Las islas de Reil

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http://www.iqb.es/cbasicas/anatomia/clasificacion/cerebro/insula.htm

Hoy te invito a un crucero de la naviera propia, “Inteligencia digital”, con una condición: que te entusiasme buscar islas desconocidas. Para ello, he incorporado a mi cuaderno de bitácora algunos datos de unas islas pequeñas, las Islas de Reil, que me ha parecido fascinante conocer e invitaros a volver a ellas acompañado de las navegantes y los navegantes asiduos de este blog. Estas islas forman parte de una estructura del cerebro, llamadas también “quinto lóbulo”, que figuran siempre junto a los clásicos populares: frontal, occipital, parietal y temporal, y que ocupan el centro del cerebro. Vamos a hacer, por tanto, un viaje al centro de nuestra estructura pensante, con un destino claro: descubrir estas islas, las ínsulas, en términos anatómicos, aportando un mapa cerebral, digital, para que podamos situar bien nuestro claro objeto de deseo, en términos emocionales y así poder localizarlas mejor. Además, he verificado en la investigación particular que existen dos islas, ínsulas, como siempre, en la creación inteligente de la estructura cerebral, izquierda y derecha, a las que dio nombre el médico psiquiatra alemán Johann Christian Reil (1759-1813), al que se le atribuye también la incorporación del vocablo psiquiatría, en 1808, en la historia de la medicina.

Hoy día, sabemos bastante de la estructura y funciones de las mismas. En relación con su estructura y topología cerebral, la ínsula es un complejo centro de conexión e interoperabilidad entre el sistema límbico y el neocórtex. Está constituido “por un número variable de pequeñas circunvoluciones (entre cuatro y seis), localizadas en la base de la cisura lateral y en el fondo de la cisura silviana; está delimitado por los opérculos [porciones a modo de “tapas” provenientes de los otros lóbulos] frontal, parietal y temporal por los surcos limitantes superior e inferior (surco circular), y dividido en dos porciones por el surco insular central: anterior (incluye el limen insulae) y posterior” (1). Son islas muy pequeñas, del tamaño de una moneda de un euro.

Sin embargo, sus funcionalidades están abriendo unas perspectivas extraordinarias en la investigación cerebral: “diferentes estudios en animales y humanos –estimulación eléctrica intraoperatoria, resonancia magnética funcional (RMf), tomografía por emisión de positrones (PET)– demuestran la multiplicidad de conexiones, aferentes y eferentes, con neocórtex, sistema límbico, tálamo, ganglios basales, cápsula interna e hipotálamo, lo cual explica el amplio espectro funcional del lóbulo de la ínsula. Los aspectos funcionales más relevantes se resumen en los siguientes puntos:
1. Área primaria sensitiva y motora visceral autonómica (estímulos gustativos, peristaltismo, presión arterial).
2. Área motora suplementaria.
3. Información auditiva y somatosensorial.
4. Funciones del lenguaje.
5. Área de relevo entre las experiencias empíricas, su componente afectivo y el comportamiento”(2).

Estos datos hacen que las tareas preparatorias del viaje sean de máximo interés. Fundamentalmente, porque vamos a ir a un paraje desconocido a priori, donde reina un movimiento frenético en el ir y venir de los sentimientos y emociones de los seres humanos. Y billetes podemos tener todas y todos. Lo que ocurre es que este tipo de viajes no están en el mercado y eso hace más atractivo el nuestro.

Para empezar, al salir de cada puerto particular, es importante conocer bien los recursos propios, nuestras propias “ínsulas” y lo que han aportado sobre su localización y existencia otras “viajeras” y otros “viajeros“ con patrocinio científico específico. Ya sabemos que tenemos dos, que sus funciones son múltiples, que juegan un papel fundamental en la transformación de las experiencias, conocemos su apego y “sello” personal y la forma de vivirlas y expresarlas y que la llegada a “puerto” (conducta) puede ser segura si conocemos bien la carta de navegación personal e intransferible que todas y todos asociamos a nuestro carné genético. Veamos qué pasa al salir a la alta mar científica.

Para seguir navegando con seguridad, hemos descubierto que la existencia de las ínsulas personales, las tuyas y las mías (¡qué viaje tan próximo!), sirve para saber que mediante una intervención quirúrgica se pueden resolver problemas de epilepsia resistente a los fármacos (3), que una lesión en dichas estructuras corta de raíz las ansias de nicotina de los pacientes (4), que la percepción del miedo y el disgusto activa la ínsula izquierda sobremanera, que cuando se baja en el escalafón social con afectación de la autoestima, la actividad cerebral aumenta en la corteza insular (tensiones y emociones, motivación y recompensa), que “leen estados corporales como el hambre y los antojos, y ayuda a convencer a la gente de pedir otro emparedado, cigarro o incluso la siguiente dosis de cocaína [y que son más activas y mayores en las mujeres (5)]. Así, la investigación de la ínsula ofrece nuevos medios para pensar en la terapia de las adicciones a las drogas, el alcoholismo, la ansiedad y los desórdenes alimenticios. Desde luego, falta tanto por descubrirse del cerebro, que el papel de la ínsula podría ser el de un personaje menor en la gran obra de la mente humana, pero cuando menos, ya está en el escenario” (6).

Y Sandra Blakeslee (7), a la que he conocido más de cerca, intensamente, en un viaje anterior a una isla del tamaño de una servilleta de 50×50, ya conocida, denominada corteza cerebral, resume muy bien las expectativas de lo que vamos a experimentar a través de una estancia larga, la propia vida, en las ínsulas de Reil: “El lugar que sirve como la estación emocional para toda la información que llega desde los distintos circuitos dedicados a las emociones se encuentra al final de todos esos caminos neuronales en dos conjuntos celulares conocidos como ínsulas. Sin embargo, ha sido en la ínsula derecha frontal donde los científicos han encontrado más actividad emocional. Todas estas regiones están conectadas a través de las enormes células spindles [células directamente involucradas en la producción, organización y manipulación de los sentimientos, las emociones y el sentimiento de moral, ubicadas la mayor parte de ellas en la ínsula derecha frontal] y otros circuitos neuronales que se encargan de reproducir y de percatarse de todo tipo de sentimientos y emociones. Estas células y el área insular derecha controlan y ordenan las emociones, poseen un mapa sentimental de lo que ocurre en el cuerpo internamente y lo que pasa en el mundo externo. La enigmática región se activa cuando miramos al ser que amamos, cuando percibimos injusticias y decepción o cuando sentimos incertidumbre frente a ciertas recompensas. También cuando nos avergonzamos y, si se trata de una madre, cuando escucha a un bebé llorar. En esta área también encontramos otra región en donde se almacenan los recuerdos autobiográficos y donde hacemos conciencia de que somos una persona, un ser humano con nombre y pasado y que nos desplazamos en el espacio-tiempo que caracteriza el universo en que vivimos. La conciencia y la moral se alojan en estos lugares”.

Espero no haberte defraudado, aunque la percepción de cada una, de cada uno, a este viaje a alguna parte, depende mucho de las expectativas que se formaron al proponértelo. Tus ínsulas ya son una oportunidad para construir tu inteligencia emocional y sentimental de cada día. Pura emoción, eso sí, pura vida, como dirían en Costa Rica, generadas en tus pequeñas islas de Reil. Pero ¡atención!, fíjate en la de la derecha, ¿recuerdas?, cuando nos aproximábamos a ella… porque allí pasan cosas que, a veces, los humanos ni sospechamos. Ya lo decía Saramago en “El cuento de la isla desconocida”: todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas.

Sevilla, 25/III/2007

(1) Pedrosa-Sánchez, M., Escosa-Bagé, M, García Navarrete, E. y Sola, R.G. (2003). Ínsula de Reil y epilepsia farmacorresistente, REV NEUROL; 36: 40-44.
(2) Pedrosa-Sánchez et alii, Ibídem, 40.
(3) Pedrosa-Sánchez et alii, Ibídem, 40-44.
(4) Naqvi, N.H., Rudrauf, D., Damasio, H. & Bechara, A. (2007). Damage to the Insula Disrupts Addiction to Cigarette Smoking. Science. Jan 26; 315(5811): 531-534.
(5) Brizendine, L. (2007). El cerebro femenino. RBA: Barcelona, p. 13 y 142.
(6) Blakeslee, S. (2007, 8 de febrero). Una pequeña parte del cerebro muestra sus efectos profundos. La ínsula, una zona de recepción que lee el estado fisiológico. The New York Times.
(7) Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.