Las islas de Reil

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http://www.iqb.es/cbasicas/anatomia/clasificacion/cerebro/insula.htm

Hoy te invito a un crucero de la naviera propia, “Inteligencia digital”, con una condición: que te entusiasme buscar islas desconocidas. Para ello, he incorporado a mi cuaderno de bitácora algunos datos de unas islas pequeñas, las Islas de Reil, que me ha parecido fascinante conocer e invitaros a volver a ellas acompañado de las navegantes y los navegantes asiduos de este blog. Estas islas forman parte de una estructura del cerebro, llamadas también “quinto lóbulo”, que figuran siempre junto a los clásicos populares: frontal, occipital, parietal y temporal, y que ocupan el centro del cerebro. Vamos a hacer, por tanto, un viaje al centro de nuestra estructura pensante, con un destino claro: descubrir estas islas, las ínsulas, en términos anatómicos, aportando un mapa cerebral, digital, para que podamos situar bien nuestro claro objeto de deseo, en términos emocionales y así poder localizarlas mejor. Además, he verificado en la investigación particular que existen dos islas, ínsulas, como siempre, en la creación inteligente de la estructura cerebral, izquierda y derecha, a las que dio nombre el médico psiquiatra alemán Johann Christian Reil (1759-1813), al que se le atribuye también la incorporación del vocablo psiquiatría, en 1808, en la historia de la medicina.

Hoy día, sabemos bastante de la estructura y funciones de las mismas. En relación con su estructura y topología cerebral, la ínsula es un complejo centro de conexión e interoperabilidad entre el sistema límbico y el neocórtex. Está constituido “por un número variable de pequeñas circunvoluciones (entre cuatro y seis), localizadas en la base de la cisura lateral y en el fondo de la cisura silviana; está delimitado por los opérculos [porciones a modo de “tapas” provenientes de los otros lóbulos] frontal, parietal y temporal por los surcos limitantes superior e inferior (surco circular), y dividido en dos porciones por el surco insular central: anterior (incluye el limen insulae) y posterior” (1). Son islas muy pequeñas, del tamaño de una moneda de un euro.

Sin embargo, sus funcionalidades están abriendo unas perspectivas extraordinarias en la investigación cerebral: “diferentes estudios en animales y humanos –estimulación eléctrica intraoperatoria, resonancia magnética funcional (RMf), tomografía por emisión de positrones (PET)– demuestran la multiplicidad de conexiones, aferentes y eferentes, con neocórtex, sistema límbico, tálamo, ganglios basales, cápsula interna e hipotálamo, lo cual explica el amplio espectro funcional del lóbulo de la ínsula. Los aspectos funcionales más relevantes se resumen en los siguientes puntos:
1. Área primaria sensitiva y motora visceral autonómica (estímulos gustativos, peristaltismo, presión arterial).
2. Área motora suplementaria.
3. Información auditiva y somatosensorial.
4. Funciones del lenguaje.
5. Área de relevo entre las experiencias empíricas, su componente afectivo y el comportamiento”(2).

Estos datos hacen que las tareas preparatorias del viaje sean de máximo interés. Fundamentalmente, porque vamos a ir a un paraje desconocido a priori, donde reina un movimiento frenético en el ir y venir de los sentimientos y emociones de los seres humanos. Y billetes podemos tener todas y todos. Lo que ocurre es que este tipo de viajes no están en el mercado y eso hace más atractivo el nuestro.

Para empezar, al salir de cada puerto particular, es importante conocer bien los recursos propios, nuestras propias “ínsulas” y lo que han aportado sobre su localización y existencia otras “viajeras” y otros “viajeros“ con patrocinio científico específico. Ya sabemos que tenemos dos, que sus funciones son múltiples, que juegan un papel fundamental en la transformación de las experiencias, conocemos su apego y “sello” personal y la forma de vivirlas y expresarlas y que la llegada a “puerto” (conducta) puede ser segura si conocemos bien la carta de navegación personal e intransferible que todas y todos asociamos a nuestro carné genético. Veamos qué pasa al salir a la alta mar científica.

Para seguir navegando con seguridad, hemos descubierto que la existencia de las ínsulas personales, las tuyas y las mías (¡qué viaje tan próximo!), sirve para saber que mediante una intervención quirúrgica se pueden resolver problemas de epilepsia resistente a los fármacos (3), que una lesión en dichas estructuras corta de raíz las ansias de nicotina de los pacientes (4), que la percepción del miedo y el disgusto activa la ínsula izquierda sobremanera, que cuando se baja en el escalafón social con afectación de la autoestima, la actividad cerebral aumenta en la corteza insular (tensiones y emociones, motivación y recompensa), que “leen estados corporales como el hambre y los antojos, y ayuda a convencer a la gente de pedir otro emparedado, cigarro o incluso la siguiente dosis de cocaína [y que son más activas y mayores en las mujeres (5)]. Así, la investigación de la ínsula ofrece nuevos medios para pensar en la terapia de las adicciones a las drogas, el alcoholismo, la ansiedad y los desórdenes alimenticios. Desde luego, falta tanto por descubrirse del cerebro, que el papel de la ínsula podría ser el de un personaje menor en la gran obra de la mente humana, pero cuando menos, ya está en el escenario” (6).

Y Sandra Blakeslee (7), a la que he conocido más de cerca, intensamente, en un viaje anterior a una isla del tamaño de una servilleta de 50×50, ya conocida, denominada corteza cerebral, resume muy bien las expectativas de lo que vamos a experimentar a través de una estancia larga, la propia vida, en las ínsulas de Reil: “El lugar que sirve como la estación emocional para toda la información que llega desde los distintos circuitos dedicados a las emociones se encuentra al final de todos esos caminos neuronales en dos conjuntos celulares conocidos como ínsulas. Sin embargo, ha sido en la ínsula derecha frontal donde los científicos han encontrado más actividad emocional. Todas estas regiones están conectadas a través de las enormes células spindles [células directamente involucradas en la producción, organización y manipulación de los sentimientos, las emociones y el sentimiento de moral, ubicadas la mayor parte de ellas en la ínsula derecha frontal] y otros circuitos neuronales que se encargan de reproducir y de percatarse de todo tipo de sentimientos y emociones. Estas células y el área insular derecha controlan y ordenan las emociones, poseen un mapa sentimental de lo que ocurre en el cuerpo internamente y lo que pasa en el mundo externo. La enigmática región se activa cuando miramos al ser que amamos, cuando percibimos injusticias y decepción o cuando sentimos incertidumbre frente a ciertas recompensas. También cuando nos avergonzamos y, si se trata de una madre, cuando escucha a un bebé llorar. En esta área también encontramos otra región en donde se almacenan los recuerdos autobiográficos y donde hacemos conciencia de que somos una persona, un ser humano con nombre y pasado y que nos desplazamos en el espacio-tiempo que caracteriza el universo en que vivimos. La conciencia y la moral se alojan en estos lugares”.

Espero no haberte defraudado, aunque la percepción de cada una, de cada uno, a este viaje a alguna parte, depende mucho de las expectativas que se formaron al proponértelo. Tus ínsulas ya son una oportunidad para construir tu inteligencia emocional y sentimental de cada día. Pura emoción, eso sí, pura vida, como dirían en Costa Rica, generadas en tus pequeñas islas de Reil. Pero ¡atención!, fíjate en la de la derecha, ¿recuerdas?, cuando nos aproximábamos a ella… porque allí pasan cosas que, a veces, los humanos ni sospechamos. Ya lo decía Saramago en “El cuento de la isla desconocida”: todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas.

Sevilla, 25/III/2007

(1) Pedrosa-Sánchez, M., Escosa-Bagé, M, García Navarrete, E. y Sola, R.G. (2003). Ínsula de Reil y epilepsia farmacorresistente, REV NEUROL; 36: 40-44.
(2) Pedrosa-Sánchez et alii, Ibídem, 40.
(3) Pedrosa-Sánchez et alii, Ibídem, 40-44.
(4) Naqvi, N.H., Rudrauf, D., Damasio, H. & Bechara, A. (2007). Damage to the Insula Disrupts Addiction to Cigarette Smoking. Science. Jan 26; 315(5811): 531-534.
(5) Brizendine, L. (2007). El cerebro femenino. RBA: Barcelona, p. 13 y 142.
(6) Blakeslee, S. (2007, 8 de febrero). Una pequeña parte del cerebro muestra sus efectos profundos. La ínsula, una zona de recepción que lee el estado fisiológico. The New York Times.
(7) Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.

El caballo encorvado

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No hace falta parecerse a Fernando Savater, al que admiro desde que adquirí el compromiso activo de la contravida rutinaria, para conocer las características de este curioso equino cerebral, del hipocampo (caballo encorvado, caballito del mar) que juega un papel tan importante en la carrera de la vida humana. Tampoco voy a susurrar a este pequeño corcel que juega un papel tan importante para identificar bien el largo camino de la memoria. Cabalgando despacio es posible que podamos conocerle bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno. Veamos.

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Se trata de una circunvolución (elevación redondeada) que se encuentra en la región anteromedia del lóbulo temporal del cerebro, que “resulta de la internalización en los mamíferos, de un córtex arcaico desarrollado en reptiles y mamíferos primitivos” (1). Esta corteza primitiva, ¿paleocorteza?, que forma parte de la alocorteza, integra tres estructuras: giro o fascia dentada, el cuerno de Ammon y el subiculum. Y lo sustancial: forma parte del sistema límbico, como estructura fundamental de diferentes tipos de memorias y almacén de las emociones por su proximidad con la amígdala. Vamos por partes. Hay que empezar por la estructura más antigua, no se sabe si de vital importancia para guardar “grabaciones” vitales, denominada “alocorteza”, una parte muy profunda del cerebro, la más antigua, heredada de nuestros antepasados, necesaria para ordenar las citadas grabaciones neuronales. Hay que “abrir el cerebro” para localizarla: no se ve desde fuera. Y una vez allí, nos encontramos con estructuras muy curiosas: el archipallium, el paleopallium, el claustro y la amígdala (¿recuerdas?). Pallium es corteza en latín, palio en el lenguaje popular. El archipallium (primera corteza) es la zona donde se encuentra nuestro caballo encorvado, junto a un área de transición: la fascia dentada, el cuerno de Ammon y el subiculum, considerándose la parte más antigua del cerebro.

El paleopallium (antigua corteza) comprende la corteza piriforme la región periamigdalar y la corteza entorrinal. El claustro es una estría de sustancia gris, y la amígdala que ya fue “declarada” en este cuaderno de bitácora como una de las maravillas del universo cerebral en el post de 25 de febrero de 2007.

Volvamos al hipocampo, aunque ya sabemos que no cabalga solo en el cerebro. Dijimos que integraba tres estructuras. La primera, la fascia dentada, es una circunvolución (elevación redondeada) que recibe aferencias (fibras que traen y llevan) desde la corteza entorrinal (que recibe dopamina y la proyecta hacia el hipocampo). La segunda, el hipocampo propio o cuerno de Ammon, es el hipocampo por definición, la estructura más antigua. Está dividido en tres áreas, formadas por células piramidales donde las dendritas juegan un papel fundamental en la neurotransmisión de naturaleza glutamatérgica. Por último, la tercera, el subiculum, como zona de transición entre el hipocampo y el giro parahipocámpico de la corteza temporal, la corteza de tres capas que rodea al hipocampo. Y la corteza entorrinal, área que se encuentra dividida en seis capas corticales bien definidas. Es responsable del tráfico interno en todas las áreas del hipocampo y de la mayor entrada de fibras en el mismo.

¿Por qué estoy interesado en presentar este “caballo” de carreras vitales? ¿Qué funciones trascendentales para la vida ordinaria desempeña el hipocampo, basadas en el aprendizaje y en la memoria como un todo indisoluble? Por varias razones y funciones demostradas científicamente. La primera es porque llama la atención que el cerebro más antiguo se haya encargado siempre de “guardar” los patrones de aprendizaje y que a través de la evolución de las especies su misión “solo” se haya enriquecido con las aferencias (los circuitos y entradas y salidas de los neurotransmisores) que le han permitido crecerse hasta alcanzar una inmensa popularidad en el turf de la vida. Esto se ha demostrado recientemente con la investigación reconocida por la revista Science en relación con el descubrimiento de científicos italianos y españoles al demostrar en laboratorio cómo funciona la química de la memoria, registrando el cerebro de ratones vivos mientras recuerdan. Sobre este experimento ya recogí su importancia en otro post y básicamente consiste en introducir un sensor en el cerebro de los ratones (en el hipocampo, como región clave en la memoria) y ver cómo funciona cuando aprenden recordando. Ante este planteamiento se recurre a producir un sonido junto al ratón justo antes de que un soplo en los ojos le haga cerrar los párpados y, como en el caso del perro de Pavlov, tras repetirlo varias veces, el animal cierra los ojos al oír el sonido, aún sin soplo que le induzca a hacerlo (2).

En segundo lugar, porque las situaciones de “olvido” voluntario o involuntario, no son capaces de predecir situaciones que han de venir o pasar. De forma didáctica se publicaba recientemente una referencia al impacto del trabajo del hipocampo en funciones diarias y en experiencias y recuerdos vitales (3): “Seguro que muchos de ustedes ya están planificando sus próximas vacaciones. Es posible que no sepan nada del sitio al que van a ir, pero si se les dice que va a ser una playa tropical ya pueden predecir algunas de las sensaciones y experiencias que van a vivir. Esta capacidad de premonición se aloja en una zona del cerebro, el hipocampo, que está estrechamente relacionada con los recuerdos. Tanto, que es la región que muchas veces tienen dañada las personas con amnesia. Al menos esto es lo que pasó con el ensayo, que ha sido realizado por científicos de las universidades de Londres y Cardiff (Reino Unido), y que ha sido publicado en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). La importancia del trabajo rutinario del hipocampo es de tal calibre que difícilmente pueden construir el futuro las personas con el hipocampo dañado. El título de este cuaderno de bitácora, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, justificaría por sí mismo que se ahondara en esta investigación, porque construir el día a día es la tarea que se vive subidos al corcel (el hipocampo, el caballito del mar) que hoy he presentado en sociedad, digital por supuesto. Y es una grabación en la memoria de gran impacto personal porque es la memoria que permanece, que se guarda, no la inmediata, porque ésta está en otro sitio del cerebro. La expresión “mi mala memoria” es la que refleja bien estas malas pasadas… de la química, quizá.

Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum,(la pared delgada que separa dos tejidos) alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera” (4). Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volumen de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.

Sabemos más cosas y sobre todo en relación con las claves de género: el hipocampo es mayor y más activo en las mujeres, es decir, pueden estar en todos los “detalles” de lo que ocurre en determinadas ocasiones; sufre cambios hormonales constantes en una dialéctica entre el estrógeno y la progesterona, activas “amazonas” en la carrera de la vida personal y en pareja; en el primer día del periodo, el hipocampo es activado por el estrógeno reforzando e incrementando en un 25% sus conexiones: se recuerda y aprende más y mejor, es decir, la actividad recordatoria puede ser frenética en la segunda semana del ciclo menstrual. Conocer estas realidades fisiológicas ayuda a los hombres a respetar más a la mujer, entre otras cosas porque sus posibilidades de aprendizaje son una continua lección programada, mes a mes, que hace muy valiosa la experiencia menstrual desde esta óptica contrastada por la ciencia. También se ha investigado el envejecimiento en esta maravillosa estructura cerebral y se sabe que si se mantiene la terapia hormonal en mujeres menopáusicas, su memoria tenderá a envejecer más lentamente, porque las dosis de estrógenos activan la memoria verbal y de largo plazo.

Hoy, determinados investigadores sabemos cosas que nos hace muy atractiva la aproximación al cerebro desnudo. Espero que estas palabras ayuden a conocernos mejor en la parte más profunda del ser humano, aquella que no se ve, aunque sea difícil asemejarnos a Robert Redford (Tom Broker), cuando de forma magistral para los sentimientos y emociones de los espectadores “susurraba a los caballos” como metáfora de la aprehensión de la vida. Para quien quiera comprender el hipocampo así (nuestro pequeño caballo particular pilgrim, personal e intransferible), a partir de hoy no podemos decir ya –afortunadamente- que es un desconocido. Te lo he susurrado. Nada más.

Sevilla, 18/III/2007

Cerebro y género

Género y vida

(1) Mora, F. y Sanguinetti, A.M. (1994). Diccionario de Neurociencias. Madrid: Alianza.
(2) Gruart, A., Muñoz, M.D. y Delgado-García, J.M. (2006). Involvement of the CA3–CA1 Synapse in the Acquisition of Associative Learning in Behaving Mice. The Journal of Neuroscience, 26(4):1077–1087.
(3) Benito, Emilio de (2007, 16 de enero). “Olvidar” el futuro. Las personas con amnesia no son capaces de anticiparse o predecir situaciones venideras. El País, p. 36.
(4) Almaguer Melian, W., Bergado Rosado, J. y Cruz Aguado, Reyniel (2005). Plasticidad sináptica duradera (LTP): un punto de partida para entender los procesos de aprendizaje y memoria. Revista Cubana de Informática Médica, 1 (5).

Camino de Sión, deconstruyendo ya el cerebro digital

Dedicado a todas aquellas personas, mujeres y hombres, también a las máquinas inteligentes, que hicieron posible el encuentro sobre la deconstrucción del cerebro digital, el 5 de marzo de 2007, incluido en el programa de Imaginática 2007.

He dejado pasar unos días desde que inicié el camino de Sión/Aula Magna de Química, en el campus universitario de Reina Mercedes, en Sevilla, como metáfora de la celebración de la conferencia sobre La deconstrucción del cerebro digital, en la que participé junto a Jorge Cantón Ferrero, Jorge Moreno Aguilera y Marcos Cobeña Morián, que conformamos el grupo de investigación DiNeT, sobre el que ya indiqué su actividad de investigación aplicada de neurociencia digital, en mi post anterior sobre Imaginática 2007.

La experiencia de lo allí ocurrido es irrepetible porque nadie se baña dos veces en el mismo rio (Heráclito de Éfeso). Aún así es justo recordar que ha sido una experiencia extraordinaria, por asistencia masiva de personas interesadas en hacer un viaje a lo desconocido, intuido en el marco de la inteligencia artificial, que debíamos “deconstruir” para hacer nuevos planteamientos de investigación digital “aprendida” del funcionamiento ordinario del cerebro y contribuir de forma “imaginática” en el futuro de sus expectativas profesionales. Es decir, el encuentro no era inocente y nuestra intervención tampoco. Y empezamos con la intervención de Marcos Cobeña Morián, justificando el contenido global del encuentro, apeándolo del tratamiento ordinario de conferencia y dándole un tratamiento formal y cercano al mismo tiempo, para invitarnos a iniciar el camino de Sión, metáfora preciosa para acceder al templo del conocimiento, el cerebro en estado puro. Nos llevó de la mano por el saludo digital por excelencia “Hola, mundo”, nos introdujo en la necesidad de conocer el estado del arte -¿por qué no?- del “cerebro” en su antes y ahora (no después), utilizó una metáfora para expresar la quintaesencia del proyecto DiNeT a través de una idea fantástica de la cantante Lauryn Hill (To Zion, The Miseducation Of Lauryn Hill): “’Lauryn, baby, use your head’. But instead I chose to use my heart (‘Lauryn, hija, utiliza tu cabeza’ [haciendo alusión al consejo de un ángel]. Pero en lugar de ello escogí usar mi corazón)”. Si durante tanto siglos se ha centrado la justificación de la vida en el corazón, ¡qué importante es que ahora nos dediquemos a buscar esa razón de ser, humana, en el cerebro! (para muchos, la cabeza). Es más o menos lo que también pretendió Freud con su teoría psicoanalítica del subsconciente, salvando lo que haya que salvar, en su pretensión de la reinterpretación de los sueños en los que se sabe a ciencia cierta que se “almacena” la vida, donde graba la “memoria”. Continuó con la frase subliminal del anuncio reciente de Bruce Lee: “Empty your mind… (Vacía tu mente…)”. Ese era el compromiso concreto para este encuentro: motivar la curiosidad científica sobre el cerebro, la caja fantástica que todos y todas llevamos dentro.

Y seguimos caminando hacia Sión, el templo del conocimiento. Supimos que el auténtico protagonista del encuentro era Jeff Hawkins, el autor del libro iniciático en estas lides investigadoras, Sobre la inteligencia (1), que tantas veces he citado en este cuaderno. Excelente y recomendable, para empezar. De obligado cumplimiento, diría yo. No te defraudará, como miembro que eres de la Noosfera digital. Supimos que la corteza cerebral es un mundo por descubrir, que tiene el tamaño de una servilleta desplegada, que su grosor es el de seis cartas de una baraja, nos enseñó una cáscara de nuez por su similitud con la superficie rugosa del cerebro, su interior, afirmando rotundamente para quien lo quisiera escuchar que “el universo cerebro es una cáscara de nuez” [el tachado es original], la comparó con la orquesta cerebral que todos los días celebra un concierto sempiterno, con millones de partituras, y cerró su presentación con dos hipótesis: 1ª. ¿Es posible que el actual estado del arte digital pueda “copiar” la actividad desarrollada por la corteza cerebral?, 2ª. ¿Es posible jerarquizar los actuales avances científicos sobre la corteza cerebral para establecer la interoperabilidad de base digital (conectividad)?. Y cuando todos estábamos en la soledad sonora que obligaba a descifrar estos planteamientos, nos mostró solo tres siglas: HTM (Memoria Temporal Jerarquizada). Y como pasaba antes en los cines de mi infancia, todo parecía que se podría ver “próximamente en este salón”. Pero aquello seguía. Y presentó a Jorge&Jorge, Jorge Cantón Ferrero, Jorge Moreno Aguilera, tanto monta, monta tanto, siendo este último el que tomó el relevo para descifrar la palabra mágica.

Puso la nota simpática que muestra la inteligencia suprema del ser humano, haciéndonos reir, di-vertirnos (el guión es mío), distraernos, haciendo muy fácil acometer esa empresa tan difícil a priori, volcándonos en su exposición (vertirnos en ella). Y su primera pantalla era precisamente esa: HTM y la firma del equipo de investigación. A través de cinco contenidos, mostró de forma genial la importancia del cerebro en la vida ordinaria, aproximando a la audiencia a términos tan familiares en nuestra investigación como redes neuronales, jugando con preguntas a los asistentes que mostraban la simplicidad de algunos actos de localización de objetos (personajes) sabiendo que es una operación de contrarios, sencilla y compleja al mismo tiempo, que ha desencadenado una acción (¿millones de acciones?) en clave de red neuronal y que es posible “copiarla”; “si “una mente” es capaz de hacerlo…, ¡vamos a imitarla!. Rotundo. Continuó “pasando” al despacho del neurólogo, es decir, había que contrastar que el cerebro está constituido por neuronas y que hay que conocer cómo funcionan.

Y nos llevó de nuevo al laboratorio. Aparentemente, ¡qué trasiego!, había que hacer tres cosas: implementar una neurona, interconectar varias neuronas y probar varias configuraciones de red. ¡Había que ver las doscientas caras, miradas, ojos y expresiones de los asistentes, mientras Jorge Moreno nos empujaba, casi, para que entráramos todas y todos, en el laboratorio del equipo!. Y afirmó: ¡ya tenemos red neuronal!. Y dio cifras sobre los avances en este campo: Predicts Gas Index Prices, 97%; Selecting Winning Dogs, 94%; Tracks Beer Quality, 96%; Diagnose Heart Attacks, 93%; Detrimental Solar Effects, 88% y Predicting Secuences, 77%. Y llegó la artista invitada: HTM. Comenzó su presentación con una pregunta curiosa: ¿es DeepBlue [ordenador que juega al ajedrez] realmente inteligente? La fue “contestando” (la pregunta la hacía/respondía una máquina, al final…) con la explicación didáctica del test de Turing y de la habitación china (Searle) y abordó la traca final: cuando el hombre quiso volar, inventó el avión; cuando el hombre quiso ser más rápido que los animales, inventó la rueda de carro y…, cuando el hombre quiso construir máquinas inteligentes, inventó HTM. Y nos presentó a un cuasi Terminator, con augurios sorprendentes, como imagen subliminal. Pero no, había sido solo un flash back, como recurso cinematográfico de amplio espectro, como los antibióticos.

Y cedió el testigo a Jorge Cantón Ferrero. Tengo que reconocer que me impresionó mucho la exposición de Jorge Moreno, porque nos invitó a investigar de una forma muy sencilla, repito, pero en estos tiempos que corren era muy sugerente su exposición porque rompía los moldes clásicos de la Academia. Excelente.

Jorge Cantón se adentró en la teoría de Vernon Mountcastle, sobre la organización principal de la función cerebral, como algoritmo único y cómo describió por primera vez las partes de un cerebro organizado. Hizo una breve introducción al córtex visual, a sus capas esenciales y mostró un pequeño juego sobre la “neurona de Bill Clinton” (sus fotos, su cara, sus escarceos…) que todos asociamos rápidamente “introduciéndonos” en su diapositiva. Si es verdad que llega información desde nuestros ojos a la corteza cerebral, en un camino muy corto y ya tasado, es decir, “veo una foto de Clinton”, y en la primera acción cerebral la corteza es capaz –de abajo a arriba- de “discretizar” puntos y líneas (V1: área visual primaria), para después discriminar contornos y formas (V2) y reconocer estructuras más complejas (V4), finalmente, la IT (área cortical superior) “reconoce” a Bill Clinton.

Y Jorge Cantón nos descifró de forma pausada y muy efectista el acrónimo HTM, demostrando su implementación básica. Pantalla a pantalla hizo una reconstrucción efectiva de la teoría de Jeff Hawkins que considero admirable, porque explicó en muy poco tiempo la configuración real de la memoria predictiva. Si intentamos “reconstruir” esta secuencia, sencilla/compleja, aplicando la retroalimentación permanente de todas las áreas visuales, con flujos ascendentes y descendentes, en todas las direcciones posibles, estamos ante la verdadera esencia de la HTM. La corteza aprende secuencias, su nombre y no los detalles, un patrón, otras inhiben entradas informativas para dejar paso a las que “interesan” a la corteza en ese momento, aquí y ahora, efectúa predicciones a partir de este “aprendizaje” y forma representaciones constantes o “nombres” para las secuencias. La neurona Bill Clinton. O el 11M. Y salió a relucir el “ingeniero informático”. Explicó la importancia de las estructuras jerárquicas –la jerarquía cortical- que se producen y los análisis correspondientes de sinapsis y dendritas actoras e inhibidoras, en conjunción las áreas visuales con las motoras (M) y auditivas (A). Cada una en su papel estelar. Pero con humildad científica y como decía Jorge Moreno, con su gracejo particular, queda “muuuucho por hacer”. Así se despidió la primera parte de la parte contratante, que diría Groucho Marx. Pero la sesión era continua, como en los cines de mi infancia, una vez más.

Por último, intervine con mi hipótesis de trabajo que daba el nombre a la exposición asignada: la deconstrucción del cerebro digital. Por mi condición actual, consideré ilustrativo comenzar con un chiste de Forges muy intuitivo: ante un desplante de la famosa esposa de funcionario que siempre dibuja con su ironía característica, que decía ante un coche –tirados en la carretera- que por fin ha arrancado después de la “intervención” del marido: “parece increíble que hayas conseguido que funcione otra vez, quitándole todas las piezas que le has quitado”, contesta él: “los funcionarios sabemos cosas que los humanos ni sospecháis”. Era el contexto de un investigador que sigue trabajando todos los días en la “cosa pública”. Y es verdad, porque he aprendido cosas que yo no sospechaba nunca que fueran así en el cerebro.

Bromas aparte, empecé con una diapositiva que recogía una frase de Stanley Kubrik que me sugería una expectativa respecto del encuentro global y no solo de mi intervención, por la propia experiencia vivida en el mayo francés de 1968, cuando salí de España a la búsqueda de islas desconocidas y en homenaje a una película que supuso un antes y un después en la imagenería de la inteleigencia artificial: “2001 es una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música.” Efectivamente, pretendíamos que este acto de Imaginática 2007 fuera “una experiencia internamente subjetiva que alcanzara a los asistentes, sin excepción, a un nivel interno de conciencia como… lo intentamos hacer a través de la presentación de HTM”. Seguí con la explicación de un cuadro de René Magritte: ceci n´est pas une pipe o la traición de la imagen, como buscador insaciable en su obra de la contradicción intelectual o verbal. Y con una fotografía de una imagen de un cerebro humano en funcionamiento ordinario, de vivos colores y formas sugerentes para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas. Es más, la porción delantera velada del cerebro, asociada a pensamiento complejo, varía la mayoría de las veces entre los individuos, los óvalos azules marcan las áreas de la función básica que varían relativamente poco. La traje a colación porque las visualizaciones como ésta son parte de un proyecto que dirige el profesor Arthur Toga, neurólogo en la Universidad de California, en Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional, para trazar la información compleja y dinámica sobre el cerebro humano, incluyendo genes, enzimas, estados de la enfermedad, y anatomía. Los mapas del cerebro representan colaboraciones entre los neurólogos y los expertos en matemáticas, estadística, informática, bioinformática, proyección de imagen, y nanotecnología. Ese era su fundamento.

Y di una noticia de actualidad absoluta: solo hacía unas horas que se conocía el trabajo que la Dra. Lola Cañamero está llevando a cabo en la Universidad de Herfordshire (UK), porque era ilusionante y un ejemplo de que lo que allí estaba ocurriendo en el Aula Magna (nuevo templo de Sión…) respondía a un interés científico mundial y compartido. El proyecto en el que trabaja se denomina Feelix Growing: “FEEL, Interact,eXpress: a Global appRoach to develOment With INterdisciplinary Grounding” (Sentir, interactuar,expresar: una estrategia integral para el desarrollo interdisciplinario de sistemas cotidianos) y puede dar respuesta a corto plazo sobre una de las preguntas del millón de euros y que a algunas y algunos nos preocupa: ¿qué sienten las máquinas?.

Haciendo camino al andar digital, comencé a adentrarme en el pensamiento de Jacques Derrida, atacando la base de la deconstrucción y ofrecí una definición ajustada a nuestro acervo cultural: desmontaje de un concepto o de una construcción intelectual por medio de su análisis, mostrando así contradicciones y ambigüedades (DRAE, 2002), porque este era el objeto del encuentro: mostrar las posibles contradicciones y ambigüedades de la inteligencia artificial, para desmontar el constructo intelectual por medio de análisis científico basado, en este caso, en la teoría HTM de Jeff Hawkins. Y fui degranando un discurso deductivo con preguntas y respuestas, tales como:

¿Qué es la deconstrucción del cerebro digital?
– Una pregunta imposible
– No podemos preguntar por la esencia del cerebro: sabemos más lo que no es que lo que es (apófisis ó teorías apofáticas)
– Toda definición trata de acotar el significado y de limitarlo, mientras que la desconstrucción es sobre todo diferencia y multiplicidad (acontecer, actividad, movimiento)
– Una estrategia científica: reconstruir

Y avanzamos en este modelo deconstructivo, apofático, con el turno siguiente de preguntas y respuestas:

¿Qué no es el cerebro digital?

– La base científica de la inteligencia artificial
– La sede de la inteligencia humana
– El fundamento de las emociones y los sentimientos
– La sede de la consciencia
– El núcleo de las memorias humanas
– La corteza cerebral aislada

¿Qué es el cerebro digital?

– La base científica de la inteligencia digital
– La sede de la inteligencia digital
– Una identificación de la estructura cerebral de las emociones y los sentimientos
– La sede de la consciencia digital
– El núcleo de la inteligencia digital a través de la memoria predictiva
– La corteza cerebral interpretada a través de medios digitales

Y me atreví a formular una estrategia científica de esquema rompedor para el estado del arte actual “universitario”:

Estrategia científica

– Conocimiento de la realidad investigadora: desde dentro, desde el “interior” del cerebro real a través de una estrategia:

– Salir del sistema establecido en la Academia y tratar de cambiarlo, deconstruirlo, pero en el mismo terreno conocido, pieza a pieza (atlas): teoría imaginática para la deconstrucción
– Cambiar de terreno científico, remover todas las bases, abrir las ventanas de las ciencias hasta llevarlas a la propia contradicción de la investigación cerebral: praxis imaginática al servicio de la reconstrucción

Y para finalizar, acometí mi hilo conductor en el trabajo diario: todo este esfuerzo científico debe desembocar en la proyección de la actividad investigadora apoyada por la inteligencia digital, con la aportación de cinco definiciones que solo son variaciones sobre el mismo tema, como la composición musical que Kubrik imaginó para su obra emblemática, 2001, una odisea espacial y que cité anteriormente como elemento declarado, no subliminal, de esta presentación de equipo: que la experiencia sirviera a todas y todos los presentes, imagináticos de turno, como experiencia también visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Es decir, una experiencia intensamente subjetiva y compartida. ¿Por qué no decirlo: digital?… Y la pregunta final surgió, por imperativo categórico:

¿Qué es la inteligencia digital? (¿quizás deconstruida?)

1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella.
2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

Y acabé la intervención poniendo de nuevo la imagen del profesor Toga, solo para aclarar y para quien lo quisiera entender que aquel cerebro no era un cerebro (ceci n´est pas un cerveau): ¿deconstrucción total, incluyendo la digital?. Próximamente, en este salón.

Salí de aquél “templo académico”, como nueva Sión, reinterpretando el final del Salmo 48, el que cantaba a la ciudad santa de acogida: anduve por la Facultad de Química, la podría describir bien; grabé en mi corazón las murallas que existen hoy para la investigación, recorrí el patio-jardín central orientado a varias torres científicas. Todo ello para poder contar hoy lo que ocurrió y saber cómo es la inteligencia que nos conduce…, alejándome de aquella ciudad imaginaria/imaginática sin mirar atrás, sin ira.

Gracias a todas y a todos los asistentes. Con independencia de Memorias, carnés presentados al comienzo, créditos, burocracia, etc., solo esperamos que os haya servido para respetaros más como personas que tenemos un tesoro quizá escondido (somos ricas y ricos): el cerebro y una corteza cerebral con grandiosas posibilidades de conocerse a sí misma. Y a ti, bloguera o bloguero que acudes a esta cita casi diaria, solo desearte que no te hayas aburrido. Si me confirmas qué te ha parecido, te lo agradecería. Aunque solo fuera por saber que todavía podemos construir un país imaginario/imaginativo, no el de Alicia, en el que existen personas que se siguen maravillando del ser humano a pesar de la que está cayendo. Gracias, de nuevo.

Sevilla, 11/III/2007

(1) Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.

Canción triste de Cádiz Street

Cádiz, con los cambios “climáticos” de Delphi. Cádiz arrastrando la dialéctica del dolor y de la alegría para vivir, para su libertad. El pasado 23 de febrero me quedé pensando durante un tiempo prudencial cómo sería la letra de la canción que interpretó Javier Rubial con motivo del acto que se celebró en Cádiz el 21 del mismo mes en torno del cambio climático. No la pude localizar. Y terminaba el post publicado aquél día, El niño del Serengueti, diciendo: “Ruibal, con su encanto personal, coge la guitarra en su tierra y con la gracia que el Sur le ha dado, comienza a gritar a los cuatro vientos que mientras el niño del Serengueti admira el entorno tanzano como una maravilla para sus ojos cautivos, va arrojando agua sin la conciencia de estar perdiendo un auténtico tesoro. A diferencia de nosotros, los más inteligentes de la tierra, el primer mundo, que no podemos fantasear más allá de lo que nuestros ojos son capaces de transmitir a un cerebro cautivo y desarmado por la sequía de la inteligencia en muchas de sus manifestaciones posibles. Por cierto, humanas. Y que no es capaz de descubrir ya la realidad del “aire azul” tanzano ó gaditano, fantástica recreación del escritor australiano Alan Mooheread, enamorado del continente africano, escapándosele también el agua entre los dedos…”.

Tenía una deuda contigo, lector, lectora, de nuestra peculiar esfera digital, que consistía en localizar la letra completa de la canción (1) y ponerla en circulación neuronal (¿inteligencia digital?) para mejor comprensión de lo que reconocía que era una mera intuición. O sentimiento, en la clave que aprendí hace muchos años de Rafael Alberti, poeta también gaditano, en la dialéctica pensamiento/sentimiento, con su recomendación de que escuchemos siempre el corazón mucho más fuerte que el viento, porque si esta canción, este mensaje no tiene corazón, es solo eso, la letra de una canción triste de Cádiz Street… por mucho que Delphi intente cambiar el clima laboral de la bahía casi sin darnos cuenta:

“Agua que no has de beber/
oro puro que se tira/que por el
agua se sufre/se perdona y se respira/
agua que no has de beber/
nunca la dejes correr.
El que corre sin descanso/
nunca llegará primero/al corazón
de los mansos/dale agua y
no dinero/agua que dejes pasar/
puede el destino cambiar.
Si tú la tiras por el camino/no
va quedar un espino/donde puedas
esconderte/y voy a darte tu
merecido/este niño malcriado/
nunca cambiará su suerte.
El niño de Senegal/sueña que
se va a la Luna/en una nave espacial/
ligera como una pluma/tuvo
cara de astronauta/desde que
estaba en la cuna.
Y en la órbita perfecta/asomado
a la ventana/el niño del Serengueti/
ocho veces por semana/
sueña que tira confeti/y se
inunda la sabana.
Como no cumple nunca un
castigo/este niño consentido/se
me va a quedar en Babia/ si no
estuvieras siempre en las nubes/
cuidarías, no lo dudes/de no
derramar el agua.
Por los dioses de mi tribu/juro
que hago de ti un hombre/
aunque pierda los estribos/y
llegue a borrar tu nombre/de
tanto como lo digo/un hombre
como es debido.”

Sevilla, 7/III/2007

(1) El País (2007, 28 de febrero). Javier Rubial estrenó “El niño del Serengueti”. El País (Extra), p. 10.