Antonio Gamoneda

Solo quiero agradecerle con estas palabras breves, el hecho quizá irrelevante para el primer mundo de que un discurso en la entrega del premio Cervantes 2006 me haya devuelto ilusión por la recuperación de la identidad del compromiso, una vez más, en épocas en las que hay que establecer prioridades en el día a día. He leído con atención sus palabras, mágicas, de una sencillez extrema, rodeadas de una clave: la autenticidad de lo cotidiano vivido y sentido en la humildad de la palabra verdadera. Lo decía al final de su discurso:

“El “no saber” es natural en la creación que se desprende de la cultura de la pobreza. Es una suerte de pureza en la oscuridad del pensamiento, que podría ser anulada precisamente por el saber metódicamente adquirido. Nosotros, “los de la pobreza”, no tuvimos libros, no fuimos a la universidad. Esta diferencia con los creadores cultos a partir de una situación social que pueda considerarse afortunada, no es, ni a favor ni en contra, una diferencia de grado cualitativo. Esta diferencia la procurará el talento.

Pero el individuo y, por tanto, el poeta, se realiza en la colectividad. Por esta indefectible circunstancia, toda poesía, aun siendo “irremediablemente subjetiva” (nos lo dice Sartre), es también siempre, en su significación última, poesía social. Puede o no llevar consigo convicciones ideológicas. Ante los poderes injustos, en los poetas de origen acomodado podrá darse la ideología solidaria; en los que se reconocen en la pobreza, será una manifestación de su vida desafortunada. Dicho más brevemente: hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza.”

Hablar en este blog desde el interior de la inteligencia digital, no es lo mismo que solidarizarse con esa forma de expresarse la persona inteligente. Ahí está la diferencia. Por ello, gracias, don Antonio, con la misma calidad y respeto que siempre profesé a mis maestros de la infancia y de la Universidad de la vida.

Sevilla, 29/IV/2007

Perdonar es comprender

He escuchado hoy esta excelente frase: perdonar es comprender y a veces se comprende tanto que no hay nada que perdonar. Comprendo que sea difícil trasladar esta feliz construcción de los pensamientos y sentimientos a las realidades más próximas en este territorio que habitamos, pero todo el esfuerzo es poco por hacer viable el diálogo basado en la comprensión del otro y de sus argumentos. Somos un país muy poco dado a escuchar, a pesar de que hace años el propio Machado nos alertó de esta debilidad nacional: para dialogar, preguntad primero: después… escuchad.

Y necesitamos recordar siempre que durante las veinticuatro horas del día este país necesita rescatar segundos de preguntas, comprensión y perdón si el acontecer diario abre heridas de amor y muerte, que para unas y unos puede ser entregar lo más querido y para aquellas y aquellos, alcanzar el sueño mas esperado. Así recuperamos, al mismo tiempo, la dignidad, como cualidad de lo más digno, es decir, aquello que nos hace merecedores de algo tan importante como la comprensión de los demás. Además, sin necesitar el perdón, porque todas y todos aprendemos a comprender nuestras propias limitaciones, llevándonos de la mano al necesario tiempo de silencio nacional preconizado por Azaña: si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar… Y… comprender, para no tener que perdonar tanto.

Sevilla, 28/IV/2007

Entre Marcos y Jose Afonso

25 de abril. San Marcos y las santas revoluciones. Mañana celebramos el recuerdo de por qué decidimos en 1984 llamar Marcos a nuestro hijo. Poner nombres. También recuerdo año a año aquella revolución portuguesa de 1974, diez años antes, donde Jose Zeca Afonso jugó un papel trascendental. Me hice con su canción de forma un poco artesanal, pero Grandola, vila morena me ha acompañado siempre en mis revoluciones interiores, donde estuviera o viviese, que ha sido en muchos puntos cardinales del mundo. Marcos y la revolución de Zeca, el cuadro del niño con el fusil y el clavel, las manos anónimas sujetándolo, que compré a un hijo imaginario en Roma, muy cerca de Rafael Alberti, en la Librería Rinascita, edificio emblemático de su casco antiguo, donde hoy vive gente adinerada por la contradicción del comunismo, en la calle de las bodegas oscuras, que tantas veces paseé en busca de la libertad no vigilada por la conciencia insolidaria.

En cada esquina un amigo, en cada rostro igualdad. Maravillosa letra para componer canciones para después de las guerras particulares. Y Marcos creciendo de la mano de soledades sonoras porque la revolución silenciosa seguía adelante en el primer mundo. Sigue el cuadro en su cuarto de sueños y trabajo, como mensaje subliminal de que hay que estar cerca de quienes aportan a la sociedad amistad e igualdad, con letra y música de José Afonso.

Porque el pueblo es quien más ordena, Marcos, a la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad, juré tener por compañera a una persona, Marcos, su voluntad. Tu nombre fue un compromiso para el proyecto que mas ordena nuestras vidas, cuando solo tenías segundos de vida real, porque queríamos que fueras un programa de vida compartida en la cultura de Marcos, aquel cronista del siglo I después de Cristo, que nos contó de forma admirable cosas de Jesús de Nazareth, tan humano que a veces le vencía el cansancio y se dormía apoyado en el cabezal del barco, soñando que otro mundo era posible. De un ser que sigue dando que hablar a las multitudes que siguen creyendo en las revoluciones que permiten a cada persona ser feliz con sus proyectos particulares de vida sin estar mediatizados por el consumo de turno. El pueblo es quien más ordena, Marcos. Te lo recuerdo porque yo lo aprendí de Marcos del siglo I y de Jose Afonso en su pequeño rincón de Grándola.

Sevilla, 24/IV/2007

El hipotálamo o la ciruela pequeña

Me remuevo en la silla cada vez que leo, escucho o veo las noticias de mujeres maltratadas y asesinadas. Hace tiempo comencé a trabajar en la construcción de inteligencia creadora que fortalezca el conocimiento de la mujer y de su estructura cerebral para ayudar a comprender mejor las igualdades y diferencias de género, con la ilusión de que el conocimiento del cerebro de las otras, de los otros, de lo que verdaderamente nos une a lo largo de millones de años, la inteligencia, sea una fuerza motriz para remover conciencias de género, enmarcadas en el respeto del conocimiento mutuo. Poco a poco avanzo en la anatomía del cerebro, a través del lenguaje, de la divulgación científica de las estructuras cerebrales que nos pueden hacer más libres porque comenzamos a saber y justificar por qué somos y nos comportamos de forma igual o diferente, sabiendo que el “secreto está en la masa” gris y blanca del cerebro (doscientos mil millones de posibilidades diferentes de ser y estar) cuando se asientan en determinadas estructuras.

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Figura 1: el hipotálamo: imagen recuperada el 24 de abril de 2007, de http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/esp_imagepages/19239.htm

Así llegamos hoy, en este largo camino digital, hasta el hipotálamo, situándonos –valga la metáfora- bajo la cama nupcial, la habitación reservada, que así llamábamos al tálamo. Esta estructura cerebral, en su clave etimológica pura, participa en la regulación del sistema neurovegetativo y endocrino. Es otra “tarjeta” neuronal que cuando se estropea (no funciona bien) acarrea muchísimos problemas a las personas. Y lo peor es que no existen todavía recambios de piezas originales, solo tratamientos -“reparaciones”- paliativos. El hipotálamo, del tamaño de una ciruela pequeña (seguimos en la cocina de la inteligencia…), compuesto por diversos núcleos interrelacionados entre sí, es responsable de una central química más alojada en el cerebro, en su zona central. Controla el equilibrio del agua en el cuerpo, provoca la sensación de hambre o de inapetencia, regula la temperatura corporal (sobre todo la emocional), regula el sueño, también las hormonas, casi todas las “reacciones” emocionales asociadas a conductas de hiperexcitación ó de depresión, la expresión de la libido, y lleva a feliz término el largo viaje que necesita el olfato. Una joya, en definitiva. Y nosotras y nosotros, sin saberlo.

Ante esta maravilla, esta joya de la corona cerebral, solo puedo expresar algo que nos recuerda la compra compulsiva: ¡Me los quedo! Nos los vamos a quedar, porque son dos. Además sin operaciones de mercado. Mis hipotálamos me están permitiendo hoy, mientras escribo estas líneas, controlar la eliminación de orina, me mantienen a una relativa distancia de la “sensación” de hambre o hartazgo, estoy en situación confortable desde el termómetro corporal, mantengo un estado de vigilia muy razonable, estoy experimentando sensaciones de control ante el recuerdo de lo vivido lejano, cuando hace media hora intentaba localizar páginas de mi intrahistoria en Madrid. También me llega el olor de los pétalos que ayer preparó María José en el recipiente azul de la flor del desierto. Y su calor humano.

Más cosas. Se sabe que cuando se descompensa esta maravillosa y sofisticada central se está garantizando el dolor de cabeza, la llamada cefalea en racimo, y todo lo que explicaba anteriormente como concierto armónico en mi cerebro se puede venir abajo y descomponer el estado de ánimo corporal y mental. Las uvas del dolor. Al ser una estructura muy importante del sistema límbico, del llamado “sistema nervioso emocional”, está sujeta a no perder nunca la función de alerta como termostato afectivo, regulando los sentimientos y las emociones permanentemente. Y se conecta con otra estructura interesantísima: la glándula pituitaria ó hipófisis, una glándula de la zona baja del cerebro, muy liviana (0,5 gramos), que libera muchas hormonas, una de ellas muy vinculada a la mujer: la prolactina, que tan importante papel juega en la gestación y alumbramiento. Y también hormonas esenciales en la diferenciación sexual que arranca en la gestación y que alcanza su cénit en la pubertad, donde el hipotálamo pone a cada persona en su “sitio” programado en el carné genético: la TSH, vinculada al Tiroides, la ACTH (estimulación de la corteza suprarrenal), la STH (vinculada al crecimiento), la LH, responsable de la secreción de testosterona y la ovulación, la FSH, coordinadora de la maduración del folículo ovárico y de la formación de espermatozoides, la antidiurética, reguladora de la orina y la oxitocina, que retratan la fisiología femenina en relación al útero y las mamas. Una auténtica sopa de letras pero de la que dependemos en una dieta diaria y que no podemos dar de baja en el menú de la vida humana de cada quién, de cada cual, de cada una, de cada uno.

Me los quedo. Sobre todo porque estas pequeñas estructuras, con el tamaño de unas ciruelas, suponen mucho en mi vida como se pueden imaginar. Aunque tenga que recordar a veces aquel chiste lacónico de Forges, en el que dibujaba a un presunto funcionario que a las 11 de la mañana vuelve a su casa y manifiesta a su mujer (esquema algo rancio de familia, por cierto) algo así, más ó menos: “me he venido del trabajo porque hoy, francamente, me encuentro bien, no sé, es una cosa que me sube y me baja… (señalando el estómago)”. Y la mujer, callaba, asombrada, ante la contradicción de cuatro hipotálamos que quizá no se entienden ni a sí mismo.

Sevilla, 24/IV/2007

Ardiente impaciencia

Sigo trabajando, con ardiente impaciencia (Neruda dixit), en las tareas preparatorias de la publicación digital de mi libro Inteligencia digital. Las cosas del “palacio” cultural van despacio porque obtener el ISBN tarda mes y medio según datos oficiales del Ministerio. Hasta allí no llega la revolución digital. Después vendrá el depósito legal y otras cuitas necesarias para dignificar la publicación con garantías para todas y todos. Pero adelanto algunas características del mismo. Las 371 páginas comprenden 1900 párrafos, 12967 líneas, 111319 palabras y 608644 caracteres. El índice recoge quince capítulos, con epígrafes sugerentes para la comprensión de su hilo conductor, entre los que destaco: cerebro humano y cerebro digital, inteligencia individual, inteligencia conectiva, inteligencia digital y habilidades sociales: la inteligencia social, ¿digitalizar la inteligencia?, inteligencia digital en el siglo XXI: Noosfera, inteligencia digital, gestación y nacimiento, inteligencia digital y escuela, inteligencia digital y sociedad, inteligencia digital y Administración Pública, y ética digital de la Noosfera.

Como la espera puede hacerse tediosa, avanzo hoy la continuación del Prólogo que ya figuraba en el post anterior (¿recuerdan: ¡continuará…!?). Acababa aquella transcripción abordando la comprensión del constructo “inteligencia digital”, con la definición del concepto “inteligencia” en el marco de su primera “aparición” en 1734, con el siguiente detalle:

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Real Academia Española (1990). Diccionario de Autoridades (Ed. facsímil). Madrid: Gredos (Orig. 1726-1739).

“y posteriormente recogidas en todas las versiones tuteladas por la Real Academia Española, hasta llegar a la última edición del Diccionario de la Lengua Española (1), del que nos interesa rescatar también las siete primeras acepciones del vocablo: capacidad de entender o comprender; capacidad de resolver problemas; conocimiento, comprensión, acto de entender; sentido en que se puede tomar una sentencia, un dicho o una expresión; habilidad, destreza y experiencia; trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí y sustancia puramente espiritual, destacando sobremanera la quinta acepción en correlación con la habilidad, destreza y experiencia (también recogida en el Diccionario Académico de Autoridades como tercera acepción, de forma excelente: inteligencia significa también destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, nacida de haberse hecho muy capaz de ella), que se desarrolla más adelante de forma extensa (Capítulo 5) y que supone la visión que fundamenta el objeto de este libro.

La palabra “digital” es la más novedosa en la realidad social actual y en el esquema de la teoría de Negroponte. Según el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 2001), el adjetivo “digital” (incorporado por primera vez en la edición –Manual- de 1983) también tiene una marcada importancia en el citado constructo, dado que es una cualidad referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. Hasta esta edición, figuraba la siguiente definición en el Diccionario de 1992: cualidad mediante la que todas las magnitudes se traducen a números con los que una máquina –computadora electrónica- opera para realizar cálculos (2). En la acepción de Nicholas Negroponte (3), el mundo digital se concibe como el cambio de la materia por energía y del átomo por el BIT (unidad mínima de información digital que puede ser tratada por un ordenador; proviene de la contracción de la expresión binary digit (dígito binario), es decir, ancho de banda ilimitado que permita inundar de bits a las personas, fibra óptica a bajo precio, y una emisión de bits independiente de la velocidad a la que los consumamos. Ser digital proporciona mayor facilidad para acceder a la información que se desea y una información de mayor calidad: la digitalización supone una mayor cantidad de información en un espacio mas reducido, lo que se traduce en trabajo más humano, ocio, educación, etc. en contraposición a la dependencia de la burocracia más denostada por el entorno “atómico” en el que nos desenvolvemos.

Pero el autor que desde hace más de cuarenta años sigue aportando frescura a mis pensamientos y sentimientos digitales es, curiosamente, Pierre Teilhard de Chardin, geólogo, paleontólogo y sacerdote jesuita francés, nacido en 1881 en Francia y que finalizó su vida de forma bastante trágica en 1956, en Estados Unidos. En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos (4), encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia” (…) Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto, religiosa (católica).

Quiero justificar también el subtítulo de este libro: una introducción a la Noosfera digital. Desde 1964 no he cesado en el trabajo subterráneo para descubrir la quintaesencia de la Noosfera que descubrí en la obra completa de Teilhard (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (5), esfera: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos que consolidan la evolución del ser humano: la geosfera y la biosfera. En esta etapa actual de investigación sobre la inteligencia digital, que deseo compartir con la malla pensante de la sociedad actual, he comprendido muchas claves que la difícil historia de España, en el siglo pasado, no permitían vislumbrar.”

No me resisto a decirlo, al finalizar el post de este día: ¡próximamente en este salón, digital por supuesto…!.

Sevilla, 21/IV/2007

(1) Real Academia Española (2001). Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.
(2) Para analizar la inclusión de los lemas informáticos, electrónicos y digitales en las sucesivas ediciones del Diccionario de la Lengua Española, es importante conocer el trabajo crítico de sinopsis realizado por José Antonio Millán (2004). Los términos informáticos en el Diccionario de la Academia. Recuperado el 31 de agosto de 2006, de http://jamillan.com/infordra1.htm.
(3) Negroponte, N. (1995). El mundo digital. Barcelona: Ediciones B., 25-35.
(4) Wolfe, T. (2001). El periodismo canalla y otros artículos. Barcelona: Ediciones B, 98s.
(5) Es muy interesante resaltar la quinta acepción de “esfera” aceptada por la Real Academia Española (RAE): “5. fig. Ámbito, espacio a que se extiende o alcanza la virtud de un agente, las facultades y cometido de una persona”, RAE (2001), Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.

Escribo, solo…

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Así comienza un haiku personal e intransferible (1). Después de un esfuerzo de seis meses de trabajo continuado y de recopilación de textos y reflexiones escritas en mi cuaderno de viaje de un ecuador pasado, finalicé en diciembre de 2006 un ensayo sobre Inteligencia digital, de 371 páginas, con el siguiente subtítulo, Introducción a la noosfera digital, que voy a poner a disposición de toda aquella persona que esté interesada en buscar las islas desconocidas del cerebro, de la inteligencia y de la conjunción de ambas realidades, como habilidad para vivir mejor, en otro mundo posible, en el sentido más profundo del constructo. Estoy en las tareas preparatorias de edición por este medio, Internet, envolviendo ya el regalo a la comunidad pensante en el entorno digital, en esta malla inteligente que trabaja día a día por tener señas de identidad propias. Estoy a la espera de obtener el identificador estándar del libro a nivel internacional, es decir, su carné de identidad (ISBN), la constitución del depósito legal del mismo y la protección de cara a que este libro se pueda copiar, distribuir y comunicar públicamente, bajo tres condiciones amparadas por la licencia de Creative Commons:

Reconocimiento. Para que se reconozcan los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra).
No comercial. Para que no se pueda utilizar esta obra para fines comerciales.
Sin obras derivadas. Para que no se pueda alterar, transformar o generar una obra idéntica.

Estará editado en formato PDF y se lo podrá bajar gratuitamente cualquier persona que muestre interés por sus contenidos desde esta página principal del blog. Esta es la grandeza del uso inteligente de Internet. A modo de avance, ofrezco a continuación el comienzo del Prólogo:

“Hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado (2). Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (3).

Se han estudiado las regiones del genoma humano, una vez establecidas las comparaciones entre los genomas de humanos, chimpancés y otros vertebrados (animales más o menos próximos en la evolución a nosotros) para identificar elementos que hayan contribuido a cambios evolutivos rápidos, que son los realmente importantes, limitándose la investigación a la zona más relevante, la denominada HAR1. Esta zona forma parte de dos genes. Uno de éstos, el HAR1F, es activo en un tipo de células nerviosas, las neuronas Cajal-Retzius, que aparecen pronto en el desarrollo embrionario (entre la séptima y la decimonovena semana de embarazo) y juegan un papel crítico en la formación de la estructura de la corteza cerebral humana. Estas neuronas son las que liberan la proteína “reelin”, que guía el crecimiento de las neuronas y la formación de conexiones entre ellas. El gen identificado (HAR1F) se expresa [sic] junto con la “reelin”, que es fundamental a la hora de formar la corteza cerebral humana, lo que habla más a favor de su importancia en la evolución. En manifestaciones de David Haussler, director del Centro de Ciencia e Ingeniería Biomolecular de la Universidad de California en Santa Cruz e investigador del Instituto Médico Howard Hughes: “No sabemos qué hace, y no sabemos si interactúa con la “reelin”. Pero la evidencia sugiere que este gen es importante en el desarrollo cerebral, y que es emocionante porque la corteza humana es tres veces mayor que la de nuestros predecesores (…) Algo hizo que nuestro cerebro se desarrollara mucho más y que tuviera muchas más funciones que los cerebros de otros mamíferos”.

Con la humildad del investigador que acepta la evidencia científica de que poco sabemos del tiempo transcurrido, de las vivencias de nuestros antepasados, en el año 1997 tuvo lugar un acontecimiento en Europa, en un lugar pequeño de la Noosfera, en mi vida profesional, que supuso un giro copernicano en mi forma de entender y ser en el mundo. Una nueva experiencia de responsabilidad pública en la Administración pública andaluza me obligó a estudiar de nuevo las teorías organizativas y de forma especial el mundo de la informática y de las telecomunicaciones. De esta forma me aproximé a un autor que me ha llevado a enfocar la vida cerebral, integral e integrada, de forma diferente. Me refiero a Nicholas Negroponte, director del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachussets (MTI), posiblemente muy discutido en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, pero de indudable prestigio en la visión del nuevo mundo que estaba por venir en la fecha de publicación de su libro “El mundo digital” (4) y sin descontextualizarlo de su momento oportuno.

A partir de aquella lectura he procurado aprender a aprender de la aportación personal y social de los sistemas de información y telecomunicaciones a la inteligencia humana, para transformarla en inteligencia digital. Nueve años después, aún conociendo que no son la panacea para resolver y curar todos los males existenciales y políticos, sigue teniendo una fuerza especial un mensaje que grabé en la memoria histórica personal y que debo a Negroponte, su autor: Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.

Explicar el constructo “inteligencia digital”, como una posibilidad más de las múltiples formas de expresarse la citada inteligencia humana, dependiendo siempre de muchos factores genéticos y contextuales, es la gran tarea a desarrollar en estas páginas. He aprendido a convivir con ambos vocablos desde todas las perspectivas científicas posibles y por ello deseo “comprender” bien y hacer accesible en este aquí y ahora, a todas las lectoras y a todos los lectores de este libro, el significado que tienen en la sociedad actual y en nuestra realidad como Estado, donde evolucionamos democráticamente como seres inteligentes. Didácticamente, el concepto “inteligencia”, de acuerdo con el Diccionario Académico de Autoridades, al que profeso gran admiración, se ha definido a lo largo de su pequeña historia a través de ocho acepciones, de gran interés para su análisis en contextos sociales declarados formalmente en el siglo XVIII (reproducidas en facsímil a continuación, figurando por primera vez en la edición de 1734:)”

Iré informando puntualmente de su disponibilidad. Espero que los trámites en los que estoy inmerso faciliten esta voluntad digital. Gracias, de antemano, por saber esperar si estás interesada ó interesado en su lectura. Recuerda: este libro no es mercancía sino un “producto” de la inteligencia compartida ó conectiva, es decir, un deber. Quizá, para ti, un derecho. Como lo prefieras, porque no es lo mismo valor que precio (Machado).

Sevilla, 15/IV/2007

(1) Escribo, solo
porque ya siento, solo
un pensamiento

(2) Shreeve, J. (2006). El viaje más largo. National Geographic, Marzo, 2-15.

(3) Pollard, K.S., Salama, S.L. (2006). An RNA gene expressed during cortical development evolved rapidly in humans. Nature advance online. Recuperado el 16 de Agosto de 2006, de http://www.nature.com.

(4) Negroponte, N. (1995). El mundo digital. Barcelona: Ediciones B. Su lectura es imprescindible para aprehender bien el concepto “digital” y su impacto en la vida ordinaria personal, social y profesional.

El tálamo

En las nueces, almendras y castañas, como símbolos del cerebro, está el secreto. Algo importante “se cocina” todos los días en nuestra cabeza. Es más, en cada segundo vital. Para demostrarlo, hoy vamos a acercarnos a una estructura de la que todavía se sabe muy poco: el tálamo (del griego θάλαμος, aposento reservado, habitación especial, de dormir), una estructura neuronal del tamaño de una castaña, que constituye la vía de entrada para todos los estímulos sensoriales con excepción del olfato, como muestra de la evolución del cerebro reptiliano al humano. Estudios recientes recogen investigaciones de amplio calado digital: los núcleos grises del cerebro, entre los que se encuentra el tálamo, son formaciones de sustancia gris situadas en la proximidad de la base del cerebro que representan relevos en el curso de las vías que van a la corteza cerebral y de las que, desde la corteza, descienden a otros segmentos del eje neuronal del sistema nervioso central. Es una nueva “tarjeta neuronal”, de importancia digital extrema, como veremos a continuación.

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Figura 1. El tálamo (imagen recuperada el 7 de agosto de 2006 de: http://es.brainexplorer.org/brain_atlas/Brainatlas_Forebrain.shtml)

Si utilizáramos el símil ciclista, el tálamo juega el papel de control de avituallamiento para los sentidos, a excepción del olfato, como central especializada en repartir juego. Y atendiendo al estado del arte me voy a centrar exclusivamente en hacer comprensible uno de los núcleos fundamentales que lo conforman, junto a los sensoriales y motores, denominado el “núcleo geniculado lateral” (de genus, rodilla, por la doblez o acodamiento que presenta), como núcleo de asociación, como núcleo de proyección específico, que recibe información directamente del ojo, hasta acabar en la corteza cerebral, en un circuito posible y real (retina hacia V1), poniendo los cimientos científicos –como ejemplo preclaro- de la teoría HTM (Memoria Temporal Jerarquizada), preconizada por Jeff Hawkins, como teoría de la memoria predictiva, en los términos que ya desarrollé en un post al efecto, y donde explicaba en lenguaje cercano que “si intentamos “reconstruir” esta secuencia, sencilla/compleja, aplicando la retroalimentación permanente de todas las áreas visuales, con flujos ascendentes y descendentes, en todas las direcciones posibles, estamos ante la verdadera esencia de la HTM. La corteza aprende secuencias, su nombre y no los detalles, un patrón, otras inhiben entradas informativas para dejar paso a las que “interesan” a la corteza en ese momento, aquí y ahora, efectúa predicciones a partir de este “aprendizaje” y forma representaciones constantes o “nombres” para las secuencias [… Es obvio que se muestre así] la importancia de las estructuras jerárquicas –la jerarquía cortical- que se producen y los análisis correspondientes de sinapsis y dendritas actoras e inhibidoras, en conjunción las áreas visuales con las motoras (M) y auditivas (A). Cada una en su papel estelar”.

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Figura 2. Santos, A. (2003). El ojo y la visión (imagen recuperada el 5 de abril de 2007, de http://lorien.die.upm.es/insn/docs/vision-1.pdf)

El núcleo geniculado lateral (ya sabemos que siempre hay dos en el cerebro), de seis milímetros de diámetro (como el grosor de una patata estándar de hamburguesería), está estratificado en seis capas, dos magnocelulares (1 y 2) y cuatro parvocelulares (3 a 6) y permite procesar las experiencias visuales que hacemos a diario hasta el punto que ya se sabe en el laboratorio clínico que una lesión en este núcleo puede impedir cualquier grabación visual consciente (1). Su estructura laminar tiene una configuración de relojería suiza: las neuronas geniculadas se conectan con las neuronas que provienen del ojo, las llamadas neuronas retinianas, correspondiendo a cada lámina de las neuronas geniculadas una conexión retiniana con un solo ojo, izquierdo o derecho, intercalándose entre sí. Las conexiones siguen el principio señalado por la ley de la polaridad dinámica, es decir, las neuronas y sus impulsos eléctricos transmiten sus señales siempre desde las dendritas hasta el axón, en este caso hasta los botones sinápticos, donde los neurotransmisores actúan de forma indefectible. El trayecto es corto (hagan la prueba mental) pero una muestra de la intensidad y dificultad de la descarga en la neurotransmisión de las experiencias humanas visuales lo puede dar el hecho de que cada axón puede tener 1000 botones sinápticos (muy grandes) en un espacio que ocupa la superficie de un cabello. Y este principio de base fotográfica es espectacular, porque la realidad neuronal es que una conexión normal entre neuronas puede desarrollarse entre uno o cinco botones sinápticos, no más. Las descargas son de tal entidad que puede llegar directamente a la corteza cerebral. De ahí la importancia del estudio funcional del tálamo y de su núcleo geniculado lateral para entender bien la teoría HTM.

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Figura 3. Estructura básica de la neurona (imagen recuperada el 7 de agosto de 2006 de: http://es.brainexplorer.org/brain_atlas/Brainatlas_index.shtml).

Comparando al núcleo geniculado lateral con una moderna cámara digital, podríamos decir que corresponde su función a la del procesador de la cámara atendiendo la calidad de la información externa que la lente (óptica) incorpora a la misma, pero con diferencias sustanciales. Y ello debido a que fotografiar lo que el ojo ve supone extraer imágenes del mundo externo, una descripción útil para las personas, pero libres, objetivamente, de información irrelevante hasta que son procesadas en el camino preciso hasta la corteza cerebral. Y con la capacidad del ojo humano, con 125 millones de células sensibles a la luz (fotorreceptores), superada ya por determinados sensores CCD de cámaras digitales, con un canal de transmisión, el nervio óptico, capaz de transportar un millón de datos al tálamo en un viaje extraordinario para desarrollar la inteligencia. Además, en color, ocupando la mitad del trabajo ordinario de la corteza cerebral.

Una característica importante relacionada con la interacción entre la vía visual y el núcleo geniculado lateral es el hecho de que los axones de la vía visual representan sólo un 20% de los axones que inervan ese núcleo. La mayoría de los otros axones provienen de la formación reticular del tronco y de la corteza cerebral y forman parte de circuitos en los que se producen retroalimentación continua. La información ya tratada en una primera fase por la retina sale a otras estructuras cerebrales complementarias del tálamo, cruzándose en el quiasma óptico, donde se distribuye la circulación opuesta a la forma de recepción izquierda y derecha, enviando también datos al hipotálamo, interviniendo en la sincronización de los ritmos biológicos con el ciclo diario de luz–oscuridad (sistema reticular ascendente situado en el tronco del encéfalo). Otras neuronas retinianas (se calcula que el 10%) van al cerebro medio (colículo superior), interviniendo en procesos motores: en el control del tamaño de la pupila (adaptación a los cambios de luz) y del movimiento de los ojos. Por ello, el camino a recorrer por las neuronas retinianas, interpretadas por las neuronas geniculares, es un proceso modular y paralelo, todavía desorganizado hasta llegar a la corteza visual donde se produce el milagro de la inteligencia jerarquizada y organizada, de base digital (HTM), pasando del millón de células ganglionares en trabajo de procesado continuo (salvo en los ritmos circadianos) a más de mil millones de neuronas que lo ordenan todo, en serie, de forma personal e intransferible para los sentimientos y emociones, es decir, para la inteligencia emocional.

La participación de tantos actores en esta representación inteligente de actividad cerebral está todavía por definir de forma completa. Se sabe que tanto la retina, como el tálamo, a través del núcleo geniculado lateral, así como del sistema reticular ascendente, hacen muy atractiva la investigación de lo que vemos y sentimos, en una asociación que ya sabemos donde radica fundamentalmente. Su estudio en laboratorio y con la ayuda de sistemas radiológicos para grabar imágenes del cerebro en movimiento (RNMf) nos ayudarán a conocer la importancia del tálamo como responsable de que las entradas y salidas de información sobre lo vivido visto y sentido, sean tratadas de forma objetiva por nuestra corteza cerebral. Sabemos quizá cómo, pero todavía estamos lejos de saber y justificar el por qué. Quizá podamos entender mejor ahora un poema precioso de Antonio Machado que para mí, al menos, fue siempre una incógnita:

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve
.

O aquella lección magistral de un párroco rural, que lo situaban en Bollullos de la Mitación (Sevilla), y que escuché narrar con devoción en los años sesenta, cuando en la catequesis preparatoria de la primera comunión preguntaba con inocencia vaticana: “A ver, niños, ¿cómo son los ojos de la Virgen?. Y aquellas niñas y aquellos niños, cargados de inocencia bendita contestaban a voz en grito: ¡azules!, ¡verdes!, ¡negros!. Entonces aquél santo varón contestaba con ojos pillines: ¡no, no y no!, ¡misericordiosos, hijos míos, misericordiosos!

(1) Alonso, J.M. (2007). El tálamo y la visión. Mente y Cerebro, 22, 26-32.

Sevilla, 5/IV/2007

Anantapur

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(recuperada el 1 de abril de 2007, de http://www.brightfuturesfoundation.org/make_a_donation.htm)

¡Namasté, a tí!

Ayer recibí la Revista Anantapur, publicada por la Fundación Vicente Ferrer, con la que colaboramos en casa desde que descubrimos la ingente labor de unas personas que llamaron un día a nuestra puerta familiar. Es una edición especial con motivo del 10º aniversario de la creación de la Fundación en España. Creo que su acción se resume en la idea tan mediatizada por todo tipo de intereses como es pensar y, sobre todo, trabajar, para que otro mundo sea posible. Y Anantapur, la ciudad del infinito, es un ejemplo palpable de que cuando te pre-ocupan (con guión) los demás, en cualquier sitio que estén, los días se “santifican”, para unos, se llenan de sentido, para otros, sin tener que esperar la llegada, institucional, de la Semana Santa.

El contenido de la revista es excelente desde el Editorial de Vicente Ferrer, en directo, pasando por los proyectos, sus cifras sobrecogedoras, sus trabajos concretos para erradicar la pobreza mayor, la del conocimiento, y que con su acción coordinada y práctica lleva a los intocables (dálits) y grupos tribales a la libertad integral, la educación como base fundamental del desarrollo, la sanidad extendida, la vivienda digna para todas las familias, el trabajo sobre la tierra, porque salvándola se salvan las personas que la trabajan, las familias y sus tradiciones, en una visión ecológica de inmenso alcance, recuperar a la mujer india como protagonista de la gestión de su propio cambio, el papel que pueden desempeñar los discapacitados en la vivencia de las libertades imaginadas en cerebros dañados, el comercio solidario donde la mercancía es el resultado del respeto a los derechos de los más débiles, la ayuda humanitaria desde los que se dejan ayudar, y sobre todo, la visión de futuro.

Anantapur (India) es una pieza clave en la generación de esfuerzos hechos realidad, quizá también del tuyo, en un mundo de graves contradicciones como puede ser hoy día India, como fuerza emergente en sistemas y tecnologías, con riqueza interna que podría atender las necesidades existentes. Pero la realidad es que siguen existiendo unas diferencias abismales y hay que estar allí ó aquí. La página de contraportada, firmada por Federico Mayor Zaragoza, es el mejor resumen que se podría hacer de esta ingente labor y que con este post, en el mundo de Internet, deseo simbolizar como agradecimiento activo para acercarte a Vicente Ferrer, una persona como tú y yo, en esencia, que un día, hace muchos años, descubrió que trabajar en el presente del infinito mundo de la pobreza general y particular, merecía la pena. Lo hago, “con la admiración y gratitud con la que se acercan a él las gentes de Anantapur y le ofrecen cariñosamente agua de coco bien fresca y guirnaldas de flores amarillas y malvas”…

¡Namasté!

Con el espíritu del Kathakali, la danza que expresa nueve formas de interpretación de estados afectivos con vocación de permanencia en la vida personal: amor, desprecio, pena, furia, valor, miedo, asco, asombro y distanciamiento.

Sevilla, 1/IV/2007