Por si acaso…

En este contexto he preparado unas palabras no improvisadas, como homenaje a las personas con las que comparto tiempo de mi existencia en el acontecer cotidiano. Anoche, repasaba mis palabras sobre el ciudadano Jesús de Nazareth, escritas el 24 de diciembre de 1984, cuando estaba al frente de un periódico y cuidaba siempre las últimas noticias en las páginas de opinión: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero”.

En este contexto, os hago una confidencia: me gustaría que estuvieran cerca, aquí o allá, todas las personas que hacen posible la realidad de la vida que habito, en el humilde día a día, sin celebración alguna, y compartir lo más importante: estar como se es.

Por si acaso, preparé estas palabras. De las pocas cosas que tengo guardadas en la caja de la vida, porque por encima de todo prefiero ser y no atesorar nada.

¿Ha sido todo por si acaso?. No, gracias al ciudadano Jesús de Nazareth.

Sevilla, 21 de diciembre de 2005

Mariposas al aire

Casi sin darme cuenta han entrado hoy unas mariposas en mi habitación de estudio y me han sugerido unas ideas sobre la utopía que me gustaría trasladar a las alas de estos seres vivos, que van por el mundo volando, con trajes de fiesta, para que cuando se manifiesten en todo su esplendor a través de la versión actualizada (en otro cine de barrio más próximo a la realidad social del país) de la película de José Luis Cuerda La lengua de las mariposas (TVE – 19-02-2005), permita a los ciudadanos de este país considerar la posibilidad de que otra Europa es posible, en una nueva visión de utopía de las nuevas ideologías tan maltrechas en los tiempos que corren.

Esta posibilidad se hace más digna y alcanzable desde el momento que las mariposas nos llevan de nuevo a considerar que sólo con la colaboración de los más allegados al Samuel Bronston de hoy, es decir, sólo cambiando los decorados, por desgracia, de la ilusión social, podríamos afirmar que el argumento puede tener paralelismos en la situación actual donde los votos de turno hacen que cada uno tome posiciones y se nos vean las indecencias como a aquél sabio, Aristipo de Cirene, al que se le veía su orgullo a través de los agujeros de su traje. Es sólo cuestión de cambiar los títulos de crédito, aunque deberíamos dejar como intocable, a Pardal, el pequeño niño-gorrión.

Y siguiendo con el nudo de la película, hay protagonistas que no se amilanan ante los acontecimientos, existen voluntarios de todo un país nuevo dando un ejemplo de civismo, con su voto, con la ilusión de que otra Europa es posible y que cada uno lleva un pequeño Lula y Manuel Rivas en su corazón. Lo que ocurre es que muchos callan –no votan- porque la fuerza de la vida de las multinacionales de turno, de cualquier producto o idea, hace su agosto cuando no existen ideologías. Y más con las rebajas actuales, en febreros vergonzantes.

Hace sólo unos días, los que defendemos las utopías y, por tanto, las ideologías, cabíamos en un taxi, ya ni siquiera de torero, es decir, sin trasportín, para los más antiguos del lugar. Pero ocasiones como éstas, las de las mariposas, nos permiten entrever a más de treinta y cuatro millones de personas, que la utopía es posible, lo que hace que casi sin darse cuenta el productor, en esta ocasión, nos haya vendido unos billetes hacia alguna parte, hacia la utopía de lo posible. Es lo que el Ché, tan querido para nosotros, nos decía siempre: seamos realistas, exijamos lo imposible…

Y, perdonen, llegamos al final. Yo no quiero callarme, como aquellos lugareños, presa del terror de la indecencia, ante la cordada. Tengo prisa, porque se agotan los billetes de los autobuses de la utopía de Europa, que salen de la estación de Andalucía.

Enviada a “El Pais”, 19/II/05