibujo de Joaquín Torres García, 1943, Museo Juan Manuel Blanes, Montevideo (i) / Mapa de España invertida (d) – Fotocomposición de JA COBEÑA.

Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 12/VII/2023

Hace nueve siglos, un geógrafo, botánico y polígrafo de origen andalusí, concretamente malagueño y nacido en Ceuta, Al-Idrisi (1100-1165), tal y como lo cuenta Eduardo Galeano en su obra Patas arriba. La escuela del mundo al revés, hizo una interpretación invertida del Universo: En el siglo doce, el geógrafo oficial del reino de Sicilia, Al-Idrisi, trazó el mapa del mundo, el mundo que Europa conocía, con el sur arriba y el norte abajo. Eso era habitual en la cartografía de aquellos tiempos. Y así, con el sur arriba, dibujó el mapa sudamericano, ocho siglos después, el pintor uruguayo Joaquín Torres García. Nuestro norte es el sur, dijo. Para irse al norte, nuestros buques bajan, no suben. Si el mundo está, como ahora está, patas arriba, ¿no habría que darle vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies? Cuando me aproximo a la abstención en las ultimas convocatorias electorales pienso, efectivamente, lo que debo hacer viviendo en el Sur, el Norte del mundo, de mi país, porque amo y defiendo la óptica del progreso y de los avances sociales para todos, sin excepción alguna.

En estos momentos tan difíciles y confusos de la campaña electoral, con una España al revés, que no valora lo que ha supuesto para toda su población lo conseguido para el Estado de Bienestar de este país, en la legislatura que ahora finaliza, recuerdo especialmente que el gran vencedor de las elecciones locales del pasado 28 de mayo, fue el Partido Abstencionista, enemigo público número uno de toda convocatoria electoral democrática, casi en idéntica proporción a lo ocurrido en las elecciones de 2019, convirtiéndose en una constante muy preocupante en este país. Según los datos oficiales del Gobierno, la abstención fue del 36,09% del censo electoral, lo que sumó un total de 12.822.326 personas que no emitieron su voto, sobre un total de 35.535.887 electores, sacando una gran distancia sobre los datos del partido vencedor, que obtuvo un 31,50% del total de electores, hasta alcanzar la cifra de 7.046.634 votantes. En cifras absolutas, la abstención creció en relación con los datos de 2019, la convocatoria anterior, que fue del 34,80%, recayendo la misma sobre un total de 12.278.917 electores.

En la citada campaña publiqué un artículo, Necesitamos la ideología no inocente, mediante el voto, para transformar la sociedad, en el que analizaba que la ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos electorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales de este país, por ejemplo, a través de los programas de los partidos que participen en esta convocatoria para la participación ciudadana mediante el voto. Es lo que aprendí hace ya muchos años del pensador neomarxista Georg Lukács, tantas veces citado en este cuaderno digital, cuando decía que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

También indicaba que hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, pase lo que pase con las elecciones, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no decirlo o sentirlo en lo más íntimo de nuestra intimidad.

Lo que no se comprende es la abstención masiva, como ha vuelto a ocurrir en las últimas convocatorias electorales, dejando pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que la política global de este país viaje posiblemente, de nuevo, hacia lugares en los que miles de ciudadanos no tienen ni arte ni parte por su abstención, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos, a pesar de lo que muchas personas piensan en la actualidad, que la política es uno de los principales problemas de este país. Dije exactamente que «el Partido Abstencionista prepara ya, apasionadamente, estas elecciones en todo el país, en Andalucía, en barras de bares y reuniones de amigos y amigas, donde se prohibe desde hace ya mucho tiempo «hablar de política», proyectándose el reino de opinadores y opinadoras mayores del Reino de la Abstención en redes sociales que harán su 23 de julio especial, con una descalificación permanente de la política y de los políticos «porque todos son iguales» y de la peor calaña. Porque a ellos y son más de doce millones de presuntos implicados en las urnas, constitucionalmente hablando, «ni les va no les viene». Craso error.

Lo que es indudable es que ante estos datos escandalosos de abstención, aunque estemos avisados por convocatorias anteriores, es que que algo grave está pasando cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, en el sentido etimológico del término «democracia», que conlleva siempre la participación en las cosas de la ciudad, porque la gran mayoría de los abstencionistas alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, olvidando que tienen la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho fundamental, constitucional (Constitución Española, Art.23.1), de «participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal» y a un deber inherente a todo ciudadano responsable.

En segundo lugar, estamos todavía recuperándonos del desastre electoral de la llamada «izquierda» del pasado 28 de mayo, porque aunque ha transcurrido muy poco tiempo es evidente que era obligado analizar lo que ocurrió también con la derrota, sin paliativos, de la izquierda global. La democracia nos enseña que hay que respetar de forma casi reverencial el resultado de las urnas y ante estas elecciones creo que había una gran lección que aprender en la memoria ética de la izquierda: su fractura en múltiples partidos, agrupaciones y coaliciones, ahora unidas en SUMAR, no ha hecho otra cosa en los últimos años, que entorpecer con su división la noble tarea que la caracteriza: la transformación social. Como con estas elecciones tenemos la gran oportunidad, desde la izquierda global, de no conformarnos con lo ocurrido y dejar que todo siga igual y recuperar la identidad de clase como militancia activa y pasiva en torno al espectro de lo que denominamos «izquierda», hay que salir en tromba para convencer a los abstencionistas que merece la pena que voten a pesar de los pesares, porque el país es cosa de todos. La ausencia pavorosa de ideología política en general y en la izquierda en particular, conlleva la obligación en esta campaña de analizar detalladamente los programas políticos y defender lo que beneficia a todos en general, salvando siempre el interés general y ahí es un hecho evidente que todos los programas no son iguales. Será la única ocasión próxima para que determinados políticos honrados y cabales, lleven adelante los programas más dignos que podamos considerar y acordes con nuestro conocimiento, sentimiento y emociones, a pesar del fenómeno de “mediocracia”, el gobierno de los mediocres, por el que los eternos mediocres nos invaden por tierra, mar y aire y a la que he dedicado bastantes artículos en este cuaderno digital.

Es probable que los mediocres, que además votan, salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les pueda hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que nos gobiernan. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

Por último, vuelvo a mi rincón de pensar y a intentar colaborar en el resurgimiento de la ideología de izquierda en esta campaña electoral, que nos permita volver a creer que unidos por la ideología común política, no seremos vencidos por los abstencionistas y por la derecha cavernícola que nos asola, porque es posible transformar la sociedad, no sólo cambiarla, estando muy cerca de los nadies de Galeano, en particular, a los que no pienso olvidar, así como de la lucha por un mundo mejor, en el que superemos este momento gris y amargo en el que la desolación y el abandono del barco de la izquierda pretenden imponerse. Lo hago porque creo que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas de este país, de Andalucía, por donde pasarán las personas que colaboren a construir una sociedad mejor, sin excluir a nadie en esta preciosa tarea. De ahí el interés social para extenderla a través del boca a boca, para reducir el número de abstencionistas el 23 de julio próximo, en beneficio de todos.

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 5. Espero ir a votar, alta la fe y con el corazón dispuesto

Cristóbal Toral, La nueva inquilina, 1982

Sevilla, 11/VII/2023

He aprendido a conocer todavía más mi persona política de todos que, según Ortega y Gasset, convive a diario con la de secreto. Es la razón por la que acudo en este incesante ir y venir del timbo al tambo de la vida, que tanto gustaba a Gabriel García Márquez, a buscar refugio político en esta campaña electoral, en un poema precioso de Ángel González, Sé lo que es esperar, situándome una vez más en el punto de partida de la dualidad espera y esperanza en tiempos electorales.

Sé lo que es esperar:
¡esperé tantos
días y tantas cosas en mi vida!
Los inviernos tediosos esperando,
los veranos, bajo el sol,
esperando,
el luminoso y amarillo otoño
—bella estación para esperar—
e incluso
la primavera abierta a toda espera
más próxima que nunca a realizarse,
me han visto inútilmente,
pero firme,
tenaz, ilusionado,
en el lugar y la hora de la cita,
alta la fe y el corazón en punto.

Alta la fe y el corazón
dispuesto,
igual que tantas veces, aquí sigo,
en la esquina del tiempo
—vendrá pronto—
tras un limpio cristal de sol, de lluvia o de aire,
acodado en el claro mirador
de los vientos,
mientras pasan y pasan los meses y los días.

Hace 46 años, en los albores de la Transición, publiqué en la prensa libre un artículo sobre un pensador magistral, Ernst Bloch, con motivo de su fallecimiento y porque había trabajado profundamente sobre el principio esperanza como motor de la vida, análisis filosófico y existencial que siempre me interesó mucho. Personalmente, estaba situado en la espera cósmica de la transformación del mundo democrático que comenzábamos a experimentar en este país. He leído de nuevo aquellas palabras, de las que entresaco las que hoy pueden dar sentido a la espera aunque hayan pasado y pasado tantos meses y días de mi vida, con un cambio obligado al cambiar el sustantivo filosófico “hombre” por “persona” (en cursiva): “Bloch, por encima de teorías y prácticas, es filósofo. Su espíritu abierto y en camino le hizo adoptar una postura de sabio ante el mundo pluriforme. Es hijo de su época y debido a su experiencia frente al irracionalismo, su filosofía se hace más auténtica, más veraz. En definitiva, su marxismo es muy puro, bien estructurado, enormemente esperanzador. Aquí radica la quintaesencia de su doctrina: concebir la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia, es decir, la posibilidad permanente de que la persona se realice plenamente en comunión. […] En un mundo dominado por la economía, Bloch se admira del poder intelectual y cultural como agentes transformadores de la sociedad, donde la persona, una vez más, es el centro por la asunción de su conciencia. Frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia de las personas, Bloch presenta a la conciencia individual de la persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta «hambre cósmica» se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. […] La esperanza surge al experimentar la persona que si todavía no ha alcanzado el futuro, el presente no es el fin. Y el hecho de vivir este no motiva a la persona para lograr la plenitud de su ser. […] Esta hambre es impulso cósmico y la esperanza consiste en dejarse impregnar de este impulso”.

Aquellas lecturas me prepararon para la espera más próxima que nunca a realizarse. También, los que me rodean me han visto inútilmente, pero firme, tenaz, ilusionado, en el lugar y la hora de la cita, alta la fe y el corazón en punto. Ahora, cuando se atisba un momento electoral delicado para el país, al estar en juego la democracia auténtica, que no es el fin (en la clave de Bloch), mantengo alta la fe y el corazón, dispuesto, igual que tantas veces, aquí sigo, en la esquina del tiempo —vendrá pronto—tras un limpio cristal de sol, de lluvia o de aire, acodado en el claro mirador de los vientos, mientras pasan y pasan los meses y los días.

Somos también inquilinos de la vida política porque sé lo que es esperar. El inquietante óleo del pintor gaditano Cristóbal Toral, La nueva inquilina, que tanto me impactó cuando lo contemplé por primera vez en el museo de Antequera, me lo recuerda siempre. Admiro la vida, ligero de equipaje, en esta espera urgente de un resultado electoral satisfactorio para la democracia, las libertades, el Estado de Bienestar y el bien común, en beneficio prioritario de los nadies, de los que siempre esperan el respeto y las mejores respuestas públicas a su injusta manera de ser y estar en el mundo, apoyado discretamente en el buzón del tiempo, como un inquilino privilegiado de la fugaz y compleja habitación que me ofrece precisamente ella, la vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 4. Aunque esperemos lo mejor, hay que prepararse para lo peor

Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Hannah Arendt.

Sevilla, 10/VII/2023

En plena campaña electoral recuerdo hoy una locución inglesa, aunque de origen alemán, que he escuchado y leído estos días de forma reiterada, espera lo mejor, prepárate para lo peor, porque lo que estamos viviendo en torno a las próximas elecciones generales nos preocupa de forma exponencial a algunas personas, entre las que me encuentro, en la medida que vamos constatando el contenido de algunos programas políticos y lo que dicen de fondo y forma, impresentables, algunos líderes de derecha extrema y ultra en actos electorales. Es por eso que reflexionando sobre todo lo que se avecina para este país, en principio muy preocupante para la democracia en el sentido más puro del término, según los agoreros mayores del Reino, se constata que no es nada bueno. Es más, nos dicen que lo que está por venir es un conjunto de males sin mezcla de bien alguno, con fecha impresa: este mes en concreto, a tenor de los resultados de las elecciones, en un sentido u otro, dependiendo de quien lo explique y quien las gane finalmente, porque no va a ser lo mismo. Por eso he recordado la frase de Hannah Arendt: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Ante este ocaso acelerado de democracia, como se constata por los pactos poselectorales en las recientes elecciones municipales y autonómicas, insisto sobremanera en la necesidad de estar bien informados a la hora de emitir el voto, porque es urgente poder emitir juicios correctos sobre lo que está pasando y ajustarlos al principio de realidad. Creo que ha llegado el momento de elegir la mejor información posible, porque nada es inocente. En principio, voy a respetar en mi vida el aserto de Hannah Arendt como introducción a un manual de elecciones en tiempos difíciles. La aplicación del principio de realidad social en nuestras vidas, el más terco de los principios que las sustentan, hará el resto, sabiendo que el principio de realidad es uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior (1). Todo ello, sin llegar al absurdo de Groucho Marx: “¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”. Quizás, lo que necesito en este presente tan complejo es completar la expresión citada que utilizaba en su vida y obra la filósofa alemana Hannah Arendt: “Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga”, sin conformismo alguno, sólo aplicando el principio de realidad que, al final, es el que me permite seguir luchando por alcanzar el necesario principio del placer político, que también existe, que tanto necesitamos para seguir viviendo dignamente.

En un libro que se publicó en 2021, El ocaso de la democracia, de Anne Applebaum, que he recuperado estos días por razones obvias, dice su sinopsis, como adelanto siempre para animar a leerlo en profundidad, en este caso porque lo necesitamos más que nunca, que: “Las democracias occidentales modernas están bajo asedio y el auge del autoritarismo es una cuestión que debería preocuparnos a todos. […] Anne Applebaum (premio Pulitzer y una de las primeras historiadoras que alertó de las peligrosas tendencias antidemocráticas en Occidente) expone de forma clara y concisa las trampas del nacionalismo y de la autocracia. En este extraordinario ensayo explica por qué los sistemas con mensajes simples y radicales son tan atractivos. Los líderes despóticos no llegan solos al poder; lo hacen aupados por aliados políticos, ejércitos de burócratas y unos medios de comunicación que les allanan el camino y apoyan sus mandatos. Asimismo, los partidos nacionalistas y autoritarios que han ido tomando relevancia en las democracias modernas ofrecen unas perspectivas que benefician exclusivamente a sus partidarios, permitiéndoles alcanzar unas cotas de riqueza y poder inigualables. Siguiendo los pasos de Julien Benda y Hannah Arendt, Applebaum retrata a los nuevos defensores de las ideas antiliberales y denuncia cómo estas élites autoritarias utilizan las teorías de la conspiración, la polarización política, el terrorífico alcance de las redes sociales e incluso el sentimiento de nostalgia para destruirlo todo y redefinir nuestra idea de nación. Escrito de forma magistral, y de lectura urgente y necesaria, El ocaso de la democracia es un brillante análisis pormenorizado del terremoto que está sacudiendo el mundo y una apasionante defensa de los valores democráticos”. Literal y real, como la vida misma.

La democracia peligra ahora más que nunca, porque impera la teoría del mundo al revés y la de que fuera de la nación y del autoritarismo único no hay salvación social. Se acabó la diversidad y la singularidad, en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, porque el patrón de vida y convivencia tiene que ser único. De ahí la necesidad de defender la democracia, cada uno en su sitio, por tres razones que ya he expuesto a lo largo de la vida de este cuaderno digital, centradas sobre todo en el poder que cada persona tiene a través del voto, situación muy próxima en este país, concretamente el próximo 23 de julio. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria, huyendo de silencios cómplices.

La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio. En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no, a pesar del Fondo Monetario Internacional.

Lo que no se comprende en democracia es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país o la Comunidad Autónoma de Andalucía viajen posiblemente, de nuevo, hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos. El Partido Abstencionista prepara ya los resultados de las próximas elecciones generales, en su mejor encuesta. Estamos avisados de nuevo y sabemos que está muy interesado en fomentar la abstención a cualquier precio. El autoritarismo tiene así campo libre para imponer su visión de la vida, que también es visión de la muerte, la de la democracia. Al buen entendedor con pocas palabras basta. Necesitamos defender a toda costa el sentido de la vida y de la dignidad humana en todo el país, sobre todo para millones de personas que malviven por el paro, por el dolor de la pobreza y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha extrema o ultra no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad. Si grave es esto, lo que verdaderamente peligra es la democracia, algo mucho más profundo todavía. Estamos avisados.

En estos tiempos tan modernos, rescato a Chaplin, porque no acepto fácilmente el final del aserto de Hannah Arendt, “acepta lo que venga”: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga. Por ello, vuelvo siempre a mi rincón de pensar y de escuchar la banda sonora de mi vida, con una fuerte carga ideológica porque la música tampoco es inocente al igual que las ideologías, según Lukács. Aprendí de Víctor Jara, por ejemplo, que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”, en su Plegaria a un labrador, fundamentalmente porque estoy avisado de algo grave: la democracia peligra y los autoritarismos acechan en forma de partidos políticos de derecha taimada y ultraderecha, así como de los omnipresentes hombres de negro que manejan el mundo desde un portátil o un teléfono móvil en sus apartamentos de Manhattan o Dubái. La mejor forma de no olvidarlo es atender esta reflexión sobre la democracia en peligro en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no ha perdido valor alguno al recordarla en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor para todos. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra. Para quien la quiera seguir escuchando y practicando a pesar del autoritarismo que sobrevuela sobre nuestras vidas, casi sin darnos cuenta.

(1) Laplanche, J. y Pontalis, J.B. Diccionario de Psicoanálisis, Barcelona: Paidós, págs. 296-299, 1996.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 3. ¡Cuidado con la corrupción de la mente en algunos partidos y programas políticos!

Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

Emilio Lledó

Sevilla, 9/VII/2023

Una vez más abordo en esta campaña electoral el grave problema de la corrupción en general y en todos los ámbitos posibles, aunque la referencia sobre la que escribo hoy es acerca de una de las modalidades que más me preocupa, la de la mente, algo que también ocurre en política, citando al filósofo y paisano Emilio Lledó, autor de un libro, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre esta dura realidad: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta”.

Como ya he manifestado en otras ocasiones, todo lo que expresa Emilio Lledó sobre la corrupción, es aplicable a la política actual, obviamente, porque puede acabar con la democracia auténtica. El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe, porque la mente sufre con esta falta de ejemplaridad por la corrupción política. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. De ahí la importancia del voto en las próximas elecciones generales.

Cuando hablo de corrupción de la mente, algo que se amplifica mucho en las campañas electorales, porque se miente más que se habla, me refiero a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa sin escrúpulo alguno: “Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1). El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, que se simboliza en la emisión de mi voto en las urnas correspondientes, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de los líderes en mítines, debates, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales, como podemos constatar ya en la etapa electoral en la que estamos inmersos en estos días. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes. Es por lo que pido, con profundo respeto ciudadano, que se ponga una especial atención a que los líderes políticos actuales no corrompan la mente de las personas que pertenecemos al club ciudadano de las personas dignas, que somos millones en este país o, al menos, que estemos atentos ante esta lacra política que nos invade por tierra, mar y aire. Es verdad que estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinadas actuaciones que consideramos necesarias y vinculadas a determinadas siglas, porque se constata que lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también hay que reconocer que acusan un desgaste en su formulación actual bajo la denominación de programas electorales, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben y pueden tener ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias en la redacción de los programas políticos correspondientes.

En el marco de lo expuesto anteriormente sobre “corrupción de la mente”, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda sobre todo, pero también a todos los que participan en estos comicios, que lo hacen gracias a la democracia, porque hasta que cambien las leyes actuales hay que blindar la defensa constitucional actual de la democracia representativa que la participación de la ciudadanía debe cuidar hasta extremos insospechados. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social, constantes en el tiempo. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La educación política es la única fuerza capaz de contener la corrupción política de la mente.

Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi -me atrevería a decir- es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.

En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2). En definitiva, la auténtica política, porque al igual que afirma de forma rotunda Emilio Lledó, me preocupa la corrupción mental de determinados representantes políticos, de algunos partidos globalmente o lo que es lo mismo, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

(1) Lledó, Emilio, Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127, 2018.

(2) Aristóteles, Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a., 2000.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 2. Hay que votar al mejor programa para el pueblo español

Programas electorales de Partido Popular, Partido Socialista Obrero Español, Sumar y VOX

Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política

Sevilla, 8/VII/2023

Desde la perspectiva constitucional, el Artículo 1 de nuestra carta magna, que afortunadamente todavía nos queda, dice en su apartado 2 que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Sabiendo que hoy por hoy esto es así y no solo palabras, pienso que los programas políticos de los diferentes partidos en liza deben presentar un proyecto de país, de pueblo español, utilizando la terminología citada. De ahí que me interesen mucho determinados programas, no todos, aunque me sobran dedos de la mano para elegir los que al menos pueden etiquetarse como democráticos, porque algunos no lo son, al atacar frontalmente derechos fundamentales, cuando se pone en solfa la propia Constitución, que es por donde he empezado a escribir estas líneas.

Con esta declaración de principios, abordo la oportunidad real de que los programas políticos, que tan poco se leen, craso error, son una oportunidad para poner orden y concierto en la democracia de este país, en el pueblo español, vuelvo a repetir, para salvaguardar el interés general de la ciudadanía. No es la primera vez que abordo la importancia de los programas políticos para conocerlos a fondo y poder emitir después juicios bien informados. Quien siga de cerca este cuaderno digital sabe que es un clásico popular que abordo siempre en tiempos electorales de cualquier ámbito en el país, porque ahora más que nunca partimos de un principio de realidad que asola nuestras vidas: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas, insultos desmedidos, pactos impresentables, y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada, caiga quien caiga y cueste lo que cueste a nivel personal y familiar.

Ante la campaña electoral que comenzó ayer, acudo a una de mis preguntas habituales en este cuaderno digital que busca encontrar islas desconocidas en la política verdadera: ¿los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención sobre la ficción que encierran en sí mismos? Vuelvo a leer una obra de Vargas Llosa que leí en 2016, La verdad de las mentiras, para comprobar si a través de la palabra literaria puedo encontrar la verdad que no encuentro en la realidad política actual: la ficción literaria, dice él, es por sí sola “una acusación terrible contra la existencia bajo cualquier régimen o ideología: un testimonio llameante de sus insuficiencias, de su ineptitud para colmarnos. Y, por lo tanto, un corrosivo permanente de todos los poderes, que quisieran tener a los hombres satisfechos y conformes. Las mentiras de la literatura, si germinan en libertad, nos prueban que eso nunca fue cierto. Y ellas son una conspiración permanente para que tampoco lo sea en el futuro”. No es que Vargas Llosa sea santo de mi devoción, pero suelo separar en mi vida la paja del heno sin demonizar a nadie, porque nada humano me es ajeno. Incluso el neoliberalismo, para analizarlo y denunciar sus pies de barro cuando tiene poco que ofrecer a los que menos tienen.

Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que vuelvo a hacer hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

Necesitamos leer programas que contengan verdad verdadera que emerja sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política y elaboran programas electorales, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan” y sus programas, en campaña electoral, dan buena fe de ello. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala de una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. La izquierda lo sabe y en esta campaña debería cundir el ejemplo, segundo a segundo, de que se instala definitivamente en la verdad política, en la credibilidad, no en la ficción política, meramente literaria, de la que hablábamos anteriormente y que también existe.

En el contexto expuesto anteriormente y para que se aplique el principio de realidad sobre las verdades políticas, adjunto los programas de los cuatro partidos más representativos en estas elecciones generales, sin interpretación alguna por mi parte para no contaminar a quien lea estas reflexiones “políticas”, figurando por estricto orden alfabético de su denominación: Partido Popular, Partido Socialista Obrero Español, Sumar y VOX. De todas formas, me van a permitir que exprese algo muy claro en relación con mis principios porque, de verdad, no tengo otros, a diferencia del eufemismo de Groucho Marx: todos los programas no son iguales, ni todos respetan el interés general del “pueblo español”, ¿recuerdan?, con especial atención al Estado de Bienestar o, dicho de forma más cercana, a la Comunidad Andaluza del Bienestar. Por tanto, creo que es una obligación ética leerlos en todas y cada una de sus páginas para poder emitir un voto bien informado, para poder profundizar posteriormente en datos concretos de cada campaña local.

Leídos por mi parte los programas citados, a excepción del de VOX, me reafirmo en algo que es hilo conductor en mi vida “política”, como ciudadano que habita una ciudad, la “polis” griega: los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales.

No los olvidaré a la hora de votar el próximo 23 de julio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica y democrática de Andalucía, porque todos los programas políticos no son iguales, ni los representantes de los mismos tampoco. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política en el ámbito del “pueblo español”, de país, en estas elecciones generales, transcendentales para seguir avanzando en derechos, deberes y libertades, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!