Antonio Gamoneda

Solo quiero agradecerle con estas palabras breves, el hecho quizá irrelevante para el primer mundo de que un discurso en la entrega del premio Cervantes 2006 me haya devuelto ilusión por la recuperación de la identidad del compromiso, una vez más, en épocas en las que hay que establecer prioridades en el día a día. He leído con atención sus palabras, mágicas, de una sencillez extrema, rodeadas de una clave: la autenticidad de lo cotidiano vivido y sentido en la humildad de la palabra verdadera. Lo decía al final de su discurso:

“El “no saber” es natural en la creación que se desprende de la cultura de la pobreza. Es una suerte de pureza en la oscuridad del pensamiento, que podría ser anulada precisamente por el saber metódicamente adquirido. Nosotros, “los de la pobreza”, no tuvimos libros, no fuimos a la universidad. Esta diferencia con los creadores cultos a partir de una situación social que pueda considerarse afortunada, no es, ni a favor ni en contra, una diferencia de grado cualitativo. Esta diferencia la procurará el talento.

Pero el individuo y, por tanto, el poeta, se realiza en la colectividad. Por esta indefectible circunstancia, toda poesía, aun siendo “irremediablemente subjetiva” (nos lo dice Sartre), es también siempre, en su significación última, poesía social. Puede o no llevar consigo convicciones ideológicas. Ante los poderes injustos, en los poetas de origen acomodado podrá darse la ideología solidaria; en los que se reconocen en la pobreza, será una manifestación de su vida desafortunada. Dicho más brevemente: hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza.”

Hablar en este blog desde el interior de la inteligencia digital, no es lo mismo que solidarizarse con esa forma de expresarse la persona inteligente. Ahí está la diferencia. Por ello, gracias, don Antonio, con la misma calidad y respeto que siempre profesé a mis maestros de la infancia y de la Universidad de la vida.

Sevilla, 29/IV/2007